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De la noche al día

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Domingo 7 de julio, 12:30 horas. 73º Festival de Granada, Auditorio Manuel de Falla / Música de cámara | Festival Joven: Liber-Quartet. Obras de Bartók y Stravinsky. Fotos de ©Fermín Rodríguez.

 

Me confieso muy refranero y a menudo utilizo expresiones populares, así que titular esta entrada para la sesión matutina de mi vigésimo segundo día de Festival De la noche al día no se refiere a la que dice ‘La noche para pensar y el día para obrar ni tampoco que ‘De noche todos los gatos son pardos (pues en La Alhambra los hay variados), sino a la frase hecha para expresar lo diametralmente opuesto más el propio lapso por el contraste vivido ayer de La Consagración de Dutoit con los suizos ayer y esta matinal del Liber-Quartet.

Liber-Quartet son:

Carlos Apellániz, piano – Alberto Rosado, piano – Javier Eguillor, timbales – Raúl Benavent, percusión

En la Web de este evento nos lo describe muy bien titulando «El corazón de la música»:

«Si el latido del corazón marca la vida, el pulso de los hombres, el ritmo es el latido de la música, y la percusión su forma de expresión más natural. A ahondar en ese latido lleva más de una década dedicado el conjunto Liber-Quartet, que forman dos pianistas y dos percusionistas bien conocidos de la música valenciana. Conviene recordar que el piano es en realidad otro instrumento de percusión, así que como cuarteto de percusión se presentan en Granada para un programa formidable: la Sonata que Bartók escribió en los últimos años de su vida puede casi considerarse un cuarteto en la línea de los que dedicó a la cuerda, ciclo esencial del género. Después, el Liber aporta repertorio, al ampliar la versión que el propio Stravinsky hizo para dos pianos de su Consagración de la primavera, obra clave en la modernidad musical del pasado siglo».

Los cuatro músicos valencianos, cada uno de ellos unos solistas increíbles, afrontaron este programa doble de forma espectacular pues también verles en acción es todo un espectáculo, con dos pianos verdaderamente sinfónicos junto a dos percusionistas que dominan sus sets con precisión, gusto y llevando el peso rítmico aunque en este cuarteto » funcionan como verdadera unidad digna de los de cuerda.

Las notas al programa del gran Martín LladeRenacer y rito, desmenuza las dos obras que fueron impresionantes por todo: entendimiento, entrega, vitalidad, dominio… más la acústica del auditorio granadino que es especial, con una buenísima entrada donde alegra ver a público joven además de los incondicionales, de nuevo como si fuesen escritas tras el concierto, pues podría decir que se ciñen «al pie de la letra»:

«Se ha dicho del compositor húngaro Béla Bartók, especialmente a partir de sus conciertos para piano, que empleaba el piano como si de un instrumento de percusión se tratara. Pues, bien la idea de confrontar el teclado con la percusión le preocupaba de manera especial, pues para él, el primero no compensaba del todo la «hiriente» sonoridad de la segunda. Pero halló un modo de encontrar una suerte de equilibro entre ambas mediante la introducción de un segundo piano. Un encargo de la Sociedad Internacional para la Nueva Música de Basilea con motivo de sus diez años de existencia le dio pie a la escritura de la Sonata para dos pianos y percusión.

Bartók, que se mostró detallista hasta el extremo en las indicaciones en la partitura para los percusionistas (por ejemplo, en el empleo de baquetas duras o blandas), decidió utilizar los timbales, el bombo, las cajas, los platillos, el tam-tam, el triángulo y el xilófono. La sonata fue estrenada en Basilea en 1938, y en 1940, Bartók la adaptaría como Concierto para dos pianos, percusión y orquesta, interesante, aunque algo menos audaz, al disponer de unos recursos que la forma camerística revelaba como innecesarios.

El extenso movimiento introductorio arranca con una sección lenta, concebida para mostrar el potencial percutivo de los pianos, a la que le sucede un explosivo Allegro molto, estructurado en forma sonata. El segundo movimiento es un magnífico ejemplo de la denominada “música nocturna” tan cerca a su autor, y en él solicita que los platillos estén suspendidos. La obra concluye con un gozoso Allegro non troppo a mayor gloria del xilófono, y la partitura se desvanece con serenidad, con los ecos de la caja y los platillos suspendidos en el aire, en un “diminuendo” resultante de que estos últimos se rocen, en lugar de chocarse».

