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Maestro querido

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Lunes 22 de septiembre, 11:30 horas. Sala de cámara del Auditorio «Príncipe Felipe». I Festival de Piano «Joaquín Achúcarro». Clase magistral. Entrada libre. Fotos propias, de Pablo Piquero y de Fernando Agüeria.

Aún recuerdo mi primer concierto en la Sociedad Filarmónica de Oviedo en 1971 cuando era un estudiante de piano y mi recordado tío Paco me hizo socio para aprender de primera mano con los pianistas que venían a Asturias (Mieres, Gijón pero especialmente Oviedo). Y Joaquín Achúcarro (Bilbao, 1 de noviembre de 1932) me haría conocer lo sacrificado y a la vez único del instrumento que marcaría el resto de mi vida.

Tiempo después sabría que ha sido el intérprete que más veces ha actuado en el teatro de la calla Mendizábal, y a quien la centenaria sociedad ovetense le otorgaría la medalla de oro en 2013 de manos del siempre recordado doctor Jaime Álvarez-Buylla, un «hermano» para el vizcaíno a quien siempre acogió en su casa.

Así he ido disfrutándole siempre que he podido, por lo que este primer lunes de otoño no podía perderme esta nueva visita a «su» Oviedo pero no para escucharle tocar el piano sino impartiendo unas clases magistrales, siempre en compañía de su querida esposa Emma Jiménez, otra gran pianista con quien llegó a ofrecer conciertos a 4 manos (yo no llegué a escucharles) y que renunció a una carrera más que prometedora para apoyar la de Joaquín, mimarlo, estar siempre a su lado, atenta a todo y hasta tener que avisarle a las 13:45 que había sobrepasado con creces el tiempo previsto de 30 minutos para los cuatro alumnos del CONSMUPA (Conservatorio Superior de Música del Principado de Asturias).

Maravillosos estos cuatro jóvenes pianistas -en la foto superior- a quienes El Maestro (así con mayúsculas) iría aconsejando, mimando, llevándoles por aspectos más allá de la técnica, siempre necesaria, hurgando en las obras que cada uno traían cual lección bien aprendida, a las que poder seguir descubriendo detalles, los que toda una vida siguen apareciendo, algo que el bilbaíno sabe como pocos tras una longeva trayectoria.

Mejor que comentar cada lujo de las enseñanzas individualizadas a los cuatro elegidos, pongo las fotos con cada uno de ellos sin entrar en las obras elegidas, y sin sonido porque esta vez «una imagen vale más que mil palabras» (las encontrarán más adelante y no son mías):

Primero Manuel Argos que elegiría a Cécile Chaminade.

Después Héctor del Río con Brahms, uno de los «mejor transitados» por Achúcarro, todo un referente incluso para los melómanos que compartimos esta clase.

Pasadas las 12:3o horas llegaría Laura Puente y un Mozart siempre traicionero por la engañosa facilidad, nada de porcelana, comparando al genio de Salzburgo con «el sordo de Bonn» o el polaco de espíritu francés si no se interpreta correctamente.

Finalizaría con Juan Vicente Cabo y un Scriabin que siempre «dará problemas» por mucho estudio que haya detrás, y lo había además de talento aunque los años irán asentando.

Analizar los ataques, el fraseo, las acentuaciones, el pedal, el «rubato» bien entendido y hasta la digitación que resulta todo un mundo, así iríamos escuchando a Don Joaquín con los oídos muy abiertos, pues finalmente somos alumnos a lo largo de nuestra vida.

Maravillosas palabras del Maestro refiriéndose a “La jaula de las cinco líneas y las líneas de compás” para poder abrir la puerta más allá de lo escrito en el pentagrama: conocer, indagar, vivir cada día como algo nuevo ante obras que nunca resultan iguales. Y los ejemplos prácticos, primero desde el lado izquierdo, después levantándose, sentándose, tocando, cambiando de posición como siempre he recordado a todos mis profesores y profesoras, a nuestra derecha.

Chus Neira en el diario «La Nueva España» -donde suelo colaborar puntualmente y también reflejo en este blog- le realizó una entrevista el pasado 14 de septiembre donde Achúcarro confesaba: «No di ningún concierto en el que no hubiera un momento de pánico absoluto», sintiéndose como un explorador que ha recorrido un camino difícil y que sus discípulos (más de 100 en su Fundación de Dallas) están empezando: «Como explorador, conozco algunos senderos y atajos, y los comparto», y así fue esta enriquecedora e instructiva mañana de lunes, festivo en Oviedo.

De los que ya han triunfado escucharé a Lucille Chung y Alessio Bax, dos conocidos en Asturias que inauguran el festival en tres conciertos, esperando reflejarlos desde aquí. Y de los que comienzan, mejor transcribo el excelente reportaje de Neira en la web del diario antes del primer concierto (que incluye fotos de Irma Collín) permitiéndome poner mi habitual tipografía y color:

Tocar las teclas del piano como si pasaras el polvo o atacarlo con la fuerza de quien pretende mandar el Steinway© contra la pared, pensar que Mozart no es sagrado, entender que detrás del acorde que queda sonando en la última cadencia de uno de los Intermezzi de Brahms está el rugido de las olas del mar o la muerte. Intentar invertir el orden lógico de los acentos y probrar a cambiar los ritmos. Jugar y aprender. Así, como un maestro inquieto, con la curiosidad del niño, la paciencia del anciano y el mejor de los ánimos, siempre divertido e inquieto, Joaquín Achúcarro, leyenda viva del piano, se sentó ayer con cuatro chavales del Conservatorio Superior de Música de Asturias en la sala de Cámara del Auditorio Príncipe Felipe en una clase magistral y pública que hizo las delicias de todos.

La sesión de dos horas, media hora por cada alumno, sirvió para inaugurar este lunes la primera edición del festival que lleva su nombre en Oviedo ya que incluiría, ya por la tarde, el concierto de su discípula Lucille Chung. Pero la mañana, pasaron por el piano los estudiantes de cuarto curso Juan Vicente Cabo, Laura Puente y Héctor del Río y el de tercero Jose Manuel Argos. Llevaron las obras que están preparando para compartirlas con el maestro y escuchar sus indicaciones, composiciones de Cécile Chaminade, Brahms, Mozart y Scriabin. Achúcarro, siempre sonriente y paciente, se sentó al lado de cada uno de ellos, les dejó tocar y fue aconsejándoles abandonar sus rutinas y explorar otras posibilidades. En muchos casos, admitió, pueden parecer cosas simples, pero a él le llevó mucho tiempo descubrirlas y ahora se las ofrece a los alumnos como el explorador que ya ha llegado a esos atajos. Insistió a casi todos, por ejemplo, en la necesidad de combinar otros ataques distintos en el piano e incluso a buscar otra posición en la muñeca. Chopin, justificó cuando pedía que elevaran más la banqueta, “tocaba prácticamente de pie, según las representaciones que tenemos de la época”.

El primero en sentarse con el maestro fue Jose Manuel Argos, con “Otoño”, de Cécile Chaminade. Achúcarro le dejó interpretar la pieza hasta el final y luego fue introduciendo matices en el tempo. Le aconsejó alargar unos ritardandos para tener un arco de dinámicas más amplio en determinadas frases. Incapaz de estarse quieto, en una forma envidiable a sus 92 años, a los pocos minutos Achúcarro ya estaba de pie, chasqueando los dedos para marcarle el ritmo a Argos.

A él ya le habló sobre las forma de atacar con impulso hacia delante el piano sirviéndose del pulgar. “Son movimientos que hay que trabajar hasta que sean instintivos”, le recomendó. Aunque el maestro siempre mantuvo una posición muy tolerante:; “El último que tiene que decidir cómo se hace es usted; esto solo es un recurso y a vosotros os sobra energía a vuestra edad para probar todas estas cosas”.

Juan Vicente Cabo trajo los números 1 y 2 de los “Intermezzi” de Brahms, Op. 117, canción de cuna que Achúcarro invitó a tocar de forma decidida, con el ritmo necesario para que se duerma un niño. Otra vez de pie, el profesor se entusiasmaba cada vez que sugería alguna novedad en la ejecución y los alumnos lograban llevarla a cabo. “¡Ole, ole!”, les jaleaba como si fuera una faena taurina. Pero también se mostró comprensivo. Son obras que estos alumnos llevan tocando mucho tiempo y cuando Achúcarro les pide que hagan un pianísimo donde antes era forte y viceversa, sabe de la dificultad: “Da miedo hacer eso, lo sé, porque no es lo que te han enseñado”.

Regaló entre medias algunas reflexiones generales, como cuando explicó que los ritmos ternarios son, en realidad, todos distintos. “Un vals, una mazurca, una siciliana o una jota, todo es ¾, pero cualquier vienés sabe lo que es un vals y un maño una jota”. “La jaula son esas cinco líneas horizontales y esas dos verticales”, resumió refiriéndose al compás en un pentagrama, “y ahí está la lucha”.

También recomendó ejercicios. Como el de las seis intensidades, consistente en atacar una nota e ir incrementando el volumen hasta llegar al fortísimo, para luego desandar ese camino, desde la nota pulsada con toda la fuerza posible, “con cuatro dedos si hace falta”, hasta ese sonido apenas perceptible, que aparece cuando se pulsa “como si estuvieras quitando el polvo”.

Otra alumna, Laura Puente, trajo a uno de los más grandes, a Mozart, la Sonata no. 13 en Si bemol, y Achúcarro citó las palabras de Alfred Brendel en “Advertencias de un intérprete de Mozart a sí mismo», que dicen que Mozart “no está hecho de porcelana, ni de mármol, ni de azúcar, no es el Mozart del no me toques, sentimental, ni el niño de las flores”. “A lo mejor es una blasfemia”, le dijo a Laura Puente, pero ayuda pensar que lo que vas a tocar de Mozart es de Beethoven, o de Chopin. La joven intérprete confesaría después que los consejos de Achúcarro le habían servido de mucho: “Te hace sentir muy segura y confiada y te ofrece una perspectiva que te ayuda a comprender todo; en vez de media hora es como si hubiera sido un mes de clase. Llevo un año y no conseguía cambiar la idea que tenía sobre el segundo movimiento, y gracias a él lo he interiorizado”.

