Carta a SS.MM.
05/01/2022
Asturias, ópera, Bandas de música, clásica, conciertos, coros, lírica, música, música antigua, Música contemporánea, sinfónica, zarzuela Ana Nebot, Antonio Cánovas, Asturias, Banda Sinfónica del Ateneo Musical de Mieres, Beatriz Díaz, conciertos, Coro FPA, David Menéndez, El León de Oro, Forma Antiqva, Gabriel Ordás, Jorge Muñiz, Lola Casariego, Luis Vázquez del Fresno, Mahler, música, Pablo González 4 comentarios
Futuro románticamente joven
20/11/2021
Asturias, clásica, conciertos, estreno, música, Música contemporánea, piano, sinfónica Alexandra Dovgan, Auditorio de Oviedo, Chopin, conciertos, estreno, Gabriel Ordás, Lucas Macías Navarro, música, Oviedo Filarmonía, Schumann 2 comentarios
Jueves 18 de noviembre, 20:00 horas. Auditorio de Oviedo, Jornadas de Piano “Luis G. Iberni”: Alexandra Dovgan (piano), Oviedo Filarmonía, Lucas Macías (director). Obras de: G. Ordás, Chopin y Schumann.
P. D.: También el diario El Comercio entrevistaba a Gabriel Ordás:
Jóvenes sobradamente preparados
19/11/2021
Asturias, clásica, conciertos, estreno, música, Música contemporánea, piano, sinfónica Alexandra Dovgan, Auditorio de Oviedo, Chopin, conciertos, estreno, Gabriel Ordás, Lucas Macías Navarro, música, Oviedo Filarmonía, Schumann Deja un comentario
Jueves 18 de noviembre, 20:00 horas. Auditorio de Oviedo, Jornadas de Piano “Luis G. Iberni”: Alexandra Dovgan (piano), Oviedo Filarmonía, Lucas Macías (director). Obras de: G. Ordás, F. Chopin y R. Schumann.
Flores para los estrenos
24/10/2021
Asturias, clásica, conciertos, estreno, música, Música contemporánea, sinfónica Auditorio de Oviedo, Daniel Freiberg, estreno, Guillermo Martínez, Haydn, Lucas Macías Navarro, música, Oviedo Filarmonía, Pacho Flores, Shostakovich 1 comentario
Sábado 23 de octubre, 20:00 horas. Oviedo, inauguración de la temporada «Conciertos del Auditorio». Pacho Flores (trompetas), Oviedo Filarmonía, Lucas Macías Navarro (director). Obras de: Guillermo Martínez, J. Haydn, Daniel Freiberg y Shostakovich.
Marcado con un punto rojo de cita ineludible, el mismo de los programas de mano que volvían en papel, el arranque de la temporada de los Conciertos del Auditorio nos regalaría una velada de altos vuelos nada menos que con dos estrenos mundiales y la presencia nuevamente en «La Viena del Norte» español de mi admirado y querido Pacho Flores, una entrada a la altura del espectáculo, aún con las necesarias mascarillas pero con todas las ganas de disfrutar de la música en vivo y del descanso para estirar piernas y reencuentros deseados.
Se abría el concierto con el primer estreno mundial, nada menos que la Obertura concertante «Amanecer en Bonngasse» de Guillermo Martínez (1983) dentro del «Proyecto Beethoven» de la propia Oviedo Filarmonía, que la pandemia desplazó en el tiempo pero no nos quitó la ilusión de escuchar otra composición del «escolano de oro», tributo a la Bonngasse del sordo genial con un trío de solistas de la formación (Rolanda Ginkute, Gabriel Ureña y Óscar Martín) cual Triple Concierto para violín, cello y piano arropados por sus compañeros pero igualmente homenaje al «omnipresente dios Bach» de Köthen y «los Brandemburgo», explorar la escritura divina y traerla al siglo XXI en un viaje emocional de Guillermo para una plantilla «clásica» donde la percusión abundante le da el toque actual a una personal obertura que explora las sonoridades de los tres instrumentos solistas, todos con pasajes en solitario verdaderamente bellos y complejos, bien tejidos, otros conjuntos o directamente en tutti con la orquesta bien ensamblada con ellos bajo la batuta del titular Lucas Macías que de nuevo se mostró dominador de todos los estilos además de estudioso con las obras nuevas hasta el mínimo detalle. Un placer disfrutar de unos músicos jóvenes que hacen música de su tiempo con la misma calidad que el repertorio de siempre.
