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Viernes 17 de marzo, 20:00 horas. Auditorio de Oviedo: «El mundo de ayer II», Abono 8 OSPA, Maximilian von Pfeil (chelo), Pablo González (director). Obras de Richard Strauss y Mahler.

Ser testigo de la evolución de un artista o una formación es un privilegio solo da la edad. La OSPA lleva 26 años aunque procede de la anterior Orquesta Sinfónica de Asturias, y puedo presumir de haber crecido casi con ambas. Al ovetense Pablo González Bernardo (1975) le sigo desde su infancia como estudiante de flauta y su salto al podio en este músico integral que se ha hecho un nombre propio en el siempre difícil mundo de la dirección orquestal, habiendo sido testigo incluso de la feliz titularidad en la ciudad condal. El reencuentro siempre es fructífero (jueves en Gijón y viernes Oviedo), más cuando director y orquesta están en un momento adulto, de madurez personal y profesional que propicia tanto ópera como conciertos grandiosos en cuanto a las obras elegidas y su interpretación, en el amplio sentido de la palabra.

No es políticamente correcto hablar del Arte de Cúchares en estos tiempos que corren, pero el octavo de abono (orquestal, claro) resultó como encerrarse con tres miuras en solitario dada su leyenda de dificultad, peligro, bravura pero también sabedores que un triunfo supone «salir por la puerta grande» y entrar en la historia. Pablo Gonzaléz y la OSPA (ver la entrevista en el canal OSPA TV) se enfrentaron con dos grandes sinfonistas como Richard Strauss y Gustav Mahler que están presentes en su propia vida y siempre reaparecen con el enfoque que el momento de su interpretación supone, distinto y enriquecedor a partes iguales.

Los llamados poemas sinfónicos de R. Strauss son páginas capaces de examinar a cualquier orquesta y director que la lleven a cabo por su magnitud, cimas de la orquestación por las plantillas exigidas y la densidad que encierran Don Quijote, op. 35 es mucho más que fuente de inspiración en la mejor obra de la literatura universal y escrita por el español Miguel de Cervantes. Tener de solistas dos atriles de la propia orquesta asturiana (también entrevistados en OSPA TV) como Maximilian von Pfeil en el rol de Alonso de Quijano y el viola Vicente Alamá como Sancho demuestran la calidad de los músicos que conforman esta OSPA del siglo XXI, el equilibrio de dos personajes protagonistas necesarios para comprender la obra (tanto literaria como musical). El desarrollo está perfectamente explicado en las notas al programa (que dejo enlazadas al principio en los compositores) de Gloria Araceli Rodríguez quien previamente dio una conferencia sobre «Los poemas sinfónicos de Richard Strauss: de la descripción sonora a la expresividad musical».
La interpretación dirigida por González fue un verdadero relato sonoro lleno de sutilezas en cada variación, ambientes descritos en la partitura que trascienden la genialidad cervantina desde nuestra propia imaginación, escenas donde los primeros atriles volvieron a brillar como sus dos compañeros hoy solistas, escuchándose, contestándose, disfrutando de esta obra de madura juventud totalmente interiorizada por todos. Un placer disfrutar de las dinámicas amplias, explosivas en el momento justo, íntimas saliendo de la locura y valorando una sonoridad plena que explica a la perfección un concepto algo etéreo como la textura orquestal, que en manos del ovetense con la orquesta asturiana resultaron claros y luminosos en este «Quijote de Strauss«.

La propina de von Pfeil (un número de la Música para niños, op. 65 de Prokofiev en arreglo de Piatigorsky) volvió a corroborar el virtuosismo de este chelista alemán sacando del instrumento sonidos más allá de la propia melodía en una bella página solista que cautivó a un público tristemente no muy numeroso en el auditorio.
Pero quedaba una segunda parte aún más potente si cabe, primero el Mahler de la Sinfonía nº10 en fa sostenido mayor, «Incompleta» (1910) en su único primer movimiento acabado, «Andante-Adagio» como «conclusión» de unos días donde el bohemio ha ocupado buena parte de mis conciertos. No entraré en las posteriores versiones que intentaron completar una sinfonía sobre la que de nuevo planeó la «maldición«.

Quienes me leen saben que llevo años pidiendo una octava asturiana «de Los Mil» precisamente con Pablo en la dirección porque no solo es un mahleriano convencido sino por su capacidad para afrontar obras de esta envergadura. La versión con la OSPA demuestra que Mahler es como un amuleto para el director carbayón y la orquesta lo entiende a la perfección. Comenzando más lento de lo esperado, como en mis referencias guardadas, con unas violas compactas, arrancaba esta estremecedora página que veríamos crecer desde el buen gusto y la empatía necesarias, el terciopelo de una cuerda que sigue enamorando, unos metales (esencialmente las trompas) asentados desde la seguridad con unas sordinas nunca empañadas sino buscando la tímbrica deseada, y un Pablo González dirigiendo desde la confianza, capaz de dejar fluir la música en las manos de estos músicos para quienes el reto es seguir manteniendo ese nivel de calidad más que demostrada, crescendi vibrantes y brillantes de emoción contenida, paladeando las secciones como pocas veces en Mahler, esa densidad sonora acunando una muerte no por esperada indeseada llegando a ese final cortando la respiración. Una versión (con)sentida por estos intérpretes haciendo de vehículos ideales para una partitura con mucha historia… ¡Bravo!.

