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Calidad de casa frente a la crisis

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Arrancaba este Domingo 17 de marzo en la Iglesia de San Nicolás de Bari la XXXVI Semana de Música Religiosa de Avilés con un programa de cinco conciertos con músicos de la tierra, pues los recortes a la cultura no hacen excepciones con la música.

Para comenzar la Orquesta Julián Orbón, la Coral Avilesina de Elena Baigorri, la organista Judith Busquets, el clarinete Iván Cuervo y el viola Roberto Morales, todos dirigidos por el incansable, luchador y excelente docente José Mª Martínez, Chema para todos los amigos, capaz de dar un concierto, del que escribiré con calma en casa, que incorporaba el Concierto para órgano y orquesta Op. 7 nº 3 HWV 308 de Händel, la Novena Sinfonía en MIbM (1817) del avilesino Ramón de Garay, el Doble Concierto en Mi m., Op. 88 para clarinete y viola de Max Bruch y la Misa al Sagrado Corazón de María del candasín Pedro Braña. Obras poco escuchadas, dos compositores asturianos, y con mucho arte de nuestra tierra.

Destacar cómo el propio Chema Martínez pidió al final que todos apoyemos al Conservatorio Julián Orbón de Avilés porque la labor de muchos años, el estudio del alumnado durante miles de horas, el esfuerzo del profesorado y el apoyo de tantos implicados, da la posibilidad de escuchar conciertos como este de apertura de una semana con ¡36 años a sus espaldas! que algunos dirigentes miopes pueden cargarse en una legislatura. Y un pueblo sin música es un pueblo sin historia.

Desde la aldea, más.

Noche completa y vienesa

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Viernes 15 de marzo, 20:00 horas. Auditorio de Oviedo, Concierto de abono 8: OSPA, Matthias Bamert (director). Obras de Schönberg, Mozart y Schubert.
Tres obras de tres compositores con Viena como nexo común y un programa tal vez «obligado por la crisis» pero al que no podemos poner pegas.

La Noche transfigurada, Op. 4 -revisión 1943- (Schönberg) es un auténtico examen para cualquier cuerda orquestal y la de la OSPA volvió a sacar sobresaliente bajo una batuta experta como la del Maestro Bamert, de gesto contenido pero preciso y conocedor de esta Verklärte Nach originalmente para sexteto de cuerdas que además consiguió esa sonoridad camerística para la sección estrella de nuestra formación. Hacía tiempo que no escuchaba con tanta limpieza y vigor los arcos, en general todos los recursos que la obra exige, brillando solistas y conjunto en una lectura clara de la partitura. Emociones contenidas y muestrario anímico hecho música a partir de un texto de Dehmel que recuerda muy bien el maestro Rogelio Álvarez Meneses en las excelentes notas al programa (número 02 de la revista trimestral de la OSPA) que incluyo como enlace en los autores del inicio. Obra aún tonal pero expresionista por lo que a «expresión de sentimientos» concierne, personalmente lo mejor del concierto, con los músicos en total empatía.

Con el trasiego necesario en escena para la siguientre obra, enmarcada en la llamada «Harmoniemusik» (de la que nos habló Rogelio Álvarez en la conferencia previa) y finalmente el descanso que no sabíamos si vendría aquí, apareció el octeto de viento que podemos contemplar en las fotos, con el maestro suizo al frente, personalmente innecesario por la formación camerística pero igualmente artífice del excelente resultado de esta Serenata nº 12 en Do m., KV. 388 (Mozart), como espoleados por la «transfiguración» anterior y demostrando nuevamente el nivel de excelencia también en la sección de viento asturiana: Ferriol y Romero, Mascarell y Falcone, Andreas y Daniel, Morató y Rosado fueron desgranando los cuatro movimientos escritos con la maestría, dificultad y precisión del genio de Salzburgo, y un Bamert sin batuta mimándolos cual coro de cámara, empastes de cañas dobles, muestrario de combinaciones de cuatro a dos, con las trompas ensambladas como una -puntualmente algo fuertes- y clarinetes buscando equipararse a los oboes en presencia, todo un juego de excelencia donde el peso recayó en Juan Ferriol que sigue asombrando por su excelencia en todas sus intervenciones. Una maravilla mozartiana descubierta por muchos aficionados y colocada entre Arnold y el bueno de Franz, aunque la música de cámara con los solistas de la OSPA debería estar en otra programación.

