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Carmen cita en Oviedo

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Miércoles 4 de febrero de 2026, 19:30 horas. Teatro Campoamor, Oviedo: LXXVIII Temporada de Ópera. G. Bizet (1838-1875): «Carmen». Fotos de Iván Martínez.

(Crítica para Ópera World del jueves 5 de febrero, con el añadido de los enlaces siempre enriquecedores, tipografía y colores que no siempre se pueden utilizar, y las fotos de Iván Martínezmás alguna propia)

Último título de la LXXVIII Temporada de la eterna cigarrera sevillana, «Carmen» de Bizet (también la de Mérimée), cima de la ópera francesa y una de las mayores obras maestras del teatro cantado de todos los tiempos, que es un imprescindible para asegurar buena respuesta de público, también por poseer la mayor cantidad de melodías populares para todos, que regresaba al coliseo ovetense por decimocuarta vez desde1894 (recuerdo personalmente la de 1984 con Carreras y Obratzsova), representada ahora en versión de opéra-comique al recuperar los diálogos hablados del propio Bizet en el estreno parisino de 1875, y dentro de una producción del Auditorio de Alicante firmada por Emilio Sagi en un título que nunca es inocente ni sencillo.

El libreto de Halévy y Meilhac que se inspira en Merimée nos narra la historia de una mujer nómada y hedonista que por encima de todo ama su independencia y libertad (repetida a lo largo de la ópera), y que en nuestros días calificaríamos como “mujer empoderada”, y aunque todos sabemos que su historia de amor fatal termina en tragedia, en pleno siglo XXI seguimos despertándonos muy a menudo con estos crímenes que parece no hay forma de detener.

Fiel a sí misma, Carmen rechaza la esclavitud que José le propone desde esta partitura exquisita y llena de luz que como repite la protagonista, y cita Sagi en el libreto, «Ha nacido libre y libre morirá». Carmen es mito, espejo y herida abierta, y el ovetense lo sabe. En la prensa local, el hijo predilecto de la capital reflejaba haberla despojado del ornato para buscar lo esencial de una mujer que, insistía, «no es ninguna puta, es una mujer que quiere ser libre». Su propuesta, de escenografía sobria y eficaz diseñada por Daniel Bianco, se articula en torno a un espacio único —un coso simbólico de albero rojo— verdaderamente es granza, como una arena pero de goma que “no mete ruido ni suelta ácaros ni polvo, y es muy higiénico. Aquí hay tantas peleas que es estupendo para tirarse al suelo” como explicaba unos días antes el propio Emilio, y que funciona como metáfora de encierro, destino y violencia anunciada, un atrezzo limitado a sillas y mesas que son plaza, taberna, paraje montañoso o coso taurino, siempre con el rojo que lo invade todo: pasión, sangre, advertencia…

La iluminación de Eduardo Bravo, con las bombillas que suben y bajan, siempre muy cuidada, más las videoproyecciones de Pedro Chamizo (hermosa noche de luna llena), hoy imprescindibles y enriquecedoras para estas puestas de escena sencillas a la vez que eficaces, si se me permite el oxímoron son ‘la complejidad de lo sencillo’, completando un marco visual que, sin deslumbrar, acompañan con inteligencia el desarrollo dramático, destacando momentos de gran belleza como la taberna de Lillas Pastia o el clima ominoso del cuarto acto.

Sagi anticipa la tragedia y subraya, desde el segundo acto, la violencia latente de Don José hacia Carmen, sin renunciar al tono ligero y casi burlón que Bizet y sus libretistas reservaron para los personajes secundarios (como en la escena echando las cartas). Las coreografías de Nuria Castejón, siempre orgánicas y reconocibles, extensibles incluso a los cantantes, aportan ese andalucismo estilizado que evita el folclorismo fácil, con un entreacto danzado de notable fuerza simbólica y sin taconeo, bailan sobre las mesas y destacar tanto el cuerpo de baile como el bellísimo solo de Juan Pedro Delgado, un torero con capa de plasticidad y tronío.

En el plano vocal, la más aplaudida de la noche fue la mezzo brasileña Marcela Rahal, debutante en la Ópera de Oviedo, que construyó una Carmen de gran presencia escénica y caudal vocal generoso, aunque los fraseos los cortase más de la cuenta. En la  famosa habanera «L’amour est un oiseau rebelle» mostró alguna respiración excesiva, pero su progresión dramática fue innegable, del blanco al rojo, hasta culminar en un cuarto acto de intensidad y convicción.

