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VIVAnco con Victoria de ORO

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Domingo 14 de mayo, 19:00 horas. Auditorio de Oviedo, Sala de cámara: X Primavera Barroca. El León de Oro, Marco A. García de Paz (director): Erat autem quidam homo, obras de Vivanco, Tejeda, Guerrero, Victoria y Lobo. Fotos propias y cortesía de Beatriz Montes.

Avanza hacia el final esta décima Primavera Barroca ovetense, en colaboración con el programa «Circuitos» del CNDM, trayéndonos a nuestro mejor coro, El León de Oro (LDO) en otro concierto de repertorio renacentista donde los «leónigans» disfrutamos con esta formación que aunque se mueve bien en todas las épocas, está claro que la polifonía de nuestro Siglo de Oro la llevan en vena y son referente para el relevo generacional del coro luanquín, el cual sigue manteniendo en estos  26 años su «núcleo duro» cual bastión infranqueable en las obras que les han consagrado a nivel mundial. Las nuevas incorporaciones irán tomando confianza en las entradas y sintiéndose seguras en unas obras siempre difíciles por tesitura en todas las cuerdas (especialmente las agudas), con desdobles para todas las combinaciones «marca de la casa», y el siempre complicado tactus que el maestro García de Paz les imbuye creciendo con ellos desde una consolidada madurez al frente y el pleno entendimiento con su coro.

Y aprovechando el reciente cuarto centenario del fallecimiento del compositor abulense Sebastián de VIVANCO (ca. 1551-1622), Los Leones nos ofrecieron lo mejor de su repertorio «a capella» donde escuchar parte de la «terna» (sólo faltó Morales) con un Victoria impresionante (el más aplaudido incluso antes de finalizar las obras) junto a un Lobo de altura, o al menos conocido Tejeda, e incluso recuperar obras que suponen un estreno en nuestros tiempos.

De todo ello el protagonista sería VIVANCO del que en todas las combinaciones o agrupaciones flexibles a que nos tiene acostumbrados el coro gozoniego, desplegaría sus reconocidas cualidades de afinación, empaste, dinámicas, fraseos, dicción y todo lo que queramos añadir.

Así sonaron cinco de los cien de motetes atribuidos al Maestro en su fructífera época salmantina de la cátedra de Música de su Universidad, tres de ellos recuperados (e indicados con ø+): Erat autem quidam homo, que daba título a este concierto, O quam suavis est, Diligite inimicos vestros (ø+) en un primer bloque, y tras Guerrero, Cum ieiunatis (ø+) y O Rex gloriae (ø+). Magisterio compositivo e interpretativo, fraseos claros, balances para degustar una escritura polifónica rica que en distintas combinaciones y número fueron llenando el grueso del programa según fuesen a cuatro voces, cinco (Cum ieiunatais) o las impresionantes seis voces del último, con total control dinámico plegado al latín donde la mezcla de juventud y veteranía se nota por un esmerado trabajo, especialmente en los finales.

Antecesor de Vivanco en la capilla salmantina, el zamorano Alonso de TEJEDA (1540-1628) también rescatado para nuestro tiempo, nos dejaron el motete a cinco voces Hodie in monte (ø+) sobre la transfiguración, la misma que LDO ofrece en cada página. Breve pero impecable, bien situado en el orden del concierto, sin pausas, dotando de unidad «argumental» además de vocal y agradecidos de ampliar un repertorio donde los asturianos siguen siendo un referente coral en nuestros días.

De la trilogía o «tridente dorado», nada mejor que escuchar a Francisco GUERRERO (1528-1599), primero con las voces blancas en el Sancta et immaculata (1589) que aprovechan la «Cantera Aurum» en este canto a la Virgen para tres voces de sopranos y una de alto, ideales por su tesitura brillante para esas dos cuerdas femeninas que mantienen un color y volumen dignos de admiración; proseguirían con la villanesca Mi ofensa es grande (1589), la única que no se cantó en latín pero igualmente de dicción clara en su polifonía; el Ave Virgo sanctissima (1566) a cinco voces (con dos de tiple) sería otro nuevo despliegue vocal, especialmente en los registros extremos (sopranos y bajos), más el motete funerario a seis voces Hei mihi, Domine (1582) que se escuchó en las exequias por Felipe II celebradas en la catedral hispalense en 1598, tal y como nos cuenta en las notas al programa Pablo J. Vayón. Buena elección y colocación de las distintas obras y formas utilizadas (antífona mariana, villanesca, motete) por el maestro de capilla sevillano avanzando ya una policolaridad que el LDO interpreta como pocos dada la versatilidad de sus componentes.

Manteniendo el sabor y buen escribir de la escuela andaluza de polifonía con Guerrero al frente, no podía faltar en este concierto Alonso LOBO (ca. 1555-1617), único que ostentó las dos principales maestrías de capilla de entonces (Toledo y Sevilla), cuyo Versa est in luctum (1598) «prologó» y nos preparó para el gran Victoria de la mejor manera posible.

Y paisano de Vivanco además de compañero en la escolanía de la catedral abulense, Tomás Luis de VICTORIA (ca. 1548-1611) sigue poniendo la carne de gallina cuando lo escuchamos al LDO. La «semilla PP» ha prendido y aprendido en estas voces, nuevamente «refrescando repertorio» para las veteranas y transmitiendo magisterio a las jóvenes. Sus dos antífonas marianas a ocho voces nos trajeron las 31 voces (8-7-8-8) de este coro único y al completo para el «compositor de oro»: Regina coeli, que volvió a emocionar a un auditorio entregado (aunque «algo novato» por interrumpir antes de finalizar) tras el primer Aleluya que bisarían al final, y la Salve Regina, impresionante entendimiento vocal, todos plegados y entregados al maestro García de Paz, doble coro cual estéreo renacentista, dinámicas extremas sin perder nunca afinación, empaste o fraseos, contrastes perfectos con estas obras que son cual «ADN dorado». Si Vivanco sirvió de hilo conductor, Victoria volvió a vencer.

 

Nota: (ø+ ) Recuperación histórica, estreno en tiempos modernos.

Ya han pasado 32 años

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Viernes 12 de mayo, 20:00 horas. Auditorio de Oviedo, Abono 11 «El pasado recobrado»: OSPA, Lorenza Borrani (violín y directora). Obras de Mozart, Schnittke, Petrucci y Schubert.

Un 12 de mayo de 1991 asistía al primer concierto de la OSPA, heredera de la OSA (Orquesta Sinfónica de Asturias) y de la anteriormente denominada Orquesta de Cámara de Asturias, «Muñiz Toca», todas por mí disfrutadas, una formación inicialmente camerística y académica (ligada al entonces Conservatorio Provincial de Música y a la Diputación y Fundación Pública «Centro Provincial de Bellas Artes»), que iría creciendo hasta convertirse en la actual orquesta de todos los asturianos en plena madurez. Con un programa titulado El pasado recobrado bien podría servir igualmente para esta onomástica, aunque faltó pedir de regalo que se cubra la plaza de concertino, pues este viernes con escaso público (que sigue preocupando dado que la orquesta y las obras bien merecían más aforo), quedó aún más patente la necesidad de ese puesto tan importante si bien la maestra florentina Lorenza Borrani (1983) hizo un buen doblete.

Y es que la violinista Lorenza Borrani haría las veces de solista en el primer concierto de Mozart y ya desde el puesto de concertino, con María Ovín de ayudante, dirigiría el resto del concierto, labor difícil que se logra primero por la elección de unas obras con una orquesta camerística de poco viento (aumentando según el programa que también llevará a Bilbao) y sin percusión, sumando el conocimiento tanto mozartiano como de «la quinta» de Schubert (siempre escribo que no hay quinta mala) por parte de todos, pero pienso que especialmente el trabajo previo -como buena intérprete de música de cámara- en las «nuevas» de Schnittke o Petrucci (con arreglo de Maderna) donde la maestra italiana Borrani hizo sonar casi como quinteto a una orquesta que creció en plantilla mínimamente a lo largo del programa, siempre con la colocación vienesa que favorece esa sonoridad camerística de empaste y escucha común. Un concierto para disfrutar de la cohesión y empaste instrumental, la alegría de los clásicos y la apuesta por recobrar músicas del pasado con la visión actual que ayudan y enriquecen tanto la interpretación como la escucha, siempre con las martirizadoras toses en el momento más inoportuno.

