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Canciones de la «patria querida»

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CD «ABERRI MAITIARI. Basque Art Song»Luken Munguira (tenor), Aurelio Viribay (piano).

Cezanne Producciones, CZ169 / M-26786-2025 / 0 667758 375509

Nuevo trabajo discográfico del maestro Aurelio Viribay que cual arqueólogo de la llamada “Canción de concierto española” sigue recuperando patrimonio musical, y desde la docencia va encontrando las voces adecuadas para cada proyecto, que también lleva al directo.
Y como se trata de un vitoriano de pro aunque afincado en Madrid, nadie mejor que mi admirado Aurelio para las 36 canciones de cinco compositores vascos y uno navarro (por no llamarlos vasco-navarros aunque todos compartan  textos en euskara), por lo cual era imprescindible encontrar un cantante que dominase este idioma tan singular, siendo el tenor guipuzcoano de Pasaia -Pasajes- Luken Munguira Santos (12 de mayo de 2004) el ideal para esta reciente aportación, que como en otros trabajos del profesor Viribay, se ha grabado en los Estudios Cezanne de Javier Monteverde, todo un equipo que está dando calidad y cantidad, ambas necesarias en estos tiempos donde el soporte físico lucha contra los “nubosos”, al que no pueden suplir pues el libreto que acompaña cada CD son otro documento imprescindible para ponernos en contexto con sus notas, además de contar tanto con los textos originales como sus traducciones, esta vez gracias a a la doctora en Filosofía Marta García Rodriguez, Profesora del área de Estética y Teoría de las Artes en la Universidad del País Vasco, que iré añadiendo en esta entrada, y comienzo mi reseña con el inicio de sus notas:

«Aberri maitiari, una de las Tres canciones vascas que Francisco Escudero escribió en 1939 y que da título a este disco, significa «a la patria querida». La palabra aberri es un neologismo creado por Sabino Arana en el siglo XIX, y está compuesto por los lexemas aba, utilizado con significado de asaba («antepasado») y herri, que significa «pueblo». Es el equivalente a la terra patria latina, que el español redujo a «patria», el pueblo de los antepasados, la tierra de los ancestros. No es, por tanto, necesariamente el lugar que se habita, sino el espacio físico, cultural, espiritual y emocional del que se desciende y al que uno se siente unido por lazos del mismo tipo».

La voz del guipuzcoano Munguira, al que «descubrí» en el 72 Festival de Granada, es la de un tenor joven de bello timbre, amplia tesitura y enorme expresividad, que a buen seguro siempre cuenta con los sabios consejos del maestro Viribay, arropándole y complementando el protagonismo que ambos tienen en el “lied español”. El donostiarra comenzó en el Coro Easo allá por 2013 con Gorka Miranda y ha trabajado con Miren Urbieta-Vega y mi querida Ana Belén García antes de dar el salto a la Escuela Superior de Canto de Madrid, donde estudia con Judith Pezoa y Elías Romero Salamanqués, además de estar becado por Britten Pears Arts para trabajar repertorio de cámara con James Gilchrist y Anna Tilbrook. Estos datos biográficos nos dan cuenta de unos inicios líricos bien asentados y una carrera que va creciendo con recitales y conciertos donde no faltan estas canciones vascas y otros repertorios con distintos acompañantes o formaciones.

Este arduo trabajo que se ha llevado al disco comienza con las Tres canciones vascas de Francisco Escudero (Zarautz, 13/08/1912 – Donostia, 17/06/2002), con Matzaren orpotik (Del pie de la vid) poderosa para proseguir con una sentida Urrundik (Desde lejos) y esa «A la patria querida» evocadora y compartida en todas nuestras patrias chicas, escritura vocal y pianística delicadas. Más «ligeras» las siguientes con tres temas populares armonizados por Escudero que como tantos contemporáneos ayudan a elevar la tradición hasta las salas de concierto, con el euskera tan cantable pese a lo que se pueda pensar del hablado, ya que la música lo embellece y hace plenamente lírico (recomiendo leer las traducciones así como las biografías de los seis compositores). Como bien nos ilustra la doctora García, «Las canciones seleccionadas, que se presentan también en traducción al español, parten de ese acervo musical popular, aunque trasladadas a un lenguaje armónico extendido, aprendido e interiorizado dentro y fuera de la patria».

Los siguientes diez cortes son una selección de las Viejas Canciones Donostiarras (Donostiako kantu zaharrak) de Tomás Garbizu (Lezo, 12/09/1901 – Donostia, 27/11/1989), muy conocido en el terreno de obras litúrgicas desde su cátedra de órgano del Conservatorio de San Sebastián en 1954. Citando de nuevo a Doña Marta García «muchas de las melodías que utilizan (…) están recogidas y clasificadas en el (…) Cancionero de Azkue, y otras se construyen sobre letras vascas».  De todas ellas, que alternan expresividad y sentimiento, me encantó el Kuku tan onomatopéyico, el majestuoso y «guerrero» Jaiki-Jaiki (Levantaos, levantaos) y especialmente la «Habanera del Guria» cantando en euskera y castellano, esa melodía que conocía desde mi infancia como “Dijo el Sabio Salomón”, cercano folklore vasco que tantas versiones tiene y aquí de nuevo Garbizu lo trata desde el conocimiento académico y el amor a la tierra sentida por el dúo con los aires del común Cantábrico.

De los compositores, prácticamente todos iniciaron sus estudios en las parroquias o conservatorios de su pueblo o ciudad natal, siguiendo con ayudas, premios y becas de distintas instituciones para poder ampliar y profundizar sus estudios en el extranjero. Tras la Guerra Civil obtendrían cátedras en los conservatorios de sus ciudades y realizarían una encomiable labor pedagógica -además de ejercer como directores de orquesta- salvo Norberto Almandoz (Astigarraga, 05/06/1893 – Sevilla, 07/12/1970) que fue primero organista y después Maestro de Capilla en la Catedral de Sevilla desde 1919 hasta su jubilación en 1960. Sus Cuatro Melodías de Iparraguirre mezclan cierta conexión espiritual como la tentadora Zugana Manuela (En tí, Manuela), la denuncia política como Zibilak esan naute (Los Civiles me han dicho), con un acompañamiento pianístico interesante desde ese ritmo de zortzico y la voz dramatizando perfectamente los textos, hasta las dos las más aferradas al terruño, evocadoras y casi impresionistas Ara nun diran mendi maiteak (He aquí las queridas montañas) «presumiendo» como todos hacemos de Europa, España y aquí de «Euskal Herria Hermosa y querida»  o la alegre Biba Rioja (Viva Rioja) y también ¡Viva Navarra! y su gastronomía donde no puede faltar el «glu, glu, glu, glu» de sus excelentes caldos. Canciones dignas de ser consideradas a la mayor altura de los lieder alemanes o las chansons francesas. El Padre Norberto obtuvo con estas cuatro melodías un accésit en el Concurso de Composición sobre temas del poeta y músico vasco José María Iparraguirre organizado por el Ayuntamiento de Urretxu en 1920, en el Primer Centenario del nacimiento del popular bardo, todo un símbolo de la literatura en euskera, como recoge el libreto que acompaña el disco y voy reflejando en esta reseña.

Jesús Arrambarri (Bilbao, 13/04/1902 – Madrid, 10/07/1960) fue director de la Banda Municipal de su ciudad natal, ejerció la dirección de la Orquesta Sinfónica y formó su Orquesta Municipal antes de ser nombrado director de la Banda Municipal de Madrid, con la que interpretó muchas obras de compositores vascos. El conocimiento de tanta música se nota en cada una de las Ocho Canciones Vascas , un ciclo que mantiene esas raíces en su aberri (patria), «las referencias a elementos folklóricos y paganos, a tradiciones y costumbres locales» que cita la doctora García. Perfecta conjunción letra y música, lírica pura en la voz de Luken y el piano de Aurelio, paisajes sonoros con distintos tempi siempre acomodados al realce del canto, alternando por ejemplo la bellísima Tun, kurrun, kutun, con la juguetona Ainoarra ñimiño (La anchoa pequeñita), incluso respirando aires fallescos en la sentida Anderegeya (Novia) que entrará «de monja en un convento» enlazando con la alegre Amak ezkondu ninduen (Me casó mi madre) con un acompañamiento pianístico tan importante como la voz protagonista.

La vida del navarro Fernando Remacha (Tudela, 15/12/1898 – Pamplona, 21/02/1984) es digna de película, tras un periodo en el que tuvo que ocuparse de la ferretería que regentaba su familia en Tudela, y que en 1957 pondría en marcha el Conservatorio Pablo Sarasate en Pamplona. Musicalmente se nota haber sido alumno de Conrado del Campo durante su estancia madrileña, y sigue siendo uno de los compositores aún por redescubrir en las salas de concierto con un amplio catálogo que abarca distintos géneros (de sus películas daría para un estudio en profundidad) y a quien como tantos la Guerra Civil truncó una carrera más que prometedora, optando por el denominado «exilio interior», siendo uno de los músicos más representativos de la Generación del 27 que bien conoce Aurelio Viribay en su tesis doctoral sobre el llamado Grupo de los Ocho (también Grupo de la República o Grupo del 31) . En este disco están sus Seis canciones Vascas que el dúo Munguira-Viribay plasma de forma magistral como en los conciertos donde las llevan. Hermosas melodías, amorosas, sentimentales, delineadas en canto y piano de estilo universal plenamente exportable, breves e intensas además de una gran hondura interpretativa, que finaliza cantando a Ondarribia y las hermosas hijas de viuda que emulan en Fuenterrabía a las morillas de Jaén, otra joya recuperada por el «arqueólogo musical» y que siempre suena fresca.

