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Un torbellino asturiano desde Singapur

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El flautista avilesino Roberto Álvarez, afincado en Singapur hace años, amplía su discografía mientras mantiene su frenética actividad tanto orquestal como docente, siempre bien rodeado de excelentes músicos y compañeros, ayudando a promocionar obras de compositores de nuestro tiempo tras el trabajo anterior dedicado a Francesco Molino (I Molinisti) en compañía del guitarrista Kevin Loh para su sello habitual Centaur.

La pandemia no supuso un parón para «mis músicos«, y qué mejor oportunidad para proseguir con sus enormes ganas de legarnos composiciones para flauta y piano ahora con la ucraniana Kseniia Vokhmianina esta vez para un sello que también apuesta por valores actuales como es Odradek Records con el sugerente título de «El torbellino interior» (The Whirlwind Within).

Tanto las obras como los autores aparecen perfectamente reflejados en un CD muy bien presentado y con los textos en inglés, alemán y español, para un mercado físico que se mantiene, además de la proyección que suponen las plataformas digitales y las redes sociales, hoy verdaderas cartas de presentación para músicos y compositores ante unos gustos cambiantes que optan por lo inmediato en pugna con esta música que necesita su tiempo para degustarla.

Con todo, este «torbellino» de CD, presentado recientemente, es una excelente amalgama de estilos y compositores, música muy bien escrita para ambos instrumentos, la flauta de Roberto y el piano de Kesniia. Siete obras de siete compositores de nuestro tiempo, de mi generación, especialmente el admirado y muy querido maestro Gonzalo Casielles Camblor (1931-2020), todo un referente asturiano como intérprete, compositor y maestro al que Roberto homenajea de la mejor forma posible con El vals de la fortuna, curiosa obra que el propio profesor comentaba «era algo compuesto sobre la marcha, tan sencilla que creía no valía nada» transformando el gordo de la navidad de 1981 (23786) en notas, desarrollando esta preciosa pieza que su discípulo rescató y en agosto de 2014 le solicitó una copia enviándole un arreglo para flauta y piano que se estrenaría al mes siguiente. Gracias por la recuperación y sacar del olvido la música de Casielles con la calidad interpretativa de su alumno aventajado.

Igualmente de interesante la obra del también avilesino Daniel Sánchez Velasco (1972) cuyas tres Dance Preludes (2020) emanan asturianía universal escritas con la frescura del director, compositor y clarinete de la OSPA, perfecto encaje de los solistas, con diálogos bien entendidos, dominio de las cualidades en cada instrumento explotadas con virtuosismo, magisterio y belleza que estos intérpretes elevan a la quinta esencia de la música «hecha en Asturias» para todo el mundo.

La catalana Elisenda Fábregas (1955) afincada y formada en EEUU, firma una Sonata nº 1 para flauta y piano (1995) en cuatro movimientos «clásicos»( I. Allegro; II. Largo; . III. Allegretto scherzando; IV. Allegro molto con brio) tratando los instrumentos en igualdad, música espiritual como describe la propia compositora elogiando la interpretación del dúo, que la grabación nos permite corroborar, motivos y emotivos, aires impresionistas exigentes en técnica que estos virtuosos la hacen cercana y llena de calidad.

También utiliza la forma sonata desde nuestro tiempo el inglés James Rae (1957) y su Sonatina para flauta y  piano (2007) en tres movimientos que representan la concepción transfronteriza de lenguaje actual desde un clarinetista que conoce bien «la madera» (I. Aquarelle; II. Nocturne; III. Fire dance), música sin etiquetas por el ambiente creado, giros de jazz enlazando con mi siempre admirado Claude Bolling (1930-2020), otro de los grandes impulsores de la flauta en todos los estilos sin perder la esencia sonora ni su amplísima paleta, como así nos lo han grabado esta pareja astur-ucraniana desde Singapur para todo el orbe melómano.

Se suma a la forma sonata desde el lenguaje actual el británico Mike Mower (1958), compositor, flautista y saxofonista además de músico de estudio, que ha compuesto para la Big Band de la BBC o la Orquesta de Jazz de la capital sueca, ahora con su Sonata nº 3 for flute and piano (2003), cuatripartita con sus movimientos titulados evocando fenómenos geológicos (I. Moraine; II. Escapment; III. Plateau; IV. Scree), el lenguaje de Mower con el que tanto Álvarez como Vokhmianina se encuentran en su salsa, enérgicos, compenetrados y haciendo atemporal una música de nuestro siglo.

El compositor e ingeniero mexicano José Elizondo (1972), alumno de Harvard, compone su Limoncello (2018) lleno de dolor y ritmo, su particular homenaje italiano, exigente para el dúo pues les pide «ser tierno pero no abiertamente dulce, fluido don arrebatos ocasionales brillantes y espontáneos pero no caprichoso, sereno pero ni triste ni melancólico», y los artistas lo consiguen desde un equilibrio elegante, pacifico, creando unas imágenes que tras leer los textos son pura musicoterapia.

Del bonaerense Pablo Aguirre (1967), tres ejemplos en su terreno, pues se ha especializado en esta formación de dúo flauta y piano, con la fusión de lo tradicional y lo clásico que hoy impera en las obras contemporáneas. Tres números que parecen conformar estas estampas emocionales: La fuga (1997), Distancias (2002) y Pasión ensordecedora (1991), aires argentinos bien entendidos y agradecidos, ritmos que contagian sin «milongas», música camerística escrita magistralmente como heredera del irrepetible Piazzolla, e interpretada desde el conocimiento de estos artistas que ejercen como tales en todas sus facetas.

Gracias a Roberto por estos regalos que tengo en un lugar especial y cercano de mi fonoteca, con el cariño de un profesor al que sus buenos alumnos siguen recordando desde los tiempos de pupitre, pizarra y mucha música de todas las épocas y estilos. Al menos lo sembrado se recoger y disfruta.

Hay talento musical en Asturias

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Viernes 17 de junio, 20:00 horas. Auditorio de Oviedo, Hecho en Asturias: OSPA, Beatriz Díaz (soprano), Jorge Monte de Fez (trompa), Alejandro Viana (violonchelo), Coro de la Fundación Princesa de Asturias (director de coro: José Esteban García Miranda), Daniel Sánchez Velasco (director). Obras de Tchaikovsky, Mozart y Manuel Fernández Avello. Entrada butaca: 5 €.

