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Espiritualidad romántica

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Un hito de la OFIL y «El León de Oro», con Marco Antonio de Paz a la batuta

Miércoles, 20 de noviembre, 20:00 horas. Auditorio Príncipe Felipe de Oviedo, Conciertos del Auditorio. El León de Oro (LDO), Oviedo Filarmonía (OFil), Marco Antonio García de Paz (director). Obras de Bruckner y Cherubini.

(Crítica para LNE del viernes 22, con el añadido de los links siempre enriquecedores, tipografía que no siempre la prensa puede adaptar, y fotos propias)

En este 2024 que va llegando a su fin, se está conmemorando el bicentenario del nacimiento de Anton Bruckner (1824-1896), por lo que en la que seguiré llamando “La Viena Española” no podía faltar su homenaje dentro de los Conciertos del Auditorio con la orquesta titular del ciclo para interpretar la Sinfonía nº 00 en fa menor, WAB99 (1863) muy poco escuchada y que tiene como subtítulo “Sinfonía de estudio” que no pudo escuchar en vida, que hasta 1924 no se estrenaría completa, y considerada en principio la nº 1, como era habitual en el compositor, rectificaría después dejándola sin numerar, siendo editada en 1973 por Leopold Nowak. Primer acierto de este concierto.

Tener al frente al maestro Marco Antonio García de Paz por sus estudios de violín, conocedor desde el atril de la dirección y la complicidad con la OFil, el segundo acierto. Para rematar quedaba unir sapiencia y experiencia coral desde “su” coro, El León de Oro, con muchas décadas trabajando repertorio variado, donde además del propio Bruckner con distintas formaciones (como el Coro de RTVE o el Joven Coro de Andalucía), en sus programas sinfónicos ha ido labrándose una trayectoria impecable, así que el “Requiem en do menor”, op. 21 de Luigi Cherubini (1760-1842) ha sido otro hito en Oviedo del que disfrutarán hoy en Santander.

Sin ánimo de recargar con adjetivos este programa doble, globalmente fue espléndido por la elección que une lo sacro y clásico del italiano con la monumentalidad romántica del austriaco, el espíritu católico de ambas obras y autores, más allá de creencias, pues la música de los dos es emocionante, además de contar con una escritura de herencias mozartianas que las hace aún más agradecidas de escuchar, más cuando están interpretadas con conocimiento y mucho trabajo previo.

La «Studiensymphonie» de Bruckner en sus cuatro movimientos (Allegro molto vivace / Andante molto / Scherzo (Schnell) – Trio (Langsamer) / Finale. Allegro) no es ni un trabajo de clase ni un mero ejercicio académico como se la llegó a clasificar en su momento. Los amplios contrastes dinámicos, fraseos, balance entre secciones y un estilo propio de esta sinfonía “juvenil” suponen un reto que el director luanquín asumió. Con una colocación de la OFil “a la vienesa”, ya supuso un juego tímbrico muy conseguido, matices siempre equilibrados conteniendo la justa medida del poderío en los metales y con una gama de contrastes dinámicos, así como de tiempos, plenamente románticos, sin obviar los momentos clásicos tan “cantabiles” en cuerda y madera. Si algo puedo añadir es haber conseguido que la orquesta sonase como un gran coro, delineando cada fraseo y agradeciendo que se optase por esta sinfonía felizmente recuperada por un Eliahu Inbal, que ya me emocionase el pasado año en el Festival de Granada con “la séptima” dirigiendo a la JONDE. El tándem OFil-García de Paz con esta “doble cero” será otra referencia para quien suscribe.

Desde sus inicios, el LDO me cautivó por tratarse de un proyecto con sello propio que ya marcaba diferencias buscando una sonoridad cercana a la perfección coral, declarándome un “leónigan” confeso y que no le he perdido nunca el rastro en más de veinte años de andadura. Los cambios de ubicación de sus formaciones son casi señas de identidad en pro de juegos tímbricos, espaciales y adaptándose al repertorio. Para el “Réquiem en do menor” de Cherubini, compuesto entre 1815 y 1816 por encargo de Luis XVIII para estrenarse al año siguiente en el panteón real de la monarquía francesa, Marco A. García de Paz aprovechando la disposición orquestal ubicó detrás al LDO situando en el centro a bajos y tenores escoltados por sopranos y contraltos a ambos lados de los hombres, contraponiendo agudos y graves instrumentales con los vocales en una obra sin solistas, pero con las cuatro cuerdas cantando en feliz simbiosis con una orquestación “rompedora” y hasta revolucionaria del italiano venerado en la Francia borbónica, volcado en la música sacra desde 1809 para marcar el modelo de “misa de difuntos” romántica (con la herencia y recuerdo mozartiano) admirada desde Beethoven a Berlioz pasando por Schumann o Brahms. Afinación perfecta, emisión amplia, empaste, dicción latina italianizante y dinámicas extremas sustentadas por una OFil que lo mismo completaba las armonías como las “adornaba”, cantando sin palabras o convirtiendo al viento (sin las “odiadas” flautas para Cherubini) en un órgano catedralicio con trompetas naturales. Siete partes con el Introitus et Kyrye recogido, Graduale contrastado, Sequentia donde aparecería el “inicipit” gregoriano de los hombres antes del impactante Dies irae, aterrador, con el golpe de gong cual campana apocalíptica, seguido del  clásico y hermoso Lacrimosa, el complicado encaje fugado entre coro y orquesta en el Quam olim Abrahae del Ofertorio, bien llevado por el director gozoniego, con exigentes cambios de tempo como en Hostias et preces tibi sin perder la concentración pese a los apagones de algunos focos o el “pecador” e impertinente teléfono antes de un Pie Jesu que verdaderamente parecía pedir descanso eterno y piedad. Emociones transmitidas por un LDO al que no se le notan los cambios generacionales, manteniendo el “esqueleto inicial” en las cuatro cuerdas, uniendo experiencia y savia nueva en una transición natural, con el Agnus Dei et Communio feliz de esta joya sinfónico coral que García de Paz entendió desde su amplia y fructífera trayectoria, grandiosa e introspectiva como el Requiem, dejando a todo el auditorio, casi lleno, sobrecogido y feliz de haber disfrutado con una música llena de espiritualidad romántica.

Difuntos muy vivos

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Éxito coral de la OFIL y «El León de Oro» en el Auditorio

La sinfónica ovetense y la agrupación luanquina, bajo la experimentada dirección de García de Paz, ofrecen un sublime y sentido concierto

Pablo Siana

Miércoles, 20 de noviembre, 20:00 horas. Auditorio Príncipe Felipe de Oviedo, Conciertos del Auditorio. El León de Oro (LDO), Oviedo Filarmonía (OFil), Marco A. García de Paz (director). Obras de Bruckner y Cherubini.

(Reseña rápida para LNE del jueves 21, escrita desde el teléfono, con el añadido de los links siempre enriquecedores, tipografía que no siempre la prensa puede adaptar, y fotos propias)

Interesante concierto “Made in Asturias” que también llegará a Santander este viernes con nuestro coro más internacional, del que me he convertido en “leónigan” y Marco Antonio Gª de Paz asumiendo esta vez la dirección total junto a la OFil, con el bagaje de muchos años trabajando desde Covadonga hasta Luanco, de Madrid hasta Andalucía y recorriendo medio mundo con su LDO. Dirigir el Réquiem  de Cherubini además de muchas emociones es un espejo donde mirarse, mas Bruckner y la Sinfonía en Fa menor “de estudio” de 1863 (sin entrar en ceros) todavía mayor reto al aunar en ambas obras no solo un compromiso con la música sacra, también una religiosidad que trasciende creencias religiosas por su magnificencia musical siempre atemporal.

Bruckner abría el concierto con la OFil capaz de transitar por programas variados y encontrándose cómoda y convincente con el maestro gozoniego al frente. La “Studiensymphonie” WAB 99 es mucho más de lo que su título sugiere en cuanto a composición, y no digamos interpretación de los cuatro movimientos. García de Paz colocó la orquesta en disposición vienesa para jugar con la tímbrica y los balances logrando contrastes muy satisfactorios en matices y tempi desde una sonoridad romántica muy “coral” en todas las secciones.

