Inicio

Estrenos como regalos

2 comentarios

Viernes 23 de enero, 19:00 horas. Auditorio de Oviedo: Concierto para familias: «Los niños y la música». Laura Mota (piano), Alma Deutscher (violín), Oviedo Filarmonía, Marzio Conti (director). Obras de Mozart, Gabriel Ordás y Alma Deutscher.

Me planteé titular esta entrada como «El regalo de la educación» puesto que es un bien que se riega cada día en casa y crece toda la vida con la ayuda de todo lo que nos rodea. Resulta un proyecto a largo plazo que puede truncarse por muchos factores. La parte cívica, los modales, se están olvidando y la educación musical minusvalorando por parte de las autoridades responsables de incluirla como parte importantísima e imprescindible en los planes de estudios, por lo que esta tarde de cumpleaños me encontré con un choque de sensaciones: un auditorio lleno de familias que no siempre saben comportarse ante un concierto, experiencia primera sin preparación previa y puede que igual de válida que otra, aunque todo cambia y hasta la actitud que siempre supone asistir a un concierto de la llamada música culta. Con todo siempre debe primar el respeto y sobre todo el aprendizaje para a escuchar, válido ante cualquier faceta de la vida, así como la educación en valores que parece importar poco en estos tiempos cambiantes. Como última sensación, la familia como pilar para apoyar y encauzar a unos niños realmente únicos, dotados para la música y con una sensibilidad que nos pone de acuerdo en las emociones a las que llegamos por distintos caminos.

El concierto arrancaba con unas palabras del maestro Conti que sigue apostando por sorpresas y novedades desde el buen gusto y sabiduría, realizando una entrevista previa a los protagonistas antes de cada intervención. No importa su «itañolo» puesto que la música es el único lenguaje universal y la magia se transmite sin palabras.

La Música, con mayúsculas, comenzaba a sonar con el Concierto para piano y orquesta nº 23 en la mayor, K. 488 (Mozart) con el piano de Laura Mota, su debut con orquesta aunque parecía llevar toda la vida haciéndolo. Su Mozart tomó sentido como nunca antes me había sucedido: la cadencia del I Allegro profunda y ligera, el II Adagio inolvidable por su sentimiento hondo, maduro digno de una trayectoria larguísima, y el III Allegro assai con el descaro de la naturalidad desde el conocimiento profundo de una obra difícil. Atenta al maestro, que sacó todo el clasicismo a «su orquesta» siempre cómoda en estos repertorios, la pianista ovetense dominó la compleja partitura (toda de memoria), de principio a fin, segura, impresionante por una musicalidad diría que innata y un trabajo bien enfocado por su maestro Francisco Jaime Pantín, Laura Mota Pello está llamada a darnos muchas alegrías. ¡Tiene 11 años!.

Gabriel Ordás además de violinista se presentaba como compositor con el estreno de su obra Entornos, tríptico para orquesta, explicando que intenta reflejar sensaciones como si de las partes del día se tratase, sorpresa total en cada movimiento de una riqueza tímbrica y texturas totalmente actuales como si detrás hubiese la reflexión de toda una larga vida intensa, con una orquesta completa bien llevada por Conti, auténticos intérpretes de una obra madura: I. Bosque, primeras luces como un despertar al mundo sinfónico desde hace tres años y alumno de Fernando Agüeria, II. Desierto en plenitud donde la exploración toma cuerpo, desarrollos temáticos en las distintas secciones con una escritura actual y legible, hasta el III. Glaciar en su ocaso, intensidades anímicas y sonoras que lograron realmente congelar los ruidos de la sala en una explosión magistral para un violinista y compositor ¡de 15 años!.

Reminiscencias de oyente para una obra nueva, casi recién nacida, con Alma Deutscher y su aún inconcluso Concierto nº 1 en sol menor para violín y orquesta que se estrenaba en una velada para recordar. Alma nos alucinó con su presencia, porte y el pequeño violín sonando enorme con la luminosidad de compositora e intérprete indisolublemente unidas en este concierto, sin olvidar el virtuosismo nunca gratuito para su propia música. Primera audición de dos movimientos perfectos en escritura, orden, orquestación, melodías… El II. Romanza. Andante cantabile estaba pellizcándome por la musicalidad clásica y el sonido claro, con planos sonoros siempre en su sitio, música que sonaba natural y cercana a Mozart o incluso Mendelssohn, pero el III. Allegro vivace e scherzando resultó pletórico de alegría, contagiada por unas melodías «bromistas» (los toques de trompeta así resultan) iluminadas por la sonrisa permanente e indicativa de un juego feliz compartido y envidiado de esa eterna infancia, con un dominio del violín apabullante e impactante. Formalmente obra sin peros, de estructura clásica donde no faltó la cadenza del último movimiento digna de los grandes de siempre sin olvidar que esta Alma ¡tiene 9 años! y se estrenaba como solista con orquesta.

De la Danza de las sirenas de El Solent, un ballet compuesto con 8 años casi no me quedan ni palabras, para la propia compositora son cuentos musicales, para este aficionado unas danzas de un clasicismo nunca rancio, obra redonda, romántica e inmortal. La Oviedo Filarmonía y Conti hicieron posible otro milagro casi de extraterrestres…

Regalos impagables para un cumpleaños entre niños educados además de poseer un don del que disfrutamos y compartimos. Todos salieron a saludar incluyendo a Helen, la pequeña de la familia Deutscher que quiere ser ¡directora de orquesta!, regalos para ellos con un pedazo de bolsa repleta de chucherías para la más pequeña.

El regalo de La abeja (Schubert) con Laura y Alma ya fue otra historia para seguir boquiabiertos. No son niños prodigios sino prodigios de niños o directamente «niños prodigiosos» que decía el maestro en entrevista para LNE que dejó arriba, niños para los que la música es tan natural en su vida que la hacen natural y eterna para todos.

GRACIAS y enhorabuena a las familias de estos prodigios: Clara y Alberto Ordás, Janie y Guy con la pequeña Helen Deutscher, y finalmente Yolanda Pello y Mariano Mota.

Pirotecnia inglesa desde una Suite real

2 comentarios

Martes 13 de enero, 20:00 horas. Conciertos del Auditorio: «The Royal Händel. Händel regio, Händel real«. Forma Antiqva, Aarón Zapico (director). Obras de Purcell, Telemann y Händel.

