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Un banquete polaco

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Domingo 1 de marzo, 19:00 horas. Conciertos del Auditorio: Sinfonia Varsovia, Fumiaki Miura (violín), Pinchas Zukerman (violín, viola y director). Obras de Bach, Kilar, Mozart y Dvořák. Fotos propias y de Pablo Piquero.

Si el pasado viernes hacía paralelismos entre música y gastronomía, este primer día de marzo mi querido Arturo Reverter (Santiago de Compostela, 1941) titulaba sus notas al programa como «Menú musical muy digestivo», y es que la Sinfonia Varsovia con uno de las pocas leyendas vivas que nos quedan, el israelí Pinchas Zukerman (Tel Aviv, 16 de julio de 1948) nos ofrecían cuatro obras cual excelente banquete orquestal, músicas del Barroco, Clasicismo, Romanticismo y Contemporánea, con el violinista japonés Fumiaki Kiura (Tokio, 1993), nuevamente junto al maestro que nos dieron una lección de «alta cocina».

Los años pasan para todos y el maestro Zukerman, que ya nos había visitado en este ciclo pero como solista de violín con Iván Fischer y la Orquesta del Festival de Budapest en 2012, mantiene su magisterio tanto en la viola como en el violín (un caso extraordinario) y la dirección, siendo otra oportunidad de disfrutar en «La Viena Española» de figuras que recuerdan su paso por Oviedo y tienen marcada parada «obligada» en giras donde a menudo solo Madrid y Barcelona las disfrutan, aunque también estén Valencia o incluso Santander, que está buscando sitio en este mapa musical español.

Es difícil encontrar en un programa tan variado música de Bach interpretada desde visiones bien (in)formadas  sin recurrir a las historicistas, pero la Sinfonia Varsovia puede afrontarlas solo con su calidad y sonoridad de su cuerda (más el siempre necesario clave) que transitó por este «menú cronológico» asombrando de principio a fin. El Concierto para dos violines en re menor es una de las muchas joyas de «dios Bach», y si contamos con dos solistas de altura el goce es aún mayor. Miura y Zukerman que dobla en edad al japonés, demostraron el entendimiento entre los dos Guarnieri (el primero un Kaston, de 1732, y un Dushkin, de 1742 el segundo) que sonaron como uno solo, muy cuidados los arcos, los fraseos que pasaban de uno a uno con total naturalidad y uniformidad tímbrica, la limpieza en la ejecución de los movimientos extremos y la hondura del central, contando con la complicidad de una orquesta camerística comandada por Jakub Haufa, siempre atento a las dinámicas que sin necesitar los contrastes extremos nos dejaron un «entrante» para paladear el siguiente plato.

De una época lejana a la actual y dejando la cuerda básica (5-4-3-2-1) bajo la dirección desde el atril de Haufa, nos dejarían Orawa (1986) del polaco Wojciech Kilar, nacido en Leopolis (hoy es de Ucrania) y fallecido en Katowice, a quien he recordado como autor de la banda sonora del Drácula de Bram Stoker (1992) de Francis Ford Coppola, que ocupa su lugar preferente en mi fonoteca, y otro de los muchos alumnos destacados de Nadia Boulanger en París. Con un grupo de cámara virtuoso, compenetrado, compacto y homogéneo, Orawa es una obra que podemos calificar como minimalista (aunque las etiquetas no siempre ayuden), con aires de danza popular y muy basada en la repetición, que me recuerda a Steve Reich, o como destaca en las notas al programa mi admirado Don Arturo:

«El polaco Wojciech Kilar fue un músico muy dotado, que se apuntó a las descubiertas que otros colegas (Gorecki, Lutoslawski, Penderecki, por ejemplo) practicaban en busca de nuevas formas de expresión musical. Recorrió distintas etapas y exploró tendencias, siempre con la vista puesta en la música popular de su región, en los Trata, apuntada ya en una de sus obras más populares, Krzesani, de 1974, escuchada hace unas semanas en Madrid. Orawa es bastante posterior, de 1986 y en ella el músico muestra su pericia con un lenguaje aparentemente simple cuajado de frases repetidas y constantes, de una rítmica contagiosa, emparentada con la de un Philip Glass, por ejemplo.

