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Vuelve la zarzuela solidaria a Mieres

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Jueves 26 de junio, 20:00 horas. Auditorio «Teodoro Cuesta», Mieres: Escuela de Canto y repertorio Vocal Haragei: «Gala de Zarzuela y lírica asturiana«, Entrada 5€ para AMICOS (Asociación Mierense de la Cocina Solidaria).

Elena Pérez-Herrero es una cantante y docente mierense que tiene tras de sí una amplia trayectoria profesional, avalada con distinciones tanto propias como de su alumnado, el cual está triunfando allá donde va. Mujer comprometida siempre, desde «Haragei« nunca se olvida de ese refrán tan musical de «Quien canta su mal espanta», y cuando es necesario arrimar el hombro a causas solidarias siempre está en primera línea, lo que volvió a traerla a su Mieres natal con una representación de su alumnado, nuevo y de siempre, para dejarnos una gala de zarzuela que hizo las delicias de un público menos numeroso del esperado pero igualmente entregado y solidario con Amicos, para quien fue toda la recaudación de taquilla.

Hubo bajas de última hora en el programa previsto por causas ajenas a la organización, como la del pianista y compositor Guillermo Martínez, o los cantantes Faustino Reguero Santimoteo y Fernando García, pero los que acudieron y actuaron en esta gala de zarzuela dieron todo, desde debutantes hasta veteranos, conviviendo y compartiendo el aprendizaje que siempre supone subirse a un escenario.

Sin entrar en valoraciones, comenzar citando a los siempre poco reconocidos pianistas repertoristas, más que acompañantes y auténtico sustento en partituras que resultan diabólicas al reducir la orquesta al teclado, amén de conocer a cada cantante para amoldarse, «respirar» con ellos y completar un éxito del que tienen siempre parte importante: Laura Martín Graña y el joven Marcos Suárez que además hubo de preparar casi a primera vista el repertorio que le correspondería a Guillermo Martínez, con todo lo que ello supone de trabajo añadido. Sobresaliente para este pianista que ha entendido a la perfección el siempre difícil arte del acompañante.

De las dos voces masculinas gustó el color vocal y potencia de Gaspar Braña, y el gracejo en escena de Cristóbal Blanco, mientras que en las femeninas brillaron con luz propia Sandra Gutiérrez y Yolanda Secades, junto a otra joven veterana Elisabeth Expósito, sin desmerecer otras conocidas como Gloria Díaz Morán, Ana Peinado o Azucena Bedia, junto a la debutante Silvia Inés Fraga que pondrá Mieres en su currículo. La elección de romanzas y dúos de zarzuela siempre acordes a las características de cada voz resultó apropiada, incluso dura para algunos, con alguna página poco escuchada y felizmente recuperada, participando incluso los compañeros en los coros puntuales que contagiaron a parte del público, conocedor de estas páginas populares en mi generación y anteriores pero que debemos seguir programando para mantener vivo un repertorio tan nuestro y de igual (o superior) calidad a la ópera.

Paso a citar el programa escuchado la tarde del último jueves de junio, volviendo a felicitar a todos, Elena a la cabeza y presentadora de lujo que también colaboró en los coros, así como a Carlos Muñiz, presidente de AMICOS que agradeció al final de la gala el gesto solidario y dejando ya anunciada la próxima de 2015 que intentará convertirse en cita obligada para la lírica en Mieres, villa musical de primera.

Primera Parte:

Gloria Díaz – Laura Martín: Qué te importa que no venga de «Los Claveles» (José Serrano).

Cristóbal Blanco – Laura Martín: Chinito soy -tango triste- de «Don Quintín el Amargao» (J. Guerrero).

Ana Peinado – Gaspar Braña – Marcos Suárez: Dúo de «Luisa Fernanda» (F. Moreno Torroba).

Elisabeth Expósito – Marcos Suárez: Romanza de Marola de «La Tabernera del puerto» (Pablo Sorozábal).

Gaspar Braña – Marcos Suárez: Romanza de Leandro de «La Tabernera del puerto» (Pablo Sorozábal).

Ana Peinado – Marcos Suárez: Romanza de «Chateaux-Margaux» (M. Fernández Caballero).

Gloria Díaz – Cristóbal Blanco – Laura Martín: Quiéreme mucho (Gonzalo Roig).

Elisabeth Expósito – Cristóbal Blanco – Marcos Suárez: Dúo Ese pañuelito blanco de «La Chulapona» (F. Moreno Torroba).

Segunda parte:

Sandra Gutiérrez – Marcos Suárez: Carceleras de «Las hijas del Zebedeo» (R. Chapí).

Silvia Inés Fraga – Marcos Suárez: Anxelinos (Ángel Émbil).

Azucena Bedia – Marcos Suárez: Romanza de Roseta de «Las segadoras» (Leopoldo Magenti).

Silvia Inés Fraga – Azucena Bedia – Marcos Suárez: Dúo de «Don Gil de Alcalá» (M. Penella).

Yolanda Secades – Marcos Suárez: Tango de la Menegilda de «La Gran Vía» (F. Chueca).

Sandra Gutiérrez – Marcos Suárez: Yo he nacido muy chiquita de «El dúo de la Africana» (M. F. Caballero).

Sandra Gutiérrez – Yolanda Secades – Marcos Suárez: Dúo de «Los diamantes de la corona» (F. Asenjo Barbieri).

Una tarde de zarzuela que además resultó ser alimento también para el alma. Gracias como suelo decir al Haragei Team, que sigue sumando esfuerzos, voces y buen hacer musical sin olvidar el necesario lado humano.

Lección vocal de combates y lamentos

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Martes 20 de mayo, 20:00 horas. Sala de cámara, Auditorio de Oviedo: «Primavera Barroca«. Combates y lamentos: Anna Caterina Antonacci (soprano), L’Accademia degli Astrusi, Federico Ferri (director). Obras de T. Merula, Monteverdi, Strozzi, Biagio Marini, Marco Uccellini, Pietro Antonio Giramo, A. Corelli, Giovanni Paolo Colonna, Giacomo Antonio Perti, Pietro Antonio Cesti y Maurizio Cazzati.

La clausura de este primer ciclo patrocinado por el CNDM traía a la capital asturiana una agrupación boloñesa fundada por el violonchelista Federico Ferri con un sexteto realmente de calidad y acompañante de lujo para la soprano Anna Caterina Antonacci en distintas combinaciones que nos dejaron una muestra no ya del «lamento» como género musical sino de verdadera lección de interpretaciones barrocas, finalizando esta edición en lo más alto tras conciertos algo desiguales pero que completan una oferta para un público enamorado de estas músicas menos habituales que las camerísticas clásicas o directamente sinfónicas de las que no podemos quejarnos. Desde Madrid siguen apostando por estos circuitos y en la contraportada del programa ya avanzaban la próxima temporada 14/15 también alternando formaciones nacionales e internacionales, aunque escribiremos de ellas en el asueto veraniego.

Citar en primer lugar los músicos del «ensemble» boloñés: el continuo formado por el propio Ferri al cello y dirección, Stefano Rocco a la tiorba, Giovanni Valgimigli al contrabajo (violone) y Daniele Proni doblando clave y órgano positivo, más el dúo de violines Lorenzo Colitto y Luca Giardini, y esporádicamente la viola de Gianni Maraldi.

