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Freude!, Freude!

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Domingo 30 de mayo, 19:00 horas. Conciertos del Auditorio, Oviedo: Vanessa Goikoetxea (soprano), Marta Infante (mezzosoprano), Mikeldi Atxalandabaso (tenor), David Menéndez (barítono); El León de Oro (director: Marco A. García de Paz), Oviedo Filarmonía, Lucas Macías Navarro (director). Beethoven: Sinfonía nº 9 en re menor, op. 125, «Coral». Entrada butaca: 15 €.

El ya inolvidable 2020 nos ha robado demasiadas cosas, muchas personas queridas, parte de nuestra vida, celebraciones y conciertos que nos hacen sobrevivir en tiempos difíciles, pero poco a poco vamos recuperando «el tiempo perdido» y con todo vendido en el auditorio ovetense pudimos celebrar los 250+1 años del genio de Bonn, Ludwig van Beethoven (1770-1827) con su novena sinfonía, Freude! de alegría, también Freiheit de libertad, un concierto muy esperado y aplaudido con intérpretes ya conocidos que nos dejaron sabores agridulces para un domingo primaveral.

Si hace poco escuchábamos un Requiem alemán de Brahms de ensueño, a pesar de tener la misma orquesta, director, coro y soprano, La Novena es otro mundo para todos, y pese al esfuerzo el resultado no sería el esperado por quien suscribe, aunque la grandeza sinfónica parece aplacar opiniones divergentes.

Personalmente Lucas Macías no acertó en su interpretación de esta página sinfónico coral y la orquesta titubeó más de lo esperado, con muchas entradas inseguras, desequilibrio en los balances y dudas que se transmitieron al conjunto. El LDO que dirige el recién nombrado titular del coro de RTVE, con mínimos refuerzos no tuvo el poderío vocal (solo 50 voces) necesario para esta magna obra aunque su participación siempre es segura. Las mascarillas no impidieron la afinación impecable ni los agudos siempre limpios y dulces en las voces blancas, pese a la tesitura arriesgada en todas, pero sin poder disfrutar de una vocalización en alemán, que quedó igualmente algo oscurecida. Esta vez faltó equilibrio entre las cuerdas, decantándose por unos graves más potentes y presentes de lo habitual en una lucha contra la masa sonora que siempre se impuso. Una lástima porque el esfuerzo esta vez no tuvo la recompensa merecida.

La Oviedo Filarmonía tampoco estuvo a la altura deseada tras su últimos conciertos, ni su sonido fue lo sutil que esperaríamos en esta novena. Cierto que comenzaron destemplados y fueron afianzándose, pero su titular optó por tiempos que no favorecieron la sonoridad típica de Beeethoven, incluso el tercer movimiento (en el que salieron a escena los solistas) decayó la tensión que solo se recuperó antes de la entrada del barítono ya avanzado el último movimiento, pero con dinámicas destempladas y no siempre atentas al apartado vocal, que debió de excederse en unos volúmenes de por sí ya elevados, volviendo a pedir una afinación si no «original» al menos más baja, porque las cuerdas vocales no pueden tensarse tanto en pos de un mayor brillo instrumental.

Lo mejor de la velada dominical vino del cuarteto solista con el asturiano David Menéndez pletórico, seguro, mandando en el tempo de su primera entrada, el vizcaíno Mikeldi Atxalandabaso sobrado de registro, poderosos agudos bien emitidos, el aplomo y color exquisito de la también vizcaína Vanessa Goikoetxea, más la ilerdense Marta Infante algo más oscurecida pero que completaría estos cuatro solistas bien equilibrados y empastados, donde los registros extremos mandaron sobre los medios, como en general toda esta «coral» a la que faltó una dirección más completa y mayor seguridad instrumental, con todo una aseada y siempre bienvenida «Novena«.

«Nunca rompas el silencio si no es para mejorarlo» (Beethoven).

Anodino romanticismo

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Viernes 28 de mayo, 19:00 horas. Auditorio de Oviedo,  Primavera V: OSPA, Sayaka Shoji (violín), Corinna Niemeyer (directora). Obras de Schumann y Farrenc. Entrada butaca: 15 €.

Programa romántico este quinto del abono primaveral de la OSPA con protagonismo femenino plural, violinista japonesa, directora alemana y compositora francesa (contemporánea del Schumann inicial) con obras que no son habituales en las salas de concierto y que tras su escucha creo tardarán en volver, pese a ser partituras muy bien construidas, ideales para testar cualquier orquesta y batuta, pero que sin duda carecen de esa emoción consustancial a un periodo de la historia musical que nos ha dado probablemente las mejores páginas sinfónicas.

Las notas al programa de Fátima Martín Ruiz (enlazadas arriba en los autores) desgranan las dos composiciones así como las personalidades de sus escritores, centrándonos en esos años de ebullición sinfónica aunque de distinto calado.

El Concierto para violín en re menor, WoO 23 de Robert Schumann
(1810 – 1856) mantiene claramente el melodismo del alemán, su sonoridad orquestal y la estructura clásica de tres movimientos (I. In kräftigem, nicht zu schnellem tempo – II. Langsam – III. Lebhaft, doch nicht zu schnell) pero por una vez creo entender las reticencias del propio compositor y de su destinatario en no estrenarlo. La sonoridad sinfónica buscada por Corinna Niemeyer tapó demasiadas veces el sonido delicado de Sayaka Shoji que afrontó todos los vericuetos técnicos del concierto con solvencia y musicalidad no siempre apreciables ni agradecidas. Al menos pudimos disfrutar momentos bellísimos en el movimiento central pero sobrevoló más lo orquestal (sobre todo en esa polonesa final) que lo concertante en la visión de la directora alemana.

Sí nos deleitamos con el violín aterciopelado y bien sentido de Shoji en su regalo bachiano del «Largo» de la Sonata Nº 3 en do mayor, BWV 1005, verdadera introspección de sonido refinado contrastado con el romántico inicial que no permitió un mayor lucimiento de la talentosa japonesa.

Está bien programar sinfonías románticas poco escuchadas en los auditorios, buscar obras coetáneas y apostar por una mujer como la francesa Louise Farrenc (1804 – 1875), que es de aplaudir, pero su Sinfonía nº 1 en do menor, op. 32 me pareció un ejercicio compositivo bien escrito, dando a cada sección de la orquesta sus protagonismos -que  en la OSPA están más que comprobados- aunque faltase la emoción intrínseca de un romanticismo de libro por estructura y técnica compositiva, incluso buscando el final en tutti que «levante al público», en cierto modo socorrido y siguiendo las modas del momento que también apreciamos en el primer Schumann.

