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Lección pianística de Teresa Pérez en Mieres

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Jueves 18 de abril, 20:00 horas. Salón de Actos de la Casa de la Música, Mieres: Teresa Pérez Hernández (piano). Obras de D. Scarlatti, Mozart y R. Schumann.

En este año que celebramos los 25 años de nuestro Conservatorio y Escuela Municipal de Música de Mieres, los conciertos no pueden faltar en esta fiesta, y por fin pudimos escuchar a la pianista tinerfeña Teresa Pérez, profesora del CONSMUPA que eligió un programa digno de una clase magistral repasando Barroco, Clasicismo y Romanticismo con tres autores muy diferentes que necesitan afrontar sus obras como sólo una artista de la talla de la canaria es capaz.

En un salón al completo, en parte por una buena campaña promocional en prensa, radio y redes sociales, y donde abundaba gente muy joven, alumnos que con estos conciertos toman ejemplo de los maestros, arrancaba la velada con Cinco Sonatas para clavicémbalo (catálogo Kikpatrick: K11, K1, K208, K209 y K201) de D. Scarlatti para «calentar dedos», su obra más representativa en una difícil selección de entre las más de 550 sonatas bipartitas, con un orden que sirvió para darnos una visión general como si de una obra única se tratase: lento (aunque en catálogo figura Allegro), rápido (Allegro), lento (Andante mi cantabille), rápido (Allegro) y muy rápido (Vivo). Con el regusto del clave original o incluso del pianoforte, pudimos paladear la riqueza melódica y exigencia técnica de las composiciones del napolitano español afincado y fallecido en Madrid, visión pianística sin historicismos pero respetuosa con el original en cuanto al mínimo uso del pedal y todas las ornamentaciones de un lenguaje de tecla que prepara el (Pre)Clasicismo de su seguidor más ilustre, el Padre Soler.

Y con Mozart llega el genio, la Sonata KV 330 en DO M. que bien puede servir en la clase para comentar lo engañoso de sus obras desde una aparente facilidad pero escondiendo multitud de trampas que la profesora supo evitar. Un Allegro moderato así entendido con fraseos claros y precisos, riqueza tímbrica y expresividad máxima donde los trinos siempre son deliciosos. El Andante cantabile volvió a ser fiel al tempo, un movimiento central lleno de lirismo, reposado y legible de inicio a fin para desembocar en ese Allegretto que Mozart pergeña como nadie, tonalidad sencilla pero con el calado que Mayte supo exprimir.

Tras un breve descanso aparecería el romanticismo pianístico en estado puro: el Carnaval Op. 9 (Scénes mignonnes sur Quatre notes) de Schumann. Otra lección desde el Préambule hasta la Marche des «Davisbündler» contre les Philistins, exigencia y virtuosismo máximo en cada una de las 20 piezas unidas por los títulos carnavalescos pero todo un muestrario técnico e interpretativo, expresivo a más no poder, ligados, picados, octavas, pianísimos y fortissimos, ataques de muñeca o brazo, tratamiento muy específico y diferenciado de los pedales, vamos que el alumnado, las familias y por supuesto los aficionados que disfrutamos con esta obra, particularmente Valse Noble, Papillons, Chopin o la marcha final.

Los aplausos merecidos «obligaron» a regalarnos del propio Schumann su Romanza nº 2, Op. 28 en Fa# M para seguir con la clase magistral tras el delirio de las carnestolendas llegó la madurez e introspección que transmitió desde el piano Teresa Pérez. Nueva y nutrida salva con tres salidas que dieron aún para rematar con Chopin y su Nocturno en Do# m. Op. 27 nº 1, el poso de la experiencia para degustar un reserva romántico.

Enhorabuena a mis compañeros y amigos de la EEM por el esfuerzo organizativo de estas Bodas de Plata, y en especial a la profesora Mª Teresa Pérez por traernos a Mieres su siempre apreciado magisterio pianístico.

Premio de composición OSPA 2013

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Viernes 12 de abril, 20:00 horas. Auditorio de Oviedo: Concierto Extraordinario «Concurso Composición OSPA 2013». OSPA, Rossen Milanov (director). Obras de Marcos Fernández Barrero (1984), Hermes Luaces Feito (1975) y Jorge Ortal Grandal (1969).
El jurado estuvo compuesto por el maestro Milanov, director titular de la OSPA, el compositor Jesús Rueda, la musicóloga María Sanhuesa, más dos músicos de la orquesta asturiana: el concertino Alexander Vasiliev y el fagotista Vicente Mascarell.

Tras la presentación a cargo del violinista segundo coprincipal Pedro Ordieres, se celebró el sorteo para el orden de interpretación de las tres obras finalistas, que paso a la difícil tarea de describir la música según las notas tomadas en la primera escucha, algo que no suelo hacer pero dado el carácter de estreno y la posibilidad de votación popular, tuve el humor de ir reflejando mis impresiones según iba escuchando, dándole un poco de forma para hacerlo más legible. Las tres composiciones utilizaron la misma plantilla orquestal con mayor o menor percusión y de duraciones similares (en torno a los 15 minutos y un poco más escuchada en último lugar) siguiendo las bases del concurso.