En sexteto abrieron estos instrumentistas un concierto italiano con La Cattarina de Merula (de las Canzoni overo sonate concertate per chiesa e camera, op. XII, Venecia, 1637), destacando en la primera toma de contacto el perfecto empaste y entendimiento entre los violines.

El prólogo de L’Orfeo de Monteverdi (publicado en Mantua en 1607) era la carta de presentación en Oviedo de la soprano ferraresa Antonacci, de riguroso negro y mantón delicado, Del mío Permesso amato a voi ne vegno con voz plena, clara, de dicción perfecta para una interpretación totalmente creíble acompañada por el septeto al completo. Mejor Barbara Strozzi y Lagrime mie, a che vi trattenete (de Diporti di Euterpe, op. VII, Venecia, 1659) comenzando sola con el continuo mostrando un grave poderoso aunque algo oscuro frente al agudo más metálico (versatilidad que le permite afrontar papeles de mezzo). Partitura de endiablada afinación y dramatismo, fue centrando unos textos bien alternados con los solos de cello y tiorba, melodía de clara inspiración popular que Antonacci marcó con un timbre más natural.



Tras el esfuerzo vocal el Passacalio à 3 et à 4 (de Sonate da chiesa e da camera, op. XXII, Venecia, 1655) de Biagio Marini, septeto alternando órgano o clave de tiempo lento y mandando el primer violín, respirando el mismo aire veneciano con Monteverdi del que la soprano cantaría el lamento de Ottavia Disprezzata regina (de «La Coronación di Poppea«, Venecia 1642) que resultó sólo con el continuo una auténtica lección interpretativa, imaginándomela en la ópera ovetense (donde su compatriota la mezzo Anna Bonitatibus también cantó y participó en este ciclo de cámara): todo el dolor del texto hecho voz subrayada por el acompañamiento casi desnudo para realzar aún más el drama en el que la soprano ya estaba sumergida y contagiada.

Pero llegó la alegría del carnaval veneciano con el Aria quinta sopra la Bergamasca (de Sonate, arie et correnti, op. III, Venecia, 1642) de Marco Uccellini, con un sexteto donde el clave punteaba y la tiorba rasgueaba emulando una guitarra que no había, posteriores «pizzicatti» en violonchelo y contrabajo aumentando un colorido instrumental del más puro estilo barroco.

La primera parte fue literalmente de locura a cargo de «La Antonacci» con Pietro Antonio Giramo y su Pazzia venuta da Napoli: La pazza, sin mantón para interpretar en todo el sentido de la palabra una verdadera delicia napolitana, similar a nuestros andaluces, una loca genial nunca sobreactuada pero dramatizada de pies a cabeza: cantando, riendo, acelerando el trabalenguas y el breve remanso siguiente, entendible el texto gracias a su actitud, actriz y cantante sin descanso para incluso entre dientes jugar con todo el color y acento del sur italiano, «loca de lengua infiel» como pequeña representación con los «académicos» formando parte de la misma.

Sin dejar del todo atrás «La Serenissima» el viaje musical continuaría por Módena pero también Bolonia, patria chica de estos músicos y con lamentos que aparecerían en óperas, cantatas y arias de todo tipo desde el norte hasta el sur, como bien aparece recogido en las notas al programa.

La Ciaccona per due violini e basso continuo (A. Corelli) de Sonate da camera a tre, op. 2, nº 12 (1685) con el sexteto de Ferri sonó a barroco en estado puro con estos grandes instrumentistas, volviendo a disfrutar con el perfecto entendimiento y empaste de los violinistas logrando una sonoridad apropiada a estas sonatas, la misma para acompañar a la soprano en Del dolor che mi tormenta (Colonna) perteneciente a «La caída de Jerusalén» (Módena, 1688) en edición crítica de Francesco Lora (también la siguiente). Anna Caterina Antonacci volvió a deleitarnos con un timbre hiriente en cuanto a la dramatización, distintos colores en el mismo registro para un catálogo de intensidades según marcase el texto, como debe ser, y con un sexteto en la misma línea interpretativa de gusto y musicalidad.

Se sumaba la viola para escuchar Sì, spegni i lumi, o cielo… Sì sì, apritevi per piangere (de «Abramo vincitor de propri affetti Bolonia«, 1683) de Perti, otro descubrimiento que la soprano de Ferrara dibujó sin escatimar recursos, un recitativo con continuo y la consiguiente aria llena de matices y buen hacer.

Los recitales y más barrocos, son más exigentes que toda una ópera, por lo que es normal intercalar música instrumental, como fue la Ciaccona de Tarquinio Merula «hermana» de la inicial, para un sexteto siempre correcto que reforzó el auténtico duelo de violines, más aún cuando era el clave quien estaba en el continuo precisamente por las sonoridades más equilibradas. Antonacci volvía a escena con «Orontea» de Cesti y el lamento Intorno all’idol mio… Ohimè, non son più mia… Dormi, dormi, ben mio, catálogo de caracteres y afectos desde una técnica vocal asombrosa, ahora con mezza voce íntima para la tranquila primera parte, luego el recitativo más dramatizado antes del aria con órgano (que no siempre ayudó para la mejor textura) y el «dormi dormi» final cantado casi como una nana por el ambiente logrado.

Los músicos de L’Accademia degli Astrusi traían de su tierra música de Maurizio Cazzati, un pasacalle de Trattenimenti per camera, op. XXII (Bolonia, 1660) para un sexteto que recordó mucho en su composición el canon de Pachelbel, entrando el «violone» en pizzicatto, después la tiorba con órgano y cello, para ir sumándose el primer violín y todos construyendo una partitura resultona que finaliza a la inversa, desandando lo tocado, alegremente ejecutado por unos instrumentistas de calidad.

Monteverdi es la referencia vocal, solista o coral, especialmente por sus madrigales que resultan microrrelatos u óperas de concierto, y el protagonista por cantidad y calidad de este recital barroco, exigente vocal y teatralmente, con el septeto al completo y la soprano sin mantón como escenificando la desnudez de su personaje, apareciendo en escena mientras los músicos comenzaban el Combattimento di Tancredi e Clorinda (de «Madrigali guerrieri et amorosi», Venecia 1624/38). Recitativo donde la música complementa y enriquece el texto, pequeña gran joya de acompañamiento instrumental para una melodía enorme en emoción, intervenciones de tiorba y órgano vistiendo la voz de Antonacci, cambiante en afectos y efectos con esos contrastes tutti-solo y forte-piano sin olvidar los silencios dramatizando los «intertextos», cantados con agilidades de vértigo, siempre redondas y nada punzantes o hirientes pese a toda la violencia contenida, antes del rápido trabalenguas gestionado con total seguridad. Impresionante igualmente la gestualidad escénica que ayudó a entender todo lo cantado para una auténtica lección de música.

La propina de Händel y su conocidísimo Lascia ch’io pianga (de «Rinaldo«) remató una velada de perfecto equilibrio entre una excelente Anna Caterina Antonacci convincente y artista de principio a fin, recreando cada intervención incluyendo el regalo final, cómoda en este repertorio y acompañada por una formación instrumental a su servicio, que entiende e interpreta el barroco italiano con calidad y rigor, con efectismos justos y nada exagerados, bien llevados desde el cello de Ferri «compartiendo» dirección con Colitto aunque todos desde la discreción que no impide hacer grandes interpretaciones de unas partituras desiguales.

