Inicio

El violonchelo que llena

1 comentario

Martes 12 de julio, 20:00 horas. Claustro del Museo Arqueológico de Asturias, Oviedo: Festival de Verano. Gabriel Ureña, violonchelo. Obras de J. S. Bach, W. Lutoslawski y P. Hindemith. Entrada gratuita.

Hace años que este joven chelista avilesino levantó el vuelo -como los pájaros que «acompañaron» todo el concierto- dejando la OFil (de la que fue el Principal más joven de España con solo 19 años) para continuar su formación a caballo entre Viena y Florencia con Natalia Guttman entre otros para emprender una sólida carrera como solista que le está llevando por medio mundo aunque como hace dos veranos, volvió a nuestro Oviedo veraniego con otro lleno hasta la puerta.

El día gris asturiano resultó el telón ideal para un concierto potente con dos mundos de la escritura para violonchelo: el arranque histórico de J. S. Bach con dos de sus suites, la segunda y tercera, de quienes las leyendas urbanas cuentan que Pau Casals (su conocido El Cant del Ocells fue propina idónea por los pájaros que no callaron durante todo el recital) se desayunaba a diario, la definitiva victoria sobre la viola de gamba para convertirse en el instrumento imprescindible de cualquier formación, más la consolidación actual para esta gran generación de cellistas españoles plenamente universales, dos pesos pesados como Hindemith (1895-1963) y Lutoslawski (1913-1994).

Parte del público que siempre atrae un espectáculo gratuito se levantó en medio de las obras sin el más mínimo reparo, otros se fueron tras Bach, puede que creyendo era el final del concierto o bien por el todavía «menosprecio» a unos compositores que forman parte de una misma historia y hace tiempo dejaron de ser contemporáneos para integrarse en los repertorios sin problemas.

Las Seis suites para chelo solo de Bach son el compañero para toda la vida de cualquier instrumentista y algo extensible a «todo el universo Bach», al principio se odian cual tortura necesaria, después y con mucho estudio se logran tocar con los mínimos fallos posibles, con los años comienzan a paladearse, pues siempre están ahí, y al final de la vida consiguen disfrutarse.
La Suite nº 2 en re menor, BWV 1008 es uno de esos amigos de viaje, seis números únicos individualmente pero que conforman un todo diferenciable en intención, aire, texturas, fraseos y hasta mimetismos. El Preludio es auténtica presentación, la Alemanda una reflexión, la Courante el toque de luz contrapuesto a la oscuridad, toda francesa, de la Sarabande aún de sonoridad renacentista e intimismo emparentado con la citada «viola de pierna», el Minueto abre la puerta al gran salón y la Giga será el viaje pastoral. Gabriel Ureña transitó cada cuadro con una gama de color muy uniforme donde el dibujo primó sobre el fondo, sonoridad rotunda en los graves y un arco que ha alcanzado el camino correcto pero aún sin interiorizar para poder disfrutar de «la segunda».

La Suite nº 3 en do mayor, BWV 1009 pese al paralelismo con la anterior en formato, resultó mucho más madura y redondeada, contrastada en todo, con un Preludio decidido y valiente, destacando la Sarabande por el mimetismo sombrío del cello y la alegría de la Giga cual gaita asturiana desde un juego de roncón y melodía bien planteado, olvidándose de pájaros y centrándose en la inmensidad bachiana desde la soledad del instrumento que llenaba cada piedra del antiguo Monasterio de San Vicente, acústica ideal para «Mein Gott», paladeando «la tercera» que además sonó convincente en los seis aires.

Cinco minutos para saltar dos siglos en el tiempo, cosas de la magia musical y los distintos idiomas que la gente joven dominan sin problemas en este mundo global. La Variación Sacher (1975) para chelo solo del polaco Witold Lutoslawski (dedicada al musicólogo y director Paul Sacher con motivo de su setenta cumpleaños y estrenada por el gran Rostropovich al año siguiente, verdadero impulsor de esta breve composición) es un lienzo sonoro lleno de arrebato, el contraste barroco actualizado y tamizado por la propia evolución humana donde el trazo es mero rasgo en vez de línea, ágil y espontánea, mientras los colores explotan y la distancia consigue dejarnos intuir motivos sin necesidad de formas concretas, «grafía aplicada a la música y no viceversa» en el entorno monacal de otros pájaros sobrevolando el claustro desde el sonido claro y potente de Ureña, cello actual y cercano, exigente técnicamente pero con la frescura de su generación, acercamiento más llevadero para una impetuosa interpretación llena de cuiadosos detalles y la búsqueda de un sonido propio.

La Sonata para violonchelo op. 25 nº 3 (1922) de Paul Hindemith son palabras mayores en escritura e intención que Gabriel Ureña ya ha interiorizado y trabajado en profundidad, dominada la fiera para jugar con los cinco movimientos que indican en sus títulos el camino a seguir casi al pie de la letra: 1. Animado, muy marcado, 2. Moderamente rápido, lento, 3. Lentamente – Tranquilo, 4. Animado y 5. Moderadamente rápido, reflexiones sonoras en cada cuerda y fraseo, en los arcos y el mástil, ligados y «stacati», dobles cuerdas, amplitud de matices, sonata de sonar y llenar anímicamente de principio a fin, siempre la búsqueda de contrastes como toda obra y todo recital que no quiera hacer caer en el sopor, creciendo en cada movimiento hasta el vibrante final con la cuerda en pizzicato resonando en el claustro.

Una hora de música llena de intensidad para un chelista como Gabriel Ureña (1989) que sigue engrosando la lista de españoles virtuosos del instrumento de Pau Casals -con su propina ornitológica- o Gaspar Cassadó junto a los jóvenes Asier Polo, Josetxu Obregón, Pablo Ferrández o Adolfo Gutiérrez Arenas, por citar unos pocos.

El Festival de Verano arranca con éxito, los martes y jueves citas en la agenda para residentes y visitantes, porque Oviedo es música en todas las ocasiones.

Lugares de encuentro

1 comentario

Viernes 17 de junio, 20:30 horas. Fundación Museo Evaristo Valle, Gijón: Concierto Cuarteto para piano y cuerdas. Obras de J. S. Bach, Piazzolla, Mahler y Brahms. Entrada: 10 €.
El museo de Somió es un buen lugar de encuentro y más en una tarde invernal pese a la cercanía del verano, casi como una de las obras del concierto, con músicos que algunos ya pasaron por esta casa y unían destinos en las afueras de Gijón.