Los Liber mostraron y demostraron la grandeza de esta sonata que resultó casi un concierto sinfónico «reducido» a sus cuatro músicos, pero engrandecido por la riqueza tímbrica de los dos pianos (inmensos) y una percusión más allá de mebranófonos o idiófonos variados (cómo suena ese xilófono), pues el empaste y afinación de todos hacían de este Bartók un monumento sonoro plenamente actual pese a estar escrito en 1937. Control absoluto de duraciones, matices, tempi y protagonismo compartido.

Prosigue Llade su disección:

«La consagración de la primavera de Igor Stravinsky, para los Ballets Rusos de Serguéi Diáguilev, se estrenó en el Teatro Chatelet de París, en 1913, entre puñetazos y aplausos de un público profundamente dividido respecto al valor de sus innovaciones. La idea era recrear un rito antiguo de los antiguos escitas, en el que se quemaba viva a una doncella para cumplir con la ceremonia indicada en el título. La presente versión del Liber-Quartet se rige estrictamente a lo plasmado por Stravinsky en partitura sinfónica (téngase en cuenta que el compositor realizó un arreglo para dos pianos, a fin de interpretarlo en los ensayos). Mientras que los pianistas Carlos Apellániz y Alberto Rosado asumen las partes interpretadas por la cuerda y los vientos, Javier Eguillor se ocupa aquí de todos los timbales (si bien en el original hay dos timbaleros, en su caso él asume ambos cometidos) y Raúl Benavent, de forma análoga, asume toda la parte de la percusión, que también es interpretada por varios percusionistas cuando se hace la partitura primigenia. De ahí que este último cuente para su interpretación con un set con distintos instrumentos, en el que llega a compaginar el bombo con el tam-tam, junto con un güiro presente en un célebre pasaje de la obra. A ello hay que sumar crótalos, panderetas, etc., hasta todos los instrumentos de percusión de la orquesta. Aunque a priori una proeza así parece imposible, Eguillor explica que estratégicamente es realizable, por ejemplo, con dos baquetas en cada mano, percutiendo a la vez en varios timbales. «Al final, concentrar en dos personas lo que es habitual ver hacer a cinco músicos le confiere una energía distinta y muy especial a la obra» precisa. Esta versión única, y completamente distinta a las reducciones que se han hecho hasta la fecha, es una primicia que se presenta en el Festival de Granada, que conserva el carácter primitivo, rítmico y brutal del ballet original, sin perder de vista que es una música concebida para ser bailada».

Si la noche anterior el poderío sinfónico de la Orchestre de la Suisse Romande con Dutoit fue  de lo mejor hasta el momento, escuchar esta transcripción de los valencianos resultó inspiradora, cercana, explosiva, matizada, con mucho peso de Apellániz y Rosado pero igual de exigente con Eguillor y Benavent. Ritmos difíciles de encajar pero con entradas perfectas, consiguiendo un colorido propio para «recrear» las secciones sinfónicas, todo un «chute de adrenalina» que nos da esperanza en estos proyectos que en los años con Antonio Moral al frente siempre han tenido su hueco en el Festival, y en este último poniendo el listón muy alto para un Paolo Pinamonti al que todos le deseamos lo mejor.

Bartók y Stravinsky fueron espectaculares, pero la «Brasileira» del Scaramouche de Darius Milhaud en esta nueva recreación por el cuarteto valenciano aún nos contagió los ritmos caribeños de este francés enamorado de Brasil, de su folklore y ritmos, música de ida y vuelta, antillana y universal, otra inyección de alegría para cerrar esta mañana espectacular con los Liber-Quartet que me «enlazaron con La Argerich palaciega, nocturna y sabatina», derroche de energía, vitalidad y plenamente entregados: de la noche mágica al día luminoso.

