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Cimientos musicales solidarios

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Viernes 2 de febrero, 20:00 horas. Auditorio de Oviedo, Concierto Solidario “Día mundial del Cáncer”. Lola Casariego (soprano), Francisco J. Sánchez (tenor), Gianpaolo Vadurro (piano), Coro y Orquesta de la Universidad de Oviedo, Coro “Bloque al canto” del Colegio de Aparejadores de Asturias, Pedro Ordieres y Joaquín Valdeón (directores). Donativo: 15 €.

No solo en tiempos de crisis, aunque parezcan peores, es habitual encontrarnos con actos solidarios para recaudar fondos destinados a todo tipo de necesidades. La música siempre mueve públicos de todo tipo y la lucha contra el cáncer también, pues rara es la familia que no ha tenido cerca esta enfermedad contra la que seguir luchando, más ahora que ha dejado de ser sinónimo de muerte aunque siga sumiéndonos en tristeza o pesimismo, algo contra lo que la AECC lleva décadas trabajando. Su Junta Provincial en Asturias trajo este primer viernes de febrero la música para celebrar el “Día mundial del Cáncer” en el Auditorio de Oviedo como recordó en la presentación mi querido amigo el televisivo Laude Martínez, esa lucha sin bajar la guardia que podemos hacer extensivo a la música no ya como terapia contra todo dolor sino también como perfecta herramienta solidaria en este edificio nacido para ella donde también se han celebrado congresos, exposiciones y todo tipo de eventos no siempre solidarios, cuestionándose ahora la seguridad después de veinte años.

Agradecer las colaboraciones de la Universidad de Oviedo, del Ayuntamiento o de El Corte Inglés para adquirir las invitaciones incluso de fila cero para ayudar a mantener la batalla contra el cáncer, porque investigar cuesta dinero al igual que estudiar música, algo imposible en nuestro país hace años pero que tristemente vuelve a descuidarse en los presupuestos, por lo que el donativo de 15 euros sabe a poco para esta causa donde se nos ofreció un concierto con artistas de casa y solidarios, como la profesión o afición que han elegido, cuyo arduo trabajo, casi siempre invisible, no tiene más recompensa que el aplauso. Y celebraciones siempre con la música, también asturiana solidaria y desde el corazón de todos.

De los intérpretes quiero comenzar citando a la soprano ovetense Lola Casariego, cuya trayectoria sigo desde finales de los 80 (conservo tres casetes grabadas desde la tele con el Acis y Galatea de Literes) cuando dio el salto desde la cuerda de segundas del Coro Universitario, hoy también presente, para comenzar una carrera de fondo dura e imparable, donde ha tenido que redescubrirse hasta llegar a este 2018 plenamente asentada con un trabajo para el que no hay vacaciones ni todos los contratos deseados. Con ella nuestro “hijo adoptado” más que adoptivo Francisco J. Sánchez, un habitual del Festival Lírico del Campoamor donde hemos podido disfrutarle como tenor (no me gusta la etiqueta de actor cantante porque todos los cantantes deben actuar y los actores cantar…) en títulos como La Marchenera, El Terrible Pérez (2016) y especialmente el Maharajá (2017) cuyo escanciado y asturianía (amén del «puto yoga») le valió mi bautizo como ATA (Adoptado Tenor Asturiano) al querido Paco que sigue ganando repertorio y color vocal.

A esta pareja de solistas le tocó abrir concierto, cimentar una velada para todos los públicos y gustos
con acompañamiento de piano, alternando soprano y tenor obras variadas desde la canción de concierto a la ópera pasando por la zarzuela hasta la opereta, que paso a desgranar.
La bella página A Chloris de Reynaldo Hahn no puede faltar en un recital de Lola porque la hace suya, aperitivo ideal antes de Le violette (Alessandro Scarlatti), «canzonetta» o aria antigua de la ópera «Pirro e Demetrio», habitualmente interpretada por soprano pero válida para cualquier voz con Paco defendiéndola con solvencia, ampliando repertorio y registros, de agilidades bien resueltas y proyección suficiente.
El aria Ecco l’orrido campo de «Un ballo in maschera» (Verdi) pienso que no fue buena elección entre el amplio repertorio operístico que la ovetense tiene, más por color que tesitura esta Amelia, incómoda igualmente, y con un piano inseguro que no la ayudó finalizando el «Miserere» calada. De la conocida Jota de Falla por parte del tenor madrileño podría comentar lo mismo, el pianista venezolano perdido en el acompañamiento (el único original de la velada), supongo que por no tratarse de la versión aguda (soprano o tenor) sino de mezzo / barítono, registro más grave que no proyecta como un tenor aunque «la despedida» fuese auténtica haciendo mutis por la puerta lateral.

Mucho mejor las siguientes apariciones por parte de los tres, la Santuzza de «Cavalleria rusticana» (Mascagni) parece compuesta para Lola Casariego que mantiene el color y dominio grave de mezzo con las agilidades de este rol, por lo que el aria Voi lo sapete, o mamma brilló con el dramatismo requerido al que Vadurro también colaboró. Y Francisco J. Sánchez sí pudo ser el Leandro de mi tocayo Sorozábal cuya zarzuela «La tabernera del puerto» volveremos a disfrutar en junio para cerrar las bodas de plata del Festival Lírico ovetense. La romanza No puede ser es tan exigente o más que muchas arias operísticas, Paco la lleva en la sangre y el trabajo en la dirección correcta le ha permitido cantarla cómodo, fiel a la partitura sin respiración alguna en el final, afinado y convincente sin buscar excesos que pueden ser tan perjudiciales como el tabaco. Zarzuela de nuestra historia y tradición con páginas imperecederas, bien sentida por Lola que brilló en Sierras de Granada de «La tempranica» (Giménez), demostrando rigor, honestidad y entrega máxima, luciendo ambos una virtud que parece perderse muy a menudo como es la exquisita vocalización de cada romanza.

Y qué mejor que el dúo de «La Dolorosa» (Serrano) para reivindicar nuestro género, papeles de Dolores y Rafael perfectamente dramatizados en escena con el piano en reducción orquestal, intimismo y emoción para lograr transmitirla a un público ya entregado a esta pareja.

Todos deberíamos presumir de nuestra música, genuinamente española y llamar a la opereta «la zarzuela vienesa», pues eso es entre otras “La viuda alegre” (Lehar) cuyo conocidísimo dúo Lippen Schweigen por parte de Paco y Lola (con piano) ni siquiera necesitó cava o sidra champanada para imaginar y compartir desde nuestras butacas el ambiente de salón en escena, elegancia, saber estar y final ideal para esta primera parte.

La segunda parte sería universitaria con refuerzo de aparejadores para finalizar un edificio solidario y sentido, primero la Orquesta Universitaria que continúa formación y ensamblaje en este su primer curso académico con Pedro Ordieres al frente, y tras su presentación navideña con Händel más los asturianos Ordás y Martínez, tocaba retomar pulso con el siempre festivo Haydn en este primer viernes preparando Carnaval y Cuaresma, lo profano y lo religioso conviviendo como la propia vida y la música, para seguir engrasando, empastando, completando sonoridades y entendimiento. “Junior”, como llamo cariñosamente a Pedro, hijo menor de Alfonso Ordieres Rivero que fundase esta orquesta en 1979, pionera entonces (y de momento el último de la saga), conoce este repertorio desde crío, así que elegir la última sinfonía de Papá Haydn, la número 104 en re mayor, no es casual. Sus cuatro movimientos bien diferenciados permiten trabajar cada sección para ir armando esta construcción musical, verdadero edificio sinfónico al que generaciones posteriores siempre han mirado, compositores y formaciones, así que la dirección de los universitarios es correcta, de menos a más con detalles que incluso las orquestas profesionales tampoco solventan satisfactoriamente, quedándome con el “Finale Spiritoso” como meta y objetivo por otra parte lógico y literal como la indicación del aire. No se puede pedir más en menos tiempo.

