Martes 22 de enero, 20:00 horas. Teatro Campoamor. Ensayo general de Don Carlo (Verdi).
Invitado por #operaytuits acudimos unos cuantos «tuiteros» al general para empezar bien el Año Verdi. Además de compartir en tiempo real sensaciones y emociones, estar en un lugar privilegiado para disfrutar como si del estreno se tratase no tiene precio, pertrechados con móviles y tabletas que desgranaban cuadros, arias, dúos, concertantes, situaciones y todo lo que sólo la ópera es capaz de sacar del alma humana.
La magia flotó en el ambiente desde el arranque con una OSPA portentosa en bloque, secciones y solistas bajo la dirección de un Corrado Rovaris magistral de inicio a fin, terciopelo orquestal capaz de abrigar a las voces que por algo llevan «la voz cantante» sin renunciar a momentos épicos cuando lo exige esta obra esplendorosa del gran Verdi. Con esta base lo que vendría después era pura lógica en el discurrir lírico.
Del Coro que dirige Patxi Aizpiri sólo elogios en un general que servirá para aligerar los tempi marcados por el Maestro Rovaris en el estreno del 24, pues vocalmente están en momento dulce y como actores en su sitio.
Del reparto equilibrado que logró una representación triunfal más que un ensayo por darlo todo sin necesitarlo (gracias por la profesionalidad y el contagio emocional) comenzar por Don Carlo Stefano Secco convincente y en especial la Éboli de Alex Penda (Alexandrina Pendatchanska) que enamoró a todos.
Y de los «debuts» en sus roles Juan Jesús Rodrigo/ez que tiene clase hasta para morirse, el Filippo Bou impactante incluso de presencia, pero especialmente una Elisabetta di Valois que desde ahora será referencia, Ainhoa Arteta cuya voz ha ganado tantos quilates desde un trabajo del rol maduro, en plenitud, que logró acallar todo y erigirse en auténtica Majestad con todos postrados ante ella. Generosa, sin guardar nada, regalando una auténtica lección de profesionalidad, belleza interior que fluye hacia su presencia escénica hecha arte vocal.
Añadir una puesta en escena seria, rigurosa, histórica, con guiños pictóricos de libro como un atrezzo y vestuario cuidado al detalle que redondearon un Pre-estreno para los elegidos, entre los que me considero uno de los privilegiados. El 24E será un acontecimiento lírico para la historia del Campoamor y de la propia ópera en el bicentenario de Verdi.
Don Carlo dejará huella en Oviedo
23/01/2013
Asturias, ópera, clásica, lírica, música Ainhoa Arteta, Alex Penda, ópera, Corrado Rovaris, Felipe Bou, Juan Jesús Rodríguez, lírica, música, OSPA, Oviedo, Stefano Secco, Teatro Campoamor, Verdi 3 comentarios
Músicos asturianos por el mundo
19/01/2013
Asturias, música Asturias, discos, Fernando Agüeria, Forma Antiqva, Jorge Muñiz, María Espada, música, Miguel Prida, Pablo González, Roberto Álvarez 2 comentarios
El director de orquesta carbayón Pablo González Bernardo, titular de la OBC «cruzaba el charco» y dirigía el fin de semana pasado a la Dallas Symphony Orchestra añadiendo nuevos hitos a un currículum que no para de crecer, siempre uniendo calidad y éxito, con un programa donde estaban la Obertura Carnaval Op. 92 de Dvorak, Tchaikovsky y su concierto de violín con Nicola Benedetti de solista más «La Primera» de Brahms (que le escuché en Barcelona hace un año) y la crítica no pudo ser mejor. Tendremos el placer de reencontrarnos con la OSPA en el mes de abril con otros dos autores que domina a la perfección: Beethoven y Schumann. Siempre vuelve a casa y con una agenda como la suya es de agradecer.
Y si hace nada comentaba que los langreanos Forma Antiqva actuarán el sábado 8 de junio en el Festival Händel de Halle con un programa que avanzarán en el VII Ciclo Febrero Lírico del Teatro Real Coliseo Carlos III (El Escorial) donde estará María Espada, me llegaba la noticia de la retransmisión este domingo 20 de enero a las 12 del mediodía por el canal de música antigua de la BBC (The Early Music Show, BBC3) de dos piezas del «Concerto Zapico» grabadas en vivo durante el concierto que ofrecieron el pasado mes de julio en el Festival de Música Antigua de Praga: las Folias gallegas de Santiago de Murcia y el Fandango de Domenico Scarlatti (también en el disco «Concerto Zapico» de 2010 para el sello alemán winter&winter del que son artistas exclusivos) que también escuché este martes en Gijón, autor el italiano que sonará junto al alemán en su casa natal. El programa de la BBC3 es el más importante de música antigua de la radiodifusión inglesa y se emite todos los sábados y domingos al mediodía. Se turnan en la presentación Lucie Skeaping y Catherine Bott, soprano especializada en interpretación histórica, que es quien ha escogido los fragmentos del trío asturiano para su programa del domingo. Para quien no pueda seguirlo en vivo, lo tienen una semana en el archivo de la propia web británica.
Del avilesino y ex-alumno Roberto Álvarez flauta y piccolo en la Singapore Symphony Orchestra, aún le debo un comentario al CD «La noche» con la arpista Katryna Tan con música de nuestro siglo donde no sólo hace patria sino que ha grabado obras de compositores asturianos de ahora como Fernando Agüeria, Jorge Muñiz o Miguel Prida por citar sólo tres, y que fue portada de la revista RITMO. Delicia sonora de interpretación, ambientes y escritura para un dúo poco habitual que rompe etiquetas.
