Inicio

Sobriedad frente al exceso

Deja un comentario

Miércoles 7 de febrero, 20:00 horas. Teatro Jovellanos, Concierto nº 1678 de la Sociedad Filarmónica de Gijón: Ciclo de Jóvenes Intérpretes de la Fundación Alvargonzález: Jaeden Izik-Dzurko (piano). Obras de Bach, Liszt Rachmaninov.

Segundo concierto de este ciclo de jóvenes pianistas patrocinado por la Fundación Alvargonzález,  este miércoles con el canadiense Jaeden Izik-Dzurko (Salmom Arm -Columbia británica-, 1999) ganador del XX Concurso Internacional de «Paloma O’Shea» (2022), y con un programa «no apto para todos los públicos» pero con mucho poso ante composiciones de compositores y virtuosos del piano que están bien en las competiciones, con lo que ello supone de oportunidad para mostrar tanto talento, y que en el caso del compatriota de Glenn Gould mostró sobriedad frente a la tentación del exceso, elegancia en todo, desde el impecable traje negro (siempre abrochando la chaqueta antes de saludar), zapatos de charol negro, camisa con gemelos, corbata y pañuelo, hasta la gestualidad, sin aspavientos cara a la galería, nada superfluo, apenas ligeros movimientos del torso dejando al desnudo toda su impresionante técnica al servicio de la música en unas interpretaciones de alto voltaje.
El respeto y admiración por dios Bach como «padre de todas las músicas», hizo sucumbir desde entonces a todos los músicos, épocas y estilos. El «abate Liszt» en sus años de peregrinaje mundial exhibiendo sus dotes al piano para sacar de él sonoridades grandiosas, voluptuosas, que en cierto modo le convertirían en un mito (o diablo) del piano, no dejó pasar la oportunidad de rendirle homenaje y ayudar a acercar la música de órgano de «El kantor de Leipzzig» al competidor por el reinado del teclado, un piano que el propio húngaro pondría de moda en la época romántica. Las notas al programa del profesor Francisco Jaime Pantín nos cuentan que «las transcripciones de la música de Bach realizadas por Liszt revelan el respeto profundo, rayano en la devoción, que el gran compositor húngaro sentía por estas obras (…) Su transcripción de los 6 Preludios y Fugas para Órgano constituyen un ejemplo elocuente de este modelo, siendo el ‘Preludio y Fuga en La menor’ uno de los más conocidos y frecuentemente interpretados en concierto y constituye una magnífica muestra de la capacidad de Liszt para sintetizar de manera magistral las texturas polifónicas más complejas en un solo teclado sin merma aparente de intensidad y grandeza, a partir de una escritura pianística fascinante –repleta de octavas y series de sextas paralelas– capaz de recoger la práctica totalidad del original organístico bachiano, incluyendo el importante papel del pedalero, en una obra que parece desarrollarse bajo el signo de la improvisación y que incluye frecuentes cadencias de marcada vocación virtuosística». El canadiense agrandaría este respeto al original y al transcriptor con una sonoridad grandiosa, descubriendo cómo la música escrita es solo un lenguaje donde la interpretación es fundamental para comprender cada detalle: inflexiones, matices, pausas, acelerandos y retardandos que marcan las diferencias de lectura de lo escrito cuando hay un estudio concienzudo detrás. Como decía al inicio, Izik-Dzurko no cayó en la tentación de los excesos y supo entrar en los detalles sin obviar los ornamentos, el preludio limpio y cristalino donde los registros del órgano los consiguió con un despliegue dinámico amplio, un uso de los pedales y resonancias del piano más una mano izquierda que por momentos era el pedalero del piano-órgano que en el Weimar feliz de Bach (la fuga luminosa parece reflejarlo) aún resuena en la Academia Liszt allí instalada, el apóstol más famoso que el propio dios pagando su penitencia que en el Jovellanos redimió este nuevo testamento juvenil.
Para no dudar del respeto por ambos y también en el Weimar de Goethe o Schiller más que de Bach, la Sonata para piano en si menor, S. 178 del Liszt «republicano» en la interpretación de Izik-Dzurko pareció un duro ejercicio de martirio soportando las continuas tentaciones de esta inmensa sonata que no vende el alma a Mefistófeles sino que hace triunfar el amor por Margarita, una fantasía que alarga la forma clásica en un solo movimiento lleno de indicaciones muy precisas (Lento assai- Allegro enérgico- Grandioso- Recitativo- Andante sostenuto- Quasi Adagio- Allegro enérgico- Stretta quasi presto- Presto- Andante sostenuto- Allegro moderato- Lento assai) para marcar ritmos, tormentos, emociones y luchas que el pianista canadiense venció con las virtudes morales de prudencia y templanza, más que las teologales de fe, esperanza y caridad infundidas en la inteligencia y en la voluntad del hombre para ordenar sus acciones; siempre con la sobriedad entendida como mesura y serenidad y también adjetivo sinónimo de «carecer de adornos superfluos». La exageración en la longitud de esta sonata lisztiana también rinde homenajes a Beethoven o Schubert, y esa unidad musical sin pausas esconde tres movimientos donde hay también su coda (en el análisis detallado y desmenuzado por Jaime Pantín), con una ejecución por parte de Izik-Dzurko igual de minuciosa en los contrastes agógicos y expresivos de los breves motivos que se van transformando, reapareciendo y siguiendo «un hilo conductor de vocación dramática» que llenó de contenido desde un color variado y una riquísima gama tímbrica sin llegar a la lujuria tan de Liszt de ffff o pppp, fuerza y delicadeza contenidas, escalas descendentes y ascendentes sin «tapar» lo imprescindible, stacattos ásperos y dulces venciendo siempre los desafíos y tentaciones siguientes: rítmicas precisas, grandiosidad en su justa medida y hasta cierta religiosidad interior entendida como batalla entre lo escrito y lo interpretado cual coral luterano que vence las turbulencias pecaminosas hasta la presentación del último tema: amplio, lírico y contemplativo muy en la onda del misticismo del reconvertido abate viejo, luces y sombras hechas sonido de piano con un fugato bachiano que entroncaba con la primera transcripción, lleno de tensión y grandeza sinfónica en las 88 teclas. Última penitencia para alcanzar la redención de un joven pianista honesto, sobrio, elegante y capaz de explorar la sonoridad de su instrumento hasta límites inalcanzables para muchos estudiantes, «profundidades del teclado a la que se contraponen luminosos acordes que parecen aunar lo celestial con lo depresivo» como concluye el propio Paco Pantín.
La segunda parte también tendría sus excesos y «grandonismo» que diríamos los asturianos, la Sonata para piano nº1 en re menor, Op. 28 (1908) de Rachmaninov, sin la popularidad de la segunda pero «recuperada» en los últimos tiempos por jóvenes para muchos concursos. El compositor ruso ya expresaba sus dudas sobre la forma y extensión de esta sonata de dimensiones exageradas por su duración incluso después de los recortes ya en su versión definitiva. Obra densa en sus tres movimientos, compleja de ejecución y escucha, pero con el sello personal del virtuoso del pasado siglo, continuador en cierto modo del Liszt del XIX con muchas similitudes incluso físicas (recuerdo el molde en cera de las gigantescas manos de ambos): la probable inspiración faústica o la sonoridad «sinfónica». De nuevo los tormentos llevados al papel y ejecutados con la pasión consustancial y el ímpetu juvenil, fuerza desde el control, lirismo con contención sin amaneramientos. El I. Allegro moderato envuelto en tinieblas bien entendidas con unos pedales perfectos y el virtuosismo adecuado a esta «fantasía» donde escuchamos incluso campanas y motivos tan personales del Rachmaninov de los conciertos para piano (sobre todo el cuarto que álguien calificó como de los elefantes por la fuerza y esfuerzo). Jaeden Izik-Dzurko desplegó todo su poderío físico para explorar acordes en todos los matices, melancolía romántica y aires polacos de los salones parisinos hoy convertidos al Jovellanos gijonés, sobre todo en el II. Lento central, hermoso, poético, melancólico, antes de afrontar con valentía pero «sin despeinarse», el III. Allegro molto deslumbrante, luminoso y trágico alternando nuevamente luz y sombra como en Liszt, ritmos impactantes e interludios líricos, un auténtico frenesí donde recordar el motivo inicial de ataque tétrico como las referencias al Dies Irae que castigaría tanto exceso escrito e interpretado por este joven canadiense que simboliza la sobriedad y elegancia frente a tanto ornamento vacuo de moda en estos tiempos.
Aún le quedarían fuerzas para dos propinas donde aparentemente relajado pero igual de concentrado, volvió a dejarnos el buen gusto por lo escrito desde la «querencia hacia los grandes virtuosos rusos«: de nuevo Rachmaninov con el Preludio op. 23 nº 4 (Andante cantabile en re mayor) menos explosivo que la sonata pero más delicado y tímbricamente íntimo; después el tormentoso Scriabin y su «Étude pathétique» (Estudio op. 8 nº 12 en re sostenido menor), aires de virtuosismo chopiniano que sobrevolaron el teatro culminando más de hora y medio de sobriedad frente a los excesos románticos y febriles traídos a nuestro tiempos por un sensible y soberbio (como adjetivo de grandioso o magnífico) Jaeden Izik-Dzurko al que los premios han posibilitado poder disfrutarlo en nuestro país.
PROGRAMA
I
Johann Sebastian BACH (1685-1750): Preludio y fuga en la menor, BWV 543 (transcripción de Franz Liszt).
Franz LISZT (1811-1886): Sonata para piano en si menor, S. 178.
II
Serguéi RACHMÁNINOV (1873-1943): Sonata para piano nº1 en re menor, Op. 28 (I. Allegro moderato – II. Lento – III. Allegro molto).

Papoian: heredero del legado ruso

1 comentario

Miércoles 24 de enero, 20:00 horas. Teatro Jovellanos, concierto nº 1677 de la Sociedad Filarmónica de Gijón: Ciclo de Jóvenes Intérpretes de la Fundación Alvargonzález: Ilia Papoian (piano). Obras de Scriabin, Médtner, Tchaikovsky Rachmaninov.

