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Cohen, Lorca… y Granada

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Encuentro-homenaje Federico García Lorca y Leonard Cohen (Cátedra Leonard Cohen)

Este jueves 26 de junio tuvo lugar en Granada “Cohen & Lorca. Ecos de la amistad cultural entre España y Canadá”, un encuentro homenaje a las figuras de Federico García Lorca y Leonard Cohen. El poeta granadino y el cantautor canadiense volvieron a unir sus nombres y su obra gracias a una iniciativa de la Embajada de Canadá en España, a la que se han unido el Centro Federico García Lorca y la Cátedra Leonard Cohen de la Universidad de Oviedo, que conviene recordar se creó tras el Premio de la Fundación P. de Asturias (FPA) de poesía en 2011 al canadiense, donando el premio en metálico con el que mi universidad  crearía una cátedra única, pudiendo saludar a mi querida Miriam Perandones, musicóloga y que también fue directora de esta cátedra desde 2016 hasta febrero de 2022, hoy presente en estos actos.

A las doce de la mañana en Granada, con la presencia de Jeffrey Marder (embajador de Canadá en España), Laura García Lorca (del Centro Federico García Lorca) y José Errasti (director de la Cátedra Leonard Cohen de Oviedo), se hizo el descubrimiento de una placa que recuerda este homenaje con el que se pretende rendir tributo a dos figuras que han reunido en sus creaciones un universo cultural y poético con innumerables puntos de conexión, un tributo con voluntad de perdurar en el futuro con el fomento de actividades que den a conocer la obra y los puntos comunes de ambas personalidades.

Y a las siete de la tarde, tras 40 minutos de cola, se abrían las pertas del auditorio del Centro Federico García Lorca, con unas palabras previas de Laura García Lorca, Errasti y el embajador de Canadá en España.

A continuación ocuparía la mesa sobre el escenario del auditorio la doctora en Literatura Española por la Universidad de Cádiz Elena Caballero, que expondría los aspectos más importantes de su tesis “La influencia de García Lorca en Leonard Cohen”, presentada por Fernando Navarro (periodista de El País), que moderaría el coloquio posterior donde participaron Jose Manuel Medina (de la Fundación Enrique Morente), y Chema Cano (autor del libro «Seis acordes»).

La ponencia de la doctora Caballero se limitaría a 20 minutos por cuestiones de tiempo y organización, que arrancaba un viernes 21 de octubre de 2011 viendo en TVE la entrega de los premios de la FPA con su madre asturiana, donde quedó enamorada de Leonard Cohen tras su discurso. En su exposición nos habló de «un viaje de referencias», la relación entre poesía y música, Montreal y Granada, con dos caminos: analizar las traducciones de Lorca al inglés, y la huella textual de Lorca en muchos temas propios de Leonard Cohen.

No podía faltar el recuerdo al asturiano Manolo Díaz (entonces en CBS) quien recogió al canadiense en el aeropuerto de Madrid, y durante el trayecto en taxi de Barajas al Hotel Palace (entonces casi una hora), le fue hablando del proyecto del disco «Poetas en Nueva York» donde quería contar con él junto a otros cantautores del momento. Solamente le miraba y finalmente le contestó: «mi hija se llama Lorca Cohen».

Después vendría el encargo a Cohen, la traducción o mejor adaptación del Pequeño vals vienés, 150 horas de trabajo para su Take This Waltz. Pero no solo este tema (que se haría tan popular), también The Gypsy’s Wife (1979), otra fascinación para Cohen y la que más influye por su escenario poético de la mujer que enlaza con Bodas de sangre según Elena Caballero.

No faltaron las referencias al último concierto en Sevilla de Lola Índigo o Silvia Pérez Cruz como transmisoras actuales de Lorca en sus RRSS para un público adolescente, pero especialmente Enrique Morente quien tras descubrir “el vals de Cohen” conocerá Poeta en NY y lo llevará a su disco “Omega”, una verdadera locura que un flamenco cante a Lorca con un grupo de rock como Lagartija Nick. Gracias a estos artistas aún mantenemos el legado de Federico.

Finalizada la ponencia vendría la mesa redonda donde todos mostraron la adoración por Cohen. Así Chema Cano contaría cómo ficciona en su libro “Seis acordes” y la admiración común por Cohen porque es un “contador de historias”, como en el discurso de la entrega del premio, o Dylan (otro galardonado cuatro años antes en los Premios), el Montreal de entonces para un canadiense de familia judía, su primera guitarra de 2ª mano, las influencias y emociones. Navarro también citaría a Dylan, los trovadores y unas letras por las que pregunta a Elena y cómo influye la faceta de músico en Lorca, quien contesta que toda su obra está cargada de musicalidad, un músico que se asienta como poeta, al revés que Cohen. Fernando preguntaría a Medina y a Chema del «Universo Cohen» qué influyó en Morente, con el que se cerraba la ponencia, y la unanimidad: la libertad.

Proseguiría el coloquio con un público no muy participativo, aunque surgió el tema  de las RRSS que transmiten esas letras y música, hasta los diseños, y aunque a mi generación le parezca triste, está claro que al menos la calidad de los textos de los artistas actuales es volver a mirar la música de nuestros abuelos o el recuerdo a Carlos Cano quien actualizó y «recuperó» la copla como están haciendo esta generación digital de cantantees.

El broche musical lo pondrían Rafael Liñán (voz y guitarra), Juan Trova (voz, guitarra y banjo), más Eva Manzano (baile), que comenzaría como era de esperar con Liñán cantando Take this waltz, estribillo coreado por el público. Trova además de agradecer este hermanamiento que en estos tiempos haya muchos más. Y este trío para la ocasión versionaría el romance de Las morillas de Jaén, con Eva bailando.

Siguiente tema con los tres, Rafael Cohen, Trova al banjo y los «jaleos» de Manzano para otro «hit» cantado por el público, Dancing to the end of love con ese aire flamenco sin perder el original.

Trova recordó a Paco Ibáñez que tanto ayudó a difundir el poema de Lorca El lagarto está llorando, en una versión llevada al blues por Juan y cantado también Eva, con alternancia de estrofas.

Regreso a Cohen con Rafa cantando y Trova al banjo en So long Marianne, y el estribillo coreado por un público entregado y conocedor tanto de Federico como de Leonard, que como comentaba Eva al finalizar el tema, unir danza, música, poesía es estar “en la misma gloria”.

Paco Ibáñez fue pionero en musicar a nuestros poetas, y en su disco de 1964 la portada tenía una pintura de Dalí como bien recordó Juan antes de hacernos su versión de la Canción del jinete, trío lorquiano con el sentido baile de Eva. Y una oración como Hallelujah, bailado y cantado por todos los presente siendo de lo más aplaudido antes de cerrar círculo con el Pequeño vals vienés, cantado por Juan Trova, en castellano con el punteo de Rafa y el baile de Eva, el mismo y distinto vals que Lorca inspiró.

Pasadas las nueve de la noche y con las campanas de la catedral repicando, saludos varios, un cerveza para refrescar y raudo me dirigiría al Hospital (Real)… que ya lo conté antes de esta reseña. Viva Cohen, Lorca y Granada…

Muertos de amor

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74º Festival Internacional de Música y Danza de Granada (día 6). Danza.

Martes 24 de junio, 22:30 horas. Teatro del Generalife. Manuel Liñán & Compañía: Muerta de amor. Dirección y coreografía: Manuel Liñán. Artista Invitada: Mara Rey. Fotos propias y ©Fermín Rodríguez.

Sexta noche de Festival y volvía al Generalife para disfrutar de un espectáculo completo que podría haberlo llamado «obra de arte total» porque Manuel Liñán (1980) y su compañía lograron subir sobre las tablas del teatro tal aire libre -con una temperatura ideal- una fusión de baile y cante flamenco, danza clásica, bailarines cantaores (o a la inversa), puesta en escena impecable, vestuario negro bellísimo, proyectando sombras con unas luces por momentos cual caverna de Platón en rojo, con un decorado y utillería sencilla (no faltaron en momentos puntuales la silla ni las pelucas rubias movidas como hace Melody) pero efectista, que darían un juego increíble, más unos «pedazo de músicos» en directo que por momentos también formaron parte de la coreografía, todo bien amplificado hasta alcanzar unas cotas de calidad capaces de llegar tanto a los eclécticos, entre los que me encuentro, como a los flamencos más puristas y los turistas que no suelen fallar cuando escuchan la palabra, aunque esta vez no fuese el Sacromonte.

En la web del Festival se presentaba este espectáculo con las siguientes palabras:

Baile flamenco y copla
«La nueva creación del coreógrafo y bailarín granadino Manuel Liñán, Premio Nacional de Danza 2017, fusiona la tradición de la copla con elementos innovadores y nos presenta una visión fresca y actual del baile flamenco. Con una puesta en escena cuidada al detalle y un elenco de excepcionales bailarines, el espectáculo es un homenaje a la riqueza y la diversidad del flamenco. La música original de Francisco Vinuesa y la voz de Mara Rey aportan una dimensión emocional que nos conmueve profundamente. Muerta de amor es un canto a la vida y al amor en todas sus formas. Una seductora y apasionante propuesta que reivindica la pasión a través del flamenco y la copla».

Se habla de fusión aunque prefiero referirla como transversalidad por todo lo que reúne este «Muerta de amor»: provocación, deseo, intimidad del cuerpo, energía, desgarro… con la copla como hilo conductor, porque las de nuestros abuelos eran microrrelatos que el baile de los siete magníficos iban recreando, sin género y con todos ellos: masculinidad, homosexualidad, bisexualidad, transexualidad, el colectivo LGTBQ+ totalmente actual pero con una elegancia digna de una casa de Bernarda Alba por el poso lorquiano del coreógrafo y bailarín granadino, dando protagonismo al conjunto, músicos incluidos, pero también a cada uno de sus componentes bien en solitario, por parejas, trío… incluso con distintas alturas de una plasticidad bellísima, arrancando el espectáculo cantando «a capella» -muy bien por cierto- desde la negritud que se tornaría stendhaliana.

Respiraciones, jadeos rítmicos, cotidiáfonos como el cable serpenteante o los pies de micrófono utilizados cual bastones de baile y cante de los siete bailarines, numerología pitagórica cargada de simbolismo, e impar: siete pecados capitales, siete notas musicales, siete escenas, variaciones y combinaciones de los siete elementos sumándose a la escena un octavo, Mara Rey (Madrid, 1979), internacional y verdadero vendaval sobre las tablas. Artista completa, actriz, bailaora y cantaora, de voz desgarradora y potente, expresiva en alma y cuerpo capaz de hacer converger en ella desde La Lupe a María Jiménez con el pellizco de Rocío Jurado y el tronío de Juana Reina. Un rojo clavel pero sobre todo un Me muero, me muero que mueve y conmueve, bailado y cantado.

