Inicio

Los ‘Orígenes’ de Lucía Veintimilla

Deja un comentario

Martes 12 de diciembre, 20:00 horas. Teatro Jovellanos, Concierto nº 1674 de la Sociedad Filarmónica de Gijón: Lucía Veintimilla (violín), José Navarro Silberstein (piano). Obras de Jorge Muñiz, Schubert, Brahms,  Ysaÿe, Granados y Falla.

Penúltima escapada a Gijón para escuchar a la violinista «asturiana» Lucía Veintimilla por quien corre sangre musical desde antes de nacer, quien hubo de cambiar el programa inicialmente previsto por problemas médicos con el pianista Sergey Bezrodny (al que deseamos una pronta recuperación) pero que desde Bruselas pasando por Londres se trajo al boliviano José Navarro Silberstein (La Paz, 1995) que respondió a la perfección junto a la solista y compartiendo protagonismo en las obras a dúo.

Probablemente la premura en armar un nuevo programa nos privó de disfrutar el esperado, aunque sí mantuvo Veintimilla dos obras a solo para abrir cada una de las partes del concierto e incluidas en su CD ‘Origins: works for solo violin‘ (del sello asturiano ARIA classics): Salve Regina (2022) del asturiano residente en EEUU Jorge Muñiz a ella dedicada, y la sonata póstuma del virtuoso Ysaÿe, donde demostró desde su técnica una musicalidad innata, con una interesante obra compuesta en pandemia (explicada en las notas al programa por el musicólogo y crítico Jonathan Mallada) inspirado en el Gregoriano pero lleno de efectos, sonoridades actuales y una transcendencia que intenta reflejar una esperanza tras el Annus horribilis del Covid que ha dejado una buena cantidad de obras nuevas. Del violinista y compositor belga su sonata póstuma en tres movimientos, recientemente descubierta y con el gallego Manuel Quiroga como destinatario de la misma, trajo algún quebradero a la violinista asturiana, pero le imprimió el carácter a cada uno, especialmente en la Canzona central bien «cantada» y el toque jocoso del último.

Con el piano afrontaría dos sonatas de referencia para los estudiantes y que llevadas al concierto suponen un protagonismo compartido con el piano. La de Schubert titulada «Gran Dúo» ya está intrínseco en el propio sobrenombre (aunque publicadas como todas tras su muerte), cuatro movimientos bien contrastados y obra de transición hacia el romanticismo que se refleja en el respeto al genio de Bonn pero con la búsqueda de su propio lenguaje, inspirado como en sus lieder y donde el violín es la voz cantante. De nuevo musicalidad desbordante en Ventimilla aunque con algún traspiés de afinación y algo corta en volumen, tal vez por un piano con la tapa acústica totalmente abierta, pues Navarro se mostró seguro y respetando todos los matices escritos, así como un buen entendimiento con el violín, especialmente en el exigente movimiento final donde encajar los rapidísimos pasajes entre ambos intérpretes.

La primera sonata de Brahms adoleció de los mismos problemas aunque la escritura del alemán permite mayores dinamismos y juegos de tempo, destacando nuevamente en el Adagio pues es en los movimientos lentos donde pudimos saborear de las interpretaciones de Lucía y el buen acompañamiento de José, más conociendo el trasfondo o historia de ese segundo movimiento, casi una marcha fúnebre para su ahijado Félix Schumann.

La segunda parte más centrada con dos de los nuestros: Granados y Falla. Del catalán su Sonata H. 127 y con dos movimientos extremos conservados (el tercero desaparecido y del cuarto sólo unos bosquejos) que sólo suele escucharse el primero aunque el Scherzo es bellísimo con sus arpegios, escalas y hasta toques medievales, enlazando el romanticismo de Brahms con el Fauré de inicios del XX, y más cercano al francés por geografía y buena técnica compositiva donde abundan ya las señas de identidad de Don Enrique con más peso del violín que el piano, algo que así entendieron los intérpretes.

Y de las famosas Siete canciones populares españolas de Manuel de Falla para soprano y piano (la Sociedad Filarmónica de Gijón fue testigo de la gira de estreno de la obra, con el propio Falla al piano y la soprano Aga Lahowska en el concierto que ofrecieron en diciembre de 1917 en el antiguo Teatro Jovellanos), el propio compositor junto a Paul Kochanski prescindiría de la ‘Seguidilla murciana’ para «rehacer» esta Suite populaire espagnole, añadiendo más protagonismo aún al violín y con un piano más presente. Impecable el boliviano y cantando la asturiana de adopción con altibajos, siendo la Nana o la Asturiana donde poder apreciar su expresividad, faltando más encaje y presencia en el resto, aunque de nuevo reseñar la premura en este nuevo programa.

Dos regalos, desde «Liebesleid» de Fritz Kreisler que no podía faltar en estos conciertos de violín y piano, más la sorpresa de escuchar a cuatro manos a Fauré y su Berceuse, primera de la «Dolly Suite», el pequeño homenaje  al francés que no pudimos escuchar pero que siempre se agradece en cualquiera de sus obras camerísticas, y el recuerdo de la profesora de piano de Lucía (y de Jorge Muñiz entre muchos otros), Doña Purita de la Riva (Oviedo, 1933) que a su vez fue discípula del pianista de Sarasate y de Pau Casals, como también recuerda el profesor Mallada.

PROGRAMA

Jorge MUÑIZ (1974): Salve Regina para violín solo
(dedicada a Lucía Veintimilla).

Franz SCHUBERT (1797-1828): Sonata para violín y piano en la mayor «Gran Dúo», D. 574:

I. Allegro moderato – II. Scherzo. Presto – III. Andantino – IV. Allegro vivace.

Johannes BRAHMS (1833-1897)
Sonata para violín y piano en sol mayor nº 1, op.78:

I. Vivace, ma non troppo – II. Adagio – III. Allegro molto moderato.

Eugène YSAŸE (1858-1931): Sonata póstuma para violín solo, op. 27 bis:

I. Molto moderato ma con brio – II. Canzona – Lento e mesto – III. Finale Giocoso.

Enrique GRANADOS (1867-1916): Sonata para violín y piano, H. 127.

Manuel DE FALLA (1876-1946): Suite populaire espagnole
(arreglo para violín de P. Kochanski, de las Siete canciones populares españolas):

I. El paño moruno – II. Nana – III. Canción – IV. Polo – V. Asturiana – VI. Jota.

Desde Budapest con parada en Oviedo

1 comentario

Miércoles 29 de noviembre, 20:00 horas. 25 años de Conciertos del Auditorio de Oviedo: Orquesta de Cámara Franz Liszt, István Várdai (violonchelo y dirección). Obras de B. Bartók, C. P. E. Bach y Mendelssohn.

Oviedo sigue en el mapa de las giras europeas y «La Viena española» tras el inicio zaragozano de la Franz Liszt Chamber Orchestra y antes de San Sebastián, con un programa de los que saben a poco y no solo por la corta duración a pesar de las dos propinas de István Várdai, sino por lo conocido y agradecido de unas obras que todo melómano tiene en su memoria auditiva y hasta puede tararear mentalmente según las va escuchando. Lástima que este último miércoles de noviembre el público no respondiese como en anteriores citas, pero como siempre digo «ellos se lo pierden» aunque algunos me lean para enterarse cómo fue todo.

La tarde arrancaba con la cuerda casi camerística a cargo de la formación húngara, defendiendo su calificativo, bajo la dirección de su concertino desde hace cinco años Péter Tfirst, una leyenda en esta orquesta de Budapest, con las conocidas seis Danzas rumanas de Bartók, de imposible pronunciación pero con excelencia sonora, rítmica, folklórica y la calidad que en las antes llamadas «orquestas del este»  (europeo, claro) tienen asumida y son casi genéticas, más en estos repertorios. Danzas llenas de color, cercanas y con los aires zíngaros donde los violines disfrutan y desprenden alegría desde un sonido limpio en todos los tempi, compacto con dos contrabajos que dieron sustento a una tímbrica impecable de la cuerda, matizada y con pizzicati rotundos pese a ser sólo 25 instrumentistas.

Con la incorporación de una clavecinista (que completó y redondeó el sonido de los húngaros) llegaría el Concierto para violonchelo y orquesta en la mayor de C. P. E. Bach con István Várdai (Pécs, 1985) «armado» del instrumento que perteneciese a Jacqueline du Pré (el ‘Ex du Pré-Harrell’, un Stradivari de 1673) que aún parece estar impregnado del genio de la malograda y recordada chelista inglesa de apellido francés y matrimonio famoso con Daniel Barenboim que tanto ayudaron a convertir la mal llamada música clásica en todo un fenómeno de masas para su época (sin redes sociales ni apenas televisiones), hoy todo un mito tras sufrir una esclerosis con 28 años que la apartaría de la práctica musical y su posterior muerte a los 42.

El solista húngaro afrontó los tres movimientos con un sonido que conmueve en los graves y proyecta los agudos con facilidad, ejerciendo también de director aunque «los Liszt» podría decir que tocan solos este concierto del quinto de los siete hijos que tuvo «mein Gott», genética y música pura para este enorme clavecinista y compositor del periodo galante considerado uno de los fundadores del Clasicismo, quien decía: «Un músico no puede conmover a menos que él mismo se conmueva» como recuerda en las notas al programa Juan Manuel Viana. Y Várdai leyó y sintió este tercero de los conciertos para chelo (entre los más de cincuenta que escribió). Sturm und Drang o Empfindsamer Stil son expresiones en el idioma de Goethe que todos los estudiantes de música hemos tenido que conocer, y este concierto del «Quinto Bach después de dios padre» contiene tanto la tormenta e ímpetu así como el estilo sentimental, éste en el Largo con sordini mesto central de clave perlado, frente a los rápidos extremos más impetuosos que tormentosos, donde el Allegro assai parecía adelantarme en vivo la emisión de «La dársena» de Jesús Trujillo en Radio Clásica, programa con la actualidad musical que cumple 10 años, cuya agenda de conciertos (donde Oviedo está -casi- siempre en ella) utiliza este último movimiento del bellísimo tercero para chelo. Bien el chelista y mejor la orquesta, balanceada al servicio del solista con una tímbrica además del estilo muy cuidado.