Los concursos y premios además de darnos a conocer figuras emergentes, supone para los ganadores la posibilidad de ofrecer bastantes conciertos en distintos escenarios, descubriéndonos verdaderos talentos que en el caso del piano nos traía a Gijón. tras su paso el pasado año por la homónima de Oviedo, al ruso Ilia Papoian (San Petersburgo, 2001), con un currículo que tras escucharle en el Steinway© del Jovellanos no extraña su palmarés.
Con el Primer Premio del V Concurso Internacional de Piano «Ciudad de Vigo» en 2021 y Tercer Premio del XXVII Concurso Internacional de Piano Tchaikovsky (2023), llegaba a la capital de la Costa Verde con el patrocinio de la Fundación Alvargonzález, aunque su palmarés resulta impresionante a sus solo 22 años. Y es que el pianista ruso parece predestinado a ser uno de los grandes del siglo XXI, digno heredero de la llamada «Escuela Rusa» que en tiempos de globalización sigue siendo un referente a la vista de la cantera que está llenando los mejores escenarios, un país donde desde siempre ya en la educación primaria se enfoca al alumnado hacia las cualidades en las que destaca. Por ello Papopian comenzó directamente en la Escuela Secundaria Especial de Música en el Conservatorio Estatal Rimsky-Korsakov de su ciudad natal, y con 9 años ya ganó el  de su ciudad. Con 13 años daría su primer concierto en solitario, así pues el niño prodigio ya es un joven que lleva toda su corta vida unido al piano, con disciplina, un trabajo que se nota en su técnica asombrosa pero sobre todo con una madurez interpretativa que marca diferencias, ¡y aún sigue estudiando en el Conservatorio de San Petersburgo! con el profesor Alexander Sandler. El futuro es esperanzador y debemos tomar nota de su nombre.
El programa que traía Ilia Papoian a Gijón era una auténtica maratón de exigencias y nos dejaría una «tercera parte» con cuatro propinas que me recuerda a Don Gregorio Sokolov por su generosidad y exigencia tras un concierto durísimo donde su tierra fue la protagonista, como bien escribe Mar Norlander en las notas tituladas «La pasión y el talento del legado ruso» aplicables tanto al repertorio como al intérprete.
Para abrir boca nada menos que los 24 preludios, Op. 11 de Scriabin, no solo con valentía y riesgo ante esta magna partitura que enamoraría a otros grandes pianistas como Horowitz, Ashkenazy o S. Richter, y parece que también a nuestro Papoian. Verdadero homenaje a Chopin pero con una paleta inmensa de ritmos, melodías y armonías que el joven ruso fue desgranando tras una concentración previa y afrontándolos cual perlas bien engarzadas, jugando con el tempo y tonalidad de cada uno, poses y tics que transmiten lo que se escucha y toca desde una amplísima paleta de ataques (muñeca, mano, brazo y antebrazo) que suponen la gama dinámica en todos los extremos pero también la musicalidad de todos ellos, con un pedal derecho perfectamente incrustado y dejándonos no solo unos preludios vertiginosos además de limpios, sino los lentos de un lirismo y madurez que parecen imposibles en un aún estudiante de tan alto nivel, tomando casi al pie de la letra las indicaciones metronómicas desde un virtuosismo plegado a la maravillosa música de Scriabin.
Vuelta a un ritual previo de concentración para pasar a Médtner y su Sonata opus 30 compuesta coincidiendo con su plena madurez en la amplia obra pianística en 1914, con el inicio de la Primera Guerra Mundial (de hecho es conocida con el subtítulo de After the War Sonata). Amigo de Scriabin y Rachmáninov (quien le dedicó su Concierto para piano nº 4), que compartían programa, es una obra bella pero complejísima y más allá de la forma sonata clásica, ésta solo en un movimiento pero con una profundidad emocional y técnica al alcance de pocos pianistas donde encontramos como bien nos recuerda Mar «una gran conexión con la tradición romántico-rusa al incorporar elementos folclóricos rusos».  Maravilloso ver y percibir el poderoso sonido en ambas manos y momentos originales, sublimes, todos dramáticos, sacando del piano todos los recursos escritos y tejiendo sonidos como el alegre repique de campanas antes de un final potentísimo de esta sonata difícil de escuchar en vivo y aún más de interpretar que en las manos de Papoian pareció tomar de nuevo el legado ruso que en el siglo XIX comenzaría también en su San Petersburgo nada menos que Antón Rubinstein (1829-1894).
Descanso para tomar fuerzas porque aún quedaba lo más duro desde la siempre equivoca sensación de sencillez que Ilia Papoian transmite al piano, alejándose del teclado, la cabeza ladeada al lado contrario, sentado casi al borde de la banqueta para tocar con todo el cuerpo en una apabullante gama dinámica  y una musicalidad de quien lleva a su espalda toda una mochila llena de vivencias. El Chant élégiaque, nº 14 (de las de 18 piezas, op. 72) del tercer ruso, Tchaikovsky, fue buena muestra de todo ello: una miniatura gigantesca en su interpretación, expresividad, sonoridad romántica que nunca faltó en el concierto, fraseos elegantes con toda una labor de orfebre del sonido en este Adagio profundo, introspectivo y adulto.
Quedaba el cuarto as de la tarde, el último romántico ruso, Rachmáninov y su gigantesca Sonata para piano nº 2 en si bemol menor (1913), una de las grandes obras para piano del siglo XX, siendo la primera versión la preferida como es el caso de la ofrecida por Papoian. Obra de grandes dimensiones  al alcance de pocos pues «exige una gran madurez y mucha formación pianística para ejecutar correctamente el fraseo, las dinámicas, el tempo, el uso del pedal, saber destacar la melodía del acompañamiento con los desplazamientos melódicos continuamente entrecruzados y un sinfín de detalles técnicos y sonoros que surgen desde los seisillos iniciales de esta gran sonata» como bien la describe Mar Fernández (Mar Norlander) que pareció adivinar lo que disfrutaríamos con el pianista de San Petersburgo. Sonoridades majestuosas, sinfónicas, evocadoras de los conciertos para piano con el estilo inimitable de Don Sergio, una tentación para todo pianista que Papoian afrontó con un talento innato, puede que bebiendo de las fuentes de la primera capital rusa. Agitación interior en el primer movimiento, pausado segundo para seguir degustando el joven pianismo maduro, y un impactante tercero donde los dedos volaban igual que las imágenes tejidas desde el teclado, todo un discurso adulto en un cuerpo joven para un programa que desde las emociones resultó una «montaña rusa» (y perdón por la obviedad) para esta sonata majestuosa tan apabullante cono el intérprete.
La «tercera parte», distendido, como sabedor del deber cumplido, volvería a demostrar que el legado ruso sigue vigente, las variaciones y paráfrasis tan habituales en los grandes virtuosos del pasado siglo que en el actual suelen servir para epatar técnicamente en manos de chinos que compiten en dar mil notas por segundo pero carentes de la musicalidad propia de estas páginas ideales como propinas.
El Largo al factótum de «El barbero de Sevilla» (Rossini) parafraseado por el soviético Grigori Ginzburg (1904-1961) es un verdadero homenaje al aria más famosa de la ópera, cantando siempre la melodía pero tan adornada que parece imposible tocarse con dos manos y diez dedos. Papoian parecía fresco, desinhibido y feliz con esta página virtuosa de la siempre adorada «escuela rusa». Y como deseando demostrar la hondura de la música de su tierra, de nuevo Médtner y su Canzona serenata op. 38 nº 6, profundidad expresiva, música pura sin calificativos, que cerrando los ojos era la de un veterano pianista que vuelve a casa sin aspavientos ni fuegos artificiales.
Bendita juventud de mente abierta que nos traería al Beethoven de salón con su conocida y nada fácil Para Elisa en unas variaciones del pianista de jazz norteamericano Ethan Uslan con toques de ragtime, boogie-woogie, música sin etiquetas bien ejecutada, sentida y un verdadero placer comprobar la veresatilidad de un Papoian disfrutando en el piano.
Aún tendría fuerzas para emular al gran Horowitz y sus «Variaciones sobre Carmen« que dejaron boquiabierto a todo el teatro, velocidad de vértigo y ornamentaciones que nunca ocultaron el sabor de la famosa «Seguidilla», óperas ambientadas en España en un homenaje musical de Ilia Papoian a un país que ya está conquistando con su piano y musicalidad increíble.
PROGRAMA:
I
Aleksandr SCRIABIN (1872-1915): 24 preludios, Op. 11:
I. Vivace en do mayor – II. Allegretto en la menor – III. Vivo en sol mayor – IV. Lento en mi menor – V. Andante cantabile en re mayor – VI. Allegro en si menor – VII. Allegro assai en la mayor – VIII. Allegro agitato en fa sostenido menor – IX. Andantino en mi mayor – X. Andante en do sostenido menor – XI. Allegro assai en si mayor – XII. Andante en sol sostenido menor – XIII. Lento en sol bemol mayor – XIV. Presto en mi bemol menor – XV. Lento en re bemol mayor – XVI. Misterioso en si bemol menor – XVII. Allegretto en la bemol mayor – XVIII. Allegro agitato en fa menor – XIX. Affettuoso en mi bemol mayor – XX. Apassionato en do menor – XXI. Andante en si bemol mayor – XXII. Lento en sol menor – XXIII. Vivo en fa mayor – XXIV. Presto en re menor).
Nikolái MÉDTNER (1880-1951): Sonata para piano nº 9 en la menor, Op. 30.
II
Piotr Ilich TCHAIKOVSKY (1840-1893): Chant élégiaque, nº 14 de «18 piezas, Op. 72»
Serguéi RACHMÁNINOV (1873-1943): Sonata para piano nº 2 en si bemol menor, Op. 36 (primera versión, 1913): I. Allegro agitato – II. Non allegro—Lento – III. L’istesso tempo—Allegro molto.
Propinas (III)
ROSSINI – GINSBURG: Paráfrasis Largo al factótum de «El barbero de Sevilla».
N. MÉDTNER: Canzona serenata op. 38 nº 6.
BEETHOVEN: Variaciones sobre Para Elisa (arreglo Ethan Uslan).
G. BIZETV. HOROWITZ: Variaciones sobre Carmen.

El Festival de Granada: de Andalucía al mundo

Deja un comentario

EL FESTIVAL DE GRANADA SE SITÚA ENTRE LAS ENTIDADES MEJOR VALORADAS DE ESPAÑA EN 2023

Según el Observatorio de la Cultura de en su tradicional ranking de ‘Lo mejor de la Cultura de 2023’ el Festival Internacional de Música y Danza de Granada, se convierte en la entidad musical más importante de Andalucía, subiendo 10 puestos en el ranking regional, tan sólo detrás de los museos Picasso y Pompidou, y el Festival de Cine Español, todos de Málaga.

