Auténtica sesión terapéutica la OSPA con Perry So que volvía al podio para un programa algo ecléctico pero profundo.
La 29 de Mozart es muy honda y exigente como todo lo de Wolfgi, sonó fresca pero faltó implicación para disfrutar más con una cuerda capaz de extremos interrogantes, y un viento a dos con trompas y oboes que son el toque diferencial para esta sinfonía recobrando la colocación vienesa que te descubre sonoridades nuevas.
Brotons puso énfasis con su Concierto de trombón felizmente interpretado por Christian Brandhofer que hizo hablar un instrumento unido a Glenn Miller desde mi infancia con propina a solo del astur «si quieres que te cortexe» que enamoró.
No hay quinta mala y la de Sibelius devolvió la OSPA que deseamos plegada al maestro So que logró dominar una sinfonía muy profunda. Desde Siana espero ampliar… pero el lunes, que el finde es largo y también lo compartiré si el tiempo no lo impide.
OSPAterapia
23/02/2013
Asturias, clásica, conciertos, música, sinfónica Auditorio de Oviedo, Brotons, Christian Brandhofer, conciertos, música, Mozart, OSPA, Perry So, Sibelius Deja un comentario
Sensaciones con la experiencia Milanov
16/02/2013
Asturias, clásica, conciertos, música, sinfónica Auditorio de Oviedo, Beethoven, conciertos, música, OSPA, Pablo Ferrández, Pau Casals, Rossen Milanov, Schumann, Wagner 2 comentarios
Viernes 15 de febrero, 20:00 horas. Auditorio de Oviedo, Concierto de abono nº 6: OSPA, Pablo Ferrández (cello), Rossen Milanov (director). Obras de Wagner, Schumann y Beethoven.
Tras la conferencia previa de Alejandro G. Villalibre (autor de las notas al programa que están enlazadas en los autores de arriba) sobre «El legado de la Pastoral de Beethoven» que ponía el punto final en Wagner, sería como si su bicentenario retornase a Milanov y la OSPA al ciclo de abono con un programa que, en palabras del propio Villalibre citando al genio de Bonn, resultaría «más expresión del sentimiento que pintura sonora» pero nada distanciado de lo romántico en ninguna de las tres obras.
La primera sensación antes de comenzar fue la disposición elegida por el maestro búlgaro totalmente vienesa: contrabajos atrás, violines enfrentados, trompetas al lado de los fagots, timbales a la derecha (la foto de Marta Barbón que abre la entrada es perfecta para verla). Búsqueda de nuevas sonoridades más que vuelta a concepciones históricas aunque las obras fuesen adecuadas para esa colocación, y es un hecho que creo marcaría todo el concierto.
Del Sifgrido wagneriano escucharíamos «Murmullos del bosque», WWV 86c del Acto II, como si la madre naturaleza fuese protagonista de una velada climatológicamente primaveral pese a los gélidos días anteriores del «febrerillo loco». La formación asturiana vuelve por sus fueros dando un paso más en la búsqueda de la excelencia, pues la calidad está más que demostrada. Texturas y dinámicas amplias donde todas las secciones brillaron escuchándose y descubriéndose en la nueva colocación. Puede que la acústica del auditorio no sea perfecta para ellos pero el maestro búlgaro consiguió en este aperitivo un Wagner más cercano desde una orquestación casi íntima por momentos pese a la plantilla utilizada, lo que corrobora el mimo con el que Milanov llevó la obra, sin descuidar nunca los planos sonoros.
El joven violonchelista Pablo Ferrández (Madrid, 1991) parecía predestinado a la música hasta en el nombre, por lo que no es de extrañar su precocidad en el instrumento. Esta semana recibía en Oviedo la noticia de un nuevo premio, recién llegado de un concierto con el pianista Luis del Valle donde también estaba Schumann. El Concierto para violonchelo en La m., Op. 129 lo debutaba con nosotros y su interpretación resultó impactante por el poso, musicalidad y sonido de su Andrea Castagneri de 1733. Impecable de técnica logró recrearse en una partitura sin desmayos siempre bien concertada por Milanov y la OSPA que fueron alternando buen gusto con el solista, respetándose desde la escucha interior y plegados a las indicaciones de la batuta. El regalo de El cant dels ocells fue más que un agradecimiento desde la profundidad musical de una página cargada de simbolismos que el madrileño ya ha interiorizado. Pablo Ferrández se suma a la lista generacional de grandes violonchelistas españoles que triunfan por todo el mundo, y en Oviedo estamos disfrutándolos a (casi) todos.
Y llegaría el Beethoven de la Sinfonía nº 6 en FA M., Op. 68 «Pastoral», la vuelta al origen del programa y el posterior legado que contaba Villalibre en la conferencia previa. La «Experiencia Milanov» comienza a palparse y sus primeras palabras ya toman forma.