Diálogos del tiempo y el espacio (2012) del madrileño Hermes Luaces Feito. El arranque me trajo a la mente un estilo de marcha tipo John Williams buscando el arca perdida jugando con metales y percusiones tanto en la rítmica como en los matices, dando paso a una madera sola contrapuesta con los temple-blocks y pizzicati que redondean un ambiente roto por un crescendo retomando el pulso inicial, sincopado, recuerdos Copland, aparición del vibráfono y nuevo giro hacia el reposo añadiendo la cabaça a la percusión con un viento que hace de colchón antes de cierto oleaje creado con flautas y más percusión (bongos, timbales) siempre jugando con amplios y extremos reguladores. El uso de la trompeta con sordina prepara un largo pasaje donde se manejan tímbricas variadas en percusión, apareciendo el triángulo, cuerda fluctuante, disonancias, trémolos, más juegos dinámicos y una técnica de sustracción en el sentido de ir desapareciendo paulatinamente los instrumenots, texturas y dinámicas con notas tenidas. Lo siguiente siempre en pianos un ostinato del vibráfono y las trompas creando acordes fanfarria para recuperar el pulso y dibujos de motivos melódicos «apagados» contrapuestos al rítmico ostinati de la cuerda que tanto le gustaba a Bernstein, tomando protagonismo la caja y el fagot que irán progresando con la figuración en metales y percusión agitados frente a la calma de los oboes capaces de conseguir un «largo color» con el sustento de la cuerda, pianissimi incluso en la percusión y notas tenidas de los metales, vibráfono, cuerda en pizzicato en continuas sumas y restas de efectivos contraponiendo dinámicas bruscas y rítmicas que concluyen en un decrescendo hasta el punto final.

Trabajo de texturas y dinámicas, del tiempo y espacio musicales que preveían en el propio título desde una orquestación actual capaz de ser danzada o utilizada con imágenes. En mi «quiniela» figuraba en segunda posición aunque no obtuvo mención alguna.

Resonancias para orquesta (2012) del catalán Marcos Fernández Barrero. El inicio disonante y con sordina en cuerda, trompetas y trombones sustentando las intervenciones melódicas de oboes salpicados de marimba tejen una línea que engorda con la tuba dentro del clima opaco muy del gusto de Sostakovich, con pinceladas de flauta y oboe más juegos dinámicos que van alcanzando una densidad sonora en crescendo y súbito mf, acentuados ataques unidos a un acelerando progresivo de la cuerda en ritmo ternario marcado, jugando con la tímbrica en metales muy danzante (Bernstein nuevamente flotaba). La cuerda yace cual sustento para una rítmica clara en metales y maderas que mantienen la pulsación hasta un cambio de tempo y aire que alcanzan la zona central de la composición. Sensación de reposo en dinámicas, gotas en el viento y trémolos acelerantes con trompas y reminiscencias del «Dies Irae» con sordina y sforzandos de la cuerda contestados nuevamente por los metales. El puente pseudomelódico se romperá con la irrupción de viento y cuerda, oboes y flautas a los que se suma la marimba para lograr un ambiente cinematográfico de espectación a cargo de una cuerda con textura húngara o rusa para un final inesperado en decrescendo y «pérdida de efectivos instrumentales».

Se nota una apuesta por llevar a la orquesta la sonoridad del piano añadiendo toda la paleta instrumental en cierto modo «camuflada» y protagonismo de la percusión, con recursos variados en un lenguaje o estilo «cercano» a los años 50 del pasado siglo, especialmente la rítmica típica del lenguaje musical. Personalmente fue mi preferida y coincidí con el jurado.

Elementos vitales (2013) del cubano afincado en Vigo Jorge Ortal Grandal (1969). Un crescendo en la percusión al que se suman metales y madera sustentados por notas tenidas en la cuerda desde un compás de amalgama volvía como recurso recurrente al concierto, esa América de Lenny hasta en la textura lograda por la instrumentación donde aparecen campanas, caja, cuerda en ostinato y una especie de «motivo» que lograrán un sonido redondo sin olvidar las dinámicas a partir de unos cellos y trombón dibujando con el palo de agua que se prolonga en trompeta y trompas desembocando en un crescendo de la cuerda muy rítmica en escalas ascendentes y descendentes que generan la sensación de movimiento. Big Bang y posterior Eclosión metálica que figuran como partes y/o «elementos vitales», trueno percusivo y referencias orientalizantes de oboe y flautas seguidos por trompas siempre arropados por la cuerda y «gotas de la cortinilla» con metálicas densidades utilizadas en la banda sonora de «Memorias de África», juego de cuerda y protagonismo de violines segundos y vioas graves tras crescendos y decrescendos en ritmo cuaternario pasando los metales a intercambiar el sustento tímbrico. Una percusión caribeña o africana que firmaría Barry dará al glockenspiel y la tuba su momento de gloria cayendo en un pianisimo que devuelve la densidad sonora. Un mundo de maderas parece llegar con el breve acelerando y crescendo con un aire vivo en melodía bien escrita para la cuerda, con ritmo más marcado y repetido cual malambo por la caja mientras maderas y trompetas en picados y trémolos dan paso a una «cuerda John Williams«, siempre con el cine protagonista y referente. Se nota el oficio del compositor por la cantidad de recursos que pueden parecer facilones pero muy efectivos. Temple-blocks y metales en distintas octavas y registros, apoyados en una cuerda y apariciones rítmicas siempre dobladas por la percusión parecen preparar el Big Crunch, final casi unísono familiar y acelerando rítmico hacia un bloque que bauticé «Lawrence de Arabia» por lo solemne y piano antes de un crescendo donde la percusión romperá esa calma del desierto o incluso la estepa africana, un clarinete sobre los parches al que se suma el oboe y glissandi de trombones, violas, flauta y el efecto sumativo de los metales que parecen tocar las variaciones sobre el «Canon» de Pachelbel cual fuga final, campanas incluidas, en acumulación tímbrica y dinámica tan del gusto de Ravel en su «Bolero» o Williams en «Superman» por la familia de metales. Como si de una caída trágica la marimba y el pizzicato de los cellos retoman el sentido de canon en un Andante solemne y polirrítmico con relámpagos. Más amalgama y combinación de texturas, redobles en platillos, trompetas con sordina y el gong que acabarán en piano inesperado.

