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Terapéutica y solidaria música española

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Martes 31 de enero, 20:30 horas. Sala de cámara del Auditorio «Príncipe Felipe», Oviedo. Concierto Solidario a beneficio de la AECC (Asociación Española contra el cáncer) de Asturias, y la Asociación Galbán de familias de niños con cáncer del Principado de Asturias. Gabriel Ordás (violín), Yelyzaveta Tomchuk (piano). Obras de Sarasate, Falla, Albéniz, Nin, Granados y Ordás. Entrada donativo: 10 €.

“Algunos días no habrá ninguna canción en tu corazón. Canta de todas formas” (Emory Austin). Así reza el inicio de la Web de la Asociación Galbán como bien recordó su presidente Luis Arranz Arlanzón en compañía de su homónima en la AECC de Asturias Yolanda Calero antes de iniciarse el concierto.

Nada mejor que la música como evasión, terapia y siempre solidaria como este último día de enero donde mi admirado Gabriel Ordás (Oviedo, 1999) ofrecía un recital de música española para violín y piano junto a la ucraniana afincada hace años entre nosotros Lisa Tomchuk, solidarios y embajadores de nuestro patrimonio con lo mejor de los compositores hispanos, de ayer y hoy, en obras originales o arregladas por grandes virtuosos (Chistyakov, Kreisler o Kochanski), unos músicos que como el propio artista asturiano conocen la voz y hacen «cantar» su instrumento, el violín que frasea obras vocales (Falla), completa las originales de piano (Granados y Falla) o directamente unen intérprete y compositor para un mayor protagonismo del violín (Sarasate y Ordás) pero siempre con el piano sustentando, dialogando y participando de unas partituras conocidas, populares, españolas y muy sentidas.

Comenzar con tres obras del navarro Pablo Sarasate (1844-1908) ya de por sí es más que un aperitivo potente: Romanza andaluza, Playera y el «endemoniado» Capricho Vasco, que tras el zortziko levantó aplausos antes de finalizarla. Y es que Ordás-Tomchuk llevan tiempo trabajando juntos, se entienden a la perfección y este primer bloque resultó una lección para un dúo compenetrado.

Después vendrían el Tango de Isaac Albéniz (1860-1909) no en el arreglo «habitual» de Kreisler sino del virtuoso ruso nacido en Turmenistán pero afincado hace años como docente en Asturias Lev E. Chistyakov (1942), que enriquece el original al repartir protagonismo entre el dúo además de la tímbrica aportada por el propio violín al original para piano. El cubano-español  Joaquín Nin Castellanos (1879-1949) también se acercó a la música popular y su Murciana (una seguidilla de la «Suite Española«) es un ejemplo de cómo inspirarse en nuestro folclore para llevarlo a la llamada música de concierto, como tantos compositores de su generación hicieron y que las siguientes no han abandono desde otros estilos no necesariamente nacionalistas.

Otro virtuoso del violín como el citado Fritz Kreisler (1875-1962) fue uno de tantos enamorados de la música de esa generación entre siglos, y que arreglaría para su instrumento con piano la Danza española nº5 de Enrique Granados (1867-1916), la popular «Andaluza», en este caso y es opinión personal no tan completa, compleja ni rica como la original para piano, aunque bien interpretada y sentida por el dúo Ordás-Tomchuk, y otra más, la danza de «La vida breve» de Manuel de Falla (1876-1946), violín de virtuoso sobrevolando el piano que sirvió de sustento necesario para disfrutar esta música maravillosa de nuestro gaditano universal fallecido en la Córdoba Argentina. Dos joyas conocidas y enriquecidas por este joven dúo que transformó la sala de cámara del auditorio en un gran salón romántico con estas versiones que en el siglo XIX daban a conocer temas orquestales desde la llamada así, música de salón, para hacer crecer las ansias de ir a la obra original en los teatros, cuna de melómanos pero también rodaje para los intérpretes.

Tras el merecido descanso, una segunda parte completa, enlazando con lo anterior: primero las Tres piezas para violín y piano (2022) del propio Gabriel Ordás, reunificación de distintas versiones antes escritas y defendiendo los tiempos de reciclaje, también el creativo: Esperanza (trío de cuerda), Sentimiento (ópera de cámara) y Danza (chelo y piano), la misma calidad en este formato de dúo que da sonoridades buscadas desde los dos instrumentos con los que el compositor ovetense trabaja cada día.

Las Siete canciones populares españolas de Falla son tan bellas que creo se han hecho arreglos para casi todos los instrumentos, siendo este arreglo de Paweⱦ Kochański uno de los más escuchados para dúo de violín y piano, únicas partituras en las que Ordás no tocó de memoria (y en el orden del programa), supongo que todavía en proceso de trabajo junto a Tomchuck, pues pese a la interpretación «vocal» que me hacía respirar las frases de las letras originales con ellos, el piano nunca es tan completo como en las originales. Salvo la Seguidilla Murciana en arreglo del ya citado Chistyakov, otra visión de la de Nin con el magisterio del compositor gaditano, las sentidas Asturiana o Nana fueron muy sentidas e íntimas frente a la vibrante Jota (que se aplaudió al finalizarla por el virtuosismo de los dos intérpretes), y el siempre complicado -para tocar y cantar- Polo, obras de gran repertorio para este dúo que seguirán trabajando en explorar lo mucho que encierran.

Un buen concierto donde disfrutar del artista Gabriel Ordás, esta vez con el violín, efectivo, estudioso, ejemplo a seguir por la juventud, con el respaldo y complicidad con otra artista como Lisa Tomchuk que continúa ampliando su catálogo en el llamado «piano repertorista», madurando y ganando experiencia en el no siempre reconocido papel cuando no es el solista, acompañando voces, preparando partes líricas, con instrumentistas de todo tipo o formando parte de la orquesta, todo un trabajo sacrificado y hasta camaleónico no siempre recompensado como se debe.

El regalo fue solo desde el piano pero con Gabriel Ordás, excelente violinista, buen pianista y prolífico compositor, dejándonos otra obra suya de un catálogo que no para de crecer. Público heterogéneo llegado al «salón carbayón» para ayudar a luchar contra el cáncer y disfrutar de obras conocidas, también por los melómanos, todos entusiasmados con esta música solidaria que se agradece nunca nos falte.

