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Tentaciones sinfónicas

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Jueves 2 de mayo, 20:00 horas. Conciertos del Auditorio, Oviedo: Xavier de Maistre (arpa), Oviedo Filarmonía, Marzio Conti (director). Obras de J. Guerrero, Ginastera y Tchaikovsky.
Continúa una semana de lo más musical que hace la vida un poco mejor. El titular de la formación capitalina volvió a apostar por la mezcla de obras, aunque pienso que la tentación vive arriba.

De Jacinto Guerrero (1895-1951) escuchamos la breve pero agradecida Jhaía: danza mora (1918), en edición de la Fundación Jacinto e Inocencio Guerrero y perfectamente explicada en las notas al programa por mi admirado Ramón Sobrino Sánchez, que leyéndole es casi como estar escuchando su siempre ameno e irónico verbo. Obra de juventud del toledano con giros arabizantes de su tierra natal («boceto oriental» subtitulaba su estreno) y una orquestación grande que el Maestro Conti llevó con la frescura que sabe transmitir desde una memorización precisa capaz de sacar todo y más de la partitura.

El virtuoso francés Xavier de Maiestre fue el encargado de interpretarnos el Concierto para arpa y orquesta, Op. 25 (1956) del porteño Alberto Ginastera estrenado en 1965 por nuestro Nicanor Zabaleta. Tres movimientos bien contrastados y escritos aunque «la falta de experiencia previa de Ginastera con la sonoridad del arpa, le lleva a un frecuente tratamiento en bloques solo-tutti, para no tapar al solista, especialmente en el tercer movimiento» como escribe el Dr. Sobrino, lo que no impide disfrutar de una obra con referencias tanto al folklore argentino natal como a sus amigos y maestros. Impresionante el dominio del arpa por parte del intérprete que hace aún más grande la obra y perfecta concertación de Conti, atento al solista y encajando sin mayores problemas las complejidades rítmicas que esta orquesta afronta con seguridad. Emotivo el Molto moderato central con un lenguaje más cercano a sus contemporáneos y buen Vivace final con sonoridades potentes en todos los intérpretes, percusiones especialmente sin olvidar unos metales bien ensamblados.

La propina de El Carnaval de Venecia de Paganini en esta «paráfrasis» para arpa (y tos) no tuvo nada que envidiar a las guitarrísticas del gran Tárrega, con una demoníaca técnica que saca de un instrumento tan complejo sonoridades celestiales…

Palabras mayores es la Sinfonía nº 6 «Patética» en Si m., Op. 74 (Tchaikovski), probablemente la más escuchada y varias veces en este auditorio, nuestro aunque siempre haya público que aplauda al final del «ruidoso» Allegro molto vivace del tercer movimiento. La tentación de interpretarla debe ser grande en cualquier director aunque para toda orquesta supone una obra exigente para todas las secciones, y si no contamos con una plantilla equilibrada, incluso «agigantada», el resultado final siempre será inferior al deseado. Los músicos pueden darlo todo, como así sucedió, y entiendo que los metales no puedan contenerse aún a costa de engullirse a una cuerda mermada para esta magistral y póstuma sinfonía. Marzio Conti tiene más que interiorizada la obra pero reconocerá que faltó cuerpo en los tutti, pero sobre todo equilibrio.

La cuerda tiene pegada cuando puede y se le pide, musicalidad a raudales en toda ella, bien empastada con la madera, pero algo tapada cuando «los bronces» atacan sus ff. Timbales siempre mandando con reguladores contagiosos a toda la formación, percusión toda ella impecable. Impresionante el esfuerzo de todos, Conti el primero: contrastes bien buscados, melodías sonsacadas, tempi ajustados para saborerarlos, interpretación romántica a más no poder pero globalmente se me quedó pequeña. Enhorabuena por los momentos íntimos conseguidos en cellos o violas, sonido que comienza a personalizarse aunque pierda limpieza en los pasajes rápidos. Con todo siempre es una tentación placentera volver a escuchar «La Patética» en vivo.

El cambio climático de Forma Antiqva

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Martes 30 de abril, 20:00 horas. Conciertos del Auditorio, Oviedo. Forma Antiqva, Aitor Hevia (violín), Aarón Zapico (clave y dirección). Obras de Telemann y Vivaldi. Entrada: 23 €.

La música siempre me depara placeres únicos, irrepetibles en directo aunque las grabaciones tiendan a capturar lo perecedero. En mi vida guardo momentos imborrables que tiendo a compartir con mis seres queridos, siendo un San Fermín de 2011 en Granada uno de ellos. Allí disfruté de un concierto increíble que titulé «Vivaldi redescubierto» con unos paisanos míos que sabía estaban haciendo historia y felizmente era testigo de ella, dudando en titularlo como «Estaciones asturianas».

La música escrita es guión y pauta para los estudiosos, razón de existir en la propia historia y hasta motivo de discusiones encontradas en pleno siglo XXI para musicólogos, melómanos e intérpretes. La música escuchada plantea la dualidad objetividad – subjetividad por todo lo que conlleva de estado anímico en ambas partes, intérpretes y auditorio, preparación y/o formación, pero sobre todo, algo tan primigenio como el gusto individual.

Forma Antiqva no lograrán jamás dejarnos indiferentes, algo que en sí ya marca diferencias. Su regreso a casa siempre resulta noticia y puedo decir que «son profetas en su tierra», que les devuelve en pequeñas dosis todo lo que ellos hacen por ella. Volver a escuchar sus Concerti Figurati ossia Le Quattro Stagioni («Conciertos descriptivos, o Las Cuatro Estaciones») casi dos años después me mantiene la capacidad de seguir sorprendiéndome por lo irrepetible de la música.