Nuevo trabajo el que presentó Forma Antiqva con el mayor de los Zapico al frente, en el Auditorio de Oviedo, su residencia, conformando un programa basado en la suite como conjunto de danzas contrapuestas tan barroco y además plenamente británico, en suite también como alojamiento de lujo porque estar como en casa siempre ayuda al bienestar anímico, laboral y lúdico.

Con una orquesta «ad hoc» para este concierto, con músicos habituales en otros proyectos (Ruth Verona casi de la «familia») y fichajes específicos (incluso el cambio por fuerza mayor del concertino Jorge Jiménez perfectamente suplido por Stefano Rossi, que dejó su lugar como principal de los segundos a José Manuel Navarro), está claro que los Zapico cada vez son más internacionales y su nombre es sinónimo de calidad además de mucho investigación y trabajo previo. Lástima no disponer de más tiempo para acabar de perfilar pequeños detalles que no empañaron el gran resultado global, pues todos los músicos son excelentes, aunque los ensayos siempre limitados para estas formaciones y obras necesiten un mayor «ensemble» que sólo se alcanza con muchos más días. Hubo algunos desajustes en entradas y retardandos finales pero el disfrute, tanto sobre el escenario como entre el público, más numeroso de lo habitual, fue de menos a más.

Original y muy bien organizada la elección de obras y planificación de «La gran suite», sin descanso que rompiese la unidad buscada, con dos partes que abría Purcell, con dos chaconas: de «The Fairy Queen» Z. 629 con los músicos tocando por el patio de butacas hacia el escenario ante cierto desconcierto del público que aplaudía o seguía murmurando, y la escrita en sol menor, Z. 730 para la segunda, antes del espectáculo final que siempre supone Händel y su Music for the Royal Fireworks (Música para los Reales Fuegos Artificiales) HWV 351. No faltó el propio alemán nacionalizado inglés en las dos partes previas con fragmentos de las suites de su Water Music (Música Acuática) HWV 348 sabiamente intercalados con Telemann, el tercer inglés de la noche con espíritu de gran suite que la orquesta barroca de Forma Antiqva fue desgranando entre auténticos contrastes, sorpresas siempre gratas, y una sonoridad exquisita, partiendo de una plantilla equilibrada incluso visualmente sobre la escena. Genial utilizar timbales y tambor para homogeneizar volúmenes y colores.

Dejo aquí escaneado en grande el programa del que quiero destacar algunas cosas: el Menuet II comenzó solamente con los gemelos Zapico (Daniel a la tiorba y Pablo a la guitarra barroca) en la introducción antes del resto de la cuerda, un auténtico placer de volúmenes pianísimos; la sorpresa y descubrimiento del Allegro de Telemann cual juego de «T» por trompas, tambor, timbales y tempo, rápido, con cuerdas y ese par de claves (Silvia Márquez y Alfonso Sebastián) que redondean una sonoridad muy buscada, la Hornpipe cambiando metal por madera y guitarra en el inicio y luego toda la cuerda y el «tutti» con ataques en esforzando subrayados por un tambor sutil, apenas perceptible pero redondeando colorido propio, eligiendo un tempo no muy movido para degustarse sin prisas.

También m resultó muy especial el Air con el inicio solo de la madera y la posterior suma de una cuerda de prodigiosas calidades en sonorido y dinámicas. El regreso de Telemann y la Suite «Alster» enriqueció no ya el concepto de contrastes totales sino de las sorpresas y el humos utilizando ese Capriccio de «ranas y cuervos» tan poco escuchado y preparando el difícil Allegro haendeliano, especialmente para las trompas y tambor, mejor que los timbales, que se unieron en buenos planos sonoros sin exagerar presencia.

La pirotecnia final no se hizo esperar, manteniendo color y calor con las aportaciones necesarias de Forma Antiqva en la «Música para los Reales Fuegos Artificiales» y así tras una Overture realmente solmente y luminosa, el puente al Allegro lo realizó un solo de tiorba espléndido de Daniel. Sabemos lo difícil que es tocar instrumentos de época, sobre todo los metales naturales, y así las trompas resultaron algo destempladas, más notorio por el tempo tan exigente por lo rápido, que Aarón Zapico imprimió en cada Allegro, supercontrastados con el Lentement. La Bourrée sin metales mejoró en todo, jugando con el color incluso la entrada maderas para La Paix, donde trompas y trompetas sonaron más contenidos, y todos con un sutil acompañamiento de la guitarra creando un clima más que londinense, madrileño por el recuerdo a Boccherini. Como si realmente del espectáculo con fuegos artificiales se tratase, La Rejouissance sonó poderosa con el tambor que equilibró la dinámica ajustada y nunca excesiva. El Menuet I-II supuso otra delicia en la cuerda y madera con metales y percusión comedidos al ser un tempo casi marcial, con madera y clave jugosos más guitarra en pianissimi mágicos rotos en el final por el tutti en fortísimo sin perder la marcialidad, sin excesos sonoros para la «traca final»que remató un concierto en casa pero como reyes en la mejor suite del auditorio ovetense como es la sala principal, hoy con sabor británico.

Enhorabuena como responsable final a Aarón Zapico por pergeñar esa «The gran suite» para celebrar quince años, con las estancias, habitaciones o suites preparatorias del espectáculo total que siempre supone el barroco inglés y que bien explicaba María Sanhuesa Fonseca en sus siempre agradables y originales notas al programa, al frente de una señora orquesta de época con músicos experimentados en estos repertorios que dan siempre lo mejor de sí haciendo sonar el trabajo previo para que resultase todo un «regio acierto». De regalo bisaron el Menuet I de la Suite en fa mayor HWV 348.

El programa tiene mucho recorrido y Forma Antiqva lo sabe mover muy bien, llevando la marca Oviedo, de Asturias, finalmente de España, por todo el mundo. Felicidades y como digo siempre «MUCHO CUCHO»© allá donde vayan. Esta vez la pólvora no se mojó ni hizo estragos.

Pixán, el tenor asturiano vuelve a casa

3 comentarios

Sábado 10 de enero, 20:30 horas. Teatro Jovellanos: Recital de Joaquín Pixán (tenor), Noelia Rodiles (piano), Elena Miró (cello). Obras de Paolo Tosti, María Rodrigo Bellido, Milena Perisic, Juan Durán, Joaquín Rodrigo, Ernesto Lecuona, Miguel Matamoros, Carlos Guastavino, Jorge Muñiz, Joaquín Pérez Fuertes. Entrada: 15 € (+1 € de gestión por compra on-line).