El último turno de las clases “discipulares”, como las llama el maestro quitándose importancia, fueron para Héctor del Río, con una impresionante interpretación del estudio “Patético” de Scriabin, op. 8 no. 12. Achúcarro admiró las capacidades del intérprete y trató de sacarlo de su zona de confort, buscando otras posibilidades para mejorar la ejecución de una obra muy compleja técnicamente: “Te sobran facultades, y por eso no te puedo perdonar”, le diría varias veces antes de pedirle que practicase nuevos movimientos de muñeca para ganar en agilidad y precisión: “Y esto, luego, un domingo por la tarde lo puedes hacer cien, mil veces. Y luego el lunes también”.

Habría seguido Achúcarro pegado a la banqueta junto a sus alumnos de Oviedo, metiendo la mano para explicarles cómo se hace, descubriéndoles estrategias insospechadas para buscar nuevas sonoridades, pero era tarde y su mujer, la también pianista Elena, se aproximó al escenario y le llamó la atención: “¡Joaquín, que son menos cuarto!”. Unos minutos más, todo sonrisa, Achúcarro posó para las fotos y firmó las partituras de sus nuevos pupilos de Oviedo. “Diga lo que te diga, aunque sea en la dirección contraria de lo que estás trabajando, te está hablando la historia del piano. Y hay que tenerlo en cuenta. Se vino a disfrutar y se disfrutó”, resumía Héctor del Río.

Solo añadir al talante del Maestro que bromeaba cuando alguna de sus indicaciones resultaban como había explicado, ponía la mano para «cobrar» imaginariamente o devolverlo como «premio» a unas clases que todos los muchos presentes disfrutamos. Casi 93 años de vitalidad y magisterio compartido donde el tiempo no contaba.

¡¡GRACIAS MAESTRO!!

 

Espíritu CIMCO

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Jueves 18 de septiembre, 19:30 horas: Sala de cámara del Auditorio de Oviedo. IV Ciclo CIMCO: Trío Arbós (con Olimpia Oyonarte, baile): “Figuras de aire y fuego”. Obras de J. Turina, E. Granados y Jesús Torres. Entrada: 10 €.

(Crítica para La Nueva España del sábado 20 de septiembre, con fotos propias, tipografía que el papel no siempre soporta, más el añadido de los enlaces –links– siempre enriquecedores)

Cuando algo funciona se debe mantener, y el Ciclo Interdisciplinar de Música de Cámara de Oviedo (CIMCO) llega ya a su cuarta edición dirigido por Cristina Gestido, quien también presentaría este primero de los cuatro conciertos mensuales programados hasta diciembre con figuras reconocidas y conjugando diversas disciplinas artísticas que suponen otra apuesta sobre seguro de la Concejalía de Cultura ovetense para la candidatura a Capitalidad Cultural 2031, en pugna con otras ciudades españolas, personalmente manteniendo mi calificativo de “La Viena Española” por su oferta musical en comparación a su población y extensión, nuevamente en una sala de cámara ideal para estos formatos cercanos.

Este primer concierto nos traía al reconocido “Trío Arbós” (Premio Nacional de Música 2013) con un programa de tres autores españoles y épocas distintas pero siempre actuales, buen reflejo y tarjeta de presentación de este trío con larga y afamada trayectoria a nivel internacional, más de una treintena de grabaciones, recuperaciones de nuestro patrimonio musical y estrenos a ellos dedicados.

El granadino Juan Carlos Garvayo (Motril, 1969), fundador en diciembre de 1996 del trío, eligió el nombre como homenaje al madrileño Enrique Fernández Arbós (1863-1939), una figura mítica de nuestra música en su faceta de violinista, director y compositor. Garvayo es pianista, catedrático de Música de Cámara del Conservatorio de Madrid y académico de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, además de investigador y poeta, que además nos brindaría una excelente y documentada charla de introducción a las obras y compositores, todos españoles aunque de épocas distintas pero siempre actuales, reflejo y tarjeta de presentación de este trío con una amplia trayectoria a nivel internacional, más de una treintena de grabaciones, muchas recuperaciones de nuestro patrimonio musical y estrenos a ellos dedicados, como así fue este primer CIMCO del año.

Por el trío, siempre liderado por Garvayo, ha pasado un granado elenco de músicos que actualmente lo forman Ferdinando Trematore (violín) y José Miguel Gómez (chelo) junto al piano de Garvayo. Comenzarían con el sevillano Joaquín Turina (1882-1949) de quien han grabado su integral, y el Trío nº 2 en si menor, op. 76 (1932) mostró su lenguaje propio reflejado en esta obra que recuerda motivos de su “Sinfonía Sevillana” tras su paso por París y donde lo andaluz no se queda en lo folklórico. El “Trío Arbós” conoce a la perfección la partitura y el entendimiento, sentimiento y musicalidad permitieron disfrutar de una interpretación jugosa y cercana en los tres movimientos.

Del Trío en do mayor, op. 50 (1895) de Enrique Granados  (1867-1916), Garvayo es el “causante” de poder escucharla a partir del manuscrito original. Estudioso de su correspondencia y obra, esta partitura, escrita en una pensión madrileña, esperaba ser la “recomendación musical” para obtener una cátedra nunca lograda (curiosidades siempre interesantes narradas por el motrileño), siendo estrenada por el propio Granados al piano, Julio Francés al violín y el chelo de un joven estudiante en Madrid, Pau Casals, pero mutilada en su primera edición, que gracias al trabajo del granadino se puede escuchar “de primera mano”, tal y como la concibió el ilerdense, además de estar disponible la publicación de forma abierta, acceso libre y gratuito en la web del trío. Obra que compagina esta forma romántica centroeuropea pero respirando un lenguaje netamente español de estructura formal compleja, muy tardorromántica e inspirada del carácter personal y poético del compositor  catalán que el “Trío Arbós” interpretó de forma magistral, latiendo todos con el mismo pulso, conjugando protagonismos con una sonoridad clara, equilibrada y precisa donde disfrutar de una obra eternamente joven.

Y en este tránsito cronológico hispano del siglo XIX al actual, el compositor aragonés Jesús Torres (Zaragoza, 1965) aceptó la invitación del “Trío Arbós” a distintos músicos de nuestro tiempo para escribirles un trío donde el flamenco fuese inspiración sin ninguna indicación concreta. Así les regaló la “Malagueña ausente” (2016), espectacular en todo. Partiendo del ritmo primigenio de un palo muy nuestro, perfectamente marcado por el trío, se iría ausentando con un doble sentido: obra dedicada a su madre, que padece Alzheimer, y “huyendo” del flamenco aunque se sienta y respire. Para ello la “asturiana” Olimpia Oyonarte puso su alma granadina en una coreografía que partía desde el pasillo central con la danza española más contemporánea y académica. Sentida, bella visualmente vestido crema elegante, deambulando perdida como la mente enferma para lograr el “pellizco”, pausas, gestos, después palmas y pies en perfecta sincronización del aire tradicional con el trío que sintió suyo este regalo musical  de Torres, enmarcado en la tradición de sus predecesores  en la tarde de este jueves mateín, la música española internacional, lo popular más clásico y que tan buena música nos sigue dejando como seña identitaria universal.

Este primer concierto del CIMCO resultó un buen aperitivo a lo que aún queda hasta diciembre, el buen hacer con mejores ideas desde una buena programación y el respaldo de públicos habituales pero también nuevos.

Arranca el cuarto CIMCO

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Jueves 18 de septiembre, 19:30 horas: Sala de cámara del Auditorio de Oviedo. IV Ciclo CIMCO: Trío Arbós (con Olimpia Oyonarte, baile): “Figuras de aire y fuego”. Obras de J. Turina, E. Granados y Jesús Torres. Entrada: 10 €.

El Ciclo Interdisciplinar de Música de Cámara de Oviedo (CIMCO), que dirige y además presentó Cristina Gestido, inauguraba su cuarta edición -donde se ofrecerá un concierto mensual hasta diciembre- en otra apuesta musical pero también educativa y creativa donde la danza tiene su hueco, aunando diversas disciplinas artísticas con programas muy bien armados que cuentan con músicos de renombre actuando en la sala de cámara del auditorio ovetense, el espacio ideal para esta música de cámara por acústica y aforo.

En este primer concierto llegaba el “Trío Arbós”, Premio Nacional de Música 2013 con su pianista y fundador, el catedrático motrileño y además académico Juan Carlos Garvayo que nos daría una pequeña “MasterClass” sobre el programa de música española que escuchamos: obras de Turina (Trío nº 2 en si menor, op. 76), Granados (Trío en do mayor, op. 50) y Jesús Torres (“Malagueña ausente”) donde la granadina afincada en Asturias Olimpia Oyonarte pondría la danza española como complemento a esta obra del compositor zaragozano a la “memoria ausente” de su madre que padece Alzheimer.

El “Trío Arbós” fundado en diciembre 1996 eligió su nombre como homenaje al madrileño Enrique Fernández Arbós (1863-1939), una figura mítica de nuestra música en su faceta de violinista, director y compositor. En los 29 años de trayectoria El Arbós ha grabado más de treinta discos donde la música española es su tarjeta de presentación, recuperando mucho de nuestro patrimonio, y cientos de estrenos, con alguno de ellos vivido en primera persona desde Granada, de obras escritas especialmente para ellos.

Actualmente junto al piano de Garvayo el trío lo forman Ferdinando Trematore al violín y José Miguel Gómez al chelo. Con una importante y destacada trayectoria internacional, Oviedo sigue en el mapa como “La Viena española” y candidata a la capitalidad cultural 2031 al escuchar al “Trío Arbós”.

Turina abría la tarde y marcó el paso a seguir de una formación que late con el mismo pulso y sentimiento (tienen grabada su integral).

Con Granados, otra recuperación a cargo del trío, se demostró los años que llevan juntos interpretando estas obras que son fieles recreaciones de nuestro patrimonio con el sello ya inconfundible del compositor catalán en una interpretación impecable.

El mejor remate sería la espectacular obra de Torres y su “malagueña muy presente” compuesta para ellos con el baile sentido, vivido, plástico, bello y actual de Olimpia Oyonarte plenamente integrada con la música en vivo del Arbós para captar esos aires de flamenco universal con calidad atemporal, todo un espectáculo único e irrepetible, verdadera seña de identidad en esta fusión “interdisciplinar” del CIMCO.