Para cerrar este proyecto nadie mejor que el universal Pablo Sorozábal (Donostia, 18/09/1897 – Madrid, 26/12/1988) y dos canciones que muestran la inspiración melódica sumada al buen hacer de mi tocayo easonense que su nieto Pablo Sorozábal Gómez sigue manteniendo vivo más allá de las zarzuelas, y donde la herencia del folklore nunca se pierde, siendo probablemente su obra menos difundida, y de la que el pianista y musicólogo Mario Lerena Gutiérrez (Getxo, 1981), autor de una premiada tesis sobre el compositor, en el libro bilingüe editado en 2022 por Donostia Musika para conmemorar el 125 aniversario de su nacimiento, describe que «muestra una faceta más reservada del compositor y nos acerca a aspectos inéditos de sus inquietudes y quehaceres cotidianos, revelando entrañables redes amistosas, familiares y profesionales, imprescindibles para comprender a fondo su trayectoria y personalidad artísticas». La popular Gure basetxe (Nuestro caserío) con letra de Imanol Egileor, un caserío distinto al de Guridi que Sorozábal hace schubertiano y casi convierte en pequeño himno pastoral con aire de romanza (al que no falta el brillante final en agudo), y citando de nuevo al doctor Lerena «su acompañamiento pianístico (…) no renuncia a un refinamiento armónico con discretos gestos de modernidad contenida. De ese modo, el autor refleja la particular encrucijada estética y vital en que se hallaba inmerso: entre el elitismo de la alta cultura y la emergente cultura de masas, pero también entre la tradición vernácula y la vanguardia internacional». El último Euskalerria en adaptación al euskera del propio Sorozábal y Fernando Artola Sagarzazu del texto original de «Ay tierra vasca» (1956), broche de oro de estas 36 canciones vascas a las que deseo larga vida en vivo una vez inmortalizadas en este CD donde Javier Monteverde y su equipo de los Estudios Cezanne siguen mimando y apostando por estos repertorios.

Espero escucharlos en Gijón el 18 de marzo aunque será con La Bella Molinera de Schubert en su Sociedad Filarmónica dentro del ciclo POEX, y que me dediquen este último disco.

Cortes, autores y canciones:

Francisco Escudero (1912 – 2002):

Tres canciones vascas:

01.I. Matzaren orpotik (Del pie de la vid); 02. II. Urrundik (Desde lejos); 03. III. Aberri maitiari (A la patria querida).

04. Navidad-Eguberri -popular-.

05. Artaso (Bitoriano Gandiaga) -tradicional Paulo Aguirretaltzategi-.

06. Ollo eder bat -popular- (Una hermosa gallina).

Tomás Garbizu (1901 – 1989):

Viejas Canciones Donostiarras (Donostiako kantu zaharrak) -selección-:

07. Mariya nora zuaz (¿Dónde vas María?); 08. Pello Joxepe (Pedo José); 09. Kaia barrenian (Dentro del muelle); 10. Ikusi nuanian (Cuando vi); 11. Loa-loa (Duerme, duerme); 12. Donostiyako iru damatxo (Tres señoritas de San Sebastián); 13. Kuku; 14. Itzaya (El boyero); 15. Jaiki-Jaiki (Levantaos, levantaos); 16. Habanera del Guria.

Norberto Almandoz (1893 – 1970):

Cuatro Melodías de Iparraguirre:

17. I. Zugana Manuela (En tí, Manuela); 18. II. Zibilak esan naute (Los Civiles me han dicho); 19. III. Ara nun diran mendi maiteak (He aquí las queridas montañas); 20. IV. Biba Rioja (Viva Rioja).

Jesús Arrambarri (1902 – 1960):

Ocho Canciones Vascas:

21. I. Atea tan tan (La puerta, tan-tan); 22. II. Txalopin txalo (Aplauso y aplausito); 23. III. Nere maitia (Amor mío); 24. IV. Tun, kurrun, kutun; 25. V. Ainoarra ñimiño (El ainhoar pequeñito); 26. VI. Arranoak bartuetan (Las águilas); 27. VII, Anderegeya (Novia); 28. VIII. Amak ezkondu ninduen (Me casó mi madre).

Fernando Remacha (1898 – 1984): Seis canciones Vascas:

29. I. Eijerra zira maitia (Hermosa eres, amada); 30. II. Zubietako neskatxentzat (Las chicas de Zubieta); 31. III. Chorietan bürüzagi (Maestro entre los pájaros); 32. IV. Astea luze (Larga semana); 33. V. Bentara noa (A la venta voy); 34. VI. Ondarribia, erri txikia (Fuenterrabía, pueblo pequeño).

Pablo Sorozábal (1897 – 1988):

35. Gure basetxe -Imanol Egileor- (Nuestro caserío).

36. Euskalerria (¡Ay, tierra vasca!) -Pablo Sorozábal y Fernando Artola-.

Una emotiva y plácida gala lírica

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Sábado 10 de enero, 19:30 horas. Auditorio Príncipe Felipe, Oviedo: “Gala Lírica” con Plácido Domingo (barítono), Ismael Jordi (tenor), Sabina Puértolas (soprano), Oviedo Filarmonía, Óliver Díaz (director). Entradas: 89€ y 79€, con la colaboración de la Fundación Municipal de Cultura de Oviedo y el patrocinio de Riesco Abogados y Grupo Resnova.

(Crítica para Ópera World del domingo 11, con el añadido de los enlaces siempre enriquecedores, tipografía y colores que no siempre se pueden utilizar, y fotos propias más las de Pablo Piquero)

Nada menos que cuarenta y ocho largos años después de su última actuación en Oviedo, el legendario artista, Premio Príncipe de Asturias de las Artes en 1991, Plácido Domingo, y nuevo director artístico de la Accademia Pucciniana, regresaba a la capital asturiana este frío sábado 10 de enero para protagonizar una gala extraordinaria en un Auditorio Príncipe Felipe rendido y con todo vendido desde hacía semanas, que le vitoreó a lo largo de toda la velada.

Y es que el músico madrileño, que el próximo día 21 cumplirá 85 eneros, sigue siendo el mejor embajador de nuestra lírica y todo un reclamo para seguir llenando cada recital, más aún rodeándose de grandes voces de la “penúltima generación” como son la soprano mañica, y mierense de adopción, Sabina Puértolas (1973) y el tenor jerezano Ismael Jordi (1973), que brillaron tanto solos como en los dúos con el maestro Domingo gracias a un programa muy bien armado con el ovetense Óliver Díaz (1972) al frente de una Oviedo Filarmonía (OFIL) que es ya un referente en la programación asturiana tanto en el foso del Campoamor como en el auditorio de la capital.

En palabras del propio artista en la prensa regional, regresar a Oviedo después de tantos años, me produce una gran emoción. Esta ciudad ocupa un lugar muy especial en mí y me trae recuerdos memorables de los inicios de mi trayectoria artística en España. Estoy feliz de volver en este momento de mi vida”. En 1977 cantaría Tosca y Andrea Chenier, entonces tenor “in crescendo” del que no hace falta recordar una carrera que ha ido amoldando a una voz siempre reconocible aunque los años le llevaran a la cuerda de barítono y en la actualidad esa longeva trayectoria le ha dado todos los recursos y trucos para seguir en activo aunque transporte las partituras para amoldarse a su actual estado físico, por otra parte envidiable, y las necesite en el atril, siempre con una musicalidad y gusto al cantar tanto ópera como zarzuela. Precisamente su primer aria sería “Nemico della patria” como prueba de ese trayecto de tenor a barítono, siempre con una OFIL respetuosa y bien llevada desde el atril por un Díaz que la entiende como pocos, tras abrir velada con la obertura verdiana de Nabucco, página ideal para testar a una orquesta siempre compacta, de sonoridades ricas, secciones muy equilibradas, con Marina Gurdzhiya de concertino y el arpa impecable de un José Antonio Domené que es imprescindible en estos repertorios.

La primera parte operística fue alternando las primeras arias de soprano y tenor con un Plácido verdiano más dos dúos con cada uno de ellos. Primero una Puértolas en estado de gracia (“Mercè, dilette amiche” de las Vísperas), impecable, de agilidades cristalinas y entrega total, después Jordi con el Werther capaz de olvidarnos de Kraus (perfecto su “Pourquoi me réveiller” de dicción, matices, color e interpretación) junto al Macbeth (“Perfidi!… Pietà, rispetto, amore”) de un Domingo que “capea el temporal” pero sigue emocionando por sus tablas y oficio.

De los dúos, empaste ideal con Ismael Jordi en “Au fond du temple saint” de Los pescadores de perlas, otro rol krausiano que el andaluz bordó, más “Udiste?… Mira, di acerbe lagrime”, de Il trovatore junto a Sabina Puértolas que sirvió para cerrar por todo lo alto una primera parte operística de muchos quilates, tras la famosísima obertura de Carmen donde Óliver Díaz llevó a la OFIL como buen diestro de naturales sin engaño.

La zarzuela goza también en Oviedo del mimo y respeto de una afición lírica que entiende y exige, disfrutando cuando las voces responden y la orquesta las ayuda con igual calidad. El famoso intermedio de La leyenda del beso sonó completo y no recortando el arpa virtuosa que abre la parte más conocida de esta zarzuela de Soutullo y Vert. “La aldea” de Domingo no levantó el vuelo cual gavilán ni brilló con el esmalte de barítonos que la han hecho casi carta de presentación, pero escuchar al octogenario interpretarla aunque bajada de tono, sigue emocionando porque son romanzas que hemos heredado de nuestros abuelos y padres conociéndolas casi como “Las 40 principales” de varias generaciones. Otro tanto con la Maravilla de “Amor vida de mi vida” que ha perdido parte del encanto de esta romanza que el madrileño ha llevado por todo el mundo y continúa en el repertorio casi cual seña de identidad de la “segunda etapa” de Domingo.

Antes, otra de las imprescindibles nos la interpretó Ismael Jordi emocionándonos con la romanza de Doña Francisquita (“Por el humo se sabe dónde está el fuego”) de escuela canora canaria por medias voces, fraseo, línea de canto y agudos precisos bien colocados en un estado vocal impecable del jerezano.

Y un verdadero primor Sabina Puértolas en feliz complicidad con batuta y orquesta de El barbero de Sevilla de Giménez (también sonaría el intermedio de La boda de Luis Alonso), virtuosismo vocal que hace fácil lo difícil ante el dominio técnico donde nunca pierde el color y los graves han ganado cuerpo, coquetería no solo en el vestido rojo pasión de esta segunda parte, también en enamorar con una interpretación de presencia absoluta sobre las tablas.

