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Lírica en Gijón

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Jueves 12 de octubre, 20:30 horas. Teatro Jovellanos, Gijón: Sociedad Filarmónica, Gala Lírica: Carlos Álvarez (barítono), Rocío Ignacio (soprano), Jorge de León (tenor), Juan Antonio Álvarez Parejo (piano).

Magnífica fiesta lírica con tres generaciones de voces españolas triunfando por el mundo y un pianista que sigue al pie del cañón trabajando repertorios tan variados como el de este Día de la Hispanidad.
Concierto de calidad y cercanía tocando todos los palos, el musical, la opereta, nuestra zarzuela y la ópera, la voz como verdadera protagonista organizada a la usanza de solos y dúos bien buscados para llegar a un público fiel aficionado a la lírica venido de distintos puntos de Asturias al abrir la centenaria sociedad gijonesa la taquilla, ampliando un aforo que los asociados no pueden llenar.

Tras la salida a escena del cuarteto de artistas dándonos la bienvenida el «veterano» barítono malagueño, comenzó el tenor canario Jorge de León con esa bellísima Maria del «West Side Story» (Leonard Bernstein) pletórico y lleno de matices tomando el relevo Carlos Álvarez con el «Sueño imposible» (Impossible dream) de «El hombre de La Mancha» (Mitch Leight), dos óperas más que musicales del siglo pasado también llevadas a la pantalla y conocidas en versiones más o menos líricas. Y cual musical la opereta del «rey Lehar» especialmente «La viuda alegre» para disfrute de la sevillana Rocío Ignacio con Vilja oh Vilja más reposado de lo habitual, y el dúo con el tenor canario del vals cantado en español, páginas conocidas y bien interpretadas, sentidas y mimadas desde el piano de Álvarez Parejo antes de acometer nuestra zarzuela.

Dificultades y exigencias aún mayores, cantantes y actores más que a la inversa para cuatro joyas de nuestra zarzuela defendidas como debe ser para alcanzar la calidad que se merece. Primero la soprano con la romanza Un tiempo fue de «Jugar con fuego» (Barbieri) de amplio registro y color uniforme, buena dicción y expresión, después el poderío y gusto de nuestro barítono más internacional en Luché la fe de «Luisa Fernanda» (F. Moreno Torroba), cantada con sentimiento y estilo único del malagueño para rematar en dúo andaluz del mismo compositor para «La Marchenera» que pudimos disfrutar en Oviedo, esta vez con piano pero igualmente agradecido, empaste, relevo generacional que hace coincidir madurez y frescura.

Verdi no pasa de moda y todavía estamos disfrutándolo estos días desde Oviedo, páginas que a nuestros cantantes les abre puertas en todo el mundo y demostrando su dominio. Dura el aria Come in quest’ora bruna de «Simón Bocanegra» para una soprano con voz creciendo poco a poco, durísimo ganar cuerpo y volumen en el grave pero bien defendida por Rocío Ignacio.
Para cerrar esta segunda parte cuatro números de «Otello«, el Shakespeare verdiano elevado al olimpo lírico para rodar dúos y arias en tres personajes dispares condenados a entenderse. Maravilloso estar cerca del escenario para ver la transformación gestual y actoral en cada número, Già nella notte de soprano y tenor, Desdémona aún más cómplice que la viuda de la primera parte, Credo in un Dio crudele de auténtica recreación a cargo de Carlos Álvarez en un momento álgido olvidado el pasado y disfrutando de una etapa nueva de mayor goce escénico y vocal; Dio mi potevi scagliar… nos descubrió nuevos colores del tenor Jorge de León, con cuerpo en el grave y agudos seguros en todos los matices. Y la guinda del pastel nuestros particulares Otelo y Yago del segundo acto, el dúo Si, per ciel, guiños de entendimiento y sabiduría, paleta de colores complementarios para enriquecer ese lienzo donde la reducción orquestal al piano es verdaderamente endiablada pero la belleza vocal primó de principio a fin. Excelente dúo de altos vuelos «Made in Spain» para un tenor canario que encara este demandado moro de Venecia con solvencia junto a un Yago talismán más que dominado por el barítono malagueño, para quien Verdi siempre es una llave que seguirá abriendo puertas.

De propina nada menos que dos dúos también verdianos: los caballeros Álvaro y Don Carlo en Solenne in quest’ora, el duetto de «La forza del destino» y los andaluces dejándonos a Leonora y El Conde Luna en «Il trovatore», desigual peso de personajes y voces pero buen cierre para seguir tarareándolo entre las funciones del Campoamor, a donde volverán Carlos y Jorge con el «Andrea Chenier» que cierra año, penúltimo título de la temporada. El buen sabor de boca durará varios días.

P.D.: Crítica de Ramón Avello en El Comercio. Crónica en La Nueva España.

Y de cena más barroco

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Sábado 7 de octubre, 22:30 horas. Noche Blanca, Oviedo: Patio del RIDEA, Palacio del Conde de Toreno. Un festín musical, «Concierto a la carta». Concierto 1700 (Daniel Pinteño, director artístico).

Oviedo el primer sábado de octubre tampoco duerme ante la amplísima oferta que como capital cultural trae a propios y visitantes, riadas de gente por a calle buscando en el mapa dónde acudir. Todavía con buen sabor de boca salimos del Auditorio y nos dirigimos calle Rosal abajo hasta la sede del Real Instituto de Estudios Asturianos en la Plaza Porlier, sorteando noctámbulos de todas las edades y gustos para darnos otro festín, este más familiar en cuarteto para la ocasión que nos ofrecía un menú a la carta.

Llegamos a los últimos postres, Rameau y la entrada para Los salvajes, mientras esperábamos asiento para el último turno servido por Daniel Pinteño (violín barroco) cocinado con su equipo vestido para la ocasión: Marta Mayoral (violín barroco), Ester Domingo (violonchelo barroco) y Asis Márquez (clave), todos reconocidos chefs musicales en distintos «establecimientos del ramo» y optando a su propia estrella Michelín como Concierto 1700 en el universo barroco que pasa por una nueva etapa dorada, como los restaurantes de autor frente a los tradicionales, con público para todos pero dándole un guiño de actualidad a la cocina de siempre en cuanto a la presentación más que en los ingredientes, pensando básicamente en disfrutar y contagiar el amor por lo que nunca muere.

El éxito de los dos primeros pases agotó el menú en papel (los previsores lo llevábamos en el móvil) aunque dejo copia al inicio, pero la cocina siguió abierta ofreciendo los distintos platos de viva voz, como en temporada, cantando el maître Pinteño los distintos platos que por aclamación fueron saliendo, aunque la oferta era apetecible en su totalidad, tras la «Copa de bienvenida» de Antonio Soler y su Fandango servido por el cuarteto donde los comensales ponían mentalmente las castañuelas o el propio baile.

De los tres «Entrantes» a cual más apetecible y cinematográfico para disfrutar cada instrumento por separado parece que Bach sigue arrasando entre los invitados, pudiendo saborear el conocidísimo Preludio de la Suite BWV 1007 a cargo de Ester Domingo, cocinado en su punto y servido con los ornamentos precisos para no perder esencias.