El Requiem en do menor, op. 21 de Cherubini es auténtico «progreso por volver a lo antiguo” como escribiría Verdi y una obra que Beethoven pidió para su entierro, auténtica revolución para los románticos que la tomarán como modelo de “misa de difuntos”, enlazando en parte con el organista de Linz. Obra sinfónico coral sin solistas, introspectiva y grandiosa a la vez, sobrecogedora, que solo se puede afrontar con un conocimiento profundo por parte de todos, y García de Paz lo demostró llevando a su coro verdaderamente “de la mano” optando por una colocación que a los leónigans nunca sorprende: bajos y tenores en el centro flanqueados por sopranos y altos, verdadera simbiosis de apuesta sonora que redundaría en una interpretación “de autor”, magnífica, sublime y sentida por todos.

Un idilio lírico ovetense

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Jueves 7 de noviembre de 2024, 20:00 horas. Auditorio Príncipe Felipe, Oviedo: Conciertos del Auditorio. «Gala Puccini» (conmemoración del centenario del fallecimiento de Giacomo Puccini): Sondra Radvanovśky (soprano), Piotr Beczala (tenor), Oviedo Filarmonía, Lucas Macías (director). Oberturas, arias y dúos de G. Puccini (1858-1924).

(Crítica para Ópera World del viernes 8 de noviembre, esta vez con pocos links por problemas de tiempo, y fotos propias)

Es bueno cumplir años para recordar mis vivencias líricas, y nada mejor que seguir celebrando a G. Puccini (1858-1924) con dos voces que ya he disfrutado y además realizando una gira europea homenajeando al genio de Lucca con paradas en España, donde no falta Oviedo: la soprano estadounidense Sondra Radvanovśky (Berwyn – Illinois, 1969), premio lírico a la mejor cantante femenina de ópera en la séptima edición de los Premios Líricos con Gala en el Teatro Campoamor (2012), tras una exitosa “Norma” semiescenificada en diciembre de 2011 (no podría volver a Oviedo para el Réquiem verdiano), aunque volvería a escucharla en Perelada allá por agosto de 2013 con la misma ópera de Bellini, y el tenor polaco Piotr Beczala (Czechowice-Dziedzice, 1966) quien ya cantase dos veces en el auditorio ovetense, primero con Oviedo Filarmonía (OFil) en abril de 2017 -entonces dirigida por Marzio Conti y cuatro años después en un recital con piano (junto a Sarah Tysman), por lo que el inexorable paso del tiempo también ayuda a calibrar la evolución de los intérpretes y los sentimientos de los muchos melómanos llegados de todo el norte de España que llenaron el Auditorio.

Si algo tiene Puccini es su capacidad de emocionar y estaba claro porque no defrauda nunca y más con esta “gala del centenario” ocupada por sus arias y dúos más conocidos con dos de las mejores voces del panorama lírico internacional en un momento de madurez que les ha dotado de unos graves más corpóreos sin perder una técnica impoluta y el volumen más que suficiente para “sobreponerse a la tentación sinfónica” de las dinámicas orquestales a las que también sucumbió la OFil con Lucas Macías, respirando con ellas pero sin bajar potencia. Pero tanto Sondra como Piotr supieron comunicar, enamorar, brillar juntos y por separado desde un buen entendimiento con el podio, unido a una admiración de todos que se notó en cada momento, aunque faltó algo de la magia del irrepetible último operista del pasado siglo.

El dominio orquestal del homenajeado ya se notó en su debut juvenil Preludio sinfónico en la mayor, op. 1, para atemperar una OFil que sonaría con la larga experiencia del foso aunque el escenario aún la haga crecer más. A lo largo de la gala pudimos disfrutar de sus primeros atriles, especialmente los de cuerda (Mijlin, Menéndez y Ureña más el arpa de Domené) y el clarinete de Allué, pero toda ella brilló en cada página, enamorados de las dos voces que si en la primera parte fueron subiendo enteros, para la segunda lo dieron todo con el público rendido olvidándose de ligeros resfriados en un tiempo otoñal que no ayuda (tampoco a las toses inoportunas aunque casi preferibles a los tarareos cercanos).

Primer bloque con «Manon Lescaut» que abriría, como siempre impecable de frac, Piotr Beczala y el aria de Des Grieux “Donna non vidi mai” transitando los registros extremos, para seguir la protagonista, vestida de negro, Sondra Radvanovśky “Sola, perduta, abbandonata”, mucho más que un calentamiento vocal desde el ardor, con dominio técnico (agudos aún tirantes) y caudaloso volumen en una lección de dramaturgia bien entendida por ambos, antes del Intermezzo de una OFil contagiada de la misma belleza, en el orden habitual de alternar arias con intermedios instrumentales.

De «Tosca» el tenor polaco nos dejó las dos arias más populares: “Recondita armonia” y “E lucevan le stelle” (el Adiós a la vida) espléndidas, bien fraseadas, sobre todo la segunda, mejor concertadas por Macías y contestadas por los solistas antes citados, con el color y timbre que mantiene Beczala de siempre, además de una declamación perfecta, mientras la soprano estadounidense nos convenció entre ambas con la que podríamos llamar el aria propiamente dicha  «con su introducción en arioso, su exposición, su sección media y su repetición» (como bien la describe el maestro Arturo Reverter en sus notas al programa):“Vissi d’arte, vissi d’amore”, una interpretación de impacto por su entrega, escena, fiato, crescendos epatantes, agudos con fuerzas sin perder la interiorización de Tosca, y volviendo a demostrarnos que Radvanovśky es una pucciniana de primera, antes de finalizar con el dúo semiescenificado “Mario! Mario! Son qui!”, temperamental, química total e idilio vocal con Floria enamorando y dominando a un Mario más contenido en todos los aspectos, desde una dramaturgia y línea de canto espléndida por parte de ambos. No echamos de menos al “malo de Scarpia» porque ellos ya llenaron la escena dejándonos con ganas de seguir disfrutándolos tras el descanso, necesario ante el empuje orquestal que no minaría el volumen de estas dos voces.

Puede ser que «La bohème» sea la ópera de Puccini que más veces haya escuchado, tanto en vivo como grabadas, y la emoción me puede más que los detalles, pero las dos arias y el dúo volvieron a dejarme un par de lágrimas aunque no las cantasen juntos sobre el escenario: “Che gelida manina” de Beczala muy fluido el legato, elegante y más allá del optativo pero “esperado” Do de pecho, y “Sì, mi chiamano Mimì” de Radvanovśky (con otro vestido más colorido para la segunda parte) que ya no es tan lírica con el paso del tiempo pero sigue igualmente dominadora de los reguladores y el idioma de Dante, aunque me queda siempre el recuerdo de Kraus y Freni, más “O soave fanciulla” incluyendo la salida de escena para este final del primer acto arrebatador y efusivo con el agudo unísono que al menos nos dejaron escuchar casi con veneración antes de la aclamación. El polaco parecía algo cansado pero sigue defendiendo su Rodolfo con poderío, elegancia y buen gusto, mientras la estadounidense juega con cada fraseo y matices que con los años ha ganado graves mientras mantiene los filados junto a la orquesta sin quedar nunca tapada. Hay momentos “de paso” algo más ásperos pero sigue siendo única recreando esta Mimì aunque en el dúo el idilio vocal sería más de Sondra que de Piotr.

Nuevo intermedio orquestal para no aminorar el clima de la OFil con su titular, el Intermezzo “La Tregenda» de «Le Villi», la escritura única del Puccini grandioso, antes del potente final que vendría a continuación con «Turadot», una Radvanovśky ahora perfecta por su edad, color, volumen y dominio en la exigente “In questa reggia” que desde el estatismo del personaje pudo incluso gesticular y luchar con el poderío instrumental donde Macías nunca bajó las dinámicas sabedor de la potente vocalidad de esta soprano que se entrega en cada aria, y así fue especialmente en los grandes intervalos y saltos de registro (Mai nessun m’avrà) apasionados, exaltados pero también emotivos de la terrible princesa. Y no podía faltar Calaf con “Nessun dorma” de un Beczala agotado pero con la emisión suficiente sin necesidad de aguantar hasta la extenuación el si natural agudo del tercer ¡Vincerò! con una orquesta con más pulmón que el tenor.