Del análisis de su primera sinfonía vuelvo a recomendar las notas al programa de la musicóloga manchega, y dejando en sus cuatro movimientos los correspondientes enlaces para su escucha (I. Andante sostenuto – Allegro; II. Adagio cantabile; III. Minuetto: Moderato; IV. Finale: Allegro assai), destacando de Corinna Niemeyer su gesto preciso y claro más la lucha por ir dibujando los momentos precisos de presencias instrumentales, buscando igualmente los contrastes dinámicos para contagiar un ímpetu que personalmente esta sinfonía no tiene. Una directora joven con una obra casi de examen para todos, donde tampoco se pudo exprimir más de lo que hay. Hubo pasajes interesantes tímbricamente como en el Adagio donde se lucieron las maderas, como siempre, que no tuvieron igual expresividad en una cuerda hoy comandada por Eva Meliskova, ese aroma aún clásico del Minuetto que la OSPA transmitió con más profesión que pasión, y el final impetuoso tan previsible tanto en escritura como en ejecución.

 

 

Farándula astur

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Miércoles 26 de mayo, 19:00 horas. Sala de cámara del Auditorio de Oviedo: VIII Primavera Barroca (Circuitos CNDM). Farándula castiza, Forma Antiqva, Aarón Zapico (clave y dirección).

Llega a su fin esta primavera barroca con entradas agotadas y demostrando que la cultura es segura en tiempo difíciles para todos, donde la música nos ha mantenido vivos, y con todas las cancelaciones que ha habido,

España ha marcado diferencias. La formación que comanda el langreano Aarón Zapico no escapó a un calendario de fechas verdaderamente loco, perdiendo múltiples compromisos como el del Festival Halle en Alemania, donde iba a llevar el previsto A Pleasure Garden, pero la versatilidad de estos músicos y lo amplio de sus programas cambiaron los «perfumes» por su ya «rodada» Farándula castiza en Oviedo, con una formación camerística de cuerda y percusión afrontando sin complejos a músicos que son parte de la propia historia de «la familia Zapico», desde Santiago de Murcia a Nebra, pero también los Castel, Conforto, Corselli o la última incorporación de Baset, adelantándonos el propio Aarón Zapico que en agosto grabarán parte del archivo musical de la Catedral de Oviedo, continuando la apuesta por sacar a la luz y airear tesoros musicales que podemos y debemos presumir de ellos.

La farándula astur se organizó en tres «jornadas» con obertura y fin, además de dos propinas «marca de la casa», bien ordenadas para poder comprobar el nivel de esta formación al uso, combinaciones de todos los instrumentos de cuerda más las pinceladas de una percusión siempre discreta que lució especialmente en las castañuelas de los fandangos, como no podía ser menos.

Impecable el empaste y sonoridad de los violinistas Jorge Jiménez y Daniel Pinteño, igualmente maestros en estos repertorios, sumándose la viola de Jose Ángel Vélez y el contrabajo de Jorge Muñoz, unidos a este «Equipo Zapico» donde la canaria que llamo cuarta hermana (Ruth Verona)  sigue aportando con su chelo el plus a un continuo con los gemelos y el mayor de la estirpe de este trío langreano, perfecta fusión donde Andalucía se suma a nuestra tierra.

Si en el siglo XVIII Madrid era villa y descanso de la corte, la capital del Principado en el XXI es escaparate barroco desde donde exportar talento y mostrar un patrimonio único que Forma Antiqva lleva más de veinte años trabajándolo con valentía, profesionalidad, entusiasmo y originalidad en todas sus propuestas, desde el trío básico a grandes «ensembles». El tamaño medio fue el que trajo cerrando la primavera barroca ovetense en colaboración con el CNDM (hoy con su director Francisco Lorenzo entre nosotros, renovando el compromiso con estos Circuitos donde Oviedo sigue en la brecha), formación ideal para una selección de obras y autores que recrearon la música de la fiesta madrileña en nuestro salón de cámara carbayón.

Imposible desgranar cada etapa, cada jornada, cada partitura elegida, así que dejo arriba al inicio de la entrada el programa para hacerse una idea de las combinaciones entre iguales, tanto de los compositores que hicieron de España su patria como Forma Antiqva y todas sus variaciones desde Asturias.

Combinar una obertura operística de José de NEBRA (1702-1768) con el fandango de Bernardo ÁLVAREZ ACERO (1766-1821) es arriesgar nada más comenzar; emparejar dos sinfonías de José CASTEL (1737-1807) y Niccolò CONFORTO (1718-1793) todo un acierto (verdadera joya el andante francés de La Nitteti, 1756).

No podía faltar en esta fiesta madrileña el recuperado Vicente BASSET (1719-1764) que aparecería varias veces, pues sus sinfonías interpretadas por Forma Antiqva son otro monumento sonoro que tiene protagonismo per se.  Segunda jornada donde tampoco podía faltar el italiano más madrileño, Luigi BOCCHERINI (1743-1805) con su Trío para cuerdas en sol menor, op. 6, no 5, G 93 (1771) para deleitarnos con Jiménez, Pinteño y Verona en su Tempo di minuetto
contrastado con el Andante de Giovanni Battista MELE (ca. 1701-1752) perteneciente a su Sinfonía de Angelica e Medoro (1747), para convivir de nuevo con nuestro Fandango de Conforto y la «Apertura a más instrumentos» del citado Baset con ese presto final perfectamente ensamblado por los músicos.

Y si en Madrid convivían músicas, Forma Antiqva las revive, los hermanos Zapico con la percusión de Pere Olivé nos recordaron a Santiago de MURCIA (1673-1739) y sus Cumbees en el mismo plano de calidad que el invitado Conforto cuya Sinfonía de Siroe (1752) mantuvo «la ira» en intensidades, la elegancia francesa del Andante y el alegre final compartido con otro nombre felizmente recuperado para los programas y grabaciones barrocas: Francisco CORSELLI (1705-1778), cuya Obertura de La cautela en la amistad y robo de las sabinas (1735) confirmó la «buena Forma» y mejor hacer de unos intérpretes que dominan este repertorio, el importado y el nacional de nuevo con el gran Nebra del que su Obertura de Iphigenia en Tracia (1747) sería la penúltima grandiosa parada antes del final, junto a otra sinfonía de Castel emparejada con la de Baset, encajes de cuerda, diría que encaje de bolillos por el primor en la ejecución de estas páginas que siguen sonando actuales y jóvenes, la farándula madrileña en manos de una generación de músicos que triunfan sin complejos y trabajan duro por mantener viva esta llama barroca que en Oviedo sigue encendida. Brillante colofón en casa y con los de casa, dos bises con poesía dramatizada (Aarón rapsoda) y fandango en tutti. Gracias Forma Antiqva.

FORMA ANTIQVA:

Jorge Jiménez y Daniel Pinteño VIOLINES

José Ángel Vélez VIOLA

Ruth Verona VIOLONCHELO

Jorge Muñoz CONTRABAJO

Pablo Zapico GUITARRA BARROCA

Daniel Zapico TIORBA

Pere Olivé PERCUSIÓN

Aarón Zapico CLAVE Y DIRECCIÓN

Cruzando mares y océanos

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Viernes 21 de mayo, 19:00 horas. Auditorio de Oviedo, Primavera IV: OSPA, Noelia Fernández Rodiles (piano), Pablo Rus Broseta (director). Obras de J. Orbón y J. Sibelius. Entrada butaca: 15 €.