Dos de los Concerto Polonoise (Concierto polaco) de Telemann,  los TWV 43:G7 y B3 escoltarían la Symphonia RV 111a de Vivaldi en un bloque ejecutado como único a petición suya, con una formación que varía según programas y ligeramente de «la granadina». Aarón Zapico cual prete bruno tomaría el timón de una nave que convirtió el auditorio carbayón en Ospedale della Pietà que recoge jóvenes músicos de primera remando en la misma dirección, en Ovetus veneciana por aguas mil de este cierre abrileño con acqua alta para dar y tomar. Pero esta orquesta barroca «de casa», capaz de igualar otras que ya han pasado por el mismo escenario, quería arrancar precisamente con el compositor alemán, que fusionase los estilos alemán y francés con su collegium musicum en Leipzig y Eisenach emulando aquel espíritu de difundir los conciertos de música instrumental entre el público aficionado fuera de la exclusividad de los ambientes cortesanos y eclesiásticos como bien recoge en las notas al programa Maria Sanhuesa, autoridad en música de la época y valedora como pocos de nuestro patrimonio histórico y actual. Alternancia de movimientos lentos y rápidos típica de los conjuntos de cuerda y continuo que Forma Antiqva fue desgranando, seguros en los movidos, líricos en los pausados, claros en los danzables, para dejar a Vivaldi aún más luminoso entre ellos. Jorge Jiménez como concertino, conocido ya en Oviedo, marcaba el ritmo y velaba armas nuevamente a las órdenes del Mayor Zapico, capitán de la nave, algo exagerado en el gesto pero eficiente en el resultado: una regata por aguas nada fáciles capaz de mantener equilibrio y contagiar sensación de remanso ante una auténtica tormenta emocional que no dio tregua en casi media hora de remo. El fondo de la embarcación lo ponían los contramaestres Zapico a la tiorba y guitarra – archilaúd, con un clave y órgano de Silvia Márquez más el contrabajo de Vega Montero, que asentaban el conjunto y sumaban agilidades. La tripulación estaba preparada para la larga ciaboga final.

La cuarta parte asturiana «del Quiroga» Aitor Hevia tiene mucho peso en estas «cuatro estaciones de Forma Antiqva» y sin él no resultarán nunca igual (del cuarto gallego lo dejo en los «links» finales, dando de pista que está en los violines segundos). Los años dan madurez y perspectiva, poso y sabor, paso de crianza a gran reserva, por lo que seguir aportando cosas nuevas a los archiconocidos conciertos para violín de Vivaldi no es reto sino virtud.

Apuntaba en el momento de escucharlas en Granada que fue como redescubrir «Las Meninas» tras la limpieza, pero aún siguen capa a capa sacando a la superficie colores nuevos (alternar guitarra y laúd), sombras llenas de luz (silencios ligeramente más largos), fraseos distintos (arcos, ataques, peso del viento en el órgano), dinámicas estremecedoramente extremas (los pp acallaron incluso toses), respiraciones con poso (el sustento del contrabajo solo o el órgano con nota pedal) y sobre todo la frescura del espectáculo (qué bien queda rebajar el tempi cuando el tema mayor torna a menor) volvieron a asombrarme y deslumbrarme sin cegar del todo, para poder visualizar lo siguiente sin momento para el reposo (hasta los movimientos lentos resultaron subyugantes).

Cada estación, cada uno de los doce números sonaron nuevos, pero esta primavera invernal ovetense sirvió para disfrutar de un Verano indescriptible, en especial el Allegro mà non molto. La magia de Hevia no tiene parangón cuando es contagiosa para todos. Hay otras formaciones, incluso españolas, que siguen interpretando «Las Cuatro Estaciones» de Vivaldi, pero Forma Antiqva con Hevia las reinterpretan con la frescura y juventud de quien no pretende más que disfrutar y compartir (los alemanes han apostado por ellos ¡caramba, qué coincidencia!).

No suelo elegir ni priorizar cuando el conjunto es sobresaliente, pero realmente hubo cambio climático y me marcó toda la velada (más el resto de la noche).

El público no daba crédido a este ciclón musical y la propina del conocido Fiddle Faddle (John Johnson) supo a poco ante un auditorio entregado que olvidó la Champions televisada. Sin descanso en todos los sentidos, aún bisarían el Largo de «El invierno», otra delicia para recordar la temperatura real en el exterior, aunque la belleza de la nieve cristalizada fuese musical (en Pajares creo que no). Obras conocidas y siempre distintas, grandeza de los intérpretes que quiero citar uno a uno, pero sobre todo el placer en primera persona de continuar viviendo momentos irrepetibles en una España que va por el camino equivocado: educar no es gasto sino inversión, y Forma Antiqva rentabilizan con creces esta premisa. La música nos haría enderezar el rumbo pero la ignorancia es la madre del atrevimiento, y todavía quedan quienes piensan que el cambio climático es una tontería.

Forma Antiqva:

Violín solista: Aitor Hevia; Violines I: Jorge Jiménez (concertino), Pablo Prieto, Cecilia Clares; Violines II: Cibrán Sierra, Miren Ceberio, Judith Verona; Violas: Antonio Clares, José Vélez; Violonchelos: Diana Vinagre, Ruth Verona; Contrabajo: Vega Montero; Tiorba: Daniel Zapico; Guitarra barroca – archilaúd: Pablo Zapico; Clave – órgano: Silvia Márquez; Clave y dirección: Aarón Zapico.

Lo han puesto difícil

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Viernes 26 de abril, 20:00 horas. Auditorio de Oviedo, Concierto de Abono nº 10, OSPA, Pablo González (director), Obras de Varèse, Carter y Tchaikovsky. Notas al programa de Eduardo G. Salueña (quien impartió una conferencia previa, a las 19:00 horas: La estética del contraste: abstracción, urbanismo y bucolismo en el lenguaje orquestal).

