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Balada por los trasterrados

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Viernes 22 de abril, 20:00 horas. Auditorio de Oviedo, Abono IX: OSPA, «Ballade», Nicolai Luganski (piano), Perry So (director). Obras de Médtner y Schumann.

La RAE define Trasterrar  o transterrar(de trans- y tierra) como «Expulsar a alguien de un territorio, generalmente por motivos políticos» y este noveno de abono con la OSPA fue verdaderamente una «Balada por los trasterrados», compositores e intérpretes, sirviendo para ver cómo la música y los músicos son ciudadanos del mundo, y el tiempo parece poner todo en su sitio.

Este viernes volvían a la OSPA varios conocidos, primero el director chino Perry So (Hong Kong, 1982), «eterno aspirante» a titular desde 2011 (al fin lo tenemos, pero será Nuno Coelho) en aquellos tiempos esperanzados esperando acertar en la elección. Pero un cocinero «vúlgaro» fue minándonos al quitarnos los mejores deseos, especialmente durante la anterior visita del pianista ruso Nicolai Luganski (Moscú, 1972) que me dejó muy mal sabor de boca por la malísima dirección del innombrable. Y al fin se hizo justicia con ambos en este concierto de Médtner. Qué distinto hubiese sido entonces de coincidir como hoy la entrega del ruso, el buen hacer del chino y una OSPA universalmente asturiana que vuelve a esperanzarnos, aunque sigamos sin concertino, esta vez nuevamente invitado nuestro admirado Aitor Hevia. Las invitaciones de la orquesta a So siempre han traído veladas de calidad y buena química entre todos, algo que el público, de nuevo escaso para disfrutar de nuestra orquesta, se lo agradeció al final con largos y cálidos aplausos que le obligaron a salir varias veces a saludar. Bienvenido Perry y gracias.

El Concierto para piano nº 3 en mi menor, op.60 «Balada» del ruso Nikolái Kárlovich Médtner (1880-1951) no pudo tener mejor solista que su compatriota Nicolai Luganski, uniones de dos trasterrados que desde su pasión por el piano nos ofrecieron esta joya tan poco programada pese a la belleza, dificultad y todas las razones para hacerla tan atractiva. Tres movimientos sin pausa, entrelazados, que nos recuerdan la excelencia musical rusa, el paso adelante en los albores del pasado siglo de Scriabin y sobre todo Rachmaninov, y que por lo escuchado bebería de las mismas fuentes que Médtner. Concierto con todos los ingredientes para disfrutarlo, sonoridad siempre plena en el solista, la fusión orquestal en muchos momentos, el balance perfecto entre todas las secciones desde el inicio al que se van sumando efectivos con una delicadeza previa al posterior discurrir emocional, y una dirección de So precisa, cómplice con el piano y concertando con exactitud por los intrincados vericuetos, especialmente en el inmenso Finale: Allegro molto, Svegliando, eroico que aporta las novedades propias del compositor tras su «tributo» y herencia de sus contemporáneos: cambios de compás, de ritmo y tempo donde piano y orquesta funcionaron y se fusionaron como si llevasen años interpretando esta «Balada» rusa. Impresionante el sonido de Luganski, la elegancia, el rubato justo, su conmovedora entrega a la música que parece sentirse más honda en la distancia y el dolor, con este último de los conciertos para piano de su paisano Médtner que lo compondría en los primeros años 40 del pasado siglo, tan preocupantes como esta segunda década actual.

Y si el concierto de los dos rusos fue de altos vuelos y lejanos sentimientos, la propina nuevamente de otro trasterrado, luminosamente introspectiva y esperanzadora: la Fantasía Impromptu en do sostenido menor, Op. 66 de Chopin, la belleza del dolor expresada desde el piano magistral de un Luganski técnicamente perfecto y enorme su romántica interpretación como buen heredero de la tradición y «escuela rusa», aportando una personalidad tan grande como la música para su instrumento del polaco, un enamorado más de las 88 teclas.

Manteniendo el orden habitual de los programas donde faltó un estreno o introducción breve, la segunda parte sería una Sinfonía, en este caso la nº 2 en do mayor, op. 61 de Robert Schumann
(1810-1856) para poner claro que la OSPA funciona cuando está en buenas manos, de nuevo el maestro So sacando lo mejor de cada sección con una visión luminosa y tensa de la segunda del atormentado romántico por excelencia, con los tiempos ajustados a la literalidad indicada: el primer movimiento a la velocidad exacta de crucero para dejar fluir en equilibrio viento y cuerda, un segundo rápido sin sobrepasar los límites, con una cuerda ajustada y redonda (se nota el refuerzo en las graves), el tercero una maravilla de expresividad con oboe y clarinete verdaderamente líricos en sus inspiradas intervenciones, sana pugna por el mejor sonido, más ese cuarto y último movimiento, poderoso en velocidad punta, bien de revoluciones para rugir como un coche de carreras pero respetando las señales, caballos de potencia bien controlados por las manos maestras de Perry So, un campeón sobre el podio conduciendo una OSPA a punto.

El tiempo pone todo en su sitio pero siempre nos quedan los interrogantes ¿cómo hubiera sido si…? Al menos nos quitó la primera de las dudas mientras esperamos acertar con el concertino ya con el portugués fichado por tres temporadas.

Orliński ¡Aleluya!