La Sinfonía nº 8 en Si m., D. 759 «Incompleta» (Schubert) nos devolvió la orquesta casi al completo y recuperando la «colocación vienesa» que sigue funcionando a la perfección, sobre todo en este repertorio. Si las dos obras anteriores parecieron «calentamiento» para el tutti, la interpretación que Matthias Bamert hizo de esta sinfonía en dos movimientos hizo brotar todo lo anteriormente sembrado. «Intensidad e introspección» escribe Álvarez Meneses de esta obra polémica sobre su planteamiento, inconcluso o así pensado, resultó más que suficiente para disfrutar del conocido Allegro moderato con la entrada en graves envolviendo todo y el juego orquestal posterior, y sobre todo paladear el Andante con moto, «La apoteosis del amor» cerrando sentimientos presentados en la primera parte. No tiene final buscando el «aplauso fácil», tal vez interrogante buscada en esta «noche transfigurada» pero amorosa y menguada solamente en efectivos, que no en calidad. Sonoridades claras, contrastes en su medida, volúmenes ajustados, conocimiento y convencimiento para un compositor que nunca cansa al descubrir algo nuevo si hay química entre todos.
El próximo viernes tendremos el concierto extraordinario de Semana Santa con La Creación de Haydn donde recuperaremos orquesta, Coro de la FPA y la vuelta de Benjamin Bayl, pero todo a su tiempo…

FeliciBach

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Sábado 9 de marzo, 20:00 horas. Conciertos del Auditorio, Oviedo. RIAS Kammerchor, Concerto Kölhn, Hans-Christoph Rademann (director). Motetes y sinfonías de Bach.

No había mejor forma de celebrar mis 22 años de matrimonio que acudir con mi señora, casi religiosamente, a disfrutar de Bach, rememorando nuestro particular Peregrinaje a tierras del Cantor de Leipzig en agosto de 2007, cantado por uno de los coros de referencia y con una agrupación instrumental de la que hay en casa muchas grabaciones.
Los alemanes están de mini gira por España (Kursaal de San Sebastián, Auditorio de Oviedo, Baluarte de Pamplona, Palau de la Música Catalana de Barcelona) con un recital bien armado y los Motetes 225 a 29 como eje vertebrador, intercalando las sinfonías de diversas Cantatas. Gustavo Moral Álvarez en las excelentes notas al programa de Oviedo titula «Música para sentirse en el centro del mundo» y para los que amamos a Bach sobre todas las cosas y a sus intérpretes como a nosotros mismos, escuchar estas obras siempre es alivio de espíritu, pues pese a ser «fúnebres» cuatro de los cinco motetes de esta tarde, «no son visiones tristes o dolientes de la muerte sino que nos confortan y consuelan, preparando el alma para el tránsito hacia la vida eterna, donde gozará la presencia de Dios» que escribe Rafael Banús en las notas del Baluarte.

El concierto comenzaba con el Motete BWV 226, credenciales de coro para no dudar de lo que esperaba: empaste, afinación, equilibrio, técnica prodigiosa al servicio de una música que subraya siempre el texto bíblico, y un conjunto instrumental perfecto para el acompañamiento colla parte aunque algo titubeante en el fagot u órgano, como si aún no acertase Rademann con ellos, más centrado en las voces a doble coro.
La Sinfonía de la Cantata BWV 21 dio protagonismo al concertino y al español Rodrigo Gutiérrez en el oboe, que el director casi llevó de la mano para una formación historicista que domina este repertorio, donde el tempo lento resultó conmovedor y el entendimiento comenzó a fluir.

El Motete BWV 228 volvió a traer un coro envidiable acompañado de un continuo que sí funcionó, con un órgano portativo, cello y contrabajo redondeando colores, «No temas, estoy contigo».
La Sinfonía de la Cantata BWV 42 sirvió para gozar los solos de concertino, oboes y fagot, más «entonados» aún, cual preludio para el primer gran motete de la noche, el conocido Jesu, meine Freude BWV 227, doble coro del que salen los cuatro solistas para renovar «mi alegría», color vocal idéntico en la división, disfrute de fugados, destacando hasta los silencios tras los nichts (nada) del texto, toda la gama posible de matices, arte vocal con mayúsculas como no puede ser menos en un coro profesional que interpretó este Bach de Sto. Tomás de forma magistral, siempre bien arropado por la orquesta y continuo. De agradecer el respeto del público que no aplaudió hasta finalizar esta primera parte, como pasaría con la segunda, aportando ese clima de espiritualidad que la música de El Cantor es capaz de transmitir.