El Concierto nº 1 para violín en si bemol mayor, K. 207 (1773) de W. A. Mozart (1756-1791) lo escribe el genio de Salzburgo cuando era concertino en su ciudad natal. Tes movimientos (Allegro moderato – Adagio – Presto) en los que Borrani no sólo se lució como solista de sonido preciosista, claro y bien balanceado con la orquesta, sino que dejó a las secciones disfrutarlo con ella, optando por tempi bien llevados y sin precipitación. Las trompas y oboes a dos (hoy un inmenso Juan P. Romero de principal) subrayaron la calidad de una cuerda limpia y precisa en el Presto final. Interesantes las cadencias de la italiana (de las obras de Mozart Artur Schnabel decía que «son demasiado fáciles para los niños y demasiado difíciles para los artistas»), especialmente en el bello Adagio central, con el siempre complicado control al ejercer el doble papel de solista y directora para un concierto refrescante, ideal para abrir oído y cohesionar la sonoridad de las melodías siempre «pegadizas» del irrepetible niño prodigio.

Otro «pasado recobrado» llegaría con el ruso Alfred Schnittke (1934-1998) y su Suite en estilo antiguo (1972) en arreglo camerístico de V. Spivakov & V. Milman (1987), incorporándose algo más de cuerda -excepto los dos contrabajos- junto al clave de Sergey Bezrodny. Cinco danzas originales para violín y piano (I. Pastoral; II. Ballet; III. Minueto; IV. Fuga; V. Pantomima), en principio música de cine y homenaje al barroco como bien explica la doctora Gloria Araceli Rodríguez-Lorenzo en sus notas al programa «Más de cien cantos», y que el fundador de Los Virtuosos de Moscú grabó con ellos también en 1991 con el preciosismo de la cuerda y una OSPA capitaneada por la italiana que sonó cercana y compacta, sin olvidar los guiños del compositor para recobrar esos «aires antiguos» y hacerlos nuevos con la misma esencia. Merecido protagonismo del oboe, tanto marcando las entradas como con su sonido plenamente «pastoril», las contestaciones afinadas y muy controladas de las dos trompas bien empastadas con la disposición de «conjunto vienés», dotando de una tímbrica muy equilibrada para esta suite, especialmente en la Fuga o la impactante y punzante Pantomima final, paladeando cada sección de la cuerda y el clave para una interpretación de «Los Virtuosos Asturianos».

En las notas al programa se describe: «Odhecaton (del griego ‘odè’: canto y ‘ècaton’: cien), el nombre del primer libro de música impreso con fines comerciales en Venecia en 1501 por Ottaviano Petrucci, una revolución en la difusión de la música que internacionalizó el estilo franco-flamenco con casi cien canciones polifónicas profanas a tres o cuatro partes de Ockeghem, des Prez, Busnois, Agricola y Obrecht. Este repertorio se convirtió en modelo ‘clásico’ de inspiración para compositores posteriores, que vuelven su mirada a más de cien cantos del pasado». Con ese mismo título de Odehacaton: «suite», el italiano Bruno Maderna (1920-1973) arregla para cuerda y solistas de viento (hoy fagot) trece de ellos rescatados de archivos y bibliotecas, en dos suites que para este concierto sonaron cuatro de esos cantos en distinto orden, para hacerlos cercanos a la par que contemporáneos: I. Obrecht «Rom Peltier», II. Okenghen «Malor me bat», III. Compère «Allins ferons la barbe» y IV. Josquin «Adieu mes amours» donde el lirismo del fagot de Mascarell cantó además de brillar con luz propia y única mientras la cuerda con Borrani al mando revistió de moderna esta música flamenca revisitada. Originalmente escritas con finalidad didáctica para los estudiantes del Conservatorio Benedetto Marcello de Venecia, probablemente en 1950 como parte de los conciertos de fin de curso, este enfoque pedagógico de Maderna vino cual reciclaje para los profesores asturianos con la «coach» italiana de concertino, pues el diálogo entre todos permitió «hacer grupo», equipo, escucharse, sentirse todos protagonistas y volver a disfrutar tanto de esta música siempre bella como de una interpretación global que resultó el mejor entrenamiento («training» suena más actual) para la sinfonía que cerraría este undécimo de abono.

Franz Schubert (1797-1828) es el romántico por excelencia y de su obra no hay suficientes calificativos para una vida tristemente corta. De su corpus sinfónico las primeras sinfonías aún siguen las pautas clásicas de Haydn y Mozart, para ir admirando a Beethoven y abrir paso al llamado «Romanticismo temprano». Al igual que su adorado amigo alemán en la Viena de principios del XIX, la Sinfonía nº 5 en si bemol mayor, D. 485 (1816) suma mi dicho de que «no hay quinta mala» pese a no editarse en vida del malogrado compositor vienés, pero el tiempo la ha convertido en una de las más populares . Los músicos de la OSPA la tiene en el cajón para seguir «recobrando el pasado» a lo largo de estos sus primeros 32 años. Con Borrani de concertino nos dejaron una versión brillante, elegante y vital, con tempi bien ajustados en sus cuatro movimientos (Allegro – Andante con moto – Menuetto: Allegro molto – Allegro vivace), ágiles y muy matizados, perfecto ensamblaje de cuerda y viento nuevamente agradecidos por la disposición clásica que favorece y equilibra la escucha sinfónica. Conocedores todos de lo escrito y cómo hacerlo sonar, el arco y gestualidad de la directora florentina fue más que suficiente para esta quinta luminosa que nos dejó tan buen sabor de boca y donde el pasado siempre está presente dando esperanzas para el futuro.

Qué corra la voz porque se necesita más público en el auditorio, y la ilusión por lo bien hecho habrá que contagiarla o darle más publicidad. «La Viena española» se lo merece, este viernes sólo faltó el Cumpleaños feliz.

EnganchadOS PAra la próxima

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Viernes 28 de abril, 20:00 horas. Auditorio de Oviedo: Musica est litterae II, Abono X, OSPA, Nuno Coelho (director). Obras de Dvořák, Gerhard y Prokofiev.

Tarde completa con la OSPA y su titular Nuno Coelho (Oporto, 1989), que junto a la gerente Ana Mateo nos citaban a las 18:30 en la sala de cámara a todos los abonados para presentarnos la próxima temporada 2023-24, segunda del maestro portugués, que comentaré en otra entrada del blog, y que solo con los titulares y avance de una programación aún sin cerrar completamente, ya nos ha dejado enganchadOS PAra la siguiente, con ilusión, esperanza en otra apuesta de nuestro «Neno» que desgranaré más detalladamente y con más tiempo.

Y a las 19:15 nos dirigimos a la prueba acústica de esta segunda entrega del llamado «Music Folixa Books» de la música literaria, es decir otra muestra de cómo Cervantes y Shakespeare han inspirado tantas partituras. El director portugués también nos explicó los distintos pasajes a revisar antes del concierto con distintos matices y tempi, que también haría al presentar este décimo de abono antes de dar inicio al concierto.

Nuno Coelho se ha ganado el respeto y la admiración poco a poco, concierto a concierto desde sus primeras invitaciones. Cercano y pasional, viviendo la música y transmitiendo una alegría que además de granjearse la simpatía del público, también logró una buena conexión con su orquesta, a la que está devolviendo la confianza perdida tras algunos años que he llamado de «travesía del desierto». Las obras elegidas para este abono demostraron cómo se está retornando al «sonido OSPA» más allá de una mera suma de las secciones, un bloque compacto y unido donde todos se escuchan y transmiten las claras indicaciones desde el podio para alcanzar momentos deliciosos. Sólo queda cubrir de una vez la plaza de concertino, esta vez con otra invitada de larga trayectoria como es la polaca Joanna Wronko. Tres compositores cercanos en el tiempo que han sido auténticos maestros en la orquestación y ayudaron a amalgamar esta orquesta asturiana «En busca del tiempo perdido» como el escrito por Proust.

