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Nina Stemme ¡placeres suecos!

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Sábado 15 de diciembre, 20:00 horas. Conciertos del Auditorio, Oviedo, «El Amor, la Esperanza y el Destino»: Nina Stemme (soprano), Orquesta de Cámara de Suecia, Thomas Dausgaard (director). Obras de Beethoven, Grieg, Sibelius, Wagner, Ravel, Weill, Brahms, Berlioz, Schubert, Elgar y R. Strauss.

Podría haber titulado «Nina Stemme sin más» como la primera impresión tras escuchar a la cantante sueca, pero evidentemente hubo mucho más, una orquesta de su país que se llama «de cámara» aunque ya quisiéramos aquí formaciones con estos efectivos, más un director danés con el podemos estar en deacuerdo con alguna interpretación, versión o incluso estilo directorial, pero que no hay dudas sobre su magisterio y comunicación entre todas las partes implicadas en esta gira ya escuchada en Bilbao y el Kursaal donostiarra el día anterior.

Llamar fríos a los nórdicos tiene que ir desterrándose del imaginario colectivo como otras tantas cosas, y tenemos muchas pruebas, musicales en nuestro caso, de la calidad unida a la calidez como con otras grandes sopranos: la ya fallecida Birgit Nilsson, la mezzo también sueca Anne Sofie von Otter o la finlandesa Karita Mattila, todavía en activo.

Nina Stemme (Estocolmo, 11 de mayo de 1963) que obtuviese en 2010 uno de los Premios Líricos Teatro Campoamor, es un ejemplo vivo de cómo hay que cantar, una diva más diosa terrenal con un programa de una hora sin interrupciones, intermedios musicales donde no abandona el escenario sino que se adereza sobre él con un toque floral trasero o un «guardapolvo» negro para ir recreando cada poema musicado (de agradecer que figurasen los textos en el programa aunque faltase luz para leerlos) y colocarse para cantar delante o detrás de la orquesta sin perder nunca una línea melódica magistral, técnica al servicio de temas tan diferentes sin ninguna estridencia y deleitándonos con cada sílaba emitida, pero sobre todo un color de voz que rompe la clasificación habitual de las voces porque cuando se canta como la sueca, sobran etiquetas, casi diría que hasta estos comentarios míos.

Y la orquesta consiguió contrastes y dinámicas sobrecogedoras, especialmente en los pianissimi, ya desde el primer acorde de la Obertura Coriolano, Op. 62 (Beethoven) con la soprano en escena para indicarnos la visión global que el título del programa tenía. Podremos buscar un hilo conductor, un argumentario a las obras y autores elegidos o simplemente disfrutarlas «de un tirón» que fue lo que hicimos (se escaparon algunos aplausos, lógicos por la emoción contenida). La versión «dausgaardiana» me resultó demasiado lineal, ceñida sin más a la partitura, olvidando todo lo que esconde detrás el genio de Bonn…

De lo que antes llamé «intermedios musicales» o mejor «puentes instrumentales», tal vez académicos y sin grandes aportaciones por parte de Dausgaard pero con una orquesta tan buena y trabajada que es capaz de seguirle siempre, me quedo con la Pavana para una infanta difunta (Ravel) y el «Nimrod» nº 9 de las Variaciones Enigma, Op. 36 (Elgar) por el conjunto logrado, bien ubicadas en el discurrir del programa y auténticos puentes dramáticos en el devenir de las canciones.

De «la Stemme» cada tema un placer, amor, esperanza y destino nunca mejor hilados. Además de los textos traducidos, siempre es un placer leer notas al programa como las de Mª Encina Cortizo para «una selección de las mejores obras vocales y sinfónicas del repertorio romántico». Si el arreglo del director danés, como los textos de Hans Christian Andersen para la obra noruega Jeg elsker dig, nº 3 Op. 5 (Grieg) de las llamadas «Melodías del corazón», un Te amo cantado por la sueca reúne mis amados países nórdicos hechos Arte Musical, lo mismo puedo aplicar a Sibelius y Flickan kom ifrån sin älsklings möte (La chica volvió del encuentro con su amante), nº 5 Op. 37. «De la serenidad a la pasión erótica» destilada en los Wesendonck Lieder de Wagner y el nº 2 Stehe still! (Detente!) en orquestación de Felix Mottl con una orquesta delicada y sensual más «La Voz» embriagadora de Nina, que pasado el «puente raveliano» se cubrió de negro sobre rojo pasión de su intervención para «La saga de Jenny» de Lady in the Dark (K. Weill), mujer nada sombría diametralmente distinta a la reciente de Ute Lemper, aquí nos devolvía «una mujer moderna, escéptica y pragmática, alejada de las angustiadas féminas románticas», colores vocales perfectamente arropados por una cuerda de lencería que hace recordar el piano original antes de «El espectro de la rosa» nº 2 de Les Nuits d’eté (Berlioz), otra lección vocal para una melodía preciosa y dominando los idiomas desde la música. Tras la vuelta al sosiego de Elgar la concertino Katarina Andreasson y el arpa Patrizia Carciani  serían compañeras de camino para Morgen, Op. 4 (R. Strauss), «una de las obras más hermosas de toda la historia de la música» que comparto con la doctora Cortizo, y que en la voz de Nina Stemme fueron capaces de emocionarme hasta lo profundo. Imposible describir el delirio final y la propina de un lied de Brahms para ir preparándonos la segunda parte. Recordaremos a la soprano sueca muchos años.