Dentro del ranking nacional el festival granadino aparece en el puesto 45 de un total de 105, y se consolida como una de las cuatro instituciones más destacadas de España en el ámbito de la música clásica y la danza, tan solo detrás del Teatro Real (6) y los Teatros del Canal (32), ambos en Madrid, y el Gran Teatro del Liceu en Barcelona (38) y por delante de instituciones tan importantes como el Auditorio Nacional de Música de Madrid (79), la Quincena Musical Donostiarra (94), el Teatro de la Zarzuela (95) o el Festival de Jazz de Vitoria (102).

Asimismo, en el nuevo apartado de los ‘Festivales Imprescindibles’ de 2023’ el Festival de Granada ocupa la segunda posición, detrás del Sonar+ de Barcelona y por delante de tres importantes festivales de pop como son Primavera Sound, de nuevo en la capital catalana, Sonorama (Burgos) y Jazzaldia en San Sebastián.

En el informe completo del Observatorio de la Cultura (de la Fundación Contemporánea), podemos comprobar cómo el Festival de Granada se ha ganado no ya un prestigio cultural más allá de otras ofertas musicales de otros estilos,  también la calidad en esta provincia andaluza unida a su rico patrimonio artístico más allá de La Alhambra donde se realiza parte del festival, un imprescindible para todo melómano y posicionándose además como uno de los mejores festivales de verano del mapa europeo. Puedo dar fe tras años esperando disfrutarlo e imposible por el calendario escolar, llegaría el pasado año, esperando repetir este 2024.

Carta a SS.MM.

1 comentario

Muy señores nuestros, si me permiten este trato epistolario:
Como todavía queda algo de inocencia (será por los años), lo único que les pido a Los Magos (lo de reyes cada vez lo llevo peor y no solo por esta tendencia mía a La República) es pasar la hoja del calendario aunque el «bicho» del Covid siga entre nosotros conviviendo con la gripe habitual.
Musicalmente, y a la vista de cómo está el mundo lleno de odio, guerras, genocidios y las tristes circunstancias de las que parecemos no aprender, solo pido mantener toda la música posible, a ser posible en PAZ, aunque sé que la salud es el mejor regalo en estos tiempos.
Sin necesidad de aniversarios (y en 2024 hay muchos para celebrar), como todo los años que son como mi Scalextric, pido poder escuchar en mi tierra la Octava Sinfonía «De los Mil»  de Mahler con todas nuestras orquestas (OSPA, OvFil, la Universitaria ya renacida), coros («El León de Oro», grandes, chicas doradas y peques, igual que el de la Fundación Princesa, la Capilla Polifónica «Ciudad de Oviedo» y también la Escolanía de Covadonga -que la han «desaparecido»- más la de San Salvador…), junto a solistas de los que tenemos un montón y ¡de primera! en nuestra querida Asturias y de todas las tesituras: Beatriz Díaz, Elena Pérez Herrero, Ana Nebot, Lola Casariego, la joven María Heres, Alejandro Roy, David Menéndez, Miguel Ángel Zapater, Juan Noval-Moro… (algunos «adoptados» o directamente de nuestra familia cordobesa). Sería lo más deseado de mi larga lista… Para todos ellos siempre les pido a ustedes mucho trabajo, pues los éxitos llegan con el esfuerzo y eso no les falta nunca.
Eso sí, mantengo mi ilusión de contar con Pablo González como director de un acontecimiento que saben me copió Dudamel, al que le perdono casi todo… y mi tocayu ya dirigiese en Barcelona cuando estuvo de titular, y ya que se ha despedido de la OCRTVE, aprovecho para pedirles le den una orquesta para este 2024 y siguientes. Ya por redondear este paquete, podrían traernos un concertino para la OSPA, pues llevamos huérfanos y necesitados desde la jubilación de nuestro querido Sasha. Darles las gracias porque sí nos trajeron al fin un titular, y además «vecino».
Con la ilusión infantil de este día tampoco quiero olvidarme de pedirles mucho trabajo para Forma Antiqva, esperando les llegue un Grammy clásico (se lo merecen), sobre todo a los tres hermanos Zapico que pese a todo, siguen «a tope» haciendo historia volando desde casa, actuando solos, en otros ensembles, y especialmente en «su formación», así como pedir que sigan grabando nuevos discos, juntos o por separado, pues siempre son el mejor regalo.
También quiero recordar a mis queridos pianistas con la mierense nacida en la capital Carmen Yepes en Madrid a la cabeza de los también docentes como Mario Bernardo, a Martín García o Henar F. Clavel que están creciendo en todos los sentidos, sin olvidarme de mis admirados Diego Fernández Magdaleno, Judith Jáuregui (que será mamá este año como el mejor y mayor regalo) o mi querida venezolana Gabriela Montero, a quienes les vendrá bien seguir trabajando mucho en este recién estrenado 2024 tras ir recuperando todos ellos fechas.
Mantengo la ilusión y pido más composiciones de Jorge Muñiz junto a las de la joven e inconmensurable pareja Guillermo Martínez (que este pasado año sigue igual de fructíferoy Gabriel Ordás (que tambén se ha ido a USA para proseguir sus estudios), pues siguen estando de lo más inspirados, regalándonos muchos estrenos tal como les había pedido en mi carta del 2023. Gracias señorías…
Y por mantener la ilusión, aunque como dice mi madre «parece que te hizo la boca un fraile» (?), continúo reclamando a los llamados «gestores culturales» les den mucho más trabajo a los de casa, no por patrioterismo o «aldeanismo» barato sino por la calidad contrastada, incluso que varíen de agencias de contratación… saben de sobra que la Cultura ha demostrado además de ser Segura resultar la mejor inversión en tiempos difíciles.
Este año no pido nada para mis jóvenes violinistas favoritos que se van haciendo mayores, pues están trabajando y bien (Ignacio Rodríguez sigue emigrado aunque ahora en Bélgica y María Ovín continúa en la OSPA), creciendo como personas y artistas… solo desearles que continúen los éxitos.
Para mi adorada Beatriz Díaz siempre les escribo otra carta porque se merece todo lo que le traigan en este 2024 (el Año Puccini que debería celebrarse contando con su voz) y mucho más. Además de darle de nuevo las gracias a la asturiana, felicitarla por un repertorio que sigue creciendo tanto como su agenda aunque espere mucha más ópera y zarzuela en el Campoamor como protagonista (con ganas de La Rosa del Azafrán), pues al fin le trajeron el año pasado su esperada Mimí en Alicante (donde le cambiaron hasta su apellido Díaz por Martínez), por lo que les sigo pidiendo la lleven al Teatro Real de Madrid o al Liceu barcelonés. En Tokio o Brasil ya ha triunfado, en Italia «la piccolina» ya es casi suya, y continúa teniendo fechas por Europa, pero recordándoles que en Londres, Viena o Nueva York aún no se han enterado cómo canta, y Vds. lo saben por ser Magos… la magia de la soprano allerana es tan única como la suya y debemos compartirla.
Para la ópera necesitaría otra carta de adulto, pero mi mamá dice que vale ya de pedir… al menos mantenerla en Asturias apostando por títulos nuevos sin olvidarnos de los «top» y seguir dando oportunidades a nuevas voces y públicos.
A todos mis amigos músicos repartidos por el mundo les mando siempre «MUCHO CUCHO®» antes de cada actuación, normalmente de vaca asturiana, y podría escribir otra misiva más detallada para tantos como tengo repartidos por el planeta (para que luego digan de la «maldición» ENTRE MÚSICOS TE VEAS). Al menos me consta que los envíos llegan a destino y se agradecen, incluso con emoticonos que ya son universales (🚜💩💩💩💩💩💩💩🐄).
Por ultimo no quiero olvidarme de mi Ateneo Musical de Mieres del que me regalasteis su presidencia en junio de 2018, pidiendo la misma salud que en el recién finalizado 2023 en que cumplíamos nuestro primer lustro (incluso con la Lotería que no les pedía tocase, porque ya lo hacían nuestros músicos, pero que les agradezco nos trajeran ¡una pedrea!), esperando mantengan su Banda Sinfónica y acertemos en el relevo de Antonio Cánovas (a quien le han traído destino en su tierra murciana y la dirección de la Banda de Águilas). Poder mantener el mismo nivel tras cinco años sin parar (ni siquiera con el Covid), y llevando su música, además del nombre de nuestra «Hermosa Villa» lo más lejos posible con una calidad y programas que son la envidia de muchos. Salud es lo importante porque ganas e ilusión no faltan.
A propósito, si pudieran dejar la música en la educación un poco más que ínfima y optativa, entonces tiraría fuegos artificiales… pero ya ven que no está entre las peticiones musicales en este mi segundo curso fuera de ella. Pero veo que la LOMLOE  (Ley Celáa) sigue empeorando leyes anteriores (y dicen que van ocho en 36 años),en pos de una generación de ignorantes digitales y adictos al móvil, aunque mantengo la esperanza que algún día se alcance un pacto de estado donde la educación sea inversión en vez de gasto y prime el menos común de los sentidos en vez de la partitocracia que intenta reescribir la historia a base de tantos eufemismos. Aunque suene un tanto repipi la esperanza nunca la pierdo.
Gracias señores majos y Magos (de donde vengan) utilizando el transporte que tengan (saben de sobra que los carburantes son más caros que el pienso), sin entrar en cabalgatas de las que no opino, y menos con Baltasar descolorido… Que sigan llenándonos de esperanza e ilusiones todos los días de este 2024 olímpico y bisiesto.
Y como siempre, que no se me olvide

¡Hala Oviedo!

Pablito, 12 años

Lírica asturiana y solidaria

Deja un comentario

Miércoles 20 de diciembre, 20:00 horas. Teatro Jovellanos, Sociedad Filarmónica de Gijón, concierto nº 1675. Gala Lírica: Beatriz Díaz (soprano), Jorge Rodríguez Norton (tenor), Marcos Suárez (piano). Ópera y zarzuela. Concierto benéfico a favor de la Asociación Síndrome de Down del Principado de Asturias.

Llegaba mi último concierto asturiano del año y además en Gijón por «La Minera» para una gala lírica asturiana con artistas «de casa» uniéndose una causa solidaria pues los beneficios eran para la Asociación Síndrome de Down del Principado de Asturias, que al descanso se nos comunicó había recaudado solo en taquilla más de 2000€, pendientes de la «Fila Cero» y las ventas de manualidades en el vestíbulo del teatro por muchos de ellos, que también acudieron al concierto.

