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Premio para Don Ignacio

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Siempre es un orgullo seguir de cerca la prometedora carrera de un joven violinista de esta tierra que tanto ha cambiado en el terreno musical, esperando no ceder ni un paso más, pero los tiempos se están poniendo muy difíciles.

Pero los sacrificios familiares y sobre todo personales, tienen recompensa, y en la tarde de este Lunes 11 de noviembre mi admirado Ignacio Rodríguez Martínez de Aguirre se alzaba con el Premio Fin de Grado 12-13 del Conservatorio Profesional de Música de Oviedo en dura competición, junto al contrabajista Iker Sánchez Trueba y la viola de Lucía Mullor Martínez, cada uno en su instrumento

Mi querido Don Ignacio se enfrentó a la obra elegida por el Tribunal: el dificilísimo primer movimiento (Allegro molto appassionato) del Concierto para violín en mi menor, op. 64 de Mendelssohn ¡en el grado profesional! con la orquesta reducida al piano pero demostrando una madurez interpretativa unida a una trabajada técnica que seguro decantó al jurado por darle el merecido premio. Aplomo sobre el escenario, sonido potente, un arco decidido que es una delicia, y sobre todo la cadenza llena de personalidad.

Y la Introducción y Tarantella, op. 43 (Sarasate) rubricó mis sensaciones veraniegas y volvió a demostrar cómo se vive por y para la música, sin olvidar los estudios en el Instituto, compaginar con mucho esfuerzo ambos y salir airoso. Hondura, sonido, musicalidad a raudales y sentimiento… así interpretó al siempre endiablado navarro este virtuoso asturiano.

Continuaré siguiéndole porque el camino iniciado no tiene marcha atrás y sus padres y familiares seguirán apoyando una carrera que está muy bien asentada. El merecido premio es otro escalón más.

Pasión corsa por Don Alfredo

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Viernes 25 de octubre, 20:30 horas. Iglesia de San Isidoro, Oviedo: IX Ciclo de Música Sacra «Maestro de la Roza». Concierto inauguralGargulae Vocis, polifonía corsa.

El viernes final de octubre y los de noviembre son citas en la agenda musical carbayona desde hace nueve años con este ciclo que recuerda a Don Alfredo y trae a la capital asturiana músicas que también tienen su hueco y público en una ciudad tan melómana como Oviedo. Los organizadores trabajan y mucho para sacarlo adelante año tras año aunque la ceguera cultural de todos los políticos sea un lastre a la vista de más recortes que acaban necesitando y recabando el apoyo económico de una afición que también pasa por penurias aunque no pueda prescindir de este alimento espiritual que hace más llevadera esta angustia de la que no tiene culpa.

Apuntémonos con cualquier figura musical desde la semicorchea a la redonda en yosoydelciclo.com.

La Escolanía San Salvador continúa con la misma ilusión organizando un ciclo que mantiene calidad en los intérpretes, pues mengua sólo la cantidad, y este primer concierto del ciclo lo ofrecería un cuarteto hispano-francés (Juanma Rivero, Ángel David Martín Blas, Paul Leclerc y Jean-François Richon) apasionado por la polifonía corsa -declarada por la UNESCO Patrimonio Cultural de la Humanidad desde 2009 como bien inmaterial, precisamente por esta característica polifónica, pues en muchos aspectos recuerda por momentos otras melodías del arco mediterráneo y si me apuran, hasta de nuestra Misa de Gaita– que mezcló cantos sacros y profanos de ahora y siempre, haciendo las delicias de un templo abarrotado que premió cada intervención y explicación del español Ángel David con merecidísimos aplausos.

La «Paghjella» es la tradición corsa cantada por hombres que combina tres registros vocales que siempre se producen en el mismo orden (Siconda, u Bassu y Terza) como bien explican las notas al siempre excelente programa editado para el ciclo, usando idiomas como el corso, sardo, latín y griego además de aunar la tradición oral secular y litúrgica, repertorio del que pudimos disfrutar en San Isidoro el Real a cargo del cuarteto Gargulae Vocis.

Llegaban cantando la tradicional L’Orme sanguine y caminando hacia la tarima que también se unió al concierto crujiendo y alternando con las campanadas que ayudaron a crear un clima único e irrepetible. Prosiguieron con dos tradicionales de la zona de Rusiu, Salve sancta parens, que me llevó al reciente concierto en León del Ensemble Organum que tanto ha influido en esta formación- y Kyrie, más el Ave Maris Stella en arreglo de Barbara Furtuna -otra formación corsa-, arte vocal tradicional, voces naturales con juegos melismáticos tan próximos a nuestra tonada, siempre con esa polifonía tan peculiar y difícil de empastar pero que este cuarteto domina a la perfección, rematando un expléndido y siempre emocionante Stabat Mater de la región Nebbiu, no tan lejana a nosotros.