Cuatro ofertas para dos «Primeros Platos» nuevamente variados en sabores que nos dieron a catar con los ingredientes básicos del bajo ostinato (cello y clave siempre al punto de presencia y aplomo) decantándose por Nicola Matteis (ca. 1650-1714) y Andrea Falconieri (1585-1656), opciones bien contrastadas de sabor y ambas de la huerta napolitana:
Diverse bizarrie sopra la vecchia Sarabanda (Matteis) cual plato por entonces español cocinado con receta de «chacona», capaz de amoldarse a cualquier ingrediente por su forma lenta de ritmo ternario al punto italiano, mezclando tradición desde la modernidad de la época, esta vez contando con el cuarteto para mezclar los dos violines de presencia con el ostinado fondo que eleva el plato en boca. Cada uno de los músicos brillando con luz propia, sin olvidar el clave de Asís Márquez siempre acertado en presencia y ornamentos, sustento necesario y seguro del continuo junto a Ester Domingo completando este cuarteto barroco de primera fila.

La Passacagllia del laudista y compositor Falconieri también supone cocinar un plato dependiendo de los ingredientes sin perder el sabor original, algo que Concerto 1700 entienden a la perfección, por lo que primó el conjunto lleno de detalles delicados para ir preparándonos al segundo plato más contundente.

Oferta variada entre el francés Jean-Frey Rebel (1666-1747) y su delicada Les caracteres de la danse, el «cumpleañero» G. Ph. Telemann (1681-1767) con Trietti Melodici TWV42:d3, que hubiese resultado un auténtico placer, y el siempre adorado «prete rosso» Antonio Vivaldi (1678-1741) seguro en carta para todos los gustos, del que escuchamos la Sonata a tre «La follia» RV 63, ese toque de locura divina en formato original para dos violines y bajo continuo, que sonó en todo su esplendor y equilibrio de sabores merced a lo bien tratados que fueron los cuatro ingredientes en conjunto.

Como no se debe prescindir del postre y para no repetir el degustado fuera de la mesa, sin querer hacer de menos las ofertas de la «Fruta de temporada» ni el «Postre del Chef», de nuevo la apuesta fue sobre seguro con Bach y su escuchadísima Aria de la Suite nº 3 en re mayor, BWV 1068, sin azúcares ni glúten, bien armada, cocinada como «adagio la italiana» y presentada en reducción a la esencia del cuarteto, pudiendo paladear cada ingrediente conocido servido como perfecto punto final de este menú a la carta de Concerto 1700 que no defraudó con tantos manjares para unos comensales agradecidos y de todas las edades.

La noche continuó por Vetusta y hubo que hacer una breve parada en el festejo de los 125 años del Teatro Campoamor donde en su fachada se proyectó un vídeo (titulado «Ave Fénix» con la que Luis Antonio Suárez hizo un repaso de media hora y 4.000 archivos) con algunos recuerdos de su historia: danza (Lindsay Kemp), teatro (moriré recordando a Nuria Espert) y por supuesto la lírica, histórica como Mario del Mónaco, Carlo Bergonzi, Giana D’Angelo, «La Tebaldi«, mucha vivida dentro (Freni y Pavarotti, Kraus, Domingo, Caballé…) y por supuesto la Zarzuela desde El gaitero de Gijón hasta el último Maharajá, bolero de Ravel de fondo documental para todo tipo de músicas también de espectador (¡qué tiempos de Jazz!), y cruzando el campo resonaban la locura, adiós a la vida, Fausto o Vissi d’arte. Espero poder festejar los 150 y disfrutar muchas más noches en blanco con la música como disculpa…

 

Monteverdi para abrir boca

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Sábado 7 de octubre, 20:00 horas. Inauguración de «Los Conciertos del Auditorio», Oviedo: Balthasar-Neumann-Chor&Solisten, Balthasar-Neumann-Ensemble, Pablo Heras-Casado (director). Claudio Monteverdi (1567-1643): Selva morale e spirituale, SV 252-288 (selección).

Celebración de «el divino» que cumple 450 años para una tarde y noche blanca en Oviedo donde el barroco sigue estando de moda, y para abrir boca nada mejor que el «ensemble» (no en su totalidad) y coro Balthasar-Neumann con el granadino Heras-Casado al frente, haciendo esta escapada asturiana entre los dos conciertos de Madrid, completando esta Selva morale e spirituale y grabando disco con Monteverdi de protagonista, al igual que los conciertos del Auditorio Nacional, esta vez inaugurando nuestra nueva temporada, con lo que supone de trabajo detallista en las obras escuchadas.

Con el título Stylus ecclesiasticus las notas al programa de la doctora María Sanhuesa nos sirvieron para centrar esta selección del grandísimo compositor de Cremona, contando igualmente con los textos traducidos. Y en las obras elegidas de esta «biblia de la música sacra» todo un alarde de buen gusto vocal con un coro donde los solistas se integran en él sin romper nunca esa envidiable unidad de color de las 16 voces que vinieron a Oviedo, cuatro por cuerda destacando solo cinco mujeres, cuatro sopranos y una contralto, completando la plantilla hombres (impresionantes tres contratenores altos por el empaste logrado globalmente), retirándose en algunas obras elementos en búsqueda del equilibrio dinámico y tímbrico. No voy a descubrir al Balthasar-Neumann-Chor pero lo que personalmente me encantó fue la evolución de calidades y emociones a lo largo del concierto, con distintas combinaciones de instrumentos donde siempre estuvo el órgano del omnipresente Michael Behringer, completando, rellenando y aportando esa globalidad vocal con un Heras-Casado preciso especialmente en las dinámicas, algún gesto gratuito de más pero sin confundir, demostrando ser un todoterreno en la dirección, desenvolviéndose con este Monteverdi realmente cómodo por la respuesta siempre exacta de la formación alemana, pese a ligeros desajustes supongo que por cansancio del trasiego Madrid-Oviedo-Madrid y la tensión que supone toda grabación que queda para siempre.

Comenzaron con el Credidi à 8 voci da Capella, SV 275 para todo el coro y un acompañamiento reducido a un continuo de fagot, laúd, tiorba, arpa, violone y órgano, funcional, delicado, antes de proseguir con el Laudate pueri secondo, SV 271 (a 5 voces), retirándose los instrumentistas sin aplauso alguno antes de disfrutar de la Messa à 4 voci da Cappella (I. Kyrie – II. Gloria III. Credo – IV. Sanctus V. Benedictus – VI. Agnus Dei) con el órgano y coro de trece voces, degustando las calidades corales y el incipit gregoriano de los números, la sonoridad masculina bien contrastada con la femenina, antes del amén. Toda el oficio de la música al servicio del texto bien interpretado por un coro envidiable «reforzado» con el órgano que dotaba de redondez y solemnidad esta misa.

Con los mismos mimbres del coro completo y órgano llegó el Magnificat secondo à 4 voci in genere da Capella, SV 282, más luminoso y rico en matices que la misa, como por otra parte era de esperar, finalizando con ese «amen» solo que nos permitió disfrutar el silencio antes de los aplausos siempre contenidos en esta primera parte que finalizaría con el Memento Domine David à 8 voci da Capella, SV 276 retomando el «ensemble» inicial, mayor colorido y riqueza tímbrica donde no siempre instrumentos y voces encajaron sin ensombrecer la labor de conjunto bien llevada por el maestro Heras-Casado.