El oboista español bordó sus intervenciones en la Sinfonía de la Cantata BWV 156 con reminiscencias o regusto italiano, que Bach conocía, y buen gusto interpretativo, dando paso al Motete BWV 229. Mismos calificativos y aún mayor compenetración entre todos, con un Rademann convincente por convencido, voces todas bien dirigidas, sonsacando estos tratados casi matemáticos del gran Bach.
La Sinfonía de la Cantata BWV 49 tuvo en el órgano al solista correspondiente, algo desigual en sus intervenciones, como si hubiese retardo en los ataques y cromatismos, pero sin pega a sus hermosas ornamentaciones, así como el oboe d’amore / da caccia español que tuvo su merecido minuto de gloria compartido con el corno inglés y fagot, más una cuerda siempre en su sitio, sinfonía de alegría contagiosa y quasi brandemburguesa.

Para cerrar Singet dem Herrn ein neus Lied, BWV 225, «Cantad al Señor un cántico nuevo», aire festivo y jubiloso, uno de los motetes más duros para doble coro que los berlineses bordaron técnica e interpretativamente con un cuarteto de solistas nuevamente impactantes junto a «los de Colonia». Qué maravilla escuchar las agilidades cual instrumentos de viento, registros extremos con un color siempre cuidado en igualarse, dinámicas nunca exageradas, afinación perfecta, contrastes de «tempi» sin fisuras, seguridad aplastante para esta joya bachiana, atreviéndose incluso a bisar el Aleluya. Mejor aniversario de boda imposible.

Un Nevsky en cuerpo y alma

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Miércoles 6 de marzo, 20:00 horas. Auditorio de Oviedo. Proyección de la película de Sergei Einsenstein «Alexander Nevsky» (música de S. Prokofiev). Intérpretes: Marina Pardo (mezzosoprano), Coro de la Fundación Príncipe de Asturias (director: José Esteban Gª Miranda), Oviedo Filarmonía, Marzio Conti (director). Entrada libre.

Organizado por la Universidad de Oviedo y como ya hiciese con «Metrópolis» en el Campoamor en mayo pasado, esta vez en la pantalla gigante del Auditorio pudimos deleitarnos con la proyección de otra joya del Séptimo Arte, película de 1938 que no pierde con el paso del tiempo ni desmerece de las grandes producciones, en versión original con subtítulos al castellano de una calidad global impresionante en todo, máxime cuando la banda sonora original de Prokofiev pudimos escucharla en directo con unos intérpretes perfectos siempre guiados por el maestro italiano, que sigue arriesgando con propuestas que además salen bien.

Si la partitura de Prokofiev es una auténtica cantata que el Coro de la FPA dirigido por mi querido Pepu ya interpretó al menos otras dos veces que yo recuerde (guardando además una copia de la partitura), todo el entorno de este miércoles ayudó a disfrutar tanto a los músicos como al público.

En un foso «redescubierto» (que nunca antes se abrió en los muchos años del Auditorio) donde se colocó la orquesta, el coro sentado y separado en dos bloques de blancas y graves en el escenario, con atriles iluminados tenue pero suficientemente (qué bien funcionan los leds) y la caja escénica adelantada, el piano con Sergei Bezrodni a la izquierda, para coronar sobre ellos la pantalla gigante, unido a un sonido perfecto, pudimos saborear imagen y sonido como auténticos privilegiados, un público que hizo cola una hora antes y abarrotó la sala (algunos no sabían de qué iba, pero era gratis), escuchando nuevas texturas en esta disposición y ubicación global.

Casi dos horas de épica total, con una dirección perfecta en ajuste con la propia película, una orquesta que sonó «de otra forma» destacando por protagonismo los abundantes metales y percusiones, sin obviar la madera más una cuerda compacta y homogénea capaz de transmitir y subrayar el poderío escénico pergeñado por Eisenstein, y el coro empastado como nunca, cómodo, de amplias dinámicas y protagónico como pueblo a lo largo del film, sin olvidarme la breve pero emocionante intervención de la mezzo asturiana Marina Pardo, elegante, en el centro, ubicación excelente para proyectar su voz hasta el fondo del auditorio con la orquesta a sus pies, literalmente. Un Nevski en cuerpo y alma.