El esfuerzo tanto vocal como interpretativo nos robó de «Madama Butterfly» el aria del segundo acto “Un bel dì vedremo” como nos indicó la propia Sondra, pero no faltaría el último dúo del primero con partitura en el atril tras una gala que supone mucho más trabajo que toda una ópera, y Puccini exige a todas las voces. Buen rubato por parte de todos con Mijlin acariciando desde el violín ese Vogliatemi bene de Cio-Cio San, antes de las tres propinas, cara a la galería por populares, donde para mí sobraba el aria “Amor ti vieta” de «Fedora» (Giordano) aunque la traen en el segundo programa de esta gira, y el brindis de «La Traviata» con palmas y baile incluido de la pareja, quedándome mejor con el querido papito de «Gianni Schicchi», un inspirado Puccini que ha escrito como nadie para las sopranos y “La Radvanovśky” lo sabe… dice el refrán que “quiten tuvo retuvo”, siendo la auténtica triunfadora de este homenaje junto a un paternaire como Beczala que sigue teniendo esa voz clara y elegante, dos voces consolidadas en lo alto del panorama lírico mundial desde hace años.

FICHA:

Jueves 7 de noviembre de 2024, 20:00 horas. Auditorio Príncipe Felipe, Oviedo: Conciertos del Auditorio. «Gala Puccini» (conmemoración del centenario del fallecimiento de Giacomo Puccini): Sondra Radvanovśky (soprano), Piotr Beczala (tenor), Oviedo Filarmonía, Lucas Macías (director). Oberturas, arias y dúos de G. Puccini (1858-1924).

PROGRAMA

Primera parte:

Preludio sinfónico en la mayor, op. 1

Manon Lescaut

«Donna non vidi mai»

«Sola, perduta, abbandonata»

Intermezzo

Tosca

«Recondita armonia»
«Vissi d’arte, vissi d’amore»
«E lucevan le stelle»

«Mario! Mario! Son qui!»

Segunda parte:

La bohème

«Che gelida manina»

«Sì, mi chiamano Mimì»

«O soave fanciulla»

Le Villi

Intermezzo «La Tregenda»

Turandot

«In questa reggia»

«Nessun dorma»

Madama Butterfly

Dúo final del Acto I

Campanas de esperanza

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Un programa atractivo y exigente marca el estreno de las Jornadas de Piano «Luis G. Iberni»

Pablo Siana

Jueves, 31 de octubre, 20:00 horas. Jornadas de Piano “Luis G. Iberni”, Auditorio Príncipe Felipe de Oviedo. Jaeden Izik-Durko (piano), Oviedo Filarmonía, Vincenzo Milletarì (director). Obras de Martínez Burgos, Scriabin y Tchaikovsky.

(Crítica para LNE del sábado 2, con el añadido de los links siempre enriquecedores, tipografía que no siempre la prensa puede adaptar, y fotos propias)

Jueves otoñal cerrando octubre para la inauguración de las Jornadas de Piano «Luis G. Iberni» dedicada a las víctimas de la DANA y guardando un respetuoso minuto de silencio antes de comenzar el concierto con el absoluto ganador en todas las categorías del XX Concurso Internacional de Piano de Santander “Paloma O’Shea (2022) o del 67º María Canals barcelonés entre otros muchos: el canadiense Jaeden Izik-Durko (Salmon Arm, 1999), tras su recital en solitario para la Sociedad Filarmónica de Gijón en febrero de este año, esta vez junto a la Oviedo Filarmonía (OFIL), y el regreso al podio del director italiano Vincenzo Milletarì (Taranto, 1990), a quien disfrutamos dirigiendo la clausura de los Conciertos del Auditorio 2022 en una excelente Gala lírica.

Para esta triste noche de difuntos que contrastaba con el ambiente juvenilmente festivo, un programa atractivo y exigente manteniendo la estructura habitual de estreno, concierto solista y gran sinfonía, para poner a prueba a la siempre versátil y cada vez más madura orquesta ovetense. El programa comenzaba con el estreno absoluto del madrileño afincado en Asturias Manuel Martínez Burgos (1970) titulada «…humanidad que viene de las tinieblas, y se esfuerza, incansable, por llegar a la luz…», obra encargo de la AEOS en colaboración con la SGAE, inspirada en «La Regenta» de Clarín para conmemorar el 25 aniversario del Auditorio y la OFIL. Tomando como título una frase del propio Leopoldo Alas, la obra comienza con una introducción de 25 campanadas metafóricas (pienso que la cercanía de la Wamba catedralicia al CONSMUPA está en el subconsciente del catedrático) donde a la Vetusta musico-literaria va hilvanándose y sumándose las distintas secciones en tres capítulos sin interrupción coincidentes con los párrafos de la cita: I. …humanidad que viene de las tinieblas, II. y se esfuerza, incansable, III. por llegar a la luz…. La luz como símbolo del conocimiento tanto para el escritor zamorano tan asturiano ya como el doctor por la Universidad de Oxford, quien “parirá” esta obra entre 2022 y 2023 como otro hijo sinfónico que al fin vio la luz jugando con todas las combinaciones posibles de la tímbrica orquestal que nuestro catedrático domina como pocos: paleta sinfónica muy rica desde un lenguaje actual y reconocible, la sombra inicial con música abrumadora por momentos, el esfuerzo del camino lírico y melódico con una cuerda sedosa, y la esperanza final llena de fulgurantes ritmos que nos recuerdan al mejor Bernstein, colorista y optimista en su conclusión con el impactante final para lucimiento de metales y percusión de una OFIL bien llevada por Milletarì, recogiendo los grandes aplausos del público junto al propio compositor.

El Concierto para piano y orquesta en fa sostenido menor, op. 20 (1896), de Alexander Scriabin (1872-1915) nos permitió en sus tres movimientos corroborar las buenas sensaciones, técnica y musicalidad de Izik-Durko gracias a una excelente concertación del maestro italiano. La primera composición orquestal del ruso, transición entre siglos y armónicamente muy particular pero aún con influencias de Chopin o Liszt, es una obra introspectiva, refinada y repleta de impulsos, como así la entendieron los intérpretes: un contundente Allegro, bien balanceado, el delicado Andante central con un dúo clarinete-piano emocionante, y el enérgico Allegro moderato final, con el canadiense sabiendo equilibrar brillo y fusión junto a una OFIL siempre clara en todas sus secciones y Miletarì atento a cada detalle gracias a la buena comunicación visual y gestual.

La propina tenía que ser también de Scriabin: el Andante cantabile en fa sostenido mayor de sus “2 Poèmes”, op. 32, casi un actualizado homenaje a Horowitz, uno de los valedores de su compatriota.

Y como suelo repetir a menudo “no hay quinta mala”, porque la Sinfonía nº 5 en mi menor, op. 64 (1888) de Piotr Ilich Tchaikovski (1840-1893) no solo enlaza con la esplendorosa Rusia musical y la contemporaneidad con el anterior Scriabin, sigue siendo una de las más grandes páginas orquestales para gusto de todos los públicos y verdadera prueba de fuego para los intérpretes. Representando el romanticismo último, su pura emocionalidad y melodismo fue bien captado por Miletarì que hizo “cantar” a la OFIL pasando por los estados de ánimo siempre actuales por cercanos, esta sinfonía atormentada que expresa como pocas un destino fatal pero enérgico y brillante. Es difícil aportar algo nuevo a tantas versiones de referencia, pero las sensaciones de desánimo a flor de piel hicieron que el director italiano arrancase el Andante – Allegro con anima iniciado con un pausado inicio antes de atacar con verdadera “alma” para  jugar con unos “tempi” muy contrastados y extremos, impecables los clarinetes en  el recurrente tema “del destino” que iría destilando sensaciones a lo largo de la obra. Las dinámicas también fueron amplias y manteniendo los balances en  el Andante cantabile, con alcuna licenza del maestro italiano en los “rubati” bien marcados, con el conocido y magnífico solo de trompa más una OFIL enriqueciendo la tímbrica. El Valse ligero y nostálgico sería un sólido puente antes del final explosivo, ese Finale: Andante maestoso – Allegro vivace donde la energía se transmitió con una orquesta de sonoridad compacta, madura, limpia, convencida y entregada, brillando todos sus solistas para la grandiosa conclusión que nos dejó una buena, además de personal, interpretación de esta otra “quinta joya” para un concierto esperanzador.

