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Bach hace el camino francés

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Viernes 27 de octubre, 21:00 horas. Festival Internacional de Órgano Catedral de León (FIOCLE): Raúl Prieto (órgano). Obras de Bach, Saint-Saëns, Liszt, Widor y Duruflé.

Volvía a sonar el KLAIS con nuestro organista más internacional aquejado de una fascitis plantar en el pie derecho, obligándole a retocar varias de las obras previstas que no impidió disfrutar casi hora y media de buena música con un programa que el propio intérprete definió como «construido pensando más en un plano emocional
que musicológico
» y ejecutado en su integridad de memoria, incluyendo nada menos que cuatro propinas.

Si esta trigésimocuarta edición tiene de hilo conductor la llamada escuela francesa con León parada obligada en el Camino de Santiago de su ruta homónima, Raúl Prieto Ramírez (Navalmoral de la Mata, Cáceres, 1979), peregrino musical por vocación y profesión, organizó el concierto con Bach cerrando el círculo, principio y final cual padre de todas las músicas flanqueando transcripciones propias que resultan más recreaciones de las obras que meras búsquedas de tímbricas cercanas a la orquesta.
Siempre me sorprende su magisterio en la registración desde un virtuosismo que le permite afrontar «partituras imposibles» y un conocimiento del instrumento para sacar sonidos adecuados a su personal visión, exprimiendo allá donde va la potencialidad escondida con un dominio no ya de la técnica sino del funcionamiento interno de cada órgano. Las obras que interpretó en León están muy trabajadas en sus exitosas giras mundiales y forman parte de un repertorio amplísimo que le permite adaptarse a gustos, recintos y programaciones. Conocedor del «bicho Klais» dentro de la «Integral Bach» y pese a los cambios obligados, el concierto resultó otro éxito en una dilatada carrera mundial con otro lleno en la catedral leonesa que se rindió al magisterio exuberante y generoso de este extremeño universal embajador del órgano del que es un enamorado docente y apasionado intérprete.

La Toccata, adagio y fuga en do mayor, BWV 564 (ca. 1708) de J. S. Bach resume a la perfección el ideario o mapa musical de este peregrinaje organístico en León que arrancaba en la lejana Alemania luterana: la toccata virtuosa, vertiginosa y limpia, jugando con la acústica catedralicia con registros bien diferenciados «pisando fuerte» en ese teclado bajo que volvería a sorprendernos al final, interrumpido por un público que no tenía el programa a mano, siguiendo el adagio, lento, reposado, bien articulado y ornamentado con esa bellísima melodía en un registro de lengüetería flotando por tímbrica más que dinámica, casi mecida por mano izquierda y pies cual contrabajos orquestales, para terminar con esa fuga final colorista en compás de 6/8, tres mundos en uno, introspección hacia la explosión, la limpia exposición del motivo que va creciendo, construyendo esa forma matemática hecha música por el rey y dios musical.

Cercanos los difuntos, tradiciones variadas en torno a nuestros muertos, los musicales siempre están muy vivos y más esa Danza Macabra, op. 40 de Saint-Saëns, poema sinfónico en transcripción del propio Raúl Prieto pero como apuntaba al principio, verdadera recreación por la búsqueda de sonidos propios del órgano que no posee la orquesta. Pese a los problemas en el pedal de expresión, independientes de su molesta fascitis, el KLAIS trabajó a la perfección los múltiples cambios de registros y las amplísimas dinámicas para una visión organística moderna y llena de vida para «este muerto», contrastes muy buscados en los distintos teclados con la transmisión a los tubos instantánea, no solo flautados o trompeterías sino toda la paleta y más del compositor francés que nuestro organista reconstruye en esta personal versión.
Interesante también poder escuchar por vez primera en España el Mephisto Waltz nº 1 (S. 514) de Franz Liszt, rebosante y desbordante transcripción del organista afincado en EE.UU. para el instrumento rey que descubre ambientes propios que no se encuentran ni en la versión de piano ni siquiera en la orquestal. Virtuosismo en dedos y pies, inteligencia innata para buscar registros y jugar con ellos construyendo un lenguaje organístico que asombra allá donde lo interpreta, y al fin en su tierra nada menos que con el KLAIS que continúa descubriéndonos tubos y combinaciones cada día. Precisión, perfección y búsqueda constante en esta recreación que no vende el alma al diablo, guiños cómicos, literatura hecha sonido, crisol tímbrico y banda sonora mentando en el templo al innombrable por parte del redimido abate húngaro revestido de magnificencia catedralicia en las manos (y pies) de Raúl Prieto.

Cercano en el tiempo y casi flotando aún en «la Pulchra Leonina» sonaba de nuevo el primer movimiento «Allegro» de la Sexta Sinfonía op. 42 nº 2 de Widor, sustituyendo a la prevista transcripción de Horowitz, misma obra con distinta sonoridad, grandeza de la música en vivo, órgano en estado puro, solemne, poderoso, volviendo a enamorar a los seguidores de nuestro admirado intérprete sea Milán o León en este peculiar peregrinaje por el mundo del instrumento rey. Buena elección para este cambio obligado, transcripciones sinfónicas al órgano y una sinfonía propia como Widor la entendió en el instrumento al que dedicó su vida y mejor producción.

Para finalizar y manteniendo el argumentario francés, nadie mejor que uno de los alumnos de Widor, su compatriota Maurice Duruflé (1902-1986), evolución compositiva desde el respeto a las formas y su utilización pero rompiendo moldes como es de esperar. La Suite para órgano, op. 5 (1933), prueba de fuego para órgano y organista nos dejó sus tres movimientos que volvieron a sacar sonidos encontrados de lengüetería, la expresión romántica e impresionista colorido. Preludio que bebe de fuentes ya escuchadas este viernes con tímbricas sabiamente seleccionadas por Prieto, combinaciones de teclados que lograron jugar con las distintas fachadas del KLAIS, evoluciones dinámicas y pinceladas recreándose en cada registro; después la Siciliana celestial por un fagot ideal en la exposición junto a unos cristalinos flautados bien combinados casi etéreos cual homenaje a Debussy o Fauré, el inexplicable acento francés más allá de las propias melodías o armonías, la delicadeza sonora antes de la ruptura sonora que supone la Toccata, última para armar de principio a fin este concierto virtuoso, la forma por excelencia del virtuosismo en las teclas de Bach a Duruflé, testimonio de pervivencia compositiva e interpretativa.

El público entusiasmado tras semejante derroche y buena música que emanaba del KLAIS, con un Raúl Prieto que quería mantener mi pensado título «Bach principio y final», por lo que nos regalaría el Preludio y Fuga en re mayor, BWV 532, docencia con el Maestro por el discípulo aventajado, pues órgano y Bach siempre van de la mano. Bienestar mutuo entre todos y otro regalo, vuelta a Saint-Saëns, de sus Septs improvisactions op. 150, la séptima «Allegro giocoso«, alegría por el instrumento alemán ya asentado en León que devolvía con creces cada nota, la respuesta del público volcado, las molestias del pie que parecían olvidarse con esta música. Y generosidad porque Bach tenía que cerrar el círculo virtuoso, curiosamente volviendo con un regalo que también sonó el sábado anterior, el Preludio Coral, BWV 731 enamorado de esa melodía luterana, Liebster Jesu! wir sind hier, casi traducido a «querido Bach, estamos aquí» en registro de lengüeta horizontal octavado, otra dimensión que desata pasiones interiores, paz y belleza del «kantor» de Leipzig. Pero Raúl todavía dejaría más constancia del virtuosismo, generosidad y profesionalidad con el «Ejercicio para pedal» BWV 598, recuperado plenamente para el órgano aunque después retomaría las muletas y la inmovilización del pie derecho que trabajó con una plantilla especialmente diseñada para no cancelar y mantener el compromiso con organizadores, obras y un público rendido literalmente a sus pies. Gracias amigo.