Y mentando a «dios Bach» nos dejó el «menuett» de la Suite para chelo nº 2 en re menor, recuerdo de la sangre Bach y magisterio del padre de todas las músicas en todos los instrumentos (incluso los aún no inventados entonces) con que Várdai se/nos deleitó. Aplausos más que merecidos y un guiño a nuestro Gaspar Cassadó (Barcelona, 1897 – Madrid, 1966) con su Capriccio aún más contundente, virtuoso pero también sentido en un homenaje al músico catalán que el chelista húngaro tiene grabado en su repertorio solista.

Con viento (maderas a dos, trompas y trompetas) y timbales se «engordó» la Orquesta Franz Liszt para afrontar una «Italiana» de Mendelssohn que no fue del todo clara ni Vardái la llevó de la mano aunque la calidad de la formación se notó en todos, pero pienso que este repertorio no les va a los húngaros. El Allegro vivace resultó precipitado pese a no abusar del «calificativo», con unos timbales demasiado bravos y dinámicas exageradas confundiéndolas con la agógica, crescendi en los acelerandos, unos rubati algo «traídos por los pelos«. Las indicaciones «moto» del segundo y tercer movimiento tampoco aportaron nada nuevo a una sinfonía tan luminosa como la cuarta del hamburgués afincado en Leipzig, y al menos el Saltarello mostró la capacidad de afrontar el «presto» pero sin claridad en los tutti, falto de balances para disfrutar la calidad de una orquesta que no encontró en el romanticismo la chispa de Bartók ni la elegancia del Bach clásico. Pese a todo la bella sinfonía sigue resonando en mi memoria recordándome el LP rayado precisamente en el Allegro inicial que me obligaba a empujar cuidadosamente la aguja y perderme algunos compases. La llegada del CD con otras versiones no daría estos problemas aunque siga retomando mis viejos vinilos en grabaciones que para mi son históricas.

PROGRAMA:

Béla Bartók (1881-1945)

Danzas populares rumanas, Sz. 56, BB76:

I. Jocul cu bàtă – II. Brăul – III. Pe loc – IV. Buciumeana – V. Poarga romănească – VI. Mărunțel.

Carl Philipp Emanuel Bach (1714-1788)

Concierto para violonchelo y orquesta en la mayor, Wq 172, H. 439:

I. Allegro – II. Largo, mesto – III. Allegro assai.

Felix Mendelssohn (1809-1847)

Sinfonía nº 4 en la mayor, op. 90, «Italiana»:

I. Allegro vivace – II. Andante con moto – III. Con moto moderato – IV- Saltarello. Presto

Sonaron campanas de gloria

3 comentarios

Viernes 24 de noviembre, 20:00 horas. Auditorio de Oviedo, Conciertos del Auditorio y Jornadas de Piano «Luis G. Iberni»: Noelia Rodiles (piano), El León de Oro -LDO- (Marco A. García de Paz, maestro de coro), Oviedo Filarmonía, Lucas Macías Navarro (director). Obras de Jaëll, Martínez Burgos y Beethoven. Fotos de Beatriz Montes y propias.

Buena inauguración de las Jornadas de Piano del siempre recordado Iberni, con la avilesina Noelia Rodiles protagonista por partida doble y nuestro coro más laureado e internacional los luanquinos del LDO, con el titular de OFil el onubense Lucas Macías «armando» un programa muy interesante donde no faltó una obra de compositora (esta vez la francesa Marie Jaël) como bien anunciase su intención el maestro en cada concierto, un estreno absoluto de Manuel Martínez Burgos, catedrático del Conservatorio Superior de Música del Principado de Asturias (CONSMUPA) de amplísimo curriculum y galardones, para reencontranos con el genio de Bonn en la segunda parte.

Y es que Jaëll fue la primera pianista en interpretar todas las sonatas para piano de Beethoven en París y tras sufrir una tendinitis, realizó estudios sobre fisiología y psicología que posteriormente aplicaría a las técnicas manuales para tocar el piano, creando un método que lleva su nombre por sus investigaciones  que incluían cómo afecta la música a la conexión entre la mente y el cuerpo, así como la forma de aplicar estos conocimientos a la inteligencia y la sensibilidad en la enseñanza de la música. Nacida en 1846, la familia de Marie Trautmann la enviaría a París para recibir la mejor educación posible en su conservatorio. En ese entorno su círculo de amistades se ampliará y conocerá al austríaco Alfred Jaëll –antiguo alumno de Chopin– con quien terminará contrayendo matrimonio en 1866. De su obra titulada Harmonies d’Alsace (1917), Jonathan Mallada escribe en las notas al programa (enlazadas al inicio en obras) que «la compositora se inspiró en los recuerdos de su infancia en Steinseltz, su localidad natal y comuna francesa, situada en el departamento de Bajo Rin en la región de Alsacia (…) bajo el magisterio compositivo de César Franck y Camille Saint-Saëns, con quienes mantendrá una abundante correspondencia epistolar (…) supone un canto de amor hacia su tierra de origen (Alsacia) ante el inminente desenlace de la Primera Guerra Mundial. Compuesta para pequeña orquesta, es una obra llena de lirismo y belleza que evoluciona desde una ligera inquietud y nostalgia –a través de una armonía algo oscurecida– hacia la brillantez de la cuerda, que llega para disipar cualquier mal presagio».  Buen arranque «camerístico» de la OFil con una cuerda que gana enteros cada día, siendo asombrosa la versatilidad de la formación ovetense pasando del foso lírico al escenario del auditorio donde se ha consolidado como orquesta residente de este ciclo. El maestro Macías Navarro siempre de gesto claro y preciso le da a la orquesta la confianza para afrontar repertorios de lo más variado, y esta breve «obertura» prepararía el estreno absoluto con todo el músculo sinfónico y excelentes refuerzos en la cuerda  para completar la plantilla ideal (14-12-10-8-6-4).

Cloches (2023) es un concierto para piano y orquesta lleno de detalles sonoros y tímbricos que Martínez Burgos domina desde una orquestación muy trabajada en todas sus secciones más allá de la percusión. Las notas al programa nos dicen que «es una búsqueda en las posibilidades expresivas de las campanas como un medio sonoro portador de mensajes a largas distancias». En una entrevista para el diario La Nueva España el propio compositor cuenta que refleja el paisaje sonoro que descubrió cuando llegó a Oviedo y le evocaba el de París y Oxford, el mejor cosmopolitismo para estrenarse en «La Viena española». Con Noelia Rodiles de solista, su piano se fundió en resonancias seculares junto a la OFil, en un trabajo meticuloso del maestro Macías, cinco movimientos con guiños a otros grandes orquestadores pero en un lenguaje propio dándole al piano momentos muy virtuosísticos junto a otros que engrandecen la tímbrica sinfónica. El primer movimiento, La vallée des cloches recuerda a Ravel más allá de que Miroirs contenga también unas «campanas», y personalmente me evocó un concierto en St Gallen hace nueve años, conectando todas las iglesias del valle que en el caso de Martínez Burgos hacen referencia a un metafórico valle de campanas que conectaría sinbólicamente toda Europa. El segundo número, La cloche Wamba, nos traslada directamente a la «Sancta Ovetensis» tras un análisis espectral de la campana en activo más antigua de Europa, “Wamba” –fundida en 1219–. El compositor trabaja las sonoridades incluso en un vibráfono cuyas láminas también vibran con dos arcos más allá de toda la percusión que se une a unos metales que calificaría de «broncíneos», utilizando el devenir armónico que vertebrará este movimiento. La recreación será aún más evidente en Grande volée de cloches à Notre-Dame de Paris, movimiento central del concierto con todas las campanas parisinas repicando, el piano sumándose con fuerza y fundiendo timbres grandiosos, incluso «debussyanos» de «Catedral sumergida», resonancias mágicas de sonoridades muy trabajadas y bien llevadas por el maestro onubense con la pianista avilesina verdadera «argamasa sonora» engordando unas texturas muy logradas. Cadenza y Finale cierran este original y exigente concierto, sonando algunos de los temas previos y dando una coherencia a la obra con un final virtuoso en el piano y explosivo a nivel orquestal en una lucha titánica de dinámicas muy actuales. Como escribe Mallada «En síntesis, las campanas sirven para dotar a la obra de un contexto armónico nada tradicional sobre el que se urde un concierto donde se conjugan la consabida dialéctica entre el solista y la orquesta, pero donde el piano trata de integrarse en la sonoridad general de la obra, demostrando el oficio, la originalidad y las facultades compositivas de su autor».

Y campanas de gloria en la despedida a la arpista polaca Danuta Wojnar, 40 años en nuestra tierra además de ser fundadora de la OFil desde aquellos tiempos de OSCO, una institución en la música asturiana a quien Noelia Rodiles le entregó su ramo de flores, con palabras de Lucas Macías y la propia principal Danuta que pasa a engrosar el «selecto club de músicos jubilados» en plena madurez.