Nuestro tenor más veterano e infatigable, Joaquín Pixán, volvía a casa para recopilar parte de sus trabajos y avanzar nuevos proyectos, siempre innovando desde la tradición o ampliando un patrimonio musical que en su voz adquiere colores universales. El coliseo gijonés resultó algo impertinente con un coro de toses unido a varios silbidos de «guasap» y el «odiado Tárrega» de un celular algo entrado en años, como parte del público que parecía aburrirse con lo desconocido y tan solo despertó (también se calló) con los temas asturianos o más conocidos, demostrando el cariño hacia el cangués y el desprecio hacia músicas que no son exclusivas de melómanos. Hasta Cuca Alonso se hace eco en su crónica del día después. Tampoco supieron comportarse al gritar «no se oye» a grito pelado cuando el tenor intentaba explicar algún tema o pedir que no aplaudiesen en el primer bloque para mantener la unidad, algo que con un respetuoso y educado silencio podría haberse solucionado. Parece que la megafonía es necesaria para los audífonos cuando toda la vida se prescindió de ella en estos recitales, y lo digo desde mi posición en la fila 16 y a punto de cumplir los 56, aunque urbanidad parezca antónimo de edad.

Pixán siempre ha buscado la mejor compañía sobre el escenario, y de sus pianistas que incluso levantan el vuelo, destacar de nuevo a Noelia Fdez. Rodiles, que supone seguir apostando por la calidad, junto a Elena Miró al cello, participando en los cierres de ambas partes, sonido impecable, musicalidad innata y además vocalidad en el instrumento más parecido a la voz humana que proveniendo de su faceta lírica engrandeció las partituras en las que intervino.

Insisto siempre en el Tosti cantado por Pixán porque su voz parece medida para mi tocayo italiano. Esta vez eligió Consolazione sobre versos de Gabriele d’Anunzio, ocho canciones típicas de llamada «Música italiana de salón del XIX» que el tenor domina, incluso sin estar a pleno rendimiento, desde esa media voz intimista y toda la expresión textual. No son las canciones más melódicas y agradecidas de Tosti que pareció no gustar al respetable, pero la interpretación del asturiano con el subrayado de Noelia Rodiles, abrieron boca en todos los sentidos.

Más «garra y pegada» tienen las tres Canciones españolas de concierto de María Rodrigo con textos de María Lejarraga, esos Tres ayes (1924) que también (y tan bien) tiene grabados y supusieron rescatar del olvido unas partituras equiparables a las de Falla, Granados, Turina o Toldrá, exigentes para ambos intérpretes, con veladuras y amplitud de registro donde Pixán mantiene como nadie el color vocal. Me quedo con Serenita está la noche.

Las tres Canciones asturianas (paráfrasis) de la croata residente en Tenerife Milena Perisic sobre versos de Ángel González resultaron lo mejor para cerrar la primera parte, sumándose el cello de Elena Miró, trío bellísimo en tímbrica con una música atemporal por lo cercana a todos los públicos, captando lo asturiano desde la universalidad tonal para unas melodías expresivas que estaban tanto en la voz como en el cello mientras el piano redondeaba un tríptico hermoso en la voz de Pixán.

En este recorrido musical iberoamericano, la segunda parte comenzó con los Cantares Gallegos sobre versos de Rosalía de Castro, Un repolludo gaiteiro de Juan Durán de difícil interpretación y escucha donde arranca primando la letra sobre la melodía que recae en los intermedios pianísticos de auténtico regusto folclórico, para pasar con las dos de Joaquín Rodrigo, el compositor saguntino capaz de revisar las músicas populares españolas para elevarlas a la categoría de «Lied», ejecutadas como tales por Joaquín con Noelia Rodiles.

El público curó rápidamente su catarro al escuchar las dos canciones cubanas sobre textos anónimos, Se fue de Lecuona y sobre todo Lágrimas negras (Miguel Matamoros) que Pixán recrea desde el original con el piano exquisito de Noelia sobre el que el sentimiento vocal del tenor emerge como nadie.

Punto y aparte tiene el texto de Borges sobre el que Carlos Guastavino compone la Milonga de Dos hermanos, ritmo contagioso para vestir una tragedia, la poetización de la milonga y no la musicalización del poema, narración echa canto en la voz de Joaquín con la guitarra hecha piano.

La vuelta al trío para acabar el concierto sirvió nuevamente para dignificar nuestro folklore cercano, el de El Presi (José González), auténtico adelantado a su época que sólo el paso del tiempo y su estudio musicológico está reivindicando y Pixán eleva a maestro desde los arreglos del asturiano afincado en Estados Unidos Jorge Muñiz, que ya colaboró con el tenor en la Cantata Jovellanos, acompañamiento que pasa de la guitarra al piano y cello remarcando melodías que todos los asturianos llevamos en nuestros genes: Soy asturiano, donde los giros de la tonada se besan con la copla y el flamenco al más puro Falla, Soledá como auténtica joya recogida por Pedrell y agrandada en versión e interpretación del trío, y el popular Paxarín parleru (Xilguerín parleru en otras) que nadie como Pixán es capaz de cantarlo con el gusto y maestría habituales, emocionando a un público que siente estas músicas de raíz que nuestro Torner recogiera hace casi un siglo.

Todavía faltaba el fin de fiesta con auténticos regalos, el estreno de Yes igual que la nieve del poeta asturiano Antonio Gamoneda sobre el que Joaquín Pixán compone una melodía con acompañamiento de cello, un poema profundo en letra y música donde el tenor sorprendió a todos, incluyendo al que suscribe.

Quedaba otra sorpresa de sentarse al piano para acompañarse Santander la marinera (Chema Puente) para después dedicarla al querido Miguel Ángel Revilla, uno más entre el público al que presentó como el mayor defensor de la música asturiana porque Santander es como prolongación o unidad cantábrica más allá de límites geográficos.

Y tras ser invitado Revilluca a subir al escenario, compartiría una de las obras más tristes y conmovedoras de la música asturiana, ese Si yo fuera picador que el ex-presidente recitó emulando a Luis del Olmo en una narración sentida, minería dura y tragedia que unen pueblos vidas, con un Pixán totalmente entregado a un tema también de El Presi al que sigue rindiendo tributo en su voz, elevándolo a la máxima categoría lírica, agradecimiento de años y reconocimiento permanente.