Que me sigan llamando grandón pero poder exportar músicos asturianos al mundo me llena de orgullo y son los mejores embajadores de mi tierra con un producto que los gobernantes parecen olvidar: CULTURA. ¿Cuándo se enterarán estos desWERTgonzados?
Wagner se sumó al poderío ruso
18/01/2013
Asturias, clásica, conciertos, música, sinfónica Auditorio de Oviedo, conciertos, música, Mozart, Orquesta del Teatro Mariinsky, Shostakovich, Valery Gergiev, Wagner 1 comentario
Jueves 17 de enero, 20:00 horas. Conciertos del Auditorio, Oviedo. Orquesta Sinfónica del Teatro Mariinsky de San Petersburgo, Valery Gergiev (director). Obras de Mozart, Wagner y Shostakóvich.
Una hora antes del concierto la violonchelista Marie-Elisabeth Hecker tendría un desmayo con posterior envío al hospital y nos privaría de escucharla en las Variaciones sobre un tema rococó, Op. 33 de Tchaikovsky que figuraban en el programa. Claro que una orquesta y director como los de esta velada son capaces de remontar y regalarnos el primer Wagner del año con los preludios de los actos I y III de Lohengrin.
Mozart y su Sinfonía nº 40 en Sol m., K. 550 abrían boca y oídos para un auditorio lleno hasta la bandera ante el primer acontecimiento musical de primera en este otro año de crisis e impidiendo asistir a la presentación de «La misa de gaita. Hibridaciones sacroasturianas» de Ángel Medina una hora antes en el Paraninfo de la Universidad de Oviedo con presencia de muchos amigos y conocidos y recordando a mi querido Lolo «el de Cornellana», pero Gergiev mandaba y sobre todo por la esperada segunda parte.
Mozart me resultó algo exagerado en plantilla aunque sean capaces de sonar cual orquesta clásica. Versión de disco pero que no me emocionó aunque reconozca detalles del maestro ruso. Molto allegro no tal cual sino «menos», sin excesos, un Andante equilibrado, reposado, juego bien llevado, Menuetto: Allegretto-Trio donde la colocación vienesa se agradece para paladear un movimiento con enjundia, y el Finale. Allegro assai tan aseado y bien ejecutado escuchando todas y cada una de las notas, diría que aséptico e impecable pero sin engancharme.
«No hay mal que por bien no venga» y escuchar los dos preludios wagnerianos resultó una bocanada de tensión y energía, brillo y sabiduría desde el pianissimo inicial de unos violines perfectos en el primero hasta el poderío de metales redondos y humanos del tercer acto, siempre conducidos con el estilo tan personal pero eficaz de Gergiev con su orquesta, pues así la debemos considerar. Cambiar el programa una hora antes y hacerlo con la calidad y consistencia demostradas no está al alcance de cualquiera. Ya quisiera haber sonado así en el Concierto de Año Nuevo de este año con el soso Welser-Möst.
La Sinfonía nº 10 en Mi m., Op. 93 de Shostakóvich sería la protagonista del esperado concierto, una hora que pasó volando y donde cada nota parece correr por las venas de esta formación. Aurelio M. Seco en las notas al programa explica perfectamente esta sinfonía que refleja en palabras de Viora «la horrible crueldad del asesino de masas» y le sumaría el carácter obsesivo que subyace en toda ella junto con los toques marciales, sin olvidar las palabras del propio compositor de introducir «mas tempi lentos y episodios líricos que pasajes heróico-dramáticos y trágicos». La orquesta es un bloque perfecto en todas sus secciones y solistas, logrando unas texturas perfectas para «la décima» y un impulso vital que convierte esta obra de 1953 en una de las grandes del pasado siglo y protagonista asidua desde hace unos años para toda formación y director que se precie. Claro que el binomio Mariinsky-Gergiev la sitúa como cimera e inigualable, molestándole las pausas entre movimientos porque entiende las obras en su globalidad, y este Shostakóvich fue como beber directamente de la fuente, el auténtico poderío ruso donde Mozart hizo de telonero y Wagner se sumó a la fiesta.
Banquete Zapico
17/01/2013
Asturias, conciertos, música, recital Aarón Zapico, amigos, conciertos, Daniel Zapico, Forma Antiqva, música, Pablo Zapico Deja un comentario
Miércoles 16 de enero, 20:00 horas. Teatro Jovellanos, Sociedad Filarmónica de Gijón, Año 105 (Concierto 1.537): Concerto Zapico. Pablo Zapico (guitarra), Daniel Zapico (tiorba) y Aarón Zapico (clave): «Música Ibérica para consort de continuo», obras del repertorio ibérico e italiano de los siglos XVII y XVIII.
Siguiendo mi enero musical por las sociedades filarmónicas asturianas recalé en Gijón para volver a disfrutar de los Hermanos Zapico y su espectáculo Concerto Zapico o lo que es lo mismo, Forma Antiqva en estado puro, trío siempre único, cada vez más maduro y técnicamente perfectos, desgranando un repertorio que han hecho propio cual menú musical. A otro espectáculo le llamé «Manjares y colores«, ellos tienen «Soberano manjar» y repito referencias culinarias porque con los mismos ingredientes pueden cocinar platos muy distintos. No habrá estrellas ni tenedores pero el éxito allá donde van está asegurado porque la calidad es de categoría especial. Podría haber elegido la coctelería en el mismo sentido pero cada concierto es tan sólido que me alimenta bien y no deja dolor de cabeza.
