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Wagner se impone a Verdi en el clásico ovetense

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Sábado 26 de octubre, 20:00 horas. Conciertos del Auditorio, Oviedo: Emily Magge (soprano), Klaus Florian Vogt (tenor), Oviedo Filarmonía, Marzio Conti (director). Gala Lírica bicentenario VerdiWagner.

El mismo día que el clásico futbolístico Barcelona – Madrid daba comienzo el Ciclo «Conciertos del Auditorio» con este emparejamiento que tiene paralelismos musicales, no en vano la capital de España, como la de Asturias, siempre han sido verdianas en contraposición a Barcelona o Gijón, más wagnerianas, y el Camp Nou como el Auditorio disfrutó del vencedor en todos los sentidos, disputas aparte que siempre las hubo, hay y habrá.

Como si de una crónica de balompié se tratase, podría hacer la de este concierto teniendo en cuenta que el resultado ha sido el mismo, 2 a 1 en tanto que a Wagner le hemos escuchado por partida doble esta semana, incluso repetido pero siempre distinto. Y si la hinchada carbayona es operísticamente italiana, merengue incluso, la del auditorio reconoció el dominio alemán.

Las figuras invitadas se desenvolvieron mejor en la «Bundesliga» que en el «Calcio», no en vano están reconocidos como cantantes wagnerianos y así resultó, con dos partes bien diferenciadas donde no siempre dominar es suficiente para vencer, planificando el evento en la habitual sucesión de oberturas o preludios entre arias y dúos, repartiendo tiempos y sacrificios.

Verdi jugó cómo en la primera parte aunque sin convencer nunca. La obertura de I vespri siciliani quedó algo desequilibrada entre un ataque de metales dominando la defensa de cuerda, que fue corrigiéndose a lo largo de los 50 minutos, dinámicas y tiempos que fueron de menos a más tal como los planteó la batuta titular.

Emily Magge hizo su primera aparición como Leonora con el aria «Pace, pace mio Dio« de La forza del destino, sobrada escénicamente con un color vocal carnoso en todos los registros, excelente proyección y bien arropada por el maestro concertador Conti, con mejor tino en la obertura de Atilla antes de la salida de Klaus Florian Vogt como Rodolfo en el aria «Quando le sere al placido» de Luisa Miller, quien me dio la sensación de estar en el puesto equivocado, frío, nada convincente a pesar de su capacidad, aún menor tras escuchar la obertura, esta vez después, que la Oviedo Filarmonía sintió como propia en estos repertorios de foso que dominan con el florentino al frente. La mejor jugada de pizarra era Otello y el dúo con Desdémona «Già nella note densa» que la amada cantó mucho más cómoda, casi provocando la muerte del moro de Venecia en un cambio de argumento ante lo poco convincente de un dueto que debería habernos respigado, como los cellos, en vez de mordernos la lengua, dejándonos con la esperanza de la segunda parte y el dominio vocal de la soprano americana sobre el tenor alemán.

Wagner planteó el arranque con su baza ElisabethMagge en «Dich, teure Halle» (Tannhäuser), cambio radical para un mismo color pero de sentimiento mayor, dominio del espacio y el texto de cabo a rabo, seguido por la conocida Cabalgata de las valquirias que la Oviedo Filarmonía interpretó como un ataque de película y poderío sonoro en esa Die Walküre plenamente germana. Y al fin Vogt salió «enchufado», borrando errores italianos, regateando y corroborando a la prensa especializada y sintiendo los colores patrios para convencernos como Siegmund en «Winterstürme wichen dem Wonnemond«, un heldentenor wagneriano en toda regla aunque con mucho recorrido en su carrera.

Lohengrin volvía al mismo campo pero con otro equipo y entrenador, demostrando lo importante de implicarse a pesar de diferencias de plantilla o presupuestos. Y es que los preludios del primer y tercer acto que nos interpretó la OvFi con Conti resultaron convincentes, compensando tensión y fuerza en un par de preludios que sonaron realmente bien, más wagnerianos que verdianos como cambiándose las tornas, secciones equilibradas dominadas por un planteamiento del director sin complejos. En medio el hermoso dúo de Elsa y Lohengrin «Atmest du nicht mit mir die süßen Düfte?» funcionó como el «tiki-taka blaugrana«, empastado, alternando protagonismo bien apoyado orquestalmente, mimados en los planos por Conti sin renunciar a las dinámicas originales, convincente, jugada maestra y lo mejor del partido, perdón concierto aunque siga prefiriendo tenores más dramáticos, y supongo que Magee también. Y se ampliaría el resultado con Vogt recreando «In fernem Land» convenciendo a un público que reconoció la posición natural del germano, rematando un dominio en su terreno que compensó el casi calentamiento de la primera parte justificando su presencia como titular.

En el tiempo adicional y sin tensiones, propinas repartidas de «bundesopera», Vogt cantando de Lehar su «Dein ist mein ganzes Herz» (de «El país de las sonrisas»), Magee de Carousell antes de recortar distancias nada menos que con el «Tonight« de West Side Story (Bernstein), María Magge y Tony Vogt emulando a Kiri y Carreras con Conti y OvFi de felices compañeros para quitar el mal sabor de boca a los verdianos y recortar diferencias wagnerianas, maquillando un resultado esperado antes de entrar. Algunos se quejarán de robos, fueras de juego o malos planteamientos, pero no podrán quitarnos un arranque de ciclo optimista viendo el calendario de la temporada.