En el nombre de Bach

3 comentarios

Viernes 9 de enero, 20:00 horas. Auditorio de Oviedo, Jornadas de Piano «Luis G. Iberni». Pierre-Laurent Aimard (piano), Das wohltemperierte Klavier I, BWV 846-869 (J. S. Bach).

Casi una gesta supone interpretar completo el primer libro de «El clave bien temperado«, todo un universo condensado en veinticuatro preludios con sus correspondientes fugas en cada tonalidad de toda la escala cromática, profundidades para pianista y público iniciado, más aún para el de estas jornadas dedicadas a las 88 teclas que dejó muchas butacas vacías pese a la inmensidad del artista francés.

Antes de comenzar Aimard realizó la dedicatoria, en inglés, a las víctimas de los atentados de París de este concierto precisamente con la mejor forma posible para él como «su Bach«, música para la paz.

Con la edición Urtext (la naranja de toda la vida) adquirida el mismo día al olvidar la suya, sin anotación alguna, ayudado de «pasa hoja» atento a las indicaciones del pianista, normalmente en las fugas que ocupan varias páginas, también una vez iniciada siguiendo sus instrucciones, sin patrón aunque supongo que buscando la mayor unidad entre parejas (preludio y fuga, también en las tonalidades mayor y menor), con un breve descanso tras interpretar la mitad del libro, el estilo del artista de Lyon se caracterizó por la profundidad en cada una de las obras, independientes dentro de esa unidad y globalidad universal que algunos han llamado la biblia de los pianistas. El tocar con la partitura delante indica en este caso no inseguridad, que seguro la tiene más que asumida e interiorizada, sino el respeto a lo escrito y deseo de no dejarse nada en el tintero, refrescar siempre el complejo mundo que Bach dejó para la posteridad de la historia musical.

Aimard optó por intentar ofrecer un acercamiento personal a toda la inabarcable magnitud del primer libro, desde la diversidad en cada obra: romanticismo en los preludios, claridad expositiva en las fugas, manejo del pedal en pos de sonoridades amplias y ricas, contrastes en tiempos pero también en emociones, sin importar «pellizcar» notas más allá de los propios adornos escritos, convencido de la vigencia y atemporalidad de la obra para tecla de Bach, «klavier» que es clave y piano en la lengua de Goethe, honradez y honestidad en cada fraseo, en cada duración, en cada calderón, en cada anotación del propio compositor. El propio Aimard ha dicho «Bach ha sido durante mucho tiempo un objetivo muy lejano para el día en que yo fuera más sabio o me conociera mejor».

Pierre-Laurent Aimard resultó un titán enfrentado a la inmensidad interiorizada para sacar a flote todo lo escrito, visiones claras de lo importante y lo accesorio sin perdernos en discursos introspectivos. Afrontó el primer preludio como si de una autopresentación de intenciones se tratase, nunca el virtuosismo sin más, juego expositivo y sonoro desde una técnica y gestualidad propias, mascando los pasajes en cierto modo «gouldiano» (aunque el canadiense jadease y tararease), recreándose en la boca volcán o sumergiéndose en el magma. Cada preludio y fuga tienen identidad propia, vida condensada para el estudio no ya de los propios hijos de Bach y demás discípulos sino para dedicarle toda una existencia, longeva a ser posible. El músico francés ha grabado el verano pasado este programa para el sello amarillo con quien tiene exclusividad, pero también ha colgado seis minicapítulos en vídeo explicando, en inglés de nuevo por la universalidad del habla, cual preámbulo a una gira que le llevará el martes 13 al Auditorio Nacional.

Si comentaba que el concierto resultó para iniciados, recordar al resto que resulta un acontecimiento casi irrepetible escuchar el libro primero completo en un recital, que las grabaciones llevan tiempo sin contar el invertido de preparación, y lo difícil que supone siempre aportar el toque personal a esta obra pianística. Hay fugas difíciles de paladear pero otras son auténticas delicias, joyas para todos los públicos, la precisión matemática de la escritura bachiana elevada siempre a la mayor espiritualidad que Aimard consiguió en las venticuatro. Los preludios siempre son más «llevaderos», espontáneos, luminosos en su mayoría y verdadera fuente de versiones en todos los estilos. Cuando los bachianos defendemos que toda la música posterior arranca de aquí es fácil argumentarlo, partiendo del acercamiento al jazz que el también pianista francés Jacques Loussier realizó durante años de la obra del kantor de Leipzig donde nunca faltaron preludios y fugas del primer libro. Por lo tanto es un lujo escuchar completo en la misma sesión «El clave bien temperado» (hasta W. Carlos se atrevió con «El sintetizador bien temperado») porque el directo siempre es irrepetible y todo lo que se haga en nombre de Bach no resulta excesivo.

Imposible elegir altos y bajos aunque hay que citar el BWV 849 por reflejar humor e introspección, el poderoso preludio BWV 851, el dificilísimo BWV 852, la única fuga a dos voces BWV 855 auténtico muestrario dinámico, y de la segunda parte la introspección del BWV 861, el complicado ligado de la fuga BWV 862, todo el BWV 864 por contrastes, elección correcta de un tempo ceñido a la máxima de Tovey de «“que no sea ni intocable ni desagradable de acuerdo con una práctica razonable” a fin de conservar la atmósfera de alegría imperante y, al tiempo, no perder la calma expositiva» que el gran Arturo Reverte cita en las notas al programa de Madrid, y finalmente el BWV 868 por lo que supone de respiro y luz tras las sombras anteriores, no interpretativas sino profundas en la escritura bachiana. Aimard se suma a la lista de los grandes intérpretes que han pasado por Oviedo, y su Bach será recordado mucho tiempo. Añadir que los «links» que figuran bajo mis elecciones son del ya citado Glenn Gould, auténtico genio que redescubrió al piano el Bach del clave, con todos los detractores y seguidores que queramos.

Foto Web

Los números de 2014 y feliz 2015

Deja un comentario

Los duendes de las estadísticas de WordPress.com prepararon un informe sobre el año 2014 de este blog.

Aquí hay un extracto:

La sala de conciertos de la Ópera de Sydney contiene 2.700 personas. Este blog ha sido visto cerca de 13.000 veces en 2014. Si fuera un concierto en el Sydney Opera House, se se necesitarían alrededor de 5 presentaciones con entradas agotadas para que todos lo vean.

