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La «siguiente generación» ya pide paso

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Viernes 3 de octubre, 20:00 horas. Auditorio de Oviedo, NextGen: Concierto final de la Masterclass internacional de dirección de orquesta con Johannes Schlaefli. OSPA, Maximilian von Pfeil (cello). Obras de Verdi, Weber, Elgar, Beethoven, Brahms, Dvórak y Chaikovski. Entrada de butaca: 5 €.

La OSPA ha celebrado a lo largo de esta semana la primera masterclass de dirección con el profesor de la University of Fine Arts en Zurich (ZHdK) Johannes Schlaefli (1957) enfocado para directores profesionales y estudiantes avanzados de dirección, una feliz iniciativa del titular Nuno Coelho, que fuese alumno del afamado maestro. De las 153 candidaturas recibidas (todo un éxito de convocatoria), entre Schlaefli y Coelho optaron por 8 finalistas, cuatro de ellos españoles, que trabajaron una selección de obras elegidas por ambos maestros, trabajándolas con la orquesta durante cinco días y un tiempo de podio de aproximadamente 130 minutos. Además de las sesiones con la orquesta por la mañana, hubo sesiones de retroalimentación y clases grupales por la tarde con Johannes Schlaefli, tal y como nos comentó en el encuentro previo celebrado a las 19:15 en la sala de cámara junto a la gerente de la OSPA Ana Mateo que hizo las labores de entrevistadora, moderadora y traductora.

Las técnicas de dirección y ensayo, así como el análisis de partituras, fueron el eje central de la clase magistral, y todas las sesiones de la orquesta fueron grabadas por un equipo de grabación de video profesional disponibles para todos los participantes, con lo que supuso de ampliación de experiencias antes de llegar a este concierto final, que hasta el miércoles no se decidió qué obras iba a dirigir cada uno, trabajando todos las ocho seleccionadas. Como comentó en la conferencia, a sus alumnos de dirección en Zúrich, y esta vez en Oviedo, les recomienda tener pasión por la música y humildad tras ser preguntado por cómo saber dónde había talento, sumando el trípode que se completa con la «química» entre dos seres como resultan ser una orquesta y su director. Evidentemente con nuestro titular portugués acertó y personalmente le felicité por su «ojo docente» y magisterio musical que la experiencia aporta, y en Asturias lo sabemos, viendo además la trayectoria nacional e internacional emprendida por Nuno Coelho.

El concierto se organizó como un programa especial a la forma clásica: dos oberturas, concierto solista y una «supersinfonía» de cuatro grandes manteniendo los tiempos: Allegro, Adagio, Scherzo y Finale. Sabia elección de obras conocidas por todo aficionado que no cubrió las expectativas de esta nueva apuesta, pues la OSPA imagino el esfuerzo que habrá supuesto ensayar estas obras con ocho visiones tan personales domo los finalistas, más todas las correcciones del Maestro Schlaefli que una vez pasado el ecuador y viendo lo que mejor le iba a cada «alumno», ya se centrarían todos en una sola partitura. Por ello mi primera felicitación a todos los músicos, que sin concertino volvieron a invitar a Jordi Rodríguez Cayuelas y María Ovín de ayudante. Con  obras que todos «tienen en vena» la versatilidad, profesionalidad y cariño con que se adaptaron a los cinco directores y tres directoras es digno de reseñar. Y mención especial al principal de cellos Maximilian von Pfeil como solista en el hermoso y difícil concierto popularizado hace décadas por Jacqueline du Pré junto a su marido Daniel Barenboim, que el alemán bordó siendo la obra estrella para todos, incluyendo a su compatriota y segundo director a quien le correspondieron los dos últimos movimientos.

Dejo a continuación cómo fue el reparto de obras y directores/as, todos trabajando de memoria salvo para el concierto de Elgar como es lógico, experiencia variada en todos, para seguir comentando mis impresiones con las biografías de los ocho que se pueden comprobar en el PDF del programa de mano, añadiendo que esa hoja la cubrimos con nuestro/s «favorito/s» en una urna a la salida del concierto.

Giuseppe Verdi (1813-1901): La fuerza del destino, obertura. Dirigida por el brasileño Richard Octaviano Kogima, músico completo (también pianista y compositor) con las ideas claras como su gesto, preciso y dejándonos un colorido Verdi más sinfónico que operístico.

Carl Maria von Weber (1786-1826):
Oberón, obertura. Dirigida por el cordobés David Fernández Caravaca (1995) musicalmente pasional y de formación «germana», marcando todo con claridad y sin rigidez. Página difícil con la que se desenvolvió sin problemas.

Edward Elgar (1857-1934) Concierto para violonchelo en mi menor, op. 85: Siempre es difícil «concertar» con el solista aunque Maximilian von Pfeil es músico curtido también el atril. Los dos primeros movimientos (I. Adagio moderato; II. Lento – Allegro molto) los llevó el valenciano Adrián Moscardó (1989) con una amplia trayectoria en la dirección que está finalizando en la ESMUC barcelonesa con los maestros Johan Duijck y Salvador Brotons. Se le notó trabajado el concierto aunque hubiese necesitado mejorar los balances de las distintas secciones aunque fuesen claros los tempi y el aire, «mandando» el solista, sabedores que en estos casos el entendimiento con el podio es imprescindible. La OSPA respondió a todas las indicaciones muy disciplinada. Con aplausos que rompieron la necesaria unidad de este maravilloso Elgar, subía para los dos últimos movimientos (III. Adagio; IV. Allegro – Moderato – Allegro ma non troppo – Poco più lento – Adagio) el alemán Jascha von der Goltz, que demostró su magisterio internacional y trayectoria en la batuta. También alumno de Schlaefi se notan las tablas, sin apenas necesitar la partitura, bien en la concertación y el balance, gesto claro para los movimientos más exigentes y agradecidos, excelente transición al largo cuarto tras la impecable cadenza del cello y con amplias dinámicas que engrandecieron y lograron el «trípode» con la conexión y el buen hacer entre todos.

Tras el descanso los siguientes candidatos en una «sinfonía única» donde no podían faltar dos quintas («no hay quinta mala» como siempre digo) en los movimientos extremos, y con tres directoras que no solo demostraron que estamos en el siglo del salto de la mujer al podio por su preparación bien visualizada y modelo para la «next generation»:

Ludwig van Beethoven (1770-1827): Sinfonía nº 5 en do menor, op. 67, I. Allegro con brio. Con decisión, valiente en el tempo y sin apenas respiro en los ataques arrancaba la alemano-colombiana Anna Handler una de las páginas más conocidas del sinfonismo, siempre difícil aportar algo nuevo que en este caso fue la fluidez y el dejar que la música transmita, no siempre marcando todo. Esta directora y pianista formada en Munich es titulada en la afamada Julliard School neoyorquina desde el mes de mayo pasado, y con las ideas muy claras para esta obra, ceñida a en cuanto a las dinámicas escritas pero con el crescendo final donde se notó muy trabajado y con las «masterclass» unidas a la «docilidad» de nuestra orquesta, volvieron a emocionar en esta quinta.

Johannes Brahms (1833-1897): Sinfonía nº 2 en re mayor, op. 73, II. Adagio non troppo, que estuvo en las manos del madrileño-leonés Jorge Yagüe (1996) también formándose en Zúrich con el maestro Schlaefli y trabajando ya con distintas orquestas españolas y europeas. La experiencia se nota en un gesto amplio, expresivo, atento a los matices aunque, como a muchos de sus compañeros en el podio, necesita encontrar el balance adecuado saber «sacar a la luz» los motivos sin perder ningún detalle orquestal, que con tiempo lograrán todos pues hay mucho trabajo previo que tienen hecho.

Antonin Dvorak (1841-1904) Sinfonía nº 9 en mi menor, op. 95 «Del Nuevo Mundo», III. Scherzo. Una de las sorpresas de la noche fue la valenciana Celia Llácer (1994), sin batuta y con toda la energía que este movimiento exige. Matizando sin problemas, dirigiendo con todo el cuerpo y de nuevo siguiendo las clases, con pasión, más que precisión. Se nota que lleva desde niña en el mundo musical y lo transmite nada más subirse a la tarima. Ha dirigido la JOECOM (Joven Orquesta de Colegios Mayores), trabajadora, formada en el Centro Superior Katarina Gurska con Borja Quintas y asistente de grandes maestros no podemos olvidarnos de esta joven que seguro dará mucho juego en los próximos años, demostrando cómo ha cambiado y mejorado el panorama español también en el mundo de la dirección orquestal. La OSPA rindió a tope y con la complicidad que dejó fluir esta maravillosa música fue otra de las triunfadoras del concierto.

Piotr Ilich Chaikovski (1840-1893): Sinfonía nº 5 en mi menor, op. 64, IV. Finale (Andante maestoso – Allegro vivace). Cierre por todo lo alto con la coreana Subin Kim, formada en Alemania. Claridad y precisión fueron sus rasgos aunque el tempi se «cayese» un poco antes del puente. Imposible no entregare en este final de la quinta del ruso, y aunque los metales parecieron desbocarse sin que la maestra los amarrase cortos, hubo convencimiento y pasión en esta interpretación, más brocha que pincel y comprobando que existe un mal generalizado en confundir los crescendi con los acelerando, pero el ímpetu juvenil no tiene nacionalidad y instrumento concreto, en este caso una OSPA que sonó confiada, de nuevo.

Un gran concierto de jóvenes con formato decimonónico en el programa, obras para todos los públicos, incluso para algún despistado que vino «confundido» y marchó feliz, continuar trabajando para formarse (en música nunca se acaba) y el lujo de contar con la OSPA para estas batutas que anotaremos para ver su progreso en el siempre difícil terreno de la dirección orquestal. En Oviedo han tenido una oportunidad para demostrar su valía y aprendizaje permanente con un gran maestro y la mejor orquesta a su servicio.

