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Oviedo también es de zarzuela

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Nuestra zarzuela tiene desde hace treinta años a Oviedo como segunda capital con temporada estable, sólo detrás del «templo madrileño» de la calle Jovellanos (un asturiano universal y adelantado a su tiempo).

Este martes 19 de diciembre al mediodía se presentaba ante los medios de comunicación (excelente dossier de prensa) y los aficionados asturianos el XXXI Festival de Teatro Lírico Español del Teatro Campoamor, en un acto que nos adelantarían los distintos responsables de un ciclo estable que recuerdo su arranque allá por 1994, y con una puesta en escena de Raúl Olay, acorde con el evento.

El director y compositor avilesino Rubén Díez amenizaba desde el piano desgranando melodías conocidas con el fondo del cartel de la «Zarzuela Oviedo 20224», un típico carbayón en trampantojo revistiendo el azúcar con mantón de Manila, mientras iban situándose sobre las tablas los intervinientes.

Abría el acto el Concejal de Cultura del Ayuntamiento de Oviedo David Álvarez Menéndez, reivindicando la capitalidad musical, el reconocimiento a sus antecesores y la defensa de nuestro patrimonio cultural donde nuestro género lírico ha sido reconocido como «Manifestación Representativa del Patrimonio Cultural Inmaterial», necesidad de salvaguardar nuestra zarzuela, que en Oviedo hemos sido ejemplo de su divulgación y compromiso,  aunque tristemente no seguido en el resto de «esta España nuestra» (que cantaba Evangelina Sobredo). No estuvo recordar que este Festival es un activo imprescindible como generador de empleo, riqueza, sinergias y turismo en Oviedo y el resto de nuestro Principado, personal que trabaja en y desde Asturias, incluyendo muchos nombres de los repartos.

Antón García, director general de Acción Cultural del Gobierno del Principado también hablaría del apoyo institucional a este festival que alcanza su trigésima primera edición, lo que indica continuidad y asentamiento de este género hispano que trasciende las fronteras y necesita no ya mantenerse sino proyectarse más allá del Pajares.

Ahora que ya estamos mejor comunicados por ferrocarril con «el resto de España», a la espera de los trenes Avril que pediremos a los Magos de Oriente, y con la Capitalidad Gastronómica de Oviedo también en 2024, que parece tuvo su adelanto en el pasado puente de diciembre, esperemos que nuestro Festival Lírico sea otro reclamo de público para llenar el Campoamor.

El piano de Rubén Díez acompañaba la primera proyección (magnífico Pedro Chamizo en su montaje del audiovisual) con la voz en off de la mezzo ovetense María José Suárez contándonos los títulos que subirán a este mismo escenario según iban apareciendo en pantalla, melodías reconocibles de las zarzuelas programadas perfectamente sincronizadas con la imagen, como en los orígenes del cine, y con los carteles de Javier Díaz Garrido dignos de comentar como verdaderas obras de arte.

El grueso de la programación lo desgranaría Cosme Marina, director artístico del Festival que iría desgranando y presentando. Siguen haciéndose producciones propias como el programa doble de La Gran Vía (Chueca y Valverde) y Adiós a la bohemia (Sorozábal), apostando por la creación y producción asturiana como la reposición de la exitosa Don Gil de Alcalá de nuestro Emilio Sagi (que se exportó a Madrid) con Alejandro Roy y Sofía Esparza.
También escucharemos La rosa del azafrán (J. Guerrero) y como gran novedad, auténtica apuesta de Marina con el estreno escénico de la zarzuela barroca Coronis de Sebastián Durón en coproducción con cinco teatros franceses (triste que nuestros vecinos del norte estén defendiendo mejor que nosotros estas joyas del XVIII). No faltará en el Festival el habitual recital lírico (con la soprano granadina María José Moreno, el tenor chileno-americano Jonathan Tetelman, que también se enfrenta y difunde zarzuela, y Lucas Macías en la dirección de la OFil), la proyección del documental «Tiempo de Zarzuela» de Cristina Otero Roth, el ciclo Off Zarzuela en el Teatro Filarmónica con el incombustible Enrique Viana y su cabaret «Luisa Fernanda, ya tengo Instagram o ¡La quinta del Apolo!» junto al pianista Ramón Grau
También habrá actividades pedagógicas para acercar a públicos nuevos así como conciertos en zonas rurales del concejo.
Como un aperitivo de La Rosa del Azafrán escucharíamos la «Romanza de Sagrario» por la soprano asturiana Beatriz Díaz con el piano-orquesta del avilesino, auténtica delicates con escena incluída actuando con los dos primeros intervinientes en sus posiciones sobre el escenario. Los días 23 y 25 de mayo podremos disfrutarla bajo la dirección de la mexicana Alondra de la Parra que también debuta en la dirección de zarzuela con la Oviedo Filarmonía, y con un reparto de grandes intérpretes (Damián del Castillo, María Zapata, Ángel Ruiz, Vicky Peña, Mario Gas o Roca Suárez entre otros).

La Presidenta de la Fundación Musical Ciudad de Oviedo, Pilar Rubiera, continuaría las intervenciones  defendiendo y «presumiendo» de la orquesta que va unida al Festival, uno de los pilares junto al coro titular, con un gasto ajustado pero manteniendo una calidad y continuidad que el tiempo ha consolidado. Por supuesto volvimos a escuchar dos nombres que sonarían a lo largo de la presentación, «Los dos Emilios» que son Sagi y Casares, el mayor conocedor y estudioso de nuestra lírica hispana (incluyendo  el primer y magno Diccionario de la Zarzuela). Por supuesto hubo consejo para pedir regalo estas navidades: un abono para la Zarzuela 24 (se ponen a la venta este miércoles 20).

El apoyo de los medios de comunicación es imprescindible para cualquier evento de «La Viena Española» y el diario La Nueva España siempre al lado de la música asturiana estuvo presente con su Directora General Ángeles Rivero, quien como no podía ser menos mantendrá la difusión no solo del Festival sino de todo lo que «suena» en el Principado.

Y no podía faltar Rut Ruisánchez, presidenta de la Capilla Polifónica Ciudad de Oviedo», el coro de nuestra zarzuela que lleva 29 ediciones, citando en estos tiempos de «Inteligencia Artificial» la «Inteligencia Emocional» de la música, la obligación y devoción de la formación coral hacia el Festival, el recuerdo a nuestro querido Francisco González Álvarez-Buylla «Paquirri», la cita al premiado por la FPA este año Nuccio Ordine y su frase válida para esta presentación de La utilidad de lo inútil antes de «trabajar» porque quedaba el último «acto» sonando el piano-orquesta de Rubén Díez con las mujeres de la Capilla cantando y limpiando entonando el ‘Coro de Espigadoras’ y la aparición última de los hombres («Ay! ay, ay ay!, qué trabajo nos manda el señor…») de una ya muy esperada La rosa del Azafrán, antes de la foto final y la despedida del anfitrión, David Álvarez, melómano de pro y al frente de una concejalía que tiene mucha cultura que ofrecer y promocionar.

Por supuesto la felicitación navideña y esperando que 2024 siga llenando de música la capital del Principado.