Los dúos elegidos volvieron a traer el empaste perfecto de Domingo, su magisterio y conocimiento de nuestro patrimonio lírico, primero con Jordi en una Marina casi cantábrica de salitre vocal y sentimientos compartidos (“Se fue, se fue la ingrata”) y el grato regreso de Puértolas para el Manojo imprescindible nuevamente brillante y chulapón mezcla de veteranía y juventud que nos recordó tan buenas representaciones en el Campoamor dignas de haberse llevado al disco. El directo siempre irrepetible y la conciencia de estar despidiendo a un Plácido Domingo que se resiste a cortarse la coleta.

Las propinas resultaron una tercera parte con los mismos protagonistas y similares sentimientos, primero La Tabernera con un Domingo que “No puede ser…” más dramatizado que cantado bien arropado por la OFIL y Díaz, unas Carceleras de Chapí impactantes con una Puértolas que hasta jugó con los músicos en todos los registros vocales y escénicos, más un “jondo” Jordi de “Adiós Granada” (Emigrantes), romanza que los grandes tenores han interpretado, y que tanto Kraus como Domingo han popularizado de este cuadro lírico en un acto escrito por Tomás Barrera y Rafael Calleja en 1905, y que el jerezano la bordó de principio a fin con una OFIL versátil, compacta, brillando con el tenor.

Aún quedaba rematar la faena con Soleá y dos Rafaelillos, el famoso pasodoble del maestro Penella, un Gato Montés a tres, que pareció evocar “Los tres tenores” donde Domingo ejerció de maestro de ceremonias, este sábado cual diestro que se despedía en la plaza ovetense (sin cortarse la coleta) dando la alternativa a Puértolas y Jordi toreando este último morlaco lírico del que guardo la grabación para el sello amarillo cantada junto a Verónica Villarroel, Juan Pons y Teresa Berganza más la Orquesta Sinfónica de Madrid bajo la dirección del siempre recordado Miguel Roa. Larga vida a Plácido Domingo y a nuestra lírica.

PROGRAMA:

I

Giuseppe Verdi (1813-1901):

Nabucco, obertura.

Umberto Giordano (1867-1948):

“Nemico della patria”, Andrea Chénier (Plácido Domingo).

Giuseppe Verdi:

“Mercè, dilette amiche”, I vespri siciliani (Sabina Puértolas).

“Perfidi!… Pietà, rispetto, amore”, Macbeth (Plácido Domingo)

Jules Massenet (1842-1912):

“Pourquoi me réveiller”, Werther (Ismael Jordi)

Georges Bizet (1838-1875):

“Au fond du temple saint”, Les pêcheurs de perles (Plácido Domingo / Ismael Jordi).

Carmen, obertura.

Giuseppe Verdi:
“Udiste?… Mira, di acerbe lagrime”, Il trovatore (Plácido Domingo / Sabina Puértolas)

II

Reveriano Soutullo (1880-1932) y Juan Vert (1890-1931):

La leyenda del beso, Intermedio.

Jacinto Guerrero (1895-1951):

“Mi aldea”, Los gavilanes (Plácido Domingo).

Amadeo Vives (1871-1932):

“Por el humo se sabe dónde está el fuego”, Doña Francisquita (Ismael Jordi).

Federico Moreno Torroba (1891-1982):

“Amor, vida de mi vida”, Maravilla (Plácido Domingo).

Gerónimo Giménez (1852-1923) y Manuel Nieto (1844-1915):

“Me llaman la primorosa”, El barbero de Sevilla (Sabina Puértolas)

Emilio Arrieta (1821-1894):
“Se fue, se fue la ingrata”, Marina (Plácido Domingo / Ismael Jordi).

Gerónimo Giménez:
La boda de Luis Alonso, Intermedio.

Pablo Sorozábal (1897-1988):
“Hace tiempo que vengo al taller”, La del manojo de rosas (Plácido Domingo / Sabina Puértolas)

Pasión y gratitud en la voz de José Bros

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El tenor catalán ofreció en el Campoamor un recital de elegancia, entrega y emoción compartida con el pianista Mario Álvarez

Jueves, 16 de octubre 2025, 19:30 horas. Teatro Campoamor de Oviedo: Recital “Pasión Lírica”. José Bros (tenor), Mario Álvarez Blanco (piano). Arias y romanzas de ópera y zarzuela.

(Crítica para LNE del sábado 18, con el añadido de fotos propias, los enlaces –links– enriquecedores, y la tipografía más colores que la prensa no refleja)

Cada regreso de José Bros (Barcelona, 1965) a Oviedo es un reencuentro con alguien de casa, y así lo siente tanto el artista como su público fiel que acudió al recital de este jueves otoñal. El tenor catalán, habitual de la escena del Campoamor desde hace más de tres décadas y protagonista de más de dieciocho producciones entre óperazarzuela y recitales, muchos vividos por quien suscribe, volvió a emocionar a los melómanos asturianos que le siguen adorando y con quienes mantiene un idilio y hasta amistad con muchos de ellos. Su Pasión Lírica es programa de aire retrospectivo y confesional, acompañado por el pianista local Mario Álvarez, cómplice artístico por vez primera pero amigo de larga trayectoria en la capital asturiana.

El recital se articuló en dos partes equilibradas y muy personales. En la primera, Bros rindió homenaje a Francesco Paolo Tosti con Vorrei morire y L’ultima canzone, dos miniaturas de pura emoción contenida, interpretadas con exquisita línea de canto y una mezza voce que sigue siendo su sello característico de timbre único. A ellas siguió el bel canto de Donizetti con una Una furtiva lagrima de filigrana expresiva (el Nemorino que utilizó su “Elisir” para encandilarnos junto a nuestra Beatriz Díaz hace ocho años sobre estas mismas tablas), antes del primer lucimiento del pianista en un sentido Intermezzo de “Manon Lescaut” de Puccini, preludio al inspirado Donna non vidi mai, fraseado con lirismo y hondura. Su dicción en italiano es maravillosa y la música realza cada texto. La melancolía de È la solita storia del pastore (“L’Arlesiana») encontró en Bros al Federico introspectivo, y cerraría esta primera parte con el aria verdiana Tutto parea sorridere (de “Il Corsaro”), una sección con un despliegue vocal lleno de vigor y elegancia pese a cierta descolocación vocal del agudo final, plena de orgullo guerrero que sigue llamando “a las armas”.

La segunda parte viajó rápido de Francia a España pasando por su Cataluña. El tenor abordó con naturalidad el refinamiento de MassenetOuvre tes yeux bleus y el solemne Ô souverain, ô juge, ô père de “El Cid»—, de dicción impecable y tono devoto. Mario Álvarez volvió a “darle descanso” con el conocido Fandango de “Doña Francisquita”, página de virtuosismo pianístico que no puede igualar el brillo, tempo ni salero orquestal pero que sirvió de puente hacia un Maig de Toldrà luminoso, delicado, sentido y cercano en su lengua natal.

Las muy conocidas romanzas de zarzuela —Bella enamorada, De este apacible rincón de Madrid y No puede ser— que muchos tenemos memorizadas por nuestro maestro Alfredo Kraus, desataron la ovación del público, que celebró el arte de un cantante que sigue combinando elegancia, naturalidad y entrega.

Antes de la última romanza, también en las propinas, Bros tomó la palabra para agradecer al Ayuntamiento, a su Alcalde Alfredo Canteli, y a todo el personal de la FMC (Fundación Municipal de Cultura) su apoyo, también a Mario Álvarez por el excelente trabajo recordando sus 32 años de amistad, así como la gratitud de todos los implicados en poder buscar este hueco en la amplísima oferta musical de “La Viena española” candidata a capital cultural para 2031. No faltó, pese a lo discreto que siempre ha sido en su vida personal, con sus “luces y sombras” por las que todos pasamos, actualmente pletórico y optimista con la confesión de su reciente boda hace algo más de un mes, por lo que dedicó a su esposa, presente en la sala, un emocionad Canto porque estoy alegre (de Antón García Abril) como regalo de cumpleaños este jueves 16 de octubre en plena “luna de miel” y un regalo más (“manda Mario” bromeó) para cerrar con la Mattinata (Leoncavallo) antes del apasionado bis de No puede ser que sí lo fue.

Una gran noche de arte, lírica, gratitud y pasión compartida: pura verdad cantada.

La pasión de Bros

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Jueves, 16 de octubre 2025, 19:30 horas. Teatro Campoamor de Oviedo: Recital “Pasión Lírica”. José Bros (tenor), Mario Álvarez Blanco (piano). Arias y romanzas de ópera y zarzuela.

(Reseña rápida desde el teléfono para LNE del viernes 17, con el añadido de fotos propias, los enlaces –links– enriquecedores, y la tipografía más colores que la prensa no refleja)

Cada visita del tenor barcelonés Josep Bros (1965) a Oviedo supone un reencuentro con quien podríamos denominar como “de casa” tras participar en más de 18 títulos de ópera, zarzuela y varios recitales, todos con buenos recuerdos, por lo que esta Pasión Lírica en compañía del pianista Mario Álvarez era como un resumen a una larga trayectoria muy unida a “La Viena española” que le ha visto crecer desde sus inicios.

El repertorio elegido por Bros ahondaba con sus mejores arias en roles como su siempre aclamado Nemorino (L’elisir), Des Grieux (Manon Lescaut), Federico (L’Arlesiana), el capitán Corrado (Il Corsaro) o Don Rodrigo (El Cid), sin olvidarnos del enamorado Enrique (El último romántico), el coronel Javier (Luisa Fernanda) y el marinero Leandro (La tabernera del puerto).

Mas en un recital no puede faltar Tosti para abrirlo con dos de sus bellísimas canciones: Vorrei morire y L’ultima canzone, íntimas y sentidas, o ese maravilloso Maig de Toldrà catalán en la parte española de la segunda.

Las páginas elegidas por el tenor catalán son una pequeña gran muestra del enorme trabajo con cada una de ellas en una longeva carrera, aún más exigentes por separado, y con el excelente acompañamiento de un pianista plenamente de casa, que atesora muchas horas de lírica en sus dedos desde 1992 tras su debut como maestro repetidor en el Campoamor, quien se luciría en solitario para los siempre necesarios descansos vocales como en el Intermedio de “Manon Lescaut” muy sentido, o el conocido aunque algo insípido Fandango de “Doña Francisquita”, reducciones orquestales siempre difíciles de trasladar a las teclas para reflejar la tímbrica original.