Pasión corsa por Don Alfredo

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Viernes 25 de octubre, 20:30 horas. Iglesia de San Isidoro, Oviedo: IX Ciclo de Música Sacra «Maestro de la Roza». Concierto inauguralGargulae Vocis, polifonía corsa.

El viernes final de octubre y los de noviembre son citas en la agenda musical carbayona desde hace nueve años con este ciclo que recuerda a Don Alfredo y trae a la capital asturiana músicas que también tienen su hueco y público en una ciudad tan melómana como Oviedo. Los organizadores trabajan y mucho para sacarlo adelante año tras año aunque la ceguera cultural de todos los políticos sea un lastre a la vista de más recortes que acaban necesitando y recabando el apoyo económico de una afición que también pasa por penurias aunque no pueda prescindir de este alimento espiritual que hace más llevadera esta angustia de la que no tiene culpa.

Apuntémonos con cualquier figura musical desde la semicorchea a la redonda en yosoydelciclo.com.

La Escolanía San Salvador continúa con la misma ilusión organizando un ciclo que mantiene calidad en los intérpretes, pues mengua sólo la cantidad, y este primer concierto del ciclo lo ofrecería un cuarteto hispano-francés (Juanma Rivero, Ángel David Martín Blas, Paul Leclerc y Jean-François Richon) apasionado por la polifonía corsa -declarada por la UNESCO Patrimonio Cultural de la Humanidad desde 2009 como bien inmaterial, precisamente por esta característica polifónica, pues en muchos aspectos recuerda por momentos otras melodías del arco mediterráneo y si me apuran, hasta de nuestra Misa de Gaita– que mezcló cantos sacros y profanos de ahora y siempre, haciendo las delicias de un templo abarrotado que premió cada intervención y explicación del español Ángel David con merecidísimos aplausos.

La «Paghjella» es la tradición corsa cantada por hombres que combina tres registros vocales que siempre se producen en el mismo orden (Siconda, u Bassu y Terza) como bien explican las notas al siempre excelente programa editado para el ciclo, usando idiomas como el corso, sardo, latín y griego además de aunar la tradición oral secular y litúrgica, repertorio del que pudimos disfrutar en San Isidoro el Real a cargo del cuarteto Gargulae Vocis.

Llegaban cantando la tradicional L’Orme sanguine y caminando hacia la tarima que también se unió al concierto crujiendo y alternando con las campanadas que ayudaron a crear un clima único e irrepetible. Prosiguieron con dos tradicionales de la zona de Rusiu, Salve sancta parens, que me llevó al reciente concierto en León del Ensemble Organum que tanto ha influido en esta formación- y Kyrie, más el Ave Maris Stella en arreglo de Barbara Furtuna -otra formación corsa-, arte vocal tradicional, voces naturales con juegos melismáticos tan próximos a nuestra tonada, siempre con esa polifonía tan peculiar y difícil de empastar pero que este cuarteto domina a la perfección, rematando un expléndido y siempre emocionante Stabat Mater de la región Nebbiu, no tan lejana a nosotros.

La profano vino con dos melodías hermosas, Fiore y A Biasgina, llamándonos la atención la peculiar forma de unirse para el canto e incluso taparse un oído por parte de alguna voz para precisar la siempre difícil afinación, otra similitud con nuestros cantantes de tonada.

A mi lado, en el centro de la iglesia, se situaron para cantar el dúo Tota pulchra es Maria del manuscrito franciscano corso del siglo XVII, auténtica delicia de primera mano que me hizo sentir esta cercanía para unas obras que vinculan lo litúrgico y secular del pueblo como la citada Misa de gaita asturiana hizo aunque en menor medida. Prosiguieron con un impresionante Requiem y Tantum ergo sacramentum del mismo manuscrito corso, cerrando otro bloque polifónico de emociones y pasión vocal.

Dos canciones tradicionales profanas: Lettera a mamma, carta desde prisión de un soldado de la primera guerra mundial, tristemente actual en muchas partes de este mundo nuestro donde la música parece aminorar sufrimientos, seguida por un arreglo de J. E. Langianni de E Muntagne d’Orezza, prepararon la vuelta a lo sacro con el Offertoriu y el actual pero atemporal Lamentu à Ghjesù (M. Torchini / N. Acquaviva / T. Casalonga / R. Mambrini) donde Juan Manuel nos dejó una emocionada interpretación solista siempre con el «roncón» o bordón en boca cerrada de sus tres compañeros.

Para terminar la tradicional Moita Lode à San’Ghjiseppu antes de volver a situarse en el centro para cantar el himno corso Diu vi Salvi Regina, sentido con ellos, respirando y vibrando cada frase, cada sílaba, cada nota que reverberaba en San Isidoro. Todavía nos harían el Sanctus tradicional de la misa de Rusiu, un inicio que nos unía Córcega y Cerdeña con Oviedo para disfrute de Don Alfredo y todos los presentes, «La luz de la fe» como título e hilo conductor de este ciclo de 2013.