Avanzando la próxima temporada

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Viernes, 18 de julio, 12:00 horas. Sala de Cámara del Auditorio de Oviedo, presentación de los ciclos «Conciertos del Auditorio» y Jornadas de Piano «Luis G. Iberni».
La Sala de Cámara del Auditorio de Oviedo acogió la mañana del viernes la presentación de la 27ª temporada de los Conciertos del Auditorio y las Jornadas de Piano Luis G.Iberni (van 34 años y pioneras en España, siendo después copiadas a lo largo y ancho de la geografía nacional), que se desarrollarán del 29 de octubre de 2025 al 4 de junio de 2026, ofreciendo 18 actuaciones de los mejores artistas nacionales e internacionales: Zubin Mehta, Yuja Wang, William Christie, Jakub Orlinski o Pinchas Zukerman, entre otros muchos artistas, que actuarán en el Auditorio Príncipe Felipe de la capital asturiana, en una edición donde la orquesta del ciclo, Oviedo Filarmonía, lo abrirá y cerrará. Esta nueva temporada tendrá una clara vocación europea dentro de la carrera que protagoniza Oviedo para convertirse en Capital Europea de la Cultura 2031 en sana pugna con Granada o Jerez.

La presentación de esta nueva edición estuvo encabezada por el concejal de Cultura y presidente de la Fundación Municipal de Cultura David Álvarez, y también han intervenido la presidenta de la Fundación Musical «Ciudad de Oviedo» Pilar Rubiera, su director artístico Cosme Marina, y el subdirector del diario La Nueva España el toledano Francisco García Alonso, contando además con la actuación en directo del Trío Nacedo compuesto por Lidia Sierra (violín), Inés Moreno (viola) y Clara Muñoz (violonchelo) que interpretaron al inicio el tercer movimiento de uno de los tríos de Conrado del Campo, para finalizar el acto con el trío de la ovetense Raquel Rodríguez, presente en la sala, «En la Música», obra que ya tiene 18 años y resultó ganadora en 2007 del II Concurso “Evaristo Fernández Blanco” organizado por el Festival de Música Española de León  en su XX edición, como explicó la propia compositora antes de la interpretación, muy aplaudida por los presentes.

Tras el vídeo con el diseño de Juan Jareño, original y de altísima calidad al igual que el programa del ciclo en papel couché, irían tomando sucesivamente la palabra. En la primera intervención, el melómano edil indicaría que «este ciclo representa un compromiso firme con la excelencia artística y con la difusión de un patrimonio musical que, siglos después de haber sido concebido, continúa emocionando, inspirando y elevando el espíritu. La música clásica no es solamente una herencia cultural: es una forma de diálogo profundo entre épocas, entre sensibilidades, y entre generaciones».

En palabras de David Álvarez «Oviedo, ciudad con una sólida tradición musical, demuestra un año más su apuesta por la cultura y por la música como vehículo de enriquecimiento colectivo. En este marco, presentamos un programa que reúne a intérpretes de reconocido prestigio, así como a jóvenes talentos que encarnan el futuro del panorama internacional». Además, el presidente de la FMC destaca las participaciones de Oviedo Filarmonía (OFIL), orquesta residente del ciclo y eje fundamental en nuestro panorama cultural y musical, o el coro El León de Oro, habituales en estas temporadas.

Álvarez ha resaltado, como novedad, la puesta en marcha de Off Conciertos, «esa forma diferente y desenfadada, de acércanos a las propuesta principales, en definitiva la música clásica. Lo hacemos mediante una serie de actividades que van desde la presencia de instrumentistas de OFIL en los Centros Sociales (siguiendo con nuestra política de acercamiento de la cultura a todo el concejo), el proyecto Música y enigma, de la mano de la pedagoga Sofia Martinez Villar, que tan buen resultado obtuvo la pasada temporada, una iniciativa de divulgación musical dirigida a estudiantes y al público general, que tiene como objetivo atraer otro tipo de público a los conciertos de música clásica y presentar este género musical desde una perspectiva diferente, mediante un ensayo divulgativo y un concierto guiado protagonizado, en el mes de diciembre, por OFIL». También, el programa pedagógico UBUNTU «que en esta edición tiene como temática principal la lucha contra el bullying, gracias la capacidad de convertir la música, el teatro y la danza en una herramienta de transformación personal y colectiva».

La presidenta de la Fundación Musical Ciudad de Oviedo, Pilar Rubiera, explicaría que la orquesta Oviedo Filarmonía ofrecerá un total de 4 conciertos, entre ellos el de apertura y cierre de la temporada.

David Álvarez volvería a reivindicar la #Capitalidad2031 (con la presencia de Rodolfo Sánchez), la enhorabuena al patrono y profesor Emilio Casares por su último galardón (Premio Guido Adler de la Sociedad de Musicología), el agradecimiento a la Fundación EDP (con la presencia de Juan García-Ovies), al periódico La Nueva España y el recuerdo al ciclo que comenzó allá por los años 90 en el marco de la Universidad de Oviedo, habiendo tomado el relevo el propio ayuntamiento ovetense.

Por su parte, García Alonso subrayaría que estos ciclos «nos consolidan en el ámbito de la música contribuyendo a mantener un altísimo nivel de calidad, con grandes nombres de artistas internacionales pero también jóvenes promesas que nos permiten aspirar, con pleno derecho, a conquistar el título de Capital Europea de la Cultura».

Álvarez daría paso finalmente a Cosme Marina quien resaltaría esta candidatura que «cuenta con una base sólida en múltiples ámbitos, uno de ellos el musical, que ha ubicado a la ciudad como una de las grandes ciudades culturales europeas tal y como demuestra la continuidad centenaria de la actividad musical durante siglos (…) Dentro de este proceso adquieren especial relevancia los dos buques insignia de la actividad musical de la ciudad: los Conciertos del Auditorio y las Jornadas de Piano Luis G. Iberni, ya que ambos configuran una temporada anual consolidada como referencia en el norte de España por la calidad de sus propuestas. Además, esta edición focaliza su mirada en Europa que atesora una historia de mestizaje que, desde el periodo barroco forma parte del ADN musical del continente».

Marina que lleva al frente desde los inicios del actual ciclo, detallaría la temporada 25-26 girando en torno a Europa, como figura en el cuaderno de presentación, destacando que se mantienen las óperas en concierto que tanto éxito llevan cosechando, esta temporada dos de Handel: «Giulio Cesare» el 17 de febrero con Il Pomo d’Oro y el contratenor Jakub J. Orliński junto a Sabine Devieilhe en los papeles protagonistas, más «Ariodante» el 31 de mayo a cargo de La Cetra de Marcon cantando Kožená.

Una de las citas más esperadas será el regreso (19 de febrero) de Zubin Mehta en una pequeña gira de despedida por su 90 cumpleaños en sus ciudades de referencia donde Oviedo vuelve a estar en el mapa junto a Madrid y Barcelona, y nada menos que con la West-Eastern Divan Orchestra -fundada en 1999 por el binomio Said y Barenboim, premio de la FPA a la Concordia 2002– en estos tiempos convulsos donde sólo la música puede hacer convivir dos pueblos enfrentados.

Más regresos a la capital asturiana serán el de Pinchas Zukerman con su Sinfonia Varsovia (1 de marzo), la mezzo Emily D’Angelo (21 de mayo) tras su recordado cierre de temporada 21-22, la Orquesta del Festival de Budapest con Iván Fischer (28 de mayo) que tan buen sabor de boca me acaba de dejar en Granada, o el cellista Steven Isserlis esta vez junto al finlandés Pietari Inkinen a la batuta de la OFIL (4 de junio), o recuperando la cancelada de William Christie con Les Art Florissants que han hecho hueco para disfrutarles el 6 de noviembre.

Desde 1992 en que arrancaron en el Teatro Campoamor las «Jornadas de Piano» gracias  al siempre recordado Luis Gracia Iberni, siguen siendo referente nacional e internacional por donde han pasado los más importantes intérpretes, y que han sobrevivido por su cartel inigualable, manteniendo a Oviedo en primera línea. Esta temporada 2025-26 vendrán dos «huracanes» como los calificó Cosme Marina: el 15 de enero Yuja Wang con lo nada habitual de interpretar dos conciertos en el mismo programa (nº2 de Chopin y el de Ligeti) nada menos que con la Mahler Chamber Orchestra, más el canadiense Jan Lisiecki (7 de marzo) en un variado y atractivo programa.

Muy esperado igualmente el húngaro Dénes Várjon (8 de abril) donde no faltará su Bartok que está alcanzando un enorme éxito allá donde lo interpreta.

Se puede consultar toda la programación en el siguiente enlace: :https://www.oviedo.es/documents/25041/2686429/CA+Y+JP+-+TEMPORADA+2025-2026.pdf/f1d15a27-b867-4050-90c8-ca7eb33afe0f.

El concejal David Álvarez despediría la rueda de prensa agradeciendo a todos su presencia, el apoyo y especialmente el del público  y abonados por su fidelidad a lo largo de estos años, que mantienen a Oviedo en el mapa de los grandes conciertos.

Los abonos conjuntos están ya a la venta y pueden adquirirse en la taquilla del Teatro Campoamor hasta el próximo 9 de septiembre en su horario habitual. Los abonos independientes (tanto el de los Conciertos del Auditorio como el de las Jornadas Piano) se venderán del 11 de septiembre al 2 de octubre, mientras que el abono Firmamento Lírico se podrá adquirir del 4 al 16 de octubre. Las localidades sueltas saldrán a la venta el día 18 de octubre, recordando que la Fundación Municipal de Cultura está adscrita al Bono Cultural Joven del Principado de Asturias.

Vidas de artista

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Viernes 6 de junio, 20:00 horas. Auditorio de Oviedo, Abono 15 OSPA: Sinfonía fantástica. Nuno Coelho (director). Obras de Messiaen, Coll y Berlioz.

Finalizaba la temporada de abono de la OSPA con un programa «potente» y tres obras de compositores cercanos en el tiempo en apenas un siglo rompedor con el denominador común en cuanto a creencias, historias, imágenes, pero especialmente sus propias vidas de artistas. También suponía la despedida de Francisco Coll (Valencia, 1985) como colaborador artístico residente estas tres últimas temporadas, y que a partir del próximo curso «se nos va» a la OSCyL antes de proseguir estrenos en Europa y EEUU de su concierto para piano con Kirill Gerstein.

