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Música sin etiqueta

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Lunes 6 de noviembre, 20:00 horas. 25 años, Los Conciertos del Auditorio: L’Arpeggiata, Christina Pluhar (dirección), Céline Scheen (soprano), Vincenzo Capezzuto (alto) y Luciana Mancini (mezzo): Los pájaros perdidos. Música barroca y tradicional sudamericana.

Uno de mis queridos seguidores y amigos en «X» (antes Twitter) comentaba ante mi anuncio de este segundo concierto para las bodas de plata del Auditorio «posteaba» lo siguiente: «Me parece alucinante que todavía haya una programación musical de cierto nivel en este país que siga programando a este conjunto» a lo que le contesté «Creo se busca lo comercial por encima de la calidad, que no siempre van de la mano«. El añorado y recordado Eduardo Torrico ya escribía en Scherzo hace cinco años que «Pluhar no tardó mucho en darse cuenta de que el prestigio y el dinero no van necesariamente de la mano. Dejó la rigurosidad a un lado ym superando cualquier escrúpulo profesional que pudiera albergar, apostó por eso que hoy se conoce como crossover (…) pero no renuncia a la fusión, porque es lo que le ha dado fama, porque tiene una legión de incondicionales y porque, en su suma, es lo que proporciona pingües beneficios«. Está claro que el Auditorio de Oviedo se llena con espectáculos como este donde «La Pluhar» volvía a «La Viena española» rodeada de unos músicos de primera, que en ella es habitual y por eso hace única a L’Arpegiata al aunar calidad con comercialidad. Para quien suscribe y bautizado como «omnívoro musical» precisamente por mi amigo de «X», los muchos discos y actuaciones de la austríaca residente en París son éxitos de ventas, lo que siempre es de agradecer, sin entrar en etiquetas o estilos, pues estos mestizajes musicales atraen nuevos públicos, acercan otros repertorios a un respetable que no suele asistir a los «otros clásicos», al que busca algo distinto y sobre todo para desconectar de un día a día cada vez peor donde la Música con mayúsculas, es la mejor terapia y al salir del auditorio lo hace con alegría, un «qué bien me lo he pasado» y por supuesto algún que otro refunfuñón/a incapaz de probar platos distintos al «menú del día» que no siempre llena ni tampoco se puede acudir diariamente a «Los  estrellas Michelín». La música para disfrutar sin prejuicios y sin etiqueta alguna.

En las excelentes notas al programa de mi querida María Encina Cortizo, tituladas «Los pájaros perdidos: músicas en la frontera»  explica perfectamente lo que escucharíamos en este primer lunes de noviembre: «Los esfuerzos interpretativos de los últimos cincuenta años en favor de la recuperación de criterios históricos han conformado un nuevo sonido barroco –no necesariamente el que fue–, recuperando repertorio olvidado y perdido, y atrayendo nuevos públicos con propuestas heterodoxas y desprejuiciadas. Este concierto es un buen ejemplo de ellas, pues Christina Pluhar con su conjunto L’Arpeggiata, propone un diálogo sonoro entre la Edad Moderna europea y el folklore de la América hispana y la cuenca mediterránea, combinando repertorio de sus discos Mediterráneo (2006) y Los pájaros perdidos (2012)«.

Con una formación de ocho músicos, algunos habituales en su siempre flexible conformación, más tres cantantes, mezcla de intérpretes barrocos y tradicionales a los que otras agrupaciones se rifan, sumándose de nuevo la bailarina o «teatrodanza» Anna Dego, el espectáculo estaba asegurado y el programa se conformó para poder disfrutar de todos ellos. El programa se organizó con 22 páginas, quince de la tradición oral hispanoamericana (México y Venezuela) más las otras cinco de la tradición mediterránea española e italiana, un repertorio que «dialoga con seis obras instrumentales y vocales, fijadas a través de la escritura en los siglos XVI y XVII» como escribe la doctora Cortizo.