Mucho oficio en una obra «pastiche» en el sentido de mezclar de todo un poco, con orquestación académica, redonda y «populista» en el sentido de más melódica, asequible y digerible al oído no muy entrenado que prefiere referencias y puntos de apoyo antes de esforzarse por probar cosas nuevas. No me equivoqué con este comentario al resultar la obra votada por el público.

Destacar la impecable dirección del maestro Milanov y la entrega de todos los profesores de nuestra OSPA que sacaron de las tres obras probablemente más música de la que estaba escrita, aunque la presencia de los compositores en los ensayos supongo que habrá ayudado a perfilar detalles. Parte del público no esperó a conocer el veredicto y tomando las palabras del director búlgaro a la revista Scherzo del mes pasado, «Hay que conseguir que los nuevos públicos se sientan libres». Al menos su apuesta por dar a conocer obras y compositores nuevos ha tenido su fruto, aunque estemos lejos del ambiente norteamericano en el que tanto ha trabajado nuestro titular.

Una vez conocidos los ganadores del jurado y popular, aplaudimos al premiado Marcos Fernández Barrero sobre el escenario y pudimos volver a escuchar Resonancias para orquesta, que se incluirá en la programación de la próxima temporada. La segunda escucha siempre resulta más enriquecedora para todos y así sonó.

Ashkenazy también joven

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Domingo 14 de abril, 19:00 horas. Conciertos del Auditorio, Oviedo. Joven Orquesta de la Unión Europea (EUYO), Daniel Hope (violín), Vladimir Ashkenazy (director). Obras de Britten – Berkeley, Mozart y Ravel.

Siempre es una gozada disfrutar de orquestas jóvenes con calidad, y la EUYO, donde ha estado mi querida violinista María Ovín, es fiel exponente de la apuesta por la cultura y educación musical desde esta Unión Europea a la que pertenecemos pero no rema en la misma dirección en unos tiempos donde los recortes no respetan nada y los patrocinios privados parecen ser la única solución, tal y como pudimos apreciar en la cara información facilitada a la entrada del concierto.

Orquesta formada por más de 140 músicos procedentes de los 27 estados miembros, seleccionados entre miles de candidatos entre 14 y 24 años, la Gira de primavera que arrancó el 30 de marzo en Interlaken (Suiza) pasa también por España estos días de abril: Barcelona, Oviedo, San Sebastián, Valencia y Alicante, con el pianista y director Vladimir Ashkenazy al frente (titular desde el año 2000 continuando la lista empezada por Abbado y Haitink, para engrosar la larga lista de grandes batutas que han pasado por la EUYO como invitadas, además de contar siempre con solistas de fama mundial, esta vez el violinista Daniel Hope en algunos de los conciertos de este tour primaveral.

En el centenario de Britten nada mejor que comenzar con «Montjuic», Suite de danzas catalanas para orquesta, en colaboración con L. Berkeley, tras el paso de ambos por Barcelona los días 18 al 25 de abril de 1936 para intervenir en el XIV Festival de Música Contemporánea, que les marcaría tanto musicalmente como para denunciar la barbarie de nuestra triste Guerra Civil, como bien recuerda Iván J. Román Busto en las notas al programa. Cuatro movimientos donde podemos reconocer melodías y ritmos cercanos: Andante maestoso un minueto, Allegro grazioso estilización de la «gavotte», Lament-Barcelona July 1936 en ritmo lento de zarabanda intercalado con alusiones a la sardana, y Allegro molto, todos ellos bien diferenciados en una interpretación brillante por efectivos pero emotiva por lo contenida, con una dirección muy peculiar del director islandés (afincado en Suiza y nacido en Rusia) que aúna lo didáctico precisamente por los gestos marcados que no dan lugar a dudas.

El Guarnieri del Gesú «ex-Lipinski» de 1742 que toca Daniel Hope es terciopelo sonoro que con una técnica prodigiosa tanto en el arco como la mano izquierda del inglés, hicieron del Concierto nº 3 «Estrasburgo» para violín K. 216 de Mozart, muy apropiado para este concierto europeo y una delicia acústica, aunque menos interpretativa. Nuevamente escuchamos una visión intimista, introspectiva en los tres movimientos, donde las cadenzas fueron las esperadas de virtuosismo pero algo carentes de más sentimiento, con una orquesta reducida y bien «domada» para esta obra por el veterano director que se limitó a marcar más que a interpretar. El sonido triunfó sobre la música en el siempre «traicionero Mozart», aunque para gustos se hicieron colores. Y la propina, promocionando el último CD de Hope, otra lección de virtuosismo con esas «Campanas» de Johann Paul von Westhoff (1656-1705) que volvió a impactar por la técnica desde una gélida interpretación como el título de diseño gastronómico: «Deconstructs Imitazione della campana».