Y no puede haber baile sin músicos porque los «siete magníficos» son ritmo puro en pies y cuerpo, palmas, golpes en el pecho, pitos y gemidos. Mas el peso de todo el espectáculo se sustenta en cuatro gigantes situados casi en penumbra en el lateral derecho, que no solo tuvieron intervenciones solistas increíbles sino que se sumaron a la escena diseñada por Rafael Liñán, Ernesto Artillo (suyo también el diseño del vestuario) y Gloria Montesinos. Vamos con el póker de ases:

Primero el malagueño Francisco Vinuesa (1985) a la guitarra y autor de la música original, aunando todos los estilos desde un flamenco con poso hasta un minimalismo que pasaba de lo diegético a lo incidental sin perder nunca originalidad, con escenas que parecían campanas o gotas de lluvia, rasgeos que conmovían y el toque  complemento inseparable del cante. Y aquí estaba un Juan de la María inmenso, la voz imposible, el desagrro y la «jondura» que le viene de ese mestizaje entre su familia gitana de Jerez más las raíces en Utrera y Lebrija. Y aunque los tacones flamencos son como el tap dance de hoy en día (incluso uno de los bailarines, el que podríamos llamar clásico se marcó al final un Irish Jig), la guitarra de Vinuesa es flamenca como ella sola, la percusión de Javier Teruel (y asesor musical de este espectáculo) fue un portento, con un cajón increíble que encajaba y marcaba cada palo, sustento del baile y refuerzo tímbrico poderoso, compañero habitual de Vinuesa haciendo magia a pares para empoderar el latido común del corazón rítmico. La cuarta pata sería Víctor Guadiana al violín y violín sintetizado, flamenco y árabe de giros casi guturales en el natural o sonidos de flauta (cual Jorge Pardo) en el eléctrico capaz de piar o ambientar los sonidos sintetizados, y por supuesto marcarse una jota sola que quitaría el aliento a los bailaores.

El fin de fiesta convirtió el escenario en un tablao muy del gusto de los turistas (especialmente japoneses y yanquis) que asocian este espectáculo a nuestro país, y que personalmente me resultó algo excesivo en duración rompiendo una línea argumental de rojo y negro para convertirse en un rosa hasta para la última vestimenta del ideólogo y líder Manuel Liñán «jugando en casa» y aclamado por un público que vibró con su artista junto a todo un equipo de altura en una producción maravillosa.

Quiero dejar íntegro el texto del programa de mano escrito por Rosalía Gómez Muñoz trufado con algunas fotos de ©Ferminius porque describe a la perfección las dos horas vividas este día de san Juan en la siempre increíble Granada.

Un canto al amor y a la libertad

«Cuando aún resuenan en este mismo escenario los ecos del triunfo obtenido en 2020 por su anterior trabajo, Viva, dentro del programa «Lorca y Granada», Manuel Liñán regresa al Generalife, esta vez de la mano del Festival de Música y Danza.

Desde su estreno el pasado año en los madrileños Teatros del Canal, Muerta de amor no ha dejado de levantar pasiones y de cosechar aplausos y premios. Un éxito que no obedece a ninguna moda, ni siquiera a su osadía –que la hay, y mucha–, sino al talento indudable de su creador y a un incesante trabajo, cocinado a fuego lento, de desarrollo personal y artístico.

El baile flamenco ha sido siempre la pasión y la esencia de Manuel Liñán. Lo ha demostrado en piezas tan maravillosamente desnudas como Baile de autor, acompañado tan solo de un cantaor y un guitarrista. Pero el arte le ha servido también para saldar cuentas personales, como la relación con su padre, Pie de Hierro –que lo hubiera querido torero como él– y, sobre todo, para liberarse de muchas convenciones, para dejar de ser como el lorquiano «muchacho que se viste de novia en la oscuridad del ropero…» y, entre otras cosas, subir al escenario con bata de cola, dignamente, abriendo espacios de libertad para sí mismo y para todos los que vienen detrás.

Su acierto, sin embargo, no se encuentra solo en las temáticas que aborda, sino en su talento para convertirlas en arte, universalizándolas en lugar de dejarlas, como suele suceder, en simples anécdotas.

Ahora, maduro y liberado de mucho lastre, el granadino ha decidido hablar de amor. De todos sus amores, que son los amores de todos y de todas: amores apasionados, tóxicos, platónicos, fraternales, frustrados… porque para él el amor, real o inventado, es el motor de la vida y del baile.

Y como la generosidad es otro de sus atributos, en lugar de realizar un espectáculo unipersonal como aconsejan estos tiempos difíciles, Liñán se divierte –con el sudor de su frente– y divierte ofreciéndole al mundo una obra grande y jubilosa, con siete bailarines que representan, además, la gran variedad de estilos que posee la danza española.

El hilo conductor de este Muerta de amor es la copla ya que, desde muy joven, desde que la Nati se las cantaba en las Cuevas Los Tarantos, las coplas, con sus letras desgarradas y ambiguas, han sido la banda sonora de todas sus historias de amor. Letras como las de Un clavel o Me muero, me muero, interpretadas por los propios bailarines o por una Mara Rey poderosa como una bacante poseída por el dios Amor, llegan como flechas al corazón del espectador.

Los siete bailarines cantan y bailan en un verdadero musical, expresando sus propios discursos no solo a través de los palos del flamenco –como esas alegrías flamenquísimas que baila el más joven, Juan Tomás de la Molía, o la impresionante soleá del propio Liñán–, sino con otros bailes españoles, incluido el folklore. Todos ellos tienen su momento de gloria y, junto a los magníficos músicos, llenan el escenario de arte, de sorpresas, de humor y de una cierta locura que se contagia en numerosas ocasiones a un público que respira a su compás.

Porque nada es casual en Muerta de amor. Hace años que el Liñán bailaor, poseedor de numerosos premios, incluido el Nacional de Danza, viene desarrollado un talento especial para la coreografía y, sobre todo, para la dirección de escena. Una capacidad, muy rara en los flamencos, que consiste en hacer salir lo mejor de cada uno de sus magníficos intérpretes y en aunar luego todos los ingredientes que intervienen en la escena haciendo que la excelencia final del espectáculo sea muy superior a la suma de sus individualidades.

Un talento que consiste, además, en no querer hacerlo todo solo, sino rodeado de otros grandes profesionales dentro y fuera de la escena: la música excepcional de Francisco Vinuesa, las magníficas luces de Gloria Montesinos… o la complicidad de Ernesto Artillo, entre otras cosas diseñador de unos trajes negros que no saben de géneros.

Todos ellos hacen de Muerta de amor un auténtico canto al amor y a una libertad que lo permite todo, menos la indiferencia».

Manuel Liñán & Compañía

Muerta de amor

Dirección y coreografía: Manuel Liñán

Acompañamiento creativo: Ernesto Artillo

Colaboración coreografía: José Maldonado

Artista Invitada: Mara Rey

Baile: Manuel Liñán, José Maldonado, Juan Tomás de la Molía, Miguel Heredia, José Ángel Capel, David Acero, Ángel Reyes

Cante: Juan de la María
Guitarra: Francisco Vinuesa
Violín y violín sintetizador: Víctor Guadiana
Percusión: Javier Teruel

Música original: Francisco Vinuesa

Espacio sonoro, arreglos y Folclore: Víctor Guadiana

Asesoramiento musical: Javier Teruel

Diseño vestuario: Ernesto Artillo

Diseño escenografía: Rafael Liñán, Ernesto Artillo y Gloria Montesinos

Realización escenografía: Readest montajes – Diseño iluminación: Gloria Montesinos A.a.i. – Técnico iluminación: J. M. Pitkänen – Diseño de sonido: Ángel Olalla – Maquinaria y regiduría: Octavio Romero – Asistente de producción y Tour mánager: Inés García – Guía espiritual: Iván Baba

De todo lo visible e invisible

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74º Festival Internacional de Música y Danza de Granada (día 5). Música de cámara – Recitales.Lunes 23 de junio, 22:00 horas. Patio de los Arrayanes. Alexandre Tharaud (piano). Obras de Bach, Ravel y Dukas. Concierto homenaje a José Luis Kastiyo (1935-2024), periodista, cronista y querido amigo del Festival de Granada. Fotos propias y ©Fermín Rodríguez.

Mi quinta noche de Festival en la mágica de san Juan donde todo resultó cautivador y hechizante no solo por lo que se suele decir del «marco incomparable», que evidentemente el Patio de Comares lo es (y que «no me toquen los arrayanes» porque no entiendo la manía que tienen los visitantes en palpar unos setos únicos por lo bien podados). Llegaba el pianista francés Alexandre Tharaud con un programa un tanto curioso  por las obras elegidas pero con cierto hilo conductor en torno a la brujería por no seguir llamándole magia en este palacio nazarí de acústica increíble. La web del Festival lo presentaba así:

«La elegancia hecha pianista
Alexandre Tharaud es uno de esos pianistas que han hecho de la finura y la elegancia una forma de estar en el escenario, una manera de acercarse al hecho musical. En repertorios que exigen tanta sensibilidad en el control de la pulsación como el de los barrocos franceses, auténtica especialidad, Tharaud se crece, y por eso su Bach es esperado con expectación. Además, el que presenta en el Festival es un Bach hecho mayormente de transcripciones propias de música vocal. La experiencia se completará con un acercamiento a otro de sus terrenos preferidos, el de la música francesa del siglo XX: Ravel, de aniversario, estará presente con una de sus obras impresionistas más reconocidas, Miroirs, una suite de cinco piezas para piano que estrenó su amigo pianista Ricardo Viñes en 1906; Dukas, con ese cuento fantástico que es El aprendiz de brujo, transcrito también por el propio intérprete».

De las notas que nos dejó mi admirado Rafael Ortega Basagoiti en el programa de mano tituladas «Originales y transcripciones» iré citándolas e intercalándolas para intentar poner palabras a la noche más corta del año, con una primera parte donde volver a creer en dios Bach por todo lo visible e invisible desde un piano no solo elegante sino inmenso de dinámicas y colores, pues la primera parte comenzaría con un viento de Levante que arreciaba aunque se agradecía. Tharaud nos dejaba su apostolado bachiano con transcripciones propias verdaderamente muy logradas, porque su pulsación más un manejo del pedal muy contenido pero efectivo, es capaz de conseguir unas sonoridades delicadas y variadas donde percibir todo.