El material temático es enormemente sencillo y económico. El curso va creciendo paulatinamente a través de sencillas y lentas transformaciones, raras espirales y pasajeras zonas de aparente tranquilidad. El curso repetitivo e intenso nos prende y no podemos quitar ojo (oído) a las constantes formulaciones de las sencillas frases. Por momentos la música parece atenazarnos, envolvernos, apresarnos y casi respiramos al concluir. La veintena de instrumentistas de cuerda (número que puede variar) lanzan un grito exultante. Aunque no siempre es expelido. La categoría musical, la preparación y sapiencia de Kilar fue muchas veces apreciada por cineastas como Polanski (El pianista), Coppola (Drácula) o Kieslowski».

Todo un derroche musical en esta página actual pero agradable y con la estética siempre cercana del polaco, que sus compatriotas bordaron de principio a fin con el empuje desde su silla de Haufa, repeticiones que ya utilizó J. Strauss hijo hasta aires folklóricos de danzas transilvanas que desde Bartok o Enescu han inspirado tantas páginas, siendo esta de Kilar una más que añadir a la larga lista que enlaza con nuestro tiempo.

Y antes del descanso otro plato clásico donde disfrutar del genial salzburgués, su Sinfonía concertante para violín, viola y orquesta, rareza porque Pinchas tomaba la viola en feliz emparejamiento con el violín de Fumiaki más una orquesta que cogía cuerpo en la cuerda (10-8-6-5-3) sumando trompas y oboes a dos (¡maravilla de empaste y sonido!). Si en Bach el entendimiento y sonoridad fue única, este Mozart redondeó un imaginado instrumento suma de ambos, con un mano a mano en las cadencias a cual más brillantes y profundas, o unos unísonos como el inicial para concluir con el alegre y detallista final de imitaciones y contrastes entre ambos solistas.

La Sinfonia Varsovia otro instrumento compacto, vibrante, con un Presto final que mostró cuánta calidad mantiene esta formación capaz de «transmutar» periodos tan distintos, con un Zukerman llevándola con mínimos movimientos de su arco o un simple movimiento de cabeza.

Si el banquete ya era exquisito y variado, aún quedaba música para rellenar oídos cual estómagos insaciables, o como escribe Reverter -ilustre gallego afincado en Madrid- citando al biógrafo del checo Gervase Hugues (de su libro Dvorak: His Life and Music) «tras escuchar la sinfonía uno tenga el mismo sentimiento que tendría un hombre robusto y buen comedor después de dar cuenta de un menú consistente en una sopa clara, una pequeña loncha de salmón ahumado, un soufflé de huevo, todo regado con agua fría. No está mal el símil; pero ese menú es en todo caso de una ligereza, de un refinamiento y de una exquisitez nada empachosos». La Octava de Dvořák me ha gustado siempre más que su famosa novena, perdiendo la cuenta de las veces que ha sonado en vivo desde mis años jóvenes hasta la actualidad, y la Sinfonia Varsovia ya trajo todos los condimentos de una orquesta romántica (2 flautas /2ª= flautín/, 2 oboes /2º=corno inglés/, 2 clarinetes, 2 fagots, 4 trompas, 2 trompetas, 3 trombones, tuba, timbales y cuerda / 4-6-8-10-12) para que el Chef Zukerman nos cocinase este plato checo y universal, impecable cada sección, cada solista, con balances perfectos donde poder escuchar todo lo escrito y saliendo a flote los motivos.

