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Sigue el verano musical con «orbayu»

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Viernes 2 de septiembre, 19:00 horas. Auditorio de Oviedo: OFIL Contigo, Conciertos de Verano. Oviedo Filarmonía, Lucas Macías (oboe), Júlia Gállego (flauta), José Vicente Castelló (trompa), Guilhaume Santana (fagot), Lucas Macías (director). Obras de Schubert y Mozart. Entrada libre.

Podemos hacer un refrán que diga «A mal tiempo buena música» y como la canícula asturiana es fresca y suele tener de compañero al orbayu, estos conciertos de verano, que más parecen mateínos ante la cercanía de las fiestas de la capital, cambió este viernes su ubicación en el Edificio Histórico de la Universidad de Oviedo por el siempre mejor por todo auditorio: aforo, comodidad, acústica… Y nada mejor que comenzar con un programa ameno de la orquesta carbayona con su titular Lucas Macías al frente, quien antes de comenzar dio las “gracias por el amor y el apoyo que nos dais” en un patio de butacas lleno para este primer programa del ciclo de la OFIL Contigo en verano que se repetirá el lunes 5, en la temporada de la programación de Cultura Oviedo.

En este primer concierto con público variopinto se interpretó la tercera sinfonía de Franz Schubert, acompañada de Mozart y su sinfonía concertante con un cuarteto solista unido por la amistad de muchos años y el amor musical con el onubense titular de la formación liderando desde el oboe.

La Sinfonía nº 3 en re mayor, D. 200 (1815) de Franz Schubert es luminosa de principio a fin con cuatro movimientos (I Adagio maestoso – Allegro con brio; II Allegretto; III Menuetto: Vivace – Trio; IV Presto vivace) que nos recuerdan en este Schubert de solo 18 años tanto a Mozart como a Beeethoven, incluso, y especialmente en el primer movimiento, con aires de obertura cómica rossiniana. La orquesta ovetense permutando violas y cellos más los tres contrabajos con tarima para reforzar un poco la sonoridad, sacó músculo desde una tímbrica clara, rotunda, aires muy del gusto de Macías, pudiendo disfrutar de unos solistas de viento sólidos y con muchas tablas en repertorios como el del vienés, destacando la clarinete y el oboe, siempre bien arropados por una cuerda (comandada por Marina Gurdzhiya) cada vez mejor en empaste y precisión. Interesante la visión del titular en el gran repertorio sinfónico (habitualmente memorizado), permitiendo escuchar cada motivo melódico muy presente, las contestaciones, jugando con las dinámicas a las que su orquesta responde sin fisuras. El Menuetto mantuvo la línea de claridad y concisión, para triunfar en el último y «arriesgado» final. Si la tarde era gris, la luz se hizo con esta «tercera».

Sin pausa llegaría la Sinfonía concertante para flauta, oboe, trompa, fagot y orquesta en mi bemol mayor,  K. 297b de W. A. Mozart,  con todo lo que supone su controvertida autoría e intrahistoria. Sea o no del genio de Salzburgo es una maravillosa partitura para un cuarteto de solitas amigos y así la entendieron Lucas Macías (oboe), Júlia Gállego (flauta), José Vicente Castelló (trompa) y Guilhaume Santana (fagot) en sus tres movimientos (Allegro – Adagio – Andante con variazioni) con la OFIL «sonando a foso» pues tiene mucho de operístico este cuarteto de viento, sobre todo el movimiento central donde poder disfrutar de cada uno de los solistas: la expresividad y sonido penetrante del oboe; la fluidez de la flauta (en otras versiones sería un clarinete) con una amplia gama de agilidades aunque un volumen algo menor que el resto, las elegantes agilidades de la trompa en el registro agudo al alcance de pocos solistas, y las muchas funciones del fagot como línea de bajo o de tenor así como un virtuosismo impresionante. Calidad suprema y entendimiento entre todos, alegría desbordante en cada intervención solista y un buen logrado balance de cada uno de ellos aunque la trompa la escuchásemos «hacia atrás», pero equilibrando los volúmenes incluso con las dos de la propia orquesta. Aromas escénicos de Mozart para preparar los 75 años de la Ópera de Oviedo que arrancará el domingo 11 con un estreno mundial.

La química entre orquesta y titular (en esta obra más solista) se notó en todo momento y es una alegría enorme comprobar el acierto en su elección, así como el crecimiento en calidad de esta filarmónica carbayona que además de su ya contrastada versatilidad se la nota feliz sobre las tablas del auditorio. El lunes segunda entrega probablemente en el recinto previsto para este «verano con orbayu» y mucha música de la buena.

Música para el dolor

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Sábado 5 de marzo, 20:00 horas. Conciertos del Auditorio, Oviedo: Oviedo Filarmonía, Michael Barenboim (violín), Amihai Grosz (viola), Lucas Macías Navarro (director). Obras de Mozart y Beethoven.

Tiempos de dolor, de pérdidas humanas como la de Francisco González Álvarez-Buylla, Paquirri Buylla, muchos año presidente de la FMC ovetense con la música como bandera, de miles de muertes por la invasión rusa de Ucrania con bandera en la silla vacía, homenaje a una componente de la Oviedo Filarmonía… a ambos dedicó Lucas Macías la Quinta de Beethoven, tras la Concertante de Mozart, dos  obras de estos genios que vivieron tiempos convulsos, como los actuales, y cuya música siempre supone una luz de esperanza, además de balsámica para tanto dolor, pues ninguno renunciaría nunca a la verdad ni a la libertad, y así sentimos todos este concierto.