Y del poema sinfónico Muerte y transfiguración, op. 24 (R. Strauss) que en Oviedo ya hemos escuchado, también a la OSPA afrontándola en varias ocasiones, la interpretación con Pablo González es para guardar (grabada para Radio Clásica y esperando su emisión), rubricando otro Strauss de referencia en casa. Dominio absoluto de la partitura para lograr esa riqueza sonora conseguida con un empaste por parte de los músicos que permitió escuchar cada detalle, la fusión de cada sección con la otra en los fraseos sin cesuras, el gran instrumento orquestal que Strauss llevó a la cumbre y no me canso de escuchar, los cambios de registro en la cuerda como una sola, la conjunción de registros graves en tuba, contrabajos y contrafagot, el feliz encuentro de madera y cuerda, así cada uno de los cuatro movimientos que pasan de la oscuridad a la luz con el poder creador de la muerte, al igual que en Mahler, cuatro etapas de la vida que es muerte desde el primer momento pero siempre arrebatadoras. Las dinámicas amplias sin opulencias, con unos pianissimi increíbles y los tutti nunca ensordecedores, destacando especialmente el balance perfecto desde un sonido redondo, con una cuerda ya «engrasada» en el adagio mahleriano capaz de sonar tensamente aterciopelada y presente (intervención sentida de Vasiliev) de contrabajos poderosos, con una percusión sinónimo de seguridad, más unos metales que nuevamente estuvieron como diría un andaluz «sembraos» fueron engrandenciendo esta página sublime. Parece increíble mantener tanto tiempo (el que está escrito) esa nota en la trompeta sin perder calidad ni calidez, sujetar los matices como hace Pablo González, jugar con los tempi ajustados siempre a la partitura, y plantear una «transfiguración» en una orquesta que funciona siempre desde el trabajo y claridad en la dirección. Bilbao ha dado confianza a nuestros músicos y tener esta temporada a Pablo como «director colaborador» pienso que seguirá haciendo grande a esta orquesta de todos los asturianos.

Bohemia capital Bilbao (9)

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Domingo 5 de marzo, 13:30 horas. Palacio Euskalduna, Bilbao: «Musika-Música«. Concierto nº 48, Auditorio: Janáček Philharmonic Orchestra Ostrava, Heiko Mathias Förster (director). Mahler: Sinfonía nº 1 en re mayor «Titán». Entrada: 12 €.

Mahler presentó esta obra en Budapest (1889) como «Poema sinfónico en dos partes y cinco movimiento», dirigiéndola en Weimar en 1894 aunque no fuese del agrado de público ni críticos, cosas del momento y quién le iría a decir que «su tiempo» llegaría tan pronto y continuaría revisándola. La versión definitiva de 1899 deja el título simplemente en Sinfonía en re mayor, llena de sonidos de la naturaleza como el viento o el cuco recordando aquellos paseos con su padre por los bosques de Moravia.
Sabor de Bohemia como el de esta «orquesta del este» con la que repetía para «la primera» que era última y cierre de mi particular «Ciclo Mahler» de Bilbao esta mañana de domingo con un vibrante final para la luminosa «Titán» con algunos chaparrones de las trompas que fueron templando, como en el exterior.

El primer movimiento (I. Langsam, schleppend…) que nos acerca a la naturaleza sacó lo mejor de la cuerda checa, sumándose las trompetas fuera de escena bien encajadas con el resto, una dificultad añadida que da espectáculo además de la sonoridad buscada, contestada por el cuco en maderas y el ambiente bucólico de las trompas aún no muy centradas, aunque fueron evolucionando todos en este paseo por el bosque mahleriano.
En el segundo (Kräftig bewegt, doch nicht zu schnell), ese länder o danza popular austríaca que nos recuerda el vals, Förster intentó sacar los grandes contrastes y dominando los tempi, con unos bajos redondos, percusión colorista, los metales calentando (bien las sordinas) y la limpieza de una cuerda que es lo mejor de esta orquesta, sin olvidarnos del arpa, con buenas dinámicas y balance entre secciones.

La conocida Marcha fúnebre (Feierlich und gemessen, ohne zu schleppen) marcó el punto de inflexión e hizo música celestial ese choque brutal uniendo tristeza y música popular, algo que los músicos de esta formación conocen de primera mano, transmitiendo uno de los momentos más emotivos de «La Primera»: cuerda doliente, viento pletórico (muy bien oboe y fagot) más percusión ajustada en dos mundos musicales que son los propios de Mahler, ganando en calidad y preparando el explosivo final con el paso de las tinieblas a la luz, Stürmisch bewegt, toda la intensidad dramática que culmina en esa coda triunfal donde la cuerda volvió a brillar, aunque todos fueron mejorando en esta obra grandiosamente luminosa, incluyendo la percusión. Puedo decir que Mahler lució en esta joya que «la Janáček de Ostrava» sacó a flote, una cuerda además de limpia desgarradora cuando así se le exigía, los bronces ayudando a toda la carga expresiva y la madera sin quedarse atrás, con un Förster conocedor de todo lo que ahí se cocía aunque buscando más precisión que emoción, que sí logró finamente, dando una lección de dirección a todos.

Comida rápida y a la tarde la despedida con un esperado Dvořák muy asturiano…

Bohemia capital Bilbao (8)

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Domingo 5 de marzo, 12:15 horas. Palacio Euskalduna, Bilbao: «Musika-Música«. Concierto nº 47, Auditorio: Katie Stevenson (mezo), OSPA, Perry So (director). Obras de Dvořák y Mahler. Entrada: 12 €.