El amor y todas sus facetas: enamoramiento dulce, pasión, celos, dramatismo llevado hasta el cénit, «música pura» que a menudo ha encontrado en la danza la máxima expresión sin necesidad de palabras merced a unos argumentos literarios donde la ficción parece superada por la realidad con solo leer la prensa o escuchar las noticias. Obras cercanas en el tiempo que ayudan a engrasar la maquinaria sinfónica y las emociones de todo diletante que se precie.

William Shakespeare (1564-1616) plasmó como pocos el amor cortés y las pasiones humanas, por lo que Antonin Dvořák (1841-1904) escribirá la obertura Othello, op 93, B. 174 en sus años como profesor de composición e instrumentación en Praga antes de mudarse a Nueva York, casi cual relato sinfónico donde explorar toda la dramaturgia del escritor inglés. El inicio lento ya mostró una cuerda disciplinada en los matices, con ataques precisos, sonoridad homogénea, sumando una madera siempre empastada, afrontando el allegro lleno de dramatismo con una paleta de dinámicas potentes, la ternura y los celos como motores tímbricos y expresivos que la orquesta mostró desde la deseada y esperada unidad sinfónica con la respuesta exigida desde la batuta siempre precisa, respirando aires wagnerianos pero también rusos, al igual que en la segunda parte.

Sobre nuestro universal Don Quijote cervantino el catalán de origen franco-suizo y exiliado a Inglaterra Robert Gerhard (1896-1970), que sería el primer compositor de música electrónica inglesa con su «El Rey Lear» (1955), escribirá sus Danzas de Don Quijote (1. Introducción; II. Danza de los Muleros; III. La edad de Oro; IV. En la Cueva de Montesinos y V. Epílogo) tras un encargo del propietario del Arts Theatre Ballet londinense, todo accidentado por la Segunda Guerra Mundial y reescrito en 1958 con forma de esta suite que Coelho nos brindó con «su» OSPA: atriles principales «gustándose» y ganándose el protagonismo, en especial toda la madera, mezclas estilísticas con dodecafonismo de Schönberg y herencia de Pedrell, el españolismo que el propio Quijote destila y Gerhard plasma en cinco movimientos muy exigentes orquestalmente, poco programados pero al fin escuchados en Asturias con toda la calidad de nuestra formación y el ímpetu desde un trabajo concienzudo por parte del maestro portuense. El amor platónico de Alonso Quijano a la Aldonza idealizada como Dulcinea, bendito y loco Quijote con músicas catalanas, danzas caballerescas casi del Rey Arturo con  trompeta y tambor, el descanso tras la batalla contra los molinos, el sueño y la realidad, dualidad femenina rememorando a nuestro gran Francisco Salinas, más ese epílogo tomando al homónimo de Richard Strauss para esta música de ballet que explora y explota los recursos tímbricos, melódicos y rítmicos de la orquesta en una interpretación exquisita por parte de la formación asturiana con el portugués al mando, y un final tan «mimado» e imperceptible que el público tardó en responder con el más que merecido aplauso.

Y la pareja de enamorados más universal que Shakesperare ambientó en Verona será inspiradora de mucha literatura musical donde destacará entre otros rusos Sergei Prokofiev ((1891-1953) cuyo Romeo y Julieta fue pensado para el famoso Teatro Marinsky de Leningrado (hoy San Petersburgo) y rechazado por el Ballet Bolshoi tachándolo de «no oirse bien la música, demasiado corta, tener ritmos impredecibles y ser en suma «imposible de bailar»…» como bien nos cuenta Andrea García Alcantarilla en las notas al programa (página 41), por lo que Prokofiev extrajo dos suites del ballet de 1936 (opus 64bis y 64ter) que se estrenarían en Brno dos años más tarde, y una tercera suite (op. 101) en 1946. Nuno Coelho tomaría de todas ellas nueve números organizados según el orden literario confiriendo así mayor unidad este «relato sinfónico»: I. Montescos y Capuletos, II. La joven Julieta; III. Minueto; IV. Romeo y Julieta (escena del balcón); V. Baile matutino; VI. Muerte de Tybalt; VII. Fray Lorenzo; VIII. Romeo ante la tumba de Julieta; IX. Muerte de Julieta). Si la orquestación del ruso es exquisita y con números muy escuchados como el primero, potentísimo y acertado arranque antes del «tema principal», el segundo con cuerda precisa y presente), el sexto impetuosamente vertiginoso y esa muerte final que angustia por la delicadez revestida de solemnidad orgánica en trombones y tuba, con esta OSPA del décimo que no defraudó en ningún momento. Por fin una cuerda precisa y clara, corpórea, permutando cellos y violas, vientos bien ensamblados con trombones y tuba «entarimados» a la derecha tras los contrabajos, aumentando la sensación de contundencia, piano-celesta y arpa en feliz unión, timbales seguros y sobre todo el papel de una percusión que además de motor daría las pinceladas de color que Prokofiev siempre les escribe.

Maravillosa segunda parte con un trabajo arduo de matización, rítmica, transiciones espectaculares, balances conseguidos y el final trágico, sentido, con Coelho aguantando las manos para permitir esos segundos donde las notas aún flotan antes de respirar hondo y alcanzar la atronadora ovación del respetable, más que merecida, con varias salidas a saludar y el aplauso unánime de unos músicos a quienes se les notó el disfrute tras el enorme esfuerzo exigido y bien resuelto.

Si la música es el alimento del amor

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Miércoles 26 de abril, 20:00 horas. Auditorio de Oviedo, Sala de Cámara, X Primavera Barroca. «Orpheus britannicus and friends»: Alex Potter (contratenor), Mathilde Vialle (viola da gamba), Patrick Ayrton (clave). Obras de Purcell y otros compositores británicos.

Como dice el texto de Henry Heveningham (1651-1700) musicado por el otro Henry Purcell (1659-1695), el Orfeo británico, «Si la música es el alimento del amor», este nuevo concierto de la décima Primavera Barroca ovetense, en colaboración con el CNDM, fue como una merienda musical de velada cercana, amena, variada, centrada en el renacimiento y barroco inglés, con un trío perfecto encabezado por el simpático contratenor Alex Potter que hicieron de la sala de cámara del auditorio carbayón un salón de casa donde disfrutar cada obra con su poesía que cantada alcanza la categoría máxima, y donde sólo faltó «A cup of tea».

Y es que el programa se organizó por bloques que dieron unidad, permitiendo disfrutar los solos de Vialle y Ayrton intercalados entre las apariciones de un Potter de timbre bello, «natural» sin afectaciones ni cambios de color, con dicción perfecta y lógica en un inglés, así como dramaturgia en todas sus obras pues como decía para LNE «En el escenario hay que saber cómo contar historias para lograr transportar al público», algo que hizo desde su primer Purcell We sing to him, Z 199 enlazado con Henry Lawes (1596-1662) Love’s fruition, y Matthew Locke (ca. 1621-1677) Bone, Jesu, verbum Patris, afectos y efectos perfectamente arropado por Vialle, casi otra voz grave, y el perlado clave de Ayrton, respirando con el contratenor y entregados a este programa tan «british».

Daphne, IRS 5 de Richard Sumarte (¿?-1630) para viola de gamba dejó la prueba del buen hacer de Mathilde Vialle con una sonoridad redonda y clara dando el paso de acompañante al Fain would I change that note de «Musicall humors» (1605) de Tobias Hume (ca. 1579-1645) donde el dúo con Potter fue mágico más allá de la coincidencia literaria y cinematográfica del apellido.