Antes de entrar a pormenorizar las páginas, destacar dos «bloques» de músicos que entienden la música barroca y la actual con los criterios de la improvisación casi jazzística, bien organizada y amplificada con mucha delicadeza aunque faltasen por ajustar «detalles», en parte debido a la necesidad de escuchar más presente el salterio o el contrabajo, así como la voz del alto italiano, mientras sobraba o al menos era sobrada para las dos voces femeninas de técnica lírica que no «dominan» el micrófono como los cantantes de pop. El bloque «popular» estaría dominado por dos venezolanos de largo recorrido y profesionalidad también en obras de concierto como Leo Rondón al cuatro y Rafael Mejías en las maracas, a los que dedicaré algún comentario posterior, siendo dos puntales de este espectáculo que por sí solos ya darían para ser protagonistas, sumándose el percusionista español David Mayoral que no necesita presentación entre los aficionados, con las pinceladas y hasta los solos que dan color a toda la música que acompaña. El «puente» lo pondría el francés Leonardo Teruggi al contrabajo, sustento grave, más el imprescindible cornetto del «fijo» Doron David Sherwin en L’Arpeggiata que por momentos suena a saxo soprano. Completarían «el otro bloque» instrumental la propia Pluhar a la tiorba, Marcello Vitale a la guitarra barroca y chitarra battente  para finalmente contar con el delicado salterio de Margit Übellacker que hubiese necesitado más presencia desde la mesa de mezclas del ingeniero de sonido que es uno más en este equipo. De las tres voces repetía el italiano Vincenzo Capezzuto, esta vez más «alto» que bailarín quien ya nos encantase en este mismo auditorio con su anterior espectáculo Stabat Mater: Vivaldi-Project en julio de 2021 junto a Soqquadro Italiano y hace ya ¡diez años! con L’Arpeggiata en Teatro d’Amore que nos «descubrió» a la danzatrice italiana , repitiendo alguno de sus números este frío lunes de noviembre donde el calor lo pondría el escenario. La soprano belga Céline Scheen pondría la potencia y buen gusto en sus intervenciones y mención aparte a la chileno-sueca Luciana Mancini de voz natural, profunda, oscura, potente, grave como «La Negra» tucumana en sus canciones tradicionales y técnicamente un portento que hace fácil lo difícil, transmitiendo y sintiendo unas letras en su idioma materno con la musicalidad de nuestra amada Hispanoamérica. Tres solistas vocales que se mueven habitualmente en el repertorio barroco y afrontaron este concierto con la calidez y calidad de las obras elegidas y atemporales.

La Ciaccona de Maurizio Cazzati (1616-1678) en arreglo de Christina Pluhar sirvió para  introducirnos en esta bendita heterodoxia con presencia del cornetto y el salterio en una «rueda barroca» mientras se ajustaban los niveles de la amplificación antes de la primera italiana con Capezzuto y Dego interpretando La Carpinese y arrancando los primeros aplausos de un público espectante.

Uniendo a Alonso Mudarra (c. 1510-1580)Santiago de Murcia (1673-1739) con una mexicana tradicional llegaría la primera intervención de la mezzo Mancini tras la Romanesca y Los imposibles arrancados con un punteo del cuatro, el «orgánico» y La lloroncita. Mestizaje perfecto que sería la seña de identidad del resto del concierto.

Esquema de concierto con una obra instrumental, La Dia Spagnola de Nicola Matteis (c. 1650-1714) también en arreglo de Christina Pluhar para disfrutar de otra rueda con protagonismos de salterio corneto, contrabajo y percusión, enlazando con una peculiar interpretación de Yo soy la locura de Henry de Bailly (c. 1590-1637) por la soprano belga, sobrada de volumen aunque sin buena articulación del español, el gusto de Jaroussky ni el estilo de nuestra Raquel Andueza que sigue siendo un referente.