Enhorabuena a todos, especialmente a la Universidad y la Fundación Príncipe de Asturias, siempre con el Ayuntamiento apoyando, por seguir ofreciendo espectáculos de esta calidad y originalidad que ayudan a rescatar joyas de la historia cultural muy escasas, apuesta de futuro para unos tiempos donde los políticos parecen ir en dirección contraria.

Destino Halle

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Sábado 23 de febrero, 20:00 horas. Teatro Real Coliseo de Carlos III, San Lorenzo de El Escorial. VII Febrero Lírico «Paisajes barrocos para la celebración». María Espada (soprano) y Forma Antiqva: Dramma in musica. Obras de Gaspar Sanz, Kapsperger, Santiago de Murcia, Händel y D. Scarlatti.

También un 23 de febrero nacía Händel (1685-1759) en Halle, cerca de Leipzig, y precisamente en su casa natal podrán disfrutar del programa escuchado en el penúltimo del ciclo escurialense donde el público casi llenó esta joya de edificio, perfecto entorno para la música que nos ofrecieron la soprano extremeña y los hermanos asturianos a los que se sumó el cello de Verona, quasi Ruth Zapico por la complicidad con el trío que la hace estar en la misma sintonía que los langreanos.

Volver a escuchar a María Espada siempre es un placer por su bellísimo color vocal, su esquisitez en el fraseo y dicción, su gestualidad oportuna pero sobre todo su personalidad con una musicalidad digna de admiración, moviéndose en el Barroco como transportada en el tiempo. Si detrás está Forma Antiqva el éxito está asegurado por los excelentes arreglos para sus distintas formaciones, esta vez el «Concerto Zapico» con Ruth Verona, pues la combinación entre cuerdas pulsadas, punteadas, frotada, alternando Aarón clave y órgano para crear ambientes tanto en arias como recitativos, suponen el ropaje y talla apropiada para cada obra, con una María vestida de negro pero con toda una paleta de color en su voz.

Pablo Zapico entraba directamente a escena tocando las Marionas (Gaspar Sanz) para una vez colocados todos dejarnos la primera Folia anónima pero tan internacional que sirvió de preludio sin pausa a la primera cantata Ah! che pur troppo è vero, HWV 77 (Händel) en un discurrir de recitativos y el Largo que María nos transmitió con todo el verso italiano hecho música por el alemán posteriormente nacionalizado inglés, primera delicia de la noche.

La instrumental Passacaglia de Kapsperger brilló con los «cuatro Zapico» también seguida de la cantata Tu mi chiedi o mio ben (D. Scarlatti), segundo bloque para un primer plato servido por María Espada desde el Recitativo íntimo, siguiendo por un Adagio digno tanto de una ópera como de una cantata religiosa, hondura en canto y acompañamiento, otro Recitativo y el final Allegro de frescura y agilidades prodigiosas por parte de todos, compartiendo protagonismos con el texto.

Los Cumbees de Santiago de Murcia no suelen faltar en los Hermanos Zapico, y con el añadido cellístico no sólo ganan en variedad tímbrica sino en el color rítmico, la guitarra de Pablo especialmente al tener cubiertos los «punteos», contrapuntos de la tiorba de Daniel y las perlas virtuosas del clave de Aarón, sumándose Ruth que hace sonar su cello cual viola da gamba en registros agudos para volver al «ripieno» con el arco. Y como continuación la tercera cantata, nuevamente del alemán Occi miei che faceste? HWV 146, ojos negros de María Espada preguntando en los dos Recitativos siempre con un color homogéneo que brilla en el Adagio concluyente donde el órgano cumplimenta el viento con el «trío de cuerda» que vuelven a vestir y revestir a la soprano emeritense en otra lección cantabile.

Para cerrar un cuarto bloque con la Colascione de Kapsperger seguida del Fandango atribuido a Domenico Scarlatti de pleno sabor español con Forma Antiqva en perfecta complicidad, solos, dúos, tríos, concertantes de auténtico virtuosismo pero con la ligereza de la técnica al servicio de cada instrumento, guiños en ritardandi, silencios subrayando todo el «Dramma in musica» al que se sumaría para el completo María Espada en la última cantata del italiano Fille, già più non parlo, hablando y cantando, haciéndonos partícipes de esa poesía en música que brilló hasta el Allegro final, voz que enamora, voz de enamorada transmitiendo buen gusto en cada nota, recreando cada «Da Capo» con agilidades siempre en su sitio y el perfecto acompañamiento del «cuarteto Zapico» que tienen al napolitano español entre sus preferidos desde hace años.