Izik-Durko, pianismo de altura

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El canadiense inaugura las jornadas «Luis G. Iberni» con una OFIL madura y compacta que se despidió con «La Quinta» de Chaikovski

Pablo Siana

(Reseña para LNE del viernes 1, con el añadido de los links siempre enriquecedores, tipografía que no siempre la prensa puede adaptar, y fotos de las RRSS)

Último día de octubre y a la memoria de las víctimas de la DANA tras un minuto de silencio arrancaban las Jornadas de piano «Luis G. Iberni» con el ganador del Concurso Internacional de Santander en 2022, el canadiense Jaeden Izik-Durko con la Oviedo Filarmonía, tras su recital en solitario en febrero de este año para la Sociedad Filarmónica de Gijón, y con el regreso al podio del italiano Vincenzo Milletarì (1990), quien ya estuvo dirigiendo la clausura de los Conciertos del Auditorio 2022 con una excelente Gala lírica.

La inauguración del ciclo, que organiza la Fundación Municipal de Cultura y cuenta con la colaboración de LA NUEVA ESPAÑA, ofreció un atractivo programa que comenzaba con el estreno absoluto «…humanidad que viene de las tinieblas, y se esfuerza, incansable, por llegar a la luz…» , obra de Manuel Martínez Burgos encargo de la Asociación Española de Orquesta Sinfónicas en colaboración con la SGAE inspirada en “La Regenta” de Clarín. Obra vistosa y agradecida de escuchar, se inicia con 25 metafóricas campanadas y consiste en tres movimientos sin interrupción, en los que se juega con todas las combinaciones posibles de la tímbrica orquestal.

El Concierto para piano y orquesta en fa sostenido menor, op. 20, de Alexander Scriabin en sus tres movimientos nos permitió corroborar las buenas sensaciones de Izik-Durko junto a una buena concertación del italiano en la primera composición orquestal del ruso, transición entre siglos y armónicamente muy particular. Obra refinada, introspectiva y repleta de impulsos, como así la entendieron los intérpretes: contundente el Allegro, delicado el Andante central y enérgico el Allegro moderato final, pianismo de altura bien respaldado por una OFil clara en todas sus secciones bien llevada por Miletarì y el necesario entendimiento con el solista.

En la segunda parte para enlazar con la mejor Rusia musical, la Sinfonía nº 5 en mi menor, op. 64 de Piotr Ilich Chaikovski, repitiendo que “no hay quinta mala” y siendo una de las grandiosas páginas orquestales que no pueden faltar cada temporada para poner a prueba músicos y público. Último romanticismo, melodismo en estado puro de esta página atormentada expresando el fatal destino. Emociones a flor de piel con unos tempi muy contrastados y extremos, como las dinámicas de Milletarì con una OFil madura y compacta donde brillaron sus solistas pero sobre todo la buena y personal lectura de esta joya sinfónica.

Jueves, 31 de octubre, 20:00 horas. Jornadas de Piano “Luis G. Iberni”, Auditorio Príncipe Felipe de OviedoJaeden Izik-Durko (piano), Oviedo Filarmonía, Vincenzo Milletarì (director). Obras de Martínez Burgos, Scriabin y Tchaikovsky.

Un “Dido y Eneas” desde Versalles a Oviedo

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Sábado 26 de octubre de 2024, 19:00 horas. Auditorio Príncipe Felipe, Oviedo: Conciertos del Auditorio. Henry Purcell (1659-1695): «Dido and Aeneas» (Z 626, 1689). Sonya Yoncheva (soprano), Ana Vieira Leite  (soprano), Halidou Nombre  (barítono), Attila Varga-Tóth (tenor), Pauline Gaillard (soprano), Yara Kasti (soprano), Arnaud Gluck (contratenor), Lili Aymonino (soprano), Coro y Orquesta de la Ópera Real de Versalles, Stefan Plewniak (violín y director).

(Crítica para Ópera World del domingo 27, con el añadido de los links siempre enriquecedores, tipografía que no siempre se puede adaptar, y fotos de las RRSS y propias)

Se inauguraba la 26ª temporada de los “Conciertos del Auditorio” de Oviedo en un horario que despistó a los habituales (19:00 horas también los sábados además de domingos y festivos) con una ópera en concierto dentro de una amplia y variada programación desde el área de cultura del ayuntamiento ovetense, donde la lírica nunca falta y las versiones semi-escenificadas, como en el caso de muchas otras obras en el “Príncipe Felipe”, siempre han dado buen resultado para un público aficionado a todo el género vocal, y que sigue poniendo la capital asturiana en el mapa musical, esta vez para disfrutar del «Dido y Eneas» de Purcell tras su paso francés por el propio Castillo de Versalles (con producción escénica de Cécile Roussat y Julien Lubek), Lyon y Toulousse o las españolas de Madrid este pasado jueves 24 en el Auditorio Nacional y este último sábado de octubre en Oviedo.

En esta producción no echamos de menos la escena, pues hubo buena interacción entre los artistas para intentar desechar ese concepto de “ópera en concierto” y verdadera alegría para todo melómano con casi lleno en el auditorio carbayón, por otra parte esperable por la presencia de la mediática y aclamada soprano búlgara Sonya Yoncheva (Plovdiv, 1981) tras su aparición el martes pasado en el programa de TVE “La revuelta” de David Broncano que ha llenado redes sociales y páginas de todo tipo, dando una publicidad al evento que no tiene precio.

Considerada una obra maestra absoluta de la ópera barroca inglesa del conocido como “el Orfeo británico”, Purcell despliega en ella todo su arte de lo maravilloso y lo trágico entre lamentos desgarradores y risas malignas donde “La Yoncheva” interpreta este papel emblemático de seducción y despecho como es Dido, dentro de un vasto repertorio donde el barroco también tiene su lugar junto a los papeles icónicos de soprano ¡y hasta Mahler!, que la han llevado a triunfar por todo el mundo. Ella fue la verdadera diva (de riguroso luto) que acaparó el éxito de un espectáculo barroco algo desigual con el violinista y director polaco Stefan Plewniak al frente del Coro y Orquesta de la Ópera Real de Versalles, mucho mejor que el variado elenco vocal, todos especializados en este periodo histórico.

                                                  Foto©Impacta, Madrid

La búlgara se encontró cómoda en su papel regio con una vocalidad espléndida, de bellísimo color, con cuerpo en todo el registro y una tesitura que le va muy bien pese a cierta homogeneidad interpretativa que le quitó mayor variedad en este rol de la reina Dido, siendo el conocido lamento When I’m laid in earth donde sí emocionó por su buen hacer canoro aunque hubiese esperado más “carne en el asador” para esta página que lo pide. Bien empastada en sus dúos y notándose muy por encima de sus compañeros de reparto, dominadora de la escena y “devorando” a un Eneas que no logró enamorar.

Ana Vieira Leite como Belinda decepcionó un poco por su poca proyección ante una orquesta camerística, aunque no podamos reprocharle su musicalidad y bello color, pero tan solo pudimos “disfrutarla” en la segunda escena palaciega (See, Madam, see where). Y cierto fracaso el de Halidou Nombre como Eneas, de fluctuante afinación que se hacía más notable en los fortes donde su vibrato le traicionó más de una vez. Con un timbre ideal y volumen más que suficiente, hubo momentos donde no logró encontrar el tono, aunque al menos cuando lo logró sí demostró su calidad y presencia escénica, pero podríamos haber cambiado el final ante lo escuchado.

En la balanza positiva sí nos embrujó Pauline Gaillard por registro homogéneo, agudos bien proyectados además de un buen empaste pese a lo similar en el color con Yara Kasti a quien superó en volumen y escena, apareciendo por el patio de butacas hasta situarse sobre el escenario. Breve pero muy bien desde la balconada superior izquierda el contratenor Arnaud Gluck como un espíritu (Stay, Prince and hear great Jove’s command) tras salirse del coro para dejarnos una grata impresión con una potencia ayudada por la ubicación en su diálogo con Eneas. Tampoco estuvo mal la soprano Lili Aymonino tanto en su dúo con Belinda, y peor hechicera pero mejor marinero (tercer acto) el tenor Attila Varga-Tóth, de voz rotunda y excelente emisión.

