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Con P de Pasquale

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Siempre un placer asistir a los «Encuentros Ópera – Universidad» de la Extensión Universitaria en LAUDEO, este lunes 18 de noviembre en el Paraninfo escuchando los «Diálogos en torno a Don Pasquale» con la presencia de Carlos Chausson y el maestro Marzio Conti bien presentados por Mª Encina Cortizo que nos regaló toda una lección de Donizetti y la ópera representada estos días en Oviedo (este martes asistiré a la segunda representación), en este trío de «Ces» al que añadir Cabaletta y Cavatina como motores de la ópera comentada que tras el coloquio pasaron a ser muchas «Pes» en cuanto a la interpretación de un personaje que necesita Poso logrado con el Paso del tiempo para que cada Papel adquiera Peso, evidentemente con todo un trabajo de años que sólo ellos pueden darnos esa visión tanto interpretativa como auditiva. Para seguir con más «Pe», incluso nos meteríamos en el Psicoanálisis.

Anécdotas por parte de todos, incluído el público, y mucho amor por la ópera, en especial este Pasquale tan divertido y aparentemente sencillo que exige un enorme trabajo por parte de cantantes y orquesta como bien recordaron los maestros. En cierto modo como Mozart cuya sencillez resulta engañosa y endiablada en toda su producción, a quien evidentemente también recordaron dentro de este género más que bufo, giocoso…

Sin entrar en la puesta en escena de «película años 50» que nos presenta ese sesentón canoso y todavía atractivo, más cercano que el auténtico vejestorio del libreto original, sabemos que este Don Pasquale sigue vigente: matrimonios de conveniencia, mujeres con mando en plaza (Beatriz Díaz es la Norina), amores románticos y como bien comentó Chausson, sin llegar a bautizar como «calzonazos» y «marimandonas», una historia imposible sin Ernesto (José Luis Solá) que se niega a este apaño porque está realmente enamorado y es el responsable final de una historia de casi tres horas que contaremos como siempre.

Mieres de Traviata

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Martes 15 de octubre, 20:00 horas. Auditorio Teodoro Cuesta (Casa de Cultura) de Mieres: retransmisión en directo desde el Teatro Campoamor de La Traviata (Verdi).
Un año después volvía a Mieres la ópera, eso sí, televisada, y nada menos que en el 200 Centenario de Verdi con una entrada como sólo esta obra inmortal es capaz de convocar.

Vuelvo a repetir las carencias de una emisión como las anteriores, que esta vez podrán compartir los cientos de personas que se dieron cita en La Escandalera de la capital, donde ni la iluminación está prevista para la televisión, la realización sigue dejando mucho que desear aunque haya mejorado, y el sonido logra el milagro de las voces tapando a la orquesta (!). Supongo que la falta de medios y algo más de conocimiento técnico no sean impedimento para continuar con esta experiencia que hace llegar la ópera a un público no habitual pero al que también debemos educar con calidad.

Las críticas profesionales tras la primera función coinciden con mi opinión técnica, aunque tras las consideraciones iniciales, quiero dejar unas pinceladas de cosecha propia.

Con un decorado casi minimalista a base de espejos – cristales, Susana Gómez es perfecta para la solución económica entre los grandes montajes inalcanzables por presupuesto y espacio escénico, y las versiones en concierto que no deben venderse como ópera en el sentido estricto. Sofá y mesa de despacho (diseño escenográfico de Antonio López), así como una pequeña mesa de juego como único Mobiliario, unido a un vestuario años 50 (de Gabriela Salaverri) completan la coproducción de la Ópera de Oviedo, Festival de Verano de El Escorial, Quincena Musical de San Sebastián, Auditorio Baluarte de Pamplona y Gran Teatro de Córdoba.

Foto de Codalario

Ópera atemporal donde las haya, el reparto resultó equilibrado en su totalidad, lo que es de por sí digno de mención, aunque la protagonista total haya sido Aylin Pérez que fue capaz de cantar y captar toda la evolución de su personaje de Violeta aunque sin camelias y transformada en una pelirroja Gilda Valery, color vocal perfecto para un rol que le está dando muchas alegrías. El Alfredo de Aquiles Machado resultó convincente en sus conocidas arias, delicado en los dúos y con ligeras carencias que no empañan la globalidad, completada por el Giorgio Germont de Gabriele Viviani, otro tanto que «su hijo», bien actoralmente aunque con una pequeña desafinación en la conocida «Di Provenza», puede que fruto del micrófono tan cercano y la orquesta «hundida en el foso», un trío sobre el que se asienta sin cojear esta maravillosa ópera.
Destacar la buena dirección musical de Carlo Montanaro capaz de dar su toque ya desde la obertura, jugar con los tempi de una Oviedo Filarmonía que no pude degustar como seguramente sonó en el teatro, y sobre todo cómo concertó con las voces, respirando con ellas y eligiendo siempre el aire que reclamaban los protagonistas, que lo son siempre.

No quiero olvidarme del Coro que dirige Patxi Azpiri, auténtica delicia escénica y vocal (nuevamente ellas mejor que ellos) con una profesionalidad que el tiempo ha ido asentando.

Los siempre difíciles secundarios cumplieron en sus intervenciones, desde la Flora de la asturiana María José Suárez, seguridad y aplomo, la delicada Annina de Marta Ubieta, siguiendo con Jon Plazaola (Gastone), Carlos Daza (Douphol), el Marqués José Manuel Díaz y el Grenvil de David Sánchez, junto a los «comprimarios» Gonzalo Quirós y Bruno Prieto (del propio coro) en sus breves apariciones como Giuseppe y Commissionario.