Si Pedro Menéndez fue “El Adelantado de la Florida” y así se conoce Avilés como La Villa del Adelantado, no cabe duda que a Julián Orbón (Avilés, 1925 – Miami, 1991), de quien hoy se cumplían 30 años de su fallecimiento, le podemos considerar el sucesor del marino, surcando mares y océanos con su música, calificado como «el músico de las dos orillas«, siendo tristemente más conocido fuera de su propia tierra aunque el Conservatorio de su villa natal, gracias a Jose Mª Martínez, lleve su nombre y donde probablemente la entonces joven estudiante Noelia escuchó su nombre por primera vez, siendo ahora en plena madurez una de sus valedoras.

Hace dos años Noelia Rodiles escribía sobre Julián Orbón en Platea Magazine como “El gran desconocido de la música española”, por lo que debemos estar eternamente agradecidos que nos trajese de vuelta la Partita nº 4: Movimiento sinfónico para piano y orquesta, todo un hallazgo que nos muestra tanto la calidad musical del compositor asturiano como el de esta pianista que junto al valenciano Pablo Rus y nuestra OSPA (nacida el mismo año de la muerte del compositor avilesino) nos interpretaron este tesoro estrenado al fin en su casa.

Del compositor y su obra escribe Jonathan Mallada las notas al programa (enlazadas al principio en los compositores), por lo que sin ninguna escucha previa me limitaré a reflejar mis primeras impresiones. Orbón surcaría el Atlántico y los mares caribeños en una singladura que le permitió no ya observar nuestro patrimonio musical con la óptica siempre necesaria de la distancia, sino enriquecerse con las músicas “de ida y vuelta” para terminar de formarse en la tierra de las oportunidades sin olvidarse nunca de un país, que no era el soñado, con a tanta historia atesorada.
Saber que elige el nombre de partita como sinónimo de las maravillosas obras de nuestro siglo de oro musical, que además fuese un estudioso del Gregoriano, que se le considerase un compositor “neo-renacentista” y que esta cuarta partita resultase su única obra sinfónica con piano a partir del O Magnum Mysterium de Victoria, creo que marca todo el trasfondo de esta partitura de 1985 revisada hasta su estreno (por el inconformismo necesario de los grandes compositores) donde encontramos toda su herencia, sus fuentes de inspiración, su oficio y también sus modelos. Además del uso modal más rico que el tonal, con una orquestación impresionante donde «los bronces» (que decía Max Valdés) juegan un papel casi organístico, y la utilización del piano casi como un instrumento más, al escucharlo muy embebido con la orquesta, y con unos pedales graves perfectamente ensamblados con la tímbrica sinfónica, Noelia Rodiles brindó igualmente pasajes cercanos al Falla más hispano, a fin de cuentas las mismas fuentes, pasando por momentos del virtuosismo pianístico americano donde Rachmaninov y Gershwin triunfaban en la gran manzana y el maestro Copland buscaba un idioma instrumental propio. Orbón y Rodiles con el mismo rumbo en esta travesía que atracaba de vuelta a su tierra tras un viaje demasiado largo para esta música de alma avilesina, bien capitaneada por Rus en este transatlántico OSPA.

Los Hermanos Orbón son recordados en su villa y qué mejor propina que la Rapsodia asturiana (1933) del patriarca Benjamín Orbón para completar la dinastía, dos mundos musicales, el universal y sinfónico del hijo y el folklore pianístico del padre elevado a la música de cámara desde la soñada Cuba con ansia de grandes salas, además por su paisana Noelia Fernández Rodiles sintiendo e interpretando los temas de «la tierrina» desde esa forma virtuosística por excelencia, las enseñanzas en casa, los genes viajeros de la rapsodia que en sus manos sonó con más fuerza que nunca, brillante, cercana y emotiva para una pianista en un momento de plenitud.

Tras el crucero atlántico y caribeño volveríamos a embarcarnos musicalmente por el Báltico de Jean Sibelius (1865-1957), rememorando mi último viaje veraniego por el golfo de Finlandia, el compositor al que la OSPA le tiene tomado el pulso hace años. Su Sinfonía nº 2 en re mayor, op. 43 de la que he perdido la cuenta de sus interpretaciones en el auditorio ovetense, sigue siendo una banda sonora en mi vida y curiosamente la iba escuchando tanto en el trayecto de Estocolmo a Helsinki como en posterior el paseo hasta el parque que lleva su nombre, donde se agolpaban los turistas que no me encontraría en la Academia.

Del Sibelius con la OSPA, a la que volvía de concertino invitado el austriaco Benjamin Ziervogel, tengo luces y sombras en las distintas interpretaciones que llevan en su treintena de años, pero está claro que «la segunda» siempre ha brillado como el mar al anochecer, con una plantilla ideal para esta sinfonía que Rus supo entender y conducir a buen puerto.

Buena velocidad de crucero para el I. Allegretto, los metales inspirados con viento de popa, cuerda a toda máquina y bien engrasada, con la brisa de la madera; un II. Andante, ma rubato que bajó los nudos para recrearse en las pequeñas islas antes de la primera escala, tal vez con un poco más de cuerda que redondease la sonoridad buscada pero bien entendido ese «rubato» bien escorado por unos violines claros como la espuma del mar, el viraje orgánico de los metales en sintonía y hasta los timbales redoblando como los motores; la siguiente escala del III. Vivacissimo nos acercaría con viento a favor al siempre luminoso Tallín aún soviético de sabor en la cuaderno de bitácora de un Pablo Rus almirante desde el puente de mando conocedor de lo traicionero del trayecto pero sabiendo alcanzar la velocidad exacta para no perder nunca el rumbo ni el equilibrio, balances instrumentales con el canto de un oboe único, plateado anochecer contestado por un chelo de amanecer estonio y sonoridades perfectas antes de desembarcar en San Petersburgo con el IV. Finale: Allegro moderato, Tchaikovsky inspirador al que Sibelius rinde culto y la OSPA tiene en su hoja de ruta.

Un crucero sinfónico con lo mejor de esta singladura musical y universal, de Avilés a Cuba y la Florida saltando hasta el Báltico, contrastes climáticos y lumínicos pero siempre con la belleza de un mar (masculino o femenino) siempre evocador cuando el barco tiene además de un capitán valenciano con mando en el puente, un buen contramaestre austríaco, mejores oficiales de máquinas internacionales, y una tripulación curtida que ha surcado casi todos los mares sinfónicos.

Subllime sonoridad sentimental

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Viernes 14 de mayo, 19:00 horas. Auditorio de Oviedo, Primavera III: OSPA, Daniel Müller-Schott (violonchelo), Dalia Stasevska (directora). Obras de Sibelius, Schumann y Stravinsky. Entrada butaca: 15€.