Mención aparte y sobresaliente el coro, once voces -más el contratenor- siempre suficientes, presentes, matizadas, afinadas, ya desde los tres números del primer acto (When monarchs unite, Cupid only throws the dart y To the hills and the vales), unas risas bien marcadas y mejor cantadas en el segundo (realmente un deleite Harm’s our delight and mischief all our skill) de esos marineros que me hicieron recordar al Britten inspirado en su compatriota tres siglos después. El último Great minds against themselves conspire junto al último dardo de Cupido sonó a coral luterano por presencia, gusto y matización exquisita.

La orquesta de plantilla ideal para este Purcell, me gustó en todas las secciones y especialmente los números entre escenas (de obras como “The old Bachelor”, “El Rey Arturo” o “Timon of Athens”), con el propio Stefan Plewniak dirigiendo con el violín y marcando todo con una gestualidad casi danzante, quedándome con un continuo bien armado, especialmente el arpa y las dos tiorbas de Jonathan Zehnder y Léa Masson (también a la guitarra barroca improvisando el inicio del “Asturias” de Albéniz antes de la escena de palacio) junto a la percusión detallista con finas pinceladas y buena tormenta. Una formación de quilates que junto al coro brillarían con luz propia en esta ópera (y hasta en las propinas).

Y es que como buenos “chauvinistas», intentaron animar al personal como si de un grupo rockero se tratase, con todas las voces en primera línea para “hacer el indio” con Rameau, un bello Tendre amour donde el reparto se unió pero estropeando la belleza de los palaciegos versallescos, y una poco galante por excesivamente “salvaje” (gritada y con palmas fuera de lugar) Forêts paisibles, bosques nada pacíficos que ni dejaron ni hicieron disfrutar de todos los intérpretes, salvo el entusiasta y entregado Stefan Plewniak.

FICHA:

Sábado 26 de octubre de 2024, 19:00 horas. Auditorio Príncipe Felipe, Oviedo: Conciertos del Auditorio. Henry Purcell (1659-1695): «Dido and Aeneas» (Z 626, 1689). Ópera en tres actos, libreto de Nahum Tate (1652-1715) basado en el libro V de la «Eneida» de Virgilio.

FICHA ARTÍSTICA:

Dido, reina de Cartago: Sonya Yoncheva (soprano) – Belinda, dama de la reina: Ana Vieira Leite (soprano) – Aeneas, héroe troyano: Halidou Nombre* (barítono) – La hechicera / Un marinero: Attila Varga-Tóth* (tenor) – Primera bruja: Pauline Gaillard* (soprano) – Segunda bruja: Yara Kasti (soprano) – Un espíritu: Arnaud Gluck (contratenor) – Segunda mujer: Lili Aymonino (soprano)

*Miembros de la Academia de la Ópera Real

Coro y Orquesta de la Ópera Real de Versalles

Stefan Plewniak (Director).

Orquesta de la Ópera Real de Versalles:

Violines I

Ludmila Piestrak – Raphaël Aubry – Nikita Budnetskiy

Violines II

Roberto Rutkauskas – Sophie Dutoit – Reynier Guerrero

Violas

Alexandra Brown – Wojtek Witek

Violas de gamba

Hyérine Lassalle* – Layal Ramadan*

Violonchelo

Jean Lou Loger

Contrabajo

Nathanaël Malnoury

Oboe y flauta

Michaela Hrabankova

Flauta

Victoire Felloneau

Fagot

Robin Billet

Percusión

Dominique Lacomblez

Tiorbas

Léa Masson – Jonathan Zehnder*

Clave/Órgano

Cécile Chartrain – Simon Kalinowski*

Arpa

Flora Papadopoulos

Preparación del coro

Chloé de Guineano

Coro de la Ópera Real de Versalles:

Sopranos

Sarah Charles* – Cécile Granger – Anne-Laure Hulin – Fanny Valentin

Mezzosopranos

Marion Harache – Mathilde Legrand

Tenores

Edouard Hazebrouck – Cyril Tassin

Bajos

Lucas Bacro – Nicolas Certenais – Samuel Guibal*

*Miembros de la Academia de la Ópera Real

Un arranque luminoso de la temporada

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Viernes 11 de octubre, 20:00 horas. Auditorio de Oviedo, Mahler eterno, Abono I OSPA, Roman Simovic (violín), Pablo Ferrández (cello), Nuno Coelho (director). Obras de Brahms y Mahler.

Este viernes otoñal arrancaba la 34ª temporada de abono de la OSPA y tercera del titular Nuno Coelho (Oporto, 1989) aunque todavía sin cubrir la plaza de concertino que volvía a tener de invitado a Aitor Hevia, más un programa con más conocidos desde hace años en la capital asturiana: el  concertino de la LSO Roman Simovic (1981), colaborador artístico esta temporada, y el chelista madrileño Pablo Ferrández (1991) que junto al director portugués mantuvieron un encuentro previo a las 19:15 en la sala de cámara, donde nos hablaron de lo que supuso el premio del concurso Tchaikovsky, del concierto doble de Brahms que interpretaría posteriormente y muchos le recordamos junto a Anne-Sophie Mutter (grabado para Sony©), el más difícil para él como es el triple de Beethoven, o sus incursiones en el género camerístico (esperando disfrutarle con su hermana Sara), especialmente con Janine Jansons que disfruta siempre, ensayando tres días intensamente antes de cada concierto, buen síntoma de amor y entrega por la música. Finalmente el maestro luso nos recordaría el inicio del Ciclo de Cámara, un concierto mensual que comienza este domingo a las 12:30 precisamente con el Octeto de Schubert donde también estará Simovic junto a siete músicos de la sinfónica asturiana.

Al fin un auditorio casi lleno, con colas para sacar las entradas que retrasaron casi un cuarto de hora el inicio del concierto, y una breve introducción del titular dando la bienvenida a una ilusionante temporada que se ha titulado como «Música para el paraíso», y con dos compositores para testear el buen estado de la OSPA junto al maestro portuense que ya conoce al detalle su orquesta, trabajando duro y comprobando la calidad de esta formación que está en su momento dulce, madura y entregada en unos tiempos no siempre buenos para la sinfónica pero que con su música nos vuelven a hacer olvidar y disfrutar.

Para la primera parte nada menos que el Doble concierto para violín y violonchelo en la menor, op. 102 (1887) de Brahms (1833-1897), su despedida de la música sinfónica que tiene todo el dominio orquestal y el buen gusto camerístico con dos solistas que se entendieron a la perfección y una buena concertación desde el podio. La entrada de Ferrández con su Stradivarius Archinto (1689) en el Allegro inicial llenó de poderío la sala principal, el Ex Nachez (1709) de Simovic no se quedó a la zaga, y la sonoridad orquestal mantuvo en su sitio tanto los planos sonoros como los tempi siempre ajustados por el director portugués. La joya del Andante sonó cual lied, las tres notas (la, re, mi) que van tejiendo y creciendo ese ambiente lírico con dúos solistas encajados y el «arrullo» sinfónico antes del Vivace non troppo más reposado de lo indicado pero igualmente brillante a cargo de todos, con un éxito que obligó a saludar hasta cinco veces pero sin propinas dada la extensión del concierto. Si el chelista madrileño tiene más que asimilado este «Doble de Brahms«, el montenegrino afincado en Londres contagia alegría y buen gusto, empuja a todos y hasta el «duelo de arcos» resultó de una elegancia extrema. Coelho sacó de todas las secciones el colorido ideal así como un sonido consistente, bien empastado y casi el mejor «calentamiento» para la Quinta de Mahler.

Ramón Avello en las notas al programa define la Sinfonía nº 5 en do sostenido menor (1901-1903) de Mahler (1860-1911) como «Síntesis de lo trágico y lo jubiloso: viaje de la oscuridad a la luz o autobiografia a través de la polifónica», música absoluta para esta págiba que como siempre digo «no hay quinta mala», con una plantilla bien reforzada para la ocasión y sin fisuras en ninguna sección. Una sinfonía que marcará el comienzo de una nueva fase creativa con tres partes y cinco movimientos:

  • Trauermarsch. In gemessenem Schritt. Streng. Wie ein Kondukt.
  • Stürmisch bewegt. Mit grösster Vehemenz.
  • Scherzo. Kräftig, Nicht zu schnell.
  • Adagietto. Sehr langsam- Attaca.
  • Rondo-Finale. Allegro-Allegro giocoso. Frisch.