P. D.: muchas de las veces que escribo «lengüetas» también son flautados, para evitar interpretaciones erróneas de los especialistas en los registros de órgano, y buscando más un paralelismo instrumental; en el caso del coral de Bach el organista utilizó una flauta 8′ del positivo y una docena 2 2/3′ del recitativo. Gracias al intérprete por indicarme su elección.

 

Aplaudida decisión

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Jueves 19 de octubre, 21:00 horas. XXXIV Festival Internacional de Órgano Catedral de León, Ciclo de Músicas Históricas de León: Monica Melcova (órgano). Obras de Bach, Marchand, Melcova, Fauré y Vierne.

Enfilando ya la segunda mitad del festival de órgano me escapaba de nuevo a la capital vecina con tiempo de sobra para tener buen sitio en la cola y disfrutar del duodécimo concierto con una baja imprevista como la del estadounidense Stephan Tharp y la anunciada cancelación por enfermedad del decimotercero a cargo de Paolo Oreni, comunicada antes de comenzar por Samuel Rubio, en el primer caso cubierta a tiempo con éxito por mi admirada Monica Melcova (1974) que repetirá programa en la inauguración del cuarto año del exitoso «Bach Vermut» en el órgano de la Sala Sinfónica del Auditorio Nacional de Madrid este sábado (otro éxito del CNDM copatrocinador de este FIOCLE) mientras sigue sumando éxitos allá donde va, alternando conciertos y docencia en Musikene con su residencia granadina.

El programa elegido por la organista eslovaca volvió a sacar sonoridades de «el bicho Klais» aún por descubrir, optando por registrar manualmente y dominando como pocos intérpretes no solo la ornamentación sino la improvisación de la que es una verdadera maestra en el amplio sentido de la palabra.

Tres obras de «Dios Bach» para disfrutar de la magnitud compositiva e intepretativa en el órgano alemán capaz de hablar todos los idiomas: el monumental Praeludium E dur, BWV 566, exigente en manos y pies con registros «esperados» sin necesidad de excesos pero variado y potente inicio de concierto en un día frío. Continuaría con An Wasserflüssen Babylon, BWV 653, perteneciente a los llamados «corales de Leipzig«, perfecto de tímbricas en dos teclados más pedalero, la melodía luterana en la izquierda siempre presente por registro, el acompañamiento delicado de la mano derecha y el sustento del pedalero, el lenguaje divino de «Mein Gott«.
Y para cerrar esta trilogía inicial la Fantasia super Valet will ich dir geben, BWV 735, otra mezcla de maestría sonora por la elección de los registros y la rica pero nunca superflua ornamentación desde una limpieza expositiva más el rigor de cada figura, BACH siempre el mejor examen para todo músico.

Contrapuesto al alemán no solo en acentos, el barroco francés tiene en Louis MARCHAND
(1669 -1732) uno de los principales representantes y habitual en cada festival, dos mundos unidos en el tiempo pero separados en estilo, como así pudimos comprobar con las dos obras elegidas: Tierce en Taille [del 1er Livre] reposado y emparentado en registros más con España que Alemania aunque técnicamente lo fuese con el coral bachiano, y Grand Dialogue en Ut [3ème Livre] potente en sonoridades jugando con esos aires de gaita bretona que me recuerdan el folklore asturiano, de nuevo con ese acento del órgano hispano que Melcova conoce de primera mano, perfecto diálogo entre lo solemne y festivo en el leonés KLAIS.

Ya hice mención al magisterio de Monica MELCOVA con las Improvisaciones, y Samuel Rubio le pasó las partituras con dos melodías, de nuevo el «Himno a la Virgen del Camino«, supongo que por el fervor que despierta en todo el Reino, y la bellísima canción tradicional asturiana pero igualmente leonesa por su popularidad y cercanía, «Dónde vas a por agua» que me tomé como un guiño casi personal pues resultó más protagonista que el himno con un despliegue de registros parejo al virtuosismo de la eslovaca con armonías de la mejor escuela francesa de órgano de la que es gran intérprete, superponiendo ambas en una lección de gusto y técnica.

No deben faltar las transcripciones y arreglos de grandes partituras orquestales, y por supuesto para el órgano, pensando que cuando no existían las grabaciones o eran inaccesibles para el pueblo llano, era la única forma de conocerlas precisamente en las iglesias y catedrales. De Gabriel FAURÉ
(1845 – 1924) su Pavane op. 50
[transcripción de Geoff Piper] en la interpretación de Melcova sonó verdaderamente sinfónica, cuerdas en los tubos, arcos imposibles y contrabajos en los pies, pizzicati bien atacados, oboes y flautas en las manos melódicas, con un fluir creando el ambiente tristemente bello de esta página tan gala y con el sello propio del compositor traducido por la eslovaca.

Las campanas sonaron de nuevo en el KLAIS con la virtuosística página del también francés Louis VIERNE
(1870-1937) y su Carillon de Westminster
[Pièces de Fantaisie op. 54 nº 6]

perfecto toque final para seguir explorando y descubriendo sonidos del instrumento catedralicio leonés que va asentando su acento políglota que Monica tradujo desde la primera nota, honestidad en cada duración, planos clarísimos, uso del pedal de expresión romántico, despliegue en la búsqueda de efectos y registros ideales, pero sobre todo una lección de buen hacer, aplaudiendo a la organización y al CNDM por la decisión de sustituir al yanqui por esta organista afincada en España, que colmó las expectativas de aquellos que desconocían el cambio y mejoró la opinión de los que seguimos a esta gran organista plenamente afincada entre nosotros, aunque los músicos sean siempre universales.

Público rendido al magisterio de la organista que regaló otra improvisación además de atender gustosamente a cuantos se acercaron a felicitarla. Siempre un placer escucharla.

Consideraciones finales: hora y cuarto de cola para encontrar una buena ubicación pero entrar y ver reservada toda la zona central para los socios que colaboran en la organización del FIOCLE lo puedo entender y hasta asumir, aunque creo se pasaron con las previsiones. Y al abrir el cordón para llenar tanta silla vacía mientras había público de pie que no cabía en el espacio libre corriendo a ocuparlas, terminó por incomodarme y hacerme sentir un idiota por una espera estéril. Tampoco entiendo la decisión de no cobrar algo simbólico (el euro del programa podría servir) pues evitaría curiosos y peregrinos que aprovechan para ver gratis la catedral y marcharse en medio del concierto, si bien algunos se enganchan a la música. La consigna «espectáculo gratis cueste lo que cueste» no suele fallar tampoco en León.
Moraleja: llegar diez minutos antes, y esperar que abran la zona reservada da mejor posición que los abnegados y educados aficionados sufridores de las inclemencias del tiempo ubicados en laterales con poca o escasa visión del teclado (ya no se usan las pantallas de hace años). Menos mal que «el bicho» ruge en cualquier sitio.

KLAIS políglota

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Sábado 14 de octubre, 21:00 horas. Festival Internacional de Órgano Catedral de León (FIOCLE): Jeremy Joseph (órgano). Obras de Marchand, Alain, Couperin, Franck y Widor.

Nueva escapada al FIOCLE que sigue llenando la Pulchra Leonina con enormes colas desde una hora antes para un público fiel a este festival, ya en el meridiano de la trigesimocuarta edición con este décimo concierto.