Un drama que pide clemencia

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Domingo 29 de enero de 2023, 19:00 horas. Teatro Campoamor, 75 Temporada de Ópera Oviedo: Ernani (de Giuseppe Verdi, con libreto de Francesco Maria Piave basado en la tragedia “Hernani” de Victor Hugo); drama lírico en cuatro actos estrenada en el Teatro La Fenice de Venecia el 9 de marzo de 1844. Producción de la Ópera Royal de Wallonie. Fotos propias y ©OperaOviedo.
Critica para Ópera World del lunes 30 de enero, con los añadidos de links (siempre enriquecedores), fotos propias y de las RRSS, indicando la autoría, y tipografía que a menudo la prensa no admite.
La temporada de ópera ovetense llega a su quinto y último título en estos 75 años, con el «Ernani» (1844) de Giuseppe Verdi (1813-1901), que se representó en Asturias por vez primera en el Teatro del Fontán de la capital un 15 de septiembre de 1849 y hacía ya 20 años desde la última vez, retomando casi como costumbre cerrar el ciclo con “un Verdi”, aunque yo solo recuerde con admiración uno de 1983 (Bruno Rufo, Luisa Vanini y el siempre genial Matteo Manuguerra que ya era “como de casa”). La capital del Principado disfrutó esta primera función porque se notó en las ganas de aplaudir cada aria o conjunto, y hasta el pateo inicial a la megafonía en asturiano ha bajado el volumen respecto a anteriores primeras funciones. Pero no sería por un volumen más que suficiente el de este quinto título verdiano, estrenado en Venecia, y que marcará su “iter hispanicum” del que María Sanhuesa escribe en un libreto siempre para guardar: Ernani, Trovador, La Forza y Don Carlo.
Si Verdi tuvo problemas con los cantantes para el estreno, en Oviedo se acertó con las voces, todas conocidas más dos debutantes que redondearon un reparto muy compacto, especialmente en el trío protagonista (más que cuarteto) como comentaré posteriormente. Una producción “antigua” de la ópera real belga en Wallonie que traía a mi memoria las de mi juventud, totalmente válida, uniendo un elegante vestuario de Fernand Ruiz, la buena figuración del alumnado de la ESAD gijonesa (Robin Alexander de Bruine Sánchez, Oskar Fresneda Uribe, Carlos Jurado Hipólito y Senén Menéndez Valera) y todos los participantes sobre el escenario, ambientada respetando la época histórica con una escenografía de otra debutante, la romana Giorgia Guerra, que ayuda a todos, tanto al coro que tiene un peso fundamental en esta ópera con juegos de espadas muy trabajados, como a los solistas, pareciendo conociese la “magia sonora” que tiene la esquina derecha del escenario ovetense, pues todas las voces que por él han pasado la buscan. Iluminación correcta de Sylvain Geerts aunque demasiado oscura para el tercer acto del Aquisgrán conjurado. Todo jugando con dos elementos como la clemencia y la venganza junto a los sentimientos de una mujer y tres hombres “que compiten por su amor: un joven, un viejo y un poderoso” en palabras de la regista italiana para esta ópera, los protagonistas dieron lo mejor de ellos aunque primase sobre todo la fuerza, también en el foso con el maestro milanés Daniele Callegari y la OFil que sonó solvente desde la obertura, sin fisuras, muy homogénea además de disciplinada, con un brillante solo de cello a cargo de Sara Chordá en la parte “Oh, de verd’anni” del aria “Gran Dio” de Don Carlo.
Tres voces potentes y emocionales: las del tenor gijonés Alejandro Roy, el barítono de Cartaya (Huelva) Juan Jesús Rodríguez y la joven soprano croata Marigona Qerkezi que en su debut en el Campoamor sorprendió y gustó a todos, pero que en las intervenciones junto al bajo veronés Gianfranco Montresor lo eclipsaron en decibelios, y no digamos con los mal llamados “secundarios”, el tenor de Mataró Josep Fadó (Don Riccardo) que al menos mostró su buen hacer, el debutante bajo tinerfeño Jeroboám Tejera como Jago (bien sin el “poderío conjunto”) y especialmente con la mezzo ovetense Mª José Suárez (Giovanna) que pese a sus breves intervenciones, apenas se la pudo escuchar ante el torrencial sonoro del trío y aún menos en los conjuntos.
Y es que la fuerza vocal primó en este drama español, lo que permitió a la orquesta sonar sin miramientos, con arias, dúos, tríos y demás combinaciones de solistas y conjuntos en los que Verdi sería único escribiendo. Precisamente ese volumen hizo destacar de nuevo el Coro “Intermezzo”, titular de la temporada en todas sus cuerdas, un impactante brindis inicial de los hombres, delicadeza y escena de las damas ibéricas en su entrada con Elvira, y rotundos todos en la “Festa del ballo” del último acto sin dejarme el conocido como segundo himno del Risorgimento, “Si ridesti il leon di Castiglia” con la escena de los conjurados. Verdi compuso probablemente los mejores coros de ópera, al menos los más populares, y el de «Ernani» es uno de ellos con el que las voces que dirige Pablo Moras brindaron vocal y escénicamente.
La exigencia para las voces es grande desde la aparición de los personajes que dominan cada acto: el Bandido “Ernani Roy”, detrás la deseada “Elvira Qerkezi”, el rey “Don Carlo Rodríguez” y el anfitrión “Ruy Montresor”. Todos arrancaron con potencia, sin miramientos, ajustados con la orquesta y encajando sus finales.
Las luchas por el amor fueron más allá de los roles, a la potencia sonora. Ninguno defraudó en sus arias o dúos. Alejandro Roy demostró sus conocidas cualidades, personaje vengador que transmuta de bandido con la excelente aria “Come rugiada al cespite” a Duque de Segorbe y Don Juan de Aragón, sacrificado protagonista a lo largo de la obra. Incluso tuvo dúos muy matizados especialmente con Elvira, más de fuerza con Don Carlo y sentido con Silva.
El rey y emperador de la función resultaría Juan Jesús Rodríguez, muy aplaudido y querido en el coliseo carbayón, dominador de la escena y poseedor de una voz a la que se ha calificado como verdiana porque su registro y modo de afrontar los papeles, que para barítono escribió el de Busseto, los hace todos suyos, siendo su debut en este rol aquí en Oviedo. Emocionalmente la evolución de su Don Carlo es encomiable, de poderoso e implacable a clemente, reflejado en su línea de canto. Su declaración de amor a Elvira del primer acto (“Quello escolta del mio cor”) fue un derroche vocal y la escena ante la tumba de Carlomagno en la esquina derecha, una lección de buen fraseo y cantar matizado con el aria “Gran Dio!… Oh, dei miei ver’anni”.
Pero la grata “sorpresa” para todos resultó la Elvira de la soprano croata de padres kosovares Marigona Qerkezi, porque pese a su juventud (nacida en 1993) tiene una técnica increíble, potencia de sobra (verdaderamente una fiera aragonesa su protagonista), color homogéneo en todos los registros que no pierde nunca ni en las partes más “piano”, y hasta la escena, que no la hizo moverse mucho, favoreciendo una emisión siempre clara, precisa, que el paso de los años irá moldeando sus agilidades, siempre recordando las que en Violeta-Traviata desarrollará Verdi de forma única (la tiene ya en su repertorio), una voz y rol perfecto el de esta soprano coloratura. Para recordar su interpretación de la conocida cavatina del primer acto “Ernani involami”. Ser familia de músicos siempre ayuda y ha defendido su rol con solvencia, entrega, gusto y la necesaria fiereza.
También resultó convincente y agradecido el Silva de Gianfranco Montresor en su primer aria y cabaletta “Che mai veg’gio!… Infelice! E tuo credevi”, línea de canto muy melódica pero que carece de la potencia en los graves de aquellos bajos que tengo en mi recuerdo, lo que se notó en los conjuntos pese a luchar con el “chaparrón” del trío, brillando más en el final “Tutto ora tace intorno” con Ernani y Elvira.
Del resto del elenco lo indicado sobre los matices ante el predominio de dinámicas extremas: los forte fueron la lucha de todos los cantantes en escena. Añadamos que por momentos los tempi del maestro Callegari fueron muy ligeros, resultando muy exigentes para las voces que no pidieron clemencia ante esta especie de venganza desde el foso.
Deberemos no tener clemencia con los móviles que siguen sonando en el momento más inoportuno, ni tampoco con la vuelta de las toses tras la desaparición de las mascarillas (hoy solo máscaras en el último acto pero en escena). No es igual oír que escuchar, sea en español, inglés y asturiano, pero es ya pandemia de cada espectáculo que además se hace más patente en las partes con poco volumen, y en este gélido último domingo de enero no fue precisamente el caso. Habrá que buscar una vacuna contra la mala educación y hacerla obligatoria para volver a los buenos modales cumpliendo la perdida urbanidad.
Ficha:
Teatro Campoamor, Oviedo, domingo 29 de enero de 2023, 19:00 horas. 75 Temporada de Ópera Oviedo: “Ernani” (de Giuseppe Verdi, con libreto de Francesco Maria Piave basado en la tragedia “Hernani” de Victor Hugo); drama lírico en cuatro actos estrenada en el Teatro La Fenice de Venecia el 9 de marzo de 1844. Producción de la Ópera Royal de Wallonie. Edición musical y propietarios: Casa Ricordi S. R. L. Milán.
Reparto:
ERNANI: Alejandro Roy – DON CARLO: Juan Jesús Rodríguez – DON RUY GÓMEZ DE SILVA: Gianfranco Montresor – ELVIRA: Marigona Qerkezi – GIOVANNA: Mª José Suárez – DON RICCARDO: Josep Fadó – JAGO: Jeroboám Tejera.
DIRECCIÓN MUSICAL: Daniele Callegari – DIRECCIÓN DE ESCENA Y DISEÑO DE ESCENOGRAFÍA: Giorgia Guerra – DISEÑO DE VESTUARIO: Fernand Ruiz – DISEÑO DE ILUMINACIÓN: Sylvain Geerts.
Orquesta Oviedo Filarmonía (OFIL), Coro Titular de la Ópera de Oviedo “CORO INTERMEZZO” (dirección del coro: Pablo Moras).

Jubilosa banda sonora sinfónica

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Viernes 27 de enero, 20:00 horas. Auditorio de Oviedo, Abono IV OSPA: «Jubiloso Strauss». Roman Simovic (violín), Nuno Coelho (director). Obras de Miklos Rózsa y Richard Strauss.