Excelente iniciativa en apoyo de las jóvenes «nuevas generaciones» (con PPerdón) que repetirán el próximo mes ya con Nuno Coelho al frente y dedicado a la viola con Sandra Ferrández.

Arte del cuarteto vienés en Gijón

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Miércoles 25 de octubre, 20:00 horas. Teatro Jovellanos, Concierto nº 1671 de la Sociedad Filarmónica de Gijón: Cuarteto Iberia. Obras de Mozart, Webern y Schubert.

El cuarteto de cuerda es una formación que en España está creciendo en cantidad y calidad, pese al sacrificio que supone trabajar esta unidad desde las individualidades, pero sobre todo con «la pasión compartida por la música de cámara». En una mini gira por dos de las centenarias filarmónicas asturianas  a las que debemos agradecer su enorme esfuerzo por mantener esta ardua tarea de formar y difundir nuestros intérpretes, iniciaba ayer en Oviedo y llegaba a la de Gijón el joven Cuarteto Iberia, fundado en Madrid allá por 2018 y manteniendo la tradición camerística de sus respectivos maestros. Tras su paso por la cátedra de cuarteto de cuerda de la Universität Mozarteum Salzburg con el
profesor Cibrán Sierra, integrante del Cuarteto Quiroga, tras ganar en junio de 2021 la ansiada plaza, no han parado de formarse, actuar y ganar distintos premios, desde un amplio repertorio de compositores y estilos diversos del que en Asturias se ha podido disfrutar una muestra con instrumentos modernos de Cremona (Pascal Hornung, Diego
Taje y Martin Gabbani) y un violín de autor desconocido del siglo XVIII de Mittenwald.

Las obras y autores elegidos para Gijón indican la versatilidad de este cuarteto que en cinco años ha alcanzado un altísimo nivel, debiendo felicitar de nuevo a la Filarmónica por las excelentes notas al programa, esta vez a cargo de Daniel Jaime Pérez, que siempre conviene guardar en papel por una calidad paralela a la de los programas que nos ofrecen los intérpretes.

El Iberia comenzaba con Mozart presentando Luis Rodríguez el conocido como «Cuarteto de la Primavera» (1782), obra en homenaje a «papá Haydn», juvenil como el propio cuarteto, lleno de guiños, bromas pero con la complicada aparente sencillez del genio de Salzburgo. Excelente conjunción de los intérpretes, compenetración en las escalas veloces fruto de muchos ensayos, muy matizado, afinado, perfecto equilibrio en los «protagonismos», colorido desde el clasicismo como base musical que el Iberia dominó en sus cuatro movimientos cual cuarteto vocal operístico, especialmente en el Andante, expresividad y lirismo bien entendidos y el último Molto Allegro donde la fuga sonó clara, precisa y arriesgando en el tempo porque técnica les sobra.

Otro mundo del también vienés Anton Webern y sus Cinco movimientos, op. 5 (1909), la ruptura de las formas y la expresividad llevada al límite tímbrico además de emocional. Si el clasicismo y romanticismo estaban periclitados, más para el cuarteto de cuerda, estas miniaturas son exigentes por los todos los recursos empleados, complejo en cada detalle y pieza, efectos bien resueltos y nuevamente un encaje perfecto entre los Iberia que volvieron a mostrar la versatilidad pasando de la jovialidad mozartiana a este expresionismo acervado de Webern lleno de bruscos contrastes dinámicos tan exigentes para los intérpretes como para un público que se comportó con respeto para una obra que sigue siendo más de cien años después perturbadora y plenamente vigente, al alcance de pocas formaciones.

La segunda parte, presentada por Arnold Rodríguez nos traería el conocidísimo cuarteto de La muerte y la doncella (1824) de Schubert tras la lectura del texto que canta la doncella en el lied homónimo compuesto en 1817 del que el tercer vienés de esta noche toma los motivos, apelación a la muerte llena de claroscuros, romanticismo en estado puro y una interpretación arriesgada (sobre todo en el Presto final), pletórica, cual encaje de bolillos lleno de detalles por parte del joven cuarteto que seguramente haya escuchado y trabajado la versión de sus maestros y «vecinos» en el Lázaro Galdiano. La tragedia hecha música llena de belleza, emocional, optimista por momentos, cantabile en el Andante con moto y con una energía propia de su juventud sin obviar una madurez digna de encomio para una formación que lleva tan «poco tiempo» juntos. Los unísonos, las amplias dinámicas, el latir común son ya señas de identidad del Cuarteto Iberia que aún dará mucho que hablar en los circuitos nacionales e internacionales.

Y de regalo otra prueba de fuego con la Polka del ballet «La Edad de Oro» (Shostakovich),  presentada por Aurora Rus, un placer sonoro para una complicada obra que ejecutaron con un magisterio y entrega que fueron la línea mostrada a lo largo de una velada de dos horas llena de entusiasmo, musicalidad, hasta plasticidad por cómo finalizan cada movimiento cual fotograma congelado disfrutando del último aire emanado, entrega total no exenta de humor y sobre todo esta pasión vienesa por la música para cuarteto de cuerda en el último viernes de octubre.

PROGRAMA

Wolfgang Amadeus MOZART (1756-1791): Cuarteto de cuerda n.º 14 en sol mayor, K. 387 (1782)

I. Allegro vivace assai; II. Menuetto; III. Andante cantabile; IV. Molto allegro

Anton WEBERN (1883-1945): Cinco movimientos, op. 5 (1909)

I. Heftig bewegt; II. Sehr langsam; III. Sehr lebhaft; IV. Sehr langsam; V. In zarter Bewegung

Franz SCHUBERT (1797-1828): Cuarteto de cuerda nº 14 en re menor, D. 810, La muerte y la doncella  (1824)

I. Allegro; II. Andante con moto; III. Scherzo. Allegro molto – Trio; IV. Presto – Prestissimo

CUARTETO IBERIA:

Marta Peño, violín – Luis Rodríguez, violín – Aurora Rus, viola – Arnold Rodríguez, violonchelo

Embajador de la guitarra con alma

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Miércoles 4 de octubre, 20:00 horas. Teatro Jovellanos, Concierto nº 1670, inaugural de la temporada 2023-24 de la Sociedad Filarmónica Gijonesa. Pablo Sáinz-Villegas (guitarra). Obras de Villa-Lobos, J. S. Bach, I. Albéniz, J. Rodrigo, A. Barrios y C. Domeniconi.

El guitarrista riojano Pablo Sáinz-Villegas era nombrado el pasado mes de junio «Embajador de la mierensía» por la asociación «Mierenses en el mundo» y llegaba a mi villa este lunes junto a su esposa mi muy querida Sarina Illana, para recoger el galardón aprovechando el viaje para este concierto inaugural de la Filarmónica Gijonesa junto a un encuentro con el público y aficionados el día anterior. Pese a su agenda tan apretada es de agradecerle siempre su generosidad, que pudo demostrar en el Teatro Jovellanos con una excelente entrada y un extraordinario concierto «dedicado a la memoria de Marcelino Gutiérrez, quien abrió con generosidad las páginas de El Comercio a la difusión de las actividades filarmónicas» con un inesperado fallecimiento a la edad de 48 años, emoción que embargó al artista al dedicarle junto a su familia presente, la obra de Agustín Barrios esperando esté en esa floresta del compositor guaraní. Generoso hasta en la impresionante propina de la Jota (F. Tárrega), tributo a su Rioja natal que incluso pidió al público la grabase y difundiese en su perfil de Instagram© y quedándose firmando discos así como a charlar o fotografiarse con los muchísimos aficionados llegados hasta la capital de la Costa Verde rondando las once de la noche.

Concierto pleno de emociones, pues la Sociedad Filarmónica pierde una ayuda y, sobre todo, un buen amigo como era Marcelino, aumentando la carga emotiva con la presencia de la guitarra en la historia musical local, como bien desgrana en las excelentes notas al programa mi admirado Ramón Avello, abriendo con el poema de Gerardo Diego La guitarra es un pozo / con viento de agua, repasando nombres que han tocado en este escenario gijonés: desde Andrés Segovia en 1919, Regino Sáinz de la Maza en 1938 reinaugurando tras la Guerra Civil la temporada de la Filarmónica, junto a otros grandes como David Russell o más recientemente Rafael Aguirre, una de nuestras actuales figuras mundiales de las seis cuerdas.

Pero en esta larga lista faltaba el riojano Pablo Sáinz-Villegas, bautizado como «embajador mundial de la guitarra española» por la Revista Billboard y heredero de Segovia, con un programa donde mi tocayo fue presentando cada obra y con algunas frases que he entrecomillado, emprendiendo un viaje musical desde el «padre de todas las músicas» en el Weimar donde estudió el intérprete español (con un arreglo propio de la inmensa Chacona) hasta el italiano Domeniconi y su tributo a la Turquía de su mujer, en cierto modo también a nuestra mierense presente en la sala junto a muchos desplazados por «La minera» para no perderse un concierto para el recuerdo.

La guitarra de Sáinz-Villegas, construida en 2007 por el afamado luthier alemán Matthias Dammann, sonó poderosa y delicada en cada obra en una sala con acústica perfecta sumándose una técnica propia que dándole la tensión justa a cada cuerda proyecta el sonido hasta el último rincón. Jugando con los tempi apropiados como en el Brasil de Villa-Lobos y sus cinco conocidos preludios, nos dejó unas imágenes sonoras recreadas por el riojano con una musicalidad intrínseca a su propio caracter.