En tiempos de pandemia no estamos para muchas celebraciones y los 30 años de la OSPA están sonando poco a poco, sin director titular ni concertino (hoy al menos volvía como invitado Aitor Hevia) y con programas conocidos donde no faltan obras poco escuchadas, solistas de altura y unas batutas ya «fichadas» por otras orquestas aunque nos demuestran cómo funciona de bien nuestra treintañera cuando en el podio las ideas son claras y la comunicación fluye igual que la propia música.

La directora finlandesa Dalia Stasevska traía además de la inicial de su apellido, otras tres «S» para este tercero de primavera: su cercano y sentimental Sibelius, el sublime Schumann de su concierto para violonchelo con el “Ex Shapiro” de Matteo Goffriller  (Venecia, 1737) en las manos de Daniel Müller-Schott, siempre bienvenido en cada visita al auditorio, y la sonoridad de Stravinsky cuya música está tan en los genes de la OSPA como en la cercana Finlandia de Stasevska que sacó a relucir la calidad de la formación asturiana necesitada de interpretaciones tan claras, precisas y entregadas como la escuchada en el Auditorio, siempre con todas las medidas de prevención, higiene, distancia y demás «inconvenientes» que los aficionados soportamos estoicamente para seguir demostrando que «La Cultura es Segura» y la terapia musical lo mejor que podemos aplicarnos.

Del Báltico lleno de contrastes y sentimientos, extremos climatológicos de mitologías y leyendas sonaría el gran sinfonista Jean Sibelius (1865-1957) y su  Rakastava, suite, op. 14 para una cuerda reducida, percusión y triángulo, obra que escribe tras superar un cáncer de garganta en un periodo convulso donde la música de Stravinsky le resulta conocida y hasta en cierto modo reflejada en esta suite en tres movimientos (I. Rakastava II. Rakastetun tie III. Hyvää iltaa … Jää hyvästi) traducidos como “El Amado”, “El camino del Amante” y “Buenas noches, amado mío – Adiós”,  el buen oficio del compositor y de sus intérpretes, la cuerda coral ligera y delicada del primero, la elegancia y sentimiento del segundo más el protagonismo en el tercero de Aitor Hevia de aires folklóricos que sentimos cercanos, cerrando una interpretación que el gesto claro, preciso y conciso de la maestra de origen ucraniano Stasevska.

Robert Schumann (1810-1856) además de sentimental, puede presumir de una sonoridad propia en sus sinfonías que parece aplicar a su Concierto para violonchelo en la menor, op. 129,  y si además contamos con un solista de la altura de Daniel Müller-Schott el colorido y romanticismo de esta bellísima página está asegurado, la perfecta yuxtaposición entre el chelo y la orquesta bien concertada por Stasevska y leída por el alemán con la musicalidad que le caracteriza desde un instrumento que canta y nos hace vibrar. Tres movimientos sin pausa (I. Nicht zu schnell; II. Langsam; III. Sehr lebhaft), intervenciones siempre acertadas de los primeros atriles y una complicidad total entre solista y podio que mantuvo un excelente equilibrio de dinámicas y un sonido compacto además de rico en esta joya del compositor alemán que nos deja al final esa cadenza en el cello  donde  Müller-Schott volcó lo mejor en su instrumento.

Y el cello mágico volvió a cantar como los pájaros en una personal interpretación de El cant dels ocells, siempre asociado a nuestro universal Pau Casals que colocó su instrumento desde un magisterio único en la cumbre, y que al solista alemán podemos considerarlo uno de sus apóstoles, homenaje a nuestra tierra no siempre agradecida con los genios que son más valorados fuera de nuestra fronteras.

La OSPA ha interpretado muchas veces a Igor Stravinsky (1882-1971) con diferentes resultados y acercamientos muy diferentes a sus páginas «bailables«. El Pájaro de Fuego: suite (1919) es una joya que se debe mimar en sus seis partes, con los solistas atentos a la batuta y dándoles confianza en sus intervenciones, más un tutti que no puede despistarse ni un momento por la amplia gama dinámica, rítmica y colorista. Así lo entendieron con una Stasevska clara, de gesto amplio, casi bailando cada número, entendiendo la suite desde la misma esencia de Sibelius, siguiendo con tantas «eses» en este viernes sinfónico.  La inquietante I. Introducción desgranó la calidad de una madera siempre segura y la cuerda deseada; la II. Danza del Pájaro de fuego en el punto exacto de vuelo sin perder plumas y con toda la magia que esconde;  la III. Danza de las Princesas, encumbrando con tal título nobiliario a una «Dalia» en flor, mando preciso y precioso; más fuego para la IV. Danza infernal del Rey Kastchei, agitada (no revuelta), tensa, de cromatismo claros y síncopas bien resueltas por una orquesta totalmente entregada; el remanso de la V. Canción de cuna, cantada por un fagot excelso bien arropado por un «tutti» delicado antes del apoteósico VI. Finale, con una trompa de gala, una cuerda de lujo, una percusión precisa, el crescendo bien construido con el majestuoso y solemne final donde unos metales refulgentes alcanzaron el final feliz de un cuento bien narrado por la directora finlandesa con un color orquestal para seguir soñando.

Vivica Genaux, la voz de Hasse

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Lunes 10 de mayo, 19:00 horas. Auditorio de Oviedo, Sala de cámara: VIII Primavera Barroca – CNDM «Circuitos»: Nápoles en Dresde. Vivica Genaux (mezzosoprano), Vespres d’Arnadí, Dani Espasa (Clave y dirección). Obras de Hasse, Zelenka y Pisendel. Entrada: 15 €.

Avanza la Primavera Barroca en Oviedo, agotando entradas para la sala de cámara, ya de por sí de aforo reducido, y recibiendo tras la apoteosis madrileña del sábado a la esperada mezzo Vivica Genaux (Fairbanks, Alaska, 10 de julio de 1969) que se ha convertido en la gran defensora y voz de Johann Adolph HASSE (1699-1783), el barroco tardío donde la norteamericana no ya se siente cómoda sino que domina con una técnica apabullante un repertorio que le sigue dando alegrías y a sus seguidores aún más. Con la formación que lidera Dani Espasa traía arias de Hasse, el compositor que el agente Matthew A. Epstein le recomendó como comentaba en una entrevista a Gabriel Rangel en 2014:  “¡Debes cantar Hasse!” Y yo le pregunté: “¿Quién es Hasse?” Un mes después hice una audición con René Jacobs para una ópera de Hasse en la Ópera Estatal de Berlín y obtuve el rol«. Recital perfectamente organizado alternando arias y personajes, intercalando para el necesario respiro obras instrumentales de contemporáneos afincados igualmente en Dresde como Zelenka o Pisendel que permitieron gozar de la calidad de esta orquesta barroca, especialmente la cuerda, con un continuo compacto sin olvidarme de un fagotista excelente y los oboes que dan ese colorido especial, sumándose en algunas el par de trompas naturales, desiguales como suele suceder en este instrumento tan desagradecido y difícil en estos repertorios pero que demostraron el músculo de esta formación catalana.