Un placer que levantó grandes ovaciones y dos propinas en la misma línea de conjunto de primera con la soprano aun si cabe más inspirada: Frescobaldi con Se l’aura spira y el toque hispano de Juan Hidalgo con Trompicábalas amor, cantada como sólo María Espada sabe, remate de lujo que subió la temperatura de un gélido sábado escurialense lleno de calor musical barroco.

Quedan otros conciertos, grabación y programas antes del viaje alemán, pero este «Drama» triunfará en Halle y el cumpleaños de Händel habrá sido premonitorio del éxito que les espera a estos intérpretes de casa con proyección internacional.

Brandhofer y So

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Viernes 22 de febrero, 20:00 horas. Auditorio de Oviedo, Concierto de Abono nº 7, OSPA, Christian Brandhofer (trombón), Perry So (director). Obras de Mozart, Salvador Brotons y Sibelius.

Dos protagonistas en el séptimo de abono de nuestra orquesta: el maestro So que volvía al podio como un soplo de frescura, juventud y buen hacer, más el trombonista principal que daba el paso adelante como solista en una obra capaz de sacar de su instrumento colores y sonidos inimaginables.

La disposición vienesa se mantiene desde el anterior y el concierto lo abría la Sinfonía nº 29 en LA M., K. 201 / 186a (Mozart), plantilla y colocación «ad hoc» para esta obra de juventud donde el viento reducido a dos trompas y dos oboes que funcionaron como nos tienen acostumbrados, se impusieron a una cuerda que pudo implicarse más en esta hermosa y juvenil sinfonía, pues había motivos para el lucimiento con los tempi elegidos por el director de Hong Kong, echando de menos más claridad en los fraseos aunque se lograsen buenas dinámicas, «belleza en la sencillez» siempre traicionera. El Allegro moderato contagió la vitalidad de la batuta, mientras el Andante dejó momentos en el viento realmente hermosos y una cuerda dulce. El Minuetto devolvió la homogeneidad deseada en cuanto a la visión de conjunto, para rematar «in crescendo» el Allegro con spirito resultando como apuntaba el mismo viernes una OSPAterapia que sube el ánimo y perdona detalles mejorables aunque para muchos impercetibles.

Salvador Brotons es un director y compositor catalán del que habló Israel López Estelche en la conferencia previa («Nuevas líneas compositivas en la música española de finales del siglo XX») y autor de las notas al programa que están enlazadas en los nombres de los compositores. De su primera faceta tengo el gusto de haberle escuchado dirigir a Carmen Yepes con la Sinfónica de Vancouver, aunque la segunda, amplia y variada, tengo que conformarme con la web.

Conocedor de la materia orquestal como nadie, más aún con las bandas de música -de las que habría mucho que escribir-, alumno de Montsalvatge pero sin etiquetas por el lenguaje utilizado («amable» decía el compositor y musicólogo afincado en Oviedo), su Concierto para trombón Op. 70 (1995) explora en sus cinco movimientos sin pausa todo un universo sonoro no ya melódico -del que hay mucho- sino de búsqueda de timbres y registros únicos, juegos de sordinas capaces de lograr trampantojos sonoros en el color y expresividades extremas que requieren del solista todo el virtuosismo posible (dobles notas, trinos, frullatos, glissandos…). Christian Brandhofer se lució desde el Furioso inicial al Presto brillante final, bien concertado por So y sus compañeros que esta vez lo dieron todo para conseguir juntos una interpretación de lujo para este concierto de nuestro tiempo con mucho regusto yanqui.

Y si alguien comentaba lo cercano que estuvo a la voz humana, nada mejor que regalar la asturianada «Si quieres que te cortexe» donde el trombón habló y cantó una melodía que corre por las venas de muchos, incluyendo a nuestro Christian de Noreña. Enhorabuena por alcanzar la excelencia con Brotons.

Suelo escribir que «No hay quinta mala» y la Sinfonía nº 5 en MI b M, Op. 82 de Sibelius es una de ellas. Exigente para todos en sus tres movimientos, Perry So buscó ahondar en la complejidad tanto de dinámicas como de texturas con una labor de orfebre, detallista, mandando con gesto claro y preciso, obteniendo buena respuesta de los músicos. La interpretación fue de menos a más, con un saber hacer del director que contagia su espíritu, siendo el Allegro molto – Misterioso como lo más destacable por lo que supuso de desentrañar pasiones hechas música en una orquestación exigente que va aumentando la tensión hasta los seis acordes finales donde el silencio entre ellos lo pudimos escuchar… nueva «OSPAterapia» que casi adquirió tintes de «OSPAempatía» para un público que esta vez no respondió como en el anterior concierto. Supongo que el frío a ciertas edades deja al personal en casa.