En este viaje del «alma de la guitarra española» su Asturias de Albéniz hubo de detenerse porque «El silencio es el espacio donde habita la música», algo que parece estar perdiéndose, pandemias de teléfonos y toses disruptivas que no se van de las salas, llegando incluso a pedir que no aplaudiesen para poder degustar no ya el silencio sino también la música que queda flotando al finalizar cada obra. La sonoridad propia de esta «Leyenda» española en mi menor (frente al sol menor pianístico) que más que Asturias o Logroño es Andalucía en estado puro.

En este periplo guitarrístico no podía faltar el gran Rodrigo cuya Invocación y Danza desveló y reveló cual poesía sonora, tanto hablada en la descripción previa como interpretada en «la alemana» tan hispana como pocas: armónicos como estrellas y la magia de la inspiración flamenca que parece va unida a nuestro instrumento más universal elevada a las grandes salas de conciertos y hasta grandes estadios donde Sáinz-Villegas la sigue llevando.

Si hasta ese momento cada página era un disfrute para los melómanos, Un sueño en la floresta de   Barrios Mangoré pareció aumentar las pulsaciones, dedicatoria ya comentada y el hechizo propio pues «La música es el lenguaje de las emociones». El compositor e intérprete paraguayo es toda una leyenda en el mundo de las seis cuerdas y Sáinz-Villegas se envolvió del Espíritu Supremo de Tupá en ese juego de armónicos increíbles, trémolos y melodías infinitas con la afinación peculiar de la sexta cuerda en re y la quinta en sol, plenitud técnica que le permite disfrutar y contagiar tanta musicalidad.

Aún quedaba Carlo Domeniconi y su suite Koyunbaba, op. 19 para finalizar en Turquía con el pastor solitario (baba) junto a su rebaño de ovejas (Koyun) en Anatolia, composición del compañero y amigo de Pablo en Berlín, afinando la guitarra como un oud (de la sexta a la prima do#, sol#, do#, fa#, do# y mi) que le da una sonoridad única a una música casi de ritual llena de virtuosismo, ritmos, tímbricas y todo un espíritu en cuatro «cuadros» pintados con la maestría del intérprete bautizado como «embajador mundial de la guitarra española» por la Revista Billboard y desde ahora también «embajador de la mierensía».

Público entusiasmado, respetuoso en general, entregado a Sáinz-Villegas con la ya citada propina de la jota universal que triunfa siempre, y más en su interpretación que, como el buen vino, va madurando con los años para conervirse en un Gran Reserva. Gracias y enhorabuena familia, esperando volver a encontrarnos.

PROGRAMA

I

Heitor VILLA-LOBOS (1887-1959):

Cinco preludios, W419:

I. Andantino expressivo en mi menor: Homenagem ao sertanejo brasileiro; II. Andantino en mi mayor: Homenagem ao malandro carioca; III. Andante en la menor: Homenagem a Bach; IV. Lento en mi menor: Homenagem ao indio brasileiro; V. Poco animato en re mayor: Homenagem ao vida social.

Johann Sebastian BACH (1685-1750):

Chacona, BWV 1004 (arr. Pablo Sáinz-Villegas).

II

Isaac ALBÉNIZ (1860-1909): Asturias (Leyenda), de la Suite Española op. 47.

Joaquín RODRIGO (1901-1999):

Invocación y Danza: Homenaje a Manuel de Falla.

Agustín BARRIOS Mangoré (1885-1944):

Un sueño en la floresta.

Carlo DOMENICONI (1947): Koyunbaba, op. 19:

I. Moderato

II. Mosso

III. Cantabile

IV. Presto

A celebrar 25 años de excelencia

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Este primero de septiembre al mediodía en la sala de cámara se presentaban los Ciclos «Conciertos del Auditorio» y Jornadas de Piano «Luis G. Iberni», una temporada marcada por las bodas de plata del edificio diseñado por Rafael Beca sobre los antiguos depósitos de agua, y que marcaría a Oviedo como capitalidad musical o como la he bautizado en «La Viena Española».

Peinando canas aún recuerdo la inauguración aquel ya lejano 29 de abril de 1999 con nuestra OSPA dirigida entonces por el chileno Max Valdés, y dos días después vendría Riccardo Muti con la Filarmónica de La Scala, un verdadero lujo que abriría un ciclo por donde han pasado casi todas las grandes formaciones y figuras internacionales a lo largo de estos 25 años, algunos desde aquí reseñados desde 2008. Recordar también que seis años antes Oviedo fue  pionera en organizar las primeras jornadas dedicadas en exclusiva al piano en España en el Teatro Campoamor, que con el Auditorio pasarían a celebrarse aquí, sin olvidarnos del primer gestor que fue el siempre recordado (esta mañana también) Luis G. Iberni, a cuya memoria llevan el nombre del gran musicólogo y crítico aragonés afincado en nuestra tierra donde llegó en la primera promoción de los estudios de Musicología en la Universidad de Oviedo con Emilio Casares al frente.

Tenía que ser este Auditorio, y mejor aún en su Sala de Cámara de acústica excelente, la presentación de este ciclo doble del 25 aniversario, que además arrancaría, como no podía ser menos, con música (el Rondeau, tercer movimiento del Cuarteto para oboe y cuerdas en fa mayor de Mozart ) a cargo de Lucas Macías, director de la Oviedo Filarmonía (OFil), hoy al oboe junto a tres grandes músicos de sa orquesta que va unida tanto a los dos ciclos como a la ópera y zarzuela: Andrei Mijlin (concertino), Rubén Menéndez (viola principal) y Gabriel Ureña (chelo principal) que inauguraba informalmente la temporada, esperando ya el 31 de octubre del primer Concierto del Auditorio.

En el acto tomaron la palabra David Álvarez, concejal de Cultura del Ayuntamiento de Oviedo y Presidente de la Fundación Municipal de Cultura, un reconocido melómano al frente del auténtico motor cultural de la capital del Principado y buen fichaje de su alcalde Alfredo Canteli. En sus palabras también recordó y enseñó el abono de aquella primera temporada más el sueño de llegar a presentar 25 años después este ciclo que ha colocado a Oviedo en el mapa mundial de la música por su oferta y calidad  envidiable para una ciudad de su tamaño. También hablaron el responsable de la Fundación EDP en Asturias Juan García-Ovies Sarandeses, tan necesario el apoyo privado a la música en Asturias, el jefe de Oviedo del periódico La Nueva España Álvaro Faes, otro pilar importante en la difusión y publicidad desde su medio de comunicación que presta todos sus recursos a la actividad musical, María Ablanedo como vicepresidenta de la Fundación Musical Ciudad de Oviedo, resaltando el protagonismo femenino tanto en la plantilla de la OFil como en tantos excelentes intérpretes de nuestra tierra, espejo en el que se miran los estudiantes de los distintos centros educativos del Principado, también autores de quienes se estrenarán obras así como de compositoras que tienen su sitio ganado por su calidad, y por supuesto el director artístico de los ciclos, el incombustible Cosme Marina, un gestor digno heredero de Iberni que sigue organizando y trayendo a este Auditorio lo mejor del circuito europeo y mundial, con Oviedo parada obligada que algunas veces fue la única en esas giras que siguen reafirmando a «La Viena Española».

Imposible desgranar lo que nos deparará esta temporada 2023-24, aunque dejo el enlace o link al avance, el Dossier de Prensa que se nos entregó a la entrada y algunas de las fotos que realicé durante la presentación. Las notas del concejal tituladas «El poder de la música» y de Cosme «Un viaje fascinante» expresan a la perfección lo que suponen estas bodas de plata y las líneas maestras de este doble ciclo, donde destacan:

TEMPORADA EXTRAORDINARIA por los 25 años del Auditorio Príncipe Felipe con una temporada muy especial que traerá a Oviedo algunos de los grandes artistas y de las mejores formaciones orquestales de nuestro tiempo, y que no tendrá como en otras ocasiones ningún concierto extraordinario porque toda la temporada lo es.

UN CICLO SOSTENIBLE. Con la deseada y esperada llegada del AVE a Asturias, permitirá, a partir del próximo mes de enero, un diseño de las giras de conciertos con el fin de que la mayoría de las orquestas lleguen a Oviedo en medios de transporte menos contaminantes, sustituyendo el avión por el tren, en un compromiso del ciclo con la sostenibilidad, tal y cómo se está haciendo en los festivales y temporadas de referencia en Europa, y que el responsable de la Fundación EDP también destacó.

GRANDES SOLISTAS. Esta temporada pasarán por Oviedo nombres como Jakub Józef Orlinski, István Várdai, Christina Pluhar, Ermonela Jaho, Antonio Corianò, Christian Tetzlaff, Javier Camarena, Ellinor D’Melon, Dorottya Lang, Alison Oakes, Jakob Pilgram, María Dueñas, Jean-Ghihen Queyras, Dinara Alieva, Ekaterina Semenchuk o Rolando Villazón, entre otros muchos.

Algunos de ellos repiten (están con mis links) conocedores de lo que supone actuar en Oviedo por la historia tan musical de esta ciudad, y otros lo harán por primera vez, convencido que volverán porque así lo atestiguan los años de experiencia de los que mis canas puede dar fe.

DIRECTORES DE REFERENCIA. Maestros de primer nivel estarán en la ciudad: Kirill Petrenko, Sir John Eliot Gardiner, esperando retome su agenda tras el «parón autoimpuesto» por su incidente, Paavo Järvi, Alan Gilbert, Alondra de la Parra, Kahchum Wong, Ádám Fischer, Jaime Martín, Andrea Marcon, Lucas Macías y Aarón Zapico.

En las columnas del Auditorio figuran algunos nombres de grandes batutas que han dirigido en este templo musical asturiano, y seguro que aún queda sitio para poner alguna placa más.