Segundo concierto de «mi» OSPA con So a la batuta dejándonos una sorpresa de lo más agradable con el Poema Sinfónico «La bruja del mediodía», op. 108, B. 196 de Dvořák, con una gama dinámica impresionante y toda la madera (bravo el oboe y especialmente el clarinete bajo) aportando calor y color. El maestro So transmite seguridad y calidad por lo que la respuesta de la orquesta asturiana es excepcional. Las distintas secciones suenan precisas, claras, transparentes todas ellas, de la cuerda al viento sin olvidarme de una percusión siempre en su sitio. Vuelvo a citar las notas de Mercedes Albaina para mejor comprensión de esta obra del checo: «Esta bruja del mediodía sirvió de base para la fábula versificada por el poeta checo Erben quien habiendo perdido a la mayor parte de sus hermanos siendo niño, utiliza el tema de la muerte infantil de manera recurrente en sus baladas. En ésta, la mezcla de folklore y superstición es evidente y el retrato musical que hace Dvorak del malvado personaje y del suceso de trágico final -la muerte del niño y la maldición de los padres-, es excelente: los hechizos y abracadabras se enroscan en colores tímbricos, motivos onomatopéyicos, acentos marcados y secciones donde la música contiene la respiración ante la magia y el horror. La muerte, la poesía, la brujería y la tradición, como fascinaciones románticas sublimadas en su música«. Y es que So es un brujo del sonido haciendo hechizos en los asturianos para volver a enamorar al respetable con esta partitura poco habitual ejecutada al detalle y con auténtica magia.

Y Mahler nos trajo otra mezzo para «la colección», la joven Katie Stevenson de color carnoso aunque con un vibrato algo excesivo, más allá de la expresión, que no impidió la dosis de emoción de las «Canciones a los niños muertos» (Kindertotenlieder) con un So atento a la OSPA en momento álgido como verdadera coprotagonista. La muerte ligada a la infancia es algo tristemente habitual en la vida del bohemio y tomando los versos de Rückert creará esta obra de una belleza que acongoja desde los propios textos, con la música elevando ese dramatismo desde el dominio sinfónico.

El semblante de la mezzo británica reflejaba esa angustia hecha música, el dolor como experiencia, la voz de(l) Alma, los contrastes desgarradores de luces y sombras aunque la muerte sea como decía Mahler un camino hacia la vida: «El acto de la creación está en mi tan estrechamente ligado a toda mi experiencia, que cuando mi inteligencia y mi espíritu se hallan en reposo, no puedo componer nada«. Stevenson puso sentimiento y buen gusto en cada uno de los cinco números y la OSPA el ropaje ideal con un Perry So atento a los volúmenes para no ocultar ningún detalle, con otro triunfo ante el público que dejó una buena entrada en esta sesión matutina del domingo, quedando aún a los asturianos la tarde nuevamente con Dvořák cerrando emociones de dolor elevadas al éxtasis sonoro.

Bohemia capital Bilbao (7)

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Sábado 4 de marzo, 21:00 horas. Palacio Euskalduna, Bilbao: «Musika-Música». Concierto Nº 20, Auditorio. María Espada (soprano), Ainhoa Zubillaga (mezzo), Sociedad Coral de Bilbao (director: Enrique Azurza), Bilbao Orkestra Sinfonikoa (BOS), Yaron Traub (director). G. Mahler: Sinfonía nº 2 en do menor, «Auferestehung» (Resurrección). Entrada 12 €.

Momentos antes del inicio del concierto más esperado (y que el anterior jueves inauguraba esta edición de la fiesta de la música), se avisaba por megafonía la indisposición de la anunciada María José Montiel por Ainhoa Zubillaga (a quien tenía «fichada» para el último de mi particular maratón bilbaina, en un esfuerzo y profesionalidad por su parte que merece todo el aplauso del respetable). Aunque hubo algún murmullo en la sala dada la expectación que la mezzo madrileña había despertado en sus mucho seguidores, conocedores de su reciente triunfo como Carmen en la temporada operística del Kursaal donostiarra, y sabiendo que por Mahler tiene una especial predilección en sus apariciones sinfónicas, la mezzo vecina no defraudó (nos dejó un Urlicht realmente con luz primaveral) y completó el elenco para esta segunda.

Globalmente esta «Resurrección» bilbaína quedó un tanto desequilibrada pese al esfuerzo del maestro Traub (titular hasta hace poco de la Orquesta de Valencia) buscando lo mejor de la BSO aunque sin la limpieza deseada, un maestro que transmite seguridad desde la claridad del gesto, buscando comunicar la grandeza de esta descomunal partitura. Me gustó la elección de los tiempos para los cinco movimientos (1. Allegro maestoso. Mit durchaus ernstem und feierlichem Ausdruck; 2. Andante moderato. Sehr gemächlich; 3. In ruhig fliessender Bewegung; 4. Urlicht. Sehr feierlich, aber schlicht; 5. Im Tempo des Scherzos. Wild herausfahrend), el rubato sin exagerar y la confianza que también transmitió a las voces, no siempre respondida por los instrumentistas en cuanto a las dinámicas que por momentos taparon a las solistas. Los pasajes rápidos de la cuerda, sobre todo la grave, no sonaron claros aunque sí consistentes y contundentes, con una plantilla ajustada para el balance sonoro deseado. Los metales tuvieron alguna salida de lugar (aunque el refuerzo juvenil fuera de escena merecen mi más sincera enhorabuena), mientras la percusión no siempre ajustó con el resto. Pese a todo, la belleza y monumentalidad de la segunda de Mahler siempre son un placer escucharlas en vivo y motivo más que suficiente para esta nueva escapada a la capital vizcaína.

En general la sinfonía fue «in crescendo» en calidad y emoción a lo largo de los cinco movimientos, con momentos dulces de «la Zubillaga«, plena de voz en todo el registro y con mi querida extremeña María Espada en su línea de seguridad, gusto y musicalidad desde un color natural además de un buen empaste con su compañera vasca.