En este jueves de pasión lírica destacar la “mezza voce” siempre cuidada de Bros, gusto exquisito, un centro donde recrear su dramaturgia innata en fraseos precisos y jugosos, más sus agudos siempre generosos, además de variados en ataques o matices, aunque por momentos juegue con las colocación de las vocales finales (caso del último corsario donde que Verdi llama a las armas), todo en el idioma de Dante.

Con la vocalización siempre clara y precisa, en la segunda parte Bros transitó por las lenguas de Voltaire, la vernácula de Espriu y nuestro Cervantes, más pasional si cabe con esas romanzas de la “escuela Kraus” que tan bien ha interiorizado el catalán, con sus luces y sombras como nos contaría micrófono en mano tras el “apacible rincón”para agradecer al Alcalde y todo el personal de la FMC poder encajar este recital en la amplia oferta cultural ovetense, así como a Mario Álvarez tras 32 de amistad y la primera vez juntos.

Todo antes de Sorozábal, tras quien vendrían regalos y confesiones: un mes de matrimonio y el regalo de cumpleaños a una esposa, presente en el patio de butacas y dedicataria de la bella Canto porque estoy alegre (García Abril), declaración emocionada y sentida como la siguiente Mattinata (Leoncavallo) hoy vespertina cual ramo lírico de enamorados y bisar aún más entregado  “No puede ser” para su querido público y amistades puestas en pie.

PROGRAMA

 Primera parte

  • Vorrei moriré, F.P. Tosti (1846-1916)
  • L’ultima canzone, F.P. Tosti
  • Una furtiva lagrima de “L’elisir d’amore”, G. Donizetti (1797-1848)
  • “Manon Lescaut”, G. Puccini (1858-1924): Intermezzo (piano)
  • Donna non vidi mai
  • È la solita storia del pastore, de “L’Arlesiana”, F. Cilea (1866-1950)
  • Tutto parea sorridere, de “Il Corsaro”, G. Verdi (1813-1901)

Segunda parte

  • Ouvre tes yeux bleus, J. Massenet (1842-1912)
  • Ô souverain, ô juge, ô père, de “Le Cid”, J. Massenet
  • Fandango de “Doña Francisquita” (piano), A. Vives (1871-1932)
  • Maig, E. Toldrà (1895-1962)
  • Bella enamorada, de “El último romántico”, R. Soutullo (1880-1932) y J. Vert (1890-1931)
  • De este apacible rincón…, de “Luisa Fernanda”, F. Moreno Torroba (1891-1982)
  • No puede ser, de “La tabernera del puerto”, P. Sorozábal (1897-1988)

Zarzuela en tejanos

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Viernes 18 de julio, 20:00 horas. Atesora Oviedo (2025): Conciertos: Beatriz Díaz (soprano), Marcos Suárez (piano), «Zarzuela en vaqueros». Fotos de las RRSS y propias.

En verano la música no para, y Oviedo como candidata a la Capitalidad Cultural Europea de 2031 sigue demostrando ser «La Viena española» porque la oferta, proporcional a su población, sigue estando a la cabeza del país. A los melómanos, tanto locales como quienes acuden en sus vacaciones a la capital del Principado, conocen esta seña de identidad que desde la concejalía de cultura del ayuntamiento local y su Fundación Municipal de Cultura programan en el periodo estival, antaño en el Claustro del Monasterio de San Vicente (Museo Arqueológico) y ahora en la sala de cámara del auditorio, pero también en el patio del edificio histórico de la Universidad de Oviedo y en otros lugares emblemáticos. Tampoco faltan el cine a la luz de la luna, las artes escénicas, plásticas ni la poesía, con una amplia oferta que se puede completar con la gastronomía o las visitas, casi obligadas, a tanto patrimonio artístico del que podemos presumir en mi tierra.

La zarzuela ha sido declarada «Manifestación Representativa del Patrimonio Cultural Inmaterial de España» cuyo objetivo es proteger y poner en valor este género musical, reconociendo su importancia cultural e histórica. Oviedo tras Madrid es la única ciudad que mantiene un festival a ella dedicada, con títulos que conocemos por nuestros abuelos y padres, verdadera herencia que sigue viva y mejor si además se representa e interpreta con la calidad que este género exige. Hay romanzas que son verdaderas arias líricas tan exigentes como su hermana «la ópera» por lo que afrontar un recital con ellas supone un esfuerzo aún mayor que representar una de ellas sobre las tablas. Nuestra soprano internacional, la allerana Beatriz Díaz, alterna ópera y zarzuela en su amplio repertorio, y en este lluvioso viernes de julio nos ofrecería un recital informal por presencia (en tejanos), cercano por la propia sala de cámara, en una selección de romanzas con el piano del langreano Marcos Suárez, tándem cómplice donde «la Díaz» agradeció el esfuerzo de su acompañante en una labor no siempre reconocida, y más con las endiabladas reducciones orquestales a las 88 teclas que son tan exigentes como para los cantantes.

Pero calidad, entrega y profesionalidad son calificativos más que merecidos para un recital donde agrupar una exquisita selección de páginas zarzuelísticas para comprobar el excelente estado de nuestros dos intérpretes. La soprano con una técnica exquisita, unas agilidades cristalinas, una gama dinámica amplísima, un registro grave que ha ido tomando cuerpo con los años, una musicalidad innata que imprime a cada página su propia personalidad, y una escena que convierte cada romanza en un microrrelato llevándonos a todos los personajes. El pianista conocedor de cada matiz, mimando la voz, encajando y respirando con ella, el trabajo previo para los rubati exactos y el entendimiento al detalle para conjugar un recital intenso.

Sin entrar en el análisis pormenorizado de cada página, pues dejo al final las obras y autores, destacar los «aires» variados desde los tangos hispanos a las siempre agradecidas habaneras, pero también la recuperación por parte de la soprano de Bóo de No hay tesoro ni poder (Las alondras) de Jacinto Guerrero que preparase hace años para su participación en el concurso que lleva el nombre del compositor, «lo que bien se aprende jamás se olvida» que dice el refrán, sumándole el poso de una carrera muy asentada, más el «descubrimiento» de María Rodrigo por parte de la musicóloga avilesina Mª Luz González Peña (directora del Centro de Documentación y Archivo de la Sociedad General de Autores), autoridad en la materia rescatando la zarzuela «Diana cazadora» con una romanza bellísima como la Canción de la muerte chiquita, pequeña muestra de lo mucho que aún queda por escuchar. Siempre nuestra zarzuela internacional, española, cubana o mexicana… para volver a escuchar la habanera Americana de «La niña pancha» (J. Romea y J. Valverde), cubanita graciosa y con abanico, o Mulata infeliz de «María la O» (Ernesto Lecuona) desde un piano íntimo acompañando, que tras la interpretación de la allerana casi debería actualizarle la letra como «Bea la de Bóo, qué bien la cantó…».

De mi tocayo Sorozábal sigue siendo maravillosa la romanza de Ascensión No corté más que una rosa («La del manojo de rosas») de la que Beatriz Díaz recordó la atemporalidad de esta zarzuela que cantaase en 2021 con la producción del asturiano Emilio Sagi, que sigue programándose y triunfando, de plena actualidad, esta vez con el «piano orquestal» de Marcos Suárez.

El regalo de la famosa canción Los nardos de «Las leandras» del maestro Alonso, sirvió no solo para ir preparándome para el 8 de septiembre llanisco que la ha convertido en «Himno de La Guía» sino para que todos participásemos con esta florista que nunca defrauda, logrando una excelente entrada y el fervor de un público entregado a nuestra soprano (y su pianista de cabecera).

PROGRAMA

Noche hermosa – Katiuska (P. Sorozábal)

Marinela – La canción del olvido (J. Serrano)

Tango de la Menegilda – La gran vía (F. Chueca y J. Valverde)

No hay tesoro ni poder – Las alondras (J. Guerrero)

Canción de la muerte chiquita – Diana cazadora (M. Rodrigo)

Americana – La niña pancha (J. Romea y J. Valverde)

Mulata infeliz – María la O (E. Lecuona)

No corté más que una rosa – La del manojo de rosas (P. Sorozábal)

Canción del Paloma – El barberillo de Lavapiés (F. Asenjo Barbieri)

Carceleras – Las hijas del Zebedeo (R. Chapí)

Zarzuela para seguir cumpliendo años

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Sábado 3 y Domingo 4 de mayo de 2025, 20:00 horas. Teatro Jovellanos, Gijón: Gran Gala de Zarzuela y Música Española. Orquesta Sinfónica MercadanteMariano Rivas (dirección artística y musical)Alexandra Zamfira (soprano) – Quintín Bueno (tenor) – Li Guochao (piano) – Natalia Thaïs (baile). Entradas: 40€ / 30€.

(Crítica para OperaWorld del domingo 4, con fotos propias, más el añadido de los siempre enriquecedores links, con la tipografía y colores que no siempre se pueden utilizar)

El Teatro Jovellanos gijonés cumple los 30 años de su remodelación, y nada mejor que celebrarlos con nuestro género por excelencia como es la zarzuela, que cuenta con miles de aficionados en Asturias y que en esta primera gala llenaron el coliseo del paseo de Begoña para volver a escuchar (tras la inauguración de la temporada 2022-23 de la Sociedad Filarmónica de Gijón) a la Orquesta Sinfónica Mercadante (OSMer) fundada por el asturiano Mariano Rivas (siempre bien recibido en su tierra), dando la oportunidad y el apoyo necesario a muchos músicos de los conservatorios y teatros madrileños desde su conocimiento como docente.

Dos funciones programadas donde además de la propia OSMer el programa ofrecía, como si de un catálogo promocional se tratase, no solo zarzuela sino música española sinfónica, y así junto a las voces de la soprano Alexandra Zamfira y el tenor Quintín Bueno, estaría la pianista china Li Guochao y especialmente la bailarina Natalia Thaïs.

La plantilla de la OSMer se quedó muy corta y desequilibrada en la cuerda (7-5-5-5-2), lo que perjudicó sobremanera las obras sinfónicas y las bailadas, con un esfuerzo por parte de los jóvenes músicos no siempre suficiente en las dinámicas, balances y planos, favoreciendo los matices para las romanzas, si bien el maestro Rivas trabajó con sus músicos como si de una gran orquesta filarmónica se tratase.