Si los tres primeros suponen la expresión de dolor, los dos últimos alcanzarán la luz vital tras un viaje que comienza en la oscuridad interior. Desde la marcha fúnebre inicial, con un un impecable solo de Maarten van Weverwijk, el maestro Coelho optó por pintar cual Klimt cada color, sacando brillo a los dorados o jugando con una amplia gama de ocres, vientos llenos de matices y una cuerda delineando cada motivo, manteniendo una pulsación pausada para paladear una música intensa. Lo tormentoso del segundo movimiento estuvo lleno de contrastes emocionales y dinámicos, una cuerda tersa, limpia y acoplada, metales redondos y rotundos, maderas cristalinas, percusión ajustada y sobre todo una musicalidad bien entendida y marcada por el director, jugando con el rubato justo y una amplia gama de matices. La alegría del scherzo con aires de vals y «laendler» vienés nos traería el magnífico solo de Javier Molina en un sexteto de trompas que cuajó uno de los mejores sonidos que recuerdo, sumando todo el metal, una cuerda donde una tarima para los contrabajos hubiese reforzado los graves, pero homogéneas todas las secciones, al fin un pizzicato presente y encajado, y con una compenetración con la batuta muy destacable. El «cinematográfico Adagietto» volvió a enamorar como Alma a Gustav, una cuerda sedosa con el arpa de Mirian del Río, manteniendo un tempo giusto que nunca decayó pese a lo melancólico, y ese final luminoso y alegre del Rondó, con ese tutti sinfónico que avanza cual montaña rusa, dejándonos una fuga algo embarullada pero que transmitió la alegría de vivir cerrando este viaje sentimental y musical, una primera y esperanzadora etapa ya con ganas del abono segundo («Arquitectura hecha música») tras la Arabella operística, allá para el 29 de noviembre donde sonará otra Quinta, la de Bruckner en su bicentenario.

Ilusionante temporada

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Este jueves 26 de septiembre a las 12:30 horas se presentaba en el Salón de Te del Teatro Campoamor (al estar aún en obras el Auditorio de Oviedo), la Temporada 2024-25 de los Conciertos del Auditorio y Jornadas de Piano «Luis G. Iberni», una vez pasadas celebraciones como las Bodas de Plata y aún con buenos recuerdos de aniversarios pero mirando siempre al futuro para una temporada que se ha titulado como «de la ilusión» en las palabras de David Álvarez, concejal de Cultura del Ayuntamiento de Oviedo y presidente de la Fundación Municipal de Cultura -FMC-) que abría la rueda de prensa.

Tras la proyección de un vídeo con un programa que comentaré más adelante, el presidente de la FMC subrayaría de la temporada que “es como un viaje sonoro que invita a cada uno de nosotros a explorar la riqueza y diversidad de la música clásica, un arte que trasciende el tiempo y el espacio». Después tomarían la palabra Juan García-Ovies (responsable de la Fundación EDP en Asturias), Francisco García Alonso (subdirector del diario La Nueva España), los apoyos siempre necesarios de patrocinadores y colaboradores.

Proseguiría Pilar Rubiera (presidenta de la Fundación Musical Ciudad de Oviedo)  que destacaría las citas sinfónicas donde habrá dos estrenos a cargo de Oviedo Filarmonía (OFil) o la presencia de las mujeres tanto en el atril como desde el podio, o los centenarios de Puccini o Bruckner, que finalizaría su intervención con las palabras de Cecilia Bartoli: «La música no cambia el mundo y desgraciadamente no para guerras  pero es una forma de soñar juntos y de ir a otra dimensión aunque sea por un breve espacio de tiempo”.

Foto: desimonvanboxtel

David Álvarez destacaría algunas figuras como la violinista Janine Jansen con el afamado y aclamado Klaus Mäkelä dirigiendo la Real Orquesta del Concertgebouw de Ámsterdam (de las pocas que quedaban por visitar Oviedo), la presencia de la OFil como pilar de los conciertos así como el apoyo que siempre se ha tenido a artistas asturianos de talla internacional. Avanzó la novedad para esta temporada de un programa pedagógico pendiente de cerrar y que se clausurará con un gran musical, reivindicando como ya es casi obligada la etiqueta («hastag») para Oviedo de #capitalidadmusical, con el agradecimiento a todo el equipo de la FMC pasando ya el micrófono a Cosme Marina, director artístico de la Fundación Musical Ciudad de Oviedo y sin olvidarse de Cristóbal Sánchez quien realizó el diseño gráfico de esta temporada.

Foto ©decca by marco_borggreve

Entrando en materia, Cosme Marina hablaría de una temporada “muy diversa, no es un ciclo de piano, no es un ciclo estrictamente de orquestas sinfónicas, no es un ciclo de ópera, pero tiene todo eso y, precisamente, desde su origen tiene ese espíritu de diversidad, de buscar la música desde todos los recovecos y, sobre todo, una ambición de que en Oviedo y en Asturias podamos tener a los grandes músicos de nuestro tiempo a las grandes formaciones sinfónicas. No es tan fácil, porque la competencia no es con las ciudades de nuestro alrededor, al final los grandes artistas y las grandes formaciones se mueven a nivel mundial”. Por tanto un ciclo variado, una de las señas de identidad buscando para tener en Oviedo lo mejor del panorama nacional e internacional, siempre complicado pero fruto de una labor de años y el apoyo del Ayuntamiento de Oviedo. Si la anterior temporada de los 25 años se rondaron los 30 mil espectadores, a los que sumar el resto de oferta ovetense pública y privada (Ópera, Filarmónica de Oviedo, Zarzuela, Festival de Danza, Primavera Barroca, conservatorios, etc.),  logran una personalidad de la capital asturiana marcada por el nexo musical: «Todo esto convierte a Oviedo en la ciudad de España con más asistencia a los espectáculos de música clásica de todo el país en relación con su población». Por esto llevo años diciendo que la capital asturiana es #LaVienaEspañola.

Foto by Stas Levshin

Citando algunos intérpretes tanto asturianos como internacionales, el director Teodor Currentzis con  su MusicAeterna será de lo que destacará entre los aficionados, así como los 80 años de William Christie con Les Arts Florissants en una gira por las principales capitales musicales donde Oviedo sigue estando en ese mapa. Destacable la vuelta del oratorio a Oviedo, esta vez con Jephtha (Haendel) que solo se verá en Madrid y Oviedo.

De las Jornadas de Piano «Luis Gracia Iberni» se puede decir, y sin complejos, que será el mejor ciclo por las figuras programadas, conocidas y nuevas que Marina fue citando: Jaeden Iziz-Dzurko, Yefim Bronfman, los regresos de Leif Ove Andsnes, Arcadi Volodos, Grigory Sokolov (que no puede faltar en Oviedo), Paul Lewis, o dos figuras muy esperadas: Beatrice Rana (con la Orquesta Filarmónica de Radio Francia dirigida por Mikko Franck) y Vikingur Ólafsson, que no dejará indiferente a nadie -doy fe- y  añadirá su nombre a la gran lista de famosos pianistas de los que seguir disfrutando en «La Viena Española».

Photo Simon_fowler ©warner_classics

Sería nuevamente el concejal y melómano David Álvarez quien despediría esta presentación, recordando que los abonos se pondrán a la venta desde este sábado 28 de septiembre, y que los conciertos en sábado, domingo y festivos comenzarán a las 19:00 horas aceptando una de las sugerencias de los habituales, manteniéndose las 20:00 horas por semana.

Personalmente es difícil destacar la excelente oferta (de la que dejo copia), pues hay para todos los gustos y públicos. En el terreno lírico destacar por orden cronológico:

La versión en concierto de Dido y Eneas (Purcell) con el Coro y Orquesta de la Ópera Real de Versalles que inaugurará la temporada el sábado 26 de octubre con Sonya Yoncheva y Ana Vieira Leite (que descubrí con Concerto 1700), una Gala Lírica el jueves 7 de noviembre con Sondra Radvanovsky y Piotr Beczala, junto a OFil y Lucas Macías, un homenaje a Puccini, o el antes citado oratorio de Haendel (Jephtha) con Joyce DiDonato, Michael Spyres e Il Pomo d’Oro el domingo 4 de mayo.

Foto © Rubén Fernández

Con muchas ganas de escuchar el miércoles 20 de noviembre el Requiem en do menor de Cherubini con un tándem que nos da siempre grandes satisfacciones (El León de Oro y OFil), incluyendo además la Sinfonía nº 00 en fa menor de Bruckner, o la «Vivaldiana» de Forma Antiqva el jueves 6 de marzo.

