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(RE)encuentro con Dudamel

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Viernes 25 de junio, 19:00 horas. Clausura de los Conciertos del Auditorio, Oviedo. Orquesta del Encuentro, Gustavo Dudamel (director). Obras de Schönberg y Chaikovsky. Entrada butaca: 40 €.

Está claro que El Sistema fundado por el Doctor Abreu marcó a toda una generación de músicos y que su buque insignia ha sido Gustavo Dudamel (1981), todo un prodigio que con 18 años sería nombrado director musical de la Orquesta Sinfónica Simón Bolívar de Venezuela, pasando a ser conocido internacionalmente en 2004 tras ganar la edición inaugural del «Concurso Gustav Mahler» de la Orquesta Sinfónica de Bamberger. Desde entonces le sigo esperando que su contrato en París nos lo acerque un poco más. Cada visita suya a Oviedo resulta todo un acontecimiento que recordamos como privilegiados, y es que nunca defrauda, agradeciéndole que de nuevo volviese a poner la capital asturiana en su agenda.

El propio Dudamel en 2012 creará su propia Fundación con la meta de “ampliar el acceso a la música y las artes ofreciendo herramientas y oportunidades a la gente joven para dar forma a sus futuros creativos”. Durante diez días con jornadas maratonianas, ha reunido en Madrid a 60 jóvenes músicos de cuerda de 12 países hispanoamericanos (con tres asturianos en sus filas *), seleccionados entre la excelencia y para ejercer un liderazgo en pocos años. Así es esta «Orquesta del Encuentro» tras el Covid y lo que supuso para todos, pero que esta generación en la que Dudamel cree firmemente, no solo han podido viajar (algo heroico ahora mismo) y trabajar con grandes instrumentistas como los de la Filarmónica de Viena (Rainer Honeck o Tamas Varga) o de Göthenborg (Johan Stern), por citar algunas figuras supongo que convencidas además de entusiasmadas por este nuevo proyecto del venezolano, y poder así ensayar y montar dos obras de envergadura para cualquier formación profesional de primer nivel,  pues bajo su dirección nada es imposible, como si existiese la «dudamelina» inyectada en vena, toda una experiencia docente y emocional para todos, incluidos quienes volvimos a llenar el auditorio ovetense en este reencuentro con el prodigio de Barquisimeto.

Acompañado de sus padres y abuela, así como de su esposa María Valverde, copresidenta de la Fundación Dudamel, siguen plenamente involucrados en la carrera de un Gustavo lleno de energía como siempre, entusiasmo, vitalidad, poder de convocatoria y convicción además de una atracción que solo unos elegidos tienen, y siempre con el amor por la música que sigue siendo el motor de su vida en plena madurez con 40 años, una mente prodigiosa.
A mitad del concierto nos contaría que además de la música que no necesita palabras, necesitaba las palabras para esta música que, como siempre y, desde la humildad innata de quien se sabe un trabajador más, dejó el aplauso para sus jóvenes.

En la parte musical una primera parte con Verklärte Nacht (Noche transfigurada), op. 4 de A. Schönberg (1874-1951), un sexteto en la versión para orquesta de cuerda (1943) del propio compositor, que cerrando los ojos sonaba impactante, rigurosa, contrastada por esa magia de los pentagramas capaces de expresar la angustia y la esperanza, el poema de Richard Dehmel puesto en notas, la vida misma insuflada por un Dudamel siempre claro con sus gestos peculiares y personales, más la respuesta exacta de una plantilla (16-14-12-10-8) que sonó camerística y sinfónica, tal fue la gama de dinámicas alcanzada y la respuesta precisa de unos músicos sin malear, entregados (bravo por el concertino español Meriem Abad ** y el viola nicaragüense William Aviles), disfrutando de un compositor que para ellos no resulta lejano aunque sí para el «gran público» que retorna a las salas con sus móviles encendidos y tosiendo ante una música que siguen sin comprender. Dudamel y su Encuentro lograron la magia, con un final para aprender, el silencio con arcos arriba y las manos manteniendo la tensión entre todos, el silencio dramático que incomoda pero necesitamos. Impresionante.

Y tras las palabras del Maestro, con mayúsculas, el pedagogo capaz de compartir y enseñar a unos músicos como esponjas, entregados, fieles, de respuesta aceptada, sin cuestionarse ni adocenarse como tantos en nuestro entorno, el gran P. I. Chaikovski (1840-1893) y otro encuentro, entre el trabajo y el liderazgo bien ejercido, porque Dudamel vence y convence. La Serenata para cuerdas en do mayor, op. 48 resultó la clase final de curso con matrícula de honor que también podrán corroborar en las islas afortunadas (esta vez también lo es Oviedo), aún más con esta música para orquesta de cámara que así sonó pese a la plantilla utilizada. Movimientos más allá de ejercicios técnicos, toda una paleta sonora para los pentagramas del ruso que brillaron como nunca: Pezzo in forma di sonatina. Andante non troppo – Allegro moderato, la batuta clara, la izquierda precisa, la respuesta exacta, las partes y el todo. Continuaría el Valse. Moderato. Tempo di valse, el bailable de los grandes ballets tan alejado del vienés pero tan rítmico y flexible. La emoción de la  Elegia. Larghetto elegiaco, la tensión de unas cuerdas increíbles por fraseos, dinámicas, protagonismos, primeros atriles maduros. Y el  Finale (Tema russo). Andante – Allegro con spirito, broche de oro para una serenata delicada, limpia, complejamente sencilla que esta orquesta brindó con el mando fácil de un trabajador más, cercano y conocedor de esos años juveniles que marcarán toda su vida, un reencuentro con el Dudamel auténtico, comprendido y entendido donde mejor se mueve, el verdadero artista.

P. D.: * Dejo foto con el reportaje que La Nueva España dedicó esta semana a los músicos asturianos que forman parte de la Orquesta del Encuentro:

**: El concertino es Andreas Siles-Mellinger, boliviano. Gracias por la aclaración desde su tierra.

Con cuerda para rato

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Miércoles 16 de junio, 19:00 horas. Conciertos del Auditorio: New European Strings, Dmitry Sitkovetsky (concertino-director). Obras de Bach y Schubert. Entrada butaca: 28 €.

El curso y la temporada van llegando a su final y de nuevo la música de cámara como protagonista con esta orquesta de cámara fundada en Finlandia por el ruso Dmitry Sitkovetsky, quien agradeció al final del concierto (traducido por su chelista Miguel Jimenez) reencontrarse con el público al que echaba de menos, también de forma recíproca. Programa al menos curioso donde se partía de obras transcritas por el propio Sitkovetsky que buscan engrandecer formas «menores» para un entrenamiento de los instrumentistas y animar a la audiencia en este acercamiento que siempre viene bien a todos.