Y una página donde disfrutar del trío vocal en perfecto empaste para la jácara No hay que decirle el primor (un anónimo del s. XVII) con el «bloque barroco» sin los venezolanos, buen conjunto para los puristas antes de retomar la tradición con Montilla. El protagonismo inicial de Leo Rondón, un virtuoso del cuatro que lo mismo puntea que empuja rítmicamente, traería de nuevo el baile de Anna Dego, la voz poderosa de Luciana Mancini y hasta los coros de todos los artistas.

Seguiríamos en Venezuela con la instrumental Zumba que zumba a cargo del cuarteto «latino» (Rondón–Mejías-Teruggi-Mayoral) dando todo el aire caribeño que llevan en la sangre aunque estén lejos de su tierra, calor contagioso y público rendido a una música que sentimos cercana y con ritmo que da alegría de vivir.

Del gran Girolamo Kapsberger (1580-1651) la Toccata L’Arpeggiata sirvió para el «lucimiento» de Pluhar, el alma de este ensemble, sumándose el cornetto y la percusión vistiendo la nueva aparición de Anna Dego, siempre descalza y cambiando el vestuario, transmitiendo la plasticidad de una danza actuada y enlazando, cortando los aplausos, con la canción tradicional catalana La dama d’Aragó bien cantada y pronunciada por la soprano  y el «orgánico barroco», delicioso tema e interpretación sentida.

Volvería Capezzuto con un arreglo de Christina Pluhar de la conocida canción mexicana La Llorona, una verdadera reinterpetación del contratenor italiano al que esta vez ayudaría la amplificación junto al «ensemble barroco» muy aplaudido.

El primer punto álgido de la noche lo pondría el Pajarillo (Joropo) venezolano, un cuatro estratosférico, el contrabajo francés tan «tumbao» como si fuese caribeño, las pinceladas y empuje de la percusión y hasta un solo de maracas de Rafael Mejías (apodado El tigre de San Sebastián de los Reyes en El Llano  de Venezuela) que mantuvo en un silencio de asombro a todo el auditorio, mientras «la Negra Mancini» más chilena que sueca volvía a emocionar con su voz.

El propio guitarrista de L’Arpeggiata y también compositor Marcelo Vitalle (1969) nos regalaría a solo con Anna Dego la Tarantella a Maria di Nardò, la Italia tradicional traída a nuestros días con un instrumento barroco que puede acercarnos música de todos los tiempos. Virtuosismo en la cuerda con acordes, rasgueos y punteos que actualizan el folklore.

Y cruzaríamos el Mediterráneo para llegar a Mallorca y la canción De Santanyí vaig partir con Céline Scheen de nuevo bien cantado y pronunciado, acompañada por el quinteto Pluhar-Úbellacker-Vitalle-Teruggi, otro momento de sentimientos y gusto musical.

Otro compositor de nuestro tiempo como el folklorista venezolano Constantino Ramones tiene la divertida canción con ritmo de «gaita margariteña» La embarazada del vientoque canta lo que cuenta una hija de pescadores a su mamá diciéndole «estoy preñada…». Otra maravilla que L’Arpeggiata grabó en el CD Los pájaros perdidos para volver a disfrutar esta vez de la profunda naturalidad vocal de Mancini mejorando la grabación de hace doce años hoy junto a Rondón y Mayoral, el humor tan necesario como la música.

El espectáculo continuaría con el joropo oriental del venezolano Luis Mariano Rivera (1906-2002) La Cocoroba, esta vez con Capezzuto y el «ensemble» con guitarra pero sin los «barrocos», el Caribe del italiano y la magia instrumental nativa y adoptada, con un acelerando final que dejó nuevamente entusiasmado al público.