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Jueves 21 de abril de 2022, 20:00 horas. Conciertos de Auditorio: “Anima Aeterna”, Jakub Józef Orliński (contratenor), Il Pomo d’Oro, Francesco Corti (clave y dirección). Obras de Davide Pérez, Johann Joseph Fux, Baldassare Galuppi, Jan Dismas Zelenka, Francesco Bartolomeo Conti, Francisco Antonio de Almeida, Georg Reutter der Jüngere, Gaetano Maria Schiassi y G. F. Haendel.
Reseña para Opera World del viernes 22 con los añadidos de links (siempre enriquecedores), fotos mías, y tipografía cambiando muchos entrecomillados por cursiva que la prensa no suele admitir.
No cabe duda de que los contratenores son las nuevas estrellas del canto y las discográficas de siempre, que aún se mantienen, siguen vendiendo en formato físico además del digital, siendo los recitales el primer escaparate. Los Conciertos del Auditorio han ofertado dentro de su abono para esta temporada uno específico con las tres voces más mediáticas (a precios de 86€ y 74€), arrancando el argentino Franco Fagioli (1981) el pasado 22 de enero, prosiguiendo con el francés Philippe Jaroussky (1978) el 26 del mismo mes y finalizando este 21 de abril con el polaco Jakub Józef Orliński (1990), recuperando así su actuación prevista en abril de 2020 en pleno confinamiento y con cancelaciones mundiales.
Con presencia de muchos aficionados jóvenes que optaron por esta nueva opción en La Viena española, donde el Barroco tiene incluso ciclo propio, cada uno de los conciertos han mostrado las grandes diferencias no ya vocales sino de estilo, repertorio y acompañamiento, donde cada uno de ellos se mueve más seguro y hasta “comercial” como bien han entendido sus sellos discográficos, tres contratenores de nuestro tiempo que la renacida ópera barroca parece haber colocado entre las figuras vocales mundiales y las redes sociales han acercado nuevos públicos, con un lleno en Oviedo que demuestra la buena salud, incluyendo muchas mascarillas por precaución.
El afamado Orliński alterna la escena con recitales variados y grabaciones muy laureadas, y Anima Aeterna es su tercer disco con arias y motetes del siglo XVIII lanzado en octubre del año pasado precisamente con Il Pomo d’Oro (ILPDO), siendo este cierre del abono “especial” el inicio de su gira española (Oviedo, Madrid y Barcelona) con la presentación en vivo que nunca suena como en estudio ni desde casa por el siempre irrepetible directo, con algunas otras obras para compensar las ausencias lógicas como el coro o la soprano Fatma Said presentes en el CD (que tiene hasta una edición especial en el renacido formato de LP, aunque sea grabación digital).
Recital en formato habitual alternando obras vocales y sólo dos instrumentales, para comprobar de nuevo la calidad de ILPDO bajo la dirección y el clave de Corti, más allá del necesario descanso en este tipo de actuaciones, pues Orliński siempre lo da todo, brillando los instrumentistas tanto en el Concerto a quatro en do menor de “Il Buranello” como en la Ouverture à 7 ZWV 188 de Zelenka con todo el orgánico, siendo el perfecto acompañamiento en este repertorio tras el trabajo previo a la grabación. Pero evidentemente la figura esperada fue el contratenor polaco de principio a fin, gustándose y enamorando con su voz de contratenor contralto y color homogéneo en todos los registros, técnica a medida, de volumen algo corto en el grave pero siempre mimado por Corti e ILPDO, agudos aterciopelados, agilidades perfectas, proyección ideal y una dicción clara que pudimos comprobar con los sobretítulos, también traducidos, de estas páginas sacras bellísimas, y además generoso al dejarnos tres propinas o quedarse a firmar discos sin prisa y fotografiándose con quien quiso.
Siempre seguro, dominando la escena, contagiando la felicidad del encuentro esperado, descubriéndonos cuánto repertorio queda aún por disfrutar, con el fragmento del Gloria de la “Misa a cinco voces” del maestro de capilla del rey de Portugal Davide Perez (1711-1778) Orliński ya puso todas las cartas sobre la mesa con unos melismas exquisitos y una orquesta de plantilla perfecta, con un continuo de muchos quilates, antes del aria del oratorio Il fonde della salute aperto dalla grazia nel calvario K293 de J. Fux (1660-1741) donde la viola sonó paralela a la voz (emulando al barytón ausente), melodía maravillosa para un texto del Viernes Santo aún cercano que siempre remueve nuestro interior de “pecador contrito”.
Tras el concierto preclásico y casi vivaldiano de B. Galuppi (1706-1785), solamente con la cuerda, muy equilibrada, más el continuo de órgano, chelo, fagot y contrabajo, vendría el compositor con la obra que abre el CD homónimo del recital: Jan D. Zelenka (1679-1745) con su motete para el Domingo de Resurrección Barbara dira effera ZWV 164, donde el bohemio adopta el estilo italiano desde la corte de Dresde. Orliński, como el famoso destinatario Domenico Annibali, el castrato italiano con poder equiparable al de Farinelli en España, daría lo mejor de su arte desde un aria casi operística, con la fagotista a la par en extensión, virtuosismo y exigencia, intenso recitativo intermedio y esplendoroso Alleluia final que siempre resulta hermoso en la voz del polaco, además de bien cantado con esa base instrumental de ILPDO en su línea de calidad y contención al servicio del solista.
La segunda parte se abría con el Salve sis, Maria del florentino Francesco B. Conti (ca. 1681-1732), una “arietta per la Madona Santissima” exuberante en agilidades y saltos por los que Orliński transitó con un dominio total en perfecto entendimiento y diálogo con los instrumentos bien llevados desde el clave por Corti, enlazando sin pausa con el solo de tiorba delicadísimo para comenzar el lamento Giusto Dio del oratorio “La Giuditta”, una joya del portugués Francisco António De Almeida (1702-1755) en el mejor estilo italiano con la voz aterciopelada del polaco que remataría este inicio desde un tempo reposado y tesitura ideal para el aria D’ogni colpa la colpa maggiore del austriaco Johann Georg Reutter “El Joven” (ca. 1708-1772), perteneciente a su oratorio para la Semana Santa “La Betulia liberata”. Si el libreto de Metastasio -que utilizaría también Mozart– alude a las virtudes teologales, Orliński cantó con las tres: Fe en este repertorio, Esperanza de seguir sacando a la luz obras excelsas, y Caridad entendida como “amor desinteresado que surge de darse a los demás”, algo que en el polaco siempre es así.
De nuevo Zelenka, instrumental con todo el orgánico (incluyendo los dos oboes) de ILPDO para esta suite inspirada e imbuida del “dios Bach”, antes de las dos últimas arias: A che si serbano del oratorio “Maria Vergine al Calvario” para el Viernes Santo, obra del italiano muerto en Lisboa Gaetano Maria Schiassi (1698-1754), nueva demostración del buen hacer de Orliński con agilidades precisas y claras unidas a la dramatización del texto donde San Juan se desespera ante Cristo crucificado. Destacable el violín segundo y la total compenetración entre voz y “ensemble” que fue lo más aplaudido, siendo bisada como tercera propina.
El mejor remate para este inolvidable concierto no podía ser otro que G. F. Haendel (1685-1759) y su Antífona en re menor HWV 269 Amen, Alleluia, un tesoro para alto y órgano al que se fueron sumando la tiorba, un chelo y el órgano más el contrabajo para el alemán nacionalizado inglés en el estilo italiano, la universalidad musical cantada, llena de melismas en una vocalización para poner en valor el excelente momento del cantante polaco entregado a esta música cada vez más actual.
Todavía nos regalaría tres propinas donde no faltó tampoco Vivaldi con el aria de “Il giustino” Vedrò con mio diletto cuimbre, una delicia más antes del bis citado.
Ficha: Auditorio Príncipe Felipe, Oviedo, jueves 21 de abril de 2022, 20:00 horas. Conciertos del Auditorio: “Anima Aeterna”. Obras de Davide Pérez, Johann Joseph Fux, Baldassare Galuppi, Jan Dismas Zelenka, Francesco Bartolomeo Conti, Francisco Antonio de Almeida, Georg Reutter der Jüngere, Gaetano Maria Schiassi y G. F. Haendel.
Jakub Józef Orliński (contratenor), Il Pomo d’Oro, Francesco Corti (clave y dirección).
IL POMO d’ORO: Violines I: Evgenii Sviridov, Elfa Run, Matilde Tosetti. Violines II: Anna Dmitrieva, Veronica Boehm, Mauro Spinazze. Violas: Giulio D’Alessio, Maria Bocelli. Violonchelos: Kristina Chalmovksa, Angela Lobato. Contrabajo: Riccardo Coelati Rama. Órgano: Deniel Perer. Tiorba: Jonas Nordberg. Oboes: Roberto de Franceschi, Aviad Gershoni. Fagot: Andrea Bressan. Clave y dirección: Francesco Corti.

Con dos eMes

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Martes 22 de marzo, 20:00 horas. Auditorio de Oviedo, Sala de Cámara: IX Primavera Barroca –Circuitos CNDM: Per voi ardo. La canción en los libros de vihuela. Carlos Mena (contratenor), Manuel Minguillón (vihuela).

Nuestro Siglo de Oro musical aún esconde muchas obras para seguir disfrutando. El dúo Mena-Minguillón han llevado al disco, con el sello IBS, este patrimonio titulado como el segundo concierto primaveral ovetense, Per voi ardo, obras de cinco de los grandes vihuelistas, más el siempre «actual» Juan del Enzina, una verdadera «playlist» de éxitos para escuchar con dos emes (Maravillosa Música) que ya tienen rodada y en Oviedo volvieron para dejarnos disfrutarla en vivo desde una sala ideal por acústica para estas maravillosas partituras, que escritas casi todas para cuatro voces, también era habitual cantar sólo la voz más aguda (bien explicado por el propio Minguillón en las notas) con las otras tres voces en la propia vihuela, un instrumento tan español como esta pareja de grandes intérpretes en un formato muy cercano. De nuevo la unión de poesía y música en estos madrigales italianos o franceses, también nuestro romancero y villancicos, que pese a estar escritos en el siglo XVI siguen igual de vigentes quinientos años después.