Exigente el papel del piano «emperador» de Martín, sutil el violín beethoveniano de la concertino Ginkute, y pura entrega el cello de Ureña pensado y compuesto para el propio intérprete, el avilesino que crece de solista con su propia orquesta, en otro peldaño del compositor asturiano que ya tiene un estilo propio pues lo ecléctico es académico, cercano y escrito desde el conocimiento de los Grandes Maestros de la Música. Un orgullo poder disfrutar cada estreno suyo y aplaudirle como todo el Auditorio, esta vez «errequeerre» (por re menor y re mayor) de su homenaje a Beethoven.
La presencia del venezolano Pacho Flores supone alegría nada más pisar el escenario con su arsenal de trompetas*, para hacerlas sonar como sólo él sabe: la dulzura del fraseo, la emisión hasta el infinito, la gama de matices extremos y un arco iris de colores eligiendo el instrumento concreto, siempre con el sonido aterciopelado y nunca estridente que le hace ser el mago de la trompeta actual, además de fuente de inspiración para nuevas composiciones.
El Concierto para trompeta y orquesta en mi bemol mayor, Hob. VIIe:1 de Joseph Haydn (1732 – 1809) hace historia en la música por Anton Weidinger, diseñador de la trompeta cromática para quien el austríaco escribirá un concierto clásico en tres movimientos (Allegro-Andante-Finale. Allegro) que Flores interpretó de manera magistral, con una excelente concertador como Macías y una orquesta redondeando este concierto donde el virtuosismo está no sólo en las notas sino desde su color y visión. Cambiar de trompeta para el segundo movimiento supone agrandar el colorido sinfónico de «papá Haydn» en aquel 1800 de su estreno. Las agilidades, los fraseos, las contestaciones, las candezas y esa alegría final conocidísima por todos los melómanos, serviría de feliz aperitivo para el siguiente estreno mundial co-encargo de la propia OvFil junto a la Norwegian Arctic Philharmonic (Noruega), Walla Walla Symphony (EE.UU) y la Orquesta Sinfónica de Minería (México) que bien explica Andrea García Torres en las notas al programa.
Si comentaba unas líneas arriba que Pacho Flores es fuente de inspiración para nuevas obras específicas de trompeta, Daniel Freiberg (1957) así lo reconoce y su Concierto para trompeta y orquesta «Historias de Flores y Tangos» está pensado por el argentino para el venezolano estrenándose en Oviedo, ningún sitio mejor como tierra de emigrantes a sus países y verdadera capital musical española. Música inspiradora y evocadora como la de Guillermo Martínez con la diferencia que dan los años. Reminiscencias y tributos latinos en el movimiento titulado Flores, apellido de Pacho cual joropo venezolano pero de colorido porteño, Recoleta con chacarera de bombo legüero, ritmos de huapango mexicano desde el lenguaje que explorasen Bernstein, Villalobos o Ginastera, una orquesta plena, bien llevada por Lucas Macías con el rigor necesario y la flexibilidad de los ritmos latinos y una trompeta, la de Pacho, conmovedora, cantarina, sentida, vigorosa y conocedora de este mar musical. Y el segundo Tanguero arrancando con el «flugel» emotivo y aterciopelado antes de abrir la vena argentina total con las trompetas, la caja que Piazzolla destapó al mundo, el tango de Aníbal elevado al sinfonismo de Don Astor Pantaleón, la milonga bien contada y cantada por una trompeta gardeliana vestida para Broadway, música rítmica y melódica cantada por un venezolano universal, con armonías neoyorquinas del argentino fuera de casa. Maravillosa partitura del maestro Freiberg, con solista, profesores y público divirtiéndose con ella, maestro que cumplía años hace unos días y de Pacho este mismo sábado, felices 40 cantados por todos en la cadenza final con el guiño del último alegre Haydn, anécdotas de fechas y sueños cumplidos, coincidencias de estrenos y esperas que llegan con un nuevo éxito.
Con Daniel Freiberg al piano y dedicatoria para «Carlitos Magán«, el Piazzolla a dos bandas resultó otro «estreno» de los protagonistas del inicio de temporada demostrando que Oviedo Filarmonía está para echarle flores, que Macías ha encontrado el nexo de unión perfecto entre calidad y entrega, que estrenar en Oviedo es ya casi obligado, y que figuras como Pacho Flores hacen de la música una verdadera fiesta.
Recuperado el aliento tras el descanso, aún quedaría Dmitri Shostakóvich (1906- 1975) y su Sinfonía nº1 en fa menor, op. 10, versatilidad de la orquesta ovetense y química del onubense que todavía nos dará muchas más alegrías al frente de una formación cada vez más entregada y madura.