Y tenía especial interés en volver a escuchar el Stabat Mater Speciosa de Gabriel Ordás (Oviedo, 1999) estrenado en la Catedral el pasado 18 de diciembre contado por mí desde las mismas páginas de La Nueva España que también publican la crónica de este, y que en el blog dejé entonces idéntica para publicarla después que la prensa, aunque esta vez quise alargarme mucho más con la libertad de no limitarme espacio y poder añadir vínculos (links) que siempre enriquecen.

Sumando esfuerzos y sonoridades a la Orquesta Universitaria llegaría el relevo en el podio con Joaquín Valdeón y “sus” dos coros, el Universitario más el de Aparejadores, Bloque al canto cual metáfora musical para un concierto construido con los mejores materiales para crecer en altura, disfrutando nuevamente del Stabat Mater de Ordás. Volver a recordar su edad ¡18 años! pero de una hondura diría fuera de esta época, atemporal y nada casual, fruto de una formación humanística sumada a un talento innato acrecentado por un inspirador trabajo incansable con todos los apoyos familiares y profesionales. Cada obra es admirable y su capacidad compositiva envidiable, esperando volver a escuchar otro estreno este mes con la OSPA (el 22 en Avilés y el 23 en Oviedo con Milanov dirigiendo Onírico). Stabat Mater Speciosa, imagen de la Virgen no dolorosa con su hijo muerto sino con el Niño triunfante y dulce, como sonó de nuevo con un coro reforzado y una orquesta un poco corta en plantilla pero dando su dimensión real, auditorio mejor que catedral con trampa y cartón acústicos por engañosos al oido, esta vez en el espacio pensado para la música, ya trabajado e interiorizándose aún más por parte de todos, con mayores dinámicas plenamente asentadas donde se agradeció el aumento vocal aunque se pierda color, y necesitando más efectivos de cuerda para una plantilla con amplia percusión más órgano, que pese a ello consiguió los balances ideales para unas melodías bien construidas capaces de emocionar cantando en latín.

La vida sigue dándonos regalos, cada día uno, con belleza, calidez, esperanza, solidaridad, esta vez contra el cáncer pero que nunca nos falte, seguir luchando sin desfallecer, sin bajar la guardia, sea en cualquier faceta, con la música como la mejor terapia y motor vital, el mismo ímpetu juvenil que el de este primer viernes de febrero.

Siempre progresando

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Lunes 29 de enero, 20:00 horas. RIDEA, Oviedo: La Castalia, Concierto de Clausura Curso de Repertorio Vocal. Manuel Burgueras (piano), Begoña García-Tamargo (directora artística y profesora de canto). Inés de Arvizu, Nora Chena, Canela García, Carla Romalde y Janeth Zúñiga (sopranos), Nerea González, María Heres (mezzosopranos), Adrián Begega (tenor), Ricardo Barrul, Pedro La Villa (barítonos).

Oviedo sigue manteniendo, a pesar de los recortes económicos, una tradición cultural y musical de muchos lustros donde la lírica forma parte de su propia historia y la de toda Asturias, con una temporada de ópera estable desde 1948, siendo la segunda más antigua de España, más la no siempre querida zarzuela que este año alcanza sus bodas de plata en el llamado Festival de Teatro Lírico Español, de nuevo con solo dos únicas funciones pero manteniendo con el titular madrileño la única oferta permanente de nuestro género por excelencia. Por todo ello es lógico pensar que la afición al canto haya surgido de forma espontánea en nuestra tierra, se hayan formado cantantes que estamos exportando a coliseos no solo europeos sino sudamericanos y hasta orientales, siendo consecuencia de ello que también figuremos como objetivo no ya en la programación, igualmente necesario, sino también en la formación, esa que nunca finaliza.
La Castalia apuesta por formar nuevas voces en unos cursos que sigo hace años, y sus conciertos finales suponen no ya la prueba de fuego necesaria para todo cantante sino el escaparate donde ofrecerse para proyectos de todo tipo. Su directora artística y profesora Begoña García-Tamargo hizo una defensa de nuestras voces, pidiendo les den más peso en los repartos, así como una encendida apuesta por la zarzuela en Oviedo, plenamente exportable y poco defendida sin entrar en detalles ni responsabilidades, que haberlas haylas.

Este nuevo curso traía diez voces variadas con dominio de las mujeres, sobre todo sopranos (cinco), casi todas conocidas y disfrutando de un repertorio que siguen aumentando «hecho a medida» por y para cada una de las voces, todas distintas e igual de sacrificadas, eligiendo 23 páginas, todas ellas con el maestro Manuel Burgueras al piano, esfuerzo titánico también para él y seguro para todos por confianza y dominio de este repertorio con arias de óperas barrocas, belcantistas, Mozart siempre necesario y hasta contemporáneas junto a varias canciones llamadas de concierto en distintos idiomas igualmente necesarios para una educación permanente donde los avances mostrados por muchas de ellas desde el verano pasado o el anterior curso de noviembre, se notaron muchísimo.
Alumnado muy aplicado de distinto nivel inicial que trajeron como examen final un variado programa para un público que volvió a dejar pequeño el Palacio de los Condes de Toreno. Con leves cambios en el orden de intervención o de las obras, iré desgranando con leves comentarios y fotos de estas voces que ya comienzan a sonar fuera de nuestra tierra.

La mezzo María Heres está asentándose en un repertorio barroco que le va bien y abriendo velada con el aria Ombra fedele anch’io de «Idaspe» (R. Broschi) continuando el barítono Ricardo Barrul con Avant de quitter ces lieux de «Fausto» (Gounod) antes de retomar el orden que figuraba, casi aperitivos de sus posteriores intervenciones, pues Heres volvería avanzado el concierto con Vivaldi y Agitata de’ venti dall’onte de «Armida» y casi al final su incursión con el Rossini de «L’italiana in Algeri» y su Cruda sorte que le va muy bien por color, registro, agilidades ya trabajadas con el barroco, ampliando épocas siempre bien orientada.

El turolense Barrul sería quien cerraría velada con Mein Sehnen mein Währen de «Die tote Staadt» (E. W. Korngold) de voz que va tomando cuerpo en dos repertorios tan distintos como el romanticismo francés y el expresionismo alemán, mostrándose cómodo en ambos, notando clara mejoría desde su anterior visita.

De voz joven y capacidades por descubrir pero con un salto de calidad desde mi anterior escucha, la soprano mexicana Janet Zúñiga comenzó con Ridente la calma (Mozart) y Tornami a vagheggiar de «Alcina» (Händel), asentándose con desparpajo, afrontando agilidades sin miedo demostrando una capacidad de trabajo digna de elogio, ganas de aprender y avanzar que debemos aplaudir.

El barítono Pedro La Villa necesita soltarse físicamente, pues además de cantar se debe interpretar, escenificar, y Deh, vieni alla finestra del «Don Giovanni» mozartiano fue muestra de ello, no transmitió esa ronda a la amada, como tampoco el dolor de Finzi y la bellísima canción con texto de Shakespeare Come, away, come away, death, puede con ellas pero el siguiente paso es sentirlas, interiorizarlas y transmitirlas. Voz tiene para eso y más.