La Sinfonía nº 1 en Do m., Op. 68 (Brahms) volvió a corroborar la calidad de una joven orquesta sueca plegada a su director en cada gesto. La sonoridad y empaque son asombrosos, seguramente en poco tiempo estará a la par de su compatriota dirigida por Dudamel, y se nota el trabajo previo porque la versión que Dausgaard brindó de «la primera» no es fácil de seguir, sobre todo en los movimientos extremos donde el danés creo que abusó del rubato conocedor de la flexibilidad de esta formación y la técnica en cada sección, especialmente la cuerda y la madera. Tengo muchas primeras en vivo realmente mejores que esta sueco-danesa. Sin entrar a comentar la disposición que descubre sonoridades nuevas (trompas a la derecha y en «su lugar» trompetas y trombones), mejor los movimientos centrales sin que me convenciese su forma de dirigir ni la visión algo distorsionada del sinfonismo brahmsiano. Lo mismo podría añadir de las dos propinas, la lenta y ese Allegro Molto de la Danza Húngara nº 1 (con un trombonista al triángulo) impecable que puso el remate a dos horas de buena música, incidiendo en mi opinión, aunque Nina Stemme fuese quien nos dejó LO MEJOR.

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Lágrimas doradas

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Viernes 14 de diciembre, 20:00 horas. Conciertos del Auditorio, Oviedo: Coro El León de Oro (LDO), Beatriz Díaz (soprano), Borja Quiza (barítono), Oviedo Filarmonía, Marzio Conti (director). Obras de Sergio Rendine (1954), Debussy y Fauré.

Esta semana estoy bajo de moral por la pérdida de un amigo entrañable que el programa de esta tarde ayudó a mantenerlo vivo en mi memoria, con emociones diversas por muchos motivos y cercanías sobre el escenario.
El auténtico protagonista de la velada fue el coro que dirige Marco Gª de Paz, «El León de Oro» capaz  de afrontar con solvencia, seguridad y musicalidad en cada nota la obra que le encarguen, con el secreto del trabajo duro, un auténtico equipo que disfruta cantando y transmite ese amor coral a la legión de «leónigan» que les seguimos. Volvía a colaborar con la OvFi y no me extraña que se hagan asiduos porque sus actuaciones son siempre únicas.
Esta vez comenzaba el concierto con el estreno de Lamentum in mortem herois del napolitano Rendine, obra sinfónico-coral encargada por la orquesta ovetense, un auténtico «collage» desde un lenguaje actual deudor del antiguo como base, espíritu religioso en letra y música con reminiscencias del Ars Antiqva, Leonin, Perotin, Notre Dame… el origen de la llamada «música moderna», con cuartas y quintas, también el tritono pecaminoso y demoniaco como bien comenta Nuria Blanco en las notas al programa, de una orquestación rica en timbres organísticos donde la percusión y hasta dos gaitas (los directores de la Banda «Ciudad de Oviedo» El Pravianu y Guti fuera de escena) ambientan un medievo casi de película, obra llena de dificultades para todos, especialmente para el coro que con 42 voces sonó presente, rico en matices y recreando una obra que acabará sonando en muchos más escenarios, aunque LDO haya dado a luz esta obra que ruega por el alma de los muertos, con una dirección de Conti en su línea de contagiarnos su ímpetu, y aplaudiendo la idea de encargar obras a compositores de nuestro tiempo como es su compatriota Rendine.
Los tres Nocturnos (Debussy) volvieron a demostrar el excelente momento de la orquesta capitalina que ha dado un salto de calidad desde la llegada del director italiano. Cuidadoso del detalle optó por mimar la tímbrica en todas las secciones, desde unos timbales siempre aterciopelados (alguno que me sigue está pensando la enorme diferencia con «el otro») hasta una cuerda etérea pero limpia, arpas de ensueño: el rondó Nuages realmente blancas, luminosas, el viento como brisa dando sensación global y detallista al mismo tiempo; Fêtes trajo el colorido y la danza, banda de música sinfónica bien trazada (qué poco le gustaba a Don Claudio que calificasen su música de impresionista) y llevadas con decisión por Conti, hasta las Sirènes donde las voces blancas del LDO realmente enamoraron, vocalizaciones dificilísimas con poliritmias perfectas, mar dorado más que plateado para dejar flotando en el ambiente una espiritualidad preparatoria de la segunda parte.
Hay un libro del recordado Federico Sopeña que es de obligada lectura para comprender mejor el de esta triste tarde de viernes: El «Requiem» de la Música Romántica (Rialp, 1965), donde hace un estudio del Réquiem en Re m., Op. 48 de Fauré que no tiene desperdicio (como nada de lo que ha escrito el Padre Sopeña), considerándolo como la más significativa introducción a la música del organista y compositor parisino, emparedado y oscurecido entre el romanticismo y el impresionismo frente a la «apisonadora» de su compatriota Debussy, y tengo que seguir citándolo para poder expresar lo sentido en esta obra que amo desde lo profundo de mi espíritu «mundano» y poco creyente como el propio Fauré, que «sucumbre, no a la sensualidad, sino a un raro espíritu de esa sensualidad que se llama charme, encanto, sugestión para lo más fino y lo más peligroso de lo corporal».
Interpretación nada exagerada, adaptada a los medios y nuevamente el coro como protagonista, deleitándonos desde el Introit et Kyrie, seguro, empastado, celestial, con pianísimos siempre primorosos y fortes contenidos pero potentes como los ataques orquestales, avanzando con paso firme voces graves, blancas que siguen sorprendiendo, tutti, contrastes deslumbrantes sin perder sonoridad con una formación instrumental igualmente poderosa a la vez que delicada. Nueva luz en la entrada de la cuerda del Offertoire con el coro otra vez puro terciopelo vocal, y el tránsito con la primera intervención de Borja Quiza sobre la palabra Hostias, una de las cumbres de Fauré, registro rotundo, lleno, sin sentimentalismos pero sí de expresión que está más allá de lo amoroso-profano, color perfecto para esta obra que Sopeña tilda de «Encanto y austeridad» en el capítulo XI por ir contracorriente y no usar abundantes ni variadas intervenciones de solistas, sólo barítono y soprano. El Sanctus va trenzando esa espiral de coro y cuerda donde la orquesta estuvo plena, casi «parsifaliana», el «organístico» Hossana y el concertino cual remolino y trino final antes del cambio del Benedictus por el Pie Jesu que traería a nuestra asturiana Beatriz Díaz entonándolo como ella sabe aunque Monti optase por la brillantez en vez del recogimiento especialmente acentuado en esta parte de la obra. Emoción contenida e intensidad ajustada de la soprano allerana en su breve intervención.
Volvería el protagonismo coral con el Agnus Dei et Lux Aeterna subyugante, coro celestial recreándose en cada frase y matices, muchos en este número, sin olvidarme del órgano también importantísimo en la vida y obra de Fauré, magistralmente interpretado por el virtuoso Sergei Bezrodny, arrancando el emocionante, profundo y subyugante Libera Me con un Quiza y un LDO capaces de lograr convencernos de una ira de Dios con la orquesta entregada a lo que el compositor pretendía y Monti buscó: «feliz liberación, una aspiración a una felicidad superior, antes que una penosa experencia», final de trayecto In Paradisum, las mujeres angelicales, los hombres sustento, coro divinamente terrenal y último suspiro tras la contención del dolor y la angustia, consecución de una paz interior que sólo la música sinfónico-coral logra.