*: como curiosidad para «mis músicos» dejo aquí las trompetas, todas de cuatro pistones, utilizadas por el Maestro Pacho Flores en el concierto:
–Haydn: trompeta en mib, corneta en mib, trompeta en sib
–Freiberg: flugelhorn (fliscorno) en sib, corneta en re, trompeta en do
–Piazzolla: trompeta en do.
Equilibrios sin red
16/10/2021
Asturias, clásica, conciertos, conferencias, música, sinfónica Alejandro González Villalibre, Auditorio de Oviedo, conciertos, conferencias, Elena Rey, música, música clásica, Milena Simovic, Mozart, OSPA, Prokofiev, Roman Simovic, Vaughan-Williams 2 comentarios
Viernes 15 de octubre, 20:00 horas. Auditorio de Oviedo, Seronda II: OSPA, Roman Simovic (director y violín), Milena Simovic (viola). Obras de: Vaughan Williams, Mozart y Prokofiev.
Hay vueltas que se agradecen cuando quedan recuerdos imperecederos. Tener de nuevo a Roman Simovic con la OSPA ha sido una alegría contagiosa para todos, músicos y público que pudimos valorar la sencillez y magisterio de un grande como el violinista afincado en Londres, esta vez acompañado por su mujer y en un concierto «clásico» como bien presentó Alejandro G. Villalibre en la conferencia previa, aún poco publicitada, y que fue más allá de sus notas al programa (enlazadas al inicio con las obras).
Dirigir desde el violín supone sentirse uno más, casi como un concertino (esta vez Elena Rey de nuevo), que comparte la maravillosa labor de hacer música juntos. Tocar de pie (salvo los «obligados» cellos) supone mantener el mismo nivel, sin tarimas, camerístico, con saludos conjuntos sin darse importancia, la grandeza de los grandes que no necesitan oropeles ni escalones pues la talla moral y musical es suficiente. Simovic siempre arriesgando sin red, con obras llenas de equilibrio que hacen comprender lo «clásico» desde su tiempo y como un escalón más, la tradición de la que beber y la modernidad dominando la técnica para así romper y avanzar, tal cual explicaba el doctor González Villalibre. Apliquémoslo al maestro Simovic y a las partituras elegidas.
Comenzar con esa maravillosa Fantasía sobre un tema de Thomas Tallis del británico Ralph Vaughan Williams (1872 – 1958) es tributo al Renacimiento de su tierra llevando la polifonía vocal a una cuerda única, dos orquestas manejadas cual coro por el director no ya solista sino cantor (bravísimo el dúo con Alamá), ubicación perfecta de todos con la acústica ideal, devolviendo las mejores cualidades de esta sección que al fin se sintió entendida desde la igualdad y el magisterio del maestro Simovic. Riqueza de matices, sutiles texturas, la música pura y cercana que transmite emociones, desde Tallis a Vaughan Williams respirando el mismo aire atlántico de este «coro de arcos» que resultó esta OSPA.
Todos sabemos que sólo hay un genio, Wolfgang Amadeus Mozart (1756 – 1791), capaz de aunar y romper desde la forma, sinfonía y concierto que conjugan amores, el de la viola en masculino dialogando con el violín femenino en su Sinfonía concertante para violín y viola en mi bemol mayor, K 364/320d, con los Simovic, Milena y Roman arropados por una OSPA que sumaba oboes y trompas sin perder sentido camerístico, solistas y directores la pareja, complicidad única de vida y sentido musical, la magia de la convivencia y el latir compartido. Obra amorosa de Mozart hacia la viola con una orquestación que la mima, la envuelve e iguala al violín, sin géneros, dos en uno capaces de arrancar un I. Allegro maestoso contundente y preciso donde la cadenza fue un regalo mayúsculo, la tristeza del II. Andante (el sentimiento de Mozart por la pérdida de su madre) que los Simovic sintieron cual Requiem solista con el «coro sinfónico» nuevamente de solos inmensos, para volverse operístico compitiendo con «La flauta del Campoamor» explosiva del III. Presto, el «más difícil todavía» sin perder compostura desde el mejor equilibrio posible sin miedo a caminar juntos sin caer. La siempre engañosa simplicidad mozartiana que se esconde pidiendo máxima concentración y entrega, la que no les faltó ni a la pareja Simovic, triunfante viola maridada con el violín, ni a la OSPA copartícipe, esta vez sentada, para disfrutar y vivir la música del genio de Salzburgo junto a dos figuras que ejercen de compañeros.