Vuelta a la «pureza» con el francés Gabriel Battaille (c.1574-1630) y El baxel está en la playa cantado por la soprano Scheen y L’Arpegiatta sin venezolanos, personalmente mejor que la versión con Jarouskky, pues el volumen y color de la belga es ideal para esta página que nos llevaría a las tres últimas piezas, primero otro joropo venezolano, el Pajarillo Verde con Mancini «contestada» por Sherwin, sin salterio, tiorba ni guitarra, pero con el empuje caribeñ, después los italianos Capezzuto y Dego en Pizzica di San Vito, arrancando Mayoral con una pandereta que descubrimos la cantidad de sonidos que artesora, y finalmente otro joropo, El Curruchá del caraqueño Juan Bautista Plaza (1898-1965) con casi todos en este fin de fiesta de baile con diálogo cantado por Mancini-Capezzuto que L’Arpeggiata suele llevar de propina en estos espectáculos. Aunque esta vez la propina sería el bis de la Pizzica con una apoteosis sobre el escenqrio incluyendo a un Doran Sherwin transformado en rockero con chupa, gafas de sol y actualizando un show donde no faltaron bailes compartidos y Capezzuto ofreciendo su otra faceta.

Lo dicho y escrito, otro espectáculo de L’Arpeggiata de Christina Pluhar que volvió a alegrarnos a (casi) todos, sabiendo lo que íbamos a escuchar, pues la música no tiene etiqueta.

La «siguiente generación» ya pide paso

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Viernes 3 de octubre, 20:00 horas. Auditorio de Oviedo, NextGen: Concierto final de la Masterclass internacional de dirección de orquesta con Johannes Schlaefli. OSPA, Maximilian von Pfeil (cello). Obras de Verdi, Weber, Elgar, Beethoven, Brahms, Dvórak y Chaikovski. Entrada de butaca: 5 €.

La OSPA ha celebrado a lo largo de esta semana la primera masterclass de dirección con el profesor de la University of Fine Arts en Zurich (ZHdK) Johannes Schlaefli (1957) enfocado para directores profesionales y estudiantes avanzados de dirección, una feliz iniciativa del titular Nuno Coelho, que fuese alumno del afamado maestro. De las 153 candidaturas recibidas (todo un éxito de convocatoria), entre Schlaefli y Coelho optaron por 8 finalistas, cuatro de ellos españoles, que trabajaron una selección de obras elegidas por ambos maestros, trabajándolas con la orquesta durante cinco días y un tiempo de podio de aproximadamente 130 minutos. Además de las sesiones con la orquesta por la mañana, hubo sesiones de retroalimentación y clases grupales por la tarde con Johannes Schlaefli, tal y como nos comentó en el encuentro previo celebrado a las 19:15 en la sala de cámara junto a la gerente de la OSPA Ana Mateo que hizo las labores de entrevistadora, moderadora y traductora.

Las técnicas de dirección y ensayo, así como el análisis de partituras, fueron el eje central de la clase magistral, y todas las sesiones de la orquesta fueron grabadas por un equipo de grabación de video profesional disponibles para todos los participantes, con lo que supuso de ampliación de experiencias antes de llegar a este concierto final, que hasta el miércoles no se decidió qué obras iba a dirigir cada uno, trabajando todos las ocho seleccionadas. Como comentó en la conferencia, a sus alumnos de dirección en Zúrich, y esta vez en Oviedo, les recomienda tener pasión por la música y humildad tras ser preguntado por cómo saber dónde había talento, sumando el trípode que se completa con la «química» entre dos seres como resultan ser una orquesta y su director. Evidentemente con nuestro titular portugués acertó y personalmente le felicité por su «ojo docente» y magisterio musical que la experiencia aporta, y en Asturias lo sabemos, viendo además la trayectoria nacional e internacional emprendida por Nuno Coelho.