La segunda parte ya presentó en escena la formación instrumental al completo (de menores efectivos que el total del ensemble) sumándose al continuo inicial dos violines, cuarteto de trombones, una viola de gamba y dos cornetos, riquísima combinación con las dieciséis voces donde estaba la soprano Alicia Amo todavía recordada en Oviedo por su pájaro del bosque de Sigfried. Ella comenzó el salmo Dixit Dominus primo à 8, SV 263 con el doble coro en espejo, búsqueda de sonoridades equilibradas sin excesos, rítmicas rompedoras para su época hoy plenamente asumidas contrastadas con la placidez ingrávida por momentos, todo con el buen gusto que esperábamos, al igual que para el Laudate Dominum secondo, SV 272.

Reducción de efectivos instrumentales al continuo inicial para el Confitebor primo, SV 265 y recolocación coral en tenores, bajos, altos y sopranos con nuevos planos y dinámicas muy trabajadas, siendo la acústica del auditorio ideal en la percepción de todos los detalles para una formación caracterizada por ello.

Volvíamos al orgánico interpretativo con el Laudate Dominum omnes gentes primo, SV 272a (a 5) también reubicando las voces, disfrutando de las cuatro cuerdas enfrentadas ocho y ocho, los efectistas ecos vocales e instrumentales con los cornetti respirando cual cantores y el sustento solvente y seguro del órgano. Emociones y calidades que fueron «in crescendo» como la música del gran Monteverdi.

La recta final con el conocido Beatus primo à 6, SV 268 de dúos vocales femeninos empastadísimos, solistas en el coro de catorce voces (prescindiendo de un alto y un bajo) bien ensambladas con los instrumentos, belleza espiritual, rítmica y dinámicas globales con planos claros, para finalizar en otra colocación vocal (SATB) esta vez sin una soprano y un alto entonando el Gloria à 7, SV 258, a mayor gloria del «divino», fresco, cálido, sentido y bien interpretado con las exigencias vocales en agilidades más el equilibrio instrumental duplicando o completando esta formación «arquitectónica» con Pablo Heras-Casado de maestro de obra en la Selva morale e spirituale, difícil selección de esta inmensidad, bien organizada por los germanos en el programa ovetense que dejó un excelente sabor de boca para continuar más tarde con un barroco instrumental más cercano e igualmente actual.

Carmina instabilis

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Viernes 6 de octubre, 20:00 horas. Auditorio de Oviedo, abono 1: «Música y literatura I», OSPA, Ana Nebot (soprano), David Alegret (tenor), Hugh Russel (barítono), Coros de la FPA (José Esteban García Miranda, maestro de coro), Rossen Milanov (director). Carl Orff (1895-1982): Carmina Burana (1935-1936), «in memoriam Juan Carlos y Olga».

Sabores agridulces en la inauguración de la temporada de abono ovetense con la OSPA y su titular que recordaba, además de guardar todos en pie un minuto de silencio, a los dos componentes fallecidos el pasado agosto: el chelista Juan Carlos Cadenas y la pianista Olga Semouchina, antes de pasar a escuchar el ¿One hit wonder? de Orff como bien nos contaba una hora antes el doctor Alejandro G. Villalibre (autor de las notas al programa enlazadas al principio) en una amena conferencia (¡diez años ya!) sobre un autor no flor de un día ni solo famoso por una obra, aunque esta primera cantata profana junto a su conocido «Método Orff» sean de por sí suficientes para pasar a la posteridad más allá de una biografía algo turbia. Resaltar un lleno nunca visto en la misma así como la excelente entrada para el concierto al sumarse la sala polivalente que se abre esporádicamente y se cerrará cuando era costumbre (sobre la cuestionada seguridad del auditorio mejor no hablar para no seguir agriándome).

Y como la vida del compositor así resultó la interpretación de esta obra que sigue atrayendo al público en general más allá de los fieles abonados, estando todavía viva la interpretación en la Plaza de la Catedral del pasado San Juan carbayón. La belleza e impacto de la partitura se sobrepone a cualquier versión, soportando desde la «furera» a la festiva al aire libre pasando por esta de un primer viernes de octubre donde el calor solo fue climatológico (en un mal llamado veroño) y la calidez con humor vendría del barítono canadiense, todo desde una sensación de inestabilidad a lo largo de la hora y cuarto de duración que transmite una dirección desigual, imprecisa, turbia por momentos, sin criterios claros de agógica y dinámicas que siguen sumándose a errores de bulto como frenar en los piani y acelerar en los forte.

A pesar de todo, la orquesta continúa ganando enteros, sonoridad propia, amplísima gama de matices, solistas de primera que solo necesitan más confianza porque la inseguridad casi se masca en el aire (y sigo cerrando los ojos para no perderme como oyente). La belleza melódica y de texturas instrumentales junto a la riqueza rítmica de Orff es innegable, con dos pianos, celesta, percusión impactante, todos ingredientes que deben cuidarse junto a los balances nunca caprichosos, más en esta cantata donde prima la voz de principio a fin. Para mi gusto volvió el trazo grueso y solo los matices indicados en la partitura, que fueron mejores los pp que los ff.

El Coro de la FPA, junto al infantil que mima y hace crecer Natalia Ruisánchez, continúa en su línea de trabajo sinfónico (en menos de dos semanas afrontará el concierto anual de la Fundación, retomando el cinematográfico Iván El Terrible de Prokofiev pero con Miguel Ortega, que vuelve al frente de la OSPA), amoldándose a cada batuta con el esfuerzo que ello supone, plegándose como profesionales a las indicaciones y vaivenes de tempo, poca precisión que no favoreció mayor enjundia en los tutti con la orquesta. En este Carmina instabilis volvieron a estar a la altura de lo esperado, intervenciones llenas de matices, color uniforme tanto juntos como en las intervenciones separadas de las distintas cuerdas, destacando las voces graves con empaque y homogeneidad así como las contraltos de empaste perfecto, aunque esta vez los «peques» se llevaron la mejor parte por aplomo, seguridad, afinación y color ideal.

Del trío solista el joven barítono canadiense Hugh Russel se tomó muy en serio su participación, no solo cantar con toda la riqueza y cambios de color que su papel exige sino sumándole la escena tan necesaria en esta cantata (Orff así lo entendió), dominador de principio a fin sobrado de facultades y realmente completo. A la soprano ovetense Ana Nebot le faltó la sobrada actuación del canadiense, enamorar In trutina y dominar un papel exigente que requiere interiorización además de proyección (no le ayudó cantar con partitura al bajar la cabeza y perdiéndose emisión), aunque tampoco colaboró la dirección, pero siguen siendo tan hermosas sus intervenciones que al gran público no le importan detalles tan técnicos como poder afrontar recreándose en crescendi, fiatos o agudos pianissimi. Finalmente el barcelonés David Alegret no es un contratenor (al que estamos más acostumbrados) y sus agudos sonaron «apretados» para un tenor lírico-ligero muy mozartiano, haciéndose extraño el color pese a tener dominada su breve intervención.