El coro preparado por Azurza resultó algo flojo pese al número, de emisión algo sucia, especialmente en las voces graves (empañando el emocionante final), pero que suplieron con el esfuerzo en los matices que en quinto movimiento ya sin presión, se soltaron en los tutti. Cierto que mis referentes cercanos son el Orfeón Donostiarra o el Coro de la FPA, lo que siempre pone el listón más alto, y no digamos de versiones grabadas que siguen siendo inalcanzables desde nuestra querida tierra, aunque la mejoría en los últimos años se ha notado. Quiero recordar que el centenario coro local afrontaría al día siguiente un Stabat Mater de Dvóřak, por lo que el trabajo realizado con dos obras de esta envergadura ya tiene el reconocimiento de la formación vocal.

El último movimiento y especialmente la entrada del órgano me siguen poniendo un nudo en la garganta porque el del Euskalduna es una joya envidiada por un servidor, y no siempre podemos escuchar un instrumento «ad hoc» siendo sustituido por los electrónicos que nunca darán la sonoridad de los tubos.

Cierre mahleriano de sábado por todo lo alto con un Traub al que da gusto verle dirigir, y nuevo triunfo de las mezzos, esta vez Ainhoa Zubillaga solvente, con graves casi de contralto, creíble y profesional al cien por cien. Buen ambiente y a pinchar con los amigos aunque el domingo sería igualmente pleno de emociones.

Bohemia capital BIlbao (6)

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Sábado 4 de marzo, 19:30 horas. Palacio Euskalduna, Bilbao: «Musika-Música». Concierto Nº 19, Auditorio. Hermine Haselböck (mezzo), Janáček Philharmonic Ostrava, Heiko Mathias Förster (director). Obras de Janáček y Mahler. Entrada: 12 €.

Las notas al programa de este extraordinario concierto  hacen referencia a los dos compositores que lo ocuparon de manera brillante. De Janáček comenta de su última ópera «Desde la casa de los muertos» que está inspirada en la novela homónima de Dostoyevski y que comienza con la llegada de Gorianchov al campo de prisioneros y termina cuando éste sale de prisión, añadiendo que la completó en mayo de 1928 muriendo al poco, siendo su estreno en Brno en 1930.

La Obertura y Suite “From the house of the Dead” (arr. Frantisek Jílek) resultó impecable por esta formación que en mi juventud diríamos «orquesta del este» y además llevando el nombre del compositor, totalmente novedosa para quien escribe. La limpieza de sonido, sumada a la acústica perfecta del Euskalduna, es digna de admiración, con una plantilla grande pero perfectamente balanceada en sus dinámicas y planos y un director que la conoce sacando de la obra momentos admirables, especialmente de una cuerda signo de identidad «bohemio» que tantas grabaciones han dejado a precios bajos pero de calidad altísima. 

Pero mi verdadero descubrimiento fue con Mahler y sus Lieder eines fahrenden Gesellen (Canciones de un caminante o Canciones de un compañero de viaje) interpretados por una de las mejores mezzos hasta el momento de este Musika-Música tan bohemio, llegando casi a preferirla sobre las versiones con voz masculina pese a que las hay estratosféricas. La austriaca Hermine Haselböck puso más que su voz a unas canciones carnosas, bien emitidas y aún más sentidas donde la orquesta sonó como si fuese de cámara, tal fue el mimo con el que Heiko Mathias Förster la llevó con cuatro números emocionantes sobre los textos de Des Knaben Wunderhorn, esas cuatro etapas del camino que es la vida a través de un héroe que resultó heroína:
1. Wenn mein Schatz Hochzeit macht (El día que mi amor se case). Schneller – Sanft bewegt. El dramatismo de la voz y la orquesta como si de la versión con piano se tratase, «la Haselböck» contagiando la madura adolescencia.
2. Ging heut’ morgen übers Feld (Esta mañana caminé por el campo). In gemächlicher Bewegung. Alegría y brillantez sentidas en cada párrafo y en cada frase, transmitida vocal e instrumentalmente, maderas pastoriles, percusión colorista y nuevamente la cuerda única, limpia, transparente pero sobre todo luminosa.
3. Ich hab’ ein glühend Messer (Tengo un cuchillo al rojo vivo). Stürmisch, wild. Si existe la sinestesia, la mezzo austriaca puso sangre en su voz redonda de color uniforme en todo el registro, expresividad, buen gusto y dramatismo en el amplio sentido de la palabra, bien subrayada por una orquesta que seguía demostrando cómo aunar calidad y calidez aunque suene reiterativo, metales redondos, presentes pero sin tapar nunca a la cantante de emisión perfecta y gusto exquisito.
4. Die zwei blauen Augen (Los ojos azules de mi amor). Mit geheimnisvoll schwermüthigem Ausdruck. Dolor siempre en el transfondo mahleriano transmitido por «la Haselböck» más íntima y la madera construyendo la cuna en la que mecer una voz que vehicula como ninguna los textos que Mahler disfrutó durante su azarosa vida con el maestro alemán Förster verdadero artesano sonoro capaz de hacer escuchar cada sección y pasaje con la misma nitidez que la voz de la mezzo austriaca.
La tarde mahleriana redondeándose y esperando el plato fuerte nada más salir de esta caminata que nunca me deja exhausto.

Bohemia capital Bilbao (5)

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Sábado 4 de marzo, 17:30 horas. Palacio Euskalduna, Bilbao: «Musika-Música». Concierto Nº 18, Auditorio. OSPA, Perry So (director). Mahler: Sinfonía nº5 en do sostenido menor. Entrada: 12 €.