La orquesta asturiana ya ha tocado muchas esta sinfonía en sus 22 años de historia, pero la versión ofrecida por Milanov en Gijón y Oviedo son de las que no dejan indiferente. La colocación ya comentada mostró esos pasajes muchas veces ocultos (tapados) de los violines segundos, y por fin conseguí escuchar la ansiada «pegada» en los contrabajos, envolviendo desde el fondo toda la obra. Incluso los timbales ayudaron a encontrar el color orquestal apropiado, no sé si para el Auditorio pero evidentemente la apuesta del maestro titular por la disposición vienesa resultó un éxito para mí. Pero sobremanera los tempi elegidos. Habrá polémica siempre positiva, opiniones encontradas sobre las indicaciones metronómicas que Beethoven utilizó para precisar la velocidad elegida, menos subjetivas que un Allegro ma non troppo, pero volviendo a su propia búsqueda de «más expresión del sentimiento que pintura sonora» la Sexta resultó pastoril en cuanto a sentimientos, remanso, deleite en cada pasaje, disfrute en cada intervención solista con una madera realmente inspirada y unos bronces empastados como nunca, alcanzando cotas de entendimiento entre ellos que solamente estos años de «matrimonio» (los mismos que yo) consiguen. La Escena junto al arroyo: andante molto mosso continuó en la línea de tranquilidad expositiva, con una cuerda redonda en cuanto a la sensación de globalidad conseguida por la colocación e interpretación de toda ella, al igual que la Animada reunión de los campesinos: Allegro con toques casi de romería primaveral asturiana, ímpetu sonoro siempre controlado. Incluso el Trueno y tempestad: Allegro nos dejó una tormenta sin excesos, más veraniega que invernal con dinámicas nunca exageradas, bucólicamente sentimental, silencios subrayando la bravura, precisión y respeto a la partitura, reminiscencias del Don Giovanni mozartiano premonitor. Y si de sensaciones hablamos, Sentimientos de benevolencia y agradecimiento hacia la Divinidad después de la Tempestad: Allegretto, colofón unificador en cuanto a la interpretación de Milanov con «nuestra» OSPA, emoción contenida para muchos, explosión de luz para la mayoría.
Mi comentario final es que se está logrando entender a Milanov, incluso comienzan a creérselo, y la transmisión emocional desde el escenario al público la notamos todos. El maestro no volverá hasta abril (y fuera de abono) pero la orquesta repite la próxima semana con Perry So… y espero contarlo desde aquí. Las sensaciones han sido positivas y mi salida del concierto pletórica en el ánimo. Oviedo y Mieres aún siguen celebrando los carnavales.
Conlon uno de los grandes
11/02/2013
Asturias, clásica, conciertos, música, sinfónica Auditorio de Oviedo, conciertos, Deutches Symphonie.Orchester Berlin, Dvorak, James Conlon, música, Shostakovich 2 comentarios
Domingo 10 de febrero, 19:00 horas. Conciertos del Auditorio, Oviedo. Deutsches Symphonie-Orchester Berlin, James Conlon (director). Obras de Dvorak y Shostakovich.
Aunque el frío resultase gélido y el programa viniese de climas casi polares en estas fechas, la orquesta berlinesa (DSO Berlin) con Conlon al frente, arrancando su «Spain Tour», hizo saltar chispas en el auditorio ovetense en el horario dominical que sigue despistando a parte del público.
La siempre agradecida Sinfonía nº 9 (5) «del Nuevo Mundo» en Mi m., Op. 95 (Dvorak) no por muy escuchada deja de sorprender y poner a prueba toda orquesta y director que la interprete, y está claro que lo escuchado en Oviedo es oro de todos los quilates posibles. Con una formación alemana de cantidad, donde «el tamaño importa» (con 8 contrabajos hagan el cálculo de la plantilla) y calidad en todas sus secciones, con solistas excepcionales, más un director que sabe delinear cada motivo, atento al color, jugando con dinámicas completas en su amplio espectro, mimando cada plano, sacando los tempi adecuados y mandando como sólo los grandes saben, la versión de Conlon fue perfecta de principio a fin. Desde el Adagio–Allegro molto se presentía emoción en cada nota, en empaste divino parte a parte bien dibujada por la batuta de Conlon; el Largo rezumó lirismo por todas partes desde el inicial y orgánico metal con redoble de timbal hasta el solo de corno inglés, con una cuerda de sustento único hasta la alegría y alborozo del final de este segundo movimiento; el Scherzo: Molto vivace una auténtica delicia sonora, captando todo si perder el detalle, conjugando unas dinámicas que posibilitaron una audición completísima, y atacando sin pausa el Allegro con fuoco, sacando chispas que decía al principio, porque si la cuerda (permutando cellos y violas) es auténtico terciopelo, las maderas un tratado de ornitología y los «bronces» todo un órgano sinfónico, añadamos la percusión en su sitio y obtendremos el fuego capaz de derretir los oídos más exigentes. Realmente nos dejó sin palabras.
Con el poderío orquestal aún más aumentado (arpas, celesta, clarinete bajo, contrafagot, maderas y metales duplicados y percusión de quitar el hipo) para Shostakovich, la Suite Orquestal de «Lady Macbeth en Mtsensk», Op. 29 en el arreglo del propio Conlon de esta llamada ópera maldita, hizo removerse al público en las butacas con auténticas hormigas en el estómago, pasando de la cumbre al abismo, contrastes abismales y montaña rusa en cada uno de los doce números de esta auténtica revisión orquestal que como dice Arturo Reverter en las notas al programa, recreación que … nos lleva a introducirnos en una obra «enigmática y paradójica, que habla en un lenguaje que, simultáneamente, revela y oscurece, conciesa y deniega, se equivoca y acierta, acusa y, finamente, olvida».