El tenor italoestadounidense Leonardo Capalbo, también debutante en Oviedo que sustituyó al inicialmente previsto Antonio Corianò, asumió el ingrato reto de Don José con entrega absoluta, dibujando un personaje extremo, obsesivo y sin redención. De instrumento potente y expresivo, aunque de fraseo precipitado y ciertos agudos forzados restaron matices a un rol que exige tanto lirismo como contención, histriónico por momentos con la violencia del papel reflejada en una voz que solo logró un pianissimi recurriendo a un falsete poco agraciado en la esperada «La fleur que tu m’avais jetée” poco sentida. La soprano italiana Francesca Sassu ofreció una Micaela correcta pero algo limitada en vuelo, proyección y color, con un vibrato que afea sus agudos, mientras que el barítono ubetense Damián del Castillo defendió con solvencia su debut como Escamillo, elegante pero sin buscar la rotundidad, de gran presencia escénica y buen empaste en el “duelo” con Don José, buena faena de aliño en una plaza que conoce bien.

Sólidos los papeles secundarios, con un Zúñiga especialmente acertado  del bajo tinerfeño Jeroboám Tejera tanto en lo vocal como en lo escénico, y una Mercedes eficaz, presente además de convincente de la mezzo barcelonesa Anna Gomà, mientras la Frasquita de la soprano madrileña Inés Ballesteros quedó siempre opacada en volumen e incluso en el inicial trío femenino del tercer acto no empastó todo lo deseado.

Mantuvieron la homogeneidad vocal y el abanico tímbrico los dos barítonos, Morales del mexicano Emmanuel Franco, y Le Dancaïre del cordobés Javier Povedano, más El Remendado del tenor catalán Josep Fadó, moviéndose todos muy bien en escena y logrando un conjunto bien empastado en el quinteto del segundo acto.

Destacar como ya es habitual el gran trabajo del Coro Intermezzo que dirige Pablo Moras, con algún desajuste con el foso, pero bien en conjunto, y especialmente las “cigarreras” además de bandoleras. De afinación intachable, proyección precisa y empaste global, sumaron una escena que con su movimiento ayudaron a que esta producción “minimalista” por sencilla la engrandecieran manteniendo una acción dramática que no decayó nunca.

Del Coro Infantil de la Escuela de Música Divertimento solo elogios porque no solo aportan frescura y cohesión a la propuesta, son verdaderos artistas en escena, desde su primera aparición en el cambio de guardia, unos profesionales desde el juego con las espadas de palo, hasta el desfile torero jugando entre “los mayores”, con un empaste y afinación que se alcanza con mucho trabajo previo bien llevado por Cristina Langa.

En el foso, el avilesino Rubén Díez condujo a la Oviedo Filarmonía con atención al equilibrio entre escena y orquesta, destacando los preludios, impecable el inicial y el del tercer acto de sonoridad presente llena de musicalidad con el arpa de Domené con la flauta de Mercedes Schmidt. Otro tanto en los pasajes orquestales, aunque con los ya indicados desajustes puntuales e  inevitables en una obra compleja de equilibrar, respetando el protagonismo y balance con las voces, con una lectura serena y bien coordinada con todas las secciones, para hacer que la función fluyese con solidez.

El público, casi completando el aforo para esta tercera función, respondió con entusiasmo creciente y ovaciones finales porque son títulos que atraen y el reparto, más o menos equilibrado sin grandes figuras, ayuda a los éxitos en taquilla.

©PabloSiana

Carmen cerraba la temporada ovetense (quedan aún la cuarta el próximo sábado, precedido del “viernes de ópera” con un sugerente segundo reparto) dejándome sensaciones encontradas, pero confirmando que esta obra, tantas veces representada, sigue interpelándonos con la misma crudeza: la libertad (que siempre tiene su precio), el deseo y la violencia, que siguen bailando peligrosamente juntos sobre la arena roja del escenario.

FICHA:

Miércoles 4 de febrero de 2026, 19:30 horas. Teatro Campoamor, Oviedo: LXXVIII Temporada de Ópera. G. Bizet (1838-1875): «Carmen», Opéra comique en cuatro actos, con libreto de Henri Meilhac y Ludovic Halévy, basado en la obra homónima de Prosper Mérimée (1845, rev. 1846). Estrenada en la Opéra Comique de París, el 3 de marzo de 1875. Producción del Auditorio de Alicante.

FICHA TÉCNICA:

Dirección musical: Rubén Díez – Dirección de escena y diseño de vestuario: Emilio Sagi – Diseño de escenografía: Daniel Bianco – Diseño de iluminación: Eduardo Bravo – Coreografía: Nuria Castejón – Diseño videoproyección: Pedro Chamizo – Dirección del coro: Pablo Moras – Dirección del coro infantil: Cristina Langa – Fotos: Iván Martínez.

REPARTO:

Zúñiga: Jeroboám Tejera (bajo) – Moralès: Emmanuel Franco (barítono) – Don José: Leonardo Capalbo (tenor)* – Escamillo: Damián del Castillo (barítono) – Le Dancaïre: Javier Povedano (barítono) – Le Remendado: Josep Fadó (tenor) –Frasquita: Inés Ballesteros (soprano) – Mercédès: Anna Gomà (mezzo) – Carmen: Marcela Rahal (mezzo)* – Micaëla: Francesca Sassu (soprano).