La OSPA sonará de cine la próxima semana y mozartiana a fin de mes tras el «concierto real» en un octubre de lo más variado que no ha comenzado como (yo) hubiese querido, antes de volver al foso en noviembre. Casi sin respiro volveré mañana al auditorio donde repito inicio de temporada con los conciertos y jornadas de piano… por supuesto también lo contaré desde aquí.

Esplendor solamente vocal

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Domingo 17 de septiembre, 19:00 horas. Teatro Campoamor, Coro «El León de Oro», Grupo Vocal KEA (director: Enrique Azurza), director: Marco Antonio García de Paz: «El esplendor de la polifonía», obras de Lasso, Victoria, Stanford, Schnittke, Holst y Martin. Entrada butaca: 14 €.

Deberíamos haber celebrado un cumpleaños de oro para conmemorar el del Teatro Campoamor pero solo refulgió el coro asturiano con veinte años «rugiendo», como sus fieles leónigans. La política cultural del ayuntamiento capitalino sigue errando en su concepción musical, manteniéndose a duras penas lo que tantos años ha costado alcanzar, eliminando por equivocadas visiones eventos que eran toda una inversión (nunca gasto) y pergeñando una pobre celebración de estos 125 años donde se mezclan óperas y zarzuelas ya previstas, con intérpretes tan dispares como Rodrigo Cuevas, Estrella Morente e India Martínez en el mismo cartel que Paco Ibáñez con Jerónimo Granda, la Real Banda de Gaitas local con la Oviedo Filarmonía o Barbara Hendricks, que con nuestro laureado coro El León de Oro (LDO), aprovechando que el Caudal pasa por Mieres y el Gafo por La Manjoya, al menos figuran dentro de la mal llamada «música culta» (mejor que clásica). Desconocer la historia del coliseo asturiano parece haberles llevado a «olvidar» los grandes nombres de la lírica o la escena que por sus tablas han pasado y engrandecido sus propias biografías, para hacer un «tótum revolútum» de estilos y públicos en una concepción de la cultura errática y fuera de lugar, confundiendo la  «Excelencia en el gusto por las bellas artes y las humanidades, también conocida como alta cultura» frente a «Los conjuntos de saberes, creencias y pautas de conducta de un grupo social, incluyendo los medios materiales que usan sus miembros para comunicarse entre sí y resolver necesidades de todo tipo«, que hasta la popular y excesivamente consultada Wikipedia© explica más detalladamente.

Amén de gaitas y placa conmemorativa con asistencia de distintas autoridades locales, no se cantó «cumpleaños feliz» pero al menos los compases finales de la última función de Sigfrido y El León de Oro pusieron la música en las horas extremas del día que le correspondía soplar velas a esta longeva historia de un teatro que lleva el nombre de nuestro escritor y periodista naviego Ramón de Campoamor gracias a la sugerencia de otro ilustre, Leopoldo Alas «Clarín».
Y el programa que nuestro coro más internacional y laureado eligió para conmemorar la doble efeméride, veinte y 125 respectivamente, también buscó hacer historia y cronología de la polifonía religiosa «a capella», de Lasso a Martin sin olvidarse de nuestro universal Tomás Luis de Victoria. Difícil búsqueda que tuvo la recompensa para el numeroso público de poder disfrutar todas las excelencias de un coro «amateur» que canta como un profesional para compartir con los tolosarras de KEA una segunda parte al alcance de muy pocas formaciones corales.

La primera parte arrancó con el coro de cámara, otra de las virtudes de los «Leones de Marco» en cuanto a combinaciones posibles dentro de su plantilla, con las Lamentaciones (tertia, primi dei) a cinco voces de Orlando di Lasso (1532-1594), impecables y bien explicadas (como el resto del programa) en las notas de la doctora Diana Díaz González. Sumando efectivos y manteniendo calidad nada menos que el Regina Coeli (Tomás Luis de Victoria, 1548-1611), recogiendo lo sembrado por Peter Phillips, enamorado hace años de este coro, del que dijo «es extraordinariamente inusual encontrar un coro grande capaz de cantar música del Renacimiento
con tanta calidad»
, madurando y posando las enseñanzas para dejarnos una versión íntima, equilibrio y pureza, delicada sin excesos -no suele haberlos en «los leones»- para realzar el texto con la música en la mejor línea del abulense, también de oro como esta polifonía seguidora de Palestrina y Trento pero Contrarreforma elevada a lo sublime.

Salto en el tiempo y nuevo aumento de efectivos, coro ideal para el irlandés Charles Villiers Stanford (1852-1924) y su Beati quorum via. Sacar de nuevo obras ya trabajadas por los luanquinos supone recuperar y volver a descubrir matices y presencias, equilibrios con dinámicas increíbles desde la técnica perfecta al servicio de la música, una belleza polifónica que sigue admirando a todos los amantes de la música vocal.

Aún quedaban dos joyas cercanas en el tiempo, del soviético-alemán Alfred Schnittke (1934-1998) sus Drei geislitche Gesänge (Tres himnos sacros) a 8 voces, un despliegue buscando abrazarnos con el sonido siempre único del coro asturiano donde el derroche es emocional, muy trabajado por todas las cuerdas con exigencias solventadas sin problemas (detalles mínimos que no merece ni mencionar) y Nunc dimittis del británico Gustav Holst (1874-1934), una de las obras emblemáticas de los asturianos que siempre suenan irrepetibles dependiendo del lugar donde la canten, jugando con la acústica que en el Campoamor sigue siendo impecable como la versión del LDO.

Armar una obra para sesenta voces uniendo dos coros me recordó el reto de Sigfrido con las dos orquestas. Cuando la dirección es la correcta y el estudio detallado lleva un trabajo minucioso, los retos se alcanzan y la recompensa del éxito es la deseada. El Grupo Vocal Kea que dirige Enrique Azurza son unos profesionales que ya nos emocionaron hace años en la Semana de Música Religiosa de Avilés, compartiendo con LDO ese monumento cultural que se mantiene pese a todo(s) en la Villa del Adelantado. Compartir escuela de dirección y canto (Musikene es un referente internacional) hace fácil lo difícil, por lo que la Messe pour double choeur a capella (2004) del suizo Frank Martin (1890-1974) nos permitió escuchar en Asturias una interpretación irrepetible por lo plena, con Bach en el origen siempre exigente para todo músico, los cinco números del ordinario de una misa que como decía Marco a la prensa (que dejo al final de esta entrada), «se puede disfrutar con oídos ateos» -algún despistado intentó aplaudir entre el Kyrie y el Gloria-. El empaste y afinación de los dos coros fue encomiable, digno de destacarse para una partitura complicada, de registros extremos en todas las cuerdas, con momentos tensos resueltos con brío y aplomo, volviendo a demostrar lo necesario de un equilibro dinámico entre ellas que pocos consiguen, cambios rítmicos, juegos onomatopéyicos de gran riqueza, pinceladas de calidad e intimismo contrastadas con fortísimos nunca estridentes. Aplaudir el trabajo de los directores y coristas para alcanzar la excelencia buscada, difícil, costosa, sacrificada, cercana pero siempre agradecida. El esplendor de este doble cumpleaños no pudo ser mayor musicalmente.