Este cuarto de abono tenía todo para disfrutar de una sesión casi cinematográfica, una conferencia previa titulada «DE HÉROES Y VILLANOS» a cargo de Eduardo Chávarri, autor de las notas al programa, el regreso, por quinta vez si no falla mi blog, del director y violinista Roman Simovic, que nunca defrauda, colaborador artístico de la OSPA junto a otros más donde también se encuentra el Cuarteto Quiroga del hoy concertino invitado Aitor Hevia, nuevamente con Simovic y esta vez con Fernando Zorita de ayudante, el titular Coelho al frente (que también se pasó a saludar al inicio de la conferencia antes de la prueba acústica) y sobre todo un programa para gran orquesta de aires cinematográficos con los que el director, como el cinematográfico, debe manejar una ingente plantilla de numerosos «extras» y además en una «toma única» que da toda la emoción al directo. El disfrute fue total, casi merecedor de un oscar, pues hasta las propinas resultaron como los «bonus track» de los DVD que ahora disfrutamos los cinéfilos desde la comodidad del sillón aunque nada como la pantalla grande, y así fue este viernes el auditorio.

Interesante lo que nos contó el doctor Chávarri con sus ilustraciones musicadas, primero del húngaro Miklós Rózsa (1907-1995) al que conocemos por el cine tras instalarse en Hollywood, especialmente por «Ben Hur» que fue galardonado varias veces más, y que en «La vida privada de Sherlock Holmes» de 1970 (dirigida por Billy Wilder) se escucha en la banda sonora al protagonista tocando el violín que aparece como compositor, una adaptación para el film de «la Metro» del segundo movimiento de su Concierto para violín, op. 24 (1953), en estructura clásica tripartirta: I. Allegro non troppo ma passionato  – II. Lento cantabile – III. Allegro vivace, con la colaboración, dedicatoria, grabación y estreno del virtuoso Jascha Heifetz. Esta vez Roman Simovic (Montenegro, 1981) con su Stradivarius pienso que mejoró al destinatario porque su violín es mágico, su musicalidad contagiosa (de respigar el II. Lento cantabile), el sonido fluye cómodo y vertiginoso cuando así le exige, la orquesta arropa y escucha (con un clarinete inspirado), química total con ella, de sonoridad plena en el último movimiento, y además compartida con un Nuno Coelho como gritando Acción! en esta «película» majestuosa, así que el concierto del compositor magiar al completo nos permitió disfrutar tanto del músico  afincado en Londres como de los primeros atriles (hoy varios segundos en esta primera parte) para «otra banda sonora», la auténtica música sinfónica del pasado siglo que las grandes orquestas también van incorporando a su repertorio.

El belga Eugène Ysaÿe (1858-1931) es uno de los preferidos de los violinistas por su riqueza melódica y virtuosismo, por lo que Simovic nos dejó tras su Rózsa (para recuperarlo en RNE2 cuando lo emita), no una sino dos propinas de las seis sonatas: el impresionante Prelude, primer movimiento  de la nº 2, «Obsesion», ese inicio bachiano para una auténtica lección en solitario del maestro, y más lujo con la conmovedora primera parte del Lento molto sostenuto de la nº 3 «Ballade», perfecto final de esta primera parte que nos dejaba preparados y listos para afrontar una segunda parte «jubilosa», cinematográfica sin imágenes pero con mucha música.

Con la plantilla de cine ya preparada se pudo afrontar a Richard Strauss (1864-1949) al que la OSPA parece regresar puntualmente para ponerse a prueba en todas las secciones y los directores tomar el pulso de la formación asturiana, y tras unas palabras explicativas del maestro portugués, arrancaba el Don Juan TrV156, op. 20, verdaderamente jubiloso, majestuoso y grandioso, heroico por momentos, idílico en otros, casi para una nueva banda sonora con este mito que en estos tiempos está tan mal visto pero que el compositor muniqués enfoca como la búsqueda de su mujer ideal, coincidente con el momento joven en que conoció a su esposa. Como director conocía la orquesta como pocos, y siendo hijo del trompa solista de la ópera de la capital bávara escribió para ellas pasajes que son la verdadera prueba de examen, esta vez la sección asturiana sólo se quedó en «aprobado y rapado» (como decía en mis años de docente) porque en ella se aprecian los errores más que los aciertos. Mejor calificación para el resto de metales, subiendo nota la cuerda homogénea comandada por Hevia, hoy reforzada y necesaria ante la inmensidad del viento, muy brillante la madera y excelente la percusión, todos bien ensamblados por un Nuno Coelho que está recuperando la ilusión y buen hacer de nuestra orquesta «treintañera».

Si a Walt Disney le hubiesen descongelado, estoy convencido que habría rodado una tercera versión de «Fantasía» donde necesariamente Las divertidas travesuras de Till Eulenspiegel, TrV171, op. 28 tendrían su momento, ya todos los solistas en su sitio comenzando por la excelencia del clarinete, hoy Till Weisgerber pero también Eva García, y por supuesto el resto en una chispeante versión llevada al detalle por el maestro portuense, muy atento a las dinámicas y su balance, claro en los cambios de ritmo, apostando por aires para degustar la acción. Cada sección brilló con luz propia, todas las escenas protagonistas y con nota, quedándome de nuevo con una madera hoy inspirada y engordada que hacía más difícil un empaste ideal. El próximo de abono en Oviedo (10 de febrero) seguiremos «revolucionando» con Shostakovich bajo el mando de otro conocido, Ari Rasilainen tras Haydn y su concierto de cello con otra nueva visita (la sexta que tenga controlada desde 2011 en el auditorio ovetense) de Daniel Müller-Schott. Sería buena idea ordenar los programas al revés, para quedarnos con el buen recuerdo de los solistas.

Cuarto concierto de abono muy aplaudido por su vitalidad, calidad y con más asistencia de la habitual, esperando se recupere la afición perdida. Finalmente un consejo para el prócimo: controlar desde taquilla, especialmente on line, las butacas asignadas a los abonados para no ofrecerlas a la venta -es cuestión de «cerrarla» en el ordenador- y así evitar malos tragos a los implicados. Hoy estaban libres las contiguas, pero no quiero pensar lo que sucedería en caso contrario, y más cuando servidor lleva en la misma localidad todos mis años en el Auditorio con la OSPA, incluso en época pandémica de restricciones con las ventas individuales, solo con un breve cese de convivencia tras el que «recuperé mi asiento».

Metamorfosis del Ospedalle della Pietà

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Jueves 26 de enero, 20:00 horas. Auditorio de Oviedo, Conciertos del Auditorio: Metamorphosen Berlin, Alban Gerhardt (violonchelo), Wolfgang Emanuel Schmidt (violonchelo y director). Obras de Vivaldi, Haydn, Janácek y Karayev.