Hasse abría fuego con  la Obertura de «Didone abbandonata», IJH 36 (1742), el orgánico al completo preparando la salida de una Genaux entregada, pletórica y feliz, recordando a «La Bordoni» prima donna en Dresde cantando la música de su marido, hoy personificada por la norteamericana embajadora del mismo, primero a «Cleofide», IJH 25 (1731) con el aria rápida Son qual misera colomba (acto II , escena 15) y el orgánico sin trompas, primera demostración de poderío y elegancia vocal, un registro grave carnoso, agudos delicados y unas agilidades prodigiosas que aún brillaron más en la cadenza final. Y sin apenas resuello, otro personaje y ópera, «Irene», IJH 54 (1738), con un delicado recitativo de instrumentación elaborada, Il sacrifizio si compisca (acto III , escena 4) más el aria Un sì funesto addio, tiempo lento para saborear la dicción y proyección con ese color de mezzo que no abunda y una cuerda perfecta con el continuo siempre en su sitio controlado desde el clave por el maestro Espasa.

Del checo Jan Dismas ZELENKA (1679-1745), también afincado en la Corte de Dresde, escuchamos De Ouverture à 7 concertanti en fa mayor, ZWV188 (1723), tres movimientos donde degustar la instrumentación sin trompas, colocando el movimiento rápido en el medio (Grave – Allegro – Grave), y disfrutando del barroco que nunca pasa de moda.

Vuelta al canto de Hasse con Genaux y unas Vespres al completo para «Cajo Fabricio», IJH 20 (1731), recitativo Lieto gioisci o core (acto II , escena 14) y aria Nocchier, che teme assorto, rápida y exigente de ornamentos por parte de todos, con la mezzo de emisión uniforme, agilidades de vértigo, coloratura, claridad de dicción, vocales sin trampa y la engañosa facilidad para alcanzar unos agudos que mantienen siempre su color irrepetible.

Un paréntesis de lujo poder escuchar el Allegro del «Concierto para violín en sol mayor», JunP I.4c de Johann Georg PISENDEL (1687-1755), un virtuoso del violín que triunfó en «La Florencia del Elba» interpretado por FARRAN SYLVAN JAMES, la concertino solista esperada, de sonido aterciopelado con el grosso instrumental bien equilibrado de dinámicas y paladeando un continuo realmente de calidad en esta orquesta referente de la música antigua en España.

Nueva ópera, otro rol que dramatizar por parte de una Vivica que transmite pasión y fuego, «Numa Pompilio«, IJH 69 (1741), recitativo Qual di voi prima invoco (acto II , escena 8) y aria Piange quel fonte, con el oboe de PERE SARAGOSSA siempre impecable, y la orquesta de cuerda que me trajo recuerdos, quién sabe si inspiración para el Exsultate mozartiano, bellísimos juegos y diálogos entre los dos «protagonistas», ecos y musicalidad a raudales con éxito compartido y merecido.

Interesante el Hasse instrumental con el Allegro de su Sinfonía en sol menor, op. 5 nº 6, el orgánico sin trompas y sin fisuras, el prólogo preclásico que mantiene el regusto barroco antes del último título por parte de La Genaux, «Solimano», IJH 97 (1753) con el aria Di quell’acciaro al lampo (acto I , escena 12), ensemble al completo de aire marcial, casi guerrero en otra nueva demostración de buen gusto y voz carnosa, redonda, la mezzo verdadera de anchos graves, medios poderosos y agudos seguros, los melismas vocales aún más complicados, la instrumentalización de la voz en el barroco sin perder el sentido dramático de estas heroínas operísticas que hacían las delicias de la Corte de Dresde y ahora de nuestra Corte de Oviedo siempre apoyando el barroco y demostrando que la cultura es segura.

No podía faltar la propina con sonrisa, por supuesto Hasse y de su “Viriate” la conocida aria Come nave in mezzo all’onde virtuosa sin atropellos, «sujetando el tempo», solo con la cuerda, que mantuvo el listón alto en esta verdadera locura barroca con Vivica Genaux y Vespres D’Arnadi.

Contra viento y marea

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Domingo 9 de mayo, 19:00 horas. Oviedo, Conciertos del Auditorio: Vanessa Goikoetxea (soprano), Enrique Sánchez Ramos (barítono), El León de Oro (Marco A. García de Paz, director), Kup Taldea (Gabriel Baltés, director), Oviedo Filarmonía, Lucas Macías (director). Brahms: Ein deutsches requiem, op. 45 (Un réquiem alemán). Entrada butaca: 27 €.

Soy muy aficionado a los refranes y en tiempos de pandemia me gusta cambiarlos como «A mal tiempo, buena … música» o en el caso de este domingo dejar el «Contra viento y marea» puesto que recuperamos el gran repertorio sinfónico coral con una obra magna ideal para subir el ánimo, así como por la lucha titánica de los programadores que tuvieron que suplir la cancelación imprevista y sin motivos de la soprano austríaca Genia Kühmeier a última hora por la duranguesa (nacida en Palm Beach) Vanessa Goikoetxea a quien ya tenía ganas de volverla a disfrutar en casa, y más tras su reciente éxito en el Benamor madrileño, y especialmente al barítono de Aranjuez Enrique Sánchez Ramos quien en apenas doce horas tuvo que venirse a Oviedo sin tiempo para nada, ante la gastroenteritis del programado Lauri Vasar, evitando suspender un concierto muy esperado. A ellos debemos agradecerles su generosidad y profesionalidad en esta locura del Covid donde todo puede cambiar en un día.

Como confeso «leónigan» la presencia del LDO hacía ineludible igualmente esta cita, otro reto en su ya dilatada y exitosa carrera coral, también luchando contra los elementos con toda la garra que les caracteriza, y cerrar este ciclo de conciertos con el monumental Réquiem de Brahms era el mejor regalo para un agnóstico confeso, demostrando nuevamente que «La cultura es segura» y que Oviedo es la capital musical por excelencia, a la que he bautizado como «La Viena del Norte» español.

Sobre las motivaciones de Brahms para este réquiem me sirven todas, pues van desde la inspiración por la muerte de su madre, extensiva actualmente a todas las víctimas del Covid, Ich will euch trösten, wie einen seine Mutter tröstet («Os consolaré, como una madre consuela a su hijo». Isaías 66, 13), hasta  la del propio compositor mencionándola como obra creada «por y para toda la humanidad«.

Y no se circunscribe a la secuencia litúrgica de la misa de difuntos (donde hay tantos ejemplos que el propio Padre Sopeña tiene un libro imprescindible para los melómanos), sino más bien a una extensa cantata en siete movimientos donde el coro (feliz unión asturvasca con alma Musikene) es el principal protagonista junto a importantes intervenciones solistas del barítono madrileño Enrique Sánchez Ramos y la soprano vasca Vanessa Goikoetxea, melancolía y consolación del hamburgués agnóstico confeso que nos hace reflexionar sobre la muerte desde la meditación filosófica y poética puesta en los pentagramas sin buscar respuestas ni explicaciones, la belleza musical de la muerte como parte de la propia vida.