El público mierense disfrutó sobre todo hasta el descanso tras hora y media de un tirón, quedando todavía el último acto donde Violeta es «abducida por la luz» tras enamorar al respetable esta Ailyn Pérez como auténtica diva de esta segunda función que sonó en medio Asturias como merecido homenaje a Pepe Verdi. Agradecer estas iniciativas aunque tengan todos los peros que queramos y algunos sigan recordando el año 1958 de La Callas con Kraus, siempre Don Alfredo, en Lisboa… Ay! ¡si hubiesen tenido los medios técnicos de hoy en día…!

Los Zapico «operan» desde Asturias

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Ya tengo en mi poder el nuevo disco «Ópera Zapico» para el sello alemán WinterAndWinter, y ya es el quinto (aplíquese al refrán), disponible también en iTunes© y Amazon©, un disco pergeñado con tiempo y grabado en casa, en el Auditorio de Oviedo, la residencia de la formación Forma Antiqva el pasado mes de marzo con unos arreglos propios desde Monteverdi a Mozart, que sin perder nunca el estilo propio de los hermanos Zapico, cuenta con invitados cercanos de calidad contrastada, dando de nuevo en el clavo con otra apuesta arriesgada pero capaz de atraer a aficionados de todo tipo, incluyendo los líricos, que en Asturias abundan. Como escribía un periodista carbayón, son «bombones de ópera con sabor Zapico«, arias reconocibles para los melómanos y nuevas en su concepción instrumental.

Intérpretes:

Aarón Zapico: clave y órgano – Daniel Zapico: tiorba – Pablo Zapico: guitarra barroca y archilaúd.

Artistas invitados:

Alejandro Villar: flauta de pico – David Mayoral: percusión – François Joubert-Caillet: viola de gamba – Lluís Coll i Trulls: cornetto – coro El León de Oro (director: Marco Antonio García de Paz).

A continuación paso a describir obras, autores y primeras impresiones con el CD sonando en la cadena de música (siempre de más calidad que en otro tipo de reproductores), notas escritas desde la inmediatez de su escucha, aún necesitando, como todo, más tiempo para detalles que necesitan posar y pesar.

1. «Deh vieni alla finestra»Don Giovanni– (Mozart).

Trío en estado puro con un «clave mandolino» y las cuerdas pulsadas cuasi sinfónicas, cantando este oyente en la ventana catódica.

2. «Air pour les Sauvages»Les Indes galantes– (Rameau).

Los tres hermanos con la excelente percusión de Mayoral pletóricamente danzante y rococó.

3. «Quella Clizia innamorata»Il più bel nome– (A. Caldara).

La delicadeza del trío con los ornamentos adecuados y en su sitio creando atmósferas elegantes de protagonismos sabiamente elegidos.

4. 5. 6. «Overture» de Artaserse (J. C. Bach).

Una obertura cual «concerto grosso» se tratase en sus tres movimientos con el desparpajo y jovialidad de los Zapico: el Allegro di molto pletórico de sonoridades, pasajes virtuosos de limpieza prístina, armonías redondas de guitarra funcionando hasta percusivamente alternando con intervenciones solistas compartidas, aún más presentes en el Andante de refinado salón en los tres artistas siempre compartidos, para desembocar en el Presto de fulgor y luminosidad casi de fuegos de artificio.

7. «O morte gradita»Il Sant’ Alessio– (S. Landi).

El órgano nos da atmósferas de claroscuros caravaggianos con pinceladas guitarrísticas a modo de vidrieras que tamizan esa muerte llena de vida.

8. «Lascia ch’io pianga»Rinaldo– (Händel).

El cornetto de Lluís Coll cual voz castrada, contratenor o mezzo, e igualmente vocálica en fraseos con un trío que da continuidad al corte anterior en una transición sin brusquedades, donde la guitarra también frasea y dialoga esa melodía tan reconocible e irrepetible, con ese sustento cordal.

9. «Batti, batti, o bel Masetto»Don Giovanni– (Mozart).

Mozart siempre para descubrir, manteniendo el órgano y unos punteos gemelos que si bien parecen irse a un segundo plano en la mezcla nos sacan a la luz las mal llamadas notas de paso tan importantes como las de la melodía del aria de Zerlina, sentimiento femenino como en la versión original lograda en esta combinación de viento y cuerda reducida a trío para no resultar cargada ni cargante, con acordes «orgánicos» recreando la atmósfera callejera vienesa.

10. «Se giunge un dispetto»Agrippina– (Händel).

La flauta dulce de Alejandro Villar emerge entre el clave y las cuerdas pulsadas en el aria de Poppea del primer acto, que bien recuerda los conciertos barrocos por virtuosismo en ejecución y aire rápido, interpretación instrumental de alta calidad en todos ellos sin perder el origen vocal precisamente cuando las voces se instrumentalizaban de forma diabólica.

11. «A Dios, prenda de mi amor»Amor aumenta el valor– (José de Nebra).

La necesaria y merecida referencia española tenía que darle protagonismo a la guitarra con el contracanto del archilaúd, casi «chitarrone«, melodía y armonía en un dúo de amor fraternal en el amplio sentido.

12. «Mogli mie sconsolate»La Calisto– (F. Cavalli).

Cavalli continúa el anterior amor hispano del dúo fraterno al que se suma la viola de gamba de Joubert-Caillet logrando un ambiente digno de Sainte-Colombe, un trío de cuerda lúgubre y «desconsolado», cuerdas frotada y punteadas con la aparición de un clave en registro de laúd que encumbran aún más la viola en el registro más cercano al de la voz humana.

13. «Vi ricorda o boschi ombrosi»L’Orfeo– (Monteverdi).

Los tres hermanos retoman su trío habitual para este Orfeo monteverdiano cual otra pieza de sus Concerto Zapico, punteos de clave, rasgados en guitarra, basamento en la tiorba, alternando presencias y armonías con un aria realmente luminosa.

14. «Chaconne: Dance for the Chinese man and woman»The Fairy Queen– (Purcell).