Centrándome en estas obras de la orquesta sola, las coincidencias en el tiempo hicieron que el día anterior escuchase en Oviedo a la OSPA con Óliver Díaz tanto la Danza final de El sombrero de tres picos (Falla) como la “Escena, canto gitano y fandango asturiano” del Capricho español (R. Korsakov), en el caso gijonés ambas cerrando cada parte del programa, que evidentemente no soporta, ni pretendo, comparaciones. De Falla diría que le faltó un pico al tricornio, con un enorme trabajo del viento madera, mientras de Korsakov el aire asturiano lo puso Don Mariano, y el concertino más el arpa hicieron el esfuerzo de sus intervenciones solistas. Por último del conocido preludio de Chapí solo diré que se quedó en “La juguetona” por las carencias antes apuntadas.

Es de aplaudir montar el piano solamente para el primer movimiento de las Noches en los jardines de España (El Generalife) de Don Manuel, con todo lo que supone, pero la pianista china se limitó a tocar todo lo escrito (que es mucho). Pese a la buena concertación de Rivas y el trabajo de la orquesta, por momentos tapó a Li Guochao ante su poco volumen y la ausencia del “duende” que inunda este concierto de nuestro gaditano universal enamorado de Granada. Faltó la atmósfera sonora que invita a la ensoñación, la magia que desprenden los arabescos y acordes que la recorren (casi imperceptibles), más el rubato casi necesario, así que espero escuchar en otro momento a la pianista y profesora china de buen currículo y trayectoria que esta vez no se lució.

Más interesante resultó comprobar todo el arte que nos ofreció la bailarina Natalia Thaïs, nacida en Zúrich pero formada en nuestro país en danza española y flamenco. Tres números donde poder cambiar de vestuario y estilo: primero el conocidísimo intermedio de Las Bodas de Luis Alonso (G. Giménez), baile español con castañuelas y zapateado mientras la OSMer rendía al máximo con sus posibilidades, de coreografía elegante y ritmo complementario al orquestal. Vestido goyesco y de nuevo con las castañuelas para el Fandango de Doña Francisquita (Vives) con el maestro Rivas exprimiendo los planos sonoros y Thaïs sin el obstáculo del piano (retirado al descanso) ampliando movimientos con unas manos y gestualidad flamencas. Para rematar la Danza Española de La vida breve (Falla) libre de “palillos” con zapateo y el juego del sombrero cordobés, nuevamente con la orquesta descompensada pero afinada y entregada al magisterio del director asturiano.

Dejo para el final las dos romanzas de cada cantante más los dúos. La joven soprano castellonense Alexandra Zamfira posee una voz de color muy bello, proyección suficiente, buena dicción y además valiente, comenzando con El barbero de Sevilla (Giménez) y la conocidaMe llaman la primorosa”, arropada por una orquesta siempre mimando a las voces (se nota el magisterio de Rivas en la Escuela Superior de Canto de Madrid), bien interpretada con agudos variados en matizaciones (el final levantó al público) y agilidades limpias, más la Romanza de la Duquesa de Jugar con fuego (Asenjo Barbieri), entendimiento con la flauta, Rivas vigilando los fraseos y una correcta acentuación  y afinación (“Tirano amor…”), muy dramatizada, de color homogéneo en todo su amplio registro, de nuevo valiente atacando el agudo final, con proyección más que suficiente ante una orquesta casi camerística. Habrá que seguir la trayectoria de esta soprano lírico-ligera con mucho camino por delante.

El tenor madrileño Quintín Bueno tiene tablas y oficio, eligiendo dos romanzas muy conocidas: “De este apacible rincón de Madrid” de Luisa Fernanda (Moreno Torroba), jugando con el maestro Rivas para cantar en un “rincón de Gijón”, de color no muy brillante, timbre algo metálico de amplio volumen algo apagado en el grave, seguro, más “No puede ser” de La tabernera del puerto (Sorozábal) no todo lo matizada que me hubiera gustado, abusando un tanto del portamento aunque valiente en los agudos, que suelen ser muy del gusto de los aficionados, sin problemas de tesitura y personalmente demasiado abierto el final. De nuevo impagable el trabajo de Mariano Rivas con su orquesta, concertador de primera, templando y respirando con los cantantes.

De los dúos elegidos, en la primera parte “Le van a oír” de Doña Francisquita (Vives) con buen empaste aunque Zamfira tapase a Bueno, arriesgando en el agudo final sin miedo a desafinarlo, y otro tanto en la propina de “Las mañanitas” de Don Gil de Alcalá (Penella) invitando al público a realizar el coro, tímido, tras el pasodoble “España Cañí” (Pascual Marquina) antes del dúo, poco torero, demasiado descompensado en balances, dinámicas y matices, para poner el punto y final a casi dos horas de cumpleaños gijonés, aplaudiendo el trabajo de asturiano Mariano Rivas siempre apoyando esta juventud que muy a menudo debe emigrar para encontrar una hueco en el difícil mundo de los profesionales de la música, y apostando por nuestra zarzuela dentro y fuera de nuestras fronteras.

PROGRAMA:

Primera parte

La Revoltosa: Preludio (Ruperto Chapí)

El barbero de Sevilla: Me llaman la primorosa (Gerónimo Giménez)

Noches en los jardines de España: 1º mov (Manuel de Falla)

Luisa Fernanda: De este apacible rincón de Madrid (Federico Moreno Torroba)

Las Bodas de Luis Alonso: Intermedio (Gerónimo Giménez)

Doña Francisquita: Le van a oír (Amadeo Vives)

El sombrero de tres picos: Danza final -Jota- (Manuel de Falla)

Segunda parte

El Bateo: Preludio (Federico Chueca)

El último romántico: Bella enamorada (Soutullo / Vert)

Doña Francisquita: Fandango (Amadeo Vives)

Jugar con fuego: Romanza de la Duquesa (Francisco Asenjo Barbieri)

La vida breve: Danza española (Manuel de Falla)

La tabernera del puerto: No puede ser (Pablo Sorozábal)

Capricho español: Escena, canto gitano y fandango asturiano (Rimski Korsakov)

Camarena como en casa

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Crítica para Ópera World del domingo 28 con los añadidos de fotos propias, más links siempre enriquecedores, y tipografía que a menudo la prensa no admite.

El ciclo ovetense de “Los Conciertos del Auditorio” celebra junto a la Oviedo Filarmonía su vigésimo quinto aniversario, con una presencia en este año donde no faltan las galas líricas, y este sábado regresaba a la capital asturiana el tenor mexicano Javier Camarena (1976) en un recital muy esperado por los muchos melómanos llegados de toda la geografía que agotaron el papel y donde el gran Tosti estuvo presente pues está presentando su último trabajo discográfico junto al pianista cubano Ángel Rodríguez, aunque esta vez con los arreglos orquestales de Gonzalo Romeu que han sido una “primicia” que podemos tomar como regalo de las Bodas de Plata en la que sigo llamando “La Viena Española” por su amplia oferta musical, que unida a la Capital Gastronómica de este año (como bien recordó el xalapeño) deberíamos reclamar también su “Capitalidad Musical”. Dedicatoria desde megafonía para nuestro querido Fernando Rodríguez Perez ‘Fernando Lluarca’, trabajador del auditorio y melómano, que nos dejó repentinamente hace cuatro días pero al que siempre tendremos presente.