En el encuentro previo junto al maestro Coelho, el artista valenciano nos comentaría cómo es esta «nueva» Lilith que ha crecido desde su estreno en 2022, la escuchada en Oviedo en abril pasado (de ahí mi duda al figurar como estreno, verdaderamente una revisión de este 2025), sus orígenes recordándonos la adolescencia donde encontró a esta «mujer fatal» en aquellos manga de sus amistades en el instituto, el profundizar con la Lilith primera esposa de Adán en los textos hebreos, su personalidad poliédrica, y que como a todo artista le seguiría rondando la cabeza, la esperada evolución hacia un poema sinfónico, bien enlazado con la «fantástica» que cerraba el concierto, «ballet sin coreografía» que no llegó a convertirse en ópera.

Esta obra en tres secciones y cinco movimientos, de aquella «Lilith nocturna» se quedaría reducida en duración en vez de convertirse en el movimiento central al que agregar los otros dos extremos, pero la duración para completarla no debería llegar a 40 minutos, «público o programadores probablemente no la soportarían» como él mismo nos contaba, el primer contrapunto de inspiración en la polifonía de Victoria, el incorporar un vals que no es habitual ni «bien visto» en los compositores actuales… . También su forma de concebir estas pinturas sonoras, pues en el valenciano su proceso compositivo va unido siempre a las imágenes, y con otras obras suyas he llegado a relacionarlo con la sinestesia pero también en su trabajo por capas, aunque en la escucha los oyentes vemos el proceso de la creación que dura lo mismo que la interpretación, siendo el director con la orquesta quien lleva todo el peso en plasmarla.

En el programa de mano el propio compositor nos describirá a Lilith, y su lectura previa (que dejo a continuación) nos ayudó a comprender y entender mejor al otro pintor, Nuno Coelho que fue coloreando los cinco cuadros cargados de calificativos: sensuales, terroríficos, seductores, tortuosos (ángeles como mosquitos), laberínticos, burlones, histéricos… en un espectacular lienzo en blanco que fue la gran orquesta «musculada» para esta clausura y nuevamente comandada por Aitor Hevia, plenamente identificada con la escritura y estilo de Coll, con una nutrida y exigente percusión donde hay dos pianos (uno afinado un cuarto de tono más alto), arpa y un orgánico que fue la mejor paleta tímbrica para estos coloridos «episodios»:

«El primer movimiento, un expresivo adagio, evoca el deseo y el miedo al mismo tiempo: celebra una unión de opuestos. Lilith habita en las ruinas tras abandonar a Adán; de estos vestigios surge la polifonía de inspiración renacentista, sus líneas afiladas y con la claridad del veneno.

El segundo movimiento se divide en dos partes. Tres ángeles describe un tortuoso laberinto en el que un batallón de tres serafines busca a la fugitiva Lilith. «Vals de la huida» es trágico y grotesco, rozando la histeria.

El tercer movimiento también tiene dos secciones. En hebreo, Lilith (Leilit) también significa «nocturna»; «Nocturna» explora este aspecto de su naturaleza. Musicalmente hablando, es un estudio del volumen, manipulando el espacio y el timbre como si se tratara de una escultura sonora. En «Euphoria», Lilith llega a la ciudad moderna y participa en una orgía salvaje, mientras las masas se dejan arrastrar por su fuerza seductora».

Excelente reescritura que pasó de un cuadro a este monumento sinfónico de Coll donde la OSPA brilló en todas las secciones y un Coelho afrontando un reto más. En abril de 2024 escribía de aquella Lilith  sinónimo de Nocturna que «parte de imágenes que a menudo pinta tras finalizarla y normalmente no retoca con el tiempo pues el momento es único (…) también hay elementos de misterio, bosques mágicos y tenebrosos (cerca de su ciudad), nieblas y densidad, aquí sonoro, también con paralelismos pictóricos en busca de texturas además de colores. La partitura tomada como instrucciones para armar los muebles de la famosa multinacional sueca que cada director monta con los elementos sinfónicos, y que en el caso de sus obras tampoco son iguales de un día para otro precisamente porque la vida es un fluir distinto cada día», ahora este mural alcanzaría dimensiones «fantásticas».

La ordenación de las tres obras pienso ha sido igualmente acertada, con el titular explicándolas antes de arrancar. También nos hizo pensar en las imágenes de Messiaen y Las ofrendas olvidadas (1930) de un entonces joven francés recién graduado, el creyente que pinta tres lienzos casi de «meditaciones sinfónicas» como las denomina la musicóloga Julia Martínez Lombó que reflejan las verdades teológicas de la fe católica: La Cruz, El Pecado y La Eucaristía. Las notas al programa analizan esta obra de juventud, «se estructura en tres episodios: Arranca con un movimiento muy lento y melancólico, una lamentación de las cuerdas que describe el sacrificio de Cristo en la cruz. Continúa con un breve episodio agitado, agresivo, desesperado y robusto, una carrera al abismo en la que destacan los fuertes acentos finales, armónicos en glissando y las llamadas de las trompetas. Concluye con la promesa de la salvación de la Eucaristía, un movimiento extremadamente lento, con una melodía enunciada por los violines sobre un manto de acordes en pianísimo». Misma paleta para otro paisaje sonoro que ayudó a preparar oídos y músicas posteriores, una OSPA cómoda en estos repertorios cercanos y poco transitados que Coelho sabe afrontar dando seguridad gracias a un trabajo minucioso de dinámicas, balances y texturas, con violines segundos protagonistas, velocidades bien encajadas por la orquesta hasta lograr el final aterciopelado.

Y nada mejor que clausurar la temporada con otro gran orquestador y francés como Berlioz, enlazando con Coll, Episodio de la vida de un artista, sueños de un joven músico, en este caso recurriendo al opio tras un desamor, y también en cinco movimientos o episodios, una Sinfonía fantástica que siempre emociona.

Misma formación con plantilla enorme para este poema sinfónico que pone a prueba cualquier orquesta, y la OSPA superó con sobresaliente este examen final de temporada en todas sus secciones y solistas. Bien empastada, nuevamente de amplísimas dinámicas y juego del maestro portuense con la agógica donde mimar cada «cuadro», detalles de calidad como el dúo del corno inglés con el oboe fuera del escenario (también las campanas), sueños y pasiones iniciales, un baile casi vienés (contrapesando el de Coll), una marcha al cadalso impresionante para llegar a un aquelarre goyesco donde los metales brillaron como nunca pero sin tapar nunca a una orquesta que llegó a junio en plena forma.

Aún quedan tres extraordinarios fuera de abono, coincidiendo dos con la zarzuela, pero que intentaré al menos despedirme con uno antes de las vacaciones bien merecidas para la orquesta asturiana, a la que deseo todo lo mejor para la próxima temporada y que se despejen dudas, se cubran plazas y continúen ofreciéndonos conciertos como este.

PROGRAMA:

OLIVIER MESSIAEN (1908 – 1992):

Las ofrendas olvidadas

FRANCISCO COLL (1985 – )

Lilith:

I. Contrapunto erótico (Adagio molto espressivo) / II. Three Angels (Allegro energico con spirito) – Vals de la huida (Presto radiant)  / III. Nocturna (Largo elastico e drammatico – Euphoria (Festoso con brio)

(*) Estreno mundial co-comisionado por la OSPA y la Toronto Symphony Orchestra (TSO).

HECTOR BERLIOZ (1803 – 1869):

Sinfonía fantástica, op. 14:

I. Sueños – Pasiones
II. El baile
III. Escena campestre
IV. Marcha al cadalso
V. Sueño de una noche de sabbat

El escultor islandés

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Miércoles 28 de mayo, 20:00 horas. Auditorio de Oviedo, Clausura de las «Jornadas de Piano Luis G. Iberni»: Vikingur Ólafsson. Obras de Bach, Beethoven y Schubert.

Cierre por todo lo alto de las jornadas que llevan el nombre de nuestro siempre recordado Iberni, con el islandés islandés Vikingur Ólafsson que me ha hecho dudar con el título de esta entrada, pues podía haber sido «Lava y hielo», «Volcán islandés» e incluso «Esculpiendo la naturaleza». Así que comienzo directamente con la reseña, más que crítica, de este último concierto que registró una excelente entrada con público venido de todas partes, y que ya pudo ver el avance de la próxima temporada (lo dejo para el final, e incluso le dedicaré una entrada propia) en otro ciclo que «nuestro» Cosme Marina ha vuelto a poner el listón en todo lo alto.

En la web del Palau de la Música barcelonés anunciando el concierto que el islandés Vikingur Ólafsson (Reikiavik, 14 de febrero de 1984) llevará en marzo del próximo año (en la actual gira Oviedo vuelve a estar en el mapa), destaca: «Con una capacidad única para dialogar con los grandes maestros del pasado desde una sensibilidad contemporánea, Víkingur Ólafsson se ha consolidado como una de las voces más singulares del pianismo internacional. En este recital (…) el pianista islandés traza un viaje sonoro que enlaza tres nombres esenciales: Bach, Beethoven y Schubert. Una constelación de obras en tonalidades de aire introspectivo y espíritu visionario, que confluyen en un programa atravesado por la luz y la penumbra, la forma y la espontaneidad. Una cita para dejarse sorprender por la sutileza de un intérprete que convierte cada recital en una experiencia íntima y transformadora».

Ólafsson sigue sorprendiendo en cada programa, incluso le han calificado de «visionario», y en esta gira parecía todo girar en torno a la tonalidad de mi, tanto mayor y menor, jugando en esculpir la lava tanto volcánica o enfriada, como en el hielo, capaz de tomar un gigantesco bloque para convertirse en un Miguel Ángel pianístico que ve el resultado final antes de «atacarlo» con las herramientas de su arte.