Como en la mítica serie de RTVE «El ministerio del tiempo», este jueves pude recrear con la formación Metamorphosen Berlin, mayoritariamente femenina, con la plantilla ideal (5-4-3-2-1) y su director Wolfgang Emanuel Schmidt el ambiente que debía respirarse en el Ospedalle della Pietà veneciano y viajar por el túnel musical para esta metamorfosis desde Viena a Chequia y Azerbaiyán (sin prisiones), pues esta orquesta de cuerda  «femenina» transitó por todas las épocas con la misma calidad, solvencia, desparpajo con esa sonoridad germana. Si además podemos contar con Alban Gerhardt al violonchelo (aún recuerdo su ya lejano concierto de intercambio astur gallego con la OSPA) en vez del originariamente previsto Johannes Moser (otro conocido del auditorio y también con un enero tan completo como el de 2010), más el propio Schmidt «compitiendo» y compartiendo, la ficción se volvía feliz realidad en un programa rico, variado y sufrido pues el estruendo de toses ha vuelto para quedarse, olvidándonos de los «tiempos de mascarilla» así como de los modales perdidos. Si me olvido del niño y lo cambio por los comentarios a mi alrededor, sigue igual la entrada que hice el pasado noviembre. Pero ni así consiguieron que viajásemos en el tiempo. Schmidt ha conseguido de la Metamorphosen que suene como un solo instrumento,  el ideal orquestal: disciplinada, atenta, rica en dinámicas y con una formación a su altura donde las solistas confluyen para interpretar igual de certeros todos los estilos posibles (sus grabaciones siempre han tenido premios) plegándose a lo que el director les exige en cada momento. Su gira con Oviedo, «La Viena española» parada ya obligada, seguro que será todo un éxito y lo comprobaremos en la prensa digital.
Del llamado «Petre rosso» veneciano muerto en Viena, Antonio Vivaldi (1678-1741), con un amplísimo catálogo que no gustaba nada a Stravinski (enterrado en San Michele), y por paradojas de la vida decía del «cura rojo» que «no compuso cientos de obras sino una repetida cientos de veces», escucharíamos con Gerhardt y Schmidt el Concierto para dos violonchelos en sol menor, RV 531 (I. Allegro – II. Largo – III. Allegro) que evidentemente tiene la sonoridad del veneciano, la estructura barroca típica, la plantilla ideal incluyendo el clave, y el encuentro de dos grandes del cello que se entendieron a la perfección haciendo escucharlos (con permiso de griposos, griposas y griposes) como si de uno solo se tratase. Cadencias impolutas, balances perfectos con la orquesta y dinámicas «de libro» en otro de los conciertos para dos instrumentos, el único para dos cellos y el primero doble, con ese Largo que Michel Talbot tilda de «una tristeza casi autobiográfica» en el movimiento lento como bien refleja en las notas al programa (enlazadas en obras) de Alberto González Lapuente.
Y dejando a Gerhard en solitario para tomar la batuta Herr Schimdt, uno de los conciertos ideales del repertorio para cello, el del austriaco Franz Joseph Haydn (1732-1809), Concierto para violonchelo en do mayor, Hob. VII b:1 (I. Moderato – II. Adagio – III. Allegro molto) quien da el paso del barroco al clasicismo aunque se note el conocimiento de «papá Haydn» del estilo previo pero escribiendo para un cello ya en plenitud siguiendo los consejos de Josep Weigl, su destinatario y compañero en la corte de Eszterhazy. El Matteo Goffriller de 1710 en las manos de Alban Gerhardt fue oro de muchos quilates, corpóreo y con un arco impresionante para disfrutar de cada cadenza en los tres movimientos, especialmente el Adagio central donde las dobles cuerdas me llevaría a la Viena del veneciano.
La propina tenía que ser con los dos cellistas, Gerhardt y Schmidt, que «tomaba prestado» el de Lai (quien se sentaría en la silla del clave ya vacío) para la virtuosa locura de J. B. Barrière (1707-1747) y el Allegro prestissimo de su «Sonata en sol mayor, que Schmidt tiene grabada con otro grande como Jens Peter Maintz, esta vez algo menos «prestosa» aunque mi versión sea digna de escucharse (siempre pongo los links para quien quiera curiosear).
La segunda parte nos acercó el tiempo con otras dos figuras de la composición para orquesta de cuerda, comenzando con Leoš Janáček (1854-1928) y su Suite para cuerdas, JW VI/2 (I. Moderato – II. Adagio – III. Andante con moto – IV. Presto – V. Adagio – VI. Andante), la «metamorfosis pura» por empaste, sonoridad, atriles de lujo para una partitura juvenil como la orquesta berlinesa, ritmos contrastados en cada uno de los seis movimientos, el folclore bien entendido y llevado a la orquesta que la calidad de esta formación alemana brindó y brilló a gran altura.
Para concluir, el poco escuchado compositor azerbayiano Gara Garayev, Qara Qarayev ó Kara Karayev (1918- 1982) cuyas Tres miniaturas (Berceuse, Ayse, Danse) nos supieron a poco por lo maravillosas que son y sonaron, especialmente la Danse final vertiginosa que sacó a relucir el potencial de una cuerda empastada (comandada por Indira Koch), joven, disciplinada y siempre atenta en las dinámicas que Schmidt les señalaba, lucimiento de cada primer atril en los tres «aires», metamorfosis orquesta con director, que como cellista conoce al mínimo detalle.
La primera propina, grabada por ellos mismos, «Palladio» (1995) de Sir Karl Jenkins (1944), reconocible sintonía que lo simpático resulta cuando escuchas detrás de ti tras presentarla Schmidt «no sé lo que dijo porque es alemán».
Y otro tanto con la segunda  propina de Antonín Dvořák (1841-1904), el Scherzo (vivace), tercer movimiento perteneciente de la Serenata para cuerdas en mi mayor op. 22 en otra prueba de empuje, sonido envidiable casi como en el CD donde la tienen grabada, virtuosismo y alegría por un viaje musical de altos vuelos sin moverme de la butaca.
Violines primeros: Indira Koch, Elsa Claveria, Sumin Jo, Mariya Tkachyk, Johanna Müller.
Violines segundos: Alexia Eichhorn, Mariami Machaidze, Isabel Morey, Inka von Puttkamer.
Violas: Anastasia Maschkowski, Tobias Mehling, Karolina Pawul.
Violonchelos: Yehjin Chun, Benjamin Lai (excepto en Vivaldi).
Contrabajo: Randall Nordstrom.
Clave: Neil Fellows (sólo en Vivaldi).
Entrevista para LNE:

El piano argentino

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Miércoles 25 de enero, 20:00 h. Teatro Jovellanos, concierto 1660 de la Sociedad Filarmónica de Gijón: Franco Broggi (piano). Obras de: A. Williams, Fernández Languasco, J. Aguirre, Guastavino, Ginastera y Piazzolla.

Volvía a Gijón en este frío enero (se notó en las toses) a los conciertos de su Sociedad Filarmónica para escuchar al joven pianista argentino Franco Broggi (Santa Fé, 1995), de gira por varias ciudades de España y final en París con parada en la capital de la Costa Verde trayéndonos un programa de música escrita por seis compatriotas suyos, compositores del pasado siglo y actuales, de quienes las excelentes notas al programa del doctor Ramón Sobrino son un documento para guardar por su redacción llena no ya de historia bien documentada sino también del conocimiento personal que atesora el catedrático ovetense; también podemos escuchar en Spotify© las listas que para cada concierto nos prepara a los socios una joven directiva que sigue trabajando en la difusión de la música de cámara y apoyo a los jóvenes intérpretes dentro del ciclo patrocinado por la Fundación Alvargonzález.

En su anterior visita a Asturias en octubre de 2019 (que me perdí por estar aún convaleciente), Franco Broggi interpretó junto a la Orquesta Universitaria dirigida por Pedro Ordieres el Concierto Andino para piano solista del organista y compositor hispano-argentino Hugo Fernández Languasco (Paraná, 1944), afincado en Ponferrada, hoy presente en el teatro y del que pudimos disfrutar dentro de sus Evocaciones Líricas el tercer Cuaderno «Martín Fierro» (En el campo – Atardecer – El legado), así titulado por inspirarse en los textos de «El Gaucho Martín Fierro» de José Hernández Pueyrredón.

Tres obras contrapuestas y exigentes para el pianista argentino al que eché de menos un poco más de fuerza en la mano izquierda en los tiempos rápidos, especialmente en la última, para mayor contraste dinámico, aunque su Atardecer resultó íntimo, delicado y con una sonoridad ideal así como los rubatos que sin entrar en «chauvinismos» debemos reconocer que en estas músicas nacionalistas, ser del país ayuda y nuestra propia historia hispana así lo ha corroborado con grandes pianistas españoles que defienden nuestras obras como nadie.

En el caso de Broggi este tercer cuaderno me hace esperar que pueda afrontar los otros dos que el maestro Fernández Languasco ha escrito pues creo que en Franco ha encontrado el intérprete ideal para ellos, recreando las atmósferas de la pampa y el trabajo del gaucho, la familia y la amistad que les une. Al finalizar su interpretación el compositor subió a saludar junto al pianista, siendo muy aplaudido por un público heterogéneo donde la juventud va tomando poco a poco el relevo.

El programa arrancaba con El rancho abandonado op. 32 nº 4 de Alberto Williams (1862-1952)  perteneciente a En la sierra op. 32 (1890) que puso a prueba los agudos del Steinway© sin poder dar todo el colorido que esta partitura tiene, y la mejor forma de comenzar un programa vasto como la propia Argentina por épocas, estilos y danzas. Proseguiría esta primera parte con Julián Aguirre (1868-1924), famoso por otras obras más populares aunque esta vez serían dos al piano, muy rítmicas y sin pausas, la movida Huella op. 49, de nuevo necesitada de más energía en los graves pero bien tocada, y Gato, casi virtuosística con esos ritmos tan contagiosos de nuestros hermanos argentinos, buscando el equilibrio y sonido entre las partes melódicas y las casi guitarrísticas, mucho mejor en la parte central más reposada antes de la repetición.

