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Flores de papel para Prokofiev

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Miércoles 20 de abril, 20:00 horas. Conciertos del Auditorio, Oviedo: Egils Silins (bajo-barítono), Olesya Petrova (mezzo), Andrejs Žagars (narrador), Coro de la FPA (director: José Esteban García Miranda), Oviedo Filarmonía, Marzio Conti (director). S. Prokofiev: Iván El terrible, op. 116 (Cantata para narrador, mezzosoprano y bajo barítono sollistas, gran coro de voces mixtas y orquesta sinfónica, adaptación como cantata de A. Stasevich.

Importante reseñar que la versión escuchada de este Iván «El terrible» es la que suele representarse con 25 números (no nos faltaron cinco sino que algunos llevan A y B en la numeración) pero que es la adaptación como oratorio o cantata de la música para la película del mismo título de Sergei Eisenstein para la que el otro Sergei, Prokofiev compone una partitura que dista bastante de la que se ofrece en los escenarios. La historia de esta adaptación hay que achacársela al régimen ruso, pues las tres partes con las que tenía que contar la película nunca llegaron a completarse al no estar de acuerdo  Pepe Stalin con la visión que el Sergei cineasta ofrecía del Zar Iván IV Vasilievich, debiendo esperar la muerte del Sergei compositor acaecida en Moscú, 5 de marzo de 1953, el mismo día en que se dio a conocer la muerte de Stalin, para quien confiscaron todas las flores naturales y fueron de papel las destinadas a Prokofiev) para completar esta adaptación que no se estrenaría hasta 1958.
Y así también me parece triste traer a un cantante como Silins para cantar apenas dos minutos el papel de Fiódor (nº 18) con el coro, imponente por supuesto, pero dejando el Iván para Žagars que además de narrador, naturalmente en ruso a pesar de que Michael Lankester la tradujo al inglés y fue quien le dio el gran protagonismo al narrador (pero hoy no era plan de poner los textos en cirílico y contamos con todas las traducciones al español de los textos de Vladimir Lugovskoy en el programa de mano) que también recitó el papel del verdadero protagonista.
Del original «fílmico» se han quitado números con lo que debería figurar en letras grandes el adaptador para evitar malentendidos y no tener que leerse las notas de Guillermo Martínez para enterarnos de la «versión». Es como el infausto «Mesías de Goossens» o las orquestaciones de Stokovski, cuyo nombre figura al lado del compositor. Tampoco escuchamos el previsto estreno del periodista y compositor luarqués Guillermo García Alcalde, que por otra parte y tras lo visto, no debía encajar con esta cantata de Prokofiev-Stasevich.

De la hora y cuarto el verdadero protagonista de esta inmensa cantata rusa fue el Coro de la Fundación que dirige mi admirado José Esteban García Miranda, en número adecuado para tan magna obra, con cuerdas muy compensadas y donde los bajos sin ser rusos cumplieron con solvencia. Ideales las intervenciones a capella tanto de las voces blancas como las graves, sobre todo en el número 13A La estepa Tártara, difícil a boca cerrada pero presente, lleno de matices, seguro, por momentos pletórico y bien concertado por un Conti muy atento a todas las dinámicas. Convincentes en ¡Larga vida al zar! (nº 6B), uniendo lirismo y expresión en El cisne y la Celebración (nº 8, 8B y 8A), y así en cada todas y cada una de las intervenciones hasta el impactante coro final. Esta temporada han tenido verdaderos retos sinfónicos manteniendo siempre el tipo para concluir con esta magna obra sin importarles la dificultad del ruso para volver a convencer de su excelente momento y el esfuerzo de una formación amateur pero de nivel profesional en la línea de nuestros vecinos donostiarras.

La Oviedo Filarmonía sigue dándonos alegrías fuera del foso, y aunque la plantilla exigida por Prokofiev pediría más cuerda, lo cierto es que el esfuerzo de la misma por compensar volúmenes con el resto unido al magnífico trabajo desde el podio del director titular por mantener el balance idóneo, permitió disfrutar tanto de las partes instrumentales como de las solistas y corales.

La mezzo moscovita Olesya Petrova me dejó gratamente impresionado con su calidad y graves poderosos sin perder color, con una emisión presente incluso con el coro en Mar océano (nº 3) merced a su perfecta proyección, y en la hermosa Canción de cuna de Efrosinia (nº 15). Del bajo barítono Egils Silins lo apuntado, lástima el esfuerzo económico que debe suponer traer una figura como él para tan poco papel. Y del narrador supongo que como protagonista debería ser el triunfador, leyendo la traducción de lo que contaba si resultaba creíble pero mi ruso es más bien de filete. Pasar de narrador a Iván sólo el texto nos lo aclaraba y no había cambios de color ni inflexiones de voz para percatarse el «doble papel». Me consta que ha habido representaciones con narrador y texto en español que pese a perder «originalidad» hubieran servido para acercar más esta obra donde la ausencia de la película nunca puede suplirse con la narración, y eso que los músicos dieron todo lo mejor para olvidarnos del blanco y negro en pantalla, con Conti dirigiendo una multicolor recreación sonora de este terrible Iván IV Vasilievich, zar de zares.
Sirvan estas letras sin papel como las flores, para recordar a Sergei Prokofiev que nacía un 23 de abril de 1891, ya que su muerte quedó eclipsada por la del dictador, pero su música sigue ofreciéndonos lo mejor de la tradición del pueblo ruso, con Tchaikovski o Rimski-Korshakov entre los precedentes y en cierto modo «homenajeados» en este Iván terriblemente musical.

Poker de eMes: Milán, Mozart, Mahler… ¡y Myung!

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Sábado 16 de abril, 20:00 horas. Conciertos del Auditorio, Oviedo: Filarmónica della Scala de Milán, Myung-whun Chung (director). Obras de Mozart y Mahler.

La orquesta fundada por Abbado en 1982 volvía al auditorio ovetense este sábado de abril lluvioso tras los anteriores conciertos del 31 de mayo de 2011 con Semyon Bychkov (apuntando ya como mahleriana con una sexta en el recuerdo) y del 31 de mayo de 2015 con Daniel Harding (en programa más «italiano»). El maestro Myung-whun Chung ya nos visitó con la Orquesta Philharmonique de Radio France, el 19 de marzo de 2012, pero este 16 de abril de 2016 que quiero remarcar, confluían la formación milanesa -en una larga tournée europea con Oviedo como única parada española- y el director de Seúl con un programa que tendría muchas «M» como protagonista, uniendo localidad, nombre y compositores con «Maravillosa», un concierto para recordar a partir de una orquesta perfecta en todas las secciones, de sonido preciosista y claro en todas las dinámicas, pero sobre todo con la Maestría de un Myung-whun Chung que domina todos los detalles de las partituras y sabe sacar a flote lo que considera realzable sin olvidar que todo es importante, con un estilo tal vez austero a la vista pero efectivo en todo momento, aumentando el gesto lo preciso y como los grandes, siempre adelantándose lo justo (como debe ser siempre) para que la orquesta responda sin titubear. Como su maestro Giulini, Chung conoce la necesidad de cada músico de sentirse el protagonista y a ellos cedió los innumerables aplausos, incluso sentándose en las rodillas del concertino cuando la orquesta quedó rendida a su magisterio, convenciéndoles para levantarse y ocupar la silla de Francesco De Angelis. Grandeza de director genial, sencillo, nada divo, cercano y amable (tuve el honor de estrechar su mano cuando se dirigía al coche que le llevaría al hotel nada más finalizar el concierto) que seguirá dando muchas alegrías a la interpretación musical.