El hermano mayor deja unas notas al programa suficientemente explicativas de las que resaltaría dos frases: «el mutuo empeño de explorar y ampliar sus posibilidades como músicos» con «un repertorio que les resulta cercano y familiar«. El resultado siempre único, cercano y para disfrutar, como una comida entre amigos.
Las obras conforman todo un placer para el espectador y los propios músicos que disfrutan cocinando cada plato, y donde Aarón cede más protagonismo a los gemelos aunque sus intervenciones siempre resulten virtuosas, con ornamentaciones de vértigo en su punto, y el sustento necesario en las distintas apariciones solistas.
Aperitivo de Fandangos, Blasco de Nebra y Santiago de Murcia, dúo de cuerdas pulsadas cada vez más unificadas con un Pablo virtuoso y preclaro bien secundado por Daniel.
Entrante de Marionas Gaspar Sanz y Xácara.
Un primer plato fuerte con Obras por 5º tono, Preludio Grabe y Giga de Murcia según A. Corelli, aderezado con Toccata XI de Kapsberger y el punto delicioso de las Diferencias sobre la Españoleta, como un toque de albahaca.
Sorbete de PreludioRoncalli, PassacagliaKapsberger y Bayle del Gran Duque totalmente digestivo, alegre, para cambiar sabores en el paladar auditivo.
Segundo plato de Improvisaciones sobre Caponas y Chaconas, sugerente hasta en el título, Cumbees de Murcia y Diferencias sobre las Folías, otro toque exquisito y con técnicas al servicio del sabor.
Surtido de postres: ColascioneKapsberger, PassacagliaFerdinand Fischer, Recercada IOrtiz y siempre rematando sabores Diferencias sobre El Baile de las Antorchas.
Cual cafés y copas, siempre con caldos nuevos producto de la investigación, Folias Gallegas de Murcia y el bouquet de la casa que es el FandangoDomenico Scarlatti.
Cocineros de formación clásica que preparan platos bien condimentados, de presencia agradable y sabores increíbles, siempre una sorpresa para el público.
El lugar donde paladeamos este banquete, perfecto entorno para paladares de cualquier época y gusto.
La ruta gastronómico-musical de «Los Zapico» y Forma Antiqva no para, España y resto de Europa como Amberes ya han probado sus combinaciones, y pronto servirán su menú nada menos que en la casa natal de Händel, aunque aún están con la cesta de la compra pero los ingredientes, María Espada incluida, están anotados.
David Menéndez recordando a Félix Lavilla
16/01/2013
Asturias, conciertos, lírica, música, recital conciertos, David Menéndez, F. Alonso, Gounod, Guastavino, M. Ponce, música, Moreno Torroba, Oviedo, Rubén Fdez. Aguirre, zarzuela Deja un comentario
Martes 15 de enero, 19:45 horas. Teatro Filarmónica, Sociedad Filarmónica de Oviedo, Año 107, Concierto 1 del año 2013 (1.883 de la Sociedad). Dúo David Menéndez (barítono) – Rubén Fernández-Aguirre (piano). Obras de Gounod, Guastavino, F. Alonso y Moreno Torroba.
Con el recuerdo por el fallecimiento del pianista pamplonés Félix Lavilla, todo un referente para tantos músicos españoles y muy especialmente el mundo de la lírica, el concierto resultó un perfecto homenaje a cargo del barítono local David Menéndez y el pianista Rubén Fdez-Aguirre, un dúo así entendido en tanto que el repertorio elegido exigía de ambos, perfecta simbiosis muy trabajada que pasó por Bilbao y más recientemente Santiago de Compostela.
Dedicar la primera parte a Gounod y su «Biondina» es una auténtica maravilla, más cuando antes de cada número pudimos escuchar la perfecta declamación, otra recreación poética de los textos en español a cargo del tenor asturiano Jorge Rodríguez Norton. Los doce números requieren toda una dramatización, buen decir, vocalización perfecta e interiorización hecha arte para pasar del enamoramiento al placer del amor, la boda, el dolor y la muerte, siempre remarcado y subrayado por un piano igualmente protagonista en la mejor línea de los lieder, con un Rubén Fdez-Aguirre capaz de sacar todas las emociones subyacentes en el texto: campanillas de Cupido, cuerdas de mandolina, campanas de boda y también de entierro, vientos de cipreses, alegrías y angustias instrumentales que la voz de David Menéndez bordó con una técnica impresionante, gama dinámica increíble, dramaturgia plena en una interpretación rica de matices y sobre todo, como mi primera impresión, de gusto en el canto. Todo un descubrimiento esta «Biondina» en el registro del barítono castrillonense y el pianista baracaldés.
Mucho más liviano y menos trágico pero igualmente colorida resultó la segunda parte con seis canciones de las doce «Flores argentinas» de Guastavino, la segunda «G» de la velada, caleidoscopio rítmico y melódico del folklore porteño elevado a la categoría de concierto, casi diría que como nuestro Falla, músicas con auténtico perfume hermano del otro lado del charco pero con acento nuestro, ¡qué lindo!: jazmines y madreselvas, plumeritos y claveles evocadores y embriagadores. Nueva lección de canto y piano, perfecto ensamblaje en el marco perfecto de un Teatro Filarmónica que tantas veladas líricas acogió en sus cientos de conciertos, incluido el póstumo homenaje del propio Rubén a Félix Lavilla con «su» Teresa Berganza.
