Inicio

Rusia y el piano

Deja un comentario

Viernes 5 de diciembre, 20:00 horas. Auditorio de Oviedo: Jornadas de Piano «Luis. G. Iberni», Elisso Virsaladze (piano), Oviedo Filarmonía, Marzio Conti (director). Obras de Albéniz, Tchaikosky y Shostakovich.

Volvían las jornadas de piano con Rusia en el ambiente y un programa conocido. Para abrir boca la orquestación que Enrique Fernández Arbós realizase de El Puerto de Albéniz del cuaderno primero de la Biblia pianística que es la Suite Iberia. Bien ese tributo desde el mundo sinfónico para estas jornadas de piano con uno de nuestros grandes compositores que sigue inspirando nuevas orquestaciones de su inmensa suite como las de Jesús Rueda e incluso hermanando flamenco y jazz como en el caso de Chano Domínguez. La de Fernández Arbós es seguramente la que inició el vuelco del universo pianístico a la orquesta, y la versión capitaneada por Conti con «su» orquesta resultó clara en el dibujo, bien tratado cada plano sonoro y entendiendo la obra como si fuese originalmente sinfónica sin olvidar la originalidad que el maestro de Campodrón imprimió a su magna composición con la inflluencia directa de los nuevos aires franceses.

Elisso Virsaladze es una de las leyendas vivas de la llamada escuela rusa y acudía a Oviedo con el más conocido y escuchado de los conciertos para piano como es el de Tchaikovsky, que dejo aquí incrustado desde YouTube© en una versión con la Filarmónica de San Petersburgo (antes Leningrado) dirigiendo mi admirado Temirkanov.

La versión de la virtuosa georgiana del Concierto para piano y orquesta nº 1 en si bemol menor, op. 23 resultó buena aunque algo dura en varios sentidos. Por un lado su técnica se mantiene con el paso de los años pero también ese estilo de fuerza y vigor desde el rigor, potencia de pulsación, valentía en afrontar los movimientos con unos tempi que impiden degustar momentos que requerirían más intimismo traducido en una gama de pianísimos algo mayor. Con todo sigue ejerciendo su magisterio en estas obras que ha bebido desde la fuente original de esa tradición rusa de la que es uno de los últimos modelos. El Allegro non troppo e molto maestoso marcó su ideario a la orquesta ovetense en todos los aspectos musicales, yendo a remolque en muchas ocasiones con todo el esfuerzo del titular en concertar correctamente, demostrando solvencia y oficia. El Andantino semplice pecó de lo apuntado anteriormente, algo más de lirismo puede que así entendido desde el sur europeo aunque ella optase por ese carácter atormentado que nos han confiado intérpretes como ella no sólo en Tchaikovsky. Todo el juego y fuego del Allegro con fuoco apareció en este último movimiento, escuchándose unos a otros y ciñéndose al mandato de la solista, imponiendo más que dialogando, en un enorme esfuerzo orquestal y directorial que logró siempre finalizar cada movimiento perfecto, como si sólo se tratase de ello. Con todo la versión de Virsaladze resultó plenamente rusa.

Los aplausos la obligaron a regalarnos la primera de las Doce danzas alemanas (Zwölf Deutsche Tänze, genannt «Ländler»), D. 790 de Schubert, breve y delicada, como para taparme la boca de mi opinión del concierto anterior, remarcando su enfoque ruso distinto del alemán, con acento propio siempre distinto al francés, checo o coreano. Y sabiendo a poco, todavía otro regalo, esta vez de Chopin el Vals op. 34 nº 1 en la bemol mayor, nueva lección de piano donde no se puede explicar mejor el «rubato» desde la transparencia de cada pasaje, siendo otra maravilla que quedó en el recuerdo de estas jornadas donde el piano es el rey (Sokolov al frente) y Elisso la auténtica reina, nos guste más o no.

La segunda parte nos mantuvo en la Rusia pero pasando de los zares a Stalin y la Sinfonía nº 9 en mi bemol mayor, op. 70 de Shostakovich, estrenada en Leningrado el 3 de noviembre de 1945 por Evgeni Mravinski y escrita en un mes, la más corta y ligera de las quince pero también la menos popular, por lo que se agradece poder escucharla en vivo.

Organizada en cinco movimientos, encadenados los tres últimos, permite a la orquesta rendir en todas sus secciones y disfrutar de intervenciones solistas realmente agradecidas, con especial mención al fagot solista de la OvFi sin olvidarme del concertino. Conjugando elementos de distinta procedencia e intención, sin entrar en las connotaciones políticas que supuso esta obra, por otra parte excelentemente comentada por María Encina Cortizo en las notas al programa, la OvFi sonó compacta, brillante, con calidad en cada intervención solista, vigor desde el podio que Conti contagia, frescura y contención para una sinfonía «inesperada», corta de duración pero con muchos guiños musicales que el director florentino supo sacar a flote. El día 17 volveremos con un concierto ineludible de Elgar con la cellista del momento, la neoyorkina Alisa Weikerstein dentro de «Los Conciertos del Auditorio», pero aún me queda mucha música hasta entonces.

El museo como sala de concierto

1 comentario

Sábado 15 de noviembre, 20:00 horas. Museo Evaristo Valle, Gijón, Concierto de Cámara: Ignacio Rodríguez Martínez de Aguirre (violín), Sergei Bezrodny (piano). Obras de Tartini, Tchaikovsky, Sarasate, Beethoven, Mozart y Brahms. Entrada: 10€.

Los museos también tienen vida musical, se promocionan además de ofrecer unos espacios realmente únicos y apuestan por conciertos cercanos, de cámara, con figuras en ciernes o ya consagradas. El gijonés Museo Evaristo Valle tiene como seña de identidad un salón que alberga un excelentemente restaurado y bien conservado piano Steinway donado a la Fundación, que siempre es un placer escucharlo en esa ubicación de acústica impecable, más en las manos de un virtuoso como Bezrodny, esta vez a dúo con el joven violinista Ignacio Rodríguez que nos ofrecieron un recital íntimo, emocionante, cargado de dificultades para obras que sonaron preciosistas desde un perfecto entendimiento entre ambos músicos, la veteranía y poso del ruso con la juventud e ímpetu del asturiano, una promesa que se va haciendo realidad.

