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Aire asturiano en Barcelona

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Domingo 11 de mayo, 18:00 horas. L’Auditori, Barcelona, «Concert Piano de Txaikovski», concierto 14, clausura temporada: Carmen Yepes (piano), Banda Municipal de Barcelona, Salvador Brotons (director). Obras de Tchaikovsky y Brotons (1959).

En mi tierra no estamos muy acostumbrados a escuchar repertorio sinfónico en versión de banda, y aún menos los conciertos para solistas. Nada menos que el conocido y difícil Concierto para piano nº 1 en si bemol menor, op. 23 de Tchaikovsky daba título al concierto decimocuarto que clausuraba en el Auditorio de Barcelona la temporada de abono de la Banda Municipal con su director titular Salvador Brotons, quien volvía a contar con la asturiana Carmen Yepes para un cierre auténticamente de lujo donde el también compositor catalán sería protagonista de toda la velada aunque L’Auditori sigue respirando ambiente asturiano.

En la televisión local de la ciudad condal salía una breve entrevista con nuestra pianista donde hacía notar que el concierto del ruso suelen interpretarlo hombres, tal vez por la fuerza física que requiere y más aún si detrás hay una banda sinfónica. Pero la capacidad musical de esta solista no se limita a una gama dinámica impresionante, capaz de llenar una sala de acústica algo «especial» (debida como el Auditorio de Oviedo al físico Higini Arau Puchades) en los momentos de más tensión sino que los pasajes líricos resultan de una dulzura que de tan clara resulta rebosante de musicalidad, unido a la extraordinaria concertación del maestro Brotons con «su» banda, haciendo olvidar que no sonaba una orquesta aunque lo parecía.
Y es que cuando el arreglo para madera y metales es tan acertado podemos redescubrir partes menos escuchadas precisamente por la tímbrica tan peculiar de la familia del viento. La seguridad y potencia de Carmen Yepes desde su primera aparición en el Allegro non troppo e molto maestoso jugó precisamente con esa paleta sonora y un «tempo» en su medida, sin correr y predominando la majestuosidad que el ruso imprime a esta joya pianística. Los distintos solos y cadencia del primer movimiento hicieron sonar un piano redondo en los graves y cristalino en los agudos con la sensación de un centro duro como la obra que Yepes estaba recreando. El público, que casi llenaba la Sala Pau Casals, aplaudió este movimiento como si finalizase la obra, pues los sentimientos contenidos no pudieron aguardar más. El Andantino semplice sacó de la banda intervenciones impecables donde el oboe de Pilar Bosque lograba pasajes emocionantes para competir en buena lid con un piano nuevamente mágico dibujado sobre unos colores desconocidos para el que suscribe, tan solo destruidos por el sonido de un móvil siempre grosero y maleducado que parece ya una plaga allá donde vayamos.

Y rematando el Allegro con fuoco realmente fogoso, impulsado por un vehemente Brotons que conoce la musicalidad y honestidad de Yepes (a la que ha disfrutado dirigiéndola en varios conciertos) para llevar este final casi incendiario entre la brillantez pianística y el perfecto contrapunto de una banda sinfónica con calidades superiores. Todo un placer asistir a un fluir de ilusiones musicales compartidas entre pianista y director con una formación que mueve afición en la ciudad condal a lo largo del año, lo que se percibe en el ambiente.

Nuevo éxito de la pianista asturiana que agradeció a todos en perfecto catalán esta invitación clausurando temporada con la banda y Brotons, del que regaló como propina el segundo de los Tres nocturnos «alla Chopin» op. 116, delicia completa en escritura y ejecución que el propio director y compositor disfrutó en el escenario sentado al lado de los fliscornos.

Para la segunda parte nada menos que el estreno para la versión de banda del propio Salvador Brotons Catalunya 1714, Rapsòdia catalana nº 5, op. 127 compuesta para el tricentenario de este episodio histórico que el músico catalán actualiza para ir más allá de la derrota y los hechos fatídicos acontecidos hasta la ilusión que el pueblo catalán lleva viviendo desde la democracia con un optimismo que el compositor lleva en sus genes.