«El recital que propone Alexandre Tharaud contiene una curiosa y fascinante combinación de páginas ideadas originalmente para el teclado y transcripciones del propio Tharaud que en más de una ocasión rebasan el concepto de mera adaptación al teclado para adentrarse en un terreno que, especialmente en las páginas provenientes de oratorios, se acerca a la paráfrasis o la fantasía. La transcripción ha sido algo practicado continuamente en la historia de la música, muchas veces para familiarizarse y conocer mejor las obras de otros, como lo hacía el propio Bach con Marcello, Telemann o Vivaldi. Otras, para permitir la ejecución de una música determinada en otros instrumentos, algo también practicado por Bach».

El coro inicial de la Pasión según San Juan desgranó en el piano toda la riqueza melódica del kantor de Santo Tomás en la noche del evangelista con un atardecer amenazante que parecía trasladarnos al Gólgota, escuchando mentalmente esta súplica: «Señor, soberano nuestro… muéstranos con tu pasión, que Tú, verdadero hijo de Dios, en todas las ocasiones, y aún en la mayor humillación has sido glorificado». Sobrecogedor inicio de recital ad maiorem Bach gloriam y con la última nota resonando en el Patio de los Arrayanes, llegaba el milagro de convertir el viento en leve brisa antes de la conocida «Sicilienne» de la Sonata en mi bemol mayor para flauta, increíble poder escuchar todo lo escrito por «Mein Gott» transcrito al piano.

«Tharaud nos propone un recorrido variado, que incluye arreglos propios de algunas páginas familiares en otras transcripciones (la bella Siciliana de la Sonata para flauta y clave BWV 1031, por ejemplo, es bien conocida en el arreglo de Wilhelm Kempff), y añade algunas otras que raramente se escuchan en un instrumento de teclado, como el coro Herr, unser Herrscher, que abre la Pasión según san Juan, o la asombrosa, bellísima, que hace del aria de soprano Aus Liebe will mein Heiland sterben de ese mismo oratorio».

Alexander Tharaud sin apenas respiro atacaría cual rezo sin palabras, el aria de soprano «Por amor, por amor va a morir mi Salvador» de la Pasión según San Mateo, que se ha transcrito incluso para dos pianos y que el francés logró el tercer milagro sonoro donde escuchar la sentida voz femenina con solo el orgánico de un piano que aún no estaba inventado y que el tiempo lograría transmitir un legado universal.

«La Suite BWV 996, compuesta probablemente hacia 1715, estaba presumiblemente destinada al laúd, aunque no se descarta que estuviera pensada para ese singular instrumento, hoy olvidado, el clave-laúd o lautenwerk. Aunque sigue el modelo habitual francés de la suite en seis movimientos, Tharaud omite la Courante y cambia el orden de los movimientos, situando la Bourrée antes que la Sarabande. La Suite BWV 818a, originalmente escrita para instrumento de teclado, es una obra relativamente temprana (la primera fuente disponible es de 1722, pero la de la versión que escucharemos hoy es de c. 1740) y Schulenberg la sitúa entre las Suites inglesas y francesas. La segunda versión (818a) de esta suite que escucharemos, añade un Preludio y sustituye la Double de la Sarabande por un Menuet».

Enlazado sin pausa vendrían los seis movimientos de esta Suite desplegando una riqueza esplendorosa de matices, tiempos, ornamentos diferenciados, apoyaturas y trinos, ataques casi de clavecín con la grandiosidad del piano de cola, una Bourrée deudora del mejor Rameau en la transcripción y ejecución de su compatriota,  y una (re)interpretación de estas danzas que finalizan con la Gigue virtuosa tan cristalina como el agua de la alberca, reflejos proyectados por propia magia de la madre naturaleza según íbamos escuchándola.

Tras una mínima parada técnica para estirar las piernas, una segunda parte tan francesa e igualmente inspirada e inspieadora de dos de «Los apaches» en el 150 aniversario del nacimiento de un virtuoso pianista español defensor de nuestra música en la France capital de la modernidad, pero también de sus moradores, estrenando la siguiente obra de la noche, para lo que podría hablar de una transmutación en Alexandre Viñes y después Maurice Tharaud, un intérprete personal que mantendría el hechizo sonoro desde las 88 teclas iluminadas por el espejo acuático del Patio de los Arrayanes.

«Muchas de las obras de Ravel se han hecho populares en su paso del piano a la orquesta en lugar de hacerlo en el original pianístico. No es el caso de Miroirs, escrita en 1904 y sin duda una de sus mejores y más célebres partituras pianísticas. Estamos ante un conjunto de cinco piezas dedicadas a distintos miembros del colectivo artístico denominado «Los apaches», del que Ravel y Viñes formaban parte. Música que se mueve entre la ensoñación y la evocación, sugerente en la atmósfera agitada, pero delicadamente crepuscular de Noctuelles. Más tranquila la melancólica, no exenta de algún eco amargo, Oiseaux tristes, dedicada al mencionado Viñes, que además estrenó la obra. Seductora y evocadora Une barque sur l’océan, la página más larga de la serie, en la que la traducción sonora de las olas no puede ser más hermosa. El carácter español luce en la brillante y muy exigente (la más difícil de las cinco) Alborada del gracioso, la pieza quizá más sinfónica, que más tarde sería orquestada brillantemente por el propio Ravel. Hipnótica, en fin, la recreación tímbrica de las campanas parisinas en La vallée des cloches».

Cinco pinturas coloridas donde los propios títulos eran ensoñaciones: un nocturno verídico seguido de unos pájaros tristes que al volar acallaron los que suelen anidar cerca, un barco que surcaba el Cantábrico de Ciboure y San Juan de Luz, la algarabía sinfónica en el piano antes del toque de campanas que anunciaban poco a poco el final de esta oración francesa con el reverendo Tharaud.

Y si hubo magia toda la noche de san Juan, El mago Tharaud convirtió y transformó toda la paleta orquestal a un piano arrebatador, embrujado no por el aprendiz sino por este Merlín francés, brujería sonora para creer escuchar hasta un contrafagot al pie del palacio.

«El aprendiz de brujo es, sin lugar a duda, la obra más conocida de Paul Dukas. Lo es con buen motivo, porque es página de gran colorido y capacidad evocadora. Concebida originalmente en 1897 como poema sinfónico sobre una balada de Goethe (Der Zauberlehrling), es un ejemplo muy claro de música programática, un scherzo con cuatro motivos con los que Dukas (y luego Disney en Fantasía), cuenta la historia de un aprendiz que, sin permiso, hechiza una escoba para que le ayude a cargar agua. El propio Dukas arregló poco después la partitura para dúo de pianistas, y posteriormente Lucien Garban, Victor Staub y ahora, Alexandre Tharaud, han realizado sus propios arreglos para piano solo».

Si Walt Disney hizo de Micky Mouse un torpe aprendiz, Tharaud convirtió en pura fantasía esta transcripción, que como bien escribía el doctor Ortega, «rebasan el concepto de mera adaptación al teclado para adentrarse en un terreno que (…) se acerca a la paráfrasis o la fantasía».

Nadie esperaría que tras Bach, Ravel y Dukas sonasen canciones de Edith Piaf, pero Tharaud es ecléctico, libre, pianista sin etiquetas amante de la música de su país y capaz de homenajear no solo a Ravel y Viñes, también a «La Môme Piaf», con dos maravillas que quien no conociese el original bien podrían parecer debussyanas por los arreglos, pero igualmente jazzísticas desde la capital de un género que es tan clásico para mi generación enemiga de clasificaciones, y como para Tharaud otro «omnívoro musical». Primero el Hymne à l’amour emotivo, introspectivo y elegante frente al explosivo y alegre Padam, padam, un piano francés que canta y hace cantar sin palabras en la mágica noche de san Juan.

PROGRAMA

Johann Sebastian Bach (1685-1750):

Coro «Herr, unser Herrscher», de la Pasión según san Juan, BWV 245 (1724) *

Sicilienne, de la Sonata en mi bemol mayor para flauta, BWV 1031 (1730-34) *

Suite en la menor, BWV 818a (c. 1740):

Prélude – Allemande – Courante – Sarabande – Menuet – Gigue

Aria «Aus Liebe will mein Heiland sterben», de la Pasión según San Mateo *

Suite en mi menor para laúd, BWV 996 (1708-17): *

Prélude – Allemande – Bourrée – Sarabande – Gigue

Maurice Ravel (1875-1937)
Miroirs (1904-05): **

Noctuelles – Oiseaux tristes – Une barque sur l’océan – Alborada del gracioso – La vallée des cloches

Paul Dukas (1865-1935):
L’apprenti sorcier (1897) *

* Transcripciones de Alexandre Tharaud
** En el 150 aniversario del nacimiento de Maurice Ravel y Ricardo Viñes

Cantando a Padre y Madre

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74º Festival Internacional de Música y Danza de Granada (día 4). Conciertos matinales.

Domingo 22 de junio, 12:30 horas. Crucero del Hospital Real. Numen Ensemble, Héctor Eliel Márquez (director). Obras de Falla, Victoria, Rachmaninov, Juan Alfonso García, Duruflé y Stravinsky. Fotos propias y ©Fermín Rodríguez.

Cuarto día de mi festival con sesión matinal, coral «a capella» y un programa variado donde se volvía a homenajear a Juan-Alfonso García que sigue siendo  y sonando actual, con obras interesantes que Helena Martínez Díaz en las notas al programa titula «Diálogo entre música y palabra» (que iré intercalando a lo largo de esta entrada) donde no faltó un estreno del compositor y organista catedralicio. De este tributo musical, la web del festival dice:

«Homenaje a Juan-Alfonso García
Este homenaje del conjunto coral Numen Ensemble se articula en dos partes bien relacionadas entre sí: la primera reúne piezas sobre dos de las oraciones más populares del orbe cristiano, el Ave María y el Padre Nuestro, desde Victoria a Rajmáninov, Falla, Stravinsky y Duruflé. Sobre un motivo del Ave María de Victoria escribieron además Falla su Invocatio ad individuam trinitatem, que abre el recital, y Juan-Alfonso García su Letrilla al Niño Jesús. Con esta pieza arranca la segunda sección del concierto que incluye obras del homenajeado, el compositor nacido en Extremadura pero avecindado en Granada desde los once años de edad. Se podrá escuchar El corazón de la materia, sobre un texto de Teilhard de Chardin, que es estreno absoluto, y otras piezas sobre poemas de los poetas granadinos Elena Martín Vivaldi, Federico García Lorca y Antonio Carvajal».