El público entrado en años aún disfrutaría con dos romanzas de zarzuela que fueron auténticos números uno por barítonos como Marcos Redondo y sobre todo Manuel Ausensi, la canción de Vidal «En una dehesa» de la Luisa Fernanda de Moreno Torroba, orquesta desde el piano y poderío vocal recreándose como el propio personaje en cada matiz y cada palabra, en cada gesto y cada nota, para rematar ese «borrico» canción del gitano de «La Linda Tapada» del Maestro Alonso.
De regalo ese «Lejos de tí» (M. Ponce) que sigue emocionándome cuando lo escucho por Kraus, esta vez por la voz más natural de las graves, el barítono, canción que David Menéndez interpretó bien apoyado por el piano, siempre en su sitio, tapa abierta y volúmenes apropiados por parte del maestro Fdez-Aguirre.
Y estando en la llamada capital de la lírica española, en nuestra casa, no podía faltar la sidra, quitar el chaqué y la pajarita, remangarse la camisa y cantar el Xuanón de M. Torroba, estribillo del «Canto a la sidra» en dos partes con la salva de aplausos de un público que disfrutó con este espléndido concierto de la centenaria sociedad musical carbayona.
Camilos carbayones
13/01/2013
Asturias, órgano, clásica, conciertos, música, sinfónica Alexandre Da Costa, Auditorio de Oviedo, órgano, conciertos, Guillermo Martínez, Marzio Conti, música, OvFi, Saint-Saëns 1 comentario
Sábado 12 de enero, 20:00 horas. Conciertos del Auditorio, Oviedo: Alexandre Da Costa (violín), Oviedo Filarmonía, Marzio Conti (director). Obras de C. Saint-Saëns.
Arrancaba mi 2013 del Auditorio ovetense con el regreso del violinista Alexandre Da Costa, esta vez con la OvFi dirigida por su titular y en un monográfico Saint-Saëns que se grabará para el Sello Warner en estos días. Reconozco que el compositor francés no está entre mis elegidos, sin entrar en la «corriente de opinión que desvalorizaba a este compositor acusándolo entre otras cosas de frío academicismo…» que comenta en las notas del programa la profesora Miriam Perandones, pero resultó un placer seguir comprobando el crecimiento artístico de la orquesta carbayona y el buen entendimiento con el maestro italiano que está dándole a la formación nuevos colores y el espíritu mediterráneo del que Haider carece pero que nos hace más cercana en los repertorios y sus interpretaciones.
Además del protagonismo del virtuoso violinista canadiense y su Stradivarius «Di Barbaro» (1727) con un arco Sartory, cortesía de la Fundación Canimex, una delicia completa, la orquesta con Monti estuvo a su altura, todo un logro haciendo que Oviedo tenga ahora dos Camilos: Camilo de Blas y Camilo Saint-Saëns, destronando a Wolf-Ferrari del repertorio discográfico emprendido con el maestro austriaco.
La Introducción y rondó caprichoso en La m., Op. 28 abría el concierto, obra que tiene mucho de nuestro virtuoso español Sarasate no ya por haberla estrenado y dedicatario de la misma sino por la cantidad de temas hispanos, con una orquestación muy académica pero también exigente desde ese inicio en pianísimo hasta todo el desarrollo cual catálogo de exhibición violinística. El canadiense sacó de la joya una amplísima gama de sonidos siempre presentes en primer plano, con una técnica impactante perfectamente concertada por Conti que llevó a la orquesta a ser perfecta acompañante. El disco dejará constancia de ello.
Más complejo, igualmente estrenado y dedicado a mi tocayo navarro, el Concierto para violín y orquesta nº 3 en Si m., Op. 61 está entre los habituales del repertorio. Sus tres movimientos resultaron bien contrastados y ejecutados, poderío en el Allegro non troppo, lirismo en el Andantino quasi allegretto y fortaleza en el Molto moderato e maestoso, majestuoso encuentro solista y orquesta que la obra, con sus altibajos emocionales, resultó más que aseada, equilibrada y por momentos plena de emotividad. Destacar nuevamente el entendimiento entre solista y orquesta que brillaron con luz propia.
Una versión a solo de la Asturiana de Falla fue un regalo con guiño local desde la universalidad de la música, donde no lloró el pino sino el violín de Alexandre, expléndido nuevamente.
La segunda parte nos trajo la nada habitual Sinfonía nº 3 en Do m., Op. 78 con el compositor Guillermo Martínez al órgano (bien amplificado incluso con un subwoofer) y el piano a cuatro manos de Olga Semouchina y la mierense Silvia Carrera, protagonistas dentro del conjunto orquestal que así concibió Saint-Saëns y volviendo a preguntarme por qué no hay órganos de tubos en todos los auditorios, enriqueciendo una tímbrica que la orquesta ovetense comienza a tener como signo de identidad en todas sus secciones, no ya la cuerda que ha alcanzado su madurez a pesar de la plantilla siempre corta, sino en una madera bien ensamblada, unos metales seguros y nada estridentes, más la percusión siempre con un toque de calidad que envidio para otras formaciones queridas.
Los dos bloques de la sinfonía estuvieron bien delineados por el maestro italiano el Adagio-Allegro moderato – Poco adagio claro de diseño, sacando a flote los recovecos melódicos que esconde y jugando con las dinámicas y cambios de tempo, más la irrupción orgánica y pianística del Allegro moderato – Presto – Maestoso – Allegro perfectamente encajados cual bloque cálido jugando con los protagonismos de todas las familias instrumentales. Versión brillante de esta sinfonía «orgánica» casi pariente lejana aunque con menos recursos que el posterior Preludio Festivo Op. 61 de R. Strauss.