Para el bicentenario del compositor austríaco también sonarán la Sinfonía nº 9 el sábado 29 de marzo con MusiAeterna y Currentzis, y la Sinfonía nº4 el sábado 15 de marzo con el regreso de Francesca Dego (Concierto para violín de Barber) y el estreno de las Vísperas de Jesús Rueda, con la OFil y su titular el maestro Macías, sumándose el de Martínez Burgos Humanidad que viene que tendrá lugar el jueves 31 de octubre junto a «La Quinta» de Tchaikovsky y el Concierto para piano de Scriabin con el último ganador del Concurso de Santander Jaeden Iziz-Dzurko.

Photo © Marco Borggreve (all rights reserved)

Por lo que supone de «concierto estrella» y que me lo tomo casi como regalo de cumpleaños, el lunes 27 de enero llegarán al Auditorio Janine Jansen con Klaus Mäkelä y la Real Orquesta del Concertgebouw de Ámsterdam, puede que de lo más esperado de la temporada por la calidad y fama mundial de estos intérpretes y por supuesto poder celebrar los 80 años de un incombustible William Christie con Les Arts Florissants en su retorno a Oviedo con oberturas, arias y coros de Haendel (Ariodante, Semele…) y Rameau (Les Indes galantes) el sábado 8 de febrero.

Photo © JosepMolina

Y de los inmensos pianistas, además de «los de siempre» bien recibidos en Oviedo, me quedo con la oportunidad de escuchar dos visiones de las últimas sonatas de Beethoven, con dos intérpretes que sigo habitualmente, mi querido Paul Lewis el jueves 20 de marzo (además de Brahms, Larcher o la número 5, la sonata nº32 del Sordo genial) y Vikingur Ólafsson cerrando temporada el miércoles 28 de mayo con las tres últimas.

Foto © Markus Jans

Una temporada ilusionante que sigue apostando por la calidad de los conocidos (está con sus enlaces o links) y los «nuevos nombres» que seguirán poniendo a Oviedo en el mapa, un motor cultural y económico que con la mejora en las comunicaciones con la capital asturiana, a buen seguro traerá más público en esta 26ª Temporada que comenzase con aquellos «Conciertos del Campoamor» y las primeras Jornadas de Piano precisamente en el mismo teatro donde se ha presentado esta. Los precios, tanto en los abonos conjuntos, los diferenciados como las localidades sueltas, siguen siendo competitivos si vemos otros escenarios nacionales… y no digamos internacionales. Prometo ir contándolos desde aquí, siempre que nada me lo impida.

Una Resurrección para 25 años

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Sábado 8 de junio, 20:00 horas. Auditorio de Oviedo, Concierto Extraordinario 25 aniversario del Auditorio «Príncipe Felipe»: Slávka Zámecníková (soprano), Fleur Barron (mezzo), OSPA, OFIL, Coro de la FPA (maestro de coro: José Esteban García Miranda), Nuno Coelho (director). Mahler: Sinfonía nº 2 en do menor, «Resurrección». Butaca de patio: 15 €.

Hace años que el «tiempo de Mahler» ha llegado, siendo el compositor que más grabaciones de sus obras tiene y uno de los más programados, así que nada mejor para conmemorar las Bodas de Plata del Auditorio de Oviedo que con su monumental segunda sinfonía, «Resurrección», uniendo las dos principales orquestas asturianas que llenan gran parte de la programación en este edificio de Rafael Beca sobre los antiguos depósitos de agua de «La Viena Española», como en 2017, un sábado casi invernal con buena entrada (pese al partido de promoción del Real Oviedo), y el titular portugués de la OSPA al frente (con Aitor Hevia nuevamente de concertino), volviéndome mis recuerdos de hace casi 16 años donde el «Coro de la Fundación» interpretaba esta misma sinfonía con la entonces premiada Orquesta del Sistema venezolano bajo la batuta de un Dudamel que comenzaba una meteórica carrera que últimamente parece haberse estancado.

Difícil unir dos formaciones para esta sinfonía pero el maestro Nuno Coelho puso todas las herramientas para conseguir una más que aseada versión, aunque las distintas secciones no estuviesen del todo ajustadas con un inicio titubeante pero que a medida que la obra avanzaba la complicidad entre todos se notó y fue de menos a más como la propia Segunda Sinfonía, de la muerte a la vida.

Si el primer movimiento son esos «Ritos fúnebres», la oscuridad y contrastes se alcanzaron con un Coelho claro y preciso en los gestos y literalmente Con expresión totalmente seria y solemne, encajando este monumental arranque que como escribe la doctora Cortizo «expresando la lucha del hombre ante su inexorable destino: la muerte», una lucha desde el podio cargada del dramatismo mahleriano con silencios subrayando esa oscuridad que planea en estos Totenfeier y que la OSPA+OFIL fue creciendo en entrega.

El sosiego y tranquilidad llegaría en länder del segundo movimiento, la cuerda aterciopelada, expresiva, con un sonido muy cuidado bien secundado por la madera, siempre un seguro en las dos formaciones, gama amplia de matices marcados al detalle por el maestro Coelho, con buen balance para esta masa sinfónica sin perder las líneas melódicas, destacando un redondo «pizzicatto» contestado por un flautín digno de estudio ornitológico.

Y como siguiendo el guión indicado en la propia partitura, un tercero «tranquilo y fluido», diálogos de maderas exquisitas con una cuerda cristalina en un tempo para disfrutar el Mahler que habita entre nosotros de su canción Des Antonius von Padua a los peces sobre unos de los poemas de «El cuerno mágico de la juventud», un scherzo optimista que Coelho dibujó con su precisión habitual, contrastes voluptuosos muy logrados, perfilados más que dibujados, haciendo brillar a esta gran orquesta astur.

La esperada canción “Urlicht» (“Luz primordial”) subió enteros gracias a la ya conocida mezzo Fleur Barron de emisión increíble, color vocal ideal para Mahler, dicción perfecta y unos graves de diamante (por el brillo y dureza) sin perder nunca homogeneidad e impregnando de emoción y complicidad en el acompañamiento de Nuno Coelho o en el dúo con Aitor Hevia, mimando las dinámicas sabiendo hasta dónde llegar para no perdernos este cuarto movimiento que dice «El buen Dios me dará un poco de luz, ¡me conducirá a la vida eterna!», luces tenues, casi párvulas en los metales mecidos por una cuerda de seda, esperanzador viaje de la muerte a la vida preparando la «Resurrección» final con un corno inglés lastimeramente bello.

Y si el primer movimiento es monumental aún más el quinto, sublime, con el coro empastado, piano junto a la eslovaca Slávka Zámecníková (1991), otro ‘descubrimiento’ perfecto para completar este torbellino emocional y misericordioso de esta segunda para las bodas de plata: volumen penetrante sin forzar,  presente, delicada, sobrevolando desde detrás de las arpas y delante del coro (junto a la mezzo irlandesa en feliz empaste de ambas), Coelho sacando lo mejor de los músicos, tanto la banda externa de trompas y trompetas en las alturas como en un escenario con la caja escénica abierta para acoger este ejército sinfónico. El resplandor del poema de Klopstock brillante, impactantes los metales y percusión del Dies Irae, la montaña rusa de sensaciones con dinámicas extremas, el coro con esta obra en sus genes, interiorizada y muy trabajada en todos los aspectos, avanzando hacia el final ya en pie para un Finale que sigue poniendo la carne de gallina y haciendo subir las pulsaciones ante las últimas palabras que «levantan el vuelo» y nos hacen morir para vivir. Otra Resurrección asturiana a la espera de mi deseada Octava…

PROGRAMA

Gustav Mahler (1860-1911)

Sinfonía nº 2 en do menor, “Resurrección” (1895)

I. Totenfeier (Ritos fúnebres). Mit durchaus ernstem und feierlichem Ausdruck
(Con expresión totalmente seria y solemne). Allegro Maestoso

II. Sehr gemachlich (Muy tranquilo). Andante moderato

 III. In ruhig fliessender Bewegung (Con un movimiento tranquilo y fluido)

IV. Sehr feierlich, aber schlicht (Muy solemne, pero sencillo)

“Urlicht” (“Luz primordial”)

V. Im Tempo des Scherzos. Wild herausfahrend (En el tempo del Scherzo. Salvajemente conduciendo hacia adelante)

“Aufersteh‘n” (“Resurrección”)

Lo efímero imperecedero

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Jueves 6 de junio, 20:00 horas. Conciertos del Auditorio, Oviedo, clausura de la temporada: Gustav Mahler Jugendorchester (GMJO), Kirill Petrenko (director). Bruckner: Sinfonía nº 5. Fotos ©Pablo Piquero y propias.