La Banda sonó por Pipo Romero

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Miércoles 12/12/12, 20:30 horas. Auditorio Teodoro Cuesta de Mieres, «Concierto Centenario de Vital Aza»: Banda de Música de Mieres, Antonio Cánovas Moreno (director).

Amanecía triste en un día frío al conocer la muerte de mi querido amigo Juan Romero, Pipo, uno de los padres de la Psicología Jurídica en España e Iberoamérica, pamplonica de adopción al que siempre tendré en el recuerdo por el hueco que deja en mi vida, apoyando desde la distancia y cercanía en el corazón a Gloria su mujer y a sus hijas Alba y Juana, familia melómana, solidaria, entregada siempre a los demás.

Y nada mejor para mi pequeño homenaje a Pipo que acudir esta tarde al concierto que daba la Banda de Música de mi pueblo con motivo del centenario de Vital Aza, nacido en Pola de Lena pero mierense de corazón, recientemente nombrado hijo adoptivo, tan unido a la música, el humor, la literatura, la medicina… y curiosamente con tantas cosas comunes con mi albaceteño de corazón navarro.

El programa lo dejo aquí abajo, agradeciendo el esfuerzo de esta agrupación de gente joven que trabaja duro, más en fechas de exámenes que siempre suponen un hándicap en el estudio de repertorios exigentes como el elegido para estos dos conciertos de Mieres y Pola de Lena (el próximo viernes), con algunas bajas que merman el resultado esperado pero compensado por la ilusión y ganas. Trabajo en equipo que consigue aunar sentimientos hechos música, bien compenetrados, con buenas dinámicas y empastes solamente logrados con el ensayo.

De agradecer las palabras sobre Vital Aza y la música escuchada antes de cada obra a cargo de Ramón Hernández, presidente de la «Asociación Mierense Amigos de la Música», conducidas por el saxofonista y actual director de la formación mierense Antonio Cánovas, que recupera para la música de banda obras como el pasodoble Antañona de Fernando Tormo Ibáñez o la jota Viva la Pepa de Mariano San Miguel, alternando con el homenaje a Frank Sinatra in concert en arreglos de Norbert Studnitzky escuchando desde el Cheeck to cheeck que dice «estoy en el cielo», nuevo recuerdo a los seres queridos que se nos van, o incluso Something Stupid, una «tontería» que cantase con su hija Nancy, hasta el New York, New York.

Tampoco pueden faltar «clásicos» de banda como la fantasía militar El sitio de Zaragoza de Cristóbal Oudrid (en arreglo de José Mª Martín Domingo), que para los que nos tocó el servicio militar siempre saca el espíritu castrense y épico, la obertura del conocidísimo El tambor de Granaderos de Chapí (arreglo de Manuel Gómez Arriba) o el pasodoble Cádiz de Federico Chueca (arreglado por el general, compositor y pedagogo Francisco Grau Vegara), bien solventados por la joven formación con ánimo y alegría contagiosa. El broche final precisamente de otro maestro desaparecido que tanto hizo en nuestra Asturias como el cartagenero Benito Lauret, cuyas Escenas Asturianas son un legado para la cultura regional y musical por la excelente armonización, instrumentación y elección de motivos del folklore desgranados en una «suite» que concluye con el himno mezclado con El Pericote, armonización casi imperecedera para un final de concierto, aunque fuese donde más se notasen las ausencias pero recordando como me explicaron en un Curso de Dirección de Bandas Musicales en Alicante allá por 1980, que la banda de música no es una orquesta sinfónica (y esta vez enhorabuena al oboe solista que sonó como si en ella estuviese). Supongo que para el poco público asistente pasase desapercibido el detalle y disfrutasen de la versión «reducida», que con la plantilla al completo hará sonar nuestra formación instrumental como si de profesionales se tratase.

De vuelta a casa sigo con Pipo encogiéndome el alma aunque seguro que disfrutó con la música como siempre que nos encontrábamos en su casa de Pamplona: entre amigos, alrededor de una mesa degustando los manajares por él cocinados, excelentes bebidas y la sobremesa musical que nunca tenía fin y donde la música nunca faltaba, como la de este 12 del 12 del 12.

Juan Romero, DESCANSA EN PAZ

DEFIENDE LA ESCUELA PÚBLICA

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DEFIENDE LA ESCUELA PÚBLICA
13 de Diciembre de 2012
Jornada Estatal de Lucha
Concentraciones, lectura de manifiestos, asambleas en los Centros
Manifestación a las 18:00 horas
Gijón (Asturias): Plaza del Humedal
NO A LA LOMCE
EN DEFENSA DE LAS ENSEÑANZAS ARTÍSTICAS: Música y Plástica
NO A LA LEY WERT

 

©Pablo García, LNE

Música sin Wertgüenza

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YA ES PÚBLICO EL NUEVO BORRADOR DE ANTEPROYECTO DE LA LEY DE EDUCACIÓN, la LOMCE.