Y como Bach siempre será «el padre de toda la Música», en mayúsculas para evitar errores de concepción, con el sello dorado de colocar parte del coro rodeando al público del patio de butacas, ampliando escenario y sonoridades, el regalo de Knut Nystedt (1915-2014), al que KEA me descubrió en Avilés, con su Immortal Bach, una recreación mejor que «deconstrucción» del coral Komm, süsser Tod, BWV 478 donde las disonancias y juegos dinámicos alcanzados por este tren (coral) Vasco-Asturiano llegó a la estación de Campoamor como la más cálida ceremonia musical para una efemérides a la que le faltaron otros brillos.

Enlaces:
Dos entrevistas a Marco Antonio García de Paz en la prensa regional:
Crítica de Ramón Avello en El Comercio.

Sigfrido sin miedos

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Miércoles 13 de septiembre, 19:00 horas. Teatro Campoamor, LXX Temporada de Ópera de Oviedo: tercera función: Siegfried (R. Wagner), nueva producción de la Ópera de Oviedo. Entrada último minuto delantera de principal: 30 €.

Para los docentes y melómanos en Asturias el comienzo del curso lo marca la temporada de ópera ovetense que este año alcanza nada menos que 70 años, cumpliendo con los 125 del Teatro Campoamor, así como el paso por taquilla para la adquisición de abonos de OSPA, Conciertos del Auditorio y Jornadas de Piano, una verdadera «cuesta de septiembre» más allá del Huerna o el Puerto de Pajares, en todos los sentidos.
Inicio de curso musical por todo lo alto, con una conferencia previa cual lección inaugural el pasado día 5 a cargo del maestro Guillermo García Calvo embarcado en completar la tetralogía wagneriana que este 2017 nos trae la tercera entrega de El Anillo del Nibelungo con «Sigfrido«. Si Wagner siempre es mucho, contado por el director madrileño aún se engrandece la figura y obra del compositor, lo que pude comprobar en la tercera función de un miércoles climatológicamente ardiente, como toda la trama de fuego, con excelente entrada pese a las cinco horas largas que suponía esta cita ineludible (parte del público marchó en el segundo descanso, perdiéndose el tercer acto… pero ya sabemos cómo es Vetusta clariniana).
Media hora antes de levantarse el telón, en el salón de té Pachi Poncela avanzaba su «preludio» informal pero documentado para los que venían con tiempo, invitando a disfrutar con la mochila vacía de este cuento para niños de todas las edades, si bien algunos traíamos la lección aprendida sabedores de lo que se avecinaba, máxime tras la citada conferencia del maestro madrileño junto a Carlos Wagner, el diseñador de una original puesta en escena que tapaba el foso para situar los cantantes sobre él, incluso entrando por el patio de butacas o cantando desde Principal, sin utillaje y con un vestuario atemporal pero efectivo, mientras en el escenario una «Orquesta Fantástica Asturiana» con más de cien músicos compartiría el protagonismo musical total.
Y hablo de orquesta fantástica porque se unieron OSPA y Oviedo Filarmonía bajo la dirección de García Calvo para alcanzar una sonoridad única, duro trabajo previo buscando ese ideal wagneriano de riqueza tímbrica, el verdadero color con todos los matices posibles que nunca taparon un elenco vocal muy equilibrado, otro logro alcanzado de un reto titánico. La «orquesta fantástica» nos dejó momentos increíbles de empastes en todas las secciones, el ropaje idóneo para las voces y el protagonismo total en el sitio justo, cuerda sedosa, maderas y metales casi como un órgano, percusión segura, dinámicas y equilibrios perfecto bajo la dirección siempre comprometida, segura y convencida del maestro Guillermo. Desde el inicio hasta el último acto no hubo respiro, pianísimos increíbles, casi camerísticos, contrastes sin miedos como el propio Siegfried, reguladores amplios, potencia caleidoscópica en el inicio del tercer acto que mantuvo el concepto de obra de arte total rematando un trabajo de orfebre para un anillo mágico y una Nothung bien forjada orquestalmente. alternancia de concertinos en cada acto pero una alegría ver compartir atriles a los músicos de ambas formaciones en esta orquesta única que espero poder volver a encontrarla para una Octava de Mahler asturiana
Con el escenario lleno en todos lo sentidos, las voces elegidas completarían una función que pasará a la historia operística local, comenzando por el tenor ruso Mikhail Vekua como Sigfrido, un verdadero atleta para poder cantar un rol tan exigente, Heldentenor o tenor heróico además de dramático en el buen sentido, desde una clasificación cada vez menos necesaria pero que ayuda a entender este tipo de voz necesaria en estas óperas.
Impresionante la riqueza expresiva, su potencia sin perder lirismo ni buen gusto y el crecimiento del personaje nunca temeroso hasta encontrar a Brunilde, redondeando una actuación magistral sobre el foso, caminando de un lado al otro, corriendo, tumbándose, escenificando sin ningún atrezzo y convenciendo a todos.
Otro tenor y otro color pero igualmente creíble el Mime de Johannes Chum, personaje complejo el malvado enano capaz de pasar de la ternura al odio, la (con)fabulación y la burla, segundo pilar vocal de Sigfrido.
La tercera pata masculina fue el barítono rumano Béla Perencz como Wotan El Viandante (o caminante) apareciendo por el pasillo del patio de butacas con lo que supone a nivel acústico, fue mejorando en cada acto para completar una actuación sobria de este trío protagonista.
Pero el resto, pese a intervenciones «menores» en cuanto a presencia escénica no podían quedar a la zaga en cuanto a calidades.
Destacables a mi gusto el bajo-barítono rumano Zoltan Nagy como Alberich el hermano de Mime, manteniendo el tipo, y las dos sopranos españolas: Maribel Ortega, una Brünnhilde impresionante, segura, de tesitura amplia y redondez en todos los registros, llenando el acto final de belleza vocal junto a Siegfried, más la voz del Pájaro del bosque del segundo acto, Alicia Amo, cantando desde principal (un lujo escucharla tan cerca de mí) y entresuelo, afinada pese a la distancia con la orquesta, color hermoso que esperamos disfrutar mucho tiempo en papeles protagonistas, pero tan necesarios en estas óperas para alcanzar esa calidad vocal global.
Dentro del citado equilibrio vocal el bajo milanés Andrea Mastroni como Fafner me gustó su color y volumen, cerrando elenco en un escalón inferior la mezzo polaca Agnes Zwierko como Erda, breve escénicamente y la única que pareció tener miedo al empuje orquestal detrás con un vibrato algo excesivo pero completando un reparto muy homogéneo para este Sigfried wagneriano.
No entraré en detalles sobre  la representación semiescénica (o más técnicamente «semi stage«) con la que los cantantes afrontaron sus personajes, sin espadas, lanzas o yelmos, aunque el concepto del venezolano Wagner basado en proyecciones sobre la pantalla del fondo y la cortina delante de la orquesta, tuvo de todo. Bien lograda la forja o los vuelos de los estorninos que parecían estar dentro del teatro dando formas cambiantes desde el propio anillo hasta un corazón o una calavera, la lluvia, espadas o incluso el dragón, también la gruta junto a las cartas de la baraja y otras formas más o menos abstractas que no añadían mucho, aunque por momentos se lograban efectos tridimensionales pero desde el patio de butacas parece molestaron más que desde mi ubicación en el segundo piso. La escenografía con estos contenidos generados digitalmente dan mucho juego y en esta concepción donde la orquesta forma parte del propio argumento siendo decorado y protagonista a la vez, personalmente no engrandeció la representación puesto que la música lo inundó todo y cerrando los ojos ponía lo que echaba en falta.
El resto en las manos de Guillermo García-Calvo, orfebre de lujo para perder el miedo a Wagner.
Aún faltando la cuarta y última función, ya han comenzado los ensayos del siguiente título, un trovador verdiano para mantener la sana rivalidad con el alemán, histórica y complemento de dos polos que siguen sumando: el italiano con legión de seguidores, el germano ganando adeptos y nuevos públicos, y en Oviedo, nuestra «Viena del Norte», compartiendo cartel para deleite de operófilos y melómanos en general en un curso 2017-2018 que se avecina de lo más completo.