Con dos grandísimos intérpretes de sus respectivos instrumentos, el violinista francés Michael Barenboim (hijo de Daniel) y el violista israleí de «los berliners» Amihai Grosz además del malagueño Jesús Reina como concertino, comenzaba el concierto con la Sinfonía concertante para violín, viola y orquesta en mi bemol mayor, K 364/320d (Mozart) para una camerística Oviedo Filarmonía de cuerda más dos trompas y dos oboes al mando del titular, el onubense que tras «sacar del foso» a su orquesta volvió a demostrar la calidad de la formación sobre el escenario de un auditorio con excelente entrada, y la versatilidad de esta formación que tras estos años ha conseguido personalidad alcanzando un sonido propio, como así lo demostró en esta joya mozartiana donde prima el diálogo, algo más necesario que nunca en todos los ámbitos, entre los propios solistas y con la orquesta.  Desde un control dinámico perfecto, Barenboim Jr.Grosz, éste incluso tocando las partes de los violas para no perderse nada y disfrutando como un atril más, nos dejaron auténticas delicias en sus cadencias de los tres movimientos, especialmente  en el Andante central, con un entendimiento al alcance de músicos de esta talla, y las «caídas» entrando perfectamente encajada la orquesta, con un Macías dominador de la partitura (dirigió todo el programa de memoria), atento a esta página donde Mozart bebería de los crescendi de Manheim y los ritmos grandilocuentes y marcados del París donde le pilló la muerte de su madre entre otras muchas más tristezas personales, como bien cuenta en las notas al programa Gloria A. Rodríguez Lorenzo, pero donde la música parece haberle servido de terapia por la alegría desbordante de esta página. Un disfrute para todos esta «concertante» esperanzadora con dos solistas de altura, el lenguaje operístico del genio de Salzburgo donde soprano y tenor cambiaron de género (la violín y el viola) manteniendo siempre  el inimitable lenguaje mozartiano.

La propina de ambos intérpretes, en la onda de los dúos de Fuchs, redondeó una intervención de altura para un concierto lleno de emociones y homenajes antes del siempre omnipresente sordo genial de Bonn.

Para mí la Sinfonía nº 5 en do menor, op. 67 (Beethoven) ha estado presente en vivo desde hace casi 50 años en mi vida (grabada tengo decenas de versiones y formatos que atesoro), en tiempos de esperanza democrática donde la música sobrevivía al régimen franquista sonando en uno de sus máximos símbolos, con tantas vivencias y recuerdos en su escucha que siguen emocionándome. Por todo, tampoco puede faltar en los programas de los conciertos con más frecuencia, una vez perdido «su año 2020» con más dolor y necesidades, año horrible de ausencias siempre presentes, porque cada cada directo siempre es único, cada interpretación irrepetible y el estado de ánimo distinto en cada uno de nosotros.

Macías Navarro aportó una versión propia y digna de reconocimiento, con una OFil entregada a su director y madura: un Allegro con brio sin respiro, casi agobiante, perturbador, con calderones cortos y silencios mínimos, como queriendo esquivar más dramatismos, sólo la música aunque apostando por un empuje «repetitivo» de las cuatro notas que sobrevolarán toda la Quinta en distintos momentos y motivos, brío oscuramente luminoso y valiente. El Andante con moto también personal, ese «andando con mucho» para un tempo más ligero y esperanzador, chelos y contrabajos poderosos (se agradeció la tarima para el cuarteto grave), viento aterciopelado con trompetas naturales, maderas inspiradas y timbales incisivos. En el Scherzo. Allegro Lucas Macías siguió apostando por acelerar paulatinamente los movientos, al igual que nuestro pulso, exigiendo a sus músicos toda la técnica al servicio de esta «broma» que emerge desde la oscuridad inicial del modo menor para ir avanzando en los cuatro movimientos hacia el luminoso modo mayor con toda la plenitud del Allegro final. Relato sinfónico de nuestros tiempos donde el dolor es menos con música y ojalá los dictadores no oyesen sino escuchasen: más música, a su pueblo, y leyeran para conocer la historia, que parecemos empeñados en repetirla.

Reflexión final de madrugada, sin polémicas porque es mía, incluso estando equivocado, que también puedo, quiero y debo equivocarme:

Los sátrapas solo se representan a sí mismos, su egolatría y falta de escrúpulos siempre es reprobable. Leyendo cada día cancelaciones, suspensiones de conciertos y actividades, insultos personales y reproches por «no mojarse» ni criticar al dictador (sea cualesquiera su nacionalidad), se olvidan que esta historia ya se ha escrito muchas veces y no depara nada bueno. Muchos exiliados, más dolor fuera de tu patria, el olvido posterior, la demonización o hasta perder la vida en el empeño. El arte como única forma de vivir, de expresión verdadera e íntima incluso debiendo renunciar a la libertad creativa para poder seguir subsistiendo.

No confundamos dirigentes de países con sus artistas, muchos también luchan desde su patria interior (en este caso cultural y más concretamente musical); la miopía, la ignorancia o el resentimiento sólo nos privarán de ellos aunque siempre sea difícil separar la profesión de la persona, si es que se puede. Seguiré admirando su arte incluso aunque me defrauden como humanos. Errare humanum est, preserverare autem diabolicum.

Futuro románticamente joven

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Jueves 18 de noviembre, 20:00 horas. Auditorio de Oviedo, Jornadas de Piano “Luis G. Iberni”: Alexandra Dovgan (piano), Oviedo Filarmonía, Lucas Macías (director). Obras deG. Ordás, Chopin y Schumann.

Crítica para La Nueva España del sábado 20, con los añadidos de links (siempre enriquecedores), fotos propias y tipografía, cambiando muchos entrecomillados por cursiva que la prensa no suele admitir.
El romanticismo trasciende el calificativo y hasta el periodo histórico al que se circunscribe. Este jueves pudimos disfrutar de un concierto romántico lleno de juventud en el siglo XXI.
Primero un nuevo estreno de Gabriel Ordás (1999) para la Oviedo Filarmonía, último del Proyecto Beethoven, con un preludio y fuga sinfónico de título muy actual (Hip-Hop Fugue!) pero escrito con un lenguaje cargado de la madurez académica que el compositor ovetense tiene tras años de trabajo y experiencia en su aún corta pero ya extensa carrera, obra con sello propio de orquestación muy rica, inspiración en el genio de Bonn que sigue siendo referente para los compositores actuales, partitura rica y bien defendida por Lucas Macías que está en su “momento dulce” al frente de la orquesta de la capital sacando sonoridades compactas.
La pianista Alexandra Dovgan (2007) es un prodigio que no tiene nada de niña, pues su interpretación del Concierto para piano nº 2 de Chopin fue para cerrar los ojos y escuchar cada movimiento lleno de delicadeza, honestidad, fidelidad a la partitura y perfectamente concertada por el director titular, página maestra digna de una intérprete con más años de los vividos. Su personalidad y madurez son dignas de elogio y admiración, la grandeza musical permite estos regalos, como lo fue igualmente la Mazurca op. 17, nº 4 en La m. del compositor polaco, donde la rusa ha demostrado que se puede aportar genialidad a su edad, el mismo idioma para ambas obras donde el protagonismo del piano en sus jornadas fue absoluto.
El repertorio sinfónico del siglo XIX sigue vigente y necesario no ya para el público en general sino para toda orquesta, prueba de fuego en cada atril, así como exigente para los directores que afrontan obras muy conocidas donde aportar algo nuevo siempre es difícil. La Sinfonía nº 3 en mi bemol mayor, op. 97 de R. Schumann, “Renana”, resultó ideal para examinar el estado de la OFil que no defraudó en ninguno de los cinco movimientos, interiorizada por el maestro Macías que además de la claridad en el gesto, fue dotando de color y vitalidad esta sinfonía compuesta en Düsseldorf donde los aires populares flotan tanto en el aire como en la propia partitura. Cada sección tuvo sus momentos de gloria, destacando especialmente los metales bien empastados cual órgano catedralicio en Colonia (donde parece haberse inspirado el compositor alemán), y sonoridad global muy trabajada desde el podio, echando de menos un mayor peso de las cuerdas graves que siguen necesitando más efectivos, aunque el control de las dinámicas por parte del director onubense ayuda a subsanar carencias.
Concierto lleno de una juventud muy madura, romanticismo como forma de entender la música y optimismo, siempre moderado en tiempos de pandemia, al comprobar que el público del auditorio sigue fiel, Oviedo recupera los aforos totales, completando una oferta musical rica y única en “La Viena del norte español”, con función de ópera en el Campoamor a la misma hora, lo que nos hace presumir a los melómanos de capitalidad cultural, siempre hambrientos del directo aunque mantengamos la mascarilla.