PROGRAMA

Béla Bartók (1881-1945):

Sonata para dos pianos y percusión, Sz. 110 (1937):

Assai lento – Allegro molto

Lento, ma non troppo

Allegro non troppo

Igor Stravinsky (1882-1971):

La consagración de la primavera (transcr. de Liber-Quartet para dos pianos y percusión)

Granada de danzas y sortilegios

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Sábado 6 de julio, 22:00 horas. 73º Festival de Granada, Palacio de Carlos V, Conciertos de Palacio:
Orchestre de la Suisse Romande, Martha Argerich (piano), Charles Dutoit (director). Obras de Falla, Schumann y Stravinsky. Fotos de ©Fermín Rodríguez.

Mi vigésimoprimera noche de música en Granada será única y probablemente el mejor concierto de todo el Festival cuando aún queda por delante una semana. Y es que todo se conjugó para sortilegios y danzas, magia nazarí que la Web de este concierto titula La sombra de Diáguilev: «Ya pasaron por el Festival de 2022, y la genial pianista argentina Martha Argerich y el gran director suizo Charles Dutoit vuelven a cruzar sus caminos en Granada, esta vez con la Orchestre de la Suisse Romande, que debuta en la muestra. Será con uno de los grandes conciertos de repertorio del siglo XIX, el de Schumann, en el que Argerich lleva décadas dejando muestras de una maestría casi insuperable. Dutoit abrirá programa con una de las suites extraídas del ballet El sombrero de tres picos de Falla, obra que el maestro gaditano adaptó de su pantomima El corregidor y la molinera para los Ballets rusos de Diáguilev y cuya presentación en Londres en 1919 supuso uno de los mayores éxitos de su carrera. Años antes, en 1913 y en París, Stravinsky revolucionó el mes de mayo con su audaz y excitante Consagración de la primavera, otro ballet escrito para Diáguilev».

La leyenda viva del piano Martha Argerich (Buenos Aires, 1941) con el gran director suizo Charles Dutoit (Lausana, 1936) y la centenaria Orchestre de la Suisse Romande que debutaba en esta edición, con un programa donde el Palacio de Carlos V pareció embrujarnos y sus piedras devolvernos tantas vivencias musicales ante un lleno de los que se esperan ante unos protagonistas históricos.

La orquesta y director suizos abrían un concierto nada menos que con Falla y la suite nº 2 de El sombrero de tres picos, primera gran impresión ante una formación poderosa capitaneada por el concertino rumano Bogdan Zvoristeanu, todas las secciones equilibradas y con Dutoit al frente también ilusionada, feliz, dejándonos una interpretación de altura, pues el maestro suizo sigue enamorado de nuestra música y la hace entender sin folklorismos, música universal más que española, con una sonoridad amplia donde poder lucirse cada solista. Si la madera es excelente, los metales no se quedan atrás, la percusión ajustadísima y sobre todo una cuerda redonda y rotunda de agudos a graves.

Tras el trasiego obligado para colocar el piano, cámaras y micrófonos (al ser un concierto televisado y radiado en vivo) aparecía la muy esperada y aplaudida a rabiar intérprete argentina, un tándem con Dutoit que sus años en común han hecho especial para el entendimiento total que mostraron en el Concierto para piano y orquesta en la menor, op. 54 de Schumann. Por «La Argerich» no pasan los años y su madurez interpretativa sigue dejándonos boquiabiertos (orejabiertos si se me permite), pues es ella quien domina, quien elige el aire aunque Dutoit lo conozca y comparta, a quien escucha la orquesta para contestarse. contentarse y encontrar el balance perfecto donde seguir disfrutando de su limpieza y hondura. Si en el Allegro affettuoso ya comprobamos el estado de forma con una cadenza para guardarla de principio a  fin encajado por todos, en el Intermezzo Argerich «amarró» el tempo por el que Dutoit se había decantado con sus suizos, y el Allegro vivace final derrochó juventud, frescura, ímpetu por parte de todos, con un Dutoit perfecto concertador, una orquesta entregada y Martha resplandeciente. impulso juvenil, nervio y virtuosismo de siempre, verdadera «fuerza de la naturaleza que siempre ha encontrado en el piano apasionado y romántico de Schumann su mejor aliado» como escribe Justo Romero en las notas al programa tituladas Una fuerza de la naturaleza.

Apoteosis en el público y los músicos, varias salidas y un regalo también de ‘Escenas de niñosOp. 15 De extraños países y personas de Schumann de verdadero ensueño que merecía haber escuchado un pianista en este mismo festival.