Numen Ensemble (creado en febrero de 2011) es un coro de cámara con larga trayectoria y distintos repertorios, que se presentaba con 16 voces dirigidas por el también compositor Héctor Eliel Márquez, y aunque en el programa de mano aparecían cuatro por cuerda, se presentaron con 10 voces blancas y 6 graves, lo que en cierto modo descompensó el balance y color, aunque en general sonó empastado, afinado y moviéndose muy bien en el repertorio de García, de quien Helena Martínez relata que fue una «figura clave en la música española de la segunda mitad del siglo XX, en conmemoración de los diez años de su fallecimiento. Organista titular de la Catedral de Granada durante más de cincuenta años, perteneció a esa «inmensa minoría» –como él mismo se definía– que pudo dedicarse a la profesión que había sentido y escogido: la música y el sacerdocio. Su formación estuvo guiada por Valentín Ruiz-Aznar, maestro de Capilla de la Catedral de Granada, quien le transmitió un ideal musical arraigado en la tradición polifónica religiosa española de Tomás Luis de Victoria y el contrapunto de Johann Sebastian Bach. Nacido en Extremadura, pero avecindado en Granada, Juan-Alfonso García estuvo profundamente ligado a la ciudad y su ambiente intelectual y artístico, en estrecha relación con músicos y escritores, desde donde configuró su estilo compositivo más vanguardista».

En Granada y con un programa que unía música y poesía así como las dos oraciones universales del Ave María y el Padre Nuestro, nadie mejor que Falla para comenzar el concierto con la Invocatio ad Individuam Trinitatem (1935) e ir calentando las voces, y continuar con el conocido Ave Maria atribuido al Padre Victoria, renacimiento inspirador matizado e interpretado diferenciando dinámicamente y en «tactus» la segunda parte del Sancta Maria, Mater Dei donde las cuerdas agudas sobresalieron más de lo esperado pero siempre atentas al maestro granadino Márquez (13 abril de 1979).

Del Ave Maria renacentista pasamos a la tradición ortodoxa con Rachmaninov y su Bogoroditse Devo de 1915 (contenido en sus Vísperas, op. 37), esfuerzo de los bajos por sustentar esta catedral coral, con la que llegaríamos al de Juan-Alfonso García de quien Helena Martínez cita: «En 1939 Falla dejó constancia de la autoría «compartida» de esta pieza en el borrador de una carta dirigida a María de Cardona, dado a conocer por Juan-Alfonso García en 1976: «La invocación propiamente tal es mía, mientras el Amén es de Victoria». (…) Continuamos esta tradición musical con un Ave Maria (1975) del mismo Juan-Alfonso, escrito para cuarteto solista y coro a cuatro y seis voces mixtas». Interesante optar en colocar al cuarteto solista al fondo y el coro a seis voces mixtas sobre el estrado, muy efectista en esta obra que mantiene el sabor contemporáneo tan del gusto de los actuales coros jóvenes que apuestan por repertorios agradecidos como este del clérigo pacense que se haría granadino.

Si ayer en la mañana sonaba Duruflé en el órgano del Santuario del Perpetuo Socorro, en esta dominical sonaba el Notre Père, op. 14  (1977) bien ubicado en el progama y donde el Numen Ensemble volvió a mostrarse incómodo en las notas agudas de emisión abierta que hacían perder un empaste demostrado en la oración anterior, dos oraciones que vertebraban este concierto donde sonarían ambas con el Stravinsky ortodoxo pero en latín: Pater Noster (1926) y después Ave Maria (1934), dos de las primeras obras religiosas del ruso, con el coro reubicado y logrando homogeneidad de color más una afinación digna de destacar, así como la buena emisión en los melismas.

Y personalmente llegaría la mejor parte con las obras de Juan-Alfonso García que Helena Martínez Díaz desgrana y analiza en sus notas:

«La Letrilla al Niño Jesús (1979), basada en un poema de San Juan de la Cruz, retoma el motivo del Amen de Victoria y da paso a la segunda parte del programa, centrada íntegramente en la obra de Juan-Alfonso García, en la que se entrelaza espiritualidad, poesía y la ciudad de Granada, elementos esenciales en su producción musical. A continuación, se presenta El corazón de la materia (2002), sobre un texto del sacerdote y filósofo Pierre Teilhard de Chardin, que es estreno absoluto. La poesía intimista de Elena Martín Vivaldi se traduce en Amarillos (1978), una trilogía que explora atmósferas cambiantes y disonancias que ilustran a modo de madrigalismo los versos de la poeta. Le siguen los Seis caprichos (1986) sobre textos de Federico García Lorca, donde descubrimos a un Juan-Alfonso más vanguardista y rítmico, especialmente en piezas como Guitarra, Crótalo y Pita, hasta llegar a Cruz, que recuerda un coral bachiano. El concierto culmina con Cada vez que una mano se me ofrece (1979), sobre un poema de Antonio Carvajal, cierre de un homenaje que es también un diálogo profundo entre música y palabra».

Buenas solistas la soprano y contralto (mezzo), vocalización de unos textos que figuran en la web y que se debían haber añadido en el programa para comprobar qué bien entendió Juan-Alfonso la lírica coral, feliz unión de textos que su música engrandece. Digno destacar el estreno de El corazón de la materia ¡23 años después de su composición!, aplaudir a Héctor Eliel Márquez el haberla traído a la Granada amada por el extremeño, y donde Numen Ensemble al fin mostró  toda su calidad. Los Amarillos fueron interpretados con los mismos  calificativos de «plenitud», «encendida» (que bisarían al final bajados de la tarima) y «serena», pero sobremanera los Seis caprichos (1986) a 4-8 voces mixtas que son muy actuales, variados, encontrando técnicas que utilizan los «nuevos» compositores tan programados por las agrupaciones jóvenes (de las amateur no comento su estado vocal ni la media de edad), con un Crótalo y una Pita rítmicos,  jugosos, bien encajados, antes de ese coral final que es Cruz, homenaje a «dios Bach» por parte del Padre García.

Y Cada vez que una mano se me ofrece (1979) citar parte del texto del granadino Antonio Carvajal (Albolote, 1943) que Juan-Alfonso eleva a lírica con su música coral:

Cada vez que una mano se me ofrece / tiemblo de sombras, a su luz me entrego, / y su luz una espiga en mi alma acrece, / casi de ausencia perseguido y ciego, / abro mi mano y tiendo hacia esa mano / leve la espina. Luego, qué sosiego. / Alas la espiga tiene en cada grano.

PROGRAMA

Manuel de Falla (1876-1946):
Invocatio ad individuam trinitatem (1935)

Jacobus Gallus / Valentinus Judex (atrib. T. L. de Victoria):
Ave Maria

Serguéi Rajmáninov (1873-1943):
Bogoroditse Devo (de Vsenoshchnoe bdenie, op. 37. 1915)

Juan-Alfonso García (1935-2015):
Ave Maria (1975)

Maurice Duruflé (1902-1986):
Notre Père, op. 14 (1977)

Igor Stravinsky (1882-1971):
Pater Noster (1926)
Ave Maria (1934)

Juan-Alfonso García:
Letrilla al Niño Jesús (1979)
El corazón de la materia (2002) *
Serena de Amarillos (1978)
Seis caprichos (1986)
Cada vez que una mano se me ofrece (1979)

* Estreno absoluto

Desde Monte-Carlo con amor

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74º Festival Internacional de Música y Danza de Granada (día 3 bis). Danza.

Sábado 22 de junio, 22:30 horas. Teatro del Generalife: Les Ballets de Monte-Carlo, Jean-Christophe Maillot. Serguéi Prokófiev: Romeo y Julieta, ballet en tres actos basado en la obra de William Shakespeare. Fotos propias y ©Fermín Rodríguez.

En anteriores ediciones no solía escaparme a los espectáculos de ballet, que son pareja indisoluble de este Festival (Música y Danza), en parte por coincidir con conciertos sinfónicos o de cámara, y sin que sirva de disculpa. por no estar en mi lista de preferencias pese a haber disfrutado en Oviedo de grandes compañías (Alicia Alonso Martha Graham…) ya desde mis tiempos de universitario y contando con descuentos estudiantiles.

Pero en esta septuagésima edición, primera bajo la dirección del maestro veneciano y medio granadino Paolo Pinamonti, en la programación no se solapan citas, por lo que ir hasta el Generalife y disfrutar del Prokofiev bailado por los ballets de Montecarlo (con mi amada Carolina de benefactora, siendo ya Princesa de Hannover), era una experiencia más que añadir a mi calendario diario, al que se sumarían otras circunstancias.

Imposible relatar o transmitir lo vivido este sábado 21 de junio, aunque las imágenes que acompañan esta entrada, de otro artista como Fermín Rodríguez Ferminius, fotógrafo oficial que en estos años sumo a mis amistades granadinas, pueden ser el fiel reflejo de la belleza de este drama bailado que siempre sigue vigente.

Y nada mejor prepararsw leyendo la presentación en la web, más las notas al programa de Cristina Marinero. Vamos con la primera:

«Cuando, queriendo hacer el bien, se provoca la tragedia
Lleva más de treinta años al frente de la compañía monegasca, desde que la Princesa Carolina le nombrara su director en 1993. Jean-Christophe Maillot ha seguido fiel en estas décadas a su estilo neoclásico-moderno para ofrecer los grandes títulos del repertorio con los Ballets de Monte-Carlo. En su nueva visita a Granada presenta su aplaudida versión coreográfica de Romeo y Julieta, para la que pone el foco del drama sobre el Hermano Laurent. El coreógrafo subraya que el fraile quiso hacer el bien, pero con sus decisiones acaba provocando la tragedia. Maillot utiliza para ello todo el despliegue técnico y dramático de la danza clásica, sobre la bella partitura de Prokófiev, con sus bailarines vestidos con exquisita elegancia por Jérôme Kaplan».

Mi Real Oviedo se jugaba el ascenso a la primera división de La Liga (contra el Mirandés), tras 24 años y no estaba pendiente de unos ballets que solo veía y escuchaba por la oreja que me dejaba libre el auricular durante la retransmisión de la RTPA, pero las imágenes y la música de Prokofiev grabada y bien ecualizada, me hacía pensar lo bueno que sería tener una orquesta en vivo acompañando estos Capuletos y Montescos que con una escena sencilla pero «resultona», sumando una iluminación casi mágica, un vestuario «de película» y un cuerpo de baile espectacular, llenaban de magnetismo una historia conocida donde no hace falta saber idiomas porque la danza siempre se entiende (y mucho público de otras nacionalidades lo corroboró) en este teatro al aire libre (lleno) en un marco único como es El Generalife, difícil de igualar.

Mi «compañera» en Ópera World y crítica especialista en danza, escribe lo siguiente:

«Danza neoclásica para la más famosa tragedia de Shakespeare

Cuando ya sobrepasa las tres décadas al frente de la compañía monegasca, Jean-Christophe Maillot es en uno de los directores de danza más veteranos de Europa y prácticamente del mundo. Granada ha sido testigo de sus avances, ya que Maillot y los Ballets de Monte-Carlo se han convertido en buenos amigos de su Festival Internacional de Música y Danza, con varias visitas al Teatro del Generalife, entre ellas para la histórica 69ª edición, en julio de 2020, desarrollada con éxito en plena pandemia.