Adolfo Gutiérrez Viejo: homenaje en su festival

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Si la letra de un tango dice que «Veinte años no es nada», digamos que treinta un poco, y el maestro Adolfo Gutiérrez Viejo, fundador del Festival Internacional de Órgano Catedral de León, cerraba este domingo 20 de octubre a las 21:00 horas y con otro lleno hasta la girola, la trigésima edición, la del «bicho de Klais» en un homenaje a la Asociación de Amigos del Órgano Catedral de León pero igualmente hacia su tenacidad y trabajo para «continuar mis alquimias en la mezcla de colores y sonidos». Los tres corales de César Franck sonaron celestiales en este entorno «al que siempre han embellecido los vientos parisinos», siempre con palabras del propio Adolfo. Y aunque nos quedamos sin escuchar el estreno de sus Vitrales sonoros, Widor y su Toccata de la «Quinta Sinfonía en fa mayor» puso el broche a un mes de festival y sobre todo a 30 años de lucha de este enamorado de la música y en especial la de órgano. Así merece la pena esperar cuando se alcanza lo deseado.

Desde casa y con tiempo, contaremos más detalles.

Amores y tormentos en el Paraíso

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Jueves 17 de octubre, 19:30 horas. Patio del Palacio de Velarde (Museo de Bellas Artes de Asturias. Raquel Andueza (soprano) y Jesús Fernández Baena (tiorba): D’Amore e Tormenti (Música profana en la Europa del siglo XVII). I Ciclo de Música Antigua: Sonidos de la Historia. Organiza: Joven Asociación de Musicología de Asturias.

Mi más cordial y sincera enhorabuena a la JAM de Asturias por el esfuerzo y mucho trabajo demostrado en preparar este ciclo en la capital que además contó con un dúo de fama internacional para augurar e inaugurar un buen puñado de eventos para un repertorio que también tiene un público incondicional que llenó el patio y ventanas del primer piso.

Foto © Víctor Gallego

Evidentemente tener entre nosotros a Raquel Andueza y Jesús Fdez. Baena por primera vez en Oviedo, resultaba un aperitivo que no podíamos perdernos, con un programa íntimo, en el amplio sentido de la palabra, que nos hizo sentirnos en Palacio como auténticos cortesanos privilegiados, música antigua siempre tan actual y cercana.

Amor y dolor, placer y tormento, paraíso e infierno, alma y cuerpo«pensar con el corazón y sentir con el cerebro» que decía el filósofo paleño Sebastián Mora en la radio mientras volvía en el coche para la aldea, frase perfectamente aplicable a lo que nos cantó y contó la soprano navarra en perfecta simbiosis con el tiorbista sevillano, con el único intermedio de la Toccata arpeggiata de Kapsperger capaz de hacer hablar sin palabras un instrumento ideal para la voz de Raquel Andueza, natural, limpia, fresca, sentida, teatralizando los bellos textos italianos de Merula, Strozzi, Landi o Ferrari, «apartar los Canarios» tras cantarnos la bellísima nana Figlio dormi, y acabar Si dolce è il tormento de Monteverdi, cuyas palabras abrían las notas al programa escritas por la JAM (casi JASP que decía un anuncio de hace décadas). Lo más aplaudido Ferrari (aunque aquí no pinte nada Fernando Alonso) aunque cada obra resultase un auténtico bombón relleno.

Ligeros cambios en el orden de los temas (tras la nana Son ruinato y Che si puó fare), pero sin perder un ápice esta unidad dual. Mi tocayo sevillano titula en una entrada de su blog «El dulce veneno de Raquel Andueza» comentando el disco que titula el programa disfrutado esta tarde, siempre antónimos que funcionan cual sinónimos, simbiosis vocal en cada joya del siglo diecisiete que embelesó, acalló y enamoró a todos los presentes. Despedida francesa con texto español y ganas de más, aunque el refrán dicte «Lo bueno si breve, dos veces bueno» del dúo Andueza-Fernández Baena, Pamplona-Estepa, Norte-Sur.

Ana Belén García vuelve a Astorga

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El peregrinaje por el XXX FIOCLE me llevó este domingo 13 de octubre hasta la Catedral de Astorga para volver a disfrutar de la organista Ana Belén García, en un programa exigente como en ella es habitual, donde destacaba la obra de Bruno Vlahek que resultó ganadora del XXIII Concurso de Composición para órgano «Cristóbal Halfter» estrenada dos días antes en Ponferrada.

Si el concierto sacó chispas del envejecido órgano maragato, restaurado por Acitores S.L. aunque al límite de sus posibilidades ante el poderío de la donostiarra, la obra del croata afincado en Madrid supo a poco ¡ojalá vuelva a sonar en el «bicho de Kleis»! pero pasará a ocupar un puesto entre las obras imprescindibles de nuestro tiempo, como la de Hakim, perfectas en un repaso histórico donde lo mejor fue la interpretación de la muy trabajadora Ana Belén, capaz de seguir ejerciendo magisterio allá donde va. El programa escuchado fue el publicado en papel (que en Astorga nos regalaron) y nada que ver con el de la web del Festival.