Las notas al programa de Mercedes Albaina, que pondré en cursiva y fusia, describen perfectamente lo vivido y sentido en este quinto concierto para «la quinta de Mahler«, añadida a mis anotaciones que ponen textualmente:

Redescubrimiento de «mi» OSPA con un So claro, conciso, incluso valiente en los tiempos, sabedor de la respuesta. Si la cuerda es segura y la madera la respalda, todos los trompas con un Morató inspirado, fueron la guinda de esta quinta. Cada movimiento iba creciendo en emociones, seguridad y ganas de gustar que el público notó y comentó. Formación de Champions para un Mahler eterno.

Y es que Mahler compuso esta sinfonía en plenitud de «técnica y poderes» como la orquesta asturiana que hacía poco la había interpretado en Oviedo con su titular. Pero el chino So realiza un trabajo minucioso, detallado, que siempre encuentra la respuesta deseada a sus gestos perfectos, la «expresión (…) de un poder sin paralelo de la actividad de un hombre a la luz del sol, que ha alcanzado su clímax vital«. Madurez y experiencia la de este director nacido en Hong Kong pero con una trayectoria internacional creciente a la que nuestra orquesta tiene mucho que agradecer en sus múltiples visitas a la capital asturiana, porque una misma obra en tan poco espacio de tiempo iba a pasar de la noche al día. Sinfonía que habla «de vida y por tanto se presenta al oyente repleta de sensaciones significados y emoción«, tres partes bien diferenciadas en el desarrollo así como en la interpretación comandada por el maestro chino nacido en 1982. El arranque de la Trauermarsch (Marcha fúnebre) supuso el discurrir inexorable de unos músicos entregados, para en el Stürmisch bewegt alternar «potentes climax orquestales, vehementes y tempestuosos con pasajes de sugerente refinamiento«, así fue sonando esta primera parte.

La segunda comenzó con el Scherzo: Kräftig nicht zu schnell, diríamos que «vigoroso pero no demasiado rápido» y textual en la música donde el vals se hace internacional y Perry So entendió a la perfección, jugando con el tiempo y los acentos como si Viena fuese su ciudad, ese ritmo ternario tan peculiar y difícil de hacerlo entender, pero que la formación asturiana tradujo al detalle.

La última parte comienza con el evocador por cinematográfico Adagietto que la cuerda con el arpa hicieron sentir único, delicado, aterciopelo y seda vistiendo la angustia viscontiniana, existencialista y «ofrenda de amor«, pienso que hacia la partitura por parte de So desde la excelencia y seguridad del trabajo bien hecho, antes del Rondó-Finale, «alegría de apariencia simple, que da paso a un tapiz sonoro complejo y bellísimo«,  casi describiendo al director porque la maestría está en hacer parecer fácil un mundo tan complejo para transmitir mucho más que sonidos bien tocados. Jugando con toda la tímbrica de una formación adulta, compacta, donde el tiempo que llevan juntos permite hacer sonar cada sección como si de un solo instrumento se tratase, sirvió para marcarse una quinta indescriptible con mis palabras, degustando el contrapunto marcado al detalle por Perry So, y citando también a Bruno Walter «unas veces apasionada, otras, salvaje, heróica, exuberante, ardiente, solmene o tierna, recorriendo la gama posible de emociones«. Siempre digo que la música refleja sensaciones, momentos y este concierto me hizo feliz por muchas razones más allá de las musicales. Corroborar el estado de la OSPA y la química con So merecieron haber invitado a unos amigos de Bilbao a este concierto y seguir presumiendo de esta «Marca Asturias». Suscribo como termina sus notas la doctora Albaina: «La Música como reflejo de la Vida. Disfruten de ambas«.

Bohemia capital Bilbao (2)

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Viernes 3 de marzo, 20:30 horas. Palacio Euskalduna, Bilbao: «Musika-Música». Concierto Nº 3, Auditorio. Stefan Vinke (tenor), Charlotte Hellekant (mezzo), Orquesta Sinfónica de Galicia, Dima Slobodeniouk (director). G. Mahler: La Canción de la Tierra (Das Lied von der Erde).
Entrada: 12 €.




Arranque con ímpetu para esta sinfonía con voces compuesta al final de la azarosa vida de Mahler, tras dos años sin escribir ninguna sinfonía (aún se pensaba en la maldición de una décima tras Beethoven) y cuatro sin componer lied, lo que supondría cerrar un ciclo volviendo a innovar el concepto de la forma sinfonía fusionando sus dos pasiones de la forma «más personal que he creado hasta la fecha» como el propio Gustav reconocía y Pablo Sánchez Quintero recoge en las notas al programa. Por desgracia no la escucharía en vida y su tiempo aún no había llegado. Sería Bruno Walter quien la estrenaría el 20 de noviembre de 1911 en Münich mientras España tendría que esperar hasta el 24 de enero de 1924 con Fernández Arbós.
Pero Bilbao hace posible escuchar en cuatro días parte de sus obras demostrando que Mahler sigue vivo como «Musika-Música«, arrancando con ese «Canto báquico del dolor de la tierra» (Das Trinklied vom Jammer der Erde. Allegro pesante. Ganze Takte, nicht schnell) como buscando embriagarnos o dejarnos poseer cual fiesta dionisíaca con melopea orquestal.