Seguramente la crítica del Pravda de «caos en vez de música» podríamos retitularla como «caos hecho música», expresionismo puro y duro, arrebatador y místico, todo con una orquesta capaz de plasmar en música todo este dramatismo casi litúrgico donde el arreglista y director ha sabido traducir al único lenguaje universal, olvidándonos del texto originario pero sin perder de vista a la Katerina Ismailova protagonista como si de un poema sinfónico volviésemos a esta shakesperiana del distrito de Mtsensk. Explosiones y emociones que volvieron a bisar en el «Gefährliche Spannung» poniendo este concierto en otro nivel de calidad difícil de superar donde el Shostakovich y sobre todo Conlon fueron los protagonistas.
Fuego que no quema
02/02/2013
Asturias, clásica, conciertos, coros, música, piano, sinfónica Auditorio de Oviedo, conciertos, Coro Universitario de Oviedo, Fauré, Gershwin, Joven Coro de la Fundación Príncipe de Asturias, Marzio Conti, música, OvFi, Pizzetti, Rudolf Buchbinder, Stravinsky 1 comentario
Viernes 1 de febrero, 20:00 horas. Auditorio de Oviedo: Jornadas de Piano «Luis G. Iberni». Rudolf Buchbinder (piano), David Menéndez (barítono), Coro Universitario de Oviedo (director: Joaquín Valdeón), Joven Coro de la Fundación Príncipe de Asturias (director: José Ángel Émbil), Oviedo Filarmonía, Marzio Conti (director). Obras de G. Fauré (1845-1924), G. Gershwin (1898-1937), Ildebrando Pizzetti (1880-1968) e I. Stravinski (1882-1971).
Programa variopinto con música más cercana a nuestro tiempo y donde el protagonismo estuvo compartido entre el magisterio pianístico y el vocal de mi tierra.
Cual pastillas para arrancar la chimenea Le Pas Espagnol de «Dolly Suite para orquesta», Op. 56 (Fauré) originalmente para piano a cuatro manos en orquestación de Henry Rabaud, breve y agradecido número con la orquesta preparándose para el más puro estilo newyorker.
El Concierto para piano y orquesta en Fa (Gershwin) aún bebe del lenguaje de su «hermana azul» aunque resulte más académico sin perder un ápice el genuino sabor americano pese a que «el Rachmaninov de Broadway» presente la estructura tripartira con pasajes pianísticos realmente hermosos. El fraseo claro y la limpieza de Buchbinder siempre atento a un Conti con quien se entendió a la perfección mantuvieron ese difícil equilibrio entre el swing y el rubato, disfrutando todos de los Allegro extremos y recreándose en el central Adagio – Andante con moto en el más caldeado ambiente con humo de los clubs de jazz. Agradecer esta obra poco programada aunque del amplio repertorio que domina ésta de Don Jorge sea casi una bandeja de carbayones de Camilo de Blas.
Y evidentemente un concierto enmarcado en El Piano, el intérprete austríaco no podía marcharse sin más a pesar del excelente «concierto americano», por lo que nos regaló una auténtica perla de virtuosismo, limpieza, ritmo vienés y música de piano en estado puro con la paráfrasis sobre «El murciélago» de J. Strauss titulada Soirée de Vienne, Op. 56 (A. Grünfeld) que rubricaba el título de las Jornadas y nos dejaba con ganas de más.
La segunda parte vendría con más fuego que (me) da juego a la colaboración de dos coros jóvenes y con talento como los dirigidos por Valdeón y Émbil, hoy dos coralistas más, capaces de sonar empastados como si llevasen juntos años y logrado olvidar la descompensación entre voces graves y blancas en una obra breve de apenas 12 minutos pero muy exigente para todo el elenco de casa, incluyendo al barítono David Menéndez que sigue mostrando poderío y gusto en cualquier repertorio que le echen. La Sinfonía del fuego (Pizzetti) para barítono, coro y orquesta que Luis Suñén describe a la perfección en las notas al programa, es la invocación a Moloch de la banda sonora en vivo para la película muda Cabiria (1914) dirigida por Giovanni Pastrone y efectos especiales del español Segundo de Chomón, «género filmográfico» que Conti domina y se encarga de traernos con su orquesta, alcanzando niveles de madurez y complicidad con su titular, esta vez con el coprotagonismo vocal de solista y coros, todos en su sitio, vibrando y avivando un fuego que no les quemó. Ojalá los organizadores continúen apostando por formaciones y solistas de la tierra, cuyo nivel no tiene nada que envidiar a muchos de fuera con renombre.
Para acabar esta especie de danza prima invernal y cinematográfica alrededor de las llamas musicales, El pájaro de fuego (versión 1919) de Stravinski para corroborar el excelente momento de la Oviedo Filarmonía en todas sus secciones y solistas en esta música de ballet que Conti llevó de memoria, conocedor de partitura y músicos para transmitir en los cuatro números la calidad de esta formación. Interpretación brillante, solos emocionantes de Miljin, Cadenas, Giménez, Bronte y demás, cuerda que va puliendo una sonoridad propia muy firme y delicada, sin olvidarme de la percusión, consiguiendo sacar adelante un programa peligrosamente inflamable controlando chispas y llamaradas con el «Jefe de Bomberos» Don Marzio responsable de un cálido concierto en una tarde noche fría y lluviosa que siempre es de agradecer.
Wagner se sumó al poderío ruso
18/01/2013
Asturias, clásica, conciertos, música, sinfónica Auditorio de Oviedo, conciertos, música, Mozart, Orquesta del Teatro Mariinsky, Shostakovich, Valery Gergiev, Wagner 1 comentario
Jueves 17 de enero, 20:00 horas. Conciertos del Auditorio, Oviedo. Orquesta Sinfónica del Teatro Mariinsky de San Petersburgo, Valery Gergiev (director). Obras de Mozart, Wagner y Shostakóvich.