Cada movimiento de los cuatro (Allegro con brio / Adagio / Allegretto grazioso / Allegro ma non troppo) era una delicia de escucha, los tempi exactos y sin excesos, la sonoridad envidiable, con un Zukerman del que mi querido Justo Romero ha escrito que «empeñado más en disfrutar y escuchar la música que dirige -como si él mismo fuese público- que a cuidar la interpretación y sus mil y un requerimientos. Es un músico excepcional (¡quién lo duda!), pero en absoluto un director de orquesta dominador del oficio y los resortes que se precisan para sacar adelante un buque sinfónico», algo que no comparto en absoluto pues esta Octava el Maestro la llevó por donde quiso en fraseos, aire, intensidades, rubatos… dejando fluir esta sinfonía con estos músicos polacos que transmiten energía y compromiso con toda la música que interpretaron, el Allegro con brio literal sin quemarse, un Adagio pletórico en cada sección lleno de dinámicas contrastantes hasta los extremos, un luminoso y vibrante Allegretto grazioso de ‘pizzicatti’ delicadamente contrapuestos a los arcos subyugantes con aires vieneses, vientos en el sitio preciso de protagonismo, o el Allegro ma non troppo desbordante de musicalidad.

Cuerda sedosa y rotunda, madera maleable e incluso etérea por momentos, metales brillantes sin estridencias -con un excelente arranque de la trompeta en el último movimiento- y timbales mandando sin excesos dinámicos. Un Dvořák que sigue enamorando por su frescura e inspiración melódica, tarareando al salir el Allegro ma non troppo que me lleva a no olvidar otros tantos conciertos ¡y zarzuelas!.

PROGRAMA

Johann Sebastian Bach (1685-1750):

Concierto para dos violines en re menor, BWV 1043:

Vivace / Largo ma non tanto / Allegro

Wojciech Kilar (1932-2013):

Orawa*

Wolfgang Amadeus Mozart (1756-1791):

Sinfonía concertante para violín, viola y orquesta en mi bemol mayor, K. 364, (320d):

Allegro maestoso / Andante / Presto

Antonín Dvořák (1841-1904):

Sinfonía nº 8 en sol mayor, op. 88:

Allegro con brio / Adagio / Allegretto grazioso / Allegro ma non troppo

* El concertino de la orquesta, Jakub Haufa, dirigirá Orawa de W. Kilar desde el atril.

Avanzando la próxima temporada

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Viernes, 18 de julio, 12:00 horas. Sala de Cámara del Auditorio de Oviedo, presentación de los ciclos «Conciertos del Auditorio» y Jornadas de Piano «Luis G. Iberni».
La Sala de Cámara del Auditorio de Oviedo acogió la mañana del viernes la presentación de la 27ª temporada de los Conciertos del Auditorio y las Jornadas de Piano Luis G.Iberni (van 34 años y pioneras en España, siendo después copiadas a lo largo y ancho de la geografía nacional), que se desarrollarán del 29 de octubre de 2025 al 4 de junio de 2026, ofreciendo 18 actuaciones de los mejores artistas nacionales e internacionales: Zubin Mehta, Yuja Wang, William Christie, Jakub Orlinski o Pinchas Zukerman, entre otros muchos artistas, que actuarán en el Auditorio Príncipe Felipe de la capital asturiana, en una edición donde la orquesta del ciclo, Oviedo Filarmonía, lo abrirá y cerrará. Esta nueva temporada tendrá una clara vocación europea dentro de la carrera que protagoniza Oviedo para convertirse en Capital Europea de la Cultura 2031 en sana pugna con Granada o Jerez.

La presentación de esta nueva edición estuvo encabezada por el concejal de Cultura y presidente de la Fundación Municipal de Cultura David Álvarez, y también han intervenido la presidenta de la Fundación Musical «Ciudad de Oviedo» Pilar Rubiera, su director artístico Cosme Marina, y el subdirector del diario La Nueva España el toledano Francisco García Alonso, contando además con la actuación en directo del Trío Nacedo compuesto por Lidia Sierra (violín), Inés Moreno (viola) y Clara Muñoz (violonchelo) que interpretaron al inicio el tercer movimiento de uno de los tríos de Conrado del Campo, para finalizar el acto con el trío de la ovetense Raquel Rodríguez, presente en la sala, «En la Música», obra que ya tiene 18 años y resultó ganadora en 2007 del II Concurso “Evaristo Fernández Blanco” organizado por el Festival de Música Española de León  en su XX edición, como explicó la propia compositora antes de la interpretación, muy aplaudida por los presentes.