Dejo aquí todos los títulos y elencos programados para el XXXI Festival de Teatro Lírico Español, escaneados de los manejables programas publicitarios:

Galardón para Granada

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EL FESTIVAL INTERNACIONAL DE MÚSICA Y DANZA DE GRANADA RECIBE LA MEDALLA DE ORO DE LA ACADEMIA DE LAS ARTES ESCÉNICAS DE ESPAÑA, HOY LUNES 27 DE NOVIEMBRE 2023

 

La Academia de las Artes Escénicas de España entrega sus máximas distinciones a aquellos profesionales que han contribuido con su trabajo a la excelencia y la dignificación de la profesión. El Festival de Granada recibirá la Medalla de Oro 2023 en reconocimiento a su labor en la divulgación y creación artística.

 

La entrega de galardones tiene lugar hoy lunes 27 de noviembre, a las 20:30h, en una cena gala en el hotel Wellington de Madrid. La presidenta de esta institución, Cayetana Guillén-Cuervo, acompañada por Silvia Marsó y Carles Sans conducirán la entrega de Medallas de Oro y Distinciones de Honor. A esta cena de gala asistirán representantes de las principales instituciones públicas que apoyan a la Academia. El acto se puede seguir en streaming desde el canal de YouTube de la Academia, desde las 20:30h.

Este año, la Junta directiva de la Academia de las Artes Escénicas entregará las Medallas de Oro, a las siguientes instituciones: Escalante Centre Teatral (Valencia), Fira del Circ Trapezi de Reus (Tarragona), Teatro Sanpol (Madrid), Festival Internacional de Música y Danza de Granada, Teatro Arriaga Antzokia (Bilbao) y Teatre del Liceu (Barcelona). 

Las distinciones de Académicos y Académicas de Honor, también decididos por la junta directiva de la asociación serán para los siguientes profesionales: Josep María Pou, Emma Vilarasau, Carlos Latre, Chevi Mudaray, Ramiro Osorio y Ana Belén. 

 

La Academia de las Artes Escénicas de España entrega estas distinciones desde su fundación en 2014 con el objetivo de reconocer y potenciar el trabajo constante y la lucha por la excelencia en todas las profesiones relacionadas con las artes escénicas.

 

Gracias por poder vivirlo en primera persona 🙏

 

https://www.youtube.com/live/Q2eD92V5m8Q?si=9y3-xKxkNbq-Hvo5

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Más zarzuela por favor

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Martes 27 de junio, 22:00 horas. 72 Festival de Granada, Palacio de Carlos V, “Universo Vocal”, Gala lírica I: María José Moreno (soprano), Carlos Álvarez (barítono), Orquesta Filarmónica de Málaga (OFM), José María Moreno (director). Obras de ópera y zarzuela. Fotos de Fermín Rodríguez.

 

Crítica para Ópera World del jueves 29, con los añadidos de fotos (propias y de las RRSS), links siempre enriquecedores, y tipografía que a menudo la prensa no admite.
El maestro Arturo Reverter titula las notas de esta primera gala lírica del Festival «Sustancia lírica de dos voces andaluzas» donde disecciona cada página que escuchamos, y todo ello organizado como es habitual en estos recitales con dos partes separando ópera y zarzuela, suma de arias y romanzas, dúos y números orquestales, todas obras archiconocidas pero siempre agradecidas de escuchar. La Danza Española nº 5 de Granados, conocida como “Andaluza”, tiene como añadido una poesía de Luis Muñoz Lorente que refleja en parte el espíritu siempre inspirador para compositores e intérpretes de todos los géneros y estilos en esta tierra del sur que en parte siento mía:
“¡Mi Andalucía! Rojo clavel de un gran vergel
Alma de España que guarda en su entraña amor,
Es el sonar de tu cantar copla de amar”.
Sabor andaluz con la soprano granadina María José Moreno, el barítono malagueño Carlos Álvarez con la orquesta de su ciudad sumando al titular desde la temporada 2020-21 José María Moreno, un mallorquín a la batuta uniendo para esta gala sentimientos mediterráneos aunque la música siempre sea universal y no conozca fronteras, triunfando lo nuestro.
La Orquesta Filarmónica de Málaga (OFM) dista mucho de la que disfruté hace años en la capital de la Costa del Sol con Manuel Hernández Silva al frente tanto en conciertos sinfónicos como en recitales y ópera. Desconozco los cambios habidos en estos años, pero en esta gala granadina adoleció de brillo en los violines, echando de menos más entendimiento entre las distintas secciones, con alguna inexactitud imperdonable para estos profesionales junto a la necesaria sonoridad global que pecó de oscuridad con desajustes variados en pasajes demasiado conocidos donde se apreciaron estas carencias.
El maestro Moreno pese a los esfuerzos y gestos por momentos demasiado exagerados, tampoco tuvo la respuesta exigida desde el podio ni en las partes orquestales, caso de las oberturas operísticas o en los preludios e intermedio de zarzuela, ni en las acompañantes de las voces, no siempre mimadas estando en el mismo plano sonoro, y por momentos con la sensación de ir “a remolque” que fue más que evidente aunque la batuta luchó por encajar y enderezar lo que cojeaba. Lástima que páginas de tanta enjundia como el Preludio de El tambor de granaderos (1894) de Ruperto Chapí (1851-1909) la percusión no estuviese presente y marcando con decisión, o el conocidísimo Intermedio de La boda de Luis Alonso (1896) de Gerónimo Giménez (1854-1923) que hubiese necesitado más limpieza en la ejecución de la OFM e incluso pausar un poco los tempi para disimular estas carencias globales.
En la parte vocal los artistas brillaron en algunas páginas solistas, empastaron bien en los dúos y resultaron mucho mejor en la parte dramatizada o escenificada que en la lírica, siendo necesarias ambas aunque no podemos negar su profesionalidad y conocimiento de sus intervenciones, todas bien interiorizadas aunque evitasen notas agudas, las buscaran con diferente resultado, o incluso las obviaran.
Los dúos elegidos por María José Moreno y Carlos Álvarez fueron desiguales en el resultado vocal y global. De los operísticos, Mozart bien de color y equilibrio dinámico, especialmente Don Juan con Zerlina en “Là ci darem la mano” y sobre todo Donizetti “La voilà, la voilà…” de La fille du régiment (1840) que resultó lo mejor de la primera parte por interpretación y escena, con la OFM más balanceada con ellas.
De las zarzuelas, Federico Moreno Torroba (1891-1982) con Luisa Fernanda (1932) es una obra completa vocalmente, y en el dúo de Carolina y Vidal “Para comprar a un hombre” el color de Moreno y Álvarez fue ideal, con buena química entre ambos, luciéndose más el malagueño que la granadina, mientras en el que cerraría recital, el mejor y popular Pablo Sorozábal (1897-1988) de La del manojo de rosas (1934) con un tempi no muy cómodo para “Hace tiempo que vengo al taller”, al menos la calidad de ambos solistas prevaleció y nos recordó los buenos momentos sobre la escena.
Individualmente María José Moreno ha ganado en corporeidad y sus agudos no son tan incisivos, con un color ideal para las arias operísticas de esta velada, aunque el grave pierda algo de volumen, más si la orquesta tampoco mimó los matices. Las agilidades fluyen bien aunque las respiraciones rompan un poco la línea melódica buscando el ataque preciso. De las conocidas romanzas de zarzuela, Moreno optó más por asegurar los agudos que por la expresividad, que intentó jugando con unos tempi que la OFM no siempre encajó con ella. Con todo, la soprano granadina va asentándose con un registro que, de acertar en la elección de los roles, la mantendrá muchos años en escena, y su entrega dramática en esta gala fue lo más destacable.
Carlos Álvarez lleva años siendo un barítono importante e imponente sobre la escena. En este “universo vocal” hizo gala de sus tablas y veteranía, el timbre propio y corpóreo de amplia proyección. En la ópera total dominio mozartiano junto a la expresividad donizettiana, mientras que en nuestro género lírico es una voz que eleva el nivel esperado y exigible para exportar la zarzuela más de lo que hacemos. Abriendo la segunda parte, Pablo Luna (1879-1942) y la canción de Manacor “Qué me importa ser judío” de El niño judío (1918) rescata del olvido esta romanza única que el malagueño interpretó con toda su sabiduría. Otro tanto con páginas que triunfan solas más que la propia obra donde se incluyen, caso de la Jota de Perico, de El guitarrico (1900) aunque “amoldada” desde las tablas en una versión particular, puede que otro ejemplo de páginas solistas que triunfan más que la propia zarzuela de Agustín Pérez Soriano (1846-1907).
Desde Granada venció nuestro género por excelencia con dos voces andaluzas que fueron muy aplaudidas, quedándonos con ganas de una propina a dúo, que para sorpresa sería el Preludio de La Revoltosa de Chapí  ¡finalizando con una obertura! y esperando de este “universo vocal” al menos escuchar a Felipe y Mari Pepa aunque fuesen con acento propio. La OFM con el director mallorquín mantuvieron las sensaciones ya comentadas, debiendo pedirles interpretaciones con igual calidad que la escrita y con tantos referentes en nuestra historia lírica.
FICHA:
María José Moreno, soprano – Carlos Álvarez, barítono – Orquesta Filarmónica de Málaga – José María Moreno, director
Programa
I
Wolfgang Amadeus Mozart (1756-1791):
Obertura de Le nozze di Figaro (1786)
Crudel! Perché finora (duetto Conte-Susanna)
Hai già vinta la causa (aria Conte)
Crudele!…
Non mi dir (aria Donna Anna), de Don Giovanni (1788)
Là ci darem la mano (duetto Don Giovanni-Zerlina)
Gaetano Donizetti (1797-1848):
Obertura de Don Pasquale (1843)
La voilà, la voilà… (duetto Sulpice-Marie), de La fille du régiment (1840)
II
Pablo Luna (1879-1942):
Qué me importa ser judío (canción de Manacor), de El niño judío (1918)
Pablo Sorozábal (1897-1988):
En un país de fábula (romanza de Marola), de La tabernera del puerto (1936)
Federico Moreno Torroba (1891-1982):
Para comprar a un hombre (dúo Carolina-Vidal), de Luisa Fernanda (1932)
Ruperto Chapí (1851-1909):
Preludio de El tambor de granaderos (1894)
Agustín Pérez Soriano (1846-1907):
Jota de Perico, de El guitarrico (1900)
Amadeo Vives (1871-1932):
Canción del ruiseñor, de Doña Francisquita (1923)
Gerónimo Giménez (1854-1923):
Intermedio de La boda de Luis Alonso (1896)
Pablo Sorozábal:
Hace tiempo que vengo al taller, de La del manojo de rosas (1934)