Si «el bicho KLAIS» se mimetiza con los sonidos de cada época, puedo decir que esta agradable tarde en la Capital del Reino fue también políglota: el clavecinista y organista sudafricano Jeremy Joseph (Durban, 1978) discípulo del austríaco Martin Haselböck (también pasó por Oviedo y León el año pasado), organista de la Capilla de la Corte Vienesa y de la Orquesta Wiener Akademie, que aterrizaba en España con un programa de la escuela francesa abarcando distintas épocas. Destacar que Joseph también ejerce la docencia en la «Universität für Musik und darstellende Kunst» de Viena y anualmente imparte masterclasses en el curso estival de música barroca de la «Austria Barock Akademie«. Con este currículo era normal que el órgano hablase con tantos acentos franceses ante un intérprete políglota por naturaleza y destino musical.

El llamado rey de los instrumentos tiene distintas escuelas como todos los aficionados conocen, siendo el programa de la conocida como Escuela francesa de órgano (siglos XVI, XVII y XVIII) cuya producción, si bien menos abundante que los monumentales corpus de los autores alemanes de la época (especialmente J. S. Bach y Buxtehude) aporta a la historia un legado de calidad basado principalmente en la polifonía culta de origen medieval y renacentista, y sin entrar en Messiaen a quien se le sigue recordando este año, no digamos de la pléyade de grandes organistas del país vecino, naturales o formados allí.

Para comenzar nada mejor que LOUIS MARCHAND (1669-1732) y su Grande Dialogue en Ut majeur, el barroco francés poderoso y elegante, incluso galante y heredero de una tradición musical rica en todos las formas, siendo el órgano perfecto exponente de ese estilo propio, parisino para más señas. Joseph optó por registros habituales bien elegidos para poder disfrutar de una limpieza expositiva de cada línea melódica siempre en primer plano amén de la riqueza tímbrica que «el bicho» atesora.
Y cuando hablo de acentos solo hay que escuchar a JEHAN ALAIN (1911-1940), uno de los últimos grandes sinfonistas (junto a Franck y Widor) cuyas Variations sur un thème de Clément Jannequin, demuestran la técnica virtuosa partiendo de un tema conocido, esta vez del gran compositor renacentista impulsor de la chanson, pero con el lenguaje contemporáneo de sus sucesores, volcado en armonías rompedoras para el momento, nuevamente desde una registración sutil, de violones y lengüetería con vibrato francés como si del habla se tratase.

Otro francés típico fue FRANÇOIS COUPERIN (1668-1733), cuya música para tecla puede tomarse de referente, clave y órgano por momentos intercambiables aunando técnica del primero y riqueza del segundo de la que poco nos ha llegado hasta nuestros días. Los extractos de la Messe pour les couvents elegidos por el intérprete sudafricano nos sumergieron en la puesta en escena que es una «messe» (para los alemanes una feria), tres momentos cargados de sonidos variados, amplios y delicados cual referente junto a Marchand de las misas parisinas: «Kyrie» del Dialogue sur la Trompette con clara reminiscencia española por sonoridades, también con escuela propia que se acabaría perdiendo, la trompetería castellana del alemán KLAIS sonando plenamente francesa, el Offertoire sur les Gran Jeu elegante y refinado con la limpieza del clavecín sumada la gran paleta sonora, y finalmente la Elevation – Tierce en Taille, recogimiento sonoro merced a la riqueza tímbrica que el órgano catedralicio tiene para «dar y tonar», perfecto subrayado a la Palabra de Dios y meditación sonora revistiendo la individual. Extraigo de las notas al programa las palabras del propio Couperin «… quien creía en la habilidad de la música para expresarse a sí misma en su prosa y su poesía, penetrando en ella hasta descubrir que es plus belle encore que la beauté«.
No se puede hacer una historia del órgano, y menos aún francés, sin el belga afincado en París CESAR FRANCK (1822-1890), excelente compositor y mejor organista aunque considerado un hombre gris, modesto, sencillo y monótono según sus biógrafos. La música moderna del país vecino surge como reacción
ante las humillaciones de la guerra franco-prusiana que
acabó con la vida del segundo Imperio, y tiene en Franck uno de sus pilares fundamentales,
a través del órgano de Santa Clotilde y de sus contactos
con el organero Cavaillé-Coll, renovando la
literatura organística y dando al último romanticismo una
profundidad plenamente adecuada al nuevo instrumento, orquestal a más no poder del que su Prière Op. 20 es un claro ejemplo. Acierto pleno en la elección de obra y registros casi idénticos a los «originales», manteniendo acento y reafirmando la evolución de la música junto al «nuevo instrumento».

Volveríamos con Alain en otra visión diríamos que postimpresionista, rica en tímbricas y armonías cercanas con sus Deux danses á Agni Yavishta, aplaudidas por separado y rompiendo la unidad contrastada que Jeremy Joseph buscó en ambas, la primera con volúmenes contenidos y flautados cual «cuco» en vez de trompeterías ya investigadas, con pulsión rítmica recordando a Saint-Saëns incluso en la armonización, más las sonoridades «debussianas» tan francesas y reposadas en otro despliegue tímbrico de «el bicho».

El final tenía que ser grandioso, de explosiones sonoras en el KLAIS, y nadie mejor que CHARLES-MARIE WIDOR (1844-1937) con el «Allegro» de su Symphony 6, op. 42 nº 2. Cierre perfecto de velada, apoteósis de luz musical, la orquesta de tubos con todos los recursos sonoros posibles para las llamadas sinfonías para órgano: poderío, impacto, tímbricas desde la majestuosidad, virtuosismo instrumental revestido de la acústica catedralicia a mayor grandiosidad y gloria musical.

Dos épocas de esplendor musical del órgano francés, con el desértico periodo de decadencia que se prolongaría hasta la segunda mitad del siglo XIX, del que Jeremy Joseph mostró los mejores ejemplos, técnica al servicio de la música y sabia elección de registros.

Mas el regalo sería casi preparatorio del esperado domingo, el Preludio Coral BWV 731 Liebster Jesu, wir sind hier reposado, bien ornamentado y con el acento por excelencia de «Mein Gott»,
encuentro francoalemán sumándose al organista sudafricano el contratenor Carlos Mena cantando a «Bach todopoderoso», alineaciones a pares, el KLAIS en su esplendor, Bach y Buxtehude frente a los pesos pesados Messiaen y Widor. No habrá vencedores ni vencidos, la música siempre triunfa.

Descubrimientos de López Banzo

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Domingo 1 de octubre, 
21:00 horas. Catedral de León, coproducción del XXXIV Festival Internacional de Órgano Catedral de León (FIOCLE), XXIV Ciclo de «Músicas Históricas de León» y Ayuntamiento de León: 
alumnos del V Curso de interpretación vocal barroca organizado por el CNDM en León: Laura Martínez Boj (soprano), 
Alberto Martínez (barítono), Cristina Bayón Álvarez (soprano) y Carmina Sánchez Picazo (soprano); Eduardo López Banzo (clave y dirección). Obras de G. F. Haendel, J. S. Bach y A. Stradella.

El mes de octubre comienza con el quinto concierto del FIOCLE en La Pulchra en el inicio de las fiestas locales de San Froilán, con uno que ya es tradición, coproducido por el CNDM, trayendo cuatro cantantes seleccionados en el quinto curso de interpretación vocal barroca celebrado el pasado mes de abril (ya está convocado el sexto el marzo próximo) por uno de los grandes de la música antigua española, Eduardo López Banzo (Zaragoza, 1961), y un programa de cuatro cantatas barrocas italianas que nos vuelve a descubrir a unos jóvenes ya afianzados en estas músicas con futuro, voces que sienten este periodo histórico como propio pese a todas las dificultades que entraña su estudio y evolución a lo largo de una carrera profesional que parece ofrecerles más oportunidades que otras «salidas» más líricas o sinfónicas a la vista del panorama nacional e internacional tras comprobar la trayectoria de anteriores «descubrimientos» del maestro maño que precisamente están triunfando en el repertorio barroco.