Para Beethoven Fidelio fue “su hijo más querido” y en cualquier momento su música se hace necesaria. Si la ópera trabajaba los recursos y valores revolucionarios además de «heróicos» que aparecían en la “Tercera”, el obsesivo sordo genial le hacía rehacer constantemente sus manuscritos y tras su crisis depresiva de 1802 a causa de su incipiente sordera, la segunda de las cuatro oberturas para esta ópera,  (Leonora nº 2) encierra todo el dramatismo que Macías y la OFil mostraron sin complejos. Como en el foso para Fidelio pero con la acústica del auditorio de Rafael Beca, pudimos rememorar las mazmorras sevillanas o el aria de Florestán “In des Lebens Frühlingstagen”. Desde el podio fuimos paladeando la lenta y pesante Introducción con unas maderas bien empastadas y realzando los silencios tan importantes en el romanticismo y toda la música. En el allegro la cuerda se defendió limpia lo mismo que en el Presto final con una trompeta natural fuera de escena que anunciará no solo la llegada del emisario real a la prisión sino el ejército coral de leones para la Fantasía con el retorno de la pianista avilesina.

La Fantasia para piano, coro y orquesta, opus 80, dedicada al rey Maximiliano José de Baviera, está concebida en dos partes de longitud desigual: un Adagio (iniciada por una cadenza improvisada del piano solo de 26 compases) y un Finale formado por varias secciones de diferente tempo: allegro, meno allegro, allegro molto, adagio ma non tropo, marcia, allegro, allegretto, presto. Es una marravilosa fantasía libre para piano solo, conjunto de variaciones de la pieza “Seufzer eines Ungeliebten – Gegenliebe” (del propio Beethoven) y como concierto para piano que parece estar experimentando su «Emperador».

El inicio de Rodiles con el aplomo ya mostrado en las «campanas» y la fuerza llena de limpieza en todas sus intervenciones, diálogos con la orquesta que no flojeó en ninguna de sus secciones bien concertado todo por Lucas Macías (y de memoria toda esta segunda parte). El tema desarrollado es otro «banco de pruebas» para la Oda a la Alegría, cambiando a Schiller por el poeta Christoph Kuffner, y la letra traducida además de proyectada en el escenario.

LDO hoy con 45 voces sonó inmenso, en su línea de perfecta afinación, matices extremos y total entrega, destacando los cuatro solistas (las sopranos María Peñalver San Cristóbal y Elena Rosso Valiño, la contralto Andrea Gutiérrez D’Soignie, los tenores Jairo Flórez Gutiérrez y Jesús Fernando Torres Delgado, más el bajo Jesús Gavito Feliz). Cuando el público queda con ganas de volver a escuchar esta fantasía es por las emociones y belleza de una partitura que nunca cansamos de escucharla, con un piano impoluto pasando del protagonismo al diálogo, disfrutando de todas las variaciones en madera y cuerdas solistas, atmósferas preparadas con las «campanas de Burgos» para transitar entre lo lírico, lo majestuoso y el mejor fundido de piano, orquesta y coro con Lucas Macías perfecto maestro bruñidor. «Inmejorable
preludio del universal canto de fraternidad»
(Mallada scribit).

PROGRAMA:

1. Marie Jaëll (Steinseltz -Alsacia-, 17 de agosto de 1846 – París, 4 de febrero de 1925):

Harmonies d’Alsace

2. Manuel Martínez Burgos (Madrid, 1970):

Cloches, concierto para piano y orquesta *:

I. La vallée des cloches – II. La cloche “Wamba” – III. Grande volée de cloches à Notre-Dame de Paris – IV. Cadenza – V. Finale

* Estreno absoluto. Partituras propiedad de Universal Edition A.G.

3. Ludwig van Beethoven (Bonn, 1770-Viena, 1827):

Obertura Leonora nº 2, op. 72

Fantasía para piano, solistas, coro y orquesta en do menor, op. 80 (Fantasía coral)

I. Adagio – II. Finale: Allegro – Allegretto – Allegro molto –
Adagio ma non troppo – Marcia, assai vivace –
Allegro ma non troppo – Presto

La viola romántica de Isabel Villanueva

1 comentario

Miércoles 22 de noviembre, 19:45 horas. Teatro Filarmónica, Sociedad Filarmónica de Oviedo: Concierto 17 del año (2060 de la Sociedad). Isabel Villanueva (viola), Calio Alonso (piano). Obras de Schumann, Schubert, Wagner y Brahms.

Entre Madrid y Zürich camino de Alemania, nuestra violista más internacional, la navarra Isabel Villanueva (Pamplona, 1988) hacía parada en «La Viena Española» junto al pianista granadino Calio Alonso (Baza, 1985) para ofrecernos un programa germánico de puro romanticismo, donde el instrumento de Enrico Catenar (Turín, 1670) cantó lieder sin necesidad de palabras. Las reseñas que acumula la pamplonesa la definen como «artista que arriesga», «artista sensible que sabe sumergirse en lo más profundo de la música» y añadirle la pasión en cada obra que afronta, encabezando el movimiento «Viola Power», interpretando tanto compositores actuales como los llamados clásicos. Un miércoles para seguir llenando de calificativos una biografía que no para de crecer.

Villanueva nunca defrauda, sea camerística o sinfónica, y esta fría tarde del otoño asturiano en su nueva visita a la capital asturiana, debutando en la centenaria sociedad ovetense, nos traería un repertorio con cuatro «tops románticos» germánicos para disfrutar de su sonido hermoso, siempre a caballo entre el violín y el chelo pero con un timbre «más humano» por cercanía en el registro a la voz natural, que además habla en cada pentagrama, transmitiendo una sensación de calma interior, jugando con las tesituras de las obras elegidas.

Con el piano del baezano la primera parte comenzó con Schumann y una de las tres romanzas (para oboe aunque hay versiones para violín, clarinete o esta tarde viola con piano), que se indica como «Nada rápida», abriendo los oídos del Filarmónica en un canto pausado, respirando con largos trazos dialogados junto al piano siempre compañero más que acompañante, para pasar sin pausa a Schubert y su conocida Sonata «‘Arpeggione’, D 821, instrumento «transmutado» a la viola, la calidez del registro propio bien entendida con el piano del bastetano. Tres movimientos para comprobar que la música bien escrita admite versiones, y Villanueva las trata con el respeto al original pero desde la sonoridad ideal de una viola capaz de sonar aterciopelada (impecable el Adagio central) e incisiva, interiorizada y cantarina. Tan solo en los pizzicatti perdió algo de volumen pese al mimo del piano, aunque la tímbrica funcionó y el aliento romántico se mantuvo en los cuatro movimientos si sumamos como primero la romanza, matices amplios en el dúo y aires germanos de salón hoy convertido en teatro.

Y dos «pesos pesados» para a segunda parte, un programa que sonará pronto en Suiza, lieder que  canta la viola de Villanueva compartiendo musicalidad con el piano de Alonso. Primero los Wesendonck Lieder de Wagner, arreglados por la propia Isabel en una tarea donde comunicar esas páginas originales  para voz femenina en una visión diría que didáctica, pues lo camerístico y vocal es fuente básica en la escucha y por supuesto en la interpretación, obligando a «cantar interiormente» los poemas de Mathilde Wesendonck, el único (?) amor platónico del alemán. Mientras Wagner trabajaba en el primer acto de Tristán e Isolda escribe este ciclo de cinco canciones de lo más inspiradas, una música de «transfiguración y consagración supremas» que la viola de Isabel Villanueva y el piano de Calio Alonso entendieron como tal. Arranque dubitativo pero expresivo, planos sonoros amplios ricos, cantos de emociones elevando estas páginas vocales al color y calor instrumental, que en cierto modo recrearán pronto en el Zurich wagneriano el episodio de su «envío a Venecia» por parte de Minna Planner. Melodía pura en Der Engel con un piano matizado; súplica estática en Stehe still!, el inspirador preludio «isoldiano» mejor desnudo de palabras pero vestido con el color de la viola y una orquesta de 88 teclas pidiendo se detenga el tiempo; penas o tormentos del Schmerzen que cantó en todo el registro vocal la viola de Villanueva bien asentada en Alonso; y final del estudio para Tristán, «el olvido de todo, el único recuerdo» que devolvía y compartía protagonismo en este dúo antes de afrontar el final del concierto.

Y para amor platónico el de Brahms hacia Clara Schumann, cerrando el círculo del programa. Otros cinco «lieder» sin necesitar palabras, bellísima la elección e interpretación de todos y cada uno de ellos, el último romántico y gran melodista que se adapta como un guante a esta reinterpretación con la viola y el siempre exigente piano. Comenzaría el dúo con las dos primeras del op. 105, la melodía que atrapa (Wie Melodien zieht es mir) y el sueño tranquilo (Immer leiser wird mein Schlummer), que bisarían al final, canto de tenor más que viola, articulando cada frase en diálogo perfecto con un piano profundo. El alegre y breve «Domingo» (Sonntag), tercero de los cinco op. 47 que la viola sonó aquí a mezzo corpórea con un piano cristalino. Finalizarían con dos de las cuatro op. 43: segunda «La noche de mayo» (Die Mainacht), piano tranquilo sobre el que se dibuja una de las más bellas melodías del «eterno enamorado» en la viola reposada y profunda con agudos contenidos cual voz femenina de soprano, para finalizar con la primera «Del amor eterno» (Von ewiger Liebe), como un cambio de registro de la viola al mejor barítono de lied con piano alemán, un tándem de intensidades y complicidad para una pasión compartida.

Un programa de canciones sin palabras donde se sumaría nuestro Falla con el último Polo de las «Siete Canciones Populares Españolas«, cantando con la viola como «la Berganza» y el piano de Lavilla, otro tándem ideal para cerrar concierto, aunque ante el éxito bisaron el Immer leiser wird mein Schlummer de Brahms.