Enlaces: Tertulia de «La Nueva España»; críticas de: Ramón Avello «El Comercio», Andrea G. Torres «La Nueva España», Aurelio M. Seco «Codalario»Alejandro G. Villalibre «OperaWorld», Javier Labrada «Platea Magazine», y prensa escrita:

Música entre amigos

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Jueves 31 de agosto, 20:00 horas. Festival de Verano Oviedo 2017, Museo Arqueológico: Ana Nebot (soprano), Mario Bernardo (piano). «Sin etiquetas», obras de HaendelSchubertR. StraussRossini, Fauré, R. Hahn, Satie, Saint-SaënsVilla-Lobos, C. Porter y M. Legrand. Invitados: Rubén Menéndez Larfeuil (viola), Pablo García-López (tenor), Marina Pardo (mezzo) y Antony da Cruz (contrabajo).

Brillante clausura de un festival veraniego que volvió a llenar el museo con colas dos horas antes del inicio quedándose público fuera (lástima el aforo reducido) con artistas de casa como la soprano carbayona y el pianista gijonés, sin localismos y además rodeándose de amigos para compartir una tarde «sin etiquetas» del agrado de todos y repasando épocas con estilos distintos.

Para el dúo Nebot-Bernardo comenzar con el barroco y sus agilidades aún en frío, además de la emoción de saberse querida no sería óbice para ir ganando tranquilidad y hondura, también (y tan bien) arropada por compañeros, además de amigos, a lo largo de una hora de buena música en el mejor ambiente.

Tras el inicial Haendel y el aria Ch’io mai vi possa (Que yo pueda un día) de la ópera «Siroe«, vendría la viola de Rubén Menéndez Larfeuil para sumarse a dos grandes bien sentidos por la soprano junto al sólido piano, Schubert con Der Hirt auf dem Felsen (El pastor en la roca) D. 965 de mundos sonoros contrapuestos en expresiones e intensidades (con clarinete hubiese sonado menos intenso), y especialmente el Morgen (Mañana) op. 27 nº 4 de R. Strauss que llegó a alcanzar la milagrosa complicidad del silencio total de un atardecer mágico con «la hermana del violín» tan sentida como la propia voz.

En este repaso entre compañeros llegó el turno al tenor cordobés Pablo García-López para dos dúos muy distintos, Rossini y La Serenata (Notturno) más Fauré Puisqu´ ici-bas toute âme (Pues aquí abajo las almas) preparado por «La Nebot» en solitario con Le papillon et la fleur (La mariposa y la flor) op. 1, nº 1. El nocturno del italiano, contrastado con la común poesía francesa de Victor Hugo en dos voces que se gustan además de actuar para hacer creíbles unos textos que se nos ofrecieron en fotocopias aparte (siempre de agradecer) redondeando este hermanamiento vocal y sentimental entre Asturias y Andalucía que lleva años cimentado, aplaudiendo la generosidad de la anfitriona ovetense por compartir protagonismos.

Verdadera «exquisitez» el Verlaine de L´ heure exquise musicado por Reynaldo Hahn (1874-1947), venezolano de nacimiento con madre vasca y padre germano, pero francés de adopción y formación aunque alemán de pasaporte, universal como todo el programa «sin etiquetas» donde Ana Nebot y Mario Bernardo volvieron a demostrar el trabajo bien hecho, al igual que el siempre ideal Satie con su Je te veux (Te quiero), otra «delicatesen» antes de seguir compartiendo amigos y música, sobre texto de Henry Pacory, poesía musical francesa donde la soprano está en su salsa. Todo un detallazo de Ana cantar colocándose para el otro ala del claustro, aunque la acústica sea buena en cualquier lugar, y siempre atenta a un público que la quiere en su Oviedo natal, aunque hubo turistas de todas partes, incluso del otro lado del charco (a quienes pude saludar al finalizar el recital en «otro encuentro» con la música de punto en común y acercamiento físico más allá de las redes sociales).

Con la mezzo Marina Pardo en un empaste perfecto y el acompañamiento siempre sobrio de Mario Bernardo, escuchamos a Saint-Saëns y su bolero El desdichado, en castellano con la forma original antes de la herencia al actual que bien aclaró Ana Nebot al público antes de cantarlo, ante algún comentario al presentarlo, pues siendo capaz de cantar incluso jazz aún no se ha enfrentado a los grandes éxitos de Miguel MatamorosLos Panchos y seguidores, aunque nunca se puede rechazar nada, menos cuando hay calidad y emoción.

Y del jazz vendría el contrabajista Tony da Cruz para seguir sumando «sentimiento» desde su compatriota Heitor Villa-Lobos con Melodía Sentimental (letra de Dora Vasconcelos), una nueva visión del folklore brasileño sumado a la canción de concierto donde solo faltó una batería con escobillas para volver a demostrar que no hay etiquetas, solo música bien hecha, al igual que con Cole Porter en So in love (Tan enamorado) de la comedia musical «Kiss me Kate«. Piano más contrabajo en pizzicato como perfecto ropaje a la voz de Ana Nebot navegando cada vez más cómoda en estos repertorios ligeros que se van haciendo merecido hueco en este tipo de recitales camerísticos.

Todavía quedaba el remate con el prolífico compositor de bandas sonoras francés Michel Legrand (1932), y de la película musical “Les Demoiselles de Rochefort” con «la gemela» Marina Pardo en la Chanson des jumelles, teatralización de altura con la redondez del contrabajo y el piano poniendo mentalmente la percusión que seguramente más de uno añadió aunque fuese corporal.

Verdadero regalo Alfonsina y el mar (Ariel Ramírez) cantado por «La Nebot» con naturalidad, cercanía y emoción subrayada por Tony y Mario redondeando el mejor colofón al mes, al ciclo y a las vacaciones dejándonos con ganas de más, sobre todo viendo que los amigos nunca fallan cuando lo son.