Las obras elegidas no siguieron un orden cronológico aunque sí cercano y de estilos variados. De G. Tartini escuchamos su Sonata «Didona Abandonata» en sol menor en tres movimientos, bien diferenciados, piano en segundo plano cual clave barroco con tiempos cantábiles en diferentes velocidades, Tempo moderato cual presentación sonora, Allegro con fuoco para regocijo del violín al más puro estilo veneciano, y el Largo / Allegro comodo solamente en la indicación, puesto que la dualidad exige crear ambientes contrapuestos desde una técnica virtuosa que no debe ocultar la musicalidad, algo que Ignacio y Sergei entendieron desde el primer momento.

Melancolía y amor adolescente son sinónimos hechos música por Tchaikovsky en su Serenade Melancholique, op. 26 en si menor, repertorio básico para un dúo con dos visiones de la vida y una musical, orquesta reducida a pianista maduro que arropa al violinista enamorado, música desde las entrañas con arranques de pasión bien contenida, románticamente rusas en sonoridades primaverales con madurez interpretativa. Me maravilla comprobar el crecimiento global de mi querido Don Ignacio, capaz de conmover con esta partitura enorme.

Todo virtuoso debe incluir a Sarasate en su currículo,  para el piano (una maravilla ver las partituras del virtuoso ruso) y lógicamente para el violín, repertorio global de diabluras con técnica no siempre al servicio de la música, donde el piano acompaña los dificilísimos pasajes del solista. En el Capricho Vasco, op. 24 el dúo astur-ruso solventó con profesionalidad y musicalidad una página cantábrica más que vasca, a pesar del zortzico inicial, por cercanas melodías. Poso en el violín y solera al piano, cercanía en la amplia gama de grises con el brillo de la madera, impregnada por los albores de la figura moldeada con el cincel del trabajo diario. Nueva confirmación del momento dulce que atraviesa Ignacio Rodríguez, conocedor de la dificultad de una partitura que necesita el fuego artificial sin demasiada interiorización pero que con Sergei Bezrodni alcanza otro sentido.

El breve descanso sirvió para cargar pilas ante un triunvirato de genios exigentes para exprimirlos al máximo. Mi memoria musical está unida a la Sonata nº 1, op. 12 nº 1 en re mayor de Beethoven, por lo que fui acompañando mentalmente cada compás y movimiento, disfrutando con el permanente diálogo de los dos intérpretes, seriedad y cascadas sonoras en el Allegro con brio, permutaciones emotivas en cada variación del Andante con moto, y derroche de sentimientos en el Rondo: Allegro, conversación musical en estado puro, mismo idioma con distintos acentos, los del piano y violín en perfecto entendimiento. Siempre un placer disfrutar del genio de Bonn, más en la música de cámara con sus sonatas para violín y piano, abecé de estudiantes pero también parvulario de melómano que se precie. Comprobar la evolución del violinista asturiano es un orgullo personal, verle ganar en sonido amplio, profundo, redondo, de dinámicas abrumadoras con un arco poderoso y una seguridad pasmosa, con una musicalidad genética, es síntoma de madurez y mucho trabajo.

El segundo movimiento del Concierto nº 5 en la mayor, K. 219 (Mozart) es un mundo anterior al del sordo pero fuente inagotable de musicalidad, con un piano «de orquesta» para un discurso violinístico plenamente salzburgués, ingenuo pero inconscientemente maduro, perfecto para este dúo con una cadenza bien tocada, con gusto y seguridad.

Rematar con el Scherzo en do menor para piano y violín de Brahms son palabras mayores tras todo lo escuchado anteriormente. El dúo debe ser y sonar uno, la inmensidad del hamburgués se respira en cada compás, energía y tormento mezclado con remansos perecederos donde la música sale a borbotones. Increíble interpretación de ambos músicos, entrega, pasión, energía, potencia, lirismo, incontinencia rítmica, contrastes dinámicos, auténtica montaña rusa de emociones para una obra grande y exigente en todos los aspectos, excelente colofón de un nuevo concierto en este museo tan musical como el gijonés.

Alina Brown, sobrina-nieta de Evaristo Valle, y coordinadora del museo, felicitando al dúo

Mi sincera felicitación a la Fundación gijonesa con su director Guillermo Basagoiti a la cabeza, que sigue apostando por la música en su bellísimo Museo, y enhorabuena enorme a Don Ignacio y sus padres Chonchi y Maque, pues tantos sacrificios tienen recompensas como la de este «concierto de museo». Su carrera ya en ciernes está bien encauzada, tener un pianista como el ruso supone garantía de éxito (merecido siempre), esperando verle en las siguientes etapas, reconfortante para quienes le seguimos y admiramos desde los inicios. No quiero plagiar a nadie pero la conocida frase «Me llena de orgullo y satisfación» en este caso la compartimos muchos.

Buenos deseos pero incertidumbre

3 comentarios

Viernes 3 de octubre, 20:00 horas. Auditorio de Oviedo, OSPAAbono 1, Javier Perianes (piano), Rossen Milanov (director). Obras de Mozart, Grieg y Chaikovski (notas al programa de Ramón G. Avello en los links de los compositores).

Arranca la temporada 2014-2015 de la orquesta de todos los asturianos, primero en Gijón y a continuación Oviedo, con la Consejera de Educación, Cultura y Deporte de testigo, el búlgaro Milanov en el podio titular y el onubense Javier Perianes pianista solista que siempre aporta esos detalles que resultan diferenciadores para un programa conservador equilibrando conocido y olvidado.

Mozart es siempre traicionero porque su música es agradecida, terapéuticamente positiva pero exigente de principio a fin. La selección de la suite del ballet de Idomeneo K. 367 se redujo a dos números de los cinco, la Chaconne y el Pas à deux, con los que la OSPA pareció dar el primer aviso de que aún falta rodaje, como si de un coche fuera de punto y funcionando con tres cilindros se tratase: las secciones aunque ensambladas todavía desajustadas y el conjunto aún más (aunque los solistas siguen siendo de seguridad pasmosa), con pasajes poco claros que hacían irreconocible el sonido del motor. Desconozco si la mecánica era fruto de la conducción de Milanov o directamente la necesidad de lubricar pistones, pero no hubo entendimiento, indecisiones en entradas, dinámicas sólo en papel, y había muchas, sin ensamblarse para dejar esa sensación de tirones continuos.