Las chaconas también están presentes en los conciertos de la formación asturiana, esta vez reforzados con la percusión de Mayoral (panderos, bombos y panderetas) para una danza con dedicatoria china pero muy inglesa en su concepción interpretativa, auténtico cuento de hadas con punteos de clave y guitarra más el siempre presente laúd, música operística extrapolable al salón de balle en otro acierto de adaptación y arreglo.

15. «When I am laid in earth»Dido and Aeneas– (Purcell).

Contraste anímico para el mismo Purcell en cuanto a ese remanso tumbado sobre la tierra, el trío al natural para un aria siempre increíble que crece en este arreglo instrumental, alcanzando aún más profundidad sin texto a favor de la música pura.

16. «Ritorna, oh caro e dolce mio tesoro»Rodelinda, Regina de’ Longobardi– (Händel).

Arranca el clave ese aria femenina a la que se van sumando y retomando protagonismo los tres Zapico, elegancia de salón y melancólicos ornamentos que no enturbian jamás la melodía presente y reconocible.

17. «Thanks to these lonesome vales»Dido and Aeneas– (Purcell).

Y cerrando esta música de ópera nada mejor que «mi» coro de oro para este agradecimiento purcelliano que arranca la guitarra, continúa la tiorba, engorda el órgano en presentación total que desemboca en la plenitud vocal pura, de empaste siempre único, voces blancas protagonistas arropadas con esa delicadeza que tiene la formación gozoniega, mis dos «debilidades» reunidas en esta maravilla de Purcell que no podía ser mejor final para esta nueva grabación de Forma Antiqva con Winter& Winter, desde el Auditorio de Oviedo con proyección internacional.

Gracias y enhorabuena por esta nueva delicia musical.

Norma ciega

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En un periplo mediterráneo llegamos a Perelada el martes 6 de agosto conocedores de la Norma del Festival con entradas baratas agotadas y caras inalcanzables, autoconvenciéndome que las gradas de Roland Garros no eran lo mismo que la grandeza de un teatro. Pudimos comprobar el calor y la explicación del horario, las 10 de la noche, analizando la posterior ubicación en el punto de escucha porque lo importante era disfrutar desde el exterior, cual entradas ciegas de mi juventud, y en un banco nos sentamos a disfrutar de Bellini en estado puro, compartiendo «palco» con tres melómanos hasta el descanso y solo las dos parejas que llegamos al final, imaginando y recreando la puesta en escena asturiana, porque también la ópera de Oviedo estaba en el Castillo.
Del reparto la única, inimitable y auténtica prima donna Sondra Radvanovsky recreó su personaje, voz poderosa e íntima capaz de despertar y contagiar su musicalidad a los pájaros del castillo, reafirmando la grandeza demostrada en Oviedo en un rol que será suyo en este siglo XXI aunque la Bartoli busque su otro punto vocal.
Prudenskaia con unas arias bien cantadas algo livianas en el registro grave pero unos concertantes y sobre todo los dúos bien empastados completó el protagonismo femenino.
Los caballeros estuvieron un escalón por debajo, Colombara mejor que un Bros válido incapaz aún de convencerme pese a su encomiable esfuerzo, Pollione siempre engullido por la gran Norma.
El coro de cámara del Palau bien en todas sus intervenciones y la OBC estuvo bien en conjunto con detalles excelentes que el Maestro Montanaro se encargó de realzar, optando por tiempos y dinámicas siempre adecuados a las voces.
Experiencia estival que quiero apuntar para reflejar esta «Norma ciega» donde Sondra fue la diva capaz de conmover y arrancar lo mejor de este público volcado con ella.
Caminando hacia el apartamento todavía retumbaba el auditorio en sus salidas a saludar. Después parecíamos unirnos todos en el regusto operístico. La tormenta descargó hacia las 4 pero no pudo protagonizar esta representación única.
Ficha Artística:
Sondra RADVANOVSKY , soprano: Norma.
Marina PRUDENSKAYA, mezzosoprano: Aldagisa
Josep BROS, tenor: Pollione
Carlo COLOMBARA, bajo: Oroveso
Jon PLAZAOLA, tenor: Flavio
Mireia PINTÓ, mezzosoprano: Clothilde
CORO DE CÁMARA DEL PALAU DE LA MÚSICA CATALANA
ORQUESTA SINFÓNICA DE BARCELONA I NACIONAL DE CATALUNYA (OBC)
Carlo MONTANARO, dirección musical
Susana GÓMEZ, dirección escénica
Antonio LÓPEZ FRAGA, escenografía
Alfonso MALANDA, iluminación
Gabriela SALAVERRI, vestuario
Producción de la Ópera de Oviedo.

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Un Momus colorista y sesentero

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Foto ©ACO

Temporada de Ópera de Las Palmas de Gran Canaria «Alfredo Kraus 2013», Teatro Pérez Galdós. La Bohème (Puccini). Miércoles 19, Viernes 21, Domingo 23 y Martes 25 de Junio.

Fiorenza Cedolins (Mimì), Massimiliano Pisapia (Rodolfo), Beatriz Díaz (Musetta), Giorgio Caoduro (Marcello), Felipe Bou (Colline), Simone Del Savio (Schaunard), Jeroboám Tejera (Benoit / Alcindoro / un aduanero), Rubén Pérez (Parpignol / un vendedor), Stefano Ranzani (dirección musical), Mario Pontiggia (dirección artística), Claudio Martín (coreografía y diseño de vestuario). Orquesta Filarmónica de Gran Canaria, Coro de la Ópera de Las Palmas (dirección: Olga Santana Correa), Coro Infantil de la OFGC (dirección: Marcela Garrón Velarde).