Al menos Ravel no nos dejó indiferentes, la orquestación magistral del francés con una formación idónea nos interpretó las dos suites del ballet Dafnis y Cloe, lástima de coro para escuchar el ballet completo. La Suite nº 1 (Nocturno – Interludio – Danza guerrera) ya mostró la calidad de todas las secciones de la joven orquesta, cuerda bien ensamblada, madera cálida, metales claros y precisos, arpas puntuales y correctas, más una amplia percusión donde disfrutamos hasta de la «Máquina de viento», siendo la Suite nº 2 (Amancer – Pantomima – Danza general) aún mejor, con un protagonismo especial de la flautista solista búlgara Adriana Dyakova, quien ya bordase su intervención en la primera parte. Interpretación sin pausa de ambas suites donde Askhenazy llevó de la mano a sus chicos, jugando esta vez sí con todo el colorido de la partitura, mimando los planos sonoros y dejando los tutti algo más liberados, consiguiendo un Ravel más que digno.

La propina del británico Elgar y su Canción de la mañana (Chanson de Matin), Op. 15 nº 2 nuevamente sacó de los jóvenes músicos europeos lo mejor desde la emoción contenida y el empaste en una gran formación que sonó adulta bajo la dirección de un joven Vladimir que pese a los años sigue conjugando batuta y piano. A la salida todavía tuvo tiempo de firmar discos, aunque últimamente me estoy haciendo poco mitómano…

Adiós Sir Colin

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Otro grande que se nos va. Este domingo 14 de abril nos dejaba Sir Colin Davis tras 85 años de vida fructífera, una de las grandes batutas del siglo XX que ya ocupaba un lugar en la historia, y maestro, más que profesor, en Londres del director asturiano Pablo González que estará con la OSPA estas dos semanas, al que supongo habrá afectado esta pérdida un poco más que a otros.

Director británico en el amplio sentido del calificativo que va más allá de la nacionalidad en tanto que los músicos, como la propia música, son internacionales y pioneros en algo que actualmente se llama globalidad.

Tengo grabaciones con distintas formaciones, muchas con «su» Sinfónica de Londres, que anunció su muerte, y los críticos profesionales le ponen como experto en Mozart o Berlioz, sin olvidar la ópera donde también ha dejado versiones de referencia, pero los grandes, y Davis lo era, tienen el don de hacer suyo cualquier repertorio.

Muy dentro de mí conservo un concierto inolvidable del que guardo cual reliquia el Programa con su autógrafo: Salzburgo, 1990 con la Filarmónica de Viena ¡un 13 de abril!. Al cambio de entonces el coste 800 schillings (¡18.000 pesetas!) que eran una barbaridad pero lugar, orquesta, director y programa bien lo merecían.

Son recuerdos imperecederos y poder estar en uno de los templos musicales no tenía precio, como rezaba la publicidad de una conocida tarjeta de crédito.

Me marcó para siempre el sonido de la orquesta, el clarinete solista, que era su instrumento y como tantos otros, no fue admitido para estudiar dirección en un principio, pero muy especialmente la Segunda Sinfonía de Brahms que tras el último acorde con un silencio sepulcral y respeto como sólo los germanos saben, rebotó en lo más íntimo, provocando unas lágrimas de emoción que mirando al lado se repetían en la cara de mi Tío Paco que me acompañaba y también recuerda este concierto.

Descanse en paz uno de mis directores de cabecera. Tengo discos, cassetes, vídeos, cedés, DVDs, pero sobre todo MIS RECUERDOS.

Dejo aquí también el homenaje a Britten con quien ya comparte escenario eterno:

Marcos Fernández Barrero, Premio OSPA

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Este viernes 12 de abril tuvo lugar el Concierto Extraordinario «Concurso Composición OSPA 2013» con Rossen Milanov al frente. Marcos Fernández Barrero (1984), en el centro de la foto, fue el ganador con la obra Resonancias para orquesta (2012) mientras Jorge Ortal Grandal (1969), a la izquierda, con Elementos vitales (2013) se llevó el premio del público que votó tras escuchar las tres obras finalistas, siendo Diálogos del tiempo y el espacio (2012) de Hermes Luaces Feito (1975) la que completaba terna.

OSPA TV entrevista a los tres compositores finalistas

El jurado estuvo compuesto por el maestro Milanov, director titular de la OSPA, el compositor Jesús Rueda, la musicóloga María Sanhuesa, más dos músicos de la orquesta asturiana: el concertino Alexander Vasiliev y el fagotista Vicente Mascarell.

Aunque le dedicaré una entrada más extensa, las tres obras finalistas utilizaron la misma plantilla orquestal con mayor o menor percusión y de duraciones similares (en torno a los 15 minutos y un poco más la preferida del público) siguiendo las bases del concurso.