El concierto se organizó como un programa especial a la forma clásica: dos oberturas, concierto solista y una «supersinfonía» de cuatro grandes manteniendo los tiempos: Allegro, Adagio, Scherzo y Finale. Sabia elección de obras conocidas por todo aficionado que no cubrió las expectativas de esta nueva apuesta, pues la OSPA imagino el esfuerzo que habrá supuesto ensayar estas obras con ocho visiones tan personales domo los finalistas, más todas las correcciones del Maestro Schlaefli que una vez pasado el ecuador y viendo lo que mejor le iba a cada «alumno», ya se centrarían todos en una sola partitura. Por ello mi primera felicitación a todos los músicos, que sin concertino volvieron a invitar a Jordi Rodríguez Cayuelas y María Ovín de ayudante. Con  obras que todos «tienen en vena» la versatilidad, profesionalidad y cariño con que se adaptaron a los cinco directores y tres directoras es digno de reseñar. Y mención especial al principal de cellos Maximilian von Pfeil como solista en el hermoso y difícil concierto popularizado hace décadas por Jacqueline du Pré junto a su marido Daniel Barenboim, que el alemán bordó siendo la obra estrella para todos, incluyendo a su compatriota y segundo director a quien le correspondieron los dos últimos movimientos.

Dejo a continuación cómo fue el reparto de obras y directores/as, todos trabajando de memoria salvo para el concierto de Elgar como es lógico, experiencia variada en todos, para seguir comentando mis impresiones con las biografías de los ocho que se pueden comprobar en el PDF del programa de mano, añadiendo que esa hoja la cubrimos con nuestro/s «favorito/s» en una urna a la salida del concierto.

Giuseppe Verdi (1813-1901): La fuerza del destino, obertura. Dirigida por el brasileño Richard Octaviano Kogima, músico completo (también pianista y compositor) con las ideas claras como su gesto, preciso y dejándonos un colorido Verdi más sinfónico que operístico.

Carl Maria von Weber (1786-1826):
Oberón, obertura. Dirigida por el cordobés David Fernández Caravaca (1995) musicalmente pasional y de formación «germana», marcando todo con claridad y sin rigidez. Página difícil con la que se desenvolvió sin problemas.

Edward Elgar (1857-1934) Concierto para violonchelo en mi menor, op. 85: Siempre es difícil «concertar» con el solista aunque Maximilian von Pfeil es músico curtido también el atril. Los dos primeros movimientos (I. Adagio moderato; II. Lento – Allegro molto) los llevó el valenciano Adrián Moscardó (1989) con una amplia trayectoria en la dirección que está finalizando en la ESMUC barcelonesa con los maestros Johan Duijck y Salvador Brotons. Se le notó trabajado el concierto aunque hubiese necesitado mejorar los balances de las distintas secciones aunque fuesen claros los tempi y el aire, «mandando» el solista, sabedores que en estos casos el entendimiento con el podio es imprescindible. La OSPA respondió a todas las indicaciones muy disciplinada. Con aplausos que rompieron la necesaria unidad de este maravilloso Elgar, subía para los dos últimos movimientos (III. Adagio; IV. Allegro – Moderato – Allegro ma non troppo – Poco più lento – Adagio) el alemán Jascha von der Goltz, que demostró su magisterio internacional y trayectoria en la batuta. También alumno de Schlaefi se notan las tablas, sin apenas necesitar la partitura, bien en la concertación y el balance, gesto claro para los movimientos más exigentes y agradecidos, excelente transición al largo cuarto tras la impecable cadenza del cello y con amplias dinámicas que engrandecieron y lograron el «trípode» con la conexión y el buen hacer entre todos.

Tras el descanso los siguientes candidatos en una «sinfonía única» donde no podían faltar dos quintas («no hay quinta mala» como siempre digo) en los movimientos extremos, y con tres directoras que no solo demostraron que estamos en el siglo del salto de la mujer al podio por su preparación bien visualizada y modelo para la «next generation»:

Ludwig van Beethoven (1770-1827): Sinfonía nº 5 en do menor, op. 67, I. Allegro con brio. Con decisión, valiente en el tempo y sin apenas respiro en los ataques arrancaba la alemano-colombiana Anna Handler una de las páginas más conocidas del sinfonismo, siempre difícil aportar algo nuevo que en este caso fue la fluidez y el dejar que la música transmita, no siempre marcando todo. Esta directora y pianista formada en Munich es titulada en la afamada Julliard School neoyorquina desde el mes de mayo pasado, y con las ideas muy claras para esta obra, ceñida a en cuanto a las dinámicas escritas pero con el crescendo final donde se notó muy trabajado y con las «masterclass» unidas a la «docilidad» de nuestra orquesta, volvieron a emocionar en esta quinta.