Una hora antes del concierto la violonchelista Marie-Elisabeth Hecker tendría un desmayo con posterior envío al hospital y nos privaría de escucharla en las Variaciones sobre un tema rococó, Op. 33 de Tchaikovsky que figuraban en el programa. Claro que una orquesta y director como los de esta velada son capaces de remontar y regalarnos el primer Wagner del año con los preludios de los actos I y III de Lohengrin.
Mozart y su Sinfonía nº 40 en Sol m., K. 550 abrían boca y oídos para un auditorio lleno hasta la bandera ante el primer acontecimiento musical de primera en este otro año de crisis e impidiendo asistir a la presentación de «La misa de gaita. Hibridaciones sacroasturianas» de Ángel Medina una hora antes en el Paraninfo de la Universidad de Oviedo con presencia de muchos amigos y conocidos y recordando a mi querido Lolo «el de Cornellana», pero Gergiev mandaba y sobre todo por la esperada segunda parte.
Mozart me resultó algo exagerado en plantilla aunque sean capaces de sonar cual orquesta clásica. Versión de disco pero que no me emocionó aunque reconozca detalles del maestro ruso. Molto allegro no tal cual sino «menos», sin excesos, un Andante equilibrado, reposado, juego bien llevado, Menuetto: Allegretto-Trio donde la colocación vienesa se agradece para paladear un movimiento con enjundia, y el Finale. Allegro assai tan aseado y bien ejecutado escuchando todas y cada una de las notas, diría que aséptico e impecable pero sin engancharme.
«No hay mal que por bien no venga» y escuchar los dos preludios wagnerianos resultó una bocanada de tensión y energía, brillo y sabiduría desde el pianissimo inicial de unos violines perfectos en el primero hasta el poderío de metales redondos y humanos del tercer acto, siempre conducidos con el estilo tan personal pero eficaz de Gergiev con su orquesta, pues así la debemos considerar. Cambiar el programa una hora antes y hacerlo con la calidad y consistencia demostradas no está al alcance de cualquiera. Ya quisiera haber sonado así en el Concierto de Año Nuevo de este año con el soso Welser-Möst.
La Sinfonía nº 10 en Mi m., Op. 93 de Shostakóvich sería la protagonista del esperado concierto, una hora que pasó volando y donde cada nota parece correr por las venas de esta formación. Aurelio M. Seco en las notas al programa explica perfectamente esta sinfonía que refleja en palabras de Viora «la horrible crueldad del asesino de masas» y le sumaría el carácter obsesivo que subyace en toda ella junto con los toques marciales, sin olvidar las palabras del propio compositor de introducir «mas tempi lentos y episodios líricos que pasajes heróico-dramáticos y trágicos». La orquesta es un bloque perfecto en todas sus secciones y solistas, logrando unas texturas perfectas para «la décima» y un impulso vital que convierte esta obra de 1953 en una de las grandes del pasado siglo y protagonista asidua desde hace unos años para toda formación y director que se precie. Claro que el binomio Mariinsky-Gergiev la sitúa como cimera e inigualable, molestándole las pausas entre movimientos porque entiende las obras en su globalidad, y este Shostakóvich fue como beber directamente de la fuente, el auténtico poderío ruso donde Mozart hizo de telonero y Wagner se sumó a la fiesta.
Camilos carbayones
13/01/2013
Asturias, órgano, clásica, conciertos, música, sinfónica Alexandre Da Costa, Auditorio de Oviedo, órgano, conciertos, Guillermo Martínez, Marzio Conti, música, OvFi, Saint-Saëns 1 comentario
Sábado 12 de enero, 20:00 horas. Conciertos del Auditorio, Oviedo: Alexandre Da Costa (violín), Oviedo Filarmonía, Marzio Conti (director). Obras de C. Saint-Saëns.
Arrancaba mi 2013 del Auditorio ovetense con el regreso del violinista Alexandre Da Costa, esta vez con la OvFi dirigida por su titular y en un monográfico Saint-Saëns que se grabará para el Sello Warner en estos días. Reconozco que el compositor francés no está entre mis elegidos, sin entrar en la «corriente de opinión que desvalorizaba a este compositor acusándolo entre otras cosas de frío academicismo…» que comenta en las notas del programa la profesora Miriam Perandones, pero resultó un placer seguir comprobando el crecimiento artístico de la orquesta carbayona y el buen entendimiento con el maestro italiano que está dándole a la formación nuevos colores y el espíritu mediterráneo del que Haider carece pero que nos hace más cercana en los repertorios y sus interpretaciones.
Además del protagonismo del virtuoso violinista canadiense y su Stradivarius «Di Barbaro» (1727) con un arco Sartory, cortesía de la Fundación Canimex, una delicia completa, la orquesta con Monti estuvo a su altura, todo un logro haciendo que Oviedo tenga ahora dos Camilos: Camilo de Blas y Camilo Saint-Saëns, destronando a Wolf-Ferrari del repertorio discográfico emprendido con el maestro austriaco.