El vitoriano Carlos Mena mantiene su color vocal intacto, esmaltado, que en este repertorio resulta perfecta en su expresión y tesitura, dicción perfecta en todos los idiomas de villanescas o madrigales renacentistas, fraseos sentidos y melodías onomatopéyicas, con el siempre ideal complemento, más que acompañamiento, del madrileño Manuel Minguillón con dos vihuelas (en sol y en mi) de distinta sonoridad como también pudimos comprobar en sus intervenciones solistas, colocadas en cada uno de los compositores, de sonido delicado, cuidado y refinado.

Cinco de los siete cancioneros renacentistas que los vihuelistas españoles transcribieron con mimo para deleite de los cortesanos y reyes hispanos de nuestro «cinquecento», sin olvidarnos de Enzina, un avanzado de su época, al que Mena recreó con su gusto y poderío vocal. Y preciosistas las obras instrumentales con Minguillón, que no solo hizo de profesor explicándonos el origen de este repertorio sino que cada fantasía o tiento tan nuestros, fueron verdadera clase práctica del buen tañer.

El público disfrutó de estos dos músicos, conocidos de los buenos aficionados, como si la sala fuese del «Palacio del Agua» donde recrear esta música con cinco siglos que sigue sonando actual y admirada en esta real capital a la que llamo «La Viena Española», música de nuestro imperio y el mejor patrimonio posible interpretada por esta M al cuadrado (Mena y Minguillón).

Tras una hora que supo a poco, y aunque tengamos el disco para seguir disfrutándolo en su totalidad, todavía nos regalarían la primera folía de Rodrigo Martínez en el Cancionero de Palacio, y el bis de  la simpática Madonna mía famme bonna offerta de Willaert que cerraba el programa, además de quedarse un buen rato a firmar autógrafos y conversar con una afición fiel a la mal llamada «Música antigua«, más moderna que nunca.

Programa:

Enríquez de VALDERRÁBANO (ca. 1500-ca. 1557),  de Libro de musica de vihuela, intitulado «Silva de sirenas» (1547): «Gloriar mi poss’io, donne«, «Madonna, qual certeza» y «Amor tu sai pur fare«.

Juan del ENZINA (1468-1529): «Una sañosa porfía«, «Todos los bienes del mundo» y «Levanta, Pascual».

Alonso MUDARRA (ca. 1510-1580), de Tres libros de música en cifra para vihuela (1546): «Fantasia I», «Itene a l’ombra» y «O gelosia, d’amanti orribil freno».

Miguel de FUENLLANA (1525-ca. 1605) de Orphénica lyra (1554): «Tiento II», «Quanto sia lieto il giorno», «Il bianco e dolce cigno» y «Quando ti vegio».

Luis de NARVÁEZ (ca. 1505-1552), de Los seys libros del delphín de música para tañer vihuela (1538): «Fantasia», «Mille regretz» y el Romance ‘Paseábase el rey moro‘.

M. de FUENLLANA
de Orphénica lyra (1554): «Madonna per voi ardo» y «Tant que vivray».

Diego PISADOR (ca. 1509-1557)
del Libro de música de vihuela (1552): «Sparsi sparcium», «A quand’a quand’havea», «O bene mio fa, famm’uno favore» y «Madonna mia famme bonna offerta».

Pintando sentimientos musicales

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Viernes 18 de marzo, 20:00 horas. Auditorio de Oviedo, Abono VII OSPA Matías el Pintor: Alba Ventura (piano), Jordi Francés (director). Obras de E. Soutullo, Prokofiev y Hindemith.

Continuamos con un año pandémico, imprevisible, trágico por lo que está sucediendo en Ucrania, y donde todo parece ir a peor, pues la reciente huelga del transporte por carretera iniciada el pasado lunes nos afecta en todo y también a la música, impidiendo que se celebrase ayer este mismo concierto en Gijón (logística instrumental), que siempre se nota en Oviedo. Al menos resultó positivo ver cómo se ha podido renovar el convenio con el CONSMUPA para que varios de sus estudiantes se sumen a los efectivos de la OSPA.

En lo relativo a este séptimo de abono pocas cosas nuevas pues seguimos esperando director titular y concertino, aunque este viernes Marina Gurdzhiya, violinista de Oviedo Filarmonía, sería la invitada. Al menos la teníamos cerca. Y del programa organizado como hace lustros o décadas: estreno, concierto con solista y sinfonía, que algún día podría replantearse el orden para ir adecuándonos a los «tiempos modernos». Con todo pude disfrutar de principio a fin en un concierto casi pictórico, dominando todas las técnicas y estilos, con distintas superficies sobre las que plasmar las notas musicales como colores materiales.

Del compositor vasco Eduardo Soutullo (Bilbao, 1968) es estrenaba en Asturias Alén, obra ganadora del X Premio de Composición AEOS -Asociación Española de Orquestas Sinfónicas- de la Fundación BBVA. Compositor muy valorado dentro y  fuera de nuestras fronteras, que asistió entre el público supongo feliz porque tanto Jordi Francés como la OSPA pudieron reflejar la magia que esta obra guarda. A Portalén o Porta do Alén en galego significa «Puerta del más allá», un lugar mágico y mitológico de la tierra vecina que se relaciona con la obra del premiado compositor, colores sobre arpillera, con texturas variadas, sonoridades nada habituales cual brochazos sin perfilar en un cuadro al que bien pudieran servir de banda sonora ambientando este céltico «Stonehelm pontevedrés».

Tenía ganas de escuchar en vivo a la pianista catalana Alba Ventura (1978), y no defraudó su Concierto para piano nº 3 en do mayor, op. 26 de Sergei Prokofiev (1891-1953). Obra complicada que podría llamarse «Cuaderno de pintor» pues sus tres movimientos (I. Andante – Allegro; II. Tema y variaciones. Andantino; III. Allegro, ma non troppo ) suenan como un muestrario de la evolución del compositor ruso en la misma obra: cambios de ritmos, recurrencias a sus ballets con Jordi Francés casi bailarín y concertando perfectamente las complejas entradas orquestales. Una auténtica exposición de formas y colores donde en el Allegro Ventura fue delineando primero con delicadeza, después coloreando con fuerza cada aparición; mientras tanto las variaciones del segundo parecían acuarelas con tinta china que pasando las hojas de este particular cuaderno concertístico, tomarían geometrías y pinceladas más gruesas, intensas antes del último gran lienzo, sin pincel ni brocha, directamente sobre descomunal superficie en blanco y negro del piano, mujer sobre fondo neutro pintada en todo tipo de superficies que la OSPA iba generando con un Francés evitando salirse del marco para completar el resto de un auténtico mural musical.

Brillante interpretación esta de la pianista catalana que, para dar continuidad al colorido «tercero de Prokofiev«, nos regalaría la novena de las 10 Piezas de «Romeo & Julieta», Op. 75, Danza de las chicas con lirios, interiorizada, matizada y sacando del piano una paleta aún mayor si cabe desde su intimismo  preclaro, limpio, fresco, compartido con un público que, pese a completarse con los «indemnizados gijoneses», sigue siendo cada vez menos. Una lástima que se esté perdiendo.