LAS MEJORES ORQUESTAS. Una de las características del ciclo de conciertos de Oviedo es la presencia de formaciones orquestales y camerísticas de referencia: Philharmonia de Londres, NDR Elbphilharmonie Orchestra, Sinfónica de Düsseldorf, Orquesta Nacional de España, Gustav Mahler Jugendorchester, la Cetra Barockorchester, Il pomo d’oro, L’Arpeggiata, Oviedo Filarmonía –como orquesta residente-, Deutsche Kammerphilharmonie Bremen, Forma Antiqva. También acudirán formaciones corales como El León de
Oro, el Joven Coro de Andalucía y el Vokalensemble Basel.

Como también apuntarían Ablanedo o Marina, Oviedo ha defendido a músicos de nuestra tierra porque la calidad en su paso por el escenario quedó refrendada siempre e incluso dando el salto internacional, caso de Forma Antiqva con Aarón Zapico, El León de Oro con Marco Antonio G. de Paz o la pianista  avilesina Noelia Rodiles, sin olvidarnos de la propia OFil con Lucas Macías que ha supuesto «una bendición» para el panorama musical asturiano, así como el principal invitado Iván López-Reynoso.

EL GRAN REPERTORIO. A lo largo de la temporada se ofrecerán obras que abarcan desde el barroco a nuestros días. Del repertorio tradicional se interpretarán tres de las grandes sinfonías de Dvorák, el Réquiem de Verdi, la Sinfonía Fantástica de Berlioz, la Sinfonía italiana de Mendelssohn, arias de autores como Verdi, Puccini, Bizet, Mascagni o Catalani, la Fantasía Coral de Beethoven, la Quinta Sinfonía de Shostakóvich, la Primera Sinfonía de Brahms, el segundo acto de la ópera Tristán e Isolda de Wagner, La Pasión según San Juan de J. S. Bach, el Concierto para violín de Beethoven, el Concierto para violonchelo de Schumann o la
Quinta Sinfonía de Schubert, entre otras muchas.

ESTRENOS Y MÚSICA ESPAÑOLA. Cómo es habitual, la música española y los estrenos absolutos tendrán fuerte presencia, desde el repertorio barroco hispanoamericano pasando por el estreno de Cloches, concierto para piano y orquesta de Manuel Martínez Burgos, la “Danza ritual del fuego” de El Amor Brujo de
Falla, un estreno que forma parte del “Mapa sonoro de Vetusta” de la canaria Laura Vega o el Preludio del tercer acto de Follet de Granados.

JORNADAS DE PIANO. Las Jornadas de Piano «Luis G. Iberni» se abrirán con el protagonismo de Noelia Rodiles y Oviedo Filarmonía. Además, en clave de piano orquestal también estará Igor Levit, a quien escuché en solitario este verano en Granada, y a Oviedo vendrá con la NDR Elbphilharmonie, más una incursión en el mundo del clave con Diego Ares y Forma Antiqva.

Los recitales tendrán un peso significativo con el más reciente ganador del Premio Chopin y su debut en España, Bruce Liu, y con muy pocos días de diferencia compartiendo con el decano de los pianistas españoles en activo, Joaquín Achúcarro, muy querido en Oviedo y su Sociedad Filarmónica donde es el artista que más veces ha actuado desde aquel primer viaje de casi ocho horas en el FEVE, entonces «Económicos» de Bilbao a Oviedo, que sigue recordando tardaba tanto como sus viajes a Detroit (ironizaba Cosme que en esto no ha habido muchos cambios), además de la presentación en las Jornadas de
Yulianna Avdeeva y la presencia de una leyenda viva del teclado como es la portuguesa Maria João Pires acompañada por el catalán Ignasi Cambra.

ABONOS Y ENTRADAS. A partir de mañana 2 de septiembre se iniciará la renovación del abono conjunto, y la venta para nuevos abonados a partir del 22 de septiembre. Se mantienen, además, a partir del 2 de octubre, el abono separado de Jornadas de Piano y Conciertos del Auditorio. Además, se vuelve a incluir el abono Firmamento Lírico y, por primera vez, se ofrecerá un ABONO
JOVEN
, para menores de 30 años. De este modo habrá abonos
desde 86 euros y localidades sueltas desde 10 euros.

Oviedo será destino de muchos melómanos venidos de todas partes, por lo que no está mal recordar que la música es una inversión y el mejor reclamo turístico, generador de riqueza. En breve volveré a pasar por taquilla para renovar mi abono para otra temporada en #LaVienaEspañola como pongo de etiqueta o hastag en el antiguo Twitter© (mal llamado ahora X), y también el acuñado por David Álvarez #CapitalidadMusical que intentamos entre todos difundir para mantener la capital asturiana en el mapa musical mundial. Que la Gustav Mahler Jugendorchester (Joven Orquesta Mahler) cierre ciclo con Kirill Petrenko (titular de la Filarmónica de Berlín) iniciando una gira donde solamente Oviedo, San Sebastián y Granada serán sus paradas, tal y como ya se ha anunciado en la capital alemana, da una idea de lo que supone el trabajo de estos 25 años que son continuadores de los más de 100 de nuestra Sociedad Filarmónica Ovetense o los 76 de la Ópera, semillas tan bien plantadas como el carbayón (roble en asturiano) símbolo de la capital del Principado.

 

El Cosmos concuerda

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Viernes 14 de julio, 21:30 horas. 72 Festival de Granada, Patio de los Mármoles (Hospital Real), “Música de cámara”, #Ligeti100: Cuarteto Cosmos. Obras de Brahms, Tomás Marco y Ligeti. Fotos propias y de Fermín Rodríguez. 

En este Festival de Granada la música de cámara tiene su espacio y en el caso de los cuartetos el programa nos está trayendo de lo mejor en el panorama internacional, este viernes con el Cuarteto Cosmos (2014) catalán y otro homenaje al gran György Ligeti (1923-2006), sin olvidarnos de Tomás Marco (1942), compositor residente esta edición, y Johannes Brahms (1833-1897) en un programa intenso y exigente desde el Patio de los Mármoles en el Hospital Real.

También Schumann está en el aire de estos días, y Brahms se encontró con él en 1853 ya con la idea de componer cuartetos. El Cuarteto nº 2 en la menor, op. 51/2 (1873) es buena forma de comenzar un concierto y el Cuarteto Cosmos ya mostró sus cartas con un sonido homogéneo -tocan con instrumentos construidos exprofeso por el prestigioso luthier barcelonés David Bagué– y en el Allegro ma non troppo las melodías juegan con las combinaciones de los cuatro y una energía que se ve además de escucharse. El Andante moderato mantuvo ese lirismo romántico, heredero de Schubert o Schumann sin faltar la carga dramática con intensidades muy amplias. Con esas alternancias de melodismo y dibujos claros en el cuarteto el breve Quasi Minuetto, moderato, prepararía el ambiente sombrío del Finale. Allegro non assai, con la alternancia o juego de los temas, decidido el primero y más lánguido el segundo, danzables para disfrutar de un violín carnoso y penetrante preparando la creciente agitación del cuarteto, aires zíngaros que con su ritmo contagioso redondearon un buen Brahms con los catalanes.

Tras el descanso, cambio de idioma, de estilo, de colores y sonoridades con tímbricas explorando todos los recursos del cuarteto de cuerda: armónicos, golpes de arco, pizzicati violentos, fraseos de dinámicas bruscas en dos páginas de mi generación, primero el Cuarteto nº 4 «Los desastres de la guerra» (1996) de Tomás Marco, que continúa vigente tal y como estamos comprobando en este Festival. Juan Manuel Viana en sus notas al programa repasa la trayectoria del compositor madrileño en sus composiciones para cuarteto de cuerda: “Los desastres de la guerra (…) compuesto en 1996 por encargo del Festival de Santander y estrenado el 24 de agosto de ese año por el Cuarteto Paul Klee en el Santuario de la Bien Aparecida (…) presenta, según su autor, algunos puntos en común con el cuarteto anterior: «Se trata de un material musical rigurosamente objetivo en el que se desarrolla, por aplicación de algunos principios de crecimiento fractal, un sistema de proporciones que confluyen en la creación de una forma autónoma». Como en Los caprichos, Tauromaquia, La nuit de Bordeaux o Tapices y disparates, la alusión a Goya no pretende describir o evocar su pintura sino «asumir algunos de sus planteamientos estéticos y expresivos»”. Si la música de Marco sigue siendo actual, tristemente también las guerras y el dolor que conllevan. Este cuarteto es desgarrador, gris, violento como van desgranando las cuerdas y arcos, sonidos por momentos hirientes, casi una banda sonora de la devastación bélica que Goya ya pintase pero hoy basta con ver las noticias porque esta música sirve para todas ellas. El Cuarteto Cosmos se volcó con una página muy exigente de ejecución e interpretación de la barbarie: empaste y entendimiento total de los catalanes, contrastes extremos entre violín y cello, contestaciones del segundo y la viola, un relato sobrecogedor el de Tomás Marco perfectamente resuelto por unos músicos excelentes.