La Sinfonía nº 40 en sol menor, K. 550 (Mozart) sonó impecable, perfecta, milimétrica en todo, sin necesidad de criterios históricos porque cuando hay calidad degustamos la globalidad sin más. Hay referencias grabadas para todos los gustos y tengo muchas en diferentes soportes, pero la escuchada por la orquesta milanesa con el surcoreano al frente no tiene nada que envidiarles. El Molto allegro sin complejos por el tempo, virtuoso para poder escucharse todo lo escrito por el genio de Salzburgo, degustar la forma sonata bitemática con claridad de ideas y planos sonoros perfectos. El Andante como debe ser, tranquilo, cuerda sedosa de graves poderosos y presentes, viento orgánico tanto en la el metal -versión primigenia sin trompetas ni timbales- como la madera, planos protagonistas de una sutileza encominable para escuchar cada contestación elevando la cuerda desde la madera con una gama dinámica y una pulsación mantenida sin apenas rubato y así alcanzar el equilibrio clásico en su estado puro. El Menuetto: Trío atacado con brío, los pocos momentos donde el Maestro Chung parece salir de su estado natural, la cuerda sonando por cada familia manteniendo unidad: violas a la derecha permutadas con los chelos, madera impecable, nueva gama de matices para unos colores cual galería de pinacoteca musical, todas las notas precisas y claras, trompas en empaste bucólico por lo pastoriles, manteniéndose la pulsión exacta sin manierismos pese a las hemiolias que resultan naturales a más no poder. Y aún quedaba el Allegro assai para corroborar una interpretación mozartiana de excelencia. nueva apuesta por arriesgar con la velocidad sabedores del resultado deseado, sin perderse ni una nota, el balance ideal y pequeños momentos de recreo casi marcados por las intervenciones solistas con la libertad necesaria para moldear las melodías manteniendo una personalidad global. Los acentos y amplia gama dinámica eran un placer observarlos mirando directamente al podio: batuta implacable, mano izquierda impecable, verticalidad apenas perdida en los cambios de tema o preparando cada matiz, para redondear una «cuarenta de Mozart» de manual, inmejorable en la actualidad.

Mis amigos y seguidores conocen mi debilidad por Mahler, y tras el altísimo nivel de Mozart era previsible que la «Quinta» (y no hay ninguna mala) iba a ser para recordar mucho tiempo.
La Sinfonía nº 5 en do sostenido menor (veranos de 1901 y 1902, estrenada en Colonia el 18 de octubre de 1904) sirvió para sacar todo el arsenal de los milaneses y afrontar con rigor además de sentimiento una obra de la que el propio compositor dijo: “¡Ojalá mi sinfonía hubiera de estrenarse cincuenta años
después de mi muerte!”
como recoge mi admirado Ramón Sobrino en las notas al programa. Esta quinta sufrió revisiones posteriores y mantuvo su éxito en cada interpretación. La de Myung-whun Chung con la Filarmónica de la Scala de Milán en Oviedo resultó apoteósica y el tiempo de Mahler ha llegado antes de lo que él se imaginó, merced al coreano-americano que la lleva en su ADN. Nueve contrabajos para que hagan los cálculos de la enorme cuerda utilizada (completada con arpa más 4 flautas y
piccolos, 3 oboes, 3 clarinetes, 2 fagotes, contrafagot, 6 trompas, 4 trompetas, 3
trombones, tuba, timbales más cuatro percusionistas), y todas las virtudes disfrutadas en la primera parte.

La trompeta arrancó la Trauermarsch. In gemessenem Schritt. Streng. Wie ein Kondukt, marcha fúnebre continuada por una cuerda de terciopelo, sentimientos musicales llenos de belleza, paso lento roto por referencias a los lieder que el propio Gustav utilizará tantas veces, el torbellino de luz y sonido de cada sección orquestal, agitación y coral universal en un primer bloque de dos movimientos con protagonismo compartido por todos desde la excelencia de los primeros atriles y hasta de una tuba clara en fraseo además de emisión y afinación virtuosística, con Chung atento preparando cada giro de la partitura. Imposible desgranar tantos momentos delicados e intervenciones porque el conjunto lo hacía aún mejor que los detalles aislados pese a ser muchos pero el Stürmisch bewegt. Mit größter Vehemenz («Turbulento (con gran violencia») puso en lo alto la capacidad sonora completada con el lirismo de una cuerda en estado de gracia y una madera diría que estratosférica para cerrar este primer bloque de dos movimientos cual ideal vital de un Mahler pletórico en ese momento, lo que se transmite con la escucha de este segundo movimiento.
Una «pausa» bien marcada desde el podio dio paso al Scherzo. Kräftig, nicht zu schnell central, segundo bloque de la obra, donde pudimos disfrutar los solos del ovetense Jorge Monte De Fez, un placer de sonido redondo, rico en matices y armónicos desde una afinación perfecta. Este movimiento une ländler y vals vienés que pocos directores son capaces de transmitir pero que el tándem «M» llevó con solvencia y lleno de evocaciones alpinas, campesinas
y urbanas de la Viena todopoderosa. Toda la inquietud que refleja queda perfectamente subrayada por una instrumentación única donde trompetas con sordina y clarinetes se ensamblan en sonoridades propias desde una emisión muy trabajada, así como las otras cinco trompas, los detalles de la percusión, la cuerda siempre presente apoyando cuando no tomando la melodía, con unos pizzicatti casi de gigantesca mandolina remarcando las maderas y contestadas por las trompas, todo con una estructura polifónica para seguir disfrutando de la orquesta como ente propio y un Chung todopoderoso sin necesidad de ampulosidades.
La tercera parte no solo mantuvo toda la emoción sino que continuó creciendo, primero en el maravilloso cuarto movimiento del Adagietto. Sehr langsam que nos puso un nudo en la garganta disfrutando del arpa y la sección de cuerda como nunca, pulsación lenta para recrearse en la corporeidad tímbrica del agudo al grave, delicadeza del primero al último compás que parece no llegar y ha hecho de este «Adagietto» la banda sonora de muchos momentos propios, belleza del dolor hecho música por alguien con una vida azarosa donde la felicidad duró poco pero cuya declaración de amor hacia Alma resultó desde entonces eterna. Hacía tiempo que el silencio en la sala no era tan unánime y hasta se podía cortar con los arcos de una orquesta plegada a un director como ninguna.
El Rondo-Finale. Allegro consiguió alcanzar el cenit interpretativo tras un ascenso sin tregua en la gama emotiva, a través de un fugado trufado de sobresaltos donde el «sherpa» Chung hizo de las dificultades fortaleza sin caer en trampas y escuchando fácilmente todo el camino diseñado por Mahler. No tengo palabras suficientes para transmitir lo sentido en esta hora larga de música, si un movimiento parecía bueno, el siguiente todavía mejor. Tras la hondura del lento, la alegría final presentada primero por las trompas y después la madera siguió engordando con la cuerda, el empuje que hacía sencillo superar lo que quedaba, calidades en sana disputa y la complicidad desde la batuta aupada en el podio de terciopelo granate, como los colores milaneses, cantando los lieder tan inspiradores de Mahler en una sinfonía sin voz pero con todo el lirismo de la música absoluta despojada de lo humano para elevarlo a universal.

La Filarmonica della Scala resultó la orquesta ideal para Mahler y esta «Quinta» por calidad en todos sus efectivos, ductilidad y sobre todo por el toque diferenciador que puso el maestro Myung-whun Chung que se siente cómodo con los dos «vieneses de adopción», el de Salzburgo y el bohemio director de la ópera al que la vida no se lo puso fácil. Me faltó la tertulia tras el concierto, pero estoy convencido que para muchos de los presentes venidos incluso de fuera y llenando el auditorio, este concierto lo recordarán mucho tiempo. El director nacido el 22 de enero de 1952 está en plenitud de forma para afrontar la integral de cualquiera de los grandes compositores de la historia, y no me importaría que Mahler fuera uno de ellos, pues donde lo interpreta hace crecer aún más esa orquesta, y la milanesa lo corroboró este sábado donde la climatología ayudó a revolver sentimientos íntimos con la música escuchada.