Y con la asignatura de Música VAMOS A PEOR, si es que había alguna duda tras la primera lectura del anteproyecto de Septiembre. Así quedan las cosas:

Viñeta de Pablo García© en LNE
  • – En Primaria: la educación artística ya no va a ser obligatoria en ningún curso, ni siquiera con una miserable hora lectiva:

«… los alumnos cursarán al menos una de las siguientes áreas del bloque de asignaturas específicas:
a) Educación Artística
b) Segunda Lengua Extranjera»
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  • – En Secundaria: Música
    y Plástica tampoco serán obligatorias en ningún curso. Pasan a formar parte de un bloque de materias «específicas», optativas. Y ni siquiera se deberán ofertar en todos los cursos:

«… los alumnos cursarán un mínimo de una y máximo de tres de las siguientes materias del bloque de asignaturas específicas, que podrán ser diferentes en cada uno de los cursos:

a) Cultura Clásica

b) Educación Plástica y Visual

c) Iniciación a la Actividad Emprendedora y Empresarial

d) Música

e) Segunda Lengua Extranjera

f) Tecnología».

Lo malo es que la distribución de las materias encima dependerá y mucho de las Comunidades Autónomas, como ya sucediese con la actual LOGSE (también criticable), pero también y en gran parte de cada centro por la mal entendida y cacareada «autonomía» que sólo abrirá una brecha entre centros de distintas categorías y localizaciones, así que ya tenemos servida la «guerra entre departamentos»: Divide y vencerás parece una posible consecuencia de esta nueva reforma de la reforma.

No parece que lo adecuado sea que cada cual intente salvarse en su centro (o esperar que en el concurso de traslados «toque» un centro de los que se podría especializar en idiomas o en ciencias y por tanto concentrar buenos alumnos/as). Tras la marcha atrás en el Bachillerato Artístico, y la tormenta de humo lanzada con el «españolizar» que oculta otros aspectos de otra ley sin consensuar, politizada, con la Religión presente en la escuela pública y demás lindezas que los sectores más extremistas aplauden, sólo queda esperar que estos gobernantes, y en particular el ministro prodigio Wert no se crezca como un miura, recapaciten y no hagan obscenidades con el «rodillo de la mayoría absoluta» que nunca ha sido bueno en democracia.

El paso atrás es abismal (y cada vez más están de acuerdo incluso entre «los suyos»), ya ni en los tiempos del BUP donde la música era un islote de dos horas semanales en 1º, y tampoco me sirve las comparaciones con otros países (podían ver cómo se trata la música incluso en Suiza) porque aún no hay equiparación en ningún otro aspecto (sueldos, reconocimiento social, inversión, etc.).

El jueves 13 de diciembre, festividad de Santa Lucía patrona de los ciegos (y los peores son los que no quieren Wert): habrá una Jornada estatal de lucha en defensa de la Escuela Pública. El día antes el Congreso preguntará al Ministro que supongo será el de siempre… sinWertgüenza. En Asturias están por concretar acciones.

Fuente: APEMA (Asociación de Profesores y Estudiantes de Música de Asturias), dentro de la COAEM (Confederación de Asociaciones de Educación Musical), y que ha hecho sus aportaciones a la LOMCE aunque tal parece acabaron en la papelera. Los comentarios son personales del que suscribe, Profesor Agregado de Música por Oposición a «Territorio MEC» desde 1987 y transferido a mi tierra asturiana tras conocer y «sufrir» distintos avatares en la Educación «gracias» a la clase política que padecemos democráticamente.

Apoyando la música de órgano

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Viernes 7 de diciembre, 19:00 horas. Iglesia Parroquial de Soto del Barco, Concierto de órgano: Rubén Díez García. Obras de Lemmens, Rinck, Dienel, Merkel, Rheinberger, Grabert, Urteaga, Franck y Dubois.

Con la tijera podando por doquier siempre es de agradecer el esfuerzo de ayuntamientos con alcaldes como el de Soto del Barco que sigan apostando por la música de órgano, y buscando colaboraciones donde se sabe que de momento responden a este derecho universal que es la cultura, como es la entidad catalana de «La Caixa».
De forma altruista volvía al renacido órgano de Sabugo en Soto el sacerdote y gran organista praviano Rubén Díez García para ofrecernos un concierto romántico estructurado en dos bloques:

Uno primero con el coral como eje y protagonista en distintos seguidores bachianos, buscando registros siempre apropiados para la melodía, el acompañamiento y el pedalero, sencillez unida a sobriedad como exigen estas obras que no faltan en tantas iglesias nórdicas o germanas: el belga Jacques-Nicolas Lemmens (1823-1881) y el Himno de Adviento «Creator alme siderum» (Creador y sustento de los astros), con flautados íntimos, el alemán Johann Ch. H. Rinck (1770-1846) con «Werde munter, mein Gemüte» (Se despierta mi alma) algo más «poderoso en pulgadas» melódicas y pedal discreto pero presente, avanzando con el berlinés Otto Dienel (1839-1905) «Komm, o komm, du Geist des Lebens» (Ven, oh Espíritu de la Vida) con reminiscencias directas al Kantor por registración, Gustav Adolf Merkel (1827-1885) «Kommt her zum ir, spricht Gottes Sohn» (Ven a mí, habla del Hijo de Dios) de romanticismo germano por tímbrica desde el lenguaje medieval del coral tamizado por Lutero y rematando con el digno heredero de Bach Josef Gabriel Rheinberger (1839-1901) donde el Trío über den Choral «Wenn ich einmal soll scheiden» (Cuando yo haya de partir ¡no te apartes de mí!) recreó todo un mundo polifónico a los teclados que resonaron siempre claros en la parroquia de San Pedro.