Tengo un cariño especial al Tríptico de canciones de Jesús García Leoz que tantas voces han llevado al disco y los escenarios, verdadera marca española para voz y piano que Burgueras siempre ha bordado y la soprano Canela García interpretó vocalmente faltando ese plus de vivenciarlas. Hasta los títulos son inspiradores, Por el aire van pide suspirarlo, De Cádiz a Gibraltar pasando por el puerto de Málaga invita al taconeo y A la flor, a la pitiflor unas olivas con picardía y salero.

Jugando con colores vocales dentro del recital prosiguió la mezzo Nerea González con dos páginas italianas que dominó sin problemas de extensión, expresión, idioma o sentimiento: Confusa smarrita de «Catone» (Pergolesi) y O notte, o Dea del misterio (N. Piccini), voz con aplomo y un registro grave que promete por color y emisión. Tomo nota para seguirla pues era «nueva en mi memoria».

El nivel iba aumentando y llegó el turno de la soprano ferrolana Carla Romalde (1993) con una de las arias más bellas y difíciles del belcantismo, Eccomi in lieta vesta… Oh quante volte de «I Capuleti e i Montecchi» (Bellini), emoción y gusto en una paleta amplia, generosa, con agudos naturales y desenvoltura expresiva que el piano de Burgueras aún le sumó enteros, demostrando que la formación no acaba y los repertorios crecen con el trabajo bien enfocado.

El tenor asturiano Adrián Begega optó por dos de las nueve «Songs of Travel» de Vaughan Willliams, Let Beauty awake y The roadside fire, bien cantadas aunque suenan mejor en otros registros y faltas de la emoción que sí tuvo con Lalo y el aria de «Le roi D’Ys» Puisqu’on ne peut fléchir… estando cómodo en ambos idiomas y con un color personal que sigue moldeando.

A la soprano Nora Chena puedo incluirla en la terna de «sopranos de otra liga» (con la ya comentada Romalde y Arvizu que será la siguiente) en cuanto al nivel y repertorio trabajado así como unas tablas que el tiempo y la experiencia suman a su favor. La vitoriana también escuchada en verano cantó el aria de Asapassia Nel grave tormento de «Mitridate re di Ponto» (Mozart) corroborando la engañosa facilidad de estas arias, agradecidas de escuchar y un tormento de trabajo que la soprano solventó con profesionalidad, y Goizeko eguzkiargiak (Los cielos me darán la luz) de «Mirentxu» (Guridi) que parecen ser exclusiva de quienes dominan el euskera como la propia soprano, aunque las melodías de su paisano siguen siendo universales.

Punto y aparte merece la abogada y soprano pamplonesa Inés de Arvizu que nos dejó tres muestras de su capacidad, técnica sobrada para una voz que se muestra cómoda en partituras tan distintas como las que remató más que preparar en este curso, dada la dificultad de todas: Ach, ich fül’s, es ist verschwunden, la Pamina de «La flauta mágica» (Mozart), Come, now a roundel de «Sueño de una noche de verano» (Britten) y Piangerò la sorte mia de «Giulio Cesare» (Händel), tal vez buscando probar y acertar en la elección donde las sensaciones son siempre muy personales. Impecable en las tres me decanto por el inglés sentido y poco agradecido para tanta belleza condensada en esa página con un piano orquestal y la voz entendidos como un todo.

De nuevo mis felicitaciones a La Castalia por seguir formando y enseñando valores líricos, así como a estas voces cuya pasión por el canto espero les permita vivir haciendo lo que más les gusta y poder disfrutar con ellas. No hay mayor satisfacción que encontrarse con los años figuras a las que vimos arrancar y formarse triunfando ya por el mundo.

De cañas con Möebius

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Sábado 27 de enero, 19:00 horas. Centro de Cultura Antiguo Instituto, Gijón, Los conciertos del taller: Cuarteto Möebius, presentación de su primer disco L’Actuel. Obras de: Emmanuel Sejouorné, Patrick Burgan, Víctor Vallés, Javier Vázquez, Jacob Ter Veldhuis, Javier Utrabo y Guillermo Lago. Entrada libre.

No podía faltar a la presentación del primer trabajo discográfico del Cuarteto Möebius, financiado desde Verkami, grabado en Quintes, muy cerca de Gijón durante el mes de agosto de 2015 con René de Coupaud como responsable técnico y seguro de calidad en todo el proceso, siendo editado con el sello La mà de Guido, cuatro saxofones «de casa» con distintas trayectorias donde no han faltado revisiones del barroco, pero apostando en este debut grabado por autores actuales, incluso con obras de encargo que pudimos escuchar en un salón completo con presencia de gente joven y hasta de un compositor que nos contaría su inspiración como apuntaré más adelante.

Tras las palabras de Eduardo G. Salueña, responsable del «Taller de Músicos» que sigue apostando por todo tipo de repertorio en su programa y la salida de los cuatro instrumentistas con sus saxos (Enrique Prieto, al soprano, Israel Bajo, con el alto,  Pablo De Coupaud, en el tenor, y  Clemente Vicedo al barítono), se apagaron las luces para sorpresa de los presentes y algún llanto infantil pronto acallado.

Luces que se movían, que se sumaban, restaban y multiplicaban siempre con ritmo, los cuatro músicos portando cada uno dos dispositivos de luces led con una puesta en escena ideal para abrir este concierto: Vous Avez Du Feu? de Emanuel Sejourné (Limoges, 1961).

Y después de la originalidad inicial, el cuarteto pasó a interpretarnos seis temas del CD comenzando con Miniatures de Patrick Burgan (1960), obra estrenada por el cuarteto o Quatuor Diastema en Valencia allá por 1997, seis cuadros espaciales por los cambios de ubicación desde las cuatro esquinas hasta las sillas con todo el juego sonoro de saxos percusivos, guturales, rítmicos, polifónicos y hasta afónicos (titulados Funèbre, Fluide, Plaintif, Fougueux, Frémissant y Precipité) en un despliegue de expresionismo saxofónico que los asturianos han traducido y adoptado como suyo.

De-Construccions de Víctor Vallés Fornét (Vergel, Alicante, 1984) tal cual indica el título, “re-construcción” tras la “de-construcción” de J. S. Bach, padre de todas las músicas, más concretamente del sujeto de su Fuga en mi menor («El Clave Bien Temperado» I), toda una labor compositiva usando diversas técnicas que crean sonoridades peculiares verticales (armonía) y horizontales (tiempo). Un lujo esta obra encargada al compositor alicantino por y para el Cuarteto Möebius.

Desórdenes 3: Melancholia (2015) de Javier Vázquez Rodríguez) se estrenó en Estrasburgo durante el XVII Congreso Mundial de Saxofón celebrado en el mes de julio de ese año por «Los Möebius» que se la encargaron a su paisano. Partiendo del reconocible Preludio del Tristán wagneriano, que también sonaba en la película «La melancolía» (Lars von Trier) y una experiencia depresiva cercana al compositor son las fuentes de inspiración de la obra de Vázquez, arreglista, saxofonista, enamorado del cine y tan gijonés como el cuarteto. Perfectamente explicado por el autor a todos los presentes para buscar una mejor escucha, así como en el propio proyecto Verkami, resulta impresionante cómo puede plasmarse musicalmente todo el proceso interior y psicológico con los saxofones, capaces de gritar, temblar, relajarse, recuperando el tema wagneriano sin perder identidad propia y usando los glissandi cual dolor indescriptible. Bravo por Javier capaz de integrar géneros variados desde una base académica seria con un lenguaje muy personal, pues este tercer desorden pienso que nos conmocionó a muchos de los presentes.

Tras una breve pausa para recuperar aliento y líquidos llegaría el Take a Wild Guess (2007-08) del holandés Jacob Ter Veldhuis «Jacob TV» (Westerlee, Países Bajos, 1951) sobre un «soundtrack» o base pregrabada con bajo y percusión, hablada casi «rapeada», plenamente actual y jazzística avanzando temáticas de ritmo superpuesto coprotagonizado por la grabación incluida en la obra con un perfecto encaje del cuarteto con el audio al alcance de muy pocos.