Johannes Brahms (1833-1897): Sinfonía nº 2 en re mayor, op. 73, II. Adagio non troppo, que estuvo en las manos del madrileño-leonés Jorge Yagüe (1996) también formándose en Zúrich con el maestro Schlaefli y trabajando ya con distintas orquestas españolas y europeas. La experiencia se nota en un gesto amplio, expresivo, atento a los matices aunque, como a muchos de sus compañeros en el podio, necesita encontrar el balance adecuado saber «sacar a la luz» los motivos sin perder ningún detalle orquestal, que con tiempo lograrán todos pues hay mucho trabajo previo que tienen hecho.

Antonin Dvorak (1841-1904) Sinfonía nº 9 en mi menor, op. 95 «Del Nuevo Mundo», III. Scherzo. Una de las sorpresas de la noche fue la valenciana Celia Llácer (1994), sin batuta y con toda la energía que este movimiento exige. Matizando sin problemas, dirigiendo con todo el cuerpo y de nuevo siguiendo las clases, con pasión, más que precisión. Se nota que lleva desde niña en el mundo musical y lo transmite nada más subirse a la tarima. Ha dirigido la JOECOM (Joven Orquesta de Colegios Mayores), trabajadora, formada en el Centro Superior Katarina Gurska con Borja Quintas y asistente de grandes maestros no podemos olvidarnos de esta joven que seguro dará mucho juego en los próximos años, demostrando cómo ha cambiado y mejorado el panorama español también en el mundo de la dirección orquestal. La OSPA rindió a tope y con la complicidad que dejó fluir esta maravillosa música fue otra de las triunfadoras del concierto.

Piotr Ilich Chaikovski (1840-1893): Sinfonía nº 5 en mi menor, op. 64, IV. Finale (Andante maestoso – Allegro vivace). Cierre por todo lo alto con la coreana Subin Kim, formada en Alemania. Claridad y precisión fueron sus rasgos aunque el tempi se «cayese» un poco antes del puente. Imposible no entregare en este final de la quinta del ruso, y aunque los metales parecieron desbocarse sin que la maestra los amarrase cortos, hubo convencimiento y pasión en esta interpretación, más brocha que pincel y comprobando que existe un mal generalizado en confundir los crescendi con los acelerando, pero el ímpetu juvenil no tiene nacionalidad y instrumento concreto, en este caso una OSPA que sonó confiada, de nuevo.

Un gran concierto de jóvenes con formato decimonónico en el programa, obras para todos los públicos, incluso para algún despistado que vino «confundido» y marchó feliz, continuar trabajando para formarse (en música nunca se acaba) y el lujo de contar con la OSPA para estas batutas que anotaremos para ver su progreso en el siempre difícil terreno de la dirección orquestal. En Oviedo han tenido una oportunidad para demostrar su valía y aprendizaje permanente con un gran maestro y la mejor orquesta a su servicio.

Excelente iniciativa en apoyo de las jóvenes «nuevas generaciones» (con PPerdón) que repetirán el próximo mes ya con Nuno Coelho al frente y dedicado a la viola con Sandra Ferrández.

Más allá del dolor, el amor… y el humor

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Martes 31 de octubre, 20:00 horas. Inauguración de la Temporada 25 Años «Los Conciertos del Auditorio»: Jakub Józef Orliński (contratenor), Il pomo d’oro, Beyond (Más allá), European Tour 23. Música inédita del siglo XVII. Fotos de Iván Martínez y propias.