Este martes se clausuraba la 46 temporada de ópera de Las Palmas con este título tan emblemático y representado, habiendo asistido a la función dominical de las 19:30 horas el pasado domingo 23. Producción nueva de los Amigos Canarios de la Ópera (ACO) elegante, colorida, sin perder de vista el argumento, una obra totalmente actual y con un espectacular «Momus» que llenó el escenario de vida y color. Con un reparto equilibrado, coros perfectos y orquesta bien llevada por el maestro Ranzani (al que vi hace años en el Campoamor), el público con mucha juventud se lo pasó genial con la maravillosa partitura pucciniana antes de continuar la fiesta de San Juan.

Foto ©ACO

Personalmente me gustó la puesta en escena y vestuario en ese París de los 60’s que podemos comprobar en las fotos que de la propia ópera canaria que ilustran casi toda la entrada, y el impresionante acto segundo por la ambientación del café Momus, que aparece arriba, con más de 100 personas en escena, cuerpo de baile y figuración incluidos, y la aparición de Musetta que brilló como todo el entorno. La soprano asturiana fue con creces la mejor de un elenco con algunas voces de renombre que no dieron la talla esperada pero lograron una homogeneidad a la que faltó el toque de calidad que aportó Beatriz Díaz en un rol que domina como han hecho antes otras sopranos que acabaron siendo Mimì.

Foto ©ACO

En la balanza masculina me quedo con el Marcello de Caoduro que resultó el complemento perfecto de Musetta. La aparición de los caballeros ya me dejó claro el plantel con un Felipe Bou decepcionante que parece estar pasando un mal momento vocal, opaco y sin la musicalidad que demostró en Oviedo.

Del esperado primer dúo de Rodolfo y Mimí (con linterna sustituyendo vela con palmatoria) me dejó tan gélido como la mano, en parte por un sonido metálico en ambos que empasta precisamente por eso (ya han compartido otros títulos) aunque faltó la emoción y proyección de unos pianissimi que en gallinero no pude degustar. Cedolins tuvo distintos colores vocales a lo largo de la obra y un vibrato demasiado pronunciado en el agudo, así como cierto estatismo en todas sus apariciones aunque lo compensa con una musicalidad innata para Puccini. De Pisapia otro tanto para un Rodolfo que sin compararlo con nadie y menos en este teatro, parece olvidar la importancia de los pianos, puede que por miedo a verse tapado por su compatriota, apostando siempre por un agudo potente que le pierde interpretativamente.

Foto ©ACO

No hubo química en la pareja protagonista ni tampoco convicción para estos sesenteros de Pontiggia.

El segundo acto trajo lo mejor de la ópera con la irrupción del Vals de una Musetta frívola y elegante, convincente en lo vocal y actoral como seña de identidad de Beatriz Díaz, bien respondida por un Benoît tinerfeño que resultó un excelente comprimario (al igual que el Parpignol local Rubén Pérez) y sobre todos el citado Marcello, y ese concertante potente en todos que dejó buen sabor de boca. Muy bien el coro que dirige Olga Santana y excelente el infantil de Marcela Garrón, solista incluido, auténtica fiesta musical y visual.

Foto ©ACO

El descanso pareció enfriarnos para preparar ese cuadro hermoso y gélido del invierno parisino donde los dos enamorados recuerdan a sus parejas pero contagiando frialdad. Destacar la orquesta siempre presente y más implicada que los protagonistas con un Ranzani que logró unos momentos sonoros deliciosos para esa ambientación.

Foto ©ACO

Nueva pausa y un último acto que mantuvo la línea musical, menos pasión en el dúo protagonista, excelencia en el de reparto y desiguales emociones para un desenlace siempre emotivo del que me quedo con «qué buena es Musetta» incluso de amarillo, intimismo y delicadeza que la escena y partitura piden.

Buen final de (mi) temporada donde todavía quedan algunos coletazos y el balance de un curso marcado por las dudas que la crisis impone…

Derbies en Don Carlo

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Este miércoles acudí a la Casa de Cultura de Mieres para seguir la retransmisión desde el Campoamor de Don Carlo (Verdi). 23 personas hasta el descanso que dudaron entre el Madrid-Barça de copa o esta nueva gozada verdiana con titanes y empates al igual que en el fútbol. Además de la OSPA con Corrado Rovaris que prepararon un terreno de juego perfecto, mi clasificación quedó:

Ainhoa Arteta y Juan Jesús Rodríguez como Isabel de Valois y Rodrigo realmente sembrados, artistas y en un momento vocal inmejorables que crecen en cada función. El reinado Arteta tendrá largo recorrido y JJ Rodrigo afrontará con seguridad roles como éste.

2º ex-equo Alex Penda y Felipe Bou, Princesa de Éboli y Felipe II contrastes dramáticos con registros graves difíciles de encontrar, enamorándonos de Alexandrina Pendatchanska ya en el Ensayo General.

Steffano Secco en el rol principal, y el Coro de la Ópera que dirige Patxi Aizpiri, algo desiguales en color o tempo, pero dignos de podio, en especial las damas.

El resto del elenco adecuado y colaborando a un equilibrio difícil para una obra como este Don Carlo tan exigente, debiendo citar a Luiz-Ottavio Faria como Inquisidor.

Volver a destacar la elegancia en vestuario y atrezzo. Mejorable nuevamente la realización que nos ofreció TeleCable que comenté puntualmente desde mi Twitter.