Títeres atemporales

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Miércoles 21 de junio, 22:00 horas. 72 Festival de Granada. Palacio de Carlos V, Universo vocal (Ópera I): El retablo de maese Pedro: “Un tríptico sobre Don Quijote”. Orquesta Ciudad de Granada (OCG), Alicia Amo (soprano), David Alegret (tenor), José Antonio López (barítono), Juan Carlos Garvayo (clave), Aarón Zapico (dirección musical); Compañía Etcétera, Enrique Lanz (dirección de escena, títeres, escenografía y proyecciones). Obras de Telemann, Boismortier y Falla.

Segunda oportunidad para disfrutar de un espectáculo que hace años Antonio Muñoz Molina llamaba “El teatrillo de mundo”, los títeres de cachiporra que en Granada llaman “cristobicas” o en Jaén (como en Asturias) chacolines, una fiesta para niños y mayores que nunca pasará de moda cuando las historias son pura literatura. El texto de “El retablo de maese Pedro” se basa en el capítulo XXVI de la segunda parte de “El Quijote” cervantino, con unas líneas de otras partes de la obra. En este capítulo, el titiritero Maese Pedro llega por casualidad a la misma venta en La Mancha de Aragón donde se encuentran Don Quijote y Sancho. Es la obra que representa Maese Pedro con sus títeres, la historia de la francesa Melisendra, esposa de don Gayferos, a quien tenía cautiva el rey Moro Marsilio, más la liberación por parte del enamorado de esta dama con el final de la persecución por parte de los moros. Llegado este lance, don Quijote en su locura no se da cuenta de que son títeres, destruyendo teatro y muñecos con el fin, según él, de salvar a los fugitivos.
El 25 de junio de 1923 se estrenó en el palacio de la princesa de Polignac en París El retablo de maese Pedro de Manuel de Falla, una de las obras escénicas más singulares e importantes de la historia de la música española. Concebida como una breve ópera de cámara para títeres, la obra se había escuchado ya en marzo de aquel mismo año en el teatro San Fernando de Sevilla, pero en versión de concierto. Para el estreno parisino Falla contó con la colaboración del profesor, grabador y escenógrafo Hermenegildo Lanz (Sevilla 1893 – Granada 1949). En 2009, su nieto Enrique Lanz, líder de la prestigiosa Compañía Etcétera, creó unas marionetas gigantes para presentar la obra en el Teatro Real que también se llevó al Auditorio de la capital asturiana gracias a la Fundación Ópera de Oviedo, y son esas marionetas las que llegaron al escenario de la Alhambra en dos funciones para celebrar su centenario.
Este jueves ya rodada la primera representación, todo encajó a la perfección: una OCG bien balanceada pese a su disposición, con una cuerda delicada (bravo el concertino), precisa y bien contrastada, las lengüetas encajando, los metales en su justa presencia, el clave “histórico” escuchándose más presente y límpido (con un Garvayo que no falla) y la percusión de Noelia Arco encajada en membranas, pandereta y castañuelas… hasta el eolífono o máquina de viento (que algún periodista en el estreno confundió con corrientes que se colaron en el palacio renacentista de Machuca) sopló más precisa “enlazando aires”. Aarón Zapico mantuvo la tensión necesaria para no dejar nada fuera de control, dominio absoluto tanto de la música como de la escena, mimando al trío vocal que este jueves la amplificación “trató mejor”, y en general un excelente “tríptico quijotesco” capaz de aglutinar y organizar una acción donde las épocas barroca y rococó junto al neoclásico de Falla, todas sin pausas, se organizaron para que el número final tuviese la preparación ideal que ayudase a entender toda esta ópera imperial más que camerística, espectáculo total completando un programa donde la magia volvió a surgir y creer que los títeres tienen vida propia y cantan.
Si el día del estreno la tarde mojó los títeres haciéndolos aún más pesados, la segunda fue perfecta y la compañía de Enrique Lanz volvió a triunfar (pese a algún espectador con los pulgares abajo desconociendo su rechazo). La música unió una acción en siete cuadros donde los títeres grandes cantan y presentan el “teatrillo” ya mágico manteniendo la esencia de hace 100 años. Arrancando alguna que otra risa, Melisendra encantadora con el concertino poniéndole el sentimiento, rescatada a caballo por Don Gayferos, los clarines, los “chacolíes” azotando y la música reforzando, títeres que contemplan los grandes, los cervantinos que cantan y actúan, el esforzado Trujamán de Alicia Amo, el niño de “doble voz”, el Maese Pedro de David Alegret que da con la campana el arranque de la acción, y el potente Don Quijote de José Antonio López todavía más corpóreo que su réplica gigantesca blandiendo la espada con la que desbarata el “tinglado”.
Pero la música de Telemann y Boismortier alternándose como si fuese única ex profeso para el espectáculo redondeó el éxito. Sabia organización del director langreano, un Aarón Zapico con tablas y conocimiento de este repertorio barroco diseñado desde la óptica escénica que encajaría perfectamente con Falla, el pregón musical y después de Maese Alegret invitándonos al palacio cual venta desde la Sinfonía que abriría el telón para que Alicia Trujamán fuese narrándonos la acción de “los Etcétera”.
Final de “Estocadas reveses y mandobles” que no destrozan sino que resucitan este retablo centenario donde Melisendra será Dulcinea y el tríptico sobre Don Quijote una ópera imperial que nos haría despertar después de 100 años con “otro sueño de una noche de verano granadino”.
P. D.: Muy recomendable la exposición en el Centro Federico García Lorca hasta octubre de este año comisariada por Andrew A. Anderson.
Ficha:
Palacio de Carlos V, jueves 22 de junio, 22:00 horas. 72 Festival de Granada. Universo vocal (Ópera I): El retablo de maese Pedro: “Un tríptico sobre Don Quijote”. Obras de Telemann, Boismortier y Falla.
Reparto:
Orquesta Ciudad de Granada (OCG) – Alicia Amo, soprano (Trujamán) – David Alegret, tenor (Maese Pedro) – José Antonio López, barítono (Don Quijote) – Juan Carlos Garvayo, clave – Aarón Zapico dirección musical. Compañía Etcétera. Enrique Lanz dirección de escena, títeres, escenografía y proyecciones.