Queda temporada por delante aunque la orquesta se vuelva Guadiana, primero por la temporada de ópera y este próximo fin de semana su participación en «Musika Musica» de Bilbao, pero la colocación elegida por el titular Milanov pienso dará muchas alegrías siempre que los músicos de nuestra formación se impliquen al cien por cien en todas las obras, algo que reconozco difícil pero no imposible. Si en el anterior les exigía excelencia porque calidad hay suficiente, en este concierto la alcanzaron por momentos.

OSPAterapia

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Auténtica sesión terapéutica la OSPA con Perry So que volvía al podio para un programa algo ecléctico pero profundo.
La 29 de Mozart es muy honda y exigente como todo lo de Wolfgi, sonó fresca pero faltó implicación para disfrutar más con una cuerda capaz de extremos interrogantes, y un viento a dos con trompas y oboes que son el toque diferencial para esta sinfonía recobrando la colocación vienesa que te descubre sonoridades nuevas.
Brotons puso énfasis con su Concierto de trombón felizmente interpretado por Christian Brandhofer que hizo hablar un instrumento unido a Glenn Miller desde mi infancia con propina a solo del astur «si quieres que te cortexe» que enamoró.
No hay quinta mala y la de Sibelius devolvió la OSPA que deseamos plegada al maestro So que logró dominar una sinfonía muy profunda. Desde Siana espero ampliar… pero el lunes, que el finde es largo y también lo compartiré si el tiempo no lo impide.

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Sensaciones con la experiencia Milanov

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Viernes 15 de febrero, 20:00 horas. Auditorio de Oviedo, Concierto de abono nº 6: OSPA, Pablo Ferrández (cello), Rossen Milanov (director). Obras de Wagner, Schumann y Beethoven.

Tras la conferencia previa de Alejandro G. Villalibre (autor de las notas al programa que están enlazadas en los autores de arriba) sobre «El legado de la Pastoral de Beethoven» que ponía el punto final en Wagner, sería como si su bicentenario retornase a Milanov y la OSPA al ciclo de abono con un programa que, en palabras del propio Villalibre citando al genio de Bonn, resultaría «más expresión del sentimiento que pintura sonora» pero nada distanciado de lo romántico en ninguna de las tres obras.

La primera sensación antes de comenzar fue la disposición elegida por el maestro búlgaro totalmente vienesa: contrabajos atrás, violines enfrentados, trompetas al lado de los fagots, timbales a la derecha (la foto de Marta Barbón que abre la entrada es perfecta para verla). Búsqueda de nuevas sonoridades más que vuelta a concepciones históricas aunque las obras fuesen adecuadas para esa colocación, y es un hecho que creo marcaría todo el concierto.

Del Sifgrido wagneriano escucharíamos «Murmullos del bosque», WWV 86c del Acto II, como si la madre naturaleza fuese protagonista de una velada climatológicamente primaveral pese a los gélidos días anteriores del «febrerillo loco». La formación asturiana vuelve por sus fueros dando un paso más en la búsqueda de la excelencia, pues la calidad está más que demostrada. Texturas y dinámicas amplias donde todas las secciones brillaron escuchándose y descubriéndose en la nueva colocación. Puede que la acústica del auditorio no sea perfecta para ellos pero el maestro búlgaro consiguió en este aperitivo un Wagner más cercano desde una orquestación casi íntima por momentos pese a la plantilla utilizada, lo que corrobora el mimo con el que Milanov llevó la obra, sin descuidar nunca los planos sonoros.