No es igual el directo que la retransmisión y tampoco tenemos los medios del MET, pero este Año Verdi no ha hecho más que empezar…

Don Carlo dejará huella en Oviedo

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Martes 22 de enero, 20:00 horas. Teatro Campoamor. Ensayo general de Don Carlo (Verdi).
Invitado por #operaytuits acudimos unos cuantos «tuiteros» al general para empezar bien el Año Verdi. Además de compartir en tiempo real sensaciones y emociones, estar en un lugar privilegiado para disfrutar como si del estreno se tratase no tiene precio, pertrechados con móviles y tabletas que desgranaban cuadros, arias, dúos, concertantes, situaciones y todo lo que sólo la ópera es capaz de sacar del alma humana.
La magia flotó en el ambiente desde el arranque con una OSPA portentosa en bloque, secciones y solistas bajo la dirección de un Corrado Rovaris magistral de inicio a fin, terciopelo orquestal capaz de abrigar a las voces que por algo llevan «la voz cantante» sin renunciar a momentos épicos cuando lo exige esta obra esplendorosa del gran Verdi. Con esta base lo que vendría después era pura lógica en el discurrir lírico.
Del Coro que dirige Patxi Aizpiri sólo elogios en un general que servirá para aligerar los tempi marcados por el Maestro Rovaris en el estreno del 24, pues vocalmente están en momento dulce y como actores en su sitio.
Del reparto equilibrado que logró una representación triunfal más que un ensayo por darlo todo sin necesitarlo (gracias por la profesionalidad y el contagio emocional) comenzar por Don Carlo Stefano Secco convincente y en especial la Éboli de Alex Penda (Alexandrina Pendatchanska) que enamoró a todos.
Y de los «debuts» en sus roles Juan Jesús Rodrigo/ez que tiene clase hasta para morirse, el Filippo Bou impactante incluso de presencia, pero especialmente una Elisabetta di Valois que desde ahora será referencia, Ainhoa Arteta cuya voz ha ganado tantos quilates desde un trabajo del rol maduro, en plenitud, que logró acallar todo y erigirse en auténtica Majestad con todos postrados ante ella. Generosa, sin guardar nada, regalando una auténtica lección de profesionalidad, belleza interior que fluye hacia su presencia escénica hecha arte vocal.
Añadir una puesta en escena seria, rigurosa, histórica, con guiños pictóricos de libro como un atrezzo y vestuario cuidado al detalle que redondearon un Pre-estreno para los elegidos, entre los que me considero uno de los privilegiados. El 24E será un acontecimiento lírico para la historia del Campoamor y de la propia ópera en el bicentenario de Verdi.

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Más que un regalo musical de Reyes

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Sábado 5 de enero, 22:00 horas. Auditorio de Galicia, Santiago de Compostela. Concierto de Reyes: Beatriz Díaz (soprano), Real Filharmonía de Galicia, Manuel Hernández Silva (director). Obras de Mozart, Haydn y Schubert. Entrada: 15€.

«Noche mágica» titulaba a la salida de un concierto en horario nada habitual pero que tuvo una excelente entrada en la Sala Ángel Brage de acústica perfecta. La orquesta gallega es la excelencia musical en todas sus secciones y perfecta para el programa elegido. El maestro venezolano pergeñó una selección del clasicismo vienés que domina como nadie, transmitiendo todo su conocimiento a los profesores que funcionaron como el gran instrumento que es la orquesta cuando al frente se pone un director de la talla y carisma de Manuel Hernández Silva, quien además comentó cada obra con el humor y gracejo suyos haciendo gala de su vertiente pedagógica. El premio del roscón de Reyes fue la soprano asturiana Beatriz Díaz con unas arias operísticas nuevas pero ya plenamente integradas en una voz que ha ganado cuerpo en el registro grave y le abren un abanico de roles que eran impensables no hace mucho, unido a su teatralidad inconmensurable viviendo cada papel sobre el escenario, contagiando su saber estar y cantar a todos, algo que el director supo ver y sacar a flote.

El concierto comenzaba con la obertura de La Clemenza di Tito, KV 621 (Mozart) que sonó impecable en una orquesta dúctil y de sonoridad cristalina, conducida con gusto y dominio.

Papá Haydn nos trajo dos arias de la ópera jocosa La vera costanza, Hob. 28/8 para disfrutar de Beatriz Díaz en estado puro, verdadera constancia la suya: «Non s’innalza, non stride sdegnosa», la mandamás y metomentodo Baronesa Irene, papel de amplia gama dinámica y de tesitura perfectamente solventado por la allerana, y «Con un tenero sospiro» de la pescadora Rosina, dulzura y buen hacer global, metamorfósis total para dos interpretaciones casi antagónicas como bien explico el maestro Hernández Silva antes de escucharlas. Grandes ovaciones en esta primera aparición vocal lógicas por el resultado global, orquesta en su sitio y protagonismo vocal.

El «Menuetto» de la Sinfonía nº 3 en RE M, D. 200 (Schubert) sonó puramente vienés, «prevals» bien explicado por la acentuación de la tercera parte que los profesores de la Filharmonía bordaron al responder en total comunión con la batuta, entendimiento como si el maestro venezolano llevase con ellos toda la vida.

Y volvía el gran Mozart de Le Nozze di Figaro, KV 492, primero la Obertura «de disco», todas las notas dibujadas y escuchadas en una cuerda de lujo y un viento siempre claro, el preludio de esa ópera única en la historia lírica que más allá del libreto de Da Ponte la música del de Salzburgo ilumina. En el aria «Giunse alfin il momento» la orquesta fue un acompañamiento soñado para el gusto en grado sumo que derrochó Beatriz Díaz (alumna aventajada de La Freni) desde el recitativo, deleitando con unos pianissimi siempre presentes y arropados por la musicalidad de una orquesta de lujo funcionando como un único instrumento tocado por la batuta de Hernández Silva. Todo un descubrimiento esta Rosina «Condesa de Boo» que el público valoró con atronadores aplausos y varias salidas de la soprano para saludar.