Hizo de presentadora del evento la radiofónica Camino Sofia de la Guerra quien además nos dejó unas pinceladas de lo que se ha avanzado con los chicos y adultos con un síndrome que hasta hace poco parecía taparse o al menos no visibilizarse, mientras hoy vamos incorporándolos a nuestra sociedad con todo el derecho, independizándose muchos de ellos y trabajando, donde sabemos que son puntuales y cumplidores como pocos, como bien recordaba la periodista quien por experiencia había realizado unos talleres de radio con ellos.

Otra gala lírica asturiana en Gijón, este miércoles con la allerana Beatriz Díaz, el avilesino Jorge Rodríguez Norton y el langreano Marcos Suárez, bien conocidos por su exitosa carrera más allá de nuestro Principado y que siempre están dispuestos a participar con su talento en donde se les reclame para causas solidarias, buscando un hueco en unas agendas que están «a tope» y más en estas fechas. La velada se organizaría como es habitual, una primera parte italiana con canciones, arias y dúos de ópera, más una segunda española donde no faltó la canción asturiana o romanzas y dúos de zarzuela, alternando presencia los solistas, abriendo la soprano la primera parte y el tenor la segunda.

Las obras elegidas, que contaron con unas magníficas notas al programa de la doctora María Encina Cortizo no solo analizándolas sino añadiendo anécdotas y curiosidades que todo aficionado agradece, fueron del agrado del respetable que llenó el patio de butacas y buena parte del anfiteatro, haciendo cola antes de abrirse las puerta del Jovellanos a las 19:30, en un ambiente festivo y navideño en todo el Paseo de Begoña.

Beatriz Díaz nos enamoraría nada más comenzar a cantar  «Non t’amo più» de Tosti, más acostumbrados a las versiones con tenor pero que en su voz sonó a pura lírica y ese aire pucciniano del compositor de Ortona. Y continuaría Jorge Rodríguez con «Musica proibita», la obra más conocida de Gastaldón, dos canzoni italianas a la que se sumaría en este bloque la popular «‘O sole mio» que como bien escribe la doctora Cortizo «(…) pasando, incluso, por ser una verdadera canción popular napolitana, a pesar de su ritmo de habanera. Sin embargo, es una partitura de Di Capua, compuesta sobre un texto en dialecto napolitano del periodista Giovanni Capurro». Todas con un acompañamiento camerístico al piano que Marcos Suárez brindó con su buen hacer habitual, aunque la tablet no sean papel y el cambio de pantalla a veces obligue a «perderse» notas que nadie recoge al finalizar (con todo el humor y cariño).

No podían faltar en el caso de la soprano el Puccini que parece haber compuesto para ella y siempre pone la carne de gallina, el aria de Tosca y la de Gianni Schicchi que la escuchamos recientemente en Oviedo.

Aunque el piano no es orquesta y sus reducciones sean casi imposibles, Marcos Suárez las afrontó siempre plegado a la voz (como todo maestro debe hacer), dramatizada y poderosa «Vissi d’arte« y enternecedor «O mio babbino caro«, recordando a la periodista que es babbino (diminutivo de papá, papito) y no bambino (niño). Dos arias que siguen emocionando en la interpretación de la allerana.

Y Verdi, el tenor con una de las seis romanzas del genio de Le Roncole para sumarse la soprano en el conocido brindis de La Traviata que el avilesino acaba de representar en la temporada ovetense, copa de cava en mano la Violetta Díaz también disfruta con Verdi y empasta a la perfección con Giorgio Rodríguez Norton, una pareja de primer acto fresca, joven, creíble y en un momento vocal ideal en ambos capacitados para cualquier representación en los mejores teatros europeos o americanos.

El gijonés Vázquez del Fresno, socio de honor de esta Filarmónica y presente en el concierto, en su amplia producción también se ha acercado a la llamada «Canción de concierto», con un piano virtuoso en el mismo plano de protagonismo que la voz. Sobre temas e inspiración asturiana, nadie mejor que nuestros cantantes para una pequeña muestra hispana en la segunda parte, Jorge Rodríguez Norton con «De noche» (de las Siete canciones asturianas, op. 14), lleno de giros de tonada líricos e íntimos, y «El xuguete» (Cantarinos pa que suañes, op. 30 nº 12) que ya escuchásemos a Beatriz Díaz, la voz ideal del compositor, capaz de emocionarnos con esa letra musicada desde el respeto a la métrica habitual en Don Luis, que la musicalidad innata de la allerana eleva al nivel del lied.

Nada más nuestro que la zarzuela, que además presentaba el día anterior el próximo Festival de Oviedo, y cuatro romanzas como ejemplos de la «zarzuela grande» donde los asturianos demostraron su magisterio canoro en ellas.

El dúo de Luisa Fernanda con un buen empaste de ambas voces y la necesaria escena para transmitir este desamor entre Luisa y Javier, con un piano a nueve dedos (el décimo en la mano izquierda «picoteaba» la pantalla para pasar página).

El tenor cantaría la romanza del rey «¡Intranquilo estoy!» (acto III, nº 17) de la genial El rey que rabió de Chapí, originalmente escrita para una contralto aunque hoy es más frecuente que sean los tenores quienes la interpreten. El registro grave del avilesino ha ganado cuerpo y en este fragmento que evoca cuando el rey regresa a palacio tras su secreta aventura haciéndose pasar por pastor, es una romanza llena de lirismo y esas melodías que el de Villena redondeaba con una orquesta, hoy al piano.

Preparando la Sagrario que Beatriz Díaz encarnará en La Rosa del Azafrán en mayo próximo, su romanza «No me duele que se vaya» (escena I, acto II), estoy convencido que la volverá a encumbrar en Oviedo y allá donde incluyan esta zarzuela del maestro Guerrero que no se programa frecuentemente, y que tener a la soprano asturiana en ese rol marcará diferencias. Es lo más destacado de la partitura, donde se despide de su amado el capataz Juan Pedro, tras asumir lo imposible de su unión, un personaje desgarrado perfecto para unos graves que van tomando cuerpo y los exigentes agudos cual explosión desbordante de «la nostalgia de un amor que no puede ser por las convenciones sociales» que bien describe mi admirada María Encina.

Siempre que escucho el dúo de El gato montés de Penella viene a mi memoria el recuerdo del mayor admirador de la soprano de Boo, Ramón Jiménez, quien clamaba por escucharla con Alejandro Roy y cuando lo logró fue el hombre más feliz del mundo, aunque le contase el mismo dúo con Enrique Ferrer en Pamplona, y volví a recordarlo con José Bros. Evidentemente el Juanillo de Rodríguez Norton tiene otro color de voz y menos potencia que el tenor gijonés o el catalán, pero nuestra Soleá Díaz se marcó un dúo para seguir manteniendo vivos a nuestros seres queridos, uno de los pasodobles más famosos e internacionales con una actuación entregada por parte de estas figuras que levantaron bravos como si estuviésemos en El Bibio.

Con la Navidad a la puerta, no podían faltar unos villancicos que bien enlazados y modulados al piano por Marcos Suárez, conformando un «Christmas Medley» en francés, inglés, español, algún puente handeliano, latín y hasta un guiño germánico en el que el tenor avilesino se mueve como pocos por Bayreuth. Así fueron sonando un sentido Cantique de Noël (Adolph Adam), nuestro popular El tamborilero con Marcos a las «ostinadas baquetas» llegando los mejores musicales americanos y de Hollywood con White Christmas (Irving Berlin), Santa Claus is Commin’ (Sia & Greg Kurstin) que estas fiestas sonará ambientando muchas luces en las múltiples versiones, aquí con dos voces perfectas para un final de fiesta donde también escuchamos tras un «intermezzo» delicado al piano Adeste fideles antes del Noche de Paz, la que pedimos para todos.

PROGRAMA:

I

Francesco Paolo TOSTI (1846-1916): «Non t’amo più»

Stanislao GASTALDON (1861-1939): «Musica proibita»

Giacomo PUCCINI (1858-1924) «Vissi d’arte», aria de Tosca.

Giuseppe VERDI (1813-1901):
«In solitaria stanza» (Seis Romanzas, nº 3)

G. PUCCINI: «O mio babbino caro», aria de Gianni Schicchi.

Eduardo DI CAPUA (1865-1917): «‘O sole mio»

G. VERDI: «Libiamo ne’ lieti calici», brindis de La Traviata

II

Luis VÁZQUEZ DEL FRESNO (1948):

«De noche» (Siete canciones asturianas, op.14 nº 3)

«El xuguete» (Cantarinos pa que suañes, op.30 nº 12)

Federico MORENO TORROBA (1891 -1982): «¡Cállate corazón…!», dúo de Luisa Fernanda.

Ruperto CHAPÍ (1851-1909): «¡Intranquilo estoy!», romanza de El rey que rabió.

Jacinto GUERRERO (1895-1951): «No me duele que se vaya», romanza de La rosa del azafrán.

Manuel PENELLA (1880-1939): «Torero quiero ser», dúo de El gato montés.

Oviedo también es de zarzuela

5 comentarios

Nuestra zarzuela tiene desde hace treinta años a Oviedo como segunda capital con temporada estable, sólo detrás del «templo madrileño» de la calle Jovellanos (un asturiano universal y adelantado a su tiempo).

Este martes 19 de diciembre al mediodía se presentaba ante los medios de comunicación (excelente dossier de prensa) y los aficionados asturianos el XXXI Festival de Teatro Lírico Español del Teatro Campoamor, en un acto que nos adelantarían los distintos responsables de un ciclo estable que recuerdo su arranque allá por 1994, y con una puesta en escena de Raúl Olay, acorde con el evento.

El director y compositor avilesino Rubén Díez amenizaba desde el piano desgranando melodías conocidas con el fondo del cartel de la «Zarzuela Oviedo 20224», un típico carbayón en trampantojo revistiendo el azúcar con mantón de Manila, mientras iban situándose sobre las tablas los intervinientes.

Abría el acto el Concejal de Cultura del Ayuntamiento de Oviedo David Álvarez Menéndez, reivindicando la capitalidad musical, el reconocimiento a sus antecesores y la defensa de nuestro patrimonio cultural donde nuestro género lírico ha sido reconocido como «Manifestación Representativa del Patrimonio Cultural Inmaterial», necesidad de salvaguardar nuestra zarzuela, que en Oviedo hemos sido ejemplo de su divulgación y compromiso,  aunque tristemente no seguido en el resto de «esta España nuestra» (que cantaba Evangelina Sobredo). No estuvo recordar que este Festival es un activo imprescindible como generador de empleo, riqueza, sinergias y turismo en Oviedo y el resto de nuestro Principado, personal que trabaja en y desde Asturias, incluyendo muchos nombres de los repartos.