Y en la segunda parte tocaba sinfonía, al menos de las que conviene programar cada cierto tiempo: la potente Sinfonía «Matías, el pintor» de Paul Hindemith (1895-1963). Bien analizada en las notas al programa del pianista, organista y musicólogo jienense Álvaro Flores Cotelo. que dejo enlazadas al inicio  de esta entrada (en obras) y con los seis refuerzos del CONSMUPA más algunos coprincipales de plantilla actuando hoy de solistas, el director alicantino volvió «a sacar petróleo» de nuestra OSPA, continuó su personal taller pictórico casi como homenaje al propio Matthias Grünewald a lo largo de los tres intensos y poderosos movimientos (I. Engelskonzert; II. Die Grablegung; III. Versuchung des heiligen Antonius). Una obra que parece seguir vigente en plena tercera década del tercer milenio, cual castigo de obligarnos a repetir la historia aunque la conozcamos. El clima de represión artística que se estaba viviendo en Alemania en los años 30 del siglo pasado, que no pasó por alto el gobierno nazi para quien Hindemith, pese a ser de uno de los creadores más jóvenes e internacionales del momento, no dudó en condenar su obra como «música degenerada». Tantos artistas censurados también en nuestros días, confundiendo al pueblo con sus dirigentes, degeneración que está en las mentes de los sátrapas y quienes les sustentan. Francés llevó el color y dolor de cada «pintura musical» escrita en 1934, exprimiendo toda la paleta del compositor alemán: el primer Concierto de los ángeles levantando el vuelo con una cuerda capaz de dibujar terciopelo y arpillera, maderas brillando y metales de seda y tapiz, percusión dándole el cuerpo y presencia, planos sonoros muy trabajados y equilibrados; el posterior Entierro del renacentista Grünewald remarcaría los claroscuros y el dolor, música para nuestros sentimientos actuales; finalizando con Las Tentaciones de San Antonio en este retablo de Isenheim (1512-16) casi daliniano por expresionista y adelantado a su época, donde la OSPA mostró en su mejor versión y visión, tal vez con «el trazo» entrenado tras el esfuerzo alpino, que Francés llevó firme y seguro.

La primavera es el reinicio anual, ciclo natural lleno de esperanza y vida, que esperemos alcance a todas las artes y seres humanos. Su color es único y la sinestesia nos hace mezclar los sentidos como en este concierto pictórico.

El sueño de Purcell

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Jueves 17 de marzo, 20:00 horas. Conciertos del Auditorio, Oviedo: La reina de las hadas (“The Fairy Queen”), Z. 629 (H. Purcell). Vox Luminis (cantantes y orquesta), Lionel Meunier (director artístico).

Reseña para Opera World del viernes 18, con los añadidos de links (siempre enriquecedores), fotos mías, y tipografía cambiando muchos entrecomillados por cursiva que la prensa no suele admitir.

Llevo tiempo diciendo que Oviedo es la Viena española por su variada y amplísima oferta musical, pues además de dos temporadas estables de ópera (la segunda española) y zarzuela (tras Madrid), no faltan las ya veteranas Jornadas de Piano “Luis G. Iberni” por donde han pasado todas las figuras mundiales a lo largo de 30 años, o los Conciertos del Auditorio, variada programación con solistas, orquestas y directores de lujo, que tienen la capital asturiana como parada obligada en sus giras, cuando no cita única. Sumemos la “Primavera Barroca” que comenzó el pasado martes su novena edición, el contar con dos orquestas sinfónicas: la Orquesta Sinfónica del Principado de Asturias –OSPA– igualmente con temporada regular de abono, y Oviedo Filarmonía, versátil tanto en el foso como sobre el escenario afrontando repertorios de lo más diverso. A todo ello debemos añadir el retorno del ciclo de Jazz, SACO (Semana del Audiovisual Contemporáneo de Oviedo), sumándose el recién nacido CIMCO (Ciclo Interdisciplinar de Música de Cámara de Oviedo). Hay para todos los públicos resultando un verdadero motor económico tanto por los muchos empleos directos que generan, como para todo el tejido turístico y cultural de esta tierra que siempre ha sido melómana, hospitalaria y, como suelo decir a menudo, omnívora musicalmente.

Los Conciertos del Auditorio en días concretos resultan una intersección de ofertas, ofreciéndonos tanto recitales líricos como óperas en versión concierto incluso del barroco, caso del reciente Giulio Cesare in Eggito de Händel a cargo de Forma Antiqva el pasado sábado, un verdadero placer cercano a las cuatro horas, y este jueves nada menos que La reina de las hadas de Purcell, con Lionel Meunier al frente de Vox Luminis en una producción dramatizada, apostando por esta “mascarada inglesa” que atrajo al auditorio ovetense un público variado aunque con menor entrada de la que se merecía, tal vez frenado por la larga duración (más allá de las tres horas, con alguna deserción en la pausa) pero que agradece estas óperas no siempre con espacio en la programación del Teatro Campoamor.

Ambiente nocturno, penumbra, leds en los atriles, misterioso como debe ser para recrear este sueño veraniego de hadas, con la actriz catalana Silvia Bel regalándonos unos bellísimos textos escritos “ex profeso” para la representación e insertos en cada momento preciso, acordes con la acción a desarrollar, especialmente emotivo el del cuarto acto con las cuatro estaciones lunares de toda mujer, declamando con su voz sensual, ayudando también en una dramaturgia muy lograda por la escenografía de Lauwers (cambiando el frontal de su atril) y los vídeos de Melo Cossta que “iluminaron” la música de Purcell para una variada historia mágica shakesperiana, destacando la sutileza y elegancia con la que se trató cada escena, semejando por momentos sombras chinescas y animaciones increíblemente logradas caso de los distintos animales en sus apareamientos, delicadas y tan poéticas como los textos que se tradujeron con sobretítulos.

Toda la dramatización de esta “semiópera” inglesa rebosó elegancia y buen gusto, refinamiento musical en todo y todos. El orgánico instrumental de Vox Luminis (cinco secciones de cuerda, flautas, oboes y trompetas a dos, timbales, percusión más el continuo) vistió de esplendor la época en sus 59 números, brillando en los instrumentales incluso afinando, con dos auténticas “Hornpipe” o un continuo de lujo (laúd y tiorba alternando con guitarras barrocas) comandado desde el órgano y clave por Anthony Romaniuk, verdadero director de orquesta mientras Meunier, en la cuerda de bajos, también se sumaba como flauta de pico en alguno de ellos, pero siempre “controlando” sus 16 voces en unos coros impecables por empaste, presencia, afinación, escena suficiente (entrando y saliendo o cantando sentados) para mantener esa calidad global, pero especialmente los distintos solistas, capaces de hipnotizarnos con distintos roles y variedad tímbrica en cada cuerda.

Momentos brillantes y efectistas como el Eco del segundo acto escuchando al coro sonando por ambos lados fuera de escena y los instrumentos tan delicados como las voces. Destacables los dúos masculinos del tercer acto con Mopsa (David Feldmann) y Corydon (Lorant Najbauer) junto al maravilloso A Thousand, Thousand ways we’ll find de Hugo Hymas con Sebastian Myrus (qué gran invierno del acto IV, Next Winter comes) y el Coro.

En las voces femeninas imponentes las seis sopranos pero sobre todo Zsuzsi Töth en sus tres roles: perfecta, intensa O let me weep! e inmensa, destacando también en su quinto acto con el trío de las dos mujeres, junto a Anabela Baric, y el Hymen del bajo Marcus Farnsworth, otra voz de las que brillaron con luz propia en esta noche mágica.