Haz click para ver el reporte completo.

La difícil sencillez

1 comentario

Viernes 19 de diciembre, 20:00 horas. Auditorio de Oviedo, Concierto Extraordinario «Europa canta a la Navidad«: El Mesías (Haendel). María Espada (soprano), Kristina Hammarström (mezzo), Valerio Contaldo (tenor), José Antonio López (barítono); Coro de la FPA (maestro de coro: José Esteban García Miranda); OSPA, Pilar Montoya (clave), Juan Carlos de Múlder (archilaúd), Eduardo López Banzo (director).

Final de año y trimestre, inicio de vacaciones navideñas, El Mesías me sirve como punto y seguido cada diciembre, nacimientos y muertes, el ciclo vital que las creencias religiosas conforman y los pueblos transmiten. Este 2014 suponía dejar atrás la Catedral y escucharlo en el Auditorio, con todo lo que queramos añadir para buscar el fiel de la balanza. A menudo la comodidad puede resultar peligrosa, como el todo gratis, y el lleno no evitó que existan los maleducados pendientes del reloj a quienes su egoísmo y miopía cultural no impide levantarse y marchar cuando les da su real gana. Ni siquiera saben esperar el final de un número, la hora les expulsa como una diarrea hacia otro destino cuando conocían dónde estaban y a qué venían, ¡aunque no les costase ni un euro!. Supongo que en las iglesias es habitual marchar en medio de la misa, antes de la comunión e incluso a medio sermón porque es «la hora de…». Puedo asegurar que incluso los ateos son más educados, al menos aplican el refrán de «donde quiera que fueres haz lo que vieres». De toses, móviles y ruidos tristemente habituales ya ni los comento porque me encabrono todavía más. Llevo toda la semana con resfriado, tos y malestar general, me he quedado sin asistir a varios conciertos para evitar sobresaltos, y hoy algo mejor decidí a última hora no perderme este Mesías distinto, aunque siga siendo descorazonador el comportamiento de una parte del público que parece contagiarse más que la gripe y convierten en cotidiano lo que siempre ha sido irreverente y maleducado. Me estoy haciendo mayor.

Tras el rollo inicial fruto del estado anímico e insalubre, este Mesías 2014 lo recordaré como el mejor de los últimos años, y han sido muchos, precisamente porque la misma obra nunca suena ni la percibimos igual por veces que la disfrutemos, canten o interpreten. Los ingredientes estuvieron todos en su justa proporción y el resultado final de nota.

Y esta vez quiero comenzar por el responsable de este Mesías distinto por el rigor desde el primer momento. Eduardo López Banzo conoce a Händel desde todas las facetas musicales, incluyendo la de profesor de canto que le da una visión realista de cómo llevar tiempos y dinámicas para que cada número brille en su medida. Tanto las arias como los números corales están llenos de dificultades sólo salvables cuando se conocen antes de afrontarlas. Maravilloso poder degustar tanto el fraseo como las agilidades sin perder frescura ni solemnidad cuando así lo requería el número. Por lo tanto el Coro de la Fundación estuvo y se le notó feliz, cómodo, adaptado a una obra que cada año afrontan como nueva y que en este parecía todo sencillo: volúmenes precisos, seguridad pasmosa, claridad en la emisión y placer al cantar que se transmitió desde el primer hasta el último número.

Del cuarteto solista, por fin todos de gran nivel, y puedo añadir lo mismo pues el aragonés López Banzo supo concertar y elegir el aire exacto para cada aria, mimando el acompañamiento para solaz de los solistas, y por poner sólo algún ejemplo con dos voces conocidas en Oviedo, el Rejoice de María Espada nos contagió de esa alegría desde ese color único y musicalidad firma de la emeritense, o el final del barítono-bajo José Antonio López realmente convincente en The trumpet shall sound con Maarten en pie resonó en el auditorio sin reverberaciones indeseadas o excesivas. Y he citado todo españoles, tanto el maestro como estos dos solistas aunque quiero resaltar a la mezzo sueca, barroca convencida de registros homogéneos y color hermoso, y especialmente al tenor italiano, que nos devolvieron la fe en estos papeles de oratorio porque cuando hay calidad vocal y además el repertorio es adecuado, no puede haber malos resultados. Contar con un cuarteto tan homogéneo siempre es para nota, y este 2014 por fin se alcanzó. Incluso el detalle de cantar todos juntos el Amen es más que indicativo del buen ambiente de trabajo y el placer compartido de este Mesías para recordar.

La OSPA tiene claroscuros desde hace tiempo, y esta vez dividida entre el foso del Campoamor para «el Barbero» y este Mesías con una plantilla ideal en todo (cuerda 6-6-4-4-2, 1 fagot, 2 trompetas y timbales) con el añadido del continuo de clave y archilaúd -excelencia habitual con López Banzo-, en un repertorio donde no se mueven todo lo bien que sería exigible a músicos de plantilla. La Sinfonía inicial fue desconcertante por los desajustes en entradas, que de haber sido en la Catedral hubiese achacado a la acústica, no siempre hubo la respuesta exigida desde la dirección precisamente en los tiempos, pero al menos respondieron en todas las dinámicas, y fueron calentando en un escenario que es su casa, para bien y para mal. Prescindir de los oboes (que no hubo en el estreno dublinés de El Mesías como comentaba el maestro López Banzo en la entrevista que dejo al final) y mimar el contingente sonoro sirvió para conseguir una versión de aparente sencillez en una obra compleja como tantas del universal Haendel. Lástima que siempre haya algún pero que poner a nuestra orquesta, nunca del todo perfecta y dependiendo del maestro que los conduzca. Esta vez pienso que no había disculpa alguna.

Los recitativos con archilaúd fueron un placer, los unísonos realmente vocales en la instrumentación, los fugados claros en su discurrir, la contención de timbales y trompetas realmente dignas de admiración, sobresaliente el papel acompañante de un coro que duplicaba los efectivos instrumentales rindiéndose al equilibrio buscado. No sé cómo estarán «los de la barbería»…

Para pérdida de los impacientes, el regalo de Stille Nacht Heilige Nacth (Gruber) también lo recordaremos por la elección de la versión original a dúo femenino celestial con acompañamiento terrenal de archilaúd (cual guitarra) y posterior incorporación del dúo masculino, la orquestación discreta y el coro suficiente para dejarnos una auténtica «Noche de Paz» tras las turbulencias que en estas fechas olvidamos para acabar ciclo y comenzar otro. La vida no sigue igual pero debemos vivirla ¡es nuestra obligación! y la música ayuda mucho.