La Introducción y rondó caprichoso en La m., Op. 28 abría el concierto, obra que tiene mucho de nuestro virtuoso español Sarasate no ya por haberla estrenado y dedicatario de la misma sino por la cantidad de temas hispanos, con una orquestación muy académica pero también exigente desde ese inicio en pianísimo hasta todo el desarrollo cual catálogo de exhibición violinística. El canadiense sacó de la joya una amplísima gama de sonidos siempre presentes en primer plano, con una técnica impactante perfectamente concertada por Conti que llevó a la orquesta a ser perfecta acompañante. El disco dejará constancia de ello.
Más complejo, igualmente estrenado y dedicado a mi tocayo navarro, el Concierto para violín y orquesta nº 3 en Si m., Op. 61 está entre los habituales del repertorio. Sus tres movimientos resultaron bien contrastados y ejecutados, poderío en el Allegro non troppo, lirismo en el Andantino quasi allegretto y fortaleza en el Molto moderato e maestoso, majestuoso encuentro solista y orquesta que la obra, con sus altibajos emocionales, resultó más que aseada, equilibrada y por momentos plena de emotividad. Destacar nuevamente el entendimiento entre solista y orquesta que brillaron con luz propia.
Una versión a solo de la Asturiana de Falla fue un regalo con guiño local desde la universalidad de la música, donde no lloró el pino sino el violín de Alexandre, expléndido nuevamente.
La segunda parte nos trajo la nada habitual Sinfonía nº 3 en Do m., Op. 78 con el compositor Guillermo Martínez al órgano (bien amplificado incluso con un subwoofer) y el piano a cuatro manos de Olga Semouchina y la mierense Silvia Carrera, protagonistas dentro del conjunto orquestal que así concibió Saint-Saëns y volviendo a preguntarme por qué no hay órganos de tubos en todos los auditorios, enriqueciendo una tímbrica que la orquesta ovetense comienza a tener como signo de identidad en todas sus secciones, no ya la cuerda que ha alcanzado su madurez a pesar de la plantilla siempre corta, sino en una madera bien ensamblada, unos metales seguros y nada estridentes, más la percusión siempre con un toque de calidad que envidio para otras formaciones queridas.
Los dos bloques de la sinfonía estuvieron bien delineados por el maestro italiano el Adagio-Allegro moderato – Poco adagio claro de diseño, sacando a flote los recovecos melódicos que esconde y jugando con las dinámicas y cambios de tempo, más la irrupción orgánica y pianística del Allegro moderato – Presto – Maestoso – Allegro perfectamente encajados cual bloque cálido jugando con los protagonismos de todas las familias instrumentales. Versión brillante de esta sinfonía «orgánica» casi pariente lejana aunque con menos recursos que el posterior Preludio Festivo Op. 61 de R. Strauss.
La Jota Aragonesa para orquesta en LA M., Op. 64 fue la propina a plantilla completa para cerrar este monográfico, aunque vuelve mi opinión de la falta de «pegada» en esta partitura del compositor francés dedicada a Paquita Sarasate y deudora de la de Pablo o Tárrega, frente a orquestaciones mucho más brillantes para obras de un folklore como el español que tanto ha inspirado (y lo que queda aún) a músicos de muchas y distintas generaciones, aunque dentro de la grabación ayude a completar la duración y visión española de Monti y la Oviedo Filarmonía. Esperaremos a disfrutarla también en CD.
Nina Stemme ¡placeres suecos!
16/12/2012
Asturias, clásica, conciertos, música, recital, sinfónica Auditorio de Oviedo, Beethoven, Berlioz, Brahms, conciertos, Elgar, Grieg, Kurt Weill, música, Nina Stemme, Orquesta de Cámara de Suecia, R. Strauss, Ravel, Schubert, Sibelius, Thomas Dausgaard, Wagner 2 comentarios
Sábado 15 de diciembre, 20:00 horas. Conciertos del Auditorio, Oviedo, «El Amor, la Esperanza y el Destino»: Nina Stemme (soprano), Orquesta de Cámara de Suecia, Thomas Dausgaard (director). Obras de Beethoven, Grieg, Sibelius, Wagner, Ravel, Weill, Brahms, Berlioz, Schubert, Elgar y R. Strauss.
Podría haber titulado «Nina Stemme sin más» como la primera impresión tras escuchar a la cantante sueca, pero evidentemente hubo mucho más, una orquesta de su país que se llama «de cámara» aunque ya quisiéramos aquí formaciones con estos efectivos, más un director danés con el podemos estar en deacuerdo con alguna interpretación, versión o incluso estilo directorial, pero que no hay dudas sobre su magisterio y comunicación entre todas las partes implicadas en esta gira ya escuchada en Bilbao y el Kursaal donostiarra el día anterior.
Llamar fríos a los nórdicos tiene que ir desterrándose del imaginario colectivo como otras tantas cosas, y tenemos muchas pruebas, musicales en nuestro caso, de la calidad unida a la calidez como con otras grandes sopranos: la ya fallecida Birgit Nilsson, la mezzo también sueca Anne Sofie von Otter o la finlandesa Karita Mattila, todavía en activo.
Nina Stemme (Estocolmo, 11 de mayo de 1963) que obtuviese en 2010 uno de los Premios Líricos Teatro Campoamor, es un ejemplo vivo de cómo hay que cantar, una diva más diosa terrenal con un programa de una hora sin interrupciones, intermedios musicales donde no abandona el escenario sino que se adereza sobre él con un toque floral trasero o un «guardapolvo» negro para ir recreando cada poema musicado (de agradecer que figurasen los textos en el programa aunque faltase luz para leerlos) y colocarse para cantar delante o detrás de la orquesta sin perder nunca una línea melódica magistral, técnica al servicio de temas tan diferentes sin ninguna estridencia y deleitándonos con cada sílaba emitida, pero sobre todo un color de voz que rompe la clasificación habitual de las voces porque cuando se canta como la sueca, sobran etiquetas, casi diría que hasta estos comentarios míos.