Por su parte, las notas al programa del joven musicólogo Ramón Sobrino Cortizo (iré intercalándolas con las obras) comienzan con unas palabras del propio Ólafsson, presentando su última grabación Continuum -2024– para DG) que explican a la perfección el programa de este último concierto del ciclo ovetense (previsto inicialmente con las tres últimas sonatas de Beethoven), cómo organiza sus conciertos el islandés (impresionándome hace dos años en el Festival de Granada), e incluso la razón de interpretarlos sin pausas ni aplausos para dar la sensación de «Continuum sonoro: Piano en Mi» que escribe Ramón Sobrino «junior»:

Cuando toco Bach, recuerdo que las etapas de la historia de la música son conceptos que imponemos a lo que es esencialmente un continuum, un hilo ininterrumpido, una corriente que fluye a través de nosotros, lo que los alemanes, por cierto, llaman un Bach [arroyo].

Estaba claro el fluir de lava musical, cual explosión de «Mein Gott» como padre de todas las músicas, que vertebraría el concierto sin interrupciones (de las toses o alarmas móviles ya ni comento), alternando la fuerza volcánica con la transparencia de un hielo que trabaja de arriba a abajo, un bloque desgranado y tallado creando una catedral sonora transparente que va iluminando con una increíble gama de dinámicas y unos pedales justos para un edificio actual donde cada vuelta atrás (repetición temática) sirve para pulir o detallar unos ornamentos nunca recargados, inspiración barroca, fluir clásico y lenguaje romántico de estos «apóstoles» para una construcción que desaparece como el sonido al finalizar, aunque nos deje el momento irrepetible de poder contemplar la obra terminada.

Sigue escribiendo Sobrino junior:

«Este concierto, que combina sonatas de la Viena Biedermeier con piezas de Bach, se inicia con el noveno preludio en Mi Mayor del primer volumen de Das Wohltemperierte Klavier (1722), indispensable hito de la historia de la música. Escrito a tres voces, con textura de melodía acompañada, ritmo lento de giga y carácter pastoral, fue concebido como obertura de la sexta Suite Francesa en mi mayor, BWV 817.

Preludio bachiano con firma islandesa, el bloque de arena volcánica enfriada para un primer castillo robusto, rico en detalles siempre diáfanos con total respeto a lo escrito en cuanto a duraciones y hasta tempo, con las ornamentaciones necesarias que no nos hacen perder nunca la visión estructural. Y con igual mimo de técnica en la tonalidad de mi, transición de menor a mayor desde el témpano gigantesco que es este último Beethoven en el primer constructo que mantiene la fluidez e inspiración divina para jugar con la fuerza interna y la delicadeza que Ólafsson transmite sin excesos, solamente introvertido en los pianissimi donde parece besar el teclado o escuchar el latir del hielo, dos movimientos en mi alternando menor-mayor y compás (2/4 y 3/4), un juego de introspección esta opus 90 que «junior» continúa comentando:

La Sonata nº 27, en mi menor, Op. 90 fue compuesta por Beethoven en 1814, cinco años después de su Sonata «Les Adieux», tras concluir la primera versión de Fidelio, y hacerse popular gracias a La Victoria de Wellington. Es un complejo momento vital: su sordera avanza, le ha abandona la «amada inmortal» y se ve inmerso en un pleito por la custodia de su sobrino. Dedicada al príncipe Lichnowsky, inaugura el tercer periodo estilístico de Beethoven. Está estructurada en dos movimientos, con precisos títulos en alemán, no en italiano: una sobria forma de sonata, a ritmo de siciliana, de atmósfera «desesperada y apasionada» según Rosen, y un romántico rondó, cuyo tema, en estilo cantabile, es considerado por Kinderman, Cooper o Rosen una de las melodías más hermosas de su autor.

Tras la sobriedad y manteniendo una unidad buscada, la vuelta a la base pétrea del padre de todas las músicas, la sexta partita que arranca y fluye no como el castillo inicial sino cual lava caliente que arrasa pero limpia, el Bach interiorizado tantos años por el pianista islandés brillando en la noche e irisado durante el día con un paisaje sonoro variado en cada uno de los siete movimientos: luces y sombras, fuerza y delicadeza, contrastes barrocos que la naturaleza refleja y Ólafsson cincela sin perder el «continuum», de pedales perfectos que nunca enturbian y hacen refulgir aún más el lento discurrir de «dios Bach» por un paisaje arrebatadoramente bello y nunca abrupto:

La sexta Partita en Mi menor (1725-30) de Bach, fue publicada en 1731 como parte del Clavier-Übung I. Consolidado en el ámbito germánico a inicios del siglo XVIII, el modelo de partita traslada al teclado la suite de danza orquestal. Esta Partita, en siete movimientos, es perfecto modelo de ello: una rapsódica y atormentada Toccata inicial; Allemande; Corrente, con el ritmo a contratiempo; Air, con rasgos de invención y movimiento en canon; una ornamentada y delicada Sarabande; una Gavotta ternaria, y una contrapuntística y cromática Gigue, de complejidad constructiva.

Y si saltamos de la lava al hielo, también podemos unirlas en el mismo color tonal, labrando la misma forma sonata en dos movimientos, tras Beethoven su fiel Schubert, de ornamentos nunca recargados, dinámicas alternando la fuerza volcánica con los gélidos brillos, lava congelada que Ólaffson vuelve a trabajar con manos y pies en «su isla» que parece transitar en círculo para emprender otra ruta musical siempre detallista, trabajada, delineada, conocida en cada recodo para saber dónde pisar con seguridad mientras disfrutamos del paisaje pianísitico que parece llevarnos a un camino sin salida, casi laberíntico que el pianista islandés desvelará en la siguiente etapa. Aquí el «mapa» detallado por Sobrino Cortizo:

La Sonata en Mi menor D566 (1817) de Schubert pertenece a su periodo de madurez. Se ha considerado inconclusa, y presenta una historia casi detectivesca. En 1888 la Schubert Gesamtausgabe publicaba un Allegretto; años más tarde, un autógrafo vendido en 1842 por Ferdinand Schubert al editor Whistling de Leipzig, presentaba el citado Allegretto en mi menor –en forma de sonata–, un Moderato en mi mayor – en forma de Lied ABA– y un Scherzo e trio en Lab y Reb respectivamente. En 1948, la musicóloga K. Dale publicó la Sonata en cuatro movimientos, añadiendo a estos tres el Rondó D 506 en Mi mayor, al asumir que era el perdido cuarto movimiento de la misma; sin embargo, hoy en día persisten serias dudas sobre la pertenencia del Rondó e, incluso, del Scherzo a dicha Sonata. Y es que, si Schubert se inspiró en la Sonata en mi menor Op. 90 de Beethoven, como revelan sus reminiscencias temáticas, texturales y tonales no sería extraño que hubiera imitado, incluso, su estructura. De especial interés es la evocación melódica de la ópera italiana coetánea de Rossini en el Allegretto, en un periodo en el que Viena se había rendido al «Rossini Rummel», o el cultivo característico de la célula dáctila –con la figuración larga-breve-breve–, que se convierte en marca de estilo, como Rosen destaca al estudiar a Beethoven.

Había que retomar el camino desandando un trayecto peligroso, volcánico y fogoso, aún caliente, largo e intenso, porque también habría algún géiser para sorprendernos en la última «caminata»:

En 1820, dos años después de la escritura de la Sonata Hammerklavier, nº 29, Op. 106, Beethoven recupera el carácter más íntimo en la primera de sus tres últimas sonatas, la Sonata nº 30 en Mi Mayor, Op. 109. El compositor había escogido esa misma tonalidad de Mi Mayor para su heroína operística Leonora; no parece, por tanto, coincidencia que haya sido la tonalidad elegida para esta sonata dedicada a Maximiliane Brentano.

El Vivace inicial fue concebido como una posible bagatela para la colección del Op. 119, pero ante la sugerencia de su secretario Oliva, Beethoven añadió el Prestissimo y el tema con variaciones y conformó esta Sonata. Sin embargo, al igual que la Sonata Op. 90, la obra presenta sólo dos grandes secciones: un primer bloque constituido por el Vivace (I) –que yuxtapone ideas (rápido/lento, piano/forte, mayor/ menor)– y el Prestissimo (II) en estilo scherzo, que asume la función de forma sonata inicial–, y el tema con seis variaciones (III), a la manera de movimiento lento, cuya duración (2/3 del total de la obra) eclipsa al bloque inicial. El hermoso tema a ritmo de zarabanda evoca estructuras armónicas que aparecían ya en el rondó de la Sonata Op. 90 y el lied final del ciclo An die ferne Geliebte, Op. 98 (1816). La primera variación, una melodía acompañada a ritmo de vals, evoca a Chopin o, incluso, al preludio Danseuses de Delphes (Libro I, 1910) de Debussy; la segunda, en estilo brisé, recupera el Vivace inicial, conectando así temáticamente la sonata, como es propio de Beethoven; el contrapunto aparece en la tercera –con rasgos de invención bachiana a dos voces–, la cuarta –imitación a cuatro voces– y la quinta –a la manera de fugado en estilo coral–: y la sexta intensifica todos los elementos –figuras rítmicas, trinos, arpegios, ostinati, secuencias…– hasta recuperar el tema para concluir. Así, esta obra es un excelente testimonio del interés de Beethoven, por el desarrollo de la técnica de la variación como por el cultivo del contrapunto en su tercer estilo.

Cuando escribió esta sonata, Beethoven estaba completamente aislado del mundo debido a su sordera, y en ella, como en las dos siguientes, renuncia a cualquier concesión. A pesar de su complejidad, nunca dejo de interpretarse, pues, tras la muerte del compositor, Franz Liszt la incluyó en su repertorio, incorporándola así al canon pianístico».

Como el propio Beethoven, Ólafsson renuncia a cualquier concesión en su personal ruta entre mi mayor y mi menor, eligiendo no las tres últimas del «sordo de Bonn» sino la antepenúltima tras una velada sin respiros, aunando fuego y hielo, empuje vital que vuelve la vista atrás en la inspiración, con una interpretación liviana pese a lo aparentemente rocosa. La opus 109 abre con una exhalación arrolladora cual orador en mitad de una frase, que suena como una improvisación pero termina como empieza, al vuelo, pues nunca un vivace suena tranquilo, y sigue el prestissimo en modo menor, airado y punzando sobre el hielo… Pero el final es el bálsamo tras un viaje islandés lleno de sorpresas climáticas por las sonoridades. Parece que el pianista Alfred Cortot discutía en una sesión sobre esta sonata y comenzaba tocando tres acordes: Mi mayor, Mi menor, Mi mayor… Ésta es la esencia de todo el concierto: alternancias constantes de todo tipo para construir monumentos perecederos que permanecerán en la memoria sonora, probablemente perpetuados en alguna grabación cual fotografías históricas, pero siempre únicos como la geografía islandesa y la personalidad de su pianista más famoso.