Orquesta Oviedo Filarmonía (Ofil)

Coro Titular de la Ópera de Oviedo (Coro Intermezzo)

Coro Infantil de la Escuela de Música Divertimento

* Debutante en la Ópera de Oviedo

Viernes de “Ernani” accidentado y equilibrado

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Viernes 3 de febrero de 2023, 19:30 horas. Teatro Campoamor, 75 Temporada de Ópera Oviedo«Viernes de ópera«, Ernani (de Giuseppe Verdi, con libreto de Francesco Maria Piave basado en la tragedia “Hernani” de Victor Hugo); drama lírico en cuatro actos estrenada en el Teatro La Fenice de Venecia el 9 de marzo de 1844. Producción de la Ópera Royal de Wallonie. Fotos propias y de las RRSS.
Critica para Ópera World del sábado 4 de febrero, con los añadidos de links (siempre enriquecedores), fotos propias y de las RRSS, indicando la autoría, y tipografía que a menudo la prensa no admite.
La septuagésima quinta temporada ovetense, la más antigua de España tras el Liceu barcelonés, y de la que debemos seguir presumiendo para que no existan agravios con otras ciudades como tristemente sucede, está a punto de bajar el telón, así que no podíamos faltar a la función denominada “Viernes de ópera”, una oportunidad de asistir a la ópera con precios populares, de 10 € a 60 €, para escuchar unas voces que están buscando poco a poco su protagonismo en el siempre arduo trabajo de la lírica. Y la Ópera de Oviedo lleva años dándoles la oportunidad de formar parte de algunas producciones como en este quinto título verdiano, poder subirse a escena tras varias semanas de duros ensayos con todo el elenco. En esta penúltima función del «Ernani» de Verdi pudimos comprobar el buen estado vocal de la soprano asturiana María Zapata y del barítono gallego Borja Quiza más los debutantes este viernes de jóvenes incluso en el público: el tenor guatemalteco Mario Chang (ganador del “Francisco Viñas” en 2011 y “Operalia” 2014) junto al bajo italiano, esta vez “gafado”, Christian Barone. Un cuarteto protagonista que comparte reparto con el resto del reparto para las cinco funciones, presente en todas las representaciones, algo también digno de resaltar como explico a continuación.
Y quiero comenzar con la mala suerte del bajo Christian Barone al que desde su primera aparición le notamos problemas de emisión, verdadera pena pues su registro grave parecía redondo pero sin volumen ni cuerpo, agravándose a medida que transcurría el primer acto, hacha en mano marcando la pulsación, carraspeando, sufriendo con él y casi “mascándose la tragedia” transmitiendo el nerviosismo lógico a todos. Tras la bajada del telón al acabar el primer acto, el director general y artístico Celestino Varela comunicaría por megafonía (la inicial en asturiano no fue pateada, como era previsible) que ante los problemas que le impedían continuar ¿por afección? sería sustituido por Gianfranco Montresor, al que hubo de darle tiempo para prepararse y afrontar los tres actos restantes, con un breve descanso de diez minutos no previsto que ayudaría al cambio de decorado y vestuario del “sustituto”. Una verdadera lástima ver así truncado el debut ovetense del bajo italiano en esta ópera tan exigente para cada una de las voces, especialmente las del cuarteto protagonista, lo que precisamente hace difícil representar este «Ernani» con un reparto homogéneo, que en el primer y frío viernes de febrero brilló con luz propia. Felicitar a toda la Ópera de Oviedo la rápida sustitución al tener al primer reparto bien localizado ante estos imprevistos y buscando lo mejor para todos.
Si el domingo escribía sobre el poderío vocal, esta vez, y tras las tres representaciones anteriores, sí hubo fuerza pero también buen balance en las dinámicas tanto vocales como orquestales, con una OFIL a la que el maestro Callegari hizo sentirse segura en el foso, más contenida en los tiempos y matices, con una obertura bien llevada y destacando las intervenciones solistas de Sara Chordá (cello), Julio Sánchez (clarinete bajo) y Danuta Wojnar (arpa) del tercer acto, el más completo del este viernes.
Nuevamente el Coro “Intermezzo”, que dirige Pablo Moras, funcionó con su solvencia y profesionalidad habitual, cada vez más seguro tras unos mínimos desajustes iniciales -adelantándose a la orquesta- destacando especialmente las voces graves en cada aparición, desde el “Bebamos” inicial hasta la brillantez del penúltimo acto con los conspiradores cantando “Que despierte de nuevo el León de Castilla”, más los conjuntos globales, especialmente en el cuarto acto, donde hubo empaste entre todas las cuerdas, buen gusto además de escena, algo estática para este «Ernani» pero que ayuda a la colocación de todos para una mejor emisión, incluso la figuración de la ESAD que se desenvolvió muy bien en todas sus entradas, más coordinados y situados. Hasta la iluminación estuvo más correcta que en la primera función dominical, pudiendo disfrutar del rico vestuario de época y el brillo de espadas.