Este poema sinfónico en ocho movimientos sin pausa, bebe, como él mismo explicó antes de comenzar y también Marta Porter en las notas al programa, del folclore catalán, melodías populares y borbónicas reconocibles más allá de guiños a El cant dels ocells, El Segadors, o el francés hispanizado «Mambrú se fue a la guerra» ya utilizado por Beethoven en su poco conocida La victoria de Wellington (también figura como «La Batalla de Vitoria», op. 91). Grandeza sinfónica que con la inclusión de coros para la versión orquestal se estrenará en este mismo auditorio el 19 de julio dentro de las conmemoraciones del Tricentenari.

Desde un oficio trabajado oficio con años y conocimiento profundo de la escritura y orquestación, utilizando todos los recursos posibles con un lenguaje cercano a todos, estoy convencido de que Catalunya 1714 será una obra rompedora y triunfante, llena de toques épicos con abundante percusión y tutti dramáticos, sin olvidar las citadas referencias catalanas como la inclusión de la tenora entonando Plany al temps passat en el antepenútimo movimiento, nostálgico por los tiempos perdidos antes de la apoteosis final efectista, incluyendo el himno catalán previo al Presto brutale que bisarían tras el éxito, donde no faltaron dos esteladas entre el público. Y es que «la creencia y voluntad de ser» más la «afirmación nacional» en  Brotons van más allá de la derrota y marcha fúnebre acongojante para brillar 300 años después con ese crescendo en intensidades y tensiones unido a un himno catalán hermoso musicalmente que el músico barcelonés eleva a categoría sinfónica para levantar pasiones de todo tipo.

Salvador Brotons músico de estirpe, director, compositor, entusiasta y apostando por Carmen Yepes para este fin de temporada, que supongo traerá a la pianista carbayona nuevas colaboraciones con el catalán. Ambos sienten la música de una manera especial, lo que el público siente y agradece. La «clá Yepes» de la ciudad condal estuvo reforzada con la que viajó para la ocasión, compartiendo un concierto muy especial.

Desigual Beethoven Monumental

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Sábado 15 de febrero, 20:00 horas. Teatro Monumental, XXIV Ciclo de Conciertos Universidad Politécnica de Madrid, concierto comienzo segundo trimestre. Orquesta Sinfónica de la Región de Murcia, Coro de la Universidad Politécnica de Madrid (director: Javier Corcuera), Carmen Yepes (piano), Ana Puche (soprano), Ana Häsler (mezzo), Alain Damas (tenor), Isidro Anaya (bajo), Juan Pablo Simón (director). Obras de Beethoven. Entrada segundo entresuelo: 16€ (2,78€ de IVA ¡el 21%!).

Oportunidad única de escuchar estas dos obras sinfónico-corales de Beethoven en el mismo concierto donde el coro anfitrión, al igual que el resto de músicos, no brillaron con igual intensidad en ambas, con una entrada rozando el lleno y mucho público joven.

La Fantasía para piano, coros y orquesta en do menor, Op. 80 tuvo el total protagonismo de la asturiana Carmen Yepes (1979), afincada como docente en Madrid, protagonista literalmente desde el inicio y a lo largo de esta joya (que estrenase el propio Beethoven como pianista), con auténtica magia ambiental conseguida por el feliz entendimiento y complicidad con el maestro Simón y la OSRMurcia, ésta falta de un poco más sonoridad que sí hubo en el coro que bien conoce Juan Pablo, así como el cuarteto solista al que se sumaron Mónica Cendón (soprano) y Javier Roiz (tenor) del propio coro universitario. Presencia clara y decidida en cada intervención pianística, musicalidad a raudales, conjunción en los tutti siempre desde la característica limpieza sonora y los fraseos impecables de una Carmen Yepes que atesora honestidad y magisterio. Difícil alcanzar esta complicidad para una obra agradecida y perfecto complemento de la Sinfonía Coral que ocuparía toda la segunda parte.

Lástima que la Fantasía resultase la cara de moneda, espejismo porque la Sinfonía nº 9 «Coral» en re menor, Op. 125 fue la cruz, palabras mayores que se les empapizaron a los intérpretes dejándonos una versión insípida, descafeinada y hasta soporífera en el tercer movimiento, más lento que «cantabile». Frente a una orquesta sin cohesión ni sonido propio, desajustada por momentos y a la que la batuta invitada no fue revulsivo capaz de transmitir intenciones, con una gama dinámica algo pobre, la entrada del barítono me sonó incluso ofensiva por emisión, color y afinación mientras el tenor era engullido en la mayor parte de sus intervenciones… se me ponía la carne de gallina esperando la deseada oda de Schiller.