Arropado siempre por su benefactora, la Princesa Carolina, desde su llegada al frente de la institución en 1993, el director francés ha ido modelando a los Ballets de Monte-Carlo hacia una personalidad propia con sus coreografías neoclásicas-modernas para ofrecer, sobre todo, y lo que más fama le ha otorgado, los grandes títulos del repertorio de la danza académica a través de su prisma creativo.

Para ello, cuenta con cincuenta y un bailarines –entre ellos tres españoles, Lucía Alfaro Córcoles, Álvaro Prieto y Alejandro Moya Vaquero–, elenco cada vez más internacional, si bien priman también los educados en la Académie Princesse Grace, la famosa escuela de ballet del principado, nombrada en honor a Gracia de Mónaco.

El título que ofrecen este año los Ballets de Monte-Carlo, Romeo y Julieta, es ya un clásico de finales del siglo XX. Se trata del gran éxito de Jean-Christophe Maillot desde que lo realizara para la compañía en sus primeras temporadas como responsable máximo. Creado sobre la espectacular, emocionante, vibrante e inolvidable partitura de Serguéi Prokófiev, este ballet sobrepasa ya las 260 actuaciones por todo el mundo y está incluido, desde su estreno en 1996, en el repertorio de otras siete compañías. Su visita al Festival con este emblemático ballet llega cuando están en los prolegómenos de celebrar el 30º aniversario de su estreno en 2026.

Con su personal estilo neoclásico-moderno, musicalidad en el movimiento y minimalismo absoluto en escenografía y vestuario, Maillot apunta el foco del drama de Shakespeare hacia el Hermano Laurent, a quien acude Julieta buscando consejo por su amor prohibido hacia Romeo. El coreógrafo subraya que el fraile quiso hacer el bien con sus acciones, pero acaba provocando el mal.

Se distancia con este punto de vista, por tanto, de las rivalidades familiares tan encarnecidas como núcleo de la tragedia. Porque Maillot no interpreta la historia como un conflicto social o una lucha centrada en un código de honor, sino como un drama fortuito que causa la muerte de los jóvenes, más preocupados por sus sentimientos de amor adolescente, que por los del odio.

En la puesta en escena utiliza una fórmula cercana a lo cinematográfico, con flash-backs del Hermano Laurent, movimientos a cámara lenta y dibujando su coreografía en diagonales, sin que los bailarines bailen frente al público, al igual que los actores en una película no miran a los espectadores de la sala a través de la pantalla.

Maillot utiliza todo el despliegue técnico y dramático de la danza clásica trufado de su personal simbiosis con movimientos contemporáneos. Sus bailarines están vestidos con exquisita elegancia por Jérôme Kaplan, quien comenzó a diseñar para ballet en la época de este Romeo y Julieta; el espacio escénico es obra de su estrecho colaborador Ernest Pignon-Ernest, diseñador de la inmensa mayoría de sus creaciones, como lo es desde hace años el responsable de la genial iluminación, el también escenógrafo Dominique Drillot».

Más de dos horas espectaculares en todos los sentidos por iluminación, vestuario, puesta en escena, con la mezcla bien entendida del baile clásico y el contemporáneo, siempre universal, llevando los personajes de Shakespeare desde el lenguaje más universal que es el corporal, disfrutando de primeras figuras siempre bien acompañadas de todo un cuerpo de baile verdaderamente magnífico.

Maravillosa la pareja protagonista, Katrin Schrader como Julieta y el Romeo de Jérôme Tisserand, aunque como bien nos informamos, el Hermano Laurent, a quien acude Julieta buscando consejo por su amor prohibido hacia Romeo, comparte una escena plena en todos los sentidos.

Llegaba la jora mágica de la una de la madrugada donde el público salía feliz, parte al ambigú y otros a los microbuses que nos dejarían en el centro de la capital nazarí en mi tercer día de festival que recordaré el resto de mi vida por todo lo que rodeó el drama de Shakespeare con la música de Prokofiev bailado por una compañía internacional donde se hace difícil destacar cualidades y calidades, limitándome al menos a dejar sus nombres al final de esta entrada y casi viendo amanecer.

Y este domingo, mi cuarto día de festival,  otro programa doble que espero seguir contando…

PROGRAMA

Serguéi Prokófiev: Romeo y Julieta
Ballet en tres actos basado en la obra de William Shakespeare

Coreografía: Jean-Christophe Maillot

Escenografía: Ernest Pignon-Ernest

Vestuario: Jérôme Kaplan

Iluminación: Dominique Drillot

Primera representación: 23 de diciembre de 1996, en la Sala Garnier de l’Ópera de Monte-Carlo.

ELENCO:

Julieta: Katrin Schrader – Romeo: Jérôme Tisserand – Fray Lorenzo: Jaat Benoot – Los dos acólitos: Cristian Oliveri y Christian Tworzyanski.

Lady Capuleto: Marianna Barabas – La nodriza: Gaêlle Riou – Teobaldo: Simone Tribuna – Mercucho: Michaël GrüneckerBenvolio: Lukas Simonetto – Paris: Lennart Radtke – Rosalinda: Candela Ebbesen.

Los Montesco: Ashley Krauhaus, Kathryn McDonald, Anissa Bruley, Ekaterina Mamrenko, Emma Knowlson, Alexandre Joaquim, Kizuki Matsuyama, Kozam Radouant, Roger Neves.

Los Capuleto: Lucía Alfaro Córcoles, Elena Marzano, Sooyeon Yi, Emilee Blake, Artjom Maksakov, Alejandro Moya Vaquero, Riccardo Mambelli – Ige Cornelis.

Aniversarios en Palacio

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74º Festival Internacional de Música y Danza de Granada (día 2): Conciertos Sinfónicos.

Viernes 20 de junio, 22:00 horas. Palacio de Carlos V. Orquesta Ciudad de Granada, Jean-Efflam Bavouzet (piano), Cristina Faus (mezzo), Juanjo Mena (director). Obras de Falla, Ravel y Juan-Alfonso García. «En el 150 aniversario del nacimiento de Maurice Ravel y Ricardo Viñes, y el centenario del estreno en París de El amor brujo de Manuel de Falla». Fotos  de las RRSS, propias y  de ©Fermín Rodríguez.

Así presentaba este concierto la página web del festival:

Ravel, Viñes y Falla de aniversarios
Falla y Ravel coincidieron en el París de 1900. El Festival los reúne en el 150 aniversario del nacimiento de Ravel y el centenario del estreno en París de la versión para ballet de El amor brujo. El nombre de Ricardo Viñes, pianista por excelencia de aquel entorno y amigo de los dos músicos, se une a la efeméride pues nació el mismo año que Ravel e introdujo a Manuel de Falla en el ambiente musical francés a su llegada en 1907, además de ser dedicatario de Noches en los jardines de España. El pianista francés Bavouzet y Juanjo Mena ofrecerán en este concierto dos de las obras para piano y orquesta fundamentales no sólo de sus autores, sino de todo el siglo: las Noches de Falla y el Concierto en sol de Ravel. Además, este programa los une también en torno a la danza: La Valse supuso la ruptura de Ravel con Diáguilev, quien se negó a estrenar la obra con sus Ballets rusos, mientras El amor brujo fue convertido en ballet y presentado en París. Entre ambos, se escuchará Epiclesis II, una orquestación de Juan-Alfonso García de su obra original para órgano «compuesta en el centenario del nacimiento de Manuel de Falla y a él dedicada», estrenada en la Catedral de Granada en 2009.

Interesante recordar a Ricardo Viñes que sería ya instalado en París un virtuoso del piano y gran defensor entre otros de Falla y Ravel, por lo que la celebración estaba bien armada aunque los 150 años no comenzarían bien. Un tarde de truenos y relámpagos con lluvia intermitente parecía aguar la fiesta, y cambiar la ubicación palaciega al auditorio no era nada fácil por estar ocupado por la ONE preparando el concierto de domingo. Las previsiones meteorológicas marcaban las 21:00 como despejado y a las 20:42 llegaba un aviso por las RRSS que se retrasaba el inicio a las 22:30 horas, abriéndose las puertas una hora antes, pero aún con dudas no sería hasta las 22:45 cuando tras las disculpas del director del festival Paolo Pinamonti comenzaría un concierto largo, denso y con una conexión entre Granada y París que pondría a prueba a intérpretes y público, pues el orden del programa y su duración nos llevaría hasta la una de la madrugada.

Si hay emociones únicas, escuchar a Falla en La Alhambra tan cerca de su Carmen de la Antequeruela es para recordar y comenzar con el El amor brujo en su versión de 1925 hacía que 100 años después parecía traernos el pasado al presente. La Orquesta Ciudad de Granada (OCG) no podía fallar en el compositor «de casa» y con el director alavés Juanjo Mena (Vitoria-Gasteiz, 21 de septiembre de 1965) al frente presagiaba un buen arranque de concierto, contando como solista con la mezzo de Benissanó, Cristina Faus cual «cantaora», de registros graves casi para contralto (aunque sigo teniendo de referencia a Carmen Linares pero especialmente a Rocío Jurado). Una interpretación con el toque gitano donde la voz de la valenciana casi natural se llenó de la hondura interpretativa que une folklore y lírica, iluminando sus solos con el fuego fatuo siempre arropada por una orquesta donde el alavés supo controlar las dinámicas, con tiempos exigentes y distintas respuestas.

Pausa para colocar el piano en el centro antes del muy esperado pianista francés Jean-Efflam Bavouzet (Lannion, 17 de octubre de 1962) que sería lo mejor de la noche, con la elegancia y técnica ideal tanto para el Falla de la segunda parte como para el extraordinario concierto de Ravel. El compositor vasco-francés vuelca en este concierto el lenguaje de jazz que inspirará a Gershwin, el inicio de un siglo XX  que marcará otro hito en la historia de la música. Maravillosos los tres movimientos con un Bavouzet impecable, atento al maestro Mena que concertó y mandó en una OCG algo desigual pero entregada, luminosa por momentos donde las emociones estuvieron en el Adagio assai con ese piano protagonista, el francés pintor de detalles para quien Ravel es uno de sus predilectos, y un Presto arriesgado y trepidante que pondría a prueba a todos los intérpretes.