Antón García, director general de Acción Cultural del Gobierno del Principado también hablaría del apoyo institucional a este festival que alcanza su trigésima primera edición, lo que indica continuidad y asentamiento de este género hispano que trasciende las fronteras y necesita no ya mantenerse sino proyectarse más allá del Pajares.

Ahora que ya estamos mejor comunicados por ferrocarril con «el resto de España», a la espera de los trenes Avril que pediremos a los Magos de Oriente, y con la Capitalidad Gastronómica de Oviedo también en 2024, que parece tuvo su adelanto en el pasado puente de diciembre, esperemos que nuestro Festival Lírico sea otro reclamo de público para llenar el Campoamor.

El piano de Rubén Díez acompañaba la primera proyección (magnífico Pedro Chamizo en su montaje del audiovisual) con la voz en off de la mezzo ovetense María José Suárez contándonos los títulos que subirán a este mismo escenario según iban apareciendo en pantalla, melodías reconocibles de las zarzuelas programadas perfectamente sincronizadas con la imagen, como en los orígenes del cine, y con los carteles de Javier Díaz Garrido dignos de comentar como verdaderas obras de arte.

El grueso de la programación lo desgranaría Cosme Marina, director artístico del Festival que iría desgranando y presentando. Siguen haciéndose producciones propias como el programa doble de La Gran Vía (Chueca y Valverde) y Adiós a la bohemia (Sorozábal), apostando por la creación y producción asturiana como la reposición de la exitosa Don Gil de Alcalá de nuestro Emilio Sagi (que se exportó a Madrid) con Alejandro Roy y Sofía Esparza.
También escucharemos La rosa del azafrán (J. Guerrero) y como gran novedad, auténtica apuesta de Marina con el estreno escénico de la zarzuela barroca Coronis de Sebastián Durón en coproducción con cinco teatros franceses (triste que nuestros vecinos del norte estén defendiendo mejor que nosotros estas joyas del XVIII). No faltará en el Festival el habitual recital lírico (con la soprano granadina María José Moreno, el tenor chileno-americano Jonathan Tetelman, que también se enfrenta y difunde zarzuela, y Lucas Macías en la dirección de la OFil), la proyección del documental «Tiempo de Zarzuela» de Cristina Otero Roth, el ciclo Off Zarzuela en el Teatro Filarmónica con el incombustible Enrique Viana y su cabaret «Luisa Fernanda, ya tengo Instagram o ¡La quinta del Apolo!» junto al pianista Ramón Grau
También habrá actividades pedagógicas para acercar a públicos nuevos así como conciertos en zonas rurales del concejo.
Como un aperitivo de La Rosa del Azafrán escucharíamos la «Romanza de Sagrario» por la soprano asturiana Beatriz Díaz con el piano-orquesta del avilesino, auténtica delicates con escena incluída actuando con los dos primeros intervinientes en sus posiciones sobre el escenario. Los días 23 y 25 de mayo podremos disfrutarla bajo la dirección de la mexicana Alondra de la Parra que también debuta en la dirección de zarzuela con la Oviedo Filarmonía, y con un reparto de grandes intérpretes (Damián del Castillo, María Zapata, Ángel Ruiz, Vicky Peña, Mario Gas o Roca Suárez entre otros).

La Presidenta de la Fundación Musical Ciudad de Oviedo, Pilar Rubiera, continuaría las intervenciones  defendiendo y «presumiendo» de la orquesta que va unida al Festival, uno de los pilares junto al coro titular, con un gasto ajustado pero manteniendo una calidad y continuidad que el tiempo ha consolidado. Por supuesto volvimos a escuchar dos nombres que sonarían a lo largo de la presentación, «Los dos Emilios» que son Sagi y Casares, el mayor conocedor y estudioso de nuestra lírica hispana (incluyendo  el primer y magno Diccionario de la Zarzuela). Por supuesto hubo consejo para pedir regalo estas navidades: un abono para la Zarzuela 24 (se ponen a la venta este miércoles 20).

El apoyo de los medios de comunicación es imprescindible para cualquier evento de «La Viena Española» y el diario La Nueva España siempre al lado de la música asturiana estuvo presente con su Directora General Ángeles Rivero, quien como no podía ser menos mantendrá la difusión no solo del Festival sino de todo lo que «suena» en el Principado.

Y no podía faltar Rut Ruisánchez, presidenta de la Capilla Polifónica Ciudad de Oviedo», el coro de nuestra zarzuela que lleva 29 ediciones, citando en estos tiempos de «Inteligencia Artificial» la «Inteligencia Emocional» de la música, la obligación y devoción de la formación coral hacia el Festival, el recuerdo a nuestro querido Francisco González Álvarez-Buylla «Paquirri», la cita al premiado por la FPA este año Nuccio Ordine y su frase válida para esta presentación de La utilidad de lo inútil antes de «trabajar» porque quedaba el último «acto» sonando el piano-orquesta de Rubén Díez con las mujeres de la Capilla cantando y limpiando entonando el ‘Coro de Espigadoras’ y la aparición última de los hombres («Ay! ay, ay ay!, qué trabajo nos manda el señor…») de una ya muy esperada La rosa del Azafrán, antes de la foto final y la despedida del anfitrión, David Álvarez, melómano de pro y al frente de una concejalía que tiene mucha cultura que ofrecer y promocionar.

Por supuesto la felicitación navideña y esperando que 2024 siga llenando de música la capital del Principado.

Dejo aquí todos los títulos y elencos programados para el XXXI Festival de Teatro Lírico Español, escaneados de los manejables programas publicitarios:

Guillermo Martínez y La Castalia

1 comentario

Domingo 17 de diciembre, 20:45 horas. Sala de cámara del Auditorio de Oviedo: Concierto de clausura del XXI Curso «La voz en la música de cámara» (Homenaje a Jeaninne Bouché). Obras de: Guillermo Martínez, Debussy, Berlioz, Ylioppilaskunnan, Whitacre y Ariel Ramírez.

Lástima que muchos homenajes se celebren tras morir, pero Jeaninne Bouché (1930-2023) lo tenía pendiente en Asturias y La Castalia pudo al fin entregar, aunque hubo de ser Luis Español, su hijo presente en la sala, el merecido reconocimiento que esta pianista de carrera truncada en 1953 por una patología de columna, siguió volcada en la música hasta sus últimos días, primero desde su magisterio en la Escuela Superior de Canto como catedrática, y posteriormente en la ‘Cátedra Alfredo Kraus’ de la prestigiosa Escuela Superior de Música Reina Sofía (tras «ficharla» Paloma O’Shea desde el primer curso allá por 1995), eminente profesora de «Fonética francesa aplicada al canto» que seguirá siendo un referente para tantas promociones de cantantes desde nuestro país.

Begoña García-Tamargo fue la encargada de abrir este concierto del vigésimoprimer curso ««La voz en la música de cámara con una semblanza de su amiga y compañera en las labores docentes (aún se recuerda la presencia en Oviedo de la maestra Bouché en el «I Congreso de pedagogía e investigación performativa y creatividad musical» dentro del Centenario Debussy), imposible plasmar aquí su enorme y dilatada carrera y en cierto modo manteniendo la humildad del segundo plano que la madrileña de padres franceses siempre tuvo a bien.

También lo reconoció su hijo Luis, emocionado y agradecido por este homenaje de la asociación ovetense, que reflejaría los vínculos que la música consigue y más desde la docencia, verdadera familia así entendida por tantos que nos dedicamos de una u otra forma a ella.

El concierto comenzaría con unas palabras de Guillermo Martínez (1983), explicando la génesis de las obras a estrenar esta fría noche de diciembre. Importante reseñar cómo al compositor asturiano siempre se le ha apoyado desde La Castalia, como a tantos jóvenes, siendo un ejemplo precisamente los intérpretes de esta velada.

Es un auténtico lujo poder asistir al estreno de obras actuales y además conocer de primera mano estas aportaciones a nuestro patrimonio musical que todos debemos defender, y ya se encargó la directora de La Castalia en recordar los de estos cursos únicos en España y de dilata trayectoria, un alumnado eterno de profesionales que siguen formándose toda su vida, al que reconocerle el esfuerzo de dedicar todo su tiempo a una profesión donde la gratitud es poder demostrar su valía además del aplauso del público, que hoy desafió la climatología acudiendo a esta clausura.

El estreno de dos «Cantos de Minnesinger» pertenecientes al ‘Ciclo de Fantasías para mezzo y piano’ abría el concierto, magníficas obras de nuestro juglar asturiano inspirado en los alemanes (allí los grabará con orquesta) y manteniendo un puro estilo de lied donde voz y piano son uno para realzar la poesía medieval alemana, inspiración pastoral y amatoria como en el siglo XII pero actual en nuestros días. María Heres fue la voz ideal de estas melodías llenas de agilidades y gran tesitura, ricos matices y cambios de tempo, con un exigente registro grave que bien posee la mezzo asturiana más un complicado pero bellísimo ropaje de piano con María Cueva, para poder disfrutar del magisterio compositivo de Guillermo Martínez que se mueve cómodo en todos los estilos.

Un acierto este «aperitivo» de fantasías vocales que seguirán creciendo y encontrando un lugar en el nuevo repertorio del lied más allá de la tierra originaria de los minnesinger, actualizando el lenguaje camerístico de la hoy llamada «Canción de concierto», bien expuesta por el dúo de estas dos Marías artistas, HeresCueva.

Y segundo estreno de la Rapsodia «Reflejos del Sur» para el piano de Henar F. Clavel, aires sevillanos del barrio de Triana con un virtuosismo nada superfluo donde verter esa inspiración universal al lado del Guadalquivir, como Turina pero también Albéniz y ahora Guillermo Martínez. Escritura pianística de alto voltaje para volver a reivindicar la magia de la intérprete avilesinael talento del antiguo escolano de Covadonga, agradecidos de poder disfrutar su música desde La Castalia y augurándole una larga carrera de «opus» que siempre  seguirán sorprendiéndonos por su belleza y riqueza de estilos sin perder nunca el amor por la música que en esta velada mostraron todos y cada uno de los intérpretes.

Si la maestra Bouché sentó cátedra desde la «Fonética francesa aplicada al canto», no podía faltar música en la lengua de Moliere en la que los compositores franceses siguen siendo únicos, pues no se canta igual que se habla.