Comenzaba la temporada de los 25 años de «Los Conciertos del Auditorio» con una nueva visita del contratenor Jakub Józef Orliński junto a la muy demandada formación Il pomo d’oro (ilpdo) presentando el último trabajo discográfico Beyond en una gira europea donde Oviedo vuelve a estar en el mapa, esta vez junto a Valencia como únicas paradas en España, reivindicando el calificativo de «La Viena Española» y reclamando la #CapitalidadMusical pues el éxito de público está asegurado, el barroco trae gente joven y una figura mundial como el polaco mueve masas.

Un placer ver el auditorio a tope y con unos intérpretes de primera en un programa en torno a la producción operística veneciana, cuya efervescencia musical y empresarial la convirtió en capital para este género, como Oviedo desde hace varios lustros.

Amor, dolor pero también humor sin pausas tras una hora larga de espectáculo, pues así debemos entender esta nueva gira del tándem Orliński-ilpdo que en vivo gana enteros con las obras seleccionadas, aunque la voz del contratenor no tenga tanto volumen en el registro grave como en el CD, y espléndido regalando tres propinas donde también pudimos disfrutar nuevamente de Heinichen con Alma Redemptoris Mater, S. 22 I,  de su disco «Anima Sacra«.

No hay tregua desde el inicio musical en penumbra y con la aparición del contratenor que no abandonaría el escenario, con luces indirectas, tenues, aumentando y disminuyendo la intensidad sin excesos, apenas con la luz mínima para los atriles y un cañón para el cantante, más dos «leds» que también utilizaría cual linternas deambulando entre las butacas… Alternancia de arias conocidas y por descubrir con momentos instrumentales para que Orliński juegue con el vestuario (capa, traje beige con camiseta negra, calzado…). El contratenor es en sí un espectáculo pues baila, actúa en todo momento contagiando el dramatismo de todas las páginas, creíbles, entregado en una noche de difuntos donde hubo claroscuros expresivos, contrastes tanto escénicos y lumínicos como musicales que siempre dejan con ganas de más.

Que ilpdo sea una formación solicitada por los mejores solistas no es extraño. En Oviedo se presentaron con un orgánico de diez músicos (que dejo al final de la entrada) comandado por Alfia Bakieva y una calidad impoluta en cada uno de ellos, dotan de una sonoridad compacta al grupo con solistas excepcionales donde destaca un continuo de altura (el arpa de Margherita Burattini delicadísima en cada aparición), haciendo de este ensemble fundado en 2012 un seguro para cualquier solista.

Sus intervenciones instrumentales de la sonata de Kerll, la sinfonía de Pallavicino o el concierto de Jarzȩbski son un manual de barroco temprano, y con la voz de Orliński un lujo de acompañamiento, mimándole en los graves o cuando canta tumbado sin perdernos ni una nota, realce en los forte y balance perfecto en ilpdo. Drama escénico donde desfilan vanidades, pasiones y celos, emociones humanas atemporales que conectan con un público de todas las edades.

Virtuosismo vocal de J. J. Orliński en Monteverdi, intenso el Caccini de Amarilli, mia bella con notas extremas y tensión que finalmente se relaja para un madrigal reflexivo con una introducción bellísima del arpa. De agradecer la proyección traducida de los textos.

Enamoramiento en Barbara Strozzi no exento de los tormentos pasados pero regocijo tras el sufrimiento vivido en el amplio sentido de la expresión. Operístico el poco conocido Pompeo Magno de Cavalli, con ilpdo empujando y un continuo que reviste de grandiosidad la voz de Orliński.

El corneto de Pietro Modesti «cantaría» la introducción de la escena 9 de La Filli (Netti), con el Berillo de esta «desconocida» ópera de estética pastoral y argumento en torno a la moral amorosa de las dos parejas protagonistas, primer aria virtuosa y rápida donde este contratenor se mueve cómodo pese a las dificultades, contraste con los recitativos para disfrutar con el orgánico, más el aria final de las que se esperan para concluir la escena. Otro tanto sucedió con las arias de L’Adamiro y más juegos corporales donde poder comprobar el excelente estado físico de este bailarín que además canta (o viceversa) así como su niñera «vieja»  Crinalba, humorística con cierto regusto amargo, cambio de género entre personajes muy de moda en el siglo XVII que el artista polaco cantó con comicidad sin perder la calidad en las dos arias elegidas.