Inmejorable clausura de esta temporada de los 25 años de los «Conciertos del Auditorio» celebrando los 200 años del nacimiento de Bruckner y por todo lo alto, con la Joven Orquesta Gustav Mahler que volvía 5 años después y nada menos que con el grandísimo Kirill Petrenko (Omsk -Rusia-, 11 de febrero de 1972) en la batuta.

Escuchando esta magna sinfonía que sigue corroborando mi teoría de que «no hay quinta mala», pensaba en la arquitectura sinfónica, la partitura como planos del arquitecto compositor pero que necesitan construirse, incluso repetirse pero siempre dependiendo de muchos factores, más cuando Bruckner nunca quedaba satisfecho con sus ideas y sabiendo que el papel no da nunca la verdadera visión, ni siquiera una maqueta a escala. Para armar este edificio musical se necesitan buenos materiales, en este caso elegidos entre los mejores de «última generación», todo un equipo interdisciplinar que se dice ahora, donde albañiles, alicatadores, electricistas, fontaneros, pintores y tanto personal necesario serían equiparables a las distintas secciones de la orquesta, 95 músicos donde no faltaron los españoles que desde la anterior visita de 2019 siguen incrementando la plantilla de la GMJO y no solo en el viento, también una cuerda que es un sueño hecho realidad en pleno siglo XXI, un auténtico equipo bien organizado, planificado con tiempo, cada uno el mejor en su especialidad, pero que para elevar esta catedral sinfónica bruckneriana sabiendo que será efímera, necesita el mejor constructor para convertirla en imperecedera en cuanto al esfuerzo por hacerla físicamente palpable, o al menos audible.

Y el actual titular de los Berliner es un Maestro con mayúsculas, auténtico constructor que no solo elevó a las alturas esta quinta sino que la dotó de todos los detalles más allá de los planos de Bruckner, atento a la iluminación, los contrastes, los tempi para detenerse en cada piso, la gama de colores en molduras, arcos, todas las esculturas sin dejar nada a la improvisación, construyendo en toda su altura esta catedral sinfónica asientan desde unos cimientos poderosos hasta los arcos casi gaudinianos sabedor que esta joya de una hora larga en sus dimensiones, sobrepasaría el tiempo y quedará en la experiencia de estos jóvenes que aprenden, responden, funcionan como una gran familia enfrentándose en esta gira a una experiencia de convivencia más allá de un poso musical que les quedará para toda la vida.

Si de la Cruz de la Victoria, símbolo asturiano en nuestra bandera, cuelgan las letras Alfa y Omega como principio y final, este concierto será omega y alfa, final de mi temporada «oficial» (aún queda la ‘Resurrección’ mahleriana este sábado) y principio del 73 Festival de Granada que se inaugura este sábado con los mismos protagonistas para volver a construir esta quinta sinfonía de Bruckner que tiene a Viena como protagonista, siendo Oviedo «La Viena Española» y esperando seguir contando tanto Bruckner que nos espera en el segundo centenario de su nacimiento.

El binomio GMJO-Petrenko además de acercar a la capital asturiana a buen número de melómanos llegados de distintas partes, nos puso de nuevo en el mapa melómano de esta gira que arrancó el día anterior en San Sebastián y finaliza en la capital nazarí abriendo mi querido festival (al que espero llegar el domingo 16). Y las expectativas se cumplieron desde el Adagio inicial al Allegro moderato final. Contemplar al director ruso es maravilloso por su control absoluto, de gestos claros, precisos, con una expresividad que nos hace visualizar cada movimiento, cada cambio de aire, las emociones escondidas en este sinfonía que siempre nos descubre cosas nuevas.

Con una plantilla perfecta (calcular a partir de 10 contrabajos), equilibrada en volúmenes, de colocación vienesa con los graves a la izquierda, violines primeros y segundos enfrentados, cellos y violas delante del podio, trombones y tuba detrás de los contrabajos mientras el quinteto de trompas se ubicaba al lado contrario, el «jefe de obra» de la cuerda  fue el concertino alemán Kurt Mitterfellner secunado por el español Xabier Andrada, mínima muestra de los mejores estudiantes en los principales centros musicales europeos. La madera también con notable presencia ibérica aunque con la polaca Marta Chilebicka en la flauta o la alemana Myriam Navarri al oboe mostraron una supremacía femenina en toda la orquesta. Los «bronces» sonaron cual órgano gigantesco de la catedral de Linz transportada al auditorio ovetense: afinado, presente, bien balanceado, completando un juego de «registros» envidiable, y para rematar una tímbrica cuidada al detalle por Petrenko, los timbales de la española Andrea Armas cuidando cada baqueta, segura y amplia en los redobles pero manteniendo el plano sonoro marcado por el director ruso.

El primer borrador de la Quinta Sinfonía ya lo tenía Bruckner en mayo de 1875 aunque no lo terminaría hasta el 4 de noviembre de 1878 porque volvió a reelaborar la tercera, y aún pasarían quince largos años hasta su estreno el 8 de abril de 1894, que además nunca llegaría a escuchar esta obra. Sin entrar en los distintos calificativos que le han dado, las dimensiones de esta sinfonía son comparables como escribía más arriba a una catedral, con un dominio del contrapunto que Petrenko fue marcando con una mano izquierda inconmensurable, sumándole todas las dinámicas y búsqueda de un sonido muy trabajado que los jóvenes respondieron para envidia de muchos mayores, desde el Adagio inicial en unos pianissimi dignos de elogio y unos pizzicati en los contrabajos delicadamente presentes. Los metales entraron en ese movimiento coral y «orgánico» bien contestado por toda la orquesta, las secciones yuxtapuestas como en el juego de registros del órgano, y desvaneciéndose con una delicadeza casi mística.

El segundo movimiento (Adagio: Sehr langsam) repite el inicio del primero para disfrutar del oboe bien arropado por la cuerda, contestaciones marcadas por Petrenko con la respuesta exacta de los primeros atriles, optimismo transmitido en los planos y en la construcción de este segundo piso antes del «arriesgado» tempo del Scherzo, como dicen las notas de Hartmut Krones en el libreto repartido por la GMJO «cuyo carácter escurridizo simboliza la exuberancia salvaje», y así la elevaron el constructor y su equipo, danzado, con desarrollos muy elaborados, matices de ensueño y todo un despliegue tímbrico maduro, lleno de contenido sin perder nada de lo escrito.

Y el remate catedralicio que recapitula los pisos bajos, saltos hacia el paraíso sinfónico con el español Juan Andrés Carmona al clarinete siempre presente, de timbre abierto como está escrito para abrir la fuga maestra del Bruckner inspirado, polifónico, grandioso, momentos de clímax y dinámicas extremas junto a la delicadeza siguiente. Petrenko ya había hecho magia en los inicios de cada movimiento buscando la concentración desde un silencio previo (roto por las toses que han vuelto tras el covid), y este Allegro moderato desembocará cual estrella en la aguja con el material «reutilizado» que me lleva de nuevo a Gaudí, aire festivo y esplendor final en una sinfonía de nuevo efímera pero imperecedera. Público rendido a los jóvenes y al ruso, aplausos para la orquesta y entre ellos, alegría contagiosa que daría la última sorpresa.

Mientras iban recogiendo atriles y partituras, como si una banda de música se tratase, la sección de viento se arrancó un Amparito Roca al que se fueron sumando el resto para un fin de fiesta espectacular que ponía un broche español a este jueves «omega y alfa» que llegará al Palacio de Carlos V en el llamado «Preludio del Festival» #Bruckner200.

PROGRAMA

Anton Bruckner (1824-1896)

Sinfonía nº 5 en si bemol mayor, WAB 105 (1875-76)

I. Introducción: Adagio – Allegro

II. Adagio: Sehr langsam

III. Scherzo: Molto vivace

IV. Finale: Adagio – Allegro moderato

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