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ComienzOS PAra ilusionar

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Este primero de agosto se presentaba la nueva temporada 2022-23 de la OSPA en la Sala de Cámara del Auditorio de Oviedo con la asistencia de la Consejera de Cultura, Política Llingüística y Turismo Berta Piñán, la gerente Ana Mateo, parte del Consejo Rector y sobre todo del esperado titular para los próximos tres años: el portugués Nuno Coelho (Porto, 1989), director titular y artístico que con su cercanía desgranó lo que todos tenemos ganas de disfrutar a partir del 14 octubre en Oviedo (un día antes en Gijón).

Las tres líneas maestras o piedras angulares, como figuran en el dossier de prensa que nos hizo llegar la responsable de comunicación Marta Barbón, fueron comentadas tanto por el maestro como por la gerente y básicamente serán:

El programa «Colaboradores artísticos», el evento multidisciplinar «OSPA Fest» y el proyecto «OSPA participativa», tres hitos para una temporada titulada Nuevos comienzos, con una mezcla de continuidad e innovación, pues en todo comienzo es imposible partir de cero y lo que funciona debe mantenerse.

Habrá 15 conciertos de abono en Oviedo, 11 en Gijón, 10 conciertos extraordinarios (como el de los Premios FPA, Noche de Difuntos, Noche San Xuan, Lletres asturianes o Semana Santa…), la participación en dos títulos de los cinco títulos de la 75 temporada de Ópera de Oviedo (el esperado estreno de La dama del alba del gijonés Luis Vázquez del Fresno y Hamlet de Ch. L. Ambroise Thomas), dos conciertos de cámara, dos conciertos escolares (recuperando al fin el consolidado LinkUp! que la pandemia interrumpió abruptamente) y por supuesto el contacto con el Principado de Asturias en los ciclos «OSPA de cerca» y «Camín» que lleva la orquesta de todos por pueblos y lugares emblemáticos de nuestra geografía.

No es necesario ahondar en las anteriores visitas de Nuno Coelho a la OSPA que siempre han dejado un excelente sabor de boca a todos, tanto aficionados como músicos de nuestra formación, por lo que la ilusión y esperanza para las próximas temporadas reina en el ambiente, demostrado en la presentación con numerosos abonados que recibimos la invitación para el evento. De los llamados «colaboradores artísticos» hasta 2025 una nómina de conocidos y queridos artistas, desde el Cuarteto Quiroga, tanto camerístico como en los primeros atriles (auténtica novedad enriquecedora), Javier Perianes o el siempre bienvenido Roman Simović, pasando por la violista Sara Ferrández (que tan buen sabor de boca nos dejó), la mezzo Fleur Barron (a quien no pude escuchar en el Hansel & Gretel) con unas buenas ideas para conjugar músicas oriente-occidente, y especialmente el compositor valenciano Francisco Coll. Casi todos enviaron unos videos de saludo transmitiendo tanto la especial vinculación con el maestro Coelho como con la OSPA, contagiándonos esta ilusión para las tres temporadas donde el repertorio será amplio, desde el barroco hasta los imprescindibles R. Strauss o Mahler (seguiré esperando algún día una Octava en Asturias).

Interesantes para mí dos propuestas: la «OSPA Fest» con dos semanas de conciertos en torno al 23 de abril con las efemérides de Cervantes y Shakespeare que tanta literatura musical llevan paralelas (Gerhard, Ravel, Ibert, Telemann, Dvorak, Prokofiev…) y la «OSPA participativa» para el Concierto de Semana Santa donde volveremos a escuchar el Requiem de Verdi con el Coro de la FPA (histórico el de su director honorífico López Cobos sumándose el Orfeón Donostiarra allá por octubre de 2005, con grabación para RTVE) que contará con Adriana González (soprano), Silvia Tró (mezzo), Matthew Rose (bajo) sumándose amateurs tanto alumnos del CONSMUPA (que continúa la colaboración mutua) y distintos coralistas de nuestro Principado, todos bajo la dirección de Nuno Coelho, un privilegio para todos poder interpretar tan maravillosa obra que aúna la mejor música sacra con el espíritu operístico asturiano.

Y dentro de las habituales invitaciones a directores y solistas volveremos a tener en el podio a Pablo González, Carlos Mena, Álvaro Albiach o el finlandés Ari Rasilainen (que siempre ha hecho sonar muy bien a la OSPA) sin olvidarse del talento femenino cada vez mayor, con Eli Chan, Ruth Reinhardt, Lorenza Borrani o Anna Rakitina. Otros nombres propios, conocidos y por descubrir, desde los pianistas Luis Fernando Pérez, Alessio Bax, los cellistas Pablo Ferrández o Daniel Müller-Schott pasando por la pianista Yeol Eum Son, la violinista Alena Baeva o el percusionista Dominique Vleeshouwers.

No pueden faltar las giras, desde las asturianas de verano con Daniel Sánchez Velasco de nuevo a la batuta apostando por los «músicos de la casa» (al igual que el oboe de Juan Ferriol en el tercero de abono), o la visita a Covadonga en el 1300 aniversario, hasta la presencia en el FIS estrenando dos obras encargadas por nuestros vecinos santanderinos: Omne vivum ex viva de Beatriz Arzamendi y Farewell, la despedida de las almas de Israel López Estelche en su tierra, pasando por el gran escaparate de «Musika Música» en el Euskalduna bilbaino o el intercambio gallego en La Coruña, con la OSG el 20 de mayo de 2023 en Oviedo bajo la dirección de Antonello Manacorda y la violinista Liza Freschtman. También repetirá para celebrar los 75 años de mi paisano Víctor Manuel con el Coro de la FPA en la Laboral de Gijón (23 al 25 de septiembre) y el WiZink de Madrid (21 de diciembre) bajo la dirección de Joan Albert Amargós que fue llevado al disco en 1999.

Tras 31 años de «matrimonio musical» con la OSPA, incluyendo mi «cese temporal de convivencia» en 2017, espero esta nueva etapa con la misma ilusión de entonces aunque jubilado de la enseñanza, por lo que me perderé el LinkUp! que fue una de las grandes apuestas del anterior titular y que me perderé con el nuevo estado civil, tocando madera para que los años convulsos que llevamos no vuelvan y podamos mantener esta relación de años.

La ilusión nunca se pierde, el maestro Coelho viene a mantener la llama que nunca debió extinguirse, esperando se cubra al fin la vacante de concertino (el espíritu Vasiliev sigue vivo) y poder ampliar la plantilla básicamente en la cuerda si los dirigentes llegan a convencerse que la cultura no es gato sino inversión además de un derecho constitucional. Aprender de los errores pasados y no tropezar en la misma piedra es uno de mis anhelos tanto personales como para «mi OSPA» querida. Salud para poder contarlo desde aquí, esperando no perderme (casi) ninguno de estos acontecimientos en una agenda personal que se llena más que en mis años docentes pero donde la música es vida.