El Tríptico de Javier Utrabo (Granada, 1981), siguió enriqueciendo ambientes sonoros, I con recuerdos de órgano por tímbrica y acordes que se «desparraman» con la melodía cantando sobre ellos y esa II Nana única titulada más III con el soprano llevando al trío rítmico y contrapuntístico tejiendo un verdadero lecho de sonidos este cuarteto al que los muchos años de trabajo conjunto le dan un plus de calidad sonora y un empaste único.

Concluirían con Ciudades de Guillermo Lago (seudónimo del holandés Willem Van Merwijk, Bemmel, 1960), eligiendo cuatro fotografías musicales reconocibles por ambiente y callejeo temático, cultural, folclórico, sentimental, adorables, distintas y unidas por la óptica viajera de un particular itinerario sonoro planificado por Lago. Acentos e idiomas traducidos al saxo, Córdoba flamenca, Sarajevo herida, Köln eterna y reposada como la parada final tras el agradecimiento de la Addis Abeba soñada, salvaje y africana con óptica europea.

Bravo por el Cuarteto Möebius y su L’Actuel verdaderamente contemporáneo y atemporal por calidad.
De propina el Patchwork de Philippe Geiss (1961), verdadero virtuosismo vocal e instrumental, con aires de jazz «Coreano», corales y saxos en cuarteto al que le espera largo recorrido.

Y por solo 10 € me he traído el disco que ahora suena en la cadena tras recrear el concierto.

Vigor y rigor

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Sábado 20 de enero, 20:00 horas. Conciertos del Auditorio, Oviedo. Philharmonia de Zúrich, Fabio Luisi (director). Obras de Beethoven y Tchaikovsky.

Sábado de auditorio lleno con un programa tanto para melómanos exigentes como para público en general más acostumbrado a lo que se podría llamar «El Top 10» e incluso «Las 40 principales» ya que los autores y obras más escuchados suelen ser los mismos y no solo en las orquestas españolas, siendo todavía extraño escuchar obras que hace cien años eran vanguardia y hoy ya no lo son; no hablemos ya de estrenar obras de autores vivos, y por supuesto acostumbrar el oído a nuevos sonidos. Lo curioso es encontrarnos aficionados que degustan nueva cocina, acuden a estrenos cinematográficos, compran las últimas novedades en lectura pero siguen prefiriendo los autores del clasicismo y romanticismo, supongo que siempre más «llevaderos» y puede que socialmente muy bien visto como ahora visitar museos (se entiende de los pintores «de siempre» aceptando como «vanguardias» a Botero o Antonio López por poner dos ejemplos de colas para visitar sus exposiciones). Así que Beethoven y Tchaikovsky siguen siendo rentables de alquilar sus obras para orquesta sinfónica y aseguran menos toses que un centenario Debussy al piano (Barenboim llena independientemente de lo que toque porque a él nadie le tose), siendo dos sinfonías un buen reclamo aunque no igual de escuchadas ni grabadas.

Oviedo no tiene un lago ni gobernantes con visión cultural como Zúrich, pero al igual que la capital asturiana, la ciudad suiza tiene dos orquestas, surgidas de la escisión de la histórica sala de conciertos y el teatro, la Tonhalle que mantiene el nombre del teatro y la Orquesta de la Ópera de Zúrich (1985) hoy conocida como  Philharmonia de Zúrich, con el director genovés Fabio Luisi de titular desde 2012, que venía desde Madrid pero sin la pianista Hélène Grimaud, en esta gira española que apostó por el repertorio «popular» y emergiendo del foso mientras aumentaba la plantilla para poder mostrar músculo. Hubiera estado bien «prolongar» el concierto del viernes con el cuarto de piano en vez de «la octava del sordo» y manteniendo «la quinta del ruso» porque hubiese sido el argumento perfecto y no previsto para dos días consecutivos en el misterioso auditorio carbayón, aunque supongo que agendas y/ o cachets lo impidieron.
Tras lo comentado, en principio dudé titular la entrada «Para todos los públicos» pero me decanté por la de «Vigor y rigor» un poco por tirar de este hilo argumental que paso a desarrollar al tratarse de dos sinfonías tan distintas, dos mundos y personalidades tan bien descritas por Luis Suñén en las notas al programa (enlazadas al inicio en los autores).

La Sinfonía nº 8 en fa mayor, op. 93 (Beethoven) mostró una plantilla generosa en la cuerda (permutando violas y chelos) pero bien equilibrada con el viento, con más vigor que rigor del esperado, con un inicio –Allegro vivace e con brio– que pareció pillarles por sorpresa, raro en un Luisi que también dirige en Dinamarca y es una de las batutas más consolidadas del panorama directorial, pero el mejor escribano echa un borrón. Algo más encajado resultó el segundo movimiento Allegretto scherzando, homenaje a su amigo Johann Mälzel, no el inventor del metrónomo como siempre se nos contó sino que se aprovechó de la idea contemporánea de Dietrich Nikolaus Winkel como bien recuerda Suñén y hasta Wikipedia), movimiento encajado cual mecanismo de reloj suizo pero sin fuego ni pasión, retomando calidades y algo de temperatura en los dos últimos, el Tempo di Minuetto con unas trompas bien templadas y el Allegro vivace final que presenta el genio de Beethoven en estado puro aunque suizos y genovés volvieron a delinear de forma pulcra, limpia pero sin poner toda la carne en el asador, calidad sonora y rigor pero solamente vigor pasando hoja. Parece que Beethoven con los suizos no cuaja ni siquiera con «La Grimaud».

Rigor y vigor lo pondría la Sinfonía nº 5 en mi menor, op. 64 (Tchaikovsky) mucho más rodada en esta gira, a diferencia de la octava y confirmando ese dicho anónimo de «no hay quinta mala», más efectivos en un despliegue instrumental puramente sinfónico, aquí agradeciendo esa amplia cuerda que permitió al viento poder lucirse en todas las dinámicas, como le apuntaba a la prensa, con «músculo en cuerpo y alma». Y es que esta quinta tiene todo para seguir siendo seguro de éxito cuando se cuenta con efectivos e inteligencia para dirigirla dadas las exigencias tanto anímicas como técnicas indicadas incluso en los propios «aires» de cuatro movimientos que parecen multiplicarse por los constantes cambios de ritmo, compás, dinámicas, texturas, en un claroscuro continuo, romántico y angustioso, vigorosa montaña rusa (y perdón por el juego de palabras) de emociones contrastadas y nada contenidas por parte de Luisi y los operísticos de Zúrich que emergieron como las grandes formaciones de foso y más contando tanta historia.

Así fueron desgranándose: El I. Andante – Scherzo: Allegro con anima, enamorando el arranque de una madera deliciosamente ensamblada y con dinámicas muy logradas antes del «alma» exigida a esa broma rápida, unos pizzicati redondos y presentes como los arcos enormes bien contestados por el viento. El conocidísimo y hasta versioneado por Sinatra II. Andante cantabile, con alcuna licenza – Non allegro – Andante maestoso de tantas indicaciones como se puedan interpretar y así lo entendió el director genovés con sus músicos atentos, bien el solo de trompa por sentido y dificultad pero sublime y emocionante Rita Karin Meier con el clarinete por sonido e intención.
San Petersburgo no era Viena pero el III. Valse: Allegro moderato con patrioso fue ruso e imperial, la firma inequívoca de los ballets del ruso con o sin foso en una nueva demostración de calidades, timbres, texturas, juego de agógicas y dinámicas para finalizar con ese inmenso hasta en el título cuarto movimiento: IV. Andante maestoso – Non Allegro – Presto Furioso – Allegro maestoso – Allegro vivace – Scherzo: Allegro con anima, de nuevo las emociones desde la música, preguntas y respuestas concisas, el equilibrio de las dinámicas donde la delicadeza también alcanza la fuerza (bien los timbales de Renata Walzyna), un director convencido de principio a hasta alcanzar el clímax emocional y sonoro, éxtasis sin descontrol con su casi instantánea respuesta de aplausos atronadores rematando una noche de claroscuros románticos, calores gélidos y hielos subyugantes.