Y el «máximo hacedor» de esta página universal que siempre conmueve, no muchas veces programada por su complejidad y esfuerzo, el director onubense Lucas Macías, Maestro con mayúsculas que desde su seguridad en el podio la transmite a todos los intérpretes, concertador de primera por su experiencia instrumental, respetuoso de cada dinámica que nunca oculta las voces, interpretación sentida y conmovedora con una memoria prodigiosa que le permitió el control total de principio a fin, delicadeza y precisión en el gesto, elegancia en cada número con la respuesta esperada y perfecta de cada intérprete sobre el escenario.

La unión coral vascoasturiana es merecedora de capítulo aparte: unas 60 voces empastadas como si llevasen toda la vida juntas, afinación precisa, dicción exacta, dinámicas amplias a pesar de unas mascarillas que no les impidieron una proyección potente en los momentos álgidos, sintiendo iguales emociones y latiendo con el mismo corazón, ardor musical compartido con igual espíritu que bebe en las mismas fuentes donostiarras y un Cantábrico que imprime carácter. Me imagino cantar esta joya con lo que supone para todo coralista, el Brahms profundo y exigente al que se le debe entrega absoluta y un trabajo minucioso. Tanto Marco como Gabriel han insuflado a sus formaciones esa búsqueda de la perfección que pudimos apreciar en un réquiem alemán lleno de momentos mágicos para todos, nuevamente destacando Macías como verdadero conductor conocedor de este viaje interior, desde el inicial I.- Selig sind, die da Leid tragen mimando matices y tempi, «bienaventurados los que sufren» pienso que nunca mejor sentido en tiempos de pandemia, orquesta de sonido refinado y cuerda cada vez más unificada y empastada, presente en todo momento. II.- Denn alles Fleisch conjugó todo el sentimiento bíblico de la muerte que da vida, si se me permite la licencia poniendo toda la carne en el asador, pues «toda la carne es como la hierba» y no el polvo en que nos convertiremos sino la tierra fértil que devuelve vida.

Y vitalidad de Enrique Sánchez Ramos en el III.- Herr, lehre doch mich,  «Rebélame Señor que mis días deben tener un final» sin titubeos, atento a Macías que le llevó de la mano, con el coro en su sitio y la orquesta ensamblada cual órgano romántico, la belleza coral del IV.- Wie lieblich sind Deine Wohnungen celestial, «Qué dulces son tus moradas», entrega desde lo más profundo del ser, voces bienaventuradas y entregadas en cuerpo y alma, dejando flotar en el aire las últimas notas.

Sin apenas pausa llegaría la voz carnosa, amplia, cálida y brava de «La Goikoetxea» pletórica, color ideal para el V.- Ihr habt nun Traurigkeit, consuelo tras la aflicción, regocijo del corazón, «nada podrá privarnos de este gozo» saboreando cada palabra, cada consonante final en la lengua de Goethe, verdadero consuelo de madre cantado y sentido de forma irrepetible, nuevamente magia y emoción en el auditorio con el coro acogedor y la orquesta sobrecogedora, presente además de delicada, acunando y adornando el bellísimo color de la soprano que aún brilló más con este ropaje.

Continuaría la emoción, los contrastes, orquesta y coro entregados pero nunca vencidos, VI.- Denn wir haben hie keine bleibende Statt, no morimos pero fuimos transformados en un abrir y cerrar de ojos por las voces cantábricas, casi íntimas con el barítono madrileño asentado al igual que «los acordes de la última trompeta», contrastes bien marcados, palabras remarcadas, orquesta subrayando colores de muerte , subyugante y esperanzadora, de metales prístinos y timbales precisos, resurrección incorrupta que cumple con lo escrito: «la muerte quedará cautiva en la victoria», victoria tras la batalla sinfónico coral avanzando hacia el final siempre apocalíptico, vibrante y emocionante.

VII.- Selig sind die Toten, bienaventurados todos, el espíritu que reposa de sus fatigas porque sus obras van tras él, Brahms en estado de gracia y orquesta más coro abriéndonos las puertas del cielo musical con un Lucas Macías sobresaliente capaz de sacar lo mejor de todos. Sin quitar un ápice de grandiosidad, obra cocinada a fuego lento donde casi dan ganas de morirse en esta inmensidad.

Covadonga inspiración eterna

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Jueves 6 de mayo, 19:00 horas. Auditorio de Oviedo, Conciertu de les lletres asturianes: OSPA, Rubén Díez Fernández (director). Obras de Leoncio Diéguez y Guillermo Martínez. Entrada por invitación.

Concierto de emociones el de «Las Letras Asturianas» que rinden homenaje este año a mi siempre añorado e irrepetible Nel Amaro (24 de diciembre de 1946, Quentuserrón – Mieres /  4 de abril de 2011, Oviedo),  los 30 años de «mi matrimonio» con la OSPA y música de dos asturianos de corazón con Covadonga siempre como inspiración y parte importante de sus propias vidas:

Don Leoncio y Guillermo, profesor y alumno desde sus años en la Escolanía, una verdadera conjunción musical que reunió no solo autoridades civiles y eclesiásticas sino a muchos amigos y compañeros de ambos venidos desde todos los rincones, dos personas muy apreciadas y admiradas por todos, regalándonos tres de sus obras desde el buen oficio orquestal de ambos, bajo la dirección del avilesino Rubén Díez (1977) que disfrutó y contagió el mismo amor por la música a una OSPA de cumpleaños, hoy con Eva Meliskova como concertino.

Las dos obras del maestro Leoncio Diéguez Marcos (1941) enmarcando el estreno de Guillermo Martínez (1983), encargo para los actos conmemorativos de este 30 aniversario de la orquesta asturiana, dos generaciones, dos lenguajes y una misma inspiración, el oficio del maestro, la ilusión desbordante del alumno aventajado.

La Rapsodia asturiana del maestro podríamos llamarla en asturiano, aprovechando la efeméride, de «caxigalina» pero elevada a la alta cocina, motivos melódicos conocidos por todos, folklores propios y cercanos que Don Leoncio trata con cariño y sabiduría, orquestación de amplia plantilla, efectista, agradecida de escuchar y todo un catálogo de herramientas utilizadas por este leonés al que sentimos asturiano.