Y tras una pausa para tomar aire pero con las mismas sensaciones vendría el Cuarteto de cuerdas nº 1 «Metamorfosis nocturnas» (1953-1954) de György Ligeti, a quien el Festival le está homenajeando en el centenario de su nacimiento. El húngaro también sufrió en sus carnes la dictadura magiar y mucha de su música quedó en el cajón como él mismo lo escribió. Obra de juventud con clara inspiración en los cuartetos 3 y 4 de Bartók que sólo conocía por la partitura, aunque escrito en un único movimiento, está dividido en doce secciones breves que van contrastando, casi como en el cuarteto de Marco. El término «Metamorfosis» designa, en palabras del húngaro «una serie de variaciones de carácter atemático, que se desarrolla a partir de un motivo de base. Melódica y armónicamente la pieza descansa sobre el “total cromático”, mientras que desde un punto de vista formal permanece fiel a los criterios del clasicismo vienés: carácter periódico, imitación, despliegue del material motívico, desarrollo, reparto entre los instrumentos de la melodía cortada en frases breves». Si el cuarteto catalán toma el nombre de Cosmos, con esta metamorfósis está claro que es todo un universo de la cuerda, jugando con las palabras, todo concuerda en este Ligeti que desplegó no ya los recursos y sonoridades rompedoras en los años 50, toda la tensión y discurrir “biológico”, nacimiento, desarrollo, madurez, cambios de tamaño, como una clase sonora de la propia evolución vital y recordando que la palabra griega significa “transformación” sin olvidarnos del alemán Kafka. Increíble la partitura de Ligeti y asombrosa la interpretación del Cuarteto Cosmos.

Tras tanta tensión, dramatismos, sonoridades violentas, incisivas, volúmenes extremos de los pianos casi inaudibles a los fortes con los arcos como cuchillas, el mejor regalo vendría de Schubert y el Andante del Cuarteto “Rosamunda” nº 13, en la menor, D804 op. 29. La música de mi generación no se entiende sin escuchar primero a los grandes románticos, y tras el Brahms inicial el círculo se cerraba con Schubert, historias musicales donde el cosmos concuerda.

Y con cuerda aún nos espera el Armida Quartett el día 17, que contaremos desde aquí.

Cuarteto Cosmos:

Helena Satué (violín) – Bernat Prat (violín) – Lara Fernández (viola) – Oriol Prat (violonchelo)

PROGRAMA

Johannes Brahms (1833-1897)

Cuarteto nº 2 en la menor, op. 51/2 (1873)

Allegro ma non troppo – Andante moderato – Quasi Minuetto, moderato / Allegretto vivace – Finale. Allegro non assai

Tomás Marco (1942)

Cuarteto nº 4 «Los desastres de la guerra» (1996)

György Ligeti (1923-2006)

Cuarteto de cuerdas nº 1 «Metamorfosis nocturnas» (1953-1954)

Levit, el pintor elegante

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Jueves 13 de julio, 22:00 horas. 72 Festival de Granada, Palacio de Carlos V, “Grandes intérpretes”: Igor Levit (piano). Obras de Stevenson, Schumann, Wagner y Liszt. Fotos propias y de Fermín Rodríguez.

Si de algo puede presumir esta septuagésimosegunda edición del Festival Internacional de Música y Danza de Granada es contar con una pléyade de pianistas reconocidos mundialmente, y no podemos quejarnos de los que ya llevamos. Continuando con esta alineación de astros volvía tras su debut en 2020 el pianista ruso nacionalizado alemán Igor Levit (Nizhni Nóvgorod, Rusia, 1987) con un programa muy original (aunque volvimos a escuchar la Fantasía op. 17 de Schumann) lleno de homenajes, fantasías y virtuosismo al servicio de la música.

Una partitura me recuerda el paisaje al que se enfrenta un pintor, y podemos tener varios contemplándolo donde cada uno elegirá con su técnica el color, la intensidad, el brillo, las líneas, la profundidad, la perspectiva… El mismo paisaje pero enfoques distintos, los pianistas pintores de sonidos desde su punto de vista e interpretación. Incluso con la misma escuela, en este caso la rusa que sigue siendo referente y cantera mundial, enseña a mantener una visión propia sin perder el paisaje original aunque la luz cambie y los días también.

Levit comenzaba con una original obra del compositor y pianista escocés Ronald Stevenson (1928-2015), continuando con las fantasías al piano, esta vez homenaje a Benjamin Britten y su más célebre ópera, la Peter Grimes Fantasy (1971) llena de referencias casi “orquestales” de los preludios marinos. Levit pintó todo el colorido de esta partitura, mezclando los colores de los temas de Britten, el timbre como trazo, efectos de pedal y el necesario además de esperado virtuosismo,
eligiendo distintos pinceles según el grosor con un sonido que parecía tener claro en su propia paleta. Reconocibles los motivos y amplias dinámicas mezclando no sobre el óleo sino en un piano poderoso y elegante en todos los trazos. Las fantasías y homenajes pianísticos de estos “Grandes intérpretes” nos permiten comprobar la riqueza de partituras y ejecutantes.

Por lo apuntado del punto de vista, escuchábamos dos días después la Fantasía en do mayor, op. 17 (1836) de Robert Schumann (1810-1856) con un colorido distinto, Levit ofreció una visión más luminosa y emotiva que la de su compatriota Trifonov, elegancia y fuerza en la mano izquierda poderosa y la delicadeza en la derecha, tempi contenidos y sonoridad más difusa con un pedal “global” buscando ambientes y referencias claras a la inspiración de Schumann en Beethoven más que el amor a Clara. Los tres movimientos (I. Durchaus fantastisch und leidenschaftlich vorzutragen. Im legenden Ton – II. Mäßig. Durchaus energisch – III. Langsam getragen. Durchweg leise su halten) fueron como lienzos de gran tamaño y color, pasión en el primero bien dibujado, trazos amplios y enérgicos del segundo, y un tercero grisáceo casi abocetado por el propio paisaje que se vuelve triste. Dos visiones rusas de un mismo paisaje que podrían analizarse incluso por la forma de sentarse ante el caballete y en tiempos donde se habla de la “comunicación no verbal” la de los pianistas es al menos curiosa. Los “tics” de cada uno se reflejan en la interiorización de cada obra y en la siempre necesaria concentración previa, en el caso de Levit sus estiramientos tras los pasajes fuertes, la mano derecha que vuela en los silencios o se apoya en el taburete. Esta noche el sudor que se secaba con la manga y las inflexiones sobre el teclado reforzando toda su gama de matices asombrosos.

Sin pausa prosiguió la fantasía e inspiración operística desde la técnica apabullante del ruso con una transcripción pianística (como en Stevenson) del Preludio de Tristan und Isolde, WWV 90 de Richard Wagner (1813-1883) en el arreglo realizado por otro intérprete célebre y virtuoso como el húngaro Zoltán Kocsis. que el pianista ruso ha grabado recientemente, Si en Britten el trazo era amplio, para Wagner se rehacía el dibujo sobre el óleo musical, el paisaje era complicado de plasmar porque la densidad del original orquestal resulta más intrincada desde el piano. Pero Igor Levitt no sólo demostró oficio, también creatividad y conocimiento profundo del original, al igual que Kocsis. Intensidades extremas con variedad de pinceles y gama amplísima de colores, un tema que los grandes pintores han reflejado (como Rogelio de Egusquiza, Dalí o John William Waterhouse) cada uno inspirado en su tiempo y estilo. Este de Levitt fue un derroche de colores bien claros y líneas dibujadas con diferentes grosores, sobrescritas para encontrar la visión global.

Sin pausa ni aplausos, aún contemplando este preludio quedamos “en familia” pasando al yerno de Wagner, Franz Liszt (1811-1886) que como bien se indica en la web del Festival, decidió llevar al piano solo la Muerte de Isolda y no el Preludio. La Sonata para piano en si menor, S. 178 (1853) es la única incursión en esta forma, dedicada a Schumann en devolución a la Fantasía primera y de la que Clara Schumann escribió a su amigo Brahms que era un ruido ciego. Levit empleó todos los recursos para pintar este inmenso mural, más que un lienzo, sin atenerse a la norma clásica de los “cuatro movimientos”, huir y transgredir como buen romántico para romper con las tradiciones, y si al suegro le encantaron, a los presentes la visión que contémplanos aún más. Como apunta Rafael Ortega de esta Sonata en las notas al programa “monumental cuadro de carácter cíclico en el que se suceden los cambios de tempo y expresión, con sabios juegos de contrastes, y en el que la tradicional secuencia de exposición-desarrollo-reexposición aparece menos definida, con incorporación –como en el caso del Beethoven postrero– de formas raramente utilizadas antes por él mismo, como la fuga”. Innovador y rompedor tanto Liszt como Levit en plasmar la imaginación desbordante del húngaro, jugando con los matices y los aires de esta enormidad paisajística.

Cada movimiento (Lento assai / Allegro energico / Grandioso / Recitativo / Andante sostenuto Quasi adagio / Allegro energico / Stretta, quasi presto / Presto / Prestissimo Andante sostenuto / Allegro moderato / Lento assai) parecía independiente por lo variado del trazo, de la línea, de la perspectiva, de la dificultad que una vez finalizado pudimos comprobar la unidad estilística donde el virtuosismo ayudó a contemplar una obra maestra.

Noventa minutos de carga emocional a cargo de Igor Levit, enorme pintor que volvería a Schumann de regalo con el último número de las Kinderszenen, op. 15, las escenas de niños: pausado y emotivo “El poeta habla” (Der Dichter spricht) que podríamos retitular “El pianista pinta”. Grandes obras y otro gran intérprete del piano en este festival.

OBRAS

Ronald Stevenson (1928-2015):

Peter Grimes Fantasy (1971-1972)

Robert Schumann (1810-1856):

Fantasía en do mayor, op. 17 (1836)

I. Durchaus fantastisch und leidenschaftlich vorzutragen. Im legenden Ton

II. Mäßig. Durchaus energisch

III. Langsam getragen. Durchweg leise zu halten

Richard Wagner (1813-1883):
Preludio de Tristan und Isolde, WWV 90 (1859, arr. de Zoltán Kocsis)

Franz Liszt (1811-1886):

Sonata para piano en si menor, S. 178 (1853)

Lento assai / Allegro energico / Grandioso / Recitativo / Andante sostenuto Quasi adagio / Allegro energico / Stretta, quasi presto / Presto / Prestissimo Andante sostenuto / Allegro moderato / Lento assai

Una vida en el piano

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Martes 11 de julio, 22:00 horas. 72 Festival de Granada, Palacio de Carlos V, “Grandes intérpretes”: Daniil Trifonov (piano). Obras de Chaikovski, Schumann, Mozart, Ravel y Scriabin. Fotos propias y de Fermín Rodríguez.