Para el segundo bloque tendríamos una muestra del romanticismo pleno por los cambios de registro exigidos al instrumento, siempre perfectos como conocedor que es Rubén de este órgano al que ha dedicado mucho tiempo en buscar sonoridades nuevas, disfrutando de su magisterio desde la pantalla, y con alguna obra menos conocida pero igualmente adaptada a las características globales del programa elegido.

La «Fantasie» de Martin Grabert(1868-1951) sirvió para comenzar a deleitarnos de las capacidades del pedal de expresión unidas a unos contrastes dinámicos desde los propios registros realmente exigentes, con unos oboes muy del gusto del compositor. La «Misa para órgano para la festividad de Cristo Rey» de Luis José Urteaga Iturrioz (1882-1960) resultó una agradable sorpresa en sus seis números, de estética cercana a la escuela francesa y digna de compartir concierto con el resto de compositores y organistas, intérprete y compositor de amplia producción donde también tuvo su hueco el harmonio cual hermano menor del grandioso de tubos. Triunfante Entrada (Exibunt aquae vivae de Jerusalem), lirismo contenido en el Ofertorio (Vexilla Christus inclyta), tintes impresionistas de recogimiento para la Elevación (Ecce vir Oriens), desarrollo tímbrico y melódico en la Comunión (Dominus judex noster) con momentos virtuosos lógicos para la escucha en esta parte de la Misa, y apoteosis final para la Salida (In caelo et in terra), desplegando todos los recursos posibles en una lección organística de Rubén Díez.

No podía faltar el belga afincado en París César Franck (1822-1890) con su «Preludio, fuga y variación, Op. 18» en un programa romántico, obra difícil bien resuelta por el praviano con momentos quasi pianísticos técnicamente (pues además de organística hay opción para dos pianos o piano y harmonio) en los pasajes rápidos pero bien armonizados buscando la potencia sonora y polifónica del instrumento rey, y cerrar con la conocida Toccata en SOL M. del organista y compositor francés Théodore Dubois (1837-1924), penúltimo despliegue de registros en un órgano que se ha hecho al enclave, con acento propio en esta ubicación y nueva aportación del taller de Federico Acitores a la cada vez mayor lista de instrumentos rehabilitados que necesitan seguir vivos con conciertos como el de Rubén Díez cerca de su casa, obra de lucimiento para un intérprete que crece en cada concierto con un trabajo previo que muchos desconocemos pero que da siempre sus frutos en una profesión donde no hay vacaciones, todos los días son «de guardar».
Una fuga del Kantor tenía que ser la propina agradecida por todos como rúbrica que corroboraba un concierto con el órgano siempre protagonista.

Mis aplausos a todos los que lo han hecho posible.

Como mosqueteros

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Lunes 3 de diciembre, 20:00 horas. Auditorio de Oviedo, Jornadas de Piano «Luis G. Iberni»: Nicholas Angelich (piano), Renaud Capuçon (violín), Daniel Müller-Schott (cello). Obras de Haydn, Brahms y Tchaikovsky.

En las jornadas de piano no podía faltar otro de los intérpretes grandes como el estadounidense Angelich que nos trajo a trío un lujo de concierto, demostrando cómo las figuras individuales cuando se unen para la esencia musical que es el género camerístico, pueden alcanzar cimas de excelencia, y este trío de mosqueteros al uso dejaron tres joyas muy dispares para esta formación.

Papá Haydn y su poco habitual Trío para piano, violín y violonchelo nº 39 «Zíngaro» en SOL M, Hob. XV/25 tiene tres movimientos bien perfilados sin seguir la «receta sonata» con más peso de la cuerda frotada pero perfectamente desarrollados en los protagonismos. La calidez de los tres intérpretes, en especial el cello de Müller-Schott que sigue impactándome por la sonoridad de su instrumento, nos dejaron un cuarto de hora de pura música de cámara bien entendida por el trío, con un Finale: Rondo al estilo zíngaro más escocés que gitano, recordándome la música folk británica que seguramente escuchó el compositor durante su estancia londinense, y probablemente donde compuso este trío como bien explica en las notas al programa la cellista y musicóloga santanderina Andrea Cabello Soldevilla.

Las notas de Brahms volvían a la sala como si hubiesen quedado flotando desde el sábado, y nada menos que con el Trío nº 1 en SIM, Op. 8, obra de juventud revisada casi cuarenta años después con toda la maestría del genio hamburgués, protagonismo compartido por unos músicos excelentes que fueron desgranando las bellas melodías del Allegro con brio. Tampoco tuvieron problema en afrontar el conocido y difícil Scherzo (Allegro molto) «meno molto» de lo esperado pero igual de exigente técnicamente (puede que la señorita que pasaba las hojas a Mr. Angelich no ayudase a una mayor concentración). Movimiento fresco llevado con ligereza y calidez en Capuçon, bien «contrapesado» por sus dos compañeros, desde el arranque solístico de Daniel y el poso de Nicholas. La emoción llegaba, como siempre en Brahms, con el Adagio resultando y resaltando hondura en los tres intérpretes, los arcos sonando como uno solo y el piano subyugante, para rematar «la faena» con el Allegro final, nueva muestra de entendimiento en la esencia camerística que tanto nos gusta a los que mamamos estas músicas en las sociedades filarmónicas.