Al menos las damas mantuvieron el tipo, tanto Häsler como la completísima Ana Puche Rosado, única en alcanzar mi ubicación con perfecta proyección y emisión sin problemas junto a la orquesta y bien empastada con el cuarteto vocal pero siempre presente. El coro pudo pulir unos fuertes algo chillones -no gritados- aunque afinados, resultando más ajustado en los pianos, jugando en casa pero en un escalón inferior al de otras formaciones españolas que tienen «la novena» en su repertorio habitual, al menos por lo escuchado en este concierto.

La sensación de esta novena fue de impotencia y cierta desgana que pareció transmitirse a casi todos sobre el escenario, limitándose a una lectura sin implicación alguna para una obra monumental que pareció quedarse en ensayo de pago. No parecían los mismos intérpretes de la Fantasía.

Para corroborar o discrepar de mis opiniones, el concierto será retransmitido por La2 en su horario de «máxima audiencia adormecida» a las 8 de la mañana el próximo 15 de marzo, supongo que aprovechando los medios ubicados para los conciertos de la ORTVE que tiene en este viejo «Monumental Cinema» su sede. Al menos mantenemos coro, orquesta y puestos de trabajo.

El romanticismo de Carmen Yepes

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Miércoles 6 de febrero, 20:00 horas. Teatro Jovellanos, Sociedad Filarmónica de Gijón, Año 105 (Concierto 1.538): Carmen Yepes, piano. Obras de Schubert, Beethoven, Schumann y Chopin.

Nada más finalizar el concierto titulaba mi entrada rápida «Trabajadora y honesta» para referirme a la pianista asturiana que volvía a su tierra con otro programa duro, difícil, poco habitual en conjunto pero con el que se siente muy a gusto, y eso se nota al escucharla. Si su magisterio en el clasicismo está más que demostrado, el Romanticismo puro lo afronta con la serenidad y el poso de una carrera bien cimentada en el estudio riguroso fiel a la partitura pero entendiendo la interpretación como tal, no robar nada de lo escrito pero dándole el toque personal de la experiencia vital, ese «llenar la mochila» que no siempre va unido a la juventud sino a pasiones difíciles de medir. Decir que actualmente Carmen tiene ya un largo recorrido y madurez musical es entender las obras elegidas. A mis alumnos tal como nos explicaba a nosotros el catedrático de arte Carlos Cid Priego, intento definirles el romanticismo como «La huida» en todas sus expresiones, metafóricas y reales. En el caso del repertorio de este miércoles, la huida es interior y compartida con nosotros, un viaje espiritual desde las vísceras musicales a nuestro oído profundo, el que nos hace rememorar.

La tonalidad de Do menor marcó la primera parte como presentación anímica que pese a lo que nos contaron de ella, no siempre supone tristeza sino más bien hondura, y así comenzaba el Impromptu D. 899 en Do m. (Schubert), ese pianismo delicado, claro, bien fraseado, que dará paso a una emotividad desde sonoridades redondas en el perfectamente afinado y ajustado Steinway© del Jovellanos. Obra bien asimilada en su interpretación llena de pinceladas limpias y gama dinámica amplia.

La Sonata nº 32, Op. 11 en Do m. (Beethoven) daría para un tratado en sí misma, la última del genio de Bonn, desde el Maestoso inicial afrontado con todo lo escrtito: dobles puntillos, fusas en la izquierda, sforzandi… y aquí está la honestidad de la intérprete capaz de hacernos escucharlo todo. Tras esta carta de presentación en el inicio de esta peculiar sonata, con una fuerza vital impresionante, el Allegro con brio ed appassionato, optó Carmen Yepes por jugar literalmente con todas las indicaciones de la partitura (merecería la pena haberla ido siguiendo según la escuchaba), sin excesos en el tempi y prefiriendo los contrastes claroscuros en dinámica y velocidades, un volcán visual en el papel y pletórico en las manos de la pianista mierense nacida en Oviedo. Y el segundo movimiento, esa Arietta: Adagio molto, semplice e cantabile, literal en todo menos en lo de simple, testamento vital beethoveniano y lección de poso en Carmen, cambios perfectos de compás (¡qué difícil es captar un 6/16 o un 12/32!) bien marcados sin perfer ni un ápice la línea musical, ese infinito cantarín que finalizará con los trinos cristalinos como el registro agudo elegido por el compositor en nueva catarata hacia un abismo que no cae sino que eleva el vuelo en un pianissimo final. Impresionante interpretación para una obra más que exigente.