Público en pie y nada menos que tres propinas manteniendo el mismo fluir y paisaje musical de todo lo anterior: el arroyo de Bach (con un guiño a Rameau digno de Sokolov) para seguir tallando en el hielo unas cálidas interpretaciones llenas del virtuosismo islandés al servicio de lo escrito, reconstruyendo unas músicas efímeras pero eternas: primero de la Organ Sonata nº 4, BWV 528 el segundo movimiento Andante [Adagio], en transcripción de August Stradal, el brillo y casi tintineo luminoso de Le Rappel des Oiseaux (Rameau), para finalizar con el Preludio nº 10 ¡en si menor!  transcrito por Siloti (del Preludio & Fuga, BWV 855a).

Con el brillo en los oídos y la tertulia posterior con mis amistades, la alegría de ver salir a Víkingur Ólafsson sin cambiarse (aún puesta su pajarita y chaqueta de terciopelo verde botella), hablando por el teléfono, poder saludarle brindándole nuestras felicitaciones, que agradeció, para proseguir solitario cruzando la Plaza del Abeto a descansar antes de su concierto en Madrid y hacernos pensar la dura vida de los músicos, un poso de tristeza que nos devuelve a la realidad.

PROGRAMA

Johann Sebastian Bach (1685-1750):

Preludio en mi mayor, BWV 854

Ludwig van Beethoven (1770-1827)

Sonata n° 27 en mi menor, op. 90:

I. Mit Lebhaftigkeit und durchaus mit Empfindung und Ausdruck – II. Nicht zu geschwind und sehr singbar vorgetragen

Johann Sebastian Bach:

Partita nº 6 en mi menor, BWV 830:

I. Toccata – II. Allemande – III. Corrente – IV. Air – V. Sarabande – VI. Tempo di Gavotta – VII. Gigue

Franz Schubert (1797-1828):

Sonata n° 6 en mi menor, D 566:

I. Moderato – II. Allegretto

Ludwig van Beethoven:

Sonata n° 30 en mi mayor, op. 109:

I. Vivace ma non troppo, sempre legato – Adagio espressivo
II. Prestissimo
III. Gesangvoll, mit innigster Empfindung. Andante molto cantabile ed espressivo

AVANCE Conciertos del Auditorio y Jornadas de Piano 2025-2026:

Avance de Programación 25/26

Emociones británicas

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Sábado 24 de mayo, 19:00 horas. Conciertos del Auditorio: Pablo Ferrández (violonchelo), Oviedo Filarmonía, Yue Bao (directora), Sofía Martínez Villar (narradora). Obras de Anna Clyne y Edward Elgar.

Hay días donde la música conecta aún más con las emociones, y en este último del ciclo «Los Conciertos del Auditorio» (aún queda el cierre de las «Jornadas de piano Luis G. Iberni» el miércoles 28) el programa conmovería a más de uno con un toque plenamente británico bien llevado por todos: obras elegidas, intérpretes y hasta una narradora como comentaré más adelante, que además nos dejaba unas excelentes notas al programa, enlazadas al inicio y, de donde entresacaré algunas frases por la conexión anímica que tuvo este concierto.

La compositora británica Anna Clyne (Londres, 9 de marzo de 1980) es un «raro regalo» y una «melodista radical con ojos de pintora» tal como se presenta en su página web, con un lenguaje poco común aunque actual, cercano, y muy demandada en los EEUU donde se ha afincado desde 2002 en  el estado de Nueva York, con composiciones suenan en medio mundo y también en nuestro país, acaparando multitud de premios en su trayectoria. Oviedo disfrutó con su Within her arms -Dentro de sus brazos- para orquesta de cuerda (2009) que resultó maravillosa gracias la directora china, nacionalizada estadounidense, Yue Bao y 15 músicos (tres por cuerda) ubicados de forma particular para jugar con unas sonoridades y texturas que expresaron lo que esta obra intenta reflejar: enfrentarse al vacío que nos deja la muerte de un ser querido, llegando aquí tantos recuerdos, como bien escribe Martínez Villar: «(…) dedicada a su madre, fallecida en 2008. Es una obra para orquesta de cuerdas en la que las voces de los instrumentos se van entrelazando, como los abrazos. La sonoridad invita a la meditación y, aunque hay momentos en los que se percibe una música más desgarradora y desbordante, la melodía y armonía mantienen la compostura porque Clyne pretende conmovernos sin que perdamos la entereza. Por esa razón, se inspiró en un poema del escritor y monje budista Thích Nhất Hạnh titulado Mensaje, que trata de comunicarnos el amor a la vida y la serenidad hacia la muerte», auténticos abrazos con los tres contrabajos en el centro de sustento acústico y sentimental perfectamente expresado en las notas y aún mejor en la interpretación de esta cuerda elegida con una sonoridad impagable y las manos maestras de Bao, ya apuntando lo que vendría a continuación.

Probablemente el Concierto para violonchelo de Elgar esté entre los preferidos de todo melómano, en parte gracias a Jacqueline Du Prè de quien escribía precisamente el pasado miércoles al escucharlo en Gijón por uno de los jóvenes premiados. Si además el solista es el madrileño Pablo Ferrández (1991) nuevamente las emociones brotan a flor de piel desde la primera vez en 2013 que le disfruté en Oviedo con la OSPA, donde ha vuelto en numerosas ocasiones, incluso con este mismo concierto, ahora  debutando con Oviedo Filarmonía (OFil) que, como al cellista, les he visto crecer a lo largo de estos años, y en este «fin de curso» puedo presumir de seguirles. Sumémosle una dirección de Yue Bao elegante, académicamente clara y precisa, excelente concertadora, por lo que la interpretación resultó un lujo para todos los asistentes que casi llenaron la sala principal del auditorio ovetense.

El sonido de Ferrández es poderoso, limpio y pulcro, con unos agudos siempre presentes pero especialmente su musicalidad, alcanzando una interiorización de este concierto que lleva años interpretando y ha conseguido «hacerlo propio», matizado al detalle, fraseando con «su» Stradivarius-Archinto (1689) como si de la voz humana se tratase, y así lo entendió igualmente Bao que también está dirigiendo repertorio operístico. Cuatro movimientos a cual más personales y emocionantes, sobre todo un Lento que hace brotar alguna lágrima por el dramatismo y hondura. La OFil sigue su ascenso en calidad, y sobre las tablas se ha afianzado como la orquesta dúctil que se amolda a todo repertorio y dirección, esta vez logrando un sonido británico, como no podía ser menos, con una cuerda aterciopelada, igualada, bien equilibrada, sin olvidarme del viento y los timbales, con Yue Bao siempre respetando al solista para redondear un Elgar que se queda en mi recuerdo.

No podía faltarnos el regalo de Bach con la Sarabande de la Suite nº 1 para seguir disfrutando de mi tocayo, maduro, pleno musicalmente y un cello de sonido rotundo (sólo roto por las toses que no faltan) fraseando, ornamentando y sintiendo a «Mein Gott» como uno de los grandes solistas del instrumento, tras el «pionero» Casals, el actual Ferrández.

Al leer en el programa que las Variaciones «Enigma» incorporaban narradora, no esperaba el resultado final, pues leía en la prensa esta misma semana que se trataba de un proyecto de divulgación musical para escolares de todas las edades el viernes asistiendo al ensayo general del concierto de este domingo, y abierto también al público con el título «Música y Enigma», una apuesta por hacer cantera de melómanos. El «alma» del proyecto era la doctora en Teoría y crítica de las Artes, así como especialista en formación del oído musical y divulgadora de la música clásica, Sofía Martínez, que al empezar la segunda parte nos contaría parte de lo escrito por ella en el programa de mano titulado «Los recuerdos como enigma del alma» (recomiendo leerlo) pero dándonos algunas pistas más: el ritmo de corcheas (éduard) y negras (el-gar) presente a lo largo de toda la obra, los solistas que participarían en las distintas variaciones (viola, cello, clarinete…), los avatares vividos por un trabajador e incomprendido Elgar, sus duros inicios, un matrimonio no bien visto… hasta cantándonos el tema que desarrollaría el compositor para hacerle finalmente el mejor y mayor exponente de la música de su país, llegando a otorgársele el título de Sir (y a su esposa el de Dame), y dejándonos para el final la posibilidad de descifrar el Enigma Elgar.

Mas una vez arrancada la obra, serían las diapositivas proyectadas cual PowerPoint© donde la música era en directo con el añadido de las fotografías de los destinatarios en cada variación, con sus nombres, iniciales y fotografías, comentarios enriquecedores de lo que sonaba en cada momento que ciertamente ayudaron a entender aún más esta página de este amante de los acertijos que dedicó esta conmovedora obra «a mis amigos retratados». Sin apenas pausas entre las 13+1 variaciones (Elgar también era supersticioso), la maestra Bao fue sacando de la OFil lo mejor de ella, unas variaciones ricas en matices, planos sonoros, la sonoridad tan británica que tenemos «en casa», con todas las secciones empastadas, equilibradas, contando con alumnado del CONSMUPA reforzando y aprobando con nota este examen que es una experiencia total para ellos (los siguientes profesionales en nuestras orquestas y bandas), emociones para músicos y público donde los textos ayudaban a escuchar aún mejor. Rubén Menéndez cual la viola de Ysobel (variación VI), el cazador Jäger (variación IX) o Nimrod, que volvía a emocionarme como siempre con esa conversación sobre «la Patética» de Beethoven, pero igualmente la del tartamudeo de Dora Penny que me evocaba «El discurso del rey» (bravo por las maderas con Inés Allué y su «cita» al mar de Mendelssohn, en la variación XIII, junto a la percusión), o su fiel amigo y violonchelista el B. G. N. (en la variación XII) este sábado personificado por Guillermo L. Cañal. Iniciales con nombres y apellidos, con rostros y mucha música que disfrutar con los cinco sentidos más allá del oído.