Visto lo visto sigue pareciéndome increíble que obras de casi 100 años sigan provocando malestar en parte del público y de algunos músicos de la orquesta, evidentemente no entre los intérpretes ni un director que arriesga en cada aparición y volvió a pensar qué figura perdimos pero cuánto ganó personalmente. Las Integrales (1924-25) de Varèse creo que sonaron por vez primera en Oviedo este viernes (y Avilés el día antes), lógico porque se suele programar buscando equilibrio entre «lo seguro y lo arriesgado», olvidándose que la única forma de educar en estas composiciones es precisamente escuchándolas más a menudo y la apuesta fue total por no decir «rompedora». El director carbayón llevó a los once músicos por auténticas búsquedas sonoras más allá de los ancenstrales y conservadores conceptos académicos que precisamente Varèse quería romper, pese a titular los tres movimientos como Andantino, Allegro y Lento.

El recientemente fallecido Elliot Carter puede resultar tras Varèse como ver un Kandinsky tras Max Ernst, máxime en esa Suite del ballet «El Minotauro» (1947) que resulta cinematográfica y creíble hasta en el «hilo» argumental. Sin apenas respiro la OSPA fue desgranando lo mejor de esta selección del ballet, Obertura y dos escenas de tres y siete números respectivamente de lo más variados en todos los aspectos musicales, bajo la dirección impecable e implicada del maestro carbayón, volviendo a dar confianza a los músicos que sonaron como una auténtica unidad y donde volvió a destacar el cuarteto de trompas que ya han alcanzado el mismo nivel que sus demás compañeros, con sonoridades envidiables y seguras, siempre con esa tremenda seguridad y color que parece contagia la cuerda. Incluso los timbales parecen haberse «domado» pese a recuperar la posición superior.

Lograr este éxito es labor de todos pero pienso que Pablo González ha transmitido ganas y amor por todo lo que dirige, y esta primera parte volvió a demostrar que la formación asturiana puede con cualquier repertorio sin mermar un ápice la excelencia, siendo cuestión de trabajo y convencimiento.

La Sinfonía nº 1 en Sol m., Op. 13 «Sueños de invierno» (1866) de Tchaikovsky puso tan alto el listón que resulta preocupante pensar en bajar un mínimo esta calidad. Calificativos para estas obras supongo que vienen de análisis concienzudos y comparativos con otras sinfonías (y autores), pero realmente la primera del ruso sonó grande, pletórica, redonda para esta orquesta compacta, de dinámicas apabullantes nunca estridentes, de rubati perfectamente entendidos con la batuta, de claridad lineal dibujada en cada sección y solista con la maestría equiparable de un Courbet. Volver a insistir en el necesario convencimiento más allá de la técnica, en todos exigible y demostrada. Si la recreación de «esta primera» resultó tan increiblemente buena como para intentar convencernos que es lo que gusta a la mayoría, en mi caso corrobora que hay que volcarse con todo lo bueno desde el conocimiento y el esfuerzo.

Si hacía comparaciones entre Ernst (podía haber elegido a Picasso), Kandinsky o Courbet no es cuestión de prioridades sino de ampliar horizontes y gustos. Probablemente cuanta más pintura veamos más nos gustará uno u otro, incluso ¡los tres!, lo malo es que no podamos contemplarla en directo todas las veces que quisiéramos, y menos en Oviedo. No me importa que la primera «tercera obra hoy» sonase pletórica, ahora a esperar todo lo que queda hasta final de temporada.

Zapicos con clase

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Jueves 25 de abril, 18:30 horas. Auditorio del CONSMUPA, Oviedo. Charla concierto: Presentación de instrumentos de cuerda pulsada del Renacimiento y el Barroco (ICPRB): Daniel Zapico (tiorba) y Pablo Zapico (guitarra barroca).

Observar un auditorio donde sea de los más viejos siempre me alegra, aunque es cierto que me rodeaban muchos alumnos de guitarra de un conservatorio muy distinto del mío pero que sigo sintiéndolo como propio. Tener a dos profesores en activo como los «gemelos Zapico«, Dani en Zaragoza y mi tocayo en Madrid, alternando el repertorio que «casi conozco» como ellos con explicaciones de todo tipo (de hecho llegaban de Gijón de la clase anterior) es otro placer.

Alternando música y palabra como debe ser toda charla-concierto, sin demasiados tecnicismos pero contagiando pasión en todo, y sin pasarse del tiempo programado, la verdad que esta clase pasó volando. De lo contado al alimón más allá de las siempre doctas explicaciones sobre la tiorba (Daniel) y la guitarra barroca (Pablo), me quedo con su visión de la llamada «Música Antigua» en el sentido de frescura por saber del virtuosismo de aquellos músicos (mejor que compositores) equivalentes a Caravaggio, Dante… que anotaban en sus partituras de tablatura como el boceto o esqueleto sobre el que ir sumando esas melodías que Forma Antiqva a dúo (Aarón hoy de profesor del Claustro y uno más entre el público aunque seguramente tocando mentalmente con sus hermanos pequeños) desgranan y construyen como nadie.

Breves disertaciones organológicas ilustrativas así como pinceladas de las danzas elegidas, y la música bien ordenada con interpretaciones a la altura habitual, es decir estratosférica, con la complicidad no ya fraternal sino de las muchas horas de ensayo más las que les quedan. Esperamos el día 30 de abril donde recordaremos «Las Cuatro Estaciones» que resultan Tésis Doctoral tras la clase de hoy (y que cosas de la vida, ensayaban después alumnos del propio CONSMUPA donde mi querido Don Ignacio Rodríguez, cada vez más grande en todos los sentidos, tendrá su primera intervención como solista aunque en otra visión llamemos «conservadora»).