Argentina tiene dos G en su historia musical, Ginastera y Guastavino, comenzando por éste para cerrar y abrir ambas partes y casi nexo necesario haciendo más comprensivo todo el repertorio pianístico elegido para la ocasión. Su Sonatina en sol menor (I. Allegreto – II. Lento muy expresivo – III. Presto – IV. Las niñas) de Carlos Guastavino (1912-2000) conjuga en el piano el lirismo de sus canciones (la conocida en todas las versiones posibles Se equivocó la paloma o la bellísima La rosa y el sauce por citar solo dos) junto a los ricos ritmos de su tierra (cuencas, zambas, vidalitas, valses, milongas y tantos más) siempre con delicadeza, y así la entendió el pianista santafesino: arpegios limpios de aires románticos en el primer movimiento, el canto criollo sentido del segundo, y el complejo tercero por sus polirritmias y sensación orquestal, desde el conocimiento del lugareño. Y de Santa Fe como Broggi la obra Las niñas originalmente para dos pianos (1948), número inicial de Tres romances argentinos que volvió a dejarnos melodías inconfundibles con ritmo, armonías y rubati tan del gusto de Guastavino, un piano redondo, cercano, juguetón además de bellísimo.

De la otra «G», Alberto Ginastera (1916-1983) su Sonata nº 1 op. 22 (I. Allegro marcato – II. Presto misterioso – III. Adagio molto appassionato – IV. Ruvido ed ostinato) es obra para virtuosos donde Broggi  volcó lo mejor de su aún corta carrera, capaz de integrar folklore con los avances de los años 50 como solo quien conoce el recorrido puede interpretar, poderoso y enérgico en los dos primeros movimientos, con esa politonalidad en ambas manos del Presto al alcance de pocos, el apacible y apasionado por íntimo Adagio para acabar con un cuarto totalmente orquestal (siempre nos recordará Malambo) lleno de polirritmias que no pierden el pulso al más puro estilo Stravinski tamizado por la inspiración de Ginastera.

Y había que terminar con el gran Astor Piazzolla (1921-1992), irrepetible, ya un clásico, rompedor y totalmente actual con su forma de afrontar el llamado «nuevo tango», eligiendo Adiós Nonino (versión para piano) en homenaje a su padre que los que también le perdimos sentimos ese dolor como propio. Interpretación la de Broggi completa, jugando con los dos temas contrastados no ya en velocidad sino en emoción, versión que sin ser la primigenia nos permite sentirla como obra de concierto de total actualidad más que un bailable, reconocible y redondo arrancando un espontáneo y merecido «¡Grande Pibe!» de acento porteño para el santafesino, que nos regalaría el Bailecito de Guastavino, pues no podía ser otro colofón.

Si Ramón Sobrino (también presente acompañando al profesor ya plenamente berciano Fernández Languasco) titulaba sus notas «Pianismo nacionalista argentino», está claro que el concierto de Franco Broggi mantuvo esa globalidad desde las obras al intérprete que seguro comenzará a estar presente en las salas de concierto. Si tienen la posibilidad de conectar con el Canal March escucharán y verán este mismo programa el domingo y el lunes a las 12:00 horas en la Fundación Juan March de Madrid, aunque seguro quedará por una temporada en sus archivos.

De NY a OV

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Viernes 20 de enero, 20:00 horas. Teatro Filarmónica, Oviedo Jazz. Moisés P. Sánchez 4tet: Dedication II. Entrada butaca: 8 €.

Un conocido slogan llevado a pegatinas y todo tipo de merchandising ponía «I❤️NY» que este viernes de Jazz podría cambiarse por  «I❤️OV» siendo Oviedo un pequeño New York con la música del Cuarteto de Moisés P. Sánchez (Madrid, 1979) que presentaban 13 años después de su Dedication la segunda parte tras una grabación donde junto al pianista madrileño también estuvieron el contrabajo de Antonio «Toño» Miguel (Zaragoza) y el saxo tenor de Javier Vercher (Madrid, 1978), más la batería de Borja Barrueta (Getxo, 1975) que para esta gira patrocinada por el CNDM (donde es artista residente) y la posterior grabación cuentan con la joven Naima Acuña (Londres, 1988) quien con ese nombre tan coltraniano por sus padres de Pontevedra, estaba predestinada al jazz y nos sorprendió gratamente en este concierto. Este regreso hecho música de NY a OV con el Moisés P. Sánchez 4TET pareció la banda sonora de Williams B. Arrensberg, el viajero o emigrante cercano del siempre recordado Úrculo, vista a la Catedral y maletas llenas de sentimientos.

En poco tiempo Moisés P. Sánchez volvía a Asturias, pero si en Gijón nos acercó a Bach, en esta «Dedicatoria» nos trajo la música y el músico (como bien nos explicó el propio pianista a un Teatro Filarmónica lleno hasta la bandera recordando a Philip Glass), el disfrute para todos y la profesión no ya de intérprete sino también como compositor de unos temas muy trabajados y variados en inspiración y escritura, llenos de matices, cambios de ritmos, estilos y enfoques siempre ricos en las exposiciones pero todavía más en las improvisaciones, ese «cocer» las melodías en vivo, el directo irrepetible y grandioso para un concierto que tocaba este cuarteto tras la presentación en Madrid.

Arrancando con una Dedication trece años después nos pondría en ambiente Moisés con P de Picasso, el pintor universal del piano capaz de sonar como Jarret o Evans, McCoy Tyner junto a Mehldau o Corea, e incluso toques de Chano con Camilo, músicas atlánticas caribeñas pero con sello propio, «Moisés P punto» dominador de todos los lenguajes desde el suyo, excelente dibujante, académico azul y rosa, colorista, cubista y gigantista por equipararlo con el malagueño universal del que este años se cumplen los 50 años de su muerte. Y la paleta del trío se engrandece con un saxo tenor de paleta tan grande como la del maestro,  Javier Vercher jugando con la caña para engrandecer cada tema, evocaciones de Coleman Hawkins y John Coltrane, de Benny Carter y Ben Wester, Dester Gordon, Lester Young y Charlie Parker, pero incluso nuestro Iturralde, tantos maestros donde el saxofonista madrileño, como su paisano y amigo pianista, han bebido. Cada tema e improvisación de Sánchez con la réplica sonora de Vercher. Y la sección rítmica increíble, rotunda, clara y precisa, creativa del contrabajo del seguro Toño Miguel más una batería de Naima Acuña que con un set no muy grande logró una tímbrica hermosa, baquetas, escobillas, mazas o manos, unos platillos más allá de lo ambiental y sobre todo un toque de caja luminoso, clamorosamente colorido, imprescindible incluso en los silencios.

En esta dedicatoria nueva desfilamos por Pennsylvania con el hotel, hoy desaparecido, del mismo nombre en el 401 de la 7ª Avenida de Manhattan, justo enfrente de la estación Pennsylvania Station y el Madison Square Garden, cercano al estudio de grabación donde Moisés esperaba al ayudante de sonido que no aparecía. Recuerdos de angustias previas y felicidad final tras unos tiempos de juventud que hoy son el poso a una vida con el piano protagonista siempre, el jazzman que transita por estados de ánimo, imágenes llevadas a los pentagramas casi papiros o periódicos del día a día. Otro tanto de Melancolía necesaria para disfrutar del cuarteto, ambientes, atmósferas, el plato cocinado por los cuatro donde cada solo, cada combinación tímbrica nos llevaría por tantos mundos que conviven en la música por excelencia del siglo XX, ya interiorizada sin etiquetas en el actual. Obras que funcionan como suites, unidas por un músico que disfruta y contagia su música, polirritmias, acordes melódicos, exuberancia sonora y todos los calificativos que mi tocayo Pablo Sanz nos deja en las notas al programa.

Seguirían los estrenos, y Dedication II como reflejo de los trece años que llenan la mochila, mucho trabajo y menos pelo, el estudio por tantos estilos y compositores, de Shostakovich a Gershwin pasando por Beethoven (su próximo acercamiento), Europa y el Caribe aterrizando en los EEUU que tanto han influido en la historia, la musical incluida. Introducción libre, efectista, evolución bebop, tributo «clásico» a Chopin o Rachmaninov (otro de aniversarios) y el siempre insustituible Waltz for Debby del «dios Evans» sonando en esta dedicatoria segunda.