Y la orquesta consiguió contrastes y dinámicas sobrecogedoras, especialmente en los pianissimi, ya desde el primer acorde de la Obertura Coriolano, Op. 62 (Beethoven) con la soprano en escena para indicarnos la visión global que el título del programa tenía. Podremos buscar un hilo conductor, un argumentario a las obras y autores elegidos o simplemente disfrutarlas «de un tirón» que fue lo que hicimos (se escaparon algunos aplausos, lógicos por la emoción contenida). La versión «dausgaardiana» me resultó demasiado lineal, ceñida sin más a la partitura, olvidando todo lo que esconde detrás el genio de Bonn…
De lo que antes llamé «intermedios musicales» o mejor «puentes instrumentales», tal vez académicos y sin grandes aportaciones por parte de Dausgaard pero con una orquesta tan buena y trabajada que es capaz de seguirle siempre, me quedo con la Pavana para una infanta difunta (Ravel) y el «Nimrod» nº 9 de las Variaciones Enigma, Op. 36 (Elgar) por el conjunto logrado, bien ubicadas en el discurrir del programa y auténticos puentes dramáticos en el devenir de las canciones.
De «la Stemme» cada tema un placer, amor, esperanza y destino nunca mejor hilados. Además de los textos traducidos, siempre es un placer leer notas al programa como las de Mª Encina Cortizo para «una selección de las mejores obras vocales y sinfónicas del repertorio romántico». Si el arreglo del director danés, como los textos de Hans Christian Andersen para la obra noruega Jeg elsker dig, nº 3 Op. 5 (Grieg) de las llamadas «Melodías del corazón», un Te amo cantado por la sueca reúne mis amados países nórdicos hechos Arte Musical, lo mismo puedo aplicar a Sibelius y Flickan kom ifrån sin älsklings möte (La chica volvió del encuentro con su amante), nº 5 Op. 37. «De la serenidad a la pasión erótica» destilada en los Wesendonck Lieder de Wagner y el nº 2 Stehe still! (Detente!) en orquestación de Felix Mottl con una orquesta delicada y sensual más «La Voz» embriagadora de Nina, que pasado el «puente raveliano» se cubrió de negro sobre rojo pasión de su intervención para «La saga de Jenny» de Lady in the Dark (K. Weill), mujer nada sombría diametralmente distinta a la reciente de Ute Lemper, aquí nos devolvía «una mujer moderna, escéptica y pragmática, alejada de las angustiadas féminas románticas», colores vocales perfectamente arropados por una cuerda de lencería que hace recordar el piano original antes de «El espectro de la rosa» nº 2 de Les Nuits d’eté (Berlioz), otra lección vocal para una melodía preciosa y dominando los idiomas desde la música. Tras la vuelta al sosiego de Elgar la concertino Katarina Andreasson y el arpa Patrizia Carciani serían compañeras de camino para Morgen, Op. 4 (R. Strauss), «una de las obras más hermosas de toda la historia de la música» que comparto con la doctora Cortizo, y que en la voz de Nina Stemme fueron capaces de emocionarme hasta lo profundo. Imposible describir el delirio final y la propina de un lied de Brahms para ir preparándonos la segunda parte. Recordaremos a la soprano sueca muchos años.
La Sinfonía nº 1 en Do m., Op. 68 (Brahms) volvió a corroborar la calidad de una joven orquesta sueca plegada a su director en cada gesto. La sonoridad y empaque son asombrosos, seguramente en poco tiempo estará a la par de su compatriota dirigida por Dudamel, y se nota el trabajo previo porque la versión que Dausgaard brindó de «la primera» no es fácil de seguir, sobre todo en los movimientos extremos donde el danés creo que abusó del rubato conocedor de la flexibilidad de esta formación y la técnica en cada sección, especialmente la cuerda y la madera. Tengo muchas primeras en vivo realmente mejores que esta sueco-danesa. Sin entrar a comentar la disposición que descubre sonoridades nuevas (trompas a la derecha y en «su lugar» trompetas y trombones), mejor los movimientos centrales sin que me convenciese su forma de dirigir ni la visión algo distorsionada del sinfonismo brahmsiano. Lo mismo podría añadir de las dos propinas, la lenta y ese Allegro Molto de la Danza Húngara nº 1 (con un trombonista al triángulo) impecable que puso el remate a dos horas de buena música, incidiendo en mi opinión, aunque Nina Stemme fuese quien nos dejó LO MEJOR.
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Lágrimas doradas
15/12/2012
Asturias, clásica, conciertos, coros, música, sinfónica Auditorio de Oviedo, Beatriz Díaz, conciertos, coros, Debussy, El León de Oro, Fauré, Marco A. García de Paz, Marzio Conti, música, Oviedo Filarmonía, Rendine 2 comentarios
Viernes 14 de diciembre, 20:00 horas. Conciertos del Auditorio, Oviedo: Coro El León de Oro (LDO), Beatriz Díaz (soprano), Borja Quiza (barítono), Oviedo Filarmonía, Marzio Conti (director). Obras de Sergio Rendine (1954), Debussy y Fauré.