No quiero olvidarme del aria de Sartorio perteneciente a su Antonino y Pompeiano, ópera estrenada en el carnaval de Venecia en 1677 (como bien indica Andrea G. Torres en las notas al programa), el aria “La certeza di sua fede”, que canta Pompeiano con una virtuosística e impresionante guitarra del español residente en Basilea Miguel Rincón, en otro juego escénico con el polaco, ritmo vivaz y temática también referida a la moral y el triunfo del bien.

La serenata La faretra smarrita (1690) propone un lamento de Amor ante la banalización de sus poderes, final recogido apagándose luces y música con la que Il Pomo D’Oro y Orliński cerrarían un concierto bien elegido, potenciado en su elección de tempi e instrumentaciones para una música dramática entendida como obra donde confluyen comedia y tragedia.

Simpatía a raudales en las tres propinas y colas a la salida para firmar programas, discos (que se agotaron) y un variado merchandising de camisetas, chapas y hasta bolsas de tela, sin dejar a nadie por la esperada foto con sus muchos fans (entre los que me incluyo).

Buen inicio de esta temporada de las bodas de plata del Auditorio con el Oro de la formación y el Diamante polaco.

PROGRAMA

CLAUDIO MONTEVERDI (c.1567–1643)

“E pur io torno qui” (Ottone, acto I, escena 1).  L’incoronazione di Poppea, SV 308

Canzone a voce sola: Voglio di vita uscir, SV 337

BIAGIO MARINI (1594–1663)

Passacalio. Per ogni sorte di strumento musicale, op. 22

GIULIO CACCINI (1551–1618)

Madrigale a voce sola: “Amarilli, mia bella”. Le nuove musiche

GIROLAMO FRESCOBALDI (1583–1643)

Aria di passacaglia: “Così mi disprezzate?”, F.7.16. Primo libro d’arie musicali per cantarsi

JOHANN CASPAR KERLL (1627–1693)

Sonata para dos violines y continuo en fa mayor

BARBARA STROZZI (1619–1677)

“L’amante consolato”. Cantate, ariette e duetti, op. 2

FRANCESCO CAVALLI (1602–1676)

“Incomprensibil nume” (Pompeo Magno, acto II, escena 1). Pompeo Magno

CARLO PALLAVICINO (c.1630–1688)

Sinfonía. Demetrio

I. Grave – II. Affettuoso – III. Presto – IV. Adagio

GIOVANNI CESARE NETTI (1649–1686)

La Filli (Berillo, actoII, escena 9:

Aria: “Misero core” – Recitativo y aria: “Datti pace, Berillo…Sì, sì, si sciolga, sì…” – Recitativo: “Ah, che miei voi non siete…” – Aria: “Dolcissime catene”

ANTONIO SARTORIO (1630–1680)

“La certezza di sua fede” (Pompeiano, acto III, escena 5). Antonino e Pompeiano

GIOVANNI CESARE NETTI

L’Adamiro

“Quanto più la donna invecchia” (Crinalba, acto I, escena 11)

“Son vecchia, pazienza” (Crinalba, acto II, escena 13)

ADAM JARZĘBSKI (c.1590–1649)

Concierto a 3 voces y continuo: Tamburetta

SEBASTIANO MORATELLI (1640–1706)

“Lungi dai nostri cor” (Amore). La faretra smarrita

IL POMO D’ORO

Violín I: Alfia Bakieva – Violín II: Jonathan Ponet – Viola: Giulio D’Alessio – Viola da gamba y lirone: Rodney Prada – Violonchelo: Ludovico Minasi – Contrabajo: Jonathan Álvarez – Tiorba, archilaúd y guitarra: Miguel Rincón – Clave y órgano: Alberto Gaspardo – Arpa: Margherita Burattini – Cornetto y flauta: Pietro Modesti.

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