Luminosa oscuridad

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Viernes 15 de abril, 20:00 horas. Auditorio de Oviedo: Abono 11 OSPA, María Moros (viola), Lorenzo Viotti (director). Obras de Adès, Britten y Beethoven.
Continuamos celebrando las Bodas de Plata de nuestra OSPA con un programa muy interesante por obras, solista y director, transitando de la penumbra a la luz casi cegadora entre toses, móviles y cierta desbandada entre un público que parece estar perdiéndose. No me corresponde buscar las causas y una verdadera lástima porque este undécimo apostó por conjugar repertorios que hacen crecer a melómanos e intérpretes.

Thomas Adès (1971) me trae buenos recuerdos con nuestra formación, desde el estreno español el 11 de mayo de 2012 de las danzas de su ópera Powder Her Face con un magistral Kynan Johns en el podio, y la obertura de La tempestad con Milanov el 27 de febrero del año pasado. No hay dos sin tres y esta vez con Tres estudios sobre Couperin (2006) una obra tendente a la miniatura como apunta Carlos García de la Vega en las notas al programa (con algunos fragmentos enlazados al inicio y sacados del Facebook© de la propia OSPA así como la foto de la solista) con la vista puesta en las piezas para clave del francés pasadas por un juego tímbrico y de texturas curioso desde la propia disposición de dos orquestas casi camerísticas, incluyendo la familia de flautas graves nada habituales, enfrentadas con timbales y percusión (marimba más roto-toms en el estudio central), evocadoras desde los propios títulos (Las diversiones, Los juegos de manos, El alma en pena) y proyectando unos efectos diríamos que en estéreo destruyendo o desmenuzando para crear un ambiente lúgubre con destellos luminosos buscando una instrumentación realmente jugosa en las texturas. Me impresionó contemplar la labor del joven director francosuizo minucioso como la propia partitura para tejer y sacar a la luz una trama compleja que las cuerdas trenzaron con un trabajo meticuloso en la búsqueda de una sonoridad increíble que parecía dar forma a cada estudio: Les Amusements realmente diversas más que divertidas, Les Tours de Passe-passe cual ingeniero de sonido pasando de un canal a otro deslizando los «faders» en la mesa de mezclas, y L’Ame-en-Peine realmente dolorosa, gimiente más que hiriente como si de un fundido a negro se tratase. Partitura que provocó más ruido del deseado a pesar de ser menos sus productores, por otra parte tristemente habitual ante obras actuales que exigen esfuerzo en su escucha (además de un entrenamiento auditivo).

En ese ambiente lúgubre y triste se mueve Lachrymae, op. 48a (1976) de Benjamin Britten (1913-1976), tema y diez variaciones para viola y piano originalmente y el mismo año de su muerte arregladas para viola y orquesta de cuerda que nos permitió disfrutar de María Moros, nuestra joven solista maña dando el paso al frente y arropada por sus compañeros además de una labor concertadora por parte de Viotti inconmensurable. Britten sigue siendo un compositor para disfrutar la belleza del dolor, el horror y la penumbra, de lenguaje propio en cualquier forma que afronte, y esta obra además de crear un ambiente que me recordaba en cierto modo los Interludios Marinos de «Peter Grimes», también se nutre de la música melancólica renacentista de su compatriota John Dowland (1563-1626) para convertir la viola en voz sin texto y la orquesta de cuerda en un «ensemble» de laúdes ricos en expresividad, igualmente desmenuzando más que variando su hermoso y triste tema If my complaints could passions move, fluyen mis lágrimas, pavana «Lachrimae» desprovista de dulzura pero recreándose sentimentalmente, jugando con la técnica al servicio de la variación como una tormenta interior, algo que María Moros llevó con esmero por abarcar desde una viola preciosista y cantabile en sonido todo ese amplio espectro. La propia instrumentación solo con cuerda frotada es otro acierto del compositor, jugando con el mismo número, cuatro de cada, exceptuando las seis violas, un homenaje a la solista, a los laúdes primigenios elevándolos de la cuerda pulsada (que aparece en los pizzicati) a la frotada que consigue alargar ánimos y sonidos, la inmensidad y madurez de la viola hermana del laúd a la que pocas veces le dieron el protagonismo merecido, y sólo la sensibilidad de un violista como Britten alcanza en esta obra donde cada variación es un requiebro al claroscuro, sutiles juegos de transparencias como telas musicales, calidades sonoras de ricas dinámicas y tempi para alcanzar el deseado y casi inalcanzable remanso final del tema original If my tears flow, fluyen mis lágrimas, tras tanta tensión acumulada. Sentida y espléndida versión de María Moros plagada de detalles y matices con la inigualable cuerda de la OSPA y el maestro Viotti atento, preciso y entregado desde un calor que se transmitió desde el Tema al L’istesso tempo.

Y qué mejor regalo que el original Dowland (al que el exPolice Sting también volvió) con la solista íntima acompañada por dos violas y dos cellos transportándonos a la corte británica con sencillez y hondura. Satisfacción de corroborar la calidad de nuestros atriles y la confianza en darles conciertos como solistas.

El repertorio de siempre, necesario y contrapeso a las novedades devolvió la luz con Beethoven y su Sinfonía nº 8 en fa mayor, op. 93 (1812), la siempre enigmática Octava, donde el empuje e ímpetu de Viotti encontró respuesta instantanea desde el Allegro vivace e con brio, la orquesta sonando con esa redondez característica, poderosa en todas las secciones, arriesgando con el aire exigente, los volúmenes casi al límite pero sin perder los planos precisos, los pares de trompas y trompetas (de llaves) en un momento ideal de compenetración y entendimiento, la madera en su línea de excelencia asegurada y los timbales mandando, más una cuerda clásica en colocación compensando frecuencias y presencias. Milimétrico y cuadrado Allegretto scherzando en homenaje metronómico de humor fino por parte del genio de Bonn, de nuevo apostando por un tiempo vivo sin perder pulsación. El Tempo di Menuetto burlón, jugando con los acentos y los planos de los registros graves, contrastes dinámicos en continuo avance, los ataques como brochazos sueltos, el tándem metal-timbales como nunca, el clarinete sobrevolando siempre arrullado por la cuerda, el aire vienés respetuoso como la partitura de quien ya había roto moldes pero no reniega de la herencia recibida. Y sobre todo el Allegro vivace que abre de par en par los ventanales orquestales, el riesgo de dinámicas extremas desde el vértigo que pareció tambalearse pero resultó impulso celestial, la adrenalina que devuelve alegría, fuertes convincentes, pianos cortantes, silencios realzando, crescendi casi ilimitados, la apuesta de un joven Viotti que está llamado a consolidarse pronto como una realidad en los podios de las llamadas grandes formaciones y que ha hecho grande de nuevo a la OSPA, siempre resuelta y segura en el repertorio sinfónico. Tomen nota: Lorenzo Viotti, seriedad desde la juventud con trabajo concienzudo, muchas ganas e ideas claras que transmite y convenció a todos, y el público lo agradeció con aplausos más que merecidos y hasta tres salidas una vez finalizado el concierto.

Muy honorables

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IN MEMORIAM

Viernes 8 de abril, 20:00 horas. Auditorio de Oviedo, Abono 10 «Concierto con variaciones» OSPA, Adolfo Gutiérrez Arenas (violonchelo), David Lockington (director). Obras de Avner Dorman, Samuel Barber y Sir Edward Elgar.