Primero Debussy y sus «Tres melodías de Verlaine» L. 81, en la voz del barítono venezolano Ángel Simón con el piano de Mario Álvarez Blanco (otro de los pilares de La Castalia del siglo XXI), timbre cálido y preciosista expresando todo el poderío poético del francés, expresión compartida con un piano cristalino y merecedoras de tener los textos originales y traducidos para disfrutar aún más de estas tres bellezas líricas.

Después Mario Álvarez continuaría desde el piano con Berlioz y las «Noches de verano» sobre poesías de Théophile Gautier junto a la soprano venezolana Ángeles Rojas (componente del Coro de la Ópera de Oviedo y alumna de la Cátedra de Canto Alfredo Kraus), cuatro de las seis escritas por el gran sinfonista y que son nuevamente un ejemplo de la música que encierran los versos, lírica en el amplio sentido de la palabra a las que la soprano de Barquisimeto puso su buen hacer vocal aunque la grandeza de la orquesta sea casi imposible reducirla al piano pese a los esfuerzos del asturiano. Voz poderosa en todo el registro y con musicalidad innata, más segura en la ópera que en las canciones de concierto, hay que felicitarla por el esfuerzo que suponen estas «noches de Berlioz».

Y hablando de ópera y coros, el mejor broche final lo pondría el Coro Arsis de la Escuela de Música Divertimento, verdadera cantera musical en la capital del Principado y dirigido por Cristina Langa junto al joven pianista y director de orquesta Luis María López Aragón. Cuatro temas bien enlazados para evitar pausas desde las modulaciones al piano que fueron desde Finlandia hasta la República Dominicana pasando por los EEUU  y Argentina.

Maravillosas estas laureadas voces juveniles con mayoría de chicas (habrá que pensar cómo sumar chicos a los coros) bien empastadas, con movimiento escénico y coreografías, bien llevados por otra promesa de la dirección como la Maestra Langa, bien memorizado todo, afinadas, empastadas, de dicción perfecta en finés, inglés y castellano, transmitiendo emociones y alegría, especialmente con el último villancico dominicano, y felicitar la elección de estas cuatro páginas corales donde personalmente me sigue emocionando Alfonsina y el mar del gran Ariel Ramírez en un arreglo hermosísimo del porteño Vivian Tabbush (1936-1917con el piano original del argentino muy sentido por López Aragón.

En estas fechas no podía faltar Noche de Paz que pondría el primer regalo navideño, musical como debe ser, con Arsis y el piano antes de la salida de todos los participantes en este homenaje y clausura de otro curso de perfeccionamiento que nunca tiene vacaciones.

PROGRAMA

Guillermo Martinez (1983):

CANTOS DE MINNESINGER. Ciclo de fantasías para mezzo-soprano y piano
(estreno absoluto):

1. «Slâfest du friedel ziere?»
(poesía de Dietmar von Aist, ca. 1115- ca.1171).

2. «Kuster mich?»
(fragmento del poema «Under der Linden»)», de Walther von der Vogelweide, ca. 1170- ca.1228).

María Heres (mezzosoprano) – María Cueva (piano).

RAPSODIA «REFLEJOS DEL SUR»
(estreno absoluto).

Henar F. Clavel (piano).

C. Debussy (1862-1918): TROIS MELODIES DE VERLAINE:

1. «La mer est plus belle – 2. «Le son du cor s’afflige ver le bois» – 3. «L’échelonnement des haies»

Angel Simón (barítono) – Mario Alvarez (piano).

H. Berlioz (1803-1869): LES NUITS D’ÉTÉ
(Poesías de Théophile Gautier):

1. «Villanelle» – 2. «Le spectre de la rose» – 4 «Ас оле*

Ángeles Rojas (soprano) – Mario Álvarez (piano)

CORO ARSIS de la Escuela de Música Divertimento:

Ylioppilaskunnan: «On suuri sun rantas».

Eric Whitacre: «Sing Gently».

Ariel Ramirez: «Alfonsina y el mar» (Arr. Vivian Tabbush).

Tradicional República Dominicana: «Cantemos a María».

Directora de coro: Cristina Langa – Pianista: Luis María López Aragón.

Gracias Don Joaquín Achúcarro

2 comentarios

Miércoles 13 de diciembre, 20:00 horas. Auditorio de Oviedo, Jornadas de Piano «Luis G. Iberni»: Joaquín Achúcarro (piano). Obras de Brahms, Liszt, Ravel, Debussy, Rajmáninov y Scriabin.

Decir Achúcarro (1 de noviembre de 1932) es decir piano, toda una vida dedicada a las 88 teclas, y en mi recuerdo aún perdura la primera vez (después vendrían muchas más) allá por 1972, ¡51 años y parece que fue ayer! cuando le escuché en la Sociedad Filarmónica de Oviedo, la ciudad donde más ha tocado después de su Bilbao natal, como bien recuerda Ramón Avello en las notas al programa.

Y Don Joaquín Achúcarro Arisqueta sigue ejerciendo magisterio, afrontando un programa de altura al alcance sólo de jóvenes maduros como es el bilbaíno, pues antes de arrancar con las Variaciones sobre un tema de Schumann nos contó micrófono en mano del Brahms con 19 años enamorado de Clara Schumann de quien incluye en la variación décima una melodía suya, grandeza musical de juventud, amor casi adolescente del alemán y pasión madura del vasco enamorado del piano, sonoridad impecable, moldeando el sonido como sólo los grandes saben, resaltando lo importante aunque  no haya nada superfluo en la música del hamburgués.

Limpieza en la ejecución, sabiduría en los pedales, exposición clara del tema principal siempre reconocible en cada variación. Y no digamos los dos Intermezzi siguientes, el primero grandioso, cristalino, romántico en estado puro, paladeando cada nota sin apuros, deleitándonos con su interpretación con tanto poso a lo largo de más de 75 años de carrera, la que comenzaba en Oviedo donde Ángel Muñiz Toca intuyó y creyó en él para dar un concierto de Mozart con la Orquesta Clásica de Asturias, que recordaría al final del concierto; y el segundo pura reflexión, silencios que «duelen», los claroscuros de estas «miniaturas» sólo en extensión, Klavierstücke de madurez cual verdadero regalo contraponiendo las dos etapas del sempiterno enamorado, el joven y el maduro con la visión paralela del maestro Achúcarro en una sentida interpretación con tanto poso de amor.

No bajaría el listón de exigencia ni de entrega con Liszt y su Valse oubliée nº 1, nada olvidado y recuperados en un collar de perlas sonoras, jugando con el tempo como los grandes que son leyendas en vida, seguido del famoso «Sueño de amor», dos páginas para afrontarlas nuevamente desde la visión que da la experiencia y los años, obras cinceladas día a día con el trabajo que nunca falta en los pianistas, pues además del talento innato que Don Joaquín tiene, hay que sumar su infatigable día a día donde confiesa que sigue aprendiendo.

La segunda parte de nuevo con compositores que Achúcarro ha interiorizado, los franceses cercanos y unidos por nuestro Mar Cantábrico, primero el vascofrancés Ravel y sus Valses nobles que no dudó en contarnos antes de comenzarlos la anécdota de Rubinstein en España, «aislado» en plena Primera Guerra Mundial con lo que donde había un piano ahí estaba Don Arturo, aprendiendo a hablar un español correctísimo y además estrenar estos valses en Madrid con un abucheo del respetable aunque el resto del concierto fuese un éxito «obligándole a regalar de propina» nuevamente los valses pues parecía que el público debía entenderlos. Genio y figura a quien también disfruté en Oviedo en 1975 ¡con 88 años! y que tantos paralelismos al piano tiene con nuestro Joaquín Achúcarro. El sonido preciosista en cada uno de los ocho valses, la genialidad sorprendente aún hoy del compositor, las armonías que son una «Valse» en miniatura, los tempi escritos e interpretados fielmente con delicadeza o rotundidad y siempre el ímpetu de este joven de 91 años. Y después Debussy del que El Maestro también aclaró micrófono en mano que más allá de nubes, aguas y atmósferas etéreas junto a otros calificativos del músico que no quería le llamaran impresionista, lanzaba también cañonazos, como así nos demostró primero con ese Claro de luna dibujado con mano firme y limpieza de trazo musical, después unos Fuegos artificiales verdaderamente luminosos, descriptivos como pocos incluso con la «datación musical» de París un 14 de julio con el eco de una Marsellesa que sigue siendo el mejor himno mundial, libertad, igualdad y fraternidad pianística de un Achúcarro que parece haber detenido el tiempo transmitiendo un pianismo del que apenas quedan representantes en activo y con su siempre sentido recuerdo a la Francia de su biografía.

Aún quedaban dos rusos, verdaderos pesos pesados que el bilbaíno afrontó con valentía, seguridad, aplomo y el mismo nivel de autoexigencia que en el resto del concierto. Los tres preludios de Rajmáninov (de los 24 que escribió) dignos ejemplos para afrontarlos y organizarlos, dos épocas de su vida, evolución de escritura pero unidad estilística: el bello nº 1 op. 23, la potente mano izquierda y trinos claros del op. 32 central y la vuelta a la juventud del nº 2 op. 3 que el propio Sergei solía dar de propina en sus recitales. agitación y tensión pero delicadeza en la ejecución, sabedor el pianista bilbaíno que no hay obstáculos cuando se domina y entiende la obra desde su atalaya privilegiada.

Para terminar en Rusia nada menos que dos estudios de Scriabin, del que Achúcarro siempre fue su valedor (de hecho la última propina sería el conocido «Nocturno para la mano izquierda» que «lo dice todo»). El primero, opus 2 compuesto a los catorce años, de raíz chopiniana (como la primera propina del Nocturno op. 9 nº2) con un juego de voces interiores perfectamente escuchadas en el piano siempre enorme del bilbaíno, y el nº 12 de la op. 8, bautizado como “Patético” por la pasión exacerbada pero espectacular en la interpretación del Maestro vasco, unas octavas plenas y ritmos en tresillos que hacen sonar fácil lo intrincado de estos «estudios» donde «intensidad, vehemencia y pasión constituyen los ingredientes de este estudio trágico y épico» como escribe Ramón Avello.

Tras la primera propina de un Chopin para enmarcar, un sencillo y rápido homenaje tomando la palabra David Álvarez, melómano reconocido y Concejal de Cultura del Ayuntamiento de Oviedo quien en compañía de dos «familiares» de «su» Filarmónica de Oviedo (Santiago González del Valle Rodríguez y Manuel Álvarez-Buylla, presidente y vicepresidente respectivamente), que le hicieron entrega del primer programa que Joaquín Achúcarro ofreció un 13 de abril de 1956, emociones, gratitud suya y nuestra para despedirse con la mano izquierda que siempre ha tenido El Maestro y una de sus propinas preferidas, el Scriabin que tendrá en Achúcarro un referente para tantos alumnos que ha tenido en su larga carrera docente, todo un lujo combinar interpretación y enseñanza, algunos incluso aprendiendo a escuchar el piano con él.