Con todo vendido Javier Camarena se sintió como en casa, bien recibido, cercano, comunicativo en todo momento, empatizando con todos arriba y abajo del escenario, demostrando su pasión en todo lo que afrontó pese a no estar completamente bien debido a una flema que le daría problemas hasta el último agudo de la segunda propina que nos quitó a todos esa angustia por lo que supone escuchar sus agudos siempre “al límite”, pero volviendo a poner en pie al auditorio tras una velada dura donde el mexicano repasó sus mejores roles, sin olvidarse de la querida zarzuela en esta ciudad tan lírica, en una etapa donde irá abandonando parte del repertorio que le encumbró entre los grandes tenores y buscando nuevos caminos para su voz.
De nuevo Oviedo Filarmonía (OFil) con su titular Lucas Macías en esta nueva gala, donde al menos se mimó algo más al cantante, demostrando en las oberturas su buen momento tras un Zampa algo precipitado que sirvió para calentar, un excepcional Rossini que nos “robaría” los recuerdos cinematográficos de una ópera conocida por esta obertura, sirviendo además para lo mejor de la “Gala Camarena”, y sobre todo el popular Intermedio de La leyenda del beso donde pudimos comprobar la excelente gama dinámica de la formación ovetense que bien podría haber servido de test sonoro para todo el recital, con sonoridades impecables, una cuerda madura (con el arpa nuevamente de Domené siempre de agradecer) empastada, las maderas muy “cantabiles” con especial presencia de Inés Allué al clarinete, unos metales correctos y la percusión con altibajos por una desigual matización que no empañó para nada la seguridad que da tener en Vetusta esta orquesta sinónimo de lírica en todas sus variantes.
Oviedo y Camarena quedaron unidos desde su primera gala en noviembre de 2017 también con Oviedo Filarmonía pero con López-Reynoso a la batuta, un verdadero “flechazo” que seguiría hace cuatro años con su pianista de cabecera Ángel Rodríguez en un programa muy similar al de este último sábado de enero. Pero volver a escucharle con orquesta, incluso sea detrás suyo y no en el foso, siempre son palabras mayores, más en las arias de la primera parte cantadas en francés, donde la nasalización (sumada a la incómoda “telilla”) no ayudó a disparar la voz, aunque con los años el mexicano haya ganado en recursos, con ese registro medio y “mezza voce” característicos del tenor que son cual tarjeta de visita. Así, el Romeo de Gounod fue la ya exigente carta de presentación en frío, mimado por la OFil, o el Lalo de Le roi d’Ys donde mostrar su gusto por el ‘legato’ y el respeto al texto que ha caracterizado desde siempre a Javier Camarena.
Tras unas palabras donde volvió a ganarse el público recordando el paréntesis que supuso la pandemia y volver a cantar, emocionado, dos arias que pese a lo antes comentado, serían el mejor Camarena de la velada por su entrega: dominio, madurez y emoción. Primero la endiablada aria de Ramiro del segundo acto de La Cenerentola que exige un estado físico atlético por los ornamentos, sin faltarle ninguno, el rol que le abrió el MET hace diez años, hoy más corpóreo y tirante en el agudo pero igual de entregado, con el final poderoso y fidedigno hasta en la duración. Para cerrar la primera parte el Tonio de La fille du régiment, ese aria del primer acto cual verdadera dedicatoria a tantos amigos hoy presentes, no solo por los famosos “nueve dos” que en la ópera suenan casi sin calentar pero este sábado estaban bien situados en el programa. Camarena los atacó “a pecho descubierto”, limpio, impetuoso, con la orquesta perfecta en volumen, que si Rossini le preparó el instrumento, con el bergamasco alcanzó la cima de un Everest vocal que probablemente no vuelva a escalar a su edad.
Para la segunda parte aún quedaba un último Verdi que el mexicano domina, transmite y encandila: la cavatina «La mia letizia…» de Oronte en el acto II de I lombardi alla prima crociata, Lucas Macías llevando de la mano a Camarena ayudando al fraseo y ‘rubati’ hasta el último ataque al agudo corriendo el riesgo pero dándolo, pues valentía y entrega nunca le faltan al tenor.
Cómodo con la lengua de Dante vendrían las tres últimas páginas antes de la zarzuela: una “Danza” de Rossini muy personal en el arreglo y agógica elegida para el mismo, personalmente alejada de mi referente Alfredo Kraus (omnipresente en esta gala por el repertorio), con la picardía del veterano y la complicidad desde el podio, no siempre fácil de ajustar y encajar, más los dos Tosti que presentaría por el último disco, estrenando en Oviedo los arreglos de Gonzalo Romeu perfectos para esta gala, disfrutando de una orquestación actual pensada para realzar aún más la voz. «Chitarra abruzzese» dedicada a Caruso sonó desde el respeto idiomático, el melodismo del de Ortona y la fuerza necesaria para no perder volumen desde la matización intrínseca a esta partitura, y después despuntando la luna del «Marechiare», otra instrumentación “ideale” para Tosti en la voz de Camarena, encajando mejor en la segunda estrofa (la única con la ayuda de la partitura en tablet) pero dejándonos la media voz que la orquesta respetaría para disfrutar el color del mexicano.
Dos romanzas de zarzuela serían el cierre oficial donde el tenor mexicano defiende nuestro género por excelencia, en el que muchas otras voces han dejado su impronta y Camarena las conoce sumándose a tantas versiones: primero el Juan Luis de El huésped del Sevillano con la mujer de perfil agareno que el mexicano tornó azteca por los ornamentos, y después “no pudo ser” el buen Leandro de La tabernera del puerto pese al esfuerzo en los agudos, la exquisita vocalización y una OFil plegada al tenor. Agradecerle que siga incorporando zarzuela en sus recitales porque la quiere y canta con pasión y rigor, aunque el timbre y proyección no sean lo mejor para esta lírica tan exigente o más que la ópera, sumándole todo lo que llevaba cantado a estas alturas de la gala.
Los dos regalos sí fueron adecuados para el Camarena actual, de nuevo con arreglos de Gonzalo Romeu que si se llevan al disco con el balance adecuado a la voz, serán un triunfo por atemporales aunque en la mal llamada música ligera: “El día que me quieras” (Gardel / Le Pera), tango traído casi al bolero, jugando con “tempi”, matices y adaptando la melodía al registro (echando de menos un recitado del puente instrumental como hizo Rosa María Mateo con Los Sabandeños), y “Contigo en la distancia” (César Portillo de la Luz), uno de los mejores boleros de la historia donde las voces mexicanas siempre han encontrado intérpretes de referencia y Camarena también lo ha hecho suyo gracias a una instrumentación que no solo engrandece el tema (flauta, trompa, bongoes y cuerda le dan el toque sinfónico) sino que ayuda a sobresalir la voz y el buen gusto de este tenor feliz en Asturias, disfrutando de la buena mesa y luchando con las inoportunas flemas que sólo en la penúltima nota, deteniéndose para limpiarla tosiendo antes del último agudo, consiguió quitársela mostrando su agudo portentoso, penetrante y al fin claro. Estaba en el momento vocal de “Begin the beguine” pero el punto final ya quedaba puesto.
FICHA:
Sábado 27 de enero de 2024, 20:00 horas. Auditorio “Príncipe Felipe” de Oviedo, Los Conciertos del Auditorio (25 aniversario): Javier Camarena (tenor), Oviedo Filarmonía, Lucas Macías Navarro (director).
PROGRAMA:
Ferdinand Hérold (1791-1833): Obertura de Zampa.
Charles Gounod (1818-1893): «L’amour… Ah, lève-toi, soleil» (de Roméo et Juliette).
Édouard Lalo (1823-1892): «Puisqu’on ne peut fléchir… Vainement ma bien aimée» (de Le roi d’Ys).
Gaetano Donizetti (1797-1848): «Un ange, une femme inconnue…» (de La favorite).
Gioachino Rossini (1792-1868): Obertura de La gazza ladra.
Gioachino Rossini: «Si, ritrovarla iu giuro…», de La cenerentola.
G. Donizetti: «Ah! Mes amis, quel jour de fête!» (de La fille du régiment).
Giuseppe Verdi (1813-1901): Obertura de Luisa Miller.
Giuseppe Verdi:«La mia letizia infondere» (de I lombardi alla prima crociata).
G. Rossini: «La danza» (Arr. Ángel Rodríguez).
Francesco Paolo Tosti (1846-1916): «Chitarra abruzzese» (Arr. Gonzalo Romeu).
Francesco Paolo Tosti: «Marechiare» (Arr. Gonzalo Romeu).
Reveriano Soutullo (1880-1933) y Juan Vert (1890-1931): Intermedio de La leyenda del beso.
Jacinto Guerrero (1895-1951): «Mujer de los ojos negros» (de El huésped del Sevillano).
Pablo Sorozábal (1897-1988): «No puede ser» (de La tabernera del puerto).

Que me busquen en Triana

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Jueves 25 de mayo de 2023, 20:00 horas. Teatro Campoamor (Oviedo), XXX Festival de Teatro Lírico Español: «Entre Sevilla y Triana», sainete lírico en dos actos. Música de Pablo Sorozábal y libreto de Luis Fernández de Sevilla y Luis Tejedor Pérez. Estrenado en el Teatro Circo Price de Madrid el 8 de abril de 1950. Producción del Teatro Campoamor, Teatro Arriaga, Teatro de la Maestranza y Teatros del Canal (2012). SGAE Editorial / ICCMU, 2012, Edición de Pablo Sorozábal Gómez.