Hay talento musical en Asturias

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Viernes 17 de junio, 20:00 horas. Auditorio de Oviedo, Hecho en Asturias: OSPA, Beatriz Díaz (soprano), Jorge Monte de Fez (trompa), Alejandro Viana (violonchelo), Coro de la Fundación Princesa de Asturias (director de coro: José Esteban García Miranda), Daniel Sánchez Velasco (director). Obras de Tchaikovsky, Mozart y Manuel Fernández Avello. Entrada butaca: 5 €.

Penúltimo concierto de la OSPA tras finalizar la temporada de abono repitiendo la apuesta por lo Fecho n’Asturies del año pasado también con la dirección de Daniel Sanchez Velasco y trayéndonos al auditorio ovetense a tres solistas más un estreno absoluto, la apuesta por el talento de esta tierra nuestra. Se sigue a la espera de un concertino por lo que volvía como invitado Benjamin Ziervogel. Preocupante la poca asistencia de público pese a lo económico de las entradas, y eso que los propios intérpretes ya mueven aficionados no habituales en otros conciertos, pero alguien tendrá que hacer una profunda reflexión sobre el éxodo de seguidores que no hubo en otras ofertas musicales de la capital en esta temporada que va tocando punto final.

Tras una presentación por parte de Sánchez Velasco, el concierto comenzaba con Tchaikovsky y sus Variaciones sobre un tema rococó, op. 33, TH 57 (Moderato assai, quasi Andante – Tema: Moderato semplice; Var. I: Tempo della Thema; Var. II: Tempo della Thema; Var. III: Andante sostenuto; Var. IV: Andante grazioso; Var. V: Allegro moderato; Var. VI: Andante; Var. VII; Coda: Allegro vivo) con el último ganador del Concurso Internacional de Llanes 2018, el madrileño Alejandro Viana (1996), a quien la pandemia impidió el premio de ofrecerlo entonces pero quedando saldada la deuda este viernes. Buena interpretación y sonido en esta página maravillosa del compositor ruso, limpio y claro en las variaciones rápidas y cantabile en las lentas, bien interiorizada la obra con una OSPA adaptada en dinámicas y buen balance con el solista como mantuvo Sánchez Velasco a lo largo de toda la obra.

Uno de nuestros solistas de prestigio, a quien disfrutamos por dos veces en este auditorio (2014 y 2016) con la Filarmónica della Scala, es el trompista ovetense Jorge Monte de Fez (1986) que nos brindaría el conocido Concierto para trompa nº4 en mi bemol mayor, K. 495 (I. Allegro maestoso: II. Romanza: Andante cantabile; III. Rondó: Allegro vivace) de Mozart, partitura de referencia en el instrumento del que Monte de Fez brindó un sonido compacto, aterciopelado, bien templado y hasta bello, especialmente en el popular rondó final, con una cadenza en el primer movimiento verdaderamente espectacular. De nuevo la OSPA arropó con corrección y gusto al solista, Sánchez Velasco concertando a la perfección, permitiendo no ya el lucimiento de la trompa sino también el necesario equilibrio de volúmenes, contenidos y en su sitio.

Tras la pausa llegaría el esperado estreno absoluto del valdesano Manuel Fernández Avello (Trevías, 1947), su cantata Señaldades para solista, coro y orquesta, una obra que en cierto modo ampliaba su «Álbum de Canciones» de 2010 para soprano y piano también con la allerana Beatriz Díaz, sobre versos de Juan Mª Acebal, Pín de Pría y Fernán-Coronas. Evidentemente orquestar va más allá, y añadir un coro le da enjundia a ese intento de cantata profana sobre referencias melódicas a nuestro folklore,  especialmente las rítmicas donde no pueden faltar las vaqueiras y añadas.

Con doce números, Señaldades (en asturiano «sentimientos que produce la separación de la persona o cosa querida») tiene una obertura e interludio instrumentales, con los primeros números pares donde interviene la voz solista y después en los impares, alternando con un gran coro conformado en esta ocasión por 42 mujeres y 27 hombres, de orquestación potente en efectivos con abundante viento y percusión más un piano evocador de las canciones primigenias. Ante tal despliegue, evidentemente no se pueden equilibrar volúmenes entre soprano y orquesta pese a los buenos intentos de Sánchez Velasco, incluso «partiendo» la cuerda en algunos números. Tampoco la tesitura para la que está escrita favorece el lucimiento ni siquiera el del coro pese a los efectivos que La Fundación dirigida por mi querido Pepu (hoy sumándose a los tenores) ya con muchas ganas de volver a escena y sin mascarillas. No se les escuchó muy cómodos en ninguna de las cuerdas aunque tengan momentos de «bravura» que al menos sirvieron para desencorsetarse para recuperar el estado de forma coral.

Probablemente la fórmula funcionase mejor reduciendo efectivos hasta una formación más camerística donde ni en los «pianos» pudimos disfrutar, pues la cantata tiene buenos mimbres pero se fue de tamaño. Una lástima que nos impidió disfrutar más de este estreno. Los números de que consta son:

I. Obertura; II. Durme nenu; III. Dende la mesma ventana; IV. Carril vieya; V. La sardinera; VI. Interludio; VII. Coidosura; VIII. La fonte de fascura; IX. Augua de la fonte; X. La nuiche; XI.  Cantar y más cantar; XII. Epílogo.

Sí funcionaron mejor las partes instrumentales pero una lástima el resto, desde la añada del segundo tapada por la orquesta, algo mejor la vaqueira con el coro en el número siguiente, interesante el cambio de lento a rápido del cuarto, y preocupante el undécimo de tempo medio pero con registros extremos y demasiado grave para la soprano asturiana que defendió y se entregó con todo el esfuerzo vocal para esta complicada interpretación de la cantata del compositor valdesano que subió a felicitar al equipo y recoger los aplausos del público. Supongo que en la grabación los técnicos de sonido consigan el balance necesario que siempre mejora el directo, pero queda el sabor agridulce de lo que pudo haber sido y no fue.

Con este concierto, desigual como toda la temporada, me despido de este irregular y extraño curso escolar, esperando que el próximo mejore todo.

El poder de la memoria

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Viernes 10 de junio, 20:00 horas. Auditorio de Oviedo, OSPA. abono XIV Eroica: Esther Yoo (violín), Maximiano Valdés (director). Obras de Ravel, Bruch y Beethoven.

Clausura de esta temporada de abono de «nuestra» OSPA con miles de recuerdos en la memoria tras 31 años ocupando mi butaca de la fila 13, y cual fichero que vamos llenando en cada concierto, de nuevo aparecieron las ubicadas al fondo del cajón, recuerdos de tantos años con esta orquesta que los despertaría Max Valdés, el mismo que llenaría media vida de esta orquesta y volvía este último concierto del curso 2021-22.