Mein Gott J. S. Bach (1685-1750) es siempre único en cualquier versión, interpretación, revisión o transcripción, inimitable, reconocible y padre de todas las músicas que en sus Variaciones Goldberg, BWV 988, un «Aria con 30 variaciones» escrita para teclado, resulta verdadera prueba de fuego si no el ejercicio para toda una vida por su complejidad, al encerrar en ella la biblia bachiana. Dmitry Sitkovetsky ya había realizado una transcripción para trío de cuerda (disponible en su propio Canal en YouTube©) que ahora amplió para su orquesta tras el obligado enclaustramiento del Covid. Con una plantilla de 5-5-3-2-1 con clave,  «Bach siempre es Bach», y el arreglo de Sitkovetsky muy logrado en cada variación por las combinaciones de solistas (dúos, tríos, cuarteto) contrapuestas al «grosso» y con el contraste barroco obligado, para lucimientos de los primeros atriles (impresionante Boris Garlitsky en los segundos replicando a Sitkovetsky) y unos concertantes de aire plenamente brandemburgués. Todos los músicos funcionaron camerísticamente con un sonido no del todo muy cuidado, pues acústicamente percibí una afinación imprecisa del viola Mikhail Zemtsov y no toda la claridad esperada en la cellista Kati Raitinen en los pasajes rápidos compensado por el citado Garlitsky como violín II impecable así como el clave de Elena Garlitsky que se agradece aunque no tuviese mucha presencia sonora pero resulta imprescindible en «mi señor Bach». La aclaración final (antes de la propia) de ser la primera vez que la ejecutaban en público supongo que explica estos «mínimos detalles» que no empequeñecen en absoluto el trabajo de esta formación que brilló en el Aria que abre y cierra las Goldberg, así como las variaciones más reducidas donde el protagonismo de Sitkovetsky se notó.

Tras un breve descanso, nueva «formación» o combinación de cuerda, prescindiendo del clave y alguna «permuta» de segundos a primeros donde Boris Garlitsky ocupó su lugar de concertino sumando una viola y un cello al Bach inicial (5-5-4-3-1) para que Sitkovetsky dirigiera su orquesta, que parecía no necesitarle.

Y es que  F. Schubert (1797-1828) ya deja todo claro en su Cuarteto en re menor D. 810, “La muerte y la doncella” partiendo de su «lied» homónimo (Der Tod un das Mädchen), por lo que la orquestación de Gustav Mahler (1860-1911) supone hacer un Schubert casi sinfónico sólo con la orquesta de cuerda, el dolor entendido y engrandecido desde las propias vivencias. Si el vienés redujo sus emociones a la mínima expresión posible para un cuarteto que late al unísono, el bohemio eleva el entendimiento a los dieciocho instrumentistas de cuerda que respondieron en los cuatro movimientos (Allegro; Andante con moto Scherzo; Allegro molto; Presto). Rodados con Bach como mejor remedio musical, este Schubert «aumentado por Mahler» sirvió para comprobar la sonoridad y calidad de estos músicos con engranaje camerístico y riqueza dinámica que fue «in crescendo» especialmente en los dos movimientos últimos, bien espoleados por el «jefe Sitkovetsky», cómodo en la batuta pero integrado en esta poesía musical tan románticamente dolorosa por el alma mahleriana.

Y de propina disfrutamos del directo tras el trabajo «virtual» durante la pandemia con dos de los 24 Preludios  titulados «Canciones de Bukovina» de Leonid Desyatnikov (1955), otra transcripción, aquí del piano a la orquesta de cuerda también del propio Sitkovetsky que al fin nos llegaba al público, el vivo irrepetible y único para todos, una obra contemporánea que adquiere como en todas las «reconversiones» colores distintos, visiones o versiones siempre válidas artísticamente cuando detrás de ellas hay un estudio concienzudo y el amor por el original.

Primavera con brocha rusa

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Viernes 11 de junio, 19:00 horas.  Auditorio de Oviedo: Primavera VI, OSPA, Simon Trpceski (piano), Paolo Bortolameolli (director). Obras de Shostakovich y Chaikovski. Entrada butaca: 15 €.

El sexto concierto de primavera del abono OSPA puso broche final a a otra temporada difícil por todo lo que ya sabemos y sufrimos del «bicho», sin director titular ni concertino (esta vez volvía al primer atril Benjamin Ziervogel) en un programa ruso que traía al director chileno Paolo Bortolameolli, que en la prensa recordaba a su paisano, nuestro siempre recordado Max Valdés, más al excelente pianista macedonio Simon Trpceski con su equipaje perdido por Bilbao aunque lo menos importante sería la anécdota compartida con los asistentes, público fiel que volvió a arropar a la formación asturiana pese a la actuación de Javier Camarena con la Oviedo Filarmonía y Lucas Macías en el Campoamor, aforo completo y vendido hace meses.

Sobre la organización de los programas pienso que va siendo hora de cambiar una costumbre decimonónica que en este caso nos hubiera dejado un orden cronológico ideal para comprender la evolución de la música rusa además de poder contar con una orquesta más «entonada», con mayor empaste y mejor entendimiento y un Bortolameolli que optó más por la brocha que por el broche deseado cerrando con dos obras inmensas esta temporada 20-21.

Un placer escuchar siempre a Dmitri Shostakovich (1906-1975) pues su dominio compositivo saca siempre a relucir un colorido propio que hace brillar sus interpretaciones. Su Concierto para piano nº 2 en fa mayor, op. 102 es una de sus joyas ( utilizada en la película Fantasía 2000), Trpceski entregado desde el inicio (I. Allegro) pero con poca exactitud en la orquesta, muy atropellada e imprecisa para encajar con el solista, además de unas dinámicas que por momentos taparon el papel de un piano que no sólo es rítmico sino percusivo, titánico a menudo. Evidentemente los volúmenes y el «tempo» del II. Andante nos permitieron disfrutar de una atmósfera más sutil, pinceladas románticas que no pasan de moda, la cuerda sedosa que viste al «piano ruso» sin clichés, evocaciones al compatriota Rachmaninov emigrado a EEUU pero universal además de cinematográfico. El ataque del  III. Allegro volvió a descompensar dinámicas y rítmicas a pesar de la lucha titánica del macedonio con unas secciones instrumentales siempre con una calidad que no apreciamos cuando la batuta apunta donde no debe. A la vista de los resultados la interpretación dejó en bisutería esta joya orquestal con un pianista de oro.

Para desquitarse del anterior Shostakóvich, Trpceski nos preparó como regalo el Allegro con brio del “Trío para piano nº 2 en mi menor, op. 67” junto al principal de chelos Maximilian von Pfeil y el citado concertino invitado Benjamin Ziervogel, tres grandes músicos que pudimos por fin disfrutar con la calidad y entrega esperadas así como por el feliz entendimiento que sólo el más universal de los lenguajes posee.

Hay sinfonías impactantes, históricas, emocionales, grandiosas, ideales para dejar por todo lo alto a las orquestas con todos sus primeros atriles luciéndose y examinando el trabajo del director. Las tres últimas sinfonías de Piotr Ilich Chaikovski (1840-1893) creo que no han faltado en ninguno de los 30 años de la OSPA y la madurez exigida para la  Sinfonía nº 4 en fa menor, op. 36 de nuevo examina a los intérpretes. La Cuarta es una de mis preferidas y exigentes en su preparación, con mucho que dibujar, perfilar, sacar a flote, equilibrar, buscar los balances perfectos, encajar los intrincados cambios de compás y tempi justos que marquen diferencias entre una versión aseada y una entregada.