De princesas y emperadores

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Miércoles 21 de junio, 22:00 horas. Inauguración del 72 Festival de Granada. Palacio de Carlos V, Universo vocal (Ópera I): El retablo de maese Pedro: “Un tríptico sobre Don Quijote”. Orquesta Ciudad de Granada (OCG), Alicia Amo (soprano), David Alegret (tenor), José Antonio López (barítono), Juan Carlos Garvayo (clave), Aarón Zapico (dirección musical); Compañía Etcétera, Enrique Lanz (dirección de escena, títeres, escenografía y proyecciones). Obras de Telemann, Boismortier y Falla.

Granada y Manuel de Falla forman un tándem inseparable desde que el gaditano la visitase varias veces a partir de 1915 hasta instalarse en 1921. La ciudad de Lorca uniría al poeta universal con el compositor y con el artista Hermenegildo Lanz, que llegaría a la ciudad nazarí en 1917, amistades que entre tanto talento dejarían “Los títeres de Cachiporra de Granada” junto al musicólogo Adolfo Salazar, o la “Fiesta del Día de los Reyes Magos” también con el llamado teatro guiñolesco. La princesa de Polignac encargaría a Falla El retablo de maese Pedro, especie de ópera de cámara moderna (que terminaría el 6 de enero de 1923) inspirada en estas funciones con títeres, y se estrenaría en el palacio parisino un 25 de junio de 1925, donde se utilizaron dos tipos de títeres: muñecos grandes para los personajes del público y figuras planas para los personajes del retablo.
Cien años después, “El retablo” sigue siendo palaciego, mejor en la Granada imperial de Carlos V que en el París de los “felices años 20” con la heredera de Singer (el de las máquinas de coser), invadido por el mismo espíritu original de Lorca, Lanz y Falla (muy recomendable la exposición en el Museo Casa de Los Tiros”El pasado presente” sobre el centenario del retablo hasta el 3 de septiembre) y que tenía que estar en este histórico Festival.
Todo un espectáculo en torno a la figura de Don Quijote con la OCG bajo la batuta del asturiano Aarón Zapico que pergeñaría un tríptico desde el barroco que domina desde sus inicios musicales, hasta este Falla centenario, una música global sin pausas con la inspiración literaria para unas músicas que sonaron como un “sueño de una noche de verano” con cumpleaños feliz tras detenerse las tormentas.
Con el palacio al completo en esta inauguración donde no faltó nadie ni nada, comenzaría a sonar Georg Philipp Telemann (1681-1767) y la Burlesque de Quichotte, obertura-suite en sol mayor, TWV 55:G10 (1716), la OCG ubicada atendiendo a la escenografía posterior y con las lengüetas algo separadas que tardaron en ensamblarse, con un Zapico pisando el acelerador apostando por los contrates y tempi arriesgando con una respuesta orquestal impecable y de auténtico barroco.
Sin pausas, aguantando desde la dirección la tensión que enlazaría en una unidad increíble seguiría Joseph Bodin Boismortier (1689-1755) con fragmentos de Don Quichotte chez la Duchesse, op. 97 (1743), misma tensión barroca, cuerda precisa, viento empastando mejor, percusión más “a tempo” y un clave “histórico” algo apagado pese a una amplificación suficientemente discreta que no logró el balance ideal que el Palacio de Carlos V necesitaría para esta música del XVIII con una orquesta del XXI, aunque la entrega de los músicos y su respuesta a la dirección del asturiano fue digna de admiración.
Y con la proyección en el “sobretelón” de los títeres quijotescos llegaría el esperado «El retablo de maese Pedro» (1919-1923) de Manuel de Falla (1876-1946).
El trío solista ubicado a la izquierda pero la acción de la maravillosa Compañía Etcétera de Enrique Lanz, volviéndonos niños nos hizo creer realmente que los títeres cantan, mantienen la acción en total compenetración con la música, y la amplificación que no siempre ayudó a las voces aunque la producción posterior seguramente encuentre el equilibrio justo. Con el cambio al clave “histórico” de Juan Carlos Garvayo, algo limitado en volumen pero con momentos de presencia impecable, una OCG sin limitarse en plantilla a la ideada por Falla, pues el palacio imperial necesitaba más músicos que el salón de “La Polignac” y una sincronización perfecta entre música y escena, Maese Pedro interpretado por el tenor David Alegret daría la pauta de este teatrillo al que cien años no son nada ante su actualidad en todos los aspectos, de amplificación compleja que no ayudó a disfrutar de su color ni textos. Del Trujamán interpretado por la soprano Alicia Amo comentar que tuvo la complejidad vocal de las transiciones entre un timbre de niño con los cambios dramáticos y la no siempre clara dicción, creo que debida a mi cercanía (fila 8) que mezclaba el sonido directo con el amplificado, aunque compensada por esos “cambios de registro” que ayudaron a la conjunción escénica necesaria. En cambio Don Quijote del barítono José Antonio López, siempre seguro de calidad y emisión, no tuvo las diferencias entre «natural y artificial» de su proyección y sensación de poderío, tanto corporal como de proyección, ventajas de esas voces que ni siquiera cambian el color ni la presencia tan necesarias para este Quijote de Falla.
Triunfo total de Enrique Lanz y toda su compañía, un equipo entregado hace años que volvía a dar vida a unos títeres históricos, familiares, con una escena tan creíble como bella con todo lo que conlleva mantener y actualizar un legado centenario. Espectáculo total es la ópera incluso de cámara, el Falla libre para crear esta joya tan actual como entonces desde la grandeza imperial que al fin es justa con una partitura bien leída e interpretada por un elenco al mando del maestro Zapico, conocedor de primera mano de esta producción que ya vivió e interpretó en Oviedo allá por 2009 desde el clave, y con mando absoluto este miércoles de festejos múltiples, llegada del verano para una noche primaveral donde Falla sigue presente y vigente.
La magia prosiguió en la noche granadina sin movernos de La Alhambra, asturianos y hermanos gallegos cerrando círculos y experiencias que mejor contarlas de palabra, pues hay sentimientos y casualidades en la vida que darían para una película. La banda sonora será de Falla…