El magisterio en el clave de Patrick Ayrton quedó patente con Ground en re menor, ZD 222 de Purcell, que como en la anterior enlazó acompañando las dos versiones del If music be the food of love («Orpheus britannicus«, 1698) donde Vialle completó una interpretación sentida por parte del contratenor.

No hubo pausa para el descanso pero sí una ligera variante con los dos temas de John Blow (1649-1708), primer el clave solo de Theater tune, Jigg, Ground y Rondo, esa «rueda» que empuja, y la aparición de Potter entre las butacas para cantarnos teatralmente Why does my Laura shun me? (The grove), de «Amphion anglicus» (1700) con la complicidad y comicidad del clavecinista en busca de la ninfa amada.

Alex Potter presentó y explicó cada bloque, y el siguiente sería a pares entre Purcell y Blow con dos obras potentes emocionalmente como así nos las cantó con clave (What hope for us remains now is gone?, Z472 por la muerte de su amigo Matthew Locke), dolor que también alimenta la inspiración (Tell me no more, de «Amphion anglicus«).

Pablo J. Vayón en sus excelentes notas al programa cuenta las relaciones de este Orfeo británico y también qué es un ground, como también el propio Potter: «… los equivalentes a los ostinati italianos, líneas de bajo repetidas sobre las que escribir melodías», completando la ilustración sonora Vialle y Ayrton. No faltó tampoco el humor emparejando de nuevo a Purcell y Blow, de «Orpheus britannicus« el Here the Deities approve (pertenciente a  «Welcome to all the pleasures», Z 339/3 (1683) y Sabina has a thousand charms (de «Amphion anglicus«), expresividad vocal y corporal a trío con obras a pares.

Presentando a Patrick Ayrton (1961) como «el mago de la improvisación» llegó la sorpresa prevista de sacar al azar entre el público cuatro notas bien barajadas, resultando la secuencia Si-Sib-Sol-Fa#, y sobre ellas con el humor británico hecho música barroca, unas variaciones «virginales» explorando la sonoridad de un clave bien afinado con unas ornamentaciones siempre limpias dominando el estilo de este concierto que llegaría al último tramo de nuevo emparejando compositores y espiritualidad, A hymn to God the Father («Harmonia sacra«, libro I, 1688) de Pelhlam Humfrey (1647-74) junto al Orfeo que cerraba velada: An evening hymn, Z 193, un himno vespertino con texto de William Fuller (1608-1675) : «Ahora que el sol ha velado su luz y ha dado al mundo las buenas noches…», como traduce Luis Gago, Aleluya cantado con clave y viola «que prolonga tus días».

Público llenando el «salón», gente joven que corrobora la actualidad barroca y grandes ovaciones regalándonos primero Sweeter than Roses, Z. 585, nº 1, traducido al español por Mathilde, y al fin la palabra y humor de Patrick presentando sui géneris un aria de «singspiel» (!) para concluir esta tarde al fin primaveral disfrutando del contratenor Alex Potter.

Perianes feliz heredero de Larrocha

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Martes 25 de abril, 20:00 horas. Auditorio de Oviedo, Jornadas de Piano «Luis G. Iberni»: Javier Perianes (piano). «Cruce de caminos», obras de Clara Schumann, Robert Schumann, J. Brahms y Granados. Concierto homenaje a Alicia de Larrocha en el centenario de su nacimiento.

Bajo el título «Cruce de caminos» volvía a Oviedo el onubense Javier Perianes (Nerva, 1978) para homenajear a Alicia de Larrocha (Barcelona 1923-2009) en el centenario de su nacimiento, y puedo decir que feliz heredero de la maestra catalana, pues aunque en el repertorio español destacan sobremanera, está claro que los grandes románticos también son referentes en sus interpretaciones.

Así lo demostró Perianes este martes en un auditorio con abundante presencia de estudiantes de piano que seguro tomaron nota de su magisterio, frente a los que peinamos canas que tuvimos el privilegio de escuchar a ambos, afirmando que también sus caminos se cruzan como reza el texto inicial del programa: «El piano, el genio, la admiración y el afecto fueron ejes de la relación entre el matrimonio Schumann y Brahms (…) Apegos cruzados en el corazón del romanticismo, cristalizados en las series de variaciones que Clara y Brahms componen a partir de la introspectiva y quieta cuarta BunteBlätter opus 99 de Robert Schumann.
Universos de nostalgias, miradas y reflejos. Evocaciones que marcan el camino de Granados al espejo sonoro de Goyescas; “mezcla de amargura y gracejo”, evocación del universo visual de Goya»
.

El duro trabajo de años permite al pianista andaluz afrontar con personalidad y creatividad una primera parte romántica bajo el género de la variación en torno a Robert Schumann. Primero de Clara Schumann (1819-1896), de soltera Clara Wieck, cuyas siete Variaciones sobre un tema de Schumann, op. 20 además de un regalo para los 43 años de Robert son una verdadera belleza a partir de Albumblatt I (la cuarta Bunte Blätter, op. 99) de su amado esposo, intrincadas, personales, maduras, llenas de contrastes, los mismos calificativos aplicables a Perianes y con una dificultad que escuchándoselas no lo parecen, dado el dominio del onubense capaz de sonsacar de la gran densidad de la escritura de Clara toda la luz que esconde, como un orfebre que trabaja los detalles o el pintor que perfila con una amplísima gama de color.

Juan Manuel Viana titula sus notas al programa «Del amor y de la muerte: variaciones a seis manos», las de los tres compositores de la primera parte. Tras Clara, Robert Schumann (1810-1856) cuyas Quasi Variazioni: Andantino de Clara Wieck (de la Sonata nº 3 en fa menor, op. 14) son una miniatura de melodismo exquisito tal como la llevó Perianes desde una lectura reflexiva llena de emoción, la intensidad necesaria para dar continuidad a toda la carga musical de este «triunvirato a seis manos». La trayectoria del maestro andaluz ha ido dejando el poso que otorga tanto los conciertos orquestales como la música de cámara, y es ante la soledad del piano donde la madurez encuentra todo su reflejo.

Toda la grandeza y admiración hacia los Schumann de Johannes Brahms (1833-1897) la verterá en sus juveniles Variaciones sobre un tema de Schumann, op. 9, a partir también de las Bunte Blätter, op. 99, esta vez la primera de las «hojas de álbum», dieciséis miniaturas (I. Tema. Ziemlich langsam; II. Variación 1. L’istesso tempo; III. Variación 2. Poco più moto; IV. Variación 3. Tempo di tema; V. Variación 4. Poco più moto; VI. Variación 5. Allegro capriccioso; VII. Variación 6. Allegro; VIII. Variación 7. Andante; IX. Variación 8. Andante (non troppo lento); X. Variación 9. Schnell; XI. Variación 10. Poco Adagio; XII. Variación 11. Un poco più animato; XIII. Variación 12. Allegretto, poco scherzando – Presto; XIV. Variación 13. Non troppo Presto; XV. Variación 14. Andante; XVI. Variación 15. Poco Adagio; XVII. Variación 16. Adagio) de auténtico esfuerzo emocional que Perianes engrandeció, reflejando la doble personalidad homenajeada por el hamburgués de nuevo con el intrincado género de la variación para pasar de la luz a la sombra cual sucesión de lienzos cargados de color, fuerza, melancolía, esperanza, dolor… Contrastes de tempi ajustados a lo escrito con fraseos sentidos, matices inmensos del pp al ff, limpieza extrema, puliendo el sonido utilizando los pedales con total expresividad y pintando de un trazo con la seguridad de ambas manos. Una ejecución plena, madura y cercana a la extenuación por la total entrega de un Javier Perianes pletórico y «jondo» poniendo música al poeta José Hierro.

En este homenaje a la Maestra Larrocha no podía faltar Enrique Granados (1867- 1916), con las Goyescas, op. 11 (Los majos enamorados. Suite para piano) ejecutadas en su integridad y sin pausa ambos cuadernos, algo al alcance de muy pocos intérpretes, uno de ellos el propio Perianes.