Está claro que Bortolameolli conoce la sinfonía al detalle, pero la orquesta asturiana no tiene la plantilla «angelina» y hay que controlar cuidadosamente los planos sonoros. Los músicos tocaron lo escrito sin pegas pero los matices deben controlarse. Una pena que entre lo deseado y lo real haya un abismo. Los «bronces» que llamaba Valdés, estuvieron perfectos, empastados, atentos, las maderas siempre acertadas y empastadas, la percusión dominando pasiones y pulsiones, más una cuerda bien engrasada pero de nuevo la brocha impidinedo disfrutar la globalidad del dibujo, la dirección debería haber ejercido de técnico de sonido para jugar con cada «fader» y equilibrar volúmenes. La frecuencia del flautín pide bajar del forte al piano, la cuerda no da para más volumen si los metales tocan las dos efes escritas. A lo largo de los cuatro movimientos (I. Andante sostenuto II. Andantino in modo di canzona III. Scherzo: Pizzicato ostinato IV. Finale: Allegro con fuoco) estos desajustes fluctuaron pese a la calidad de toda la orquesta, el arranque poco marcial, y donde destacaría los impresionantes silencios que inundan el auditorio (de acústica «nueva») y el tercer movimiento donde sí se logró el balance y encaje perfecto, con ese fuego final que quemó deseos cual hoguera de San Juan adelantada.

Si La Cuarta hubiese abierto la tarde primaveral, los músicos se habrían entendido mejor con Bortolameolli y éste con la orquesta, ya todos en el punto ideal de dedos o labios para afrontar un Shostakovich que seguro hubiese pintado más limpio y delineado, encajado broche ruso que no brocha rusa de trazo grueso. El curso académico y musical está terminando, el cansancio emocional se nos nota a todos pero la esperanza no la perdemos aunque los dirigentes (de todo tipo) sigan sin cumplir las expectativas. Los peores tiempos necesitan de los mejores porque el futuro está en sus manos. Es su hora, pues lo demás ya hemos cumplido.

Balance irregular en estos 30 años de OSPA, temporada de aniversario con pocas luces y muchas sombras para «La música en tiempos del Covid» más parecida un título de García Márquez que a la triste realidad presente. Al menos apliquemos la musicoterapia y el convencimiento de que «La Cultura es Segura» además de necesaria.

Anodino romanticismo

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Viernes 28 de mayo, 19:00 horas. Auditorio de Oviedo,  Primavera V: OSPA, Sayaka Shoji (violín), Corinna Niemeyer (directora). Obras de Schumann y Farrenc. Entrada butaca: 15 €.

Programa romántico este quinto del abono primaveral de la OSPA con protagonismo femenino plural, violinista japonesa, directora alemana y compositora francesa (contemporánea del Schumann inicial) con obras que no son habituales en las salas de concierto y que tras su escucha creo tardarán en volver, pese a ser partituras muy bien construidas, ideales para testar cualquier orquesta y batuta, pero que sin duda carecen de esa emoción consustancial a un periodo de la historia musical que nos ha dado probablemente las mejores páginas sinfónicas.

Las notas al programa de Fátima Martín Ruiz (enlazadas arriba en los autores) desgranan las dos composiciones así como las personalidades de sus escritores, centrándonos en esos años de ebullición sinfónica aunque de distinto calado.

El Concierto para violín en re menor, WoO 23 de Robert Schumann
(1810 – 1856) mantiene claramente el melodismo del alemán, su sonoridad orquestal y la estructura clásica de tres movimientos (I. In kräftigem, nicht zu schnellem tempo – II. Langsam – III. Lebhaft, doch nicht zu schnell) pero por una vez creo entender las reticencias del propio compositor y de su destinatario en no estrenarlo. La sonoridad sinfónica buscada por Corinna Niemeyer tapó demasiadas veces el sonido delicado de Sayaka Shoji que afrontó todos los vericuetos técnicos del concierto con solvencia y musicalidad no siempre apreciables ni agradecidas. Al menos pudimos disfrutar momentos bellísimos en el movimiento central pero sobrevoló más lo orquestal (sobre todo en esa polonesa final) que lo concertante en la visión de la directora alemana.

Sí nos deleitamos con el violín aterciopelado y bien sentido de Shoji en su regalo bachiano del «Largo» de la Sonata Nº 3 en do mayor, BWV 1005, verdadera introspección de sonido refinado contrastado con el romántico inicial que no permitió un mayor lucimiento de la talentosa japonesa.

Está bien programar sinfonías románticas poco escuchadas en los auditorios, buscar obras coetáneas y apostar por una mujer como la francesa Louise Farrenc (1804 – 1875), que es de aplaudir, pero su Sinfonía nº 1 en do menor, op. 32 me pareció un ejercicio compositivo bien escrito, dando a cada sección de la orquesta sus protagonismos -que  en la OSPA están más que comprobados- aunque faltase la emoción intrínseca de un romanticismo de libro por estructura y técnica compositiva, incluso buscando el final en tutti que «levante al público», en cierto modo socorrido y siguiendo las modas del momento que también apreciamos en el primer Schumann.

Del análisis de su primera sinfonía vuelvo a recomendar las notas al programa de la musicóloga manchega, y dejando en sus cuatro movimientos los correspondientes enlaces para su escucha (I. Andante sostenuto – Allegro; II. Adagio cantabile; III. Minuetto: Moderato; IV. Finale: Allegro assai), destacando de Corinna Niemeyer su gesto preciso y claro más la lucha por ir dibujando los momentos precisos de presencias instrumentales, buscando igualmente los contrastes dinámicos para contagiar un ímpetu que personalmente esta sinfonía no tiene. Una directora joven con una obra casi de examen para todos, donde tampoco se pudo exprimir más de lo que hay. Hubo pasajes interesantes tímbricamente como en el Adagio donde se lucieron las maderas, como siempre, que no tuvieron igual expresividad en una cuerda hoy comandada por Eva Meliskova, ese aroma aún clásico del Minuetto que la OSPA transmitió con más profesión que pasión, y el final impetuoso tan previsible tanto en escritura como en ejecución.

 

 

Farándula astur

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Miércoles 26 de mayo, 19:00 horas. Sala de cámara del Auditorio de Oviedo: VIII Primavera Barroca (Circuitos CNDM). Farándula castiza, Forma Antiqva, Aarón Zapico (clave y dirección).

Llega a su fin esta primavera barroca con entradas agotadas y demostrando que la cultura es segura en tiempo difíciles para todos, donde la música nos ha mantenido vivos, y con todas las cancelaciones que ha habido,

España ha marcado diferencias. La formación que comanda el langreano Aarón Zapico no escapó a un calendario de fechas verdaderamente loco, perdiendo múltiples compromisos como el del Festival Halle en Alemania, donde iba a llevar el previsto A Pleasure Garden, pero la versatilidad de estos músicos y lo amplio de sus programas cambiaron los «perfumes» por su ya «rodada» Farándula castiza en Oviedo, con una formación camerística de cuerda y percusión afrontando sin complejos a músicos que son parte de la propia historia de «la familia Zapico», desde Santiago de Murcia a Nebra, pero también los Castel, Conforto, Corselli o la última incorporación de Baset, adelantándonos el propio Aarón Zapico que en agosto grabarán parte del archivo musical de la Catedral de Oviedo, continuando la apuesta por sacar a la luz y airear tesoros musicales que podemos y debemos presumir de ellos.