El plenamente romántico Concierto para piano en la menor, op. 16 de Grieg pareció ir tomando el punto a la marcha, pero sólo la magia de Javier Perianes sacó a flote la belleza de una partitura que todos conocen. Faltó unificar el discurso entre solista y director, el instrumento piano con el instrumento orquesta, de nuevo indecisiones en las caídas entre ambos. Cierto que hay momentos donde es imposible no emocionarse y donde las intervenciones de todos llegan solas a lo más profundo, pero faltó química. El aire ligero del primer movimiento Allegro molto moderato resultó más cómodo para el piano frente al Adagio preciso para todos con claridad de líneas exhibida por un Perianes de gamas dinámicas conseguidas y que pareció contagiar a sus compañeros más que al maestro. El Allegro moderato molto e marcato volvió a evidenciar las carencias apuntadas, la orquesta detrás frente al poderío del andaluz en cada cadencia con su impronta interpretativa y la contestación en otro idioma con unos rubati mal entendidos o transmitidos por el director y matices poco cuidados por todos, lo que impidió una mejor interpretación global.

El Nocturno en do sostenido menor, Op. póstumo de Chopin fue la propina que reivindicó la calidad y calidez del pianismo de Javier Perianes en un momento de su carrera que sigue en ascenso y todavía queda recorrido, demostración de lo que Grieg pudo haber sido y no fue.

La Sinfonía nº 2 en do menor, op. 17 «Pequeña Rusia» de Chaikovski no es que se programe tanto como las tres últimas del ruso pese a ser la más cercana al alma de su pueblo por los motivos usados y una orquestación que recuerda a sus correligionarios. Con alguna cara nueva y refuerzos puntuales, la formación asturiana fue entrando en calor pese a los aires nórdicos del concierto, el cuarto cilindro al fin arrancó y el motor retomó el sonido potente al que nos tiene acostumbrados, aunque sólo en el cuarto movimiento, con un Milanov que nunca pisó a fondo aunque se dejó llevar por una partitura con demasiadas curvas tomadas casi por los atajos. Sin hacer paralelismos, está pasándome como con Alonso y Ferrari, deseo siempre lo mejor pero parece que tampoco ganará su tercer mundial, aunque los anteriores ya están en la historia. La temporada es larga, hay paréntesis «obligados» y los conductores deberán conocer y entrenar más con el coche. Los invitados previstos son de primera, pero el maridaje y entendimiento entre todos será necesario para el éxito total, ya que los parciales hacen que parte del público marche al descanso, como si una vez conocida la «pole» el resultado de la carrera volviese a deparar el resultado no deseado.

Entrevista de Javier Neira a Javier Perianes en LNE:

Aire asturiano en Barcelona

3 comentarios

Domingo 11 de mayo, 18:00 horas. L’Auditori, Barcelona, «Concert Piano de Txaikovski», concierto 14, clausura temporada: Carmen Yepes (piano), Banda Municipal de Barcelona, Salvador Brotons (director). Obras de Tchaikovsky y Brotons (1959).

En mi tierra no estamos muy acostumbrados a escuchar repertorio sinfónico en versión de banda, y aún menos los conciertos para solistas. Nada menos que el conocido y difícil Concierto para piano nº 1 en si bemol menor, op. 23 de Tchaikovsky daba título al concierto decimocuarto que clausuraba en el Auditorio de Barcelona la temporada de abono de la Banda Municipal con su director titular Salvador Brotons, quien volvía a contar con la asturiana Carmen Yepes para un cierre auténticamente de lujo donde el también compositor catalán sería protagonista de toda la velada aunque L’Auditori sigue respirando ambiente asturiano.

En la televisión local de la ciudad condal salía una breve entrevista con nuestra pianista donde hacía notar que el concierto del ruso suelen interpretarlo hombres, tal vez por la fuerza física que requiere y más aún si detrás hay una banda sinfónica. Pero la capacidad musical de esta solista no se limita a una gama dinámica impresionante, capaz de llenar una sala de acústica algo «especial» (debida como el Auditorio de Oviedo al físico Higini Arau Puchades) en los momentos de más tensión sino que los pasajes líricos resultan de una dulzura que de tan clara resulta rebosante de musicalidad, unido a la extraordinaria concertación del maestro Brotons con «su» banda, haciendo olvidar que no sonaba una orquesta aunque lo parecía.
Y es que cuando el arreglo para madera y metales es tan acertado podemos redescubrir partes menos escuchadas precisamente por la tímbrica tan peculiar de la familia del viento. La seguridad y potencia de Carmen Yepes desde su primera aparición en el Allegro non troppo e molto maestoso jugó precisamente con esa paleta sonora y un «tempo» en su medida, sin correr y predominando la majestuosidad que el ruso imprime a esta joya pianística. Los distintos solos y cadencia del primer movimiento hicieron sonar un piano redondo en los graves y cristalino en los agudos con la sensación de un centro duro como la obra que Yepes estaba recreando. El público, que casi llenaba la Sala Pau Casals, aplaudió este movimiento como si finalizase la obra, pues los sentimientos contenidos no pudieron aguardar más. El Andantino semplice sacó de la banda intervenciones impecables donde el oboe de Pilar Bosque lograba pasajes emocionantes para competir en buena lid con un piano nuevamente mágico dibujado sobre unos colores desconocidos para el que suscribe, tan solo destruidos por el sonido de un móvil siempre grosero y maleducado que parece ya una plaga allá donde vayamos.

Y rematando el Allegro con fuoco realmente fogoso, impulsado por un vehemente Brotons que conoce la musicalidad y honestidad de Yepes (a la que ha disfrutado dirigiéndola en varios conciertos) para llevar este final casi incendiario entre la brillantez pianística y el perfecto contrapunto de una banda sinfónica con calidades superiores. Todo un placer asistir a un fluir de ilusiones musicales compartidas entre pianista y director con una formación que mueve afición en la ciudad condal a lo largo del año, lo que se percibe en el ambiente.

Nuevo éxito de la pianista asturiana que agradeció a todos en perfecto catalán esta invitación clausurando temporada con la banda y Brotons, del que regaló como propina el segundo de los Tres nocturnos «alla Chopin» op. 116, delicia completa en escritura y ejecución que el propio director y compositor disfrutó en el escenario sentado al lado de los fliscornos.