Cuatro cantantes (tres sopranos y un barítono) seleccionados por López Banzo en torno a cantatas de Haendel y Stradella sin faltar una intervención del maestro al clave con una de las suites de Bach. Enormes colas, como es habitual aunque las puertas abrieron media hora antes, colocándome en el lado opuesto del crucero donde se ubicó el escenario, pues creía necesario comprobar la proyección de las distintas voces, aunque la reverberación catedralicia no ayude mucho a entender los textos ni tampoco a degustar el virtuosismo del músico aragonés, que siempre es un lujo ver cómo mima a sus pupilos en unas obras que domina en todos los aspectos, siendo el concierto la auténtica puesta de largo de estas jóvenes voces, colocadas en orden a las cualidades demostradas en el mismo.

Por ampliar datos sobre el repertorio elegido señalar que las tres cantatas de Haendel son producto de sus viajes por Italia, Non sospirar, non piangere escrita entre Florencia y Venecia en 1707-09 y las otras dos de sus primeros meses en Londres (finales de 1710), donde el compositor angloalemán demuestra un perfecto dominio del llamado estilo italiano, apreciable en el romano Stradella como antecedente cercano en el género y ubicado en penúltimo lugar dentro del programa ofrecido para este quinto concierto del FIOCLE y tercero del de Músicas Históricas.

La soprano afincada en Barcelona 
Laura Martínez Boj abría concierto con la cantata Partì l’idolo mio, HWV 147 
de G. F. HAENDEL 
(1685-1759) compuesta en 1710 con el orden habitual de alternancia 
Recitativo – Aria – Recitativo – Aria; de voz todavía «pequeña» en proyección a la que queda igualar color en todos los registros, como a muchas otras, pero con quilates y material sonoro a pulir, de agudos suficientes, los recitativos claros y las arias llevadas con soltura y oficio, notándosela cómoda en este repertorio.

Natural de Almendralejo (Badajoz), el barítono Alberto Martínez prosiguió con Haendel y su cantata arcadiana o pastoral Nel dolce tempo, HWV 135b (1708) en cuatro movimientos (
Recitativo – Aria – Recitativo – Aria
), registro poderoso especialmente en el medio y agudo, aunque los tempi lentos no le ayudaron, siendo más «llevadera» el aria final por un aire donde lució su voz e interpretó con profesionalidad esta forma tan italianizante cual ópera en miniatura por la carga emotiva, sin dificultades técnicas en una carrera ya iniciada con solvencia que le deparará un futuro prometedor.

Del gran 
J. S. BACH
 (1685-1750), 
Eduardo López Banzo eligió la Suite inglesa nº 3 en sol menor, BWV 808 (ca.1715) de sonoridad íntima y contrastes claros en el clave a lo largo de sus movimientos (Prélude – Allemande – Courante – Sarabande – Gavotte et Musette – Gigue
), con el público aplaudiendo el primero, supongo que por no leerse el programa de 1€ del FIOCLE (el gratuito del CNDM no detallaba ni coincidía el orden). Lástima la distancia y reverberación para poder disfrutar aún más de los ornamentos y juegos tímbricos en esta tercera suite inglesa de «mein Gott» entre las cantatas ajenas.

Subiendo el listón de calidad, la soprano sevillana Cristina Bayón Álvarez afrontó la cantata de ALESSANDRO STRADELLA 
(1639-1682) 
Affligetemi pur, memorie amare
 sin problemas de ningún tipo, puede que sobreactuada en cuanto a una gestualidad excesiva en manos y brazos aunque siempre ayude en el fraseo, de voz penetrante y contundente, segura en afinación, color bastante homogéneo y buena proyección durante los cinco números Recitativo – Aria – Recitativo – Aria (adagio) – Recitativo

, de dramatización vocal además de corporal siempre bien arropada por el clave del maestro, respirando y completando una partitura algo más alejada de las de Haendel pero bien elegida para beber de los orígenes.

Personalmente agradable sorpresa supuso la soprano valenciana Carmina Sánchez Picazo que nos (de)volvía a Haendel con su cantata 
Non sospirar, non piangere, HWV 141 (Florencia / Venecia 1709), madurez total pese a su juventud ya asentada en carteles de mayor enjundia, voz que corrió perfectamente en las piedras de la seo leonesa a lo largo de los tres números, también más agradecidos que en las otras tres por la organización tripartita (Aria – Recitativo – Aria
) dejando un excelente sabor de boca tanto técnica como musicalmente, con agilidades precisas y limpias además de toda la teatralización que Haendel volcó en sus cantatas profanas. Bravo.

Un placer saber que la docencia tiene estos regalos que el maestro López Banzo saca a la luz en este León que retoma el pulso musical con el otoño aunque la prensa no ayude a informar del todo.

Concierto duro: KLAUS en KLAIS

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Martes 26 de septiembre, 21:00 horas. XXXIV Festival Internacional de Órgano Catedral de León (FIOCLE), concierto III: Klaus Lang (órgano). Obras de Klaus Lang, Erik Satie, Michelangelo Rossi, J. J. Froberger, G. Frescobaldi y Claudio Merulo. Entrada libre.

Volvíamos a pasar el Pajares para repetir visita a La Pulchra Leonina que volvió a registrar colas antes en el concierto del austríaco Klaus Lang (Graz, 1971) en un programa puedo decir que duro para cualquier aficionado y no digamos para un público que fue cual goteo abandonando el mismo a medida que avanzaba en la interpretación sobre todo de sus propias composiciones.
Como comenta en su web la Academia de órgano Julián de la Órden sobre el organista y compositor «no usa el sonido, sino que el sonido es explorado, dándosele la oportunidad de desvelar su belleza y riqueza intrínseca. Sólo cuando el sonido es simple sonido podemos apreciar lo que realmente es: un fenómeno temporal, es tiempo audible. Klaus Lang entiende el tiempo como materia genuina del compositor y al mismo tiempo también como contenido fundamental de la música.

En su sentido musical, la materia es el tiempo percibido a través del sonido; el objeto de la música es la experiencia del tiempo a través de la escucha. La música es, así, el tiempo hecho audible».

Comenzar con su ABD. Tryptichon für orgel ya marcó las líneas de lo que vendría a continuación, una investigación de las infinitas posibilidades que «el bicho Klais» esconde, arrancando con la nota A (la) en el pedal con un tutti largo, molesto por momentos sobre el que va construyendo distintos planos sonoros sobre esas tres notas (ABD) arracimadas en octavas variadas investigando tímbricas cercanas a la música electrónica pero poco agradables en una abstracción acústica a la que no estamos acostumbrados y donde el ritmo es tan interiorizado que no trasciende, jugando con intervalos donde el de cuarta llegó a ser casi obsesivo.
La forma de continuar el programa fue un enlazado, con cierto «horror vacui» sonoro, manteniendo notas de unión donde fueron apareciendo los compositores más reconocibles pero como disfrazados a causa de una registración tampoco habitual y salpicada por los otros números improvisados y del Tryptichon, incluso con una monotonía en el tempo buscando nuevamente otra concepción muy personal. Así la sonoridad de Satie resultó similar a la de Froberger olvidándose de estilos o cronologías, y no digamos de la forma «toccata» tal como se entiende, por lo que la escucha en frecuencias extremas y tímbricas hirientes, unidas a la sensación de lentitud propiciada por sonidos de duraciones exageradas, convirtieron este tercer concierto del FIOCLE en un auténtico ejercicio penitente para nuestros oídos que no todos soportaron hasta el final.