La música siempre es lugar de encuentro, esta vez cuatro jóvenes unidos por la misma pasión del lenguaje más universal, el violinista Ignacio Rodríguez Martínez de Aguirre (Oviedo, 1996), el pianista Héctor Sanz Castillo (Torrelavega, 1996), más el violonchelista Jaime Calvo-Morillo Rapado (Zamora, 1986) y el viola hispano armenio David Abrahamyan, veteranos desde la juventud, ya curtidos ambos aportando la madurez al cuarteto liderando en cierto modo este proyecto que se tuvo que trasladar del mes florido a este sábado casi invernal.

Cuatro autores para encontrar sonoridades carnosas en distintas combinaciones:
Dúo violín y viola con seis Invenciones de J.S. Bach, ideales para abrir boca y corroborar que la música de «Mein Gott» es perfecta en cualquier versión, más con las posibilidades que la cuerda frotada ofrece de tímbrica, ataques y fraseos, no ya la primera y conocida sino especialmente la octava.

Piazzolla se encontró en París con Nadia Boulanger y la música académica para así unir dos mundos elevando el tango desde el barroco a la universalidad. De sus conocidas cuatro estaciones de Buenos Aires, el día frío, lluvioso y grisáceo parecía transportarme con su Inverno Porteño al Nuevo Palermo o incluso a «la bombonera» boquense mientras España le daba un baño a Turquía en Niza. Piano, violín y viola unidos en un arreglo que engrandece la inmensidad del llamado inventor del nuevo tango, sonoridades reconocibles recreadas con una viola rotunda, un violín que baila sin aspavientos y el piano ayudando a crear la magia de un trío con empuje, vida y pasión, en una versión que Abrahamyan nos trajo hasta Gijón haciendo de cello con su viola.

El joven Mahler viajó a la Viena que le quiso y odió a partes iguales, escribiendo para finalizar su paso académico un Cuarteto  para piano en la menor con todo el ímpetu creativo que nunca le abandonaría, encontrando la música en el piano donde compondría toda su vida ya desde estudiante, planteando sus dudas, escribiendo para el trío de cuerda más el piano como si de una sinfónica se tratase, y así entendieron estos músicos esta obra, sentida en la cercanía de una carrera incipiente, volcados en sacar a flote una partitura poco escuchada y exigente para todos, sonoridades que la madera transmite como ninguna, no ya la de los instrumentos sino la tarima y este salón del museo donde la música nos hace vibrar literalmente. Maravilloso este lugar de encuentro de cuatro músicos con carreras solistas que como los grandes a los que emularán en breve, se unen para compartir, hacer música de cámara juntos como escuela indispensable e imprescindible en una formación académica pero también humana que nunca finaliza.

Brahms también encontró en Viena sus raíces e inspiraciones desde un Beethoven al que rinde tributo en la obra escuchada, casi vecinos en el cementerio más musical del mundo aunque faltase Mahler, otro romántico como todos los jóvenes, para quien el Cuarteto para piano, op. 60 nº 3 en do menor (subtitulado «Werther») supone unir, como los compañeros de programa y sus intérpretes, emociones compartidas, protagonismo compartido, unidad desde la diversidad, entendimiento para dejarnos una joya camerística que deslumbra desde las primeras notas tranquilas del Allegro non troppo antes de emprender vuelo. La originalidad del Scherzo. Allegro de segundo movimiento fue más que broma una prueba del buen momento del cuarteto, escuchándose, gustándose, creciendo antes del Andante con moto verdaderamente maravilloso para todos y cada uno, comenzando con chelo y piano camerístico, pasando el primer plano al violín, sumándose la viola para demostrar que el lirismo es este remanso bien tocado por los cuatro. Pero sobre todo el Finale. Allegro comodo que contagió pasión y fuerza a los presentes, vibraciones inequívocas del sentimiento de una partitura leída desde el lugar ideal de la música de cámara, del cuarteto para piano y cuerdas como excelente punto de encuentro de unos jóvenes que transmiten sensaciones de optimismo en unos momentos para olvidarnos del mundanal ruido mediático y refugiarnos en este museo, verdadero remanso para el espíritu donde el arte se respira por todas partes.

Enhorabuena a este cuarteto sin nombre que para mí será el Cuarteto «Evaristo Valle» como lugar de encuentro.

Bach mi dios y Oyarzábal su profeta

Deja un comentario

Jueves 19 de mayo, 20:30 horas. Catedral de León, concierto 19 «Bach en la Catedral«. Daniel Oyarzábal (órgano).
Penúltimo concierto de la integral de órgano de J.S. Bach que durante dos años ha traído al «bicho Kleis» de la Pulchra Leonina y al Auditorio Nacional con la colaboración del CNDM y el FIOCLE toda la música de «Mein Gott» para el instrumento rey, un complejo organizativo del que Daniel Oyarzábal es uno de los responsables de poder armar semejante monumento sonoro, con los organistas más importantes del panorama mundial, participando en el concierto 8 el año pasado y volviendo por indisposición del previsto Stepehn Tharp, sólo 15 días para afrontar el mismo programa pero como él mismo decía en una entrevista el pasado año «La culpa fue de Bach«. Si la muerte de Van Oortmerssen fue rápidamente reemplazada por Bernard Winsemius, sustituir al organista de St. Patrick entre otros templos neoyorquinos resultaba parecía tarea imposible por la premura de tiempo, pero solamente Oyarzábal podría afrontar el reto de «nuestro Bach«, conociendo a la perfección el instrumento y con la suficiente calidad para dejarnos un concierto impresionante.

Si la selección para la ocasión resultaba perfectamente ordenada, comenzando y terminando con un Preludio y Fuga, en el centro uno de los conciertos transcritos por Bach corroborando la realeza del órgano como el más completo de los instrumentos, y en el medio corales bien contrapuestos, sin olvidar el último e inacabado tributo a El Arte de la fuga, poder disfrutar de registros que parecían estrenar tubos mudos hasta este jueves primaveral no está al alcance de muchos. Deseo reflejar las impresiones nada más volver a casa y dejar la más detallada tarea de los links para más adelante y con el tiempo que me lleva, por lo que comienzo con el programa sin más, añadiendo mis pinceladas en caliente para evitar enfriamientos que alivian pasiones:
Preludio y fuga en do mayor, BWV 531 (a. 1705?), poderoso desde el arranque.

Un bloque de tres corales, Wer nur den lieben Gott lässt walten, BWV 690 (a. 1705?), Wer nur den lieben Gott lässt walten, BWV 691 (1720/23?) y Wo soll ich fliehen hin, BWV 646 (1748/49) interesantes las fechas aunque aproximadas para resolver interrogantes y evolución vital del compositor y creyente siempre al servicio de Dios, las meditaciones de Bach sobre los textos luteranos cargadas de todo el simbolismo musical del «Kantor», respuestas en pentagrama para las profundas lecturas, los registros elegidos por Oyarzábal pusieron el resto pues las notas estaban claramente presentadas, jugando con flautados tenues en espiritualidad y pedales profundos de oscuro remordimiento que siempre alcanzan la luz eterna.