Café musical balsámico

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Jueves 24 de agosto, 20:00 horas. Festival de Verano Oviedo 2017, Museo Arqueológico: Marina Pardo (mezzo), Kennedy Moretti (piano). «Café concierto», obras de Albéniz, Weill, Schönberg, Debussy, Villa-Lobos, Satie y Poulenc.
La música, como la vida, no se detiene nunca, y tras un verano complicado además de triste donde apenas tuve tiempo para mis habituales conciertos de estío, nada mejor para retomar el pulso que con este «café concierto» entre piedras monacales que surtieron efecto balsámico por ambiente, calidad y cercanía.

Volvía Marina Pardo con su pianista habitual, Kennedy Moretti, para dejar al público, que siempre responde en «La Viena del Norte» con llenos, una velada de salón con unas canciones bellísimas, sentidas y compartidas por este dúo que organizó el programa en bloques de tres canciones por autor con el intermedio de piano buscando una unidad orgánica desde la sabia elección de aires, textos (especialmente el francés) y sentimientos. Desde el casi desconocido Albéniz en inglés o el Schönberg más jazzístico tan de cabaret como Weill pero cantado con gusto más que arrebato cinematográfico o el folclore brasileño de Villa-Lobos mezclando saudade y vitalidad, pero sobre todo Satie con  una Pardo realmente «diva de Vetusta» y sobre todo su Poulenc adorado, mimado, sentido… verdadera «fiesta galante» en el Arqueológico para cerrar concierto.

No era tarde para populismos ni grandes éxitos sino una apuesta por la calidad vocal sin etiquetas ni tesituras, con el piano compartiendo protagonismo, como en los grandes lieder, pequeños bocados de vida que los aplausos no dejaron paladear de tres en tres rompiendo la perfecta organización de las canciones. La voz carnosa de la mezzo «asturiana» capaz de emocionar con sus piani, hacernos vibrar en los agudos sin perder color ni calor, volcada en intenciones sin necesidad de bailes, marabús, boquillas, aros de humo o copas de champán, donde el único accesorio es la música con el complemento perfecto del piano brasileño de graves redondos, limpieza total para crear el ambiente deseado y el plano siempre adecuado favoreciendo la presencia vocal en todos los idiomas desde el único lenguaje universal. Gracias a Marina y Kenneddy por esta terapia de agosto.

PROGRAMA

I. Albéniz (1860-1909): A song of consolation; Will you be mine?; To Nellie.
K. Weill (1900-1950): Youkali; Die Moritat von Mackie Messer; Complainte de la Seine.
A. Schönberg (1874-1951): Der genügsame Liebhaber; Jedem das Seine; Arie aus dem Spiegel von Arcadien.
C. Debussy (1862-1918): La plus que lente (Vals para piano).
H. Villa-Lobos (1887-1959): Modinha; Na paz do outono; Lundú da Marquesa de Santos.
E. Satie (1866-1925): Tendrement; Je te veux; La diva de l’Empire.
F. Poulenc (1899-1963): Voyage a Paris; Les chemins de l’amour; Fêtes Galantes.

La propina, como no podía ser menos tras toda la velada, de nuevo Poulenc y de su «Metamorphoses» Fp. 121, el nº 2 C’est ainsi que tu es.

El verano también es trabajo

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Viernes 21 de julio, 20:00 horas. RIDEA, Oviedo: Concierto de clausura del III Curso de Canto y Repertorio «La Castalia«. Entrada libre.
Para algunos el verano supone ocio y vacaciones aunque en el mundo musical nunca se tenga un minuto de tiempo libre. Oviedo sigue siendo «La Viena del Norte» hispano incluso en los meses de estío con unas temperaturas idóneas para disfrutar de su amplia oferta en los distintos entornos y festivales, pero también para aprovechar unos días de formación, la que ocupa toda la vida profesional y más aún en el siempre exigente mundo lírico.

La Asociación Cultural «La Castalia» que preside Santiago Ruiz de la Peña sigue ofreciendo cursos como este tercero de canto y repertorio en la capital asturiana, acudiendo jóvenes voces asturianas y de las comunidades cercanas para continuar esa carrera en algunos casos incipiente, en otros consolidándose, buscando siempre mejorar distintos aspectos como perfeccionar la técnica, dicción y fonética, idiomas tan necesarios en todas las facetas profesionales, o repertorio y análisis, recordando que todo ello es imprescindible para quienes se dedican al mundo de la lírica, independientemente de buscar una carrera o por el mero hecho de continuar ese itinerario sin final que es el canto.
La labor del claustro de «La Castalia» sigue siendo encomiable por inculcar amor por la música y poder visibilizar unas voces desconocidas para parte de un público que volvió a llenar el Palacio de Toreno, y que resultó el termómetro de examen final a cinco días de duro trabajo que culminan con el concierto final.

Enhorabuena a Begoña García-Tamargo (dirección artística y canto), Manuel Burgueras (repertorio y pianista «oficial» de estos cursos), Ana Cristina Tolívar (fonética), Mª José Collazos (análisis) y la ucraniana afincada entre nosotros Yelyzaveta Tomchuk, nuevo fichaje en el campo del pianista de repertorio, más allá del acompañamiento, con un trabajo «poco agradecido» en las siempre diabólicas reducciones orquestales que compensan páginas «liederísticas» como también pudimos disfrutar este viernes, completando un elenco de profesores a los que la moda e invasión anglosajona comienza a llamar coach.
Interesantes las obras elegidas y el orden de intervención de los cantantes para «armar» este concierto de clausura del que dejo copia a continuación y amplío con algunas anotaciones a vuelapluma.

Abundante cosecha de sopranos y digna representación del resto de cuerdas (mezzo, tenor y barítono) afrontando repertorio variado y difícil donde hubo una verdadera colección lírica con dos obras por voz colocadas en el programa para dar variedad y vistosidad a los géneros trabajados con el profesorado durante la semana.

Abría velada la soprano gallega Cristina Suárez con Manuel Burgueras al piano cantando Sposa son disprezzata de «Bajazet» RV 703 (Vivaldi), con la misma trama de «Il Tamerlano«, un aria barroca de calado mostrando buenas maneras (que completaría su intervención con Weber) y ganas de gustar en dos estilos distintos y distantes.

Volvía a escuchar a la soprano Canela García que nos dejó el «lied» sinfónico Zueignung op. 10 nº 1 (R. Strauss) de sentimiento, poesía musical y diálogo con el piano del maestro hispanoargentino y volvería con La zagala alegre de las «Seis canciones castellanas» (Toldrá), la canción de concierto que exige a los intérpretes crear y cantar un microrrelato donde el texto debe ser subrayado con la música, algo que ambos intérpretes entendieron en la dirección correcta.

Ya conocía a la mezzo María Heres, con Lisa Tomchuk al piano que afrontó el aria Che puro ciel de «Orfeo y Euridice» (Gluck), un repertorio de arias barrocas en las que la ovetense se desenvuelve con comodidad y un color idóneo recordándonos el de algunos contratenores que están recuperando muchas de estas partituras, retomándolo posteriormente con Che faro senza Euridice (en vez del previsto Cruda sorte! Amor tiranno! de la rossiniana «L’Italiana in Algeri«, único cambio que demuestra el atento trabajo por ofrecer siempre lo mejor de cada intérprete).