La propina de Händel – Halvorsen, Pasacaglia de variaciones virtuosas para violín y viola resultaron el mejor regalo del corazón Simovic, música a borbotones, sincera, entregada, entendida y disfrutada, alegría de vivir la música y la propia vida. Al menos hicieron olvidar la impertinente tos que rompió el andante mozartiano para hacer reinar el silencio respetuoso desde el que apreciar la calidez de dos solistas con una gama dinámica al alcance de pocos, un virtuosismo impactante y la sonoridad de sus dos instrumentos únicos.
Y más clásicos desde su tiempo, Sergei Prokofiev (1891 – 1953) con el recuerdo y tributo al Haydn simpático, bromista, menos explorado, una misma forma que condensa todo lo anterior con el lenguaje ya innato del ruso, Sinfonía nº1 en re mayor, op. 25 «Clásica» y rompedora cual Meninas velazqueñas vistas por Picasso, reconocibles y actualizadas, cuatro movimientos que pasaron en un suspiro, OSPA en pie con maderas, metales y percusión, Roman Simovic uno más (volvió a por la partitura), tiempos casi literales y duramente exigentes: I. Allegro con brio, para saborear el lenguaje sinfónico bien entendido, II. Larghetto lleno de delicadeza y empaste total, bálsamico, contenido, preparando el III. Gavotte: Non troppo allegro, matices y acentos casi vieneses con la elegancia británica que bien conoce Simovic, dando a los músicos las mínimas indicaciones pues el sentido común emana de la propia ejecución, y por último el vertiginoso IV. Finale: Molto vivace, cuerda limpia, tersa presente, timbales encajados, viento sin aliento, muy vivaz, al pie de la letra en una sinfonía que la OSPA disfrutó con Simovic y éste con ella. En tiempos donde los ensayos son pocos y los conciertos a pares, aprovechar cada minuto para alcanzar esta calidad orquestal solo lo logran grandes músicos que conocen bien el atril y dirigir lo entienden como compartir. Mientras, la formación asturiana se engrandece de un aprendizaje desde la humildad que solo los maestros como Roman Simovic consiguen transmitir y trascender.
Las pocas novedades en tiempos de pandemia, salvo mi cambio de ubicación obligado por la organización del auditorio que impide pagar un abono individual en la zona central, se agradecen: la vuelta de Elena Rey como concertino invitada, química total con director y compañeros, un director además de solista por partida doble, a falta de titular, más la organización clásica del programa con conferencia previa, ansiosos de recuperar una normalidad siempre distinta a la que entendíamos antes del Covid.
Recordando nuestras músicas
04/09/2021
Asturias, cine, lírica, música, Música contemporánea, recital Auditorio de Oviedo, conciertos, cuplé, Marcos Suárez, Mª José Suárez, música 1 comentario
Viernes 3 de septiembre, 20:00 horas. Sala de cámara del Auditorio de Oviedo. San Mateo 2021: Volver (La música que cantaron nuestros padres y abuelos): Mª José Suárez (mezzo), Marcos Suárez (piano). Entrada: 8 €.
No puede haber fiesta sin música y San Mateo en la capital del Principado arrancaba este primer viernes de septiembre, como el inicio de otro curso escolar, de otra temporada con nuevas ilusiones y las canciones de siempre en una velada de amigos donde la sala de cámara se convirtió en un pub sin copas y con las restricciones de una pandemia que aún convive con nosotros pero no puede parar las ganas del directo y la fiesta con toda la responsabilidad, demostrando no solo que la cultura es segura sino que reivindicamos la capitalidad musical de Oviedo.
La mezzo carbayona fue perfecta anfitriona en este arranque festivo, «La Suárez» triunfando nada más salir a escena mientras «El Suárez» preludiaba la cinematográfica Volver, un «Suárez doble» con canciones que los jóvenes de más edad conocemos y cantamos, Mª José y Marcos dispuestos a compartir los recuerdos que sólo la música es capaz de remover.
Bienvenida a todos los invitados, familia, amigos, compañeros de profesión, aficionados de todas las edades, porque cantar en casa no tiene igual y llegaría el primer bloque de cuplés con Los amores de Ana del artista gijonés Juan Martínez Abades (1862-1920), mis recuerdos setenteros de estudiante tunante y de la otra Ana, Belén que la volvió a poner entonces de moda, melodías que permanecen y mantienen esa picaresca de buen maridaje entre letra y música, el mismo de «Los Suárez», continuando con La chica del 17 (Margarita Seró allá por 1926) que como bien explicaba Mª José, cómplice en el «salón de casa», vivía en el número 13 pero la rima no resultaba con la plaza del Tribulete, arrancando algún coro a media voz antes de afrontar Las tardes del Ritz, tributo a nuestra paisana Lilián de Celis que marcó época e historia viva de este género que nos hace mover los pies con un vaivén contagiado por la pareja asturiana.