Desde su partida a Puerto Rico, la OSPA ha ido cumpliendo con altibajos la que podríamos llamar su segunda etapa, pues atrás queda mucha historia en la que mi admirado maestro chileno ocupa media parte. Con él crecimos todos: orquesta, músicos, abonados y público en general, este viernes con muchas ausencias que se echan de menos en cada nueva visita al auditorio. Se marcharon o nos dejaron físicamente músicos (Roberto, Cadenas…), la primera gerente (que apostó por el chileno), abonados, amistades, familiares… también hubo jubilaciones (incluso la del que suscribe) tanto de gestores, profesores y músicos, amigos también sentidos como «gran familia musical». De los que no volverán casi diría que tristemente «se fueron a tiempo» antes de que les pillase la pandemia del Covid, algo que cambió la vida de todos, sabedores que nunca nada es igual pero, al menos debemos aprender de ella para no repetir errores. Y el poder evocador de la música trajo todo ello a nuestra memoria este último de abono.

Los recuerdos son como un retrovisor que a primera vista contemplas lo primero por cercano, para ir fijándote en los detalles y ahondar en todo lo que se queda atrás, y como el propio programa del decimocuarto de abono, iríamos desde lo próximo hasta los lejano necesario como «orígenes sinfónicos», comenzando por el propio Max.

Si tenemos algo que agradecer a los directores titulares que hemos tenido en este «mi matrimonio sinfónico», incluyendo el «cese temporal de convivencia«, son sus contactos para acercarnos a Oviedo y descubrirnos solistas que acabamos comprobando su presencia mundial, así como buscar en las programaciones las obras de siempre con las menos escuchadas, incluso estrenos que siempre deben ser objetivo a cumplir.

Este viernes el programa arrancaba con el más cercano en el tiempo, Maurice Ravel (1875-1937), uno de los preferidos de Valdés que conocedor de la paleta orquestal y los materiales a su alcance, afrontó Le tombeau de Couperin, suite paraorquesta, M 68a (1919) con su maestría habitual, pintor puntillista que fue dibujando todo el color de sus cuatro «cuadros» (I. Prélude; II. Forlane; III. Menuet; IV. Rigaudon)  perfilando la presencia de cada instrumento, todos impecables, de la visión global del homenaje, de la tímbrica tan especial del francés, del pulso idóneo para apreciar todos los detalles del compositor con raíces españolas al igual que el maestro chileno, el «reorquestar la tradición. Traer al presente procedimientos pasados para enfatizar un ideal artístico. En eso consiste este Tombeau, género-homenaje a alguna personalidad fallecida, que se erige como celebración no solamente de la música…» (tomando las palabras de las notas al programa del doctor González Villalibre), tradición sinfónica asturiana y homenaje a los ausentes que todos sentimos desde cada zona de reflexión e interiorización sentimental.

Y si la pasada semana escuchábamos uno de los conciertos para violín más famosos, esta vez sería el de Max Bruch (1838-1920) cuyo Concierto para violín nº 1 en sol menor, op. 26 nos permitió disfrutar de la estadounidense-coreana Esther Yoo y su Stradivarius “Príncipe Obolensky” de 1704. Las virtudes de Max Valdés las conocemos todos en sus tres lustros con nosotros, y como concertador siempre destacó, así que dejaría «respirar» cada uno de los tres movimientos de este Top 10 de los conciertos para violín (I. Vorspiel – Allegro moderato; II. Adagio; III. Finale: Allegro energico), con tempos sin forzar para poder paladear todo lo escrito desde el sonido aterciopelado de la solista equilibrado con el de la orquesta, perfectamente balanceada en intensidades y presencias. Aunque nos faltaba Vasiliev de concertino, cuya plaza parece ser irreemplazable aunque estaba de invitado el griego Iason Keramidis junto a María Ovín de ayudante, muchos más recuerdos, y maravillosa interpretación conjunta, con un instrumento solista increíble de sonido en manos de una intérprete llena de delicadeza y sentimiento para «el de Bruch» bien arropado por todos.

De regalo otra maravillosa interpretación de Yoo con el Souvenir d’Amérique del virtuoso compositor belga Henri Vieuxtemps (1820-1881), la técnica al servicio de la música, todas las posibilidades del violín, cantarín como un pájaro, pífanos de la Guerra de Secesión, imágenes que nos traen a la memoria tantas películas para comprender cómo la música forma parte de la historia de todos, melodías tradicionales integradas por esta emigrada a «la tierra de las oportunidades» muy internacional con un violín que nos haría partícipes del único lenguaje universal que existe: la música, y mi especial recuerdo para Alfonso Ordieres con quien hubiera charlado al descanso.

Y nadie mejor que el genio Ludwig van Beethoven
(1770-1827) para poner el broche temporal y final de esta temporada, la Sinfonía nº 3 en mi bemol mayor, op. 55, «Eroica» dando título al programa, heroicidades y recuerdos, la elegancia de siempre en la dirección, el dominio de la orquesta, ejerciendo Valdés de maestro «in pectore», más contenido con los años pero igual de seductor. Orquesta entregada y doblegada, el disfrute con la música de siempre, la que no puede faltar. El  I. Allegro con brio y preciso, claro, volúmenes de cada sección en su punto, primeros atriles perfectos (maderas y metales sobresalientes de nuevo) y la sonoridad de conjunto tan necesaria. La II. Marcia funebre: Adagio assai me creó todo este torbellino en «flash back» por y para los ausentes, pena y esperanza en «la tercera del sordo», terciopelo y seda de sonido compacto y claro, claroscuros bien delineados; III. Scherzo: Allegro vivace luminoso, heróico, brillante, preciso, matizado, sentido y asentado, con un rotundo trío de trompas. Y el IV. Finale: Allegro molto, el placer de lo bien hecho, todos bien asentados desde una batuta veterana y con el poso de los años secundado por unos pupilos que se conocen a lo largo del tiempo, disfrutando de esta Eroica siempre agradecida, pizzicati presentes, fraseos delineados, contestaciones entendibles y frescas con un oboe inspirado y la flauta mágica, contrastes delicados, rallentandi ajustados, y el sonido orquestal deseado para esta sinfonía con los juegos rítmicos y melódicos característico del sordo genial.

El público que al fin acudió como se merece la OSPA, brindó con sus prolongados aplausos no ya la calidad del concierto sino el agradecimiento pendiente al maestro Max que sigue sintiendo esta orquesta y tierra suyas, incluso capaz de acallar al auditorio para darnos las gracias y compartir emociones. La temporada actual queda concluida desde una parte importante de su historia, aunque quedan dos conciertos fuera de abono, pero la memoria sigue siendo poderosa y la música mantiene la capacidad evocadora como poco en la vida. Al menos poder reflejarlo desde aquí ayuda a mantener archivadas las emociones.

Y llegó junio

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Viernes 3 de junio, 20:00 horas. Auditorio de Oviedo, Abono XIII «Clasicismo Romántico»: OSPA, Roman Simovic (violín y director). Obras de Mendelssohn y Beethoven.

Arranca el mes de junio que supone el fin de curso escolar y EBAU, de las temporadas regulares de conciertos y zarzuela en «La Viena española» que cada vez pide el calificativo de #CapitalidadMusical, la llegada del verano y el buen tiempo. por supuesto con lluvia como es costumbre astur y este viernes no falló ni siquiera la tormenta, mes para reflexionar además de hacer evaluación de un 2021-22 donde el Covid todavía sigue entre nosotros, la invasión rusa de Ucrania continúa (y van 100 días), la cesta de la compra se dispara… pero la vida no se detiene, ni la música tampoco. Los buenos estudiantes no dejan las tareas para última hora y este primer viernes la OSPA sacó la mejor nota del curso, a esperas de la «reválida» final.