Granada día 0

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Mañana 21 de junio comienza la 72 edición del Festival de Granada. Historia viva de nuestra música española y siempre unido al nombre de Manuel de Falla, el gaditano enamorado de la capital nazarí. Este 2023 y ya jubilado será todo un orgullo, además de enorme placer, asistir y contar desde aquí lo que me espera en un mes que será inolvidable y tal vez la envidia de todo melómano.

En mis años de estudiante con el profesor Casares, Granada y su festival ya eran algo para no perdérselo, y si además es parte de mi propia historia personal por estar casado con una psicóloga licenciada en esta universidad, era lógico que nos escapásemos a compartir recuerdos de juventud. Mi profesión docente estaba siempre marcada por el calendario escolar, lo que no impedía pasar algunos días de las vacaciones de navidad en esta  ciudad mágica, y mi primera vez en el festival fue en su edición 60 de 2011, conociendo en persona al siempre añorado «El Pérez» con quien comentar su monografía sobre Mahler que ya preparaba segunda edición ampliada, pudiendo escaparme al concierto que no podía perderme, puesto que mis admirados Forma Antiqva actuarían en el Auditorio con un programa que sería un hito en la historia de los langreanos y además la llevarían al disco «con un par», tras una de mis mejores experiencias musicales que reflejé en aquel blog que comenzaba su andadura en 2008 pero donde Granada sería el punto de inflexión.

Con motivo de los 70 años del Festival, ya peinando canas y próxima la jubilación, María del Mar Peña directora de «La oculta Granada» me pedía unas notas que de nuevo plasmé en este blog tras la mudanza con la que cambié de plataforma pero no de sentimientos, rememorando mi primera escapada al Festival (con mayúscula pues no hay otro igual). Ahí escribía hace dos años: «…toda una vida plena que espero volver a disfrutar cuando llegue mi esperada jubilación donde el calendario no será escolar sino plenamente melómano y los conciertos de junio y julio en la ciudad de La Alhambra sigan llenando mi mochila de viajes desde “Siana al mundo y con la música por montera”. Larga vida al Festival de Granada», y aquí estoy cumpliendo un sueño, como rezaba el titular de prensa «el sueño de varias noches de verano».

El 72 Festival arranca con una celebración única, el centenario de «El Retablo de Maese Pedro», una producción que la Ópera de Oviedo nos llevó al Auditorio en diciembre de 2009 enamorándonos de Hermenegildo Lanz y ahora su hijo, repitiendo ahora esta celebración nada menos que en el Palacio de Carlos V y con mi querido Aarón Zapico dirigiéndolo (en Oviedo estaba al clave) al frente de un plantel de voces conocidas y algunos de los principales atriles de la Orquesta Ciudad de Granada, que dirige Lucas Macías compartiéndola con la Oviedo Filarmonía (al final la conexión norte-sur funciona mejor que el tren o los aviones…).

Si hace 12 años tenía «la obligación» de asistir, este 2023 ya es «devoción». Imposible mejorar esta inauguración en una ciudad mágica, en un alojamiento increíble y agradecido a Antonio Moral, a Teresa del Río y a este Festival poder vivir en primera persona esta experiencia que ya forma parte de mi mochila musical y vital, pues «Falla no falla». Con un mes por delante lo difícil ha sido elegir entre tanta oferta magnífica y preparar mi estancia. Seré «Un asturiano en Granada» durante un mes, y esto no tiene precio.

Víctor Luque, el maestro del Oviedo Secreto

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Sobre la vida y la trayectoria profesional del guitarrista, fallecido el martes a los 84 años

Artículo para LNE del jueves 9 de marzo, con los añadidos de fotos (propias y de las RRSS), links siempre enriquecedores, y tipografía que a menudo la prensa no admite.

Este martes me enteraba por nuestro común amigo Miguel F. Mijares de la muerte del irrepetible e indescriptible Víctor Luque en su actual casa de Borines, tras una caída y un golpe en la cabeza.

Víctor Pérez del Villar Luque (Oviedo, 1938) es escribir de la historia de la música, y de la mía propia, con ella por montera. Mis primeros recuerdos son con su Jeep aparcado en el “Campo de maniobras” donde está ahora La Nueva España, preparado para un safari africano, pues viajar era su gran pasión y la guitarra fiel compañera, del que el diario carbayón tendrá en el archivo sus crónicas. De sus tiempos con el Quinteto de Armónicas “La Praviana” me hablaba mi tío Paco, junto a Toni el joyero que también era conocido de mi familia. Y su aparición en la televisión en blanco y negro un acontecimiento que asombró a quienes nunca le habían escuchado cantar y tocar la guitarra, también su armónica (la bajo siempre difícil). Músico sin etiquetas que hacía suyo todo lo que interpretaba, jazz, folklore sudamericano pero también las bandas sonoras.
Pero mi verdadera amistad con Víctor arrancaría en las noches ovetenses de los años 70, sus recitales en los pubs donde el Padocks, en un sótano de la calle Marqués de Pidal frente a la entonces parada del bus al aeropuerto, lo cerrábamos tras una sesión conmigo al piano y saliendo por el portal pues no eran horas de que nos viesen salir de día subiendo las escaleras y abriendo aquella puerta verde. El Viva y el Tigre Juan del Antiguo, la calle la Luna, ¿cuál si no? del Nessy y La Quintana al lado, toda la “Guía Secreta de Oviedo” que escribiese Juan Cueto.

Como la canción Noches de bohemia y de pasión, compartidas con tantos amigos comunes entre los que no faltaban mis maestros en el Mester de Juglaría Wima y Luis Cueva (sumándose ahora a esta nueva ronda celestial) y el querido Miguelín con el requinto, todos alrededor de unas canciones que gracias al maestro Luque descubrimos sus ritmos y melodías que nos acompañarán toda la vida.