PROGRAMA

PRIMERA PARTE

R. Schumann (1810-1856): Drei Romanzen, op. 94: «Nicht schnell»

F. Schubert (1797-1828): Sonata «‘Arpeggione’, D 821: I. Allegro moderato; II. Adagio; III, Allegretto

SEGUNDA PARTE

R. Wagner (1813-1883): Wesendonck Lieder *: «Der Engel»; «Stehe still!»; «Im Treibhus» **; «Schmerzen»; «Tráume» **

* Arreglo de Isabel Villanueva – **  – Stude zu Tristan und Isolde

J. Brahms (1833-1897) Fünf Lieder, op. 105: 1. «Wie Melodien zieht es mir»; 2. «Immer leiser wird mein Schlummer»

Fünf Lieder, op. 47: «Sonntag»

Vier Gesánge, op. 43: «Die Mainacht»; «Von ewiger Liebe»

Universo orquestal «con forza»

3 comentarios

Viernes 17 de noviembre, 20:00 horas. Auditorio de Oviedo, abono III Subito con forza: OSPA, Roman Simovic (violín), Nuno Coelho (director). Obras de: Unsuk Chin, Béla Bartók y Mozart.

Segunda semana con el «extra vitamínico» del violinista ucraniano afincado en Londres, que esta vez no estuvo en el encuentro con los abonados a las 19:15 en la Sala de Cámara del Auditorio sino el titular portugués explicándonos el programa (que repetiría antes de arrancar el concierto).

Y quiero volver a remarcar lo bueno que supone contar con el maestro Simovic porque no solo contagia su pasión a la OSPA, a la que se la nota feliz y a pleno rendimiento, también al público (hoy volvió a haber demasiados huecos) que recibe ese ímpetu y buena química sobre el escenario. Al «cocktail  energético» debemos sumar la apuesta por tenerle nuevamente de solista en el exigente concierto de Bartók tras un estreno, al menos asturiano, de la surcoreana Unsuk Chin (Seúl, 14 de julio de 1961), otro de los proyectos que ha traído Nuno Coelho en esta su segunda temporada al frente de la OSPA. Por cierto que sigue sin cubrirse la plaza de concertino, como preguntó en el encuentro una abuela para contárselo a su nieto violinista (!), de nuevo invitando a solistas  internacionales como esta vez la austriaca Birgit Kolar que lo fue igualmente hace un año de la OFil, junto a Sabine Lohez de ayudante. Y para la segunda parte, siempre en el formato decimonónico de «Estreno-Concierto-Sinfonía» no se olvidaron de programar el «repertorio de siempre», esta vez con la última sinfonía del genio de Salzburgo.

En las notas al programa (enlazadas al principio) de Hertha Gallego de Torres), sobre la obra de la pianista y compositora Unsuk Chin -distinguida alumna de juventud de Ligeti-, y actualmente viviendo en Berlín nos cuenta que «escribió Subito con forza en 2020 en pleno confinamiento, a petición de la Orquesta del Concertgebouw de Amsterdam para celebrar el 250 Aniversario del nacimiento de Beethoven (…) indisimulada afición por el virtuosismo, que aquí se muestra en una paleta brillante de instrumentos de percusión con un papel tan importante o más que la cuerda. Puede presumir Chin  (…) de que sus obras son muy accesibles al público que rechaza la música contemporánea, por la brillantez que obliga a exhibir a la voz, a la orquesta o a ambas». También la elección de esta obra por necesidades de plantilla como explicó la gerente en el encuentro previo. Con los «motivos» de las oberturas de Coriolano o Leonora III y el inconfundible motivo rítmico de la Quinta, el maestro Coelho la defendió con su ímpetu habitual, destacando el enorme trabajo de los percusionistas, junto al arpa y el piano pero sin menoscabar al resto de una orquesta que hoy se colocó «quasi vienesa» con los violines enfrentados y violas-chelos frente al podio. Obra interesantísima la de esta surcoreana más europea que muchos y volviendo a recordarnos que la Pandemia del Covid también trajo mucha creatividad, caso de este Subito con forza… y fuego.

Esperado el regreso de Simovic con su Stradivarius pasando del pasado Beethoven al presente Concierto para violín nº 2 (1939) de Béla Bartók, de los más importantes escritos en el siglo XX plagado de recovecos para solista y orquesta, con el portugués mostrando de nuevo su calidad como concertador en una obra exigente para todos. Sobre esta partitura que bien nos explicó por partida doble, añadir de nuevo las notas sobre el mismo (con links míos): «después de varias consultas con el eximio violinista y compositor húngaro Zoltán Székely, su dedicatario (…) había sugerido al compositor la obra poco antes de que se exiliasen ambos a Estados Unidos. Székely, miembro del famoso Cuarteto Húngaro, fue quien estrenó el Concierto como solista con la Orquesta del Concertgebouw de Amsterdam en 1939», en este caso enlazando la misma formación con la obra de la surcoreana. Prosigue la profesora Gallego de Torres: «Ejemplo de la personal síntesis de tradición y progreso de Bártok, su estructura formal es la del concierto clásico o romántico. Sin embargo, tonalmente, bebe de la influencia dodecafónica y de las escalas modales del folklore de los Balcanes» y así lo entendieron a la perfección desde el trípode que mantiene el equilibrio perfecto: solista, orquesta y director, porque el virtuosismo de Simovic en el Allegro non troppo parece sencillo ante su sonoridad limpia, su musicalidad exquisita del bellísimo Theme and Variations: Andante tranquillo central que estuvo arropada y mimada por la OSPA, y el complicado Rondo: Allegro molto final lo entendió en sus múltiples cambios de tempi y compás un Coelho en sintonía con el mago Simovic, momentos de complicidad  con una madera contestando desde la misma intención que el Stradivarius para disfrutar de una amplísima gama dinámica que desde el podio pareció trabajar cual ingeniero de sonido manteniendo el balance y presencia exacta de cada pasaje.

Si el viernes pasado mister Simovic nos regalaba una propina a dúo con el concertino, de nuevo la sencillez y generosidad del maestro nos preparó con Max von Pfeil, principal de chelos, otra «delicatessen» del noruego Johan Halvorsen, violinista virtuoso, distinguido director de orquesta, compositor de gran cantidad de música incidental, obras orquestales y numerosas piezas para violín. En 1894, cuando trabajaba como director de orquesta en Bergen, la ciudad natal de Grieg, hizo una «extravagante» adaptación para violín y viola (hoy con chelo) de la Passacaglia de una «Suite para clavecín solo» de Handel, variaciones continuas sobre un bajo repetitivo que Halvorsen reelabora las suyas con un despliegue instrumental ampliado: dobles paradas, escalas vertiginosas, armónicos y una amplia gama de dinámicas, timbres y articulación, un impresionante dúo donde disfrutar de ambos intérpretes, compañeros unidos por estas músicas que siempre nos «descubren» el talento de los músicos de la OSPA y la cercanía de este violinista al que sigo pidiendo le pongan un piso en Oviedo pues cada estancia entre nosotros aumenta la calidad y entrega para disfrute de todos, aficionados incluidos.

Si Beethoven encandiló en el segundo de abono, en este tercero llegaba la última sinfonía de Mozart, el cierre de la trilogía compuesta en tiempo récord y sin necesidad de encargo alguno, como también nos contó el maestro de Oporto, y que no consta se estrenasen en vida del salzburgués. La sinfonía nº 41 ”Júpiter” fue escrita en el verano de 1788 en la tonalidad de do mayor de estructura clásica pero que encierra el lenguaje operístico de Don Giovanni o Cossì, música sin palabras pero con la firma inigualable. Coelho la trabajó así, pues tanto el portugés como Hertha Gallego citaron a Harnoncourt: «para Mozart lo importante siempre es el drama, el diálogo, el conflicto y su resolución (…) Lo paradójico es que esto no sólo se refiere a sus óperas sino también a su música instrumental, que siempre es dramática». De hecho los tempi elegidos no fueron extremos pero sí delineados cual canto, ayudado de nuevo por la colocación de la cuerda y la propia plantilla utilizada por Mozart, así como la elección para esta «Júpiter» de los timbales ‘clásicos’ que Mr. Prentice volvió a manejar con gusto y seguridad.

El Allegro vivace se planteó tranquilo, cual obertura luminosa de contrastes bien marcados, líneas melódicas en cuerda con maderas ideales y metales redondos. Lírico y reposado el Andante cantabile tan original y propio del Mozart maduro, acentos claros de sonoridad onírica en todas las secciones. El Minuetto: Allegretto bien marcado con las lengüetas y bisel alternando «el canto» revestidas con los bronces y abrigadas por una cuerda con identidad propia. Y el universo del Molto allegro preciosista, dbujándose claros los temas superpuestos bien delineados por el maestro Coelho sin forzar el aire, poderío de bronce y empuje sinfónico en la Viena que rompería moldes en todas las artes, escuchándose todos los músicos al detalle en esta sinfonía que nunca es igual aunque la escuchemos las veces que queramos y en los cientos de grabaciones.

Y qué mejor forma que cerrar esta entrada con los certeros versos del sevillano Luis Cernuda que nos dejó mi admirada Hertha Gallego de Torres en sus notas:

 

Si alguno alguna vez te preguntase: «la música ¿qué es?»
‘Mozart’, dirías, ‘es la música misma’

PROGRAMA:

Unsuk Chin (1961): Subito con forza.

Béla Bartók (1881-1945): Concierto para violín nº 2 (1937/1938): I. Allegro non troppo – II. Theme and Variations: Andante tranquillo – III. Rondo: Allegro molto.

W. A. Mozart (1756-1791): Sinfonía nº 41 en do mayor, K. 551, «Júpiter» (1788): I. Allegro vivace – II. Andante cantabile – III. Menuetto: Allegretto – IV. Molto allegro.

Pasión, respeto y admiración

1 comentario

Viernes 10 de noviembre, 20:00 horas. Auditorio de Oviedo, Abono 2: El genio de Bonn, OSPA, Roman Simovic (violín y director). Obras de Beethoven.

Cada visita del ucraniano Roman Simovic (1981) a la OSPA es un soplo de aire fresco que contagia no solo magisterio y seguridad, también entrega y pasión musical transmitida a una orquesta entregada esta vez al genio de Bonn pero también al «leader» de la LSO con su violín Stradivarius de 1709 en una auténtica Beethoven Fest para guardar en la memoria de un público por fin más numeroso del habitual que podrá contar lo vivido este viernes en el Auditorio de Oviedo.