Tras el vídeo con el diseño de Juan Jareño, original y de altísima calidad al igual que el programa del ciclo en papel couché, irían tomando sucesivamente la palabra. En la primera intervención, el melómano edil indicaría que «este ciclo representa un compromiso firme con la excelencia artística y con la difusión de un patrimonio musical que, siglos después de haber sido concebido, continúa emocionando, inspirando y elevando el espíritu. La música clásica no es solamente una herencia cultural: es una forma de diálogo profundo entre épocas, entre sensibilidades, y entre generaciones».

En palabras de David Álvarez «Oviedo, ciudad con una sólida tradición musical, demuestra un año más su apuesta por la cultura y por la música como vehículo de enriquecimiento colectivo. En este marco, presentamos un programa que reúne a intérpretes de reconocido prestigio, así como a jóvenes talentos que encarnan el futuro del panorama internacional». Además, el presidente de la FMC destaca las participaciones de Oviedo Filarmonía (OFIL), orquesta residente del ciclo y eje fundamental en nuestro panorama cultural y musical, o el coro El León de Oro, habituales en estas temporadas.

Álvarez ha resaltado, como novedad, la puesta en marcha de Off Conciertos, «esa forma diferente y desenfadada, de acércanos a las propuesta principales, en definitiva la música clásica. Lo hacemos mediante una serie de actividades que van desde la presencia de instrumentistas de OFIL en los Centros Sociales (siguiendo con nuestra política de acercamiento de la cultura a todo el concejo), el proyecto Música y enigma, de la mano de la pedagoga Sofia Martinez Villar, que tan buen resultado obtuvo la pasada temporada, una iniciativa de divulgación musical dirigida a estudiantes y al público general, que tiene como objetivo atraer otro tipo de público a los conciertos de música clásica y presentar este género musical desde una perspectiva diferente, mediante un ensayo divulgativo y un concierto guiado protagonizado, en el mes de diciembre, por OFIL». También, el programa pedagógico UBUNTU «que en esta edición tiene como temática principal la lucha contra el bullying, gracias la capacidad de convertir la música, el teatro y la danza en una herramienta de transformación personal y colectiva».

La presidenta de la Fundación Musical Ciudad de Oviedo, Pilar Rubiera, explicaría que la orquesta Oviedo Filarmonía ofrecerá un total de 4 conciertos, entre ellos el de apertura y cierre de la temporada.

David Álvarez volvería a reivindicar la #Capitalidad2031 (con la presencia de Rodolfo Sánchez), la enhorabuena al patrono y profesor Emilio Casares por su último galardón (Premio Guido Adler de la Sociedad de Musicología), el agradecimiento a la Fundación EDP (con la presencia de Juan García-Ovies), al periódico La Nueva España y el recuerdo al ciclo que comenzó allá por los años 90 en el marco de la Universidad de Oviedo, habiendo tomado el relevo el propio ayuntamiento ovetense.

Por su parte, García Alonso subrayaría que estos ciclos «nos consolidan en el ámbito de la música contribuyendo a mantener un altísimo nivel de calidad, con grandes nombres de artistas internacionales pero también jóvenes promesas que nos permiten aspirar, con pleno derecho, a conquistar el título de Capital Europea de la Cultura».