Y la segunda parte el Trío para piano, violín y violonchelo ‘A la memoria de un gran artista’ en La m., Op. 50 (Tchaikovsky), también titulado «Patético» y dedicado al mentor y amigo pianista Nikolai Rubinstein muerto en 1881, dos amplios movimientos donde el piano lleva todo el peso de la obra, algo que Angelich asumió con alguna que otra dificultad, nuevamente poco ayudado al pasar hoja, algo excesivo en el uso del pedal, pero sin perder de vista el homenaje del trío a un pianista. Pezzo elegiaco: Moderato assai – Allegro giusto, la tragedia que acompaña al ruso hecha música para una formación nueva para él pero que consigue empastes casi sinfónicos desde el protagonismo del teclado y los arcos como toda la cuerda en sólo dos instrumentos. Y luego las Variaciones, piezas individualizadas agrupadas en dos bloques A) Tema con variazione: Andante con moto, todas de enorme virtuosismo para cada uno de los integrantes del trío, y B) Variazione finale e coda: Allegro risoluto e con fuoco – Andante con moto de comienzo pletórico, apasionado, romántico en estado puro o como escribe la cántabra «un juego de luces y sombras basado en la metamorfosis de un tema», luces del frío ruso y sombras de la marcha fúnebre final. Sombras y luces en estos tres mosqueteros que tocaron como el lema «Uno para todos y todos para uno», delicia camerística en un diciembre que acaba de comenzar.

Bonitatibus y pecados de Rossini

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Domingo 2 de diciembre, 19:00 horas. Auditorio de Oviedo, Sala de Cámara «Luis G. Iberni»: «Oviedo Barroco». Anna Bonitatibus (mezzo), Marco Marzocchi (piano), Un petit rendez-vous (Un breve encuentro), música de Gioacchino Rossini. Concierto patrocinado por  el Ayuntamiento y la Ópera de Oviedo.

La próxima “Agrippina” del Campoamor abrió boca con un excelente monográfico de «El cisne de Pésaro» compartido con un pianista perfecto para la ocasión, conocedor del repertorio y colaborador de su compatriota con quien ha grabado parte del programa de una velada donde los “pecados de vieyera” resultaron la merienda perfecta para el primer domingo de diciembre, con aforo casi completo y «horario canario». Del título de este ciclo ya lo comenté en el anterior concierto y supongo que barroco es el repertorio habitual de la italiana aunque esta vez el protagonista fuese Xuacu Rossini (29 de febrero de 1792 – 13 de noviembre de 1868), otro autor que domina sin olvidarnos de Mozart.

Tras unas palabras iniciales (desconozco al presentador, pidiendo disculpas de antemano) recordando a Rossini, el programa estaba estructurado en cuatro bloques con inicio de piano solo y dos canciones. Así el pianista romano comenzaba con Pequeño Capricho – Introducción” (al estilo de Offenbach) en DOM, Allegretto grotesco de la «Miscelánea de obras para pianoforte» y con el típico humor rossiniano desde la propia digitación indicada en la partitura que obliga al pianista a utilizar los dedos 2 y 5 de ambas manos (hoy sería de lo más heavy) puntualmente. Interesante repescar el repertorio pianístico del italiano, capaz de meter una orquesta en 88 teclas y no perder nunca el humor. Obra dura para calentar dedos, los diez, antes de las canciones a pares donde todo iría más rodado. La mezzo nacida en Basilicata (antes Lucania) fue recibida con aplausos por una clá que animó esta velada dominical, italiana del sur y con ese gracejo que me recuerda mucho a nuestros andaluces.

Siempre comento que el registro de mezzosoprano es el natural femenino como masculino el de barítono, y «la Bonitatibus» representa a la perfección la naturalidad vocal, «mezzo coloratura» como las figuras de su tesitura, capaz de afrontar repertorios barrocos o este Rossini que domina como nadie, siendo igualmente una actriz consumada que desgrana microrrelatos en cada página, auténtica lección de canto pasando por todos los caracteres humanos, dotada de una técnica prodigiosa ideal para el recital de cámara por el clima que transmite, esperando verla y escucharla con orquesta en el foso.

Or che di fiori adorno (La passeggiata), Anacreóntica para voz y piano en SOL M, Allegro fue la carta de presentación de su estilo genuino y portentoso con buen gusto y musicalidad, seguido de Mi lagnerò tacendo para voz y piano en MIM, Andantino del álbum «Musique Anodine», texto de Metastasio que Rossini colocó en colección, sarcasmo hasta el final porque piano y voz rezuman buen gusto, entendimiento y complicidad.

Intermedio pianístico que de «nadería» sólo tiene el título, Un rien, número 8 para piano en SOLM, Allegretto sostenuto, de «Quelques rien pour album», volumen XII de «Péchés de viellesse«, los ya comentados «pecados de vejez», antes del Ave María sobre dos notas para voz y piano en MIbM, Andantino, texto de Giuseppe Torre, auténtica joya lírica de engañosa facilidad más allá de esas dos notas SOL-LAb porque hay que interpretarlas como lo hizo Bonitatibus: con todos los colores posibles, énfasis y plegaria, dulzura y pasión, con el piano (re)vistiendo cada fraseo, otro bendito pecado de Don Joaquín riéndose de sí mismo y de todos, perfección en la ejecución de ambos artistas, pianista rebosante de música por todas partes y mezzo regocijándose y recreándose dramáticamente en las dos notas, siempre iguales pero siempre distintas ¡grande Rossini!. La Partenza para voz y piano, Andantino sirvió para una breve partida a mitad del recorrido, apenas para un trago de agua antes de volver a la sala.

Preludio ‘soi-disant dramatique para piano, del «Álbum de Châteu» (Vol. VIII de ”los pecados») precediendo a “Francesca da Rimini”: Farò com colui che piange e dice, recitativo para voz y piano en SIbM Andantino mosso con texto de Dante (Divina Commedia, Infierno, canto V, 127-138), que Bonitatibus recreó gestual y vocalmente en perfectra sintonía con Marzocchi, y À ma Belle mère, «Requiem eternam» para contralto y piano, Andante de «Miscelánea de música vocal» (pecados Vol. XI) donde la tesitura más grave no fue impedimento para volver al recogimiento místico hecho palabra y música, recreándose en unos pianissimi suficientes para la acústica de la sala.