Y entre dioses no podía faltar «el Monje«, The Monk con una intro de Naima portentosa, poderosa, seguida por un Javier heterodoxo, el sustento de Toño y el vuelo por el universo de las 88 teclas pero sacando color al blanco y negro, banda sonora sentimental, sonido expansivo muy bien amplificado por los técnicos de la casa. La iluminación la pondría el 4TET de Moisés.

Para cerrar programa otra «locura» del músico y compositor transversal (como así le han definido), Dodecatónico, con intervenciones de sus tres músicos impresionantes para una partitura compleja por sus motivos dodecafónicos, polirritmias, matices extremos y las genialidades del directo que dejaron atónito a un público tan variopinto como la música del Cuarteto y el empuje de la gallegolondinense.

De propina Nobody knows what’s behind (Nadie sabe lo que hay detrás), títulos en inglés como Naima y el origen primigenio para esta segunda parte que también es buena contradiciendo el dicho, impregnada en mi memoria del mejor Bach y el recuerda de su Cantata 147, alegría de los hombres de buena voluntad tocados por el eterno y universal lenguaje de la música.

La Burlesque de Forma Antiqva

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Sábado 14 de enero, 20:00 horas. Conciertos del Auditorio: Forma Antiqva, Aarón Zapico (director). Burlesque, Suite de variedades. Música de G. Ph. Telemann (1681-1767).

Nuevo espectáculo de los langreanos Forma Antiqva en gran formato y desde casa, esta vez dedicado a la música instrumental del prolífico Georg Ph. Telemann organizada con el mismo gusto del propio compositor y casi descriptivo, sin límites con el género tan francés de la obertura orquestal, realmente seis suites de danzas perfectamente explicadas por Stefano Russomano en las notas al programa, que por momentos pudieron resultar monócromas, nunca monótonas, más por la poca variedad tímbrica que por los contrastes de tempi, matices o claroscuros tan barrocos como los que domina Aarón Zapico al frente de los distintos proyectos y combinaciones instrumentales.

Con un buen corpus de cuerda bien conocido en los grandes espectáculos, el habitual continuo de clave, guitarra, tiorba, dos cellos y contrabajo con fagot más dos oboes y percusión, la primera parte ya nos avanzaba la «línea argumental» del compositor alemán tamizado por el estilo francés pero recogiendo danzas de todas las procedencias barrocas de su época. Destacable la Sinfonía melódica en do mayor TWV 50:2 antes de «La Bizarre» que cerraría la primera parte, con efectos de pájaros y la presencia de un bailarín que no figuraba en el programa pero parecía encarnar personajes, interpretaciones subliminales o directamente recrear corporalmente la música de Telemann que iba alternando aires siempre con los mayores contrastes y claroscuros «marca Zapico».

Precisamente por buscar un tema de unión para este «teatro de variedades», eché de menos algún metal  puntual que diese más color a una música monotemática aunque evidentemente bella y muy bien escrita. Las apariciones de Enrico Dau Yang We, presentado al finalizar el concierto, intentaron al menos romper esa uniformidad de color aunque los juegos dinámicos resultaron magníficos, con unos pianissimi dignos de mención y un trío con Jiménez, Pinteño y Verona digno de resaltar. Lástima que la percusión de Pere Olivé no se mostrase más presente y variada o el clave de Daniel Oyarzabal sonase con mayor protagonismo, que en cambio sí tuvieron los gemelos Zapico.

La segunda parte al menos tuvo momentos muy trabajados en «La Changeante«, especialmente en Les Scarampouches, con unos pizzicatti «modernísimos», la Hornpipe sin metales, el íntimo Avec douceur y un Canarie que dio el toque español antes de la última «Suite Burlesque de Don Quixotte» en sol mayor, TWV 55:G10, ocho números donde la música pura es protagonista aunque el argumento lo podamos ir siguiendo e incluso visualizándolo con Enrico D. Wey, la verdadera sorpresa de este teatro musical (con un «juego con silla» que me recordó a Pepe Viyuela con la escalera), una burla musical con la que Forma Antiqva vuelve a sorprender apostando por el prolífico Georg Phillip en estado puro y estrenándolo ante su público asturiano. Supongo que su sello Winter&Winter lo lleve al soporte digital pues tenemos música de Telemann para llenar varias bibliotecas (tiene más de 15000 mil obras) y acertar en la elección es la verdadera dificultad… su interpretación por los asturianos al menos es siempre segura.

Forma Antiqva:

Dirección: Aarón Zapico – Oboes: Miriam Jorde, Daniel Ramírez – Fagot: Quim Guerra – Violines primeros: Jorge Jiménez, Guillermo Santonja, Roldán Bernabé, Fumiko Morie,  Pablo Prieto – Violines segundos: Daniel Pinteño, Miriam Hontana, Cecilia Clares, Roger Junyent, Sergio Suárez -Violas: José Vélez, Daniel Lorenzo, Isabel Juárez, Leticia Moros – Violonchelos: Ruth Verona, Elisa Joglar – Contrabajo: Jorge Muñoz – Guitarra / Archilaúd: Pablo Zapico – Tiorba: Daniel Zapico – Clave: Daniel Oyarzabal – Percusión
Pere Olivé.

BURLESQUE (Suite de variedades):

Sinfonia spirituosa en re mayor, TWV 44:1: I. Spirituoso II. Largo III. Vivace.

Sinfonía melódica en do mayor, TWV 50:2: I. Allegro assai II. Sarabande
III. Bourrée
IV. Menuet en rondeau
V. Loure a l’unison VI. Chaconnette
VII. Gigue en Canarie.

Ouverture “La Bizarre” en sol mayor, TWV 55:G2: I. Ouverture II. Courante
III. Branle
IV. Sarabande
V. Fantaisie
VI. Menuet I – Menuet II
VII. Rossignol
VIII. Gavotte en rondeau.

PAUSA

Ouverture Burlesque en si bemol mayor, TWV 55:B8: I. Ouverture
II. Scaramouches
III. Harlequinade IV. Colombine
V. Pierrot
VI. Menuet I – Menuet II
VII. Mezzetin en Turc.

Ouverture-Suite “La Changeante” en sol menor, TWV 55:g2: I. Ouverture II. Loure
III. Les Scaramouches IV. Menuet I – Menuet II
V. La Plaisanterie VI. Hornpipe
VII. Avec douceur VIII. Canarie.

«Suite Burlesque de Don Quixotte” en sol mayor, TWV 55:G10: I. Ouverture
II. Le Reveil de Quixotte
III. Son Attaque des Moulins à Vent
IV. Les Soupirs amoreaux après la Princesse Dulcinée
V. Sanche Panche berné VI. Le Galope de Rosinante
VII. Celui d’Ane de Sanche VIII. Le couché de Quixotte.

Aire, viento y huracanes sinfónicos

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Sábado, 10 de diciembre, 20:00 horas. Auditorio de Oviedo: CONCIERTOS DEL AUDITORIO. Sergei Dogadin (violín), Oviedo Filarmonía, Lucas Macías Navarro (director). Obras de Erkoreka, Beach y Chaikovski.