Con tiempo y desde casa entraremos en detalles.

Voces jóvenes en clave barroca

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Sábado 5 de octubre, 21:00 horas. Catedral de León, «Peregrinatio», VIII Ciclo Músicas Históricas de León: Eduardo López Banzo (clave), María Eugenia Boix (soprano), Amaia Larráyoz (soprano), Nerea Berraondo (mezzo) y Héctor Guerrero (barítono). Obras de Händel y A. Scarlatti. Entrada gratuita.

El XXX FIOCLE (Festival Internacional de Órgano Catedral de León) prosigue su andadura, esta vez incluyendo la inauguración de la temporada del CNDM que tendrá cuatro programas, el de este día de San Froilán con un delicado concierto donde mi ubicación no resultó la mejor para poder saborerar un programa delicado de cantatas dirigido desde el clave por el maestro López Banzo que nos descubría un trío de voces jóvenes seleccionadas en el II Curso de Interpretación Vocal en el Barroco Español del propio CNDM del pasado mes de marzo, además de otra de la primera edición, curso del que Don Eduardo es su director y por tanto conocedor de primera mano de esta póquer vocal del que habrá que tomar nota para dentro de poco.

Si bien el escenario volvía al lado del crucero y el lleno catedralicio me colocó lateralmente a los intérpretes, pude al menos comprobar colorido, emisión y proyección de cada cantante, aunque la reverberación impida disfrutar de los textos, tanto los cantados como las palabras del maestro López Banzo al finalizar el concierto y presentar las dos propinas.

La soprano pamplonesa Amaia Larráyoz nos interpretó la cantata Dolc’è pur d’amor l’affano, HWV 109b (Haendel) de color vocal agradable y registro central pleno, agilidades bien resueltas sobre todo en la segunda aria Se più non t’amo tras el algo plano Recitativo Il viver sempre in pene.

Me encantó la mezzo Nerea Berraondo en Leandro, Leandro, anima mia de Alessandro Scarlatti. Cual drama condensado en sucesión triple de Recitativo-Aria con un clave primoroso subrayado y apoyo de la enorme musicalidad y poderío vocal de esta otra pamplonica, color uniforme en todos los registros: un grave redondo, un medio claro y un agudo suave que tomando la letra de la segunda aria La speranza dice al core y a mi oído que estamos ante una cantante no ya barroca sino integral aunque este repertorio sea muy adecuado.

Händel volvería para ocupar el resto del concierto, primero con la única voz masculina del organista local formado en Oviedo y también barítono Héctor Guerrero, otra agradable sorpresa cantando Dalla Guerra amorosa, HWV 102a, interpretación sentida desde una técnica trabajada que todavía tiene mucho recorrido para un hermoso timbre ya homogéneo y de potencia controlada, vocalizaciones limpias, nunca atropelladas y recreándose en la partitura, músico completo siempre felizmente respaldado por la maestría del maño López Banzo.

El remate vendría con la soprano oscense María Eugenia Boix (ya «veterana» pese a su juventud, y seleccionada el año pasado) y el Menzognere speranze, HWV 131, partitura agradecida para una soprano ya madura vocalmente, capaz de sentir como suya la obra, contraponiendo caracteres distintos en el Adagio Lascia di più o la Arietta final Altra spene or non alietta con su recitativos previos igualmente diferenciados, comunicando y mandando, sintiéndose segura con ese clave que casi la llevó de la mano para un Händel esquisito.

La primera propina nos dejó un «retazo operístico» a trío femenino, ninfas y diosas, empaste vocal y de colorido antes del último trío con Héctor, Nerea y María Eugenia cerrando este peregrinaje más barroco que medieval que rezaba el programa global pasando del Auditorio de León en 2012 a la Pulchra leonina 2013 en este otro peregrinaje melómano traspasando el Pajares. Ida y vuelta porque San Froilán mandaba para los leoneses.

Atardecer musical con los Zapico

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Sábado 17 de agosto, 20:00 horas. Salón de Actos del Monasterio de Santa María de Valdediós (Villaviciosa). Círculo Cultural de Valdediós: Atardeceres Musicales 2013 «Intérpretes e interpretación», cuarto concierto. «Concerto Zapico«: Forma Antiqva. Obras de José Blasco de Nebra, Santiago de Murcia, Gaspar Sanz, Conte Ludovico RoncalliKapsberger, Johann Caspar Ferdinand Fischer, Diego Ortiz y D. Scarlatti.

La oferta musical, incluyendo la asturiana, continúa también en verano, y en Valdediós los «Atardeceres musicales» son parte importante de las vacaciones. Recién llegados del Festival Internacional de Música de Santander donde ofrecieron sendos y exitosos conciertos en Comillas y Loredo, Forma Antiqva en su versión «pura», es decir con los tres hermanos Zapico, deleitaron a un salón al completo, con público de pie y colas desde casi una hora antes del inicio de este «Concerto Zapico» siempre distinto y siempre alegre, calidad y calidez en un repertorio organizado como ellos saben, capaces de darle mil vueltas para que obras conocidas sigan sonando frescas y las nuevas aportaciones se hermanen con la misma vitalidad.