Pedal-Exercitium, BWV 598 (1735?) como ejercicio espiritual y elevación de lo más terrenal hecho virtud por una técnica de pies capaz de olvidarnos que este caminar del organista se asiente desde lo más profundo aunque se parta de unos pocos compases.
Nuevo grupo de tres corales: Ach Herr, Mich Armen Sunder, BWV 742 (1733?), Herr Christ, der einig Gottes Sohn (Fughetta), BWV 698 (1739/42?) y Gott, durch deine Güte, BWV 724 (a. 1705), cronología que crece recordando los orígenes, transgresiones rebosantemente sonoras de juventud explicando la evolución interior de los años, tímbricas muy jugosas y expresivas con planos diferenciados en manos y pies, incluso alternando el panorama creado por los tubos en las tribunas o coros opuestos, verdaderas vidrieras sonoras en la paleta buscada por el organista vitoriano.

El oficio de organista desde el conocimiento orquestal, el Concierto en sol mayor (de Johann Ernst von Sachsen-Weimar), BWV 592 (1713/14) en tres movimientos, Allegro, Grave y Presto, barroco de escuela por contrastes en todo, velocidades, volúmenes, tímbrica, expresividad, orquestales desde teclados y pedalero con ataques y ligados «grossi» en técnica clavecinística más que organística como si se requiriese de forma obligada al tratarse de una recreación desde el poderío de toda la tubería alemana, cuerda, madera y metal aparentemente hidráulicos pero sonoramente camerísticos sin olvidar el virtuosismo obligado.

Luces y sombras interiores en los cuatro siguientes corales, último bloque igualmente atemporal pero claramente evolucionando en fraseos y ambientes, Der Tag, der ist so freudenreich, BWV 719 (1710?), Lobt Gott, ihr Christen, allzugleich, BWV 732 (1718?), Wie nach einer Wasserquelle, BWV 1119 (a. 1705?) y Herr Gott, dich loben wir, BWV 725 (¿?), derroche de registros y emociones, poderío impactante seguido de sensualidad casi íntima, melodía luterana de lengüetería paradisíaca en el pedal o la progresión vital de un Bach capaz de condensar sabiduría sonora con Oyarzábal profeta de semejante testamento.
Aviso previo para el Contrapunctus XIV, fuga a 3 soggetti (inacabada, de El arte de la fuga), BWV 1080/19 (1742/49), rigor a la partitura, también en esta catedral del contrapunto, sin añadir nada, el tortuoso y rutilante camino de la técnica en la escritura formal más compleja, sujeto y predicado con verbo musical hasta donde la luz llegó, el último aliento sin respuesta como Bach reflejó, nada más y nada menos…

Preludio y fuga en si menor, BWV 544 (1727/31), la bendición «urbi et orbi» no de Roma al mundo sino de León hasta Leipzig, luces cegadoras de unas tuberías escupiendo verdades eternas, despidiéndonos el oficiante Oyarzábal «podéis ir en paz» con el idioma universal que entendemos quienes profesamos la religión de nuestro «dios Bach» como principio y final.

Es justo y necesario que el cierre de la integral traiga Notre Dame hasta la capital del Reino de León el próximo 2 de junio con Olivier Latry, otra eucaristía igualmente organizada por el «Nuncio de Bach en España» aunque otros franceses me dejarán en Oviedo pues la ubicuidad es don de santos y los demonios fuimos expulsados del paraíso.

Un Bach honesto y sincero

Deja un comentario

Jueves 5 de mayo, 20:30 horas. «Bach en la Catedral«, León: Bernard Winsemius, órgano. CNDM en coproducción con el XXXI FIOCLE. Entrada libre.

La integral de la obra para órgano de nuestro bien amado «Mein Gott» está llegando a su fin (quedan otros dos conciertos) entre el «bicho Klais» de León y el Grenzing del Auditorio Nacional de Madrid dentro del rompedor programa «Bach Vermut«, coordinado por joven organista vitoriano Daniel Oyarzábal (1972), uno de nuestros grandes intérpretes, durante dos años irrepetibles que con la inesperada muerte de Jacques Van Oortmerssen hubo de ser sustituido para este de mayo por el carrillonista y organista igualmente holandés Bernard Winsemius (1945).

Del programa comentar como siempre lo bien estructurado en cuanto a las obras, abriendo y cerrando con las grandes para órgano, sin olvidarse de los corales y el «obligado» número de El arte de la fuga, con otra obra intermedia buscando no ya la alternancia en tiempos sino en el espíritu de cada una de ellas que comienza desde la elección de los registros más adecuados, algo que en el caso de Winsemius se caracterizó por la sobriedad, optando por pedales contundentes siempre en el plano idóneo, algunos incluso con cierta ronquera disipada, solo atronando la tormenta exterior que restó público en la Pulchra Leonina.
Me gusta dejar las obras y su correspondientes enlaces al canal YouTube© para recrearlas si así gusta el lector, comentando someramente todas ellas.

Para abrir boca y «calentar dedos» la impresionante Fantasía y fuga en do menor, BWV 537 (d. 1723?) con un pedal sustentando una exposición tranquila, reposada y ornamentada con la maestría de un especialista como el músico holandés, fantasía de sobriedad sonora antes de la fuga precisa y clara, honesta con cada duración, entretejiendo con soltura las voces siempre bien dibujadas.
La partitura Wo Gott der Herr nicht bei uns hält, BWV 1128 (ca. 1705/10) fue descubierta el 15 de marzo de 2008 en una subasta de artículos de Wilhelm Rust, musicólogo del s. XIX y gran contribuidor a la edición integral de la Bach Gesellschaft, una fantasía coral rica en ornamentos con un pedal «cantabile» y jugando con la lengüetería melódica sin perder la meditación obligada. A continuación Meine Seele erhebt den Herren, BWV 648 (1748/49) de los Corales Schübler, intimismo desde el lento caminar del pedalero arrancando la construcción tan bachiana de la mano derecha en un registro ideal y la izquierda vistiendo además de compartiendo tejido. Un placer y reposo en la interpretación de Herr Winsemius.