Gracias Maestro Don Joaquín.

PROGRAMA

I

Johannes Brahms (1833-1897):

Variaciones sobre un tema de Schumann, op. 9

Intermezzo nº 1 en la menor, op. 118

Intermezzo nº 2 en la mayor, op. 118

Franz Liszt (1811-1886):

Valse oubliée nº 1, S. 215/1

Liebestraum nº 3, S.541/3 (Nocturno “Sueño de amor”)

II

Maurice Ravel (1875-1937):

Valses nobles et sentimentales:
1. Modéré, très franc – 2. Assez lent, avec une expression intense – 3. Modéré – 4. Assez animé – 5. Presque lent, dans un sentiment intime – 6. Vif – 7. Moins vif – 8. Épilogue. Lent

Claude Debussy (1862-1918):

Clair de Lune (de la «Suite bergamasque») L.75/3

Feux d’artifice (de los «Préludes», Libro 2)

Sergei Rajmáninov (1873-1943):

Preludio nº 1 en fa sostenido menor, op. 23

Preludio nº 12 en sol sostenido menor, op. 32

Preludio nº 2 en do sostenido menor, op. 3

Alexander Scriabin (1872-1915):

Estudio nº 1 en do sostenido menor, op. 2

Estudio nº 12 en re sostenido menor, op. 8, “Patético”

Bruce Liu: visiones al piano

1 comentario

Lunes 4 de diciembre, 20:00 horas. Auditorio de Oviedo, Jornadas de Piano «LUIS G. IBERNI»: Bruce Liu (piano). Obras de Rameau, Chopin, Ravel y Liszt.

Diciembre tendrá en estas jornadas de piano dos generaciones de pianistas que a mi edad me sitúo entre ambos extremos: el próximo miércoles 13 Joaquín Achúcarro (1932) a quien sigo desde 1972 cuando me embrujase en la centenaria Sociedad Filarmónica, y este lunes a Bruce Liu (1997), impactante, joven ya maduro que dará mucho que hablar en este siglo XXI. Tantas figuras han pasado por «La Viena Española»  que sigue escribiendo la historia, y además en la festividad de Santa Bárbara suponía el debut en nuestro país del Primer Premio del Concurso de Piano Chopin 2021 -la misma edición donde el gijonés Martín García ganaría el tercero-, un talento nacido en París de padres chinos y criado en Montreal -tiene la nacionalidad canadiense- en tiempos de globalización también en el mundo de las 88 teclas, olvidándonos de escuelas pianísticas o tendencias.

Y esta figura de nombre ligado a las artes marciales y apellido pucciniano no defraudó en un programa verdaderamente de virtuoso que ofreció a dos gigantes del piano que se inspiraron nada menos que en el Don Giovanni mozartiano pero también su asombrosa técnica al servicio de la música con dos franceses casi en las antípodas pero delicados para confrontar sonoridades, estilos y visiones desde la interpretación madura del cosmopolita y generoso Liu.

Si Rameau es el máximo representante del clavecinismo francés junto a Couperin, la tentación de interpretar música barroca al piano supera cualquier opinión personal e incluso histórica, y así lo pude comprobar también en estas jornadas con Don Gregorio y su Purcell emparejado con Mozart, quien también ha incorporado a su amplio repertorio el clave del francés, sin dejarme mi pasado Festival de Granada con una pléyade de pianistas que en las llamadas «Play lists» figuran entre los más reproducidos.

El directo de Bruce Liu es único, con una técnica impecable donde el uso de los pedales marca sonoridades propias y muy cuidadas pero la limpieza en la digitación, la claridad expositiva y una amplísima gama de matices le dan todos los recursos para enfrentarse al repertorio de cualquier época con una solvencia y madurez asombrosa pese a su edad. Dice un proverbio que «Algo tendrá el agua cuando la bendicen» y ganar el Chopin no está al alcance de cualquiera aunque los concursos parezcan estar desprestigiados, en parte por los miembros de los jurados. Lo mismo podría decir de «fichar» por el sello amarillo que acierta en lo comercial pero también supone un escaparate mundial para sus «primeras figuras», independientemente de su mayor o menor calidad, y en el caso de Bruce Liu el acierto ha sido grande.

La selección de piezas de Rameau que el maestro Francisco Jaime Pantín desgrana en las notas al programa (enlazadas igualmente al inicio), se centró en las tres colecciones que dejo indicadas al final, y que representan una brillantez de escritura y un catálogo de expresividad. Liu exprimió al máximo las seis, limpieza en todos los sentidos, pedales comedidos para no enturbiar el discurso pero dándole todo el color desde el piano a estos «grabados» clavecinistas, como sucederá con Bach en tantos intérpretes del siglo pasado. El antes citado Sokolov tiene a Rameau entre sus propinas favoritas y ha grabado también para el sello amarillo como Liu. Así Les Cyclopes fueron más calmados que las del ruso nacionalizado español mientras Les Sauvages el canadiense la ejecutó ligeramente más rápida sin perdernos ni una nota. A la multinacional alemana no le importa repetir obras con distintos intérpretes y el mundo de la crítica discográfica es aficionado a compararlas también en los tiempos. Lo que tengo claro tras lo escuchado este primer lunes de diciembre por el canadiense nacido en París con su Rameau aporta una visión actual a un repertorio que sin ser pianístico luce siempre cuando el acercamiento respeta lo escrito y lo llena de colores personales.

Y para el «Premio Chopin» no podía faltar el gran polaco del piano con las Variaciones sobre “Là ci darem la mano”, obra de un joven pianista y compositor además de se la primera obra para piano con orquesta (opus 2) pero despojada del acompañamiento sinfónico para poder disfrutar de todos los recursos del instrumento en aquellos salones del XIX y donde la inspiración en las óperas no solo las hacían llegar a todos los públicos sino a impactar con el virtuosismo que se hace y sigue haciendo casi imposible a tantos estudiantes de piano. Liu «cantó» el famoso dúo del Don Giovanni de Mozart con respiraciones, fraseos y el estilo propio del polaco que emana en cada una de las cinco variaciones, incluso indicadas en la partitura. La técnica es necesaria pero la musicalidad de Bruce la hace parecer menor de lo que es, la siempre engañosa facilidad mozartiana que transvasada al lenguaje chopiniano es vestir con traje romántico un clasicismo latente con cualquier ropaje.

La segunda parte volvería a emparejar lo francés y la inspiración en Mozart de otro virtuoso del piano, Ravel con Liszt. Desde esta divergencia cronológica convergiendo al piano y dando cierta homogeneidad a las obras elegidas, los Miroirs (1904-1905) de Ravel casi fueron un viaje en el tiempo del estilo clavecinístico, una visión más que versión propia como pueda ser Picasso y Velázquez con «Las meninas». Cinco piezas que fueron espejos, reflejos, ilustraciones a los propios títulos como harían Debussy el propio Liszt. De nuevo el color de Bruce Liu mezclando y superponiendo sonoridades, si en Rameau era acuarela de un solo y leve trazo, en Ravel óleo de amplia pincelada, lo etéreo y melancólico junto al misterio y la angustia, paleta de color y emotividad pianística, con una Alborada del Gracioso plenamente sinfónica desde las 88 teclas demostrando de nuevo la maravillosa escritura y capacidad de Ravel para crear estos enormes lienzos conformando una exposición que termina en el Valle de las Campanas de serenidad contrapuesta a la sensualidad anterior, soledad del intérprete tras un intenso paseo.

Había que reponer fuerzas porque Liszt y sus Réminiscences de Don Juan suponen una exigencia física puede que mayor que la propia técnica necesitada para tocarlas. De nuevo Mozart en el fondo, paráfrasis operística que como en las variaciones chopinianas parte de melodías siempre reconocibles, también «Là ci darem la mano» que parece pedir una tercera ante el despliegue diabólico de octavas rapidísimas, escalas en terceras, saltos como triples mortales sin red que Bruce Liu ejecutó con total seguridad y unos matices extremos com Liszt exige, tres «p» y tres «f» marcando incluso cuatro, con el Steinway© bien ajustado para devolver cada gesto, cada pentagrama, cada frase de la ópera mozartiana en la vertiginosa demostración del que fuera rey del piano en los salones parisinos, el exagerado húngaro cuya sobra emergía como la del propio Comendador amenazando al protagonista. Liszt no mató a Liu sino que lo elevó a categoría de héroe en estas «reminiscencias» donde primaría de nuevo el amor del anterior dúo utilizado por Chopin y hasta el Aria del Champagne.

Dos bloques franceses y parisinos como el propio pianista que nos regalaría dos joyas resumiendo el propio programa con el que debutaba en España: primero el Preludio en si menor BVV 855a de Bach en el arreglo de Siloti, el clave que crece en el piano, y de nuevo Chopin con su famosísimo Vals del minuto (que duró sólo un poco más), el Bruce Liu figura emergente que engrandece la larga lista de pianistas en «La Viena Española».

PROGRAMA

PRIMERA PARTE

Jean-Philippe Rameau (1683-1764):

Les tendres plaintes. Rondeau (de Pièces de clavecin avec une méthode), RCT 3/1.

Les Cyclopes. Rondeau (de Pièces de clavecin avec une méthode), RCT 3/8.

Menuet I y II (de Nouvelles suites de pièces de clavecin), RCT 6/3 y RCT 6/4.

Les Sauvages (de Nouvelles suites de pièces de clavecin), RCT 6/14.

La Poule (de Nouvelles suites de pièces de clavecin), RCT 6/5.

Gavotte et six doubles (de Nouvelles suites de pièces de clavecin), RCT 5/7.

Frédéric Chopin (1810-1849): Variaciones sobre “Là ci darem la mano”, op. 2:

Introducción. Largo- Poco piu mosso; Tema. Allegretto; Variación 1. Brillante; Variación 2. Veloce, ma accuratamente; Variación 3. Sempre sostenuto; Variación 4. Con bravura; Variación 5. Adagio- Alla Polacca.