La profano vino con dos melodías hermosas, Fiore y A Biasgina, llamándonos la atención la peculiar forma de unirse para el canto e incluso taparse un oído por parte de alguna voz para precisar la siempre difícil afinación, otra similitud con nuestros cantantes de tonada.

A mi lado, en el centro de la iglesia, se situaron para cantar el dúo Tota pulchra es Maria del manuscrito franciscano corso del siglo XVII, auténtica delicia de primera mano que me hizo sentir esta cercanía para unas obras que vinculan lo litúrgico y secular del pueblo como la citada Misa de gaita asturiana hizo aunque en menor medida. Prosiguieron con un impresionante Requiem y Tantum ergo sacramentum del mismo manuscrito corso, cerrando otro bloque polifónico de emociones y pasión vocal.

Dos canciones tradicionales profanas: Lettera a mamma, carta desde prisión de un soldado de la primera guerra mundial, tristemente actual en muchas partes de este mundo nuestro donde la música parece aminorar sufrimientos, seguida por un arreglo de J. E. Langianni de E Muntagne d’Orezza, prepararon la vuelta a lo sacro con el Offertoriu y el actual pero atemporal Lamentu à Ghjesù (M. Torchini / N. Acquaviva / T. Casalonga / R. Mambrini) donde Juan Manuel nos dejó una emocionada interpretación solista siempre con el «roncón» o bordón en boca cerrada de sus tres compañeros.

Para terminar la tradicional Moita Lode à San’Ghjiseppu antes de volver a situarse en el centro para cantar el himno corso Diu vi Salvi Regina, sentido con ellos, respirando y vibrando cada frase, cada sílaba, cada nota que reverberaba en San Isidoro. Todavía nos harían el Sanctus tradicional de la misa de Rusiu, un inicio que nos unía Córcega y Cerdeña con Oviedo para disfrute de Don Alfredo y todos los presentes, «La luz de la fe» como título e hilo conductor de este ciclo de 2013.

Elogio del Cuarteto

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Jueves 24 de octubre, 19:45 horas. Teatro Filarmónica, Sociedad Filarmónica de Oviedo: año 107, concierto 1.895, 13 del año 2013. Cuarteto Bretón. Obras de Guridi y Beethoven.

El cuarteto como formación de cámara, más que un género musical, banco de pruebas compositivo, orquesta a escala, «órgano de cuerda», experimentación sonora, combinaciones de cuatro elementos tomados de uno en uno, de dos en dos, de tres y uno para sentir como unidad indivisible e indisoluble. Cuarteto como alimentación de intérpretes y público, aprendizaje necesario para disfrutar de la música en estado puro compartiendo los mismos sentimientos.

Definiciones del DRAE: cuarteto (Del it. quartetto). 2. m. Mús. Composición para cantarse a cuatro voces diferentes, o para tocarse por cuatro instrumentos distintos entre sí.
3. m. Mús. Conjunto de estas cuatro voces o instrumentos.

Sentimiento tras escuchar al Cuarteto Bretón: conjunto de cuerda que vive y siente las obras que interpreta como un solo intérprete. Así nos sentimos los presentes en este coliseo donde puede decir que aprendí a escuchar y sentir la música, una formación que dedicada a recuperar y estrenar obras, muchas a ellos dedicadas, no olvida el repertorio camerístico buscando esa unión entre lo de ahora y lo de siempre.

El Cuarteto nº 2 en la menor (1949) de Jesús Guridi (1886-1961) es una joya donde confluye el oficio compositivo del organista y compositor vitoriano, la inspiración melódica, el respeto a la forma sonata en sus cuatro movimientos, la geografía cantábrica tan cercana a muchos de los presentes, con toques parisinos impresionistas, y el conocimiento del cuarteto para quien escribe magistralmente, dando el protagonismo puntual y equilibrado a sus componentes para lucirse individualmente como excelentes músicos, y exigirles sonar como un sólo instrumento, lo que se consigue con muchos años de trabajo remando, compartiendo y sintiendo lo mismo  -han grabado los dos cuartetos para el sello Naxos-. Forma perfecta en este cuarteto dedicado al chelista Juan Antonio Ruiz Casaux, el Allegro moderato sirve de presentación melódica y armónica a la vez que rigurosa; un Adagio sostenuto realmente lírico donde los arcos piensan en la misma dirección; el Prestissimo me trajo salitre vasco con una limpieza otoñal que los asturianos conocemos con esos aires de danza en ese «scherzo»; y el Vivace non troppo remató un cuarteto que compartiría programa con otro grande, todo un ideario del Bretón, de nuevo sentimientos aunados desde la pasión interpretativa, el rigor musical, la belleza del sonido con ese intermedio tan lírico antes del potente final, y una búsqueda de excelencias al alcance de muy pocos.