VII Gala Coraldanza 2014

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Sábado 17 de mayo, 19:00 horas. Auditorio Teodoro Cuesta, Mieres. VII Gala Coraldanza 2014, con la colaboración de  la Obra Social «La Caixa». Entrada: 1 kilo o 1 litro para «Amicos«.

Amplia y variada oferta para este sábado de climatología veraniega, pero nuevamente música y danza me traían al auditorio mierense para seguir coleccionando los abanicos-programa y haber vivido las de los años 2009 y 2010 con todo lo que supone el paso del tiempo. Pero Reyes Duarte sigue aglutinando y sumando personal que parece no cumplir años, excepto los pequeños que crecen tan rápido como envejecemos los demás.

Ahí estuvieron los Coros de la Escuela de Música de Mieres, el «Corín» (de 5 a 14 años, recientes triunfadores del concurso organizado por el Coro Reconquista de Oviedo) y el «Coro de la EM»(con altas y bajas pero siempre rondando las 40 voces, todo un triunfo), auténtica «marea naranja» defendiendo el grado profesional de nuestro Conservatorio y protestando contra los recortes, Verena Menéndez al piano electrónico, el Centro de Danza Karel, el guitarrista y cantante Francis Ligero, y la última incorporación, la cantante María Vega (componente de mi idolatrado LDO y del Coro de la Ópera de Oviedo, esta vez en solitario).

La fiesta de la música y la danza estuvo presentada nuevamente por el incombustible Alberto Cienfuegos Michel, capaz de cambiar de registro mejor que un teclado aunque «el inglés lo pronuncia sin acento» (el que lo pille para él) y el merengue del decisivo partido final de Liga le hizo madrileño. Finalmente una distinción de honor al equipo técnico de la Casa de Cultura por lograr tanto un sonido perfecto, difícil por las especiales características del evento, como una iluminación que pese a lo escasa demostraron que con buen gusto se es capaz de olvidar las carencias y escasez.

Imposible detallar las dos horas de espectáculo variado, alternando o combinando ambas artes y con agilidad entre ellos, sólo dejaré algunas fotos y unos breves comentarios.

El famoso «América» de West Side Story (Bernstein) tomó vida con las chicas de Karel, baile adaptado con colorido y buen hacer, con dirección de Isidro Herrero y la artística de Virginia Herrero, coreógrafa junto a Ana Losa, una de las bailarinas del grupo.

El «Corín» de Reyes sigue siendo cantera, entretenimiento y sobre todo formación musical, la que para wertgüenza de nuestra casta política quiere eliminar de la educación obligatoria, se atrevió con cinco temas difíciles pero con nota, acompañados al piano por Verena: Ave María (Dante Andreo), la penumbra con guantes blancos y lenguaje de signos para el siempre emotivo Can You Hear me? (Bob Chilcott), la conocida habanera La Bella Lola con movimiento marinero de los peques, el popular tema de ABBA Chiquitita (B. Anderson – G. Ulvaeus) que contó con un acompañamiento de excepción a cargo de los chelos de con el dúo de Victoria López Cortina y Aníbal Mortera Pariente, en arreglo de J. L. Blasco, y Someone Like You (Adele Adkins – Dan Wilson) tema de la cantante británica Adele arreglado por Mac Huff con dos solistas en primer plano que brindaron una interpretación actual y conmovedora en conjunto, arrancando lágrimas en más de uno, con musicalidad unida a la naturalidad de unas voces limpias, claras y afinadas que fueron quienes más aplausos tuvieron por parte del respetable.

Volvía el baile llamado español con cajón, palmas y la guitarra con voz de Francis Ligero sobre una base instrumental pregrabada para Noches de Bohemia que popularizasen Navajita Plateá, y dos «palos» Rondeña y Sevillana más que de academia, teatrales, arte en estado puro demostrando que Asturias también da bailarinas capaces de transmitir el sentimiento del sur.

Originalmente las familias del alumnado de la Escuela de Música y Conservatorio de Mieres formaron con el impulso de la vehemente Reyes Duarte un coro de adultos que ha ido evolucionando para montar un repertorio alegre, coreografías que enriquecen la propia música, siendo desde hace años el «Coro de la EM de Mieres» que ha ampliado la oferta coral del concejo.

La versatilidad y madurez de este coro, esta vez «a capella», quiso ofrecer dos ejemplos a tres voces iguales, primero las damas que cantaron el bolero de Agustín Lara Solamente una vez (armonizado por A. Velasco) y después los caballeros con la mexicana Cielito Lindo (arreglo de J. Ismael Coca Araníbar).

Ya a cuatro voces mixtas Las mañanitas (arr. J. L. Fdez. Coll) y la popularizada por Lee Marvin en la película «La leyenda de la ciudad sin nombre» ahora en arreglo coral de José Luis Blasco Estrella errante (A. Lerner – F. Loewe), silbando de espaldas antes de girarse para ofrecernos una buena versión por parte de la formación coral del «conser».

También de película resultó The Lion Sleeps Tonight (Weiss – Peretti – Creatore) con la percusión de una darbuka, el piano y una coreografía para la ocasión en arreglo de Raimundo Coello que los mayores, incluyendo a su directora, disfrutaron como niños con este rey león.

© Foto: Amor Muñiz

El cine parecía ser hilo conductor al aunar baile y voz en directo que pondrían el momento álgido con María Vega cantando con el acompañamiento de Verena Menéndez el hermosísimo tema de «Romeo y Julieta» (1996) Kissing you -Des’ree song- (Tim Atack) mientras seis bailarinas dibujaban un plástico cuadro de baile (enlace al vídeo en YouTube©).

Nuevamente con Francis Ligero a la guitarra y Virginia Herrero al baile devolvieron lo flamenco con una Bulería-vals de punteo, rasgueo y bata de cola sinfín que requiere mucho oficio y arte para moverlo como pudimos disfrutar (algo podemos apreciar en la foto  aunque mejor en el vídeo enlazado de Reyes Duarte).

El canto del pueblo, un poema de Juan Luis Álvarez del Busto para el Coro Peña Rebollera de Cudillero fue recitado con hondura y buen fraseo por Fernando Llaneza sobre el fondo vocal de los coros entonando a boca cerrada Asturias patria querida antes de ponernos en pie con la versión «oficial» y la posterior ceremonia de entrega de recuerdos.

© Foto: Beatriz Jara

Mi más sincera felicitación a Reyes Duarte, pues sin ella siete años uniendo «sus pasiones» no hubieran sido posibles. De hecho ha comenzado a preparar la octava…

Para lo divino desde lo humano

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Miércoles 14 de mayo, 20:00 horas. Auditorio de Oviedo, Sala de Cámara: Olalla Alemán, Mª Eugenia Boix y Rocío de Frutos (sopranos), José Pizarro (tenor), Los Músicos de Su Alteza, Luis Antonio González (director): Es el día del Corpus día tan grande «La fiesta del Corpus entre Madrid y Nueva España». Música de José de Nebra (1702-1768).

La “Primavera Barroca” está llegando a su final y con buena acogida por parte del público ovetense, en colaboración con el CNDM que ha traído en gira hasta la Sala de Cámara a distintas formaciones españolas especializadas en estos repertorios para poner broche de oro internacional el próximo 20 de mayo con Anna Caterina Antonacci y L’Accademia degli Astrusi que dirige Federico Ferri.