Trabajo impecable de Meunier y Vox Luminis por el equilibrio vocal e instrumental, con una sabia elección para formar este coro de solistas, auténtica exquisitez con diferente y variado colorido de cada cuerda en sus intervenciones solistas, distintas arias que cada uno interpretó en el amplio sentido de la palabra, desde los números cómicos a los plenamente oníricos, muy sentidos y que la orquesta subrayó en todo momento.

Una escapada musical cual tránsito del bullicio urbano a la oscuridad del bosque en la necesaria conexión con la madre naturaleza con Purcell y estos intérpretes especiales y especializados. Alternar en esta gira “King Arthur” y “Fairy Queen” con todo este elenco es buena prueba del enorme trabajo previo que se nota por el encaje al detalle de partituras tan complejas como esta, en edición de Clifford Bartlett, aunque para muchos el rey de la ópera barroca inglesa siga siendo Haendel.

Ficha:

Auditorio Príncipe Felipe, Oviedo, jueves 17 de marzo de 2022, 20:00 horas. Conciertos de Auditorio: La reina de las hadas (“The Fairy Queen”), Z. 629. Semiópera con prólogo y cinco actos, versión dramatizada. Música: Henry Purcell. Libreto anónimo basado en El Sueño de una noche de verano de W. Shakespeare.
Nueva producción de Vox Luminis, coproducción Concertgebouw Brugge.

Vox Luminis (cantantes y orquesta); director artístico: Lionel Meunier; narradora: Silvia Bel; dramaturgia y textos: Isaline Claeys; escenografía: Emilie Lauwers; video: Mário Melo Costa; diseño e iluminación: David Carney; técnico en escena: Stefaan Deldaele;
concertino: Tuomo Suni. Traducción textos de la narración: Valeria Gaillard, Joan Sellent Arus y Agustín García Calvo.

Sopranos: Anabela Baric (“Come let us leave” / “Ye gentle spirits of the air” / Juno / 2ª mujer); Zsuzsi Tóth (Ninfa / “The plaint” / 1ª mujer);
Caroline Weynants (Misterio / “If love’s a sweet passion” / “Thus Happy and Free”); Viola Blache (2ª hada / Noche / Primavera); Amelia Berridge (1ª hada / Asistente).
Altos: Alexander Chance (Verano / Secreto / “Let the fife and the clarions”); Jan Kullman (“May the God of wit inspire” / “Let the fife and the clarions”); David Feldmann (Mopsa) / Helene Erben.

Tenores: Hugo Hymas (“Come all ye songsters of the sky” / “A thousand ways we’ll find” / Autumn); Jacob Lawrence (“May the God of wit inspire” / Phoebus); Florian Sievers (“Thus the gloomy world at first began to shine” / “Yes, Xansi”); Olivier Berten.

Bajos: Marcus Farnsworth (“Come let us leave” / Sueño / Hymen); Sebastian Myrus (“May the God of wit inspire” / “A thousand ways we’ll find” / Invierno); Lorant Najbauer (Poeta borracho / Corydon); Lionel Meunier.

Tinieblas luminosas

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Martes 15 de marzo, 20:00 horas. Sala de Cámara, Auditorio de Oviedo: IX Primavera Barroca (en colaboración con el CNDM «Circuitos»). The King’s Consort: Trois leçons de ténèbres. Madison Nonoa (soprano), Marianne Beate Kielland (mezzo),  Lynda Sayce (tiorba), Reiko Ichise (viola da gamba), Robert King (órgano y dirección). Obras de F. Couperin, Sainte-Colombe y Marais.

Oviedo sigue siendo «La Viena del Norte de España» y el Barroco se asienta plenamente tras diez años de este ciclo, en colaboración con el CNDM, inaugurándose esta novena edición con la presencia de su director Francisco Lorenzo entre el público, para disfrutar con unas «delicatessen» de François Couperin «Le Grand» (1668-1733) bajo el título Lecciones de Tinieblas (1714) con el inglés Robert King al frente de un «consort» formado este martes por cuatro intérpretes femeninas brillando en un martes donde la arena sahariana llegó hasta nuestra tierra como queriendo sumarse a unas tinieblas llenas de luz.

Cosme Marina, responsable musical de los ciclos municipales ovetenses, en la presentación de esta primavera siempre «adelantada», escribe sobre «La firmeza de un compromiso» donde destaca el poder recuperar conciertos que el Covid obligó a suspender. Uno de ellos fue el inicial de este 2.022 para ir abriendo boca, y como apuntaba más arriba, con verdaderas «delicatessen», pues el programa centrado en el repertorio francés traería lo más refinado del arte de François Couperin, abriendo con dos de sus pocas obras vocales conservadas, su Magnificat anima mea y el Motet pour le jour de Pâques para cerrar con las Tres Lecciones de tinieblas compuestas para el monasterio femenino de Longchamps, que se complementaron con las otras.

Las voces elegidas para este Couperin no pudieron ser mejores, madura juventud y entrega de ambas, la primera parte a dúo mostrando colores vocales en perfecta comunión y empaste, la joven soprano neozelandesa Madison Nonoa, de gusto exquisito y agudos aterciopelados, más la mezzo noruega Marianne Beate Kielland, amplísima gama de matices con un volumen impresionante y un bellísimo timbre, pureza de su tesitura, ambas con la dicción en latín buscando la mejor emisión (las «ues» sonando casi como «íes»), mientras en la segunda parte disfrutamos con cada una por separado, Nonoa cantando la primera y tercera lección delicadas, bien arropada por el trío instrumental, Kielland brillando en la segunda, confirmando en los últimos «Jerusalem» esa argamasa vocal y el buen entendimiento de sus dúos para la siempre emocionante música de Couperin.

El resto del programa se vinculó a la relación entre Jean de Sainte-Colombe y su más distinguido alumno, Marin Marais, recordándome al mejor Savall de «Todas las mañanas del mundo» y gracias a ellos el repertorio para la viola da gamba adquirió sus perfiles más reconociblemente clásicos. El Prelude en mi menor del «maestro» nos lo regaló la violagambista japonesa Reiko Ichise de un lirismo parejo al vocal, y del «alumno aventajado» el homenaje Tombeau pour Sieur de Sainte-Colombe, para redondear la musicalidad de la profesora del Royal College Londinense, finalizando la primera parte con la Chaconne en la mayor, que no podía faltar en esta gran fiesta francesa, a la que se sumó la tiorba de la británica Lynda Sayce y el órgano positivo (hubiera sido más completo el clave) del «Rey Robert», referente en estos repertorios además de excelente director y músico, conformando un trío que al combinar cuerda frotada, pulsada y el «viento de tecla» lograron, tanto en el acompañamiento de Couperin como en la chacona instrumental, una tímbrica muy equilibrada y bien ejecutada junto a estas maestras que Mr. King fichó para este «Consort» internacional, de base británica que se decantó por lo mejor de los franceses.

Nasushkin: Ante todo, Música

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Domingo 6 de marzo, 19:30 horas. Auditorio de Oviedo, Sala de Cámara: Ensemble Ars Mundi: «Ante todo, Música II. El lenguaje común de lo diverso«. Director artístico: Yuri Nasushkin. Jóvenes solistas y conjuntos de cámara. Música española, inglesa, austríaca, alemana, belga, mexicana, checa, armenia, klezmer… Entrada gratuita.

La llegada de Los Virtuosos de Moscú para instalarse en Asturias a principios de los 90 supuso uno de los hitos de nuestra tierra en el ámbito musical, no ya por la talla de los intérpretes bajo el mando de Vladimir Spivakov sino por plantar la semilla pedagógica de lo que sería la mejor cantera de cuerda española en un país que carecía de un plantel con esta calidad. No ya los integrantes, entre los que estaba Yuri Nasushkin, que se unieron a las orquestas asturianas, también sus familias y luthiers que conformaron un tejido musical del que en esta década del siglo XXI podemos seguir disfrutando con muchos alumnos hoy convertidos en profesionales repartidos por medio mundo (Aitor Quiroga, María Ovín, Mª Teresa López, Ignacio Rodríguez, Sergio Heredia y tantos otros que bien lo indican en sus biografías).