Reconozco la labor del «Mago Lang» en esta exploración del sonido y el tiempo y como dice el texto arriba transcrito, le di la oportunidad de desvelar su belleza (personal y de la que discrepo) y riqueza intrínseca que sí la hubo, dudando de lo que se puede entender como «audible» pese a considerarme un omnívoro musical y navegante por aguas turbulentas de todos los estilos y épocas. Pero ni siquiera las páginas conocidas supusieron descanso, contrapunto o luz en un discurrir espacio-temporal con el sonido como disculpa.

Me tomé este concierto como la exploración del KLAIS por KLAUS que sigue asombrando, rugiendo esa La Pulchra donde cabe todo, sacrificio de penitencia en las sillas esta vez aumentado hasta nuestros tímpanos. Por primera vez salí con un dolor de cabeza que solamente el relente de la noche leonesa logró aliviar, llevándome el posterior café con amigos a rememorar la felicidad del Sigfrido ovetense.

 
PROGRAMA

KLAUS LANG
(1971): “ABD. Tryptichon für orgel“- A.
K. LANG: Improvisación.
ERIK SATIE
(1866-1925): Prière des orgues de “Messe des pauvres”.
K. LANG: “ABD. Tryptichon für orgel“- B.
MICHELANGELO ROSSI
(1602-1656): Toccata VII.
JOHANN JAKOB FROBERGER
(1616-1667): Toccata da sonarsi alla Levatione.
GEROLAMO FRESCOBALDI
(1583-1643): Ricercar cromático.
CLAUDIO MERULO
(1533-1604): Toccata del nono tono.
K. LANG: Improvisación.
K. LANG: “ABD. Tryptichon für orgel“- D.

Briggs sinfónico en el KLAIS

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Jueves 21 de septiembre, 21:00 horas. XXXIV Festival Internacional de Órgano Catedral de León (FIOCLE): David Briggs (órgano). Obras de J. S. Bach, F. J. Haydn, D. Briggs, O. Messiaen, M. Ravel, G. Mahler y N. Rimsky-Korsakov. Entrada libre. Precio del programa general: 1 €.

San Mateo además de fiesta en Oviedo (y Logroño), está marcado normalmente en mi calendario como el inicio del FIOCLE hasta noviembre con el patrocinio del CNDM (dentro del ciclo Músicas Históricas de León), que este año alcanza su trigésimocuarta edición mientras sigue presumiendo de su «bicho», el órgano KLAIS ante el que los más reputados intérpretes comienzan a rendir pleitesía y admiración, como este primer concierto con el británico David Briggs (1962), que repetía visita a la Pulchra Leonina tras su participación en Todo Bach, comentando a los presentes en español antes de arrancar el concierto su devoción por un instrumento que en manos como las suyas volvió a sorprender a un público que hizo larguísima cola (llegando por la calle Ancha casi hasta la Casa Botines), porque a León acuden aficionados y peregrinos que mantienen año tras año un festival variado con el «rey de los instrumentos» como verdadero protagonista, articulado en torno a la música francesa en los diecisiete conciertos previstos para esta edición. Enhorabuena.

Si el «bicho» ya está sonando a lo largo del año celebrando los 25 años de la muerte de Olivier Messiaen cual Bach del siglo pasado en cuanto a la magnitud de su producción para órgano, qué mejor que unir a ambos en este primer programa, entretenido y variado donde las transcripciones orquestales junto a las improvisaciones también encontraron hueco. El amante de los pájaros seguirá con su monográfico dentro del festival con Giampaolo Di Rosa pero muchos conciertos también le recuerdan y David Briggs no dudó en sumarse al homenaje.

Como «prueba de fuego», que también se cita en el programa general de este concierto inaugural, nada mejor que comenzar con J. S. BACH (1685-1750) y su popular Toccata y fuga en re menor, BWV 565 para hacer «rugir el bicho» desde unos ornamentos plenamente barrocos pero con registraciones e interpretación de lo más romántica. David Briggs optó por registros puede que «distintos», especialmente en la fuga mezclando nasardos cuya afinación no sea del todo idónea en las contestaciones, así como un rubato continuo pero buscando el contraste típico desde un mayor impacto tímbrico que por la disposición de los tubos consiguió efectos estereofónicos muy logrados.

También jugó el británico con sonidos encontrados esta vez perfectos para las Tres Piezas para reloj musical (de «Flötenuhrstücke«, 1772/93) de FRANZ JOSEPH HAYDN (1732-1809), verdadero juguete en las manos del virtuoso intérprete que brilló mucho más en sus Variations on Greensleeves (2005), en una lenguaje actual lleno de disonancias explorando los registros del KLAIS donde a la conocida melodía tradicional inglesa se la reconocía revestida de unos sonidos y ropajes cercanos al siempre innovador y celebrado OLIVIER MESSIAEN (1908-1992) de quien Briggs eligió Le banquet céleste (1928), registros ya conocidos en el gran órgano alemán que resultaron como si para él fuesen indicados directamente por el galo al inglés.
Comentaba unas líneas más arriba que la música francesa será el eje vertebrador de esta 34º edición del FIOCLE, más allá de Messiaen, y así pudimos disfrutar de «la orquesta KLAIS» gracias a la transcripción que Eugenio Maria Fagiani hizo de La Valse (1919/20) de MAURICE RAVEL (1875-1937), tal vez majestuosa aunque poco clara en su escucha desde mi posición (esta vez a la entrada de la catedral, con la consola colocada en medio del coro y el público sentado en bancos y las «sillas de tortura» plegables rellenando todos los huecos posibles). Hubo momentos de sonoridades más logradas, la utilización del pedal de expresión consiguiendo efectos verdaderamente sinfónicos, la «pegada» del pedalero como contrabajos aerófonos (nunca la cuerda encontrará equivalencia en el órgano o el piano) y por supuesto los registros de trompeterías y lengüetería que ayudaron a darle esa pátina tan impresionista llena de colores de esta partitura inigualable en instrumentación de la que Ravel fue único y Fagiani parece haber buscado casi al detalle, faltando solamente una ejecución a la altura del compositor y transcriptor.

El propio Briggs hizo su propia transcripción del emocionante Adagietto de la Sinfonía nº 5 (1901/02) de GUSTAV MAHLER (1860-1911) que a diferencia con la anterior de Ravel buscó sonoridades propias en vez de intentar recrear unas cuerdas siempre imposibles en un órgano no electrónico. Puede que las emociones y recuerdos que afloran con esta música, en cualquier versión que elijamos, sean especiales para muchos de los presentes, dolor del alma que han hecho del Adagietto de la Quinta un himno a la pena «cantado» desde el respeto a la partitura por parte del organista inglés.
Continuó la fiesta sinfónica en el «bicho KLAIS» con NICOLÁI RIMSKY- KORSAKOF (1844-1908) y su conocidísimo El vuelo del moscardón (1899-1900) en arreglo de Willi Nagel, breve y virtuoso contagiando el humor de esta partitura orquestal que en el órgano con Briggs sirvió de contrapunto emocional del gran Mahler.