La obra ganadora para los expertos, Resonancias para orquesta, me resultó «cercana» a los años 50 del pasado siglo con juegos de texturas, dinámicas, cambios de tempo y pinceladas o guiños de Shostakovich a Bernstein en rítmicas de lenguaje musical muy cinematográfico sin olvidar una percusión que parece casi imprescindible en todo autor contemporáneo.

El voto popular optó por Elementos vitales, mucho oficio del cubano afincado en Vigo que construye una obra «pastiche» en el sentido de mezclar de todo un poco, ritmos caribeños, compases de amalgama, John Barry, Maurice Jarre, «Lawrence de Arabia» y «Memorias de África» sin olvidar unas variaciones canónicas Pachelbel o el «Superman» de John Williams, con orquestación académica, redonda y «populista» en el sentido de más melódica, asequible y digerible al oído no muy entrenado que prefiere referencias y puntos de apoyo antes de esforzarse por probar cosas nuevas.

De la tercera en liza, como de las anteriores, espero comentar más detalladamente cada una de ellas. Quede aquí la reseña rápida y a vuelatecla recién llegado a casa.

Corales Mierenses del Año

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Lunes 8 de abril, 20:00 horas. Auditorio «Teodoro Cuesta», Casa de Cultura, Mieres: Coro de Adultos de la Escuela de Música, Reyes Duarte (directora); Orfeón de Mieres, Joaquín Sandúa (director).

Se celebran estos días los 40 años de unos galardones que premian a los habitantes de mi pueblo que no solo lo llevan allá dónde van sino también muchos anónimos y solidarios vecinos o asociaciones que desde estos premios se les reconoce esa labor callada en favor de los demás.

Laudelino Rodríguez García también conocido en medios periodísticos como Tito Rogar, sigue al pie del cañón luchando por mantenerlos contra viento y marea, dando ejemplo en primera persona a estos «Mierenses del año» que a lo largo de esta semana celebra la efemérides desde diversos aspectos culturales, y lógicamente el mundo coral es tan de Mieres o más que los premios. Así dejó constancia también nuestro alcalde Aníbal Vázquez, que acudió al acto disculpándose por el leve retraso que su actividad diaria le obliga, agradeciéndole el detalle poco habitual y digno de la buena educación que lleva años en crísis…

En este reinicio escolar se subió al escenario el Coro de Adultos de la EMM, que no Coro de Mayores como refleja paupérrimamente la prensa (nada raro por otra parte), esa formación que dirige Reyes Duarte, surgida como entretenimiento para los papás y mamás de los integrantes de los coros infantiles y juveniles de la Escuela de Música de Mieres, así como estudiantes del Aula de Adultos, que con el tiempo se han aficionado trayendo otra forma de entender el canto coral desde los repertorios populares que repasaron en esta velada desde el asturiano Chalaneru, alegre como su interpretación, Blanco velero (Mª Carmen Díaz y Juan Hernando), una habanera cuyo ritmo todos llevamos en la sangre que cantantes y directora balancearon cual tripulación marinera, para volver a puerto astur con un original arreglo de la popular Soy de Verdiciu, «canción de chigre» que se hace coral y adulta, para finalizar con la conocidisíma La xana de Pin de Pría, habitual desde los inicios de esta joven formación coral. Aplausos merecidos para una labor de esfuerzo continuado que Reyes seguramente volverá a la carga en el siguiente ensayo para pulir afinaciones, empastes, matices o aire que no empañan la interpretación del coro.

La fiesta coral siguió con el Orfeón de Mieres de Sandúa a quienes hace poco escuché en su Concierto Sacro, quienes eligieron cuatro temas conocidos y con sus dificultades: La golondrina de José Pagán que ha recuperado vuelo en una interpretación sosegada y delicada, Tengo de ponete un ramu de Lauret con quien el propio Joaquín trabajó en sus años de la Capilla Polifónica «Ciudad de Oviedo», pudiendo decir que es una de las versiones más fidedignas, el difícil Capricho del Padre Prieto, gijonés, tema habitual en los años 70 con Baldomero Pérez
en la dirección y vuelve a las renovadas voces de nuestra centenaria formación, para finalizar con el complicado Eli Eli (Bardós)
que tanto gustase en el citado concierto anterior aunque hoy no resultó como entonces.

Y no hay mejor cierre en una fiesta que cantar todos juntos Asturias patria querida a pleno pulmón y acabando en el agudo (algún día contaré cómo se ha desvirtuado) con lo que dábamos por inaugurada esta semana de cumpleaños de unos «Mierenses del año» que espero alcance las Bodas de Oro… ¡o de Platino! como las voces de mi Hermosa Villa.

Magisterio renacentista

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Foto: Diego Domínguez Pérez

Sábado 6 de abril, 19:30 horas. Auditorio Nacional de Madrid, Sala de Cámara: Peter Phillips & El León de Oro: Grandes Maestros del Renacimiento. «Laudibus in sanctis», obras de Lasso, Victoria, Byrd, Gombert, Gesualdo, Lobo y Palestrina. Entrada: 15€.