P. D.: Fotonoticia del diario La Nueva España.

Beethoven escoltando a los rusos

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Viernes 19 de enero, 20:00 horas. Auditorio de Oviedo, Concierto Extraordinario OSPA: Real Filharmonía de Galicia, Lars Vogt (director y piano). Obras de Beethoven, Prokofiev y Stravinsky.

Excelente concierto para poco público el ofrecido por la orquesta afincada en Santiago en concierto de «intercambio» con nuestra OSPA (que devolverá visita el 8 de marzo) pese a tener los abonados entrada gratuita, la hoja de aviso previo y hasta anunciado en el nº 19 de la revista. Y una lástima porque hubo calidad no recompensada como debería al igual que hace 9 años cuando Lars Vogt debutaba en este mismo auditorio dentro de las Jornadas de Piano «Luis G. Iberni» con similar aforo al de este viernes. Nunca entenderé al público de Oviedo que se ha perdido un programa lleno de momentos únicos y sin muchas toses, que alguna ventaja tiene no llenar las butacas.

Hace años que sigo a la Real Filharmonía de Galicia, que también había pasado por Oviedo, y la semana pasada la dirigía mi admirado Manuel Hernández Silva, invitado de la orquesta compostelana desde hace varias temporadas y con un concierto muy distinto al que trajeron este viernes a la capital astur, demostrando la versatilidad de una formación casi de cámara que siempre se ha caracterizado por la calidad de todas sus secciones, despuntando en el llamado «repertorio clásico» sobre todo gracias a una sonoridad que podríamos definir como aterciopelada por reunir consistencia y suavidad desde todos los colores posibles, redondez en la cuerda siempre clara y precisa, amplia gama de matices con sutiles pianísimos y fortísimos sin estridencias con un viento madera equilibrado junto con los metales a pares. Sumemos la musicalidad exigida y demostrada en Oviedo para sentir con el piano y nos encontramos con una de las mejores orquestas españolas, casi todas con más de 20 años de existencia luchando contracorriente pese a las circunstancias adversas y los mayoritariamente «miopes culturales» de los regidores públicos.

Lars Vogt volvía a Oviedo desde Santiago en su doble faceta de solista y director, con la ventaja de tener el control (casi) total de la interpretación, dejándonos dos conciertos de Beethoven poco transitados (el segundo y tercero) que el propio pianista alemán ya ha tocado y dirigido, esta vez con la complicidad de un concertino de lujo, escoltando a dos rusos sin más obligaciones que pilotar esta nave gallega para compartir deleite, primero un ruso «clásico» y después el más actual por transgresor e inspirado contando solamente con una cuerda envidiable.

La Sinfonía nº 1 en re mayor, op. 25 «Clásica» de Prokofiev mostró lo vigente de un estilo que dominó toda la velada y alcanzó altas cotas de calidad precisamente por una formación disciplinada y esmerada en el sonido, para una forma orquestal de libro por los cuatro movimientos no muy extensos pero muestrario ideal del academicismo ruso recién finalizada la Primera Guerra Mundial y estrenada en Petrogrado por el propio compositor. Vogt fue desgranando con corporalidad más que batuta un Allegro valiente, posado y preciso desde un humor intrínseco y casi danzarín, un Intermezzo. Larghetto reposado para deleitarnos con el empaste y sonoridad de «los gallegos» con amplias dinámicas, la Gavotte. Non troppo allegro literal y de nuevo bailable, amarrando y templando el maestro alemán la elegancia sonora antes del Finale. Molto vivace que sirvió de sintonía radiofónica y de virtuosismo por parte de esta orquesta del Consorcio de Santiago antes del merecido descanso con una partitura que ya echaba de menos.

No se perdió intensidad ni calidad en el Concierto en Re «Concierto Basel» de Stravinsky donde la cuerda emergió bien llevada por las manos de un Vogt que disfrutaba tanto como sus músicos y los elegidos, primeros atriles en perfecta sincronía de texturas con el resto, carnosa e hiriente, actual y en el «tempo giusto» para poder paladear toda la riqueza de esta maravilla casi camerística a cargo de la sección de cuerda de la RFG, de lo mejor que podemos encontrarnos hoy en día por estos lares.

Beethoven abriría y cerraría velada con dos conciertos no muy programados y el propio Lars Vogt de solista (como solo los grandes se atreven) dirigiendo con miradas, gestos, disfrutando las cadencias y en perfecto entendimiento con sus acompañantes, primero y de aperitivo el Concierto para piano nº 2 en si bemol mayor op. 19 al que tardó en tomarle el pulso pero una vez encajado sacarle el mayor partido posible. Algo turbio el pedal y ligeros desajustes iniciales entre violines primeros y segundos (enfrentados) puede que por exceso del «brío» que lleva el Allegro, no fue impedimento para un segundo casi mozartiano, clásico y juvenil aunque asomando el sello personal del de Bonn que su compatriota entendió visto cual diálogo y escucha mutua desde el piano, asentado plenamente en el Adagio donde el solista se deleitó en un sonido intimista más que brillante brotando en el Rondó. Molto allegro bien arropado por ese terciopelo gallego casi cual blanco satén.
Mucho mejor en concepción, complejidad e interpretación el Concierto para piano nº 3 en do menor, op. 37, todavía clásico y «deudor» del mejor Mozart pero exigente y plenamente beethoveniano con ese inicio casi sinfónico y un piano más protagonista que Vogt así demostró, marca de la casa nuevamente bien vestido por una orquesta ideal para este repertorio que se rindió al solista siempre mandando en tiempo e intenciones.

La propina de un pianista y deseándonos buenas noches nada mejor que Chopin y uno de sus nocturnos póstumos preferidos, el Nocturno en do sostenido menor (Lento con gran espressione) que nos devolvió al Vogt que recordaba un febrero de 2009 en mis inicios «blogueros»… La música parece acortar el mismo tiempo que nos alarga la vida con momentos como estos.

P. D.: Mi reseña en La Nueva España.

Espiritualidad metafísica para recordar a Rober

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Viernes 12 de enero, 20:00 horas. Auditorio de Oviedo: «Inspiración I», abono 4, OSPA, Rossen Milanov (director). Obras de Wagner, Vaughan-Williams y Bruckner.

Mi querido Eduardo G. Salueña escribe las notas al programa (enlazadas arriba en los autores) del cuarto de abono de la OSPA con el que abríamos año antes de sumergirse con Debussy en el foso, pero también nos ofreció una conferencia previa al concierto titulada «Metafísica y espiritualidad en el lenguaje orquestal» llena de sabiduría, guiños cinematográficos y verdadera lección para disfrutar de las obras programadas para una OSPA diríamos que Gran Reserva como los vinos por el tiempo de maduración necesario para afrontar un programa que bien podría haber tomado las primeras palabras del conferenciante y tentado de hacerlas mías.