Otros dos grandes para la segunda parte empezando por esas cuatro piezas nocturnas muy apropiadas para una noche fría y lluviosa en la capital de la Costa Verde pero con un público cálido y ganado en la primera parte, Nachstücke Op. 23 (Schumann), contrastes anímicos desde el Mehr langsam, oft zurückhaltend, como unos pasos dubitativos lentos pero «sin frenarse», ataques precisos que irán reafirmando pasiones en Markirt und lebhaft, realmente «animado», brillante, saltarín, nuevas luces bien atacadas de sonoridad precisa y uso del pedal siempre ajustado. Mit großer Lebhaftigkeit supuso otra bocanada de aire fresco, ligereza, y Einfach, frugal, sencillo y simple solamente en el título, más que el último bocado de estos cuatro dulces musicales bien cocinados por Carmen Yepes.

Y entre los románticos por excelencia nada menos que Chopin y dos exponentes de obras de técnica exigente, virtuosa, llenas de lirismo, delicadeza, pero también fuerza y vigor con el toque íntimo siempre presente, la Balada Op. 23 en Sol m., todo un muestrario de sentimientos hechos música, dificultades técnicas sobradamente solventadas para afrontar y disfrutar una versión personal con gusto, rubati nada exagerados, volviendo a asombrarme la fuerza tanto física como interior que Carmen Yepes vuelca en este repertorio, capaz de unos contrastes tan bien adecuados a el repertorio del XIX, y para rematar con la Polonesa – Fantasía Op. 61 en LAb M., perfecto colofón como el de la primera parte, aquí testamento chopiniano en cuanto a reunir en esta obra todo su vagaje formal, auténtica fantasía más que polonesa para un recital pleno, intenso, con el que también disfrutarán en Málaga y Marbella, luz del sur donde siempre vuelve, ahora desde Madrid, tras su breve estancia en esa tierra que todavía la adora.

De regalo tras las duras emociones del concierto, la ingenuidad infantil de las «Escenas de niños» del genio catalán Mompou, Jeunes filles au jardín, un desfogue que resulta otra joya en la interpretación de mi admirada Carmen Yepes. Un lujo tenerla en Madrid donde ejerce la docencia desde 2010 sin olvidar su carrera profesional como gran intérprete. Espero poder escucharla pronto, y del concierto en el Auditori de Barcelona dirigida por Brotons (con quien ya colaboró en dos ocasiones) y concierto de Tchaikovski, sería cuestión de otra escapada

Trabajadora y honesta

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El concierto de Carmen Yepes este miércoles en el Teatro Jovellanos para la Sociedad Filarmónica de Gijón fue como indico en el título, el de una intérprete trabajadora y honesta con la música. Programa de calado romántico con Schubert (Impromptu D899), Beethoven (Sonata 32), Schumann (Naschtücke) y Chopin (Balada Op. 23 nº 1 y Polonesa – Fantasía OP. 61) duro, exigente, dándolo todo con esa musicalidad que magnetiza a quien la escucha. Mompou y sus Jeunes filles au jardin fue el regalo fresco para tanta dureza hecha arte pianísitico. Desde casa y con tiempo, más…

Emociones al piano

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© Foto: Ricardo Solis para LNE

Viernes 27 de abril, 20:30 horas. Ciclo «Música Clásica», Sala Club del «Centro Cultural Internacional Avilés» (obra de Oscar Niemeyer): Carmen Yepes, piano. Obras de Haydn, Mozart y Schubert. Entrada: 5€ (6€ en Cajeros).