Ilusionados por la próxima temporada con la llegada de Nuno Coelho como titular y a la espera de acontecimientos entre los que está cubrir la vacante de concertino, en este penúltimo del abono regular de nuestra OSPA volvía invitado como primer atril nuestro  admirado Aitor Hevia, además del regreso por tercera vez en un año de Roman Simovic (1981) desde su doble faceta de violinista y director, con excelente recuerdos de sus anteriores actuaciones de abril y octubre que «a la tercera fue la vencida» aunque con él sea siempre vivo ejemplo del magisterio musical.

Las obras elegidas las podemos catalogar de imprescindibles para todo melómano y estudiante, comenzando con el Concierto para violín en mi menor, op. 64 de Felix Mendelssohn (1809 – 1847) donde el virtuoso ucranio-británico no sólo hizo de solista sino que intentó el control total de una página «obligada» para su instrumento (del que los numerosos alumnos tomaron nota), bien secundado por su homólogo asturiano, al mismo nivel como maestros que son ambos.

En los tres movimientos enlazados casi sin pausa (I. Allegro molto appassionato con la nota tenida del fagot enlazando el II. Andante, y un suspiro antes de atacar el III. Allegretto non troppo – Allegro molto vivace), Simovic  hizo gala de su musicalidad aunque siempre sea difícil aunar esfuerzos como solista y director, pues la posición de espalda no permite ajustar siempre a la perfección las entradas de una orquesta totalmente entregada al concertino de la LSO y el entendimiento con Hevia para aunar esfuerzos e intenciones. Su Stradivarius de 1709 (cedido por el presidente del Bank of America) de sonido aterciopelado pasó del protagonismo al conjunto con total naturalidad, como así lo entendió el «redescubridor de Bach«, de volúmenes siempre adecuados con balances ideales que nos dejaron momentos de una musicalidad supina tanto en el maestro como sus «alumnos», apostando en el último movimiento por un quasi vivace exigente para todos, saltarín y atrevido poniendo a prueba la limpieza de ejecución sobresaliente en todos, así como un sonido compacto cercano al que siempre nos transmiten las orquestas británicas, lo que se agradece al maestro Simovic por el bien de todos.

Si el título del penúltimo de abono era Clasicismo Romántico aunque «servido»casi al revés como Romántico clásico, nada mejor que la propina del Barroco con el Dios Bach, padre de todas las músicas, con su Sarabande de la Partita nº 2 en re menor, BWV 1004 para goce total de escucha, ejecución impecable, fraseos de quitar la respiración e imponiendo desde la elegancia un silencio sepulcral para este regalo de Simovic.

Las sinfonías de Ludwig van Beethoven (1770 – 1827) no pueden faltar en algún programa orquestal, y el 250 aniversario del sordo genial nos privó de alguna más. Al menos volvía la poco escuchada Sinfonía nº 4 en si bemol mayor, op. 60, «emparedada» entre las colosales quinta y Eroica (que escucharemos la próxima semana con Max Valdés también regresando a «su orquesta» para cerrar temporada), y que como bien recuerda Alberto Martín Entrialgo en las notas al programa (enlazadas en obras) estuvo en poder de Mendelssohn que la elegiría para su primer concierto como director en Leipzig el 4 de octubre de 1835.

Con toda la orquesta de pie (salvo lógicamente los cellos) y el propio Simovic de concertino más que de director, de nuevo sorprendería, como en los dos anteriores, apostando por movimientos casi al límite de aire pero bien resueltos por una OSPA a la que se notó feliz, algo que se palpa en las butacas y también en los aplausos comunes arriba y abajo. Esta colocación permitió disfrutar una «Cuarta» con un viento presente y siempre preciso (tanto maderas como metales, hoy las trompetas ubicadas tras las trompas), algunos coprincipales hoy de solistas pero dando la talla en cada intervención, marcando a sus propias secciones, los timbales clásicos precisos y ajustados, sumándose una cuerda al fin equilibrada en efectivos, muy matizada, limpia y homogénea incluso en los movimientos más rápidos (tiempo hacía que no escuchaba semicorcheas tan encajadas), músicos de atril como el propio Roman, escuchándose unos a otros, esforzándose en hacer música juntos, aportando ese plus a obras que no por muy tocadas o escuchadas deben conformarse con el aprobado o «aseado» como suelo calificar algunas interpretaciones.

Maravilloso comprobar el discurrir del I. Adagio – Allegro vivace con una transición brillante hacia el rápido, el increíble II. Adagio, compacto, cantado, volúmenes en claroscuros bien marcados desde el «primer atril de director», melodías en madera de puro lirismo, reposado movimiento para preparar un III. Allegro vivace al borde de lo segundo más que lo primero, autoexigencia global, el espíritu vienés del germano transitando del clasicismo al romanticismo con su propia firma de reguladores asombrosos, y otro tanto para rematar con el IV. Allegro ma non troppo que sí fue «bastante», cual examen final para todos y cada uno de los músicos, sobremanera los violines y el fagot, para alcanzar entre todos la máxima calificación, pues el ejemplo de Simovic se contagió a una OSPA pletórica, feliz, orgullosa y demostrando que la calidad atesorada debe renovarse en cada concierto, solo al alcance de grandes músicos como Roman Simovic que no solo venció a la tercera sino que convenció en este fin de curso vertiginoso.

 

 

 

Y más al norte Inglaterra…

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Viernes 27 de mayo, 20:00 horas. Auditorio de Oviedo, Abono XII «Fairest Isle»: OSPA, Sara Ferrández (viola), Lina González-Granados (directora). Obras de Britten, Walton y Elgar.

Ya se vislumbra el final de temporada y es hora de sacar de los cajones obras que la OSPA tiene interiorizadas, esta vez músicas de «La Isla más bella» con trío inglés de compositores Made in Asturias y en buenas manos femeninas, esperanzadoras y aún sin cubrir la plaza de concertino que de nuevo estuvo en manos del austriaco Benjamin Ziervogel. Los programas en papel ya vuelven con normalidad, así como las toses siempre inoportunas, y para mi archivo, esta vez con las excelentes notas de Tania Perón (que dejo enlazadas arriba en obras).

Con el formato habitual que habría de ir pensándose en variar, arrancaba el duodécimo de abono con los Cuatro interludios marinos (Peter Grimes), op. 33a de Britten, rememorando la ópera de hace diez años en el Campoamor y programada ya en 2011 con un concierto de auténtico viento en popa, y más cerca en el tiempo hace dos años, precisamente con el próximo titular (también emparejado con Walton), aunque la directora colombiana tuvo que capitanear una nave que por momentos escoraba en esas aguas entre Asturias y Gran Bretaña algo revueltas. Si el I. Dawn Lento e tranquilo parecía aventurar una travesía cómoda, el II. Sunday Morning Allegro spiritoso comenzó a abrir alguna vía de agua por un viento racheado que ocultaba la cuerda, con la III. Moonlight Andante comodo e rubato la buena mano de González-Granados enderezó el rumbo pero llegaría la preocupante IV. Storm Presto con fuoco que por momentos cubría la cubierta engulléndose la cuerda. Finalmente se arribó a puerto sin mayores daños y con esfuerzo en el timón para dominar una nave potente pero escorada.