Hace tiempo que califiqué al onuberse como «El Sorolla del piano» por la claridad que imprime a sus interpretaciones, especialmente Debussy pero también Falla. Y con estas Goyescas de Granados me reafirmo en esta personal impresión, pues los seis números pintaron al Goya de La lechera de Burdeos por un sonido cercano al impresionismo francés, también por el ambiente del genio de Fuendetodos donde Granados se inspira, el melodismo de la tonadilla sin letra que Perianes canta como nadie, auténticas «veladuras» musicales de aire universalmente hispano. Del Cuaderno 1 (1. Los Requiebros; 2. Coloquio en la reja; 3. El fandango del candil; 4. Quejas, o La maja y el ruiseñor) destacar cómo respira cada «cartón» elevado a cuadro, percepciones únicas, luminosidad y contrastes, dinámicas perfectas adaptadas al sentir de cada título, al ritmo -fandango de calado-, al tiempo con el que juega hasta lo imperceptible. G de Granados, de Goya, de Gracejo y Grandeza, de Genialidad. Donaire y melancolía abocetados con aire francés y pintados con mano firme, sentimientos amorosos, la música temática sin palabras, un verdadero testamento pianístico que Alicia de Larrocha nos dejó para la posteridad y Javier Perianes recoge en nuestro tiempo, pues como el propio Don Enrique decía «Goyescas es una obra de todo tiempo… Estoy convencido de ello». Sin resuello atacaría el Cuaderno 2 (5. El amor y la muerte; 6. Epílogo: Serenata del espectro), sentimiento de balada chopiniana, amor y muerte dramáticos en escritura e interpretación maestra con final fantasmal de piano hecho guitarra con aire atlántico premonitorio de la propia tumba del compositor catalán. Hondura, sentimiento, profundidad desde la madurez en una galería goyesca pintada por nuestro «Sorolla del piano».

Aún quedaría sentimiento para regalar, y de nuevo Brahms cuyo Intermezzo, Op. 118, nº 2 en la mayor nos dejaría la nostalgia común, el amor musical y la esperanza que nunca se pierde, pues el piano de Javier Perianes rezuma siempre optimismo tras un concierto intenso a más no poder.

P.D.: La Viena Española ofrecía también en la Sociedad Filarmónica de Oviedo un concierto de Lucía Veintimilla (violín) y María Cueva (piano).

BBC para BBB rozando la perfección

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Sábado 22 de abril, 20:00 horas. Conciertos del Auditorio, Oviedo: BBC Symphony Orchestra, Inmo Yang (violín), Sakari Oramo (director). Obras de Britten, Beethoven y Bartok.

No me acordaré del «Brexit» pero tenemos que reconocer la calidad de las orquestas británicas, y la Sinfónica de la BBC (BBCSO, el equivalente a nuestra OCRTVE) es una de las abanderadas camino de sus cien años (se fundó en 1930). Su sonido aterciopelado, claro, preciso, el equilibrio y calidad de todas las secciones que permite escuchar todo al detalle son algunas de sus muchas cualidades, y más en las obras que trajeron a «La Viena Española» en esta gira.

Finlandia se está convirtiendo en la mejor cantera de los directores de orquesta más reconocidos en este siglo, y Sakari Oramo (Helsinki, 1965) es uno de ellos. Titular desde hace 10 años de esta BBCSO con un curriculum impecable e invitado por las mejores formaciones mundiales. Su claridad en la dirección, de gestos precisos sin exageraciones, batuta ligera que igual corta como un sable, se vuelve florete o dibuja como un pincel, pero sobre todo una mano izquierda que remarca cada detalle convirtiéndolo en el verdadero conductor de una orquesta que responde en todo momento con la misma exigencia y exactitud indicada desde el podio.

Es maravilloso fijarse cómo dirige mientras escuchas cada obra (aún más siendo conocidas) para convertirnos en un atril más desde nuestra butaca, y este sábado el auditorio lleno disfrutó con la Orquesta Sinfónica de la BBC en un programa que tenía las tres B: Britten, Beethoven y Bartok.

Abría concierto el inglés Benjamin Britten con sus Cuatro Interludios marinos de «Peter Grimes», op. 33a para sacar músculo, sonido, complicidades, entendimiento, exactitud, claridad, balances perfectos y verdaderos cuadros sonoros, desde el amanecer con una cuerda luminosa, hasta la tormenta final donde poder desplegar todos los efectivos bien controlados y comandados por Oramo, un repertorio que la BBCSO lleva en sus genes y el finlandés sacó todas las cualidades de su formación en una verdadera lección interpretativa.

Y otra maravillosa interpretación el Concierto para orquesta, Sz. 116 de Béla Bartók, cinco movimientos que como explica Jerónimo Martín en las notas al programa «arguye una similitud (…) y la notificación reciente a Bartok de su leucemia, asemejando cada uno de los movimientos a las cinco etapas emocionales que se atraviesan al recibir una noticia trágica: shock al recibir la noticia (1º mov) – negación, simbolizado en el humorístico Giuoco delle coppie (2º mov) – estado atormentado en la Elegía (3º mov) – ira o desprecio representado en el Intermezzo interrotto (4º mov) – aceptación e incluso alegría por la vida vivida (5º mov)». Disfrutando de una cuerda unificada, compacta, preciosa y precisa, de una fagot con sonido impecable, dos arpas auténticamente celestiales y una formación que «suena a disco», con la dirección de Oramo, lo escuchado fue algo indescriptible, con un Finale. Pedante-Presto donde la gestualidad del finlandés marcó todo para escucharlo cual BBC (de bueno, brillante y corpóreo). En la misma línea la propina de una de las Danzas rumanas de Bartok (*) agradeciendo que tras un concierto exuberante aún nos dejasen pasadas las diez de la noche un regalo con la misma calidad y entrega que el resto de la velada.

Punto y aparte sería el Concierto para violín y orquesta en re mayor, op. 61 de Beethoven con el coreano Inmo Yang y su Stradivarius «bostoniano» de 1718. Tras lo escuchado al fin me convencí que la perfección existe. Oramo presidió el jurado del Concurso Jean Sibelius de 2022 donde Yang obtuvo el primer premio, tras lo que el director comentó: «Ganador por unanimidad. Hubo un gran nivel en la intepretación de Inmo, como músico y como violinista», por lo que supongo fue elegido para estos conciertos de la BBCSO con Sakari Oramo al frente.

La clave está en la musicalidad del coreano, puesto que la técnica de esta generación de virtuosos está en otra galaxia y pueden afrontar los repertorios más exigentes. Pero el sentimiento no se estudia, sumándole el sonido de su violín que enamora desde la primera nota: terciopelo y seda, con un arco impresionante, unos legati increíbles, una gama de matices impresionante, un empaste con la orquesta impensable en vivo y con una proyección, incluso en los pianissimi que parece imposible percibirla como en este concierto de Beethoven. El Allegro ma non troppo comenzaría con el «tempo giusto» marcado por el maestro Oramo para disfrutarlo sin prisa, y el guante lanzado lo recogió Inmo a la perfección. Dulzura, delicadeza, fraseos impecables, limpieza de ejecución, balances orquestales revestidos de un «colchón filarmónico» que parece hacerlo flotar en una nube hasta la primera cadenza: conversión a la pasión y entrega desde el virtuosismo al servicio de esta joya del sordo genial, momentos de transformación que transmiten la profundidad de esta partitura y el engarce ideal entre solista y orquesta. Con el Larghetto pareció detenerse el reloj, escuchando cada nota escrita conformando la unidad del movimiento central, con Oramo concertando al detalle, la orquesta escuchando al solista para mezclarse con él desde la fusión en estado puro antes de otra cadenza suspendida en el aire, cortando la respiración antes de atacar el Rondo. Allegro que la BBCSO continuó con la misma entrega comandada por el director finlandés. La perfección de solista, director y orquesta para un concierto que quedará grabado en mi memoria.