El Cuarteto nº 8, op. 52 nº 2 en mi menor, «Rasoumovsky» (1806) de Beethoven resulta tras el segundo del vasco como un homenaje a las fuentes, el cimiento del cuarteto como hoy lo entendemos, compartir cada intervención solista como si de un sólo músico se tratase, ligazones expresivas, dinámicas apabullantes, redondez sonora en cada movimiento y el lenguaje ya avanzado del genio de Bonn. Anne Marie North (primer violín), Antonio Cárdenas (segundo violín), Iván Martín Mateu (viola) y John Stokes (cello) unieron el latir como un sólo corazón para deleitarnos con una interpretación impresionante, digna de un gran cuarteto con cuatro solistas de primera, que muchos descubrieron en Radio Clásica pero que diez años a sus espaldas consiguen estos resultados. Esperamos la edición crítica de la integral de Conrado del Campo que llevan preparando con mimo, porque tras lo escuchado en Oviedo será otro referente en nuestra historia musical y cultural mal que les pese a muchos dirigentes.

Y regalarnos La oración del torero, op. 34 del sevillano Joaquín Turina tras los merecidos y abundantes aplausos, decantó la balanza hacia nuestra tierra, campeona en obras hermosas, completas, atemporales y capaces de dar el salto a la gran orquesta, pero que en la versión original para cuarteto de laúdes, esta vez de cuerda frotada con «el Bretón«, resultó otro impagable, de faena para salir por la «Puerta del Príncipe» (aunque el de Asturias estaba en el Auditorio a la misma hora).

Amores y tormentos en el Paraíso

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Jueves 17 de octubre, 19:30 horas. Patio del Palacio de Velarde (Museo de Bellas Artes de Asturias. Raquel Andueza (soprano) y Jesús Fernández Baena (tiorba): D’Amore e Tormenti (Música profana en la Europa del siglo XVII). I Ciclo de Música Antigua: Sonidos de la Historia. Organiza: Joven Asociación de Musicología de Asturias.

Mi más cordial y sincera enhorabuena a la JAM de Asturias por el esfuerzo y mucho trabajo demostrado en preparar este ciclo en la capital que además contó con un dúo de fama internacional para augurar e inaugurar un buen puñado de eventos para un repertorio que también tiene un público incondicional que llenó el patio y ventanas del primer piso.

Foto © Víctor Gallego

Evidentemente tener entre nosotros a Raquel Andueza y Jesús Fdez. Baena por primera vez en Oviedo, resultaba un aperitivo que no podíamos perdernos, con un programa íntimo, en el amplio sentido de la palabra, que nos hizo sentirnos en Palacio como auténticos cortesanos privilegiados, música antigua siempre tan actual y cercana.

Amor y dolor, placer y tormento, paraíso e infierno, alma y cuerpo«pensar con el corazón y sentir con el cerebro» que decía el filósofo paleño Sebastián Mora en la radio mientras volvía en el coche para la aldea, frase perfectamente aplicable a lo que nos cantó y contó la soprano navarra en perfecta simbiosis con el tiorbista sevillano, con el único intermedio de la Toccata arpeggiata de Kapsperger capaz de hacer hablar sin palabras un instrumento ideal para la voz de Raquel Andueza, natural, limpia, fresca, sentida, teatralizando los bellos textos italianos de Merula, Strozzi, Landi o Ferrari, «apartar los Canarios» tras cantarnos la bellísima nana Figlio dormi, y acabar Si dolce è il tormento de Monteverdi, cuyas palabras abrían las notas al programa escritas por la JAM (casi JASP que decía un anuncio de hace décadas). Lo más aplaudido Ferrari (aunque aquí no pinte nada Fernando Alonso) aunque cada obra resultase un auténtico bombón relleno.

Ligeros cambios en el orden de los temas (tras la nana Son ruinato y Che si puó fare), pero sin perder un ápice esta unidad dual. Mi tocayo sevillano titula en una entrada de su blog «El dulce veneno de Raquel Andueza» comentando el disco que titula el programa disfrutado esta tarde, siempre antónimos que funcionan cual sinónimos, simbiosis vocal en cada joya del siglo diecisiete que embelesó, acalló y enamoró a todos los presentes. Despedida francesa con texto español y ganas de más, aunque el refrán dicte «Lo bueno si breve, dos veces bueno» del dúo Andueza-Fernández Baena, Pamplona-Estepa, Norte-Sur.