Penúltimo concierto de la OSPA tras finalizar la temporada de abono repitiendo la apuesta por lo Fecho n’Asturies del año pasado también con la dirección de Daniel Sanchez Velasco y trayéndonos al auditorio ovetense a tres solistas más un estreno absoluto, la apuesta por el talento de esta tierra nuestra. Se sigue a la espera de un concertino por lo que volvía como invitado Benjamin Ziervogel. Preocupante la poca asistencia de público pese a lo económico de las entradas, y eso que los propios intérpretes ya mueven aficionados no habituales en otros conciertos, pero alguien tendrá que hacer una profunda reflexión sobre el éxodo de seguidores que no hubo en otras ofertas musicales de la capital en esta temporada que va tocando punto final.

Tras una presentación por parte de Sánchez Velasco, el concierto comenzaba con Tchaikovsky y sus Variaciones sobre un tema rococó, op. 33, TH 57 (Moderato assai, quasi Andante – Tema: Moderato semplice; Var. I: Tempo della Thema; Var. II: Tempo della Thema; Var. III: Andante sostenuto; Var. IV: Andante grazioso; Var. V: Allegro moderato; Var. VI: Andante; Var. VII; Coda: Allegro vivo) con el último ganador del Concurso Internacional de Llanes 2018, el madrileño Alejandro Viana (1996), a quien la pandemia impidió el premio de ofrecerlo entonces pero quedando saldada la deuda este viernes. Buena interpretación y sonido en esta página maravillosa del compositor ruso, limpio y claro en las variaciones rápidas y cantabile en las lentas, bien interiorizada la obra con una OSPA adaptada en dinámicas y buen balance con el solista como mantuvo Sánchez Velasco a lo largo de toda la obra.

Uno de nuestros solistas de prestigio, a quien disfrutamos por dos veces en este auditorio (2014 y 2016) con la Filarmónica della Scala, es el trompista ovetense Jorge Monte de Fez (1986) que nos brindaría el conocido Concierto para trompa nº4 en mi bemol mayor, K. 495 (I. Allegro maestoso: II. Romanza: Andante cantabile; III. Rondó: Allegro vivace) de Mozart, partitura de referencia en el instrumento del que Monte de Fez brindó un sonido compacto, aterciopelado, bien templado y hasta bello, especialmente en el popular rondó final, con una cadenza en el primer movimiento verdaderamente espectacular. De nuevo la OSPA arropó con corrección y gusto al solista, Sánchez Velasco concertando a la perfección, permitiendo no ya el lucimiento de la trompa sino también el necesario equilibrio de volúmenes, contenidos y en su sitio.

Tras la pausa llegaría el esperado estreno absoluto del valdesano Manuel Fernández Avello (Trevías, 1947), su cantata Señaldades para solista, coro y orquesta, una obra que en cierto modo ampliaba su «Álbum de Canciones» de 2010 para soprano y piano también con la allerana Beatriz Díaz, sobre versos de Juan Mª Acebal, Pín de Pría y Fernán-Coronas. Evidentemente orquestar va más allá, y añadir un coro le da enjundia a ese intento de cantata profana sobre referencias melódicas a nuestro folklore,  especialmente las rítmicas donde no pueden faltar las vaqueiras y añadas.

Con doce números, Señaldades (en asturiano «sentimientos que produce la separación de la persona o cosa querida») tiene una obertura e interludio instrumentales, con los primeros números pares donde interviene la voz solista y después en los impares, alternando con un gran coro conformado en esta ocasión por 42 mujeres y 27 hombres, de orquestación potente en efectivos con abundante viento y percusión más un piano evocador de las canciones primigenias. Ante tal despliegue, evidentemente no se pueden equilibrar volúmenes entre soprano y orquesta pese a los buenos intentos de Sánchez Velasco, incluso «partiendo» la cuerda en algunos números. Tampoco la tesitura para la que está escrita favorece el lucimiento ni siquiera el del coro pese a los efectivos que La Fundación dirigida por mi querido Pepu (hoy sumándose a los tenores) ya con muchas ganas de volver a escena y sin mascarillas. No se les escuchó muy cómodos en ninguna de las cuerdas aunque tengan momentos de «bravura» que al menos sirvieron para desencorsetarse para recuperar el estado de forma coral.

Probablemente la fórmula funcionase mejor reduciendo efectivos hasta una formación más camerística donde ni en los «pianos» pudimos disfrutar, pues la cantata tiene buenos mimbres pero se fue de tamaño. Una lástima que nos impidió disfrutar más de este estreno. Los números de que consta son:

I. Obertura; II. Durme nenu; III. Dende la mesma ventana; IV. Carril vieya; V. La sardinera; VI. Interludio; VII. Coidosura; VIII. La fonte de fascura; IX. Augua de la fonte; X. La nuiche; XI.  Cantar y más cantar; XII. Epílogo.

Sí funcionaron mejor las partes instrumentales pero una lástima el resto, desde la añada del segundo tapada por la orquesta, algo mejor la vaqueira con el coro en el número siguiente, interesante el cambio de lento a rápido del cuarto, y preocupante el undécimo de tempo medio pero con registros extremos y demasiado grave para la soprano asturiana que defendió y se entregó con todo el esfuerzo vocal para esta complicada interpretación de la cantata del compositor valdesano que subió a felicitar al equipo y recoger los aplausos del público. Supongo que en la grabación los técnicos de sonido consigan el balance necesario que siempre mejora el directo, pero queda el sabor agridulce de lo que pudo haber sido y no fue.

Con este concierto, desigual como toda la temporada, me despido de este irregular y extraño curso escolar, esperando que el próximo mejore todo.

Compositora de palabras

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Jueves 16 de junio, 20:00 horas. Teatro Campoamor, Oviedo. XXIX Festival de Teatro Lírico Español: María Moliner (Antoni Parera Fons, libreto de Lucía Vilanova). Ópera documental en dos actos y diez escenas. Estrenada en el Teatro de la Zarzuela de Madrid el 13 de abril de 2016. Producción del Teatro de la Zarzuela.

Reseña para Opera World del viernes 17 con los añadidos de links (siempre enriquecedores), fotos mías, y tipografía cambiando algunos entrecomillados por cursiva que la prensa no suele admtir.

Último título del Festival de Teatro Lírico ovetense con la esperada ópera documental «María Moliner» del manacorí Antoni Parera Fons y la ovetense Lucía Vilanova, estrenada al cumplirse los 50 años de la publicación del diccionario de la lexicógrafa aragonesa, obra encargada por el Teatro de la Zarzuela madrileño cuya producción llegaba a “La Viena española” manteniendo a María José Montiel de protagonista y la dirección musical de Víctor Pablo Pérez con la escenografía de Paco Azorín, verdadero ideólogo de esta magna obra recuperada al fin para Oviedo que el Covid nos la quitó hace dos años.