Para la segunda parte nada menos que el estreno para la versión de banda del propio Salvador Brotons Catalunya 1714, Rapsòdia catalana nº 5, op. 127 compuesta para el tricentenario de este episodio histórico que el músico catalán actualiza para ir más allá de la derrota y los hechos fatídicos acontecidos hasta la ilusión que el pueblo catalán lleva viviendo desde la democracia con un optimismo que el compositor lleva en sus genes.

Este poema sinfónico en ocho movimientos sin pausa, bebe, como él mismo explicó antes de comenzar y también Marta Porter en las notas al programa, del folclore catalán, melodías populares y borbónicas reconocibles más allá de guiños a El cant dels ocells, El Segadors, o el francés hispanizado «Mambrú se fue a la guerra» ya utilizado por Beethoven en su poco conocida La victoria de Wellington (también figura como «La Batalla de Vitoria», op. 91). Grandeza sinfónica que con la inclusión de coros para la versión orquestal se estrenará en este mismo auditorio el 19 de julio dentro de las conmemoraciones del Tricentenari.

Desde un oficio trabajado oficio con años y conocimiento profundo de la escritura y orquestación, utilizando todos los recursos posibles con un lenguaje cercano a todos, estoy convencido de que Catalunya 1714 será una obra rompedora y triunfante, llena de toques épicos con abundante percusión y tutti dramáticos, sin olvidar las citadas referencias catalanas como la inclusión de la tenora entonando Plany al temps passat en el antepenútimo movimiento, nostálgico por los tiempos perdidos antes de la apoteosis final efectista, incluyendo el himno catalán previo al Presto brutale que bisarían tras el éxito, donde no faltaron dos esteladas entre el público. Y es que «la creencia y voluntad de ser» más la «afirmación nacional» en  Brotons van más allá de la derrota y marcha fúnebre acongojante para brillar 300 años después con ese crescendo en intensidades y tensiones unido a un himno catalán hermoso musicalmente que el músico barcelonés eleva a categoría sinfónica para levantar pasiones de todo tipo.

Salvador Brotons músico de estirpe, director, compositor, entusiasta y apostando por Carmen Yepes para este fin de temporada, que supongo traerá a la pianista carbayona nuevas colaboraciones con el catalán. Ambos sienten la música de una manera especial, lo que el público siente y agradece. La «clá Yepes» de la ciudad condal estuvo reforzada con la que viajó para la ocasión, compartiendo un concierto muy especial.

Garanča es La Mezzo

Deja un comentario

Jueves 8 de mayo, 20:00 horas. Oviedo, Conciertos del Auditorio: Elĩna Garanča (mezzo), Oviedo Filarmonía, Karel Mark Chichon (director). Obras de Glinka, Tchaikovsky, Massenet, Saint-Saëns, Gounod, P. Marquina, S. Lope, Manuel Penella y Bizet.

El próximo San Juan hará cinco años de espera que merecieron la pena. Esta vez en solitario (sin Cura), también dirigiendo Chichon (como casi siempre) pero Oviedo Filarmonía en vez de OSPA y el Auditorio en vez de Teatro Campoamor: Elĩna Garanča sigue enamorando con Mark Chichon, con el poso (y peso) de la reciente maternidad que aún hace más bella su voz en cualquier registro, desde una técnica exquisita que hace fluir y llegar a todos los rincones pese a tener detrás (y siempre «a sus pies») una orquesta a pleno rendimiento donde su pareja no perdona, dominando de memoria cada obra como sólo su estado civil puede lograr.

En la línea de las grandes voces, casi todas pasando por esta capital lírica, Oviedo rendido a ella, única, diva, la letona, «La Mezzo»…

Para alcanzar estas cotas de calidad y reconocimiento mundial, sumar además de una voz prodigiosa, la inteligencia en la elección del repertorio, aparcando los roles belcantísticos y centrándose en el repertorio francés (como así lo recoge Pablo Meléndez-Haddad en las notas al programa). En la segunda parte fue Carmen de Bizet y como en su registro, puedo añadir que ella es actualmente «La Carmen de España y no la de Merimé», pero comenzar escuchando el aria «Adiós a tus montañas y tus prados» de la poco conocida La doncella de Orleans (Tchaikovsky) sirve para recuperar repertorios, engrandecer personajes como el de Juana de Arco y agradecer una herencia desde la que pasar directamente al francés que la cantante de Riga hace y siente como nadie.

Primero «Mon coeur s’ouvre à ta voix» del Samson et Dalila (Saint-Saëns) recreándose en el «tempo», vocalizando como una parisina, seduciendo, luciendo en presencia, física y vocal un personaje arriesgado como la partitura, y después Gounod con «Plus grand, dans son obscurité«, el aria más conocida de La Reina de Saba que no tiene nada que envidiar a otras del galo aunque personalmente desconozca esta ópera completa, pero perfecto cierre a la primera parte.

La segunda lo apuntado de Carmen Garanča, cambiando el vestido gris por el rojo pasión. Todas sus arias de la ópera alternando con preludios y entreactos instrumentales engarzado no en el orden de la representación pero eficaz en esta globalidad. Abría con la primera versión de «L’amour est un enfant de Bohème» del acto I, el preludio y la famosa Habanera seguida del entreacto del tercer acto para regalarnos la seguidilla del primer acto (pandereta entre cellos y violas) excepcional, entreacto del cuarto, «En vain, por éviter» del tercero, entreacto del segundo y la canción bohemia para cerrar esta «selección carmina», lección de canto puro, interpretación, riqueza expresiva, destacando la perfecta concertación y conocimiento del maestro Chichon que sacó de la Oviedo Filarmonía lo mejor de ella, cierre de temporada madura, auténtico placer no ya en el acompañamiento sino en sus intervenciones instrumentales:

La obertura de Ruslán y Ludmila (Glinka) es piedra angular de toda orquesta sinfónica, más para arrancar velada y con el aire ligero por el que optó el director llanito, pero que cada sección respondió a los requerimientos. La conocidísima «Meditation» de Thaïs (Massenet) nos permitió disfrutar de la calidad y sonoridad que nuestro concertino Andrei Mijlin atesora, secundado por el arpa de Danuta Wojnar y arropado por todos sus compañeros. La «Bacanal» tras el aria de Dalila Garanča lo fue literalmente por el derroche tímbrico de la orquesta ovetense, odalisca bella, danzarina y clara con la dirección elegante y precisa de Chichon.