Tierra viva de la sueca Charlotte y el cielo del alemán Stefan abriendo tenso, colores como «El solitario en otoño» (Der Einsame im Herbst. Etwas schleichend. Ermüdet) y «De la juventud» (Von der Jugend. Behaglich heiter) más en la línea esperado y con el contrapeso de la mezzo, aunque ambas voces tardaron en enraizar tapadas por la OSG a la que Dima su titular espoleaba, intentaba domar el ímpetu orquestal cual tormenta juvenil que fue tomando forma «De la belleza» (Von der Schönheit. Comodo. Dolcissimo) hasta los dos últimos números, más cercano el cielo y germinando el fruto de la tierra yerma a toque de gong regada por violines, maderas con la flauta hermana en esas melodías tan duras que por fin llegan a descubrir la flor más bella, primero «El borracho en primavera» (Der Trunkene im Frühling. Allegro. Keck, aber nicht zu schnell) con esos textos de Li-Tai-Po, y la despedida real de «El adiós» (Der Abschied. Schwer).

Obra densa para todos los intérpretes, voces tensas por momentos en los agudos y opacos en graves como un admitido «mal» generalizado pero que la belleza disipa en su totalidad, mejor la mezzo que el tenor, una orquesta con algunos desajustes fruto del brío y su director realizando el trabajo tan difícil como su apellido, Sloboeniouk, para alcanzar el triunfo de la tierra, siempre en femenino.

Bohemia capital Bilbao (1)

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Viernes 3 de marzo, 18:30 horas. Palacio Euskalduna, Bilbao: «Musika-Música». Concierto Nº 2, Auditorio. Miah Persson (soprano), Orquesta Sinfónica de Euskadi, Thierry Fischer (director). Gustav Mahler: Sinfonía nº 4 en sol mayor. Entrada: 12 €.

Mi escapada a Bilbao coincidía con «La Cuarta» ovetense dentro del ciclo del Auditorio, pero esta que abría mi personal maratón musical era más esperada y cercana a la original.

Versión tejiendo el terciopelo hasta la entrada de la soprano, equilibrio y contención de dinámicas así como del aire, reposado por parte del maestro invitado Fischer con una sinfónica densa sin excesos, plantilla ideal con una concertino excelente más una cuerda redonda y cálida, especialmente en el calmado III. Ruhevoll recordando el Adagietto de «la quinta» con el arpa presentemente delicada para pintar una verdadera tabla dorada como apuntaban las notas al programa de Mercedes Albaina retomando palabras de lo escrito por Alma «interpretar su Cuarta Sinfonía como un cuadro antiguo sobre fondo de oro», o las más prosaicas de Janik y Toulmin, «un barniz de valses y de nata batida sobre el sobrehaz de una sociedad cabalgada por la desesperana», tapiz sonoro sobre el que brillaría ese inconmensurable IV. Sehr behaglich con los textos de «El cuerno mágico de la juventud» (Des Knaben Wunderhorn) realmente emocionantes, alegres juegos de madera preparando la intervención de la soprano, Fischer jugando con el rubato justo, las sonoridades en los pizzicatti fueron suficientes para convencer, esperando la aparición de la soprano sueca Miah Persson, color ideal para este Mahler, perfecta de emisión y dicción acompañada de gusto bien arropada por la formación vasca, con metales seguros, madera aseada y colorida, percusión discreta pero correcta y una cuerda bien acoplada, todos bien llevados por un Fischer que buscó la brillantez desde la deseada contención sonora para mimar la voz y poder disfrutarla en toda su belleza. Poder escuchar a la sueca en vivo pero recordó la primera vez en agosto de 2011 de la que dejé constancia en el blog, y por supuesto que «La Persson» no me decepcionó lo más mínimo, reencontrándome con Mahler.

Una excelente cuarta para abrir boca con Mahler esta larga Bohemia del fin de semana. Y en breve el segundo del viernes…

Marzo comienza en Bilbao

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La fiesta de la música que supone el macroevento o Festival «Musika-Música» organizado por la Fundación Bilbao 700 en el Palacio Euskalduna durante cuatro días es cita obligada para todo melómano que se precie y siempre que puedo acudo, pasando previamente por esa taquilla virtual donde además de realizar las gestiones y poner nosotros tiempo y papel, se nos cobran 0,90 € por ello, independientemente del precio (ya grabado con el abusivo 21% de IVA), por lo que mis 10 entradas por duplicado (hay que viajar siempre en compañía) les han supuesto 18€ de ganancia extra. Mejor no enfadarme pero por lo menos lo reflejo aquí. Los precios iban este año de los 12€ (auditorio) a los 4€, aunque normalmente abundan los de 6€ en las salas pequeñas, pero siempre hay actividades gratuitas una vez dentro del Euskalduna. La cafetería tiene «precios vascos» si bien alrededor hay oferta para todos los gustos y bolsillos. Como suele ser habitual, abundante presencia de turistas franceses por cercanía y disponibilidad, pero también de distintos puntos de nuestra geografía además de la excelente tradición musical vasca en general y bilbaina en particular, moviendo cada espectáculo verdaderas riadas de aficionados y familias de los estudiantes que dieron la talla como verdaderos profesionales.