En este jueves de verano sonaron el Preludio (Ludovico Roncalli) y la Passacaglia (Kapsperger) para comprobar qué bien empastan tiorba y guitarra barroca. Las Jácaras (Gaspar Sanz) hicieron sonar mentalmente las castañuelas transportándonos a la España del XVII, y otro tanto con las Marionas (Sanz) enlazadas con los Cumbees de Santiago de Murcia, contagiándonos del ritmo al que aludía Pablo como uno de los éxitos de su instrumento en aquellos tiempos que siguen siendo actuales. La Capona & Ciaccona (Kapsperger) recordaron el estilo italiano de este emigrante alemán en unos tiempos tan distintos al actual, para rematar con esa danza perseguida por la Inquisición al bailar más pegados de lo que «la Santa» deseaba para los demás: el primer Fandango de S. Murcia, siempre comentando con la ironía langreana la aparición en tierras mexicanas de libro, músico o vaya usted a saber si ninguno pisó la patria azteca.

Al menos nuestro «Universo Zapico» lleva más kilómetros que los músicos que reinterpretan, siempre con el nombre de Asturias del que son los mejores embajadores para demostrar que la crisis no afecta a sus ganas de trabajar contracorriente.

Ashkenazy también joven

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Domingo 14 de abril, 19:00 horas. Conciertos del Auditorio, Oviedo. Joven Orquesta de la Unión Europea (EUYO), Daniel Hope (violín), Vladimir Ashkenazy (director). Obras de Britten – Berkeley, Mozart y Ravel.

Siempre es una gozada disfrutar de orquestas jóvenes con calidad, y la EUYO, donde ha estado mi querida violinista María Ovín, es fiel exponente de la apuesta por la cultura y educación musical desde esta Unión Europea a la que pertenecemos pero no rema en la misma dirección en unos tiempos donde los recortes no respetan nada y los patrocinios privados parecen ser la única solución, tal y como pudimos apreciar en la cara información facilitada a la entrada del concierto.

Orquesta formada por más de 140 músicos procedentes de los 27 estados miembros, seleccionados entre miles de candidatos entre 14 y 24 años, la Gira de primavera que arrancó el 30 de marzo en Interlaken (Suiza) pasa también por España estos días de abril: Barcelona, Oviedo, San Sebastián, Valencia y Alicante, con el pianista y director Vladimir Ashkenazy al frente (titular desde el año 2000 continuando la lista empezada por Abbado y Haitink, para engrosar la larga lista de grandes batutas que han pasado por la EUYO como invitadas, además de contar siempre con solistas de fama mundial, esta vez el violinista Daniel Hope en algunos de los conciertos de este tour primaveral.

En el centenario de Britten nada mejor que comenzar con «Montjuic», Suite de danzas catalanas para orquesta, en colaboración con L. Berkeley, tras el paso de ambos por Barcelona los días 18 al 25 de abril de 1936 para intervenir en el XIV Festival de Música Contemporánea, que les marcaría tanto musicalmente como para denunciar la barbarie de nuestra triste Guerra Civil, como bien recuerda Iván J. Román Busto en las notas al programa. Cuatro movimientos donde podemos reconocer melodías y ritmos cercanos: Andante maestoso un minueto, Allegro grazioso estilización de la «gavotte», Lament-Barcelona July 1936 en ritmo lento de zarabanda intercalado con alusiones a la sardana, y Allegro molto, todos ellos bien diferenciados en una interpretación brillante por efectivos pero emotiva por lo contenida, con una dirección muy peculiar del director islandés (afincado en Suiza y nacido en Rusia) que aúna lo didáctico precisamente por los gestos marcados que no dan lugar a dudas.

El Guarnieri del Gesú «ex-Lipinski» de 1742 que toca Daniel Hope es terciopelo sonoro que con una técnica prodigiosa tanto en el arco como la mano izquierda del inglés, hicieron del Concierto nº 3 «Estrasburgo» para violín K. 216 de Mozart, muy apropiado para este concierto europeo y una delicia acústica, aunque menos interpretativa. Nuevamente escuchamos una visión intimista, introspectiva en los tres movimientos, donde las cadenzas fueron las esperadas de virtuosismo pero algo carentes de más sentimiento, con una orquesta reducida y bien «domada» para esta obra por el veterano director que se limitó a marcar más que a interpretar. El sonido triunfó sobre la música en el siempre «traicionero Mozart», aunque para gustos se hicieron colores. Y la propina, promocionando el último CD de Hope, otra lección de virtuosismo con esas «Campanas» de Johann Paul von Westhoff (1656-1705) que volvió a impactar por la técnica desde una gélida interpretación como el título de diseño gastronómico: «Deconstructs Imitazione della campana».

Al menos Ravel no nos dejó indiferentes, la orquestación magistral del francés con una formación idónea nos interpretó las dos suites del ballet Dafnis y Cloe, lástima de coro para escuchar el ballet completo. La Suite nº 1 (Nocturno – Interludio – Danza guerrera) ya mostró la calidad de todas las secciones de la joven orquesta, cuerda bien ensamblada, madera cálida, metales claros y precisos, arpas puntuales y correctas, más una amplia percusión donde disfrutamos hasta de la «Máquina de viento», siendo la Suite nº 2 (Amancer – Pantomima – Danza general) aún mejor, con un protagonismo especial de la flautista solista búlgara Adriana Dyakova, quien ya bordase su intervención en la primera parte. Interpretación sin pausa de ambas suites donde Askhenazy llevó de la mano a sus chicos, jugando esta vez sí con todo el colorido de la partitura, mimando los planos sonoros y dejando los tutti algo más liberados, consiguiendo un Ravel más que digno.