Y como David Briggs además de compositor y transcriptor es un reconocido maestro del órgano, las improvisaciones no pueden faltar en un concierto suyo. Así desde dos melodías tan conocidas como la Oda a la alegría de Beethoven más el himno God Save The Queen, el intérprete británico nos dejó una peculiar Improvisación: Tríptico Sinfónico sobre ambos temas con estructura propia, «Introducción y Scherzo – Fuga – Finale», verdadera lección de una técnica que parece haberse recuperado por parte de muchos músicos como siempre se hizo desde los orígenes, esta vez con el lenguaje ya comentado de música atonal pero deudora de toda una vida transitando por la historia de la literatura musical como los propios compositores han afrontado sus obras. Búsqueda de registros que siguen apareciendo nuevos, luminosos como las vidrieras, oscuros como las interioridades pétreas, mosaico sonoro del órgano de Bonn cuyos tubos van tomando recio acento castellano en las catedralicias piedras seculares leoneas. La química entre intérprete e instrumento trasciende a los aficionados que seguiremos peregrinando para disfrutar con tantos maestros como está previsto sigan haciendo Música desde sus teclados, el único lenguaje universal. Un breve regalo de virtuoso con sonoridad americana (si se quiere canadiense) tras hora y media disfrutando.

Schumann y Falla con el Mediterráneo

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Viernes 28 de julio, 22:30 horas. Castillo de Bil-Bil, Benalmádena. Recital lírico de canto y piano «Cultura en la calle»: José Manuel Montero (tenor), Aurelio Viribay (piano). Obras de Schumann, F. Alonso y Falla.

El verano supone para muchos artistas trabajo que el público siempre agradece, con escenarios distintos a los habituales como en el caso de Benalmádena que con el Mediterráneo y el Castillo de Bil-Bil de telón de fondo traía este último viernes de julio una música aparentemente poco popular como el mundo del «lied» romántico y que el año pasado funcionó, por lo que repetir no era correr riesgos y a la vista de la ocupación de todas las sillas, más abundante público de pie, la fórmula volvió a resultar acertada, en buena parte por la calidad de unos intérpretes que se han puesto como objetivo dar a conocer la música vocal de salón, los grandes compositores de la canción con piano donde los españoles deben estar a la misma altura que los germanos, como pudimos volver a comprobar.

El ciclo de canciones Liederkreis, op. 39 de R. Schumann y textos de von Eichendorff (1788 – 1857) no están entre los más escuchados, si bien de los dos ciclos, nueve temas con textos de Heine los opus 24 menos que los doce del segundo que pudimos disfrutar al aire libre y con amplificación cuidada, más transitados a lo largo de los años, teniéndolos en mi discoteca nada menos que por el irrepetible barítono Fischer-Dieskau.
El piano poniendo la música sin palabras en equilibrio a la poética del canto, diálogos con el trasfondo tan romántico de la naturaleza, el desamor, la paz y el dolor con momentos íntimos, poderosos y la belleza imponente de la naturaleza en comunión piano y tenor para esos microrrelatos románticos y puros. Títulos que parecían describir el propio entorno de esta noche de verano mediterráneo: La quietud, En un castillo, En la lejanía, Melancolía, con la dicción germana perfecta de José Manuel Montero y color dramático capaz de alcanzar sin problemas el amplio registro de este ciclo, más el piano maestro de Aurelio Viribay, un tándem de muchos quilates. La docena de poemas con música fueron desgranándose con todo el sentimiento que los textos requerían (lástima no poder ir leyéndolos) y un público que aplaudía cada uno sin esperar el resultado global, óptimo sin lugar a dudas.

El piano solo necesario para un leve descanso vocal (y un cambio de camisa) vino con un «desconocido» Francisco Alonso y una poco frecuente Mi adiós a Granada de hondura en fraseo evocado por ese folclore único que el maestro Viribay siempre eleva la llamada música de salón al Olimpo de Orfeo, el recuerdo nostálgico del granadino en el Madrid que le daría la fama.

Las Siete canciones populares españolas de Manuel de Falla resultaron perfecto complemento y enaltecimiento de nuestro lied hispano, textos y estampas bien combinadas de tiempo, sentimientos y fragor con una articulación de excelencia en Montero y el piano coprotagonista de Viribay, enamorando a propios y extraños. Siempre emocionante y admirable cómo el compositor gaditano elevó las canciones populares al nivel clásico equiparable a los germanos Schubert, Wolf, R. Strauss o Mahler y engrosando un «corpus» donde también estarán Granados, Toldrá, Obradors o Turina por recordar algunos de los nuestros. Por emociones me quedo con la Asturiana y el siempre exigente Polo que Montero-Viribay dejaron siempre en todo lo alto, claros y precisos de inicio a final, tal vez con un piano amplificado algo inferior al necesario para saborear todo lo escrito y la voz ligera con cuerpo y presencia más que suficiente para bajar un par de puntos los «fader».

De regalo nada menos que un par, dos mundos en uno: el recuerdo de Granados y su Andaluza (la Danza española nº 5 compuesta para piano sin letra y popularizada por tantos cantantes de todos los estilos), casi leyendo mi mente sobre los hispanos, para rematar con el gran R. Strauss y Devoción, la que yo siento por esta pareja de intérpretes cerrando un círculo virtuoso hispano-alemán en el mismo plano de calidad y calidez.
Quien no apuesta no arriesga y bien por la cultura en la calle del Ayuntamiento de Benalmádena que ya sabido apostar por una música que aún no tiene el hueco merecido ni siquiera en los escenarios habituales.

Di Rosa y el dragón

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Sábado 10 de junio, 21 horas: «Catedral de León 2017: El Misterio de la Redención«, integral para órgano de Olivier Messiaen (1908-1992): Messe de la Pentecôte. Giampaolo Di Rosa (órgano).

Sigue paso a paso bajo la dirección artística de Samuel Rubio, quien presenta cada concierto organizado por el Cabildo S. I. Catedral de León, esta maratón Messiaen desde «el bicho de KLAIS«, fin de semana litúrgico desde la convicción del compositor francés con L’Ascension, Quatre méditations symphoniques y este sábado Messe de la Pentecôte («Misa de Pentecostés») a cargo del organista residente de la S. I. Catedral de León, congregando a unos fieles en el amplio sentido de la palabra, que disfrutamos con verdadero recogimiento este «bautismo de fuego».

La Misa de la Pentecostés terminada en 1950, está formada por cinco momentos litúrgicos, síntesis de la función de los organistas con la improvisación litúrgica, esta vez cincuenta días después de la Pascua, cinco veces diez como los cinco números escritos por Messiaen, siete semanas con la meditación desde los Hechos de los Apóstoles que recordó antes del concierto Samuel Rubio Álvarez, también los pilares del compositor (fe católica, amor a los seres humanos y la admiración por los pájaros), la simbología con el dodecafonismo, los doce sonidos tratados con toda la magnificencia tímbrica que «el bicho KLAIS» de la Pulchra Leonina guarda en sus entrañas, y que este segundo sábado resultó ser un dragón escupiendo fuego, literalmente Pentecostés con la palabra hecha música de órgano. Mi ubicación de nuevo sentado en el coro me permitió sentir cada nota musical con toda la fuerza y delicadeza en los registros sabiamente elegidos por Giampaolo Di Rosa, dominando cada vez más ese animal cual San Jorge y el dragón con el órgano como lanza certera, al igual que los aspectos fundamentales recogidos en el programa de mano (para todo el ciclo).

1. Entrée, la entrada que representa «las lenguas de fuego» del Espíritu Santo a través del uso de ritmos irracionales, la métrica griega y rápidas alternancias tímbricas, lengüetería con ataques cortos en ilustración sonora para la liturgia.

2. Offertoire, comentario musical de «las cosas visibles e invisibles», Símbolo de Nicea, catarata de matices con registros extremos combinados a la perfección, silencios para el recogimiento, monodias imposibles y cambios sonoros desde las dos fachadas, torrentes de graves casi inaudibles contrapuestos a flautados minúsculos, el pedalero más bajo posible cual campanadas o incluso sirenas de faro para ayudar a navegar con niebla antes de emprender el vuelo ingrávido de disonancias precisas y medidas, subidas celestiales con bajadas infernales rítmicas, conjunción de sonido y silencio en los momentos idóneos, trabajando el trémolo y el pedal de expresión plenamente románticos desde un lenguaje rompedor todavía en nuestros tiempos.