La cuarta B del sábado tenía que ser Bach, de quien Inmo Yang nos regaló la «Sarabande» de la Partita nº1 en si menor, BWV 1002, sin prisas, sentida, transmitiendo con el Stradivarius la grandeza de «Mein Gott» que nos elevó al séptimo cielo musical, placeres eternos en «La Viena Española».

PD: (*) Gracias Alejandro por la corrección a mi error inicial confundiendo propina de Bartok con Kodaly.

Bendita locura de inspiración musical

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Viernes 21 de abril, 20:00 horas. Auditorio de Oviedo, Abono 9 «Musica est litterae I»: OSPA, José Antonio López (barítono), Carlos Mena (director). Obras de Telemann, Ibert, Ravel, Purcell y Finzi.

No nos dejemos impresionar por títulos «cool» muy «modernos» que mezclan idiomas para aparentar universalidad como el propio «Books Folixa Music» ni tan siquiera llamar a estos conciertos y recitales «OspaFest«, pues la literatura siempre ha sido fuente de inspiración musical en esta unión que engrandece los textos desde los orígenes. Y celebrar el 23 de abril musicalmente daría para muchísimos programas, por lo que es de aplaudir la elección de Miguel de Cervantes y William Shakespeare bajo el lema La música es literatura, dos ejes vertebradores del Barroco al siglo XX explorando páginas orquestales donde la palabra cantada crece gracias a los compositores, el español y el inglés que siguen siendo más que suficientes para recorrer mundo.

La presencia del vitoriano Carlos Mena (1971) ya auguraba el perfecto maridaje de estilos, sumándose el barítono murciano José Antonio López (1973) que engrandecerían la figura de un Don Quijote instrumental y también cantado en francés (Ibert y Ravel) más las canciones shakesperianas de Finzi en inglés. Sin descanso, con las mínimas pausas para adaptar plantilla, «El sueño imposible» como titula Pablo Gallego sus notas al programa, unió a Don Miguel y Don Guillermo como inspiradores en distintos estilos bien ensamblados para este primer viaje literario de este extraño abril.

La cuerda de la OSPA tiene personalidad propia, y nuevamente comandada por el austriaco Benjamin Ziervogel de concertino invitado, más el clave de David Palanca junto a la percusión impecable de Rafael Casanova, nos ofrecieron la suite Don Quijote, TWV 55:G10 de Georg Philipp Telemann (1681-1767) de estilo y sonoridad ideal bien llevados por un Mena dominador de estos repertorios barrocos. Los siete números (I. Obertura; II. El despertar de D. Quijote; III. El ataque a los molinos de viento; IV. Suspiros de amor por Dulcinea; V. Sancho Panza decepcionado; VI. El galope de Rocinante; VII. El sueño de D. Quijote) fueron la mejor ilustración sonora de estos capítulos que el coloso Telemann recrea magistralmente en esta bendita locura quijotesca llena de humor y color.

En un salto cronológico de gigante, que solo la música puede dar, el francés Jacques Ibert (1890-1962) escribe sus cuatro Canciones de Don Quijote (1932) para la película Don Quichotte de G. W. Pabst. La instrumentación es curiosa y perfecta para que la voz dramatice esos pasajes cervantinos, y José Antonio López pudo lucirse en todas ellas poniendo las imágenes con su amplia gama de matices, musicalidad a raudales y entrega bien entendida por un Mena que como cantante respiró con el barítono. Maravillosas las cuatro (I. Canción de partida; II. Canción a Dulcinea; III. Canción del Duque; IV. Canción de la muerte de D. Quijote) por expresividad, dicción, lirismo y entendimiento, feliz conjunción de obra e intérpretes en un microrrelato hecho música.

Y sin perder los aires del otro lado de los Pirineos pero más cercano, del vascofrancés Maurice Ravel (1875-1937), conocedor y amante de nuestro folklore, sus tres Don Quichotte à Dulcinée (I. Canción novelesca; II. Canción épica; III. Canción báquica) dieron a Cervantes la universalidad musical en la lengua de Molière, para disfrutar nuevamente con José Antonio López, cerrando este nuevo acercamiento al Ilustre Hidalgo con la canción para beber y disfrutar embriagándonos de belleza musical con la OSPA y Carlos Mena perfectos compañeros de viaje, donde delicadeza y potencia fueron de la mano con el barítono lorquí, inmenso Alonso Quijano cantado.

La riqueza de los idiomas se la han dado sus grandes escritores, y así nos referimos al español de Cervantes, el italiano de Dante, el francés de Molière y evidentemente el inglés de Shakespeare. Dos compositores contrapuestos pero como en espejo, dos mundos musicales que beben de su literatura, primero el «Sueño de una noche de verano» que Henry Purcell (1659-1695) convierte en The Fairy Queen o «La reina de las hadas«, híbrido de teatro y ópera para que OSPA y Mena, como con Telemann, nos devolvieran a la sonoridad inicial desde una cuidada selección instrumental (I. Preludio; II. Hornpipe; III. Aire; IV. Rondó; V. Danza de los monos) nuevamente perfecta de interpretación por contrastes y sonoridades plena con plantilla para la ocasión.

Para cerrar aniversarios, homenajes o encuentro vital de Don Miguel y Mr. William, el compositor londinense Gerald Finzi (1901-1956) escribirá entre 1929 y 1942 el ciclo Let us garlands bring, op 18 (canciones de Shakespeare). Con solo la orquesta de cuerda _arreglo posterior al estreno- las cinco canciones en la voz de José Antonio López pusieron lo mejor del noveno de abono, cinco maravillas melódicas donde texto y música emocionan separadas y aún más juntas. Leer los poemas originales o traducidos ya supone un disfrute (I. Márchate, muerte; II. ¿Quién es Silvia?; III. No temas más el calor del sol; IV. Señora mía; V. Érase un joven y su amada); la música de Finzi transita del amor al dolor con rememoranzas isabelinas de la época de Shakespeare pasando por las sempiternas músicas de taberna. Grandeza interpretativa en el idioma inglés con una cuerda aterciopelada que vistió de gala la auténtica fiesta musical comandada por un Mena que transmite confianza y seguridad para que López brillase con luz propia. Un éxito muy aplaudido pese a la escasa entrada que no se merecía este concierto de inspiración literaria, bisando la canción segunda Who is Silvia?.

Delicadezas alemanas

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Martes 21 de marzo, 20:00 horas. Auditorio de Oviedo, Sala de cámara: Circuitos CNDM – X Primavera Barroca. Academy of Ancient Music, Jessica Cale (soprano). Obras de Haendel y Bach.

Oviedo es «La Viena Española» y su actividad musical es imparable, como intento reflejar en este blog  pese a no acudir a todos los conciertos por coincidencias en la programación, pero también por mis viajes (ventajas de la jubilación) fuera del Principado.

Y este martes proseguía el «no parar melómano», primero a las 18:00 horas con la conferencia del doctor Ramón Sobrino en colaboración con el CONSMUPA, con quien arrancaba la décima edición de la X Primavera Barroca, dentro de los Circuitos del CNDM; media hora más tarde al lado del auditorio, en el Club de Prensa Asturiana, Antonio Moral Rubio (quien fuese también, entre otros muchos cargos, director del CNDM) junto a Aarón Zapico presentaba el Festival de Granada, que siempre tiene presencia asturiana, este año con el maestro langreano inaugurándolo en el Palacio de Carlos V esta 72 edición con un original homenaje a Falla por los 100 años de El retablo de Maese Pedro, siendo presentados ambos por Mª Encina Cortizo. Finalmente a las 20:00 horas en la Sala de Cámara, recinto ideal para estas músicas, el concierto de la mítica Academy of Ancient Music (AMM), hoy reducida a quinteto, con el género dominante del último barroco, la «sonata en trío»: cuatro obras de Mein Gott, de quien celebrábamos este 21 marzo su 338 cumpleaños (según el calendario juliano) y fecha que se ha declarado «Día Europeo de la Música Antigua«.