Como mosqueteros
04/12/2012
Asturias, clásica, conciertos, música, piano, recital Auditorio de Oviedo, Brahms, conciertos, Daniel Müller-Schott, Haydn, música, Nicholas Angelich, piano, Renaud Capuçon, Tchaikovsky 1 comentario
Lunes 3 de diciembre, 20:00 horas. Auditorio de Oviedo, Jornadas de Piano «Luis G. Iberni»: Nicholas Angelich (piano), Renaud Capuçon (violín), Daniel Müller-Schott (cello). Obras de Haydn, Brahms y Tchaikovsky.
En las jornadas de piano no podía faltar otro de los intérpretes grandes como el estadounidense Angelich que nos trajo a trío un lujo de concierto, demostrando cómo las figuras individuales cuando se unen para la esencia musical que es el género camerístico, pueden alcanzar cimas de excelencia, y este trío de mosqueteros al uso dejaron tres joyas muy dispares para esta formación.
Papá Haydn y su poco habitual Trío para piano, violín y violonchelo nº 39 «Zíngaro» en SOL M, Hob. XV/25 tiene tres movimientos bien perfilados sin seguir la «receta sonata» con más peso de la cuerda frotada pero perfectamente desarrollados en los protagonismos. La calidez de los tres intérpretes, en especial el cello de Müller-Schott que sigue impactándome por la sonoridad de su instrumento, nos dejaron un cuarto de hora de pura música de cámara bien entendida por el trío, con un Finale: Rondo al estilo zíngaro más escocés que gitano, recordándome la música folk británica que seguramente escuchó el compositor durante su estancia londinense, y probablemente donde compuso este trío como bien explica en las notas al programa la cellista y musicóloga santanderina Andrea Cabello Soldevilla.
Las notas de Brahms volvían a la sala como si hubiesen quedado flotando desde el sábado, y nada menos que con el Trío nº 1 en SIM, Op. 8, obra de juventud revisada casi cuarenta años después con toda la maestría del genio hamburgués, protagonismo compartido por unos músicos excelentes que fueron desgranando las bellas melodías del Allegro con brio. Tampoco tuvieron problema en afrontar el conocido y difícil Scherzo (Allegro molto) «meno molto» de lo esperado pero igual de exigente técnicamente (puede que la señorita que pasaba las hojas a Mr. Angelich no ayudase a una mayor concentración). Movimiento fresco llevado con ligereza y calidez en Capuçon, bien «contrapesado» por sus dos compañeros, desde el arranque solístico de Daniel y el poso de Nicholas. La emoción llegaba, como siempre en Brahms, con el Adagio resultando y resaltando hondura en los tres intérpretes, los arcos sonando como uno solo y el piano subyugante, para rematar «la faena» con el Allegro final, nueva muestra de entendimiento en la esencia camerística que tanto nos gusta a los que mamamos estas músicas en las sociedades filarmónicas.
Y la segunda parte el Trío para piano, violín y violonchelo ‘A la memoria de un gran artista’ en La m., Op. 50 (Tchaikovsky), también titulado «Patético» y dedicado al mentor y amigo pianista Nikolai Rubinstein muerto en 1881, dos amplios movimientos donde el piano lleva todo el peso de la obra, algo que Angelich asumió con alguna que otra dificultad, nuevamente poco ayudado al pasar hoja, algo excesivo en el uso del pedal, pero sin perder de vista el homenaje del trío a un pianista. Pezzo elegiaco: Moderato assai – Allegro giusto, la tragedia que acompaña al ruso hecha música para una formación nueva para él pero que consigue empastes casi sinfónicos desde el protagonismo del teclado y los arcos como toda la cuerda en sólo dos instrumentos. Y luego las Variaciones, piezas individualizadas agrupadas en dos bloques A) Tema con variazione: Andante con moto, todas de enorme virtuosismo para cada uno de los integrantes del trío, y B) Variazione finale e coda: Allegro risoluto e con fuoco – Andante con moto de comienzo pletórico, apasionado, romántico en estado puro o como escribe la cántabra «un juego de luces y sombras basado en la metamorfosis de un tema», luces del frío ruso y sombras de la marcha fúnebre final. Sombras y luces en estos tres mosqueteros que tocaron como el lema «Uno para todos y todos para uno», delicia camerística en un diciembre que acaba de comenzar.
Bonitatibus y pecados de Rossini
03/12/2012
Asturias, conciertos, lírica, música, recital Anna Bonitatibus, Auditorio de Oviedo, conciertos, Marco Marzocchi, música, Rossini 5 comentarios
Domingo 2 de diciembre, 19:00 horas. Auditorio de Oviedo, Sala de Cámara «Luis G. Iberni»: «Oviedo Barroco». Anna Bonitatibus (mezzo), Marco Marzocchi (piano), Un petit rendez-vous (Un breve encuentro), música de Gioacchino Rossini. Concierto patrocinado por el Ayuntamiento y la Ópera de Oviedo.
La próxima “Agrippina” del Campoamor abrió boca con un excelente monográfico de «El cisne de Pésaro» compartido con un pianista perfecto para la ocasión, conocedor del repertorio y colaborador de su compatriota con quien ha grabado parte del programa de una velada donde los “pecados de vieyera” resultaron la merienda perfecta para el primer domingo de diciembre, con aforo casi completo y «horario canario». Del título de este ciclo ya lo comenté en el anterior concierto y supongo que barroco es el repertorio habitual de la italiana aunque esta vez el protagonista fuese Xuacu Rossini (29 de febrero de 1792 – 13 de noviembre de 1868), otro autor que domina sin olvidarnos de Mozart.