Marcos Suárez nos dejaría su primera intervención solista con el Tango de la «Suite España» (Albéniz), seriedad y partitura obligada demostrando que los pianistas se amoldan a todo espectáculo, verdaderos todoterreno como el langreano que esta tarde no quería abandonar el repertorio original, ese aire de habanera en la Cuba perla caribeña española, las músicas de ida y vuelta como todas las que escuchamos este primer viernes mateíno.
Tras el paréntesis instrumental volveríamos con Mª José Suárez que «colgaba las plumas” y pasaba al bolero, recuerdos de amores y películas, desde el gardeliano Volver
de nuestras sienes plateadas que nos hicieron saltar Lágrimas negras cubanas y hasta la pasión cinematográfica de Almodóvar con el Cucurrucucú paloma o el siempre eterno Piensa en mí, Chavela o Linda Ronstad, versiones del Lara original siempre personales de la ovetense y el langreano sin perder sello propio pues son canciones verdaderamente caleidoscópicas que admiten cualquier acercamiento desde estilos aparentemente antagónicos, pues cuando la melodía es bella, el ropaje queda perfecto.
En una velada tan cercana y nuestra, nada mejor que escuchar al piano el eterno pasodoble Suspiros de España del maestro jienense Álvarez Alonso, que Marcos Suárez afrontó nuevamente desde la seriedad en una difícil adaptación de la orquestación original, antes de llegar a dos verdaderos «hits» que escuchaba de crío a mi abuela Pepita, la parte cantarina de la familia, primero La violetera de Padilla, que Suárez enmendó la plana a la mismísima Saritísima, y hasta «La Peluso» se atreve con ella, vigencia eterna del cuplé, y no digamos el picarón Tápame ideal para un verano astur atípico de frío comentado siempre con la sorna y coña marinera candasina o almeriense única de María José, ganándose aún más a un público entregado y cada vez más entonado, rejuveneciendo con esta pócima musical en los años de radio y televisión todavía en blanco y negro ya en tiempos digitales punto cero.
Nada mejor que estar entre amigos, y así llegaría la sorpresa cantado a dúo con la soprano Beatriz Díaz el cómico Dúo de gatos de Rossini, felinas reales de peluche que maúllan y convirtieron esta «riña de líricas» en un verdadero regalo para el oído, siempre con el seguro Marcos Suárez que conoce bien a las dos y «respira» como buen repertorista.
Y llegaría el final nunca deseado con un cuplé del llamado «pasatiempo lírico» La alegre trompetería (1908) compuesto por el maestro Lledó, «La regadera» con toda la picardía ya perdida de la ironía y los dobles sentidos, textos a los que la imaginación libraba de censuras en tiempos duros, necesaria música terapéutica con la psicóloga Suárez, jardinera armada de regadera en miniatura para la ocasión. ¡Que no nos falte el humor! y si es con inteligencia todavía mejor, el de la mezzo asturiana insustituible en nuestra zarzuela (sin abandonar la ópera), regalándonos un recital distinto para nuestra larga juventud. Así nos sentimos con la propina compartida y coreada de «La Corte de Faraón» también de Lledó y ¡Ay, ba! del Babilonio que marea, revista llevada a la gran pantalla, las vedettes en color de aquellos programas televisivos para las noches de los sábados y el recuerdo de unas melodías que forman parte de una historia común vivida por todos, presentes y ausentes.
Agradecimientos últimos como las flores de Mª José Suárez a todos los asistentes y muy especiales al alcalde Alfredo Canteli por su apoyo a la lírica en La Viena del Norte español durante estos tiempos difíciles, y a Covadonga Díaz, concejal de festejos incansable y luchadora, bisando ya a viva voz con toda la sala el «Ay! vámonos allá», a Oviedo capital musical asturiana y feliz comienzo del San Mateo 2021. Faltó volver a los diecisiete pero siempre volvemos a sentirnos jóvenes con estas canciones que guardan muchas historias.