Siempre difícil poner música a las palabras y más hacer del “Moliner” un argumento, no cual “guía telefónica” que algunos críticos escribieron en su premiere, pero el tándem Parera-Vilanova ha logrado llevar a las tablas una historia cercana y poco conocida, documentada y necesaria, mezclando lo onírico y lo histórico entre 1951 y 1977 que van saltando en un viaje temporal que marcará la propia vida de la lexicógrafa mañica, antes y después de “el diccionario”, el amor por las palabras que comparten los propios autores, parafraseando el grabado de Goya: El sueño de las palabras engendra música.

Destino, exilio, tiempo y silencio. Escenificadas, pronunciadas, cantadas, tomando vida junto a personajes reales y soñados: el ansiado Sillón B de la RAE que finalmente ocuparía nuestro asturiano de adopción Emilio Alarcos (recordado como noticia y del que se cumple ahora su centenario), Almanaque triple cantando el santoral y contando los días, los que faltan y los pasados desde la publicación del «Diccionario de uso del español», verdadero nexo y narrador. Las amigas, académicas y aspirantes, pasadas, pensadas y presentes, compañeras de María. Su enfermo marido Fernando o ella misma hasta el Alzheimer silencioso siempre incomprendido que vemos la va llevando a un triste final. Importantes también la oscura dama del SEU, el agobiado linotipista de la editorial Gredos, muchos personajes breves pero imprescindibles en esta biografía musical. También los objetos forman parte de esta historia: el teléfono, los libros o la fiel máquina de escribir, compañera de aventura vital para las fichas (esparcidas, volando, proyectadas) o las cartas escritas. Suma de palabras que con la música conforman un argumento documentado. Todo ello en un entorno bien creado por las proyecciones y estructuras de escaleras o estanterías que generan espacios dinámicos donde seguir disfrutando una escena diáfana y clara como las ideas de María, la increíble filóloga y bibliotecaria que dedicaría su existencia al otro “hijo”, casi obsesivo, tras una República que la recluyó en tan ardua tarea también narrada en esta musical biografía.

Protagonistas las palabras que la propia Doña María Moliner definía como “conjunto de letras o sonidos que forman la menor unidad de lenguaje con significado”. Destino, tiempo, exilio y silencio, cuatro momentos de esta historia dramatizada, cuatro palabras escritas, iluminadas, contadas y cantadas, verdaderas protagonistas de esta ópera actual con la perfecta unión de texto y música a cargo de Lucía y Antoni. Auténtico documento sonoro y visual donde hasta algunas telas se llenan de letras que forman palabras, la acción y narración que bien idease la añorada María Araújo a quien el Covid se llevó prematuramente.

Y por supuesto la música que subraya y engrandece este diccionario biográfico y escénico. La madrileña María José Montiel, protagonista omnipresente de la aragonesa en un papel hecho a su medida, la voz natural de mezzo unida a una auténtica actriz imbuida en un rol que debe combinar realidad y ficción sin perder credibilidad en ningún momento, viviendo cada escena. Esta compositora de palabras focaliza la narración desde un lenguaje expresionista muy difícil que la mezzo resuelve con la misma fuerza que su homónima Moliner, el envejecimiento a lo largo de las diez escenas dramatizadas magistralmente. Montiel es Doña María, destino escrito, tiempo implacable, exilio interior y silencio sonoro que nos encoge con su papel, impensable sin ella.

El protagonismo compartido estuvo en el Almanaque por partida triple con los asturianos Juan Noval-Moro y Abraham García junto al boriquén César Méndez (con su acento caribeño). Ubicándolos a lo largo de la obra en distintas partes del teatro no sólo dieron mayor dinamismo a la acción, sino que empastaron tanto juntos como separados. Un acierto este trío dentro de la trama, pudiendo lucir sus registros y buena escena.

Por peso en la obra hay que destacar igualmente al barítono madrileño César San Martín en el papel de marido de María Moliner, con ese color vocal propio y bello en perfecta fusión con la mezzo, dúos sentidos y bien cantados, evolución del personaje y cantante en los dos actos.

La soprano valenciana Amparo Navarro cantó doble papel: inspectora del SEU en el primer acto y Carmen Conde, primera académica de la RAE, otro acierto en la elección de las protagonistas femeninas, que con menor presencia pero igual de comprometidas dieron tanto el toque humorístico que no puede faltar: la ovetense Ana Nebot, la cántabra Marina Pardo y la valenciana Marina Rodríguez Cusí. Cómico también el linotipista Goyanes del tinerfeño Fernando Campero que crece en la obra junto a la omnipresente Doña María, el tiempo implacable, la locura de su trabajo y la exigencia de la lexicógrafa aragonesa sus conversaciones desde el respeto mutuo que contagiaría el canto de ambos. Anecdóticos pero igual de necesarios la escena de la RAE con la calidad del barítono jienense Damián del Castillo como Sillón B en una sesión masculina llena de crítica.

Imposible citar individualmente al resto del gran elenco para el que Parera y Vilanova escriben, exigente de entrega y profesionalidad, actores y actrices, ellas sobre todo como unas “secundarias” que se empoderan para redondear este maravilloso documento histórico tan bien armado por Paco Azorín. Mención especial para la Capilla Polifónica “Ciudad de Oviedo” que dirige San Emeterio, uno más en escena y fuera, espléndidos cantantes con movimiento escénico en una partitura difícil que resolvieron sin problemas de afinación ni de volumen, al fin sin mascarillas y completando una función plena por calidad y emoción donde el silencio final sonó como nunca.

Subrayando cada escena e igualmente al nivel esperado, el maestro burgalés Víctor Pablo Pérez muy querido en Asturias donde arrancaría su ya consolidada carrera. Director musical desde el estreno y conocedor de todos los secretos de esta partitura de Antoni Parera, al frente de la orquesta titular, una Oviedo Filarmonía equilibrada de efectivos donde no faltaron el piano (bravo por María Cueva), la celesta (con el virtuoso Sergei Bezrodni), un sintetizador (Lisa Tomchuk) y hasta un acordeón final (Sara Pérez) en el patio de butacas. Pasajes atemporales, ricos en tímbricas, recreaciones casi históricas, academicismo y vanguardias de la mano en una escritura actual con un nivel operístico de alto voltaje.

Excelente y emocionante drama en música para documentar la vida de esta compositora de palabras que fue María Moliner, con una calidad global difícil de alcanzar en todos los ámbitos. Tras disfrutarse en Madrid y Palma, Oviedo ya figura en la historia de esta ópera que cierra por todo lo alto esta vigesimonovena edición del festival carbayón, apostando por estrenos gracias a un equipo de altura, magnífico capital humano en todas las vertientes necesarias para armar esta producción que recordaremos mucho tiempo en la capital del Principado, con una excelente entrada en el histórico Campoamor, testigo de la lírica asturiana desde tiempos inmemoriales, reinventándose y remontando el vuelo, contando con la presencia de los autores muy ovacionados y reflejo del éxito encabezado por Doña María (Moliner y Montiel).
Mañana sábado será la segunda función de este consolidado Festival de Teatro Lírico en “La Viena española” que en 2023 cumplirá 30 años.