En este concierto dedicado a la memoria de Eloy Palacio Alonso, el bombero fallecido en acto de servicio el pasado jueves en el incendio de la calle Uría de Oviedo, las emociones comenzaron una hora antes con la conferencia de Gloria Araceli Rodríguez Lorenzo, autora de las notas al programa que dejo enlazadas en los autores, un descubrimiento por su buen saber y estar unido a una pasión juvenil contagiosa, que nos preparó para lo que vendría después con una maravillosa exposición titulada «Del tema con variaciones a las variaciones sin tema, o cómo aunar tradición y modernidad en la creación musical» donde los apuntes biográficos además de los musicales y expuestos en orden cronológico, inverso al del concierto, sirvieron para comprender mucho mejor esa unidad entre autor y obra que después con la interpretación que nos traía de nuevo al principal director invitado, redondearían una velada única.
Y si quien cerraría programa tuvo pronto el muy honorable título de Sir, de Caballero, esta vez todos los protagonistas, incluido el heróico bombero, deberían tener ese rango porque además de memorable y emotivo, supuso el reencuentro con el buen hacer desde la elección de las propias obras, poco programadas manteniendo la apuesta por aunar tradición y modernidad desde la variación, en el amplio sentido de la palabra y más allá de la forma musical.

No creo que las Variaciones sin tema (2003) de Avner Dorman (1975), encargo y estreno de Zubin Mehta con la Orquesta Filarmónica de Israel se puedan escuchar en vivo en las salas españolas, y menos dentro de un programa homogéneo y a la vez actual, incluso en la angustia y emoción que supone la 9ª variación inspirada en la Segunda Intifada en Israel y los sucesos del 11S, donde también murieron muchos bomberos, como si se trajese directamente esta obra para recordar a Eloy Palacio. El israelí Dorman plasma en once momentos casi enlazados esas impresiones con un lenguaje universal de múltiples referencias, capaz de sacar de la orquesta toda una gama de expresividad, la que el maestro británico afincado en los EE.UU. ya dirigiese recientemente a la Grand Rapids Symphonic sabe cómo lograrlo de la formación asturiana, recuperando la colocación tradicional (me consta que la semana anterior con Pablo González también) y con un excelente trabajo tímbrico, dinámico, expresivo donde la sección rítmica sumándole piano / celesta tuvieron un papel casi protagonista. Aún quedaban frescas y cercanas las palabras de Gloria Araceli para poder disfrutar aún más de esta partitura.

El violonchelista Adolfo Gutiérrez Arenas lleva música en los genes pero también ambiental, por parte de padre la pasión bachiana (demostrada en la propina de la Sarabanda perteneciente a la quinta Suite, también dedicada a Eloy Palacio), la lírica materna que hace cantar a su Francesco Ruggeri cremonense de 1673 en cada frase, y el duro trabajo casi germano con total fidelidad a cada obra, todo desde una técnica que sigue mejorando día a día sin olvidar el sentimiento necesario para como intérprete ser el puente entre la partitura y el oyente. El Concierto para violonchelo en la menor, op. 22 (1945) de Samuel Barber (1910-1981) tiene todos los ingredientes para alcanzar la perfecta comunicación y todas las dificultades técnicas que le hacen evitarlo a muchos solistas y orquestas, pero Gutiérrez Arenasque en la entrevista concedida a Javier Neira para La Nueva España (que dejo aquí a la izquierda) califica de «salvaje y bárbaro», no rehuye el peligro ni los retos, añadiendo esta joya a su ya amplio repertorio. Le llevo escuchando hace tiempo y puedo asegurar que la interpretación del concierto de Barber es digna de guardarse en cuanto Radio Clásica la emita (pues Radio Nacional de España en Asturias graba los de la OSPA en el Auditorio aunque no salgan todos por las ondas). Si el compositor fuese británico también sería Sir Samuel, Lockington es lo primero y, también para mí desde hoy, lo segundo, muy honorable Sir David, quien «armó» desde el respeto y conocimiento, así como la humildad de todos los grandes, una interpretación que refleja el espíritu y estilo de una partitura donde cada sección encuentra el balance ideal porque no existe el lenguaje de alternancia entre solista y orquesta, hay una línea tímbrica única casi imperceptible que convierte al cello en un instrumento más, presente siempre y a la vez unido indisolublemente a una masa orquestal liviana, clara, donde todo está en su sitio y donde la técnica que la virtuosa rusa Raya Garbousova (1909-1997), destinataria de la obra, aconseja a Barber, se une al lirismo único del considerado mejor compositor estadounidense (junto con Copland) de la historia, y es que Adolfo G. Arenas usó la genética para volcarse con este concierto, duro donde los haya a pesar de la equívoca sencillez. Tres movimientos aparentemente clásicos, Allegro moderato donde el cello siempre canta, arco y pizzicati, agudos casi violionísticos y ese grave humano, pero además con la orquesta disfrutando y compartiendo ese lirismo en cada sección, intervenciones solistas no ya seguras sino entregadas y contagiadas, sacadas a flote sin esfuerzo con la elegancia habitual de «Sir David», con la cuerda hiriente y redonda; el Andante sostenuto de una belleza casi dañina, presente y doliente, bien «mecido» por unas pinceladas de madera aterciopelada, el colchón casi etéreo de los metales y una cuerda sedosa, equilibrio dinámico fluctuante con precisión de todos hacia el solista bidireccionalmente, y sobre todo el Molto allegro e appassionato que hizo subir las intensidades emocionales a su cotas más altas, mando compartido de tarimas, rítmico para contagiar, melódico para enamorar, dinámico para contrastar sin dejar nada secundario. Un verdadero placer al que se sumó la citada Sarabanda, sentida, interiorizada, doliente, para un honorable solista como Adolfo Gutiérrez Arenas.

Las Variaciones Enigma, op. 36 (1899) de Sir Edward Elgar (1857-1934) son una verdadera delicia para el «escuchante» y un dulce para toda orquesta, exigente pero agradecida para todos los atriles solistas, atemporales en estilo mas con el toque británico inequívoco que destila el Andante inicial antes de comenzar a transformarse a lo largo de las catorce variaciones siguientes. Qué placer disfrutar de Lockington jugando con el plano protagonista desde la sencillez del gesto, disfrutar de la viola de Alamá, el cello de von Pfeil, la flauta de Pearse, toda la percusión más un Prentice más preciso y preciosista en los timbales, el clarinete de Weisgerber, el corno de Romero, el fagot de Mascarell, las cuatro trompas ideales, y sobre todo la propia unidad orquestal que nunca podemos perder. Pudimos disfrutar de ese Adagio increíble que es el «Nimrod» en su totalidad, siempre bello e interpretado de forma sublime, evolucionando el motivo inicial desde una escritura sin referencias e inequivocamente de Elgar, del «Troyte» Presto capaz de exigir y alcanzar limpieza a la penúltima «Romanza» Moderato, verdadero prueba de toque técnica y melódica de conjunto.

El traje de hechura inglesa le sienta bien a nuestra orquesta, bien cortado por un británico como el honorable Lockington que siempre la viste con su toque a medida, y el resultado es una elegancia y saber estar que desde las butacas siempre se nota.

Geroncio, ángeles y demonios

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Jueves 17 de marzo, 20:00 horas. Teatro Jovellanos, Gijón: Concierto extraordinario de Semana Santa, OSPA, Allison Cook (mezzo), Zach Borichevsky (tenor), Nathan Berg (bajo), Coro FPA (maestro de coro: José Esteban García Miranda), Rossen Milanov (director). Sir Edward Elgar: El sueño de Geroncio, op. 38 (1900). Entrada: invitación abonados OSPA.