Este miércoles venía con aires de Corpus Christi, fiesta católica por antonomasia que todavía muchos pueblos celebran por todo lo alto en rincones insospechados, recordando que lo profano siempre va emparejado con lo divino.

El teclista y musicólogo maño Luis Antonio González fundó en 1992 Los Músicos de Su Alteza, un ensemble en la línea de otras formaciones vocales e instrumentales dedicadas a trabajar el repertorio barroco hispánico, flexibles según el programa, ayudando a difundir obras olvidadas o perdidas, aunque sin ceñirse a una época concreta. La escuchada en Oviedo (y el día anterior en León) fue compuesta por José de Nebra, hijo de José Antonio de Nebra, música religiosa no litúrgica del maestro bilbilitano de nacimiento -por el oficio de su padre- pero madrileño de adopción donde será más conocido por su música escénica como recogen las notas al programa.

José de Nebra seguirá la tradición de repetir el oficio del padre, conoce y asimila el estilo italiano tan de moda en el Madrid de inicios del XVIII aunque fusionándolo con las formas de nuestra tradición para lograr una síntesis que le caracteriza. Su amplia obra escénica apenas se ha conservado, justo lo contrario de la religiosa de la que hay casi doscientas incluyendo las que Los Músicos de Su Alteza interpretan con rigor y fidelidad histórica, música paralitúrgica como los villancicos, evolucionados desde las Cantigas del rey sabio, las cantatas o cantadas de origen italiano, y los célebres Autos Sacramentales, nuestros oratorios hispánicos sobre textos de Calderón de la Barca.

Estas formas musicales conformaron el «corpus» del concierto, que incluía la recuperación histórica de varias obras por encargo del CNDM y el consiguiente estreno en tiempos modernos, partituras muy difundidas en los virreinatos, especialmente México (su Basílica de Guadalupe, el Conservatorio de las Rosas de Morelia y la colección Sánchez-Garza han sido las fuentes musicales para la recuperación de muchas partituras), con referencias a la ópera italiana de entonces desde la más pura tradición ibérica. El formato similar en ambas partes no hizo sino corroborar mi impresión inicial: siempre se agradece rescatar del olvido estas obras, más la de un compositor con tanto oficio, aunque tal vez excesivo como monográfico y temático. Lo mejor fue la parte final, precisamente la más humana y menos divina, sabedores todos que resulta más cercano lo terrenal que lo espiritual.

Demostraron oficio las tres sopranos Olalla Alemán, Mª Eugenia Boix y Rocío de Frutos, que llevaron todo el peso vocal, y los nueve instrumentistas bien ensamblados dirigidos por el maestro maño, hoy sin tocar los teclados: Pablo Prieto y Eduardo Fenoll (violines), Pedro Reula (violón), Roger Azcona (contrabajo), Francisco J. Gil y Pepa Megina (oboes), Joaquim Guerra (fagot), Josep Mª Martí (archilaúd y guitarra barroca) más Alfonso Sebastián (órgano y clave).

Las distintas formas fueron desgranándose en combinaciones variadas: Villancico a cuatro al Santísimo para abrir y cerrar primera parte (recuperación histórica) «Caminemos al monte de amores» y «De aquel amoroso sagrado volcán» con la participación de todos, recitados y dúos como los de la Loa del auto sacramental Amar y ser amado y La divina Filotea de Calderón también en las dos partes: «El ámbito boreal» recitado “La Culpa y La Gracia” encarnadas por Mª Eugenia Boix y Rocío de Frutos con colores vocales similares que lograron empastar a la perfección, con dicción clara y emisión correcta contrapuestas al calderoniano “El diablo mudo” que resultó ser el tenor José Pizarro, corto de volumen (al igual que en Gijón el verano pasado con Nuevo Sarao) desde el primer sólo y dúo «Señor, piedad», con De Frutos, pese a estar callado el viento, contrastado con «Naturaleza humana, cuyo llanto» fue poderío de la soprano Olalla Alemán, color de mezzo por cuerpo y redondez en todas sus intervenciones, pese a cierto abuso de portamentos como recurso dramático innecesario al poseer técnica, expresividad y registro carnoso suficiente en toda su tesitura «divina» uniéndose Boix más «humana», que en la segunda parte, con todo más rodado, mejoró el dúo y cuarteto «Albricias, mortales, consuelo» de las mismas, o el aria a tres «Ni ardiente fineza» cantando las virtudes teologales de La Caridad, La Esperanza y La Fe, con momentos «a capella» hermosos tanto en escritura como en interpretación de las féminas.

El auto sacramental Andrómeda y Perseo alternó narradores (tenor y soprano) en cada mitad, con las voces blancas detrás de las butacas para semiescenificar “Pecado, muerte, error” en la primera, tutti sin viento ni tenor que sólo se suma al final. Mejor el dúo «La que nace para ser» con Alemán de narradora y sus dos compañeras cantando, igualmente sin viento pero el órgano haciendo un continuo destacable como toda la formación instrumental por riqueza tímbrica, alternando órgano o clave y archilaúd o guitarra según el carácter que los textos marcasen, un dúo de oboes capaces de elevar algunas partituras al mayor nivel interpretativo con tintes y recuerdos venecianos, más la cuerda frotada o el fagot completando esa paleta perfecta en planos y fondos para las voces protagonistas.

Queda recordar la «Cantada a la Asunción de la Virgen» que abría la segunda parte con el recitado «Hoy al ver que su vuelo» y el aria «Suavidad el aire inspire» para volver a disfrutar del color vocal de Olalla Alemán y el fin de fiesta con «La casa de campo», sainetes con tenor cómico perfecto y las tres sopranos, armadas dos con castañuelas y todo el gracejo andaluz: seguidilla y fandango del Alcaldillo valiente, Ez el día del Corpuz subtitulada como ‘gitanada pa bailar’, A mi agüita de nueve y Aunque no hay gigantones, tarasca y visiones, lo eterno del jolgorio, la alegría profana para la fiesta religiosa del Corpus más otro sainete de propina donde la escena deja atrás lo divino haciendo partícipes a público y músicos del oficio humano de vivir.

P.D.: Reseña y cronometraje de Javier Neira en LNE.

Garanča es La Mezzo

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Jueves 8 de mayo, 20:00 horas. Oviedo, Conciertos del Auditorio: Elĩna Garanča (mezzo), Oviedo Filarmonía, Karel Mark Chichon (director). Obras de Glinka, Tchaikovsky, Massenet, Saint-Saëns, Gounod, P. Marquina, S. Lope, Manuel Penella y Bizet.

El próximo San Juan hará cinco años de espera que merecieron la pena. Esta vez en solitario (sin Cura), también dirigiendo Chichon (como casi siempre) pero Oviedo Filarmonía en vez de OSPA y el Auditorio en vez de Teatro Campoamor: Elĩna Garanča sigue enamorando con Mark Chichon, con el poso (y peso) de la reciente maternidad que aún hace más bella su voz en cualquier registro, desde una técnica exquisita que hace fluir y llegar a todos los rincones pese a tener detrás (y siempre «a sus pies») una orquesta a pleno rendimiento donde su pareja no perdona, dominando de memoria cada obra como sólo su estado civil puede lograr.