P. D.: También el diario El Comercio entrevistaba a Gabriel Ordás:

Jóvenes sobradamente preparados

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Jueves 18 de noviembre, 20:00 horas. Auditorio de Oviedo, Jornadas de Piano “Luis G. Iberni”: Alexandra Dovgan (piano), Oviedo Filarmonía, Lucas Macías (director). Obras deG. Ordás, F. Chopin y R. Schumann.

Reseña para La Nueva España del viernes 19, con los añadidos de links (siempre enriquecedores), fotos propias y tipografía, cambiando muchos entrecomillados por cursiva que la prensa no suele admitir.
Hace unos cuantos años un anuncio televisivo hablaba de los JASP (Jóvenes Aunque Sobradamente Preparados), y este jueves no sólo teníamos con 13 años a la prodigiosa pianista rusa Alexandra Dovgan (2007), también un nuevo estreno del ovetense Gabriel Ordás (1999), Hip-Hop Fugue! que cierra los encargos del “Proyecto Beethoven” de la propia Oviedo Filarmonía (OFil) que la Pandemia ha pospuesto pero al fin pudimos disfrutar, bajo la dirección de Lucas Macías Navarro (1978), todos preparados y fiel reflejo de los tiempos actuales.
Concierto de estas pujantes generaciones que vienen apretando desde la excelencia, la visión “beethoveniana” de un Ordás dominador de la composición académica (nada menos que un preludio y fuga orquestal) con mucho trabajo previo en un músico de su tiempo; el Concierto nº 2 de Chopin con una Dovgan impactante en lo técnico y adulta en la interpretación, y el titular de la OFil, todo un acierto su fichaje para corroborar el excelente momento de la formación ovetense que sigue camaleónica afrontando tanto repertorio actual como el necesario para continuar formando intérpretes y auditorios, como el Chopin siempre agradecido en estas jornadas de piano, para finalizar con “La Renana” de Schumann, la tercera sinfonía del romántico alemán paradigma del artista completo que compartía programa con los de ahora.
P. Siana
P.D.: La crítica queda para mañana.

Flores para los estrenos

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Sábado 23 de octubre, 20:00 horas. Oviedo, inauguración de la temporada «Conciertos del Auditorio». Pacho Flores (trompetas), Oviedo Filarmonía, Lucas Macías Navarro (director). Obras de: Guillermo Martínez, J. Haydn, Daniel Freiberg y Shostakovich.

Marcado con un punto rojo de cita ineludible, el mismo de los programas de mano que volvían en papel, el arranque de la temporada de los Conciertos del Auditorio nos regalaría una velada de altos vuelos nada menos que con dos estrenos mundiales y la presencia nuevamente en «La Viena del Norte» español de mi admirado y querido Pacho Flores, una entrada a la altura del espectáculo, aún con las necesarias mascarillas pero con todas las ganas de disfrutar de la música en vivo y del descanso para estirar piernas y reencuentros deseados.

Se abría el concierto con el primer estreno mundial, nada menos que la Obertura concertante «Amanecer en Bonngasse» de Guillermo Martínez (1983) dentro del «Proyecto Beethoven» de la propia Oviedo Filarmonía, que la pandemia desplazó en el tiempo pero no nos quitó la ilusión de escuchar otra composición del «escolano de oro», tributo a la Bonngasse del sordo genial con un trío de solistas de la formación (Rolanda Ginkute, Gabriel Ureña y Óscar Martín) cual Triple Concierto para violín, cello y piano arropados por sus compañeros pero igualmente homenaje al «omnipresente dios Bach» de Köthen y «los Brandemburgo», explorar la escritura divina y traerla al siglo XXI en un viaje emocional de Guillermo para una plantilla «clásica» donde la percusión abundante le da el toque actual a una personal obertura que explora las sonoridades de los tres instrumentos solistas, todos con pasajes en solitario verdaderamente bellos y complejos, bien tejidos, otros conjuntos o directamente en tutti con la orquesta bien ensamblada con ellos bajo la batuta del titular Lucas Macías que de nuevo se mostró dominador de todos los estilos además de estudioso con las obras nuevas hasta el mínimo detalle. Un placer disfrutar de unos músicos jóvenes que hacen música de su tiempo con la misma calidad que el repertorio de siempre.

Exigente el papel del piano «emperador» de Martín, sutil el violín beethoveniano de la concertino Ginkute, y pura entrega el cello de Ureña pensado y compuesto para el propio intérprete, el avilesino que crece de solista con su propia orquesta, en otro peldaño del compositor asturiano que ya tiene un estilo propio pues lo ecléctico es académico, cercano y escrito desde el conocimiento de los Grandes Maestros de la Música. Un orgullo poder disfrutar cada estreno suyo y aplaudirle como todo el Auditorio, esta vez «errequeerre» (por re menor y re mayor) de su homenaje a Beethoven.

La presencia del venezolano Pacho Flores supone alegría nada más pisar el escenario con su arsenal de trompetas*, para hacerlas sonar como sólo él sabe: la dulzura del fraseo, la emisión hasta el infinito, la gama de matices extremos y un arco iris de colores eligiendo el instrumento concreto, siempre con el sonido aterciopelado y nunca estridente que le hace ser el mago de la trompeta actual, además de fuente de inspiración para nuevas composiciones.