Hay obras que deben escucharse en vivo al menos una vez en la vida, y si además el propio compositor dice «Si alguna obra mía es digna de no olvidarse, ésta es», entonces podrán comprender mi deseo hecho realidad de este The Dream of Gerontius de Elgar, puede que sintiéndome ya un «hombre viejo» como el protagonista, sin importar cómo clasificar o analizar esta magna obra (oratorio, cantata dramática…) sobre textos del cardenal John Henry Newman (1801-1890). Está tan bien escrita para cada intervención que es maravilloso escuchar cómo se mueven y aparecen las voces solistas, el coro y la propia orquesta en una sucesión sin apenas respiro, con dos partes bien diferenciadas donde el descanso rompió un poco el dramatismo implícito: una primera parte «terrenal» y la segunda «más allá de la tierra», tal y como la concibió un inglés que adoraba a Wagner (como recuerda Lorena Jiménez en las notas al programa enlazadas arriba en el autor) pero cuya música tiene sello propio en este diálogo con la muerte lleno de serenidad.

Interesantes los tres solistas de este concierto extraordinario, comenzando por el tenor Borichevsky que tiene el papel más extenso. De timbre hermoso, emisión más que correcta en todos los registros y momentos de belleza casi íntima, especialmente cuando se convierte en el alma de Geroncio con unos pianissimi muy sentidos.
El bajo-barítono Berg al que pude escuchar hace años en el Auditorio, interpreta al predicador de la primera parte y al ángel de la agonía final, dos registros en uno donde el impacto del texto se refleja en su proyección desde un color algo metálico en el agudo pero ideal para inspirar el terror y temblor antes del último vuelo.
Encantado con la mezzo escocesa Allison Cook que «llena» la segunda parte como un ángel, voz carnal de amplio registro, destacando un grave homogéneo precisamente en los momentos dramáticos, una musicalidad etérea como el personaje y un fraseo siempre contenido lleno de gusto, sin exceso alguno e ideal color para esta obra donde su voz lleva los momentos más emocionantes. Cantando ópera es un nombre a tener en cuenta y apuntarlo.

El Coro de la FPA se enfrentó nuevamente a un reto ante la envergadura de esta partitura, superando con creces las exigencias. A lo largo de la obra pasa por todos los estados anímicos hechos música, «Los asistentes» con un Kyrie latino «a capella» bien emitido y afinado, siguiendo el Be merciful, be gracious con orquesta sin perder presencia, el Rescue him con Amén incluido para mantener gusto y musicalidad, aumentando las tensiones durante la segunda parte, ángeles y demonios reflejados en papel y línea de canto, con unas voces blancas angelicales, las graves algo cortas en número pero buen contrapeso, e insistiendo en la escritura tan excelente de Elgar, el empaste y búsqueda de un timbre propio ideal, donde los instrumentos doblan a veces (impresionantes las trompas) o realizan contracantos alcanzando un color único donde no era necesario aumentar volumen para escucharlos nítidamente. La aparente lejanía del canto (estaba en la fila seis lateral) sumó en vez de restar calidades, puede que la inseguridad puntual esta vez ayudase a unos pianísimos increíbles, poniendo los contrastes al ángel o el alma en los coros de «Demonios» o «Coro angelical» (especialmente las mujeres), clamando las «Voces de la tierra» al pedir misericordia y ese final de las Almas del purgatorio como clímax coral antes de despedirse como «almas» y nuevamente el «Coro angelical», amén incluido.
La OSPA sigue en niveles de excelencia en todas sus secciones, incluso con los refuerzos que esta obra exige aumentando vientos e incluyendo órgano. Su amplísima gama dinámica fue un placer, más allá de buscar ambientes complementarios del texto, protagonismo siempre presente y tesituras que refuerzan cada número coral.

La dirección de Milanov tendió a ralentizar algunos números que perdieron impacto, salvo el inmenso y emotivo Preludio, aunque ganaron lirismo y emoción, pero hubiese preferido más aire que convenciese de los contrastes entre tierra y más allá, quedándonos en unos apuntes que el Jovellanos agradece por sus dimensiones, obligando a tocar muy juntos y escucharse todos. Este reto de Gerontio superado, supongo que en el Auditorio tendrá aún más grandiosidad tras este estreno gijonés.

Festival de talento

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Viernes 11 de marzo, 20:00 horas. Auditorio de Oviedo: Abono 8 OSPA, Jaime Martín (director). Obras de Dvorak y Bartók.

Tras «nuestra» escapada bilbaína la OSPA y manteniendo colocación como en el Euskalduna, volvía a su sede ovetense con un director español en constante crecimiento, Jaime Martín (Santander, 1965), actual titular de la Orquesta de Cadaqués, quien en una entrevista al diario La Nueva España (la dejo casi íntegra al final, en su versión papel) decía: «Una orquesta es un festival de talento» y quiero tomar este titular también para mi entrada del blog.

Todas las virtudes que llevo tiempo destacando de la orquesta asturiana, este octavo de abono se han multiplicado porque al fin la batuta cántabra dio la necesaria seguridad, confianza, serenidad, ilusión por el trabajo bien hecho y sobre todo una honestidad con las obras elegidas que los músicos transmiten.

Las Danzas eslavas, op. 46 (1878) de A. Dvorak (1841-1904) suelen interpretarse sueltas y no en su totalidad como pudimos disfrutarlas este viernes, ni en versión original para piano a cuatro manos ni la orquestal, algo que parte del público no pareció enterarse aplaudiendo indebidamente y haciendo romperse el hechizo de la continuidad de ocho danzas en distintas tonalidades, ritmos y tiempos con un empuje contagioso lógico en una música de baile con inspiración folklórica pero a base de melodías propias que no tienen porqué ser herederas de las húngaras de Brahms. Maravillosa cada sección orquestal y cada intervención solista, dinámicas amplias perfectamente marcadas por el director santanderino, intensidades graduadas para deleite de todos, difícil quedarme con alguna aunque por comparar (aunque sea odioso) con la escuchada el pasado 24 de febrero la «Furiant» Danza nº 1 en Do mayor «Presto» hoy tuvo todo lo que entonces faltó: agilidad, bailable, empuje rítmico y claridad en las melodías, al igual que la última, tal vez la más conocida de todas. Estado de gracia para toda la orquesta y entendimiento total con el podio, plenitud para una integral que pone a prueba formaciones y batutas.

Aún más complejo de interpretar y dirigir que al checo Dvorak resulta el llamado Concierto para orquesta, Sz. 116, BB 123 (1942-1943) del húngaro Bela Bartók (1881-1945), puede que evitando llamarlo sinfonía no ya por sus cinco movimientos, aunque resulten como tales los impares e intermedios los pares, sino por unos contrastes más en la línea de los barrocos, también comentado por Asier Vallejo Ugarte en las notas al programa (enlazadas en los autores al principio).
La biografía de Bartok daría para una película y en sus última etapa neoyorkina parecía abocado al hundimiento total cuando surge este encargo de unos compatriotas que nos dejará una de las páginas orquestales más fastuosas y difíciles dentro del repertorio sinfónico, básicamente por el tratamiento concertante de las distintas secciones orquestales que la OSPA tiene en calidad superlativa como pudimos disfrutar por unanimidad los afortunados: el arranque de la cuerda y luego flautas de Introduzione – Andante non troppo presentó credenciales claras de lo que vendría después, el metal del Allegro vivace sonó virtuoso y claro en las secciones fugadas del desarrollo, con unas trompas en perfecto entendimiento desde hace muchos conciertos, unos trombones a los que llamo el cuerpo orgánico por no decir organístico, y las trompetas seguras y vibrantes, con una percusión mandando sin ensuciar; de la cuerda que enamora destacar su pasaje movidísimo del último movimiento perfecto por claridad, presencia e intensidad pero también destacable el segundo movimiento con todos los instrumentos alternando por parejas en pasajes brillantes sonando como uno solo, respiraciones, fraseo, matices idénticos como verdadera sana competición en mejorar el anterior y dotando de una continuidad marcada por el tambor con «mando Dalai en plaza» ese movimiento realmente de verdadero encaje de bolillos: fagots, oboes, trompetas, flautas… cada tema respirando aire popular desde el dominio instrumental plenamente académico, por no decir clásico del compositor húngaro. Hasta el Intermezzo interrotto, cita del «tema de la invasión» de la Séptima sinfonía de Shostakovich -popularísima en EE. UU.- como guiño de su fino humor húngaro, sonó aterciopelado en una OSPA a la que deseamos mantenga este nivel, con un Finale: Pesante – Presto para guardar y grabar cuando Radio Clásica lo emita dentro de unos meses. Si el viejo Bartók muestra mucha ironía con esta obra, Jaime Martín a quien la batuta le proporciona libertad, nos dejó un guiño de cómo alcanzar no ya magia sino una interpretación magnífica y de altura, fruto de la honestidad, el trabajo, el entendimiento y un saber mucho además de bien de su trabajo. Ha sido un excelente flautista y como director sigue creciendo, contando sus apariciones por triunfos, y el de este octavo de abono en Oviedo ha sido uno más. Esperamos vuelva pronto. En la entrevista citada cuenta muy claro la forma de entender su oficio: «… requiere colgar el ego de una percha. La gran cualidad de un músico de orquesta es la flexibilidad. Una orquesta es como una cometa y el director es el encargado de mantener el hilo. Cuando se hace así soy feliz, es un trabajo mágico». Magia y talento.