Los tres pasodobles enlazados como ambientación o preparación española para la cigarrera andaluza pueden resultar bien fuera de España. Enlazar España Cañí (P. Marquina), Gerona (S. Lope) y el más famoso de Penella (El Gato Montés) todos sin completar, caen en tópicos musicales aunque con Karel Mark la OvFi los hizo sinfónicos, sobre todo el último que sería muy rápido para bailar e incluso cantar.

Toda diva se hace de rogar y los aplausos merecidos trajeron las esperadas «Carceleras» de Las hijas del Zebedeo (Chapí), justo lo español puro y sin tópicos, dicción casi malagueña y género que La Mezzo ama y lleva por todo el mundo, lo que debemos agradecerle, especialmente cantándolo como ella lo hace. Distinta su versión del mundial Granada (A. Lara) aunque costase sacarla tantas veces a escena antes de una segunda propina que levantó al respetable de sus asientos (y Neira cronometró) más por gratitud y emociones anteriores de una interpretación globalmente casi completa. Oviedo capital de la lírica exige hasta en los regalos, y eso que hubo ramos de flores para la pareja. Y queda completar el refrán «a la tercera va la vencida» que no desisto sea directamente en la (temporada de) ópera, aunque en estos tiempos supongo que sólo sea un sueño. La esperanza musical nunca la pierdo, Benalmádena no está tan lejos y Garanča se sintió como en casa, a lo que la OvFil ayudó y Chichon fue cómplice.

2:10.

Carnaval exótico portuense

1 comentario

Domingo 2 de marzo, 18:00 horas. Casa da Música, Oporto: Sala Suggia. «Carnaval Exótico»: Orquestra Sinfónica Do Porto Casa da Música, Tobias Volkmann (director). Obras de Rimski-Korsakov, Nielsen, Tchaikovsky, Ravel y Guo Wenjing. Entrada: 11€ (concierto fuera de temporada).

Rezaba la publicidad del concierto «Júntese a los músicos de la orquesta en la celebración del Carnaval inspirado este año en Oriente y venga disfrazado para este concierto», por lo que el ambiente que se respiraba en la sala principal que lleva el nombre de la famosa cellista local Guihermina Suggia era festivo totalmente, y con aforo completo. Los músicos también iban ataviados y la decoración mínima pero suficiente: globos, puertas orientales, pantalla con sombras chinescas y una inmensa lámpara de Aladino en cartón piedra de la que salió con humo el mago director brasileño Volkmann, luego mudado a mandarín.

El programa tenía muchas y variadas historias para contar con personajes exóticos que nos sugerían múltiples disfraces para un concierto de carnaval, y nada mejor que arrancar con El mar y el barco de Simbad de la siempre evocadora «Sheherazade« (Rimski-Korsakov) que la orquesta local despachó con solvencia y seguridad a pesar de cierta frialdad, siendo la cuerda protagonista, especialmente el concertino español Felipe Rodríguez en sus intervenciones solistas (a la vista de los datos, invitado para este programa, pues lo es de la orquesta lisboeta de la Fundación Gulbenkian).

Mucho más completa la selección de la Suite «Aladino» (Nielsen) donde cada número nos fue dando la talla de esta formación portuense de sonoridades rotundas en los metales, sobre todo las trompetas, más comedida en la madera, percusiones sin exageraciones y una cuerda empastada aunque necesitada de más cuerpo (y efectivos) para equilibrar plantilla, hoy algo ampliada por las obras programadas. Fueron desgranando los números Marcha oriental, Danza hindú, El mercado de Ispahan -de lo más conseguido de la suite- y la Danza de los prisioneros, con esos avances compositivos del danés para un ballet que sólo tiene de infantil el título.

El oboista titular hizo un número de encantamiento donde el folklore húngaro de su tierra dejó paso al de la India, para luego llevar el ritmo del djembé en una hermosa danza del vientre con una bailarina profesional jaleada por todos tras su espectacular baile y figura. Perfecta antesala para los dos números del «Cascanueces« («Quebra-Nozes» en portugués) de Tchaikovski: Danza árabe y Danza china, algunos desajustes probablemente por el ambiente festivo aunque imperdonables en páginas tan conocidas de la música, y con una acústica tan perfecta que percibíamos cada mínimo detalle, con un Volkmann conocedor de estas músicas aunque los músicos no parecieron responder a todas sus órdenes una vez despojado del disfraz de mago…

Mejor el fragmento de Ma Mère l’Oye de Ravel, orquestado por el propio francés en 1911 del original para piano a cuatro manos, Laideronette, emperatriz de las pagodas donde la sonoridad impresionista y la rítmica resultaron bien ejecutadas por la orquesta portuense en esta «premiere«, siendo la obertura Cabalgando en el viento, op. 27 (1997) del chino Guo Wenjing (1956) el perfecto cierre de un concierto de recuerdos orientales muy cinematográficos terminando en ese «Far West» donde los chinos también han tenido protagonismo más allá de la pantalla, asentándose en todo el mundo y siendo parte de nuestra historia cotidiana. La riqueza rítmica y una amplia plantilla orquestal sirvió para mostrar las posibilidades de una orquesta hoy joven en la edad de músicos e historia reciente (desde 2006), con buenas secciones y solistas a la que seguramente su titular Christoph König sacará más partido, así como el paso de invitados que engrandecerán esta formación portuguesa.

Aplausos largos y merecidos que sirvieron para escuchar otro número del Aladino danés no elegido en el concierto, la Blackmoor’s Dance, reafirmando mi opinión de ser Nielsen buena piedra de toque para la orquesta.

Con todo un concierto entretenido y distendido para todos, músicos y público de todas las edades aunque mayoritariamente juvenil para una ciudad que tiene en el complejo diseñado por el arquitecto holandés Rem Koolhaas, el referente musical no ya de sus otras salas sino de todo un excelente contenido acorde a lo que entendemos por «Casa de la Música». La visita guiada en la mañana del sábado fue muy fructífera y enriquecedora si muchos gestores españoles tomasen nota de la importancia que la cultura en general y la música en particular tienen en nuestra sociedad desde un enfoque educativo. Por cierto, Portugal un país intervenido con un IVA del 23% aunque los precios generales estén más baratos que en España… y el cultural ¡13%! (creo que sobran explicaciones)..