Tras el paréntesis navideño donde el destino volvía a jugarnos una broma macabra llevándose al trompa Roberto Álvarez, no podía faltar en este regreso y fuera de programa el homenaje de la sección de trompas, hoy nueve con las cuatro tubas wagnerianas (interesante como siempre OSPATV) preparadas para la novena bruckneriana eligiendo un arreglo sincero, sentido y cálido del famoso «Coro de Peregrinos» del Tannhäuser, con rosa roja en las solapas, elegancia y recuerdo del amigo Roberto, compañero siempre vivo en la memoria y más cuando la música era su pasión, eterna como sus acompañantes este viernes: Ricardo, Ralph y el propio Anton, Momentos memorables porque al igual que nuestro recordado trompa «el perdón le llega al poeta al morir junto al féretro de Elisabeth, por el triunfo del amor…» y «cómo Richard Wagner supo darle una intensidad, como se diría divina» (de Fernando Cansado Martínez en Operamanía), bien traído como inicio y final unidos por la metafísica espiritual, espiritualidad metafísica o ambas, que todo y más puede resultar un concierto.

La Fantasía sobre un tema de Thomas Tallis (1910) de Vaughan Williams puso la calidad sin necesidades metafísicas al contar exclusivamente con la sección de cuerda, la que da solera a este vino musical servido casi con arreglo a los cánones: tres bloques intentando emular sonoridades organísticas en iglesias, orquesta de cámara al fondo, más la orquesta de cuerda y el cuarteto solista (integrado con el resto) pero capaces igualmente de hacernos fantasear con la música del inglés, devolvernos las calidades y ambientaciones que esta joya británica guarda, siendo tan utilizada en el cine como bien nos recordó el doctor Eduardo, desde Master and Commander hasta Remando al viento (del asturiano Gonzalo Suárez) por mostrar dos momentos memorables donde los directores ponen sus imágenes a esta música más que la inversa, aunque también podríamos hacer metafísica con el tema. Un placer degustar la cuerda bien servida y a la temperatura adecuada, con mención especial a Vasiliev, Corpus, Moros y von Pfeil, cuarteto aterciopelado cual cristalería ideal.

La espiritualidad no exenta de carga religiosa la suele poner casi siempre Bruckner, más en esta inacabada Sinfonía nº 9 en re menor (WAB 109) que nos deja ese extraño sabor de boca esperando rematar el Adagio final tras un «misterioso» primer movimiento que no alcanzó a contagiar ambiente aunque el enólogo acertase plenamente, y un Scherzo algo más lento de lo esperado como buscando paladear las pulsiones con que el «sommelier» intenta convencer al cliente, olvidando que no todos tienen igual olfato ni memoria gustativa, que la cata también tiene su arte, así como que todo cocinero no tiene necesariamente que entender de vinos, aunque ello suponga un plus. Al menos no se estropeó ese último trago, poderosamente mágico, variado, íntimo y hasta metafísicamente lírico, con regustos del Tristán wagneriano y la novena beethoveniana con aromas de pastoral, dejando que todo brillase olvidando que la contención es una virtud (la instrumentación parece exigirla), y si no que se lo dijesen al bueno de Anton, célibe toda su vida pese a estar prometido pero encontrando disculpa de diferente religión para así anular un compromiso con el que no parecía estar convencido ni preparado a su edad. Todos los elementos de este gran reserva sinfónico se (com)portaron correctamente, especialmente implicada la sección de trompas alcanzando momentos esplendorosos donde ellos encontraron la dinámica perfecta mientras el equilibrio se logró por la profesionalidad y trabajo de unos músicos de cepa inimitable y largo recorrido. Qué gran vino si el sumiller lo hubiera dejado airearse, servirlo en su punto y no apurar la botella porque olvidó que todas son únicas.

Lógico recordar y brindar con Mahler: «Un vaso de vino en el momento oportuno, vale más que todas las riquezas de la tierra». Así sea.

Carta a SS. MM.

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Muy señores nuestros, si ustedes me permiten este correcto el trato epistolario:
Como todavía me queda algo de inocencia (serán los años), lo único que les pido a Los Magos (lo de reyes sigo sin llevarlo bien por esta tendencia mía a La República) tras los pasados «Años Mahler» sin lograrlo, es poder escuchar en Asturias la Octava Sinfonía «De los Mil» con todas nuestras orquestas (OSPA, OvFil, la Filarmónica de Asturias, la Universitaria ya renacida, la OCAS, nuestros coros («El León de Oro», grandes, chicas doradas y peques, igual que el de la Fundación Príncipe y también la Escolanía San Salvador…) con nuestros solistas, que tenemos un montón y de primera en mi querida Asturias donde elegir: Beatriz Díaz, Elena Pérez Herrero, Ana Nebot, Mª José Suárez, Lola Casariego, Alejandro Roy, David Menéndez, Miguel Ángel Zapater, Juan Noval-Moro… (algunos «adoptados» o directamente de nuestra familia cordobesa).
Mantengo mi ilusión de tener a Pablo González como director de un acontecimiento que me copióDudamel, al que le perdono todo… incluso que mi tocayu lo llevase a Barcelona en sus años como titular.
Pablo González y Mahler .
Es la ilusión infantil en este día aunque tampoco quiero olvidarme de Forma Antiqva, para quienes vuelvo a pedir un Grammy clásico (se lo merecen, sobre todo los hermanos Zapico, que en el recién acabado 2017 siguieron «a tope» y haciendo historia siempre volando desde casa, con nuevo disco en el horno a pesar de su obligada mudanza de la capital).
También sigo recordando a mis queridos pianistas con la mierense nacida en la capita Carmen Yepes a la cabeza (trabajado duramente desde Madrid), sin olvidarme de Judith Jáuregui o Diego Fernández Magdaleno.
Mantengo ilusión y pido más composiciones de Rubén Díez, no sé si por fin la zarzuela marinera, ya que de Jorge Muñiz nos llegará su Fuenteovejuna al Campoamor, y del siempre «redescubierto» Guillermo Martínez o de Gabriel Ordás me consta que este 2018 seguirán inspirados y en su línea de estrenos.
Por no perder la esperanza pido para los llamados «gestores culturales» que se olviden de su otra crisis, la intelectual que parece contagiosa como la gripe, y den mucho más trabajo a los de casa, no por patriotismos sino por calidad contrastada, incluso cambiar alguna vez de agencia de contratación… y sobre todo ¡no más recortes ni cierres!.
No sé si ya les han escrito pidiendo para mis violinistas favoritos (Ignacio Rodríguez, y María Ovín aún en la OSPA) para traerles mucho éxito en sus trabajos fuera o en casa, aunque yo me sumo a esos mismos deseos, y de lo pedido en años pasados faltaron muchas cosas (supongo que por pedigüeño) pero a mi edad no tengo freno, parece que me hizo la boca un diputado…
Para mi adorada Beatriz Díaz ya les escribiré otra carta porque se merece todo lo que traigan en 2018 y más. Además de darles las gracias e nuevo por Luca, por su vuelta y triunfo en la ópera ovetense con Elisir (el veneciano me lo bebí directamente en La Fenice), por ese nombramiento como «asturiana del mes«, esperando también lo sea de este año y que llegue pronto esa Mimí, a ser posible en el Teatro Real de Madrid aunque en Italia saben que es muy querida y Londres, Nueva York o Viena aún no se hayan enterado… pero Vds. lo saben por ser Magos.

Para la Ópera necesitaría otra carta de adulto, pero mi mapá dicen que ya está bien de pedir… al menos mantener ópera y zarzuela porque suprimir la gala de los Premios Líricos Campoamor y sin encontrar relevo fue lo que menos me ha gustado del pasado año (que se haya ido mi papá tampoco pero supongo que irá en el apartado de quejas y no cartas del día de hoy).
A todos mis amigos músicos repartidos por el mundo les mando siempre «MUCHO CUCHO®» antes de cada actuación, normalmente de vaca asturiana, y podría escribir una carta más detallada para tantos que tengo repartidos por el planeta (para que luego digan de la «maldición» ENTRE MÚSICOS TE VEAS).