Fandangos y folías, pasacalles y recercadas, cumbées y chaconas de sus autores habituales en trío: Santiago de Murcia y Kapsberger, los anónimos que acabarán siendo también Zapico atemporales. La música ibérica para Consort de Continuo con su particular orden y arreglos, improvisaciones de vértigo en la mínima expresión de Forma Antiqva. Combinaciones de tres elementos tomadas desde todas las variantes para lograr no sólo las complicidades a que nos tienen acostumbrados, sino unas sonoridades que siguen creciendo y asombrando en cada interpretación, virtuosismo al alcance de todos.

La guitarra de Pablo Zapico en solo impresiona, a dúo rasguea y «contrahace» el canto, en trío iguala planos. La tiorba de Daniel Zapico tan pronto resuena a cello como se camufla en punteos con la guitarra o complementa los solos de tecla. El clave de Aarón Zapico es más que sustento, sabor y aderezo, ornamentaciones exquisitas, mano izquierda en el amplio sentido, capaz de emparejar con la tiorba, derecha rasgueando para el punteo de la guitarra, y ambas manos con intervenciones a solo que engrandecen un repertorio hecho a medida.

Público entregado como los propios intérpretes, crecidos por un ambiente que les empuja a buscar bifurcaciones sin perder el camino, sensaciones de un trío único capaz de sentir un mismo corazón, una misma respiración y una misma inteligencia musical. Si los fandangos abren y cierran espectáculo, las Marionas de Gaspar Sanz vuelven a brillar con la Xácara y el Preludio del Conde Roncalli es enorme incluso al lado de la Passacaglia de Kapsberger. Inmensos los Zapico que no paran, lo que siempre es bueno… Enhorabuena!

Verano de músico

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Miércoles 24 de julio, 19:30 horas. Sala de Cámara del Auditorio de Oviedo. Escuela Internacional de Música de la Fundación Príncipe de Asturias, Curso de Verano 2013: Concierto de alumnos. Entrada libre.

Los músicos, como los profesores, no tienen vacaciones e incluso el verano lo aprovechan habitualmente para seguir perfeccionándose, en la siempre eterna búsqueda de la inalcanzable perfección. La Fundación Príncipe de Asturias lleva desde 2005 con esta escuela internacional que convierte Oviedo en un campamento urbano de verano musical, un bullir de jóvenes músicos y profesores de prestigio internacional al que se une en este 2013 la JONDE, también residente un par de semanas, en periplo cantábrico hasta el 10 de agosto.

Entrar en el Auditorio y comprobar cuánta música se respira es todo un orgullo, máxime en unos tiempos donde los políticos recortan precisamente por la cultura, y la música desaparece de la educación obligatoria dejándola como materia residual (WERTgonzoso). Tendrían que pasarse por Oviedo y vivir de cerca lo que supone estudiar música para estos jóvenes, muchos llegarán a figuras, otros se convertirán en atriles de las pocas orquestas que nos dejen o emigrarán para engrosar plantillas donde los apellidos españoles cada vez son más habituales, más muchos que seguirán disfrutando de la música desde otras profesiones, porque ya se sabe que es difícil explicar que álguien estudie música ¿nada más?.

Inversión en futuro que arrancó hace años con la FPA apostando por ella desde la llegada de Los Virtuosos de Moscú en 1990 que marcaría este presente reluciente. Plantar para recoger, esperanza y tiempo dedicado al más sublime de las artes que ahora con la perspectiva que dan estos 23 años supone presumir de músicos en todas las familias orquestales y no sólo en el viento donde la región valenciana era referencia. Gracias a la Fundación por seguir manteniendo la visión de futuro pese a los recortes de miopes gobernantes y también gracias a los patrocinadores y colaboradores que hacen posible esta formación, algo más económica de lo que supone para las familias seguir pagando los estudios musicales de sus hijos.

Y es que tenía que contar todo lo anterior antes de relatar un concierto de alumnos de viento madera y cuerda: solistas, dúos, tríos y hasta un cuarteto de cuerda que convierten la llamada «música de cámara» en lo más didáctico para intérpretes y público, una Escuela de Verano donde los profesores preparan con ellos las obras que el público degustará y juzgará siempre con benevolencia, sabedores de lo que supone tocar ante el respetable unas obras que marcarán un camino muy largo pero asentado desde estos cimientos.

Verano de músico que no sabe de vacaciones pero al que trabajar en estos niveles les viene cual complejo vitamínico extra, trabajo individual y en equipo, solidaridad juvenil hecha música con el desparpajo de la edad y también la responsabilidad por hacerlo lo mejor posible. Citar en primer lugar el papel desempeñado por el profesor Óscar Camacho Morejón como pianista, más que acompañante o repertorista un apoyo imprescindible para los solistas, piano en estado puro o reducciones orquestales, siempre atento a los intérpretes que mima con experiencia y rigor.