Memoria pétrea
29/08/2021
Asturias, clásica, conciertos, coros, música, sinfónica Beatriz Díaz, Capilla Polifónica Ciudad de Oviedo, conciertos, David Menéndez, Haydn, José Manuel San Emeterio, Juan Noval, Lola Casariego, Lucas Macías Navarro, música, Mozart, Oviedo Filarmonía Deja un comentario
Sábado 28 de agosto, 20:00 horas. Catedral de Oviedo, 1200 años de historia, «Música en el origen del camino». Concierto conmemorativo del año Jacobeo 2021: Beatriz Díaz (soprano), Lola Casariego (mezzo), Juan Noval Moro (tenor), David Menéndez (barítono), Capilla Polifónica «Ciudad de Oviedo»(director: José Manuel San Emeterio), Oviedo Filarmonía, Lucas Macías (director). Obras de Haydn y Mozart. Entrada libre (con invitación).
Escuchar música en la catedral trae a mi memoria todos los recuerdos cual memoria pétrea, y si la celebración de los 1200 años de la Sancta Ovetensis titulaban este concierto como «Música en el origen del camino» puedo añadirlo a mi propia historia de seis décadas donde Oviedo y la música siempre han estado unidas.
El sábado confluía todo en la misma velada por haber vivido los «orígenes» de todos los intérpretes. Quiero comenzar cronológicamente con la Capilla Polifónica recordada con sus altibajos, Luis Gutiérrez Arias y los esperanzadores inicios con Lauret y Alfredo de la Roza llegando a cotas de calidad únicas en aquellos momentos, la «penúltima etapa» con mis recordados Luis Miguel Ruiz de la Peña y Joaquín Salvador Cuervo unificando coros para salvar un patrimonio coral necesario… siempre con cantantes amigos donde Mieres ha estado presente desde el principio (con mucha cantera de mi querido Orfeón), y el posterior «renacimiento» hasta nuestros días con el último y reciente fichaje de San Emeterio al que debemos reconocer este trabajo para un concierto ya comprometido, manteniendo el tipo como luchador al frente de un coro algo mermado en efectivos pero que volverá a crecer, pues ilusión no falta y voces hay cantera suficiente en la tierrina.
Prosigo con la Oviedo Filarmonía, primero OSCO, recordando toda la infrahistoria de su fundación pero donde la música pudo con todo y con todos, una plantilla también de muchos conocidos y hasta compañeros que han ido creciendo y madurando con los años, el despegue internacional que supuso Haider, el atrevimiento y versatilidad con Conti más el futuro ya presente de Lucas Macías Navarro, un acierto total en su contrato y mis felicitaciones a una gestión envidiable.
Y cierro recuerdos con el cuarteto vocal de casa, comenzando por Lola Casariego, mi Lolina de larga trayectoria con amistades comunes desde aquel Coro Universitario de Luis G. Arias, a la que he seguido todos estos años y de quien tengo todavía guardadas tres cintas que grabé de Radio Clásica en su debut en 1989 con Acis y Galatea de Literes. Sigo con mi admirado y querido «alumno» David Menéndez que nunca defrauda porque aquella firme promesa se convertiría pronto en enorme realidad a base de trabajo concienzudo, sabias elecciones de repertorio y total entrega. El polesu Juan Noval Moro que crece y mejora como los buenos vinos con los años y que aún no ha tocado techo, con una evolución vocal merecedora de más protagonismo, pues lleva la música en los genes. Finalmente Beatriz Díaz que superaría toda entrada de este blog porque la amistad y el cariño no ha nublado nunca mi criterio musical sobre ella, y lo sabe. Capaz de seguir emocionándome como pocas voces, de ponerme los pelos de punta y hasta hacerme saltar las lágrimas ante este prodigio de voz con el enorme esfuerzo y trabajo que hay siempre detrás (como suele y debe suceder), disfrutar con una evolución que conozco de primera mano y de la que presumo y se me nota.
Cuarteto solista asturiano que es un lujo del que disfrutamos no todo lo que quisiéramos, saliendo de la tierra porque es cual Saturno que devora a sus hijos, y sigue enfadándome comprobar nuevamente que en este negocio musical no siempre triunfan los mejores, aunque sea fiel reflejo de nuestra propia sociedad donde los mediocres están al mando. Al menos seguimos siendo unos privilegiados en Oviedo, la verdadera «Viena del norte» español desde una Asturias que sigue exportando talento y calidad, músicos que llevan nuestra tierra allá donde van aunque el dicho de que «nadie es profeta en su tierra» es cierto tristemente. Queda el consuelo de saberse todos queridos y reconocidos por un público que volvió a agotar las entradas en cinco minutos, y que apostar por ellas es sinónimo de éxito porque nunca defraudan.