En la línea de las grandes voces, casi todas pasando por esta capital lírica, Oviedo rendido a ella, única, diva, la letona, «La Mezzo»…

Para alcanzar estas cotas de calidad y reconocimiento mundial, sumar además de una voz prodigiosa, la inteligencia en la elección del repertorio, aparcando los roles belcantísticos y centrándose en el repertorio francés (como así lo recoge Pablo Meléndez-Haddad en las notas al programa). En la segunda parte fue Carmen de Bizet y como en su registro, puedo añadir que ella es actualmente «La Carmen de España y no la de Merimé», pero comenzar escuchando el aria «Adiós a tus montañas y tus prados» de la poco conocida La doncella de Orleans (Tchaikovsky) sirve para recuperar repertorios, engrandecer personajes como el de Juana de Arco y agradecer una herencia desde la que pasar directamente al francés que la cantante de Riga hace y siente como nadie.

Primero «Mon coeur s’ouvre à ta voix» del Samson et Dalila (Saint-Saëns) recreándose en el «tempo», vocalizando como una parisina, seduciendo, luciendo en presencia, física y vocal un personaje arriesgado como la partitura, y después Gounod con «Plus grand, dans son obscurité«, el aria más conocida de La Reina de Saba que no tiene nada que envidiar a otras del galo aunque personalmente desconozca esta ópera completa, pero perfecto cierre a la primera parte.

La segunda lo apuntado de Carmen Garanča, cambiando el vestido gris por el rojo pasión. Todas sus arias de la ópera alternando con preludios y entreactos instrumentales engarzado no en el orden de la representación pero eficaz en esta globalidad. Abría con la primera versión de «L’amour est un enfant de Bohème» del acto I, el preludio y la famosa Habanera seguida del entreacto del tercer acto para regalarnos la seguidilla del primer acto (pandereta entre cellos y violas) excepcional, entreacto del cuarto, «En vain, por éviter» del tercero, entreacto del segundo y la canción bohemia para cerrar esta «selección carmina», lección de canto puro, interpretación, riqueza expresiva, destacando la perfecta concertación y conocimiento del maestro Chichon que sacó de la Oviedo Filarmonía lo mejor de ella, cierre de temporada madura, auténtico placer no ya en el acompañamiento sino en sus intervenciones instrumentales:

La obertura de Ruslán y Ludmila (Glinka) es piedra angular de toda orquesta sinfónica, más para arrancar velada y con el aire ligero por el que optó el director llanito, pero que cada sección respondió a los requerimientos. La conocidísima «Meditation» de Thaïs (Massenet) nos permitió disfrutar de la calidad y sonoridad que nuestro concertino Andrei Mijlin atesora, secundado por el arpa de Danuta Wojnar y arropado por todos sus compañeros. La «Bacanal» tras el aria de Dalila Garanča lo fue literalmente por el derroche tímbrico de la orquesta ovetense, odalisca bella, danzarina y clara con la dirección elegante y precisa de Chichon.

Los tres pasodobles enlazados como ambientación o preparación española para la cigarrera andaluza pueden resultar bien fuera de España. Enlazar España Cañí (P. Marquina), Gerona (S. Lope) y el más famoso de Penella (El Gato Montés) todos sin completar, caen en tópicos musicales aunque con Karel Mark la OvFi los hizo sinfónicos, sobre todo el último que sería muy rápido para bailar e incluso cantar.

Toda diva se hace de rogar y los aplausos merecidos trajeron las esperadas «Carceleras» de Las hijas del Zebedeo (Chapí), justo lo español puro y sin tópicos, dicción casi malagueña y género que La Mezzo ama y lleva por todo el mundo, lo que debemos agradecerle, especialmente cantándolo como ella lo hace. Distinta su versión del mundial Granada (A. Lara) aunque costase sacarla tantas veces a escena antes de una segunda propina que levantó al respetable de sus asientos (y Neira cronometró) más por gratitud y emociones anteriores de una interpretación globalmente casi completa. Oviedo capital de la lírica exige hasta en los regalos, y eso que hubo ramos de flores para la pareja. Y queda completar el refrán «a la tercera va la vencida» que no desisto sea directamente en la (temporada de) ópera, aunque en estos tiempos supongo que sólo sea un sueño. La esperanza musical nunca la pierdo, Benalmádena no está tan lejos y Garanča se sintió como en casa, a lo que la OvFil ayudó y Chichon fue cómplice.

2:10.

Y sigue asombrando ¡muy grande LDO!

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Siempre es un orgullo comprobar que la llamada «Marca España«, para nosotros Made in Asturias, está mal utilizada porque también es cultura y música, coral de calidad y promoción real con más que sobrada dignidad y esfuerzo que tiene recompensa (menos veces de las que se merecen).

Y así lo ha vuelto a demostrar nuestro coro El León de Oro (LDO) dirigido por Marco A. García de Paz, que este fin de semana ha vuelto a hacer historia alzándose con el Primer Premio del I London International A Cappella Choir Competition, concurso que reunía cual «champions league coral» en su capital mundial a doce coros a cual más reputado.

Primera alegría saber que LDO había ganado la semifinal de este viernes 25 pasando a disputar la gran final del sábado 26 en St. John’s Smith Square, y todo por las redes sociales (Facebook, Twitter) que muchos usamos agradeciendo la rapidez con la que se comparten noticias, incluso buenas.

Ahí estaban los cuatro mejores coros del mundo, de Italia, Reino Unido, Estonia ¡y España!, esperando el sábado con tensión, emoción y para LDO plenamente felices porque estar ahí era todo un premio. Los enormes sacrificios para este «Road To London» tenían su recompensa.

 

Los gozoniegos están realmente acostumbrados a situaciones tensas, experiencia de años y perfecto equilibrio entre juventud y veteranía, con otros concursos muy exigentes aunque el londinense tenía ese plus de estar organizado por The Thallis Scholars y el querido Peter Phillips con quien LDO ha conseguido una química especial más que recíproca.

No hubo fallos, Tavener era el homenajeado y en las voces no rugientes sino convincentes, disfrutando como sólo ellos saben y contagian, pudo ser el tema desequilibrante para alzarse con un Primer Premio que sabe a mucho. Entre las obras cantadas vuelta al espacio con Iupiter de Ostrzyga estratosférico literalmente. Algo tiene especial este coro de leones que también cautivó al jurado y público británico, auténtica cátedra de la música coral universal.

Las fotos que ilustran esta entrada (vídeos en el otro blog que en este hay que pagar el pluggin) están sacadas de las ya citadas redes sociales subidas por componentes, amigos y familiares de «los leones«, incluyendo esta de Marco Antonio García de Paz recogiendo el diploma acreditativo del galardón casi como la Copa de Europa Coral en St. John’s porque Wembley es historia pasada:

Celebraciones más que ganadas a pulso, alegría desbordada, felicidad compartida, «orgullo leónigan» y lo mejor de todo, su continua búsqueda de la belleza y la perfección para la que el premio supone otro acicate ya que ellos nunca decaen… Rugidos hermosos que son la llamada a sus seguidores, en aumento.

Primavera de cantatas

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Lunes 21 de abril, 20:00 horas. Auditorio de Oviedo, Sala de Cámara. CNDM Circuitos: «Primavera Barroca«. ¡Albricias, oh mortales! La cantata, entre Italia y América. María Eugenia Boix (soprano), Nerea Berraondo (mezzo), La Ritirata, Josetxu Obregón (chello y dirección artística). Entrada sin numerar: 15€ (abono seis conciertos: 72€).