Y es que Yuri Nasushkin se implicó desde el primer día en todos los proyectos posibles, profesor, promotor, fundador de una hoy desaparecida JOSPA, que continuaría en Madrid y no digamos los años al frente de la Escuela Internacional de Música de la FPA, hoy en el aire con la «disculpa del COVID», a la que jóvenes venidos de todas partes del mundo acudían en verano a nuestra tierra a seguir sumando esfuerzos en convertirse en músicos profesionales.

Desde nuestra tierra y desde hace más de diez años, el Ensemble Ars Mundi es otro de los proyectos del maestro Nasushkin que tomando prestadas sus palabras, su «principal objetivo es la difusión de la música de cámara a través del diálogo, la colaboración, la empatía, la amistad o la solidaridad, valores siempre presentes en su filosofía» con una plantilla joven de distintas procedencias y nivel de formación pero siempre unidos por esta pasión que les ayuda a «redondear su formación y calidad musical«. De la parte solidaria dejo el programa escaneado porque es otra seña de identidad.

Este concierto, nada anunciado y «ninguneado» por las instituciones tanto locales como autonómicas, pese a lo que supone para estos intérpretes poder demostrar sus progresos y mostrar su valía musical, nos trajo más de dos horas de historia camerística en formaciones variadas con unos músicos pasando del atril al solo con total naturalidad y muchas ganas de seguir trabajando en esta vida llena de esfuerzos que los consejos de sus profesores y el aplauso del público compensan con creces el sacrificio de muchas horas dedicadas a cada instrumento, ensayos, fines de semana volcados en su sana pasión juvenil y finalmente el directo cual examen del que también sacarán su aprendizaje.

Yuri salía con su ensemble tras el acto público de ayer sábado pidiendo con la música el «No a la guerra en Ucrania», él que nació en Kiev y se formó en Moscú, con tantas amistades que saben lo que es emigrar de tu casa, con familias rotas y la música en la mochila, de ahí sus palabras, «Ante todo, música».

Asturias, la «Leyenda» de la Suite «España» (Albéniz) en un interesante arreglo para cuerda del chelista alemán Werner Thomas-Mifune y el venezolano Henry Crespo dirigiendo, abría el concierto, la obra pianística con la gestualidad de Crespo cambiando de momento su clarinete por la batuta, para sacar toda la sonoridad y cambios de tempo de esta universal partitura, también conocida en su versión guitarrística, que lleva el nombre de nuestra tierra.

Con un ensemble ya más nutrido en cuerda y viento (dos trompas y dos oboes) escucharíamos al siempre terapéutico, fácil de escuchar y complicado de ejecutar Mozart. De su Concierto para violín nº 5 en la mayor K. 219 con Anastasia Pichurina Esipovich de solista y Nasushkin nos dejarían el Adagio y Allegro aperto, el paso natural del atril al solo, la escucha en común, la responsabilidad de darlo todo y la implicación de un maestro en arropar un talento aún en desarrollo.

Para los violonchelistas el Concierto op. 85 de Elgar es un referente y del atril al primer plano Paula Qiao Lebon Real nos interpretó en arreglo de Duncan McIntyre de esta bellísima página concertística que la añorada Jacqueline Du Pré ayudó a popularizar.

Llegaría el turno de Jesús Méndez Camacho para interpretarnos el Nocturno para violín y cuerda del armenio Eduard Bagdasarian (1922-2987) en arreglo del estadounidense Jeff Manookian, sonido claro y preciso en una obra que personalmente desconocía, agradeciendo a Nasushkin su difusión, dirigiendo y llevando de la mano al joven violinista.

El Allegro del Cuarteto en sol mayor op. 85 (Dvorak) estuvo a cargo de Nicolás Ferreras, Lucía Yusta, Xiana Baliñas y Paula Qiao, la forma ideal de la música camerística, paso necesario del atril orquestal al entendimiento solístico compartido, que estos cuatro jóvenes dieron con total naturalidad para uno de los cuartetos señeros de la historia musical checa.

Siguiente paso al frente como solista de José María Revuelta con el Concierto para contrabajo y orquesta op, 3 en fa sostenido menor del ruso Serguei Kousevitzky (1874-1951), emigrado a los EEUU. del que interpretaría los movimientos Allegro y Andante en arreglo actual de Isaac Trapkus, contrabajista de la Filarmónica de NY, bajo la atenta dirección de Yuri más el perfecto acompañamiento de una cuerda solo reducida en número pero amplia de sonido. Las correcciones técnicas y los pequeños vicios que se adquieren se irán puliendo, pero evidentemente el concierto del ruso tiene mucha tela que cortar.

De nuevo el cuarteto, esta vez con Anastasia Pichúrina, Cristina Torres, Laura Torroba y Martín Herrera en el Allegro del famoso cuarteto de Schubert La Muerte y la Doncella, D. 810, muy bien interpretado y sentido, entendimiento con cómplices fraseos más una sonoridad compacta digna de formaciones veteranas que demuestran un trabajo previo exigente.

La viola solista de Xiana Baliñas brilló en el arreglo del oriolano Miguel A. Aniorte para el ensemble de la Elegía op. 50 del belga Henry Vieuxtemps (1820-1881) por sentimiento, sonido, entrega y el buen concertar del maestro Nasushkin con «su Ars Mundi», otra oportunidad para los atriles de dar el paso al frente como protagonistas, que no desperdició la joven violista gallega.

Y original el arreglo con el dúo Rodrigo Aguilera – Martín Herreras de dos de las tres «Danzas latinoamericanas» del chellista y compositor de Monterrey José  L. Elizondo (1972), buen discípulo y seguidor del mexicano con orígenes asturianos Carlos Prieto, que con Otoño en Buenos Aires y Pan de azúcar, trae los aires porteños y brasileños a la viola y el chelo plenamente actuales, apostando Ars Mundi por jóvenes compositores desde sus inicios, sonidos de hoy con dos instrumentistas que se entendieron a la perfección, y un violoncello potente que se nota es el instrumento de Elizondo.

También nuestro compositor Guillermo Martínez arregló las Estampas klezmer basadas en esa danza tradicional, con el Freilech que nos devolvió a Henry Crespo como virtuoso del clarinete, un músico integral egresado de «El Sistema» venezolano (como los hermanos Valeria y Marco Pérez, hoy en los atriles de chelo y contrabajo, todos afincados en Mieres), con un ensemble potente de cuerda, dos trompas, trompeta y percusión que contagiaron la alegría de esa música instrumental festiva que en el pasado se interpretaba en las comunidades judías de Europa del Este como acompañamiento de bodas, festividades religiosas alegres, la celebración de la Torá o la inauguración de una nueva sinagoga. Esta vez la festividad fue musical de principio a fin aunque todavía quedaba el broche emocional.

Yuri Nasushkin con el violín y después acompañado de su Ensemble Ars Mundi nos interpretaron el Himno de Ucrania más sentido que nunca, aunando deseos y esperanzas, hermanando músicos de todo el mundo y amigos soviéticos, hoy asturianos, que no entendemos en pleno siglo XXI la sinrazón ególatra de los dictadores. Pero este domingo «Ante todo, Música».