El Concierto para trompeta y orquesta en mi bemol mayor, Hob. VIIe:1 de Joseph Haydn (1732 – 1809) hace historia en la música por Anton Weidinger, diseñador de la trompeta cromática para quien el austríaco escribirá un concierto clásico en tres movimientos (Allegro-Andante-Finale. Allegro) que Flores interpretó de manera magistral, con una excelente concertador como Macías y una orquesta redondeando este concierto donde el virtuosismo está no sólo en las notas sino desde su color y visión. Cambiar de trompeta para el segundo movimiento supone agrandar el colorido sinfónico de «papá Haydn» en aquel 1800 de su estreno. Las agilidades, los fraseos, las contestaciones, las candezas y esa alegría final conocidísima por todos los melómanos, serviría de feliz aperitivo para el siguiente estreno mundial co-encargo de la propia OvFil junto a la Norwegian Arctic Philharmonic (Noruega), Walla Walla Symphony (EE.UU) y la Orquesta Sinfónica de Minería (México) que bien explica Andrea García Torres en las notas al programa.

Si comentaba unas líneas arriba que Pacho Flores es fuente de inspiración para nuevas obras específicas de trompeta, Daniel Freiberg (1957) así lo reconoce y su Concierto para trompeta y orquesta «Historias de Flores y Tangos» está pensado por el argentino para el venezolano estrenándose en Oviedo, ningún sitio mejor como tierra de emigrantes a sus países y verdadera capital musical española. Música inspiradora y evocadora como la de Guillermo Martínez con la diferencia que dan los años. Reminiscencias y tributos latinos en el movimiento titulado Flores, apellido de Pacho cual joropo venezolano pero de colorido porteño, Recoleta con chacarera de bombo legüero, ritmos de huapango mexicano desde el lenguaje que explorasen Bernstein, Villalobos o Ginastera, una orquesta plena, bien llevada por Lucas Macías con el rigor necesario y la flexibilidad de los ritmos latinos y una trompeta, la de Pacho, conmovedora, cantarina, sentida, vigorosa y conocedora de este mar musical. Y el segundo  Tanguero arrancando con el «flugel» emotivo y aterciopelado antes de abrir la vena argentina total con las trompetas, la caja que Piazzolla destapó al mundo, el tango de Aníbal elevado al sinfonismo de Don Astor Pantaleón, la milonga bien contada y cantada por una trompeta gardeliana vestida para Broadway, música rítmica y melódica cantada por un venezolano universal, con armonías neoyorquinas del argentino fuera de casa. Maravillosa partitura del maestro Freiberg, con solista, profesores y público divirtiéndose con ella, maestro que cumplía años hace unos días y de Pacho este mismo sábado, felices 40 cantados por todos en la cadenza final con el guiño del último alegre Haydn, anécdotas de fechas y sueños cumplidos, coincidencias de estrenos y esperas que llegan con un nuevo éxito.

Con Daniel Freiberg al piano y dedicatoria para «Carlitos Magán«, el Piazzolla a dos bandas resultó otro «estreno» de los protagonistas del inicio de temporada demostrando que Oviedo Filarmonía está para echarle flores, que Macías ha encontrado el nexo de unión perfecto entre calidad y entrega, que estrenar en Oviedo es ya casi obligado, y que figuras como Pacho Flores hacen de la música una verdadera fiesta.

Recuperado el aliento tras el descanso, aún quedaría Dmitri Shostakóvich (1906- 1975) y su Sinfonía nº1 en fa menor, op. 10, versatilidad de la orquesta ovetense y química del onubense que todavía nos dará muchas más alegrías al frente de una formación cada vez más entregada y madura.

*: como curiosidad para «mis músicos» dejo aquí las trompetas, todas de cuatro pistones, utilizadas por el Maestro Pacho Flores en el concierto:

Haydn: trompeta en mib, corneta en mib, trompeta en sib

Freiberg: flugelhorn (fliscorno) en sib, corneta en re, trompeta en do

Piazzolla: trompeta en do.

Memoria pétrea

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Sábado 28 de agosto, 20:00 horas. Catedral de Oviedo, 1200 años de historia, «Música en el origen del camino». Concierto conmemorativo del año Jacobeo 2021: Beatriz Díaz (soprano), Lola Casariego (mezzo), Juan Noval Moro (tenor), David Menéndez (barítono), Capilla Polifónica «Ciudad de Oviedo»(director: José Manuel San Emeterio), Oviedo Filarmonía, Lucas Macías (director). Obras de Haydn y Mozart. Entrada libre (con invitación).

Escuchar música en la catedral trae a mi memoria todos los recuerdos cual memoria pétrea, y si la celebración de los 1200 años de la Sancta Ovetensis titulaban este concierto como «Música en el origen del camino» puedo añadirlo a mi propia historia de seis décadas donde Oviedo y la música siempre han estado unidas.

El sábado confluía todo en la misma velada por haber vivido los «orígenes» de todos los intérpretes. Quiero comenzar cronológicamente con la Capilla Polifónica recordada con sus altibajos, Luis Gutiérrez Arias y los esperanzadores inicios con Lauret y Alfredo de la Roza llegando a cotas de calidad únicas en aquellos momentos, la «penúltima etapa» con mis recordados Luis Miguel Ruiz de la PeñaJoaquín Salvador Cuervo unificando coros para salvar un patrimonio coral necesario… siempre con cantantes amigos donde Mieres ha estado presente desde el principio (con mucha cantera de mi querido Orfeón), y el posterior «renacimiento» hasta nuestros días con el último y reciente fichaje de San Emeterio al que debemos reconocer este trabajo para un concierto ya comprometido, manteniendo el tipo como luchador al frente de un coro algo mermado en efectivos pero que volverá a crecer, pues ilusión no falta y voces hay cantera suficiente en la tierrina.

Prosigo con la Oviedo Filarmonía, primero OSCO, recordando toda la infrahistoria de su fundación pero donde la música pudo con todo y con todos, una plantilla también de muchos conocidos y hasta compañeros que han ido creciendo y madurando con los años, el despegue internacional que supuso Haider, el atrevimiento y versatilidad con Conti más el futuro ya presente de Lucas Macías Navarro, un acierto total en su contrato y mis felicitaciones a una gestión envidiable.