Crítica para Ópera World del viernes 26, con los añadidos de links (siempre enriquecedores), fotos propias y de Alfonso Suárez, y tipografía que a menudo la prensa no admite.
Tercer título de los cuatro programados en “La Viena Española” dentro de la trigésima edición del Festival de Teatro Lírico Español, que ya pide más de dos funciones ante el éxito de público, y auténtica Ruta de la Plata entre “Andalucía y Asturias”, casi como escribirían mi paisano Teodoro Cuesta junto a Diego Terrero hace más de un siglo.
Y es que el sainete «Entre Sevilla y Triana» de Pablo Sorozábal Mariezcurrena (San Sebastián, 1897 – Madrid 1988) une norte y sur en feliz compañía, esta vez por los muchos asturianos tan sevillanos como los que más sobre la escena, cercanos para un público que llenó y disfrutó de nuevo con esta producción de 2012 que volvía al Campoamor nueve años después antes de su paso por Madrid en enero del pasado año, regresando “a casa” este frío jueves de mayo.
Esta página del compositor donostiarra tiene mucha historia, como bien refleja el libro que Mario Lerena dedica a su teatro musical (Ed. arte textos, vol. 4, editado por la Universidad del País Vasco) con el subtítulo «Música, contexto y significado». De ella destaca un “acentuado andalucismo bastante tópico” recurriendo a las citas folklóricas con un libreto de Luis Fernández de Sevilla y Luis Tejedor Pérez que explota lo costumbrista y melodramático de un argumento de lo más atrevido para entonces, como es el de una madre soltera. La partitura de Sorozábal recrea esa temática sevillana buscando lo comercial del momento en aquella España franquista que tanto hizo sufrir y condicionó al músico vasco, compitiendo con «La maravilla errante» (de Quintero, León y Quiroga) con Lola Flores y Manolo Caracol de figuras. Como dato histórico reflejar que «Entre Sevilla y Triana» fue su único trabajo premiado por instituciones públicas (obtuvo el Premio Nacional de Teatro “Ruperto Chapí” a la mejor obra lírica de la temporada 1949-50) aunque su compañía no lograse acceder nunca a subvenciones ni premios oficiales. Está claro que el éxito se mantiene 73 años después, y hasta la crítica del propio Sorozábal en la prensa madrileña de 1984 parece de ayer: «La música cuando mejor ha estado es cuando los Gobiernos no se han ocupado de ella…». Música con momentos brillantes musical y escénicamente, un espectáculo total de rica instrumentación que pudimos comprobar a una excelente Oviedo Filarmonía (OFil) dirigida por Jaume Santonja mimando en todo momento a las voces y subrayando los pasajes propios.
Hoy en día es difícil encontrar tan buenos actores y actrices que canten bien, tan buenas voces que mantengan una acción que respira la camaradería y ambiente de barrio que respiró el coliseo carbayón hoy sevillano hasta la médula. La pacense Carmen Solís volvía a ser la “Reyes” que ha hecho suya esta producción, natural en su línea de canto, vocalidad limpia y dramaturgia para esta “madre valiente” que desde la primera escena cautiva, la romanza final del primer acto llena de buen gusto y hasta el dúo con Fernando del segundo acto donde enamoró hasta la última fila por su color y entrega al papel, rematado por el final “El barco de mis quereres” sólo con la interrogante argumental y la seguridad de otra actuación de “La Reyes Solís”.
Si Reyes canta y actúa, la “Señá Patro” de Charo Reina fue la segunda corona de la función, sevillana por los cuatro costados derrochando no sólo el gracejo natural en ella sino una proyección vocal única más un cante que es genético a la vera del Guadalquivir, réplica cantada y hablada del más alto nivel.
La pareja de Micaela (Mayca Teba) y Angelillo (Ángel Ruiz) transmitió toda la gracia y química entre ambos, diálogos, dúos y hasta baile, completos en sus roles y siempre polifacéticos, hoy diríamos “animales escénicos”, ganándose al público por el buen hacer total.
Al tenor asturiano Juan Noval-Moro le tocó hacer de sevillano como José María, el antipático pretendiente de Reyes, que vocalmente resultó muy cercano y convincente para triunfar en lo alto del puente de Triana con su conocida romanza “Tu que sabes del cariño…?” bien arropado desde el foso en un cuadro “aislado” antes de la última escena, que si bien paró un poco la acción, fue plástica y musicalmente la mejor recompensa a un personaje no siempre agradecido en este sainete.
Llegó a buen puerto pero no recaló el Fernando del mexicano Germán Olvera al que no se le notó cómodo ya desde el inicio. Color vocal desigual en los diálogos pese a su potencia canora y presencia, tuvo momentos de afinación imprecisa como en la hermosa “¡Dios te salve, Sevilla…!” aunque mejor su romanza “Nadie sabe cómo empiezan estas cosas” del cuadro cuarto.
Destacables los actores y actrices asturianos, citando por lo menos al popular y televisivo Carlos Mesa como Señor Mariano, cantando y siendo tan trianero como el de la última cita, Sandro Cordero como Glosopeda o el simpático Mister Olden de Roca Suárez que “no se hizo el sueco” pero el acento no le delató; otra sevillana de casa Begoña Álvarez como Esperanza Morena, cupletista para el momento o Inma Rodríguez como Doña Benita, las tablas y la necesidad camaleónica de ser sevillanas en Asturias junto al resto de figurantes incluyendo a los niños de “Divertimento”, que dejo todos reflejados en el reparto.
Punto y aparte el cante y el toque, José Montoya Carpio, jerezano “jondo” hasta en su apodo, José “El Berenjeno” con Manuel Heredia a la guitarra pusieron la pureza y el “pellizco” en sus intervenciones, puente tras la habanera del cuadro segundo y auténtico cuadro flamenco con los “Tangos de Triana” que convirtió el Campoamor en un tablao, cante sentía y profundo con la guitarra más flamenca a este lado del Pajares, sobre todo con la “soleá”.
Hablaba antes de la Habanera y ahí estuvieron los marineros de la Capilla Polifónica “Ciudad de Oviedo” que sonaron con el volumen y buen gusto cantábrico mecidos por una OFil con el capitán Santonja al timón, sumándose al pasodoble torero y náutico del cuarto cuadro “¡Me caso en la mar salada.!…” con Angelillo y Micaela redondeando una soberbia actuación.
Espectacular el cuadro de baile, dos bailarines de escuela en el cuadro (Luis Ortega y Christian Sandoval) y hermosísima estampa en espejo con Cristina Guadaño y Vianney Gómez de Ávila, arte gitano lleno de plasticidad gracias a la excelente coreografía de Antonio Perea, que hizo bailar a todos sobre el Tablao del Campoamor.
Y el espectáculo total lo fue gracias al genio de la escena, un Curro Carreres que siente esta producción suya de principio a fin, y así la hizo llegar a todos, con un vestuario de Jesús Ruiz (la modernidad de las “gitanas”) de la época donde transcurre la acción. Sigue vigente ese barco llegando a puerto, la Macarena en Triana y los pasajes del barrio más sevillano. Todo un detalle hacer salir para los aplausos finales a todo el equipo de técnicos, parte indispensable del engranaje que convirtió Oviedo en Sevilla.
Dejo para el final el texto (y la foto) de un azulejo que está en el Bar “Las Golondrinas” de Triana, con texto de Antonio Domínguez Fombella, un gijonés afincado en Sevilla y funcionario de la Junta, ahí colocado tras unir las aguas del Sella y del Guadalquivir en 1998:
Si me perdiese algún día
que me busquen en Triana,
no vayáis hacia mi Asturias,
tal vez allí, oigáis mi gaita,
suspirar tiernos recuerdos
en mágica resonancia.
Buscadme en los aledaños
de una taberna en Triana,
donde nuestro amigo Paco
tiene aroma de albahaca,
me da de beber buen vino
de humildad y templanza;
si me perdiese algún día,
allí encontraréis mi alma.
Ficha:
Teatro Campoamor (Oviedo), jueves 25 de mayo de 2023, 20:00 horas. XXX Festival de Teatro Lírico Español: «Entre Sevilla y Triana», sainete lírico en dos actos. Música de Pablo Sorozábal y libreto de Luis Fernández de Sevilla y Luis Tejedor Pérez. Estrenado en el Teatro Circo Price de Madrid el 8 de abril de 1950. Producción del Teatro Campoamor, Teatro Arriaga, Teatro de la Maestranza y Teatros del Canal (2012). SGAE Editorial / ICCMU, 2012, Edición de Pablo Sorozábal Gómez.
Reparto:
FERNANDO: Germán Olvera – REYES: Carmen Solís – JOSÉ MARÍA: Juan Noval-Moro – ANGELILLO: Ángel Ruiz – MICAELA: Mayca Teba – CANTAOR: José “El Berenjena” – GUITARRISTA: Manuel Heredia – SEÑÁ PATRO: Charo Reina – GLOSOPEDA: Sandro Cordero – SEÑOR MARIANO: Carlos Mesa – ISIDORA: Carmen Gloria García– ESPERANZA MORENO: Begoña Álvarez – MISTER ÓLDEN: Roca Suárez – DOÑA BENITA: Inma Rodríguez – FLORISTA: María Fernández – ANTICUARIO: José Lauro Ranilla – LIMPIABOTAS: Lorenzo Roal – ALFARERO / VECINO: Cristhian Sandoval – VECINAS: Xana del Mar Tamara Norniella Aida Valladares Ana de Vega – BAILARINES FIGURANTES: Vianney Gómez de Ávila, Cristina Guadaño, Luis Ortega, Cristhian Sandoval – NIÑOS: Alumnado de la Escuela de Música Divertimento: Julián Avedilla, Sara Fernández, Guillermo Fernández, Dominique Marqués, Rodrigo Méndez.
DIRECCIÓN MUSICAL: Jaume Santonja – DIRECCIÓN DE ESCENA: Curro Carreres (AAPEE) – ESCENOGRAFÍA: Ricardo Sánchez Cuerda (AAPEE) – VESTUARIO: Jesús Ruiz – ILUMINACIÓN: Eduardo Bravo (AAI) – REPOSICIÓN DE ILUMINACIÓN: Sergio Torres (AAI) – COREOGRAFÍA: Antonio Perea – AYUDANTE DIRECCIÓN ESCENA: Rebeca Medina.
Orquesta Oviedo Filarmonía (OFIL), Capilla Polifónica “Ciudad de Oviedo”, coro residente del Festival de Teatro Lírico Español (dirección del coro: José Manuel San Emeterio Álvarez).

Felices 20 años de La Castalia

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Sábado 26 de marzo, 20:00 horas. Gala Lírica «La Castalia», XX Aniversario: Oviedo Filarmonía, Isabel Rubio (directora), Alejandro Roy (tenor invitado), Olena Sloia (soprano), Vanessa del Riego (soprano), María Heres (mezzo). Entrada libre.

La Castalia del siglo XXI sigue los pasos de aquella de 1873 con más fuerza y apoyando desde nuestra tierra el talento lírico, celebrando una gala lírica de altura que colmó las expectativas, un auditorio lleno que hacía cola una hora antes del comienzo, para reafirmar que Oviedo sigue siendo capital musical y las nuevas generaciones vienen pisando fuerte, tributo a dos generaciones de cantantes y compositores, la segunda labor de esta asociación que preside Begoña García-Tamargo con el mismo entusiasmo que sus discípulas.

Los que peinamos canas disfrutamos viendo la evolución de estas voces a las que conozco desde sus inicios, desde nuestro gran Alejandro Roy, invitado de lujo con sus paisanas Vanessa del Riego y María Heres, más el feliz encuentro con la ucraniana Olena Sloia, comprobar el talento de «las dos G» de la composición actual en Asturias, Guillermo Martínez (1983) y Gabriel Ordás (1999), la madurez de la directora murciana Isabel Rubio llamada a seguir comandando grandes orquestas, y por supuesto la Oviedo Filarmonía que si siempre es solvente, en estos repertorios aún más.

El programa lo dejo aquí encima detallado y paso a comentarlo globalmente: Primera parte operística donde el estreno de la obertura Homenaje a La Castalia de Ordás no pudo ser mejor inicio, aires empujando una apertura de forma clásica, digna de este aniversario que Isabel Rubio llevó al detalle para una sonoridad muy aterciopelada digna de las grandes formas orquestales.

Y abriendo la siguiente parte el segundo estreno de la tarde, Corona de azahar de Martínez, el intermezzo de su ópera «Bodas de Sangre» con aire hispano a más no poder, el mejor tributo a los grandes como Falla, Granados o Turina digna de ser coreografiada por el Ballet Nacional, impresionante instrumentación y excelente interpretación de OFil con Rubio dominadora de todos los recursos utilizados en esta maravilla que espero disfrutar completa en algún coliseo lírico como el que se convirtió el auditorio ovetense en este feliz cumpleaños. Apoyar estos estrenos con el talento de dos compositores que ya tienen su hueco en la SGAE, bien representada por otra asturiana como Mª Luz González Peña, igual de orgullosa de comprobar el talento de nuestra tierra.

De Alejandro Roy insistir en su excelente momento vocal, el aria de «Romeo y Julieta» (Gounod) Ah lève-toi, soleil poderosa y sentida, la romanza No puede ser de «La tabernera del puerto» (Sorozábal) en la mejor línea de canto con gusto y maestría, ambas concertadas a placer por Isabel Rubio, y la propina que siempre pone la carne de gallina cantada por el tenor gijonés, su Cavaradossi que se despide de la vida en «Tosca» (Puccini), uno de los roles que más triunfos le está dando y atravesando la mejor edad para afrontarlo. Gratitud hacia La Castalia que hizo llegar obligando a subir al escenario a Begoña G. Tamargo, y gratitud de un público rendido al mejor tenor asturiano de todos los tiempos.