Un sábado ya con aires navideños, sin viento pero con un huracán sinfónico en el auditorio ovetense con cambio de última hora que no impidió respirar una atmósfera musical perfecta, sin apenas toses porque hubo momentos donde los pianísimos y la emoción cortaron el aire.
Nuevos aires en los programas de los conciertos, apostando por compositoras de calidad, históricas y hasta actuales.
Vientos de cambio al organizarlos colocando el concierto con solista en la segunda parte, que  vengo reclamando hace tiempo.
Obras que pasan como ciclones, otras con vientos del norte y un aire gélido que no mata sino que resucita.
La música popular siempre ha sido motivo de inspiración para los grandes compositores, y los tres de este sábado tenían mucho de esos aires, populares hasta en muchas de nuestras expresiones: en asturiano el llamado «airín de las castañas» (definiciones varias al final), nos dan ventoleras, «darse un aire», y así podría continuar porque hubo aire, viento y hasta huracanes en muchas de las acepciones que comento al final de esta entrada para solaz de quien llegue hasta ellas.
Y todo me vino por la primera obra del concierto, Tramuntana (2017) del bilbaíno Gabriel Erkoreka (1969), que en las excelentes notas al programa (enlazadas al inicio en las obras) el doctor Ramón Sobrino explica al detalle: “Tramuntana –según describe el propio compositor– aporta a la orquesta una evocación única del sonido del viento”, ese viento frío y turbulento, que, viene desde “más allá de las montañas”, para soplar sobre Baleares y el nordeste de Cataluña. En la obra “los instrumentos de viento y cuerda se alternan en momentos que van desde la calma hasta la turbulencia, en los que la percusión juega un papel destacado mediante el uso de timbales, sobre los que se colocan diferentes objetos que sirven para articular la estructura de la obra”. En Asturias no tenemos tramontana pero la obra levantó algún murmullo porque el numeroso público que acudió no tiene el oído entrenado a estos aires novedosos aunque tenga referencias a melodías catalanas donde el oboe casi suena a flabiol si bien esperaríamos más viento del norte con chistu. Obra compleja la del vasco y no solo para la sección de viento de la OFil, también para los dos percusionistas y en general para toda la orquesta de la que su titular Lucas Macías Navarro saca «hasta debajo de las piedras» (o de los pentagramas) lo mejor de ella en todo lo que afrontan. La confianza mutua se nota, el momento actual les permite sonar con una amplia gama de matices en cualquiera de los estilos a los que están acostumbrados. El oído se entrena como la vista, los gustos también. Las preferencias son otra cosa, pero Velázquez y Kandinski no son excluyentes y disfrutar de ambos lleva su tiempo. Y la obra de Erkoreka demostró esa complicidad necesaria entre director y orquesta sin perder de vista la labor pedagógica de conocer «nuevas músicas» que dan otros aires a intérpretes y aficionados.
La compositora y pianista estadounidense Amy Beach (1867-1944) comienza a recuperarse poco a poco en este siglo XXI después de triunfar en su país en tiempos más difíciles que los actuales. Su Gaelic Symphony op. 32 en mi menor (1894-96) es su primera gran obra sinfónica que tiene aires románticos cercanos en el tiempo, utilizando melodías tradicionales irlandesas-gaélicas que como asturianos nos suenan cercanas por la parte «celta», rítmica y melódicamente. Sus cuatro movimientos (I. Allegro con fuoco; II. Alla siciliana- Allegro vivace; III. Lento con molto espressione; IV. Allegro di molto) nos permitieron disfrutar de una partitura con calidad y elementos de disfrute sonoro donde cada sección y primeros atriles tuvieron sus momentos de protagonismo, con un Macías que les deja respirar esos pasajes manteniendo siempre un sonido compacto lleno de matices. Movimientos con aires europeos, reminiscencias de Dvořák que pareció guiar a los norteamericanos por el mejor camino sinfónico donde Beach es una de las primeras en seguirle. Viento metal y viento madera arropados por una cuerda clara y precisa, los aires al pie de la letra, fogoso el primero, danzable el segundo, expresivo el tercero con el violín primoroso de Marina Gurdzhiya, más el último muy rápido y brioso con la música de Miss Amy sonando más grandiosa de lo esperado, aires de gloria con alguna ventolera, pasajes evocadores y casi cinematográficos para esta música irlandesa exportado a los Estados Unidos, que aún sigue alimentándose del folclore del viejo continente porque el viento del este no ha dejado de soplar.
A última hora se comunicaba en una hoja impresa a la entrada, que Daniel Lozakovich se veía «obligado a suspender su compromiso en Oviedo debido a un problema personal sobrevenido», siendo sustituido por Sergei Dogadin que llegaba por la mañana para el Concierto para violín y orquesta en re mayor, op. 35 de P. I. Chaikovski (1840-1893), una de las obras cumbres de la literatura violinística que no suele faltar en el auditorio de «La Viena española» a lo largo de estos años. Si el virtuoso sueco tiene un currículo impactante, el del ruso no se queda a la zaga, ganador igualmente del Primer Premio del Concurso Internacional Chaikovski (2019), así que lo difícil estaba hecho: encontrar un solista de la misma categoría que el previsto, y la profesionalidad fue solo una brisa comparada con el huracán de toda la segunda parte.
Con un violín Domenico Montagnana (Venecia 1721) cedido por a Rin Collection de Singapore, Dogadin y Macías formaron el mejor tándem posible para interpretar los tres movimientos del concierto de Chaikovski, entendimiento mutuo, máxima atención y tensión por parte de los músicos y sensación de triunfo nada más escuchar el ataque del I. Allegro moderato: sonido redondo en los graves, agudos penetrantes, una cadenza de quitar la respiración con todos los recursos posibles, un arco magistral, armónicos incisivos como murmullos, aire fresco en la interpretación del virtuoso ruso donde se notan no ya sus maestros sino el largo recorrido tanto en la música de cámara como solista con las mejores orquestas y batutas. La II. Canzonetta: Andante nos puso la piel de gallina, emoción y entrega con una concentración por parte del solista y concentración por el resto gracias a un Macías atento a todo, dejando fluir la música de Dogadin y escucharla todos para la mejor interpretación, disfrute compartido en un aire contenido, casi pintando el aire de los pájaros de Casals desde el violín. Y sin miedo para nadie, arriesgando en las velocidades siempre exigentes para todos, el III. Allegro vivacissimo donde confluir la técnica con la música, necesaria una para la otra, claridad en la concertación de Macías, vuelo huracanado de Dogadin, respuesta global de la orquesta y el paso del huracán por el escenario que nos limpió con el aire puro de Chaikovski.

Si el vértigo del último movimiento no fuese suficientemente fuerte, el paso del huracán traería su coletazo a modo de propina: el Paganini «endiablado» de las Variaciones sobre «La Molinara» de Paisiello, toda una lección de música para virtuosos sin fuegos artificiales, solo el disfrute del sonido del violín en las manos de Dogadin que nos hizo olvidar quién era el programado para aplaudir la rapidez y eficacia de los organizadores de estos conciertos (especialmente Cosme Marina) donde las cancelaciones nunca han supuesto merma de calidad y las suspensiones se han convertido en cambios de fecha, sin perder la esperanza ni el ánimo.

ALGUNAS DEFINICIONES DE LA RAE:
Aire: 3. m. viento (‖ corriente de aire). 4. m. Apariencia, aspecto o estilo de alguien o de algo. 5. m. Parecido, semejanza, especialmente de las personas. 6. m. Vanidad o engreimiento. 7. m. Ínfulas, pretensiones, alardes. 9. m. Primor, gracia y brío en el modo de hacer algo. 11. m. canción (‖ música de una canción). 12. m. coloq. Ataque parcial y pasajero de parálisis u otra afección que se manifiesta instantáneamente. 14. m. Mús. Grado de presteza o lentitud con que se ejecuta una obra musical. 15. m. pl. Aquello que viene de fuera alterando los usos establecidos e impulsando modas, corrientes o tendencias nuevas. 16. interj. U. para incitar a una o varias personas a que despejen el lugar donde están o a que se pongan a su tarea lo más pronto posible.
Viento: 1. m. Corriente de aire producida en la atmósfera por causas naturales, como diferencias de presión o temperatura. 5. m. Cosa que mueve o agita el ánimo con violencia o variedad. 6. m. Vanidad y jactancia. 7. m. Cuerda larga o alambre que se ata a una cosa para mantenerla derecha en alto o moverla con seguridad hacia un lado. 8. m. coloq. Expulsión de los gases intestinales. 9. m. Mar. rumbo (‖ dirección trazada en el plano del horizonte). 11. m. Mús. Conjunto de instrumentos de viento de una orquesta. U. t. en pl. con el mismo significado que en sing.
Huracán: 1. m. Viento muy impetuoso y temible que, a modo de torbellino, gira en grandes círculos, cuyo diámetro crece a medida que avanza apartándose de las zonas de calma tropicales, donde suele tener origen. 2. m. Viento de fuerza extraordinaria. 3. m. Suceso o acontecimiento que causa destrucciones o grandes males. 4. m. Persona muy impetuosa.

Ventolera: 1. f. Golpe de viento recio y poco durable. 3. f. coloq. Vanidad, jactancia y soberbia. 4. f. coloq. Pensamiento o determinación inesperada y extravagante.

Aire de les castañes: vientos muy típicos del otoño en el Principado, de ahí la procedencia de su nombre, ya que se dan cuando «cae» la castaña, aunque pueden darse en cualquier época del año. El aire de las castañas es un viento del suroeste asociado a las borrascas atlánticas, suele soplar con una intensidad moderada.

El piano de ayer y hoy

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Miércoles 7 de diciembre, 20:00 horas. Teatro Jovellanos, Sociedad Filarmónica de Gijón, concierto nº 1657: Noelia Rodiles (piano). Obras de Sánchez Allú, Rueda y Schubert.