RenovadOS PAra bien

Deja un comentario

Viernes 15 de noviembre, 20:00 horas. Auditorio de Oviedo: OSPA, abono 3: «El ballet y la música», Rossen Milanov (director). Obras de Stravinsky, Tchaikovsky y Prokofiev.

Volvía el maestro titular al frente de nuestra orquesta con un programa de los que hacen afición y donde todos nos sentimos cómodos (tengo pendiente comentar el último CD que también ayuda a costear temporada, precisamente con música de ballet), música para la escena de tres rusos con lenguajes distintos para un mismo fin: excelente música escrita para la danza pero capaces de emocionar sin ella, y así resultó devolviéndonos la OSPA que todos deseamos sustentada en esas tres patas rusas para bailar unos cuentos atemporales.

Nada mejor para calentar motores que la suite El pájaro de fuego (versión 1919) de Stravinsky, selección de seis números de los diecinueve totales del ballet, donde la Introducción «pianissimo» en los contrabajos ya aventuraba colorido y buen hacer, para ir ganando rotundidad desde el buen gusto interpretativo de esta música casi centenaria tan llena de vitalidad. Tiempos bailados interiormente, claridad expositiva, calidad en las intervenciones solistas y sonido compacto lleno de matices de principio a fin para un cuento musicado con mucha enjundia como bien escribe Joaquín Valdeón en las notas al programa (enlazadas en la cabecera de esta entrada con los autores): «… el cromatismo asociado a los elementos sobrenaturales del cuento -mientras que los personajes mortales están emparentados a lo diatónico y al desarrollo melódico compositivo propio del siglo XIX, antítesis diatónico-cromática… «, atreviéndome rematar con una versión de «música para mortales inspirada por inmortales».

La Suite Op. 20a de El lago de los cisnes (Tchaikovsky) es peligrosa por conocida, pero como si de una coreografía instrumental se tratase, el maestro Milanov hizo bailar interiormente la hermosísima partitura que más allá del argumento de cuento resulta un muestrario de danzas contrastadas para mayor gloria de solistas, totalmente centrados y entregados, bien arropados por el «tutti» que empastó a la perfección con algunos «segundos» de «primeros». Hermoso Vals totalmente ruso, delicada Danza de los cisnes y sobre todo la segunda Escena nos mostraron a Miriam del Río (¡el arpa en estado puro! e imprescindible en esta obra) y Vasiliev al que se sumó Atapin como auténticos virtuosos, sin olvidar cada aparición solista de sus compañeros en la bella pugna por enamorar al oyente (ahí siempre Ferriol con su oboe), las Czardas elegantes con percusionistas precisos en su plano sonoro, una Danza Española desde Rusia tamizada en nuestra tierra, la Napolitana casi felliniana de nuestro trompeta holandés y rematar con la Mazurka que nuestro director búlgaro hizo volar para cerrar una primera parte «in crescendo».

Los cuentos musicados están destinados a niños de todas las edades, y Prokofiev los trata con una paleta propia inspirada en sus compatriotas, auténticos recreadores y promotores del ballet. La Cenicienta: Suite nº1 op. 107 concentra en sus ocho números la nueva visión de danzas, mazurkas o valses, escrita en 1946 desde una orquestación potente y delicada al mismo tiempo, bailable pero sin perder el «rubato», algo que Milanov y la OSPA lograron para resarcirnos de malos tragos, incluso recreando mentalmente los episodios bailados, esta tercera pata para un estable taburete (tayuelu en asturiano) danzante en un viernes invernal pero cálido musicalmente hablando. El gato resultó de terciopelo, la pelea no pasó a mayores sino que la «coreografía interna» nos la convirtió en trazos sin dureza, las hadas con ambientes etéreos, y sobre todo el Vals de Cenicienta y la medianoche con las doce campanadas de rigos pero dos horas de adelanto donde los protagonistas de este cuento hecho realidad fueron los maestros de la OSPA con la batuta de coreógrafo que transmite, domina y deja hacer, pero sobre todo la buena música de una partitura bien «bailada».

Los finales de estos cuentos rusos fueron distintos pero felices aunque la guerra volverá la próxima semana, esperemos que sin heridas profundas, al menos que cicatricen pronto…

Y cierre de película

Deja un comentario

Viernes 30 de agosto, 20:00 horas. Auditorio de Oviedo, Festival de Verano «Oviedo es Música». Judith Jáuregui (piano), Oviedo Filarmonía, César Álvarez (director). Obras de Sungji Hong, Beethoven y Tchaikovsky. Entrada butaca: 15,50€ (con gastos de emisión).

Cerramos ciclo y vacaciones veraniegas aunque la música nunca se toma descansos en nuestras vidas, y nada menos que con un concierto de los que salimos felices por lo escuchado y vivido, realmente de película.

Para empezar, un estreno absoluto de la ganadora del IV Concurso Magistralia de Creación Musical para Mujeres Compositoras, la Obertura Operatic Breaches de la surcoreana Sungji Hong (1973). La OvFi sigue creciendo en todas su secciones, y además de la versatilidad para los repertorios suma una madurez que se nota desde hace tiempo, esta vez bajo la batuta de César Álvarez que sacó de la orquesta toda una paleta tímbrica (destacando los solos de marimba y xilófono) y emocional que esconde la partitura de la compositora coreana, una línea que crece y decrece en dinámicas, texturas, rítmicas, en cierto modo música cinematográfica sin imágenes y clímax sinfónico para una plantilla que lo dio todo, interpretación que la autora presente en la sala, también agradeció.

La pianista donostiarra, con una agenda muy completa en estos tiempos, volvía por tercera vez a Oviedo, en esta ocasión con el Concierto nº 1 en do mayor, Op. 15 para piano y orquesta de Beethoven. Da gusto escuchar las obras concertantes cuando hay un total entendimiento entre batuta y solista, arrancando el Allegro con brio sin excesos en «tempo» que permitieron una primera entrada del piano degustando ese estilo aún clásico pero plenamente beethoveniano, con la estructura de solos, orquesta y concertantes en perfecto equilibrio y la cadencia final delicadamente arrebatadora en los dedos de una Judith que rebosa musicalidad. El Largo rezumó dulzura poética y limpieza en todos los intérpretes, con un director siempre pendiente de la solista, lo que siempre ayuda, sonoridades bien trabajadas en el piano siempre bien arropadas por la orquesta, para sin pausa atacar el Rondo Allegro scherzando que marcaría todo el devenir del movimiento final, escuchándose y contestándose todos, ligeros rubati bien resueltos por una batuta atenta y precisa para un acompañamiento que iba más allá, consiguiendo una verdadera concertación para esta interpretación del «primero de Beethoven» que ya apunta lo que culminará con el «Emperador». Excelente versión del triunvirato Jáuregui-Álvarez-OvFi.