Disfrutar nuevamente de mi coro preferido, dirigido por un Maestro con mayúscula como el británico Peter Phillips con el repertorio que domina como nadie, y además en el Auditorio Nacional, no tiene precio. Compartirlo con amigos «in situ» supone contar de primera mano otra experiencia irrepetible, porque El León de Oro (LDO) sigue asombrando en cada concierto, independientemente del repertorio o la renovación de voces en sus 15 años de historia. La propia presentación del programa de mano merece leerse como ideario de esta formación que todavía seguirá dando a los «leónigans» muchas alegrías: «lo que cuenta es la pleitesía al sonido, la entrega a un bien superior como es la belleza. La belleza nunca está en crisis. La belleza es. Somos sus intérpretes los que podemos estar en crisis personales, económicas o de otra índole, algo que poco puede importar ante la grandeza de un acorde bien construido por Palestrina como el que cierra este programa».

De la búsqueda de esa belleza sonora puedo dar fe en cada una de sus actuaciones en directo, siendo la más «cercana» y parecida por las obras y autores elegidos la vivida en la Catedral de Oviedo con el propio maestro británico: un arduo trabajo, no ya musical que es enorme, sino de búsqueda de financiación, quedando reflejado en un DVD que atesoro y sirve de pequeña muestra al ímpetu de un coro amateur pero profesional en sus resultados. Para su presentación en la capital de España nada menos que en el templo musical, que celebra sus 25 años, el esfuerzo volvió a tener recompensa, contando con la colaboración del Coro de Voces Graves de Madrid, el Excmo. Ayuntamiento de Oviedo, Hoteles El Carmen de Carreño y Dña. Bettina von Scheidemantel, repitiendo Phillips con el LDO y acrecentando la grandeza de unos intérpretes magistralmente llevados por el británico en unas obras donde la música coral es sublime.

Comenzar con Lasso fue el primer reto. La Missa Bell’ Amfitrit’ altera a ocho voces «a capella» supone para cualquier coro trabajar y condensar todo lo necesario para una interpretación acorde a la magnitud de esta obra: emisión clara, pronunciación correcta, afinación perfecta, seguridad en los ataques, dinámicas amplias y sobre todo un perfecto entendimiento con el director, logrando una flexibilidad impecable desde el Kyrie al Agnus con emociones a veces contenidas y otras rebosantes (Gloria), grandeza de Lasso que también alcanza a Media vita para un coro reducido que volvió a deleitar en todos los aspectos.

El remate nuestro insigne Tomás Luis de Victoria y su Regina coeli, otra lección del Maestro Phillips con sus «leones aventajados», puntuación sobresaliente hasta para el público: educado, emocionado, conteniendo respiraciones y dejando flotar cada final el tiempo suficiente para degustar todas las notas, los finales de frases que se miman al detalle, sin prisas por aplaudir y una acústica de la sala que devolvió en todo su esplendor la obra del abulense en las voces celestiales del coro asturiano «llevado de la mano» por un experto.

Tras la pausa del cigarrilo que me sirvió para saludar a otros «leónigans» venidos de distintas partes de la geografía, una segunda parte tal vez menos interiorizada y exigente para todos pero igualmente sabrosa donde no podían faltar estilos y nombres que llevan el latín a su máxima expresión musical, perfecta unión donde el texto alcanza el paraíso sonoro, o «flotar» como el día antes en Gijón.

Laudibus in sanctis (Byrd) que también titulaba el programa, la óptica inglesa del Renacimiento con lenguaje propio e igualmente universal que director y coro bordaron, Media vita (Nicolas Gombert), acento franco-flamenco en el amplio muestrario vocal que brilla en esta partitura, Ave dulcissima Maria (Gesualdo), la belleza interior del canto a La Mujer compuesto por el Príncipe del madrigal emotivamente llevado, Versa est in luctum (Alonso Lobo) con el color sevillano de un compositor nuestro que El Maestro recuperó para seguir mostrándonos la grandeza del repertorio renacentista en las voces de los gozoniegos, otros escolares siguiendo el camino de sus «armas gemelas» The Tallis Scholars, para finalizar nada menos que con Nunc dimittis (Palestrina), obra trabajadísima con Marco A. García de Paz, interiorizada por todo el coro y que dirigida por «PeP» parece levantar vuelo desde el gesto siempre conciso e íntimo bien contestado por los cantantes. Disfrute de cada obra en su individualidad y grandeza, la universalidad de una música vocal tan bien hecha e interpretada que puede detener el tiempo y volvernos al presente en toda su magnificencia.

De propina otra joya renacentista que LDO tiene muy presente en su amplio repertorio, el motete Nescien mater (Jean Mouton) para rematar una clase magistral, doctorado «cum laude» para los leones asturianos con el catedrático británico en un encuentro satisfactorio a más no poder para ellos compartido por un público entregado que aplaudió merecidamente este nuevo escalón hacia la belleza. No en vano las armas expuestas son «poderosas: Entusiasmo y calidad. Amor y perseverancia. La búsqueda del sonido imposible». Orgulloso de ser leónigan una vez más…

Satisfacción a raudales

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Martes 26 de marzo, 20:00 horas. Iglesia Parroquial de San Juan Bautista, Mieres. Concierto Sacro: Orfeón de Mieres, director: Joaquín Sandúa. Obras del Padre Prieto, Kodaly, Alfredo de la Roza, Bárdos, Van Berchem, J. M. Haydn, Tresch, Gabaráin y Juan A. García.