También tendríamos a la soprano galesa Jessica Cale que nos dejaría cinco (más otra de propina) de las «Nueve arias alemanas» de Händel. El mejor tándem germano para abrir boca y triunfar ante una afición fiel, hoy llenando aforo, aunque tosiendo cual fuego cruzado no ya en los silencios entre movimientos u obras, tampoco respetando la interpretación. Oviedo espera cada marzo este nacimiento primaveral con el periodo histórico que más adeptos jóvenes está captando, máxime cuando la calidad de la programación atrae incluso público de otros lugares, de lo que deben tomar nota los responsables que hace diez años «no daban un euro» por esta nueva oferta totalmente afianzada en la capital del Principado.

Alternando partes instrumentales y vocales de los dos genios coetáneos con vidas paralelas, distintas y complementarias, comenzaba el quinteto de la AAM con la Sonata a trío en la mayor, op. 5 nº1, HWV 396 (1739) de G. F. Haendel (1685-1759) y la Sonata para violín y clave en la mayor, BWV 1015 (1717-1723) de J. S. Bach (1685-1750), dos ejemplos de la «música pura» entendida desde un lenguaje común con rasgos propios, cuando la música instrumental empezaba a independizarse de la vocal y algunos músicos italianos concibieron estas piezas con dos instrumentos agudos dialogando sobre un bajo, fórmula que tuvo tal éxito que los dos alemanes la cultivaron intensamente. Como bien indica Pablo J. Vayón en las notas al programa «Las cuatro sonatas del catálogo BWV de este recital son típicamente corellianas (…) También es una sonata en trío la op. 5, no 2 de Haendel, que pertenece a una serie de siete publicadas por John Walsh en 1739, auténticos pastiches construidos con música previa…». La del alemán nacionalizado inglés una de las primeras delicadezas de la tarde con un «ensemble» donde destacó el clave de Devine siempre bien ornamentado y el violín de Čičić algo apagado, pero que en la sonata BWV 1015 del cantor de Leipzig nos dejaron una joya a dúo. Otro tanto del traverso de Brown con clave y cello BWV 1033 que abriría la segunda parte. De nuevo Bach con la BWV 1079 de la Ofrenda Musical en la interpretación camerística de los músicos de la AAM nos brindarían estas sonatas da chiesa para disfrutar del «padre de todas las músicas», partituras donde cada instrumento estuvo en el plano idóneo tanto individual como de conjunto.

Ya con Jessica Cale escucharíamos las dos primeras arias de las Neun deutsche Arien, HWV 202-210 (1724-1726) de Händel sobre textos de su contemporáneo Barthold Heinrich Brockes (1680-1747), y volviendo a citar al musicólogo sevillano « Sorprendentes resultan (…) las Neun deutsche Arien que Haendel escribió para un destino hoy desconocido en los años 1720. Se trata de piezas compuestas sin voluntad de ciclo para voz de soprano (o tenor), un instrumento melódico sin especificar y bajo continuo». La soprano británica tiene un color de voz esmaltado, buena dicción en alemán, algo corto de volumen el registro bajo pero con la musicalidad esperada en la «escuela inglesa», lo que nos permitió comprobar el magisterio de Handel para estas arias de «carácter panteísta, meditativo y moralizante», válidas también para tenor, realzando unos textos (con originales y traducción de Luis Gago) que se engrandecen aún más con las notas de Georg Friedrich Händel antes de mutar a Georges Frederick Haendel, en cierto modo el banco de pruebas de sus grandes oratorios.

Cale organizó estas arias contrastando tiempos, algo muy barroco como todo el programa (rápido-lento), con la más extensa HWV 206 en la segunda parte, para cerrar programa con las HWV 202 y HWV 207. Maravillosa instrumentación dejando partes con flauta o violín más un continuo efectivo en acompañamiento y omnipresente, además de necesario, sin sobrepasarse nunca permitiendo escuchar la voz de la soprano con toda la gama de expresión y ornamentos nunca exagerados, contenidos por la importancia de la letra, siendo merecedor primer premio del público en el London Handel Festival Singing Competition de 2020.

La propina sería Süße Stille, sanfte Quelle, HWV 205 de honda y emotiva expresividad con la AAM perfecta en su papel secundando a Cale, auténticas delicadezas alemanas con sello «british» pues para ellos estas músicas siempre tienen «A touch of class» y la mejor forma de celebrar este 21M.

Academy of Ancient Music: Rachel Brown (flauta), Bojan Čičić (violín), Gavin Kibble (chelo), Kristiina Watt (tiorba), Steven Devine (clave). Jessica Cale (soprano).

Un Haydn de oro

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Sábado 18 de marzo, 20:00 horas. Conciertos del Auditorio: Berit Norbakken (soprano), Esther Kuiper (mezzo), Stuart Jackson (tenor), Henk Neven (barítono), El León de Oro (director Marco A. García de Paz), Orchestra of the Eighteenth Century, Daniel Reuss (director). Obras de Haydn.

Otro concierto para recordar en «La Viena Española» dedicado a Franz Joseph Haydn (1732-1809), puro clasicismo enmarcado en el llamado Sturm und Drang (del alemán “tormenta e ímpetu”) con una formación de referencia como es la «Orquesta del siglo XVIII» que fundase allá por 1981 el legendario Frans Brüggen, que sigue inspirando desde su muerte en agosto de 2014 a su formación de amigos de veinte nacionalidades, donde sigue desde su inicio nuestro querido Emilio Moreno en la viola junto a otros españoles, y en la primera parte dirigidos por Alexander Janiczek desde su posición de concertino, demostrando que la formación mantiene la disciplina y calidad en su repertorio.

Un placer la sonoridad y rigor interpretativo de esta orquesta internacional que comenzaba su concierto con la Obertura  de la ópera L’isola disabitata, en cierto modo una sinfonía en miniatura por los cambios de tempo y auténticamente «tormentosa» además del «ímpetu», con una cuerda resistente y delicada en colocación vienesa, como era lógico, maderas y metales naturales más unos timbales que nunca sobrepasaron el gusto global por una tímbrica homogénea en todo el concierto.

La perturbante Sinfonía nº 26 en re menor, Hob. I:26, compuesta en 1768 ó 69 lleva por título «Passio et lamentatio», directamente «Lamentatione» y como en esta época inicial del llamado «padre de la sinfonía» con solo tres movimientos (I. Allegro assai con spirito – II. Adagio – III. Minuet. Trio), que tiene su inspiración en las dramatizaciones musicales en torno a la muerte de Jesús mientras Haydn trabajaba para los príncipes Esterházy. De nuevo aparece el espíritu de «ímpetu y tormenta» con una cuerda poderosa, un viento donde el oboe se erige protagonista en el Allegro inicial y las trompas bien afinadas de musicalidad plena en perfecta conjunción de madera y metal; un Adagio delicado y compactado, en el «tempo giusto» para la plegaria entonada por unos «cuernos» contenidos y de nuevo el oboe piadoso lleno de lirismo; el Minueto con trío final nos llevaría por sentimientos opresivos y en cierto modo hipnóticos (como escribe Pablo Gallego en las notas al programa) por su expresividad, dinámicas y fraseos a cargo de esta orquesta de leyenda.

Manteniendo este halo espiritual la segunda parte la ocuparía la Misa nº13 en si bemol mayor, Hob. XXII:13 «Schöpfungsmesse» (Misa de la Creación) con nuestro mejor coro, el LDO y un cuarteto solista ideal para estas obras, en colocación «cambiada» de izquierda a derecha: la mezzo holandesa Esther Kuiper de registro corpóreo que brilló sola y en los conjuntos, siendo la más destacada de los solistas desde su primer Kyrie; la soprano noruega Berit Norbakken de volumen algo corto aunque suficiente por su proyección y color; el bajo barítono neerlandés Henk Neven que quedó totalmente opacado en los conjuntos aunque el timbre fuese idóneo; y el tenor inglés Stuart Jackson, enorme de presencia aunque pequeña y bella voz como suele ser en los cantantes que salen de los coros escolares británicos, verdadera cantera vocal de la música barroca que con el paso al clasicismo, más al sinfónico coral, supone un plus que no tiene.