Siempre es motivo de alegría el reencuentro en su tierra con mi querida Carmen Yepes (Oviedo, 1979), quien sigue alternando docencia y conciertos, esta vez en la «caverna» del Niemeyer (del espacio elegido mejor no hablo) cerrando el ciclo de música clásica -que abriese Forma Antiqva el día de San José y por donde también pasó la mierense Penélope Aboli, otra alumna de Francisco Jaime Pantín– con un programa realmente exigente y bien armado como es la tónica de todas sus apariciones en solitario, demostrando nuevamente su capacidad de embelesarnos desde un rigor y honestidad hacia las obras interpretadas conjugado con su visión siempre clara y personal para un repertorio clásico y romántico en el que se desenvuelve como nadie.

Para «calentar» nada menos que el Andante con Variaciones en Fa m., Hob. XVII/6 (Haydn), un catálogo técnico donde Yepes no se limitó al despliegue virtuoso sino que desgranó todas las variaciones con la limpieza a la que nos tiene acostumbrados, un uso del pedal siempre en su sitio, y todos los contrastes y juegos melódicos de una obra muy exigente.

Mozart es siempre agradecido para el oyente y piedra angular en los programas de la pianista asturiana, habiendo participado el pasado mes de octubre dentro de la integral de las sonatas que la Fundación Juan March organizó (sin olvidar su grabación del Concierto de la «Coronación» para piano y orquesta K. 537 con la Filharmonie Hradec Králové con Frantisek Vajnar), eligiendo esta vez la Sonata nº 15 en FA M., KV. 533, mucho más que el paso del «menor» Haydn al «mayor» Mozart en el más puro estilo clásico. La presunta facilidad de la obra contrasta con la dificultad en lograr hacernos percibir lo importante sin renunciar al resto ¡que es mucho!, resaltar la plenitud emocional que esta sonata esconde con la que Carmen Yepes volvió a enamorar en cada uno de sus tres movimientos desde una lectura ajustada como siempre y volcada en sacar a flote todas y cada una de las notas: el Allegro brillante con el tiempo justo para saborear unos fraseos y articulaciones como perlas; un Andante sentido, escuchando la medida exacta de cada figura y de nuevo los pedales en el sitio exacto para subrayar esas emociones sentidas como propias; finalmente con el Rondo. Allegretto transmitirnos esa fuerza interior descomunal que brota cual volcán sonoro en este último movimiento, ligero, claro y arrebatador, «premonitorio» del Schubert posterior.

Preparados anímicamente llegaba el último Schubert de la Sonata Póstuma D. 959 en LA M., la evolución anterior, la admiración presente por Beethoven y la proyección quasi lisztiana, derroche técnico al servicio de una partitura exigente de principio a fin, capaz de pasar del lirismo enamoradizo al dolor romántico ante una vida que se esfumaba sin ver reconocido el esfuerzo. Ejecución completa y perfecta llena de sensaciones indescriptibles, honestidad hacia la obra sonando todo en un piano capaz de dinámicas increíbles y silencios majestuosamente sobrecogedores para un público respetuoso y rendido al pianismo de Carmen Yepes.

Comentaba tras el concierto lo bien que le ha venido trabajar el repertorio de danza para alcanzar una musicalidad exacta en ese «vals» del tercer tiempo, donde cerrando los ojos casi percibía una coreografía para la sonata póstuma del bueno de Franz. En el Allegro fue capaz de resaltar la expresividad y fuerza plenamente románticas, claridad expositiva con derroche dinámico; el Andantino delicadeza y homenaje subyacente a Beethoven, musicalidad desde el tempo elegido hasta los matices; para el Scherzo. Allegro vivace. Trio. Un poco piu lento desplegar la sabiduría y trabajo de años, un recorrido por lo más recóndito del espíritu schubertiano plasmado en el teclado, poso interpretativo con juguetones planos sonoros límpidos llenos de fuerza sin perder ligereza; aún quedaba el Rondo. Allegretto, hasta el último aliento de fuerza y contención, música a raudales y sonido muy trabajado para seguir compartiendo aún más emociones. Maravilla pianística de una «póstuma» para recordar.

Y si el esfuerzo resultó casi sobrehumano, todavía tuvo fuerzas para regalarnos el Impromptu Op. 90 nº 2 para reafirmar todo lo anterior y añadir a Schubert como otra referencia en su amplio repertorio: Música y emociones en el piano de una pletórica Carmen Yepes.

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