La recta final con Une caresse à ma femme para piano en SOLM, Andantino del «Álbum pour les enfants dégourdis» (Vol. XI de la vieyera) caricia delicada en las manos de Marzocchi y el humor que no faltó nunca en el siguiente «pecado»: La leyenda de Marguerite para voz y piano en Mim, Andantino, paráfrasis francesa del aria de Angelina «Una volta c’era un Re» de La Cenerentola, recreación autohumorística hasta en el piano quasi orquesta del autor residiendo sus últimos años en un París que tan bien le dio de comer, hoy escenificada por ambos intérpretes haciendo de la sala de cámara un salón familiar sin mesas, café o pastas, sacando una rosa roja del piano entregada al romano, y el último Mi lagneró tacendo (1852) para voz y piano, en LAbM, Allegretto también de «Música Anodina» sólo en título y carcajadas para pianista con rosa entre los dientes cual enamorado latino y un Metastasio (el aria de Laodice de Siroe, 1726) cantado con la alegría desbordante que trajo todavía la propina cacofónica y escatológica hecha arte en francés de La Chanson du bébé, delicia canora hasta en los estornudos, guinda del pastel de esta merienda dominical que augura una Agrippina histórica en Oviedo.

Estaré el día 18 en el Teatro aunque en Mieres también la retransmiten en la Casa de la Cultura, pero donde esté el directo que se quite la televisión.

No es cuento: Volo2 resultó Volo3

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Sábado 1 de diciembre de 2012, 20:00 horas. Auditorio de Oviedo, Jornadas de Piano «Luis G. Iberni»: Arcadi Volodos (piano), Oviedo Filarmonía, Michael Francis (director). Obras de Brahms y Mendelssohn.

La anterior visita en mayo de 2009 del gran Volodos me recordó a Shrek porque las apariencias engañan y el monstruo resultó ser encantador, sensible, dulce y tierno. Esta vez Fiona resultó una OvFi que tras el paso por el foso parece salir a flote engrandecida, y Burro, buen amigo en este cuento le correspondió nada menos que al inglés Michael Francis, una estrella en ascenso sin necesidad de doblarlo porque su acento británico era imprescindible para el programa de este primer día del último mes del año. Tres obras y tres patas suficientes para asegurar el equilibrio: orquesta, solista y director. De este cuento El Gato con Botas está independizado (¿el público?) y ocuparía otra película con Antonio Banderas poniendo voz hispana al personaje.

Brahms sería el protagonista de la primera parte, Obertura trágica, Op. 81 contrapuesta a la «académica», más enérgica que lacrimosa desde la primera nota. El maestro Francis se encargó de trazar las líneas claras de su visión, energía, tensión y dulzura, logrando sonoridades dignas de elogio en la orquesta carbayona, dinámicas extremas donde los pp eran sobrecogedores y capaces de acallar toses pese al frío invernal del exterior, que engrasarían la maquinaria para la obra y solista esperados. Lástima tener más cuerda en la plantilla porque la obra así lo exigía y sólo faltó el lógico volumen y «pegada» en los graves para redondear la perfección buscada por Mr. Francis. Ya indicaba Alejandro G. Villalibre en las notas al programa que esta obertura «no busca agradar tanto como epatar», aunque personalmente logró ambas cosas.

Sin caer en todos los calificativos que el ruso Arcadi Volodos (San Petersburgo, 1972) es capaz de verter en sus semblanzas biográficas, me quedo con «su virtuosismo junto con su sentido único y fraseo, color y poesía, le han convertido en el narrador ideal de las historias musicales románticas». Dominador de Rachmaninov o Liszt, «el segundo de Brahms» (Concierto para piano y orquesta nº 2 en SI b M., Op. 83) engrosa su larga lista de interpretaciones geniales, fácil de entender y hasta de acompañar como demostró el tándem OvFi-Francis. Un pianista capaz de sacar miles de matices a un instrumento mínimamente desajustado y sentado en una silla igual al resto como uno más a sumar en esta «sinfonía con piano», color orquestal desde las teclas como así lo escribió el de Hamburgo, misma paleta y agógica desde la batuta, concertación ajustada en cada uno de los cuatro movimientos, solista pendiente del concertino para «respirar» con sus arcos y un podio atento al teclado. Grandeza de Volodos para quien no hay retos técnicos una vez superados otros anteriores. Allegro non troppo así entendido por solista y director, empaste y complicidad con trompas y maderas, igual que el Allegro appasionato en la línea de bloque orquestal incluyendo el piano, hasta el reposo del Andante, con un Gabriel Ureña haciendo hablar el cello (pediremos a en navidades madera con más solera para redondear el «sabor en boca» que logra siempre el avilesino), protagonismo bien entendido y asimilado por Volodos (lo demostró en la propina). El rondó final del Allegretto grazioso volvió al cuento de «Shrek», simpático y sobrio, juguetón bien secundado por el buen amigo Francis en este «cuento Burro», capaz de aligerar toda la densidad del último movimiento redondeando una interpretación excelente en una «Fiona» enamorada y fiel de este «Relato a 3».

Y de regalo unas variaciones sobre Damunt de tus nomes les flors del gran Mompou, nuevo derroche dinámico e interpretativo lleno de emotividad (también la tiene en YouTube® hacia el minuto 4:23), agradeciendo el recuerdo a nuestra tierra española (o catalana sin Más) suficiente para recordar esta segunda visita al Auditorio.