La Jota Aragonesa para orquesta en LA M., Op. 64 fue la propina a plantilla completa para cerrar este monográfico, aunque vuelve mi opinión de la falta de «pegada» en esta partitura del compositor francés dedicada a Paquita Sarasate y deudora de la de Pablo o Tárrega, frente a orquestaciones mucho más brillantes para obras de un folklore como el español que tanto ha inspirado (y lo que queda aún) a músicos de muchas y distintas generaciones, aunque dentro de la grabación ayude a completar la duración y visión española de Monti y la Oviedo Filarmonía. Esperaremos a disfrutarla también en CD.
Más que un regalo musical de Reyes
06/01/2013
ópera, clásica, conciertos, lírica, música, sinfónica ópera, Beatriz Díaz, conciertos, Haydn, Johann Strauss II, Josef Strauss, Manuel Hernández Silva, música, Mozart, Real Filharmonía de Galicia, Rossini, Schubert 2 comentarios
Sábado 5 de enero, 22:00 horas. Auditorio de Galicia, Santiago de Compostela. Concierto de Reyes: Beatriz Díaz (soprano), Real Filharmonía de Galicia, Manuel Hernández Silva (director). Obras de Mozart, Haydn y Schubert. Entrada: 15€.
«Noche mágica» titulaba a la salida de un concierto en horario nada habitual pero que tuvo una excelente entrada en la Sala Ángel Brage de acústica perfecta. La orquesta gallega es la excelencia musical en todas sus secciones y perfecta para el programa elegido. El maestro venezolano pergeñó una selección del clasicismo vienés que domina como nadie, transmitiendo todo su conocimiento a los profesores que funcionaron como el gran instrumento que es la orquesta cuando al frente se pone un director de la talla y carisma de Manuel Hernández Silva, quien además comentó cada obra con el humor y gracejo suyos haciendo gala de su vertiente pedagógica. El premio del roscón de Reyes fue la soprano asturiana Beatriz Díaz con unas arias operísticas nuevas pero ya plenamente integradas en una voz que ha ganado cuerpo en el registro grave y le abren un abanico de roles que eran impensables no hace mucho, unido a su teatralidad inconmensurable viviendo cada papel sobre el escenario, contagiando su saber estar y cantar a todos, algo que el director supo ver y sacar a flote.
El concierto comenzaba con la obertura de La Clemenza di Tito, KV 621 (Mozart) que sonó impecable en una orquesta dúctil y de sonoridad cristalina, conducida con gusto y dominio.
Papá Haydn nos trajo dos arias de la ópera jocosa La vera costanza, Hob. 28/8 para disfrutar de Beatriz Díaz en estado puro, verdadera constancia la suya: «Non s’innalza, non stride sdegnosa», la mandamás y metomentodo Baronesa Irene, papel de amplia gama dinámica y de tesitura perfectamente solventado por la allerana, y «Con un tenero sospiro» de la pescadora Rosina, dulzura y buen hacer global, metamorfósis total para dos interpretaciones casi antagónicas como bien explico el maestro Hernández Silva antes de escucharlas. Grandes ovaciones en esta primera aparición vocal lógicas por el resultado global, orquesta en su sitio y protagonismo vocal.
El «Menuetto» de la Sinfonía nº 3 en RE M, D. 200 (Schubert) sonó puramente vienés, «prevals» bien explicado por la acentuación de la tercera parte que los profesores de la Filharmonía bordaron al responder en total comunión con la batuta, entendimiento como si el maestro venezolano llevase con ellos toda la vida.
Y volvía el gran Mozart de Le Nozze di Figaro, KV 492, primero la Obertura «de disco», todas las notas dibujadas y escuchadas en una cuerda de lujo y un viento siempre claro, el preludio de esa ópera única en la historia lírica que más allá del libreto de Da Ponte la música del de Salzburgo ilumina. En el aria «Giunse alfin il momento» la orquesta fue un acompañamiento soñado para el gusto en grado sumo que derrochó Beatriz Díaz (alumna aventajada de La Freni) desde el recitativo, deleitando con unos pianissimi siempre presentes y arropados por la musicalidad de una orquesta de lujo funcionando como un único instrumento tocado por la batuta de Hernández Silva. Todo un descubrimiento esta Rosina «Condesa de Boo» que el público valoró con atronadores aplausos y varias salidas de la soprano para saludar.
Quedaba todavía la Sinfonía nº 35 en REM, KV 385 «Haffner» interpretada como nunca antes había escuchado en vivo, posible por la simbiosis de director y orquesta en una obra tan interiorizada por el venezolano quasi vienés (sus 20 años de residencia en la capital austriaca se notan siempre) que los cuatro movimientos fueron auténticas delicias, fuego, amor y rapidez máxima posible que el propio Mozart dejó anotado en la partitura estrenada en Salzburgo como bien nos contó el maestro: desde el Allegro con spirito, fogoso sin perder nunca ímpetu y abanico de dinámicas; el Andante auténtica declaración amorosa hecha música sinfónica, delicadeza en cada plano sonoro, en cada acento, en cada matiz, en cada intervención instrumental y sobre todo en cada gesto del director; un Menuetto sublime de paladeo en todo su desarrollo, incluyendo el trío; y ese Finale. Presto tan rápido y preclaro que sólo una orquesta con el virtuosismo unido a la calidad de la orquesta gallega es capaz, y Hernández Silva logró que lo diesen todo. Realmente apoteósica.