Músicos:
Violines: Nicolás Ferrer, Jesús Méndez, Anastasia Pichurina, Alba Tocino, Daniel Arnaldo García, Cristina Torres, Lucía Morales, Mencía Gómez, Hannah Kaupp, Carolina Cortijo.
Violas: Marina Gramaje, Rodrigo Aguilera, Laura Torroba, Xiana Baliñas.
Violonchelos: Martín Herrera, Paula Qiao, Lucía Hermida, Valeria del Carmen Pérez.
Contrabajos: José Mª Revuelta, Marco Pérez.
Oboes: José Ferrer, Silvia Andueza.
Clarinete: Henry Crespo.
Trompas: Jaime Sixto, Lucía Díaz.
Trompeta: José Ruibal.
Percusión: Sara González.
Profesor colaborador: Vadim Pichurin.
Compositores colaboradores: Guillermo Martínez, Miguel A. Aniorte.
Director artístico: Yuri Nasushkin.

Música para el dolor

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Sábado 5 de marzo, 20:00 horas. Conciertos del Auditorio, Oviedo: Oviedo Filarmonía, Michael Barenboim (violín), Amihai Grosz (viola), Lucas Macías Navarro (director). Obras de Mozart y Beethoven.

Tiempos de dolor, de pérdidas humanas como la de Francisco González Álvarez-Buylla, Paquirri Buylla, muchos año presidente de la FMC ovetense con la música como bandera, de miles de muertes por la invasión rusa de Ucrania con bandera en la silla vacía, homenaje a una componente de la Oviedo Filarmonía… a ambos dedicó Lucas Macías la Quinta de Beethoven, tras la Concertante de Mozart, dos  obras de estos genios que vivieron tiempos convulsos, como los actuales, y cuya música siempre supone una luz de esperanza, además de balsámica para tanto dolor, pues ninguno renunciaría nunca a la verdad ni a la libertad, y así sentimos todos este concierto.

Con dos grandísimos intérpretes de sus respectivos instrumentos, el violinista francés Michael Barenboim (hijo de Daniel) y el violista israleí de «los berliners» Amihai Grosz además del malagueño Jesús Reina como concertino, comenzaba el concierto con la Sinfonía concertante para violín, viola y orquesta en mi bemol mayor, K 364/320d (Mozart) para una camerística Oviedo Filarmonía de cuerda más dos trompas y dos oboes al mando del titular, el onubense que tras «sacar del foso» a su orquesta volvió a demostrar la calidad de la formación sobre el escenario de un auditorio con excelente entrada, y la versatilidad de esta formación que tras estos años ha conseguido personalidad alcanzando un sonido propio, como así lo demostró en esta joya mozartiana donde prima el diálogo, algo más necesario que nunca en todos los ámbitos, entre los propios solistas y con la orquesta.  Desde un control dinámico perfecto, Barenboim Jr. y Grosz, éste incluso tocando las partes de los violas para no perderse nada y disfrutando como un atril más, nos dejaron auténticas delicias en sus cadencias de los tres movimientos, especialmente  en el Andante central, con un entendimiento al alcance de músicos de esta talla, y las «caídas» entrando perfectamente encajada la orquesta, con un Macías dominador de la partitura (dirigió todo el programa de memoria), atento a esta página donde Mozart bebería de los crescendi de Manheim y los ritmos grandilocuentes y marcados del París donde le pilló la muerte de su madre entre otras muchas más tristezas personales, como bien cuenta en las notas al programa Gloria A. Rodríguez Lorenzo, pero donde la música parece haberle servido de terapia por la alegría desbordante de esta página. Un disfrute para todos esta «concertante» esperanzadora con dos solistas de altura, el lenguaje operístico del genio de Salzburgo donde soprano y tenor cambiaron de género (la violín y el viola) manteniendo siempre  el inimitable lenguaje mozartiano.

La propina de ambos intérpretes, en la onda de los dúos de Fuchs, redondeó una intervención de altura para un concierto lleno de emociones y homenajes antes del siempre omnipresente sordo genial de Bonn.

Para mí la Sinfonía nº 5 en do menor, op. 67 (Beethoven) ha estado presente en vivo desde hace casi 50 años en mi vida (grabada tengo decenas de versiones y formatos que atesoro), en tiempos de esperanza democrática donde la música sobrevivía al régimen franquista sonando en uno de sus máximos símbolos, con tantas vivencias y recuerdos en su escucha que siguen emocionándome. Por todo, tampoco puede faltar en los programas de los conciertos con más frecuencia, una vez perdido «su año 2020» con más dolor y necesidades, año horrible de ausencias siempre presentes, porque cada cada directo siempre es único, cada interpretación irrepetible y el estado de ánimo distinto en cada uno de nosotros.

Macías Navarro aportó una versión propia y digna de reconocimiento, con una OFil entregada a su director y madura: un Allegro con brio sin respiro, casi agobiante, perturbador, con calderones cortos y silencios mínimos, como queriendo esquivar más dramatismos, sólo la música aunque apostando por un empuje «repetitivo» de las cuatro notas que sobrevolarán toda la Quinta en distintos momentos y motivos, brío oscuramente luminoso y valiente. El Andante con moto también personal, ese «andando con mucho» para un tempo más ligero y esperanzador, chelos y contrabajos poderosos (se agradeció la tarima para el cuarteto grave), viento aterciopelado con trompetas naturales, maderas inspiradas y timbales incisivos. En el Scherzo. Allegro Lucas Macías siguió apostando por acelerar paulatinamente los movientos, al igual que nuestro pulso, exigiendo a sus músicos toda la técnica al servicio de esta «broma» que emerge desde la oscuridad inicial del modo menor para ir avanzando en los cuatro movimientos hacia el luminoso modo mayor con toda la plenitud del Allegro final. Relato sinfónico de nuestros tiempos donde el dolor es menos con música y ojalá los dictadores no oyesen sino escuchasen: más música, a su pueblo, y leyeran para conocer la historia, que parecemos empeñados en repetirla.

Reflexión final de madrugada, sin polémicas porque es mía, incluso estando equivocado, que también puedo, quiero y debo equivocarme:

Los sátrapas solo se representan a sí mismos, su egolatría y falta de escrúpulos siempre es reprobable. Leyendo cada día cancelaciones, suspensiones de conciertos y actividades, insultos personales y reproches por «no mojarse» ni criticar al dictador (sea cualesquiera su nacionalidad), se olvidan que esta historia ya se ha escrito muchas veces y no depara nada bueno. Muchos exiliados, más dolor fuera de tu patria, el olvido posterior, la demonización o hasta perder la vida en el empeño. El arte como única forma de vivir, de expresión verdadera e íntima incluso debiendo renunciar a la libertad creativa para poder seguir subsistiendo.

No confundamos dirigentes de países con sus artistas, muchos también luchan desde su patria interior (en este caso cultural y más concretamente musical); la miopía, la ignorancia o el resentimiento sólo nos privarán de ellos aunque siempre sea difícil separar la profesión de la persona, si es que se puede. Seguiré admirando su arte incluso aunque me defrauden como humanos. Errare humanum est, preserverare autem diabolicum.

Una alpina para Bilbao

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Viernes 4 de marzo, 17:00 horas. Auditorio de Oviedo, ensayo general OSPA, Christoph König (director). Richard STRAUSS: Sinfonía alpina, TrV 233, op 64.