Vigésimoprimera noche de festival con alerta por calor en Granada y un pianista de referencia como el ruso Daniil Trifonov (Nizhni Nóvgorod, Rusia, 1991) que me hizo pensar lo dura que es su vida. Con 17 años ya ganaba premios internacionales, lo que supone llevar su infancia y adolescencia pegado al piano y renunciando a muchas cosas. Desde entones su agenda está completa por todo el mundo, de hecho en Oviedo ya estuvo en 2013, 2015 y 2019. Actualmente basta con entrar en su Web y comprobarla, aterrizando ayer desde New York, supongo que con jetlag, ensayar, tocar y continuar “tour” por Mónaco Verbier, Salburgo, alternando conciertos con orquesta y el mismo programa que le trajo al Palacio de Carlos V.

No es de extrañar que con semejante ajetreo, sumado a un calor que dificulta la concentración el programa en principio parecía más un “calentamiento” comenzando con el Álbum para la juventud, op. 39 de Tchaikovsky, una “colección de 24 miniaturas que sigue, según propia declaración, la estela de las Escenas de niños de Schumann (subtitulada por ello 24 piezas fáciles a la Schumann)” como bien recuerda Rafael Ortega Basagoiti en las notas al programa. Dos docenas de cuadros para los estudiantes, que en manos del maestro adquieren toda la genialidad melódica. Sencillas y creando atmósferas que Trifonov consigue desde el mismo momento de salir a escenas, como necesitando “su mundo” y recordándome a otro genio ruso como Don Gregorio. Más allá del carácter pedagógico de estas pequeñas obras como recuerdos de infancia, Trifonov las fue tratando con toda la gama de matices, tempi, ataques, ritmos (bien resueltos la Marcha, el Vals o incluso la Mazurca), verdaderos tributos a tantos pianistas y compositores románticos.

En cuanto a Schumann y su Fantasía en do mayor, op. 17 (1838), ideada inicialmente con el título de Sonata para Beethoven, se nota el tributo al genio de Bonn, con recuerdos del Claro de Luna o la Patética, tres movimientos en los avanza de la sonata a las libertades de la forma llamada “fantasía”. Trifonov brindó una interpretación lenta, por momentos “pesante” pero muy introspectiva, como Trifonov reflejar la añoranza (en Schumann por Clara). Limpieza de sonido tratando especialmente los acordes y jugando con unas dinámicas aún mayores en el segundo movimiento, enérgico y solemne donde las dificultades técnicas no fueron ningún escollo para el virtuoso ruso, en cierto modo sujetando el tempo para moldear todas y cada una de las notas. El tercero movimiento volvió a interiorizar la interpretación que tuvo mucha fantasía pero la opresión del calor nocturno.

Descanso necesario para hidratarse y la segunda parte ya bajado la temperatura, subiría la de Trifonov con otra fantasía, esta vez de Mozart y su Fantasía en do menor, K 475 (1785), que comienza como la Sonata K. 457 con la que suele hermanarse, y escuchada en este mismo festival por el islandés Vikingur Ólafsson, dos visiones e interpretaciones distintas de esta página llena de dolor y oscuridad la noche de San Juan, pesimista en esta canícula granadina. Trifonov fue diseccionando las tres secciones con un sonido pulido, una lentitud resaltando la amargura y el drama que evoluciona a la agitación volcando toda la fuerza sobre el teclado en una amplitud dinámica destacable, “sturm un drang” casi beethoveniano en este último Mozart. El regusto dramático lo resolvió con una sonoridad algo más etérea frente a un frenético y amargo final.

Pero faltaba lo mejor de la noche, como si la magia de La Alhambra tocase el breve paseo hasta el piano, que es el propio mundo interior de Trifonov, su Gaspard de la nuit (1908) de Ravel llenó de luz, agua, fuegos artificiales y sonoridades únicas desde una técnica apabullante trabajando todo lo que esta maravillosa obra encierra. Si el hilo conductor del concierto era la fantasía, también lo tiene esta suite que lleva el subtítulo de «Tres poemas para piano sobre Aloysius Bertrand», inspiración literaria y literatura pianística del hispanofrancés con que el intérprete ruso nos deleitó en sus tres movimientos. Si en el entorno el agua fluye, las ninfas tomaron el recinto como los propios gatos que la habitan. Seducción rusa y de nuevo el misterio, el piano evanescente en una atmósfera que iba enfriando mientras Trifonov subía su temperatura. No hubo campanas de medianoche pero sí el correspondiente vuelo nocturno sumándose a ese ambiente creado por el ruso en Le Gibet, y proseguiría la inquietud con un Scarbo donde el enano se hizo gigante, el virtuosismo al alcance de pocos (y renunciando a la propia vida fuera del piano), sorpresas y agitación que Trifonov transmitió a un público respetuoso y asombrado de un relato perfecto.

Quedaba volver a su tierra rusa, auténtica escuela pianística que han sabido mantener y exportar, con Daniil Trifonov como uno de los últimos exponentes rompiendo barreras. De Scriabin su Sonata para piano nº 5 en fa sostenido menor, op. 53 en un solo movimiento y coetánea del Poema del éxtasis, nuevamente la conexión literaria escrita en el piano poderoso, brillante, exuberante de Trifonov, euforia tras la primera parte oscura, ímpetu de su tierra, audacia y exaltación del instrumento por y para el que vive.

A los melómanos nos complace disfrutar de intérpretes como el ruso aunque siga preguntándome si realmente el sacrificio de estos virtuosos les compensa. Pienso que sí al ser decisión propia y se lo agradeceremos eternamente. Como el regalo de “Mein Gott” y su Jesus bleibet meine Freude de la Cantata 147, en el arreglo de Myra Hess (personalmente prefiero el de W. Kempff) con el que Daniil Trifonov y muchos compatriotas suyos suelen despedirse, no con la grandeza del original pese a la entrega del ruso apostando de nuevo por la lentitud, pero una alegría de los hombres buena voluntad que amamos el piano y a Bach nuestro señor.

PROGRAMA

I

Piotr Illich Chaikovski (1840-1893)

Álbum para la juventud, op. 39, TH 141 (1878):

1. Plegaria matutina – 2. Mañana de invierno – 3. El caballito de madera – 4. Mamá – 5. Marcha de los soldaditos de plomo – 6. La muñeca enferma – 7. El entierro de la muñeca – 8. Vals – 9. La nueva muñeca –  10. Mazurca – 11. Canción rusa – 12. El campesino toca el acordeón – 13. Kamarinskaja. Canción popular  – 14. Polca – 15. Canción italiana – 16. Vieja canción francesa – 17. Canción alemana – 18. Danza-canción napolitana – 19. El cuento de la nodriza – 20. La bruja – 21. Dulces sueños – 22. El canto de la alondra – 23. El hombre del aristón – 24. En la iglesia

Robert Schumann (1810-1856)

Fantasía en do mayor, op. 17 (1836):

I. Durchaus fantastisch und leidenschaftlich – II. Mäßig. Durchaus energisch – III. Langsam getragen. Durchweg leise zu halten

II

Wolfgang Amadeus Mozart (1756-1791)

Fantasía en do menor, K 475 (1785).

Maurice Ravel (1875-1937)

Gaspard de la nuit, M. 55 (1908):

I. Ondine – II. Le Gibet – III. Scarbo

Alexander Scriabin (1872-1915)

Sonata para piano nº 5 en fa sostenido menor, op. 53 (1907)

Noche de Mahler

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Domingo 9 de julio, 22:00 horas. 72 Festival de Granada, Palacio de Carlos V, “Conciertos de Palacio”: , Tríptico Mahler II. Orquesta Nacional de España (ONE), David Afkham (director). Obras de Tomás Marco y Gustav Mahler. Fotos propias y de Fermín Rodríguez.

Otra noche mágica en Granada, tras el Bach matutino llegaba el Mahler vespertino casi nocturno y con un estreno inspirado en la “Séptima” no muy escuchada, aunque el “Tiempo de Mahler” hace lustros que ha llegado para mantenerse.

Tomás Marco (1942) ya conocía al compositor bohemio antes de “ponerse de moda” con Alfonso Guerra en 1982, aunque siempre se agradece descubrir autores poco escuchados y todavía estamos a tiempo. El compositor madrileño ya compuso cuatro alegorías mahlerianas: Angelus Novus (Mahleriana I), de 1971 que escuchamos el pasado San Fermín, Mahleriana de bolsillo, Angelus Novus II en 2017, reducción de la anterior para 16 instrumentos, dos años después De la vida celestial (Mahleriana III) para combinar con el arreglo de Klaus Simon de la cuarta sinfonía para pequeño conjunto instrumental con armonio y piano, más el estreno absoluto encargado por el Festival de Música de Granada de Ur-Nachtmusik (Mahleriana IV) como preámbulo de la Séptima sinfonía.

La pasión de Marco por la obra de Mahler viene de un conocimiento profundo que le permite “deconstruir” como los buenos cocineros los ingredientes para crear un plato distinto. Esta nueva composición es una evocación de los cantos y presencias de la noche inspirado en sus dos movimientos titulados Nachtmusik o «música nocturna», que explica el propio compositor: «He llamado a la obra Ur-Nachtmusik, algo así como ‘música nocturna primigenia’ como si fuera una pieza escrita antes de las de Mahler que emergerían de ella. Una ficción, claro, pero que me permitía hacer una música mía entroncada con Mahler, y con coherencia con lo que en el concierto se quiere presentar», como bien recoge Pablo L. Rodríguez en sus notas al programa.