Y cierro recuerdos con el cuarteto vocal de casa, comenzando por Lola Casariego, mi Lolina de larga trayectoria con amistades comunes desde aquel Coro Universitario de Luis G. Arias, a la que he seguido todos estos años y de quien tengo todavía guardadas tres cintas que grabé de Radio Clásica en su debut en 1989 con Acis y Galatea de Literes. Sigo con mi admirado y querido «alumno» David Menéndez que nunca defrauda porque aquella firme promesa se convertiría pronto en enorme realidad a base de trabajo concienzudo, sabias elecciones de repertorio y total entrega. El polesu Juan Noval Moro que crece y mejora como los buenos vinos con los años y que aún no ha tocado techo, con una evolución vocal merecedora de más protagonismo, pues lleva la música en los genes. Finalmente Beatriz Díaz que superaría toda entrada de este blog porque la amistad y el cariño no ha nublado nunca mi criterio musical sobre ella, y lo sabe. Capaz de seguir emocionándome como pocas voces, de ponerme los pelos de punta y hasta hacerme saltar las lágrimas ante este prodigio de voz con el enorme esfuerzo y trabajo que hay siempre detrás (como suele y debe suceder), disfrutar con una evolución que conozco de primera mano y de la que presumo y se me nota.

Cuarteto solista asturiano que es un lujo del que disfrutamos no todo lo que quisiéramos, saliendo de la tierra porque es cual Saturno que devora a sus hijos, y sigue enfadándome comprobar nuevamente que en este negocio musical no siempre triunfan los mejores, aunque sea fiel reflejo de nuestra propia sociedad donde los mediocres están al mando. Al menos seguimos siendo unos privilegiados en Oviedo, la verdadera «Viena del norte» español desde una Asturias que sigue exportando talento y calidad, músicos que llevan nuestra tierra allá donde van aunque el dicho de que «nadie es profeta en su tierra» es cierto tristemente. Queda el consuelo de saberse todos queridos y reconocidos por un público que volvió a agotar las entradas en cinco minutos, y que apostar por ellas es sinónimo de éxito porque nunca defraudan.

Sobre el concierto debo reiterar nuevamente la reverberación catedralicia que tiene pocos pros y muchas contras. Comenzaba Oviedo Filarmonía con la Sinfonía nº 22 en mi bemol mayor, Hob. I/22 «El filósofo» de Haydn, donde el maestro Macías Navarro dispuso una colocación vienesa aprovechando la acústica y los recursos sonoros de esta joya del «padre de la Sinfonía«, con movimientos lentos ideales y rápidos irreconocibles, especialmente el Presto final con ese duelo de cornos (inglés y francés), virtuosismo imposible de paladear pese al fino trabajo de contención del viento y el quehacer detallado de la cuerda. Con todo, el tándem clásico HaydnMozart funcionaría a nivel global porque la calidad de la orquesta está demostrada y luchar contra los elementos está en sus ADN. Excelente estado de una cuerda cada vez más  homogénea con Marina Gurdzhiya de concertino.

Y no hacía falta más liturgia que Mozart y su Misa en do mayor (Coronación), KV 317 para celebrar memorias históricas, con una Capilla Polifónica dándolo todo pese a las mascarillas, sin poder saborear el latín pero sí de una sonoridad que ayudaría en los volúmenes y equilibrios dinámicos, con una orquesta recolocada de nuevo en busca de las mejores texturas con la seguridad que el director onubense transmitió desde el primer Kyrie al completo. Otro acierto fue colocar el cuarteto solista en los dos púlpitos laterales, mujeres a la izquierda y hombres a la derecha, esa altura que ayudó a una proyección vocal nunca tapada por la orquesta, buen empaste entre ellas, y la elección de los tempi donde hubo que primar la lentitud para exprimir la acústica, incluso en el Gloria, redundando en mayores emociones. Silencios buscando la duración exacta para no ensuciar la belleza melódica del genio de Salzburgo, balances orquestales contenidos (y no siempre alcanzados para un coro que no superaba las 40 voces), incluso el órgano, sumando una afinación casi histórica mandando las trompetas naturales, con mimo hacia el coro y el cuarteto sustentado en las voces extremas para una cimentación necesaria donde el momento álgido llegaría con el Agnus Dei de una Beatriz Díaz dominadora de la expresión y los matices, cómoda de tesitura, registros nítidos de color y emisión, sumándose un poderoso David Menéndez con el resto del cuarteto en ese Andante maestoso final subrayado por coro y orquesta que Macías condujo con precisión vienesa.

La música en el origen del Camino, el mío personal y el histórico catedralicio, memoria pétrea donde mis recuerdos sonaron tan cercanos en la grandeza ovetense. En breve comenzamos otro curso escolar, otra temporada más en la Viena del norte español tras disfrutar de los genuinos vieneses Haydn y Mozart «Made in Asturias». Este blog nacía en 2008 con el encabezamiento desde esta aldea en la ladera de Mieres, al mundo y con la Música por montera que sigue vigente tras este último sábado de agosto que permanecerá en mi memoria.

Por la puerta grande

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Jueves 24 de junio, 20 horas. Teatro Campoamor, XXVIII Festival Lírico, Oviedo: El Gato Montés. Ópera popular española en tres actos y cinco cuadros, música y libreto Manuel Penella (Estrenada en el Teatro Principal de Valencia, el 22 de febrero de 1917). Entrada butaca: 46 €.

Concluyendo curso escolar y temporada lírica carbayona, este jueves festividad de San Juan en Mieres, salía por la puerta grande esta ópera nuestra, un «gato» verdaderamente atigrado donde los registros graves triunfaron en esta representación llena de amor, pasión, violencia y muerte, con una dirección de escena a cargo de Raúl Vázquez verdaderamente bella, sin tópicos, conocedor de todos los recursos en sus muchos años de oficio, bien rodeado por una «cuadrilla» de altura, desde la escenografía (Carlos Santos) a la iluminación (Eduardo Bravo) pasando por el vestuario (Massimo Carlotto) y la coreografía (Alberto Ferrero), un círculo perfecto con todos los simbolismos, casi como darle la vuelta de género al bolero de «querer a dos hombres a la vez y no estar loca».

El maestro de espadas Lucas Macías presidió un espectáculo donde con la Oviedo Filarmonía dejó el festejo en lo más alto, la música del maestro Penella engrandecida por la adaptación orquestal del  «apoderado» Israel López Estelche, jugando con una tímbrica ideal para este verismo atemporal capaz de convertir el arpa en guitarra española y los metales en banda sinfónica para ese pasodoble universal con el título de la propia ópera, el peso de los registros graves con unos violonchelos o unas trompas dignos de dar la vuelta al ruedo.