La farándula astur se organizó en tres «jornadas» con obertura y fin, además de dos propinas «marca de la casa», bien ordenadas para poder comprobar el nivel de esta formación al uso, combinaciones de todos los instrumentos de cuerda más las pinceladas de una percusión siempre discreta que lució especialmente en las castañuelas de los fandangos, como no podía ser menos.

Impecable el empaste y sonoridad de los violinistas Jorge Jiménez y Daniel Pinteño, igualmente maestros en estos repertorios, sumándose la viola de Jose Ángel Vélez y el contrabajo de Jorge Muñoz, unidos a este «Equipo Zapico» donde la canaria que llamo cuarta hermana (Ruth Verona)  sigue aportando con su chelo el plus a un continuo con los gemelos y el mayor de la estirpe de este trío langreano, perfecta fusión donde Andalucía se suma a nuestra tierra.

Si en el siglo XVIII Madrid era villa y descanso de la corte, la capital del Principado en el XXI es escaparate barroco desde donde exportar talento y mostrar un patrimonio único que Forma Antiqva lleva más de veinte años trabajándolo con valentía, profesionalidad, entusiasmo y originalidad en todas sus propuestas, desde el trío básico a grandes «ensembles». El tamaño medio fue el que trajo cerrando la primavera barroca ovetense en colaboración con el CNDM (hoy con su director Francisco Lorenzo entre nosotros, renovando el compromiso con estos Circuitos donde Oviedo sigue en la brecha), formación ideal para una selección de obras y autores que recrearon la música de la fiesta madrileña en nuestro salón de cámara carbayón.

Imposible desgranar cada etapa, cada jornada, cada partitura elegida, así que dejo arriba al inicio de la entrada el programa para hacerse una idea de las combinaciones entre iguales, tanto de los compositores que hicieron de España su patria como Forma Antiqva y todas sus variaciones desde Asturias.

Combinar una obertura operística de José de NEBRA (1702-1768) con el fandango de Bernardo ÁLVAREZ ACERO (1766-1821) es arriesgar nada más comenzar; emparejar dos sinfonías de José CASTEL (1737-1807) y Niccolò CONFORTO (1718-1793) todo un acierto (verdadera joya el andante francés de La Nitteti, 1756).

No podía faltar en esta fiesta madrileña el recuperado Vicente BASSET (1719-1764) que aparecería varias veces, pues sus sinfonías interpretadas por Forma Antiqva son otro monumento sonoro que tiene protagonismo per se.  Segunda jornada donde tampoco podía faltar el italiano más madrileño, Luigi BOCCHERINI (1743-1805) con su Trío para cuerdas en sol menor, op. 6, no 5, G 93 (1771) para deleitarnos con Jiménez, Pinteño y Verona en su Tempo di minuetto
contrastado con el Andante de Giovanni Battista MELE (ca. 1701-1752) perteneciente a su Sinfonía de Angelica e Medoro (1747), para convivir de nuevo con nuestro Fandango de Conforto y la «Apertura a más instrumentos» del citado Baset con ese presto final perfectamente ensamblado por los músicos.

Y si en Madrid convivían músicas, Forma Antiqva las revive, los hermanos Zapico con la percusión de Pere Olivé nos recordaron a Santiago de MURCIA (1673-1739) y sus Cumbees en el mismo plano de calidad que el invitado Conforto cuya Sinfonía de Siroe (1752) mantuvo «la ira» en intensidades, la elegancia francesa del Andante y el alegre final compartido con otro nombre felizmente recuperado para los programas y grabaciones barrocas: Francisco CORSELLI (1705-1778), cuya Obertura de La cautela en la amistad y robo de las sabinas (1735) confirmó la «buena Forma» y mejor hacer de unos intérpretes que dominan este repertorio, el importado y el nacional de nuevo con el gran Nebra del que su Obertura de Iphigenia en Tracia (1747) sería la penúltima grandiosa parada antes del final, junto a otra sinfonía de Castel emparejada con la de Baset, encajes de cuerda, diría que encaje de bolillos por el primor en la ejecución de estas páginas que siguen sonando actuales y jóvenes, la farándula madrileña en manos de una generación de músicos que triunfan sin complejos y trabajan duro por mantener viva esta llama barroca que en Oviedo sigue encendida. Brillante colofón en casa y con los de casa, dos bises con poesía dramatizada (Aarón rapsoda) y fandango en tutti. Gracias Forma Antiqva.

FORMA ANTIQVA:

Jorge Jiménez y Daniel Pinteño VIOLINES

José Ángel Vélez VIOLA

Ruth Verona VIOLONCHELO

Jorge Muñoz CONTRABAJO

Pablo Zapico GUITARRA BARROCA

Daniel Zapico TIORBA

Pere Olivé PERCUSIÓN

Aarón Zapico CLAVE Y DIRECCIÓN

Asturias madre musical

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Domingo 23 de mayo, 20:00 horas. Auditorio Teodoro Cuesta, Mieres: cierre de la 42 Selmana de les lletres asturianes. «Canciones asturianas» (Antón García Abril). Cristina Gestido (viola), Mario Bernardo (piano). Entrada libre con invitación.