Sinfónico reinvindicativo

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Lunes 23 de septiembre, 19:00 horas. Plaza de la Gesta, Oviedo: Concierto Simultáneo. Organiza AMPOS (asociación de músicos profesionales de orquestas sinfónicas). Músicos de la OSPA y Oviedo Filarmonía, Daniel Sánchez Velasco (director). Obras de Rossini, Mozart, G. Giménez, Luis Cobos y Benito Lauret.

Con una plaza llena en tarde de calor veraniego y humano pese al recién estrenado otoño que esperemos no resulte premonitorio, Oviedo capital musical de la que hace gala desde muchas décadas, también se sumó a esta reivindicación que es un clamor a la vista de la podadora que los gobernantes usan sin miramientos y mucha incultura amén de soberbia.

Las dos orquestas asturianas de mayor solera bajo la dirección del maestro Sánchez Velasco se hicieron escuchar con lo que saben, con La Música para todos, unidos en esta queja que no parará. No más recortes culturales ni educativos, todos queremos que la música ocupe el lugar que una sociedad como la nuestra se merece, música en la formación de melómanos, aficionados y profesionales, orquestas públicas que además de dar trabajo ofrecen su magisterio a toda la sociedad. Quitemos la venda de la ignorancia a unos políticos que sólo miran de otros países «de nuestro entorno» lo pasajero olvidando lo que realmente perdura.

Francisco Revert tomó la palabra haciendo la presentación de rigor, con multitud de agradecimientos y comenzar a las siete de la tarde este «concierto simultáneo» con la obertura de La Gazza Ladra (Rossini), una forma de llamar ladrones inteligentemente a los responsables de los desaguisados culturales que padecemos. El primer movimiento (Molto Allegro) de la Sinfonía 40 en sol menor, KV 550 de Mozart reflejó la grandeza musical y el enorme esfuerzo que requiere su interpretación para que el público disfrute, mientras los dirigentes políticos creen que no dar conciertos una vez finalizada la temporada les permite hacer contratos temporales, desconocimiento total de la profesión de músico cuyo horario es permanente y en vacaciones también se trabaja.

Jorge Martínez «Ilegal» leyó el manifiesto conjunto con pinceladas propias de su verborrea provocativa y hoy más crítico, cítrico e incisivo que nunca.

El conocido intermedio de La Boda de Luis Alonso (Giménez) es para pensar lo difícil que resulta ser músico en España, todo un sainete, y parece que volverán los duros tiempos de postguerra y bohemia donde pasaban hambre músicos y maestros de escuela.

La aportación o tributo «comercial» lo puso Todos Somos Música (de Luis Cobos) más que un slogan todo un sentimiento compartido que ya presentase en marzo pasado volviendo a utilizarse casi como himno de la propia AMPOS con ecos «peliculeros».

Gustavo Fernández Buey también tomó la palabra y nos contó el extra al programa conjunto: el toque asturiano de Benito Lauret y sus Escenas Asturianas, un Maestro de Cartagena que vivió y sintió nuestra tierra, dirigiendo la antigua Orquesta Sinfónica de Asturias o la Capilla Polifónica, impartió clases de composición y dirección en el Conservatorio pero sobre todo supo entender nuestra música popular y hacerla sinfónica, perfecto cierre de concierto con ese Pericote llanisco enlazado con nuestro himno en una joya musical que es seña de identidad sinfónica.

Excelente el trabajo del maestro Daniel S. Velasco con una selección orquestal que unida como sólo la música puede, recreó y compartió su trabajo con niños y viejos, aficionados y peatones… a pie de calle, en una plaza que debería llamarse «Plaza de la música» pues la gesta que conmemora debería borrarse del callejero junto con tantas referencias a un pasado cuya sombra planea de nuevo.

Tarantella sinfónica y más

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Miércoles 18 de septiembre, 21:30 horas. Plaza de la Catedral de Oviedo, Tamburi del Vesuvio, Oviedo Filarmonía, Marzio Conti (director).