La singladura continuaría con el Concierto para viola y orquesta (rev. 1962) de Walton con la joven violista Sara Ferrández, de sonoridad limpia, musicalidad genética, mucho trabajo en la llamada «Cenicienta de la familia de la cuerda» que elevó a Princesa, bien concertada por la maestra Lina dejándonos un buen sabor de boca, distinto del de 2009, aunque Riquelme y Coelho siguen más cercanos en mis recuerdos. El tándem Ferrández / González-Granados funcionó porque la nave tenía menos efectivos y los balances mantuvieron el equilibrio, permitiendo una travesía plácida llena de momentos bellos como el II. Vivo e molto preciso. Buena señal tener españolas entre las solistas de viola como la pamplonica Isabel Villanueva y la madrileña Sara Ferrández, que nos regalaría un Bach de altos vuelos ya en tierra para degustarlo en todo su esplendor, el maravilloso de la maltratada viola que cuando se le da protagonismo y música bien escrita no tiene rival.

La última travesía vendría con las conocidas Variaciones sobre un tema original para orquesta «Enigma», op. 36 de Elgar, de nuevo la gran nave sinfónica y la almirante González-Granados que esta vez , y no como en 2019, mantuvo con buen rumbo a este trasatlántico con escalas de diferentes dificultades y emociones, dominando a la perfección los balances, destacando lo mejor de cada sección con unos solistas conocidos que se plegaron al mando colombiano, devolviéndonos esos pasajes siempre recordados con el IX: «Nimrod» Moderato verdadera joya sinfónica, el X. «Dorabella – Intermezzo» Allegretto bien llevado sin titubeos, y por supuesto el final arrollador y triunfante de la poderosa nave asturiana, hoy reforzada por alumnos del CONSMUPA a quienes la directora y público (de nuevo poco aunque con las familias de los jóvenes que ocuparán estos atriles), dedicó un aplauso especial.

Bravo por esta batuta latina e internacional que marcará distancias en el difícil mundo femenino de la dirección orquestal, luchadora, trabajadora y conocedora de un repertorio inglés que sonó muy asturiano.

 

Con Carneiro

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Viernes 20 de mayo, 20:00 horas. Auditorio de Oviedo, Abono XI «Emperador», OSPA, Vadim Kholodenko (piano), Joana Carneiro (directora). Obras de Beethoven y Stravinsky.

Regresos y recuperaciones en el undécimo de abono, la directora portuguesa y el esperado pianista ucraniano cuya vida es una tragedia pero la música ayuda a sobreponerse siempre. Un «Emperador» difícil pero agradecido para un Beethoven siempre necesario y nuevamente Frederieke Saeijs de concertino invitada.

Carneiro fue la auténtica emperatriz tras una Leonora, obertura nº 3, op. 72 b triunfadora. La portuguesa triunfó de principio a fin conocedora de la orquesta y del programa, llevando por los difíciles vericuetos las dos composiciones a cual más exigente precisamente por lo transitadas a lo largo del tiempo, la obertura clara, precisa, con todos los claroscuros y la «preparación» ideal ante lo que se avecinaba a continuación.

En el Concierto para piano nº 5 en mi bemol mayor, op. 73, «Emperador» un Kholodenko de rubatos increíbles y difíciles de concertar pero increíbles de ajuste por la lusa. El pianista afrontó desde una personal visión esta página del sordo genial jugando con los tiempos y fraseos en un equilibrio inestable o  si se quiere de inestabilidad equilibrada, pues así entendió el ucraniano este quinto muy transitado donde parece difícil aportar personalidad, pero que consiguió por la excelente concertación de Carneiro. La orquesta conocedora y la maestra atenta sacarían en un trono musical un emperador distinto, encajado  casi milagrosamente desde sensaciones perturbadoras de este ucraniano introvertido pero distinto en el difícil encaje de su personal rubato «perfectamente inestable».

La propina tenía que ser también Beethoven y la Bagatela para Piano, op. 33 nº 3 en fa mayor igualmente sentida, personal, en tiempo y forma ideales para disfrutar del esperanzado Kholodenko.

La Petrushka (rev. 1947) de Stravinsky está muy rodada, pero con el empuje portugués (espero se mantenga) la OSPA sacó músculo, asintiendo y sintiendo, con la percusión impactante, piano y celesta también, más un viento ideal tanto en la madera siempre exquisita y unos metales seguros además de poderosos, que necesitarían una cuerda más precisa especialmente en los pasajes rápidos, no tan limpios como desearíamos, aunque redondearían una buena interpretación, de nuevo gracias a una Carneiro con las ideas claras que supo transmitir en todo el concierto. Una lástima que hubiese poco público, puede que se decantasen por el ballet del Campoamor en otra contraprogramación municipal frente a la orquesta de todos los asturianos.

Bromas muy serias

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Viernes 13 de mayo, 20:00 horas. Auditorio de Oviedo, Abono X «Absolute Quiroga» OSPA, Cuarteto Quiroga, Carlos Miguel Prieto (director). Obras de John Adams y Aaron Copland.