Y es que si hay química sobre el escenario se nota en el patio de butacas. La presencia además de Aitor Hevia como concertino y el propio Simovic ejerciendo simultáneamente de solista y director en el Concierto para violín en re mayor, op. 61 del genio de Bonn ya suponía un plus, tal y como nos contaría en el breve encuentro a las 19:15 en la sala de cámara, y digo breve porque evidentemente lo que le esperaba necesitaba ir calentando, aunque la última prueba de sonido estaba aún viviendo en los muros.
Como un auténtico líder Simovic volvió a asombrar por su valentía en los tiempos sin perder nunca el punto exacto de la formación asturiana a la que conoce como pocos y sabe exigirle sabedor de la respuesta exacta. El Allegro ma non troppo ya nos dejó un primer ataque de los timbales con el timbre perfecto y marcando un pulso vital. El sonido que consigue el maestro ucraniano de la cuerda sigue siendo ideal: aterciopelada y tersa, limpia y agresiva cuando se necesita; la madera no se queda atrás, melodías que pasan y pesan con el sustento de los arcos; y hasta los metales suenan más redondos, equilibrados. Los crescendi iluminan y arrebatan. Y las cadencias en el Stradivarius son filigrana pura, jugando con el tempo y los balances perfectos con apenas un movimiento de cabeza o un arco previo al ataque. El Larguetto de orfebrería y emoción, el Beethoven maduro y enamorado como cuenta en las notas al programa Ramón García-Avello, las variaciones bien ornamentadas sonando cristalinas y etéreas sobre una orquesta rendida al director, solista y compañero. Finalmente el Rondó: Allegro resultó una inyección de optimismo, saltarín y con humor británico del que puede presumir tras tantos años en Londres.
Admiración de todos, pasión por la música de «El coloso enamorado y danzarín« y una propina a dúo con Aitor Hevia que pondría el listón en lo más alto, dejándome sin apenas palabras que raudo anoté en mi móvil.
Pero el «non plus ultra» llegaría con la Sinfonía nº 7 en la mayor, op. 92, que además de ser mi preferida,  consiguió emocionarnos a todos. Con los músicos de pie, trompetas y trompas juntas más Simovic en su puesto de «leader» apostó por una séptima arriesgada, pasional y luminosa. Desde un respeto total a lo escrito disfrutamos de una interpretación de alto voltaje donde la OSPA que en el concierto le escuchó con admiración y hasta fervor, no solo mantuvo la atención sino que con Simovic colocado en su puesto de concertino, resultó abducida y plegada al mando en plaza del ucraniano afincado en Londres. Dominador de balances y tempi, la llevaría de nuevo con mínimos gestos entendidos al detalle por cada sección de la orquesta asturiana, mimando una sonoridad clara en cada momento y sacando de la cuerda capitaneada codo con codo con Hevia, lo mejor de esta temporada.
En el Poco sostenuto – Vivace se escuchó todo lo escrito, matices extremos puramente románticos, ataques con bravura, maderas casi pastoriles, el cambio al Vivace impactando por intensidades y contrastes en el punto exacto, metales poderosos pero «sin bravuras» ni arrebatos, la cuerda grave rotunda, dinámicas amplias y pisando el acelerador a fondo dominando con mano y «arco firme» para que nada se escapase y encajara al milímetro. El famoso y hermosísimo Allegretto mantuvo la gama de colores detallistas, cada sección presente y bien balanceada, escuchándose y disfrutando con un tempo luminoso más rápido de lo habitual pero fresco, con el ritmo ostinato latiendo como el corazón de Simovic, minucioso en los fraseos y equilibrios, paladeando los motivos, los reguladores eternos que elevaban las pulsaciones sin aumentar la velocidad «amarrada» por unos timbales precisos y una cuerda preciosa. El Presto valiente, impecable, rompedor, explosivo, el «scherzo» verdaderamente bromista y saltarín, sorpresivo, con los tutti grandiosos, pasionales… Y con esta «descarga en vena» lógicamente el Allegro con brio sería fiel a la indicación del aire más que al metrónomo, estallidos de luz, contrastes, ataques, el empuje vertiginoso sin perder claridad en ningún momento, dinámicas brillantes, acentos marcados con precisión en una montaña rusa donde hasta los silencios sonaron y se respetaron sin nada que los perturbase.
Una OSPA entregada, volcada, disfrutando con Simovic siempre, como uno de ellos para finalizar esta séptima que volviendo a citar las notas «provoca(n) esa bacanal contagiada de alegría», público rendido, músicos también y la sencillez de un grandioso Roman al que con mi chanza pido le pongan un piso en Oviedo y un vuelo directo con Londres, pues con esta calidad y entrega todos mejoramos, crecemos y disfrutamos. Gracias Maestro.

La «siguiente generación» ya pide paso

Deja un comentario

Viernes 3 de octubre, 20:00 horas. Auditorio de Oviedo, NextGen: Concierto final de la Masterclass internacional de dirección de orquesta con Johannes Schlaefli. OSPA, Maximilian von Pfeil (cello). Obras de Verdi, Weber, Elgar, Beethoven, Brahms, Dvórak y Chaikovski. Entrada de butaca: 5 €.

La OSPA ha celebrado a lo largo de esta semana la primera masterclass de dirección con el profesor de la University of Fine Arts en Zurich (ZHdK) Johannes Schlaefli (1957) enfocado para directores profesionales y estudiantes avanzados de dirección, una feliz iniciativa del titular Nuno Coelho, que fuese alumno del afamado maestro. De las 153 candidaturas recibidas (todo un éxito de convocatoria), entre Schlaefli y Coelho optaron por 8 finalistas, cuatro de ellos españoles, que trabajaron una selección de obras elegidas por ambos maestros, trabajándolas con la orquesta durante cinco días y un tiempo de podio de aproximadamente 130 minutos. Además de las sesiones con la orquesta por la mañana, hubo sesiones de retroalimentación y clases grupales por la tarde con Johannes Schlaefli, tal y como nos comentó en el encuentro previo celebrado a las 19:15 en la sala de cámara junto a la gerente de la OSPA Ana Mateo que hizo las labores de entrevistadora, moderadora y traductora.

Las técnicas de dirección y ensayo, así como el análisis de partituras, fueron el eje central de la clase magistral, y todas las sesiones de la orquesta fueron grabadas por un equipo de grabación de video profesional disponibles para todos los participantes, con lo que supuso de ampliación de experiencias antes de llegar a este concierto final, que hasta el miércoles no se decidió qué obras iba a dirigir cada uno, trabajando todos las ocho seleccionadas. Como comentó en la conferencia, a sus alumnos de dirección en Zúrich, y esta vez en Oviedo, les recomienda tener pasión por la música y humildad tras ser preguntado por cómo saber dónde había talento, sumando el trípode que se completa con la «química» entre dos seres como resultan ser una orquesta y su director. Evidentemente con nuestro titular portugués acertó y personalmente le felicité por su «ojo docente» y magisterio musical que la experiencia aporta, y en Asturias lo sabemos, viendo además la trayectoria nacional e internacional emprendida por Nuno Coelho.

El concierto se organizó como un programa especial a la forma clásica: dos oberturas, concierto solista y una «supersinfonía» de cuatro grandes manteniendo los tiempos: Allegro, Adagio, Scherzo y Finale. Sabia elección de obras conocidas por todo aficionado que no cubrió las expectativas de esta nueva apuesta, pues la OSPA imagino el esfuerzo que habrá supuesto ensayar estas obras con ocho visiones tan personales domo los finalistas, más todas las correcciones del Maestro Schlaefli que una vez pasado el ecuador y viendo lo que mejor le iba a cada «alumno», ya se centrarían todos en una sola partitura. Por ello mi primera felicitación a todos los músicos, que sin concertino volvieron a invitar a Jordi Rodríguez Cayuelas y María Ovín de ayudante. Con  obras que todos «tienen en vena» la versatilidad, profesionalidad y cariño con que se adaptaron a los cinco directores y tres directoras es digno de reseñar. Y mención especial al principal de cellos Maximilian von Pfeil como solista en el hermoso y difícil concierto popularizado hace décadas por Jacqueline du Pré junto a su marido Daniel Barenboim, que el alemán bordó siendo la obra estrella para todos, incluyendo a su compatriota y segundo director a quien le correspondieron los dos últimos movimientos.

Dejo a continuación cómo fue el reparto de obras y directores/as, todos trabajando de memoria salvo para el concierto de Elgar como es lógico, experiencia variada en todos, para seguir comentando mis impresiones con las biografías de los ocho que se pueden comprobar en el PDF del programa de mano, añadiendo que esa hoja la cubrimos con nuestro/s «favorito/s» en una urna a la salida del concierto.

Giuseppe Verdi (1813-1901): La fuerza del destino, obertura. Dirigida por el brasileño Richard Octaviano Kogima, músico completo (también pianista y compositor) con las ideas claras como su gesto, preciso y dejándonos un colorido Verdi más sinfónico que operístico.

Carl Maria von Weber (1786-1826):
Oberón, obertura. Dirigida por el cordobés David Fernández Caravaca (1995) musicalmente pasional y de formación «germana», marcando todo con claridad y sin rigidez. Página difícil con la que se desenvolvió sin problemas.