No importa el «orbayu» cuando uno lo pasa muy bien, y de nuevo felicitar al Maestro Conti por sus arriesgadas apuestas, esta vez con música de su tierra y unos músicos napolitanos encabezados por Nando Citarella, que canta (y encanta con un excelente y sentido Non ti scordar di me de De Curtis), anima, baila, lleva la percusión y hasta recordó anécdotas históricas como el enfrentamiento Saboya – Borbón antes de la reunificación italiana), con su formación de instrumentos tradicionales realmente interesantes y cercanos a nuestra tierra, una cantante de voz natural  con registros increíbles, y hasta una bailarina que completó el cuadro en un auténtico volcán de calidad, casi todas con el respaldo de nuestra OvFi «todoterreno», aunque amplificada (con lo malo que tiene), en un concierto emotivo para algunos y entretenido para el público que al finalizar todavía continuó en medio de la plaza bailando con estos artistas italianos que transmiten alegría con su música tradicional, meridional y cercana en todos los sentidos.

Incluyo directamente la crítica de Javier Neira para LNE del día siguiente, pues a las horas que llegué a casa, tras quedarme también a la actuación de mis amigos de Vuelta abajo, no era plan escribir, y menos cuando el profesional lo hace «por mí» (y mejor, Gracias Javier), dejando algunas fotos mías para el recuerdo:

La Catedral, la pequeña Italia
El maestro italiano Marzio Conti, al frente de «Oviedo Filarmonía» y «Tamburi del Vesuvio» trajo las tarantelas de su país a las fiestas ovetenses e hizo bailar bajo los paraguas

Javier NEIRA

El maestro Marzio Conti puso a la plaza de la Catedral a bailar tarantelas napolitanas al frente de su orquesta «Oviedo Filarmonía» y con la participación del grupo «Tamburi del Vesuvio». La música consiguió transformar la ovetense plaza de la Catedral en una pequeña Italia, una fiesta con reminiscencias de «El padrino» en la que sólo faltaban para completar la escena Sofía Loren o Marcello mastroianni. La alegría de la música italiana traída a Oviedo por el director de la orquesta ovetense obligó al público a quedarse a disfrutar, pese a la lluvia que empezó a caer, al principio con timidez, poco después de los primeros sones del concierto.
La actuación arrancó a las nueve y media de la noche con «Reveille toi» y después continuó con «Tarantella di Piedigrotta» mientras el público seguía el vertiginoso y contagioso ritmo mediterráneo que supera, en frenesí incluido, al sirtaki. Conti, italiano a fin de cuentas y siempre derrochando gracia y buen hacer, explicó las características de la música tradicional de su país entre pieza y pieza, poniendo el acento en las tarantelas, que son sin duda la representación de los sones más profundos del alma latina.
La velada incluyó la presentación de instrumentos tradicionales, como la zanfona, el fliscaletto o la percusión siciliana tradicional, encabezada por la tamorra.
El cantante Nando Citarella, un destacado artista en el género, encabezó a «Tamburi del Vesuvio» y el cuadro se completó con una bailarina para redoblar el efecto costumbrista, desenfadado y participativo.
En sucesivos tramos, en los que intercalaba explicaciones, Conti ofreció al público «Palummella zompa e vola», «Marechiara», «Valzer di Antoniuccio», «Pollino e a San Miche», «Magna Mater», «Non ti scordar di me», «Friscalettata», «Suite Costiera all’Avvocata» y «Naninella». Un baño de música peculiar, distinta a la que suele escucharse en la plaza de la catedral durante San Mateo, que contó por primera vez con la orquesta de Oviedo en primera línea de fuego. La catedral, con Conti, parecía ayer la pequeña Italia.

Del recital «sabandeño» de Vuelta Abajo destacar el alto nivel alcanzado por unos aficionados capaces de sonar como profesionales, abundando temas de su último trabajo, con «menos marcha» de la esperada, habiendo sido más apropiado escucharlos en un teatro o recinto cerrado, incluso con el público sentado, pero «la peña» agradeció el trabajo y cantamos abajo tanto como arriba. Hora y media de música e historias contadas y cantadas, Joaquín «Pupú» de maestro de ceremonias y la dirección musical de Javier Sabonis.

Lo dicho, altas horas y vuelta a la aldea que el día siguiente era laborable con madrugón. Todo por la música… ¡y los amigos!

Terraza de verano con piano

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Martes 23 de julio, 20:00 horas. Claustro del Museo Arqueológico de Asturias, Oviedo. Festival de Verano «Oviedo es Música»: Rosario Andino (piano). Obras de Haydn, Beethoven, M. Saumell, I. Cervantes, Lecuona y Chopin. Entrada libre. Aforo completo.