Domingo para cerrar Musika-Música 2016

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Un paseo tranquilo por el Parque de Doña Casilda y al lado de la ría hasta el Guggenheim volviendo antes de la siguiente tormenta que nos precipitó hacia el Euskalduna en una mañana-tarde sin apenas tiempo para nada, solo para la música.

Domingo 6 de marzo, 13:00 horas: Kiosko Cósima, Conservatorio de Música de Calahorra,
Trío con piano: Ana Ausejo (violín), Beatriz Pérez (viola), Camila Bretón (cello), Alfo Fabo (piano): F. Schubert: Adagio y rondó concertante en fa mayor para cuarteto con piano D. 487: Rondó.

Gente joven, estudiantes destacados que se atreven a hacer música juntos con el desparpajo y buen entendimiento fruto de mucho trabajo previo donde tocar en público y templar nervios es una asignatura que superaron sin problema.
Octeto de viento-madera: Nerea Andrés (flauta), Miguel Ibáñez (oboe), Guillermo Arnedo y Ruth Arriazu (clarinete), César Calvo y Josep L. Lloares (fagot), Virginia Montes y Marta Llorente (trompa): F. SchubertOcteto para vientos D. 72: I. Allegro, II. Andante (arr. R. G. Patterson).

Cuando la música de cámara exige escucharse además de tocar, nos deja momentos como los de este octeto y una lección para no olvidar nunca que estos jóvenes tienen muy claro, así como el necesario apoyo de las familias a las que nunca se recuerda ni agradece su presencia y empuje. No nos quedamos a escuchar el Octeto de trompas por el horario algo apretado aunque teníamos las entradas numeradas para el siguiente. Mi cuerpo necesitaba un café porque el «kiosko» era más frío que las salas, por otra parte con buena temperatura que no influyó en exceso en los instrumentos.

Domingo 6 de marzo, 13:45 horas: Auditorio Odisea, Concierto nº 51, Orquesta Sinfónica del Principado de AsturiasRossen Milanov (director):
R. StraussUna vida de Héroe, poema sinfónico op. 40. Entrada: 10,90 €.
Remate straussiano de «nuestra» OSPA donde cada músico tuvo su propia vida de héroe en este monumental Strauss para despedir la presencia asturiana en Musika-Música, lástima la hora poco agradecida con menos público del esperado, y es que la interpretación resultó muy equilibrada y con momentos de una calidad rayando la excelencia. Nuevamente con la plantilla reforzada que funcionó como si llevasen toda la vida juntos y unos solistas que no decepcionaron en los seis números (incluso el dúo de trompetas fuera de escena), heróicos todos ellos en expresividad y fuerza. Sigue adoleciendo Milanov de precisión en las entradas (yo ya le llamo «batuta flácida»), pero logró dinámicas realmente buenas, sin estridencias, gustándome la amplia madera (excelencia de las flautas en rítmica bien encajada con oboes), todos los «bronces» y por fin la cuerda que a todos nos enamora, hiriente cuando se le pide, aterciopelada, con un Vasiliev rejuvenecido en sus solos. Ritmo frenético desembocando en La retirada del mundo y la plenitud del héroe, percusión contagiosa, trombones empujando y por las exigencias del escenario la colocación de percusión atrás y contrabajos a la izquierda detrás de los violines primeros que no restó luminosidad y puede que incluso favoreciese la sonoridad alcanzada en este Ein Heldenleben que inundó el auditorio en esta Odisea fantástica.

Domingo 6 de marzo, 15:30 horas: Auditorio Odisea, Orquesta del Conservatorio «Juan Crisóstomo de Arriaga»Maite Aurrekoetxea (directora): Obras de R. Wagner y F. Mendelssohn. Entrada gratuita.
Los músicos bilbaínos no se arredraron con las obras elegidas para interpretar en el Auditorio. Tres grandes que sonaron más que dignos: Wagner, «Lohengrin«, introducción al acto III, con unos vientos seguros y una percusión «mandando», Mendelssohn con su Sinfonía nº 4 «Italiana» de la que prescindieron del complicadísimo primer movimiento para dejarnos el II y III más que bien, algún desafine puntual de la cuerda que hasta los profesionales deben trabajar, y de nuevo Wagner con el majestuoso preludio de «Los Maestros Cantores de Nüremberg» perfecto colofón de este último concierto en la sala Odisea, realmente tal para una juventud que disfruta con la música y así será toda su vida, independientemente de su dedicación completa o no a esta difícil profesión.
Emocionante contemplar a las familias en el patio de butacas y ver a sus herederos en el escenario grande, verdadero premio a lo estudiado y ensayado, sientiéndose tan importantes como los maestros a los que han estado escuchando este fin de semana y conviviendo con otros estudiantes que han recibido su alternativa en este macroevento. Los locales son habituales del festival y no decepcionaron, con una directora de gesto claro y preciso que lleva a los estudiantes de la mano. Hay cantera de músicos porque el sacrificio tiene estos premios.

Domingo 6 de marzo, 17:00 horas: Sala Schubertiadas, Concierto nº 70, Judith Jáuregui: Obras de Félix MendelssohnFanny Mendelssohn. Entrada: 6,90 €.
Los hermanos Mendelssohn fueron los elegidos por la pianista donostiarra que exigió una iluminación más íntima para ambientar sus obras, comenzando con Albumblatt, op. 117, aplomo y fuerza de pulsación para la ligereza casi chopiniana de esta pieza de salón al igual que la Romanza sin palabras, op. 30 nº 6 (Venetianisches Gondellied), delicadeza y fraseo sentido para estas bellas melodías despojadas de un texto que la música recrea respirando.
La gran desconocida Fanny Mendelssohn a la sombra de su hermano menor nos dejó entre su amplia producción esta impresionante Sonata para piano en sol menor; impresionante la fuerza y decisión de esta sonata que explora todo el registro del universo de las 88 teclas, con una Judith cuidadosa del sonido, pedales apropiados y una musicalidad tan cercana que recreaba aquellas veladas de los románticos elevando el salón a la pequeña sala de conciertos. Y para cerrar de nuevo Félix y sus Variaciones serias en re menor, op. 54, trabajando siempre la melodía aunque se oscurezca en cada reinterpretación, ligereza y pulsación, sonido buscado hasta el detallo en estado de gracia nuestra Judith Jáuregui que sigue su crecimiento interpretativo buscando repertorios que le gustan y hace suyos con total naturalidad. Excelente punto final a nuestra Musika-Música con los hermanos Mendelssohn para descubrir un Félix virtuosístico y poderoso, más la increíble Fanny que seguirá sorprendiéndonos como la pianista donostiarra.