Y si la propia pianista tras los agradecimientos nos hablaba de un viaje, también emocional sin duda, nos hizo un regalo de altura y talla interpretativa que tiene grabado en su CD «Para Alicia«, Granada de Albéniz en un acercamiento y homenaje a la gran Alicia de Larrocha, escapada romántica a una página cual ventana abierta a visiones muy personales que Judith Jáuregui compartió con todos nosotros. Nuevo derroche de musicalidad para esta obra que ya ha interiorizado y siempre suena distinta desde su visión.

Imaginando la película «Cisne negro» escuché la Suite Op. 20 del conocido ballet «El lago de los cisnes» (Tchaikovsky) en una interpretación para paladear auditivamente de principio a fin y reconocer tanto el excelente trabajo del maestro Álvarez como de todas las secciones orquestales, con una cuerda algo corta en plantilla pero que dio de sí para compensar la masa sonora de metales, y unos solistas de lujo, en especial el concertino Andrei Mijlin con el magistral solo del «paso a dos» que arrancó unos merecidos aplausos en mitad de la suite por su genialidad y arte, así como el protagonismo del oboe Jorge Bronte en las conocidas melodías o la siempre impecable arpa de Danuta Wojnar. Cada uno de los números fueron cuadros perfectamente pintados desde una dirección que dejó su impronta a la formación carbayona. Bien y emocionante el conocido Vals, equilibrado y con identidad propia, las danzas de los cisnes y la española o la Mazurka del acto III, sin olvidar la escena final apoteósica y realmente «agitada» donde como ya apunté, el poderío de percusión y viento no aplastó a una cuerda realmente superando el máximo exigible, logrando una interpretación global y turbulenta realmente de película.

La propina, siempre difícil después de Tchaikovsky como decía el maestro Álvarez, sí resultó cinematográfica pudiendo escuchar el tema principal de «Quemado por el sol» (1994, N. Mikhalkhov) del compositor ruso Edward Artémiev (1937), una delicia de partitura donde pudimos apreciar el talento de Gabriel Ureña al chelo, antes de su «escapada vienesa», con un solo en la línea de sus interpretaciones, melancolía y buen gusto, así como el contrapunto de corno inglés de Javier Pérez, un cierre de película para un verano que es simplemente un punto y seguido musical.

Al final pude saludar de nuevo a «la rubia», siempre a gusto en Oviedo y un placer para los que la seguimos desde sus inicios. Septiembre es sinónimo de inicio de curso y «cuesta» para los bolsillos al pasar por taquilla para un 2013-14 que se augura duro pero de excelencias musicales, esperando seguir contándolas desde aquí y continuar compartiendo impresiones personales.

Cierre ruso en Oviedo

1 comentario

Domingo 19 de mayo, 19:00 horas. Auditorio «Príncipe Felipe» de Oviedo, Jornadas de Piano «Luis G Iberni»: Daniil Trifonov (piano), Orquesta Nacional Rusa (RNO), Mikhail Pletnev (director). Obras de N. Tcherepnin, Tchaikovsky y Glazunov.

Se acabó el Ciclo de Conciertos del Auditorio y este frío domingo las Jornadas de Piano «Luis G. Iberni» con claros y algunas sombras, pero sobre todo luz y elegancia en muchas tardes, incluso gloriosas, poniendo el listón nuevamente muy alto, con un avance de la próxima que promete, aunque le dedicaremos otra entrada.

Lo ruso sigue siendo referencia y nada mejor para clausurar temporada que reunir intérpretes y obras de una tierra que en Asturias sentimos cercana, al menos en lo musical (lo climatológico parece que también).

A Pletnev le hemos disfrutado como pianista y ahora como director, trayendo a su RNO al auditorio carbayón dentro de su gira europea, comenzando con un compositor no muy conocido ni escuchado como N. Cherepnin y La Princesse lontaine (Preludio por la princesa lejana) Op. 4, para calentar motores en una formación que suena impactante en todas sus secciones, colocando contrabajos atrás a la derecha y toda la percusión a la derecha, enfrentando violines para conseguir una sonoridad envolvente que completa la calidad contrastada de una orquesta con 23 años, lo cual es sinónimo de madurez. El entendimiento con su director fundador es total, no hacen falta muchos gestos porque el trabajo permite la economía y el máximo rendimiento. El alumno de Rimski-Korsakov pone buena música en estilo del maestro al argumento de la obra de Edmond Rostand como bien recuerda Rogelio Álvarez Meneses en las notas al programa, arrancando con un impresionante solo de cello (Alexander Gotgelf) y el posterior de oboe (Vitaly Nazarov) bien arropados por una orquesta realmente «redonda».

El plato fuerte vendría de la mano de Trifonov, un pianista que pese a la juventud es ya una auténtica figura desde hace años, para interpretar el conocido Concierto para piano y orquesta nº 1 en SIb M, Op. 23 (Chaikovsky) en una versión donde se notó que el director es también un maestro del piano, y donde Tatiana Porshneva se puso de concertino. Por fin escuchamos ese inicio contundente con un tiempo ajustado a la indicación: Allegro non troppo e molto maestoso, claridad expositiva y limpieza desde un poderoso piano que igual empastaba a la perfección con la orquesta como tomaba un protagonismo aún más marcado gracias a una concertación de Pletnev auténticamente deliciosa. El paso al Allegro con spirito fue otro escalón hacia la cima sonora. Aparición del clarinete (Nikolai Mozgovenko) que volvería a sorprendernos más adelante y todo un juego de texturas cálidas y aterciopeladas en la orquesta. El Andantino semplice – Prestissimo trajo consigo un despliegue técnico impecable, pese a los mínimos desajustes del instrumento solista (hubo momentos de madera en vez de cuerda), unos dificilísimos cambios siempre encajados desde una batuta que manejó a la orquesta como el «otro piano sinfónico» y otro solista (el flauta Maxim Rubtsov) también marcando calidad, pudiendo degustar el lenguaje tan romántico del compositor, para poner todo el fuego final (Allegro con fuoco) en una actuación estelar porque sumó todo para hacerla así: obra, pianista solista, orquesta al completo y director.