SEGUNDA PARTE

Maurice Ravel (1875-1937): Miroirs, M. 43:

I. Noctuelles; II. Oiseaux tristes; III. Une barque sur l’océan; IV. Alborada del grazioso; V. La vallée des cloches.

Franz Liszt (1811-1886): Réminiscences de Don Juan, S. 418

Sonaron campanas de gloria

2 comentarios

Viernes 24 de noviembre, 20:00 horas. Auditorio de Oviedo, Conciertos del AuditorioJornadas de Piano «Luis G. Iberni»: Noelia Rodiles (piano), El León de Oro -LDO- (Marco A. García de Paz, maestro de coro), Oviedo FilarmoníaLucas Macías Navarro (director). Obras de Jaëll, Martínez Burgos y Beethoven. Fotos de Beatriz Montes y propias.

Buena inauguración de las Jornadas de Piano del siempre recordado Iberni, con la avilesina Noelia Rodiles protagonista por partida doble y nuestro coro más laureado e internacional los luanquinos del LDO, con el titular de OFil el onubense Lucas Macías «armando» un programa muy interesante donde no faltó una obra de compositora (esta vez la francesa Marie Jaël) como bien anunciase su intención el maestro en cada concierto, un estreno absoluto de Manuel Martínez Burgos, catedrático del Conservatorio Superior de Música del Principado de Asturias (CONSMUPA) de amplísimo curriculum y galardones, para reencontranos con el genio de Bonn en la segunda parte.

Y es que Jaëll fue la primera pianista en interpretar todas las sonatas para piano de Beethoven en París y tras sufrir una tendinitis, realizó estudios sobre fisiología y psicología que posteriormente aplicaría a las técnicas manuales para tocar el piano, creando un método que lleva su nombre por sus investigaciones  que incluían cómo afecta la música a la conexión entre la mente y el cuerpo, así como la forma de aplicar estos conocimientos a la inteligencia y la sensibilidad en la enseñanza de la música. Nacida en 1846, la familia de Marie Trautmann la enviaría a París para recibir la mejor educación posible en su conservatorio. En ese entorno su círculo de amistades se ampliará y conocerá al austríaco Alfred Jaëll –antiguo alumno de Chopin– con quien terminará contrayendo matrimonio en 1866. De su obra titulada Harmonies d’Alsace (1917), Jonathan Mallada escribe en las notas al programa (enlazadas al inicio en obras) que «la compositora se inspiró en los recuerdos de su infancia en Steinseltz, su localidad natal y comuna francesa, situada en el departamento de Bajo Rin en la región de Alsacia (…) bajo el magisterio compositivo de César Franck y Camille Saint-Saëns, con quienes mantendrá una abundante correspondencia epistolar (…) supone un canto de amor hacia su tierra de origen (Alsacia) ante el inminente desenlace de la Primera Guerra Mundial. Compuesta para pequeña orquesta, es una obra llena de lirismo y belleza que evoluciona desde una ligera inquietud y nostalgia –a través de una armonía algo oscurecida– hacia la brillantez de la cuerda, que llega para disipar cualquier mal presagio».  Buen arranque «camerístico» de la OFil con una cuerda que gana enteros cada día, siendo asombrosa la versatilidad de la formación ovetense pasando del foso lírico al escenario del auditorio donde se ha consolidado como orquesta residente de este ciclo. El maestro Macías Navarro siempre de gesto claro y preciso le da a la orquesta la confianza para afrontar repertorios de lo más variado, y esta breve «obertura» prepararía el estreno absoluto con todo el músculo sinfónico y excelentes refuerzos en la cuerda  para completar la plantilla ideal (14-12-10-8-6-4).

Cloches (2023) es un concierto para piano y orquesta lleno de detalles sonoros y tímbricos que Martínez Burgos domina desde una orquestación muy trabajada en todas sus secciones más allá de la percusión. Las notas al programa nos dicen que «es una búsqueda en las posibilidades expresivas de las campanas como un medio sonoro portador de mensajes a largas distancias». En una entrevista para el diario La Nueva España el propio compositor cuenta que refleja el paisaje sonoro que descubrió cuando llegó a Oviedo y le evocaba el de París y Oxford, el mejor cosmopolitismo para estrenarse en «La Viena española». Con Noelia Rodiles de solista, su piano se fundió en resonancias seculares junto a la OFil, en un trabajo meticuloso del maestro Macías, cinco movimientos con guiños a otros grandes orquestadores pero en un lenguaje propio dándole al piano momentos muy virtuosísticos junto a otros que engrandecen la tímbrica sinfónica. El primer movimiento, La vallée des cloches recuerda a Ravel más allá de que Miroirs contenga también unas «campanas», y personalmente me evocó un concierto en St Gallen hace nueve años, conectando todas las iglesias del valle que en el caso de Martínez Burgos hacen referencia a un metafórico valle de campanas que conectaría sinbólicamente toda Europa. El segundo número, La cloche Wamba, nos traslada directamente a la «Sancta Ovetensis» tras un análisis espectral de la campana en activo más antigua de Europa, “Wamba” –fundida en 1219–. El compositor trabaja las sonoridades incluso en un vibráfono cuyas láminas también vibran con dos arcos más allá de toda la percusión que se une a unos metales que calificaría de «broncíneos», utilizando el devenir armónico que vertebrará este movimiento. La recreación será aún más evidente en Grande volée de cloches à Notre-Dame de Paris, movimiento central del concierto con todas las campanas parisinas repicando, el piano sumándose con fuerza y fundiendo timbres grandiosos, incluso «debussyanos» de «Catedral sumergida», resonancias mágicas de sonoridades muy trabajadas y bien llevadas por el maestro onubense con la pianista avilesina verdadera «argamasa sonora» engordando unas texturas muy logradas. Cadenza y Finale cierran este original y exigente concierto, sonando algunos de los temas previos y dando una coherencia a la obra con un final virtuoso en el piano y explosivo a nivel orquestal en una lucha titánica de dinámicas muy actuales. Como escribe Mallada «En síntesis, las campanas sirven para dotar a la obra de un contexto armónico nada tradicional sobre el que se urde un concierto donde se conjugan la consabida dialéctica entre el solista y la orquesta, pero donde el piano trata de integrarse en la sonoridad general de la obra, demostrando el oficio, la originalidad y las facultades compositivas de su autor».

Y campanas de gloria en la despedida a la arpista polaca Danuta Wojnar, 40 años en nuestra tierra además de ser fundadora de la OFil desde aquellos tiempos de OSCO, una institución en la música asturiana a quien Noelia Rodiles le entregó su ramo de flores, con palabras de Lucas Macías y la propia principal Danuta que pasa a engrosar el «selecto club de músicos jubilados» en plena madurez.

Para Beethoven Fidelio fue “su hijo más querido” y en cualquier momento su música se hace necesaria. Si la ópera trabajaba los recursos y valores revolucionarios además de «heróicos» que aparecían en la “Tercera”, el obsesivo sordo genial le hacía rehacer constantemente sus manuscritos y tras su crisis depresiva de 1802 a causa de su incipiente sordera, la segunda de las cuatro oberturas para esta ópera,  (Leonora nº 2) encierra todo el dramatismo que Macías y la OFil mostraron sin complejos. Como en el foso para Fidelio pero con la acústica del auditorio de Rafael Beca, pudimos rememorar las mazmorras sevillanas o el aria de Florestán “In des Lebens Frühlingstagen”. Desde el podio fuimos paladeando la lenta y pesante Introducción con unas maderas bien empastadas y realzando los silencios tan importantes en el romanticismo y toda la música. En el allegro la cuerda se defendió limpia lo mismo que en el Presto final con una trompeta natural fuera de escena que anunciará no solo la llegada del emisario real a la prisión sino el ejército coral de leones para la Fantasía con el retorno de la pianista avilesina.

La Fantasia para piano, coro y orquesta, opus 80, dedicada al rey Maximiliano José de Baviera, está concebida en dos partes de longitud desigual: un Adagio (iniciada por una cadenza improvisada del piano solo de 26 compases) y un Finale formado por varias secciones de diferente tempo: allegro, meno allegro, allegro molto, adagio ma non tropo, marcia, allegro, allegretto, presto. Es una marravilosa fantasía libre para piano solo, conjunto de variaciones de la pieza “Seufzer eines Ungeliebten – Gegenliebe” (del propio Beethoven) y como concierto para piano que parece estar experimentando su «Emperador».

El inicio de Rodiles con el aplomo ya mostrado en las «campanas» y la fuerza llena de limpieza en todas sus intervenciones, diálogos con la orquesta que no flojeó en ninguna de sus secciones bien concertado todo por Lucas Macías (y de memoria toda esta segunda parte). El tema desarrollado es otro «banco de pruebas» para la Oda a la Alegría, cambiando a Schiller por el poeta Christoph Kuffner, y la letra traducida además de proyectada en el escenario.

LDO hoy con 45 voces sonó inmenso, en su línea de perfecta afinación, matices extremos y total entrega, destacando los cuatro solistas (las sopranos María Peñalver San Cristóbal y Elena Rosso Valiño, la contralto Andrea Gutiérrez D’Soignie, los tenores Jairo Flórez Gutiérrez y Jesús Fernando Torres Delgado, más el bajo Jesús Gavito Feliz). Cuando el público queda con ganas de volver a escuchar esta fantasía es por las emociones y belleza de una partitura que nunca cansamos de escucharla, con un piano impoluto pasando del protagonismo al diálogo, disfrutando de todas las variaciones en madera y cuerdas solistas, atmósferas preparadas con las «campanas de Burgos» para transitar entre lo lírico, lo majestuoso y el mejor fundido de piano, orquesta y coro con Lucas Macías perfecto maestro bruñidor. «Inmejorable
preludio del universal canto de fraternidad»
(Mallada scribit).

PROGRAMA:

1. Marie Jaëll (Steinseltz -Alsacia-, 17 de agosto de 1846 – París, 4 de febrero de 1925):

Harmonies d’Alsace

2. Manuel Martínez Burgos (Madrid, 1970):

Cloches, concierto para piano y orquesta *:

I. La vallée des cloches – II. La cloche “Wamba” – III. Grande volée de cloches à Notre-Dame de Paris – IV. Cadenza – V. Finale

* Estreno absoluto. Partituras propiedad de Universal Edition A.G.

3. Ludwig van Beethoven (Bonn, 1770-Viena, 1827):

Obertura Leonora nº 2, op. 72

Fantasía para piano, solistas, coro y orquesta en do menor, op. 80 (Fantasía coral)

I. Adagio – II. Finale: Allegro – Allegretto – Allegro molto –
Adagio ma non troppo – Marcia, assai vivace –
Allegro ma non troppo – Presto

Older Entries Newer Entries