La propina del británico Elgar y su Canción de la mañana (Chanson de Matin), Op. 15 nº 2 nuevamente sacó de los jóvenes músicos europeos lo mejor desde la emoción contenida y el empaste en una gran formación que sonó adulta bajo la dirección de un joven Vladimir que pese a los años sigue conjugando batuta y piano. A la salida todavía tuvo tiempo de firmar discos, aunque últimamente me estoy haciendo poco mitómano…

Magisterio renacentista

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Foto: Diego Domínguez Pérez

Sábado 6 de abril, 19:30 horas. Auditorio Nacional de Madrid, Sala de Cámara: Peter Phillips & El León de Oro: Grandes Maestros del Renacimiento. «Laudibus in sanctis», obras de Lasso, Victoria, Byrd, Gombert, Gesualdo, Lobo y Palestrina. Entrada: 15€.

Disfrutar nuevamente de mi coro preferido, dirigido por un Maestro con mayúscula como el británico Peter Phillips con el repertorio que domina como nadie, y además en el Auditorio Nacional, no tiene precio. Compartirlo con amigos «in situ» supone contar de primera mano otra experiencia irrepetible, porque El León de Oro (LDO) sigue asombrando en cada concierto, independientemente del repertorio o la renovación de voces en sus 15 años de historia. La propia presentación del programa de mano merece leerse como ideario de esta formación que todavía seguirá dando a los «leónigans» muchas alegrías: «lo que cuenta es la pleitesía al sonido, la entrega a un bien superior como es la belleza. La belleza nunca está en crisis. La belleza es. Somos sus intérpretes los que podemos estar en crisis personales, económicas o de otra índole, algo que poco puede importar ante la grandeza de un acorde bien construido por Palestrina como el que cierra este programa».

De la búsqueda de esa belleza sonora puedo dar fe en cada una de sus actuaciones en directo, siendo la más «cercana» y parecida por las obras y autores elegidos la vivida en la Catedral de Oviedo con el propio maestro británico: un arduo trabajo, no ya musical que es enorme, sino de búsqueda de financiación, quedando reflejado en un DVD que atesoro y sirve de pequeña muestra al ímpetu de un coro amateur pero profesional en sus resultados. Para su presentación en la capital de España nada menos que en el templo musical, que celebra sus 25 años, el esfuerzo volvió a tener recompensa, contando con la colaboración del Coro de Voces Graves de Madrid, el Excmo. Ayuntamiento de Oviedo, Hoteles El Carmen de Carreño y Dña. Bettina von Scheidemantel, repitiendo Phillips con el LDO y acrecentando la grandeza de unos intérpretes magistralmente llevados por el británico en unas obras donde la música coral es sublime.

Comenzar con Lasso fue el primer reto. La Missa Bell’ Amfitrit’ altera a ocho voces «a capella» supone para cualquier coro trabajar y condensar todo lo necesario para una interpretación acorde a la magnitud de esta obra: emisión clara, pronunciación correcta, afinación perfecta, seguridad en los ataques, dinámicas amplias y sobre todo un perfecto entendimiento con el director, logrando una flexibilidad impecable desde el Kyrie al Agnus con emociones a veces contenidas y otras rebosantes (Gloria), grandeza de Lasso que también alcanza a Media vita para un coro reducido que volvió a deleitar en todos los aspectos.

El remate nuestro insigne Tomás Luis de Victoria y su Regina coeli, otra lección del Maestro Phillips con sus «leones aventajados», puntuación sobresaliente hasta para el público: educado, emocionado, conteniendo respiraciones y dejando flotar cada final el tiempo suficiente para degustar todas las notas, los finales de frases que se miman al detalle, sin prisas por aplaudir y una acústica de la sala que devolvió en todo su esplendor la obra del abulense en las voces celestiales del coro asturiano «llevado de la mano» por un experto.

Tras la pausa del cigarrilo que me sirvió para saludar a otros «leónigans» venidos de distintas partes de la geografía, una segunda parte tal vez menos interiorizada y exigente para todos pero igualmente sabrosa donde no podían faltar estilos y nombres que llevan el latín a su máxima expresión musical, perfecta unión donde el texto alcanza el paraíso sonoro, o «flotar» como el día antes en Gijón.

Laudibus in sanctis (Byrd) que también titulaba el programa, la óptica inglesa del Renacimiento con lenguaje propio e igualmente universal que director y coro bordaron, Media vita (Nicolas Gombert), acento franco-flamenco en el amplio muestrario vocal que brilla en esta partitura, Ave dulcissima Maria (Gesualdo), la belleza interior del canto a La Mujer compuesto por el Príncipe del madrigal emotivamente llevado, Versa est in luctum (Alonso Lobo) con el color sevillano de un compositor nuestro que El Maestro recuperó para seguir mostrándonos la grandeza del repertorio renacentista en las voces de los gozoniegos, otros escolares siguiendo el camino de sus «armas gemelas» The Tallis Scholars, para finalizar nada menos que con Nunc dimittis (Palestrina), obra trabajadísima con Marco A. García de Paz, interiorizada por todo el coro y que dirigida por «PeP» parece levantar vuelo desde el gesto siempre conciso e íntimo bien contestado por los cantantes. Disfrute de cada obra en su individualidad y grandeza, la universalidad de una música vocal tan bien hecha e interpretada que puede detener el tiempo y volvernos al presente en toda su magnificencia.