Edward Elgar (1857-1934) Concierto para violonchelo en mi menor, op. 85: Siempre es difícil «concertar» con el solista aunque Maximilian von Pfeil es músico curtido también el atril. Los dos primeros movimientos (I. Adagio moderato; II. Lento – Allegro molto) los llevó el valenciano Adrián Moscardó (1989) con una amplia trayectoria en la dirección que está finalizando en la ESMUC barcelonesa con los maestros Johan Duijck y Salvador Brotons. Se le notó trabajado el concierto aunque hubiese necesitado mejorar los balances de las distintas secciones aunque fuesen claros los tempi y el aire, «mandando» el solista, sabedores que en estos casos el entendimiento con el podio es imprescindible. La OSPA respondió a todas las indicaciones muy disciplinada. Con aplausos que rompieron la necesaria unidad de este maravilloso Elgar, subía para los dos últimos movimientos (III. Adagio; IV. Allegro – Moderato – Allegro ma non troppo – Poco più lento – Adagio) el alemán Jascha von der Goltz, que demostró su magisterio internacional y trayectoria en la batuta. También alumno de Schlaefi se notan las tablas, sin apenas necesitar la partitura, bien en la concertación y el balance, gesto claro para los movimientos más exigentes y agradecidos, excelente transición al largo cuarto tras la impecable cadenza del cello y con amplias dinámicas que engrandecieron y lograron el «trípode» con la conexión y el buen hacer entre todos.

Tras el descanso los siguientes candidatos en una «sinfonía única» donde no podían faltar dos quintas («no hay quinta mala» como siempre digo) en los movimientos extremos, y con tres directoras que no solo demostraron que estamos en el siglo del salto de la mujer al podio por su preparación bien visualizada y modelo para la «next generation»:

Ludwig van Beethoven (1770-1827): Sinfonía nº 5 en do menor, op. 67, I. Allegro con brio. Con decisión, valiente en el tempo y sin apenas respiro en los ataques arrancaba la alemano-colombiana Anna Handler una de las páginas más conocidas del sinfonismo, siempre difícil aportar algo nuevo que en este caso fue la fluidez y el dejar que la música transmita, no siempre marcando todo. Esta directora y pianista formada en Munich es titulada en la afamada Julliard School neoyorquina desde el mes de mayo pasado, y con las ideas muy claras para esta obra, ceñida a en cuanto a las dinámicas escritas pero con el crescendo final donde se notó muy trabajado y con las «masterclass» unidas a la «docilidad» de nuestra orquesta, volvieron a emocionar en esta quinta.

Johannes Brahms (1833-1897): Sinfonía nº 2 en re mayor, op. 73, II. Adagio non troppo, que estuvo en las manos del madrileño-leonés Jorge Yagüe (1996) también formándose en Zúrich con el maestro Schlaefli y trabajando ya con distintas orquestas españolas y europeas. La experiencia se nota en un gesto amplio, expresivo, atento a los matices aunque, como a muchos de sus compañeros en el podio, necesita encontrar el balance adecuado saber «sacar a la luz» los motivos sin perder ningún detalle orquestal, que con tiempo lograrán todos pues hay mucho trabajo previo que tienen hecho.

Antonin Dvorak (1841-1904) Sinfonía nº 9 en mi menor, op. 95 «Del Nuevo Mundo», III. Scherzo. Una de las sorpresas de la noche fue la valenciana Celia Llácer (1994), sin batuta y con toda la energía que este movimiento exige. Matizando sin problemas, dirigiendo con todo el cuerpo y de nuevo siguiendo las clases, con pasión, más que precisión. Se nota que lleva desde niña en el mundo musical y lo transmite nada más subirse a la tarima. Ha dirigido la JOECOM (Joven Orquesta de Colegios Mayores), trabajadora, formada en el Centro Superior Katarina Gurska con Borja Quintas y asistente de grandes maestros no podemos olvidarnos de esta joven que seguro dará mucho juego en los próximos años, demostrando cómo ha cambiado y mejorado el panorama español también en el mundo de la dirección orquestal. La OSPA rindió a tope y con la complicidad que dejó fluir esta maravillosa música fue otra de las triunfadoras del concierto.

Piotr Ilich Chaikovski (1840-1893): Sinfonía nº 5 en mi menor, op. 64, IV. Finale (Andante maestoso – Allegro vivace). Cierre por todo lo alto con la coreana Subin Kim, formada en Alemania. Claridad y precisión fueron sus rasgos aunque el tempi se «cayese» un poco antes del puente. Imposible no entregare en este final de la quinta del ruso, y aunque los metales parecieron desbocarse sin que la maestra los amarrase cortos, hubo convencimiento y pasión en esta interpretación, más brocha que pincel y comprobando que existe un mal generalizado en confundir los crescendi con los acelerando, pero el ímpetu juvenil no tiene nacionalidad y instrumento concreto, en este caso una OSPA que sonó confiada, de nuevo.

Un gran concierto de jóvenes con formato decimonónico en el programa, obras para todos los públicos, incluso para algún despistado que vino «confundido» y marchó feliz, continuar trabajando para formarse (en música nunca se acaba) y el lujo de contar con la OSPA para estas batutas que anotaremos para ver su progreso en el siempre difícil terreno de la dirección orquestal. En Oviedo han tenido una oportunidad para demostrar su valía y aprendizaje permanente con un gran maestro y la mejor orquesta a su servicio.

Excelente iniciativa en apoyo de las jóvenes «nuevas generaciones» (con PPerdón) que repetirán el próximo mes ya con Nuno Coelho al frente y dedicado a la viola con Sandra Ferrández.

Arte del cuarteto vienés en Gijón

Deja un comentario

Miércoles 25 de octubre, 20:00 horas. Teatro Jovellanos, Concierto nº 1671 de la Sociedad Filarmónica de Gijón: Cuarteto Iberia. Obras de Mozart, Webern y Schubert.

El cuarteto de cuerda es una formación que en España está creciendo en cantidad y calidad, pese al sacrificio que supone trabajar esta unidad desde las individualidades, pero sobre todo con «la pasión compartida por la música de cámara». En una mini gira por dos de las centenarias filarmónicas asturianas  a las que debemos agradecer su enorme esfuerzo por mantener esta ardua tarea de formar y difundir nuestros intérpretes, iniciaba ayer en Oviedo y llegaba a la de Gijón el joven Cuarteto Iberia, fundado en Madrid allá por 2018 y manteniendo la tradición camerística de sus respectivos maestros. Tras su paso por la cátedra de cuarteto de cuerda de la Universität Mozarteum Salzburg con el
profesor Cibrán Sierra, integrante del Cuarteto Quiroga, tras ganar en junio de 2021 la ansiada plaza, no han parado de formarse, actuar y ganar distintos premios, desde un amplio repertorio de compositores y estilos diversos del que en Asturias se ha podido disfrutar una muestra con instrumentos modernos de Cremona (Pascal Hornung, Diego
Taje y Martin Gabbani) y un violín de autor desconocido del siglo XVIII de Mittenwald.

Las obras y autores elegidos para Gijón indican la versatilidad de este cuarteto que en cinco años ha alcanzado un altísimo nivel, debiendo felicitar de nuevo a la Filarmónica por las excelentes notas al programa, esta vez a cargo de Daniel Jaime Pérez, que siempre conviene guardar en papel por una calidad paralela a la de los programas que nos ofrecen los intérpretes.

El Iberia comenzaba con Mozart presentando Luis Rodríguez el conocido como «Cuarteto de la Primavera» (1782), obra en homenaje a «papá Haydn», juvenil como el propio cuarteto, lleno de guiños, bromas pero con la complicada aparente sencillez del genio de Salzburgo. Excelente conjunción de los intérpretes, compenetración en las escalas veloces fruto de muchos ensayos, muy matizado, afinado, perfecto equilibrio en los «protagonismos», colorido desde el clasicismo como base musical que el Iberia dominó en sus cuatro movimientos cual cuarteto vocal operístico, especialmente en el Andante, expresividad y lirismo bien entendidos y el último Molto Allegro donde la fuga sonó clara, precisa y arriesgando en el tempo porque técnica les sobra.

Otro mundo del también vienés Anton Webern y sus Cinco movimientos, op. 5 (1909), la ruptura de las formas y la expresividad llevada al límite tímbrico además de emocional. Si el clasicismo y romanticismo estaban periclitados, más para el cuarteto de cuerda, estas miniaturas son exigentes por los todos los recursos empleados, complejo en cada detalle y pieza, efectos bien resueltos y nuevamente un encaje perfecto entre los Iberia que volvieron a mostrar la versatilidad pasando de la jovialidad mozartiana a este expresionismo acervado de Webern lleno de bruscos contrastes dinámicos tan exigentes para los intérpretes como para un público que se comportó con respeto para una obra que sigue siendo más de cien años después perturbadora y plenamente vigente, al alcance de pocas formaciones.

La segunda parte, presentada por Arnold Rodríguez nos traería el conocidísimo cuarteto de La muerte y la doncella (1824) de Schubert tras la lectura del texto que canta la doncella en el lied homónimo compuesto en 1817 del que el tercer vienés de esta noche toma los motivos, apelación a la muerte llena de claroscuros, romanticismo en estado puro y una interpretación arriesgada (sobre todo en el Presto final), pletórica, cual encaje de bolillos lleno de detalles por parte del joven cuarteto que seguramente haya escuchado y trabajado la versión de sus maestros y «vecinos» en el Lázaro Galdiano. La tragedia hecha música llena de belleza, emocional, optimista por momentos, cantabile en el Andante con moto y con una energía propia de su juventud sin obviar una madurez digna de encomio para una formación que lleva tan «poco tiempo» juntos. Los unísonos, las amplias dinámicas, el latir común son ya señas de identidad del Cuarteto Iberia que aún dará mucho que hablar en los circuitos nacionales e internacionales.

Y de regalo otra prueba de fuego con la Polka del ballet «La Edad de Oro» (Shostakovich),  presentada por Aurora Rus, un placer sonoro para una complicada obra que ejecutaron con un magisterio y entrega que fueron la línea mostrada a lo largo de una velada de dos horas llena de entusiasmo, musicalidad, hasta plasticidad por cómo finalizan cada movimiento cual fotograma congelado disfrutando del último aire emanado, entrega total no exenta de humor y sobre todo esta pasión vienesa por la música para cuarteto de cuerda en el último viernes de octubre.