Christ, der du bist der helle Tag (Partita), BWV 766 (ca. 1700) majestuosa y calmada, resonando los flautados en las piedras y vitrales góticos, visión desde la madurez y experiencia que parecía crecer en su desarrollo, manteniendo una pulsación juvenil de paso firme.
De los «Corales de Neumeister» (a. 1705?) un par de ellos bien contrastados en intenciones: Du Friedefürst, Herr Jesu Christ, BWV 1102 en si bemol mayor, nueva demostración de limpieza y buen gusto en los registros con un equilibrio en los planos, y Ach Gott, tu dich erbarmen, BWV 1109, juego sonoro emanando tranquilidad, sin prisas en desarrollar los temas ni las contestaciones, plenos sin pompas, libertad desde el conocimiento.

Majestuosa e imaginativa, como corresponde, la Fantasía en sol mayor, BWV 571 (a. 1720?) en sus tres movimientos Allegro – Adagio – Allegro, sin exagerar los aires de nuevo manteniendo la rítmica para que los dedos no corran en exceso, registros nada estridentes optando por la limpieza más que la velocidad que pudiese enturbiar el discurso musical, siempre «in crescendo» manteniendo teclado con los cambios precisos así como un pedal siempre en su sitio, nueva lección del maestro holandés.

De «El arte de la fuga» esta vez escuchamos el Contrapunctus XIII a 3, inversus, BWV 1080/13,2  (1742/49), la fuga a dos que exige la dinámica justa en cada mano sin perder presencia, algo difícil en el órgano frente a las versiones de clave, necesitando un equilibrio de registros que Winsemius encontró en el Klais, siempre con sonoridades por descubrir, saltarín como un gorrión pero cantarín cual jilguero de tubos, con la ciencia hecha arte al órgano.

Y cerrando un círculo virtuoso el Preludio y fuga en do mayor, BWV 547 (ca. 1725), ese ritmo ternario luminoso del preludio desde sonoridades poderosas y por momentos densas, verdaderos fuegos artificiales cual la vidrieras góticas leonesas, ímpetu en manos y pies, ligaduras ajustadas a la partitura para llegar a la impresionante fuga binaria, sembrada de semicorcheas como trampas que quieren y no pueden desviarnos del tema, el punto final ideal de este Bach para todos en la interpretación de Bernard Winsemius, honesto y sincero de principio a fin.

Bach a pares

Deja un comentario

Martes 15 de marzo, 20:00 horas. Iglesia de Santo Tomás de Cantorbery, XXXIX Semana de Música Religiosa de Avilés: Ángel Montero Herrero (órgano). Obras de Bach.
Segundo concierto y de nuevo el órgano de la factoría de Federico Acitores de protagonista, continuando con la generación de jóvenes intérpretes, bien formados, ambiciosos en sus programas y con medios para seguir trabajando. Este martes el organista de la Catedral de Segovia, Ángel Montero Herrero (Madrid, 1989), alumno de Roberto Fresco con quien prepara el Grado Superior, y ya con una amplia agenda de conciertos que le ha traído hasta la SMR avilesina.

Programa ambicioso el del músico madrileño íntegramente dedicado a Bach, con el Preludio y fuga para órgano pleno, BWV 552 de eje, intercalando en medio seis corales del Dritter Theil der Clavierübung (1739, Misa Alemana para Órgano), verdadero catecismo musical, esta vez y curiosamente los pares, en (s)elección buscada para contrastar efectos y afectos, casi todas en tonalidad menor, con las distintas partes de la misa luterana, el texto como inspiración musical de «Mein Gott», registración recia adaptada a la época y estilo del instrumento, capaz de sonar «alemán» a la orilla de la ría de Avilés en las manos y pies de un español.

El Präludium pro órgano pleno en mi bemol mayor, BWV 552/1 arrancó el poderío del órgano castellano, con flautados redondos en teclado y pedales, buen fraseo respetando la figuración clara y precisa.

Los seis corales que pudimos escuchar fueron desgranándose desde registraciones no siempre claras desde abajo (siempre distintas a como se escuchan en la consola), sobre todo el pedalero que quedó en un segundo plano algo oscurecido especialmente en el acoplamiento teclado I-Pedal, pero con una claridad expositiva y un respeto a la escritura en cada compás digno de reseñar, las notas tenidas precisas, los cantos en la mano izquierda buscando la lengüetería predominante, siempre bien arropada por el resto.
Así fueron surgiendo las distintas partes, «Los Diez Mandamientos»: Dies sind die heil’gen zehn Gebot’ (en sol mayor), BWV 678, delineadas las voces y teclados; «Credo»: Wir glauben all’ an einen Gott (en re menor), BWV 680, casi fuga potente arrancada en flautados poderosos que fueron engordando la expresión desde la contención, pedalero sustento terrenal de las manos al cielo; «La Oración del Señor»: Vater unser im Himmelreich (en si menor), BWV 682, delicia y remanso en la derecha con la izquierda adornando y el coral al pie para no perder nunca referencias; «El Bautismo»: Christ, unser Herr, zum Jordan kam (en sol menor), BWV 684, donde las semicorcheas son gotas de agua del Río Santo, ligaduras variadas cual venera en la mano del Bautista, en un fluir permanente como sonó la interpretación de Ángel Montero; «La Penitencia»: Aus tiefer Not schrei ich zu dir (en mi menor), BWV 686, el tiempo lento que desde la desnudez va tomando cuerpo como inflingiendo dolor y breves aperturas de color, con la disonancia vertebrando un discurso inestable para alcanzar finalmente «La Comunión»: Jesus Christus, unser Heiland, der von uns den Zorn Gottes wandt (en re menor), BWV 688, el ritmo ternario donde bailan incansables las semicorcheas en ambas manos mientras el pedalero marca cada compás, registros trabajados para esta «casi toccata» de virtuosismo de estos «libros de estudio» que en Bach son siempre asombrosos, intrincados, complicados y tremendamente pedagógicos. Una verdadera lección bien aprendida del organista madrileño.

La Fuga pro organo pleno, BWV 552/2 no solo cerró el ciclo sino que vino a ser como la meditación de toda la «misa musical» anterior, catedral sonora que crece paulatinamente desde la seguridad que van dando los continuos ligados, ventanas con vidreras abriendo momentos del leve descanso antes de alcanzar las deseadas agujas pinchando el cielo bachiano, del estrecho y pedal final con corcheas como gárgolas inmensas y escultura intrincada con la propia arquitectura. Trabajo ímprobo (por excesivo y continuado) de Ángel Montero Herrero que se comportó cual maestro de obra en Avilés para defender las trazas y planos musicales del cantor siempre completo y difícil.

Arranque con órgano para la XXXIX SMR de Avilés

1 comentario

Domingo 13 de marzo, 20:00 horas. Iglesia de Santo Tomás de Cantorbery, XXXIX Semana de Música Religiosa de Avilés: Raúl Prieto Ramírez (órgano). Obras de Bach, Buxtehude, Saint-Saëns y Widor.