La ONE llegó con todos sus efectivos bajo la batuta de su titular, desde 2019, David Afkham (Friburgo, 1983) en pleno estado de forma y clausurando temporada, por lo que la partitura de Tomás Marco encontró en la formación de todos nosotros el mejor vehículo para transmitirnos el espíritu de Gustav Mahler (1860-1911). Noche llena de sueños o pesadillas, de desengaños y pasiones, con un arranque de los contrabajos angustioso, el uso de glissandos en violines y flautas de émbolo evocando la angustia de una imaginada mala noche que nos despierta sobresaltados, una música que provoca el mismo estado anímico de la siguiente utilizando todos los recursos tímbricos con un importante papel de la percusión generando texturas y planos sonoros sumándose unos metales germanos que nos “biografían” la infancia de Gustav pero supongo que la de tantos de mi generación y anteriores con las bandas de música de nuestros pueblos. Evocaciones que la noche ayuda a revivir como sueños antes del despertar con un gong final mantenido en el duermevela granadino. Buena interpretación y acogida del público, con el compositor recogiendo los aplausos y felicitaciones.

Y si Tomás Marco compuso su “Música nocturna” como ficción, la realidad llegó con la Sinfonía nº 7 en mi menor (1904-1905) aumentando aún más los efectivos de la ONE. Si la Sexta del viernes 7 supuso un descenso a los infiernos, esta séptima se la ha considerado la cenicienta de su producción sinfónica, descrita por Pablo L. Rodríguez como que “avanza desde la tragedia hacia la comedia con cuatro movimientos plagados de ambigüedades y un quinto de tinte cómico: trompetas, tambores y cencerros, donde se combinan parodias operísticas con músicas a la turca, un cancán francés, un minué vienés y música circense”. Las pesadillas previas de Marco se hacen reales. El Langsam. Allegro risoluto, ma non troppo es una siniestra marcha con fanfarrias lejanas y pasajes celestiales aunque como en Marco y Mahler no ascienden y llegamos al colapso. Aplausos al finalizar el movimiento, que parecen han venido para quedarse como “público soberano” o directamente desconocedor de una tradición que quiere romperse.

La Nachtmusik I mezcla de nuevo recuerdos de infancia, pastores, una marcha militar y hasta una habanera, «otro colapso” o sobresalto. David Afkham en estos cuatro años ha conseguido de la ONE un sonido compacto, equilibrado en todas su secciones y la complicidad de sus músicos para responder a la visión de cada obra que afrontan, y esta sexta sonó germánica, nuevamente aplaudida aunque con menor intensidad.

El tercer movimiento, Scherzo. Schattenhaft el propio comentario original lo deja claro, «Schattenhaft» significa sombrío o espectral, vida y muerte de la mano desde el nacimiento, música sinfónica llena de significados, danzas que parecen un vals vienés aunque Mahler no lo indica y tampoco Afkham lo interpretó como tal, más bien buscando la tímbrica de una potente ONE que encontró en esta sinfonía su mejor expresión. Menor intensidad en los aplausos que proseguirían tras cada movimiento.

El cuarto, Nachtmusik II: Andante amoroso incorpora mandolina y guitarra, aunque no se pudiesen escuchar con la presencia necesaria que intenta recrear una serenata, supongo que por la propia intención de Mahler o como escribe mi tocayo “también se desploma” en cuanto a las sensaciones, aunque la cuerda mantuvo la marca bohemia de un clima onírico y hasta cinematográfico, una madera más allá de lo pastoril o unos metales siempre templados con el protagonismo justo reclamado desde el podio.

Y los “colapsos” o derrumbes que escribe el crítico maño, continúan en el Rondo – Finale: Allegro ordinario que evoca un circo (sus notas las titula “La noche de Marco y el circo de Mahler”. Si la Sexta es “Trágica”, esta Séptima podría tener título goyesco porque “El sueño de la razón engendra monstruos”, también payasos que dan miedo, carpas con marchas donde disfrutar de metales y percusión de la ONE con Afkham de “jefe de pista”. Noche de sombra y espectros, de pesadillas musicales con cromatismos y los glissandi “soñados” por Marco despertándonos con el Mahler angustiado que no pierde la esperanza desde un lenguaje sinfónico cada vez más actual. Pasado y presente dándoles la vuelta en una noche pletórica antes de intentar conciliar el sueño.

Felicidades Don Gustavo

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Viernes 7 de julio, 22:00 horas. 72 Festival de Granada, Palacio de Carlos V, Tríptico Mahler I, “Conciertos de Palacio”: Orchestre Luxembourg Philharmonic, Gustavo Gimeno (director). Obras de Tomás Marco y G. Mahler. Fotos propias y de Fermín Rodríguez.

Tal día como hoy, un San Fermín de 1860, nacía Gustav Mahler (Kaliště, Bohemia, 1860 – Viena, 1911) al que su tiempo hace años ha llegado, y también toca recordar al siempre añorado José Luis Pérez de Arteaga (1951-2017), “El Pérez” para tantos que seguimos por Granada, siempre presente, a quien conocí personalmente en la 60ª edición del Festival, recién publicada su biografía de referencia sobre Mahler, preparando ya la segunda edición ante el aluvión de nuevos registros del austriaco.

Y nada mejor para celebrar este cumpleaños que el segundo concierto de la Luxembourg Philharmonic con el tocayo Gustavo Gimeno (Valencia, 1976) en el palacio imperial y Mahler actual por atemporal.

El madrileño Tomás Marco (1942) compositor residente en este 72ª edición, escribió Angelus Novus (Mahleriana I) estrenada por Rafael Frühbeck de Burgos al frente de la ONE, el 15 de octubre de 1971, dentro de una temporada donde sonaría la integral de Don Gustavo, momentos donde ninguno era “top” e incluso sonaban “rompedores”, pero el tiempo ese impecable juez ha puesto todo en su sitio. Marco no utiliza directamente los temas de Mahler sino que construye una alegoría sinfónica donde utiliza, como escribe en las notas al programa Pablo L. Rodríguez “diversos estilemas que combina libremente en un variado y colorista discurso musical de unos catorce minutos” (explicar que “estilema” o rasgo estilístico, es el elemento distintivo del estilo de una obra artística). Tras 52 años de esta obra es apasionante comprobar cómo mantiene un estado de actualidad único, pudiendo comprobar cómo el maestro madrileño era capaz de “desmenuzar” los elementos mahlerianos que después como en un puzzle se reconstruyeron. Con la Luxembourg Philharmonic y Gustav Gimeno (que se me perdone el germanismo del nombre), si ya el el día anterior me convencieron por su sonoridad, calidad y demás cualidades que se esperan de una gran orquesta sinfónica, no decepcionó esta Mahleriana I que la ejecutaron con todo el magisterio que el propio Tomás Marco seguramente daría su placet, siendo muy aplaudido al saludar finalizada esta obra por la que no pasan los años, más bien se ha convertido en “moderna” con la óptica del tiempo y el oído educado a su música.

Sin romper la unidad temática, la Luxembourg Philharmonic arrancaba enérgicamente al homenajeado Gustav Mahler (1860-1911) con la Sinfonía nº 6 en la menor «Trágica» (1903-1905). Su orquestación comprende un piccolo, cuatro flautas (dos doblando como piccolo), cuatro oboes (dos doblando corno inglés), corno inglés, cuatro clarinetes, un clarinete bajo, cuatro fagots, un contrafagot, ocho trompas, seis trompetas, tres trombones, un trombón bajo, tuba, dos pares de timbales y una amplia sección de percusión formada por glockenspiel, cencerros, campanas tubulares, látigo, martillo, xilófono, címbalos, triángulo, tambor, tambor bajo, tam-tam, dos arpas, celesta y la cuerda. El conjunto de percusión, muy criticado en su época mediante viñetas en las que se decía que todavía le faltaba la bocina, contribuyó a la grandiosidad de esta Sexta que sonó muy correcta, bien llevada por el director valenciano que está “construyendo su orquesta”, con algún error puntual siempre perdonable, algún cambio en los primeros atriles respecto al día anterior (hoy la concertino Seohee Min brilló con luz propia, permutando atril el principal de cellos, al menos visibles desde mi posición), echando de menos un poco más de garra y energía puntuales que no ensombrecieron en absoluto un resultado global óptimo con una orquesta grande donde cada sección se entregó en una “Trágica” llena de luz.

El Allegro energico, ma non troppo. Heftig, aber markig abría sin contemplaciones con la marcha aterradora desde un ataque seguro, luces y sombras, violines primeros y segundos enfrentados para completar una disposición ideal en la acústica palaciega, juego de oposiciones tanto en dinámicas como entre los modos o el desarrollo y recapitulación donde Gimeno estuvo siempre atento y clarificador con cada sección de “los luxemburgueses”, llegando a un final acelerando que no debería corresponderse con el “crescendo” aunque parece un error asumido por muchos directores actuales, y además aplaudido al finalizarlo.

Sin dudas sobre el orden de los movimientos centrales, Scherzo y Andante moderato, que en concierto el compositor siempre optó por el inverso, fue como se escuchó en este aniversario y homenaje de la noche granadina. El Andante moderato calificado por mi tocayo como “una especie de oasis de paz” aunque lleno nuevamente de contrastes y evocando siempre a la Alma “perdida”, con las ambigüedades modales que fluctúan sin saber dónde terminará esa vorágine emocional, hasta llegar al clímax, con todo un muestrario de cencerros sonando en la parte trasera del escenario, hoy completa por la percusión y compartiendo alas con contrabajos a la izquierda y arpas más celesta a la derecha. De nuevo aplausos pues el público es soberano y responde sin buscar excusa ante lo que les emociona, olvidándose de normas de conducta, formalismos o etiquetas que parecen ir cayendo últimamente.