Este año la «maratón musical» estuvo dedicado a la Bohemia, con todo lo que me supondrá escribir correctamente los nombres, aunque seguro que elegiré la opción «occidentalizada», agrupando a cuatro compositores clave de esa zona: Gustav Mahler, Antonín Dvořák, Leoš Jánaček y Bedřich Smetana, participando  850 músicos en 75 conciertos y actividades como conferencias, encuentros con músicos o firmas de discos (este año «los del triángulo verde» pusieron su stand, supongo que con remordimiento al comprobar que en sus establecimientos la llamada música clásica sigue menguando en oferta), sin olvidar todo el personal del Euskalduna además de afinadores donde volví a encontrarme con mi querido Jesús Ángel Arévalo, habitual desde las primeras ediciones, al que veo más en Bilbao que en Oviedo.
Y si los números son de impacto, saber que hubo más de 30.000 espectadores, colocados carteles de completo en muchos conciertos (solo estaban numerados los del Auditorio) además de la oportunidad que tienen las formaciones de distintos conservatorios de actuar y asistir en vivo a muchos de los espectáculos ofertados, es toda una alegría y un oasis a tres horas de mi casa.
Para Bilbao supone seguir siendo capital cultural con todo el impacto económico que supone (hoteles llenos, bares, cafeterías, museos…) y el gasto revirtiendo en ingresos, pese a que los políticos solo vean números fríos y se plieguen a ¿órdenes europeas? de recortar, normalmente en cultura… No podemos esperar de nuestros dirigentes algo más de cultura pero podrían pasarse por estos eventos y comprobar en primera persona o a pie de escenario todo lo que se mueve, la vida fuera de los despachos, y especialmente sembrar para la gente joven pues el futuro para ellos no es precisamente halagüeño como sigan gobernando así… Pero mejor no sigo que me enfado y la fiesta continúa.

A la vista de semejante despliegue cuesta organizar nuestro «menú a la carta», que en mi caso siguió unos criterios: Mahler porque además de gustarme especialmente, escuchar en tan breve lapso de tiempo cuatro sinfonías (1ª, 2ª, 4ª -se ofertaba también en Oviedo- y 5ª) además de los Kindertotenlieder, la «Canción de la Tierra» o las «Canciones del Caminante» son de por sí un hito, teniendo que «rechazar» varios Dvorak de referencia pero también cercanos en la amplia oferta asturiana (toco madera porque los recortes se anuncian como ¡ahorro!). Mi apuesta suele ser sinfónica, no solo apoyando a la OSPA (que ofreció tres conciertos) sino viendo el estado de otras formaciones nacionales pero también de esa Bohemia en la llamada Europa del Este, pero busco siempre un hueco para la música de cámara porque resulta la mejor escuela de compositores y público antes de las obras sinfónicas, encontrando algunas joyas que iremos comentando desde aquí. Dejo mi particular planning para que se hagan una idea, sumando la novedad de solaparse conciertos cuando en otras ediciones no coincidían y uno podía desechar menos (el bolsillo también mandaba).

La rapidez de twitter me permitió ir comentando sobre la marcha mis conciertos y algunas fotos, con la etiqueta (hastag dicen los «nativos digitales») #MusikaMúsica2017, incluso interactuando con algunos de los intérpretes y hasta avanzando noticias de última hora. Todos los detalles los iré colocando en este blog con el título «Bohemia capital Bilbao» que dan más juego, si bien tuve el humor de cargar con una libreta e ir anotando detalles para las distintas entradas, que la memoria no es la de mis años mozos y hay mucho para contar.
Así que sin prisa pero sin pausa, subiremos detallados mis eventos de esta edición que básicamente puedo resumir en:
–Mahler, siempre un seguro aunque el listón esté inalcanzable, pero cuyas obras superan interpretaciones «simplemente» notables; Dvořák más allá de sus sinfonías, la conjunción del oficio y la tradición en todos los campos; y un poco de Jánaček que siempre es mucho, esperando deje de ser una «rareza» en las programaciones, tanto sinfónicas como camerísticas, verdaderas joyas para disfrutar.

-Festival vocal pero sobre todo de mezzos, lógico con tanto Mahler (también me gustan con barítono, sobre todo en recital) y además con la cancelación para la «Resurrección» de Mª José Montiel (había levantado expectativas entre el público tras la inauguración del festival el jueves) me permitió disfrutar por partida doble a la donostiarra Ainhoa Zubillaga (en principio solo «la tenía» para el Stabat Mater dominical con lo que supone afrontar La Segunda de Mahler en estas circunstancias), calidad en todas las voces, algunas jóvenes, otras todavía formándose, varias con la agenda no tan completa como quisieran en esta España nuestra cada vez más empobrecida musicalmente (aunque sigamos exportando talento), pero especialmente el «descubrimiento» de la austriaca Hermine Haselböck en los Lieder eines fahrenden Gesellen con una orquesta (la Jánaček Philharmonic Orchestra Ostrava) y director (Heiko Mathias Förster) ideales para ese concierto.

-La constatación del nivel de unos solistas de talla internacional como la violista pamplonica Isabel Villanueva y la pianista donostiarra Judith Jáuregui que además nos trajo la presentación en España de la cellista francosuiza Nadège Rochat con un «Ex-Vatican Stradivarius» de 1703 prestado por la Academia de las Artes de Florencia bello en presencia y sonido capaz de emocionarnos en las manos de esta joven intérprete que le hace realmente cantar.
-De los asturianos citar al barítono David Menéndez en el buen cuarteto solista del Stabat Mater de Dvořák, además con «nuestra» OSPA, más los «primos hermanos» de la Sociedad Coral de Bilbao y un Perry So al frente que marcó diferencias. Los tres conciertos fueron exigentes, duros y muy trabajados por el chino que transmite no solo alegría sino profesionalidad, seguridad y por tanto calidad a la Orquesta del Principado que brilló con luz propia.