Los alumnos de viento madera tienen como profesor de flauta a Antonmario Semolini y fueron en el concierto el jovencísimo Hernán Rodríguez San Miguel al que le tocó abrir velada interpretando la Sonata en fa mayor (B. Marcello) apuntando maneras y buen sonido aún pendiente de fijar afinaciones, sobre todo en los movimientos lentos, y en sexto lugar Diego Aguiar Armada y el «Allegro» de la Sonata para flauta y piano en si bemol mayor, anh4 (Beethoven), ya de nivel más avanzado aunque todavía falto de volumen en el grave.

Siguiendo con el viento madera, los alumnos de fagot de Javier Aragó Muñoz nos ofrecieron distintas combinaciones: dúo en segundo lugar con Ana Martín Delgado y Daniel Solís García que nos interpretaron los movimientos primero y tercero de la Sonata nº 1, op. 40 (J. B. de Boismortier), empastando como si llevasen años juntos,

y en quinto lugar un trío con los dos fagotes Jorge Galán Corral y Ana Martín más el oboe de Irene Roser Espert en el tercer movimiento de la Sonata en re menor (G. F. Haendel),

Para rematar en penúltimo lugar del concierto nos ofrecieron un J. S. Bach del que interpretaron dos arreglos de las «Invenciones»: la Invención I en do mayor, BWV 772 con Ana Martín e Irene Roser Espert (alumna de oboe de Jesús Fuster) que cambió de pareja para la Invención XIII en la menor,BWV 784 con Jorge Galán (fagot). Interesante escuchar las dos voces en estos instrumentos de lengüeta doble que dan otra visión a las siempre increíbles obras del «kantor«, dos en y para uno que solamente se consigue con mucho ensayo, y hay que recordar que apenas llevan una semana desde que comenzó este curso.

No faltó el clarinete de David Martínez Marcos, alumno de Jorge Montilla, que nos regaló en octavo lugar el «Grazioso» de la Sonata para clarinete y piano de L. Bernstein, sentida de principio a fin por un músico que ya tiene sonido propio y un perfecto entendimiento con el maestro Camacho.

Siguiendo con el viento madera el protagonismo del oboe (con los alumnos de Fuster) tuvo su momento de gloria: «no hay quinto malo» con Marcos Oviedo García que nos regaló el «Allegro» del Concierto para oboe en sol menor (Bach), ejecutado con soltura adulta y el apoyo de un piano «quasi barroco» y la novena actuación con Miriam Puchades Alejos que interpretó el «Recitativo / Adagio» del Concertino para oboe (B. Molique), dificultades de los tiempos lentos por las exigencias respiratorias y una musicalidad de muchos quilates en esta joven oboísta que contagió la emoción del movimiento elegido.

Para el final dejo al departamento de cuerda porque pienso que el salto cualitativo y cuantitativo que hemos dado en estos años era impensable en mis tiempos de estudiante, siempre volviendo a la comparación con el viento (las bandas de música siempre han sido cantera) o la percusión. En las teclas siempre hubo nivel pero con necesidad de salir de España hasta la llegada de las familias rusas en distintos puntos de España, siendo Oviedo uno de ellos.

La cuerda, y en especial el violín, fueron nuestro talón de Aquiles que se vio reforzado por esa feliz idea ya comentada de «La Fundación» por acoger en Asturias a Los Virtuosos de Moscú. Poco a poco resultó normal encontrar suficientes alumnos, antes minoría, como para ir creando escuela en nuestra tierra, unido a esfuerzos familiares apostando por completar esa formación, siempre paralela a los estudios obligatorios en colegios e institutos. Y estos cursos siguen ayudando a descubrir talentos o reforzar los que ya tenemos. Cierto que estos jóvenes tienen niveles y edades distintos, pero las obras presentadas fueron exigentes y sin concesiones para los intérpretes.

En tercer lugar actuó Carolina Camp Guasp, alumna de Sergey Teslya, quien hubo de enfrentarse al primer movimiento del Concierto nº 4 en re mayor, K. 218 (Mozart), muy trabajado, de memoria y a quien los nervios traicionaron pero que también son parte de la formación musical, siendo capaz de retomar con la inestimable ayuda del maestro Camacho, el rumbo para tranquilizarse en la cadenza y finalizar con un cabreo que los aplausos no pudieron aplacarle.

La séptima posición dentro del programa le correspondió a todo un joven vetarano del violín y alumno de la profesora Lara Lev en este curso: Ignacio Rodríguez Martínez de Aguirre que se atrevió nada menos que con la Introductione and Tarantella de Sarasate, palabras mayores de la literatura violinísitica no ya por la técnica totalmente virtuosa que mi admirado «Don Ignacio» sigue trabajando dentro y fuera de España, sino por el poso interpretativo que pide desde la delicada introducción hasta la movida danza italiana, pudiendo decir que su madurez es aplastante, autoexigencia y afán por mejorar cada día (la búsqueda de la limpieza en los endiablados pasajes y armónicos escritos por el pamplonica sucesor de Paganini) desde un sentido musical digno de admiración, bien secundado por Óscar Camacho que comparte protagonismo en esta partitura. Un placer ver su progresión tanto en el arco como en una mano izquierda que crece como su estatura.