Tercer concierto de una primavera barroca de climatología casi invernal que no logró llenar más de media sala de cámara, a pesar de la calidad de intérpretes e interesante programa donde nuevamente había obras recuperadas por encargo del CNDM y por tanto estreno en tiempos modernos.

La formación que lidera el chelista bilbaíno se presentaba en Oviedo con Tamar Lalo (flauta dulce), Hiro Kurosaki (violín), Miren Zeberio (violín), el continuo con Enrike Solinis (guitarra barroca y tiorba), Daniel Oyarzábal (clave) y el propio Josetxu Obregón (chello) más las cantantes María Eugenia Boix (soprano) y Nerea Berraondo (mezzo), recién llegados de las américas en Bogotá y Quito donde volverán -salvo el guitarrista y tiorbista bilbaino al que suplió «nuestro» Daniel Zapico– con este programa que completa precisamente el de Forma Antiqva en cuanto a la recuperación de las «cantadas» y la música italiana con el paso y peso de España aún con «sede napolitana» en esa época y dando el salto transoceánico.

Todo los músicos de La Ritirata son conocidos en estos circuitos tanto en solitario como completando otras formaciones, siendo una auténtica selección internacional que conforma distintos «equipos y entrenadores». Del equipo que vino a la capital asturiana (en Gijón estuvieron varios el pasado verano) además de Obregón recordar por mi parte a Oyarzábal al que escuché en el festival de órgano leonés así como a las dos cantantes (con Eduardo López Banzo).

El orden del programa se rehizo para equilibrar apariciones evitando igualmente entradas y salidas de los intérpretes, formando pequeños bloques en las dos partes donde la soprano montisonense abrió y cerró concierto dejando para la mezzo pamplonica el final de la primera e inicio de la segunda. Igualmente las combinaciones de los seis instrumentistas sirvieron para dotar de más colorido sonoro un programa realmente atractivo aunque desigual en las calidades de las obras interpretadas.

Francesco Mancini abría concierto con el «Amoroso y Allegro» del Concierto de cámara en re menor para el sexteto instrumental, antes de entrar con A. Scarlatti donde quedó quinteto (marchó el violín de la tolosarra) para presentarnos el «Allegro» del Concierto nº 9 en la menor que dió paso a Quella pace gradita (cantata de cámara) con la «Sinfonía» entrando Mª Eugenia Boix, recitativos sin flauta, también sin violín dejando a dúo el continuo y tres arias con la última en «tutti instrumental» y juegos entre flauta y voz que resultaron hermosísimos. Soprano lírica aunque no me gustan las clasificaciones para una voz ancha de gran centro pero agudos algo metálicos aunque los alcance sin problemas, algo totalmente distinto al registro grave donde, como la mayoría de voces actuales, pierde color aunque no demasiado volumen. Lo compensa con gran expresividad, musicalidad y entrega en un repertorio que siempre resulta engañoso entrañando dificultades a menudo mayores que el bel canto.

De Caldara escuchamos en el trío del continuo su «Adagio» y «Allegro» de la Sonata en sol mayor, disfrute del chelo y clave aunque la guitarra en vez de la tiorba resultó poco apropiada pese al intento de color español que parece aportar en rasgueo. Sin parar y como obertura escuchamos «Huye con ella» de El mayor triunfo de la mayor guerra (Manuel Ferreira) en la voz de Nerea Berraondo a dúo con el chello resultando destemplado en el amplio sentido de la palabra. Recuperada la formación de cuarteto y más afinada afrontó dos obras recuperadas de Juan Francés de Iribarren: Bello Esposso, dulce Amante, aria al Santísimo del archivo catedralicio malagueño, con recitativo acompañado por el continuo y el «area amorosa» a la que se sumó la flauta, lástima de mejor vocalización o dicción pero con un cuerpo y color grave que sigue siendo único, cercano al registro de contralto pero con agudos propios de su registro, por otra parte difícil de mantener equilibrado y abusando a veces de apoyaturas o crescendos que finaliza en unos fortes poco naturales. Y para contralto el «area» que titula el programa de La Ritirata, Albricias, oh mortales!, «cantada de contralto» con lo ya apuntado de notarse algo grave para la voz de la mezzo navarra, que compensó cambiando el color para afrontar con algo más de volumen las notas bajas.

La segunda parte comenzaba con el sexteto instrumental (tiorba de nuevo) que nos regalaron una buena interpretación del «Adagio» y «Allegro» del Concierto nº 23 en do mayor para flauta dulce, dos violines y continuo de A. Scarlatti, virtuosismo de la flautista israelí bien arropada por sus compañeros. Cambiando a la guitarra, la formación acompañó a una Nerea más cómoda en Tu sei quella che al nome sembri, como la instrumental del archivo napolitano de su conservatorio, introducción que prepara recitativo y aria por partida doble para la voz carnosa y redonda de Nerea Berraondo que estuvo más cómoda, finalizando con Il nomne non vanta di santa colei donde el tiempo vivo sirvió para dejarnos el virtuosismo de los dos violines y de nuevo la flauta de la israelí compitiendo con la mezzo en un remate hermoso de musicalidad a raudales.

Para finalizar nuevamente la soprano de Monzón con flauta y continuo de guitarra en dos anónimos bolivianos recuperados del archivo de Moxos: Aquí Ta Naqui Iyai y Chapie, Iyai Jesu christo, contrastadas en lento y vivo donde esta vez sí hubo el color rítmico de los rasgueos en la guitarra y las melodías con textos indígenas aunque poco claros en su vocalización. De Domenico Zipoli pudimos escuchar cual intermedio instrumental su Sonata para violín y continuo en la mayor para apreciar al excelente solista austríaco de origen japonés (y profesor de su instrumento en el Conservatorio Superior de Música de Madrid), obra con los habituales clichés de su época bien escrita en cuatro movimientos contrastados (Largo – Allegro – Largo – Allegro) y cómoda de escuchar -supongo que menos de interpretar-, antes de que Mª Eugenia nos cantase solo con el continuo (guitarra en vez de tiorba) O Daliso, da quel di che partisti, recitativo y aria también por partida doble donde los instrumentos se combinaron buscando colorido que reforzase los textos, nuevamente poco inteligibles, de esta obra del compositor italoargentino: el primer recitativo con clave y chelo, el aria Per pietade aure serene con chelo y guitarra, el recitativo Aure fonti cantada solo con el chelo (repitiendo la afinación imprecisa) y el aria final Senti o caro ya con el trío y una Boix entregada.

Una propina de Monteverdi, Damigella tutta bella, SV 235 con el dúo vocal femenino y los seis instrumentistas puso final a esta velada barroca muy llevadera, con obras interesantes por lo que supone de recuperar patrimonio aunque no entre las llamemos inmortales, pero que desde la profesionalidad de estos músicos de La Ritirata siempre suenan con frescura y plenamente actuales. A fin de cuentas esta llamada «música antigua» sólo tiene de antigua el nombre cuando se interpreta como lo hace esta generación.

Martes Santo con el Orfeón de Mieres

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Martes 15 de abril, 20:00 horas. Iglesia Parroquial de San Juan Bautista, Mieres. Concierto Sacro 2014: Orfeón de Mieres, director: Joaquín Sandúa. Obras del Padre Prieto, Kodaly, Alfredo de la Roza, Bárdos, Van Berchem, Tresch, Gabaráin y Juan A. García.