El famoso LP “La guitarra imposible” es una de las joyas que atesoro, donde igual sonaba un pupurrí de los Beatles que una milonga sin trampa ni cartón, porque estaba grabado de un tirón y en una sola pista sin trampas, con aquella Ovation que sonaba increíble y cuyo máster pude escuchar con Avelino López Díaz, otro polifacético carbayón, tras una escapada con “Los Juniors” a su estudio allá en Villayón. Y es que Víctor no se prodigó mucho en disco, lo suyo era el directo, la noche y el güisqui con los amigos.

Pero sí logró llevar a cabo su proyecto de tocar y grabar con “Los Virtuosos de Moscú”, donde el piano era más difícil de lo que yo pensaba y decliné participar para finalmente ser el genuino virtuoso Sergey Bezrodny quien lo dejase grabado para la eternidad, con unos arreglos prodigiosos de mi querido Luisín, que hoy son un incunable de la discografía bajo el patrocinio de la extinta CajAstur celebrando que “… cincuenta años no es nada”, y que con 84 años aún era joven para seguir asombrando con su magisterio y bonhomía.
Recuerdos de muchas veladas al lado de La Jirafa en otro pub subterráneo con un grande del violín, Luis Miquel Álvarez R. de la Peña (con quien también compartí bolos, noches y copas), emulando a Grapelli con Django Reinhardt, sumándose Jesús A. Arévalo al piano, entre tantos músicos que acudíamos a unas sesiones que muchos seguimos recordando.

Siempre con la música de su guitarra y los viajes, muchos primeros domingos de agosto en San Marcelo (Cornellana) compartiendo mesa, sobremesa y canciones en casa de Lolo y Aurora, verdaderas fiestas que no tenían hora de cierre para volver a Mieres, donde Víctor estaría una temporada viviendo en Rozadas de la Peña antes de instalarse en Borines. Una vida llena de historias con música, de amores y desamores, de ilusiones y frustraciones, y que al menos tuvo el merecido reconocimiento en vida del AMAS honorífico de 2021, creo que la última vez que nos vimos. Al menos me quedará siempre su música, su magisterio y su amistad.

La Big Band del Universo sigue creciendo con otra de mis estrellas queridas, y seguro que Víctor Luque será la figura invitada en la próxima sesión nocturna ya sin prisas, compartiendo escena con tantos amigos que le esperan en el más allá musical desde este triste 7 de marzo. Que la tierra te sea leve.

Recuperando la figura de Jesús González Alonso

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La Colección «René de Coupaud» está recuperando nuestro patrimonio musical asturiano con grabaciones que son auténticas joyas documentales y documentadas, y poco a poco van apareciendo con mucho trabajo nuevos títulos (hasta ahora uno cada dos años). Primero fue el CD doble dedicado a «Tres misas de gaita. Entre la tradición y la conservación del patrimonio asturiano» donde mi memoria retrocedió muchos años hasta San Marcelo en Cornellana con el siempre recordado Lolo. El segundo volumen sería un CD con DVD dedicado al malogrado teclista «Berto Turulla. Una mirada moderna a la música popular de Asturias», que de nuevo me llevaría a otro viaje temporal, a mis años de juventud cuando los teclistas escuchábamos sus intervenciones y envidiábamos su arsenal de sintetizadores en todas las formaciones con las que estuvo.

El pasado día 9 de enero tuvo lugar en el Antiguo Instituto Jovellanos de su Gijón natal la presentación del volumen 3 «Jesús González Alonso. Ecos de un pianista gijonés en la Escuela Superior de Música de Viena«, donde al fin pude hacerme con la música grabada de este gran pianista que marcaría mis estudios de piano tras escucharle en Oviedo cuando ganó en 1971 el Concurso de Casa Viena, y posteriormente en Mieres con el programa que dejo a continuación, donde interpretaría este repertorio que dominaba como pocos y le llevó hasta Helsinki, Frankfurt, Hamburgo, Viena y posteriormente a San Sebastián donde moriría prematuramente con solo 41 años en el mejor momento de su carrera profesional y docente.

A Jesús González Alonso (Gijón, 1946 – San Sebastián, 1988), el ayuntamiento de su ciudad a título póstumo en 1990 al menos le ha dado una calle a tan ilustre gijonés. En la presentación del Libro-Disco se contó con la presencia de su hermana Blanca (guardiana de su legado) junto a Manuel Ángel Vallina, concejal de cultura del Ayuntamiento de Gijón, y Eduardo G. Salueña, verdadero hacedor de este proyecto y digno «heredero» de nuestro querido René, así como Miguel Barrero, director de la Fundación Municipal de Cultura, Educación y Universidad Popular de Gijón, y José Ramón Méndez Menéndez, uno de sus alumnos que siguen teniéndole como referente, también emigrado, y que es el organizador y director del festival internacional de piano que lleva el nombre del maestro gijonés desde 2011.

Con amplia difusión en los medios de comunicación asturianos, de los que dejo algunas capturas de pantalla aquí, al fin pude hacerme con la música grabada del gran pianista, alumno en sus inicios gijoneses de Enrique Truán (otro gran docente a los que seguirían Cubiles, Carrá y tantos), que marcaría mis estudios de piano tras escucharle en Oviedo cuando ganó en 1971 el Concurso de Casa Viena que se celebraba en el antiguo Conservatorio de la calle Rosal a principios de septiembre (aunque ya por aquel entonces acumulaba muchos premios), coincidiendo con mis fiestas de San Mateo en casa de los abuelos, y posteriormente en Mieres el 28 de febrero de 1972, donde iba pertrechado de una grabadora de casete (que borraba para el siguiente concierto tras horas de escucha como alguna vez le comenté a otro querido maestro gijonés de la misma generación que Jesús González) con el programa que dejo a continuación:

Recuperar su música grabada (gratitud al sello Zweitausendeins© para quien grabó estas músicas en formato analógico, remasterizadas por Fernando Oyágüez Reyes) es un auténtico disfrute además de un «viaje al pasado»; sumemos el libro que acompaña este tercer volumen, con fotos del archivo de su hermana (que también ilustran esta entrada) y textos de Sheila Martínez Díez con los del citado José Ramón Méndez, completa no ya mis recuerdos sino la necesaria historia bien documentada del malogrado pianista gijonés.

Poder volver a escucharle con Mussorgsky y Gershwin (grabados en 1979) sigue siendo toda una referencia por su interpretación y sonoridad. Otro tanto de los autores españoles (1982): Albéniz (qué pena no tener su Iberia completa), Esplá o Granados, convirtiéndole en una de los embajadores de nuestra música; y de auténtico regalo la digitalización de la Sonata 50 de Haydn (custodiada en cinta de bobina por su hermana), corroborando el magisterio en todos los estilos y épocas del piano que atesoraba el gran Jesús González Alonso. Las fotos son recuerdos imperecederos, pero además poder escucharle en el extracto de su entrevista para el programa «Música Ficta» de Radio Gijón (24/04/1981) con Avelino Alonso nos deja su voz y amplia visión musical.

Desconozco si desde Gijón tendremos más volúmenes ni a quien se dedicarán, pero verdaderamente los tres actuales son ya tesoros que guardo en formato físico, pues el de la memoria continúa para siempre y las emociones siguen a flor de piel, más con Jesús González Alonso. Lo bueno de cumplir años es seguir llenando esta mochila de la vida.