Y el esperado estreno de Guillermo Martínez, «Bricial«, el tercer lago de Covadonga, Poema Sinfónico que explica perfectamente en las notas al programa Alejandro G. Villalibre, personalmente un derroche de música orquestal bien construida, con momentos verdaderamente cinematográficos para unas imágenes de Los Lagos plenamente exportables a esos documentales de naturaleza imponente como la propia Covadonga y su montaña, remanso espiritual, paz y sobrecogimiento ante la grandiosidad que impera por doquier. Así la sentí desde el primer movimiento (I. Obertura) que mostró todo el color del otoño asturiano; la historia de España y Pelayo traerá aires marciales con la óptica propia de un Guillermo que mantiene la tonalidad y el gusto por la melodía con ritmos imponentes (II. Marcha) y una instrumentación clara y potente, con plantilla similar a la del maestro y curiosamente conservador pese a la juventud del discípulo; incorporar el piano, el arpa o la celesta además de una percusión abundante y variada (incluyendo máquina de viento o pájaros), dota a este poema de una sonoridad sobrecogedora pero donde el  III. Tempo di valse resulta un remanso con los «pizzicati» iniciales de la cuerda y ese aire universal del que han bebido todos los grandes, ecos de los mejores compositores rusos o del Richard Strauss «alpino», siempre buenos espejos en los que mirarse, y la desbordante inspiración de un Guillermo Martínez que en el IV. Concertante es capaz de conjugar la masa orquestal con un cuarteto de cuerda y piano digno de tener obra propia e independiente, buen gusto y aciertos en la elección de los protagonismos que Rubén Díez entendió a la perfección. Si Bach siempre será el «padre de las músicas», la fuga es la forma más exigente para todo compositor, asignatura obligada y dura, con sobresaliente en ella, V. Fuga para desarrollar no ya un motivo bien construido con el ritmo siempre presente, sino explorando todas las secciones orquestales donde disfrutar de los primeros atriles con papeles bien defendidos por cada uno, destinatarios de este estreno, y el impresionante VI. Finale cual «títulos de crédito» de este monumental documental sonoro, un poema sinfónico donde la inspiración corre libre sin perder las formas, añadiendo un escalón en la ya exitosa carrera de un compositor al que admiro desde hace años y que nunca defrauda. Cada obra suya es un catálogo de intenciones, una excursión sensorial  y un verdadero torrente musical donde el «eclecticismo académico» es el propio lenguaje de Guillermo Martínez.

Y de nuevo el maestro Leoncio Diéguez Marcos con su poema sinfónico Don Quijote y la batalla de los rebaños, poema sinfónico más avanzado que el alumno, no ya la experiencia que dan los años sino la admiración por un lenguaje musical cada vez más moderno a pesar del tiempo, obra genial del leonés, que fue un encargo de Max Valdés, entonces director de la OSPA en su estreno el 30 de abril de 1998, que ha tenido largo recorrido más allá de Asturias. Don Ángel Medina, catedrático de Musicología, escribió las notas al programa entonces que siguen igual de vigentes en este 2021 sobre el autor y su obra: «ha sabido encontrar en el programa el ensanchamiento y los límites, la ventana abierta al horizonte infinito e impredecible y la disciplinada cerca que acota el terreno roturado. De esta manera, lo que esta composición del maestro Diéguez tiene de autónomo, y específicamente musical (en tanto que coherente movimiento sinfónico) se enriquece -y nos enriquece- con el impulso siempre eficacísimo del inagotable imaginario cervantino«.
Si en Bricial veía música cinematográfica, este Quijote es perfecto para cerrar el concierto donde no faltó lo literario, lo pictórico y hasta la confirmación del buen oficio de componer, las llamadas vanguardias de pasado siglo que ya no lo son, pues vivimos y crecimos con ellas, entendemos su lenguaje y nos educan en estas escuchas que hermanan dos generaciones desde la música sinfónica.

Para cerrar no podía faltar nuestro Asturias, patria querida en la armonización y orquestación que el propio Don Leoncio hizo cuando convertimos la canción más conocida en nuestro Himno Oficial desde 1984, el sinfonismo y magisterio en el que seguir mirándonos.

Dejo finalmente el recorte de prensa con la noticia hoy en LNE, testimonio de esta Selmana de Les Lletres Asturianes con la música de estos hijos adoptivos hermanados por la OSPA y Rubén Díez.

No hay dos sin tres

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Sábado 1 de mayo, 19:00 horas. Auditorio de Oviedo, Jornadas de Piano «Luis G. Iberni»: Joshua Bell (violín), Steven Isserlis (chelo), Alessio Bax (piano). Obras de Mozart, Shostakóvich y Mendelssohn. Entrada butaca: 28 €.

En tiempos de adversidades si es difícil programar conciertos, todavía más mantenerlos o adaptarse sobre la marcha cuando se tienen unos recitales bien armados y del trío se debe marchar nada menos que el pianista, verdadero reclamo de estas jornadas de piano ovetenses donde esta misma semana nos enterábamos de la cancelación por graves motivos familiares de Evgeny Kissin, al que le deseamos lo mejor del mundo esperando su regreso a «La Viena del Norte» español.

Pero los intérpretes no se rinden, los grandes aún menos, y las ganas de público les espolean para continuar con sus compromisos. Bell e Isserlis son maestros en el violín y el chelo, así que no creo les fuese difícil contactar de nuevo con el italiano Alessio Bax (Bari, 1977), personalmente un redescubrimiento en vivo unos años después para este último recital dedicado al piano como le gustaba al siempre recordado Iberni, y preparar otro concierto distinto además de muy completo que nos permitió disfrutar de los primeros por separado, más un trío que no defraudaría los tres previstos a la vista de cómo transcurrió este primero de mayo muy «currado», con estos verdaderos trabajadores del pentagrama y magos de la música.

Perdimos dos tríos y ganamos dos mundos a dúo, con un impecable Bax al piano que parece llevar toda la vida con Joshua Bell, viendo cómo se enfrentaron a la Sonata para violín y piano nº 32 en si bemol mayor, KV 454  de Mozart, académica y vibrante, perfectamente entendida por ambos intérpretes solistas unidos de nuevo para disfrutar juntos desde el inicial Largo – Allegro, el genio de Salzburgo lleno de guiños y sorpresas, con diálogos juguetones y chispeantes, la reflexión dramática del Andante que hizo cantar el violín cual lied prerromántico por el papel pianístico compartido, y el explosivo Allegretto final del mejor clasicismo mozartiano en una visión camerística de primer orden que siempre nos sabe a poco.

Lo mejor aún estaba por llegar: la Sonata para chelo y piano en re menor, op. 40 de Shostakovich con un Steven Isserlis pletórico y un impactante Bax, el ruso siempre bien entendido por el solista londinense, sonata que conjuga el mundo convulso de antaño con tantos paralelismos de la actualidad, el contrapunto al inicial Mozart luminoso y reflexivo frente a la oscuridad esperanzadora donde no falta el humor como mejor arma contra el dolor. El ímpetu del cello contestado por el piano apabullante, el sonido humano de la cuerda dolorosa revestido de majestuosidad por unas teclas percusivas y perfectas, encaje ideal de intenciones y sentimientos. No se puede entender ni pueden entenderse mejor dos músicos de altura para esta inmensa sonata del ruso.