Mi admirada soprano la avilesina Vanessa del Riego con Manuel Burgueras al «piano orquestal» nos interpretaron el Laudamus te de la «Gran Misa en do menor» (Mozart) siempre progresando en un repertorio que lleva interpretando a lo largo de su carrera, siempre difícil en el caso del genio de Salzburgo, endiablado en agilidades, color, saltos y musicalidad. Un aplauso por su encomiable trabajo y amor por la música.

El también conocido tenor Adrián Begega con Yelyzabeta Tomchuk afrontó el lied Der Neugierige del ciclo «Die schöne Müllerin» (Schubert) y el recitativo con aria Sventurata Sidon!… Se colà ne´fatti è scritto del «Idomeneo» mozartiano, bello color y registro central poderoso, más idóneo para Mozart que para el muy exigente y siempre complicado mundo camerístico de la llamada canción de concierto, al que pocos cantantes han querido acercarse precisamente por sus dificultades.

La también gallega y soprano Carla Romalde nos interpretaría la Ännchen de «El cazador furtivo» (Weber) con el aria Einst träume meiner sel’gen Base donde su expresión gestual debe complementar la acción que el texto en alemán describe, mejor en la parte movida y «cantabile», mientras su compañera Cristina Suárez volvería para la Ágata doliente Und ob die Wolke sie verhülle, dos colores de voz y personajes para la misma obra, con la reducción pianísitica a cargo de una convincente Lysa Tomchuk. Carla Romalde repetiría posteriormente con la Romanza de María de «El Juramento» (Gaztambide) más cómoda  con el castellano y de color carnoso escrito para lo que entonces se llamaba tiple, para una partitura igual de exigente que también pudimos disfrutar en el Campoamor hace tres años.

Habitual en nuestra tierra y también trabajando duro, la soprano moscona Paula Lueje con Manuel Burgueras nos dejaron una auténtica recreación de I’ vidi in terra (soneto 123 y último de los «Drittes Sonet von Petrarca«) del húngaro Franz Liszt, partitura poco habitual bien defendida y ejecutada por ambos intérpretes, que como escribe Petrarca supusieron «cordura, amor, dolor y cortesía», muchas tablas por parte de ambos, siendo la de Grado quien finalizaría el concierto con el piano de Tomchuk pasando de la poética italiana al alemán casi cabaretero de la conocida Canción de Vilja (Vilja Lied) perteneciente a «La viuda alegre» («Die Lustige Witwe«) de Léhar, el rey de la opereta siempre exigente pero muy agradecida, perfecto rubato con feliz entendimiento pianístico y sentimiento a raudales que resultaría broche dorado del concierto.

Otra voz que pasó hace unos años por Asturias y volvía a este curso es la soprano ferrolana Gloria Amil que tiene tras de sí una carrera variada, esta vez trabajando y cantando con la orquesta hecha piano de Manuel Burgueras dos exigentes y conocidas arias operísticas: el Addio, del passato bei sogni ridenti de «La Traviata» (Verdi) y la gavota Obéissons quand leur voix appellee de «Manon» (Massenet) lógicamente con piano y sin coro pero que el público interrumpió varias veces -supongo que por desconocimiento pese a ser un título de referencia en la ópera-, mejor Manon que Violeta sin meterse mucho en dos roles que deben convencer y enamorar además de cantarse, aunque la belleza de estas páginas supera cualquier comentario teniendo todos nuestras referencias en dos personajes fetiches para cualquier operófilo.

El joven barítono turolense Ricardo Barrul Martín acompañado al piano por el maestro Burgueras apuntó buenas maneras en las arias de Alfonso Ma, de’malvagi invan… Vien, Leonora de «La Favorita» (Donizetti) y Zurga O Nadir de «Los pescadores de perlas» (Bizet), con un bello color vocal que los años irán dando el cuerpo necesario puesto que musicalidad tiene y técnica continúa trabajándolo, estando en el camino correcto para afrontar estos roles.

La soprano vitoriana Nora Chena Sola con el piano de Yelyzabeta Tomchuk demostró el buen y poderoso instrumento que posee afrontando dos pesos pesados vocalmente como la «Canción de la risa de Adela· en Mein Herr Marquis de «El murciélago» (Johann Strauss hijo) y Les oiseaux dans la chamilleLos Cuentos de Hoffman«) de Offenbach, mucho más que un despliegue de poderío, agudos o agilidades, convencimiento y escena que da el trabajo así como mucho tiempo de estudio, el que nunca termina, cautivando al público en ambas arias, especialmente la segunda donde no necesitó «darle cuerda a la muñeca» para enamorar siempre con el excelente subrayado musical de la astur-ucraniana Tomchuk.

En definitiva un curso de nota con las lecciones bien aprendidas que todavía quedaría repasar tras el concierto de examen final porque así es la vida del música, estudiando siempre para buscar la excelencia. Y llegar a casa con tiempo para disfrutar en El Palco de La 2 (también en la web de rtve) de un «Liceu a la fresca» con un «Trovador» que algunos de estos cantantes podrían cantar en algún momento de sus carreras, pues la ópera sigue enamorando y las voces llegan directamente al alma.
Enhorabuena a todos.

El magisterio de Maria Callas

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Lunes 3 de julio, 20:00 horas. Oviedo, La Nueva España, Club de Prensa Asturiana: Asociación Lírica Asturiana Alfredo Kraus, conferencia «El magisterio de Maria Callas», a cargo de Victoria Stapells y Arturo Reverter.

Lleno hasta la bandera en el club de prensa del diario asturiano para escuchar la conferencia organizada por la ALAAK, presidida por Carlos G. Abeledo, quien abrió el acto para presentar a los ponentes, la canadiense afincada en sevilla Victoria Stapells y el musicólogo, crítico musical, escritor y radiofonista Arturo Reverter, en un verdadero y ameno homenaje con motivo de los 40 años de la muerte de «La Divina«, que sigue siéndolo además de un verdadero mito, manteniendo su vida y su carrera tan presente como solo las divas pueden.

Alternando Stapells y Reverter en perfecto orden datos personales, audios de conferencias, fotografías y por supuesto fragmentos de algunos de los mejores momentos de Maria Callas (Nueva York, 1923 – París 1977) en los felices años 50, sin faltar el toque crítico y el humor gallego de Don Arturo, pudimos disfrutar de tomas en vivo, siempre las mejores que en estudio, reconociendo que la soprano americana de origen griego pese a carencias conocidas resultó única, sabiendo adaptarse y hacer suyo cada rol. Tampoco faltaron esas anécdotas que todavía engradecen más si cabe al mito, y cómo no, la soledad de las grandes tras la apoteósis del escenario.

Para terminar la hora de conferencia nada menos que unos fragmentos de «La Callas» (sólo las grandes tienen su apellido precedido por el artículo) en una de aquellas históricas clases en la Juilliard School allá por 1971 explicando cómo cantar Una voce poco fa del «Barbero», repasando Arturo Reverter las variaciones y agregados habidos a lo largo de este aria de Rosina en el tiempo y las distintas intérpretes, siempre desde el análisis técnico de un especialista como el madrileño, para terminar con la «Tosca» del Covent Garden en 1964 rodada por Zeffirelli y el famoso Vissi d’arte con Tito Gobbi que todavía sigue poniendo los pelos como escarpias…

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