A las 18:05 pusimos el punto y final del «puente romántico 2016» donde Richard Strauss volvió a exigir a todos sus intérpretes, especialmente a las orquestas, y me encantó seguir a los conservatorios, así como a los pianistas. Habrá que esperar la sorpresa del año próximo aunque los tiempos parecen no estar precisamente bien para la música. Esperemos que el sentido común no sea el menos común de los sentidos y se mantenga un festival que representa convertir la capital vizcaína en un referente más allá del turismo músical.

Tarde completísima primando lo sinfónico

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Ambiente dentro y fuera del Palacio Euskalduna, una comida rápida y vuelta porque quedaban por delante más de cinco horas de música.

Sábado 5 de marzo, 17:00 horas: Auditorio Odisea, Concierto nº 19, Real Filharmonía de GaliciaPaul Daniel (director).
F. MendelssohnSinfonía nº 3 en la menor, op. 56 «Escocesa». Entrada: 10,90 €.

De nuevo una orquesta de cámara que elige repertorio apropiado como la conocida «Escocesa», número ideal para evitar «males mayores» con refuerzos en pos de un espectáculo que no es tal sino un despliegue cara a la galería. Escribía yo en las notas rápidas lo de «Galicia Calidade» porque la formación con sede en Santiago nos pintó una acuarela escocesa  más que óleo, secciones bien equilibradas donde la cuerda suena lo suficiente para mantener las dinámicas en su sitio y donde las brumas del norte brillaron al mismo nivel que la orquesta y su director titular, sin batuta ni podio porque la cercanía también es física para exigir a sus músicos la máxima intensidad. Placer verle trabajar y cómo la orquesta responde siempre, contrastes de movimientos donde las indicaciones se interpretan literalmente: Andante con moto . Allegro poco agitato, Vivace non troppo, Adagio para disfrutar del sonido atlántico y Allegro vivacissimo – Allegro molto assai. No me defraudaron en absoluto aunque esta sinfonía sea siempre agradecida de interpretar y escuchar con las referencias gaiteras que tan bien entendemos todos los del llamado Arco Atlántico.

Sábado 5 de marzo, 18:30 horas: Sala Schubertiadas, Concierto nº 41, Galdós Ensemble con Ivan Martín (piano).
R. StraussCuarteto con piano en do menor, op. 13 TrV 137. Entrada: 6,90 €.

Siempre alternando sinfónico y cámara, quería volver a escuchar al canario Iván Martín con un trío de su Galdós Ensemble formado por Sheila Gómez (violín), Daniel Lorenzo (viola), Juan Pablo Alemán (violonchelo) y el citado Ivan Martín, en una obra poco conocida e interpretada, la más ambiciosa, lógico porque las dificultades técnicas son enormes y de nuevo necesario mucho tiempo de estudio previo para alcanzar la interpretación ideal. Impactante y duro romanticismo en estado puro este cuarteto opus 13 de Strauss, la «excelencia Galdós» con un trío que sólo junto a Iván Martín puede sonar así, cuatro movimientos a cual más intenso, sin respiros, con silencios subyugantes y sonoridades potentes en los cuatro, con una abundancia de ideas apabullante.
El Allegro de apertura muy elaborado y tempestuoso, alcanzó cotas y temperatura
elevada; El Scherzo con un piano decididamente straussiana, el Andante original y lírico con una melodía que pasa del piano a las cuerdas recordando a Brahms y sin cambiar el color del cuarteto y el Finale: Vivace otra vez romántico puro en ritmo sincopado, pasional e interpretado con el mismo entusiasmo de su compositor. Seguir recuperando al enigmático Richard Strauss camerístico porque la inmensidad también es necesaria.

Sábado 5 de marzo20:00 horas: Auditorio Odisea, Concierto nº 21, Orquesta Sinfónica del Principado de Asturias, Hanna-Elisabeth Müller (soprano), Rossen Milanov (director): obras de R. Strauss. Entrada: 10,90 €.

No quería perderme la presencia de nuestra orquesta asturiana, representación de nuestra cultura en este segundo concierto, esta vez con dos obras de un Strauss con el que Milanov se siente muy a gustoLas alegres travesuras de Till Eulenspiegel, poema sinfónico op. 28 presentaron una orquesta muy reforzada que nos ofreció un juguetón más que travieso Till, más sal gorda que maldon porque «amarrar» el poderío de una sección de metales se hace difícil y las exigencias para la cuerda se multiplican. Con todo Milanov pareció disfrutar con esta descarga sonora más atento a matizar que a sonsacar las melodías o dar entradas (alguna falsa), especialmente la que hace de motor de la obra. Tanto las trompas que están en un momento perfecto de ensamblaje como todo el metal y el entendimiento con nuestra madera siguen siendo de primera y esta fue la que marcó la intención de este grandioso poema sinfónico.

Las siempre hermosas Cuatro últimas canciones, op. 150 nos trajeron a una joven soprano alemana (1985) que promete en estos repertorios, con excelente carne en el agudo y más hueso en el grave pero dejando buen sabor «al ir a dormir» (Beim Schlafengehen) ante una obra asimilada incluso en escena, elegante en el amplio sentido de la palabra. «En la puesta de sol» (Im Abendroth) estuvo bien su dicción y musicalidad, con una interpretación no muy ayudada desde el podio, lo que por momentos la eclipsó pero una voz de la que tomo nota como «la Müller«, con una orquesta dúctil y más pendiente de la voz que nunca, don de los solistas cantaron con la misma intención que la soprano alemana.

Sábado 5 de marzo21:30 horas: Auditorio Odisea, Concierto nº 22, Bilbao Orkestra Sinfonikoa, Yaron Traub (director).
R. StraussSinfonía Alpina, op. 64. Entrada: 10,90 €.

Nada mejor para concluir este sábado que asistir a una obra sinfónica de las que hacen época por todo el despliegue instrumental casi wagneriano al que odió y admiró el músico muniqués. Siempre reconforta escuchar el órgano del Auditorio engrosando la enorme plantilla. Podría decir que el concierto hizo cumbre alpina con ostentación sonora, disfrutando del órgano y una pletórica orquesta local con un aparentemente algo cansado Traub cuyo oficio le permitió ir marcando las complicadas intervenciones de esta magna sinfonía en veintidós números sin apenas respiro.

El llenazo se puede apreciar en la foto de la propia organización y hasta me he localizado… Público entregado a su orquesta al que no le importó la tardía hora de finalización pasadas las 22:30 de la noche. Menos mal que nosotros estábamos cerca y llegamos a tiempo de una reconfortante cerveza y una cena ligera tan exquisita como este sábado completísimo.

Salud a mis lectores y aún queda la última entrada del domingo, de nuevo siguiendo a la OSPA, a los conservatorios y a mi admirada Judith Jáuregui, que nos redescubrió a Fanny Mendelssohn. Mañana más…

Mañana de sábado con mucho Schubert en MUSIKA

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Impresiona madrugar y escuchar en algunas habitaciones músicos haciendo escalas. El desayuno hay de todo, los que prefieren algo frugal o mejor cargar fuerzas que el día se hará muy largo. Llegar a la fiesta Musika-Música de Euskalduna y encontrarse ya con las primeras colas sigue siendo buena señal.

Sábado 5 de marzo, 11:00 horasSala Biblioteca Shakespeare, Concierto nº 23, Luis Fernando Pérez (piano), Aitzol Iturriagagoitia (violín), Andoni Mercero (viola), David Apellániz (chelo) y Toni García Araque (contrabajo).
F. SchubertQuinteto para piano y cuerdas en la mayor «La trucha», op. 114 D. 667. Entrada: 8,90 €.