Ficha:

Teatro Campoamor, Oviedo, jueves 16 de junio de 2022, 20:00 horas. XXIX Festival de Teatro Lírico Español: “María Moliner” (Antoni Parera Fons), libreto de Lucía Vilanova. Ópera documental en dos actos y diez escenas. Estrenada en el Teatro de la Zarzuela de Madrid el 13 de abril de 2016. Producción del Teatro de la Zarzuela.

Reparto:

MARÍA MOLINER: María José Montiel; FERNANDO RAMÓN Y FERRANDO: César San Martín; INSPECTORA DEL SEU / CARMEN CONDE: Amparo Navarro; GOYANES: Fernando Campero; SILLÓN B DE LA RAE: Damián del Castillo; EMILIA PARDO BAZÁN: Ana Nebot; ISIDRA GUZMÁN Y DE LA CERDA: Marina Pardo; GERTRUDIS GÓMEZ DE AVELLANDEDA; Marina Rodríguez Cusí; ALMANAQUE: Juan Noval-Moro, César Méndez, Abraham García; CABALLEROS OSCUROS: Lorenzo Roal, José Purón; VOCES ACUSADORAS: María Fernández, Eugenia Ugarte; ELENCO: Iris Alonso, Ana Madera, Mireia Martínez, Paula Mata, Tamara Norniella, Graciela Peña, Lucía Prada, Ana Santos, Laura Ubach, Ana Vara, David Blanco, Diego Ross.
DIRECCIÓN MUSICAL: Víctor Pablo Pérez; DIRECCIÓN DE ESCENA Y ESCENOGRAFÍA: Paco Azorín; AYUDANTE DIRECCIÓN DE ESCENA: Alex Larumbe; ILUMINACIÓN: Pedro Yagüe; AYUDANTE DE ILUMINACIÓN: Enrique Chueca; VESTUARIO: María Araujo; REPOSICIÓN DE VESTUARIO: Juan Sebastián Domínguez; DISEÑO DE VÍDEO: Pedro Chamizo; MOVIMIENTO ESCÉNICO: Carlos Martos de la Vega.

OVIEDO FILARMONÍA, Capilla Polifónica “Ciudad de Oviedo” (dirección: José Manuel San Emeterio).

Preparándonos para María Moliner

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Jueves 9 de junio, 19:15 horas. Aula Magna del Edificio Histórico de la Universidad de Oviedo: Encuentro en torno a la ópera «María Moliner». Presentadora: Miriam Perandones; María Sanhuesa (profesora titular de Musicología), Antoni Parera Fons (compositor), Lucía Vilanova (libretista).

El vicerrectorado de Extensión Universitaria organizó este jueves un encuentro con el compositor y la libretista de «María Moliner», la ópera documental que cerrará el vigesimonoveno Festival de Teatro Lírico Español en el Teatro Campoamor (con dos representaciones los días 16 y 18) con la producción del Teatro de la Zarzuela, estrenada el 13 de abril de 2016 para conmemorar los 50 años del diccionario de la  lexicógrafa y bibliotecaria zaragozana cuya vida estuvo volcada en una obra que sigue siendo referente.
La doctora Sanhuesa se encargó de ponernos en situación, pues asistió al estreno en la capital, y fue desmenuzándonos los dos actos con sus cinco escenas cada uno, más prólogo y final, con fotos de los ensayos y representaciones en el teatro de la calle Jovellanos madrileña, antes de dar paso a Lucía Vilanova (Oviedo, 1961) para que nos contase por dónde empezó este libreto y la continua colaboración con  Antoni Parera Fons (Manacor, 1943), con su idea casi minimalista a partir de un final que enlazará con el inicio.
Así pudimos hilvanar con los autores vivos, un privilegio al alcance de pocos, distintas ideas sobre lo que disfrutaremos la próxima semana, una ópera documental actual de libreto que supone una verdadera tormenta de palabras donde el ritmo es fundamental. El propio Parera se reconoció «devoto de las palabras» y que su obra es un relato natural en «prosa desestructurada» donde la música habla y hasta una máquina de escribir es también protagonista.
Interesante  el personaje del Sillón B (que en Madrid cantó el gran Juan Pons) tan atrayente que seguiría presente en el acto, los saltos en el tiempo donde se juega con lo onírico o los personajes de los almanaques, un tenor y dos barítonos, una idea de Paco Azorín, la tercera «pata de este banco» para ir recordando no ya los días que se llevan o faltan para acabar un año sino los del diccionario (antes y después). Tres años de duro trabajo previo estructurando esta ópera donde el lenguaje es el protagonista absoluto.
Muy interesantes comentarios como «el amor por las palabras» o que el diccionario es un protagonista más, fueron contestados por los autores en distintas intervenciones.
En el Campoamor tendremos un elenco nuevo, pues del estreno solo estarán la mezzo Mª José Montiel, la auténtica «creadora» de esta María Moliner, que como el propio compositor mallorquín explicó, ha hecho suyo, reconociendo ser uno de sus mejores roles, y la dirección musical de Victor Pablo Pérez.
Con muchas ganas de asistir a este último título del XXIX Festival de Teatro Lírico Español ovetense.

Seda, un viaje en femenino plural

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El pasado lunes 6 de junio tuve la suerte de estar en Madrid y poder asistir en la Sala Manuel de Falla del Palacio de Longoria, sede de la SGAE, a la presentación de SEDA, mucho más que un CD de la compositora, guitarrista e investigadora de Puertollano, afincada en Barcelona, Silvia Nogales Barrios, una maravilla de proyecto hecho realidad, todo un viaje en femenino plural con obras de ella misma, de la argentina Claudia Montero, afincada en Valencia donde fallecería en enero de 2021, la brasileño-americana Clarice Assad, la israelita Anna Segal, Cinthya García o María Parra, un trabajo en el que Silvia fue capaz de implicar a cantidad de instituciones y artistas no solo desde Verkami, y que se materializó en esta joya bien explicada en el texto de la contraportada: «Un viaje único y sensorial a través de las historias y la música de distintas mujeres del mundo», pues además de la grabación se incluyen ilustraciones de las cinco paradas en este itinerario personal, textos, créditos y su mundo que toma cuerpo desde la multidisciplinariedad con la que Silvia ofrece su música.