Mientras tanto espero que la palabra corrupción vaya desapareciendo de nuestra cotidianidad y que la crisis pase hoja definitivamente y se olvide de la MÚSICA y de toda la CULTURA en general, donde «recortes» o «supresión» se escuche menos que «Cataluña» ¡lo qué ya es decir!, para este año 2018 que acaba de nacer, aunque nuevamente parezcan estar «duros de oreja» (supongo que con el 151, los tripartitos de tonada y demás «ocurrencies de oficalidá» no tendrán ni para un sonotone y la edad no perdone).
A propósito, si pudieran derogar la Ley Wert (ya casi nadie se acuerda de su dorada estancia parisina tras dejarnos la música en la educación como ínfima y optativa), entonces tiraría fuegos artificiales… pero ya ven que no está entre las peticiones musicales, ni siquiera que algún día en «esta España nuestra» que cantaba la recordada Cecilia (no la Santa sino la Evangelina) se alcance un pacto de estado donde la educación sea inversión en vez de gasto y prime el menos común de los sentidos en vez de la partitocracia e independentismos que intentan reescribir la historia a base de tantos eufemismos que hasta a la mentira la llaman posverdad.
Gracias señores majos y Magos (de donde vengan y utilizando el transporte que tengan sin entrar en cabalgatas municipales de las que mejor no opinar) por seguir llenándonos de esperanza e ilusiones.
Pablito, 12 años.

Pamplona bien vale una misa

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Este año los docentes asturianos volvíamos a tener «puente» tras anteriores cursos donde dábamos saltos lectivos por una semana donde se celebran pegadas una festividad laica y otra religiosa. Para un melómano viajero, o viceversa, nada mejor que una escapada a la capital navarra para conjugar ocio personal y negocio ajeno (mi sufridora es autónoma), uniendo amistades con quienes compartimos muchas historias con la disculpa gastronómica donde no falta la música.

Callejear por Iruña siempre es un placer cualquier estación del año, de su despensa variada todo un emporio y de su cocina para viaras enciclopedias. De San Fermín decir que es casi una religión mundial, y de sus alrededores daría para muchos días, aunque merece visita especial Alzuza, donde se yergue imponente el Museo Fundación Oteiza para terminar en el valle de Esteribar camino de los Pirineos, tras pasar por Eugi, comiendo un arroz negro en el restaurante del Hostal Arrobi Borda, casi cita obligada, porque no todo es comer chistorra ni pinchos excelentes en el casco viejo.

De vuelta se puede visitar el Museo Pablo Sarasate, dedicado al músico navarro más internacional junto a Julián Gayarre, quien da nombre al teatro capitalino, o el Palacio de Congresos y  Auditorio Baluarte donde además de mucha y buena música también había exposición de belenes.

El viernes 8 de diciembre la Santa Iglesia Catedral de Santa María celebró la festividad de la Inmaculada Concepción de la Virgen María con una solemne eucaristía a las 12 del mediodía presidida por el arzobispo de Pamplona y obispo de Tudela el burgalés Don Francisco Pérez Gonzalez, y concelebrada con todo el boato de la efeméride mariana donde no puede ni debe faltar la música para vestirla de toda la solemnidad posible esta joya del gótico totalmente restaurada.

Además del deán organista Julián Ayesa y la histórica Capilla de Música de la propia catedral pamplonesa dirigida por su admirado, veterano y siempre vital chantre Aurelio Sagaseta (Iturén, 1935) también intervino la orquesta de cámara Ensemble 4.10 perteneciente a la Escuela de Música Joaquín Maya que nos dejaron obras de Nemesio Otaño, Mozart, Pascual Aldave, A. Sagaseta, parte del ordinario de la misa de Tomás Aragüés Bernard pero especialmente el final de la eucaristía donde hubo bendición papal con indulgencia plenaria y la aparición de los Seises o Infanticos de la Catedral con el llamado «baile de respeto» ante la imagen de Santa María la Real mientras escuchábamos el Villancico a la Virgen del Camino (1834) de Hilarión Eslava, conocido popularmente en Iruña como «Las sevillanas«, o Danza de los Seises, esta vez sin castañuelas, uniendo la capital hispalense y Pamplona por parte del sacerdote y músico de Burlada, con una tradición secular que atrajo una verdadera multitud para disfrutar un acontecimiento único en fechas muy señaladas como esta de La Inmaculada.

No faltaría tampoco una cena coloquio como tantas otras que hemos disfrutado a lo largo de la geografía nacional, aunque esta de la capital navarra fuese especial al ser invitado como «conferenciante», hablando como no podía ser menos de música y viajes, interiores y reales con la disculpa de todo melómano que encuentra eventos allá donde va.

Sirva esta entrada como ejemplo y gratitud por hacerme sentir Pamplona como mi casa y mis amistades una gran familia donde no faltó la tía Basi, de Asiáin, que nos enseñó su libreta fechada en febrero de 1938 donde hacía su resumen de los conocimientos adquiridos por una mujer de 14 años entonces nada habitual, conservando una memoria privilegiada, comentando cuánto había cambiado el mundo y con una alegría de vivir contagiosa.

Nos vemos en la próxima escapada y prometo contarla.

Gafados con el piano

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No es habitual llegar a la capital y que a punto de entrar al auditorio avisen de una cancelación, pero este primer domingo de diciembre el esperado concierto de la pianista Kathia Buniatishvili (Batumi, 21 junio 1987) se suspendía tras sentirse indispuesta en el propio auditorio ovetense, con una apretada agenda este mes.

Una lástima porque la expectación por escuchar a la giorgiana de apellido impronunciable era grande incluso entre un público no habitual de estos eventos con quien el marketing parece funcionar, e incluso fomentado por uno de los patrocinadores de estas Jornadas de Piano «Luis G. Iberni» (al que hoy se le recordaba por su irreparable pérdida hace diez años) que disponía una página completa de cotilleo sumándose a quienes han llegado a llamar a la menor de las Buniatishvilli (en la onda de otras pianistas hermanas como las Pekinel o las Labèque) con titulares como «la Beyoncé del piano» o «rockstar del piano» visitando platós de todas las televisiones europeas, verdadera estrella mediática que se defiende y desenvuelve con soltura y sin problemas en casi todos los idiomas: francés, alemán (los años en Viena se notan), inglés o el ruso natal, desconociendo si también hablará nuestro idioma.

Al menos nos quedan sus grabaciones y apariciones en YouTube© tanto de solista como de excelente pianista camerística y no digamos con orquestas y batutas de primera, igualmente mediáticas como la bella georgiana. A mal tiempo buena música buscando el vaso medio lleno que no compensará la devolución del dinero ni el cambio de fechas caso de lograrse.

Para los amantes del piano el programa que traía Kathia era para impactar, «los Cuadros» de Moussorgsky junto al Liszt endiablado de las rapsodias española o húngara y las reminiscencias más que evocaciones rozando lo sobrehumano del «Don Juan» de Mozart tan de moda en tiempos del abate que muchos otros virtuosos ofrecen como carta de presentación.