Entrevista al Maestro López Banzo en LNE del viernes 19 de diciembre de 2014:

FELIZ SALIDA Y ENTRADA DE AÑO

Contagiando talento

Deja un comentario

Miércoles 17 de diciembre, 20:00 horas. Conciertos del Auditorio de Oviedo, Alisa Weilerstein (cello), Oviedo Filarmonía, Rafael Payaré (director). Obras de Schumann, Elgar y Brahms.
Llegaba a Oviedo otra solista de cello, instrumento que tiene siempre nutrida presencia en los conciertos carbayones, mediática por querer compararla con la Jacqueline Du Pré y haber recibido consejos de Barenboim precisamente con el famoso concierto de Elgar, grabado en sello discográfico potente y acompañada de su pareja que sale de la cantera del «sistema» venezolano.
Y lo mejor resultó el director Rafael Payaré, 34 años pero toda una vida por delante, preparado, trabajador, dirigiendo de memoria las obras cruciales del programa y con la edición de bolsillo para concertar con su señora a la perfección. Y qué maravilla ver que ese talento es contagioso porque la Oviedo Filarmonía sonó como nunca, parecía otra a pesar de la algo escasa cuerda, especialmente los contrabajos, solamente tres que tuvieron que apretar dedos y dientes para conseguir unas dinámicas muy buscadas desde el podio. Miraba a la espalda del director y me recordaba a Dudamel hasta en el pelo leonino, los gestos pulcros, las entradas clarísimas, la batuta recogida en las partes líricas, una mano izquierda prodigiosa y una carta de presentación muy clara con la Obertura de «Manfred», op. 115 (Schumann), romanticismo en estado puro que Payaré dibujó al detalle, cuerda no muy incisiva pero definida siempre, maderas perfectamente ensambladas y metales contenidos pero redondos, contundentes sin excesos.
El Concierto para violonchelo y orquesta en mi menor, op. 85 (Elgar) le correspondería a la norteamericana y ciudadana del mundo, como el director, Alisa Weilerstein, otro talento joven con un instrumento que sonaba pletórico, de armónicos chispeantes pero que en la interpretación de este conocido concierto me resultó algo plana, técnica sin pellizco, poco «vibrato» y fraseos algo forzados aunque la orquesta siempre arropándola, dialogando e incluso aupándola gracias a la batuta impecable y precisa de Payaré. Esperaba más en ese inicio del Adagio; Moderato que debe conmover en la tercera cuerda y solamente sonó, transparente pero sin carne en el asador. El Lento; Allegro molto pareció enmendar un poco las emociones pero cayeron de nuevo en el Adagio que por momentos resultó plomizo. El cuarto movimiento fue más el catálogo de cambios de tempi y ánimos que la congoja necesaria para sublimar este concierto. Mis aplausos para la orquesta y la dirección más que para la cellista, calidades que tenemos mejores en nuestra tierra sin necesidad de cruzar el charco aunque con instrumentos menos caros y escaso marketing. Me preocupa pensar que el público joven tome de referencia estas versiones porque el oído debe educarse en la excelencia.
Al menos la propina bachiana nos devolvió el mejor cello de una joven figura que pareció estar más cómoda en solitario que afrontando retos de alto vuelo.
Para la segunda parte todo un Brahms y la Sinfonía nº 2 en re mayor, op 73, auténtica joya romántica continuadora del mejor Beethoven o Schumann que en la interpretación de la OvFi nos descubrió sonoridades increíbles, melodías escondidas y auténticas sutilezas en los planos consiguiendo Payaré una paleta de dinámicas asombrosas desde el dominio de la partitura hasta el mínimo detalle. «El Sistema» es anterior a los regímenes bolivarianos que suenan en cada informativo, con una larga trayectoria y muchísimas personalidades que creyeron en ese proyecto desde sus inicios, y pese a la instrumentalización que del mismo se han encargado todos los dirigentes venezolanos, con el beneplácito de Abreu y los guiños cómplices de Dudamel, sigue dando músicos de categoría mundial, instrumentistas y también directores como Payaré que en Europa pueden desarrollar la base de toda batuta, el repertorio de los grandes en nuestro viejo continente con el ímpetu y talento joven venido del Caribe.
Maravilloso ver a Rafael Payaré llevar cada uno de los cuatro movimientos de «mi segunda» con la maestría del veterano, la humildad del trabajador y el desparpajo del joven capaz de contagiar su ímpetu a cada atril de la orquesta carbayona. Los contrastes fueron surgiendo espontáneos, naturales, escritos en el aire con movimientos ajustados, «non troppo», grazioso el tercero también contenido, y rebosante ese final del «Allegro con espíritu» brahmsiano del que la OvFi se impregnó perfectamente conducida, término muy americano pero que cuando existe la química entre todos el manejo del vehículo musical corresponde al conductor. Tendremos que seguir de cerca a Rafael más allá de Alisa porque está ya en la lista de los principales del siglo XXI.

Diez años que somos del ciclo de Don Alfredo

Deja un comentario

Viernes 12 de diciembre, 20:30 horas. San Isidoro el Real de Oviedo: Concierto de clausura del X Ciclo de Música Sacra «Maestro de la Roza». Svetoglas Quartet, Polifonía Sacra Ortodoxa. Entrada libre. Lleno absoluto.

Durante cinco viernes Oviedo volvió a ser la capital de la música sacra recordando a nuestro querido Alfredo de la Roza, un ciclo que se mantiene con todo tipo de apoyos, pocos en estos tiempos pero incluyendo el popular desde la campaña «Yo soy del Ciclo», con difusión en cada concierto y en las redes sociales donde la Escolanía de San Salvador, organizadora desde hace diez años de esta cita obligada en el final del otoño carbayón, trabaja para mantener una música atemporal que nos toca la fibra a todos los aficionados. Este año por coincidencia de fechas con otros conciertos a los que estoy abonado, sólo pude asistir al último, pero la falta hubiera sido imperdonable.