La noche mágica todavía nos depararía el «premio» de los roscones de reyes al volver Beatriz Díaz para regalarnos «Una voce poco fa» de El Barbero de Sevilla (Rossini), sorpresa y nueva lección interpretativa donde las cadenzas y rubati jugosos de esta nueva Rosina fueron engarzados con el oro directorial de Manuel al mando del instrumento sinfónico atento y respetuoso, escuchándose todos en ese juego musical que resultó esta joya cantada por la asturiana. El público rendido, nueva salva de aplausos y BraBoos de izquierda a derecha del patio de butacas, un aria conocida y recreada que surgió por sorpresa añadiendo un nuevo papel en el amplio repertorio de nuestra adorada Beatriz Díaz.
La cuerda de la RFG soltó arcos y con el humor que solo la maestría de los grandes logran sacar de los profesores, cerraron la Noche Mágica con una Pizzicato Polka de los hermanos Johann y Josef Strauss que igualó las mejores de Año Nuevo por lo jugosa en matices, calderones, cambios de tempi… ¡Tan sólo faltó el triángulo para hacerla insuperable!
Imposible comenzar 2013 mejor. Gracias a la orquesta, a Beatriz y a mi admirado y querido Manolín… Esta vez llevé «MUCHO CUCHO®» personalmente y el regalo imperecedero.
Los números de 2012
06/01/2013
Los duendes de las estadísticas de WordPress.com prepararon un informe sobre el año 2012 de este blog.
Aquí hay un extracto:
600 personas llegaron a la cima del monte Everest in 2012. Este blog tiene 6.300 visitas en 2012. Si cada persona que ha llegado a la cima del monte Everest visitara este blog, se habría tardado 11 años en obtener esas visitas.
Händel cierra mi 2012
22/12/2012
Asturias, clásica, conciertos, coros, música, sinfónica Carlos Mena, conciertos, Coro FPA, Gustavo Peña, Händel, Jochen Kupfer, José Esteban Gª Miranda, Juanjo Mena, música, Raquel Lojendio 3 comentarios
Viernes 21 de diciembre, 20:00 horas. Catedral de Oviedo: Fundación Príncipe de Asturias, Concierto «Europa canta a la Navidad»: El Mesías, HWV 56 (Händel). Raquel Lojendio (soprano), Carlos Mena (contratenor), Gustavo Peña (tenor), Jochen Kupfer (barítono), Coro de la Fundación Príncipe de Asturias (director: José Esteban García Miranda), OSPA, Juanjo Mena (director).
Como el famoso anuncio televisivo, el oratorio del alemán nacionalizado inglés «vuelve a casa por Navidad», siempre Mesías y siempre distinto. Con un coro que domina la obra como nadie y disciplinado ante todos los directores que han abordado esta obra maestra, la otra parte de la OSPA (esta vez con algún refuerzo JASP) que Händel tiene ocupada todo este último mes del año, un cuarteto vocal bien equilibrado y en parte conocido ya de nuestra tierra, con la presencia del contratenor Carlos Mena y su hermano Juanjo al frente, resultó un concierto espléndido en una catedral abarrotada desde media hora antes, con público variopinto, minoría maleducada, pasillos sin un hueco con sillas trasegadas, pantallas gigantes, cámaras por doquier, y las ganas de poner punto final a mi año musical.
El Coro de la Fundación rinde a tope con maestros exigentes y el vitoriano les hizo trabajar en todas las intervenciones, aportando detalles que dan los toques de distinción más allá del «Aleluya», llevando los tempi alegres con agilidades brillantes y matices ricos donde los ff estuvieron cantados, y un «Amen» realmente brillante. Enhorabuena a mis muchas amistades corales.
La OSPA en pequeña formación y abordando el barroco siempre es un placer (qué bien sonó «Pifa»), esta vez con alguna cara nueva que me llenó de alegría, unos timbales de terciopelo, trompeta solista excelente, oboe genial, la cuerda seguro de éxito, y el clave / órgano de Óscar Camacho, perfecto en todas sus intervenciones, con el maestro Mena llevando cada número bien contrastado, colores tímbricos mimados y planos sonoros bien equilibrados, concertando a la perfección una obra que tiene mucho que dirigir. Destacar la afinación bien mantenida en las dos horas, solamente con un reajuste entre los coros «His yoke» y «Behold the Lamb». Enhorabuena a la orquesta de todos los asturianos.
Del cuarteto solista destacar al barítono alemán Jochen Kupfer que volvió con un hermoso timbre igualado en toda su tesitura, potente en los recitativos, con cuerpo en el registro central y una línea melódica que dejó unas arias emocionantes, especialmente en «The Trumpet» final a dúo con el holandés. Otro tanto del contratenor Carlos Mena cuya voz fluye en Händel limpia y clara, grosor y color perfectos olvidándome de las versiones femeninas de mezzo o contralto para decantarme por una voz que, gracias a tantos compañeros de cuerda, está volviendo a protagonizar la música barroca. Un placer para el oido cada aria y el precioso dúo «He shall feed His flock» con la canaria Raquel Lojendio que fue a más en su vuelta barroca a Asturias, calentando todos en el discurrir del concierto, con la soprano entregada en la siempre agradecida «Rejoice» y su último «I know that my Redeemer» que resultó como el texto, alzándose sobre el polvo, esta vez frío de invierno recién estrenado. Y enorme satisfacción redescubrir a Gustavo Peña, pensando que Las Palmas algo debe tener para dar tenores tan brillantes, color vocal ajustado al género y estilo, recitativos decididos y seguridad en las arias, completando un elenco de solistas más que aseado para «El Mesías de la Catedral». Enhorabuena al cuarteto.
Todavía nos regalaría un arreglo para coro y orquesta del villancico más universal, «Noche de Paz» cantado con parte del público (al que no puedo dar la Enhorabuena) y el maestro Mena concertando.