Quedaba todavía la Sinfonía nº 35 en REM, KV 385 «Haffner» interpretada como nunca antes había escuchado en vivo, posible por la simbiosis de director y orquesta en una obra tan interiorizada por el venezolano quasi vienés (sus 20 años de residencia en la capital austriaca se notan siempre) que los cuatro movimientos fueron auténticas delicias, fuego, amor y rapidez máxima posible que el propio Mozart dejó anotado en la partitura estrenada en Salzburgo como bien nos contó el maestro: desde el Allegro con spirito, fogoso sin perder nunca ímpetu y abanico de dinámicas; el Andante auténtica declaración amorosa hecha música sinfónica, delicadeza en cada plano sonoro, en cada acento, en cada matiz, en cada intervención instrumental y sobre todo en cada gesto del director; un Menuetto sublime de paladeo en todo su desarrollo, incluyendo el trío; y ese Finale. Presto tan rápido y preclaro que sólo una orquesta con el virtuosismo unido a la calidad de la orquesta gallega es capaz, y Hernández Silva logró que lo diesen todo. Realmente apoteósica.

La noche mágica todavía nos depararía el «premio» de los roscones de reyes al volver Beatriz Díaz para regalarnos «Una voce poco fa» de El Barbero de Sevilla (Rossini), sorpresa y nueva lección interpretativa donde las cadenzas y rubati jugosos de esta nueva Rosina fueron engarzados con el oro directorial de Manuel al mando del instrumento sinfónico atento y respetuoso, escuchándose todos en ese juego musical que resultó esta joya cantada por la asturiana. El público rendido, nueva salva de aplausos y  BraBoos de izquierda a derecha del patio de butacas, un aria conocida y recreada que surgió por sorpresa añadiendo un nuevo papel en el amplio repertorio de nuestra adorada Beatriz Díaz.

La cuerda de la RFG soltó arcos y con el humor que solo la maestría de los grandes logran sacar de los profesores, cerraron la Noche Mágica con una Pizzicato Polka de los hermanos Johann y Josef Strauss que igualó las mejores de Año Nuevo por lo jugosa en matices, calderones, cambios de tempi… ¡Tan sólo faltó el triángulo para hacerla insuperable!

Imposible comenzar 2013 mejor. Gracias a la orquesta, a Beatriz y a mi admirado y querido Manolín… Esta vez llevé «MUCHO CUCHO®» personalmente y el regalo imperecedero.

Viva Händel

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Martes 18 de diciembre, 20:00 horas. Teatro Campoamor, LXV Temporada de Ópera de Oviedo: «Agrippina» (Händel), segunda función. Entrada Butaca principal: 107,40€ (impuestos incluídos).

Cuarto título de la temporada con gran expectación y «división de opiniones» en la primera representación dominical. Sigo pensando y diciendo que hablar más de la escenografía que de la música es otra de las modas, pasajeras aunque recurrentes, como lo fue la de los directores de orquesta o los intérpretes. En el caso de muchos que crecimos con discos de vinilo y nuestras primeras óperas en las butacas «ciegas» de los años 70 y principios de los 80, el oído manda, los cantantes y la orquesta. Si además el decorado (perdón, todo lo habitual: dirección de escena, escenografía, vestuario, iluminación… y la tramoya en general) ayuda, entonces el placer puede ser completo.

Aún recuerdo los primeros vídeos en estéreo y no digamos el LaserDisc (otro que se pasó de moda), lo mejor del momento por ¡poder escuchar y ver!. El DVD ya fue el «sumum» (pues al Blue-ray aún no me he sumado tras varios patinazos tecnológicos y precios todavía altos) y las proyecciones en cine ya han sido el no va más para hacer llegar la ópera a todos, pero también las causantes de este «imperio de la imagen» donde los primeros planos no los soportan todos los cantantes, prefiriendo presencia y dotes de actor por encima del canto. También reconozco que los estudios de grabación y edición de audio / vídeo, vamos lo que se denomina la producción, son auténticos laboratorios capaces de conseguir un producto final que hay que valorar como tal y el directo nunca mejorará, de ahí mi predilección por los registros en vivo (también hacen algunos «apaños») y sobre todo la música en vivo, presenciar y compartir algo único e irrepetible.

Este martes acudía a disfrutar de una ópera barroca, sabiendo qué escucharía pero no el cómo, eso sí, sin prejuicios aunque la «mochila del recuerdo» siga llenándose y pesando cada vez más. Antes de comenzar megafonía avisaba de la indisposición gripal ¡de la protagonista! que por profesionalidad y atención al público actuaría igualmente. Mi gozo en un pozo, la esperada Anna Bonitatitbus que tanto me gustase en el recital Rossini no estaría al cien por cien, fruncí el ceño y pensé «Agripada» ¿exigiré la devolución de parte de la entrada, por otra parte nada barata? ¿Seré gafe?. Menos mal que la sinfonía me hizo centrarme y zambullirme en la representación, con dificultad para poder leer los sobretítulos por mi ubicación pero dejándome llevar y disfrutando.

Cada acto fue a mejor, tres actos con dos descansos suficientes para airearnos todos y hacer que las casi cuatro horas y media del espectáculo pasasen volando. Desmenuzar cada número ya lo hizo Javier Neira con «Un maravilloso mestizaje» en la edición papel de LNE del martes 18, ¡casi dos páginas completas! que ya quisiesen muchos críticos incluso en revistas especializadas, y que las ediciones digitales gratuitas tampoco suelen publicar. «Música celestial y multidireccional con treinta y cinco arias y el consiguiente rosario de recitativos, un terceto, un cuarteto, tres coros de solistas, una sinfonía de obertura, fanfarria, ouverture, preludio y ballet…» (yo éste no lo ví). El folleto lo dejo aquí escaneado, donde figura todo el elenco y responsables, junto a mis impresiones globales sin un orden previo y saliendo directamente del corazón a los dedos del teclado.