Quedan muchas entregas con fotos, detalles, mis comentarios de la agenda (no es La libreta colorá pero hace las veces) más una semana con piano, orquestas, distintas épocas para seguir este mes de marzo bastante completo antes de la Semana Santa. Y como en los viejos seriales radiofónicos, continuará…

Mahler ayer y hoy

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Viernes 10 de febrero, 20:00 horas. Auditorio de Oviedo, Abono 7 OSPA, Barry Douglas (piano), Rossen Milanov (director). «El mundo de ayer I», obras de Tchaikovsky y Mahler (enlazando las notas al programa de Samuel Maillo de Pablo).
En el breve espacio de tiempo de quince días se nos han ido dos estudiosos de Mahler: La Grange y Pérez de Arteaga, a quienes se dedicó por megafonía la segunda parte de este séptimo de abono y que por caprichos del destino están enmarcando desde este blog dos interpretaciones del bohemio: la Primera y la Quinta en el mismo auditorio aunque con formaciones y directores bien distintos.
Jugando con el idioma de Goethe y Schiller, «Der Maler» el pintor frente al Mahler genio universal era mi primera intención de título para este comentario, pero parafraseando el del programa elegido, de nuevo acude a mi recuerdo el tiempo que no había llegado para su música y el futuro ya hecho presente, el compositor más grabado y más programado, sonando su música en algún punto del planeta cada día, amén de una escucha puede que obsesiva por parte de los acérrimos, superando modas puntuales.

Probablemente la Sinfonía nº 5 en do sostenido menor sea una tentación irresistible para cualquier batuta, consagrada o emergente, y una prueba de fuego en sinfónicas de todas las categorías, habiendo sido ejecutada por nuestra OSPA en diferentes momentos de su dilatada historia, volviendo a interpretarla el próximo mes dentro del festival Musika-Música en el Euskalduna bilbaino aunque con Perry So al frente (también dirigirá los Kindertotenlieder). Sirvieron por lo tanto Gijón y Oviedo para rodarla y examinar el estado de los músicos que alcanzaron el sobresaliente en todas sus secciones y solistas, aunque globalmente se tendiese al trazo grueso típico en «Der Maler» que al trabajo de capas y colores de Mahler.

La gestualidad de Milanov solamente debe entenderse a base de los años con la OSPA que le conoce bien, porque observándolo desde mi posición de abonado no coincide la mayor parte de las veces con la respuesta orquestal. La Trauermarsch (Marcha fúnebre) perfectamente marcada por una trompeta de excelencia como la de van Weverwijk resultó demasiado pesante pese a cierta sobreactuación desde el podio, ampulosidad más expresiva que dinámica, puesto que los diferentes planos esperados no se apreciaron hasta bien avanzada la sinfonía. Me resulta chocante que a menor movimiento de brazos la respuesta resulte apropiada, adecuada y equilibrada por parte de los músicos, pues el Stürmisch bewegt, mit grösser Vehemenz sonó más «atormentado» que «vehemente» en la traducción del segundo movimiento, visualmente brochazos cuando el lienzo debería dibujar líneas bien definidas y donde más que pincel era la espátula cargando el color preciso en cantidad y calidad. Traduciendo o trasvasando la partitura al aire y casi sinestésico, la sonoridad se me quedaba algo corta en una cuerda falta de refuerzos y obligada a un mayor esfuerzo para el necesario equilibrio de volúmenes, pues el resto de la plantilla está marcada «en origen», algo que quedó olvidado en el famosísimo Adagietto. Sehr langsam que salió etéreo más que corpóreo ante la calidad habitual de toda la cuerda, arpa incluida. El Scherzo anterior sonó contenido en el aire, algo carente de rubato, pero resultó sobremanera «vigoroso» con unos metales manteniendo el «estado de gracia» de hace varios conciertos, especial mención a los solos de Morató bien secundados por Brandhofer en el trombón o Möen en la tuba, mientras el Rondó-Finale. Allegro volvió a sacar a la luz esa desconexión entre vista y oido desde mi posición, cerrando los ojos y echando de menos más claridad y algo de contención pese a la lógica que parece pedir el calor broncíneo que provoca la explosión sonora tan mahleriana. Abusando del paralelismo gastronómico creo que esta quinta pecó de sal gorda en vez de optar por delicadezas como la sal del vino con el que Mahler brindaba, pero la magnitud de esta sinfonía transciende sabores y colores.

La primera parte ofreció la «rareza«, por lo poco habitual que resulta escucharla en vivo, de la Fantasía para piano, op. 56 (Tchaikovski) que el pianista irlandés Barry Douglas (que volvía a Oviedo pero como solista) defendió con solvencia y vigor, virtuosismo y delicadeza en una obra que parece el catálogo de lo que el genio ruso era capaz de escribir, melodías sinfónicas y bailables pero igualmente solos de piano llenos de matices, cascada de notas donde la melodía emerge siempre, y ese dúo con el chelo de Von Pfeil (casi preparatorio del siguiente abono donde nuevamente Mahler con su inconclusa Décima llenará de gozo a tantos seguidores de ayer y hoy) para mantener vivo en el recuerdo por complicidad musical y el placer de escuchar a Douglas, ver cómo se amoldaba sin problemas a una orquesta amiga (merece la pena escuchar la entrevista en OSPATV), coprotagonista, compañera, dialogante en el mismo idioma del compositor ruso, sonido claro pese a que el Steinway© necesite algún ajuste en su mecanismo (las tres notas agudas suenan a tabla), encajes perfectos y una forma de cantar delicada, delineada siguiendo con el símil pictórico, casi acuarela de trazo rápido que no admite corrección y no la necesitó, conocedor igualmente de la dirección orquestal que pareció hacer suya, nada de confrontar sino de sumar aportando maestría. El regalo ofrecido solo podía ser Tchaikovsky y su delicadísimo «Octubre«, décimo número de Las estaciones, op. 37a que confirmó el poso que los años dan a un intérprete completo como el irlandés, melodía «dolorosa y muy cantable», estado puro aflorando del tejido pianístico.

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