Mi felicitación al Taller de Músicos de Gijón con Eduardo al frente no solo por este regalo más allá de lo personal, y por supuesto al Ayuntamiento de Gijón por apoyar esta colección imprescindible para melómanos «omnívoros» donde este tercer volumen rescata del inmerecido olvido a mi siempre admirado Jesús González Alonso.

Y que cumplan muchos más

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Viernes 16 de diciembre, 20:00 horas. Teatro Campoamor, Oviedo: GALA LÍRICA “30 + 20. MELODÍAS PARA UN ANIVERSARIO”: Beatriz Díaz (soprano), José Bros (tenor), Oviedo Filarmonía, Óliver Díaz (director). Recital de ópera y zarzuela. Entrada butaca: 20 €.

Crítica para Ópera World del sábado 17 de diciembre con los añadidos de links (siempre enriquecedores), fotos propias y tipografía que a menudo la prensa no admite.

Dos figuras de la lírica muy queridas en Asturias se unían para celebrar una carrera que sigue al alza con el paso de los años, cumpliendo treinta desde su debut el tenor barcelonés José Bros y veinte la soprano allerana Beatriz Díaz, dos cantantes que han compartido escena varias veces y volvían este viernes, casi navideño, al Teatro Campoamor (75 años de la Temporada de Ópera de Oviedo,) donde tantas noches hemos disfrutado con sus triunfos, esta vez junto a la Oviedo Filarmonía (OFIL) dirigida por el ovetense Óliver Díaz.

El programa habitual en este tipo de recitales se organizó con ópera y zarzuela en dos partes junto a oberturas e intermedios que sirven para descansar las voces sin perder coherencia con las obras elegidas, entrelazando arias y dúos de calado, más romanzas de nuestro gran género para que Bros y Díaz repasasen sus mejores momentos sobre las tablas.

Tener a la Oviedo Filarmonía bajo la batuta de Óliver Díaz es asegurar calidad y buen entendimiento, una orquesta que también va cumpliendo años y creciendo por igual encima del escenario que desde el foso, como en esta gala aprovechando la escena de “Hamlet”, volviendo a demostrar en las páginas instrumentales una sonoridad corpórea y una musicalidad para la lírica realmente destacable, especialmente en el Intermedio de Manon Lescaut (Puccini) donde sigue emocionando no sólo por conocido sino por lo bien interpretado que estuvo, además de la poco escuchada obertura de La Princese jaune, op. 30 (Saint-Saëns), y otro tanto con las páginas de zarzuela, desde el bellísimo “Intermedio” de La pícara molinera (Luna) abriendo la segunda parte, al menos escuchado y bellísimo de La montería (Guerrero), género donde el maestro Díaz es un referente y verdadera autoridad, reafirmando el buen entendimiento y la química entre formación y director.

En las arias y dúos además de disfrutar con las voces de Bros y “La Díaz”, la orquesta de la capital estuvo siempre al servicio de ellas, con “el Díaz” ovetense sacando lo mejor de lo músicos, mimando cada pasaje, degustando unas partituras que son oro molido, especialmente Puccini y Massenet, y que con la OFil “abajo” nos permitió escuchar al dúo en su vocalidad total “arriba”.

De las arias operísticas José Bros nos dejó dos con su entrega total como “un obrero de la lírica” -así se define el catalán- y la conocida profesionalidad a lo largo de toda su longeva carrera, este viernes con algún problema añadido, puede que alguna afección sobrevenida ante el frío de diciembre que siempre provoca alguna flema o “telilla”, amén de sus cambios de color buscando la expresividad, casi cincelando cada nota, mejorando en el fuerte de unos agudos aún poderosos, que fue solventando a lo largo de la gala, páginas que ha llevado por medio mundo, siendo Oviedo una de las paradas obligadas: la conocida “Una furtiva lagrima” de L´elisir d’amore (Donizetti) del Nemorino todavía frío abriendo velada y “Pourquoi me réveiller”, de Werther (Massenet) con el que siempre viene a mi memoria Alfredo Kraus, flojo pero sentido y aplaudido.

La asturiana Beatriz Díaz, en un momento vocal pleno, se mostró cómoda en escena donde es envidiable cómo afronta cada personaje, eligiendo para comenzar “Ebben? Ne andrò lontana” de La Wally (Catalani), bellísima línea de canto llena de matices, y la esperada “Mi chiamano Mimì” de La Bohème (Puccini) que tras años como Musetta por fin debutará como protagonista el próximo año en Alicante, un rol que no me cansaré de repetir parece escrito a su medida, jugando con los registros, filados “marca de la casa”, emoción y carne de gallina en esta página que nuestra soprano ha hecho suya totalmente.

En esta parte operística, dos de los dúos donde admirar la suma de entendimiento y buen gusto de esta pareja felizmente arropada por la orquesta bajo la batuta clara y precisa del maestro ovetense: “Suzel!… Come si è fatta pallida” de L´amico Fritz (Mascagni), la misma donde coincidieron por primera vez en noviembre de 2002, que con el paso de los años alcanza la madurez necesaria para afrontarla en su plenitud, pura escena donde un Fritz comedido no brilló tanto como la dominadora Suzel, más la emocionante escena de Saint-Sulpice de Manon (Massenet), maravilloso dúo que de nuevo con “La Díaz” asombró de principio a fin, la juventud ya madura para esta Manon francesa hoy allerana (con)venciendo al Des Grieux barcelonés.

Nuestra zarzuela necesita voces como las de este viernes para ponerla en el mismo lugar que “la hermana mayor”, y así pudimos comprobarlo en la segunda parte con las dos romanzas de soprano “Qué feliz mi vida fuera” de La labradora (Magenti) y “Tres horas antes del día” de La marchenera (Moreno Torroba) no lo suficientemente escuchadas pero que Beatriz Díaz cantó con su impresionante técnica y musicalidad, la misma que hace poco llevó a Sao Paulo (Brasil) en una gala puramente española, estilo y salero inconfundibles, gracejo y buen cantar, junto a las más conocidas de tenor “Por el humo se sabe” de Doña Francisquita (Vives) y “No puede ser” de La tabernera del puerto (Sorozábal) donde José Bros superó los problemas iniciales mostrándose cómodo en el registro medio y más pleno en los agudos, agradeciendo su entrega en unas partituras donde siempre sobrevuela en mi recuerdo “el tenor” (entiéndase Don Alfredo Kraus Trujillo).

Y otros dos dúos de altura para redondear las intervenciones en solitario, primero “Le van a oír” de Doña Francisquita (Vives), Fernando Bros y Francisquita Díaz en dramaturgia pura antes de la sorpresa previa al último número. Proyectando un vídeo que recogía los mejores momentos en el coliseo lírico de la capital asturiana de esta pareja, especial el “Elisir” de ambos (2017), o los Puccini únicos de la allerana: Liù (2012) más la inolvidable Butterfly (2020) que emocionó a todos, incluyendo al que suscribe por haberlos vivido con ellos.