El director Benjamin Bayl es igualmente el encargado de la edición de la partitura junto con Gunhild Tønder para la Ópera de Oviedo y la Vlaamse Opera que han coproducido este título, por lo que la responsabilidad musical del director australiano al que ya hemos visto trabajar varias veces en nuestra tierra, es total, y se notó. Desde el clave en los recitativos y con gesto claro llevó a parte de la OSPA en el foso (la otra está ensayando «El Mesías» para el viernes 21 en la Catedral de Oviedo) con manos maestras, contando con un concertino de primera para la ocasión (Jorge Jiménez) y un continuo de lujo «Made in Asturias» que tanta responsabilidad y peso soporta en esta ópera: los hermanos Zapico (Aarón en el clave y Pablo con el archilaúd y la guitarra barroca, más el gijonés Juan Carlos Cadenas al cello, sin olvidarme de las intervenciones de John Falcone al fagot completando un grupo instrumental solvente y seguro que ponen la base instumental perfecta (cierto que hubo alguna pifia pero leve en algunos solistas no habituales), continuo rítmico y vivaz que ayudó mucho a la versión que el maestro Bayl nos ofreció.

Del reparto vocal nadie sobra porque todos tienen protagonismo escénico y vocal, técnicamente difícil siempre cantar barroco por la cantidad de agilidades (adornos) más la necesidad de cada aria «da capo» resulte aún más impactante y diferenciada que la primera vez, algo desigualmente resuelto por cada uno aunque equilibrado en los nueve cantantes, segundo puntal en el que se asienta la ópera.

La soprano rusa Elena Tsallagova una «Poppea» que eclipsó a la «Agrippina» de Bonitatibus. En «el haber» de la italiana no ya su profesionalidad por no cancelar sino la calidad exhibida en toda la representación, detalles técnicos en «el debe» que seguramente pasaron desapercibidos para todos menos para la propia mezzo, cuyo «saldo» sigue siendo muy a su favor y con crédito suficiente, convincente en las arias (¡qué lujo de estar a tope!), clara en los recitativos, dejándonos una «malvada» más que digna y convincente de principio a fin. De la rusa, amén de su atractivo físico, vocalmente dejó en recitativos puntuales algún «exceso» en los agudos, pero muy bien tanto de registro, amplio y uniforme, como de técnica perfecta -el aria rápida del tercer acto fue un examen de sobresaliente-, musicalidad y dramatización. Personalmente la triunfadora de la noche.

Pietro Spagnoli cantó un «Claudio» de menos a más, mejor como actor que cantante con unos agudos que siguen sin gustarme pero que en conjunto resultó convincente, y es lo que cuenta. Bien la mezzo Serena Malfi como «Nerone«, juvenil como su papel y una voz que promete aunque esta vez su personaje fuese masculino, y el «Narciso» del contratenor afincado en Valencia Flavio Ferri-Benedetti, que ya me gustase en abril pasado en el Dido y Eneas con Forma Antiqva. Del «Ottone» de Xavier Sabata puedo decir lo mismo que para «Claudio», de menos a más, pese a saber que lo domina hace tiempo, pero esta vez me resultó algo menos creíble y estático en su personaje y musicalmente con recitativos donde su voz natural «luchaba» con la cantada, difícil de mantener un color de voz homogéneo aunque nos dejó el aria «Vieni o cara» (personalmente no me gusta mucho elegir la voz de contratenor para este rol) del segundo acto realmente hermosa y bien cantada, la única interrumpida por los aplausos del público. Y el más flojo en todo el bajo portugués João Fernandes como «Pallante» con problemas para mantener la pulsación exigida por el maestro Bayl, resultando «P’atrás» en muchas arias, además de un color opaco y afinación indecisa que supongo encontrará con los años al ser joven aún para un rol demasiado exigente. No quiero olvidarme de «Lesbo», aquí chófer cantado por el bajo colombiano Valeriano Lanchas ni la «Giunone» de la valenciana Cristina Faus que completaron ese elenco vocal capaz de darnos una representación equilibrada en conjunto.

De la puesta en escena de Mariame Clément reconocer que es un logro (por ahí van las Agrippinas actuales) y hace realmente entretenida toda la trama traída a los años 70 de los «culebrones» televisivos que esta vez no chocaron en la traslación cronológica (no me imagino un «peplum» que ya no se hace, y todas las fotos que aparecen son las del estreno belga), con pantallas de televisión formando parte del propio argumento, a veces bien encadenadas (ventilador, persianas, secretaria, llamadas de teléfono, llegada de Claudio, habano apagado con la bañera rebosando…) y otras casi publicidad ¿subliminal? (perdí la cuenta de los cigarrillos fumados) con momentos groseros (el huevo frito, la fabada con el compango y luego la boca masticando desagradablemente), así como los litros de alcohol en cada cuadro (que en escena serían te, además del zumo de naranja), recurso que usado en exceso -en Roma también aparecerían con abundante vino y copas de plata- resulta reiterativo pese a que ayude en la dramatización: güisky, margaritas… en ese petrolífero Dallas tejano. El «medio Cadillac» resultó así, a medias aunque luego el chófer fuese realmente creíble, como el baño de espuma de Claudio ante Agripina y el gran espejo, totalmente adecuado, no como el de la alcoba, mínimo al lado del armario de puertas correderas más «adaptado» a Nerón que a Otón en el juego de engaños urdido por Popea.

Excelente trabajo de los aplaudidos tramoyistas que formaron parte del espectáculo total, cambios de «sets» visibles en el montaje cual casa de muñecas, y ambientes algo mejorables que supongo en un teatro mayor resulten más lucidos: alcoba, despacho, salón con chimenea o restaurante… El vestuario también me encantó por el colorido pero algo desigual según los personajes y peso dentro de la obra, más elegante y de calidad (visual al menos) en los personajes femeninos -y es que la lencería siempre ayuda- y ese final de etiqueta en todos para un salón con chimenea algo ridículo para la mansión proyectada en la pantalla.