Lástima que de nuevo hubiese poco público para este décimo de abono de nuestra orquesta porque el programa no era broma. Ya en la conferencia previa «The American way: más que vaqueros y luces de neón» el doctor y compositor Israel López Estelche (autor de las notas al programa enlazadas arriba en obras y que hoy volvieron al papel), nos prepararía para un concierto «Born in the USA» (como diría The Boss Springsteen), si realmente podemos hablar de una música estadounidense con detractores y defensores cuando realmente es un mestizaje total («hibridación» lo llamó el musicólogo cántabro) donde la herencia europea no es única. Y para la ocasión dos ejemplos de lo que podríamos llamar las dos tendencias que al menos los yanquis no tienen complejos en presumir de todas.
Uno de los compositores más interesantes del actual panorama sinfónico es John Adams (1947) con su Absolute Jest (2011 / rev. 2012) por lo que supone de grandiosidad en fondo y forma, «broma absoluta» verdaderamente seria y tomando el origen latino de «gesta» más que el italiano de scherzo, pues aúna su devoción por Beethoven con su genialidad en un estilo personal que impresiona porque sus referentes los reconocemos desde el primer compás. Como él mismo ha escrito, «No hay nada particularmente nuevo en que un compositor interiorice la música de otro y ‘la haga suya’. Los compositores se sienten atraídos por la música de otro hasta el punto de querer vivir en ella, y eso puede suceder en una variedad de modas«. Con el Cuarteto Quiroga de solista, en estos días Atte Kilpeläinen sustituye en la viola a Josep Puchades (que espera su próxima paternidad), «absolutos» más Carlos Miguel Prieto al mando, pudimos disfrutar de esta auténtica locura orquestal donde en la batidora sonarían dialogando en perfecto entendimiento el Scherzo de la Novena beethoveniana junto a sus últimos cuartetos, y todo encajado con la visión actual que el compositor imprime a cada sección y solistas, impulso vital muy americano con una instrumentación impactante que no oculta las ideas claras de Adams.
El director de origen asturiano que regresaba al podio de la OSPA tras la pandemia, conoce de primera mano tanto el sustrato como el espíritu de fondo (y por supuesto la capacidad de la orquesta asturiana), exprimiendo la partitura hasta límites insospechables con unos Quiroga igualmente maestros en lo camerístico y excelentes solistas (ahí está el asturiano Aitor Hevia) en una página donde brillar con el diálogo orquestal.
Tras la vorágine de Adams, el mejor regalo y tributo sería el Lento assai, cantante e tranquilo del Cuarteto op. 135  de Beethoven presentado por Cibrán Sierra y recordando a la hoy fallecida Teresa Berganza, a quien se dedicó todo el concierto, la quintaesencia del cuarteto de cuerda por estos músicos enormes, actuales y universales como la propia música.
Si hay un referente dentro de los llamados compositores clásicos estadounidenses, ese es el neoyorkino de Broadway Aaron Copland (1900-1999), por su formación, origen y evolución hacia lo que López Estelche nos explicó de la «Sonoridad Americana», reunificando todas las influencias no solo europeas en un lenguaje propio, unido al sentido patriótico del War effort que tiene sobre todo la Sinfonía nº 3 (1946) tras finalizar la Segunda Guerra Mundial. El maestro Prieto quiso recordar antes de comenzarla a tantos músicos que en estos tiempos difíciles no pueden volver a tocar y la esperanza en que la música no nos falte.
Plantilla generosas para una sinfonía patriótica que incluye mucho más desarrollada u propia Fanfare for the Common Man en el último de los movimientos (I Molto moderato – with simple expression; II Allegro molto; III Andantino quasi allegretto; IV Molto deliberato). El maestro Prieto manejó a la perfección cada una de las secciones de la OSPA que brillaron con luz propia por los intrincados cambios de compás, tiempo o textura, disfrutando de unos metales poderosos, una madera de ensueño, una cuerda (hoy de concertino invitada la holandesa Fredericke Saeijs) bien equilibrada y compacta, una percusión más allá de lo rítmico, sin olvidarme del arpa, el piano o la celesta generando unas sonoridades únicas con el sello americano de Copland.
Revalorizar la forma sinfonía en su tiempo suponía encuadrarle en los llamados «neoclásicos» pero el longevo maestro por encargo de Koussevitzky, que dirigiría su estreno el 18 de octubre de 1946 con la Orquesta Sinfónica de Boston, no tuvo complejos y nos dejó esta tercera brillante, casi un ballet o banda sonora de la victoria aliada con toda la grandiosidad orquestal de final patriótico.
Saber fusionar estilos dotándoles de identidad propia es el gran logro de Copland, y toda su herencia la transmitió la OSPA con Prieto, las ideas musicales del compositor y los intérpretes en una versión reluciente, triunfante y optimista. El público aplaudió largamente a todos, con bromas y guiños del maestro astur-mexicano que se llevó de la mano a Marta Menghini dando por finalizado un concierto de los que dejan huella en nuestra herencia «Made in USA», colonización de vuelta también con la mal llamada música clásica. Sólo hay dos MÚSICAS (la que gusta y la que no).

Con acentu asturianu

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Jueves 5 de mayo, 20:00 horas. Concierto de les Lletres Asturianes: OSPA, Héctor Corpus (violín), Daniel Sánchez Velasco (director). Obras de Juan Méndez Varas, Raquel Rodríguez y D. Sánchez Velasco. Entrada gratuita.

Concierto dentro de la «Selmana de les Lletres Asturianes» que este año están dedicadas al músico y dibujante Igor Medio con el título de «El carbón y l’arena«, con un homenaje el día anterior en su Gijón natal a cargo de Felpeyu, el grupo del malogrado Igor, más otras formaciones de folk donde el gijonés despuntó aportando aire fresco e innovación que todavía sigue vigente a pesar de los dieciséis años de su accidente junto a su compañero Carlos Redondo.

La OSPA presentaba bajo la dirección de Daniel Sánchez un programa con música de tres asturianos en plena madurez vital y compositiva, con amplio bagaje, mucho oficio y horas de sembrar en «sus mochilas» bandas sonoras y conciertos que dejan en cada uno distintos acentos para un mismo lenguaje sinfónico, el más universal de todos desde esta tierra asturiana que también es variada y rica.

Tres compositores que merecen escucharse más pues sus creaciones tienen calidad, melodías definidas, armonías reconocibles, instrumentaciones orquestales poderosas, auténticas bandas sonoras de nuestra generación y la siguiente, que gustan a todos los públicos por sentirlas cercanas. Las notas al programa (enlazadas arriba en obras) de un compositor como Israel López Estelche, asturiano de adopción, ayudaron a entender las tres obras elegidas, al igual que las palabras previas del propio Daniel Sánchez, pero la propia música que emana de los pentagramas sirve para que cada uno ponga sus imágenes y referencias históricas de las que los tres compositores han bebido y siguen acumulando.

Abría el programa Tribute to Richard Estes (2018) de Juan Méndez Varas (1970), la inspiración en este genial pintor hiperrealista en la línea de nuestro Antonio López, a la que la partitura pone sonido a la admiración no ya por el color de un cuadro sino también la poesía siempre evocadora, página sinfónica de aires norteamericanos tanto de los «clásicos» como del jazz que es la verdadera música popular del siglo XX heredada de los EEUU. Así entiende Méndez este tributo donde los ritmos y armonías se fusionan sin olvidarse de las raíces españolas para una mezcla riquísima, vital, enérgica y brillante sacando Daniel Sánchez de sus compañeros de la OSPA unas sonoridades amplias, matizadas, perfecto entendimiento para una obra llamada a seguir sonando.

Las mujeres compositoras están ganando el protagonismo que la historia les ha quitado, una generación de jóvenes preparadas, formadas con los grandes pedagogos sin fronteras, y aportando gran cantidad de obras para orquesta que comienzan a sonar. Es el caso de la ovetense Raquel Rodríguez (1980), de quien ya he podido escuchar varias obras sinfónicas y estrenos con la Oviedo Filarmonía en noviembre de 2019 y marzo de 2021, así como su estreno camerístico del 1 de noviembre pasado. Para este concierto sonaría su Córdoba en el sueño (2011) encargo tras obtener el premio del I Concurso de Composición Antón García Abril, un auténtico poema sinfónico que recrea la historia de la capital del califato desde la propia música en cinco movimientos que transitan imágenes casi documentales: I. Aires godos, II. En aguas bélicas, III. …surge Córdoba, IV. Aromas, y V. Final, un despliegue de instrumentación muy acertado, melodías que se entrecruzan como describiendo las callejas que confluyen en torno a la mezquita, batallas con metales y percusión potente o cantos de las tres culturas (cristiana, judía y árabe) para disfrutar de una viola cual canto de muecín sefardí o un arpa bíblica vestida por una OSPA de nuevo entregada, de balances adecuados en cada movimiento, sonidos reconocibles y una instrumentación bellísima para esta obra de «juventud» de una Raquel Rodríguez que evoluciona sin perder su esencia académica heredada de sus maestros y maestras a ambos lados del Atlántico.