Los miembros de la Capilla Polifónica Ciudad de Oviedo que dirige Pablo Moras no fueron meros subalternos sino coprotagonistas de esta velada, dentro y fuera de la arena, figurantes cantantes junto al cuerpo de baile, y donde pudimos disfrutar de la Loliya de María Heres que ya pide paso en estos papeles o Víctor Urdialez entre los peones, una cantera vocal ovetense que de nuevo trajo al ruedo al Coro infantil de la Escuela de Música Divertimento (Rosa Argüello Iglesias, Nerea Fernández Amor, Guillermo Fernández Rubio, Rodrigo Méndez de la Fuente y Carlota de Miguel Busta), unos gitanillos que ya han tomado la alternativa escénica y coral en esta Fiesta tan nuestra.

Y todo un cartel de primeros espadas con Juanillo, el Gato Montés de Àngel Òdena verdadero triunfador de la tarde por poderío vocal y escénico, dominio total y barítono ideal convertido en bandolero héroe más que villano, vencedor en mano a mano con el torero Rafael Ruiz, el Macareno encarnado por un Gillen Munguía (de faena aseada y de aliño) «por el amor de una mujer», Soleá Nicola Beller Carbone convincente, creciendo en cada «tercio», entregada y querida como otra hija de esa inmensa madre, la Frasquita de Marina Pardo siempre atinada, con el destino bien leído y cantado de la Gitana Sandra Ferrández, embrujándonos para redondear ese círculo mágico de mezzos donde no quiero olvidarme de la «cuadrilla» perfectamente asentada y al quite desde «los medios» como el Hormigón de Fernando Campero y con todas las bendiciones del Padre Antón, Francisco Crespo, ensamblados para afrontar cada «mihura» de este Penella inspirado.

Por finalizar estas rápidas líneas o crónica de última hora, pues este viernes es aún lectivo, con el coso del Campoamor aplaudiendo la fiesta, pidiendo la vuelta al ruedo para todos y salida por la puerta grande (escalonada y con distancia de seguridad), ya con ganas de la próxima «feria lírica asturiana» que es este festival ovetense plenamente consolidado y cercano a los treinta años, creciendo como su orquesta y titular desde un foso  con mucha historia musical.

El propio Raúl Vázquez en el programa «digital» nos orientaba sobre su visión de esta partitura auténticamente verista y española, inspiraciones pictóricas y literarias para algo tan nuestro como la historia musicada de Penella totalmente exportable en la producción de un festival lírico que apuesta por renovar nuestro patrimonio y manteniendo en estos tiempos difíciles la actividad en un teatro que ha sabido aguantar como pocos la Pandemia, salvando puestos de trabajo, afición y demostrando, por si aún quedaban dudas, que la cultura es segura… y necesaria.

Freude!, Freude!

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Domingo 30 de mayo, 19:00 horas. Conciertos del Auditorio, Oviedo: Vanessa Goikoetxea (soprano), Marta Infante (mezzosoprano), Mikeldi Atxalandabaso (tenor), David Menéndez (barítono); El León de Oro (director: Marco A. García de Paz), Oviedo Filarmonía, Lucas Macías Navarro (director). Beethoven: Sinfonía nº 9 en re menor, op. 125, «Coral». Entrada butaca: 15 €.

El ya inolvidable 2020 nos ha robado demasiadas cosas, muchas personas queridas, parte de nuestra vida, celebraciones y conciertos que nos hacen sobrevivir en tiempos difíciles, pero poco a poco vamos recuperando «el tiempo perdido» y con todo vendido en el auditorio ovetense pudimos celebrar los 250+1 años del genio de Bonn, Ludwig van Beethoven (1770-1827) con su novena sinfonía, Freude! de alegría, también Freiheit de libertad, un concierto muy esperado y aplaudido con intérpretes ya conocidos que nos dejaron sabores agridulces para un domingo primaveral.

Si hace poco escuchábamos un Requiem alemán de Brahms de ensueño, a pesar de tener la misma orquesta, director, coro y soprano, La Novena es otro mundo para todos, y pese al esfuerzo el resultado no sería el esperado por quien suscribe, aunque la grandeza sinfónica parece aplacar opiniones divergentes.

Personalmente Lucas Macías no acertó en su interpretación de esta página sinfónico coral y la orquesta titubeó más de lo esperado, con muchas entradas inseguras, desequilibrio en los balances y dudas que se transmitieron al conjunto. El LDO que dirige el recién nombrado titular del coro de RTVE, con mínimos refuerzos no tuvo el poderío vocal (solo 50 voces) necesario para esta magna obra aunque su participación siempre es segura. Las mascarillas no impidieron la afinación impecable ni los agudos siempre limpios y dulces en las voces blancas, pese a la tesitura arriesgada en todas, pero sin poder disfrutar de una vocalización en alemán, que quedó igualmente algo oscurecida. Esta vez faltó equilibrio entre las cuerdas, decantándose por unos graves más potentes y presentes de lo habitual en una lucha contra la masa sonora que siempre se impuso. Una lástima porque el esfuerzo esta vez no tuvo la recompensa merecida.

La Oviedo Filarmonía tampoco estuvo a la altura deseada tras su últimos conciertos, ni su sonido fue lo sutil que esperaríamos en esta novena. Cierto que comenzaron destemplados y fueron afianzándose, pero su titular optó por tiempos que no favorecieron la sonoridad típica de Beeethoven, incluso el tercer movimiento (en el que salieron a escena los solistas) decayó la tensión que solo se recuperó antes de la entrada del barítono ya avanzado el último movimiento, pero con dinámicas destempladas y no siempre atentas al apartado vocal, que debió de excederse en unos volúmenes de por sí ya elevados, volviendo a pedir una afinación si no «original» al menos más baja, porque las cuerdas vocales no pueden tensarse tanto en pos de un mayor brillo instrumental.

Lo mejor de la velada dominical vino del cuarteto solista con el asturiano David Menéndez pletórico, seguro, mandando en el tempo de su primera entrada, el vizcaíno Mikeldi Atxalandabaso sobrado de registro, poderosos agudos bien emitidos, el aplomo y color exquisito de la también vizcaína Vanessa Goikoetxea, más la ilerdense Marta Infante algo más oscurecida pero que completaría estos cuatro solistas bien equilibrados y empastados, donde los registros extremos mandaron sobre los medios, como en general toda esta «coral» a la que faltó una dirección más completa y mayor seguridad instrumental, con todo una aseada y siempre bienvenida «Novena«.