PROGRAMA

Wolfgang Amadeus MOZART (1756-1791): Cuarteto de cuerda n.º 14 en sol mayor, K. 387 (1782)

I. Allegro vivace assai; II. Menuetto; III. Andante cantabile; IV. Molto allegro

Anton WEBERN (1883-1945): Cinco movimientos, op. 5 (1909)

I. Heftig bewegt; II. Sehr langsam; III. Sehr lebhaft; IV. Sehr langsam; V. In zarter Bewegung

Franz SCHUBERT (1797-1828): Cuarteto de cuerda nº 14 en re menor, D. 810, La muerte y la doncella  (1824)

I. Allegro; II. Andante con moto; III. Scherzo. Allegro molto – Trio; IV. Presto – Prestissimo

CUARTETO IBERIA:

Marta Peño, violín – Luis Rodríguez, violín – Aurora Rus, viola – Arnold Rodríguez, violonchelo

Embajador de la guitarra con alma

Deja un comentario

Miércoles 4 de octubre, 20:00 horas. Teatro Jovellanos, Concierto nº 1670, inaugural de la temporada 2023-24 de la Sociedad Filarmónica Gijonesa. Pablo Sáinz-Villegas (guitarra). Obras de Villa-Lobos, J. S. Bach, I. Albéniz, J. Rodrigo, A. Barrios y C. Domeniconi.

El guitarrista riojano Pablo Sáinz-Villegas era nombrado el pasado mes de junio «Embajador de la mierensía» por la asociación «Mierenses en el mundo» y llegaba a mi villa este lunes junto a su esposa mi muy querida Sarina Illana, para recoger el galardón aprovechando el viaje para este concierto inaugural de la Filarmónica Gijonesa junto a un encuentro con el público y aficionados el día anterior. Pese a su agenda tan apretada es de agradecerle siempre su generosidad, que pudo demostrar en el Teatro Jovellanos con una excelente entrada y un extraordinario concierto «dedicado a la memoria de Marcelino Gutiérrez, quien abrió con generosidad las páginas de El Comercio a la difusión de las actividades filarmónicas» con un inesperado fallecimiento a la edad de 48 años, emoción que embargó al artista al dedicarle junto a su familia presente, la obra de Agustín Barrios esperando esté en esa floresta del compositor guaraní. Generoso hasta en la impresionante propina de la Jota (F. Tárrega), tributo a su Rioja natal que incluso pidió al público la grabase y difundiese en su perfil de Instagram© y quedándose firmando discos así como a charlar o fotografiarse con los muchísimos aficionados llegados hasta la capital de la Costa Verde rondando las once de la noche.

Concierto pleno de emociones, pues la Sociedad Filarmónica pierde una ayuda y, sobre todo, un buen amigo como era Marcelino, aumentando la carga emotiva con la presencia de la guitarra en la historia musical local, como bien desgrana en las excelentes notas al programa mi admirado Ramón Avello, abriendo con el poema de Gerardo Diego La guitarra es un pozo / con viento de agua, repasando nombres que han tocado en este escenario gijonés: desde Andrés Segovia en 1919, Regino Sáinz de la Maza en 1938 reinaugurando tras la Guerra Civil la temporada de la Filarmónica, junto a otros grandes como David Russell o más recientemente Rafael Aguirre, una de nuestras actuales figuras mundiales de las seis cuerdas.

Pero en esta larga lista faltaba el riojano Pablo Sáinz-Villegas, bautizado como «embajador mundial de la guitarra española» por la Revista Billboard y heredero de Segovia, con un programa donde mi tocayo fue presentando cada obra y con algunas frases que he entrecomillado, emprendiendo un viaje musical desde el «padre de todas las músicas» en el Weimar donde estudió el intérprete español (con un arreglo propio de la inmensa Chacona) hasta el italiano Domeniconi y su tributo a la Turquía de su mujer, en cierto modo también a nuestra mierense presente en la sala junto a muchos desplazados por «La minera» para no perderse un concierto para el recuerdo.

La guitarra de Sáinz-Villegas, construida en 2007 por el afamado luthier alemán Matthias Dammann, sonó poderosa y delicada en cada obra en una sala con acústica perfecta sumándose una técnica propia que dándole la tensión justa a cada cuerda proyecta el sonido hasta el último rincón. Jugando con los tempi apropiados como en el Brasil de Villa-Lobos y sus cinco conocidos preludios, nos dejó unas imágenes sonoras recreadas por el riojano con una musicalidad intrínseca a su propio caracter.

En este viaje del «alma de la guitarra española» su Asturias de Albéniz hubo de detenerse porque «El silencio es el espacio donde habita la música», algo que parece estar perdiéndose, pandemias de teléfonos y toses disruptivas que no se van de las salas, llegando incluso a pedir que no aplaudiesen para poder degustar no ya el silencio sino también la música que queda flotando al finalizar cada obra. La sonoridad propia de esta «Leyenda» española en mi menor (frente al sol menor pianístico) que más que Asturias o Logroño es Andalucía en estado puro.

En este periplo guitarrístico no podía faltar el gran Rodrigo cuya Invocación y Danza desveló y reveló cual poesía sonora, tanto hablada en la descripción previa como interpretada en «la alemana» tan hispana como pocas: armónicos como estrellas y la magia de la inspiración flamenca que parece va unida a nuestro instrumento más universal elevada a las grandes salas de conciertos y hasta grandes estadios donde Sáinz-Villegas la sigue llevando.

Si hasta ese momento cada página era un disfrute para los melómanos, Un sueño en la floresta de   Barrios Mangoré pareció aumentar las pulsaciones, dedicatoria ya comentada y el hechizo propio pues «La música es el lenguaje de las emociones». El compositor e intérprete paraguayo es toda una leyenda en el mundo de las seis cuerdas y Sáinz-Villegas se envolvió del Espíritu Supremo de Tupá en ese juego de armónicos increíbles, trémolos y melodías infinitas con la afinación peculiar de la sexta cuerda en re y la quinta en sol, plenitud técnica que le permite disfrutar y contagiar tanta musicalidad.

Aún quedaba Carlo Domeniconi y su suite Koyunbaba, op. 19 para finalizar en Turquía con el pastor solitario (baba) junto a su rebaño de ovejas (Koyun) en Anatolia, composición del compañero y amigo de Pablo en Berlín, afinando la guitarra como un oud (de la sexta a la prima do#, sol#, do#, fa#, do# y mi) que le da una sonoridad única a una música casi de ritual llena de virtuosismo, ritmos, tímbricas y todo un espíritu en cuatro «cuadros» pintados con la maestría del intérprete bautizado como «embajador mundial de la guitarra española» por la Revista Billboard y desde ahora también «embajador de la mierensía».

Público entusiasmado, respetuoso en general, entregado a Sáinz-Villegas con la ya citada propina de la jota universal que triunfa siempre, y más en su interpretación que, como el buen vino, va madurando con los años para conervirse en un Gran Reserva. Gracias y enhorabuena familia, esperando volver a encontrarnos.

PROGRAMA

I

Heitor VILLA-LOBOS (1887-1959):

Cinco preludios, W419:

I. Andantino expressivo en mi menor: Homenagem ao sertanejo brasileiro; II. Andantino en mi mayor: Homenagem ao malandro carioca; III. Andante en la menor: Homenagem a Bach; IV. Lento en mi menor: Homenagem ao indio brasileiro; V. Poco animato en re mayor: Homenagem ao vida social.

Johann Sebastian BACH (1685-1750):

Chacona, BWV 1004 (arr. Pablo Sáinz-Villegas).

II

Isaac ALBÉNIZ (1860-1909): Asturias (Leyenda), de la Suite Española op. 47.

Joaquín RODRIGO (1901-1999):

Invocación y Danza: Homenaje a Manuel de Falla.

Agustín BARRIOS Mangoré (1885-1944):

Un sueño en la floresta.

Carlo DOMENICONI (1947): Koyunbaba, op. 19:

I. Moderato

II. Mosso

III. Cantabile

IV. Presto

A celebrar 25 años de excelencia

1 comentario

Este primero de septiembre al mediodía en la sala de cámara se presentaban los Ciclos «Conciertos del Auditorio» y Jornadas de Piano «Luis G. Iberni», una temporada marcada por las bodas de plata del edificio diseñado por Rafael Beca sobre los antiguos depósitos de agua, y que marcaría a Oviedo como capitalidad musical o como la he bautizado en «La Viena Española».

Peinando canas aún recuerdo la inauguración aquel ya lejano 29 de abril de 1999 con nuestra OSPA dirigida entonces por el chileno Max Valdés, y dos días después vendría Riccardo Muti con la Filarmónica de La Scala, un verdadero lujo que abriría un ciclo por donde han pasado casi todas las grandes formaciones y figuras internacionales a lo largo de estos 25 años, algunos desde aquí reseñados desde 2008. Recordar también que seis años antes Oviedo fue  pionera en organizar las primeras jornadas dedicadas en exclusiva al piano en España en el Teatro Campoamor, que con el Auditorio pasarían a celebrarse aquí, sin olvidarnos del primer gestor que fue el siempre recordado (esta mañana también) Luis G. Iberni, a cuya memoria llevan el nombre del gran musicólogo y crítico aragonés afincado en nuestra tierra donde llegó en la primera promoción de los estudios de Musicología en la Universidad de Oviedo con Emilio Casares al frente.