El único guiño «no ruso» lo pondría el propio Trifonov con una versión del hermoso lied de SchubertAn Sylvia que hizo cantar el piano como si Bjoerling se hubiese reencarnado en las cuerdas. Delicia total que «obligó» al prodigio ruso a impactarnos con la «Danza Infernal» de El pájaro de fuego (Stravinsky) en arreglo del maestro italiano Guido Agosti, perfecto broche virtuosístico tomando la música de ballet rusa como enlace con la segunda parte, y manteniendo el sabor ruso que impregnó toda la velada.

Con Las estaciones, Op. 67 (Glazunov) volvió el concertino titular Alexei Bruni capitaneando la RNO que volvió a brillar al completo y en cada intervención de unos solistas que son oro puro, y un Pletnev al frente que con su peculiar dirección sacó de este ballet en colaboración con Marius Petipa de cinco movimientos que comienza con El invierno, el mismo que parece no querer abandonar Asturias, brillo, sensibilidad, colorido, texturas, lirismo y todos los calificativos que podamos imaginarnos. Las cuatro variaciones invernales volvieron a descubrir atriles como el trompa o la arpista. El verano y sus cinco partes dejaron un Vals de acacias y amapolas donde las fragancias fueron lanzadas en gotas por Pletnev. El otoño resultó la auténtica bacanal a la que el Petit Adagio siguiente daría un color ocre por toda la cuerda que suena rusa en cada momento, con el motivo más conocido realmente apoteósico para cerrar el ciclo anual, composición y temporada. La orquesta está en un nivel que nos hizo quitar el mal sabor de boca inglés.

Más la fiesta tenía que acabarse con el Pletnev compositor y el Preludio de su Jazz Suite para corroborar que su formación está capacitada para sonar a gloria con cualquier estilo aunque el del concierto dominical resultó muy cercano en el tiempo, siendo el guiño jazzístico la guinda del pastel: gozada de trompeta con sordina (Vladislav Lavrik), percusión y contrabajo que también quisieron reivindicar la calidad que tienen todos y cada uno de sus componentes.

Tentaciones sinfónicas

2 comentarios

Jueves 2 de mayo, 20:00 horas. Conciertos del Auditorio, Oviedo: Xavier de Maistre (arpa), Oviedo Filarmonía, Marzio Conti (director). Obras de J. Guerrero, Ginastera y Tchaikovsky.
Continúa una semana de lo más musical que hace la vida un poco mejor. El titular de la formación capitalina volvió a apostar por la mezcla de obras, aunque pienso que la tentación vive arriba.

De Jacinto Guerrero (1895-1951) escuchamos la breve pero agradecida Jhaía: danza mora (1918), en edición de la Fundación Jacinto e Inocencio Guerrero y perfectamente explicada en las notas al programa por mi admirado Ramón Sobrino Sánchez, que leyéndole es casi como estar escuchando su siempre ameno e irónico verbo. Obra de juventud del toledano con giros arabizantes de su tierra natal («boceto oriental» subtitulaba su estreno) y una orquestación grande que el Maestro Conti llevó con la frescura que sabe transmitir desde una memorización precisa capaz de sacar todo y más de la partitura.

El virtuoso francés Xavier de Maiestre fue el encargado de interpretarnos el Concierto para arpa y orquesta, Op. 25 (1956) del porteño Alberto Ginastera estrenado en 1965 por nuestro Nicanor Zabaleta. Tres movimientos bien contrastados y escritos aunque «la falta de experiencia previa de Ginastera con la sonoridad del arpa, le lleva a un frecuente tratamiento en bloques solo-tutti, para no tapar al solista, especialmente en el tercer movimiento» como escribe el Dr. Sobrino, lo que no impide disfrutar de una obra con referencias tanto al folklore argentino natal como a sus amigos y maestros. Impresionante el dominio del arpa por parte del intérprete que hace aún más grande la obra y perfecta concertación de Conti, atento al solista y encajando sin mayores problemas las complejidades rítmicas que esta orquesta afronta con seguridad. Emotivo el Molto moderato central con un lenguaje más cercano a sus contemporáneos y buen Vivace final con sonoridades potentes en todos los intérpretes, percusiones especialmente sin olvidar unos metales bien ensamblados.

La propina de El Carnaval de Venecia de Paganini en esta «paráfrasis» para arpa (y tos) no tuvo nada que envidiar a las guitarrísticas del gran Tárrega, con una demoníaca técnica que saca de un instrumento tan complejo sonoridades celestiales…

Palabras mayores es la Sinfonía nº 6 «Patética» en Si m., Op. 74 (Tchaikovski), probablemente la más escuchada y varias veces en este auditorio, nuestro aunque siempre haya público que aplauda al final del «ruidoso» Allegro molto vivace del tercer movimiento. La tentación de interpretarla debe ser grande en cualquier director aunque para toda orquesta supone una obra exigente para todas las secciones, y si no contamos con una plantilla equilibrada, incluso «agigantada», el resultado final siempre será inferior al deseado. Los músicos pueden darlo todo, como así sucedió, y entiendo que los metales no puedan contenerse aún a costa de engullirse a una cuerda mermada para esta magistral y póstuma sinfonía. Marzio Conti tiene más que interiorizada la obra pero reconocerá que faltó cuerpo en los tutti, pero sobre todo equilibrio.

La cuerda tiene pegada cuando puede y se le pide, musicalidad a raudales en toda ella, bien empastada con la madera, pero algo tapada cuando «los bronces» atacan sus ff. Timbales siempre mandando con reguladores contagiosos a toda la formación, percusión toda ella impecable. Impresionante el esfuerzo de todos, Conti el primero: contrastes bien buscados, melodías sonsacadas, tempi ajustados para saborerarlos, interpretación romántica a más no poder pero globalmente se me quedó pequeña. Enhorabuena por los momentos íntimos conseguidos en cellos o violas, sonido que comienza a personalizarse aunque pierda limpieza en los pasajes rápidos. Con todo siempre es una tentación placentera volver a escuchar «La Patética» en vivo.

Older Entries Newer Entries