Punto y aparte el coro asturiano que con 37 voces no tuvo problemas en ningún momento. Atento Daniel Reuss a sus difíciles intervenciones con muchos cambios de compás y aire, el LDO se mostró seguro, afinado y hasta cómodo pese a los registros extremos donde nuevamente las sopranos volvieron a asombrar por la pureza de sonido y el empaste global de todas las cuerdas. Articulación y fraseos perfectos, pronunciación exquisita en latín eclesiástico, dinámicas perfectas y siempre presente, con un Gloria potente y un Sanctus-Benedictus «de disco» por destacar sólo estas de las seis partes que tiene esta misa. Maravilloso comprobar que los relevos generacionales junto al sustento veterano no les ha hecho perder ninguna de sus cualidades en la búsqueda de la belleza coral que volveremos a disfrutar en la Primavera Barroca.

El público casi se comportó como en una verdadera misa a lo largo del ordinario proyectado en latín y traducido al español, con la Orchestra of the Eighteenth Century refinada en sonido, metales brillantes pero nunca hirientes escoltando trompas y trompetas a las maderas aterciopeladas, timbales presentes (mimando el Sanctus), órgano de registro perfecto (en Et incarnatus est) y la cuerda con dinámicas extremas siempre apoyando a solistas y coro con el gesto claro de Daniel Reuss «oficiando» esta misa maravillosa de las muchas que compuso «papá Haydn» que irá multiplicándose para  ensayarla e interpretarla con distintos coros en esta gira española, en Oviedo con el orgullo «leónigan» de tener a Marco al frente del nuestro mientras sigue triunfando con el de RTVE.

Todo con cuerda

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Viernes 17 de marzo, 20:00 horas. Auditorio de Oviedo, Abono 7 El cuarteto ampliado, OSPA, Cuarteto Quiroga (dirección), Obras de Barber, Shostakovich y Schubert.

A veces resulta difícil desenredar la madeja y no comprendo cómo se pueden ofrecer dos conciertos con las principales orquestas asturianas el mismo día y a la misma hora en «La Viena española», cuando las agendas se programan con tiempo más que suficiente, y es posible organizar la amplísima oferta musical ovetense. Así llevamos varias ocasiones y no quiero tensar el arco pero se necesita coordinación desde los distintos entes, pues no solo se pierde taquilla, y lo digo porque paso por ella muchas veces, sino público,y más cuando se juega con obras y artistas tan interesantes, dejando un panorama con demasiadas butacas  vacías en el auditorio que no se merece.

Habrá que hilar más fino para el futuro y también para nuestra OSPA a la que la necesidad de un concertino es como nombrar la soga en casa del ahorcado, pero la vuelta del Cuarteto Quiroga poniéndose al frente de sus cuerdas hicieron olvidar carencias y nos dejaron la muestra de cómo la endeblez se suple trenzando las cuerdas para dar confianza, enseñar a escucharse, trabajar en conjunto y hacer que la sección casi siempre bien valorada de nuestra formación, consiguiese sonar como el título de este séptimo de abono, un cuarteto ampliado.

Aitor Hevia, Cibrán Sierra, Josep Puchades y Helena Poggio trajeron su magisterio del cuarteto en un repertorio camerístico que dominan como pocos y ha subyugado a otros compositores para ampliarlo al límite. Así lo entendieron «los Quiroga» optando por Barber, Shostakovich y Schubert, pues como bien escribe el doctor Daniel Moro Vallina en las notas al programa (enlazadas arribas) sobre el cuarteto: «(…) escritura para cuatro instrumentos solistas (dos violines, viola y violonchelo); interacción entre las voces, pero manteniendo su independencia; organización en cuatro movimientos basados en moldes como la forma sonata, el minueto o el rondó; y un carácter refinado, intelectual y a veces intrincado que se asemejaba a «cuatro personas juiciosas conversando», como lo describió Goethe en una ocasión». Los cuatro se sentaron en este telar sinfónico para brindarnos verdaderos tapices, con toda la gana del blanco al negro del estadounidense, las geometrías del ruso más todo el colorido del austriaco, usando lana o hilo de seda dependiendo del motivo a tejer. El asturiano de nuevo como concertino (y de ayudante María Ovín) puso la precisión en los primeros, el gallego la pasión en los segundos, el valenciano la sobriedad de las violas, y la madrileña la contundencia del cello ampliada con los contrabajos en este programa que «(…) refleja la evolución del cuarteto en el siglo XX (…) retoman(do) el género».

El Adagio para cuerdas op. 11 (1936) de Samuel Barber (1910-1981) siempre pone un nudo en la garganta, puede que al recordarlo en la terrible escena de la película «Platoon» (1986) sobre la guerra de Vietnam y dirigida por Oliver Stone ilustrando la muerte del sargento pero también convertido en Agnus Dei. La tristeza grandiosa por la gama de grises tejidos con blanco y negro por el CuartetOSPA la pudimos apreciar desde el pianísimo inicial, toda una gama dinámica de esta orquesta hoy más compacta y homogénea que nunca, con silencios sobrecogedores, el duelo sobrevenido de tantos recuerdos y la visión casi danzante de los arcos, que solo al bajarse arrancaron la primera gran ovación de la noche en esta partitura aún más grandiosa que la primigenia.

Dmitri Shostakovich (1906-1975) será una de las figuras en retomar esta forma camerística, incluso comparte con Barber dolor, «A la memoria de las víctimas del fascismo y la guerra» que sigue tristemente de actualidad en la portada de su Cuarteto de cuerda nº 8 en do menor, op. 110 (1960) orquestado por Rudolf Barshái (1998), pasando a conocerse como Sinfonía de cámara op 11a. Cinco movimientos sin pausa que combinan el humor y las variaciones con el criptograma de sus iniciales D-S-C-H, el arranque de un cello violinístico como primer hilo de color antes de mover fuerte y rápido el bastidor del telar incorporando más bobinas y tejiendo un tapiz que alterna pedales lineales, triángulos de vals tan socarrones como el compositor ruso, y el círculo mágico de amplia gama cromática. Impresionante ver trabajar todas las cuerdas sustentadas en la dirección del Quiroga, arpilleras austeras en una pasada, hilos sedosos en otra para una alfombra sutil que funcionó rítmica y bella, apreciando tanto los detalles en la confección (comprobando las entradas todos a una) como el resultado final de esta gran sinfonía camerística, verdadera práctica musical de conjunto y escuela para diletantes noveles o veteranos.

Gustav Mahler (1860-1911) siempre admiró a Franz Schubert (1797-1828) desde sus tiempos de estudiante y el deseo de interpretarlo. Gran conocedor de la música de cámara, el Cuarteto nº 14 en re menor, D. 810, “La muerte y la doncella” (1824) lo llevó a Hamburgo con orquesta en 1894 aunque criticado por «privarle de su encanto e intimidad original». Evidentemente no era aún el «tiempo de Mahler», que transcribiría este cuarteto de Schubert que «El Quiroga» tiene dominado hace tiempo, por lo que con la OSPA en este séptimo, recrearían cual encaje de bolillos todas las filigranas de los cuatro movimientos en una lección de coordinación total, vistiendo la muerte con tensión sincronizada en el inicio para dejarnos la doncella feliz con verdadero hilo de oro en el final. Sonido limpio, claridad expositiva, riqueza dinámica, silencios sobrecogedores e incluso el vértigo del presto rematando un concierto donde todo concuerda cuando la cuerda funciona y las manos maestras ayudan, comparten y convencen. Merecidos aplausOS PAra todos, esperando no se pierda el hilo de colaboración con mi siempre admirado Cuarteto Quiroga en proyectos tan esperados como este de éxito rotundo.

¡¡Feliz cumpleaños Aitor Hevia en tu tierra!!

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