El claustro del antiguo Convento de San Vicente vuelve a servir de terraza veraniega como en mis años jóvenes de los «Conciertos de la SOF», ahora música en Oviedo también en verano, sumándose a la oferta que nunca termina en la capital del Principado (en breve avanzaremos la próxima temporada). Esta vez el piano como protagonista con un programa muy llevadero a cargo de una pianista que en sus años jóvenes tuvo que ser tremenda porque todavía atesora musicalidad a raudales aunque el virtuosismo con los años está al alcance de pocos, pero la artista cubana de origen asturiano Rosario Andino se atrevió con los «grandes» sin olvidar sones de su patria.

 

La Sonata en re mayor, Hob XVI / 37 (Haydn) abría boca con tres movimientos bien diferenciados: el Allegro con brío que resultó bien expuesto aunque más tranquilo que brioso y poco claro en sonoridades, el Largo e sostenuto al que la acústica natural ayudó a crear atmósferas, y el Presto non troppo más cercano al «allegro sin brio» donde nos limitamos a escuchar sin más, tal vez falto de la emoción requerida para «Papá Haydn».

Las 32 variaciones en do menor sobre un tema original, WoO 80 (Beethoven) también resultan muy exigentes y no sólo en las rápidas, puesto que en cada variación debe permanecer un espíritu que sonó algo desigual con un desarrollos irregulares, aunque siga habiendo mucha música en esta difícil partitura pianística dibujada desde la maestría pero sin el color deseado.

 

Más cercanas y como música de salón (cambiado por terraza) las Seis danzas cubanas que la pianista eligió para esta velada vespertina: Los ojos de Pepa -que ha versionado Chucho Valdés– y La Tedezco de Manuel Saumell Robredo (1817-1870), intento transformador de elevar a culta la música popular, Los tres golpes e Improvisada de Ignacio Cervantes (1847-1905), catalogado en su tiempo como «embajador de la música cubana» por una mayor evolución llegando al sentimiento nacionalista que inundaba el mundo occidental en su tiempo, sin perder el estilo danzante de melodías pegadizas bien armonizadas, y el más popular de los compositores cubanos, Ernesto Lecuona de quien interpretó Ahí viene el chico, arrancado los aplausos de este «bloque danzón» más la archiconocida La comparsa, que alguna vecina de silla tarareaba y personalmente me volvió a las interpretaciones de su paisano también asturiano de origen José Luis Fajardo Trabanco, allá en mis inicios filarmónicos mierenses. El poso de los años unido a la genética dieron buena cuenta de estas páginas populares siempre agradecidas.

Cerrar un recital con Chopin son palabras mayores y la pianista no se achicó al elegir los Valses Op. 70 nº 1 en sol bemol mayor, con un «rubato» un tanto particular, el nº 14 en mi menor, Op. póstumo algo precipitado perdiendo la claridad prístina del mismo, más ese «pseudo super vals» que es la Balada nº 1 en sol menor, Op. 23, ya con los dedos en «su punto» para afrontar esta auténtica prueba de fuego, resultando más musicalidad que técnica pero desbordando maestría y recuerdos juveniles.

Ya como propina todo un esfuerzo extra, el homenaje a Verdi de Liszt con la Paráfrasis de concierto S. 434 o Fantasía sobre «Rigoletto», el célebre cuarteto verdiano para una «bella figlia del piano» que pareció remontar vuelo cual ave fénix en una partitura virtuosa como sólo el húngaro era capaz, también tarareada por alguna maleducada aficionada lírica en medio del variopinto público que llenó los cuatro pasillos del claustro. El respetable agradeció el esfuerzo de la cubana aunque personalmente me faltó poder tomarme una cerveza y fumarme un cigarrillo mientras escuchaba el «piano caribeño».

El jueves volverá la querida Purita de la Riva (Oviedo, 1933) que siempre es un espectáculo, más en casa.