El pasado mes de septiembre acudía a Oviedo para disfrutar de Mario Bernardo con Joaquín Pixán, la voz de «Madre Asturias» por vez primera con los arreglos que Cristina Gestido hizo de alguno de los temas que el siempre recordado Antón García Abril (19 mayo 1933 – 27 marzo 2021) compusiese inspirados en un folklore tan rico como el de nuestra tierra y que Torner recogiese hace más de 100 años.
Buena idea homenajear al turolense completando estos arreglos para viola y piano que unen lo mejor de las dos versiones que el propio García Abril hiciese primero con orquesta (1982) y más tarde con piano (2007), la perfecta simbiosis tímbrica donde el canto de la viola transcurre paralelo al piano, complementándose cual lied  instrumental que gana enteros por la riqueza que supone la cuerda en su amplia tesitura. Tras un vídeo inicial con imágenes de los intérpretes tocando les Vaqueires, cada una de las canciones vendría precedida con una proyección de Ezequiel Esteban incluyendo bellísimas imágenes con la letra correspondiente que el llangreanu León Delestal pusiese a cada una de las obras.
Planificada sucesión de doce temas para disfrutar de esa lograda «recreación musical de Asturias«. las melodías reconocibles vestidas de gala, arreglos muy conseguidos donde el piano se vuelve orquesta, la viola lo complementa, las teclas acompañan esa cuerda vocal. No te pares a mío puerta que con el tenor cangués es lírica pura y la viola de Gestido sublima tímbricamente. Y qué decir de Tengo de subir al puertu, la tonada sinfonica de oboes y cuerdas reducidos al dúo que se entiende en sentimiento y musicalidad. Rítmico y poético el Hasta los naranxales, el piano saltarín con la viola, poesía de «A los campos del rey vas Irene«. Ternura descrita musicalmente en la introducción de Ella lloraba por mi, cantada y después retomada por la viola, la conocida «Cuando salí de Cabrales» donde piano y viola dan con la tecla sentida pero no sensiblera, un arreglo que permite disfrutar melodía y armonización ensamblados tímbricamente enriqueciendo la versión original.
La canción dialogada Ayer vite na fonte alcanza en el arreglo e interpretación del dúo Gestido-Bernardo el cenit al ganar color y extensión, hombre y mujer jugando con las octavas y el fraseo que nos recrea un texto popular siempre reconocible sin más. Contraste con un piano movido, rítmico y rico en un acompañamiento para Yo nun soi marineru que la viola retoma jugando con el arco y haciendo que lo imposible para el canto se torne música pura. El cantu‘l gallu, nuestro urogallo colorido en lo sinfónico y cristalino con piano, que la cuerda entona única y hasta dolorosa por la historia contada.
Nun llores, nina, neña o rapaza que son sinónimos en nuestra lengua vernácula (aún dialecto para muchos) la música acallando disputas, el piano de salón con la viola sentida, contrastando con el siguiente popular «Sal a bailar buena moza» convertido en Una estrella se perdió, virtuosismo en las teclas, «saltarello astur» en las cuerdas, caprichoso entendimiento del piropo, modulaciones celestiales que instrumentalmente nunca resultan tirantes sino titanes, recuerdos de la canción española de concierto que Falla, Granados o Turina entre los grandes entendieron como pocos y que García Abril evoca con su magisterio sinfónico y camerístico. El mismo que para nuestra canción de cuna, la «añada» asturiana siempre íntima, sosegada, Duérmite neñu, el «agora non«, sin dobles sentidos ni lenguaje cifrado para el amante a la espera, con esa melodía poniendo la carne de gallina, el paso al piano de la nana cantada a dos y por dos.
Nuestro Naranjo colorido entendido por un turolense amante de un paisaje casi común, El picu Urriellu de Bulnes, piano extenso como nuestros Picos de Europa, con «los nombres grabados de los que llegan arriba», Gestido y Bernardo, una escalada instrumental, arriba amigos porque la hazaña de despojar la letra para engrandecerla es todo un hito.
Y cerrar el ciclo con algo tan nuestro como «les» Vaqueires, de la braña al salón sin trampa ni cartón el endiablado ritmo contagioso, el piano que no es «gaita de tecla» sino sustento de una melodía donde la interjección surge en la viola, la alegría de comprobar que estas «canciones asturinas» (como figuraba en la pantalla) pueden compartir la misma grandeza que las versiones de Falla desde nuestro folklore elevado a la máxima categoría de la música de cámara (excelente el trabajo en los arreglos de la propia Cristina Gestido), siempre escuela de intérpretes y público, el acercamiento obligado al mundo sinfónico desde la proximidad del salón.
La «cultura es segura» y con ganas de más bisarían Yo nun soi marineru, ninguno de los presentes, aunque el propio Delestal escribió «La mina y el mar«, siempre unidos como este otro tándem, «La viola y piano», Cristina y Mario más allá del folklore, Gestido y Bernardo. Un cierra para un mes de letras asturianas donde la música llega más allá.

Subllime sonoridad sentimental

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Viernes 14 de mayo, 19:00 horas. Auditorio de Oviedo, Primavera III: OSPA, Daniel Müller-Schott (violonchelo), Dalia Stasevska (directora). Obras de Sibelius, Schumann y Stravinsky. Entrada butaca: 15€.

En tiempos de pandemia no estamos para muchas celebraciones y los 30 años de la OSPA están sonando poco a poco, sin director titular ni concertino (hoy al menos volvía como invitado Aitor Hevia) y con programas conocidos donde no faltan obras poco escuchadas, solistas de altura y unas batutas ya «fichadas» por otras orquestas aunque nos demuestran cómo funciona de bien nuestra treintañera cuando en el podio las ideas son claras y la comunicación fluye igual que la propia música.

La directora finlandesa Dalia Stasevska traía además de la inicial de su apellido, otras tres «S» para este tercero de primavera: su cercano y sentimental Sibelius, el sublime Schumann de su concierto para violonchelo con el “Ex Shapiro” de Matteo Goffriller  (Venecia, 1737) en las manos de Daniel Müller-Schott, siempre bienvenido en cada visita al auditorio, y la sonoridad de Stravinsky cuya música está tan en los genes de la OSPA como en la cercana Finlandia de Stasevska que sacó a relucir la calidad de la formación asturiana necesitada de interpretaciones tan claras, precisas y entregadas como la escuchada en el Auditorio, siempre con todas las medidas de prevención, higiene, distancia y demás «inconvenientes» que los aficionados soportamos estoicamente para seguir demostrando que «La Cultura es Segura» y la terapia musical lo mejor que podemos aplicarnos.

Del Báltico lleno de contrastes y sentimientos, extremos climatológicos de mitologías y leyendas sonaría el gran sinfonista Jean Sibelius (1865-1957) y su  Rakastava, suite, op. 14 para una cuerda reducida, percusión y triángulo, obra que escribe tras superar un cáncer de garganta en un periodo convulso donde la música de Stravinsky le resulta conocida y hasta en cierto modo reflejada en esta suite en tres movimientos (I. Rakastava II. Rakastetun tie III. Hyvää iltaa … Jää hyvästi) traducidos como “El Amado”, “El camino del Amante” y “Buenas noches, amado mío – Adiós”,  el buen oficio del compositor y de sus intérpretes, la cuerda coral ligera y delicada del primero, la elegancia y sentimiento del segundo más el protagonismo en el tercero de Aitor Hevia de aires folklóricos que sentimos cercanos, cerrando una interpretación que el gesto claro, preciso y conciso de la maestra de origen ucraniano Stasevska.

Robert Schumann (1810-1856) además de sentimental, puede presumir de una sonoridad propia en sus sinfonías que parece aplicar a su Concierto para violonchelo en la menor, op. 129,  y si además contamos con un solista de la altura de Daniel Müller-Schott el colorido y romanticismo de esta bellísima página está asegurado, la perfecta yuxtaposición entre el chelo y la orquesta bien concertada por Stasevska y leída por el alemán con la musicalidad que le caracteriza desde un instrumento que canta y nos hace vibrar. Tres movimientos sin pausa (I. Nicht zu schnell; II. Langsam; III. Sehr lebhaft), intervenciones siempre acertadas de los primeros atriles y una complicidad total entre solista y podio que mantuvo un excelente equilibrio de dinámicas y un sonido compacto además de rico en esta joya del compositor alemán que nos deja al final esa cadenza en el cello  donde  Müller-Schott volcó lo mejor en su instrumento.