La vallisoletana Sofía Martínez Villar «daba en el clavo» al finalizar sus notas, que reflejan el sentir de un concierto plenamente british con «un programa muy emocionante que escuchado en directo nos permitirá revivir nuestros propios recuerdos y conectarlos, quizá, con nuestros propios enigmas». ¿La respiración y/o el silencio del público durante el concierto? preguntaba la gran pantalla al finalizar, pero evidentemente no, pues teléfonos y toses siguen siendo una vergüenza que no parece tener remedio y debemos seguir soportando. Pero para mí ¡EMOCIÓN! es la respuesta al enigma de Elgar.

PROGRAMA:

Primera parte

Anna Clyne (1980-)

Within her arms, para orquesta de cuerda

Edward Elgar (1857-1934)

Concierto para violonchelo en mi menor, op. 85:

I. Adagio; Moderato
II. Lento; Allegro molto
III. Adagio
IV. Allegro; Moderato; Allegro, ma non troppo; Poco più lento; Adagio

Segunda parte

Variaciones sobre un tema original para orquesta, op. 36 «Enigma»

Tema. Andante

I. L’istesso tempo “C.A.E.”

II. Allegro “H.D.S-P.”

III. Allegretto “R.B.T.”

IV. Allegro di molto “W.M.B.”

V. Moderato “R.P.A.”

VI. Andantino “Ysobel”

VII. Presto “Troyte”

VIII. Allegretto “W.N.”

IX. Adagio “Nimrod”

X. Intermezzo: Allegretto “Dorabella”

XI. Allegro di molto “G.R.S.”

XII. Andante “B.G.N.”

XIII. Romanza: Moderato “* * *”

XIV. Finale: Allegro Presto “E.D.U.”

ClásicOS PAra disfrutar

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Viernes 23 de mayo, 20:00 horas. Auditorio de Oviedo, Abono 13: Vuelta a los clásicos. Cuarteto Quiroga, OSPA. Obras de Mozart, Haydn y Beethoven.

El Clasicismo es la época ideal para disfrutar de su música, y la sinfónica del «triunvirato» todavía más, por lo que siento pena seguir comprobando la poca asistencia a los conciertos de nuestra OSPA, y encima con un programa que tenía nuevamente a «Los Quiroga» (colaboradores artísticos que continuarán en la próxima temporada) comandando la orquesta asturiana en un arriesgado proyecto donde cubrían los atriles de la cuerda más el viento -sumándose los timbales en la segunda parte- sin director, aunque apostando por aumentar el «ente orgánico» del cuarteto a toda la formación, como si de una camerata se tratase y con el esfuerzo de lograr que el mismo corazón a cuatro latiese en todos los músicos, y confirmo que lo lograron plenamente.

En el encuentro previo al concierto, donde estábamos los pocos habituales, estos cuatro grandes músicos presentados por Fernando Zorita ya nos avanzaron lo que supondría este concierto, tras una carrera con más de 20 años que esperan seguir otros tantos: mucho trabajo previo, la confianza del titular Nuno Coelho (felizmente con contrato renovado hasta 2027) en «su orquesta» para seguir abriendo propuestas tan interesantes como la de este decimotercero de abono, lo poco habitual de la apuesta casi didáctica (el Cuarteto Quiroga la realizó en Zaragoza donde algunos de ellos son docentes), así como la habitual presencia de Aitor Hevia como concertino invitado en varios conciertos de abono, como se suele decir uno más «de casa» que no nos hace olvidar lo necesaria de esta plaza sin cubrir su titularidad desde la jubilación de nuestro recordado Sasha ¡hace 7 años!, por lo que la confianza estaba asegurada y el riesgo del «triple salto sin red» parecía minimizado, aunque cada concierto siempre sea único e irrepetible.

La elección de las tres obras permitió comprobar el más que corroborado excelente estado de la formación asturiana, escuchándose, implicándose, entregándose a un repertorio que no por conocido es menos exigente. Y con Cibrán Sierra de concertino arrancaría la primera sinfonía del «genio de Salzburgo», increíble que la compusiese con ¡sólo 9 años! pues es redonda, marcando su propio lenguaje con una plantilla perfecta de cuerda con trompas y oboes a pares. Una sinfonía probablemente compuesta en el barrio londinense de Chelsea y que como explica Alberto Martín Entrialgo en las notas al programa «(…) sigue la estructura de la obertura italiana en tres movimientos: Allegro en Mi bemol mayor en forma sonata, Andante en Do menor también en forma sonata, y Presto en Mi bemol mayor en forma de sonata-rondo». Un Molto allegro sin complejos, claro en la cuerda que fue prolongación bien sentida del ímpetu de los colaboradores, más el cuarteto de vientos igual de ensamblado en esta «Camerata Quiroga». Y si el tempo obliga a latir juntos, el Andante exige más concentración pero resuelto con una musicalidad digna de destacar, con un dúo de trompas empastadas y conservando el balance ideal sumándose los dos oboes prístinos. Aún quedaba el Presto en 3/8 vertiginoso, valiente, para reafirmarme en la calidad de estos músicos, el empuje de unos arcos fraseando con una claridad que permitía disfrutar del Mozart siempre increíble, los diálogos de la cuerda con  las lengüetas, el sustento de las trompas y la cuerda casi tan británica como la inspiración del niño prodigio.

El llamado «padre de la Sinfonía» añadiría a esta camerata para la ocasión el fagot ubicado entre violas y  cellos para la conocida como Sinfonía «La Passione», alcanzando una tímbrica y colorido que Cibrán Sierra destacaba en el encuentro como diferencia entre los cuartetos y las sinfonías, y así resultó esta Sinfonía nº 49 en sus cuatro movimientos con Hevia de concertino y casi director aunque «los Quiroga» mandaban desde sus respectivos atriles. Pasional, mística pero también risueña, el lento Adagio me transportó a Granada por la intensidad emocional de esta sinfonía «da chiesa» (que servía como introducción a otra obra vocal de carácter religioso), encontrando el pulso ideal para mantener esa lúgubre tonalidad de fa menor. El Allego di molto arriesgando en la velocidad y con una cuerda uniforme, rica en matices, arcos visualmente agradecidos fraseando camerísticamente, dibujando toda la tesitura con unas trompas aterciopeladas. El Menuet nos mantendría el modo menor apuntado en el segundo movimiento plenamente asentado, unísonos de oboes y cuerda para lograr ese colorido «marca del austríaco» con el Trío devolviendo el tono mayor, juego de armaduras pero también de sentimientos en lengüetas y metales, marcando el ritmo bailable antes de retornar al menor. Y nuevamente el vértigo, la apuesta del Presto por alcanzar la sonoridad sinfónica única, sin fisuras, con cellos, fagot y contrabajos empujando, violines primeros y segundos «compitiendo» en limpieza y contrastes, verdadero «Sturm und Drang» (por tormenta e ímpetu) con una interpretación sobresaliente.

Del trío clásico afincado en Viena nadie mejor que Beethoven para dar el paso al romanticismo con su Octava y una orquesta ya crecida en plantilla (cuerda, sumándose maderas a dos, como trompas y trompetas, más los timbales, esta vez siendo protagonistas casi todos los coprincipales de la plantilla. Vuelvo a las notas de Martín Entrialgo (con genes musicales) que transcribo para centrar la Sinfonía nº 8 en fa mayor, op. 93:

«Beethoven firmó el manuscrito de esta sinfonía en octubre de 1812, y la obra fue estrenada en Viena el 27 de febrero de 1814. Este concierto incluyó también la séptima sinfonía; si bien ésta fue bien recibida por el público, la octava no corrió la misma suerte: “eso es porque es mucho mejor”, se cuenta que dijo Beethoven. Quizás fuera sorprendente para el público el retorno de Beethoven a una sinfonía de pequeñas dimensiones (junto a la primera, la octava es la más corta de todas), o quizás el público no acabó de entender el humor y el carácter juguetón que los críticos han atribuido a esta sinfonía, manifestado, por ejemplo, en la parodia del metrónomo que Beethoven hace en el segundo movimiento».

La QuirOSPA aumentó el riesgo para la penúltima sinfonía del «sordo de Bonn», sin complejos, balances cuidados, Hevia por momentos dirigiendo con el arco, Sierra llevando de la mano a los segundos -tan importantes pese al calificativo-, Puchades sacando a flote unas violas con protagonismo y Poggio redondeando junto a los contrabajos una cuerda exigente en los tiempos para la limpieza sonora. El viento añadiría brillo y color a pares, sumando, contestando, fraseando. Los timbales detrás a la derecha mantuvieron el sonido global, homogéneo, romántico sin estridencias y puramente sinfónico. El público de hoy sí entiende el humor socarrón de Don Luis y también las sombras y luces, de nuevo en la tonalidad de fa mayor que antes pintasen para «papá Haydn». Manejar toda la orquesta sin director suponía una atención especial, encajar los latidos y respiraciones, escucharse aún más si es posible, la valentía que puede llevar a la tumba o a la gloria, siendo ésta la meta alcanzada. Con un respeto total a las indicaciones de aire tomadas literalmente, el Allegro vivace con brio pisó el acelerador sin miedo a las curvas, el Allegretto scherzando realmente fue «bromeando» con el metrónomo, por momentos zapateados para afirmar la pulsación, el Tempo di menuetto auténtica filigrana por la delicadeza, para rematar con un Allegro vivace donde la coreografía de arcos enriquecía una interpretación rigurosa, precisa, exquisita, equilibrada, fresca… calificativos que le ha dado The New York Times al Cuarteto Quiroga y que lograron extender a una OSPA feliz, implicada y en plena forma para este final de temporada al que le quedan dos abonos más -de los que perderé el penúltimo- mejor que escribir lo de «le quedan dos telediarios»…

PROGRAMA:

WOLFGANG AMADEUS MOZART (1756 – 1791):

Sinfonía nº 1 en mi bemol mayor, K. 16:

I. Molto allegro – II. Andante – III. Presto

FRANZ JOSEPH HAYDN (1732 – 1809):

Sinfonía nº 49 en fa menor, «La Pasión», Hob. I/49:

I. Adagio – II. Allegro di molto – III. Menuet – IV.Presto

LUDWIG VAN BEETHOVEN (1770 – 1827):

Sinfonía nº 8 en fa mayor, op. 93:

I. Allegro vivace con brio – II. Allegretto scherzando – III. Tempo di menuetto – IV. Allegro vivace

Despidiendo esta otoñal primavera musical

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Jueves 22 de mayo, 19:30 horas. Auditorio de Oviedo, Sala de cámara, XII Primavera Barroca: CNDM y FMC del Ayuntamiento de Oviedo. #Palestrina.500, Vox Luminis, Lionel Meunier (bajo y dirección). Obras de Lasso y Palestrina.