Tras la pausa, al menos se dejó el piano sin mover para un homenaje a otro enamorado de Granada, el pacense Juan-Alfonso García (1935-2015) que además de organista de la catedral de Granada,  fue canónigo emérito, comisario de este Festival Internacional de Música de Granada, y maestro de compositores como Francisco Guerrero, Manuel Hidalgo o José María Sánchez-Verdú, tan ligados a la capital nazarí. En las notas al programa del doctor Ortega Basagoiti, nos explica la obra de García que abría la segunda parte: «compuso una trilogía para órgano bajo el título de Epiclesis, el término que designa la parte de la liturgia dedicada a la invocación del Espíritu Santo. Guerrero orquestaría después Epiclesis I, y el propio García haría lo propio en 1997, revisada posteriormente en 2009, con Epiclesis II, subtitulada Plegaria. En un programa en el que tan presente está Falla, es desde luego oportuno recordar la figura de García, no solo por su doble papel como compositor y pasado comisario del Festival, sino por su admiración hacia el compositor gaditano, a quien dedicó su Epiclesis. Así lo expresaba García, recordando el carácter de invocación que tiene el título, en una entrevista con Eva Santamaría: «Yo heredé de mi maestro [Ruiz-Aznar] el afecto hacia Manuel de Falla. Él ha dado lugar a que seamos y le dediqué una obra, Epiclesis, que es la invocación del espíritu sobre una persona»». De  García recuerdo lejanamente su oratorio Cántico espiritual con la OSPA en tiempos de Jesse Levine allá por 1993, pero esta Epiclesis II, en orquestación del propio autor sobre la original para órgano de 2009, me hubiera gustado más con los registros del catedralicio o los muchos instrumentos que Granada atesora, pero no soy quien para contrariar al propio compositor. Mejor «obertura» inicial y reconocido homenaje que tendrá en otras obras de este 74 Festival, y trabajo de Mena con la OCG que serviría como puesta a punto para lo que quedaba.

Falla con Bavouzet fue el complemento ideal de estos aires franceses, dos conciertos de piano en una misma velada, el Ravel desenfadado de los felices años 20 y el Falla de los inicios, el apoyo de Viñes a quien iría dedicado, y todo un modelo a seguir, novedoso titulándolo Noches en los jardines de España donde los tres movimientos son estampas y jardines que pudimos disfrutar en su entorno y con una buena versión de Bavouzet y Mena nuevamente mostrando el feliz y necesario entendimiento con los aires franceses que el talento del pianista le imprimió cual «segundo Viñes» un siglo después. Un Generalife luminoso, una danza lejana donde la OCG ayudó a ese clima de «impresiones sinfónicas» con el piano perfilando la exuberancia antes de la fiesta gitana del Corpus más granadino que cordobés, el recuerdo del cante inicial y el buen entender que los franceses han tenido del flamenco.

Nueva pausa para retirar el piano y quedándonos con ganas de una propina de Falla o de Ravel pero faltaba aún La Valse, una obra que le queda todavía «grande» a una OCG que ha mejorado y agradecerle la valentía de afrontar un programa tan denso y exigente. El esfuerzo de Juanjo Mena en sacar lo mejor de «la orquesta de casa» fue inmenso y a lo largo de una noche mágica por las obras pudimos apreciar una cuerda compacta con dos arpas impecables; la madera también tuvo pasajes inspirados. En cambio las dinámicas no siempre tuvieron el balance ideal de las secciones donde la acústica palaciega puede ser engañosa. Hubiese acortado el programa con esta «Balsa» más que Valse y un García que sonará a lo largo del festival, pero está claro que el movimiento se demuestra andando y trabajar grandes repertorios es la forma de seguir creciendo, más con maestros como el vitoriano.

PROGRAMA

I

Manuel de Falla (1876-1946)
El amor brujo (versión de 1925)
Maurice Ravel (1875-1937)
Concierto para piano en sol mayor (1928-31)

II

Juan-Alfonso García (1935-2015)
Epiclesis II (orquestación del propio autor sobre original para órgano. 2009)
Manuel de Falla
Noches en los jardines de España (para piano y orquesta. 1909-16)
Maurice Ravel
La Valse (1919-20)

En el 150 aniversario del nacimiento de Maurice Ravel y Ricardo Viñes, y el centenario del estreno en París de El amor brujo de Manuel de Falla.

Bandas en el FEX

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Martes 17 de junio, 74 Festival Internacional de Música y Danza de Granada. 22 FEX (Festival Extensión).

Ya en capilla para asistir al 74 Festival de Granada (mi tercero consecutivo) y en plena celebración del Corpus con la propia Feria de la capital nazarí, me encontraría con el conocido como «extensión» del mismo, el llamado FEX, con música en la calle y otros recintos poco convencionales que llevan la música del histórico festival de verano de la capital andaluza de a otros lugares y públicos no habituales, aunque también me topé con varios acérrimos.

Al comenzar mi paseo vespertino, a las 20 horas en Puerta Real, y una hora más tarde en Bib-Rambla escucharía a FEGRABAND, una fanfarria de la Federación Granadina de Bandas de Música con una plantilla joven muy buen ensamblada (4 trompetas / 3 trombones / 2 trompas / 1 bombardino / 1 tuba) que desde el balcón del NH Collection estaban tocando arreglos para esta formación (que también se la llama «Brass Band»), y así escuché fragmentos de Carmen (Bizet), Carros de fuego (Vangelis), Marcha triunfal de “Aida” (Verdi) o la marcha En busca del arca perdida de “Indiana Jones” (John Williams) sorprendiendo a los muchos turistas que soportaban los 38º gracias a la buena música con un impagable trabajo de los voluntarios del Festival repartiendo los folletos con la programación. Mucha gente parada y aplaudiendo esta joven formación dirigida por Fernando Gómez Morgollón, auténtica cantera de talento para las bandas de música, patrimonio que debemos mantener.

En Bib-Rambla cambiarían alguna de las obras y con parte del público que les seguía cual «flautistas de Hamelin», comenzando con la Fanfarria olímpica (J. Williams), el Brindis de “La Traviata” (Verdi), más Verdi y su Marcha triunfal de “Aida” y nada mejor que John Williams  casi «en busca de la sombra perdida», verdadero pistoletazo de salida del 74 Festival de Música de Granada.

No faltó a las citas el actual director del Festival Paolo Pinamonti que, como un servidor, seguiría periplo hasta la Plaza de las Pasiegas con el incomparable fondo de la Catedral de Granada para disfrutar del concierto de la Banda Municipal de Musica de Granada bajo la dirección del maestro  y compositor de Santa Fé Ángel López Carreño y un programa exigente con obras de Shostakovich, Copland y Reed.

Ni una silla libre aunque se irían vaciando porque algunos curiosos no podían (o no querían escucharlo completo), y unas interpretaciones verdaderamente encomiables con una acústica al aire libre que ayudó a disfrutar de obras comprometidas para una gran formación en un repertorio diría que de banda sinfónica aunque no haya cuerda grave en la plantilla, contando con unos arreglos muy trabajados. Bravo por la clarinete y concertino, pero también los diferentes solistas de oboe, trompeta, saxo tenor… más un cuarteto de percusión solvente (bravo las láminas), mandando y siguiendo en cada momento al maestro López Carreño  que dirigiría de memoria la hora larga de un programa titulado «Influencias de ida y vuelta entre el este y el oeste».

Buen y solemne arranque con Shostakovich, siempre reconocible, poniendo a prueba todos los efectivos de la banda granadina (excelencia de clarinete solista), después un viaje transatlántico con el Copland más festivo, percusiones tan protagonistas como el resto de secciones (bien el trompeta solista «ad libitum»), ricas dinámicas, buen empaste en metales, encajes rítmicos muy conseguidos, para cerrar concierto con las difíciles Danzas Armenias del prolífico estadounidense Alfred Reed, tan características por sus ritmos compuestos y amalgamados, bien marcados y resueltos por los músicos granadinos, con unos episodios donde disfrutar de cada sección y sus primeros atriles más una amplísima gama dinámica apreciable por la acústica pétrea de la plaza, con parte del público aplaudiendo donde quiso pero totalmente respetable aunque rompiese  la unidad narrativa que el director granadino intentó siempre y alcanzó con una excelente banda.

Una previa calurosa que llegaría hasta la cálida noche granadina, aún con bailes y sevillanas de feria, buen ambiente festivo antes del Jueves de Corpus con una Misa que contaremos desde aquí…

PROGRAMA

Dmitri Shostakovich (1906-1975):

Obertura Festiva

Aaron Copland (1900-1990):

El Salón México

Alfred Reed (1921-2005):

Danzas armenias:

1ª parte:

El albaricoquero – El canto de la perdiz – ¡Eh, mi Nazan! – El monte Alagyaz – ¡Vamos, vamos!

2ª parte:

1. Ven, brisa (La súplica del campesino) – 2. Khoomar (Danza nupcial) – 3. Cantos de Lorri

Vidas de artista

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Viernes 6 de junio, 20:00 horas. Auditorio de Oviedo, Abono 15 OSPA: Sinfonía fantástica. Nuno Coelho (director). Obras de Messiaen, Coll y Berlioz.

Finalizaba la temporada de abono de la OSPA con un programa «potente» y tres obras de compositores cercanos en el tiempo en apenas un siglo rompedor con el denominador común en cuanto a creencias, historias, imágenes, pero especialmente sus propias vidas de artistas. También suponía la despedida de Francisco Coll (Valencia, 1985) como colaborador artístico residente estas tres últimas temporadas, y que a partir del próximo curso «se nos va» a la OSCyL antes de proseguir estrenos en Europa y EEUU de su concierto para piano con Kirill Gerstein.

En el encuentro previo junto al maestro Coelho, el artista valenciano nos comentaría cómo es esta «nueva» Lilith que ha crecido desde su estreno en 2022, la escuchada en Oviedo en abril pasado (de ahí mi duda al figurar como estreno, verdaderamente una revisión de este 2025), sus orígenes recordándonos la adolescencia donde encontró a esta «mujer fatal» en aquellos manga de sus amistades en el instituto, el profundizar con la Lilith primera esposa de Adán en los textos hebreos, su personalidad poliédrica, y que como a todo artista le seguiría rondando la cabeza, la esperada evolución hacia un poema sinfónico, bien enlazado con la «fantástica» que cerraba el concierto, «ballet sin coreografía» que no llegó a convertirse en ópera.

Esta obra en tres secciones y cinco movimientos, de aquella «Lilith nocturna» se quedaría reducida en duración en vez de convertirse en el movimiento central al que agregar los otros dos extremos, pero la duración para completarla no debería llegar a 40 minutos, «público o programadores probablemente no la soportarían» como él mismo nos contaba, el primer contrapunto de inspiración en la polifonía de Victoria, el incorporar un vals que no es habitual ni «bien visto» en los compositores actuales… . También su forma de concebir estas pinturas sonoras, pues en el valenciano su proceso compositivo va unido siempre a las imágenes, y con otras obras suyas he llegado a relacionarlo con la sinestesia pero también en su trabajo por capas, aunque en la escucha los oyentes vemos el proceso de la creación que dura lo mismo que la interpretación, siendo el director con la orquesta quien lleva todo el peso en plasmarla.