En la mesa y moderando el evento estuvieron Carlos Santos (periodista), quien creyó en ella hace tiempo divulgando en su programa «Entre dos luces» una música que me impresionó desde la primera vez que la escuché, María José Romero Rodenas (directora de la Cátedra de Igualdad de Género y Diversidad “Clara Campoamor”, de la Universidad de Castilla La Mancha), María Parra (pianista y compositora) más Esther Acevedo, actriz y escenógrafa (también tía de la artista pues la genética es siempre importante), que fueron compartiendo vivencias, anécdotas y explicaciones de este trabajo del que también pudimos degustar parte en vivo con las proyecciones oportunas, la propia Silvia Nogales en solitario, con el piano de María Parra o la escena de Esther Acevedo, mucho más que poesía e interpretación del viaje musical, banda sonora femenina llena de guiños y repleta de belleza.

Finalizado el «acto oficial», la familia de Silvia nos agasajó con un auténtico «vino español», productos de su tierra manchega donde no faltaron embutidos, quesos, empanada, dulces y por supuesto los vinos, aprovechando  para felices encuentros inesperados (Javier y Alessandro) comprobando que la música sigue abriendo puertas, más con Silvia Nogales que no sólo es ARTISTA sino luchadora que cree en lo que hace y contagia su ilusión.

Ya de vuelta en casa solo quedaba disfrutar una y otra vez del trabajo bien hecho que ya ha tenido múltiples críticas y reseñas, todas excelentes como era lógico. Cada uno de las siete obras (en 10 cortes)  son mágicas llaves hacia la belleza global, «seda» cual viaje mundial desde una guitarra propia que comenzaría en un escaparate con 6 años y ahora navega por el universo, el Ave Fénix de María Parra o La última samurai de la propia Silvia armada con su personal catana de seis cuerdas e interpretada por Esther Acevedo en un vídeo hermoso de aromas nipones.

Placeres sin preparar que me depara la vida, siempre con la música que sana más que seda, y nos hace viajar en todas las dimensiones. Enhorabuena a todos los que han hecho posible esta otra «Seda» y todo lo mejor para Silvia Nogales Barrios que como bien decía mi admirado Carlos «La libreta colorá», triunfará seguro porque es su vida sin buscar aplauso o fama.

Y los que compartimos pasiones así lo sabemos y entendemos.

Con Carneiro

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Viernes 20 de mayo, 20:00 horas. Auditorio de Oviedo, Abono XI «Emperador», OSPA, Vadim Kholodenko (piano), Joana Carneiro (directora). Obras de Beethoven y Stravinsky.

Regresos y recuperaciones en el undécimo de abono, la directora portuguesa y el esperado pianista ucraniano cuya vida es una tragedia pero la música ayuda a sobreponerse siempre. Un «Emperador» difícil pero agradecido para un Beethoven siempre necesario y nuevamente Frederieke Saeijs de concertino invitada.

Carneiro fue la auténtica emperatriz tras una Leonora, obertura nº 3, op. 72 b triunfadora. La portuguesa triunfó de principio a fin conocedora de la orquesta y del programa, llevando por los difíciles vericuetos las dos composiciones a cual más exigente precisamente por lo transitadas a lo largo del tiempo, la obertura clara, precisa, con todos los claroscuros y la «preparación» ideal ante lo que se avecinaba a continuación.

En el Concierto para piano nº 5 en mi bemol mayor, op. 73, «Emperador» un Kholodenko de rubatos increíbles y difíciles de concertar pero increíbles de ajuste por la lusa. El pianista afrontó desde una personal visión esta página del sordo genial jugando con los tiempos y fraseos en un equilibrio inestable o  si se quiere de inestabilidad equilibrada, pues así entendió el ucraniano este quinto muy transitado donde parece difícil aportar personalidad, pero que consiguió por la excelente concertación de Carneiro. La orquesta conocedora y la maestra atenta sacarían en un trono musical un emperador distinto, encajado  casi milagrosamente desde sensaciones perturbadoras de este ucraniano introvertido pero distinto en el difícil encaje de su personal rubato «perfectamente inestable».

La propina tenía que ser también Beethoven y la Bagatela para Piano, op. 33 nº 3 en fa mayor igualmente sentida, personal, en tiempo y forma ideales para disfrutar del esperanzado Kholodenko.

La Petrushka (rev. 1947) de Stravinsky está muy rodada, pero con el empuje portugués (espero se mantenga) la OSPA sacó músculo, asintiendo y sintiendo, con la percusión impactante, piano y celesta también, más un viento ideal tanto en la madera siempre exquisita y unos metales seguros además de poderosos, que necesitarían una cuerda más precisa especialmente en los pasajes rápidos, no tan limpios como desearíamos, aunque redondearían una buena interpretación, de nuevo gracias a una Carneiro con las ideas claras que supo transmitir en todo el concierto. Una lástima que hubiese poco público, puede que se decantasen por el ballet del Campoamor en otra contraprogramación municipal frente a la orquesta de todos los asturianos.

La excelencia inglesa, «of course»

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Martes 17 de mayo, 20:00 horas. Conciertos del Auditorio, Oviedo: Julia Fischer (violín y dirección), Academy of St. Martin in the Fields. Obras de Schubert, Britten, Mozart y Shostakóvich.

Los Conciertos del Auditorio siguen poniendo a Oviedo, «La Viena española», en el mapa de las grandes giras de solistas y orquestas, sobreponiéndose a pandemias, cancelaciones y todo contratiempo porque los muchos años de buen trabajo consiguen que la capital asturiana sea destino preferente para todos. Y este martes de bochorno que finalizaría con un «orbayu» de lo más british nos dejó un excelente concierto a cargo de la legendaria Academy of St. Martin in the Fields con Julia Fischer que volvía al auditorio once años después, actuando de solista pero también de concertino de los ingleses en una velada para recordar mucho tiempo.

No voy a descubrir las excelencias de los «martiners» pero su sonido es de otro mundo que para mí sigue siendo la mejor orquesta de cámara del mundo con un sonido verdaderamente sinfónico: una cuerda rotunda, homogénea, brillante, tersa y aterciopelada, compacta, transparente, trágica y delicada, que domina cualquier repertorio manteniendo su identidad inglesa, el inconfundible sonido que la ha encumbrado desde hace más de seis décadas y manteniéndose en el tiempo, porque la formación que fundase el siempre recordado Sir Neville Marriner sigue renovándose sin cambios, veteranía y juventud en equilibrio constante desenvolviéndose igual de bien desde el barroco hasta nuestros tiempos.

El programa que trajeron a Oviedo en esta gira de Ibermúsica, contaba con la presencia de la versátil e inconmensurable música muniquesa Julia Fischer (1983) ejerciendo de solista de violín en dos rondós que supieron a poco, y dirigiendo como concertino dos obras del pasado siglo que pocas agrupaciones pueden afrontar, organizando los inicios de cada parte con dos «conciertos solistas» continuando con una joya para paladear las calidades de los londinenses.