El antepenúltimo en actuar fue Jorge Cañete Calderón de la Barca, alumno de Oleh Krysa que nos deleitó con la Romanza op. 6 nº 1 (Rachmaninov), agradecida para todos, de sonido poderoso en todos los registros y con poso para poder disfrutar con Óscar Camacho de esta delicia camerística.

El Cuarteto nº 14 en re menor, D. 810 «La muerte y la doncella» (Schubert) sigue siendo una de las cumbres de la música de cámara, y el profesor Igor Sulyga les preparó el «Scherzo» y el «Presto» (que dejó recién salido y subido a YouTube© por la madre de la violista) para Edgardo Carone Sheptak (volín I), Jorge Cañete (violín II), Cristina Cordero Beltrán (viola) y Carmen Hernández Bellas (cello), maestría juvenil nuevamente montada en tiempo récord para una obra complicada de interiorizar, de hacer sonar en su grandeza, protagonismos bien compartidos, sonoridades rotundas en los cuatro y entendimiento imprescindible para afrontar los últimos movimientos en bloque, sin fisuras, algo que forjaron desde el inicio. Fueron los más aplaudidos por un público que tiene la «música en casa» y saben recompensar el esfuerzo.

Enhorabuena a todos y desconecto unos cuantos días… aunque me perderé mucha actividad musical asturiana. A mediados de agosto volveremos con las pilas cargadas.

Terraza de verano con piano

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Martes 23 de julio, 20:00 horas. Claustro del Museo Arqueológico de Asturias, Oviedo. Festival de Verano «Oviedo es Música»: Rosario Andino (piano). Obras de Haydn, Beethoven, M. Saumell, I. Cervantes, Lecuona y Chopin. Entrada libre. Aforo completo.

El claustro del antiguo Convento de San Vicente vuelve a servir de terraza veraniega como en mis años jóvenes de los «Conciertos de la SOF», ahora música en Oviedo también en verano, sumándose a la oferta que nunca termina en la capital del Principado (en breve avanzaremos la próxima temporada). Esta vez el piano como protagonista con un programa muy llevadero a cargo de una pianista que en sus años jóvenes tuvo que ser tremenda porque todavía atesora musicalidad a raudales aunque el virtuosismo con los años está al alcance de pocos, pero la artista cubana de origen asturiano Rosario Andino se atrevió con los «grandes» sin olvidar sones de su patria.

 

La Sonata en re mayor, Hob XVI / 37 (Haydn) abría boca con tres movimientos bien diferenciados: el Allegro con brío que resultó bien expuesto aunque más tranquilo que brioso y poco claro en sonoridades, el Largo e sostenuto al que la acústica natural ayudó a crear atmósferas, y el Presto non troppo más cercano al «allegro sin brio» donde nos limitamos a escuchar sin más, tal vez falto de la emoción requerida para «Papá Haydn».

Las 32 variaciones en do menor sobre un tema original, WoO 80 (Beethoven) también resultan muy exigentes y no sólo en las rápidas, puesto que en cada variación debe permanecer un espíritu que sonó algo desigual con un desarrollos irregulares, aunque siga habiendo mucha música en esta difícil partitura pianística dibujada desde la maestría pero sin el color deseado.

 

Más cercanas y como música de salón (cambiado por terraza) las Seis danzas cubanas que la pianista eligió para esta velada vespertina: Los ojos de Pepa -que ha versionado Chucho Valdés– y La Tedezco de Manuel Saumell Robredo (1817-1870), intento transformador de elevar a culta la música popular, Los tres golpes e Improvisada de Ignacio Cervantes (1847-1905), catalogado en su tiempo como «embajador de la música cubana» por una mayor evolución llegando al sentimiento nacionalista que inundaba el mundo occidental en su tiempo, sin perder el estilo danzante de melodías pegadizas bien armonizadas, y el más popular de los compositores cubanos, Ernesto Lecuona de quien interpretó Ahí viene el chico, arrancado los aplausos de este «bloque danzón» más la archiconocida La comparsa, que alguna vecina de silla tarareaba y personalmente me volvió a las interpretaciones de su paisano también asturiano de origen José Luis Fajardo Trabanco, allá en mis inicios filarmónicos mierenses. El poso de los años unido a la genética dieron buena cuenta de estas páginas populares siempre agradecidas.

Cerrar un recital con Chopin son palabras mayores y la pianista no se achicó al elegir los Valses Op. 70 nº 1 en sol bemol mayor, con un «rubato» un tanto particular, el nº 14 en mi menor, Op. póstumo algo precipitado perdiendo la claridad prístina del mismo, más ese «pseudo super vals» que es la Balada nº 1 en sol menor, Op. 23, ya con los dedos en «su punto» para afrontar esta auténtica prueba de fuego, resultando más musicalidad que técnica pero desbordando maestría y recuerdos juveniles.

Ya como propina todo un esfuerzo extra, el homenaje a Verdi de Liszt con la Paráfrasis de concierto S. 434 o Fantasía sobre «Rigoletto», el célebre cuarteto verdiano para una «bella figlia del piano» que pareció remontar vuelo cual ave fénix en una partitura virtuosa como sólo el húngaro era capaz, también tarareada por alguna maleducada aficionada lírica en medio del variopinto público que llenó los cuatro pasillos del claustro. El respetable agradeció el esfuerzo de la cubana aunque personalmente me faltó poder tomarme una cerveza y fumarme un cigarrillo mientras escuchaba el «piano caribeño».