En el programa de mano el propio compositor nos describirá a Lilith, y su lectura previa (que dejo a continuación) nos ayudó a comprender y entender mejor al otro pintor, Nuno Coelho que fue coloreando los cinco cuadros cargados de calificativos: sensuales, terroríficos, seductores, tortuosos (ángeles como mosquitos), laberínticos, burlones, histéricos… en un espectacular lienzo en blanco que fue la gran orquesta «musculada» para esta clausura y nuevamente comandada por Aitor Hevia, plenamente identificada con la escritura y estilo de Coll, con una nutrida y exigente percusión donde hay dos pianos (uno afinado un cuarto de tono más alto), arpa y un orgánico que fue la mejor paleta tímbrica para estos coloridos «episodios»:

«El primer movimiento, un expresivo adagio, evoca el deseo y el miedo al mismo tiempo: celebra una unión de opuestos. Lilith habita en las ruinas tras abandonar a Adán; de estos vestigios surge la polifonía de inspiración renacentista, sus líneas afiladas y con la claridad del veneno.

El segundo movimiento se divide en dos partes. Tres ángeles describe un tortuoso laberinto en el que un batallón de tres serafines busca a la fugitiva Lilith. «Vals de la huida» es trágico y grotesco, rozando la histeria.

El tercer movimiento también tiene dos secciones. En hebreo, Lilith (Leilit) también significa «nocturna»; «Nocturna» explora este aspecto de su naturaleza. Musicalmente hablando, es un estudio del volumen, manipulando el espacio y el timbre como si se tratara de una escultura sonora. En «Euphoria», Lilith llega a la ciudad moderna y participa en una orgía salvaje, mientras las masas se dejan arrastrar por su fuerza seductora».

Excelente reescritura que pasó de un cuadro a este monumento sinfónico de Coll donde la OSPA brilló en todas las secciones y un Coelho afrontando un reto más. En abril de 2024 escribía de aquella Lilith  sinónimo de Nocturna que «parte de imágenes que a menudo pinta tras finalizarla y normalmente no retoca con el tiempo pues el momento es único (…) también hay elementos de misterio, bosques mágicos y tenebrosos (cerca de su ciudad), nieblas y densidad, aquí sonoro, también con paralelismos pictóricos en busca de texturas además de colores. La partitura tomada como instrucciones para armar los muebles de la famosa multinacional sueca que cada director monta con los elementos sinfónicos, y que en el caso de sus obras tampoco son iguales de un día para otro precisamente porque la vida es un fluir distinto cada día», ahora este mural alcanzaría dimensiones «fantásticas».

La ordenación de las tres obras pienso ha sido igualmente acertada, con el titular explicándolas antes de arrancar. También nos hizo pensar en las imágenes de Messiaen y Las ofrendas olvidadas (1930) de un entonces joven francés recién graduado, el creyente que pinta tres lienzos casi de «meditaciones sinfónicas» como las denomina la musicóloga Julia Martínez Lombó que reflejan las verdades teológicas de la fe católica: La Cruz, El Pecado y La Eucaristía. Las notas al programa analizan esta obra de juventud, «se estructura en tres episodios: Arranca con un movimiento muy lento y melancólico, una lamentación de las cuerdas que describe el sacrificio de Cristo en la cruz. Continúa con un breve episodio agitado, agresivo, desesperado y robusto, una carrera al abismo en la que destacan los fuertes acentos finales, armónicos en glissando y las llamadas de las trompetas. Concluye con la promesa de la salvación de la Eucaristía, un movimiento extremadamente lento, con una melodía enunciada por los violines sobre un manto de acordes en pianísimo». Misma paleta para otro paisaje sonoro que ayudó a preparar oídos y músicas posteriores, una OSPA cómoda en estos repertorios cercanos y poco transitados que Coelho sabe afrontar dando seguridad gracias a un trabajo minucioso de dinámicas, balances y texturas, con violines segundos protagonistas, velocidades bien encajadas por la orquesta hasta lograr el final aterciopelado.

Y nada mejor que clausurar la temporada con otro gran orquestador y francés como Berlioz, enlazando con Coll, Episodio de la vida de un artista, sueños de un joven músico, en este caso recurriendo al opio tras un desamor, y también en cinco movimientos o episodios, una Sinfonía fantástica que siempre emociona.

Misma formación con plantilla enorme para este poema sinfónico que pone a prueba cualquier orquesta, y la OSPA superó con sobresaliente este examen final de temporada en todas sus secciones y solistas. Bien empastada, nuevamente de amplísimas dinámicas y juego del maestro portuense con la agógica donde mimar cada «cuadro», detalles de calidad como el dúo del corno inglés con el oboe fuera del escenario (también las campanas), sueños y pasiones iniciales, un baile casi vienés (contrapesando el de Coll), una marcha al cadalso impresionante para llegar a un aquelarre goyesco donde los metales brillaron como nunca pero sin tapar nunca a una orquesta que llegó a junio en plena forma.

Aún quedan tres extraordinarios fuera de abono, coincidiendo dos con la zarzuela, pero que intentaré al menos despedirme con uno antes de las vacaciones bien merecidas para la orquesta asturiana, a la que deseo todo lo mejor para la próxima temporada y que se despejen dudas, se cubran plazas y continúen ofreciéndonos conciertos como este.

PROGRAMA:

OLIVIER MESSIAEN (1908 – 1992):

Las ofrendas olvidadas

FRANCISCO COLL (1985 – )

Lilith:

I. Contrapunto erótico (Adagio molto espressivo) / II. Three Angels (Allegro energico con spirito) – Vals de la huida (Presto radiant)  / III. Nocturna (Largo elastico e drammatico – Euphoria (Festoso con brio)

(*) Estreno mundial co-comisionado por la OSPA y la Toronto Symphony Orchestra (TSO).

HECTOR BERLIOZ (1803 – 1869):

Sinfonía fantástica, op. 14:

I. Sueños – Pasiones
II. El baile
III. Escena campestre
IV. Marcha al cadalso
V. Sueño de una noche de sabbat

Emociones británicas

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Sábado 24 de mayo, 19:00 horas. Conciertos del Auditorio: Pablo Ferrández (violonchelo), Oviedo Filarmonía, Yue Bao (directora), Sofía Martínez Villar (narradora). Obras de Anna Clyne y Edward Elgar.

Hay días donde la música conecta aún más con las emociones, y en este último del ciclo «Los Conciertos del Auditorio» (aún queda el cierre de las «Jornadas de piano Luis G. Iberni» el miércoles 28) el programa conmovería a más de uno con un toque plenamente británico bien llevado por todos: obras elegidas, intérpretes y hasta una narradora como comentaré más adelante, que además nos dejaba unas excelentes notas al programa, enlazadas al inicio y, de donde entresacaré algunas frases por la conexión anímica que tuvo este concierto.

La compositora británica Anna Clyne (Londres, 9 de marzo de 1980) es un «raro regalo» y una «melodista radical con ojos de pintora» tal como se presenta en su página web, con un lenguaje poco común aunque actual, cercano, y muy demandada en los EEUU donde se ha afincado desde 2002 en  el estado de Nueva York, con composiciones suenan en medio mundo y también en nuestro país, acaparando multitud de premios en su trayectoria. Oviedo disfrutó con su Within her arms -Dentro de sus brazos- para orquesta de cuerda (2009) que resultó maravillosa gracias la directora china, nacionalizada estadounidense, Yue Bao y 15 músicos (tres por cuerda) ubicados de forma particular para jugar con unas sonoridades y texturas que expresaron lo que esta obra intenta reflejar: enfrentarse al vacío que nos deja la muerte de un ser querido, llegando aquí tantos recuerdos, como bien escribe Martínez Villar: «(…) dedicada a su madre, fallecida en 2008. Es una obra para orquesta de cuerdas en la que las voces de los instrumentos se van entrelazando, como los abrazos. La sonoridad invita a la meditación y, aunque hay momentos en los que se percibe una música más desgarradora y desbordante, la melodía y armonía mantienen la compostura porque Clyne pretende conmovernos sin que perdamos la entereza. Por esa razón, se inspiró en un poema del escritor y monje budista Thích Nhất Hạnh titulado Mensaje, que trata de comunicarnos el amor a la vida y la serenidad hacia la muerte», auténticos abrazos con los tres contrabajos en el centro de sustento acústico y sentimental perfectamente expresado en las notas y aún mejor en la interpretación de esta cuerda elegida con una sonoridad impagable y las manos maestras de Bao, ya apuntando lo que vendría a continuación.

Probablemente el Concierto para violonchelo de Elgar esté entre los preferidos de todo melómano, en parte gracias a Jacqueline Du Prè de quien escribía precisamente el pasado miércoles al escucharlo en Gijón por uno de los jóvenes premiados. Si además el solista es el madrileño Pablo Ferrández (1991) nuevamente las emociones brotan a flor de piel desde la primera vez en 2013 que le disfruté en Oviedo con la OSPA, donde ha vuelto en numerosas ocasiones, incluso con este mismo concierto, ahora  debutando con Oviedo Filarmonía (OFil) que, como al cellista, les he visto crecer a lo largo de estos años, y en este «fin de curso» puedo presumir de seguirles. Sumémosle una dirección de Yue Bao elegante, académicamente clara y precisa, excelente concertadora, por lo que la interpretación resultó un lujo para todos los asistentes que casi llenaron la sala principal del auditorio ovetense.

El sonido de Ferrández es poderoso, limpio y pulcro, con unos agudos siempre presentes pero especialmente su musicalidad, alcanzando una interiorización de este concierto que lleva años interpretando y ha conseguido «hacerlo propio», matizado al detalle, fraseando con «su» Stradivarius-Archinto (1689) como si de la voz humana se tratase, y así lo entendió igualmente Bao que también está dirigiendo repertorio operístico. Cuatro movimientos a cual más personales y emocionantes, sobre todo un Lento que hace brotar alguna lágrima por el dramatismo y hondura. La OFil sigue su ascenso en calidad, y sobre las tablas se ha afianzado como la orquesta dúctil que se amolda a todo repertorio y dirección, esta vez logrando un sonido británico, como no podía ser menos, con una cuerda aterciopelada, igualada, bien equilibrada, sin olvidarme del viento y los timbales, con Yue Bao siempre respetando al solista para redondear un Elgar que se queda en mi recuerdo.