Como novedad intentan acercarnos cada año alguna formación nueva, recordando todavía a Cuncordu e tenore de Orosei, y hace cinco años aunque parezca que fue ayer, que continuaron incluso en la plaza para completar aquel concierto con música popular de Cerdeña.

Esta vez desde Bulgaria acudía el Svetoglas Quartet cuya polifonía ortodoxa abarca un amplio repertorio desde el siglo IX hasta el XIX, incluyendo tanto obras escritas como las de transmisión oral con todo lo que ello supone.

Conforman este cuarteto dos tenores, barítono y bajo pero no desde la concepción o clasificación vocal clásica sino desde el canto natural de voces de hombre agudas y graves combinándose en dúos, tríos o cuartetos dependiendo de la obra elegida, tanto del folklore búlgaro (especialmente las dos propinas) como los cantos religiosos desde una visión actual que sin necesidad de ahondar en criterios necesariamente musicológicos, hacen de esta música actual desde sus interpretaciones que nunca pierden la novedad de descubrir cantos hasta ahora desconocidos por muchos, sonando cercanos e incluso modernos.

Daniel Spassov, Stanimir Ivanov, Tihomir Borissov y Milen Ivanov, que hace las veces de director, son las voces de este cuarteto «a capella» con la mezcla necesaria de juventud y experiencia, explicándonos en inglés el origen, estructura o forma de las obras a escuchar.

Organizadas en dos partes con un intermedio necesario para descansar ellos y marchar algunos del público (habitual en los conciertos gratuitos) para agradecimiento del público que estaba de pie, la primera parte ofreció diez obras variadas en estilos y combinaciones, con la letra traducida al español y proyectada en la pantalla gigante central, siempre desde el Misterio de la polifonía búlgara con referencias o recuerdos a músicas medievales recogidas en España como en el «Condúcenos, Santa Cruz» que aunque del siglo XIX y cantado por dos de ellos en «monodia con roncón» parecía sacada del Llibre Vermell de Montserrat, o con la misma forma el canto dedicado al «Sacerdote» que me trajo recuerdos del canto en las mezquitas por el muecín, con una melodía utilizando esos giros arábigos y melismas u ornamentaciones típicas, al igual que el «Aleluya» interpretado en séptimo lugar.

La primera del siglo IX en cuarteto como la melodía popular «Bendiciendo el nombre de Dios» para dejarnos un dúo del siglo X en la tercera, casi como del rito mozárabe o el tradicional y heredado en versión a tres voces «Gospodi», contrastando la música escrita y la transmitida que va enriqueciendo las melodías como en los inicios polifónicos de Leonin o Perotin, mismas formas musicales a partir de las propias composiciones de autores anónimos y posteriores armonías añadidas como el hermosísimo «Bautismo» a cuatro voces antes del trío para la «Lamentación sepulcral» riquísima incluso en matices y reguladores que desde la acústica perfecta por la ubicación de las voces y su empaste nos transportaron a esa música de los monasterios búlgaros que parecían estar en San Isidoro.

Finalizaron esta primera parte con «Te bendecimos, Santa Madre» con el cuarteto y no pudiendo faltar la temática mariana tras este recorrido cristiano desde el bautismo a la muerte como esperanza.

Otras diez obras para la segunda parte que comenzaron con la «Bendición» a dúo del siglo XIV antes de seguir el resto con música de transmisión oral y autores anónimos manteniendo las combinaciones a tres, dos o cuatro voces, sin perder nunca el «basso» como sustento para la monodia, la polifonía básica a tres voces o la más elaborada a cuatro casi académica de no ser por el tamiz que Bulgaria realiza como cualquier otro pueblo que hace suya la tradición. La penúltima «Sálvanos, Hijo de Dios» prescindió del habitual tenor primero sustituyéndolo por el segundo, para acabar a cuatro voces con «Te glorificamos María», nuevamente cierre mariano antes de las dos propinas folklóricas llenas del colorido interpretativo de «ayes guturales» que Don Alfredo, hombre abierto a todas las músicas, hubiera disfrutado como los demás.

La venta de discos del cuarteto búlgaro al finalizar el concierto corroboró el nuevo éxito de este concierto de clausura. Esta décima edición hay que volver a felicitar a la organización, siempre impecable, con cuatro conciertos y una conferencia glosando, como no podía ser menos, la vida de Don Alfredo a cargo del párroco José Luis Alonso Tuñón en el Monasterio de San Pelayo, y manteniendo San Isidoro como sede principal. Desde mañana ya está en marcha la undécima, el público la espera y la oferta ovetense sigue siendo algo que asombra a foráneos y propios, por lo que contra viento y marea, cantando esa «paz en la tierra» que titulaba esta edición aunque válido para todos los hombres de buena voluntad incluyendo «Amicus meus» del concierto de la Escolanía, amigos todos de un ciclo que no debe faltar.

El piano sincero y profundo de Carmen Yepes

3 comentarios

Hace años que conozco y sigo la trayectoria profesional de la pianista asturiana Carmen Yepes, de Mieres pero nacida en Oviedo por esos caprichos del destino, aunque podía copiar ese dicho de los de Bilbao y pasarlo a mi pueblo: los de Mieres nacemos donde queremos.

Desde joven pude comprobar no ya la hondura al afrontar cada partitura desde una técnica siempre al servicio de las obras, sino el enorme trabajo para desentrañar y hacer suyas las notas profundizando en relecturas que pudieran sacar a flote nuevas aportaciones, siendo siempre alumna aventajada en su larga formación, capaz de asumir consejos e indicaciones de muchos colegas para interiorizarlos y engrosar su propio lenguaje. Sus maestros pueden presumir de ella, orgullo palpable en muchas actuaciones tanto en solitario como con orquesta e incluso banda sinfónica, trabajando con distintas formaciones y directores, pues escuchar a Carmen Yepes es reconocer un discurso vital, madurando paralelamente en el plano artístico.