La semana referente de la música religiosa en Asturias se celebra en Avilés desde hace treinta y nueve años, dos menos tiene el organista que abría esta edición, un cacereño universal de nombre Raúl Prieto (1979), al que su carrera de concertista le lleva a cruzar varias veces el «charco», residiendo en EE.UU. y realizando dos giras anuales por Rusia. Entre sus compromisos su presencia en el Ciclo «Todo Bach» del CNDM el pasado jueves en la Catedral de León, sábado en el Auditorio Nacional con entradas agotadas, y por suerte este domingo en Avilés, volviendo a nuestra tierra después de unos años gracias al trabajo de Chema Martínez quien nos los descubriese en el fenecido Festival de Órgano CajAstur y que jubilado de la docencia sigue plenamente activo en la organización de esta SMRA así como de distintos conciertos con el órgano como protagonista.

Algunos temas ya escuchados en León de Bach (con ligeros cambios que he realizado en el montaje del programa) aunque nunca iguales como tampoco los órganos, y menos en este Acitores de acento castellano pero plenamente asentado en el cantábrico tras cinco años largos cerca de la ría, el toque que yo llamo de salitre, más el inconmensurable y nunca suficientemente valorado Buxtehude para poder disfrutar del recio planteamiento barroco del órgano antes del último romanticismo brillante de Saint-Saëns o Widor, idiomas distintos, registros variados y música a raudales donde no faltó la proyección en pantalla gigante del concertista, para disfrutar visualmente de su impresionante técnica.

J. S. Bach (1685-1750) con el Preludio y fuga en re mayor, BWV 532 es el arranque ideal para dedos, tubos y público, la potencia ideal para la iglesia nueva de Sabugo de acústica muy agradecida, continuando con la impresionante Sonata V en do mayor, BWV 529 (de las Trio Sonatas) que en Avilés sonó igual de limpia y preciosista que en León pero con un pedalero más «modesto» aunque la lengüetería resultó ideal para la mano derecha.

Grandiosa la Toccata en Fa, BuxW 145 de Dietrich Buxtehude (1637-1707) digna forma virtuosística del barroco temprano que Bach eleva a las alturas y madurez del estilo, pero que su ídolo trabajó como muestrario o currículo técnico para todos aquellos que quisiesen dedicarse al duro oficio de organista, lo que da para una tertulia más allá de la sobremesa, todos los recursos instrumentales para sacar a flote una página atemporal. Escucharla en Helsingborg no tiene precio, pero desde casa también podemos viajar a Dinamarca en esta interpretación del más internacional de nuestros organistas.

Como el instrumento de Torquemada está diseñado para todo repertorio, estaba claro que las dos obras siguientes nos darían la grandeza de expresión y dinámicas que atesora, junto a timbres casi pensados para lo que vendría: la orquestal Danse macabre de Saint-Saëns (1835-1921) en el arreglo de Edwin Henry Lemare es más una reinterpretación que transcripción porque siempre se ha dicho que el órgano es el instrumento rey y así lo entiende Raúl Prieto que tiene esta obra entre las más demandas allá donde va precisamente por toda la riqueza que el órgano saca de una partitura ya de por sí llena de color en su versión orquestal. Cambios de tiempos, matices casi infinitos, planos sonoros, protagonismo del pedal en su momento, hacen de esta danza macabra una fiesta mexicana en cuanto a la concepción de la muerte, con el sonar de los huesos musicales en un guiño vital.

Y probablemente sea Ch. M. Widor (1844-1937) uno de los compositores que mejor ha entendido el órgano y su «Allegro» de la Symphonie VI, Op. 42/2 , sinfonía para órgano que puede sea una mínima muestra de la capacidad de este extremeño universal en su instrumento, siempre distinto allá donde va y sacando de todos ellos los registros ideales para afrontarla en su amplia gama dinámica y tímbrica. Obra magna y magnífica interpretación en el Acitores de Sabugo.

El regalo nuevamente «de León», con el llamado «ejercicio de pedal» atribuido a Bach para virtuosismo con los dos pies enfundados en zapatos americanos a medida cual guantes con talón para hacer música solamente con las extremidades inferiores, las que no faltan como sustento vital también en el órgano, disfrutándolo en la pantalla cual ballet barroco. Al menos Avilés estuvo en su «escapada a casa» y se lo agradecemos.

Highway to Bach

2 comentarios

Jueves 10 de marzo, 20:30 horas. «Bach en la Catedral», León: Raúl Prieto Ramírez, órgano. CNDM en coproducción con el XXXI FIOCLE. Entrada libre. Fotos del órgano ©Twitter archivos personales de @RPrietoRamirez.

Continúan los jueves con la segunda parte de la integral de órgano de Bach en la Catedral de León, que el sábado en el Auditorio Nacional se convierte en «Bach Vermut«, un hito en nuestra historia musical, que nos traía de nuevo a casa a nuestro intérprete español más internacional, actualmente afincado en EE.UU. pero con agenda mundial completa que esta semana española incluye además de León y Madrid, la Semana de Música Religiosa de Avilés donde además de Bach le tendremos con sus obras más habituales en los conciertos: Saint Säens, Widor o Reger, que también forman parte de sus cursos en la Universidad de Indiana, la Ball State University, la Universidad de Baylor (Tejas) e incluso en el Conservatorio de Moscú o la
Universidad de Graz (Austria).

Y es que Raúl Prieto (Navalmoral de la Mata -Cáceres-, 1979), al que descubrí hace seis años en el defenestrado Festival de Órgano de Asturias, ha tocado en los mayores templos mundiales de la música de órgano: la catedral de Milán, el Victoria Hall de Londres, el Teatro Mariinsky de San Petersburgo o la sala de conciertos central de Moscú, donde se halla el órgano más grande de Asia, así como el órgano del Disney Concert Hall de la Filarmónica de Los Ángeles, y mantiene un dúo único en España con la pianista Maria Teresa Sierra. Imposible reflejar su amplio currículo y palmarés aunque no quiero olvidar que con 27 años le nombraron asesor artístico e intérprete asociado de la OCNE y divulgador, haciéndose cargo de toda la actividad de los órganos del Auditorio Nacional de Música de Madrid con su «Proyecto Órgano» cuyos resultados propiciaron un titular como el del periódico ABC: «El órgano sale de las tinieblas».
Rutilante e imparable carrera que le ha llevado a Estados Unidos, donde la agencia más importante de representación de organistas según la revista especializada «Fanfare» (Phillip Truckenbrod Concert Artists) le ofreció un contrato sin condiciones para hacer giras por Norteamérica, y ahora mismo tiene tantos compromisos mundiales que debe rechazar ofertas inimaginables en estos tiempos.