No podía faltarnos el regalo de Bach con la Sarabande de la Suite nº 1 para seguir disfrutando de mi tocayo, maduro, pleno musicalmente y un cello de sonido rotundo (sólo roto por las toses que no faltan) fraseando, ornamentando y sintiendo a «Mein Gott» como uno de los grandes solistas del instrumento, tras el «pionero» Casals, el actual Ferrández.

Al leer en el programa que las Variaciones «Enigma» incorporaban narradora, no esperaba el resultado final, pues leía en la prensa esta misma semana que se trataba de un proyecto de divulgación musical para escolares de todas las edades el viernes asistiendo al ensayo general del concierto de este domingo, y abierto también al público con el título «Música y Enigma», una apuesta por hacer cantera de melómanos. El «alma» del proyecto era la doctora en Teoría y crítica de las Artes, así como especialista en formación del oído musical y divulgadora de la música clásica, Sofía Martínez, que al empezar la segunda parte nos contaría parte de lo escrito por ella en el programa de mano titulado «Los recuerdos como enigma del alma» (recomiendo leerlo) pero dándonos algunas pistas más: el ritmo de corcheas (éduard) y negras (el-gar) presente a lo largo de toda la obra, los solistas que participarían en las distintas variaciones (viola, cello, clarinete…), los avatares vividos por un trabajador e incomprendido Elgar, sus duros inicios, un matrimonio no bien visto… hasta cantándonos el tema que desarrollaría el compositor para hacerle finalmente el mejor y mayor exponente de la música de su país, llegando a otorgársele el título de Sir (y a su esposa el de Dame), y dejándonos para el final la posibilidad de descifrar el Enigma Elgar.

Mas una vez arrancada la obra, serían las diapositivas proyectadas cual PowerPoint© donde la música era en directo con el añadido de las fotografías de los destinatarios en cada variación, con sus nombres, iniciales y fotografías, comentarios enriquecedores de lo que sonaba en cada momento que ciertamente ayudaron a entender aún más esta página de este amante de los acertijos que dedicó esta conmovedora obra «a mis amigos retratados». Sin apenas pausas entre las 13+1 variaciones (Elgar también era supersticioso), la maestra Bao fue sacando de la OFil lo mejor de ella, unas variaciones ricas en matices, planos sonoros, la sonoridad tan británica que tenemos «en casa», con todas las secciones empastadas, equilibradas, contando con alumnado del CONSMUPA reforzando y aprobando con nota este examen que es una experiencia total para ellos (los siguientes profesionales en nuestras orquestas y bandas), emociones para músicos y público donde los textos ayudaban a escuchar aún mejor. Rubén Menéndez cual la viola de Ysobel (variación VI), el cazador Jäger (variación IX) o Nimrod, que volvía a emocionarme como siempre con esa conversación sobre «la Patética» de Beethoven, pero igualmente la del tartamudeo de Dora Penny que me evocaba «El discurso del rey» (bravo por las maderas con Inés Allué y su «cita» al mar de Mendelssohn, en la variación XIII, junto a la percusión), o su fiel amigo y violonchelista el B. G. N. (en la variación XII) este sábado personificado por Guillermo L. Cañal. Iniciales con nombres y apellidos, con rostros y mucha música que disfrutar con los cinco sentidos más allá del oído.

La vallisoletana Sofía Martínez Villar «daba en el clavo» al finalizar sus notas, que reflejan el sentir de un concierto plenamente british con «un programa muy emocionante que escuchado en directo nos permitirá revivir nuestros propios recuerdos y conectarlos, quizá, con nuestros propios enigmas». ¿La respiración y/o el silencio del público durante el concierto? preguntaba la gran pantalla al finalizar, pero evidentemente no, pues teléfonos y toses siguen siendo una vergüenza que no parece tener remedio y debemos seguir soportando. Pero para mí ¡EMOCIÓN! es la respuesta al enigma de Elgar.

PROGRAMA:

Primera parte

Anna Clyne (1980-)

Within her arms, para orquesta de cuerda

Edward Elgar (1857-1934)

Concierto para violonchelo en mi menor, op. 85:

I. Adagio; Moderato
II. Lento; Allegro molto
III. Adagio
IV. Allegro; Moderato; Allegro, ma non troppo; Poco più lento; Adagio

Segunda parte

Variaciones sobre un tema original para orquesta, op. 36 «Enigma»

Tema. Andante

I. L’istesso tempo “C.A.E.”

II. Allegro “H.D.S-P.”

III. Allegretto “R.B.T.”

IV. Allegro di molto “W.M.B.”

V. Moderato “R.P.A.”

VI. Andantino “Ysobel”

VII. Presto “Troyte”

VIII. Allegretto “W.N.”

IX. Adagio “Nimrod”

X. Intermezzo: Allegretto “Dorabella”

XI. Allegro di molto “G.R.S.”

XII. Andante “B.G.N.”

XIII. Romanza: Moderato “* * *”

XIV. Finale: Allegro Presto “E.D.U.”

Juventud premiada

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Miércoles 21 de mayo de 2025, 20:00 horas. Teatro Jovellanos, Sociedad Filarmónica de Gijón: Concierto de ganadores del Concurso Jóvenes Intérpretes. Orquesta Sinfónica del Conservatorio Profesional de Música y Danza de Gijón. Ganadores del Concurso «Jóvenes Intérpretes» (22ª edición).

Para los estudiantes de música tocar en público es cual reválida siempre necesaria para su vida futura, tanto como diletantes pero igualmente en el caso de dedicarse profesionalmente a ella, y la Sociedad Filarmónica de Gijón apuesta no solo por la música de cámara, base de todo melómano, también por el talento joven con estos conciertos que además son un premio para ellos y el examen final a un curso intenso de muchas horas sacrificando su tiempo, pues «hay vida más allá de las pantallas».

Así, tras el Trío Auralis formado por Pedro Manuel Fernández Valera (violín), Raúl Mollá Bonhomme (violoncello) y Andrea Quevedo Remis (piano), ganadores del I Concurso de Música de Cámara (modalidad que se incorpora al concurso), que interpretaron una versión ex-profeso del Merry Go Round of Life («Howl’s Moving Castle») compuesto por el japonés Joe Hishaishi (Nakano, 6 de diciembre de 1950), una obra actual, melódica, ligera y mostrando el trabajo que lleva tocar la música de cámara tan necesaria en la formación integral de todo músico, se cerraría el telón para preparar el acto institucional de discursos, agradecimientos y entrega de diplomas acreditativos por parte de Silvia Rodríguez Gutiérrez (Jefe del Departamento de Actividades Artísticas y Complementarias) y Julia Álvarez González (directora del Conservatorio Profesional de Música y Danza de Gijón), más la vicepresidenta de la Sociedad Filarmónica Gijonesa, Mar Fernández (Mar Norlander), que les regalaría a todos los premiados un Carnet de Socio para la próxima temporada, pues está claro que son el público del futuro y la música que interpretan es un verdadero «oasis» además del reconocimiento a las familias y el profesorado. Los premiados fueron Pedro Manuel Fernández Valera (violín), Enol Camacho García (trombón bajo) y Raúl Mollá Bonhomme (violonchelo), antes de tomar su papel de solistas con la Orquesta Sinfónica del Conservatorio Profesional de Música y Danza de Gijón bajo la dirección de Mónica París Vendrell.

Ya colocada, la orquesta nos interpretaría la «Danse Baccanale» de la ópera Samson et Dalila, op. 47  de Camille Saint-Saëns (París, 1835 – Argel, 1921), página exigente para toda formación que con las limitaciones lógicas de plantilla nos brindaron una muy digna versión con buena mano de la profesora Mónica París.

El Concierto para violín y orquesta en mi menor, op. 64 de Felix Mendelssohn (Hamburgo, 1809 – Lepizig, 1947) es uno de los más bellos y famosos además de una página que no falta nunca en los solistas, y Pedro Manuel Fernández Valera demostró en el primer movimiento del mismo (Allegro molto appasionato) su calidad y merecido premio, memorizado, de sonido claro, técnicamente muy trabajado, con buena concertación por parte de la maestra París, lirismo y delicadeza con una poderosa cadencia donde mostrar no solo el virtuosismo sino el enorme esfuerzo que supone interpretarlo más allá del piano de estudio, con una orquesta de compañeros.

El siguiente solista sería el trombonista bajo Enol Camacho García (ganador igualmente del segundo premio en el  V Concurso Nacional de Trombón Bajo, Modalidad A -hasta 17 años- de la Asociación de Trombonistas Españoles celebrado en Murcia el 1 de diciembre pasado) con el Concertino para trombón y orquesta en fa mayor del compositor alemán Ernst Sachse (Altenburg, 1810 – Weimar, 1949) con sus tres movimientos (Allegro maestoso – Adagio – Allegro moderato) de estilo romántico y una disciplinada orquesta arropándole. Obra muy exigente tanto por el físico requerido en la combinación de sonoridades y matices a lo largo de toda la tesitura del instrumento, como en las frases que parecen arias de barítono, y así las sintió Camacho, por cuyas venas corre la música desde antes de nacer, y que desplegó un sonido lleno de colores junto a una técnica asombrosa en este duro instrumento de viento metal capaz de todas las dinámicas que Sachse volcó en esta partitura.

Para cerrar el concierto unas últimas palabras de agradecimiento a colaboradores y profesores por parte de Silvia Rodríguez, finalizando con el primer movimiento (Adagio-Moderato) del Concierto para violonchelo y orquesta en mi menor op. 85 del británico Edward Elgar (Broadheath, 1857 – Worcester, 1934) que popularizase la siempre recordada Jacqueline Du Prè y que podremos disfrutar este sábado por Pablo Ferrández y Oviedo Filarmonía en los Conciertos del Auditorio. Los jóvenes estudiantes comandadados por Mónica París acompañaron muy correctamente a Raúl Mollá Bonhomme, que ya luciese un sonido excelente con el Trío Auralis, y que lo corroboró con este Elgar protagonista de principio a fin, arranque seguro, bien arropado y contestado tanto por madera como por una cuerda casi dirigiéndola a sus compañeros, para acreditar de nuevo la calidad de estos premiados con mucho futuro que llenaron este miércoles el teatro del Paseo de Begoña gijonés.

INTÉRPRETES

Trío Auralis: Pedro Manuel Fernández Valera, violín – Raúl Mollá Bonhomme, violoncello – Andrea Quevedo Remis, piano (ganadores del I Concurso de Música de Cámara).

Solistas: Pedro Manuel Fernández Valera, violín – Enol Camacho García, trombón bajo – Raúl Mollá Bonhomme, violoncello (ganadores del XXII Concurso «Jóvenes Intérpretes»).

Orquesta Sinfónica del Conservatorio Profesional de Música y Danza de Gijón.

Directora: Mónica París Vendrell.

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