Tras unas palabras iniciales (desconozco al presentador, pidiendo disculpas de antemano) recordando a Rossini, el programa estaba estructurado en cuatro bloques con inicio de piano solo y dos canciones. Así el pianista romano comenzaba con Pequeño Capricho – Introducción” (al estilo de Offenbach) en DOM, Allegretto grotesco de la «Miscelánea de obras para pianoforte» y con el típico humor rossiniano desde la propia digitación indicada en la partitura que obliga al pianista a utilizar los dedos 2 y 5 de ambas manos (hoy sería de lo más heavy) puntualmente. Interesante repescar el repertorio pianístico del italiano, capaz de meter una orquesta en 88 teclas y no perder nunca el humor. Obra dura para calentar dedos, los diez, antes de las canciones a pares donde todo iría más rodado. La mezzo nacida en Basilicata (antes Lucania) fue recibida con aplausos por una clá que animó esta velada dominical, italiana del sur y con ese gracejo que me recuerda mucho a nuestros andaluces.
Siempre comento que el registro de mezzosoprano es el natural femenino como masculino el de barítono, y «la Bonitatibus» representa a la perfección la naturalidad vocal, «mezzo coloratura» como las figuras de su tesitura, capaz de afrontar repertorios barrocos o este Rossini que domina como nadie, siendo igualmente una actriz consumada que desgrana microrrelatos en cada página, auténtica lección de canto pasando por todos los caracteres humanos, dotada de una técnica prodigiosa ideal para el recital de cámara por el clima que transmite, esperando verla y escucharla con orquesta en el foso.
Or che di fiori adorno (La passeggiata), Anacreóntica para voz y piano en SOL M, Allegro fue la carta de presentación de su estilo genuino y portentoso con buen gusto y musicalidad, seguido de Mi lagnerò tacendo para voz y piano en MIM, Andantino del álbum «Musique Anodine», texto de Metastasio que Rossini colocó en colección, sarcasmo hasta el final porque piano y voz rezuman buen gusto, entendimiento y complicidad.
Intermedio pianístico que de «nadería» sólo tiene el título, Un rien, número 8 para piano en SOLM, Allegretto sostenuto, de «Quelques rien pour album», volumen XII de «Péchés de viellesse«, los ya comentados «pecados de vejez», antes del Ave María sobre dos notas para voz y piano en MIbM, Andantino, texto de Giuseppe Torre, auténtica joya lírica de engañosa facilidad más allá de esas dos notas SOL-LAb porque hay que interpretarlas como lo hizo Bonitatibus: con todos los colores posibles, énfasis y plegaria, dulzura y pasión, con el piano (re)vistiendo cada fraseo, otro bendito pecado de Don Joaquín riéndose de sí mismo y de todos, perfección en la ejecución de ambos artistas, pianista rebosante de música por todas partes y mezzo regocijándose y recreándose dramáticamente en las dos notas, siempre iguales pero siempre distintas ¡grande Rossini!. La Partenza para voz y piano, Andantino sirvió para una breve partida a mitad del recorrido, apenas para un trago de agua antes de volver a la sala.
Preludio ‘soi-disant dramatique para piano, del «Álbum de Châteu» (Vol. VIII de ”los pecados») precediendo a “Francesca da Rimini”: Farò com colui che piange e dice, recitativo para voz y piano en SIbM Andantino mosso con texto de Dante (Divina Commedia, Infierno, canto V, 127-138), que Bonitatibus recreó gestual y vocalmente en perfectra sintonía con Marzocchi, y À ma Belle mère, «Requiem eternam» para contralto y piano, Andante de «Miscelánea de música vocal» (pecados Vol. XI) donde la tesitura más grave no fue impedimento para volver al recogimiento místico hecho palabra y música, recreándose en unos pianissimi suficientes para la acústica de la sala.
La recta final con Une caresse à ma femme para piano en SOLM, Andantino del «Álbum pour les enfants dégourdis» (Vol. XI de la vieyera) caricia delicada en las manos de Marzocchi y el humor que no faltó nunca en el siguiente «pecado»: La leyenda de Marguerite para voz y piano en Mim, Andantino, paráfrasis francesa del aria de Angelina «Una volta c’era un Re» de La Cenerentola, recreación autohumorística hasta en el piano quasi orquesta del autor residiendo sus últimos años en un París que tan bien le dio de comer, hoy escenificada por ambos intérpretes haciendo de la sala de cámara un salón familiar sin mesas, café o pastas, sacando una rosa roja del piano entregada al romano, y el último Mi lagneró tacendo (1852) para voz y piano, en LAbM, Allegretto también de «Música Anodina» sólo en título y carcajadas para pianista con rosa entre los dientes cual enamorado latino y un Metastasio (el aria de Laodice de Siroe, 1726) cantado con la alegría desbordante que trajo todavía la propina cacofónica y escatológica hecha arte en francés de La Chanson du bébé, delicia canora hasta en los estornudos, guinda del pastel de esta merienda dominical que augura una Agrippina histórica en Oviedo.
Estaré el día 18 en el Teatro aunque en Mieres también la retransmiten en la Casa de la Cultura, pero donde esté el directo que se quite la televisión.















