3. Consécration, el «regalo de la sabiduría», la misma que para la elección de los registros del KLAIS catedralicio Di Rosa conoce, como pocos, el «Aleluya» de Veni Sancte Spiritus sobre el que después vendrían las improvisaciones, preparando oído y espíritu, nuevas meditaciones vibrando de los pies a la cabeza, el canto gregoriano inspirador como realce de la palabra y ahora la música pura del órgano.

4. Communion reúne todos los elementos impresionistas descriptivos de la naturaleza que Messiaen utiliza en su obra, «los pájaros y los manantiales», cantos intraducibles pero refejados en las notas y gotas de agua salpicando el momento álgido del banquete católico, nuevo despliegue de registros escondidos en «el bicho», el baño tímbrico refrescante tras el calor del fuego, oboes pastoriles flotando sobre un lecho acuoso recreado en agudos tintineantes con el efecto del vibrato en un acorde final que parece no terminar nunca.

5. Sortie, cual gran tocata bachiana desde el lenguaje del siglo XX evocando «El viento del Espíritu Santo», forma sobrecogedora casi amenazante por volúmenes capaces de emocionar y conmocionar, el Bach francés del nuevo lenguaje organístico, virtuosismo del intérprete para recrear al compositor, marcha de salida capaz de mover el aire de los tubos cual vendaval sonoro, mover y conmover que finaliza en un cluster hipnótico.

Y casi con la misma duración que la propia misa, llegó la «Improvisación» sobre el Veni Creator. Di Rosa comienza un nuevo viaje imbuido por Messiaen aún resonando en piedras y vitrales del que no sabemos dónde terminará, «ires y venires» buceando en los timbres encontrados, reutilizados, vistiendo y desvistiendo la secuencia medieval, estremecimiento de cardenales, el himno del siglo IX que este sábado dedicábamos a Pentecostés una semana después, la llamada del Espíritu Santo, más lenguas de fuego del dragón escupiendo fortísimos aldabonazos en los tubos de ambas fachadas, discurrir de ríos vertiginosos cromáticos en las dos manos, el ancla del pedal sustentando el vendaval sonoro del por mí bautizado «bicho KLAIS«, múltiples lenguas incomprensibles por momentos antes de encontrar un leve remanso de paz, silencios inexistentes y derroche creativo del organista italiano en el idioma del francés.

Una integral a la que todavía le quedan muchos fines de semana hasta diciembre en León, Catedral «Casa de Luz» y órgano únicos que siguen marcando diferencias con Messiaen sonando en ella.

Los acentos del órgano

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Sábado 6 de mayo, 21:00 horas. S. I. Catedral de León.«Catedral de León 2017: El Misterio de la Redención»: Integral para órgano de Olivier Messiaen (1908-1992): Livre d’Orgue II, Giampaolo Di Rosa (órgano). Organiza: Cabildo S. I. Catedral de León, dirección artística: Samuel Rubio.

Cuarto concierto en «el bicho de KLAIS«, y segundo dedicado al Livre d’Orgue tras el primero del viernes, del que las notas al programa comentan que «es probablemente el ciclo de mayor complejidad, distinto de todos los demás: sus siete episodios están construidos fundamentalmente sobre la especulación y la técnica combinatoria, con un tratamiento rítmico extremadamente diverso. Fue escrito en 1951 en los paisajes de los Alpes y del Delfinato, cuando el compositor fue invitado a impartir cursos en Darmstadt, renombrada sede de la vanguardia musical de la época. Hay que subrayar el uso del lenguaje dodecafónico, de los ritmos hindúes, así como de los ritmos irracionales, del canto de los pájaros y de la superposición de las duraciones de los tiempos sonoros. Los episodios desde el segundo al sexto, se refieren al tiempo litúrgico indicado, mientras el primero y el último son meramente abstractos».

Si el día anterior se ofrecían los cuatro primeros, este sábado casi familiar en «la Pulchra Leonina» llegaban los tres últimos presentados antes del concierto por el director artístico antes de pasar a escuchar la vigorosa interpretación del organista «castellano-italiano», nuevamente generoso en el trabajo técnico que no todos sus compañeros se atreverían, pero especialmente en la búsqueda de registros que «el bicho» guarda, ideales no ya para el propio Messiaen sino aplicables en un repertorio amplísimo que enriquecen lo escrito, arduo trabajo de todo organista y tan importante como la propia ejecución.

La magia del número tres, trío como forma compositiva y simbología de la Santísima Trinidad plasmada en la V. Pièce en trio (pour le dimanche de la Sainte Trinité). Ni Messiaen ni Di Rossa olvidan la numerología para buscar ese uno y trino, unidad expositiva jugando con tres teclados donde el pedalero completa una «divinidad sonora» a partir de la inmovilidad, la contemplación de un glaciar alpino por parte del compositor en un ejercicio de meditación desde un lenguaje que transcurridos más de 60 años sigue resultando rompedor, y los tubos consiguieron generar un clima gélido de tensa calma, más allá del tiempo litúrgico para el que se empleó trascendiendo a lo etéreo desde las notas del órgano.

Nuevamente la inspiración en la liturgia y la Biblia, algo inherente a Messiaen, esta vez a partir de «El carro de fuego» del profeta Elías, un relato musical en lenguaje original del francés, las lenguas de Pentecostés casi como las del anterior glaciar, VI. Les Yeux dans les roues (pour le dimanche de la Pentecôte), la forma tocata grandiosa a lo largo de la historia del órgano y probablemente una de las partituras más complicadas de Messiaen que el organista italiano desarrolló en todo su esplendor. La anécdota de su interpretación en Finlandia para solamente nueve personas que resultaron ser compositores puede ilustrarnos la grandeza de esta obra para nuestro tiempo como fuente de estudio en la búsqueda de sonoridades y ritmos, algo en lo que Di Rosa sigue demostrándonos ser un mago investigando en el KLAIS, infinitas combinaciones para encontrar la adecuada en cada pasaje y cada fragmento. Fuego purificador, destructor y santificador, rara limpieza tras la quema cual castigo del que renace vida; transportado a los sonidos Messiaen consigue desde una meditada irracionalidad entretejer vibraciones en todo el espectro tímbrico y sensaciones este sábado ubicándome en el coro, sintiendo todavía más cercano el empuje del aire en los tubos, el viaje en un arrebato al primer cielo, el atmosférico, las cuatro fachadas soplando aire mágico entre vidrieras y muros catedralicios leoneses.
Faltaba el último número del Libro de órgano, verdadero manual del intérprete, la meditación profana ante una naturaleza veraniega, unos campos que se pierden en el horizonte y la sensación de bochorno en pleno estío, calor y color hechos música en VII. Soixante-quatre durées, una paleta de registros extremos de flautados y fagotes, sesenta y cuatro cromatismos en otro juego númerico junto a pastorales en el idioma dodecafónico más allá de la obsesión siempre presente de traducir el ininteligible canto de los pájaros de Messiaen. En esta página Giampaolo logró sonidos cautivadores desde las disonancias y la inmaterialidad de la contemplación más el juego de expresiones, plasmar lo ingrávido e inalcanzable de un horizonte sin un momento de respiro para el oído, exigente para público e intérprete porque la música de órgano de Messiaen es tan inabarcable como lo que pretendidamente quiere plasmar, más con el empleo de medios tonos que provocan la incomodidad contrapuesta.