Y llegaría el estreno del «Violin concerto», Concierto para violín y orquesta (2021) del propio Daniel Sánchez Velasco (1972) un encargo de su compañero en la OSPA Héctor Corpus, en palabras del compositor y director «un traje a medida» compuesto siguiendo la forma clásica en tres movimientos alternando rápido-lento-rápido (I. Allegro solemne, II. Andante, III. Allegro feroce) pero con mucha tradición del siglo XX. Además del lucimiento del solista, con una afinación perfecta, un sonido pulcro y la musicalidad innata puesta al servicio de lo escrito, pasajes vertiginosos y momentos delicadamente cantados, la orquestación del compositor avilesino evoca una paleta amplia, de Shostakovich a Bernstein, de Prokofiev a Rota, ritmos vivaces y cambiantes, aires caribeños y hasta filipinos de homenaje al destinatario, mares surcados por melodías bellísimas, cadencias asombrosas y la total entrega de solista y orquesta a la música de sus dos compañeros, disfrutando, sonando impecables, rotundos y delicados, hoy con Eva Meliskova de concertino, lucimiento de todas y cada una de las secciones así como los primeros atriles, con el lujo añadido de dirigirla el propio compositor.

Un concierto digno de programarse en las grandes orquestas y con solistas de fama mundial, que tanto Corpus como la OSPA demostraron la calidad y vigencia de la buena música, escrita desde el conocimiento y la experiencia, emocionando a un público feliz de escuchar páginas como las de este concierto extraordinario en todos los sentidos.

De nuevo una lástima que no hubiese un lleno en el auditorio pese a la entrada gratuita, debiendo hacer pensar a los gestores en líneas para captar los oyentes del futuro. Apostar por programas actuales de calidad, fáciles de escuchar, tienen que publicitarse mucho más y acercar a todas las edades hasta el auditorio de esta ciudad que es «La Viena Española» por su amplia oferta musical, siendo la OSPA probablemente la que menor aforo convoque, supongo que por unos años «sin rumbo» que espero se reconduzca por el bien de esta orquesta de todos los asturianos con mucha esperanza puesta en su nuevo titular, el portugués Nuno Coelho. Seguro que alguna de las tres obras escuchadas este jueves volverán a sonar en las próximas temporadas.

Balada por los trasterrados

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Viernes 22 de abril, 20:00 horas. Auditorio de Oviedo, Abono IX: OSPA, «Ballade», Nicolai Luganski (piano), Perry So (director). Obras de Médtner y Schumann.

La RAE define Trasterrar  o transterrar(de trans- y tierra) como «Expulsar a alguien de un territorio, generalmente por motivos políticos» y este noveno de abono con la OSPA fue verdaderamente una «Balada por los trasterrados», compositores e intérpretes, sirviendo para ver cómo la música y los músicos son ciudadanos del mundo, y el tiempo parece poner todo en su sitio.

Este viernes volvían a la OSPA varios conocidos, primero el director chino Perry So (Hong Kong, 1982), «eterno aspirante» a titular desde 2011 (al fin lo tenemos, pero será Nuno Coelho) en aquellos tiempos esperanzados esperando acertar en la elección. Pero un cocinero «vúlgaro» fue minándonos al quitarnos los mejores deseos, especialmente durante la anterior visita del pianista ruso Nicolai Luganski (Moscú, 1972) que me dejó muy mal sabor de boca por la malísima dirección del innombrable. Y al fin se hizo justicia con ambos en este concierto de Médtner. Qué distinto hubiese sido entonces de coincidir como hoy la entrega del ruso, el buen hacer del chino y una OSPA universalmente asturiana que vuelve a esperanzarnos, aunque sigamos sin concertino, esta vez nuevamente invitado nuestro admirado Aitor Hevia. Las invitaciones de la orquesta a So siempre han traído veladas de calidad y buena química entre todos, algo que el público, de nuevo escaso para disfrutar de nuestra orquesta, se lo agradeció al final con largos y cálidos aplausos que le obligaron a salir varias veces a saludar. Bienvenido Perry y gracias.

El Concierto para piano nº 3 en mi menor, op.60 «Balada» del ruso Nikolái Kárlovich Médtner (1880-1951) no pudo tener mejor solista que su compatriota Nicolai Luganski, uniones de dos trasterrados que desde su pasión por el piano nos ofrecieron esta joya tan poco programada pese a la belleza, dificultad y todas las razones para hacerla tan atractiva. Tres movimientos sin pausa, entrelazados, que nos recuerdan la excelencia musical rusa, el paso adelante en los albores del pasado siglo de Scriabin y sobre todo Rachmaninov, y que por lo escuchado bebería de las mismas fuentes que Médtner. Concierto con todos los ingredientes para disfrutarlo, sonoridad siempre plena en el solista, la fusión orquestal en muchos momentos, el balance perfecto entre todas las secciones desde el inicio al que se van sumando efectivos con una delicadeza previa al posterior discurrir emocional, y una dirección de So precisa, cómplice con el piano y concertando con exactitud por los intrincados vericuetos, especialmente en el inmenso Finale: Allegro molto, Svegliando, eroico que aporta las novedades propias del compositor tras su «tributo» y herencia de sus contemporáneos: cambios de compás, de ritmo y tempo donde piano y orquesta funcionaron y se fusionaron como si llevasen años interpretando esta «Balada» rusa. Impresionante el sonido de Luganski, la elegancia, el rubato justo, su conmovedora entrega a la música que parece sentirse más honda en la distancia y el dolor, con este último de los conciertos para piano de su paisano Médtner que lo compondría en los primeros años 40 del pasado siglo, tan preocupantes como esta segunda década actual.

Y si el concierto de los dos rusos fue de altos vuelos y lejanos sentimientos, la propina nuevamente de otro trasterrado, luminosamente introspectiva y esperanzadora: la Fantasía Impromptu en do sostenido menor, Op. 66 de Chopin, la belleza del dolor expresada desde el piano magistral de un Luganski técnicamente perfecto y enorme su romántica interpretación como buen heredero de la tradición y «escuela rusa», aportando una personalidad tan grande como la música para su instrumento del polaco, un enamorado más de las 88 teclas.