El joven violonchelista Pablo Ferrández (Madrid, 1991) parecía predestinado a la música hasta en el nombre, por lo que no es de extrañar su precocidad en el instrumento. Esta semana recibía en Oviedo la noticia de un nuevo premio, recién llegado de un concierto con el pianista Luis del Valle donde también estaba Schumann. El Concierto para violonchelo en La m., Op. 129 lo debutaba con nosotros y su interpretación resultó impactante por el poso, musicalidad y sonido de su Andrea Castagneri de 1733. Impecable de técnica logró recrearse en una partitura sin desmayos siempre bien concertada por Milanov y la OSPA que fueron alternando buen gusto con el solista, respetándose desde la escucha interior y plegados a las indicaciones de la batuta. El regalo de El cant dels ocells fue más que un agradecimiento desde la profundidad musical de una página cargada de simbolismos que el madrileño ya ha interiorizado. Pablo Ferrández se suma a la lista generacional de grandes violonchelistas españoles que triunfan por todo el mundo, y en Oviedo estamos disfrutándolos a (casi) todos.

Y llegaría el Beethoven de la Sinfonía nº 6 en FA M., Op. 68 «Pastoral», la vuelta al origen del programa y el posterior legado que contaba Villalibre en la conferencia previa. La «Experiencia Milanov» comienza a palparse y sus primeras palabras ya toman forma.

La orquesta asturiana ya ha tocado muchas esta sinfonía en sus 22 años de historia, pero la versión ofrecida por Milanov en Gijón y Oviedo son de las que no dejan indiferente. La colocación ya comentada mostró esos pasajes muchas veces ocultos (tapados) de los violines segundos, y por fin conseguí escuchar la ansiada «pegada» en los contrabajos, envolviendo desde el fondo toda la obra. Incluso los timbales ayudaron a encontrar el color orquestal apropiado, no sé si para el Auditorio pero evidentemente la apuesta del maestro titular por la disposición vienesa resultó un éxito para mí. Pero sobremanera los tempi elegidos. Habrá polémica siempre positiva, opiniones encontradas sobre las indicaciones metronómicas que Beethoven utilizó para precisar la velocidad elegida, menos subjetivas que un Allegro ma non troppo, pero volviendo a su propia búsqueda de «más expresión del sentimiento que pintura sonora» la Sexta resultó pastoril en cuanto a sentimientos, remanso, deleite en cada pasaje, disfrute en cada intervención solista con una madera realmente inspirada y unos bronces empastados como nunca, alcanzando cotas de entendimiento entre ellos que solamente estos años de «matrimonio» (los mismos que yo) consiguen. La Escena junto al arroyo: andante molto mosso continuó en la línea de tranquilidad expositiva, con una cuerda redonda en cuanto a la sensación de globalidad conseguida por la colocación e interpretación de toda ella, al igual que la Animada reunión de los campesinos: Allegro con toques casi de romería primaveral asturiana, ímpetu sonoro siempre controlado. Incluso el Trueno y tempestad: Allegro nos dejó una tormenta sin excesos, más veraniega que invernal con dinámicas nunca exageradas, bucólicamente sentimental, silencios subrayando la bravura, precisión y respeto a la partitura, reminiscencias del Don Giovanni mozartiano premonitor. Y si de sensaciones hablamos, Sentimientos de benevolencia y agradecimiento hacia la Divinidad después de la Tempestad: Allegretto, colofón unificador en cuanto a la interpretación de Milanov con «nuestra» OSPA, emoción contenida para muchos, explosión de luz para la mayoría.

Mi comentario final es que se está logrando entender a Milanov, incluso comienzan a creérselo, y la transmisión emocional desde el escenario al público la notamos todos. El maestro no volverá hasta abril (y fuera de abono) pero la orquesta repite la próxima semana con Perry So… y espero contarlo desde aquí. Las sensaciones han sido positivas y mi salida del concierto pletórica en el ánimo. Oviedo y Mieres aún siguen celebrando los carnavales.

Conlon uno de los grandes

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Domingo 10 de febrero, 19:00 horas. Conciertos del Auditorio, Oviedo. Deutsches Symphonie-Orchester Berlin, James Conlon (director). Obras de Dvorak y Shostakovich.

Aunque el frío resultase gélido y el programa viniese de climas casi polares en estas fechas, la orquesta berlinesa (DSO Berlin) con Conlon al frente, arrancando su «Spain Tour», hizo saltar chispas en el auditorio ovetense en el horario dominical que sigue despistando a parte del público.