Y para finalizar siempre la esperada Improvisación, esta vez sobre el canto popular leonés del Himno a la Virgen del Camino. Giampaolo Di Rosa, manteniendo aún el espíritu de Messiaen comenzó a navegar por los registros más insospechados del KLAIS y casi pudimos escuchar campanas, bandas de música, voces sin letra, el asombro de seguir descubriendo sonidos y ambientes, viajes de ida y vuelta en cascadas que el organista explorador y virtuoso emprendía desde la melodía popular recreando diálogos en los extremos, silencios evocadores y explosiones en lleno haciendo vibrar todo el cuerpo de un público fiel que está asistiendo cual apóstoles del evangelio de Messiaen en su totalidad.

«Y aún más que los acentos del órgano y la música
sagrada, conmovióme aquel silencio místico
que llenaba el espacio de indefinidas notas
tan solo perceptibles al conturbado espíritu»
(Rosalía de Castro)

La Ascensión y Pentecostés volverán en junio a la Catedral de León con Di Rosa cual predicador bíblico de Messiaen.

El color leonés de Messiaen

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Sábado 22 de abril, 21:00 horas: «Catedral de León 2017: El Misterio de la Redención«: Integral para órgano de Olivier Messiaen (1908-1992): Obras individuales II. Giampaolo Di Rosa (órgano). Organiza: Cabildo S. I. Catedral de León; dirección artística: Samuel Rubio.

Monumental proyecto hasta diciembre de este año en «el bicho de KLAIS«, una verdadera «maratón Messiaen» para conmemorar el XXV aniversario de su fallecimiento, con el organista Giampaolo Di Rosa que este sábado abordaba el segundo de los conciertos. Tras una palabras del Presidente y Deán del Cabildo D. Antonio Trobajo Díaz y del director artístico, el organista italiano casi «adoptado» en León nos dejaría boquiabiertos con la segunda jornada dedicada a las obras individuales del auténtico genio del órgano del pasado siglo, de difícil asimilación para una parte del público que iba abandonando poco a poco la catedral incapaces de realizar un mínimo esfuerzo de comprensión e interiorización que esta música supone, tal vez reflejo de una sociedad habituada al consumo cómodo y rápido.
Como decía Samuel Rubio, si Bach es el padre del «órgano protestante», Messiaen lo es del «órgano católico», por lo que el marco de la Pulchra Leonina reúne todos los ingredientes: ideal por el propio espacio, el autor y su obras, un instrumento único casi diseñado para ello, más el intérprete adecuado para afrontar, puede que por primera vez en España, esta integral que en palabras del propio director artístico, recogidas en el programa del ciclo, «no somos nosotros los que le homenajeamos, sino que es él quien nos da la oportunidad de recordarlo para valorar en su justa medida su gran legado cultural».

La obra de Messiaen no es lo suficientemente «conocida» ni muy interpretada por varias razones, primera su profunda religiosidad (que apreciaremos en los siguientes conciertos) reflejada no ya en los títulos sino en ese poso de «teología de la alegría y nunca del pecado» (en palabras de Samuel Rubio), siempre subjetivo y totalmente meditativo. Segunda por la búsqueda del color que para el organista supone la búsqueda de registros apropiados a cada partitura, pues vuelvo a citar a Rubio, «cada frase musical, cada concepto, cada anota tenía para él un determinado color -planteó que el color podrías ser elemento fundamental, estructural de la propia música- transformando así su música en una imagen sonora de tal manera que la combinación entre su uso innovador del color, su concepción personal de la relación entre tiempo y música, o su intento por expresar sus ideas religiosas, nos facilita distinguir una composición de O. Messiaen de una obra de otro compositor contemporáneo occidental». Tercero y unido a ello, la enorme dificultad en la interpretación de su música desde la libertad y exigencia técnica que emana cada una de sus obras. El trabajo de Giampaolo Di Rosa en estos tres aspectos es encomiable, digno de admiración y un verdadero placer auditivo posible desde el KLAIS que sigue asombrando por el colorido que esconde, el «bicho alemán» que se debe domar en cada concierto y para el que el francés Messiaen parece perfecto en las manos y pies del italiano ya con acento castellano.
Comenzaba el concierto con el Verset pour la fête de la Dédicace, que como indican las notas al programa, fue escrita en 1960 para los exámenes de fin de curso en el Conservatorio de París, basada en el Alleluia Adorabo para la dedicación de la Iglesia y sobre un conjunto de elementos expresivos de alabanza, meditación, consuelo, alegría, súplica y paz. Tratándose de una forma de dimensiones reducidas, se destacan algunos pasajes propios de los últimos grandes ciclos. Delicados registros diferenciados en los teclados, ataques buscando el color sonoro mezclándose con el proyectado por las vidrieras en el crepúsculo abrileño, sonidos hechos luz desde esta «fiesta de la dedicación», limpiezas disonantes, pinceladas y expresión condensadas en esta obra de madurez compositiva e interpretativa.

Proseguiría con Monodie (1963), cómo desde una «simple» linea melódica flautada puede armarse un cuerpo sonoro etéreo que discurre entre las tuberías de los dos coros cual susurro vital, notas largas y cortas perfectamente combinadas buscando la resonancia de la piedra y el vidrio, algo donde el KLAIS es único gracias a un Jean Guillou que entendió y tradujo al diseño de los alemanes, mientras Di Rosa lo transmite como pocos, fruto de su trabajo con la joya musical fabricada en Bonn.

La tercera obra Offrande au Saint Sacrement, publicación póstuma de 2001, es una obra de juventud, cuyo origen probablemente reside en una improvisación pero que mantiene el lenguaje del compositor francés en cuanto a esa búsqueda espiritual desde el sonido, cromatismos ascendentes y descendentes cual brumas sobre las que planean acordes en tesituras medias con registros casi celestiales, el color de los tubos, las combinaciones de registros de lengüeta con el trémolo justo para mantener esa ingravidez característica de Messiaen bien localizada por el organista italiano entre las infinitas posibilidades combinatorias.

Podríamos decir que asistimos al estreno en España del Prélude para órgano encontrado por Ivonne Loriod, la segunda esposa y musa de Messiaen allá por 1997. Supuestamente escrito por un joven compositor estudiante en París, que podría ser del mismo periodo del Diptyque, donde Messiaen utiliza una escritura muy influenciada por su maestro Marcel Dupré. Lo cierto es que conserva el gusto por las dinámicas «in crescendo» desde un inicio diríamos que meditativo, preparatorio de la liturgia que va ganando en volúmenes «macizos», rotundos, diría que «bachianos» en concepto pero reinterpretados por un conocedor del instrumento como pocos en su tiempo, jugando con los plenos y tutti en búsqueda del mayor impacto sonoro. Preludio para el último tramo del concierto en otra ceremonia organística que nos llegaría con la noche.

Porque tras las «obras sueltas» vendría el género ideal de todo buen músico, más en los pianistas y organistas, la Improvisación, esta vez sobre la antífona Regina Coeli, expuesta y variada «al estilo Messiaen» como no podía ser menos tras lo anteriormente escuchado. Como en una exploración detallada de los registros utilizados y descubriendo los próximos, Giampaolo Di Rosa tras presentar la melodía fue variando y reconstruyendo esta conocida e inspirada antífona mariana recubriéndola de un arco iris sonoro donde no faltó la parte percusiva o rítmica en vestido francés rico en bordados tímbricos y trenzado artesanal desde el dominio técnico que permite semejante confección musical. Un torrente de luz, explosiones sonoras contrapuestas con momentos íntimos sin perder una globalidad que marcó el segundo concierto de esta integral que vuelve a poner el foco en León y su catedral con el órgano merecido más el regalo de Olivier Messiaen en la ejecución impagable de Giampaolo Di Rosa.

 

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