La aclamada agrupación vocal Vox Luminis, bajo la dirección de Lionel Meunier, en esta gira que prosigue en Madrid y Estocolmo, llegaba para clausurar el ciclo Primavera Barroca de Oviedo (en colaboración con el CNDM «Circuitos OVIEDO») en el marco del ciclo #Palestrina.500, que sigue celebrando el quinto centenario del nacimiento del gran compositor italiano Giovanni Pierluigi da Palestrina, uno de los máximos exponentes del repertorio polifónico del Renacimiento.

En este concierto se abordaron las lamentaciones Hieremiae prophetae lamentations de Orlando di Lasso y la famosa Missa Papae Marcelli de Palestrina, probablemente su obra más conocida y una de las grandes obras polifónicas de todos los tiempos.

Dejo a continuación parte de las notas de Luis Gago, citando a Orlando de Lassus y el paralelismo con Palestrina:

«(…) cuando ocupó el puesto de maestro di cappella de la basílica de San Giovanni in Laterano en 1555, su antecesor había sido un jovencísimo Orlando de Lassus, que decidió dejar Roma para cuidar de sus padres enfermos (…)

Al duque de Baviera le interesaba tanto la música litúrgica que mantuvo durante casi un año (…) una correspondencia sobre su fisonomía con tres cardenales residentes en Roma, Otto Truchsess von Waldburg, Carlo Borromeo y el citado Vitellozzo Vitelli, que le enviaron a Múnich dos misas de Palestrina, la Missa Papae Marcelli y la Missa Benedicta es. Curiosamente, Lassus pondría música a los textos de las Lamentaciones de Jeremías (tres para cada uno de los días que integran el Triduum Sacrum, interpretadas en el servicio de maitines) hacia el final de su vida, en 1585, el mismo año de las compuestas por Tomás Luis de Victoria y tres años antes que las de Palestrina. Y el destino quiso que el alemán y el italiano murieran ambos en el mismo año, 1594. Esta música de un extraño fervor expresivo, concentrada, intensa y dolorida, refleja el talento superlativo de un compositor que Felipe Pedrell, en un texto que escribió sobre Palestrina en abril de 1908, situó junto con Victoria como «los rivales más significados entre sus contemporáneos».

Por lo tanto el programa de Vox Luminis unía a estos dos grandes polifonistas, comenzando con las Lamentaciones de Lasso y terminando con la más famosa de las misas de Palestrina, aún celebrando el quinto centenario de su nacimiento y compartiendo ambos, por esas curiosas coincidencias, año de fallecimiento.

Con catorce voces (detalladas en el excelente programa de mano y sobre estas líneas), la agrupación fundada por Meunier demostró «a capella» el dominio de ambas obras, con afinación impecable aunque personalmente faltó más uniformidad de color en el cantus, pues las dos mujeres junto al contratenor poseían un timbre que sobresalía por momentos del resto del coro, más compacto en el resto de cuerdas, así como un «tactus» marcado por el francés (también cantando de bassus) no siempre al servicio del latín con dicción italiana junto a un juego de matices que tuvo igualmente «desajustes» porque la emisión se hacía más abierta en los forti mientras en los piani se mantuvo la homogeneidad polifónica y el empaste, con una cuerda de graves siempre sustento y cimiento ideal sobre el que construir esos templos góticos de Lasso y Palestrina, incluso cambiando las posiciones para uno y otro dada la combinación de las obras (a cinco voces en las Lamentaciones y a seis en la Misa), además de una colocación circular para aprovechar la acústica ideal de la sala de cámara del auditorio capitalino.

De Lasso las Hieremiae Prophetae Lamentations tomaron las del viernes (Secundi Diei) y sábado santo (Tertii Diei) con una pausa entre ambas de un largo silencio monacal, dramático tras las últimas palabras: Jerusalem, Jerusalem / Convertere ad Dominum Deum tuum (regresa a Dios, tu Señor), los finales homofónicos labiales bien marcados creando ese ambiente de reflexión tras casi una hora donde disfrutar del gótico vocal que es esta polifonía renacentista antes de «compartirla» con la Missa Papae Marcelli  que ocuparía la segunda parte.

Luis Gago titula sus notas al programa «La misa de un papa dedicada a un rey» de donde paso a destacar y resumir los distintos párrafos con referencias al último cónclave papal analizando las obras de Palestrina y sus dedicatorias a los papas Julio III, Paulo III que le nombraría director de la Cappella Giulia y al poco de la publicar las misas lo admitiría en su capilla. Episodios dignos de novela puesto que dos meses más tarde fallecería el pontífice que tras otro cónclave eligió sucesor: el cardenal Marcello Corvini, Marcelo II destinatario de esta misa para otro breve papado, ya que moriría a los veintitrés días de ascender al cielo la esperada fumata bianca. Evidentemente hubo otro cónclave (casi tan breve como el reciente para la elección de León XIV) que duró nueve días, siendo elegido Gian Pietro Carafa, decano del colegio cardenalicio, tomando el nombre de Paulo IV, otro papado que ¿sorprendentemente? sería muy breve (poco más de cuatro años), aunque nada propicio a los intereses de Palestrina, pues sería expulsado de la capilla papal en septiembre de 1555 junto con otros dos cantores (por estar casado y tener dos hijos, algo que contravenía las nuevas normas de celibato). La historia aparentemente novelesca parece plenamente actual por lo bien narrada a cargo del profesor Gago, quien prosigue comentando cómo Palestrina se iría de maestro de capilla primero a la basílica de San Juan de Letrán y después, en 1561, a Santa Maria Maggiore (donde reposan ahora los restos del papa Francisco). Y es que Palestrina todavía seguiría en activo en el Collegio Romano y, para cerrar el círculo, en 1571 recuperó su antiguo puesto en la Cappella Giulia aunque seguiría componiendo no solo misas sino motetes y madrigales.

En 1570 se publicaría el Missarum liber secundus, colección de siete misas que se cerraba con esta del Papa Marcelo pero dedicada a Felipe II (ya sabemos lo de «más papista que el Papa») y de aquí el título de las notas de Gago. La Missa Papae Marcelli sigue siendo desde entonces el modelo a seguir para esta forma religiosa impulsada tras el Concilio de Trento, conocida como Contrarreforma para intentar frenar el ascenso de la Reforma luterana con la posterior gran escisión, también musical, que tantas consecuencias tendría para el devenir entre católicos y protestantes.

Pero mientras Lutero se apoyaría en los sencillos corales (de melodías fáciles y textos en la lengua vernácula), Palestrina rompería esa línea partiendo de una polifonía católica y en latín, llena de complicados elementos contrapuntísticos donde las superposiciones textuales hacían difícil la inteligibilidad, además de impedir la participación del pueblo, por lo que pasaría a componer una polifonía más «transparente» y de textos más comprensibles, un empeño alentado por el Papa Marcelo II. Desde entonces, la Missa Papae Marcelli (escrita dos años antes de su publicación) conlleva esa leyenda de «nueva polifonía católica» buscando el equilibrio entre homofonía y polifonía, lo que el padre Samuel Rubio llamaría «la polifonía clásica».

Más equilibrado sonó Palestrina que Lasso, no ya por la citada claridad textual sino también por la colocación de las voces, un «tactus» más variado y con la acústica pétrea de los antiguos depósitos de agua ovetenses, sin la reverberación catedralicia y un empaste distinto al de otras formaciones, básicamente inglesas pero también asturianas, igualmente válido. El público guardó un respeto aún mayor que si de la liturgia se tratase, y Vox Luminis resultaron «luminosos» especialmente en el Sanctus, con el «Dios de los ejércitos» resonando con alegría antes de rogar la piedad en el Agnus Dei que nos dio la paz.

Final de esta duodécima Primavera Barroca plenamente asentada en la vida musical asturiana, con gran éxito de un público fiel a la mal llamada música antigua, cada vez más moderna, que mantiene a Oviedo como «La Viena Española» que llevo años reivindicando por su amplia oferta, aspirando a convertirse en Capital Europea de la Cultura para 2031. Ya queda poco para cerrar esta temporada y lo iré contando desde aquí.

PROGRAMA:

Orlando di LASSO (1532-1594):
De Hieremiae Prophetae Lamentations, a cinco, LV 815-823 (1585)

Viernes Santo / Secundi Diei

Lamentatio prima – Lamentatio secunda – Lamentatio tertia

Sábado Santo / Tertii Diei

Lamentatio prima – Lamentatio secunda – Lamentatio tertia

Giovanni Pierluigi da PALESTRINA (1525-1594):

Missa Papae Marcelli, a seis (1562)

Kyrie – Gloria – Credo – Sanctus – Agnus Dei

Conciertos del Auditorio

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Ciclo Conciertos del Auditorio

Sábado 24 de mayo, Auditorio Príncipe Felipe, 19:00 h.

Pablo Ferrández (violonchelo)

Oviedo Filarmonía

Yue Bao, directora

Sofía Martínez Villa, narradora.

El ciclo de Conciertos del Auditorio ofrece este sábado una oportunidad única para disfrutar de uno de los mejores chelistas del momento, Pablo Ferrández que interpretará el Concierto para violonchelo en mi menor, op. 85 de E. Elgar, con la orquesta Oviedo Filarmonía y la directora Yue Bao a la batuta.

· El concierto, organizado por la Fundación Municipal de Cultura, incluirá una sesión divulgativa a cargo de la divulgadora musical Sofía Martínez Villa, que ofrecerá un análisis de la obra Variaciones sobre un tema original para orquesta op. 36 “Enigma”, de Edward Elgar.

· Martínez Villar realizará una breve presentación al público antes de la interpretación de la obra de Edward Elgar, y durante la misma, se proyectará una guía de audición que completará la escucha de la obra sin perder el disfrute de la audición.

Programa de mano y fotos: https://acortar.link/N0mwyf

Más información: https://www.oviedo.es/ccjp

Precio localidades: 18 € y 16 €.

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