El programa Bach de León presentaba verdaderas «salvajadas» que no están al alcance de cualquier organista, y debo destacar que las dificultades van más allá de la cuestión técnica, con una elección de registros adecuados que hubiera necesitado de muchas horas (las que Raúl Prieto no tiene) para investigar las infinitas posibilidades tímbricas que atesora «el bicho» de Klais. Apostó por los prefijados de fábrica aunque no desmerecieron en ninguna obra, con especial esmero en el pedalero (incluyendo la propina del conocido estudio atribuido a «Mein Gott» sólo garabateado en una portada de cantata como bien explicó a los asistentes) y con un frío que convirtió esta ruta del organista no como una escalera al cielo sino autopista al infierno gélido capaz de inmovilizar las manos del mejor conductor.

Arrancar con dos Corales de Leipzig son una buena forma de «entrar en calor», la Fantasía super Komm, Heiliger Geist, Herr Gott, BWV 651 en despliegue brutal como corresponde a la propia forma, poderío sonoro desde un tiempo casi vertigionoso, y sin apenas respiro para el cambio de registros Komm, Heilige Giest, Herr Gott, BWV 652 como tanteo no ya digital para una mano izquierda que marca el motivo, sino tímbrico, contrastes también en tiempos para continuar admirando la escritura siempre increíble del cantor. Con Christ lag in Todesbanden, BWV 718 el frío lo acusó sobremanera la mano siniestra, «amortajada» como reflejo de la letra del coral utilizado en la cantata BWV 4, aunque no nos perdimos la limpieza de voces en teclados y pedalero, juego rítmico y melódico diferenciado en ejecución y timbre.

Punto y aparte merece la Sonata V en do mayor, BWV 529 (de las Trio Sonatas) por ser de lo más difícil de escuchar en vivo ante las exigencias planteadas, tres voces cada una con su registro específico que deben sonar casi orquestales y ser interpretadas limpias además de sin trampas, ya que el «puñetero» de Bach es un delator de errores único. La registración fue ideal en planos y equilibrios, más asequible en el Largo pero sabrosísima en los Allegri extremos, pletórico y vibrante el inicial, majestuosamente brillante el final, todo un despliegue técnico e interpretativo por parte de este extremeño universal.

Un poco de aire tranquilo para disfrutar el motivo variado del conocido y versioneado «coral de la Pasión» para Herzlich tut mich verlangen BWV 727, de los Preludios Corales BWV 714 a 765, con exposición clara en presencia aunque me hubiese gustado mayor despliegue tímbrico, apostar por la lengüetería o incluso una trompetería corta que sobresaliese mínimamente en una apuesta muy uniforme en presencia donde el propio registro y su tesitura hace brillar solo el coral.
No faltan distintos números de El Arte de la fuga BWV 1080 en versión organística dentro de este ciclo con la integral de Bach, y los distintos intérpretes eligieron el suyo, Raúl Prieto optó por el Contrapunctus XII a 4, inversus, pulcro como la catedral leonesa, registros en agudos para mantener el espíritu inicial incluso en cada variación y tiempo calmado para no enturbiarse en los trinos con la reverberación gótica, antes de un final apoteósico como es el Preludio y Fuga en mi menor, BWV 548, magno en toda su concepción, un crescendo único desde las primeras notas hasta la matemática artística de la fuga, equilibrios en los planos, valentía en los tiempos y expresividad máxima. Se nos olvidó el frío porque Bach merece autopistas de peajes varios. En Avilés mucho más…

Casi para todos los públicos

1 comentario

Miércoles 24 de febrero, 20:00 horas. Auditorio de Oviedo, AVANTI: OSPA, Rossen Milanov (director). Obras de L. Diéguez, R. Wagner, W. A. Mozart, P. I. Tchaikovsky, G. Mahler, L. van Beethoven, A. Dvorak, J S. Bach, E. Grieg, G. Bizet, B. Lauret y G. Giménez.

El público seguidor de la OSPA decidió dentro de una encuesta con 25 obras (como los 25 años que celebramos esta temporada) una docena dentro de lo que podríamos llamar, con perdón de RNE, «Clásicos populares» y así sonaron las obras que paso a citar, incidiendo en lo de sonar más que interpretar, pues como bien dijo el maestro titular, que hoy ejerció de «presentador» de cada una, es la orquesta de Asturias, capaz de afrontar cualquier repertorio, esta vez en un abanico de 300 años que no siempre lució como era de esperar.

Abríamos con nuestro Himno de Asturias en la orquestación oficial de Leoncio Diéguez, la misma que tantas veces ha sonado en este auditorio, aunque esta vez el coro fue público con los mismos problemas que los «profesionales» porque si no se dirige correctamente, todos cantan «a su aire». Pero sentirse protagonista por unos momentos siempre es de agradecer y hasta nos olvidamos de calidades prefiriendo cantidades.
El «Preludio» del Acto III de Lohengrin (R. Wagner) necesita, como diríamos coloquialmente, amarrar los caballos para que no se desboquen, siendo obra sutil que sonó brava porque los balances son necesarios ante una lucha siempre desigual entre las distintas familias orquestales, hoy además al completo.
La cuerda de la OSPA siempre ha sido como la seña de identidad y el primer movimiento, «Allegro» de la Pequeña serenata nocturna en sol mayor, K. 525 (Mozart) era para lucirse, aunque no hubo intención de sentir esta joya que resultó bisutería, de calidad pero lejos de lo esperado. Triste recordar que la música no es solo la partitura.

Los ballets de Tchaikovsky son filigranas para toda orquesta y la Suite nº 1, Op. 71a del Cascanueces una muestra de su maravilloso sentido melódico e instrumental, plagado de detalles muy sutiles, eligiendo tres (o cuatro) de sus danzas: la rusa, la árabe y la china. Al menos pudimos disfrutar de la calidad de nuestros solistas, principalmente la madera, aunque la necesaria conjunción quedó en pinceladas, que no brochazos, de una batuta nuevamente deslavazada que no imprime ni ritmo ni aire, dejando a los músicos que intenten además de sonar, sentir.
Puede que por esa necesidad de sentimiento, el famosísimo y cinematográfico«Adagietto» de la Sinfonía nº 5 en do sostenido menor (G. Mahler) con la cuerda con Miriam del Río al arpa nos dejó el mejor momento de la velada, esta vez más emoción que precisión, para unos músicos que parecen querer dejar clara su valía, con unas dinámicas al fin angustiosamente interpretadas.