«Nunca rompas el silencio si no es para mejorarlo» (Beethoven).

Contra viento y marea

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Domingo 9 de mayo, 19:00 horas. Oviedo, Conciertos del Auditorio: Vanessa Goikoetxea (soprano), Enrique Sánchez Ramos (barítono), El León de Oro (Marco A. García de Paz, director), Kup Taldea (Gabriel Baltés, director), Oviedo Filarmonía, Lucas Macías (director). Brahms: Ein deutsches requiem, op. 45 (Un réquiem alemán). Entrada butaca: 27 €.

Soy muy aficionado a los refranes y en tiempos de pandemia me gusta cambiarlos como «A mal tiempo, buena … música» o en el caso de este domingo dejar el «Contra viento y marea» puesto que recuperamos el gran repertorio sinfónico coral con una obra magna ideal para subir el ánimo, así como por la lucha titánica de los programadores que tuvieron que suplir la cancelación imprevista y sin motivos de la soprano austríaca Genia Kühmeier a última hora por la duranguesa (nacida en Palm Beach) Vanessa Goikoetxea a quien ya tenía ganas de volverla a disfrutar en casa, y más tras su reciente éxito en el Benamor madrileño, y especialmente al barítono de Aranjuez Enrique Sánchez Ramos quien en apenas doce horas tuvo que venirse a Oviedo sin tiempo para nada, ante la gastroenteritis del programado Lauri Vasar, evitando suspender un concierto muy esperado. A ellos debemos agradecerles su generosidad y profesionalidad en esta locura del Covid donde todo puede cambiar en un día.

Como confeso «leónigan» la presencia del LDO hacía ineludible igualmente esta cita, otro reto en su ya dilatada y exitosa carrera coral, también luchando contra los elementos con toda la garra que les caracteriza, y cerrar este ciclo de conciertos con el monumental Réquiem de Brahms era el mejor regalo para un agnóstico confeso, demostrando nuevamente que «La cultura es segura» y que Oviedo es la capital musical por excelencia, a la que he bautizado como «La Viena del Norte» español.

Sobre las motivaciones de Brahms para este réquiem me sirven todas, pues van desde la inspiración por la muerte de su madre, extensiva actualmente a todas las víctimas del Covid, Ich will euch trösten, wie einen seine Mutter tröstet («Os consolaré, como una madre consuela a su hijo». Isaías 66, 13), hasta  la del propio compositor mencionándola como obra creada «por y para toda la humanidad«.

Y no se circunscribe a la secuencia litúrgica de la misa de difuntos (donde hay tantos ejemplos que el propio Padre Sopeña tiene un libro imprescindible para los melómanos), sino más bien a una extensa cantata en siete movimientos donde el coro (feliz unión asturvasca con alma Musikene) es el principal protagonista junto a importantes intervenciones solistas del barítono madrileño Enrique Sánchez Ramos y la soprano vasca Vanessa Goikoetxea, melancolía y consolación del hamburgués agnóstico confeso que nos hace reflexionar sobre la muerte desde la meditación filosófica y poética puesta en los pentagramas sin buscar respuestas ni explicaciones, la belleza musical de la muerte como parte de la propia vida.

Y el «máximo hacedor» de esta página universal que siempre conmueve, no muchas veces programada por su complejidad y esfuerzo, el director onubense Lucas Macías, Maestro con mayúsculas que desde su seguridad en el podio la transmite a todos los intérpretes, concertador de primera por su experiencia instrumental, respetuoso de cada dinámica que nunca oculta las voces, interpretación sentida y conmovedora con una memoria prodigiosa que le permitió el control total de principio a fin, delicadeza y precisión en el gesto, elegancia en cada número con la respuesta esperada y perfecta de cada intérprete sobre el escenario.

La unión coral vascoasturiana es merecedora de capítulo aparte: unas 60 voces empastadas como si llevasen toda la vida juntas, afinación precisa, dicción exacta, dinámicas amplias a pesar de unas mascarillas que no les impidieron una proyección potente en los momentos álgidos, sintiendo iguales emociones y latiendo con el mismo corazón, ardor musical compartido con igual espíritu que bebe en las mismas fuentes donostiarras y un Cantábrico que imprime carácter. Me imagino cantar esta joya con lo que supone para todo coralista, el Brahms profundo y exigente al que se le debe entrega absoluta y un trabajo minucioso. Tanto Marco como Gabriel han insuflado a sus formaciones esa búsqueda de la perfección que pudimos apreciar en un réquiem alemán lleno de momentos mágicos para todos, nuevamente destacando Macías como verdadero conductor conocedor de este viaje interior, desde el inicial I.- Selig sind, die da Leid tragen mimando matices y tempi, «bienaventurados los que sufren» pienso que nunca mejor sentido en tiempos de pandemia, orquesta de sonido refinado y cuerda cada vez más unificada y empastada, presente en todo momento. II.- Denn alles Fleisch conjugó todo el sentimiento bíblico de la muerte que da vida, si se me permite la licencia poniendo toda la carne en el asador, pues «toda la carne es como la hierba» y no el polvo en que nos convertiremos sino la tierra fértil que devuelve vida.

Y vitalidad de Enrique Sánchez Ramos en el III.- Herr, lehre doch mich,  «Rebélame Señor que mis días deben tener un final» sin titubeos, atento a Macías que le llevó de la mano, con el coro en su sitio y la orquesta ensamblada cual órgano romántico, la belleza coral del IV.- Wie lieblich sind Deine Wohnungen celestial, «Qué dulces son tus moradas», entrega desde lo más profundo del ser, voces bienaventuradas y entregadas en cuerpo y alma, dejando flotar en el aire las últimas notas.

Sin apenas pausa llegaría la voz carnosa, amplia, cálida y brava de «La Goikoetxea» pletórica, color ideal para el V.- Ihr habt nun Traurigkeit, consuelo tras la aflicción, regocijo del corazón, «nada podrá privarnos de este gozo» saboreando cada palabra, cada consonante final en la lengua de Goethe, verdadero consuelo de madre cantado y sentido de forma irrepetible, nuevamente magia y emoción en el auditorio con el coro acogedor y la orquesta sobrecogedora, presente además de delicada, acunando y adornando el bellísimo color de la soprano que aún brilló más con este ropaje.