Palabras de agradecimiento a “las melodías de Oviedo” como rezaba el último fotograma, Bros siempre querido y entregado en el escenario, Díaz reconociendo estar en casa recogiendo el cariño del público sin el que nada tendría sentido. Secando lágrimas y tragando saliva, al fin el mejor cierre con el conocido “Torero quiero ser” de El gato montés (Penella), Juanillo rematando faena, Soleá con mantón de verónica, Bros bravo, Díaz cautivadora y la música torera de la OFil con el mayoral Díaz en el arte de la doma, que no rejoneo, para completar un cuadro final soberbio.

Y si el regalo fueron las propias voces, aún nos darían el suyo: Bros El último romántico (Soutullo y Vert) con “bella enamorada” rematando esta gala de menos a más, tras la Beatriz Díaz rescatando de su amplio repertorio la canción andaluza de El dúo de la africana (Fernández Caballero), que sigue ganando con los años, y el mejor colofón con la Jota “No cantes más la Africana”, dúo de aniversario con dos carreras que tras diez años de distancia volvían a unir sus caminos en este punto de encuentro lírico que es el Teatro Campoamor, esperando como finaliza la canción que no se interpretó “…Y que cumplan muchos más”.

Ficha:

Teatro Campoamor, Oviedo, viernes 16 de diciembre de 2022, 20:00 horas. GALA LÍRICA “30 + 20. MELODÍAS PARA UN ANIVERSARIO”: Beatriz Díaz (soprano), José Bros (tenor), Oviedo Filarmonía, Óliver Díaz (director). Recital de ópera y zarzuela.

Programa:

Primera parte

Obertura de La Princesse jaune, op. 30 (C. Saint-Saëns). “Una furtiva lagrima”, de L´elisir d`amore (G. Donizetti).
“Ebben? Ne andrò lontana”, de La Wally (A. Catalani).
“Suzel!… Come si è fatta pallida”, de L´amico Fritz, (P. Mascagni).
Intermedio de Manon Lescaut (G. Puccini).
“Mi chiamano Mimì”, de La Bohème (G. Puccini).
“Pourquoi me réveiller”, de Werther (J. Massenet).
Escena de Saint-Sulpice, de Manon (J. Massenet).

Segunda parte

Intermedio de La pícara molinera (P. Luna).
“Qué feliz mi vida fuera”, de La labradora (L. Magenti).
“Por el humo se sabe”, de Doña Francisquita (A. Vives).
“Le van a oír”, de Doña Francisquita (A. Vives).
Intermedio de La montería (J. Guerrero).
“No puede ser”, de La tabernera del puerto (P. Sorozábal).
“Tres horas antes del día”, de La marchenera (F. M. Torroba).
“Torero quiero ser”, de El gato montés (M. Penella).

Viva Hamlet, nuestro rey

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Lunes 5 de diciembre, 19:00 horas. Club de Prensa «La Nueva España«, Oviedo. Conferencia de Mª Encina Cortizo:  «’Hamlet’ de Ambroise Thomas: Shakespeare en la ópera francesa».

Con ganas de escuchar el Hamlet de Thomas a partir del jueves 8 a las 19:30 horas en la LXXV Temporada de Ópera de Oviedo, que contaré desde aquí y también para «Ópera World«, vamos preparándonos para este estreno escuchando y leyendo no sólo la historia del príncipe danés más universal por un Shakespeare que ambientó su obra en un Helsingør (o Elsinor), enfrente al homónimo sueco, que nunca pisó pero que hizo famoso por esta bella localización gélida y geoestratégica.

Y la conferencia de la Doctora Cortizo, presentada por Adolfo Domingo López (responsable de publicaciones de la Fundación Ópera de Oviedo), dentro de las actividades en torno a los títulos de la temporada, no sólo nos aclaró los aspectos del libreto sino cómo influyó el dramaturgo inglés en la ópera, recordándome mis años de estudiante cuando Emilio Sagi, entonces licenciado en Filología Inglesa, que leyó su tesis «musical» sobre Los libretos de Shakespeare en las óperas de Verdi, siendo objeto igualmente de todo un «Curso de Extensión Universitaria» en aquellos felices años 80 y toda una premonición de su posterior trayectoria profesional.

Incluso pude viajar mentalmente a mi querida Dinamarca para volver a visitar Jutlandia o la isla de Sealand, que además de la capital, tiene cerca el famoso castillo de Kronborg, y al norte Gilleleje, un pintoresco pueblo pesquero, sin olvidarme del museo de arte contemporáneo más hermosos que conozco: Louisiana.

Shakespeare es teatro puro y ponerle música todo un reto, especialmente Otello con el que Rossini también se atrevió aunque quedase eclipsado por el genio de Busseto, como bien nos recordó mi admirada María Encina Cortizo.

El Hamlet del francés Ambroise Thomas (1811-1896) parte del libreto de Jules Barbier y de Michel Carré, organizado en cinco actos, y se estrenó en la Ópera de París en 1868 con gran éxito, armonizando elementos de la grand opéra, sin olvidarse del ballet que tristemente suele omitirse por cuestiones económicas y de duración, con influencias de Gounod y Berlioz, especialmente su orquestación admirada por Tchaikovsky que se enamoraría del empleo de unos metales regios donde aparecía el saxofón.

Mezcla de estilos artísticos que dan como resultado una obra enormemente atractiva, con excelentes ocasiones de lucimiento para los cantantes, mayormente hombres pero con la Ofelia inspiradora también en pintores como Millais o Delacroix, éste con verdadera «hamletmanía» llevada a una colección de grabados que Cortizo nos mostró. También interesante conocer la evolución de la traducción-traición de Jean-François Ducis, el libreto ya rehecho por Alejandro Dumas padre y Paul Meurice, pasando por las voces que entonces la estrenaron (el barítono francés Jean Baptiste Fauré y la soprano danesa Christine Nilsson), sin olvidarse de un Manuel García al que debemos reivindicar mucho más, Adelina Patti o «la Galli-Curzi«. Algunos números de la ópera como el famoso «Ser o no ser», la «locura» de Ofelia o ese final coral y heróico con el Viva Hamlet nuestro rey también pudimos escucharlos para ir abriendo boca o mejor oído.

Sin entrar a fondo en la estructura del libreto, la doctora nos desmenuzó el original y las adaptaciones del drama de Shakespeare para hacerlo más musical, partes añadidas y eliminadas siempre buscando la carga y acción escénica tan necesaria para una ópera que merece ser más representada. Esta visión o inspiración en el Hamlet presenta de forma clara los episodios fundamentales de la tragedia shakesperiana, en la cual el personaje protagonista (que cantará el barítono asturiano más universal, David Menéndez) se ha convertido en un personaje dramático de carácter universal porque es un icono de la conciencia humana. Y el resto del elenco de Oviedo no tiene desperdicio, con otros nombres conocidos y queridos en la capital del Principado como Simón Orfila (Claudius), Alejandro del Cerro (Laërte) más la muy esperada Ophélie de Sara Blanch con escena de Susana Gómez y la dirección musical de la francesa Audrey Saint-Gil al frente de la OSPA.

Ya vamos descontando horas para una ópera que Oviedo pone en cartel para todos los fieles aficionados, con alguna escapada del resto de España que ya contactaron para no perderse alguna de las cuatro funciones (8, 11, 14 y 17 de diciembre) de este Hamlet.

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