Don Carlo dejará huella en Oviedo

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Martes 22 de enero, 20:00 horas. Teatro Campoamor. Ensayo general de Don Carlo (Verdi).
Invitado por #operaytuits acudimos unos cuantos «tuiteros» al general para empezar bien el Año Verdi. Además de compartir en tiempo real sensaciones y emociones, estar en un lugar privilegiado para disfrutar como si del estreno se tratase no tiene precio, pertrechados con móviles y tabletas que desgranaban cuadros, arias, dúos, concertantes, situaciones y todo lo que sólo la ópera es capaz de sacar del alma humana.
La magia flotó en el ambiente desde el arranque con una OSPA portentosa en bloque, secciones y solistas bajo la dirección de un Corrado Rovaris magistral de inicio a fin, terciopelo orquestal capaz de abrigar a las voces que por algo llevan «la voz cantante» sin renunciar a momentos épicos cuando lo exige esta obra esplendorosa del gran Verdi. Con esta base lo que vendría después era pura lógica en el discurrir lírico.
Del Coro que dirige Patxi Aizpiri sólo elogios en un general que servirá para aligerar los tempi marcados por el Maestro Rovaris en el estreno del 24, pues vocalmente están en momento dulce y como actores en su sitio.
Del reparto equilibrado que logró una representación triunfal más que un ensayo por darlo todo sin necesitarlo (gracias por la profesionalidad y el contagio emocional) comenzar por Don Carlo Stefano Secco convincente y en especial la Éboli de Alex Penda (Alexandrina Pendatchanska) que enamoró a todos.
Y de los «debuts» en sus roles Juan Jesús Rodrigo/ez que tiene clase hasta para morirse, el Filippo Bou impactante incluso de presencia, pero especialmente una Elisabetta di Valois que desde ahora será referencia, Ainhoa Arteta cuya voz ha ganado tantos quilates desde un trabajo del rol maduro, en plenitud, que logró acallar todo y erigirse en auténtica Majestad con todos postrados ante ella. Generosa, sin guardar nada, regalando una auténtica lección de profesionalidad, belleza interior que fluye hacia su presencia escénica hecha arte vocal.
Añadir una puesta en escena seria, rigurosa, histórica, con guiños pictóricos de libro como un atrezzo y vestuario cuidado al detalle que redondearon un Pre-estreno para los elegidos, entre los que me considero uno de los privilegiados. El 24E será un acontecimiento lírico para la historia del Campoamor y de la propia ópera en el bicentenario de Verdi.

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David Menéndez recordando a Félix Lavilla

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Martes 15 de enero, 19:45 horas. Teatro Filarmónica, Sociedad Filarmónica de Oviedo, Año 107, Concierto 1 del año 2013 (1.883 de la Sociedad). Dúo David Menéndez (barítono) – Rubén Fernández-Aguirre (piano). Obras de Gounod, Guastavino, F. Alonso y Moreno Torroba.

Con el recuerdo por el fallecimiento del pianista pamplonés Félix Lavilla, todo un referente para tantos músicos españoles y muy especialmente el mundo de la lírica, el concierto resultó un perfecto homenaje a cargo del barítono local David Menéndez y el pianista Rubén Fdez-Aguirre, un dúo así entendido en tanto que el repertorio elegido exigía de ambos, perfecta simbiosis muy trabajada que pasó por Bilbao y más recientemente Santiago de Compostela.

Dedicar la primera parte a Gounod y su «Biondina» es una auténtica maravilla, más cuando antes de cada número pudimos escuchar la perfecta declamación, otra recreación poética de los textos en español a cargo del tenor asturiano Jorge Rodríguez Norton. Los doce números requieren toda una dramatización, buen decir, vocalización perfecta e interiorización hecha arte para pasar del enamoramiento al placer del amor, la boda, el dolor y la muerte, siempre remarcado y subrayado por un piano igualmente protagonista en la mejor línea de los lieder, con un Rubén Fdez-Aguirre capaz de sacar todas las emociones subyacentes en el texto: campanillas de Cupido, cuerdas de mandolina, campanas de boda y también de entierro, vientos de cipreses, alegrías y angustias instrumentales que la voz de David Menéndez bordó con una técnica impresionante, gama dinámica increíble, dramaturgia plena en una interpretación rica de matices y sobre todo, como mi primera impresión, de gusto en el canto. Todo un descubrimiento esta «Biondina» en el registro del barítono castrillonense y el pianista baracaldés.

Mucho más liviano y menos trágico pero igualmente colorida resultó la segunda parte con seis canciones de las doce «Flores argentinas» de Guastavino, la segunda «G» de la velada, caleidoscopio rítmico y melódico del folklore porteño elevado a la categoría de concierto, casi diría que como nuestro Falla, músicas con auténtico perfume hermano del otro lado del charco pero con acento nuestro, ¡qué lindo!: jazmines y madreselvas, plumeritos y claveles evocadores y embriagadores. Nueva lección de canto y piano, perfecto ensamblaje en el marco perfecto de un Teatro Filarmónica que tantas veladas líricas acogió en sus cientos de conciertos, incluido el póstumo homenaje del propio Rubén a Félix Lavilla con «su» Teresa Berganza.