Álvarez daría paso finalmente a Cosme Marina quien resaltaría esta candidatura que «cuenta con una base sólida en múltiples ámbitos, uno de ellos el musical, que ha ubicado a la ciudad como una de las grandes ciudades culturales europeas tal y como demuestra la continuidad centenaria de la actividad musical durante siglos (…) Dentro de este proceso adquieren especial relevancia los dos buques insignia de la actividad musical de la ciudad: los Conciertos del Auditorio y las Jornadas de Piano Luis G. Iberni, ya que ambos configuran una temporada anual consolidada como referencia en el norte de España por la calidad de sus propuestas. Además, esta edición focaliza su mirada en Europa que atesora una historia de mestizaje que, desde el periodo barroco forma parte del ADN musical del continente».

Marina que lleva al frente desde los inicios del actual ciclo, detallaría la temporada 25-26 girando en torno a Europa, como figura en el cuaderno de presentación, destacando que se mantienen las óperas en concierto que tanto éxito llevan cosechando, esta temporada dos de Handel: «Giulio Cesare» el 17 de febrero con Il Pomo d’Oro y el contratenor Jakub J. Orliński junto a Sabine Devieilhe en los papeles protagonistas, más «Ariodante» el 31 de mayo a cargo de La Cetra de Marcon cantando Kožená.

Una de las citas más esperadas será el regreso (19 de febrero) de Zubin Mehta en una pequeña gira de despedida por su 90 cumpleaños en sus ciudades de referencia donde Oviedo vuelve a estar en el mapa junto a Madrid y Barcelona, y nada menos que con la West-Eastern Divan Orchestra -fundada en 1999 por el binomio Said y Barenboim, premio de la FPA a la Concordia 2002– en estos tiempos convulsos donde sólo la música puede hacer convivir dos pueblos enfrentados.

Más regresos a la capital asturiana serán el de Pinchas Zukerman con su Sinfonia Varsovia (1 de marzo), la mezzo Emily D’Angelo (21 de mayo) tras su recordado cierre de temporada 21-22, la Orquesta del Festival de Budapest con Iván Fischer (28 de mayo) que tan buen sabor de boca me acaba de dejar en Granada, o el cellista Steven Isserlis esta vez junto al finlandés Pietari Inkinen a la batuta de la OFIL (4 de junio), o recuperando la cancelada de William Christie con Les Art Florissants que han hecho hueco para disfrutarles el 6 de noviembre.

Desde 1992 en que arrancaron en el Teatro Campoamor las «Jornadas de Piano» gracias  al siempre recordado Luis Gracia Iberni, siguen siendo referente nacional e internacional por donde han pasado los más importantes intérpretes, y que han sobrevivido por su cartel inigualable, manteniendo a Oviedo en primera línea. Esta temporada 2025-26 vendrán dos «huracanes» como los calificó Cosme Marina: el 15 de enero Yuja Wang con lo nada habitual de interpretar dos conciertos en el mismo programa (nº2 de Chopin y el de Ligeti) nada menos que con la Mahler Chamber Orchestra, más el canadiense Jan Lisiecki (7 de marzo) en un variado y atractivo programa.

Muy esperado igualmente el húngaro Dénes Várjon (8 de abril) donde no faltará su Bartok que está alcanzando un enorme éxito allá donde lo interpreta.

Se puede consultar toda la programación en el siguiente enlace: :https://www.oviedo.es/documents/25041/2686429/CA+Y+JP+-+TEMPORADA+2025-2026.pdf/f1d15a27-b867-4050-90c8-ca7eb33afe0f.

El concejal David Álvarez despediría la rueda de prensa agradeciendo a todos su presencia, el apoyo y especialmente el del público  y abonados por su fidelidad a lo largo de estos años, que mantienen a Oviedo en el mapa de los grandes conciertos.

Los abonos conjuntos están ya a la venta y pueden adquirirse en la taquilla del Teatro Campoamor hasta el próximo 9 de septiembre en su horario habitual. Los abonos independientes (tanto el de los Conciertos del Auditorio como el de las Jornadas Piano) se venderán del 11 de septiembre al 2 de octubre, mientras que el abono Firmamento Lírico se podrá adquirir del 4 al 16 de octubre. Las localidades sueltas saldrán a la venta el día 18 de octubre, recordando que la Fundación Municipal de Cultura está adscrita al Bono Cultural Joven del Principado de Asturias.