Me gusta que los grandes pianistas no se limiten al concierto con orquesta o al recital en solitario sino que formen y participen en la música de cámara que siempre reivindico como la base de todo melómano porque también lo es de los propios compositores. Está claro que para alcanzar niveles altos de calidad en el conocido quinteto «La trucha» se necesitan años de trabajo conjunto porque no sirve solo tocar lo escrito, algo para lo que estos músicos y profesores están más que capacitados, incluso en quinteto puro para el Allegro vivace inicial donde todos son protagonistas. Los tiempos elegidos para los movimientos optaron por un virtuosismo técnico más que por la poesía que el lied original debería transmitir, en inspiración o en la cita directa del tema en las variaciones del Andantino. Mejor el cuarteto de cuerda aunque había química desde el teclado que nos dejó una trucha asalmonada pescada en aguas cristalinas, de esperar en estos profesionales que fueron como el aparejo del cuatro más una caña campeona del pianista madrileño Luis Fernando Pérez que no siempre sacó a flote el esperado pez, al menos de las medidas reglamentarias para no devolverlo al río, si bien su sonoridad y fuerza siguen impresionándonos a todos y el toque de ajuste técnico y afinación estuvo a cargo del asturiano Jesús Ángel Arévalo, un fijo en el staff de este festival.

Sábado 5 de marzo, 12:30 horasKiosko Cósima, Orquesta del Conservatorio Rafael Frühbeck (Burgos), Daniel Lorenzo (director).
F. SchubertSinfonía nº 8 «Incompleta»: I. Allegro Moderato.
Tras el necesario café escuché de fondo sonar de nuevo a Schubert y me acerqué para disfrutar con este movimiento tan bien escrito, tocado y dirigido, sorprendente calidad de unos estudiantes burgaleses con un director que vamos siguiendo de cerca. Todo ello asegura un futuro optimista en el campo musical, aunque pasemos momentos donde parece volver la sombra del pasado que recordaba Jesús López Cobos sobre que «ser director de orquesta en España es como ser torero en Finlandia«, muchos años de inversión que va siendo hora de recoger nosotros y no otros.

Sábado 5 de marzo, 13:45 horasSala La Trucha, Concierto nº 32, Cuarteto Quiroga: obras de  F. Mendelssohn y F. Schubert. Entrada: 6,90 €.

Si en el primero de la mañana reflexionaba sobre la necesidad de la música de cámara y el tiempo de trabajo que hay detrás de un cuarteto, no cabe duda que escuchar «el Quiroga» es siempre un placer por entendimiento, riqueza tímbrica y perfección en la forma y formación. Aitor Hevia (violín), Cibrán Sierra (violín), Josep Puchades (viola) y Helena Poggio (violonchelo) son mejor que la conocida marca de aceite, son cuatro en uno, sonoridad impecable desde una técnica siempre al servicio de la obra que tratan con un respeto digno de reflejarse, siendo reconocidos allá donde van como un verdadero fenómeno. El Andante y Scherzo para cuarteto de cuerdas, op. 81 (F. Mendelssohn) resultó ideal con esos mimbres, arranque casi coral donde todo está medido antes de un Scherzo vibrante y brillante, escuchándose todo lo escrito sin perder detalle, melodías, arcos, pizzicatti, en un enfoque global lleno de musicalidad.
Y el momento grande de nuevo con F. Schubert y su Cuarteto nº 13 en la menor «Rosamunda», op. 29 D. 804. Delicias de un ensamblado cuarteto donde los arcos parecen movidos por un solo brazo, la música que brota por doquier entendida como globalidad, un Schubert limpio, brillante y equilibrado con sentido contraste, romanticismo en estado puro que «el Quiroga» entiende al pie de la letra en cada uno de los cuatro movimientos, sin excesos y sin defectos. Es maravilloso escuchar la melodía pasar de uno a otro sin perder el color, algo al alcance de muy pocos. Referente de este repertorio aunque sin encasillarse en ninguno porque sienten todo lo que tocan y el enorme trabajo previo se nota en cada frase. Hay cuerda para rato… me perderé su cuarteto estrella «La muerte y la doncella» pero el día no da para más. Y con poco tiempo a comer algo antes del primero de la tarde.

Viernes sinfónico de Musika-Música

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Viaje de apenas 3 horas entre Mieres y Bilbao, con tiempo suficiente para guardar el coche, coger los paraguas y pasar por el cajero detrás de las taquillas del Euskalduna recogiendo nuestras 20 entradas para los 10 conciertos que nos esperaban en este maratón musical que es Musika-Música, este año con el lema «Puente para románticos«. La elección y encaje horario resultaron difíciles pero mayoritariamente apostamos por las orquestas y música de cámara muy concreta, sin olvidarnos de los conservatorios… sacando las entradas por Internet, sin coste adicional, el mismo día de su salida a la venta el pasado 18 de febrero.

Y a diferencia de otros años, esta vez el Auditorio tenía las localidades numeradas, por lo que las colas para acceder a los conciertos, salvo los gratuitos, eran menores, aunque también tiene su gracia conocer a otros melómanos en estas esperas para buscar la mejor butaca en las distintas salas, con muchos franceses como es habitual, y una excepcional organización aunque este año los conciertos comenzaron todos con retraso, trabajo impresionante de todos con una amabilidad marca de la casa.

Viernes 4 de marzo, 19:30 horas: Auditorio Odisea, Concierto nº 2, Euskadiko Orkestra Sinfonikoa, José Miguel Pérez Sierra (director). Obras de Wagner y R. Strauss. Entrada: 10’90 €.
Buen inicio de nuestra programación con el Preludio y muerte de Isolda del «Tristán e Isolda» wagneriano con una orquesta que llenó el auditorio, gran formación con Pérez Sierra que apostó por demostrar la gran calidad de estos músicos con una amplia gama dinámica algo contenida y secciones bien equilibradas. Momentos íntimos frente a la explosión anímica que nos dejó saborear la peculiar escritura e instrumentación del primer Ricardo de la noche, porque aún quedaba el segundo, Strauss con su impresionante Muerte y transfiguración, poema sinfónico op. 24.
Verdadera implosión como ruptura hacia dentro en oposición a la explosión wagneriana, favorecida por una orquesta potente en número y calidad, especialmente la cuerda que consiguió el equilibrio de unos metales en estado de gracia, todo con una dirección clara de gesto e ideas a cargo del joven director madrileño a lo largo de los cuatro números donde prima el tiempo contenido pero la expresividad es contagiosa dentro de la intrincada escritura del alemán.

Viernes 4 de marzo, 21:00 horas: Auditorio Odisea, Concierto nº 3, Orquesta Ciudad de GranadaGiancarlo Andretta (director):
F. Schubert: Sinfonía nº 9 en do mayor «La Grande» D. 944. Entrada: 10’90 €.
La elección del repertorio es básica para la plantilla habitual de una orquesta, evitando «tirar» de refuerzos para afrontar obras que a todos nos gustan pero que pueden engañar al público no habitual. La orquesta de cámara granadina OCG con un Andretta vitalista que lleva a su formación «de la mano» supo aprovechar estos recursos con maestría, trompas excelentemente afinadas y empastadas, madera clara y lírica, cuerda de terciopelo capaz de alcanzar todos los matices sin perder presencia, todo lo que hace «Grande» a maestro, orquesta y sinfonía. El espíritu clásico vienés bien entendido en cada movimiento, creciendo en intensidad anímica y tiempos, destacando los dos últimos Allegro vivace del Scherzo y Finale para seguir admirando la magna obra de Schubert como compañero de viaje de Bethoven en ese puente hacia el romanticismo. Un placer escuchar cada sección sin merma alguna de dinámicas, todos entregados a esta sinfonía en su estado puro y como flotando el espíritu de Harnoncourt que ya dejó huella en la historia de la música pero personal y especialmente en Schubert.

Aún hubo tiempo de unas cañas con sus correspondientes pinchos antes de acostarse, que el sábado se preveía largo y había que descansar.

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