El Rondó para violín y orquesta de cuerda en la mayor, D. 438 (1816) de Schubert nos dejó buen sabor de boca por un estilo cercano aún al Clasicismo con un protagonismo del violín en este «concierto» para lucimiento como así lo entendió Fischer y una cuerda académica homogénea en cada sección que agrandó esta obra del malogrado Franz. Del «otro» Rondó en do mayor para violín y orquesta, K. 373 de Mozart, con la presencia de dos oboes y trompas, la sonoridad de los «martiners» resultaría aún más grandiosa sin perdernos ni una nota, nuevamente la calidad y calidez de una Julia Fischer, con cadencia propia, que brilla sobrevolando esta jovial composición del genio de Salzburgo dedicada a Antonio Brunetti y en los tiempos de Colloredo que bien recrea la película Amadeus cuya banda sonora está interpretada precisamente por la Academy of St. Martin in the Fields.

Si ambos rondós resultaron idóneos, precisos, bien interpretados para disfrute de la solista, las otras dos obras fueron como dicen en el fútbol, de «Champions»: las Variaciones sobre un tema de Frank Bridge, op. 10 de Benjamin Britten no pueden interpretarse mejor, el homenaje del discípulo al maestro volcando todos los recursos para una orquesta de cuerda camerística, casi de quinteto, con una tímbrica espectacular y unos cambios en cada variación que descubrieron sonidos increíbles, con unas violas estratosféricas y unos graves que parecía imposible tuviesen tal pegada con tan pocos efectivos.  Cada uno de los movimientos no solo subrayan cualidades del «homenajeado Bridge» sino la inspiración del alumno, con un Adagio en la primera variación evocador, un Vals vienés trasladado a la campiña, el humor del Aria italiana, el recuerdo a los vecinos franceses de la Bourrée, un empuje brillante y milimétricamente encajado del Moto perpetuo o una académica pero muy personal Fuga final. Maravilloso ver el entendimiento y afinación, maquinaria perfecta donde Julia Fischer ensamblaba como una más y volaba en sus intervenciones junto al resto de primeros atriles. Si la obra de Britten es impresionante, la interpretación fue de ensueño y pasará a mi memoria como algo inolvidable.

La Sinfonía de cámara en do menor, op. 110a de Dmitri Shostakóvich, un arreglo de Rudolf Barshai del Cuarteto no 8, op. 110 (1960), resultó un testamento todavía vigente cuyo subtítulo reza “a la memoria de las víctimas del fascismo”, extensible a todos los damnificados por cualquier totalitarismo y describiendo la devastación de la guerra (como bien escribe en las notas -enlazadas arriba en obras- de Andrea García Torres), cinco movimientos camerísticos de sonoridad sinfónica a cargo de los londinenses que parecían poner la banda sonora a las imágenes de los informativos desde hace casi tres meses en Ucrania, así como la propia «derrota» de Dmitri ante las presiones de Stalin. Sobrecogedor el IV Largo con los tres acordes repetitivos que la «Academia» nos hizo sentir como puñaladas más que golpes en la puerta, la cuerda agresiva y punzante capaz de volverse aterciopelada y delicada en el final del eterno V Largo, dejándonos arcos arriba el sufrimiento del compositor hecho magia musical con Julia Fischer comandando a la mejor orquesta de cámara del mundo antes de la atronadora ovación.

Y un regalo igual de grande que el resto del concierto: una «recreación con orquesta» de las  «Mélodie», nº 3 de Souvenir d’un lieu cher Op. 42, TH 116 de Tchaikovsky, originalmente para violín y piano, con la excelencia londinense y la alemana dejándonos una de sus obras llevadas al disco para un concierto en vivo siempre irrepetible (con buena entrada «pese» al Jazz en el Campoamor con Paquito de Rivera) de un ciclo que va llegando al final de temporada. Que no nos falte la música.

Bromas muy serias

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Viernes 13 de mayo, 20:00 horas. Auditorio de Oviedo, Abono X «Absolute Quiroga» OSPA, Cuarteto Quiroga, Carlos Miguel Prieto (director). Obras de John Adams y Aaron Copland.

Lástima que de nuevo hubiese poco público para este décimo de abono de nuestra orquesta porque el programa no era broma. Ya en la conferencia previa «The American way: más que vaqueros y luces de neón» el doctor y compositor Israel López Estelche (autor de las notas al programa enlazadas arriba en obras y que hoy volvieron al papel), nos prepararía para un concierto «Born in the USA» (como diría The Boss Springsteen), si realmente podemos hablar de una música estadounidense con detractores y defensores cuando realmente es un mestizaje total («hibridación» lo llamó el musicólogo cántabro) donde la herencia europea no es única. Y para la ocasión dos ejemplos de lo que podríamos llamar las dos tendencias que al menos los yanquis no tienen complejos en presumir de todas.
Uno de los compositores más interesantes del actual panorama sinfónico es John Adams (1947) con su Absolute Jest (2011 / rev. 2012) por lo que supone de grandiosidad en fondo y forma, «broma absoluta» verdaderamente seria y tomando el origen latino de «gesta» más que el italiano de scherzo, pues aúna su devoción por Beethoven con su genialidad en un estilo personal que impresiona porque sus referentes los reconocemos desde el primer compás. Como él mismo ha escrito, «No hay nada particularmente nuevo en que un compositor interiorice la música de otro y ‘la haga suya’. Los compositores se sienten atraídos por la música de otro hasta el punto de querer vivir en ella, y eso puede suceder en una variedad de modas«. Con el Cuarteto Quiroga de solista, en estos días Atte Kilpeläinen sustituye en la viola a Josep Puchades (que espera su próxima paternidad), «absolutos» más Carlos Miguel Prieto al mando, pudimos disfrutar de esta auténtica locura orquestal donde en la batidora sonarían dialogando en perfecto entendimiento el Scherzo de la Novena beethoveniana junto a sus últimos cuartetos, y todo encajado con la visión actual que el compositor imprime a cada sección y solistas, impulso vital muy americano con una instrumentación impactante que no oculta las ideas claras de Adams.
El director de origen asturiano que regresaba al podio de la OSPA tras la pandemia, conoce de primera mano tanto el sustrato como el espíritu de fondo (y por supuesto la capacidad de la orquesta asturiana), exprimiendo la partitura hasta límites insospechables con unos Quiroga igualmente maestros en lo camerístico y excelentes solistas (ahí está el asturiano Aitor Hevia) en una página donde brillar con el diálogo orquestal.
Tras la vorágine de Adams, el mejor regalo y tributo sería el Lento assai, cantante e tranquilo del Cuarteto op. 135  de Beethoven presentado por Cibrán Sierra y recordando a la hoy fallecida Teresa Berganza, a quien se dedicó todo el concierto, la quintaesencia del cuarteto de cuerda por estos músicos enormes, actuales y universales como la propia música.
Si hay un referente dentro de los llamados compositores clásicos estadounidenses, ese es el neoyorkino de Broadway Aaron Copland (1900-1999), por su formación, origen y evolución hacia lo que López Estelche nos explicó de la «Sonoridad Americana», reunificando todas las influencias no solo europeas en un lenguaje propio, unido al sentido patriótico del War effort que tiene sobre todo la Sinfonía nº 3 (1946) tras finalizar la Segunda Guerra Mundial. El maestro Prieto quiso recordar antes de comenzarla a tantos músicos que en estos tiempos difíciles no pueden volver a tocar y la esperanza en que la música no nos falte.
Plantilla generosas para una sinfonía patriótica que incluye mucho más desarrollada u propia Fanfare for the Common Man en el último de los movimientos (I Molto moderato – with simple expression; II Allegro molto; III Andantino quasi allegretto; IV Molto deliberato). El maestro Prieto manejó a la perfección cada una de las secciones de la OSPA que brillaron con luz propia por los intrincados cambios de compás, tiempo o textura, disfrutando de unos metales poderosos, una madera de ensueño, una cuerda (hoy de concertino invitada la holandesa Fredericke Saeijs) bien equilibrada y compacta, una percusión más allá de lo rítmico, sin olvidarme del arpa, el piano o la celesta generando unas sonoridades únicas con el sello americano de Copland.
Revalorizar la forma sinfonía en su tiempo suponía encuadrarle en los llamados «neoclásicos» pero el longevo maestro por encargo de Koussevitzky, que dirigiría su estreno el 18 de octubre de 1946 con la Orquesta Sinfónica de Boston, no tuvo complejos y nos dejó esta tercera brillante, casi un ballet o banda sonora de la victoria aliada con toda la grandiosidad orquestal de final patriótico.
Saber fusionar estilos dotándoles de identidad propia es el gran logro de Copland, y toda su herencia la transmitió la OSPA con Prieto, las ideas musicales del compositor y los intérpretes en una versión reluciente, triunfante y optimista. El público aplaudió largamente a todos, con bromas y guiños del maestro astur-mexicano que se llevó de la mano a Marta Menghini dando por finalizado un concierto de los que dejan huella en nuestra herencia «Made in USA», colonización de vuelta también con la mal llamada música clásica. Sólo hay dos MÚSICAS (la que gusta y la que no).