La siempre agradecida Sinfonía nº 9 (5) «del Nuevo Mundo» en Mi m., Op. 95 (Dvorak) no por muy escuchada deja de sorprender y poner a prueba toda orquesta y director que la interprete, y está claro que lo escuchado en Oviedo es oro de todos los quilates posibles. Con una formación alemana de cantidad, donde «el tamaño importa» (con 8 contrabajos hagan el cálculo de la plantilla) y calidad en todas sus secciones, con solistas excepcionales, más un director que sabe delinear cada motivo, atento al color, jugando con dinámicas completas en su amplio espectro, mimando cada plano, sacando los tempi adecuados y mandando como sólo los grandes saben, la versión de Conlon fue perfecta de principio a fin. Desde el Adagio–Allegro molto se presentía emoción en cada nota, en empaste divino parte a parte bien dibujada por la batuta de Conlon; el Largo rezumó lirismo por todas partes desde el inicial y orgánico metal con redoble de timbal hasta el solo de corno inglés, con una cuerda de sustento único hasta la alegría y alborozo del final de este segundo movimiento; el Scherzo: Molto vivace una auténtica delicia sonora, captando todo si perder el detalle, conjugando unas dinámicas que posibilitaron una audición completísima, y atacando sin pausa el Allegro con fuoco, sacando chispas que decía al principio, porque si la cuerda (permutando cellos y violas) es auténtico terciopelo, las maderas un tratado de ornitología y los «bronces» todo un órgano sinfónico, añadamos la percusión en su sitio y obtendremos el fuego capaz de derretir los oídos más exigentes. Realmente nos dejó sin palabras.

Con el poderío orquestal aún más aumentado (arpas, celesta, clarinete bajo, contrafagot, maderas y metales duplicados y percusión de quitar el hipo) para Shostakovich, la Suite Orquestal de «Lady Macbeth en Mtsensk», Op. 29 en el arreglo del propio Conlon de esta llamada ópera maldita, hizo removerse al público en las butacas con auténticas hormigas en el estómago, pasando de la cumbre al abismo, contrastes abismales y montaña rusa en cada uno de los doce números de esta auténtica revisión orquestal que como dice Arturo Reverter en las notas al programa, recreación que … nos lleva a introducirnos en una obra «enigmática y paradójica, que habla en un lenguaje que, simultáneamente, revela y oscurece, conciesa y deniega, se equivoca y acierta, acusa y, finamente, olvida».

Seguramente la crítica del Pravda de «caos en vez de música» podríamos retitularla como «caos hecho música», expresionismo puro y duro, arrebatador y místico, todo con una orquesta capaz de plasmar en música todo este dramatismo casi litúrgico donde el arreglista y director ha sabido traducir al único lenguaje universal, olvidándonos del texto originario pero sin perder de vista a la Katerina Ismailova protagonista como si de un poema sinfónico volviésemos a esta shakesperiana del distrito de Mtsensk. Explosiones y emociones que volvieron a bisar en el «Gefährliche Spannung» poniendo este concierto en otro nivel de calidad difícil de superar donde el Shostakovich y sobre todo Conlon fueron los protagonistas.

La música derriba barreras

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Sábado 2 de febrero, 19:00 horas. Palau de la Música, Barcelona. Gabriela Montero (piano), Orquesta Sinfónica del Vallés, Rubén Gimeno (director). Obras de Copland, Ginastera, Montero y Beethoven.
Este concierto tenía para mí connotaciones muy especiales, El Palau, El Emperador y La Divina Gabriela Montero, quien por cosas increíbles para algunos, me lanzó el reto de invitarme si escapaba a Barcelona. No dudé y el sueño se cumplió.
Musicalmente escribiré desde Siana. Hoy en el resto del mundo además de la magia y emoción del momento, reconocer que la música también remueve conciencias, que Ex Patria (Lugano, 2012) de la propia Gabriela, para piano y orquesta, es una denuncia clara por contundencia de la añorada Venezuela actual, que El Emperador de Beethoven coronó a La Divina Emperatriz del piano, y que las improvisaciones sobre el «Cumpleaños Feliz» o las cuatro notas del momento suponen una lección estilística y romántica en tonalidad menor y arte mayor, con Rachmaninov ya presente en su subconsciente, como no podía ser menos.
La Sinfónica del Vallés con Rubén Gimeno lució en la Fanfarria de Copland, aguantó el tipo con la Estancia de Ginastera y rubricó a «La Montero» en la obra por ella compuesta e interpretada (se volcaron) más un Beethoven exigente que Gabriela hace parecer fácil.
Desde casa ahondaremos pero en la Ciudad Condal la música y Gabriela Montero han derribado barreras, removido conciencias… Y mucho trasero en el asiento con un aire fresco caraqueño desde el puerto de Barcelona.

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