El Scherzo: Wuchtig tiene ese matiz y melancolía característica del Mahler durante aquellos veranos felices de 1903 y 1904, masticándose la tragedia que acabará bautizando esta sexta sinfonía, cual risa contenida o sardónica de presentimientos y realidades que su música sinfónica refleja con dislocaciones rítmicas, juegos tímbricos y un discurrir musical que la Luxembourg Philharmonic y Gimeno a la batuta llevó bien balanceada en todas las secciones: una madera bien empastada, unos metales contenidos manteniendo la presencia compensada con el resto de la orquesta, como bien marcó desde el inicio el Gustav valenciano, contrastes marcados con una batuta precisa aunque la mano izquierda “mejor en el bolso” (como recordaba al finalizar con mis referentes musicográficos) porque los músicos leen sin problemas las indicaciones dinámicas y los fraseos protagonistas en su momento.

De nuevo me sorprendió la acústica palaciega donde los graves tomaban cuerpo tanto en las maderas como en los metales, generando la sonoridad llena de luces y sombras de este tercer movimiento que también se aplaudiría, rompiendo la unidad dramática de una “Trágica” que parece será habitual salvo que el “mando” sepa aguantar las emociones (como sucedió con Chailly el domingo 25 al finalizar el tercer movimiento de la “Patética”).

Y el Finale: Allegro moderato – Allegro energico, donde gravita la sinfonía, se abre con un remolino luminoso transitando por lugares malditos donde los acordes mayores se transforman en menores esperando una melodía que se convierte en otra (un recurso muy del bohemio), aquí con alguna nota “dislocada” pero apreciada solo por oídos expertos y atentos. Protagonismo de cada sección comenzando por una percusión más que correcta, presente sin apoderarse ni siquiera con los famosos dos golpes de martillo (las desgracias venideras de la muerte de Putzi y la propia afección cardiaca de Mahler), el viento grave (clarinetes, contrafagot, trombón, tuba) siempre redondeando sonoridades, nuevamente las trompas ensambladas y que Gimeno mantuvo en su plano y balance contenido y, en general, todo el metal muy “orgánico” sin dejar de citar toda una cuerda limpia, con la concertino de sonido claro y brillante comandando unos violines de amplios matices y ataques (se les pudo pedir más expresión y aspereza dramática aunque el valenciano optase por lo lírico intrínseco en este “tiempo de Mahler”), enfrentados en el escenario con el contrapeso de violas y cellos centrados y centrales, más unos contrabajos cuyo sonido rebotaba en las piedras renacentistas dándonos esa masa sonora esperada en esta Trágica” de aniversario, las dos arpas y hasta la celesta.

Cual ingeniero de sonido, el director Gustavo Gimeno mantuvo los “fader” de todas las secciones sin “saturar” ninguno, contención como lectura o interpretación de esta Sexta que resultó emocionante y entregada por una gran orquesta.

Belleza sinfónica

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Jueves 6 de julio, 22:00 horas. 72 Festival de Granada, Palacio de Carlos V, “Conciertos de Palacio”: Yuja Wang (piano), Orchestre Luxembourg Philharmonic, Gustavo Gimeno (director). Obras de Coll, Rajmáninov, R. Strauss y Ravel. Fotos propias y de Fermín Rodríguez.

La Filarmónica de Luxemburgo llegaba a su primera noche granadina con el titular valenciano Gustavo Gimeno (1976) al frente, y no pudo dejarme mejores sensaciones con un programa que sacó músculo por tratarse de obras sinfónicas “potentes” para una orquesta equilibrada, robusta en plantilla, con excelentes primeros atriles y todas las secciones perfectamente ensambladas, colocadas “a la vienesa” con los contrabajos detrás de los violines primeros y las trompas a la derecha en línea con el resto de metal. Todo ayudó a conseguir un sonido redondo y rotundo en las cuatro obras del decimosexto día de Festival.

Con este ambiente de grandes orquestadores, abría velada el también valenciano Francisco Coll (1985) y su Aqua Cinerea (2005, rev. 2019) que Gimeno está llevando con su formación en muchos conciertos. Obra de amplísima paleta sinfónica llena de sugerentes tímbricas actuales pero siempre con la mirada puesta en los “maestros del XX” que hoy le acompañaban en el programa. Pablo L. Rodríguez la define en las notas al programa como “(…) un líquido de tono grisáceo o quizá escuchamos la imagen de la ceniza cayendo como lluvia. Lo visual y el sonoro se funden en esta opera prima del joven compositor valenciano, de 2005 (…) donde se concentran intuitivamente todos los elementos de su universo tan proclive a los extremos, desde la excitación a la melancolía”. Una obra que encajó con las dos obras sinfónicas de la segunda parte.

La Suite de su ópera Der Rosenkavalier, TrV227d (1944) de Richard Strauss (1864-1949) no tardó en llegar a las salas de conciertos, y en ella Gimeno y los luxemburgueses volvieron a demostrar su excelente calidad y sonido claro, lleno de matices (excelentes el sonido de las trompas que Strauss siempre mimó) y juegos rítmicos, desde el torrencial motivo de Octavian y la Mariscala, la bellísima «Presentación de la rosa» y el egocéntrico vals vienés del Barón Ochs, sutilmente llevado con elegancia y rubato tan propio del “un, dos y…” que parece no llegar al tres, el bullicio instrumental de una orquesta al fin recreando fielmente lo escrito y sin fisuras.

Y si acababa en tiempo de vals vienés la anterior, el otro gran orquestador sería el hispano francés Maurice Ravel (1875-1937) con su propia visión envolvente y cautivadora de La valse (1919-1920), auténtico retrato sinfónico para disfrutar de la Luxembourg Philharmonic y el perfecto entendimiento de ella con el maestro Gimeno. De gestualidad clara, con una batuta precisa y una mano izquierda llevándoles y dejándose llevar, el sonido a medio camino entre el impresionismo y el expresionismo sería perfecto complemento, dos visiones del 3/4 tan distintas y tan buenas, al igual que las dos propinas que nos brindaron, manteniendo en cierto modo una estructura tímbrica y hasta rítmica aprovechando el potencial de los luxemburgueses:

Con otro Vals, el primero de la Jazz Suite nº 1 de Shostakovich (1906-1975), no tan cinematográfico como el segundo pero más breve, y estando en Granada no podía faltar la Danza ritual del fuego de Falla, coincidencia con Perianes también como segundo regalo, con una orquesta que captó, gracias al director valenciano, todo el color y emoción de una partitura que siempre resulta mágica y más en la noche palaciega.

Evidentemente la “figura” de la noche era la pianista china Yuja Wang (Pekín, 1987), a quien recuerdo en solitario hace ocho años en las “Jornadas de piano” ovetenses. Está claro que sigue teniendo tirón mediático y sus actuaciones se esperan con expectación, más en sus conciertos de Serguéi Rajmáninov (1873-1943), esta vez con “el quinto” que es la Rapsodia sobre un tema de Paganini en la menor, op. 43 (1934).

La pequinesa mandó desde el principio y Gimeno resultó buen concertador al tener que llevar a su orquesta por donde pedía la solista, de amplísimas dinámicas y cierta agógica que no siempre es fácil de encajar aunque se logró por parte de todos. Técnicamente sigue siendo la virtuosa que asombró desde sus inicios, más en estas páginas, aunque supongo que el tiempo le dará el poso necesario para afrontar con más enjundia estas obras con orquesta. Personalmente me pareció muy adecuada la elección del tiempo y fraseo de la cinematográfica Variación XVIII: Andante cantabile, encontrando el balance perfecto con la orquesta y una cuerda siempre bien conjuntada, en este “movimiento central” sedosa, y más agresiva en un Dies Irae donde las dinámicas se llevaron al extremo sin resquebrajarse la sonoridad deseadamente potente por parte de todos.

Yuja Wang, de quien debemos dejar de hablar sobre su vestimenta o tacones, aunque se hizo algo de rogar, también regalaría nada menos que ¡tres propinas! cerrando la primera parte de la noche, manteniendo los esperados “fuegos artificiales” que su técnica le permite:

La primera el arreglo de Franz Liszt de la maravillosa Gretchen am Spinnrade (Margarita en la Rueca) de Schubert, de virtuoso a virtuosa con algo más de hondura que en Rachmaninov.

Segunda propina, que parece ser casi “necesaria” en estos jóvenes pianistas que miran a los históricos, caso de las Variaciones sobre la Carmen de Bizet que V. Horowitz dejó casi como “prueba extraordinaria” de concurso, y que tras las de Paganini con orquesta querían dejar a Yuja Wang el protagonismo solístico y habitual con esta página que la china interpreta sin problemas aunque más vistosa que honda.

No la esperábamos pero llegó la tercera con la Danza de los espíritus bienaventurados del “Orfeo y Eurídice” de Gluck, no tan explosiva técnicamente y más honda de expresión, que se quedó algo apagada tras el despliegue de recursos de las dos anteriores, incluso recordándosela a otros y otras pianistas con mucha más musicalidad y lirismo, así como un sonido más íntimo.

Al menos la Luxembourg Philharmonic y Gustavo Gimeno me han dejado con muchas ganas de volver a escucharla en el decimoséptimo día de Festival y con una Sexta de Mahler más el propio homenaje de Tomás Marco y su Angelus Novus (Mahleriana 1) (1971) que contaremos desde aquí.

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