Rafael Aguirre: la guitarra infinita

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Miércoles 11 de mayo, 20:00 horas. Teatro Jovellanos, Sociedad Filarmónica de Gijón, Concierto nº 1651. Rafael Aguirre (guitarra). Obras de García Abril, Agustín Castellón Campos Sabicas, Esteban Delgado Bernal (Esteban de Sanlúcar), F. Tárrega, A. Piazzolla, F. Bustamante, Satie y Agustín Barrios Mangoré.

Volvía a Gijón el guitarrista malagueño Rafael Aguirre (1984) en solitario, como en sus inicios allá por los primeros años 20 lo hizo Andrés Segovia (el propio intérprete lo recordaba en sus redes sociales) y con un programa heterodoxo donde demostraría que la música no tiene etiquetas, el instrumento más español también es universal, y desde una técnica virtuosística unida a una musicalidad única, el concierto resultó todo un éxito para un público numeroso que disfrutó de este «omnívoro» de las seis cuerdas con una agenda a tope.

Con su simpatía fue presentando casi todas las obras y el porqué de la elección, si bien las de nuevo excelentes notas al programa, esta vez de Ramón G. Avello (enlazadas arriba en obras) desmenuzaba cada una de ellas, pasando a un lado y otro del Atlántico con la misma naturalidad de su acento, homenajes sonoros a la guitarra, clásica en concepto e infinita desde su amor por el instrumento.

Una de las «Evocaciones» de Antón García Abril (1933-2021) abrirían boca para apreciar con la segunda, La guitarra hace llorar a los sueños que con una amplificación discreta y necesaria, Aguirre hizo hablar este “pozo con viento, en vez de agua” como llamó Gerardo Diego a nuestro instrumento además de inspirarse en Lorca el recientemente fallecido compositor turolense, más actual que nunca. Y dos ejemplos del flamenco más  íntimo para un boquerón que lo lleva en la sangre: del navarro Agustín Castellón Campos «Sabicas» (1912-1990) las alegrías Olé mi Cádiz, que llevaría a las grandes salas de conciertos, siendo referente de todo guitarrista, más los Panaderos flamencos de Esteban Delgado Bernal, Esteban de Sanlúcar (1912-1989), otra figura universal que en manos del malagueño nos transportaron a la esencia de un sonido impecable lleno de «pellizco».

Evidentemente no podía faltar Francisco Tárrega (1852-1909) de quien Rafael Aguirre es su mejor intérprete, primero su Capricho árabe de verdadera recreación y hondura, sin presentaciones, sólo la música del grande en las manos del malagueño, largamente aplaudido, y el cierre con las virtuosísticas Variaciones sobre el Carnaval de Venecia de Paganini, verdadera paráfrasis que el «endiablado italiano» parece contagiar al español, violín o guitarra en buena lid decantada hacia nuestro lado.

De las transcripciones y arreglos, todas tan bien realizadas que pareciesen estar escritas para las seis cuerdas, desde el Invierno porteño de Ástor Piazzolla (1921-1992) más íntimo que el propio quinteto original, la galopa Misionera del también argentino Fernando Bustamante (1915-1979) en un viaje a la frontera con Paraguay lleno de ritmo y pasión en una guitarra más completa que el piano, pasando al guaraní, no demasiado conocido, Agustín Barrios, Mangoré (1885-1944) contemporáneo del recordado Segovia, tan virtuoso o más que el español, cuya página Un sueño en la floresta exige unos trémolos virtuosos sin perder el sentido popular hecho obra clásica de salón. Así la sintió un Aguirre dominador de todos los estilos con un sonido pulcro, propio, poesía hecha música.

Y si Argentina miró siempre a Francia, la Gymnopedia nº 1 Lent et douloureux de Eric Satie (1866-1925) no sólo culminó el viaje trasatlántico sino que reafirmó mi idea de parecer escrita para la guitarra de Aguirre, la partitura sin indicación instrumental porque tanto el timbre como la interpretación del malagueño así la hicieron posible.

Con total naturalidad y demostrando que la guitarra es infinita, dos propinas conocidas que sonaron nuevas en sus arreglos: el conocido y cinematográfico Gabriel’s oboe de Ennio Morricone (1928-2020), relatando igualmente el videoclip que rodase en las Canarias cuando la pandemia cancelaba conciertos, y una Granada de Agustín Lara (1897-1970), perfecto broche de las visiones hispanoamericanas para el instrumento que suena en todo el mundo siempre con el calificativo de española, única e historia nuestra.