Esperando que los excesos no pasen factura, como con Lang-Lang, que la belleza y «glamour» de colegas de Kathia como Yuja Wang vayan parejas no por listas al uso sino por sus interpretaciones y sin ser supersticiosos habrá que «pasar el agua» al Steinway del auditorio, aunque virus, farturas, gripes o desmayos llenan también portadas y cancelaciones, más en el mundo lírico pero que con los pianistas en Oviedo mejor tocar madera, esperando por Barenboim en enero (pues de Zimerman, Martha Argerich o Maria Joao Pires mejor pasar página o cruzar los dedos pero propios, no ajenos), aunque Oviedo sigue siendo capital de las 88 teclas desde hace lustros y en España «la Viena del Norte» por su oferta musical única a la que parece comienzan a salirle novios.
Por el Campoamor y el Auditorio han pasado verdaderas leyendas y promesas que han llegado a estrellas, incluso siendo despedidas de intérpretes irrepetibles. Empezar diciembre compuesto y sin novia no es entrar con el pie derecho…

Destellos del alba

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Viernes 1 de diciembre, 20:00 horas. Auditorio de Oviedo, Abono 3 «Espiritualidad I«, OSPA, Pablo Ferrández (cello), Rossen Milanov (director). Obras de Vázquez del Fresno, Elgar y Mendelssohn.
Desde niño llevo admirando al gijonés Luis Vázquez del Fresno (1948) primero como pianista y después como compositor, habiendo escuchado por él mismo algunos estrenos como sus Audiogramas en la Filarmónica de Mieres que presidía Luis Fernández Cabeza, enseñándome nuevos recursos del piano, preparado se decía entonces, que me ayudarían al acercamiento de lo que se llamaba música contemporánea o vanguardia, así como sus acercamientos a nuestro folklore con el tenor Joaquín Pixán, guardando como un tesoro el LP dedicado y en la memoria la presentación.

El tiempo nos da otra visión del pasado, derriba muros o quita calificativos pero mi devoción por el maestro Luis no ha cambiado salvo que sigue en aumento, por lo que poder escuchar el estreno (en Avilés el día antes) de una obra suya siempre es un placer, y esta vez Florilegio del alba, op. 53, una suite sinfónica (2001-2017) mientras esperamos el estreno de la ópera La dama del alba prometida por las «autoridades» muchas veces e incumplido como en ellas es tristemente de esperar. Me gustaría escucharla en vida del compositor porque mientras, nos debemos conformar con materiales de ella, caso de esta suite tan asturiana e internacional como Alejandro Casona, nuestra OSPA o el propio Vázquez del Fresno, un aperitivo a modo de «trailer» con seis números dignos de interpretarse por cualquier orquesta de fama mundial o de llevarse al disco porque calidad desborda toda ella. De la ópera supongo que no es solo cuestión económica porque material humano en nuestra Asturias para ponerla en pie hay más que interés por parte de los gestores.

No quiero tanto analizar una partitura que no conozco, dejando el recorte de La Nueva España de Andrea G. Torres sobre el estreno de ayer, y el enlace a las notas al programa (arriba) de Daniel Moro Vallina, sino las sensaciones sentidas desde mi butaca, música para paladear que abarca distintos lenguajes fácilmente entendibles y dominados por el maestro gijonés desde una instrumentación donde además del piano preparado (que me devolvió al Mieres de mi infancia), el arpa o una percusión rica y variada, aparecía en la madera el saxofón junto a metales y cuerda perfectamente equilibradas en número, volumen y dinámicas variadas. Números con «estética» de los años cincuenta conviviendo con rítmicas o melodías de aroma astur o tributo orquestal al amado Debussy del que Luis Vázquez del Fresno ha sido embajador y casi traductor en sus dos facetas de profesor y concertista, junto a Messiaen, pero siempre con la firma original del asturiano, pues todos tienen un bagaje que influye a la hora de componer y de interpretar. Este alba luminosa fue leída con cariño por unos intérpretes que la sienten por cercanía geográfica y musical, con un Milanov atento especialmente a los matices que la orquesta asturiana puso en esta suite, agradeciendo el autor los merecidos aplausos que le obligaron a subir por dos veces al escenario.

El toque británico en cuanto a elegancia, saber estar, educación, musicalidad, porte, sobriedad, emociones interiorizadas huyendo del puro espectáculo, lo pondría el Concierto para violonchelo en mi menor, op 85 (1919) de Sir Edward Elgar en manos de un Pablo Ferrández (Madrid, 1991) cuyas interpretaciones en Oviedo (2013 y 2014 las tengo contabilizadas y reflejadas, antes de su eclosión en 2015 tras ganar el Concurso Tchaikovsky) con la OSPA y Milanov siempre me han resultado impactantes por unir una técnica prodigiosa y unas visiones atrevidas muy trabajadas junto al sonido de «sus» cellos, primero el impresionante Stradivarius «Andrea Castagneri» de 1733 y después el «Lord Aylesford» (de 1696) propiedad de la Nippon Music Foundation que presta sus tesoros a jóvenes intérpretes de primera con impacto internacional, como el español, quien volvió a revolver nuestro interior por su impactante pegada, sus armónicos y la cascada de musicalidad del solista madrileño. Siendo uno de los conciertos más famosos para cello y orquesta, con grabaciones e intérpretes de referencia, personalmente firmo este ovetense como inolvidable hasta el día de hoy, más tras escucharle en OSPATV que no le gustaba en sus años de estudiante. Está claro que los años todo lo curan, sobre todo la juventud pero especialmente el trabajo constante.

Un placer contemplar la escucha atenta de toda la OSPA para ser la mejor cómplice del solista en los cuatro movimientos encajando intenciones, empastes, cambios de tempo (especialmente en el último movimiento), con Milanov disfrutando como uno más, sin molestar, asombrándonos Ferrández con la aparente y engañosa facilidad del arco, los ataques, los armónicos o sus escalas limpias y precisas dejándonos «un Elgar» para el recuerdo (grabado como todos los de la OSPA por Radio Clásica).

Generoso en su interpretación británica, también lo fue en sus regalos, la «Sarabande» de la Suite 3 de Bach con una cuarta cuerda que hace vibrar hasta las entrañas, fraseos maestros e intimismo acallando a todo el auditorio (no con el lleno deseado para estas joyas) y El cant dels ocells pidiendo la necesaria paz en este mundo convulso que el propio tocayo catalán hubiera aplaudido por el sentimiento hecho música de su violonchelo solo, plegaria y llanto. El éxito internacional de Pablo Ferrández es lógico y corroborado por los que estuvimos en esta cita.

El habitual formato de programa (obertura o estreno más concierto solista) tendría en la segunda parte a Mendelssohn pero con una obra poco escuchada, bella y grandiosa aunque exigente ante el enorme esfuerzo para sacar adelante todo lo reflejado en la partitura, la Sinfonía nº 5 en re menor, op. 107 «Reforma» (1830-1832), interpretación con destellos de plenitud, plagada de sutilezas en volúmenes con una cocina que no quemó los ingredientes aunque algo sosa y deslavazada, en parte porque la belleza del compositor alemán apenas necesita más condimento que dejarla fluir en sus movimientos siguiendo las propias indicaciones de agógica. Los músicos sirvieron este plato en su punto, de instrumentación ideal para la orquesta asturiana, maderas a dos (con contrafagot) en dúo de oboe precioso y preciso, metales compactos y orgánicos como me gusta llamarlos en páginas como el coral final de tímbrica cercana a la trompetería del órgano de tubos, timbales más la cuerda deseada, al fin rotunda en contrabajos y la personalidad de siempre en esta OSPA, clara, vibrante, llena de matices y color, capaz de herir desde el terciopelo y mantener el hilo sonoro cual emoción contenida en unos pianísimos con la misma calidad que en los tutti. Buen concierto y mejores sensaciones por las excelentes obras junto a buenas interpretaciones de un esperado amanecer sinfónico asturiano, a la que no volveré a escuchar hasta el próximo año.

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