 

La función cerraría con ese conjunto final a oscuras mientras se proyectaban los títulos e imágenes con lo sucedido por los personajes tras su muerte, igual que en las películas o culebrones televisivos norteamericanos, auténtica serie también con los créditos al completo en pantalla de una producción que me gustó de principio a fin: dirección musical perfecta y clara en un especialista como Bayl, orquesta y continuo perfectos, reparto vocal equilibrado en general bien elegido para cada personaje, perfectamente vestidos en una escenografía que «no chirría» y esta vez sólo sirvió para alimentar el morbo, polémicas que mueven público y ayudan a publicitar una obra que por otra parte, de enfocarse con rigor histórico pienso no hubiese triunfado. Lástima los tibios aplausos del martes, esta vez no hubo pateos ni abucheos aunque marchase gente en los descansos (supongo que quienes la hora de cenar marca su rutina cotidiana) para una ópera que resultó completa, espectáculo total sin paliativos y enhorabuena a los responsables por volver a programar en Oviedo Händel en una semana donde su música es la protagonista.

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AVISO:
Todas las las fotos, excepto programa e ilustración «Agrippina» de Helena Toraño (Ópera de Oviedo
 ©Vlaamse Opera / Annemie Augustijns

La Liù de Beatriz Díaz

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Viernes 23 de noviembre, 20:00 horas. Teatro Campoamor, tercer título de la LXV Temporada de Ópera de Oviedo: «Turandot» (Puccini). Función fuera de abono.

PERSONAJES E INTÉRPRETES: Turandot: Maribel Ortega; Emperador: Emilio Sánchez; Timur: Dario Russo; Calaf: Marc Heller; Liù: Beatriz Díaz; Ping: Manel Esteve; Pang: Vicenç Esteve; Pong: Mikeldi Atxalandabaso; Un mandarín: José Manuel Díaz; Príncipe de Persia: Jorge Rodríguez-Norton. Orquesta Oviedo Filarmonía, dirección musical: Gianluca Marcianò; Coro de la Ópera de Oviedo, director del coro: Patxi Aizpiri; Coro de niños Escuela de Música «Divertimento», director: Iván Román Busto.

Mi última «Turandot» en el Campoamor fue en 1975 donde tras la Mimí de «La Bohème» Mirella Freni afrontaba una Liù de auténtico delirio con un reparto encabezado por la ya desparecida Ángeles Gulín. En el 2012 la asturiana de Boo, Beatriz Díaz toma el relevo de su profesora italiana y coloca nuevamente el rol triunfante (como parece sucedió con Eri Nakamura en el estreno de abono), auténtica figura en esta «función joven» y la más aplaudida de toda la representación, recreando un personaje que parece escrito para ella como ya lo hiciese en el Euskalduna en mayo de 2008. Lástima que el resto del reparto no estuviese a su altura, pues la música de Puccini requiere un equilibrio de todo difícil de conseguir, y precisamente faltó.

Beatriz Díaz de amarillo para romper gafes, ya en sus primeras notas en «Il mio vecchio è caduto!», lazarillo de un Timur que estuvo a buen nivel, marcaría distancias con el resto, «Signore ascolta», hasta el final «per non vederlo più!» realmente epílogo para Puccini. Su presencia llena la escena en una producción casi estática, con una línea de canto impecable, homogénea, poderosa en los fortes y generosa en unos pianissimi que flotaban angelicales por encima del ejército orquestal que el de Lucca despliega en su obra póstuma. La musicalidad de la asturiana sigue siendo emocionante y ver cómo se mete en el papel contagia y enamora a todos. Credibilidad global y arias para degustar, auténtica triunfadora («BraBoo» diría M) que se perdieron los abonados.

Bien el trío ya rodado de las tres funciones anteriores donde brilló más Ping hermano barítono que Pang, con el bilbaino Pong equilibrando los conjuntos tanto vocal como escénicamente sin abusar de la bis cómica. Aseada aunque algo forzada la Turandot de Maribel Ortega, en parte por la ubicación en lo alto de la escalera de caracol que hacía presente su voz perdiendo colorido, de registros heterogéneos y matices poco logrados, sacando adelante su papel de «mala de la película» con profesionalidad y bien vestida.

El Calaf de Marc Heller resultó desigual, con potencia a costa de esfuerzo y detrimento de color, olvidando que su personaje va más allá de las notas, enigma que no resolvió ni en el esperado «Nessun dorma».

El coro algo mermado de efectivos cumplió aunque fue cayendo y calando en el difícil final (aunque no hay nada fácil en «Turandot»), notándosele cansado. Muy bien entre bastidores el coro infantil, afinado y con volumen suficiente.

De Marcianò puedo compartir la crítica de otra función en la web «Codalario» de Aurelio M. Seco, incluso la de Abeledo en LNE, buscando más el efectismo en los fortissimi y crescendi que el plano adecuado para complementar el canto, pues la rica y expresionista orquestación del último Puccini es lo que requiere, y la OvFi cumplió con lo que el maestro les exigió, confirmando su buen papel en un foso que se les quedó pequeño.

Por último la sencilla y económica escenografía de Susana Gómez no desentonó en absoluto, austeridad y calidad con los pocos recursos que tuvo perfectamente utilizados, y pese a haber leído algo negativo sobre la escalera de caracol central, personalmente me gustó y funcionó en el agradecido escenario giratorio que dio juego junto a la iluminación y vestuario en conjunto.

Muerte con triunfo del amor y el sacrificio, larga vida para Liù que siempre sale victoriosa y una Beatriz Díaz que nunca pide a gritos sino con trabajo bien hecho más protagonismo en su casa. En tiempos de crisis es una inversión rentable, el llenazo indicativo y los aplausos para ella un toque de atención para quien quiera escuchar.

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