Y no hay dos sin tres, tras los dúos llegó el esperado trío mágico, no del ruso sino del alemán que «resucitó a Bach» y entendió la música camerística como pocos, bebiendo del clasicismo y dando el paso siguiente para lograr que el entendimiento en formato reducido fuese cual orquesta cercana, así parece concebir Mendelssohn este Trío para violín, violonchelo y piano nº 1 en re menor, op. 49, trabajado en un confinamiento que ayudó a desempolvar partituras por parte de Isserlis y Bell para comprender la música compartida, disfrutar de la escritura clara del alemán junto al espíritu conjunto de las sonoridades a trío.

Cuatro movimientos entendidos tanto en su propia individualidad e identidad como en el conjunto de la sonta a trío: Molto allegro ed agitato, emocional, Andante con moto tranquillo, paladeando la tímbrica, Scherzo: Leggiero e vivace subiendo enteros además de entrega, y Finale: Allegro assai appassionato, cierre perfectamente encajado de esta forma bien construida y ejecutada de manera pletórico. Si el dúo de cuerda fue cómplice en intenciones y fraseos, el piano encajó a la perfección del mismo idioma, limpio y claro, cristalino e impoluto compartiendo protagonismo, trabajo conjunto con el único lenguaje universal que vuelve a confirmarse en la interpretación de estos tres grandes músicos, individualidades enormes que se tornan inmensas cuando se juntan para hacernos disfrutar del género camerístico, verdadera escuela para melómanos y tan necesaria en la eterna formación de todos los genios.

Gracias por el trabajo insensible al desaliento que podría traer la pandemia pero que el hambre de la música en vivo palía con creces, volviendo a colocar Oviedo como capitalidad musical y seguir demostrando que «La Cultura Es Segura».

Todo con cuerda

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Jueves 29 de abril, 19:00 horas. Sala de cámara del Auditorio de Oviedo, Primavera Barroca, CNDM «Circuitos«: Enrike Solinís (laúdes y guitarras): «Ars Lachrimae«. Obras del Renacimiento y el Barroco. Entrada: 15 €. Fotos ©PabloSiana.

Continúa la cultura segura, las ganas de directo y el florecimiento de la Primavera Barroca de Oviedo en esta su octava edición que mantiene la colaboración con el CNDM y sus «Circuitos», trayéndonos en solitario al guitarrista vasco Enrike Solinís (Bilbao, 1974) que hizo un recorrido por la cuerda pulsada a través de la historia antigua desde la óptica actual, con cumbres y cordilleras, ascensos y descensos en un denso programa titulado Ars lachrimae, una panorámica de este personal viaje con mucha cuerda pulsada y todo un legado de la música para dichos instrumentos señeros desde una perspectiva y visión con identidad propia y distintas calidades.

Bien el primer bloque con el laúd renacentista y los aires melancólicos de Dowland que nos trajeron el intimismo de salón sin apenas descanso en esa senda hasta los grandes vihuelistas españoles pero desde el mismo laúd, algo que no entiendo pues Mudarra, Milán o Narváez con sus pavanas y diferencias podrían haberse escuchado en nuestro instrumento identitario, «la abuela vihuela» de la que los hispanos fueron su verdadero «tridente». Explorar estas nuevas vías de ascensiones para este repertorio están bien, pero la cuerda elegida no me convenció del todo, si bien las notas al programa de Pablo J. Vayón son como el libro de ruta para explicar este itinerario opcional del instrumentista bilbaíno: «dicotomía entre dos mundos, el renacentista y el barroco, que son visitados siguiendo las líneas de las formas y los géneros esenciales de la música publicada (o simplemente interpretada) para los instrumentos de cuerda pulsada, muy en especial las danzas (…)  En un primer momento, las cuerdas pulsadas se vieron sustancialmente beneficiadas (…) aunque la realidad interpretativa estaba aún indiscutiblemente unida a la improvisación… los géneros trascienden las fronteras … fantasías (es decir, piezas más o menos libres que podían traducir justo una improvisación), glosas y variaciones sobre conocidas obras del tiempo (en España se llamaron «diferencias») y danzas, muchas danzas«.

Al Solinís en «estado puro» lo encontramos precisamente con ese «rabel pulsado» que nos recordó el medievo y la música del arco atlántico, el ritmo con aires reconocibles de los dos manuscritos del siglo XVI: el Barbarino con Quaranta de Francia y el de Osborn con dos danzas renacentistas, el Enrike rompedor desde hace años apostando por estos enfoques arriesgados y convincentes.

Pero el sosiego llegó en la bajada de estos cerros, montañas que son colinas para afrontar con el laúd barroco el ascenso a la verdadera cumbre que fue Robert de Visée (1655-1733) y una selección de la Suite nº 3 en re menor (I. Prélude II. Allemande III. Courante IV. Sarabande), donde la sonoridad es ideal pero faltó una pisada más segura del terreno. Se incrustó a Buxtehude antes que a Bach explicando las afinaciones de los distintos modelos utilizados y cómo la suite será la forma ideal de contrastar aires y transcripciones de la tecla a la cuerda pulsada. Prácticas habituales que personalmente me gustan porque «mein Gott» siempre es único y soporta todos los instrumentos, aunque no tanto Herr Dietrich. Cierto que el kantor se interesó por el archilaúd y la tiorba omnipresente caída en el olvido pero que parece rejuvenecer con esta generación de intérpretes como el propio Solinís o el asturiano Daniel Zapico. La Suite en do menor, BWV 997 de «nuestro señor» es una cumbre que exige un esfuerzo sobrehumano, más en la cuerda pulsada; matizados los cinco números (I. Preludio II. Fuga III. Sarabande IV. Gigue V. Double) la fuga fue lo más destacable por la claridad en las líneas y la sonoridad lograda en este repaso de la danza como columna central de los compositores elegidos.

Enrike Solinís retomó el pulso, cogió aire y nos despertó con la vihuela «salvaje», descarada, rítmica y punzante de nuestro Gaspar Sanz, las danzas que siguen siendo seña de identidad del músico vasco y verdadera alegría su interpretación, manteniendo este final en las dos propinas que fueron gratificantes y muy aplaudidas.

Los montañeros utilizan distintas cuerdas según los ascensos, unos pocos privilegiados han coronado los «ocho miles», todo concuerda en este paralelismo con cuerdas. Un esfuerzo de hora y media sin pausa de Dowland a Sanz sin olvidarse del mítico Bach para otro hito en «La Viena del Norte» español donde el Barroco mueve un público fiel al que la reducción de aforo (de por sí pequeño) en la sala de cámara del auditorio ovetense no le frena para comprobar la acústica ideal de madera y piedra, mucha cuerda que concuerda. La penúltima cita barroca y primaveral será en once días con la mezzo Vivica Genaux y Vespres d’Arnadí (con Dani Espasa), pero aún queda mucha música por el medio arrancando mayo, y aquí lo contaremos si nada lo impide.

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