Continuaría la emoción, los contrastes, orquesta y coro entregados pero nunca vencidos, VI.- Denn wir haben hie keine bleibende Statt, no morimos pero fuimos transformados en un abrir y cerrar de ojos por las voces cantábricas, casi íntimas con el barítono madrileño asentado al igual que «los acordes de la última trompeta», contrastes bien marcados, palabras remarcadas, orquesta subrayando colores de muerte , subyugante y esperanzadora, de metales prístinos y timbales precisos, resurrección incorrupta que cumple con lo escrito: «la muerte quedará cautiva en la victoria», victoria tras la batalla sinfónico coral avanzando hacia el final siempre apocalíptico, vibrante y emocionante.

VII.- Selig sind die Toten, bienaventurados todos, el espíritu que reposa de sus fatigas porque sus obras van tras él, Brahms en estado de gracia y orquesta más coro abriéndonos las puertas del cielo musical con un Lucas Macías sobresaliente capaz de sacar lo mejor de todos. Sin quitar un ápice de grandiosidad, obra cocinada a fuego lento donde casi dan ganas de morirse en esta inmensidad.

Disfrutar la madurez

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Sábado 10 de abril, 19:00 horas. Auditorio de Oviedo, Jornadas de Piano «Luis G. Iberni»: Dmytro Choni (piano), Oviedo Filarmonía, Lucas Macías (director). Obras de López Estelche, Rachmaninov y Brahms. Entrada butaca: 12 €.

Alcanzar la madurez supone disfrutar del tiempo vivido con todo lo que ello conlleva de aprendizaje, errores y aciertos, frustraciones y alegrías. Oviedo Filarmonía es ya una formación con el gran acierto en la elección como titular de Lucas Macías, pues no solo ha crecido desde la diversidad y versatilidad a lo largo de estos años sino que ha encontrado ese momento dulce capaz de afrontar sin complejos, con solvencia y entrega, desde una sonoridad propia, los grandes repertorios sinfónicos que no por muchas veces escuchados se hacen menos necesarios.

Si algo ha caracterizado a la formación ovetense sin duda es la amplitud de estilos que le confieren una ductilidad sonora difícil en otras orquestas. Y apostando por la nueva creación el «Proyecto Beethoven» ha reunido estrenos de cinco compositores que tienen una especial vinculación asturiana con la orquesta, siendo este sábado el turno de Israel López Estelche (Santoña, 1983) y sus Tres danzas donde la original «excusa» del supuesto origen español de la abuela del sordo genial, le sirve para construir un tríptico verdaderamente novedoso de ritmos con aires hispanos de inspiración universal, orquestación rica e impecable además de buena prueba de fuego para la Oviedo Filarmonía con Rolanda Ginkute de concertino y Lucas Macías de nuevo al frente, tres danzas evocadoras de lenguajes propios y heredados de sus maestros, armonías francesas del cambio de siglo mezcladas con aires de Falla en la última, música cercana y exportable, actual y eterna por lo bien «armada» y escrita que está la estrenada obra de un compositor cántabro ya maduro en su formación, trayectoria y lenguaje, tres piezas bien defendidas por los intérpretes, recibiendo todos ellos sobre el escenario los merecidos aplausos de un público que sigue llenando el reducido aforo del auditorio en estos tiempos convulsos, ávido de música con tanta calidad como esta inicial en un sábado lluvioso donde la luz la pone siempre la cultura segura y estos conciertos.

Tenía ganas de escuchar en vivo al ucraniano Dmytro Choni (1993), ganador del Primer Premio y la Medalla de Oro en el XIX Concurso Internacional de Piano de Santander «Paloma O’Shea» del año 2018 que me impactó en aquel momento con su Prokofiev retransmitido por RTVE, esta vez nada menos que con el segundo de Rachmaninov. Obra exigente para todo solista, pero aún más de concertar por los rubati intrínsecos de sus tres movimientos, los cambios de agógica constantes y la cantidad de detalles escondidos que Macías supo sacar a flote, incluso salir airoso en el siempre delicado momento donde se pierda el solista. Choni tiene ya suficiente madurez, a pesar de su apariencia adolescente, para mandar en este concierto, pero el ropaje de la orquesta fue sobresaliente, dinámicas amplias siempre ajustadas al volumen del piano solista, encajes perfectos, sonoridad rotunda muy trabajada e intervenciones de los primeros atriles dignas de mención todas ellas, alternando violas y cellos en su posición para una trabajadísima sonoridad.  Pulsación rica la del ucraniano, detalles en una obra muy estudiada a pesar de la «laguna» que no empañó un resultado global más que digno. Sonido contundente y delicadeza cuando fueron precisas en esta página siempre emocionante además de popular gracias a su utilización en tantas películas y muy presente en las programaciones de nuestras orquestas, desde ahora también en la ovetense.

Para demostrar su reconocido virtuosismo al piano, una propina de cara a la galería como es la Soirée de Vienne op. 56 del checo Alfred Grünfeld (1852-1924),  la (re)interpretación con variaciones sobre el conocido «murciélago» straussiano que todos los grandes del piano suelen incorporar a su repertorio y Choni se suma a estos fuegos artificiales bien interpretados además de sentidos.

Y no defraudó Choni con la segunda propina de Rachmaninov, Daisies, op. 38 nº3, de la Seis Romanzas del ruso, con hondura sin artificios para despedirse de unos aficionados que conocemos bien este repertorio.

Lucas Macías Navarro volvió a demostrar su excelente trabajo, la interiorización de cada obra y su exigencia para con la orquesta en la Sinfonía n.º 4 en mi menor, op. 98 de Brahms, rica de principio a fin, detallista, preciso y claro, arranque del Allegro non troppo vivo manteniendo la tersura y textura orquestal, dibujando las líneas con delicadeza, realzando los graves hoy contundentes, sujetando los metales sin oscurecer el conjunto, disfrutando de una madera empastada, con unos fraseos bellísimos. El Andante moderato reafirmó la búsqueda de un sonido limpio, precisión de ataques, ritmo decidido. Contundente Allegro giocoso – Poco meno presto sujetando el tempo para una formación tersa y entregada que remataría en un Allegro energico e pasionato, Più allegro convincente, maduro, carnoso, reposado, matizado y entregado, con una madera destacable tanto en la flauta como en el clarinete, brillando a gran altura todos.

Un lujo comprobar la buena línea que afronta el onubense al frente de la orquesta ovetense que siguen creciendo juntos, disfrutando de esta madurez deseada.

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