Manteniendo el orden habitual de los programas donde faltó un estreno o introducción breve, la segunda parte sería una Sinfonía, en este caso la nº 2 en do mayor, op. 61 de Robert Schumann
(1810-1856) para poner claro que la OSPA funciona cuando está en buenas manos, de nuevo el maestro So sacando lo mejor de cada sección con una visión luminosa y tensa de la segunda del atormentado romántico por excelencia, con los tiempos ajustados a la literalidad indicada: el primer movimiento a la velocidad exacta de crucero para dejar fluir en equilibrio viento y cuerda, un segundo rápido sin sobrepasar los límites, con una cuerda ajustada y redonda (se nota el refuerzo en las graves), el tercero una maravilla de expresividad con oboe y clarinete verdaderamente líricos en sus inspiradas intervenciones, sana pugna por el mejor sonido, más ese cuarto y último movimiento, poderoso en velocidad punta, bien de revoluciones para rugir como un coche de carreras pero respetando las señales, caballos de potencia bien controlados por las manos maestras de Perry So, un campeón sobre el podio conduciendo una OSPA a punto.

El tiempo pone todo en su sitio pero siempre nos quedan los interrogantes ¿cómo hubiera sido si…? Al menos nos quitó la primera de las dudas mientras esperamos acertar con el concertino ya con el portugués fichado por tres temporadas.

Pintando sentimientos musicales

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Viernes 18 de marzo, 20:00 horas. Auditorio de Oviedo, Abono VII OSPA Matías el Pintor: Alba Ventura (piano), Jordi Francés (director). Obras de E. Soutullo, Prokofiev y Hindemith.

Continuamos con un año pandémico, imprevisible, trágico por lo que está sucediendo en Ucrania, y donde todo parece ir a peor, pues la reciente huelga del transporte por carretera iniciada el pasado lunes nos afecta en todo y también a la música, impidiendo que se celebrase ayer este mismo concierto en Gijón (logística instrumental), que siempre se nota en Oviedo. Al menos resultó positivo ver cómo se ha podido renovar el convenio con el CONSMUPA para que varios de sus estudiantes se sumen a los efectivos de la OSPA.

En lo relativo a este séptimo de abono pocas cosas nuevas pues seguimos esperando director titular y concertino, aunque este viernes Marina Gurdzhiya, violinista de Oviedo Filarmonía, sería la invitada. Al menos la teníamos cerca. Y del programa organizado como hace lustros o décadas: estreno, concierto con solista y sinfonía, que algún día podría replantearse el orden para ir adecuándonos a los «tiempos modernos». Con todo pude disfrutar de principio a fin en un concierto casi pictórico, dominando todas las técnicas y estilos, con distintas superficies sobre las que plasmar las notas musicales como colores materiales.

Del compositor vasco Eduardo Soutullo (Bilbao, 1968) es estrenaba en Asturias Alén, obra ganadora del X Premio de Composición AEOS -Asociación Española de Orquestas Sinfónicas- de la Fundación BBVA. Compositor muy valorado dentro y  fuera de nuestras fronteras, que asistió entre el público supongo feliz porque tanto Jordi Francés como la OSPA pudieron reflejar la magia que esta obra guarda. A Portalén o Porta do Alén en galego significa «Puerta del más allá», un lugar mágico y mitológico de la tierra vecina que se relaciona con la obra del premiado compositor, colores sobre arpillera, con texturas variadas, sonoridades nada habituales cual brochazos sin perfilar en un cuadro al que bien pudieran servir de banda sonora ambientando este céltico «Stonehelm pontevedrés».

Tenía ganas de escuchar en vivo a la pianista catalana Alba Ventura (1978), y no defraudó su Concierto para piano nº 3 en do mayor, op. 26 de Sergei Prokofiev (1891-1953). Obra complicada que podría llamarse «Cuaderno de pintor» pues sus tres movimientos (I. Andante – Allegro; II. Tema y variaciones. Andantino; III. Allegro, ma non troppo ) suenan como un muestrario de la evolución del compositor ruso en la misma obra: cambios de ritmos, recurrencias a sus ballets con Jordi Francés casi bailarín y concertando perfectamente las complejas entradas orquestales. Una auténtica exposición de formas y colores donde en el Allegro Ventura fue delineando primero con delicadeza, después coloreando con fuerza cada aparición; mientras tanto las variaciones del segundo parecían acuarelas con tinta china que pasando las hojas de este particular cuaderno concertístico, tomarían geometrías y pinceladas más gruesas, intensas antes del último gran lienzo, sin pincel ni brocha, directamente sobre descomunal superficie en blanco y negro del piano, mujer sobre fondo neutro pintada en todo tipo de superficies que la OSPA iba generando con un Francés evitando salirse del marco para completar el resto de un auténtico mural musical.

Brillante interpretación esta de la pianista catalana que, para dar continuidad al colorido «tercero de Prokofiev«, nos regalaría la novena de las 10 Piezas de «Romeo & Julieta», Op. 75, Danza de las chicas con lirios, interiorizada, matizada y sacando del piano una paleta aún mayor si cabe desde su intimismo  preclaro, limpio, fresco, compartido con un público que, pese a completarse con los «indemnizados gijoneses», sigue siendo cada vez menos. Una lástima que se esté perdiendo.

Y en la segunda parte tocaba sinfonía, al menos de las que conviene programar cada cierto tiempo: la potente Sinfonía «Matías, el pintor» de Paul Hindemith (1895-1963). Bien analizada en las notas al programa del pianista, organista y musicólogo jienense Álvaro Flores Cotelo. que dejo enlazadas al inicio  de esta entrada (en obras) y con los seis refuerzos del CONSMUPA más algunos coprincipales de plantilla actuando hoy de solistas, el director alicantino volvió «a sacar petróleo» de nuestra OSPA, continuó su personal taller pictórico casi como homenaje al propio Matthias Grünewald a lo largo de los tres intensos y poderosos movimientos (I. Engelskonzert; II. Die Grablegung; III. Versuchung des heiligen Antonius). Una obra que parece seguir vigente en plena tercera década del tercer milenio, cual castigo de obligarnos a repetir la historia aunque la conozcamos. El clima de represión artística que se estaba viviendo en Alemania en los años 30 del siglo pasado, que no pasó por alto el gobierno nazi para quien Hindemith, pese a ser de uno de los creadores más jóvenes e internacionales del momento, no dudó en condenar su obra como «música degenerada». Tantos artistas censurados también en nuestros días, confundiendo al pueblo con sus dirigentes, degeneración que está en las mentes de los sátrapas y quienes les sustentan. Francés llevó el color y dolor de cada «pintura musical» escrita en 1934, exprimiendo toda la paleta del compositor alemán: el primer Concierto de los ángeles levantando el vuelo con una cuerda capaz de dibujar terciopelo y arpillera, maderas brillando y metales de seda y tapiz, percusión dándole el cuerpo y presencia, planos sonoros muy trabajados y equilibrados; el posterior Entierro del renacentista Grünewald remarcaría los claroscuros y el dolor, música para nuestros sentimientos actuales; finalizando con Las Tentaciones de San Antonio en este retablo de Isenheim (1512-16) casi daliniano por expresionista y adelantado a su época, donde la OSPA mostró en su mejor versión y visión, tal vez con «el trazo» entrenado tras el esfuerzo alpino, que Francés llevó firme y seguro.

La primavera es el reinicio anual, ciclo natural lleno de esperanza y vida, que esperemos alcance a todas las artes y seres humanos. Su color es único y la sinestesia nos hace mezclar los sentidos como en este concierto pictórico.

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