Me tomo casi como obligación escuchar música en mi pueblo, más si se unen en un concierto tantas razones emotivas y nuevamente un Martes Santo: cantaba «El Orfeón«, mi primera escuela coral; dirigía Sandúa, uno de los culpables de mi amor por el órgano, precisamente en esta Iglesia, y quien me presentó a Don Alfredo de la Roza en los tiempos de la Capilla Polifónica, de quien este martes escuchamos dos obras: una propia a raíz del funeral en 1964 del Arzobispo Francisco Javier Lauzurica, más la armonización de una canción cristiana que es de todo un clásico de las marchas procesionales, compuesto por otro sacerdote músico como Monseñor Gabaráin.
En lo estrictamente musical nos reencontramos con la formación coral decana de Asturias y una de las más veteranas de España en un programa exclusivamente sacro para este concierto en plena Semana Santa, presentando cada tema quien ha vuelto a ser elegido recientemente como presidente, mi colega de profesión ya jubilado Eustaquio Álvarez Hevia, palabras las suyas siempre medidas, doctas y sinceras, como en él es habitual. Obras todas sentidas, bien interpretadas bajo la dirección atenta de Sandúa (que sigue dando los tonos desde un teclado), con cuerdas bien compensadas a pesar del paso del tiempo, trabajando duramente la técnica y buscando la afinación correcta, imprescindible en toda formación, empaste ayudado por la elección de las obras y la acústica perfecta de estos recintos eclesiásticos, al menos en coros «a capella». Repaso siempre bueno de partituras ya estudiadas, algunas en tiempos de Vicente J. Sánchez pero que Sandúa ha mantenido con su «estilo» y grabado en el último CD, , y esta vez repitiendo el mismo programa del año pasado que el día anterior cantaron en la Iglesia de San Juan pero de la capital, volviendo a destacar entre todas la del húngaro Bárdos por su enorme dificultad, y la cercanía de Don Alfredo. Nuestro Orfeón sigue al pie del cañón y el pueblo de Mieres apoyándole, pudiendo presumir incluso de tener una calle.

Pongo aquí las obras interpretadas y sus autores, separadas en dos bloques sin descanso entre ellos, salvo los comentarios de Eustaquio:

«Del sacrificio de Jesús por nuestra salvación»

–In monte Oliveti (José Ignacio Prieto)

–Stabat Mater (Zoltan Kodaly)

–Memento mei Deus (Alfredo de la Roza)

–Eli! Eli! (György Deák Bárdos)

–O Jesu Christe (Jacob / Jacquet Van Berchem)

«De la esperanza del Señor»

–Ave Maria (J. B. Tresch)

–La muerte no es el final (Cesáreo Gabaráin / armonizada a 4 v.m. por A. de la Roza)

–Señor, me cansa la vida (Juan Alfonso García / A. Machado)

En plena semana santa no podía tener mejor cierre musical en casa con mis «querencias» corales y personales, y el Orfeón ha entrado la primavera casi como fin de curso, con muchos compromisos…

LDO: Destino LonDOn

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Lunes 14 de abril, 20:00 horas. Auditorio de Oviedo, Sala de Cámara. Coro «El León de Oro» (LDO), Marco Antonio García de Paz (director). Obras de Mouton, Palestrina, Tallis, Tavener, Victoria, Gibbons, Purcell, T. Tomkins, Rheinberger, Rautavaara y Ostrzyga. Entrada libre. Aforo completo (404 butacas).

Con la sala de cámara a rebosar volvía al auditorio carbayón el coro LDO con Marco A. García de Paz al frente en una auténtica maratón coral tras el «programa francés» con la OSPA y La Pasión según San Juan con Forma Antiqva, nada menos que presentándonos el repertorio que llevarán la próxima semana (días 23 al 26 de abril) al concurso que organiza y preside Peter Phillips en Londres, capital coral mundial, único representante español en una competición que podríamos calificar de auténtico Campeonato Mundial de Coros a capella. Titulado «Road To London» el mejor coro español del momento quiso dejarnos el mismo programa que llevará al templo de la plaza de St. John celebrando su 300 aniversario.

Conjugando obras de su repertorio con novedades, siempre desde la seña de identidad del coro gozoniego (la búsqueda de la belleza sonora), fueron desgranando en dos partes y distintas combinaciones -coro de cámara, medios y dobles coros, más el coro al completo- unas obras difíciles, arriesgadas y exigentes, todavía con tiempo de pulir y rematar pequeños detalles para una formación que, como los clubes de fútbol, mantienen un bloque fijo y homogéneo al que va llegando la cantera, con todo lo que supone de poner el engranaje vocal al máximo de cara a esta «final Champions» en dura competición mundial. Sólo para hacerse a la idea dejo aquí los coros participantes:
Byrd Ensemble (Seattle, EE. UU.), Constanzo Porta (Cremona, Italia), Dysonans Chamber Choir (Poznan, Polonia), Erebus Ensemble (Bristol, Reino Unido), Jinggaswara ITENAS Choir (Bandung, West Java, Indonesia), New Dublin Voices (Dublin, Irlanda), Renaissance (Durham, Reino Unido), Reverie (Londres, Reino Unido), Victoria Consort (Oxford, Reino Unido), Voces Musicales (Tallinn, Estonia) y Vox Lundensis (Lund, Suecia).

La primera parte estuvo ocupada por la llamemos «polifonía dura» (donde no faltó Tavener, como tampoco en la segunda, siendo el homenajeado del concurso londinense):

Nesciens mater (Mouton), perfecta para ir calentando motores, Tu es Petrus (Palestrina), buscando la rica paleta de color vocal y el mayor empaste para una obra muy trabajada por «los leones», las Lamentations I (Tallis), casi coro de cámara con 16 voces (3 sop, 6 altos -en dos voces y con dos contra tenores-, 3 ten y 4 bajos) que deberán asegurar aún más dado el conocimiento del jurado de estas obras, y para ir finalizando As one who has slept (Tavener), colocación y ubicación en «T» con dos coros para una partitura exigente y rica en matices pero «cargada por el diablo» más el Regina Coeli (Victoria) a doble coro, para trabajar la homogeneidad y empaste entre ambos siguiendo las enseñanzas que el propio P. Phillips dejó con este coro que logró captarle y enamorar como al resto de «leónigans».

La segunda parte presentó la muestra cronológica de un coro que parece estar más «cómodo» con las obras llamemos contemporáneas, aunque sean capaces de afrontar con rigor cualquier época:

Hosanna to the Son of David (Gibbons) puede que necesitase más presencia de bajos, supongo que economizando porque son capaces de mayor volumen sin perder equilibrio, Remember not, Lord, our offences (Purcell) con medio coro donde las exigencias son dobles, When David Heard (Tomkins) otro tanto y exigente con un texto oscuro contrapuesto al brillo melódico, The Lamb (Tavener), piedra angular y puede que decisiva en el concurso al que asistirá su viuda, coro al completo con las voces mezcladas pero logrando un empaste «marca de la casa» y rozando la perfección con las disonancias casi imposibles sonando a gloria celestial, así como el Kyrie de «Cantus missae en mi bemol» (Rheinberger), partitura muy dominada, hermosa donde las haya y que LDO ha hecho suya desde la primera vez que la interpretaron. Para finalizar la dificilísima Suite de Lorca (Rautavaara) llena de tensión, atención y emoción, atentos siempre a dinámicas y efectos que Marco trabaja como nadie para lograr implicación y «sonido león» de parlatos, glissandi – portamentos efectistas, entrega total del coro plenamente identificado con esta música tan cercana, como también su ya reconocido Iuppiter (Ostrzyga), celestial más que universal, «metidos en faena», sabedores del final a un trabajo muy duro e hipnotizando con su musicalidad vocal.