Tenía que ser este Auditorio, y mejor aún en su Sala de Cámara de acústica excelente, la presentación de este ciclo doble del 25 aniversario, que además arrancaría, como no podía ser menos, con música (el Rondeau, tercer movimiento del Cuarteto para oboe y cuerdas en fa mayor de Mozart ) a cargo de Lucas Macías, director de la Oviedo Filarmonía (OFil), hoy al oboe junto a tres grandes músicos de sa orquesta que va unida tanto a los dos ciclos como a la ópera y zarzuela: Andrei Mijlin (concertino), Rubén Menéndez (viola principal) y Gabriel Ureña (chelo principal) que inauguraba informalmente la temporada, esperando ya el 31 de octubre del primer Concierto del Auditorio.

En el acto tomaron la palabra David Álvarez, concejal de Cultura del Ayuntamiento de Oviedo y Presidente de la Fundación Municipal de Cultura, un reconocido melómano al frente del auténtico motor cultural de la capital del Principado y buen fichaje de su alcalde Alfredo Canteli. En sus palabras también recordó y enseñó el abono de aquella primera temporada más el sueño de llegar a presentar 25 años después este ciclo que ha colocado a Oviedo en el mapa mundial de la música por su oferta y calidad  envidiable para una ciudad de su tamaño. También hablaron el responsable de la Fundación EDP en Asturias Juan García-Ovies Sarandeses, tan necesario el apoyo privado a la música en Asturias, el jefe de Oviedo del periódico La Nueva España Álvaro Faes, otro pilar importante en la difusión y publicidad desde su medio de comunicación que presta todos sus recursos a la actividad musical, María Ablanedo como vicepresidenta de la Fundación Musical Ciudad de Oviedo, resaltando el protagonismo femenino tanto en la plantilla de la OFil como en tantos excelentes intérpretes de nuestra tierra, espejo en el que se miran los estudiantes de los distintos centros educativos del Principado, también autores de quienes se estrenarán obras así como de compositoras que tienen su sitio ganado por su calidad, y por supuesto el director artístico de los ciclos, el incombustible Cosme Marina, un gestor digno heredero de Iberni que sigue organizando y trayendo a este Auditorio lo mejor del circuito europeo y mundial, con Oviedo parada obligada que algunas veces fue la única en esas giras que siguen reafirmando a «La Viena Española».

Imposible desgranar lo que nos deparará esta temporada 2023-24, aunque dejo el enlace o link al avance, el Dossier de Prensa que se nos entregó a la entrada y algunas de las fotos que realicé durante la presentación. Las notas del concejal tituladas «El poder de la música» y de Cosme «Un viaje fascinante» expresan a la perfección lo que suponen estas bodas de plata y las líneas maestras de este doble ciclo, donde destacan:

TEMPORADA EXTRAORDINARIA por los 25 años del Auditorio Príncipe Felipe con una temporada muy especial que traerá a Oviedo algunos de los grandes artistas y de las mejores formaciones orquestales de nuestro tiempo, y que no tendrá como en otras ocasiones ningún concierto extraordinario porque toda la temporada lo es.

UN CICLO SOSTENIBLE. Con la deseada y esperada llegada del AVE a Asturias, permitirá, a partir del próximo mes de enero, un diseño de las giras de conciertos con el fin de que la mayoría de las orquestas lleguen a Oviedo en medios de transporte menos contaminantes, sustituyendo el avión por el tren, en un compromiso del ciclo con la sostenibilidad, tal y cómo se está haciendo en los festivales y temporadas de referencia en Europa, y que el responsable de la Fundación EDP también destacó.

GRANDES SOLISTAS. Esta temporada pasarán por Oviedo nombres como Jakub Józef Orlinski, István Várdai, Christina Pluhar, Ermonela Jaho, Antonio Corianò, Christian Tetzlaff, Javier Camarena, Ellinor D’Melon, Dorottya Lang, Alison Oakes, Jakob Pilgram, María Dueñas, Jean-Ghihen Queyras, Dinara Alieva, Ekaterina Semenchuk o Rolando Villazón, entre otros muchos.

Algunos de ellos repiten (están con mis links) conocedores de lo que supone actuar en Oviedo por la historia tan musical de esta ciudad, y otros lo harán por primera vez, convencido que volverán porque así lo atestiguan los años de experiencia de los que mis canas puede dar fe.

DIRECTORES DE REFERENCIA. Maestros de primer nivel estarán en la ciudad: Kirill Petrenko, Sir John Eliot Gardiner, esperando retome su agenda tras el «parón autoimpuesto» por su incidente, Paavo Järvi, Alan Gilbert, Alondra de la Parra, Kahchum Wong, Ádám Fischer, Jaime Martín, Andrea Marcon, Lucas Macías y Aarón Zapico.

En las columnas del Auditorio figuran algunos nombres de grandes batutas que han dirigido en este templo musical asturiano, y seguro que aún queda sitio para poner alguna placa más.

LAS MEJORES ORQUESTAS. Una de las características del ciclo de conciertos de Oviedo es la presencia de formaciones orquestales y camerísticas de referencia: Philharmonia de Londres, NDR Elbphilharmonie Orchestra, Sinfónica de Düsseldorf, Orquesta Nacional de España, Gustav Mahler Jugendorchester, la Cetra Barockorchester, Il pomo d’oro, L’Arpeggiata, Oviedo Filarmonía –como orquesta residente-, Deutsche Kammerphilharmonie Bremen, Forma Antiqva. También acudirán formaciones corales como El León de
Oro, el Joven Coro de Andalucía y el Vokalensemble Basel.

Como también apuntarían Ablanedo o Marina, Oviedo ha defendido a músicos de nuestra tierra porque la calidad en su paso por el escenario quedó refrendada siempre e incluso dando el salto internacional, caso de Forma Antiqva con Aarón Zapico, El León de Oro con Marco Antonio G. de Paz o la pianista  avilesina Noelia Rodiles, sin olvidarnos de la propia OFil con Lucas Macías que ha supuesto «una bendición» para el panorama musical asturiano, así como el principal invitado Iván López-Reynoso.

EL GRAN REPERTORIO. A lo largo de la temporada se ofrecerán obras que abarcan desde el barroco a nuestros días. Del repertorio tradicional se interpretarán tres de las grandes sinfonías de Dvorák, el Réquiem de Verdi, la Sinfonía Fantástica de Berlioz, la Sinfonía italiana de Mendelssohn, arias de autores como Verdi, Puccini, Bizet, Mascagni o Catalani, la Fantasía Coral de Beethoven, la Quinta Sinfonía de Shostakóvich, la Primera Sinfonía de Brahms, el segundo acto de la ópera Tristán e Isolda de Wagner, La Pasión según San Juan de J. S. Bach, el Concierto para violín de Beethoven, el Concierto para violonchelo de Schumann o la
Quinta Sinfonía de Schubert, entre otras muchas.

ESTRENOS Y MÚSICA ESPAÑOLA. Cómo es habitual, la música española y los estrenos absolutos tendrán fuerte presencia, desde el repertorio barroco hispanoamericano pasando por el estreno de Cloches, concierto para piano y orquesta de Manuel Martínez Burgos, la “Danza ritual del fuego” de El Amor Brujo de
Falla, un estreno que forma parte del “Mapa sonoro de Vetusta” de la canaria Laura Vega o el Preludio del tercer acto de Follet de Granados.

JORNADAS DE PIANO. Las Jornadas de Piano «Luis G. Iberni» se abrirán con el protagonismo de Noelia Rodiles y Oviedo Filarmonía. Además, en clave de piano orquestal también estará Igor Levit, a quien escuché en solitario este verano en Granada, y a Oviedo vendrá con la NDR Elbphilharmonie, más una incursión en el mundo del clave con Diego Ares y Forma Antiqva.

Los recitales tendrán un peso significativo con el más reciente ganador del Premio Chopin y su debut en España, Bruce Liu, y con muy pocos días de diferencia compartiendo con el decano de los pianistas españoles en activo, Joaquín Achúcarro, muy querido en Oviedo y su Sociedad Filarmónica donde es el artista que más veces ha actuado desde aquel primer viaje de casi ocho horas en el FEVE, entonces «Económicos» de Bilbao a Oviedo, que sigue recordando tardaba tanto como sus viajes a Detroit (ironizaba Cosme que en esto no ha habido muchos cambios), además de la presentación en las Jornadas de
Yulianna Avdeeva y la presencia de una leyenda viva del teclado como es la portuguesa Maria João Pires acompañada por el catalán Ignasi Cambra.

ABONOS Y ENTRADAS. A partir de mañana 2 de septiembre se iniciará la renovación del abono conjunto, y la venta para nuevos abonados a partir del 22 de septiembre. Se mantienen, además, a partir del 2 de octubre, el abono separado de Jornadas de Piano y Conciertos del Auditorio. Además, se vuelve a incluir el abono Firmamento Lírico y, por primera vez, se ofrecerá un ABONO
JOVEN
, para menores de 30 años. De este modo habrá abonos
desde 86 euros y localidades sueltas desde 10 euros.

Oviedo será destino de muchos melómanos venidos de todas partes, por lo que no está mal recordar que la música es una inversión y el mejor reclamo turístico, generador de riqueza. En breve volveré a pasar por taquilla para renovar mi abono para otra temporada en #LaVienaEspañola como pongo de etiqueta o hastag en el antiguo Twitter© (mal llamado ahora X), y también el acuñado por David Álvarez #CapitalidadMusical que intentamos entre todos difundir para mantener la capital asturiana en el mapa musical mundial. Que la Gustav Mahler Jugendorchester (Joven Orquesta Mahler) cierre ciclo con Kirill Petrenko (titular de la Filarmónica de Berlín) iniciando una gira donde solamente Oviedo, San Sebastián y Granada serán sus paradas, tal y como ya se ha anunciado en la capital alemana, da una idea de lo que supone el trabajo de estos 25 años que son continuadores de los más de 100 de nuestra Sociedad Filarmónica Ovetense o los 76 de la Ópera, semillas tan bien plantadas como el carbayón (roble en asturiano) símbolo de la capital del Principado.

 

Older Entries Newer Entries