Lástima que, como dice el refrán, «la alegría en casa del pobre dura poco» y Beethoven con su Sinfonía nº 6 en fa mayor, op. 68 «Pastoral» no corroboró el «hit» mahleriano. Pese a elegir los movimientos III y IV, la danza pastoril no resultó bucólica, a pesar de las trompas, faltó intención, aire y mando; la tormenta fue un chubasco, con poca claridad en los contrabajos que tronaron con los timbales.
No despejaron los nubarrones con el «Presto«de las Danzas eslavas, op. 46 nº 1 (Dvorak), borrosas, una Furiant nada ágil ni bailable y carente de un empuje rítmico que fue a borbotones y sin claridad en las melodías a pesar de los esfuerzos. Espero que en el próximo abono, de cámara, se resuelvan los problemas del «Avanti».

La grandiosidad de la famosa «Aria» de la Suite nº 3 en re mayor, BWV 1068 (Bach) permitió disfrutar de la cuerda pero sin criterio, ni historicista ni musical, fraseos sin sentido, volúmenes fuera de lugar, sin la pulsación barroca que requiere un movimiento tan cantable que se le denomina precisamente aria.

Otro refrán dice «de perdidos, al río» porque el cuarto número «En la cueva del rey de la montaña» de la conocidísima Suite nº 1, op. 46 de Peer Gynt (Grieg) nos dejó literalmente dentro de la oscuridad absoluta y nada platónica, cierto que los solistas intentaron poner un poco de luz pero el largo y progresivo acelerando sólo sirvió para llenar de barro, tras la tormenta pastoral o los traspiés eslavos, una obra donde los matices olvidados borraron la melodía principal en un final de fuego prehistórico.
Del ímpetu y colorido que tiene el «Preludio» de Carmen (Bizet) nos quedamos con lo primero porque más que de inspiración española me resultó griega (por las ruinas).

A Benito Lauret no me cansaré de recordarle y agradecer lo que hizo por Asturias en todos los campos. Sus Escenas asturianas tanto en la versión sinfónica como para banda recogen melodías que este cartagenero hizo grandes, y en el Finale da gusto el oficio de orquestador en un músico excelente, jugando con el «balamé» del Pericote y nuestro «Asturias patria querida» en una contraposición no ya de temas sino de colores en los que Diéguez también buscó su instrumentación. Es una obra que nuestra OSPA ha llevado por medio mundo y con grabación para la posteridad que se debería escuchar más a menudo, pues su riqueza dentro de cierto nacionalismo bien entendido y académico a más no poder, requiere un estudio previo y documentado. Algo parecido a nuestra fabada que con excelentes ingredientes y condimentos se puede estropear sin una buena cocción.

Y al final llegó el divorcio, vamos que el «Intermedio» de La boda de Luis Alonso (G. Giménez) resultó un «totum revolutum» a pesar de estar todo claro. Puede que con las cartas boca arriba y una partitura precisa se demuestra la falta de entendimiento entre lo escrito y lo escuchado, teniendo en nuestra memoria tantas y excelentes versiones con orquestas de menor calidad que nuestra OSPA.

Temblando estoy del panorama cercano donde podré escuchar otras formaciones españolas como la Orquesta Ciudad de Granada, las de Bilbao y Euskadi o la Real Filharmonia de Galicia, porque además las obras y compositores exigen no solo trabajo sino talento…

Vidrio, piedra y Bach

Deja un comentario

Jueves 4 de febrero, 20:30 horas. Catedral de León: «Bach en la Catedral». Arvid Gast, órgano. CNDM en coproducción con el XXXII FIOCLE.

De octubre de 2014 a junio de 2016 la integral para órgano de Bach suena en el Auditorio Nacional de Madrid y dos días antes siempre en la Pulchra Leonina, peregrinaje para todos los amantes del instrumento rey, un total de 20 conciertos (supongo que el número 18 quedará suspendido tras la muerte de Jacques Van Oortmerssen el pasado 21 de noviembre de 2015) donde ir desgranando el maravilloso mundo de «Mein Gott», organizados por los mejores intérpretes actuales sin repetir obras. Y llegó a León un músico de Bremen, organista en Lübeck y Magdeburgo, dos puntos de referencia en la vida de Bach, dispuesto a seguir sorprendiéndonos con la riqueza tímbrica del instrumento de Klais al que bauticé en su inauguración como «El Bicho«.
Impresionante la limpieza de ejecución en cada obra, la sabia elección de registros, la claridad meridiana con la que pudimos paladear todas y cada una de las voces, notas independientes siempre relacionas, una verdadera liturgia oficiada por el maestro Arid Gast (1962) que pergeñó obras con verdadero primor, orden y concierto similar al de las vidrieras y las piedras góticas de la catedral más bella de España, con perdón para las demás (y lo dice un asturiano).

El «pastor» Gast convocó al pueblo, que volvió a llenar el templo catedralicio de Santa María de Regla, para escuchar el sonido alemán ya de acento castellano, con el Preludio y fuga en la menor, BWV 551, logrando mantener ese respeto mágico desde un silencio que permitía asombrarse con los sonidos saltando de una a otra fachada (los llamados «coro del norte» y «coro del sur»), estando yo situado en la nave central bien ubicado para escuchar los efectos, con la vista puesta en el retablo, las vidrieras, las bóvedas y los arcos ojivales. Toque de arrebato en trompeterías con pedaleros como truenos y relámpagos descansando con reposo en el acorde perfecto.

Tres corales (uno de Schübler BWV 649, más el preludio coral BWV 717 y el BWV 706 de Kirnberger) nos hicieron meditar, saborear unos flautados deliciosos en el del medio o unas homogéneas lengüetas claramente diferenciadas en color y dinámica, sin perder nunca las melodías populares que Bach eleva a divina, ceremonia casi religiosa con los comentarios musicales a los textos luteranos antes de otra explosión de la perfección matemática del orbe divino, la Fuga en do menor (sobre un tema de Giovanni Legrenzi) BWV 574, donde el organista demostró no ya un virtuosismo presupuesto sino la sabiduría en elegir los registros, poder escuchar las voces con timbres independientes desde el sujeto hasta la exposición, con un pedalero casi tercera mano de presencia luminosa y sustento pétreo en el Klais, recovecos, precisión, balance y reposo a la búsqueda del descanso en el acorde mayor.

De nuevo la meditación con tres de los llamados Corales Neumeister, los BWV 1097, BWV 1099 realmente poderoso, y BWV 1108, ligero desde una mezcla de lengüetería y principal, el contraste barroco de tiempos y dinámicas, ordenados cronológicamente además de sapiencia, fraseos brillantes, contracantos equilibrados, luces y sombras sin oscuridades, esperanzadoras sin cegarnos y siempre respetando cada nota, su duración, los ornamentos justos y el silencio sepulcral sobrecogedor para dejar sonando en el aire cada exhalación de los tubos.
La Fantasía en do mayor, BWV 570 supuso el momento álgido de la ceremonia, la liturgia de la palabra hecha música, cual golpe de pecho inicial y sobrecogedor ante unos pecados siempre veniales en un Bach que componía «Soli Deo gloria«, vanidad y soberbia casi necesariamente reflejadas en la escritura y aún más en una ejecución cual penitencia y absolución por el «pastor Gast«.