Y el cello mágico volvió a cantar como los pájaros en una personal interpretación de El cant dels ocells, siempre asociado a nuestro universal Pau Casals que colocó su instrumento desde un magisterio único en la cumbre, y que al solista alemán podemos considerarlo uno de sus apóstoles, homenaje a nuestra tierra no siempre agradecida con los genios que son más valorados fuera de nuestra fronteras.

La OSPA ha interpretado muchas veces a Igor Stravinsky (1882-1971) con diferentes resultados y acercamientos muy diferentes a sus páginas «bailables«. El Pájaro de Fuego: suite (1919) es una joya que se debe mimar en sus seis partes, con los solistas atentos a la batuta y dándoles confianza en sus intervenciones, más un tutti que no puede despistarse ni un momento por la amplia gama dinámica, rítmica y colorista. Así lo entendieron con una Stasevska clara, de gesto amplio, casi bailando cada número, entendiendo la suite desde la misma esencia de Sibelius, siguiendo con tantas «eses» en este viernes sinfónico.  La inquietante I. Introducción desgranó la calidad de una madera siempre segura y la cuerda deseada; la II. Danza del Pájaro de fuego en el punto exacto de vuelo sin perder plumas y con toda la magia que esconde;  la III. Danza de las Princesas, encumbrando con tal título nobiliario a una «Dalia» en flor, mando preciso y precioso; más fuego para la IV. Danza infernal del Rey Kastchei, agitada (no revuelta), tensa, de cromatismo claros y síncopas bien resueltas por una orquesta totalmente entregada; el remanso de la V. Canción de cuna, cantada por un fagot excelso bien arropado por un «tutti» delicado antes del apoteósico VI. Finale, con una trompa de gala, una cuerda de lujo, una percusión precisa, el crescendo bien construido con el majestuoso y solemne final donde unos metales refulgentes alcanzaron el final feliz de un cuento bien narrado por la directora finlandesa con un color orquestal para seguir soñando.

Vivica Genaux, la voz de Hasse

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Lunes 10 de mayo, 19:00 horas. Auditorio de Oviedo, Sala de cámara: VIII Primavera Barroca – CNDM «Circuitos»: Nápoles en Dresde. Vivica Genaux (mezzosoprano), Vespres d’Arnadí, Dani Espasa (Clave y dirección). Obras de Hasse, Zelenka y Pisendel. Entrada: 15 €.

Avanza la Primavera Barroca en Oviedo, agotando entradas para la sala de cámara, ya de por sí de aforo reducido, y recibiendo tras la apoteosis madrileña del sábado a la esperada mezzo Vivica Genaux (Fairbanks, Alaska, 10 de julio de 1969) que se ha convertido en la gran defensora y voz de Johann Adolph HASSE (1699-1783), el barroco tardío donde la norteamericana no ya se siente cómoda sino que domina con una técnica apabullante un repertorio que le sigue dando alegrías y a sus seguidores aún más. Con la formación que lidera Dani Espasa traía arias de Hasse, el compositor que el agente Matthew A. Epstein le recomendó como comentaba en una entrevista a Gabriel Rangel en 2014:  “¡Debes cantar Hasse!” Y yo le pregunté: “¿Quién es Hasse?” Un mes después hice una audición con René Jacobs para una ópera de Hasse en la Ópera Estatal de Berlín y obtuve el rol«. Recital perfectamente organizado alternando arias y personajes, intercalando para el necesario respiro obras instrumentales de contemporáneos afincados igualmente en Dresde como Zelenka o Pisendel que permitieron gozar de la calidad de esta orquesta barroca, especialmente la cuerda, con un continuo compacto sin olvidarme de un fagotista excelente y los oboes que dan ese colorido especial, sumándose en algunas el par de trompas naturales, desiguales como suele suceder en este instrumento tan desagradecido y difícil en estos repertorios pero que demostraron el músculo de esta formación catalana.

Hasse abría fuego con  la Obertura de «Didone abbandonata», IJH 36 (1742), el orgánico al completo preparando la salida de una Genaux entregada, pletórica y feliz, recordando a «La Bordoni» prima donna en Dresde cantando la música de su marido, hoy personificada por la norteamericana embajadora del mismo, primero a «Cleofide», IJH 25 (1731) con el aria rápida Son qual misera colomba (acto II , escena 15) y el orgánico sin trompas, primera demostración de poderío y elegancia vocal, un registro grave carnoso, agudos delicados y unas agilidades prodigiosas que aún brillaron más en la cadenza final. Y sin apenas resuello, otro personaje y ópera, «Irene», IJH 54 (1738), con un delicado recitativo de instrumentación elaborada, Il sacrifizio si compisca (acto III , escena 4) más el aria Un sì funesto addio, tiempo lento para saborear la dicción y proyección con ese color de mezzo que no abunda y una cuerda perfecta con el continuo siempre en su sitio controlado desde el clave por el maestro Espasa.

Del checo Jan Dismas ZELENKA (1679-1745), también afincado en la Corte de Dresde, escuchamos De Ouverture à 7 concertanti en fa mayor, ZWV188 (1723), tres movimientos donde degustar la instrumentación sin trompas, colocando el movimiento rápido en el medio (Grave – Allegro – Grave), y disfrutando del barroco que nunca pasa de moda.

Vuelta al canto de Hasse con Genaux y unas Vespres al completo para «Cajo Fabricio», IJH 20 (1731), recitativo Lieto gioisci o core (acto II , escena 14) y aria Nocchier, che teme assorto, rápida y exigente de ornamentos por parte de todos, con la mezzo de emisión uniforme, agilidades de vértigo, coloratura, claridad de dicción, vocales sin trampa y la engañosa facilidad para alcanzar unos agudos que mantienen siempre su color irrepetible.

Un paréntesis de lujo poder escuchar el Allegro del «Concierto para violín en sol mayor», JunP I.4c de Johann Georg PISENDEL (1687-1755), un virtuoso del violín que triunfó en «La Florencia del Elba» interpretado por FARRAN SYLVAN JAMES, la concertino solista esperada, de sonido aterciopelado con el grosso instrumental bien equilibrado de dinámicas y paladeando un continuo realmente de calidad en esta orquesta referente de la música antigua en España.

Nueva ópera, otro rol que dramatizar por parte de una Vivica que transmite pasión y fuego, «Numa Pompilio«, IJH 69 (1741), recitativo Qual di voi prima invoco (acto II , escena 8) y aria Piange quel fonte, con el oboe de PERE SARAGOSSA siempre impecable, y la orquesta de cuerda que me trajo recuerdos, quién sabe si inspiración para el Exsultate mozartiano, bellísimos juegos y diálogos entre los dos «protagonistas», ecos y musicalidad a raudales con éxito compartido y merecido.

Interesante el Hasse instrumental con el Allegro de su Sinfonía en sol menor, op. 5 nº 6, el orgánico sin trompas y sin fisuras, el prólogo preclásico que mantiene el regusto barroco antes del último título por parte de La Genaux, «Solimano», IJH 97 (1753) con el aria Di quell’acciaro al lampo (acto I , escena 12), ensemble al completo de aire marcial, casi guerrero en otra nueva demostración de buen gusto y voz carnosa, redonda, la mezzo verdadera de anchos graves, medios poderosos y agudos seguros, los melismas vocales aún más complicados, la instrumentalización de la voz en el barroco sin perder el sentido dramático de estas heroínas operísticas que hacían las delicias de la Corte de Dresde y ahora de nuestra Corte de Oviedo siempre apoyando el barroco y demostrando que la cultura es segura.