Otra excelente voz la soprano Olena Sloia, con un Caro nome de «Rigoletto» (Verdi) ideal para su color y emisión, impresionante la actuación completísima de una página tan difícil como el Glitter an Be Gay de «Candide» (Bernstein) y dos romanzas bien cantadas, perlas vocales con un gusto y afinación ideales junto a la orquesta detrás que no bajó el volumen y la arropó con las mejores galas que sacó con buen hacer Rubio, la Canción del Ruiseñor de «Doña Francisquita» (Vives) y Me llaman la primorosa de «El Barbero de Sevilla» (Giménez). Sabiendo el triste momento por el que pasa su tierra, la ucraniana dio lo mejor y el público lo agradeció con grandes aplausos solidarios con su país y premiando la entrega de Olena.

Y las alumnas aventajadas de La Castalia, que van forjando su carrera, la soprano Vanessa del Riego y la mezzo María Heres, voces perfectas para sus dos dúos, el conocido dúo de las flores de «Lakmé» (Delibes) y el de las majas de «El barberillo de Lavapiés» (Barbieri), empaste y trabajo con piano que la orquesta engrandeció haciéndolas disfrutar aún más. La propina de Mozart redondeó este dúo «marca de la casa», el Prenderò quel brunettino del «Cossì», bien de tempo por parte de Rubio y la OFil completando el repertorio y entendimiento de todas ellas, en femenino plural.

De las arias y romanzas, Del Riego cantó Con onor muore de «Madama Butterfly» (Puccini), con una orquesta más fuerte que en el foso lo que no le impidió seguir emocionándonos en este rol, mientras Heres llevó el mayor peso de la velada, dos arias de «La Favorita» de Donizetti, y «Samson y Dalila» (Saint-Säens) muy trabajadas que con orquesta siempre ganan, especialmente su Mon coeur s’ouvre à ta voix, y otro tanto con sus romanzas de «La Malquerida» (Penella) o «Los claveles» (Serrano), un repertorio que va tomando cuerpo y terminará ampliando en una carrera bien encaminada con muchas horas de estudio.

Siempre hay que destacar la Oviedo Filarmonía que como decía anteriormente, es un seguro de calidad en todas sus secciones, y como orquesta de foso tanto ópera como zarzuela están en los atriles desde sus inicios. La línea ascendente es clara y ya tiene su propia personalidad ganada con las aportaciones de batutas de todas las generaciones.

Volver a tener al frente a Isabel Rubio le dio a esta gala no ya la precisión y gesto de la murciana, un portento de la batuta, también la pasión que transmite y una  concertadora que también va formándose a la sombra del trabajo como asistente en muchas producciones (Oviedo entre ellas). El mundo de las bandas de música es una cantera tanto para instrumentistas como para esta generación joven de directoras que comienzan a encontrar su merecido protagonismo y Rubio es una de ellas.

Esperando que La Castalia no desfallezca y encuentre el apoyo necesario para continuar esta labor impagable, centenares de cursos y actividades para seguir formando y apoyando el talento con mucho trabajo a lo largo de estas dos décadas. Como dice el tango «veinte años no es nada» pero el esfuerzo se nota y los frutos podemos compartirlos y disfrutarlos en este Oviedo que sigue siendo «La Viena española» y la mejor aspirante a capital cultural.

El talento no naufraga

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Lunes 18 de febrero, 20:00 horas. Oviedo, RIDEA: La Castalia, Concierto de Clausura del Curso de repertorio vocal. Canela García, Carla Romalde, Almudena Sanz (sopranos), Gabriel Ordás (violín), Jorge Diego Fernández Varela (viola y piano), Santiago Ruiz de la Peña (cello); Manuel Burgueras (piano); Begoña García-Tamargo, directora artística y profesora de canto.

Tarde lluviosa con música de fondo de los canalones sin parar en el patio del Palacio del Conde Toreno que no logró aguar un concierto con aires reivindicativos.

Tomó la palabra la directora de «La Castalia» para volver a insistir la ausencia de ayudas a esta asociación veterana que hoy en día no existiría sin el apoyo del RIDEA, denunciando no ya la política cultural, citando el artículo 44 de nuestra Constitución sino el aumento en el precio de los abonos para la temporada de zarzuela que comienza el próximo jueves, y la tardanza en sacarlas a la venta.

Por si el aguacero de incomprensiones fuese poco, Begoña cedió la palabra a Mateo Luces, profesor de violín del Conservatorio del Nalón y presidente del comité de empresa que tras años en el tajo junto a sus compañeros, la Mancomunidad amenaza con llevar a juicio al centro musical de la comarca langreana y pedir que se haga cargo el Principado de este conservatorio, peligrando los puestos de sus 23 profesores que opositaron a ello hace más de 20 años y podrían quedarse como interinos al no haber subrogaciones de contrato, todo por leyes que cada uno interpreta como les viene bien y que por resumir se queda en unos cien mil euros a pagar entre cinco ayuntamientos.

Seguimos recortando en cultura y más en la musical olvidando que Forma Antiqva o el Coro de Voces Blancas han salido de este conservatorio y llevan a mucha honra el nombre de Asturias con una calidad envidiable, teniendo que volver a reivindicar y defender lo que tanto tiempo y esfuerzo ha costado.

En la parte musical hubo bajas médicas de la mezzo María Heres o el tenor Adrián Begega, pero el talento es más fuerte que las inclemencias y un triunvirato de jóvenes compositores además de intérpretes, supieron adaptarse a las circunstancias y completar un concierto que no tuvo desperdicio.

Al cellista Santiago Ruiz de la Peña le tocó abrir velada tras la media hora de reivindicaciones con el mejor «manifiesto» para la música como es J. S. Bach de cuya Suite nº 3 en do mayor nos dejó el profundo y ligero Preludio, la Zarabanda muy sentida recordando las violas de gamba francesas, y la Giga con aires de gaita. Buena memoria, templando con seguridad, arco flexible y creando un sonido que el tiempo, pues el estudio no falta nunca, acabará tomando aún más cuerpo y sonoridad en un instrumento que ya domina.

En el caso de Jorge Diego Fdez. Varela (1996), compositor y músico gijonés nos dejó al piano sus Farolillos en el agua casi banda sonora de esta tarde con el reflejo de las farolas en la autopista «Y» que une la costa con la capital, sencillez y ternura, new age por cristalina y Debussy o Ravel por inspiración y temática.

La asociación cultural «La Castalia» tiene una querencia lógica por Gabriel Ordás (1999) que tomó el violín para reinterpretar la Nana felguerina con texto de Lorca, originalmente para soprano que hoy «cantó» el ovetense con el piano del compositor, Jorge Diego Varela, obra que obtuvo el primer premio en el II Concurso de Composición de la «Fundación Marino Gutiérrez Suárez«, adaptación lírica a más no poder. Y de nuevo el talento de estos dos jóvenes para adaptar de su ópera de cámara Doña Esquina estrenada por «La Castalia» el aria para tenor Y cómo que lo estoy, nuevo dúo violín-piano cantando desde el dominio del compositor esta música fresca y vibrante llena de poesía. Reflejar la premura con la que ambos compositores tuvieron que trabajar, al alcance solo del talento de ambos músicos, integrales en sus dos facetas.

Fueron ellos tres, al sumarse Santiago y cambiar Jorge piano por viola los encargados de clausurar este concierto nada menos que con el Trío de cuerda en si bemol mayor D 471 de F. Schubert, uno de los grandes liederistas que el triunvirato interpretó cual romanza sin palabras en perfecto entendimiento camerístico, cual veteranos músicos que saben cómo latir a una, la mejor defensa para hacer ver lo importante que es tenerlos de ejemplo y tarjeta de presentación a sus coetáneos, esperando los políticos alcancen a entender que es la mejor inversión futura y no un gasto.

De las tres sopranos, ya conocidas por el que suscribe de anteriores cursos, quiero destacar el enorme trabajo y la progresión en cada una de ellas, junto a una sabia elección de repertorio a cargo del maestro Manuel Burgueras que conoce como pocos la materia prima. Para Almudena Sanz de voz fresca y creciente musicalidad eligió a Haydn para comprobar la ganancia en proyección de su voz: Pensi a me si fido amante y Un tetto umil,  para finalizar con el aria Signor, voi sapete de «Il matrimonio per inganno«, microrrelato bien interpretado tras la bellísima Plaisir d’amour (J. P. Martini) que nos descubriese la irrepetible Victoria de los Ángeles.

De artista ya profesional hay que calificar a la ferrolana Carla Romalde, afianzada en color de timbre penetrante y un dominio tanto del euskera como del alemán, idiomas muy parejos con los que pudimos disfrutarla tanto en Sorozábal o Guridi (Romanza de Mirentxu) pero sobre todo con Richard Strauss donde el piano dialoga con ella, un Zueignung poderoso tras el Día de los Santos (Allerseelen), tablas y musicalidad para unos textos que personalmente iba leyendo en el teléfono, traducción incluida.

La mayor satisfacción me la daría Canela García por el enorme avance mostrado, afinación segura y un cuerpo vocal ganando en el registro grave y dramático, con temas en francés muy adecuados a un color que ya está asentado y homogéneo. Beau Soir (Debussy), L’enamourée (R. Hahn) y el aria de «Herodiade» Il est bon (Massenet) fueron páginas muy trabajadas para poder disfruta de una vocalidad que ha ganado en confianza y colorido. Remataría con Kurt Weill y Nanna’s Lied, el cabaret alemán con partes habladas llenas de desenfado que le vienen muy bien a la soprano madrileña cuya evolución a lo largo de los cursos es digna de mención, esperando el próximo.

Felicidades al profesorado que contagia su amor por la música a esta generación de jóvenes cantantes, y mi admiración por el trío instrumental de talento desbordante, cuyas carreras de compositores no han hecho más que empezar y ya sacan a flote lo mejor de ellos en un largo camino para el que deseo a todos ellos lo mejor. Lástima que la política se esté devaluando y llenando de mediocres porque con acercarse esta tarde lluviosa hasta el RIDEA hubieran comprobado «in situ» la buena inversión que esperemos no se lleven alemanes o ingleses, pues dejar escapar talento no tiene retorno y la historia es terca.

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