De propina otra joya renacentista que LDO tiene muy presente en su amplio repertorio, el motete Nescien mater (Jean Mouton) para rematar una clase magistral, doctorado «cum laude» para los leones asturianos con el catedrático británico en un encuentro satisfactorio a más no poder para ellos compartido por un público entregado que aplaudió merecidamente este nuevo escalón hacia la belleza. No en vano las armas expuestas son «poderosas: Entusiasmo y calidad. Amor y perseverancia. La búsqueda del sonido imposible». Orgulloso de ser leónigan una vez más…

Creación eterna

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Viernes 22 de marzo, 20:00 horas. Auditorio de Oviedo, Concierto Extraordinario de Semana Santa: OSPA, Coro de la Fundación Príncipe de Asturias (director: José Esteban García Miranda), William Berger (barítono), Topi Lehtippu (tenor), Eleanor Dennis (soprano). Director: Benjamin Bayl: La Creación, Hob. XXI/2 (Franz Joseph Haydn).

Como filosofía de vida puede resultar paradójico hablar de muerte y después creación en un devenir donde la materia ni se crea ni se destruye, se transforma. Música coral donde la palabra (todo un detalle regalar el libreto bilingüe) se recrea, subraya, describe, emociona y transciende. Independientemente del significado que esta obra tenga para mí (se cantó «el dúo» en mi boda), el oratorio La Creación casi siempre es placentero escucharlo, y más cuando confluye todo para lograr un resultado excelente en directo, siempre irrepetible:

  • El Coro de la FPA afrontó con equilibrio, seguridad, decisión, empaste, afinación y convencimiento una composición exigente para todas las voces, que pese a encontrarse con un auditorio medio lleno, dieron lo mejor de ellos. Están en plena forma y como dicen los entrenadores, llegando al pico de rendimiento, pues la fuga final resultó sobresaliente.
  • Los solistas en conjunto resultaron como suele decirse aseados, y utilizando el lenguaje coloquial paso a describirlos: un alto «tenorín» australiano (de origen finlandés) de precioso color vocal aunque algo escaso de volumen para el plantamiento global, una soprano escocesa rubia como la cerveza brillante en todos los sentidos, y especialmente el barítono «roxu» que destacó entre ellos no ya por su color sino por la expresividad en cada una de sus apariciones como Rafael o Adán, narrando o actuando para enamorar a Eva. Las combinaciones que Haydn hace en su oratorio dan mucho juego para disfrutar de recitativos con un pianoforte inusualmente utilizado, arias, dúos y tríos, solos o con el coro, de ahí mi clasificación de menos a más. No me olvido de la mezzo del coro Carmen Luz que participó completando el cuarteto final con sus compañeros.
  • La orquesta plenamente asentada, con calidad desbordante en todas sus secciones que se adapta como un guante a las exigencias de cada director, sabedora de su capacidad para cumplir sobradamente y todavía más en el Clasicismo, siendo el director quien marque las diferencias, contando con Jorge Jiménez como concertino invitado para la ocasión.
  • Y como responsable total el también australiano (que no aunque parecido a asturiano) Maestro Bayl, que volvía de nuevo a Oviedo, tras un Mesías y otro Haydn que en su momento me emocionó así como la última Agrippina, se puede decir que con mando en plaza y con quien los intérpretes locales se sienten realmente cómodos aunque les exprima al máximo para lograr resultados como el del concierto fuera de abono que dió un paso más.

Rafael Banús titula sus notas al programa «Del caos a la luz» que entronca muy bien con mi reflexión inicial de muerte y vida, progresión a lo largo de la obra con tres partes perfectamente estructuradas, «recuperando, a la manera de las Pasiones, la idea de una “pequeña ópera espiritual”, en la que se alternaran los pasajes de las Santas Escrituras con otros líricos y contemplativos, propios del teatro dramático«, con todas las reminiscencias luteranas, anglicanas y hasta mozartianas que queramos, pues de muchas fuentes bebió «Papá Haydn» para este oratorio, que supone seguir ampliando repertorio para el tradicional concierto antes de la Semana Santa, pues no sólo de Bach vivimos los melómanos. Volviendo a las notas de Banús en cita del propio Haydn, “La Creación de Dios ha sido siempre considerada como la obra más noble, la más capaz de inspirar respeto al hombre que la contemple. Componer un acompañamiento musical adecuado a esta gran obra no puede tener otros efectos que intensificar el sentimiento de respeto en el corazón de los hombres y volverles más sensibles hacia la bondad del todopoderoso Creador. ¿Cómo podría ser todo esto irrespetuoso con la Iglesia?”, cerrando el círculo Catedral – Auditorio con la palabra hecha música y ésta Arte. Un concierto redondo del que disfruté como lo hicieron el jueves en el Jovellanos de Gijón… ¡o un poco más!, dando la enhorabuena a Benjamin Bayl como cabeza visible.

Este viernes, además de llorar con «Lágrimas Negras» la muerte de Bebo Valdés, de empatar «la Roja» contra Finlandia (que vuelve a aparecer en esta entrada) también había en Avilés concierto de órgano con mi querido Fernando Álvarez Menéndez dentro de la XXXVI Semana de Música Religiosa, pero humano es carecer de la ubicuidad. De mis próximos conciertos informaré como pueda, vía teléfono, tableta o incluso Twitter©, que la tecnología nunca está reñida con los sentimientos…

Requiem por Alfonso II El Casto

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Jueves 21 de marzo, 20:00 horas. Catedral de Oviedo: Actos conmemorativos del 1171 aniversario de la muerte del Rey Alfonso II El Casto, concierto Capilla Polifónica «Ciudad de Oviedo», Rubén Díez Fernández (órgano), Miguel Ángel Campos Galán (director). Misa de Requiem (1843) de Hilarión Eslava.

Fiel cita anual y musical para recordar al Rey Casto con curiosidades como el coro protagonista que hace un alto en la zarzuela del casto José para homenajear al rey astur en un Requiem poco escuchado de un compositor español que todos los que hemos estudiado música conocemos más por su labor docente que compositiva, y esta vez una obra que escuchaba por primera vez en directo, volviendo a clamar por la recuperación o activación de nuestro patrimonio, agradeciendo la sabia elección.