Punto y final para un año 2012 que ha sido completo. La carta a los Magos llegará puntual y aprovecho para desear a mis habituales y quienes aquí lleguen por vez primera, unas musicales y
Viva Händel
20/12/2012
Asturias, ópera, música Anna Bonitatibus, ópera, Benjamin Bayl, Elena Tsallagova, Flavio Ferri-Benedetti, Händel, Mariame Clément, música, OSPA, Pietro Spagnoli, Serena Malfi, Teatro Campoamor, Xavier Sábata 3 comentarios
Martes 18 de diciembre, 20:00 horas. Teatro Campoamor, LXV Temporada de Ópera de Oviedo: «Agrippina» (Händel), segunda función. Entrada Butaca principal: 107,40€ (impuestos incluídos).
Cuarto título de la temporada con gran expectación y «división de opiniones» en la primera representación dominical. Sigo pensando y diciendo que hablar más de la escenografía que de la música es otra de las modas, pasajeras aunque recurrentes, como lo fue la de los directores de orquesta o los intérpretes. En el caso de muchos que crecimos con discos de vinilo y nuestras primeras óperas en las butacas «ciegas» de los años 70 y principios de los 80, el oído manda, los cantantes y la orquesta. Si además el decorado (perdón, todo lo habitual: dirección de escena, escenografía, vestuario, iluminación… y la tramoya en general) ayuda, entonces el placer puede ser completo.
Aún recuerdo los primeros vídeos en estéreo y no digamos el LaserDisc (otro que se pasó de moda), lo mejor del momento por ¡poder escuchar y ver!. El DVD ya fue el «sumum» (pues al Blue-ray aún no me he sumado tras varios patinazos tecnológicos y precios todavía altos) y las proyecciones en cine ya han sido el no va más para hacer llegar la ópera a todos, pero también las causantes de este «imperio de la imagen» donde los primeros planos no los soportan todos los cantantes, prefiriendo presencia y dotes de actor por encima del canto. También reconozco que los estudios de grabación y edición de audio / vídeo, vamos lo que se denomina la producción, son auténticos laboratorios capaces de conseguir un producto final que hay que valorar como tal y el directo nunca mejorará, de ahí mi predilección por los registros en vivo (también hacen algunos «apaños») y sobre todo la música en vivo, presenciar y compartir algo único e irrepetible.
Este martes acudía a disfrutar de una ópera barroca, sabiendo qué escucharía pero no el cómo, eso sí, sin prejuicios aunque la «mochila del recuerdo» siga llenándose y pesando cada vez más. Antes de comenzar megafonía avisaba de la indisposición gripal ¡de la protagonista! que por profesionalidad y atención al público actuaría igualmente. Mi gozo en un pozo, la esperada Anna Bonitatitbus que tanto me gustase en el recital Rossini no estaría al cien por cien, fruncí el ceño y pensé «Agripada» ¿exigiré la devolución de parte de la entrada, por otra parte nada barata? ¿Seré gafe?. Menos mal que la sinfonía me hizo centrarme y zambullirme en la representación, con dificultad para poder leer los sobretítulos por mi ubicación pero dejándome llevar y disfrutando.
Cada acto fue a mejor, tres actos con dos descansos suficientes para airearnos todos y hacer que las casi cuatro horas y media del espectáculo pasasen volando. Desmenuzar cada número ya lo hizo Javier Neira con «Un maravilloso mestizaje» en la edición papel de LNE del martes 18, ¡casi dos páginas completas! que ya quisiesen muchos críticos incluso en revistas especializadas, y que las ediciones digitales gratuitas tampoco suelen publicar. «Música celestial y multidireccional con treinta y cinco arias y el consiguiente rosario de recitativos, un terceto, un cuarteto, tres coros de solistas, una sinfonía de obertura, fanfarria, ouverture, preludio y ballet…» (yo éste no lo ví). El folleto lo dejo aquí escaneado, donde figura todo el elenco y responsables, junto a mis impresiones globales sin un orden previo y saliendo directamente del corazón a los dedos del teclado.
El director Benjamin Bayl es igualmente el encargado de la edición de la partitura junto con Gunhild Tønder para la Ópera de Oviedo y la Vlaamse Opera que han coproducido este título, por lo que la responsabilidad musical del director australiano al que ya hemos visto trabajar varias veces en nuestra tierra, es total, y se notó. Desde el clave en los recitativos y con gesto claro llevó a parte de la OSPA en el foso (la otra está ensayando «El Mesías» para el viernes 21 en la Catedral de Oviedo) con manos maestras, contando con un concertino de primera para la ocasión (Jorge Jiménez) y un continuo de lujo «Made in Asturias» que tanta responsabilidad y peso soporta en esta ópera: los hermanos Zapico (Aarón en el clave y Pablo con el archilaúd y la guitarra barroca, más el gijonés Juan Carlos Cadenas al cello, sin olvidarme de las intervenciones de John Falcone al fagot completando un grupo instrumental solvente y seguro que ponen la base instumental perfecta (cierto que hubo alguna pifia pero leve en algunos solistas no habituales), continuo rítmico y vivaz que ayudó mucho a la versión que el maestro Bayl nos ofreció.
Del reparto vocal nadie sobra porque todos tienen protagonismo escénico y vocal, técnicamente difícil siempre cantar barroco por la cantidad de agilidades (adornos) más la necesidad de cada aria «da capo» resulte aún más impactante y diferenciada que la primera vez, algo desigualmente resuelto por cada uno aunque equilibrado en los nueve cantantes, segundo puntal en el que se asienta la ópera.