No nos podemos quejar de Mendelssohn en Oviedo, pero la Sinfonía nº 3 «Escocesa» en La m., Op. 56 que nos dejó Michael Francis con una OvFi que resultó distinta y cercana, nacionalista y británica sentida desde el conocimiento de folclores que flotan como en la rememorada Escocia musicada por Donizetti para su Lucia di Lamermoor, esencia en el germanismo compositivo que no cae en tópicos, ayudado por una orquestación brillante de la que el director sacó todo lo mejor en cada sección. Si Brahms fue sobrecogedor y brillante, Mendelssohn devolvió toda la paleta romántica de texturas, agógicas (cambios de tempo), majestuosidad y empuje sin pausa desde la Introducción: Andante con moto – Allegro un poco agitato – Assai animato – Andante come I, neblina otoñal que nunca impidió perder la línea del horizonte, cuerdas muy trabajadas, maderas empastadas, metales sutiles, timbales aterciopelados siempre a punto para un Scherzo: Vivace non troppo, exigente para todos pero cumpliendo como buen ejército sonoro. Incluso el tránsito del Adagio cantabile al Finale guerriero no dejó tiempo a rupturas indeseadas por el «público enfermo» (toses entre movimientos indeseadas), más pendiente de la hora que de disfrutar una versión distinta a las últimas escuchadas en este auditorio ovetense, orquesta guerrera al mando de un buen general.

Si tras las «galeras» que parece suponer el foso para esta orquesta, nos la devuelven rejuvenecida a escena, bien venidas sean. Claro que la maestría en la dirección tuvo mucho que ver en este «Spa», y Volo2 resultó Volo3… no es cuento.

Bálsamo para el alma

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Viernes 30 de noviembre, 20:30 horas. Real Monasterio de San Pelayo, Oviedo. Concierto de clausura del VIII Ciclo de Música Sacra «Maestro de la Roza». Escolanía San Salvador, Gaspar Muñiz Álvarez (director). Requiem de John Rutter (24/09/1945), estreno en Asturias.

Don Alfredo, Diego y Emilio disfrutaron en el primer banco celestial, pero el público que abarrotó desde media hora antes «Las Pelayas» (como se conoce familiarmente este monasterio que también está bendecido por Santa Clara y seguramente por Santa Cecilia) pudimos tocar el cielo desde el recogimiento, la emoción, la palabra subrayada y sublimada por una música tan bien escrita e interpretada por escolanos, «escolinos» e instrumentistas volcados en las manos y buen hacer de Don Gaspar, digno heredero de mi admirado y siempre querido Alfredo. También sonó su Salve Regina como colofón al homenaje que la Escolanía tributó a Sor Ángeles Álvarez (organista, compositora, directora y gran difusora de la obra del Maestro) al finalizar el concierto, gregoriano en voces blancas con y como  las monjas de clausura en el coro contrapuesto a la sabia polifonía tras la medalla de oro que seguro lucirá con el amor hacia el lenguaje universal de la música unido al de la oración.

La elección de instrumentos por parte del compositor británico está acorde con un dominio minimalista de los recursos para el subrayado de las siete partes de este requiem estrenado en 1985 pero escuchado por primera vez este último viernes de noviembre: órgano (Elisa García Gutiérrez), oboe (Juan Ferriol), flauta (Jorge Caro), cello (Elena Miró), arpa (Miriam del Río), timbales (Jaime Moraga) y glockenspiel (Andrés García). Hay múltiples referencias, homenajes directos e íntimos en el Requiem, pero además cada parte vocal rebusca en colores y matices intrincados, duros por momentos, en especial para las jóvenes voces blancas que se comportaron como campeones, sea el latín o el inglés el idioma utilizado.

Requiem aeternam, italianizado en su pronunciación, completo en un arranque sincero que entrega todo antes de lograr combinaciones siempre inspiradas, emocionadas, bien comunicadas por Gaspar Muñiz batuta en mano.

El arranque de cello para el Psalm 130: Out of the deep supuso también arrancar un girón del alma, sumándose coro, órgano, oboe, círculo que se cerraría antes del Pie Jesu, instrumental con un órgano omnipresente, claro, lleno, apoyando las voces blancas, serpenteando la melodía o rematando un tutti siempre íntimo.

Luz cegadora para el Sanctus – Benedictus, carillones, órgano y arpa ensamblados, voces graves, suma de cello y oboe, timbales, voces blancas, coralidad única en ensamblaje ayudado por la acústica deseada, dirección clara y precisa, entrega sin límites de todos, voces mixtas en perfecta mixura instrumental.

El abismo, lo tétrico del Agnus Dei perfectamente delineado en cada intervención instrumental y vocal, piedad cantada contrapuesta con arpa, madera, el bajón orgánico que nos dará La Paz.

Nueva esperanza en el Psalm 23: The Lord is my shepherd, guiados por arpa, órgano, oboe pastoralmente celestial, voces blancas, música instrumental, partes «a capella», música completa, tributo a Fauré, «nada me falta»…

La esperanza, Lux aeterna con timbales y órgano, «escolinos» con arpa y órgano, siempre Gabriel presente, delicia auditiva con esa vuelta al principio del «descanso eterno» casi deseado, susurrado, acunado y mecido entre algodones vocales.

Anotaciones como guión para intentar describir lo inenarrable, lo inefable: emociones, lágrimas y acto de contrición, penitencia y salvación con esta Escolanía de San Salvador realmente bendecida, voces del cielo acompañadas por unos músicos entregados al hecho religioso desde el propio entorno y un Gaspar Muñiz cuyo sacrificado dolor nos devolvió el placer terrenal. Nada mejor que repetir el Sanctus para liberar tanta tensión.

Las palabras de Ignacio Rico Suárez siempre en su sitio, gratitud y homenajes sentidos, incluido el final a Sor Ángeles con lectura por parte de Lucía Nieto del acta que daba pública fe de La Casa de Todos, sobre todo de La Música.

El trabajo hecho con el corazón parece menos sacrificado, pero la «Escolanía de Don Alfredo» afrontó su mayor reto en estos 40 años de historia, al menos el programa más ambicioso, y el premio merecido además de compartido con todos los asistentes. No podemos pedir más.

GRACIAS desde lo más profundo de mi alma musical.

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