A Brasil, si nada lo impide, llevará con mis queridos Manuel Hernández Silva y Beatriz Díaz nuestra música con la Sinfónica de Sao Paulo, verdaderos embajadores de talla mundial.

Con acentu asturianu

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Jueves 5 de mayo, 20:00 horas. Concierto de les Lletres Asturianes: OSPA, Héctor Corpus (violín), Daniel Sánchez Velasco (director). Obras de Juan Méndez Varas, Raquel Rodríguez y D. Sánchez Velasco. Entrada gratuita.

Concierto dentro de la «Selmana de les Lletres Asturianes» que este año están dedicadas al músico y dibujante Igor Medio con el título de «El carbón y l’arena«, con un homenaje el día anterior en su Gijón natal a cargo de Felpeyu, el grupo del malogrado Igor, más otras formaciones de folk donde el gijonés despuntó aportando aire fresco e innovación que todavía sigue vigente a pesar de los dieciséis años de su accidente junto a su compañero Carlos Redondo.

La OSPA presentaba bajo la dirección de Daniel Sánchez un programa con música de tres asturianos en plena madurez vital y compositiva, con amplio bagaje, mucho oficio y horas de sembrar en «sus mochilas» bandas sonoras y conciertos que dejan en cada uno distintos acentos para un mismo lenguaje sinfónico, el más universal de todos desde esta tierra asturiana que también es variada y rica.

Tres compositores que merecen escucharse más pues sus creaciones tienen calidad, melodías definidas, armonías reconocibles, instrumentaciones orquestales poderosas, auténticas bandas sonoras de nuestra generación y la siguiente, que gustan a todos los públicos por sentirlas cercanas. Las notas al programa (enlazadas arriba en obras) de un compositor como Israel López Estelche, asturiano de adopción, ayudaron a entender las tres obras elegidas, al igual que las palabras previas del propio Daniel Sánchez, pero la propia música que emana de los pentagramas sirve para que cada uno ponga sus imágenes y referencias históricas de las que los tres compositores han bebido y siguen acumulando.

Abría el programa Tribute to Richard Estes (2018) de Juan Méndez Varas (1970), la inspiración en este genial pintor hiperrealista en la línea de nuestro Antonio López, a la que la partitura pone sonido a la admiración no ya por el color de un cuadro sino también la poesía siempre evocadora, página sinfónica de aires norteamericanos tanto de los «clásicos» como del jazz que es la verdadera música popular del siglo XX heredada de los EEUU. Así entiende Méndez este tributo donde los ritmos y armonías se fusionan sin olvidarse de las raíces españolas para una mezcla riquísima, vital, enérgica y brillante sacando Daniel Sánchez de sus compañeros de la OSPA unas sonoridades amplias, matizadas, perfecto entendimiento para una obra llamada a seguir sonando.

Las mujeres compositoras están ganando el protagonismo que la historia les ha quitado, una generación de jóvenes preparadas, formadas con los grandes pedagogos sin fronteras, y aportando gran cantidad de obras para orquesta que comienzan a sonar. Es el caso de la ovetense Raquel Rodríguez (1980), de quien ya he podido escuchar varias obras sinfónicas y estrenos con la Oviedo Filarmonía en noviembre de 2019 y marzo de 2021, así como su estreno camerístico del 1 de noviembre pasado. Para este concierto sonaría su Córdoba en el sueño (2011) encargo tras obtener el premio del I Concurso de Composición Antón García Abril, un auténtico poema sinfónico que recrea la historia de la capital del califato desde la propia música en cinco movimientos que transitan imágenes casi documentales: I. Aires godos, II. En aguas bélicas, III. …surge Córdoba, IV. Aromas, y V. Final, un despliegue de instrumentación muy acertado, melodías que se entrecruzan como describiendo las callejas que confluyen en torno a la mezquita, batallas con metales y percusión potente o cantos de las tres culturas (cristiana, judía y árabe) para disfrutar de una viola cual canto de muecín sefardí o un arpa bíblica vestida por una OSPA de nuevo entregada, de balances adecuados en cada movimiento, sonidos reconocibles y una instrumentación bellísima para esta obra de «juventud» de una Raquel Rodríguez que evoluciona sin perder su esencia académica heredada de sus maestros y maestras a ambos lados del Atlántico.

Y llegaría el estreno del «Violin concerto», Concierto para violín y orquesta (2021) del propio Daniel Sánchez Velasco (1972) un encargo de su compañero en la OSPA Héctor Corpus, en palabras del compositor y director «un traje a medida» compuesto siguiendo la forma clásica en tres movimientos alternando rápido-lento-rápido (I. Allegro solemne, II. Andante, III. Allegro feroce) pero con mucha tradición del siglo XX. Además del lucimiento del solista, con una afinación perfecta, un sonido pulcro y la musicalidad innata puesta al servicio de lo escrito, pasajes vertiginosos y momentos delicadamente cantados, la orquestación del compositor avilesino evoca una paleta amplia, de Shostakovich a Bernstein, de Prokofiev a Rota, ritmos vivaces y cambiantes, aires caribeños y hasta filipinos de homenaje al destinatario, mares surcados por melodías bellísimas, cadencias asombrosas y la total entrega de solista y orquesta a la música de sus dos compañeros, disfrutando, sonando impecables, rotundos y delicados, hoy con Eva Meliskova de concertino, lucimiento de todas y cada una de las secciones así como los primeros atriles, con el lujo añadido de dirigirla el propio compositor.

Un concierto digno de programarse en las grandes orquestas y con solistas de fama mundial, que tanto Corpus como la OSPA demostraron la calidad y vigencia de la buena música, escrita desde el conocimiento y la experiencia, emocionando a un público feliz de escuchar páginas como las de este concierto extraordinario en todos los sentidos.

De nuevo una lástima que no hubiese un lleno en el auditorio pese a la entrada gratuita, debiendo hacer pensar a los gestores en líneas para captar los oyentes del futuro. Apostar por programas actuales de calidad, fáciles de escuchar, tienen que publicitarse mucho más y acercar a todas las edades hasta el auditorio de esta ciudad que es «La Viena Española» por su amplia oferta musical, siendo la OSPA probablemente la que menor aforo convoque, supongo que por unos años «sin rumbo» que espero se reconduzca por el bien de esta orquesta de todos los asturianos con mucha esperanza puesta en su nuevo titular, el portugués Nuno Coelho. Seguro que alguna de las tres obras escuchadas este jueves volverán a sonar en las próximas temporadas.

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