La soprano rusa Elena Tsallagova una «Poppea» que eclipsó a la «Agrippina» de Bonitatibus. En «el haber» de la italiana no ya su profesionalidad por no cancelar sino la calidad exhibida en toda la representación, detalles técnicos en «el debe» que seguramente pasaron desapercibidos para todos menos para la propia mezzo, cuyo «saldo» sigue siendo muy a su favor y con crédito suficiente, convincente en las arias (¡qué lujo de estar a tope!), clara en los recitativos, dejándonos una «malvada» más que digna y convincente de principio a fin. De la rusa, amén de su atractivo físico, vocalmente dejó en recitativos puntuales algún «exceso» en los agudos, pero muy bien tanto de registro, amplio y uniforme, como de técnica perfecta -el aria rápida del tercer acto fue un examen de sobresaliente-, musicalidad y dramatización. Personalmente la triunfadora de la noche.
Pietro Spagnoli cantó un «Claudio» de menos a más, mejor como actor que cantante con unos agudos que siguen sin gustarme pero que en conjunto resultó convincente, y es lo que cuenta. Bien la mezzo Serena Malfi como «Nerone«, juvenil como su papel y una voz que promete aunque esta vez su personaje fuese masculino, y el «Narciso» del contratenor afincado en Valencia Flavio Ferri-Benedetti, que ya me gustase en abril pasado en el Dido y Eneas con Forma Antiqva. Del «Ottone» de Xavier Sabata puedo decir lo mismo que para «Claudio», de menos a más, pese a saber que lo domina hace tiempo, pero esta vez me resultó algo menos creíble y estático en su personaje y musicalmente con recitativos donde su voz natural «luchaba» con la cantada, difícil de mantener un color de voz homogéneo aunque nos dejó el aria «Vieni o cara» (personalmente no me gusta mucho elegir la voz de contratenor para este rol) del segundo acto realmente hermosa y bien cantada, la única interrumpida por los aplausos del público. Y el más flojo en todo el bajo portugués João Fernandes como «Pallante» con problemas para mantener la pulsación exigida por el maestro Bayl, resultando «P’atrás» en muchas arias, además de un color opaco y afinación indecisa que supongo encontrará con los años al ser joven aún para un rol demasiado exigente. No quiero olvidarme de «Lesbo», aquí chófer cantado por el bajo colombiano Valeriano Lanchas ni la «Giunone» de la valenciana Cristina Faus que completaron ese elenco vocal capaz de darnos una representación equilibrada en conjunto.
De la puesta en escena de Mariame Clément reconocer que es un logro (por ahí van las Agrippinas actuales) y hace realmente entretenida toda la trama traída a los años 70 de los «culebrones» televisivos que esta vez no chocaron en la traslación cronológica (no me imagino un «peplum» que ya no se hace, y todas las fotos que aparecen son las del estreno belga), con pantallas de televisión formando parte del propio argumento, a veces bien encadenadas (ventilador, persianas, secretaria, llamadas de teléfono, llegada de Claudio, habano apagado con la bañera rebosando…) y otras casi publicidad ¿subliminal? (perdí la cuenta de los cigarrillos fumados) con momentos groseros (el huevo frito, la fabada con el compango y luego la boca masticando desagradablemente), así como los litros de alcohol en cada cuadro (que en escena serían te, además del zumo de naranja), recurso que usado en exceso -en Roma también aparecerían con abundante vino y copas de plata- resulta reiterativo pese a que ayude en la dramatización: güisky, margaritas… en ese petrolífero Dallas tejano. El «medio Cadillac» resultó así, a medias aunque luego el chófer fuese realmente creíble, como el baño de espuma de Claudio ante Agripina y el gran espejo, totalmente adecuado, no como el de la alcoba, mínimo al lado del armario de puertas correderas más «adaptado» a Nerón que a Otón en el juego de engaños urdido por Popea.
Excelente trabajo de los aplaudidos tramoyistas que formaron parte del espectáculo total, cambios de «sets» visibles en el montaje cual casa de muñecas, y ambientes algo mejorables que supongo en un teatro mayor resulten más lucidos: alcoba, despacho, salón con chimenea o restaurante… El vestuario también me encantó por el colorido pero algo desigual según los personajes y peso dentro de la obra, más elegante y de calidad (visual al menos) en los personajes femeninos -y es que la lencería siempre ayuda- y ese final de etiqueta en todos para un salón con chimenea algo ridículo para la mansión proyectada en la pantalla.
La función cerraría con ese conjunto final a oscuras mientras se proyectaban los títulos e imágenes con lo sucedido por los personajes tras su muerte, igual que en las películas o culebrones televisivos norteamericanos, auténtica serie también con los créditos al completo en pantalla de una producción que me gustó de principio a fin: dirección musical perfecta y clara en un especialista como Bayl, orquesta y continuo perfectos, reparto vocal equilibrado en general bien elegido para cada personaje, perfectamente vestidos en una escenografía que «no chirría» y esta vez sólo sirvió para alimentar el morbo, polémicas que mueven público y ayudan a publicitar una obra que por otra parte, de enfocarse con rigor histórico pienso no hubiese triunfado. Lástima los tibios aplausos del martes, esta vez no hubo pateos ni abucheos aunque marchase gente en los descansos (supongo que quienes la hora de cenar marca su rutina cotidiana) para una ópera que resultó completa, espectáculo total sin paliativos y enhorabuena a los responsables por volver a programar en Oviedo Händel en una semana donde su música es la protagonista.
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