Nueva locura entre el público, salidas varias mientras los técnicos iban cerrando la tapa del piano tomándolo como una indirecta muy directa, pero faltaba la entrega de la Medalla del Festival presentada por Antonio Moral finalizando mandato, junto a los enviados de todas las entidades políticas y universitarias que tuvieron a bien asistir. Palabras del director que todos pudimos corroborar de merecimiento, agradecimiento, piropos y buenos deseos en este caso compartidos con orquesta y director.

Tras el descanso la Suisse Romande sacó toda la «artillería» para danzar bajo el mando del «Mariscal Dutoit» en una impresionante Consagración de Stravinsky enlazando con Falla y el siempre recordado Diáguilev. Justo Romero escribe: «Apenas un quinquenio separa el nacimiento de dos ballets capitales del repertorio sinfónico. Ambos surgidos y estrenados bajo el impulso de aquel promotor clarividente que fue Serguéi Diáguilev. Si Stravinsky genera una revolución cuando da a conocer La consagración de la primavera en París, en el Teatro de los Campos Elíseos, el 29 de mayo de 1913, Manuel de Falla, desde unos presupuestos rotundamente distintos –pero no menos novedosos– y también con los Ballets rusos de Diáguilev, cristaliza en El sombrero de tres picos, estrenado seis años después, en julio de 1919, en el Teatro Alhambra de Londres, su ideal del “folclore imaginario”, de una música tan radicalmente nueva como arraigada en la más honda sustancia de la cultura popular y universal». En palabras de Falla  «El carácter de una música verdaderamente nacional no se encuentra solamente en la canción popular y en el instinto de las épocas primitivas, sino también en el genio y en las obras maestras de las grandes épocas del arte». Los dos compositores que beben de sus raíces y culturas para abrir un universo nuevo con un lenguaje propio, siendo además grandes orquestadores.

El Stravinsky de esta noche fue mágico con el Maestro Dutoit controlando cada número, cada cambio de compás, jugando con los contrastes, balanceando cada sección al punto exacto de presencia, dejando a los solistas lucirse pero atando en corto. Romero habla de «Fuerzas de la naturaleza que asoman en las descarnadas asperezas de La consagración, y que en absoluto son ajenas a la exaltación palpitante de la farruca, de la seguidilla o de la jota que vuelca Falla en El sombrero». Imposible destacar a los solistas porque el nivel tan alto en cada uno de ellos hace difícil citarlos y la orquesta suiza funcionó como un reloj con estas músicas de ballet que crecen más allá para dejarnos una interpretación para el recuerdo con la orquesta que fundase Ernest Ansermet hoy con su alumno Dutoit, ambos referentes de la música de Stravinsky.

PROGRAMA

-I-

Manuel de Falla (1876-1946):

El sombrero de tres picos (suite nº 2) (1919-21):

Danza de los vecinos (Seguidillas) – Danza del molinero (Farruca) – Danza final (Jota)

Robert Schumann (1810-1856):

Concierto para piano y orquesta en la menor, op. 54 (1845):

Allegro affettuoso – Intermezzo – Allegro vivace

-II-

Igor Stravinsky (1882-1971):

Le Sacre du printemps (La consagración de la primavera, 1910-13. Rev. 1947)

Primera parte: L’adoration de la terre (La adoración de la tierra)

1. Introduction (Introducción)

2. Augures printaniers. Danses des adolescentes
(Augurios primaverales. Danza de las adolescentes)

3. Jeu du rapt (Juego del rapto)

4. Rondes printanières (Rondas primaverales)

5. Jeu des cités rivales (Juego de las tribus rivales)

6. Cortège du Sage (Cortejo del sabio)

7. L’adoration de la terre. Le Sage (La adoración de la tierra. El sabio)

8. Danse de la terre (Danza de la tierra)

Segunda parte: Le sacrifice (El sacrificio)

1. Introduction (Introducción)

2. Cercles mystérieux des adolescentes (Círculos misteriosos de las adolescentes)

3. Glorification de l’élue (Glorificación de la elegida)

4. Evocation des ancêtres (Evocación de los antepasados)

5. Action rituelle des ancêtres (Acción ritual de los antepasados)

6. Danse sacrale. L’élue (Danza sagrada. La elegida)