En plena época de podadora económica, que se nota sobremanera en la cultura en general y la música en particular, la crisis parece más política que artística, pues sirve para apostar por lo de casa sin perder calidad y como dice el refrán, agudizando el ingenio.

La Capilla Polifónica «Ciudad de Oviedo» es una formación coral asturiana con muchos años a sus espaldas (fundada en 1970 con Luis Gutiérrez Arias) y larga tradición recuperando incluso obras del propio archivo catedralicio desde los tiempos del Maestro Alfredo de la Roza y Benito Lauret. En la actualidad y bajo la experta dirección desde 2002 de Miguel Ángel Campos nos ofrecieron en una fría tarde primaveral esta maravilla del compositor navarro con el acompañamiento del avilesino Rubén Díez Fernández, compositor, arreglista, director coral y orquestal, pianista, organista… ¡músico completo!, en un instrumento de los llamados «litúrgicos», aunque hubiese preferido uno portativo, pues la electrónica no siempre hace buena pareja con la música coral y sobre todo con la acústica de la Catedral. Conocedor y concertador bien formado, compartió protagonismo con el coro ovetense, preocupándose siempre de la correcta elección de registros y volumen hasta en el intento de «tirar» de las voces, oficio y profesionalidad en esta «orquesta reducida» que llevó por buen camino.

No vamos a analizar la enorme calidad de una obra encajada perfectamente en el evento, aunque se quedase corta en duración e intención al faltarle la Eucaristía, con el oficio de Don Hilarión. Exigente en todos sus números, el coro estuvo por momentos en la cuerda floja y al límite de la afinación, calando levemente en alguna parte, así como la sensación de ir detrás del órgano (que no a la inversa a la vista del gesto directorial), estando más cómodo en las breves intervenciones a capella, pero totalmente entregado interpretativamente, dando muestras de una musicalidad a prueba de repertorio, con buena gama dinámica y el «pero» de la precisión con el diapasón.

Sobre el acompañamiento, no sólo armónico y de «relleno» (para reforzar una buena cuerda de bajos ya potente de por sí) sino con protagonismo en las partes introductorias e interludios con sentido orquestal, que el pedal de volumen y los registros utilizados apoyaron en todo momento el peso vocal, algo desequilibrado en número, y por consiguiente volumen, de las voces blancas, no siempre bien empastadas con unos tenores algo desiguales, que se adelantaron más de una vez, preocupándose en sonar sin tapar, conocedor del papel de todos en cada parte del «ordinario».

Mejorable el color y emisión globales de esta formación pero comprendiendo el trabajo acumulado y el brusco paso de «La Corte del Faraón» a este Requiem donde la única coincidencia fue «El Casto«. Al menos bisaron un Sanctus que resultó de lo mejor de este concierto. Y «vuelta a Egipto» tras un compromiso bien resuelto globalmente.

Adolfo G. Viejo y joven de espíritu

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Miércoles 20 de marzo, 20:00 horas. XXXVI Semana de Música Religiosa de Avilés, Iglesia de Santo Tomás de Cantorbery. Recital Bach, Adolfo Gutiérrez Viejo (órgano).

Un monumento al trabajo como el propio Bach se merece el leonés afincado en Asturias Adolfo G. Viejo capaz de seguir en activo para seguir dando a conocer al público la magnificencia de la obra organística del Kantor de Leipzig. No creo saber los años de estudio y práctica que supone haber tocado la integral de Bach en distintos órganos de la geografía europea.

En Avilés afrontó un programa valiente para un instrumento nuevo que no domina aunque contase con la inestimable ayuda de Chema. Y la dificultad de las obras elegidas estriba, como en todo Bach, en la exactitud de cada nota y figura con el registro adecuado para evitar un empacho de semicorcheas con hipo si se me permite la comparación. En este sentido resultado mejor los Corales (BWV 645, tocado de memoria, y BWV 688 sobre todo) que la Passacaglia y fuga en Do m. BWV 582 donde tuve la sensación de conducir con niebla nocturna sin luz al final del trayecto iniciado con plena confianza.

Obras como la Fantasía y fuga en Sol m. BWV 542 piden claridad de registros que no hubo, quedando desde abajo todo embarullado y con sensación caótica que dista mucho de lo buscado en la consola por Johann Sebastian Viejo: «la música es un diálogo de Dios consigo mismo antes de la creación del mundo» (Goethe sobre Bach). Lo mismo en la traicionera Fuga en Re m. BWV 529 del Primer movimiento de la Sonata para violín solo en Sol m. Pero el maestro valiente dejó la conocida Toccata y fuga en Re m. BWV 565 para el final con el ímpetu de juventud y todo el poderío Acitores, acertando en sonoridades y aires arriesgados porque la cobardía no existe para los músicos.

Felicitar al Maestro Adolfo por una vida dedicada a hacer felices a los demás desde la docencia, interpretación y composición. Pocos a su edad pueden mirar para atrás y ver tanto recorrido. Escucharle en Avilés no sólo era un tributo obligado sino otro signo más de generosidad que muchos de los presentes premiamos con nuestros aplausos sentidos en el corazón.

Conciertón inaugural XXXVI SMR de Avilés

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Domingo 17 de marzo, 20:00 horas. Iglesia de San Nicolas de Bari. Coral Avilesina (Elena Baigorri, maestra de coro), Orquesta Julián Orbón, José Mª Martinez (director). Obras de Händel, Ramón de Garay, Max Bruch y Pedro Braña.