Sobre el concierto debo reiterar nuevamente la reverberación catedralicia que tiene pocos pros y muchas contras. Comenzaba Oviedo Filarmonía con la Sinfonía nº 22 en mi bemol mayor, Hob. I/22 «El filósofo» de Haydn, donde el maestro Macías Navarro dispuso una colocación vienesa aprovechando la acústica y los recursos sonoros de esta joya del «padre de la Sinfonía«, con movimientos lentos ideales y rápidos irreconocibles, especialmente el Presto final con ese duelo de cornos (inglés y francés), virtuosismo imposible de paladear pese al fino trabajo de contención del viento y el quehacer detallado de la cuerda. Con todo, el tándem clásico Haydn–Mozart funcionaría a nivel global porque la calidad de la orquesta está demostrada y luchar contra los elementos está en sus ADN. Excelente estado de una cuerda cada vez más homogénea con Marina Gurdzhiya de concertino.
Y no hacía falta más liturgia que Mozart y su Misa en do mayor (Coronación), KV 317 para celebrar memorias históricas, con una Capilla Polifónica dándolo todo pese a las mascarillas, sin poder saborear el latín pero sí de una sonoridad que ayudaría en los volúmenes y equilibrios dinámicos, con una orquesta recolocada de nuevo en busca de las mejores texturas con la seguridad que el director onubense transmitió desde el primer Kyrie al completo. Otro acierto fue colocar el cuarteto solista en los dos púlpitos laterales, mujeres a la izquierda y hombres a la derecha, esa altura que ayudó a una proyección vocal nunca tapada por la orquesta, buen empaste entre ellas, y la elección de los tempi donde hubo que primar la lentitud para exprimir la acústica, incluso en el Gloria, redundando en mayores emociones. Silencios buscando la duración exacta para no ensuciar la belleza melódica del genio de Salzburgo, balances orquestales contenidos (y no siempre alcanzados para un coro que no superaba las 40 voces), incluso el órgano, sumando una afinación casi histórica mandando las trompetas naturales, con mimo hacia el coro y el cuarteto sustentado en las voces extremas para una cimentación necesaria donde el momento álgido llegaría con el Agnus Dei de una Beatriz Díaz dominadora de la expresión y los matices, cómoda de tesitura, registros nítidos de color y emisión, sumándose un poderoso David Menéndez con el resto del cuarteto en ese Andante maestoso final subrayado por coro y orquesta que Macías condujo con precisión vienesa.
La música en el origen del Camino, el mío personal y el histórico catedralicio, memoria pétrea donde mis recuerdos sonaron tan cercanos en la grandeza ovetense. En breve comenzamos otro curso escolar, otra temporada más en la Viena del norte español tras disfrutar de los genuinos vieneses Haydn y Mozart «Made in Asturias». Este blog nacía en 2008 con el encabezamiento desde esta aldea en la ladera de Mieres, al mundo y con la Música por montera que sigue vigente tras este último sábado de agosto que permanecerá en mi memoria.
(RE)encuentro con Dudamel
26/06/2021
Asturias, conciertos, educación, música, sinfónica Auditorio de Oviedo, conciertos, Dudamel, música, Orquesta del Encuentro, Schönberg, Tchaikovsky 2 comentarios
Viernes 25 de junio, 19:00 horas. Clausura de los Conciertos del Auditorio, Oviedo. Orquesta del Encuentro, Gustavo Dudamel (director). Obras de Schönberg y Chaikovsky. Entrada butaca: 40 €.
Está claro que El Sistema fundado por el Doctor Abreu marcó a toda una generación de músicos y que su buque insignia ha sido Gustavo Dudamel (1981), todo un prodigio que con 18 años sería nombrado director musical de la Orquesta Sinfónica Simón Bolívar de Venezuela, pasando a ser conocido internacionalmente en 2004 tras ganar la edición inaugural del «Concurso Gustav Mahler» de la Orquesta Sinfónica de Bamberger. Desde entonces le sigo esperando que su contrato en París nos lo acerque un poco más. Cada visita suya a Oviedo resulta todo un acontecimiento que recordamos como privilegiados, y es que nunca defrauda, agradeciéndole que de nuevo volviese a poner la capital asturiana en su agenda.