Siempre es una alegría escuchar música en mi pueblo. Mayor si se unen en un concierto tantas razones emotivas: cantaba «El Orfeón«, mi primera escuela coral; dirigía Sandúa, uno de los culpables de mi amor por el órgano, precisamente en esta Iglesia, y quien me presentó a Alfredo de la Roza en los tiempos de la Capilla Polifónica, y de quien escuchamos dos obras el día que conocíamos la noticia del Ayuntamiento de Oviedo que pondrá ¡por fin! su nombre a una calle.

En la parte musical el reencuentro con la formación coral decana de Asturias y una de las más veteranas de España, en un programa exclusivamente sacro para este Martes Santo, con la presentación de cada tema a cargo del que fuera presidente, orfeonista y colega de profesión ya jubilado Eustaquio Álvarez Hevia, palabras medidas, doctas y sinceras como en él es habitual. Obras todas sentidas, bien interpretadas bajo la dirección atenta de Sandúa, con cuerdas bien compensadas (los bajos por fin asientan el coro) que siguen trabajando la técnica y buscando la afinación correcta, algo imprescindible en toda formación, empaste ayudado por las obras y la acústica perfecta en estos recintos. Repaso siempre bueno de partituras antiguas y montaje de nuevas, destacando la del húngaro Bárdos por su enorme dificultad pero que compensó el esfuerzo.

Pongo aquí las obras interpretadas y sus autores:

–In monte Oliveti (José Ignacio Prieto)

–Stabat Mater (Zoltan Kodaly)

–Memento mei Deus (Alfredo de la Roza)

–Eli! Eli! (György Deák Bárdos)

–O Jesu Christe (Jacob / Jacquet Van Berchem)

–O Esca Viatorum (J. M. Haydn)

–Ave Maria (J. B. Tresch)

–La muerte no es el final (Cesáreo Gabaráin / armonizada por A. de la Roza)

–Señor, me cansa la vida (Juan Alfonso García / A. Machado)

No podía tener mejor inicio vacacional en casa con mis «querencias» corales y personales. La próxima parada, ya en abril, también será con la palabra hecha música en Madrid, pero aquí lo dejo sin más… Seguiremos en contacto por los medios habituales.

P. D.: La página Web del Orfeón está «hackeada» y fuera de servicio temporalmente.
Su Canal de YouTube está actualizado.

Cantabria y después Madrid

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Sábado 23 de marzo, 18:45 horas. Santuario Nuestra Señora de Las Caldas de Besaya, XXVIII Jornadas de Canto Coral. Coro «El León de Oro» (LDO), director: Marco Antonio García de Paz. Polifonía religiosa renacentista y contemporánea.

La Coral de Los Corrales de Buelna organizadora de estas jornadas, apostó este año como decía la prensa por la calidad, y nada mejor que traer hasta su tierra a los vecinos asturianos del LDO, pues no me ciega la pasión si digo que actualmente es el mejor coro español. En trabajo permanente, con cantera que permite renovar sin perder esencia ni calidad, tras un concierto en Palencia llegaban al Santuario con un programa cantado en latín y en dos partes bien diferenciadas, la primera de polifonía renacentista que sigue siendo referente coral. Basta con citar obras y autores para comprobar cómo las perlas se engarzan desde la delicadeza en la elección de ellas con una interpretación íntima, recogida, técnica por lo que supone el siempre dificilísimo «tactum» que dominan como nadie:

Nesciens Mater (Mouton), Ave, verum corpus (Byrd), Versa Est in Luctum (Alonso Lobo), Media vita in morte sumus (Lasso), Vidi Speciosam (Victoria) y Nunc Dimittis (Palestrina). Seguro que Marco limará detalles y mínimos excesos dinámicos en las sopranos, pues los orfebres del sonido no dejan nada fuera de lugar, mimando sonoridades, pronunciación, empaste, líneas, silencios tan sobrecogedores como la propia música.

Para la segunda parte, también con el latín como lengua vehicular que marida a la perfección con la música, al menos para los melómanos, polifonía religiosa cercana en el tiempo donde las combinaciones vocales tanto en colocación como interpretación siguen siendo todo un espectáculo coral. Voces blancas para Ubi Caritas (Ola Gjeillo), graves para el Kyrie de Ramona Luengen (1960), medios coros sólo en número y ubicaciones buscando magnificencia sonora para el Agnus Dei de Pizzetti (1880-1968), el pletórico Sanctus (Josep Vila), todos juntos para el «veterano» pero siempre actual Bruckner (1824-1896) del Os Justi, nueva demostración de gusto por la calidad y emociones a flor de piel, la joya del Ave Maria (Biebl) que sigue cautivándome cada vez que lo escucho, con los solistas en primer plano y el coro al fondo logrando sonoridades de colorido impactante, y el remate de Serenity (O Magnum Misterium) del noruego Gjeilo (1978) para violoncello y coro donde el bajo Manuel Quintana hace realmente cantar al instrumento que encaja perfectamente con ese color vocal único de «los leones» y que .

Disfrutar con cada obra, hasta las propinas envolviendo al público que abarratoba el Santuario de Caldas mucho antes del comienzo, ocupando incluso el crucero, nueva muestra de bordado artesanal donde el hilo áureo y de seda comienza a brotar capas corales que dibujan un cuadro en cada pieza, global y en detalle sin perder nunca entidad. Contraste temporal pero continuidad estilística de un coro que volverá a trabajar parte del repertorio renacentista escuchado en Cantabria con Peter Phillips para su actuación en la Sala de Cámara del Auditorio Nacional madrileño el próximo sábado 6 de abril, otro logro y ocasión para gozar con fruición del maestro británico al frente del coro asturiano. Los «leónigans» seguimos nuestro particular peregrinaje porque cada concierto es único, irrepetible, grandeza musical que no tiene explicación tangible pero refleja nuevamente el objetivo común de «disfrutar y hacer disfrutar con la música coral».