Dedicada a tareas docentes en la Comunidad de Madrid desde hace años, que al menos facilita la labor concertística de sus profesores con más visión que aquí en Asturias, compagina su quehacer diario con apariciones puntuales en público, a algunas de las cuales pude asistir como en Madrid (retransmitido por RTVE) o Barcelona. El pasado noviembre volvía a Málaga, donde es muy querida y reconocida tras una breve estancia en esa capital andaluza, para ofrecer dos conciertos de los que acompaño programas, uno para la Sociedad Filarmónica en la Sala María Cristina de la Fundación Unicaja el jueves 6, y otro dentro del ciclo «Músicas con encanto» de Les Roches (Marbella) organizado por el Centro de Divulgación Musical del Mediterráneo el sábado 8, ambos con un programa atrevido, valiente, profundo y exigente:

la Sonata en sol mayor «Sonata Fantasía», D. 894 (Schubert), la selección del conocido Romeo y Julieta, op. 75 (Prokofiev) que incluía los números «Escena», «La joven Julieta», «Montescos y Capuletos», «Mercurio» y «Romeo y Julieta antes de partir», y el Andante Spianato y Gran Polonesa Brillante, op. 22 (Chopin). Tres compositores que la pianista asturiana domina, tres maneras de entender la música y una sola de profundidad interpretativa, la madurez de Schubert, el calvario interior y desbordante de Chopin más la magia literaria del ballet sinfónico reducido a las 88 teclas del piano de Prokofiev, digno exponente de la escuela rusa. Tres monumentos para degustar en concierto cercano, casi íntimo y opuesto a la inmensidad de los auditorios, aunque la intérprete lo da todo independientemente del entorno, que parece ayuda más al público en esa conexión siempre inevitable y mágica con el escenario.

No he podido leer críticas aunque seguro que fueron un éxito, desconociendo en qué pianos tocó, porque debemos recordar que a diferencia de otros instrumentistas, nunca se tiene el mismo instrumento, con distinta pulsación, durezas, sonoridades, antigüedad y tantos factores que influyen en el resultado final, explicando que algunas figuras mundiales exijan una marca y modelo específico, e incluso viajando con el propio instrumento, cuando no también con afinador específico en casos extremos, sirviendo de propaganda recíproca pero asegurando todos los detalles.

Del recital de Marbella hay dos vídeos en YouTube© que comparto desde aquí con el permiso de la propia Carmen Yepes, para que mis habituales puedan degustarlo en este formato nunca comparable al directo pero al menos revivirlo como esta vez me tocó a mí.

Espero acudir, si mis obligaciones laborales no me lo impiden, al siguiente, pues escuchar el piano de Yepes me hace repasar mi propia trayectoria vital y disfrutar de esa evolución permanente que todo artista de primera mantiene a lo largo de su carrera.

El rapacín de Candás volvió tras 150 años

Deja un comentario

Lunes 8 de diciembre, 20:00 horas. Teatro Prendes, Candás: El rapacín de Candás (Gabriel Balart y Francisco García Cuevas). Juan Noval Moro (tenor), Yolanda Montoussé (soprano), Fabio Barrutia (barítono), actores del Grupo Cultural «Xana» de Perlora (Lucía Colunga, Enrique Molina, Carlos Arias Cancio, Rosa Ana Muñoz -y directora de escena-, Francisco Suárez), Coral Polifónica «Aires de Candás» (directores: Marco A. García y Elena Rosso), Orquesta Sinfónica «Miguel Barrosa», David Colado (dirección musical).


Tremenda expectación domingo y  lunes más allá de la capital de Carreño ante la recuperación de una obra titulada El rapacín de Candás que dormía en algún baúl pero que siempre tenemos la suerte de encontrarnos musicólogos y estudiosos capaces de recuperarlas, incluso rehabilitarlas ante el mal estado en que se encontraban, pudiendo decir eso de «estreno en tiempos modernos». Ramón Avello explica muy bien en su crítica de la función dominical aparecida este martes 9 en el diario El Comercio, cómo se rescata del olvido una obra que sin ser una joya del teatro lírico sí puede considerarse pionera de los sainetes escritos en asturiano:

Personalmente me sorprendió (como también a algunos conocidos, como un amigo que escribía «tiene partes musicales bonitas, pero finales reiterativos, repitiendo cuatro veces para llegar a la cadencia final. El argumento carece de mayor interés, se puede comparar a un sainete del teatro costumbrista. Le falta la parte cómica, los ballets, etc. de otras zarzuelas») que se doblase escena y canto, aunque supongo que el mayor peso de la parte hablada y además en asturiano, hacía difícil memorizarla a los cantantes, pese a ser más fácil que intentar que los actores cantasen, pues esto no es EE.UU. donde todos los estudios escénicos incluyen la música y el canto.

Que yo conozca los buenos actores que canten son más que los buenos cantantes actuando, aunque algo esté cambiando. Esta vez la separación no ayudó por situarlos abajo, detrás de la orquesta (que tampoco tenía foso) y ni siquiera los actores sobre el escenario estaban ubicados como los cantantes, teniendo un desesquilibrio ubicacional y resultando una suerte de «Escala en HiFi» que muchos de mi edad recordarán en blanco y negro, incluso las producciones de zarzuela donde creía que los actores cantaban hasta que conocí el «play back» con figuras de la lírica que tan solo ponían la voz, primando actores sobre cantantes. De los programas de mano a elegir en asturiano o castellano, tan solo el argumento, datos técnicos de los intérpretes pero sin recordar a los autores, compositor de la obra el catalán Gabriel Balart i Crehuet (1824-1893) junto a los textos o libreto de Francisco García Cuevas.

De lo vivido en la segunda función, nuevamente con lleno total, felicitar al elenco de actores de grupo perlorino, auténticos protagonistas, incluso a la coral local que sí formó parte de la escena, dirigidos por Elena Rosso, quien también formó parte de la acción sobre las tablas. Del trío solista escuchaba por vez primera al barítono y me reencontraba con la pareja principal tenor y soprano, aunque vocalmente no me aportaron mucho ni tampoco pienso que su ubicación ayudase.

Felicitar finalmente a los músicos del conservatorio local reforzados para la ocasión para conseguir una orquesta sinfónica que bajo la dirección de David Colado (quien también es responsable de la revisión y «rehabilitación» de la obra) sacaron adelante este entretenimiento que podía haber sido candasín o mierense, incluso leonés o lucense puesto que ese asturiano «amestao» aún se usa y entiende. Está bien recuperar patrimonio aunque la calidad no lo haga muy exportable, pero es nuestro y vuelve al pueblo. Hacer una grabación para conservar todo el documento sonoro supongo que no sería excesivamente caro aunque el estudio permita licencias que el directo no.

Dejo aquí recortes de prensa con comentarios, críticas y todo lo que este regreso movilizó en Asturias que tenía su capital lírica este puente festivo en Candás.

Older Entries Newer Entries