El jueves volverá la querida Purita de la Riva (Oviedo, 1933) que siempre es un espectáculo, más en casa.

Del Pirineo catalán al Reino de Navarra

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Jueves 11 de julio, 20:00 horasGijón Música Antigua 2013XVI Festival de Música AntiguaCentro de Cultura «Antiguo Instituto». Eusakalbarrokensemble & Enrike Solinís: «La última princesa vasca».

La semana gijonesa traía a viejos conocidos esta vez en grupo, desde Euskadi al mundo, jóvenes aglutinados por Enrike Solinís (guitarra barroca y laúd) en torno a esta formación compuesta por Mariví Blasco (soprano), Kiya Tabassian (setar), Tamar Lalo (flautas), Miren Zeberio (violín barroco), Josetxu Obregón (cello barroco), David Mayoral (percusión) y Maddalen Arzallus (recitadora o «bertsolaria»), probablemente la menos valorada por unos textos en euskera que no entendí aunque siempre relacionados con ese proyecto de aunar la música del final del Reino de Navarra en el siglo XVI y textos contemporáneos. Como dice el programa, «la cuestión interpretativa está enfocada desde las premisas de la diversidad cultural (musulmanes, cristianos, judíos) que se dio en el Reino de Navarra en esa época y que se cree formaba parte de la rutina interpretativa musical».

Con obras variadas donde la soprano valenciana, de voz adecuada para este repertorio, jugó con su timbre de voz natural e impostada, siendo el primer registro realmente hermoso en las canciones tradicionales, y una formación que va alternando según las partituras y arreglos, destacando sobremanera la percusión de David Mayoral (por Pedro Estevan), membranófonos por doquier capaces de crear ambientes rítmicos desde la delicadeza, así como el siempre sorprendente Solinís que volvió con Tabassian a hacer las delicias del público en sus improvisaciones avanzado el concierto.

Agrupado en cuatro bloques pudimos escuchar obras cantadas e instrumentales:

«Amorosen Partitzia» incluía dos del «Cancionero de Palacio» cantadas en euskera, Gaiza Zenduan Lenizanok (Malo lo hubísteis lenizanos) y Jançu Janto (de letra enigmática con raíces en el euskara), las Estampies de «Le Manuscrit du Roi«, el popular Oi Pello Pello («Herrikoia», festiva o popular) y la hermosa Mowachah Billadi Askara árabe-andalusí que con el subrayado del setar de Kiya sonó aún más oriental en la voz natural de Mariví.

«Hamar Manamenduiak» agrupaba cuatro piezas de amplia cronología pero igualmente coherentes en el discurso musical de la formación vasca: Pavana y gallarda (Pabanea eta Gallarda) de C. Gervaise), Pelegria Naizela (Canción de peregrinos) también popular vasca, la judeo-vasca Efthah’na Séfathay para nuevo lucimiento de la valenciana radicada en Sevilla y la movida Bourreé de Avignonez de Philidor l’Aîné, siempre con textos alternando euskera y castellano, Navarra como cruce de caminos.

«Çu icusi ta beste gauçaric…» ya avanzado el programa fue lo que comenzó a animar a un público algo perdido en cuanto a los aplausos, dudando entre esperar cierre de bloque, pero tras Di, Perra Mora de Pedro Guerrero no pudieron sino arrancar de gozo, luego Luis de Milán con la Pavana y gallarda, y nuevo arrebato con la mencionada improvisación. A continuación Con amores, la mi madre (Juan de Anchieta) y Barri onac Dacart ((F. de Salinas) también provocaron bravos para la soprano siempre arropada por una formación que se mueve en este repertorio con una comodidad digna de elogio.

Las «Kontrapas» pusieron el punto final desde la Arpegiatta eta Colassione de Kapsberger en versión casi flamenca (al igual que la otra noche), la canción tradicional de Uzbekistán Gachyari Garalar traducida al castellano y cantada desde el mayor respeto a esas músicas que no necesitan mucha voz sino gusto (y a Mariví le rezuma) con el laúd de Enrique y el setar de Kiya, la Bralea eta Ezpatadantza vasca plena de rítmica popular y para el final recorríamos los Pirineos de los catalanes hasta Navarra con Araniés para escucharlos a todos en Un sarao de la Chacona, misma alegría contagiosa con arreglos adaptados a esta formación, y el estribillo contagioso que casi sirve de «himno» para esta decimosexta edición del festival:

Un sarao de la chacona

 

se hizo el mes de las rosas,
hubo millares de cosas
y la fama lo pregona:

 

A la vida, vidita bona,

 


vida, vámonos a chacona,

 


vida, vámonos a chacona

«A la vida bona«, esa pieza que canta a la sana diversión y a la risa de todos, la chacona como filosofía musical, real como la vida. Dejamos el CCAI hasta el próximo año…

…para el alma dejamos el concierto sabatino de LDO en el Teatro Jovellanos, y ahí estaremos para contarlo (cantarlo ellos) como buen «leónigan».

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