El público entrado en años aún disfrutaría con dos romanzas de zarzuela que fueron auténticos números uno por barítonos como Marcos Redondo y sobre todo Manuel Ausensi, la canción de Vidal «En una dehesa» de la Luisa Fernanda de Moreno Torroba, orquesta desde el piano y poderío vocal recreándose como el propio personaje en cada matiz y cada palabra, en cada gesto y cada nota, para rematar ese «borrico» canción del gitano de «La Linda Tapada» del Maestro Alonso.

De regalo ese «Lejos de tí» (M. Ponce) que sigue emocionándome cuando lo escucho por Kraus, esta vez por la voz más natural de las graves, el barítono, canción que David Menéndez interpretó bien apoyado por el piano, siempre en su sitio, tapa abierta y volúmenes apropiados por parte del maestro Fdez-Aguirre.

Y estando en la llamada capital de la lírica española, en nuestra casa, no podía faltar la sidra, quitar el chaqué y la pajarita, remangarse la camisa y cantar el Xuanón de M. Torroba, estribillo del «Canto a la sidra» en dos partes con la salva de aplausos de un público que disfrutó con este espléndido concierto de la centenaria sociedad musical carbayona.

Trovadores en Oviedo

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Martes 17 de julio, 20:00 horas. Oviedo es música, Festival de Verano. Claustro del Museo Arqueológico: Eloqventia (Alejandro Villar, flautas, David Mayoral, percusión), «Chominciamento di giogia», Virtuosismo medieval a dúo.

Finalizado el Festival de Música Antigua de Gijón donde esta formación siempre asombra al respetable (hay vídeos), perdiéndomelo por agenda vacacional fuera de la tierrina, llegaba en su gérmen a este verano carbayón a un espacio que me retrotrajo 40 años cuando en las Fiestas de San Mateo se celebraban conciertos en este Claustro, aunque por entonces se ubicaban mejor sillas y escenario, éste en el ángulo que posibilitaba verlo desde dos laterales, pero que esta vez no ocurrió, limitándome a escuchar y perderme la parte didáctica en cuanto a la explicación del amplio arsenal musical utilizado, no ya aerófonos de todo tipo (flautas, dobles, albogues…) por parte de Alejandro sino una amplia percusión de David (membranófonos varios como el doumbek, panderos, idiófonos en campanas a las que habría que sumar las propias y espontáneas del entorno -cuartos, medias y en punto de las campanas de las Pelayas, la Corte o la Catedral- hasta un cordófono percutido como el salterio), siempre atentos al repertorio medieval de los siglos XIII al XV de ambiente oriental, andalusí, sefardí, italiano y cómo no, el Llibre Vermell de Montserrat, todo música instrumental trovadoresca pero no por ello ausente de espíritu poético profano.

A lo largo de una hora fueron escuchándose melodías modales casi en su entorno natural del medievo, virtuosismo en ambos intérpretes con perfecto entendimiento,  y primando danzas procesionales algo lentas y solos intimistas donde el silencio era intrínseco, aunque parte del público abandonase el concierto antes de acabar, perdiéndose los endiablados ornamentos del anónimo italiano del XIV que daba título al espectáculo (Chiminciamento di gioia, Comienzo de la alegría), más vivaces y frescas que muchas de las anteriores, todas de rica variedad rítmica, para concluir con La Manfredina – La Rotta Manfredina, auténtico derroche de entusiasmo por parte del dúo que tiene como objetivo «rescatar las escuetas líneas melódicas que nos han legado los códices medievales, y transformarlas en emotivas canciones y vibrantes danzas que consigan evocar el lejano tiempo pasado en el que fueron compuestas». Cierto que me hubiese gustado escuchar sus Cantigas de amigo de Martín Códax o las de amor del rey Dom Dinis de Portugal, pero el repertorio elegido fue la singularidad del dúo capitaneado por el leonés Alejandro Villar, que sabemos crece según las necesidades.

Tras mi reciente visita escurialiense y como escribía al poco de salir del concierto, era como si las Cantigas de Santa María, las de Alfonso X «El Sabio», hubiesen trascendido a la realidad, recreaciones de tiempos pasados que no disfrutamos habitualmente en este Ovetus tan musical.

Después de soltar 404,00€ por el Abono de la próxima temporada (realmente barato si lo repartimos entre todos los conciertos y no llega la media a 20€), agradecemos que aún haya espectáculos gratis y con repertorios «fuera de circuito» que también hacen afición y ayudan al maltrecho bolsillo (me he ahorrado la subida del IVA, y el que no se consuela es porque no quiere). Mi sobrina Irene de 5 años se comportó como una melómana y no podía evitar percutir en la silla de plástico como un idiófono más. Entre escapadas y vueltas al Paraíso seguiremos disfrutando de estas vacaciones ¿las últimas?.

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