Comenzó la XXXVI Semana de Música Religiosa de Avilés en plena recesión económica pero nunca artística porque cuando no se tienen recursos suficientes para ofrecer figuras nacionales o internacionales, los de casa, muchos de ellos también docentes, salen más baratos y en muchos casos de igual calidad. También sirve para enseñar los frutos de tantos años de trabajo (36 la propia semana) y dar oportunidades a nuevos y jóvenes intérpretes de esta tierra mía, aunque como bien contaba al final del concierto Chema, algunos no quieren volver y otros incluso dejan de hablar a la organización… Pero esto es otro cantar.

La organista Judith Busquets fue la solista del Concierto para órgano y orquesta en SIbM, Op. 7 nº 3 HWV 308 de Händel, bien resuelto tanto en sus intervenciones solistas como las concertadas con una orquesta bien empastada dirigida con la mano firme y clara del director allerano aunque avilesino de adopción. El orden de los tiempos pudo despistar a algunos que aplaudiendo entre ellos rompieron un poco el buen discurso interpretativo desde el Andante inicial, con algunas notas del famoso «Aleluya», el Órgano ad libitum para disfrute de la solista que utilizó todos los recursos del portativo, un Spiritoso literal en todos los músicos, desde la cuerda a la madera y metal en una fuga de las que el de Halle saca oro e inundaron «la Iglesia de Garralda» y ese Menuet final auténtica danza con protagonismos bien repartidos, aunque hubiese momentos donde el órgano, por ubicación y recursos, quedase algo tapado.

Ramón Fernando de Garay Álvarez (Avilés, 27 de enero de 1761 – Jaén, 8 de enero de 1822) fue un compositor de talla internacional contemporáneo de Mozart, Haydn o Beethoven por citar la terna clásica, prolijo en todos los estilos, aunque mayoritariamente el religioso, pero con nada menos que diez sinfonías que ya han sido grabadas hace dos años por José Luis Temes al frente de la Orquesta de Córdoba con motivo del 250 Aniversario del nacimiento del músico de Sabugo. La Orquesta del Conservatorio Julián Orbón está dando a conocer poco a poco en su propia ciudad parte de esa producción, auténtico patrimonio cultural de la tierra que no podía seguir olvidado, en parte por la inestimable colaboración de mi querida compañera y amiga Mª Luz González Peña, directora del CEDOA -Centro de Documentación y Archivos- de la SGAE (donde trabaja),  al hacer llegar estos materiales ya digitalizados a su Avilés del alma.

Chema Mtnez. recoge siempre el guante y esta vez con la Orquesta del Conservatorio avilesino, algo reforzada, nos deleitaron con la Sinfonía nº 9 en MIbM (1817) con sabor de clasicismo vienés en sus académicos cuatro movimientos y plantilla utilizada: Largo-Allegretto, Andantino, Allegro (Minué) y Rondó (Allegro) bien interpretados por una orquesta vigorosa en sonido y fiel a la partitura editada por el ICCMU que está al mismo nivel de muchos contemporáneos del compositor de Sabugo. La figura de Garay ha sido muy poco conocida hasta su reciente recuperación, gracias sobre todo a los trabajos del canónigo Raúl Arias del Valle (durante muchos años archivero de la catedral de Oviedo) y del cronista asturiano Justo Ureña junto al estudioso principal de su figura, Pedro Jiménez Cavallé, musicólogo y catedrático de la Universidad de Jaén, a quien debemos no sólo buena parte de los datos biográficos que hoy podemos ofrecer del maestro sino la revisión de su única ópera Compendio sucinto de la Revolución Española (1815) y de sus diez sinfonías. Decir que suena a Haydn o Mozart no es exagerar, y la prueba está en el triple CD para quien pueda escuchar la grabación patrocinada por la Fundación BBVA y el sello Verso.

Siguiendo con obras poco escuchadas, los solistas Iván Cuervo (clarinete) y Roberto Morales (viola) nos recrearon  el Doble concierto en Mi m, Op. 88 (1911) -originalmente para violín y viola– de Max Bruch, tan inspirado como el más famoso de violín y dominador de colores y texturas tanto en los solistas como en la orquesta. Obra exigente para todos en sus cuatro movimientos, brillaron a gran altura destacando la potente sonoridad del Rondó (Allegro) final, los excelentes pasajes solistas y la precisión en la dirección del Maestro Martínez, ajustando los tempi siempre buscando la claridad expositiva.

El otro compositor asturiano de la tarde fue Pedro Braña Martínez (Candás, 5 de febrero de 1902 – Salinas, 13 de febrero de 1995), quien durante su larga estancia en Sevilla, de la que es hijo adoptivo, acabó firmando muchas marchas procesionales para su famosa Semana Santa, destacando que tiene una calle con su nombre en el barrio de Nervión de la ciudad Hispalense, sin olvidar obras corales que aún están en los repertorios. La Misa al Sagrado Corazón de Maria tiene las partes del «ordinario» que cantó con seguridad y buen gusto la Coral Avilesina que dirige Elena Baigorri Sáenz, con el acompañamiento de una formación camerística (normalmente con órgano) bajo la siempre atenta dirección de Chema. Cuatro partes donde los textos en latín están bien repartidos entre las voces con una orquesta tejiendo contracantos o subrayando las armonías: el breve Kyrie (Andante sostenido), seguido de un trabajado Gloria (Allegro moderato – Largo – Allegro deciso) brillante en toda su escritura polifónica, un Sanctus (Andante religioso) que bebe de las fuentes clásicas y el Agnus Dei (Andante religioso) tranquilo, dibujado y subrayado por la soprano local Rosa Jorquera en sus solos, con una cuerda cual «órgano imposible» por sonoridades reforzando un bajó armónico. Del compositor candasín -también con calle en su pueblo marinero- fue también el Ave María de propina con la misma solista que puso broche de oro entre merecidísimos aplausos al concierto inaugural de una Semana de Música Religiosa que es historia asturiana todavía viva y resucitando obras desde el duro trabajo y la ilusión por compartirlas.

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