Aún quedaba el Contrapunctus XII a 4, rectus de «El arte de la fuga», BWV 1080/12,1 como si de un Apocalipsis se tratase, capaz de inspirar las mejores obras de arte y mantener todas las relecturas que se quieran incluidas las musicales. Rectitud y altura de miras como las columnas sosteniendo las bóvedas de esta catedral ansiosa de absorber lo que el material le impide, devolviendo generosa los versos en frases musicales donde seguían brillando registros por descubrir como la luz de las vidrieras a lo largo del día.

Finalmente la Toccata (Preludio y fuga) en do mayor, BWV 566a sonó cual bendición, recapitulación de una liturgia única, arrebatadoramente bella sin éxtasis barrocos, meditaciones con tormentas y recovecos para manos y pies que nos llevan hasta la luz cegadora del acorde perfecto de do mayor. Aplausos de alivio tras la tensión y agradecimiento ante unos sermones organísticos en el buen sentido de la palabra, la música pura desde la sabiduría y experiencia de un intérprete que parece imbuido del espíritu bachiano.

No son habituales las propinas, de hecho el maestro Arvid Gast estaba recogiendo las partituras pero el público le jaleaba, feliz ante tanta belleza, y qué mejor regalo que otras hermosas palabras al órgano, «Despertad, nos llama la voz» de Bach en el Klais, Wachet auf, ruft uns die Stimme de la Cantata BWV 140 en este caso la meditación que supone en el órgano el Coral Schübler BWV 645, un prodigio de sonidos todos en perfecto equilibrio, estabilidad emocional, capaz de escuchar una melodía arropada por las armonías del paraíso bachiano para dejarnos, si es que había duda, que Bach es mi Dios…

Equilibrada inestabilidad

Deja un comentario

Jueves 19 de noviembre, 20:30 horas. Festival Internacional de Órgano Catedral de León, CNDM: «Bach en la Catedral«, Roberto Fresco (órgano).
Concluyó otra edición, la trigesimosgunda de un festival casi sin apoyos, que como indicaba en la presentación su director Samuel Rubio, resultó ser el de mayor éxito de público. El apoyo del Ministerio de Educación, Cultura y Deporte a través del INAEM y el Centro Nacional de Difusión Musical ha sido un verdadero salvavidas y este ciclo de «Bach en la Catedral» continuará varios jueves en «el Klais» de la Pulchra Leonina y los sábados en «el Grenzing» del Auditorio Nacional con el exitoso «Bach Vermut«.
En León el frío es intrínseco y no impide las colas para asistir a este verdadero peregrinaje bachiano, incluyendo aficionados y músicos asturianos, todo un éxito impensable que demuestra la vigencia eterna del cantor de Leipzig así como la música de este órgano que engrandece la catedral leonesa.

Foto ©Fernando Álvarez con Roberto Fresco, Jaime Mdez. Corrales y José Mª Martínez

Esta vez la neblina sumada a la gélida noche pareció alcanzar al organista de la Almudena que personalmente no acertó en las combinaciones casi infinitas del «Bicho de Klais» (2013) con un programa que arrancaba con el Preludio en la menor, BWV 569, algo oscuro pese al rugido del pedalero que llenaba lo más profundo de la acústica catedralicia.

Prosiguieron seis «Corales de Adviento y Navidad», donde fueron alternando registros digamos habituales con unos «octaviantes» realmente deliciosos e íntimos, buscando el contraste de dinámicas además del tímbrico por parte del organista astorgano, ayudado por Guillermo A. Ares: el Num komm, der Heiden Heiland del trío BWV 660 más el BWV 699, verdaderas meditaciones corales de Leipzig en el pedalero aflautado revestido por los teclados, Lob sei dem almärchtigen Gott, BWV 704, voces bien diferenciadas desde la dificultad, el hermosísimo Vom Himmel hoch, da komm ich her, BWV 738 vertiginoso y difícil de seguir la melodía tan trabajada, y la «fughetta» de Christum wir sollen loben schon oder, BWV 696, muy denso en el desarrollo con flautados impercebtibles y algunas imprecisiones porque Bach resulta tan perfecto en su escritura que nada que se salga de ella es delator implacable.

Más ligeros y en la misma línea de contrastes, sin «arriesgar» con los registros escuchamos cinco duetos consecutivos del BWV 802 al BWV 805, agradecidos en cualquier teclado, que en el órgano adquieren su verdadera dimensión, antes de continuar con cuatro «Corales de Navidad» del Orgelbüchlein: In dulci jubilo, BWV 608, un canon doble de registros celestes, Lobt Gott, ihr Christen, allzugleich, BWV 609, sonoridades en estado puro y pedalero presente, Christum wir sollen loben schon, BWV 611, lento y bien dibujado por Fresco, para finalizar con el vigor del Wir Christenleut, BWV 612, esta vez más homogéneo en desarrollo y lirismo siempre con profundidad expresiva aunque flotando la neblina exterior hecha sonido.

La recta final comenzaba con las «Variaciones canónicas» BWV 769, complicadas donde las haya, Vom Himmel hoch, da komm ich her que «ahuyentaron» a algunos espectadores tal vez despistados ante tanta música como esconden estas joyas organísticas, lengüetas agudas en mano derecha contrapuestas a una izquierda aflautada con el canto grave de los pies, el Contrapunctus X de «El arte de la fuga» BWV 1080, siempre más agradecido en versiones camerísticas porque en teclado parece misión imposible disfrutar la matemática hecha música del kantor, que el organista leonés buscó incansable limpiar de lo nunca accesorio en Bach, y finalmente el vivaldiano a dos violines reconstruido como Concierto en la menor BWV 593 que convierte al órgano en rey de los instrumentos reviviendo la orquesta en una explosión de registros para teclados y pedalero con tres movimientos que volvieron a resucitar al «bicho«, un Allegro poderoso, el Adagio retomando flautados mínimos y el luminoso Allegro final para reencontrarnos con el mejor Bach. En definitiva, un concierto de inestable equilibrio pero de equilibrada inestabilidad para todos los posibles que el instrumentos construido por Klais atesora, tomando poco a poco el aire leonés que a Mein Gott siempre le sienta bien. Supongo que en el Auditorio Nacional la paleta sonora caliente dedos y disipe nieblas.

Older Entries Newer Entries