No podía faltar la propina con sonrisa, por supuesto Hasse y de su “Viriate” la conocida aria Come nave in mezzo all’onde virtuosa sin atropellos, «sujetando el tempo», solo con la cuerda, que mantuvo el listón alto en esta verdadera locura barroca con Vivica Genaux y Vespres D’Arnadi.

Contra viento y marea

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Domingo 9 de mayo, 19:00 horas. Oviedo, Conciertos del Auditorio: Vanessa Goikoetxea (soprano), Enrique Sánchez Ramos (barítono), El León de Oro (Marco A. García de Paz, director), Kup Taldea (Gabriel Baltés, director), Oviedo Filarmonía, Lucas Macías (director). Brahms: Ein deutsches requiem, op. 45 (Un réquiem alemán). Entrada butaca: 27 €.

Soy muy aficionado a los refranes y en tiempos de pandemia me gusta cambiarlos como «A mal tiempo, buena … música» o en el caso de este domingo dejar el «Contra viento y marea» puesto que recuperamos el gran repertorio sinfónico coral con una obra magna ideal para subir el ánimo, así como por la lucha titánica de los programadores que tuvieron que suplir la cancelación imprevista y sin motivos de la soprano austríaca Genia Kühmeier a última hora por la duranguesa (nacida en Palm Beach) Vanessa Goikoetxea a quien ya tenía ganas de volverla a disfrutar en casa, y más tras su reciente éxito en el Benamor madrileño, y especialmente al barítono de Aranjuez Enrique Sánchez Ramos quien en apenas doce horas tuvo que venirse a Oviedo sin tiempo para nada, ante la gastroenteritis del programado Lauri Vasar, evitando suspender un concierto muy esperado. A ellos debemos agradecerles su generosidad y profesionalidad en esta locura del Covid donde todo puede cambiar en un día.

Como confeso «leónigan» la presencia del LDO hacía ineludible igualmente esta cita, otro reto en su ya dilatada y exitosa carrera coral, también luchando contra los elementos con toda la garra que les caracteriza, y cerrar este ciclo de conciertos con el monumental Réquiem de Brahms era el mejor regalo para un agnóstico confeso, demostrando nuevamente que «La cultura es segura» y que Oviedo es la capital musical por excelencia, a la que he bautizado como «La Viena del Norte» español.

Sobre las motivaciones de Brahms para este réquiem me sirven todas, pues van desde la inspiración por la muerte de su madre, extensiva actualmente a todas las víctimas del Covid, Ich will euch trösten, wie einen seine Mutter tröstet («Os consolaré, como una madre consuela a su hijo». Isaías 66, 13), hasta  la del propio compositor mencionándola como obra creada «por y para toda la humanidad«.

Y no se circunscribe a la secuencia litúrgica de la misa de difuntos (donde hay tantos ejemplos que el propio Padre Sopeña tiene un libro imprescindible para los melómanos), sino más bien a una extensa cantata en siete movimientos donde el coro (feliz unión asturvasca con alma Musikene) es el principal protagonista junto a importantes intervenciones solistas del barítono madrileño Enrique Sánchez Ramos y la soprano vasca Vanessa Goikoetxea, melancolía y consolación del hamburgués agnóstico confeso que nos hace reflexionar sobre la muerte desde la meditación filosófica y poética puesta en los pentagramas sin buscar respuestas ni explicaciones, la belleza musical de la muerte como parte de la propia vida.

Y el «máximo hacedor» de esta página universal que siempre conmueve, no muchas veces programada por su complejidad y esfuerzo, el director onubense Lucas Macías, Maestro con mayúsculas que desde su seguridad en el podio la transmite a todos los intérpretes, concertador de primera por su experiencia instrumental, respetuoso de cada dinámica que nunca oculta las voces, interpretación sentida y conmovedora con una memoria prodigiosa que le permitió el control total de principio a fin, delicadeza y precisión en el gesto, elegancia en cada número con la respuesta esperada y perfecta de cada intérprete sobre el escenario.

La unión coral vascoasturiana es merecedora de capítulo aparte: unas 60 voces empastadas como si llevasen toda la vida juntas, afinación precisa, dicción exacta, dinámicas amplias a pesar de unas mascarillas que no les impidieron una proyección potente en los momentos álgidos, sintiendo iguales emociones y latiendo con el mismo corazón, ardor musical compartido con igual espíritu que bebe en las mismas fuentes donostiarras y un Cantábrico que imprime carácter. Me imagino cantar esta joya con lo que supone para todo coralista, el Brahms profundo y exigente al que se le debe entrega absoluta y un trabajo minucioso. Tanto Marco como Gabriel han insuflado a sus formaciones esa búsqueda de la perfección que pudimos apreciar en un réquiem alemán lleno de momentos mágicos para todos, nuevamente destacando Macías como verdadero conductor conocedor de este viaje interior, desde el inicial I.- Selig sind, die da Leid tragen mimando matices y tempi, «bienaventurados los que sufren» pienso que nunca mejor sentido en tiempos de pandemia, orquesta de sonido refinado y cuerda cada vez más unificada y empastada, presente en todo momento. II.- Denn alles Fleisch conjugó todo el sentimiento bíblico de la muerte que da vida, si se me permite la licencia poniendo toda la carne en el asador, pues «toda la carne es como la hierba» y no el polvo en que nos convertiremos sino la tierra fértil que devuelve vida.

Y vitalidad de Enrique Sánchez Ramos en el III.- Herr, lehre doch mich,  «Rebélame Señor que mis días deben tener un final» sin titubeos, atento a Macías que le llevó de la mano, con el coro en su sitio y la orquesta ensamblada cual órgano romántico, la belleza coral del IV.- Wie lieblich sind Deine Wohnungen celestial, «Qué dulces son tus moradas», entrega desde lo más profundo del ser, voces bienaventuradas y entregadas en cuerpo y alma, dejando flotar en el aire las últimas notas.

Sin apenas pausa llegaría la voz carnosa, amplia, cálida y brava de «La Goikoetxea» pletórica, color ideal para el V.- Ihr habt nun Traurigkeit, consuelo tras la aflicción, regocijo del corazón, «nada podrá privarnos de este gozo» saboreando cada palabra, cada consonante final en la lengua de Goethe, verdadero consuelo de madre cantado y sentido de forma irrepetible, nuevamente magia y emoción en el auditorio con el coro acogedor y la orquesta sobrecogedora, presente además de delicada, acunando y adornando el bellísimo color de la soprano que aún brilló más con este ropaje.