La pianista avilesina Noelia Fdez. Rodiles (1985) volvía a casa con un programa hispano alemán que aunaba el romanticismo y la visión actual, demostrando estar en plena madurez vital y artística, mostrando las dotes que la han encumbrado entre las mejores de nuestro panorama, que sigue exportando talento desde hace décadas, asombrando con su trabajo minucioso al afrontar obras de distinto calado con las que se encuentra igual de «cómoda», sin etiquetas, aunque está claro que su Schubert no podía faltar, recordándome a otra pianista del pasado siglo como fue Alicia de Larrocha.
Y es que Rodiles continúa en su línea, melodismo puro, pasión y delicadeza, sonido muy trabajado en cada detalle, entrega total más una honestidad al afrontar cada partitura digna de elogio. Así comenzaba su concierto en el Jovellanos con la Sonata para piano op. 1 en mi bemol mayor del salmantino Martín Sánchez Allú (1823-1858), una maravilla recuperada por la asturiana gracias a la Fundación Juan March, pianismo con recuerdos de Mozart o Beethoven, estructura de sonata clásica en cuatro movimientos pero muy bien elaborada, con momentos profundos que Noelia Rodiles exprime desde su conocimiento y las notas al programa de  María Alonso Bustamante ayuda a comprender aún mejor. Al escuchar estas obras rescatadas del polvo, siempre me pregunto qué hubiera sido de Sánchez Allú si su vida fuese un poco más longeva y de cuánto nos privó su joven muerte. Patrimonio hispano a la altura del alemán que Noelia Rodiles interpretó de manera magistral.
La Sonata nº 5 «The Butterfly Effect» (2017) del madrileño Jesús Rueda (1961) ya la conocía por ser una de las que conforman el CD del año 2020 con el mismo título y su escucha en vivo siempre resulta deliciosa por la destinataria de esta inspirada obra en tres movimientos con las «Mariposas» de Schumann como feliz disculpa, Wings impresionista, Evanescent y etéreo de sonoridades propias donde el pedal debe ir en el lugar justo, y el virtuosismo del Perpetuum Mobile, un verdadero ciclón donde dudo entre calificarlo como delicadamente pasional o pasionalmente delicado. No hubiera estado mal escuchar las otras dos obras de encargo (Magrané y David del Puerto), pero Schubert nos esperaba toda la segunda parte.
La versatilidad refinada de Noelia Rodiles le permite reunir como ella dice, «ofrecer el gran repertorio… junto con obras que se han quedado olvidadas o perdidas», y lo grande vendría con los Seis momentos musicales, D. 780, op. 94 de Franz Schubert (1797-1828). No es cuestión de poner en duda el orden pues el presentado fue alternando aires y expresión con una limpieza infinita, reposado el más conocido de ellos como el nº3, arriesgado como el quinto y vibrante el último, siempre «cantabile» incluso en los más rápidos, aportando ese buen hacer y elegancia de la avilesina en este repertorio tan exigente que con su aparente sencillez lo hace todavía más grande.
Las propinas otras dos joyas de ayer y hoy, hispana y alemana, la Rapsodia Asturiana de Benjamín Orbón (1879-1944), paisano suyo que siempre se agradece escucharlas aunque sea de propina, pues «la tiene siempre en dedos«, y el maravilloso arreglo que el gran Wilhelm Kempf hiciese sobre la Danza de los espíritus bienaventurados o Sgambati del «Orfeo y Euridice» de Gluck.
De nuevo el piano de ayer y hoy, de siempre, gran repertorio con obras que no pueden olvidarse ni perderse, el compromiso de Noelia Rodiles en este último del año en Gijón, que siempre se lo agradezco. Espero que 2023 siga siendo tan fructífero como este que vamos acabando, con música por supuesto.

Literatura musical con ‘Malats’

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Miércoles, 30 de noviembre, 19:45 h. Teatro Filarmónica, concierto 16 de la Sociedad Filarmónica de Oviedo. Trío Malats. Obras de Malats, Suk y Mendelssohn.

Crítica completa para LNE del viernes 2 de diciembre sin problemas de espacio, con los añadidos de links (siempre enriquecedores), fotos propias y tipografía, incluyendo negrita o cambiando algunos entrecomillados por cursiva, que la prensa no suele admitir.

Tarde desapacible y poco público, aunque siempre fiel el abonado de la Sociedad Filarmónica de Oviedo, para finalizar este noviembre invernal desde la mejor escuela de melómanos e intérpretes como es el teatro de la calle Mendizábal, hoy punto de partida de un viaje casi literario por partida triple, donde el Trío Malats, formado por Victor Martínez (violín), Alberto Gorrochategui (chelo) y Carlos Galán (piano) rendían su particular homenaje en los 150 años del nacimiento de Joaquín Malats (1872-1912), compartiendo programa con Josef Suk (1874-1935) y Felix Mendelssohn (1809-1847) en otro aniversario, los 175 de su muerte.

El trío como formación de cámara llenaría los salones románticos hasta los primeros años del pasado siglo, y no faltarían en aquellas pujantes sociedades filarmónicas que hoy luchan por sobrevivir -como las tres asturianas- transportándonos hasta la actualidad en estos reductos musicales. Trío también como género para que los grandes compositores experimentasen con su escritura cual laboratorio sonoro donde el piano conformaba un “sinfonismo a escala reducida” junto a violín y chelo que, además de enriquecer texturas, encontraban la sonoridad buscada antes del paso a las grandes salas de concierto. Los tres compositores elegidos por el Trío Malats son buen ejemplo para interpretar la música de cámara desde distintas épocas y estilos, manteniendo el buen gusto por la escritura “de salón” ejecutada desde la complicidad de tres solistas de altura unidos para latir con un solo corazón en un viaje donde la música no necesita palabras.

La Elegía op. 23 (1902) del checo Suk, alumno de Dvorak, quien influiría enormemente en este género de cámara, sirvió para abrir el concierto, obra en memoria del escritor de novelas y poemas épicos bohemios Julius Zeyer (1841-1901) con esa inspiración literaria expresada por la propia definición de “elegía”: «composición lírica en la que se lamenta la muerte de una persona o cualquier otro acontecimiento infortunado», casi epílogo para el alemán y prólogo del catalán Malats, un niño prodigio que además de excelente pianista, interpretando con 14 años a Beethoven o Mendelssohn, nos dejó páginas tan conocidas como su Serenata española junto a otras menos difundidas, caso del Trío en si bemol mayor, que “El Malats” está ayudando a programar. Tres movimientos con un piano rotundo, lógico en un intérprete como el barcelonés, especialmente en el Allegro; más trabajado el lírico Andante con los tres instrumentos equilibrados en sus intervenciones; más un vertiginoso Vivace final, escritura para virtuosos con aires parisinos de la época estudiantil sin perder el “mediterraneísmo” despojado de folclorismos pero igual de popular y tan catalán en todas las artes de las que la música también bebería.

Palabras mayores la elección de Mendelssohn al que Malats tenía entre sus preferidos y ahora “su trío” interpretaría en la segunda parte: el Trío nº 1 op. 49 en re menor, cuatro movimientos muy exigentes, nuevamente para el piano, donde disfrutar del ambiente que reinaba en la casa del hijo del banquero judío en Leipzig acompañado de otros contemporáneos, romanticismo puro de salón que pide al trío máxima compenetración, demostrada con creces por estos brillantes músicos reunidos en este repertorio que degustamos en la “sala Mendizábal” de este teatro rodeado de mucha arquitectura y literatura -también musical- en cuatro movimientos, primero cual romanza sin palabras, sueños de una noche de verano del segundo, aires escoceses del scherzo o el último esbozo sinfónico escritos por el gran compositor redescubridor del “dios Bach”.

Y la propina del llamado “Brahms ruso” aunque de origen suizo Paul Jon (1872-1940), otro gran compositor de tríos además de sinfonista no lo suficientemente conocido ni difundido, con nuevo tributo a los escritores de “literatura de viajes musicales”, dejándonos una miniatura de ensueño, Rêverie op. 18 nº 3 ampliando las fronteras del Trío Malats en este acercamiento al género de cámara siempre bienvenido para público e intérpretes, rescatando del olvido páginas que nos transportan a salones europeos sin movernos de nuestra butaca en la centenaria sociedad filarmónica ovetense, “La Viena española” en los años 20 ya de este siglo XXI.

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