El propio Dudamel en 2012 creará su propia Fundación con la meta de “ampliar el acceso a la música y las artes ofreciendo herramientas y oportunidades a la gente joven para dar forma a sus futuros creativos”. Durante diez días con jornadas maratonianas, ha reunido en Madrid a 60 jóvenes músicos de cuerda de 12 países hispanoamericanos (con tres asturianos en sus filas *), seleccionados entre la excelencia y para ejercer un liderazgo en pocos años. Así es esta «Orquesta del Encuentro» tras el Covid y lo que supuso para todos, pero que esta generación en la que Dudamel cree firmemente, no solo han podido viajar (algo heroico ahora mismo) y trabajar con grandes instrumentistas como los de la Filarmónica de Viena (Rainer Honeck o Tamas Varga) o de Göthenborg (Johan Stern), por citar algunas figuras supongo que convencidas además de entusiasmadas por este nuevo proyecto del venezolano, y poder así ensayar y montar dos obras de envergadura para cualquier formación profesional de primer nivel, pues bajo su dirección nada es imposible, como si existiese la «dudamelina» inyectada en vena, toda una experiencia docente y emocional para todos, incluidos quienes volvimos a llenar el auditorio ovetense en este reencuentro con el prodigio de Barquisimeto.
Acompañado de sus padres y abuela, así como de su esposa María Valverde, copresidenta de la Fundación Dudamel, siguen plenamente involucrados en la carrera de un Gustavo lleno de energía como siempre, entusiasmo, vitalidad, poder de convocatoria y convicción además de una atracción que solo unos elegidos tienen, y siempre con el amor por la música que sigue siendo el motor de su vida en plena madurez con 40 años, una mente prodigiosa.
A mitad del concierto nos contaría que además de la música que no necesita palabras, necesitaba las palabras para esta música que, como siempre y, desde la humildad innata de quien se sabe un trabajador más, dejó el aplauso para sus jóvenes.
En la parte musical una primera parte con Verklärte Nacht (Noche transfigurada), op. 4 de A. Schönberg (1874-1951), un sexteto en la versión para orquesta de cuerda (1943) del propio compositor, que cerrando los ojos sonaba impactante, rigurosa, contrastada por esa magia de los pentagramas capaces de expresar la angustia y la esperanza, el poema de Richard Dehmel puesto en notas, la vida misma insuflada por un Dudamel siempre claro con sus gestos peculiares y personales, más la respuesta exacta de una plantilla (16-14-12-10-8) que sonó camerística y sinfónica, tal fue la gama de dinámicas alcanzada y la respuesta precisa de unos músicos sin malear, entregados (bravo por el concertino español Meriem Abad ** y el viola nicaragüense William Aviles), disfrutando de un compositor que para ellos no resulta lejano aunque sí para el «gran público» que retorna a las salas con sus móviles encendidos y tosiendo ante una música que siguen sin comprender. Dudamel y su Encuentro lograron la magia, con un final para aprender, el silencio con arcos arriba y las manos manteniendo la tensión entre todos, el silencio dramático que incomoda pero necesitamos. Impresionante.
Y tras las palabras del Maestro, con mayúsculas, el pedagogo capaz de compartir y enseñar a unos músicos como esponjas, entregados, fieles, de respuesta aceptada, sin cuestionarse ni adocenarse como tantos en nuestro entorno, el gran P. I. Chaikovski (1840-1893) y otro encuentro, entre el trabajo y el liderazgo bien ejercido, porque Dudamel vence y convence. La Serenata para cuerdas en do mayor, op. 48 resultó la clase final de curso con matrícula de honor que también podrán corroborar en las islas afortunadas (esta vez también lo es Oviedo), aún más con esta música para orquesta de cámara que así sonó pese a la plantilla utilizada. Movimientos más allá de ejercicios técnicos, toda una paleta sonora para los pentagramas del ruso que brillaron como nunca: Pezzo in forma di sonatina. Andante non troppo – Allegro moderato, la batuta clara, la izquierda precisa, la respuesta exacta, las partes y el todo. Continuaría el Valse. Moderato. Tempo di valse, el bailable de los grandes ballets tan alejado del vienés pero tan rítmico y flexible. La emoción de la Elegia. Larghetto elegiaco, la tensión de unas cuerdas increíbles por fraseos, dinámicas, protagonismos, primeros atriles maduros. Y el Finale (Tema russo). Andante – Allegro con spirito, broche de oro para una serenata delicada, limpia, complejamente sencilla que esta orquesta brindó con el mando fácil de un trabajador más, cercano y conocedor de esos años juveniles que marcarán toda su vida, un reencuentro con el Dudamel auténtico, comprendido y entendido donde mejor se mueve, el verdadero artista.
P. D.: * Dejo foto con el reportaje que La Nueva España dedicó esta semana a los músicos asturianos que forman parte de la Orquesta del Encuentro:
**: El concertino es Andreas Siles-Mellinger, boliviano. Gracias por la aclaración desde su tierra.







































