Imperial romanticismo

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Domingo 13 de mayo, 20:00 horas. Ciclo Conciertos del Auditorio, Pinchas Zukerman (violín), Orquesta del Festival de Budapest, Iván Fischer (director). Obras de Beethoven y Brahms.

Programa de los que gustan siempre, orquesta de calidad asegurada, dirección impecable y solista de lujo dan por resultado el éxito. Viena volvía a reunir obras y autores germanos que en ella alcanzaron su explendor y conviertieron de nuevo a Oviedo en capital de una Austria trastocada en Asturia, al menos en lo musical.

Beethoven siempre emociona, y la Obertura «Coriolano» en Do m., Op. 62 resultó la perfecta presentación. Con una orquesta perfecta de sonoridades, colocación original variando la llamada vienesa pero permutando parte de los cellos por los fagotes (después también clarinetes) y conseguir un empaste único, potentes graves al fondo, violines flanqueando escenario y una dirección que hace con «su» orquesta lo que quiere. Las dinámicas resultaron increíbles, claridades expositivas con esos silencios tan expresivos, claroscuros subrayados por unos vientos afinados al detalle y la limpieza de fraseo en todos ellos.

Pinchas Zukerman nos regaló el Concierto para violín y orquesta en RE M., Op. 61 de los históricos. No voy a descubrir a este genio que jugó con la plenitud de esta obra culmen del repertorio. Se le pueden perdonar todos los tics porque la música fluye en cada nota, en cada arco, en cada cadenza irrepetible, en cada pasaje virtuosístico donde percibimos todos y cada uno de sus sonidos de terciopelo ¡hasta en los glissandos!, unas dobles cuerdas que parecían multiplicarse. La complicidad con los músicos participando en sus silencios para mantener su instrumento perfectamente templado, guiños con la batuta que le entendió todas sus múltiples aportaciones. Una lección de Zukerman perfectamente acompañada por una orquesta colocada y adaptada a la dirección de Fischer. Imposible destacar algo dentro del conjunto, el Allegro ma non troppo realmente deslumbrante en su totalidad con una cadencia increíble, un Larghetto donde cada variación y modulaciones brillaban a cada cual más, y la transición al Rondo: Allegro plenamente romántica y bella en cada paso, vertiginoso musicalmente con virtuosismo al servicio de la obra, «perpetuo baile goethiano» que escribe Begoña Velasco Arnaldo en las notas al programa. No podía darse más a pesar de la insistencia del público, tan sólo en una esquina nos pidió cantar con él mientras tocaba el Wiegenlied Op. 49 nº 4 (la canción de cuna) de Brahms con la que hizo mutis por el foro… abierto para la segunda parte. Humor y genialidad.

Recolocada la orquesta plenamente a la vienesa y con todos sus efectivos (pueden calcular con 8 contrabajos) la Sinfonía nº 2 en RE M., Op. 73 de Brahms devolvió ese imperio austrohúngaro donde los alemanes triunfaban con su música, obra alpina en su composición y romántica en toda su extensión de luces y sombras a lo largo de los cuatro movimientos que solistas y orquesta en pleno fueron plasmando en un lienzo sonoro perfectamente dibujado por Fischer de memoria, elegancia en el gesto y efectividad total. Majestuosidad imperial cercana a «mi segunda brahmsiana de Salzburgo» cuyo final del Allegro con spirito me emocionó entonces como nunca, aunque esta vez estuvo muy cerca.

Y a pesar de las dos horas de música, aún hubo tiempo para un regalo también puramente vienés, la Trisch Trasch Polka, Op. 214 de Johann Strauss II sin niños cantores ni triángulo pero con una maquinaria orquestal que volvió a impresionar y la dirección genuina del maestro Fischer. Acabo citando de nuevo a la profesora Velasco porque me viene como anillo (tecla) al dedo: «un cierre resplandeciente y sublime».

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