Continuaría la emoción, los contrastes, orquesta y coro entregados pero nunca vencidos, VI.- Denn wir haben hie keine bleibende Statt, no morimos pero fuimos transformados en un abrir y cerrar de ojos por las voces cantábricas, casi íntimas con el barítono madrileño asentado al igual que «los acordes de la última trompeta», contrastes bien marcados, palabras remarcadas, orquesta subrayando colores de muerte , subyugante y esperanzadora, de metales prístinos y timbales precisos, resurrección incorrupta que cumple con lo escrito: «la muerte quedará cautiva en la victoria», victoria tras la batalla sinfónico coral avanzando hacia el final siempre apocalíptico, vibrante y emocionante.

VII.- Selig sind die Toten, bienaventurados todos, el espíritu que reposa de sus fatigas porque sus obras van tras él, Brahms en estado de gracia y orquesta más coro abriéndonos las puertas del cielo musical con un Lucas Macías sobresaliente capaz de sacar lo mejor de todos. Sin quitar un ápice de grandiosidad, obra cocinada a fuego lento donde casi dan ganas de morirse en esta inmensidad.

Covadonga inspiración eterna

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Jueves 6 de mayo, 19:00 horas. Auditorio de Oviedo, Conciertu de les lletres asturianes: OSPA, Rubén Díez Fernández (director). Obras de Leoncio Diéguez y Guillermo Martínez. Entrada por invitación.

Concierto de emociones el de «Las Letras Asturianas» que rinden homenaje este año a mi siempre añorado e irrepetible Nel Amaro (24 de diciembre de 1946, Quentuserrón – Mieres /  4 de abril de 2011, Oviedo),  los 30 años de «mi matrimonio» con la OSPA y música de dos asturianos de corazón con Covadonga siempre como inspiración y parte importante de sus propias vidas:

Don Leoncio y Guillermo, profesor y alumno desde sus años en la Escolanía, una verdadera conjunción musical que reunió no solo autoridades civiles y eclesiásticas sino a muchos amigos y compañeros de ambos venidos desde todos los rincones, dos personas muy apreciadas y admiradas por todos, regalándonos tres de sus obras desde el buen oficio orquestal de ambos, bajo la dirección del avilesino Rubén Díez (1977) que disfrutó y contagió el mismo amor por la música a una OSPA de cumpleaños, hoy con Eva Meliskova como concertino.

Las dos obras del maestro Leoncio Diéguez Marcos (1941) enmarcando el estreno de Guillermo Martínez (1983), encargo para los actos conmemorativos de este 30 aniversario de la orquesta asturiana, dos generaciones, dos lenguajes y una misma inspiración, el oficio del maestro, la ilusión desbordante del alumno aventajado.

La Rapsodia asturiana del maestro podríamos llamarla en asturiano, aprovechando la efeméride, de «caxigalina» pero elevada a la alta cocina, motivos melódicos conocidos por todos, folklores propios y cercanos que Don Leoncio trata con cariño y sabiduría, orquestación de amplia plantilla, efectista, agradecida de escuchar y todo un catálogo de herramientas utilizadas por este leonés al que sentimos asturiano.

Y el esperado estreno de Guillermo Martínez, «Bricial«, el tercer lago de Covadonga, Poema Sinfónico que explica perfectamente en las notas al programa Alejandro G. Villalibre, personalmente un derroche de música orquestal bien construida, con momentos verdaderamente cinematográficos para unas imágenes de Los Lagos plenamente exportables a esos documentales de naturaleza imponente como la propia Covadonga y su montaña, remanso espiritual, paz y sobrecogimiento ante la grandiosidad que impera por doquier. Así la sentí desde el primer movimiento (I. Obertura) que mostró todo el color del otoño asturiano; la historia de España y Pelayo traerá aires marciales con la óptica propia de un Guillermo que mantiene la tonalidad y el gusto por la melodía con ritmos imponentes (II. Marcha) y una instrumentación clara y potente, con plantilla similar a la del maestro y curiosamente conservador pese a la juventud del discípulo; incorporar el piano, el arpa o la celesta además de una percusión abundante y variada (incluyendo máquina de viento o pájaros), dota a este poema de una sonoridad sobrecogedora pero donde el  III. Tempo di valse resulta un remanso con los «pizzicati» iniciales de la cuerda y ese aire universal del que han bebido todos los grandes, ecos de los mejores compositores rusos o del Richard Strauss «alpino», siempre buenos espejos en los que mirarse, y la desbordante inspiración de un Guillermo Martínez que en el IV. Concertante es capaz de conjugar la masa orquestal con un cuarteto de cuerda y piano digno de tener obra propia e independiente, buen gusto y aciertos en la elección de los protagonismos que Rubén Díez entendió a la perfección. Si Bach siempre será el «padre de las músicas», la fuga es la forma más exigente para todo compositor, asignatura obligada y dura, con sobresaliente en ella, V. Fuga para desarrollar no ya un motivo bien construido con el ritmo siempre presente, sino explorando todas las secciones orquestales donde disfrutar de los primeros atriles con papeles bien defendidos por cada uno, destinatarios de este estreno, y el impresionante VI. Finale cual «títulos de crédito» de este monumental documental sonoro, un poema sinfónico donde la inspiración corre libre sin perder las formas, añadiendo un escalón en la ya exitosa carrera de un compositor al que admiro desde hace años y que nunca defrauda. Cada obra suya es un catálogo de intenciones, una excursión sensorial  y un verdadero torrente musical donde el «eclecticismo académico» es el propio lenguaje de Guillermo Martínez.

Y de nuevo el maestro Leoncio Diéguez Marcos con su poema sinfónico Don Quijote y la batalla de los rebaños, poema sinfónico más avanzado que el alumno, no ya la experiencia que dan los años sino la admiración por un lenguaje musical cada vez más moderno a pesar del tiempo, obra genial del leonés, que fue un encargo de Max Valdés, entonces director de la OSPA en su estreno el 30 de abril de 1998, que ha tenido largo recorrido más allá de Asturias. Don Ángel Medina, catedrático de Musicología, escribió las notas al programa entonces que siguen igual de vigentes en este 2021 sobre el autor y su obra: «ha sabido encontrar en el programa el ensanchamiento y los límites, la ventana abierta al horizonte infinito e impredecible y la disciplinada cerca que acota el terreno roturado. De esta manera, lo que esta composición del maestro Diéguez tiene de autónomo, y específicamente musical (en tanto que coherente movimiento sinfónico) se enriquece -y nos enriquece- con el impulso siempre eficacísimo del inagotable imaginario cervantino«.
Si en Bricial veía música cinematográfica, este Quijote es perfecto para cerrar el concierto donde no faltó lo literario, lo pictórico y hasta la confirmación del buen oficio de componer, las llamadas vanguardias de pasado siglo que ya no lo son, pues vivimos y crecimos con ellas, entendemos su lenguaje y nos educan en estas escuchas que hermanan dos generaciones desde la música sinfónica.

Para cerrar no podía faltar nuestro Asturias, patria querida en la armonización y orquestación que el propio Don Leoncio hizo cuando convertimos la canción más conocida en nuestro Himno Oficial desde 1984, el sinfonismo y magisterio en el que seguir mirándonos.

Dejo finalmente el recorte de prensa con la noticia hoy en LNE, testimonio de esta Selmana de Les Lletres Asturianes con la música de estos hijos adoptivos hermanados por la OSPA y Rubén Díez.

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