Poco a poco en un 2022 donde la pandemia ya nos parece poco ante lo que está aconteciendo en Ucrania, la OSPA vuelve de nuevo este fin de semana a Bilbao para dar dos conciertos dentro del macrofestival Musika-Música, un auténtico escaparate cultural con casi 70 conciertos en distintos escenarios, dedicado este año a «La Naturaleza», y donde mañana sábado a esta misma hora tan «taurina» de las cinco de la tarde, interpretarán en la gran sala sinfónica del Euskalduna (concierto 23 del ciclo) esta joya de sinfonía (con órgano, donde el asturiano y profesor en el Conservatorio de Málaga Rubén Díez podrá disfrutar del excelente instrumento alemán construido hace 22 años por Karl Schuke), bajo la dirección del maestro König, que pudimos comprobar en este ensayo abierto al público, mientras el domingo a las 14:00 horas y como «aperitivo musical»(concierto 42 de este «maratón musical bilbaíno») sonarán El duende de las aguas, op. 107 (Dvorak) y El festín de la araña, suite para orquesta op. 17 (Roussel).

Más que un ensayo propiamente dicho, y con un auditorio lleno de gente joven, a buena hora y entrada gratuita que supongo todo ayuda, pudimos escuchar «en primera vista» esta sinfonía atípica de R. Strauss con una OSPA «supermusculada y supervitaminada» en cuanto a refuerzos (recordándome la escuchada en junio de 2016), pues el propio compositor exigía nada menos que 137 ejecutantes. Ante semejante poderío sonoro, especialmente de viento, era necesario aumentar una plantilla que llevo años rogando, y no digo nada de un concertino titula y un director, hoy con el director alemán (doce años después pero esta vez con la OSPA), que no realizó corrección alguna a los veintidós lugares que Strauss anotó detalladamente en esta evocación musical de un día por los Alpes bávaros, más próxima a un «Poema Sinfónico» y compuesta en un paréntesis de su época «teatral», por lo que tras lo escuchado y vaciada la sala de público, comenzaría el verdadero ensayo para las oportunas  y siempre necesarias correcciones que no pudimos escuchar.

Con tantos músicos es difícil mantener el sonido propio de la OSPA aunque la cuerda se mostró clara y al fin potente en los graves (los ocho contrabajos y la proporción consiguiente se notan). Dejo algunos detalles por mi parte que supongo habrá que retocar:

El órgano eléctrico portátil no suena evidentemente como el bilbaíno, y sus intervenciones, sumadas a los metales que engrandecen la textura, supongo resonará más potente en la gran sala del Euskalduna. También la visible salida puntual de los metales fuera de escena para conseguir ese efecto de lejanía, y la vuelta a los atriles (parte de las trompas, trompetas y trombones) no queda muy «agradecida» visualmente, desconozco cómo se hará mañana en un escenario mucho más grande, así como lograr el balance ideal entre «dentro y fuera» que en el ensayo quedó por momentos oscurecido.

Y precisamente por esa evocación del montañero compositor alemán, con un movimiento único aunque estructurado sinfónicamente como cuatro movimientos que siguen el recorrido de la dura excursión alpina (noche, amanecer, ascensión, sobre la cumbre, descenso y retorno de la noche), hay demasiada proliferación temática (Tranchefort habla de sesenta motivos, «la mayor parte de los cuales… sólo tienen una función descriptiva efímera») que hace difícil sacarlos entre semejante masa orquestal. Todos los solistas habituales dan la talla y la percusión (toda de la plantilla) siempre está en su sitio para el arsenal utilizado (puntualmente quedaron muy discretos el glockenspiel y la máquina de viento). Buscar los planos exactos, las dinámicas a veces contenidas y otras todopoderosas con tanto metal, así como los cambios de tempo, tendrán que ser más claros y precisos por parte de König para una respuesta más equilibrada por parte de todos. Al menos con semejante ejército sonoro seguiré pidiendo a los magos una Octava de Mahler, pues músicos en Asturias tenemos para ella y esta Alpina straussiana (casi nombre de pizza que el propio Strauss deseaba componer «igual que una vaca da leche»), puede servir de toque de atención para los gestores.

Bilbao disfrutará con esta sinfonía y la OSPA llevará el Principado hasta Vizcaya como mejor embajadora cultural de nuestra tierra, aunque sacando más músculo del habitual… todo sea por dejar bien alto el pabellón sinfónico (de hecho la OSG así lo hizo en su última visita al auditorio).

Como curiosidad dejo indicada la plantilla para la Sinfonía Alpina: cuatro flautas (dos piccolo), dos oboes, corno inglés, heckelfono, cuatro clarinetes (uno bajo), cuatro fagots (uno contrafagot), ocho trompas, cuatro trompetas, cuatro trombones, seis tubas (dos bajas), seis timbales y gran batería incluyendo un amplio juego de cencerros, glockenspiel, máquina de viento (eolifono), máquina de truenos, dos arpas, celesta, órgano y cuerda.

Vientos fantásticos

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Viernes 25 de febrero, 20:00 horas. Auditorio de Oviedo, Abono VI OSPA Cleopatra revisada: Anne Schwanewilms (soprano), David Reiland (director). Obras de Mélanie Hélène Bonis y Berlioz.

Ineludibles compromisos previos me impidieron llegar a la primera parte del sexto abono de nuestra orquesta, aún sin concertino, hoy invitado el australiano Michael Brooks, ni director titular, ocupando el podio el belga David Reiland.  Interesante hubiese sido escuchar la obra de la compositora Mélanie Hélène Bonis (1858-1937) El Sueño de Cleopatra, op. 180, nº 2 (de las Tres mujeres legendarias),  vida novelesca para una pianista muy reconocida en su tiempo, más la infrecuente cantata con textos de Vieillard y música de Héctor Berlioz (1803-1869) La muerte de Cleopatra, H. 36, con la soprano alemana Anne Schwanewilms. Una lástima porque estos programas infrecuentes siempre son de agradecer, y aún más la poco escuchada cantata del francés.

Al menos tuve tiempo para disfrutar la conocida Sinfonía Fantástica: Episodio de la vida de un artista, en cinco partes, op. 14 del gran compositor francés, orquestador que marcó un estilo para las grandes formaciones y donde la OSPA con Reiland sacó «músculo» en los cinco movimientos. Un inicio tenue en I. Sueños – Pasiones, con una cuerda débil pero de sonoridad sedosa antes de desatar las pasiones con la presencia del viento que comenzaría su verdadero protagonismo «fantástico».

Con un contenido II. Un baile alejado de los valses vieneses, Reiland fue buscando un ritmo claro aunque poco bailable, de rubato sin exagerar y balances donde madera y metales estarían siempre en primer plano, volando la «idea fija» de su amada, tan característica del compositor francés, lo mismo que la III. Escena en los campos, impresionante el «duelo» entre oboe (fuera de escena) y corno inglés, dos grandes maestros de la madera asturiana. El tempo de la IV. Marcha al cadalso fue más fúnebre que militar hacia el «suplicio» pero sirvió para degustar la calidad de toda la sección de viento de la OSPA, maderas y metales de primera con la necesidad de una cuerda grave más nítida y equilibrada en efectivos que contrapusiese los volúmenes y mantuviese el empuje bien marcado por la percusión en una joya de orquestación.

El clímax del V. Sueño de una noche de sabbat trajo al mejor Berlioz, con metales poderosos, maderas incisivas (bravo el clarinete de Weigerber) y la percusión mandando en este aquelarre musical, auténticas campanas fuera de escena, trombones y tubas entonando el Dies Irae, con Reiland sin apurar el aire para dibujar mejor toda la masa orquestal de una OSPA que la próxima semana se irá a Bilbao para participar en el grandioso festival Musika-Música dejándonos abierto al público su ensayo general del viernes a una hora infrecuente pero que servirá para pulsar el estado de nuestra formación dirigida por Christoph König en los dos conciertos de esta nueva visita al Euskalduna donde es apreciada dentro del marco de las sinfónicas españolas.

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