El público premió la labor realizada (Neira seguro que cronometró la duración de los aplausos) y LDO bisó Rautavaara, aún más internacional desde la perfecta articulación del español con toda la carga emotiva que la figura de Lorca tiene en la difícil música coral del finlandés. El éxito londinense está asegurado, los premios siempre se agradecen, pero El León de Oro siguen haciendo historia y llevando Asturias a las más altas cotas de calidad coral. Orgullo leónigan desde hace muchos años, y para seguir…

Mucha luz en primavera

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Viernes 4 de abril, 20:00 horas. Auditorio de Oviedo, Sala de Cámara. CNDM Circuitos: «Primavera Barroca«. Con afecto y armonía: la circulación de música y músicos entre España, Portugal, Italia y América. María Espada (soprano), Forma Antiqva, Aarón Zapico (clave y dirección). Entrada sin numerar: 15€ (abono seis conciertos: 72€).

En Asturias solemos tener una primavera alternando lo invernal con lo veraniego que musicalmente también resulta barroca por los tremendos contrastes en la programación. Que se lo digan a los cinco intérpretes de este segundo concierto del ciclo primaveral, asturianos de una u otra forma porque son «La gran familia Zapico» adoptando a dos hermanas que no tenían, una canaria y otra extremeña, pasando de la cuaresma oscura, tenebrosa con cirios de la pasión sanjuanesca a lograr abrir esta ventana de afecto y armonía por la que entró la luz primaveral tan distinta de la otoñal.

Este «Quinteto Zapico» que pude disfrutar en El Escorial en febrero de 2013 -foto superior del propio grupo- traía un programa muy bien planificado al que pudo faltarle más tiempo de ensayo o incluso más aire puro tras un Bach realmente bueno. Pero la base de Forma Antiqva con Ruth Verona al chelo es tan sólida que pueden armar en nada unas obras recuperadas (por encargo del CNDM) casi a primera vista, contando para las partes vocales con la siempre única María Espada, voz carnosa, redonda, clara, de fraseo y dicción perfectas para unos textos tan importantes como la música que los realza, y ese color único que nunca se pierde, haciéndolo más rico en las distancias cortas como la sala de cámara, con buena entrada. Hay complicidad entre todos, lo que se percibe en las entradas, respiraciones compartidas y misma dirección interpretativa, por lo que estas obras en cuanto se rueden un poco más estoy seguro que engrosarán el Re FA (Repertorio Forma Antiqva) con su sello personal siempre presente.

El título del concierto se centraba en cantatas del barroco español flanqueadas por piezas instrumentales de manuscritos como el Códice Saldívar nº 4 hallado en México en 1963 o los de nuestra Biblioteca Nacional como el Libro de música de clavicimbalo del Sr. D. Francisco de Tejada, datado en 1721 y hallado en Sevilla, conocido como «Libro de Tejada» del que los Zapico han sacado danzas y otras obras arregladas para teclado como la de Corelli, reflejo de la influencia italiana y con historias de amores y odios que alcanzaron a las propias vidas de los compositores, como bien figura en el programa.

Abrían recital Los imposibles de Santiago de Murcia para el cuarteto instrumental de cuerdas varias (pinzadas, golpeadas, frotadas) antes de incorporar las vocales de María para ya en quinteto dejarnos la primera cantata, encontrada en la Catedral de Lima: En la rama frondosa de Roque Ceruti (ca. 1685-1760), compositor milanés que llegó a Lima en tiempos de Felipe V y gran difusor de su estilo, género típico italiano que se adaptó y adoptó por muchos más compositores pasando «el charco» cual música de moda, al ser como microrrelatos cantados cual óperas minimalistas con sus recitativos y arias. El primer estreno en tiempos modernos fue el anónimo del «Libro de Tejada» Glosa de mano yzquierda del 1º tono, estilo zapico por alterancias tímbricas, juegos coloristas entre los punteos y rasgados de Pablo y Daniel remarcados por el arco casi vocal de Ruth, también en pizzicati, y las perlas de cada ornamentación al clave de Aarón, disfrutando de armonías luminosas y melodías bien dibujadas.

Me dejó con excelente sabor de boca tanto por la riqueza de la partitura como por la ejecución del quinteto Déjame, tirano dios de Antonio Literes (Ms. Pombalino de Lisboa), compositor curtido en la música teatral de la que esta cantata emana acción dramática, brillo pleno de María Espada con el cuarteto coprotagonista, alternancias en acompañamientos y combinaciones como Forma Antiqva saben. Hubo dicción (vocal e instrumental) y emoción, aplaudiendo antes de finalizarla, puede que sabiamente al llegar escrita con un recitativo final esta «cantada humana».

La jotta de Santiago de Murcia está en la génesis de los pequeños Zapico, un dúo guitarra-tiorba que logra «trampantojos auditivos» al permutar en momentos técnicas de rasgueo y punteo, nuevo juego tímbrico, preparando la jácara Vaya, pues, rompiendo el aire (Sebastián Durón) un «solo de navidad» cual aria que la soprano extremeña todavía no pudo hacerla propia aunque sigue siendo única en dicción y técnica.

Otro «estreno» instrumental fue la Alemanda y Aria de Corelli del citado «Libro de Tejada», adecuado para el cuarteto a pleno rendimiento y bocanada de aire fresco antes de las dos cantadas de José de Torres (ca. 1670-1738) encontradas en la Catedral de Guatemala: Con afecto y armonía que da título al programa, cantada sola al Santísimo íntima, tiempo de Cuaresma que el autor refleja en melodía y armonías perfectamente arregladas para María con Forma Antiqva, recogimiento vocal e instrumental de mucha exigencia para todos, al igual que Cercadme flores. Aquí noté la falta de tiempo para conseguir más hondura en dos cantatas sacras que resultaron como cortinas tamizando la luz primaveral de las anteriores. En el medio sí se abrió la ventana con la Españoleta y Marizápalos, segundo anónimo instrumental del «Libro de Tejada», tercer estreno moderno antes de la ya mencionada segunda Cantada al Santísimo, los ritmos zapicos que llevan siempre en su equipaje renovado pero propio, el «Trío con Verona» que funciona a la perfección.

Supongo que sabedores de recuperar aliento y buenos perfumes para todos, dos propinas conocidas y hermosas de «Los Cinco Zapico»: Se l’aura spira (Frescobaldi) y Trompicábalas amor (Juan Hidalgo) para dejar el sabor vocal de María Espada mezclado en la proporción exacta con el instrumental de la formación langreana, si se me permite el guiño, a las niñas de Barajas, hoy de Oviedo y hermanas adoptadas por Forma Antiqva en esta primavera luminosa desde Asturias. Al día siguiente repiten en León, pero es como en casa.

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