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Creación eterna

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Viernes 22 de marzo, 20:00 horas. Auditorio de Oviedo, Concierto Extraordinario de Semana Santa: OSPA, Coro de la Fundación Príncipe de Asturias (director: José Esteban García Miranda), William Berger (barítono), Topi Lehtippu (tenor), Eleanor Dennis (soprano). Director: Benjamin Bayl: La Creación, Hob. XXI/2 (Franz Joseph Haydn).

Como filosofía de vida puede resultar paradójico hablar de muerte y después creación en un devenir donde la materia ni se crea ni se destruye, se transforma. Música coral donde la palabra (todo un detalle regalar el libreto bilingüe) se recrea, subraya, describe, emociona y transciende. Independientemente del significado que esta obra tenga para mí (se cantó «el dúo» en mi boda), el oratorio La Creación casi siempre es placentero escucharlo, y más cuando confluye todo para lograr un resultado excelente en directo, siempre irrepetible:

  • El Coro de la FPA afrontó con equilibrio, seguridad, decisión, empaste, afinación y convencimiento una composición exigente para todas las voces, que pese a encontrarse con un auditorio medio lleno, dieron lo mejor de ellos. Están en plena forma y como dicen los entrenadores, llegando al pico de rendimiento, pues la fuga final resultó sobresaliente.
  • Los solistas en conjunto resultaron como suele decirse aseados, y utilizando el lenguaje coloquial paso a describirlos: un alto «tenorín» australiano (de origen finlandés) de precioso color vocal aunque algo escaso de volumen para el plantamiento global, una soprano escocesa rubia como la cerveza brillante en todos los sentidos, y especialmente el barítono «roxu» que destacó entre ellos no ya por su color sino por la expresividad en cada una de sus apariciones como Rafael o Adán, narrando o actuando para enamorar a Eva. Las combinaciones que Haydn hace en su oratorio dan mucho juego para disfrutar de recitativos con un pianoforte inusualmente utilizado, arias, dúos y tríos, solos o con el coro, de ahí mi clasificación de menos a más. No me olvido de la mezzo del coro Carmen Luz que participó completando el cuarteto final con sus compañeros.
  • La orquesta plenamente asentada, con calidad desbordante en todas sus secciones que se adapta como un guante a las exigencias de cada director, sabedora de su capacidad para cumplir sobradamente y todavía más en el Clasicismo, siendo el director quien marque las diferencias, contando con Jorge Jiménez como concertino invitado para la ocasión.
  • Y como responsable total el también australiano (que no aunque parecido a asturiano) Maestro Bayl, que volvía de nuevo a Oviedo, tras un Mesías y otro Haydn que en su momento me emocionó así como la última Agrippina, se puede decir que con mando en plaza y con quien los intérpretes locales se sienten realmente cómodos aunque les exprima al máximo para lograr resultados como el del concierto fuera de abono que dió un paso más.

Rafael Banús titula sus notas al programa «Del caos a la luz» que entronca muy bien con mi reflexión inicial de muerte y vida, progresión a lo largo de la obra con tres partes perfectamente estructuradas, «recuperando, a la manera de las Pasiones, la idea de una “pequeña ópera espiritual”, en la que se alternaran los pasajes de las Santas Escrituras con otros líricos y contemplativos, propios del teatro dramático«, con todas las reminiscencias luteranas, anglicanas y hasta mozartianas que queramos, pues de muchas fuentes bebió «Papá Haydn» para este oratorio, que supone seguir ampliando repertorio para el tradicional concierto antes de la Semana Santa, pues no sólo de Bach vivimos los melómanos. Volviendo a las notas de Banús en cita del propio Haydn, “La Creación de Dios ha sido siempre considerada como la obra más noble, la más capaz de inspirar respeto al hombre que la contemple. Componer un acompañamiento musical adecuado a esta gran obra no puede tener otros efectos que intensificar el sentimiento de respeto en el corazón de los hombres y volverles más sensibles hacia la bondad del todopoderoso Creador. ¿Cómo podría ser todo esto irrespetuoso con la Iglesia?”, cerrando el círculo Catedral – Auditorio con la palabra hecha música y ésta Arte. Un concierto redondo del que disfruté como lo hicieron el jueves en el Jovellanos de Gijón… ¡o un poco más!, dando la enhorabuena a Benjamin Bayl como cabeza visible.

Este viernes, además de llorar con «Lágrimas Negras» la muerte de Bebo Valdés, de empatar «la Roja» contra Finlandia (que vuelve a aparecer en esta entrada) también había en Avilés concierto de órgano con mi querido Fernando Álvarez Menéndez dentro de la XXXVI Semana de Música Religiosa, pero humano es carecer de la ubicuidad. De mis próximos conciertos informaré como pueda, vía teléfono, tableta o incluso Twitter©, que la tecnología nunca está reñida con los sentimientos…

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