Si hablo de equilibrio en esta cuarta representación, quiero comenzar por los mal llamados “secundarios” que esta vez no tuvieron que luchar contra volúmenes excesivos, pudiendo disfrutar más y mejor de sus intervenciones: la ovetense Mª José Suárez como Giovanna, el Don Riccardo del catalán Josep Fadó, ambos con más presencia y vocalidad clara, sin olvidarme del Jago de Jeroboám Tejera, redondeando todo ellos con sus intervenciones esta penúltima función.
A Gianfranco Montresor no solo reconocerle su rápida incorporación desde el segundo acto, lo que pudo en cierto modo descentrar al resto, pues todo fue encauzándose en los siguientes actos, tardando poco en encajar los “tempi” con el foso. Su Silva ganó enteros en volumen respecto a la primera dominical, disfrutamos de sus arias y en los concertantes se sumó al buen nivel global del cuarteto protagonista.
La ovetense María Zapata nos dejó una Elvira muy trabajada vocal y escénicamente. Su voz fluye sin problemas en todo el amplio registro, comenzando con un vibrato algo molesto que fue controlando para ganar en belleza, aplaudida tanto en las arias como en los dúos, tríos y concertantes. Hubo química con el “bandido” Ernani, valentía con el “viejo” Silva y “fuerza aragonesa” con Don Carlo, el trío masculino al que sumó el buen quehacer de un papel tan exigente que dominó siempre con “color verdiano”, defendiendo su rol con gusto, matizado y poderoso en su justa medida. Una alegría comprobar la progresión de la soprano asturiana que ya me gustó en la breve Angélica del segundo reparto en el estreno de «La Dama del Alba» abriendo temporada el pasado mes de septiembre, y recibiendo grandes aplausos al finalizar este quinto y último título.
Otro conocido y querido del Campoamor es el gallego Borja Quiza que nos dejó un Don Carlo creciendo a lo largo de la ópera, de menos a más como todos… No solo mostró sus excelentes cualidades de actor, enriqueciendo enormemente el papel, también su momento de madurez vocal aunque comenzase algo irregular (cada primera aparición de los protagonistas les obliga a darlo todo “en frío”), dando la sensación de estar rozando la afinación correcta para ir centrándose y afianzándose más en cada acto: potente, valiente e incluso brillante en la evolución dramática de su rol, cantando el “Gran Dio” del tercer acto ante la tumba de Carlomagno, que arrancaría algún bravo ante la entrega y buen hacer en esta bellísima aria para barítono. Nuevo éxito del coruñés con gran ovación en los saludos finales.
Esperaba un poco más del debutante en Oviedo, aunque con años de trayectoria profesional al otro lado del Atlántico (Met, Los Ángeles o Washington), el guatemalteco Mario Chang. Tenor de color vocal adecuado, aunque personalmente “extraño” para Verdi que pide una voz entre el belcanto romántico y el nuevo perfil buscado por el genio de Busseto, todo un reto para su cuerda por lo extenso y la obligada además de necesaria dosificación. Pero que como el resto del cuarteto protagonista iría ganando enteros desde su primer aria “O tu che l’alma adora” hasta su último dúo a base de buen gusto, emisión suficiente, matizada línea de canto, así como empaste en el resto de las intervenciones, y el final con Elvira “Non ebbe di noi miseri” cantado con la emoción del momento. Habrá que seguirle en otros roles como los puccinianos que seguramente le vendrán mejor, pero su aportación resultó perfecta en pos del equilibrio de todo el elenco vocal.
Una 75ª temporada de celebraciones que llega a su fin este sábado hasta la próxima, y que tendrá siete títulos con dos programas dobles) de septiembre a febrero: las velas de cumpleaños las soplaremos con “Manon” de Massenet (como en 1948), dos títulos del famoso tríptico de Puccini (“Il Tabarro” y “Gianni Schicchi”), otro doblete con la vuelta de la ópera española de Falla al Campoamor (“Goyescas” y “El retablo de maese Pedro”), el casi imprescindible Verdi de “La Traviata”, para cerrar con el “Lohengrin” de Wagner. Esperamos seguir contándolo desde aquí.
Ficha:
Teatro Campoamor, Oviedo, viernes 3 de febrero de 2023, 19:30 horas. “Viernes de ópera”. 75 Temporada de Ópera Oviedo: “Ernani” (de Giuseppe Verdi, con libreto de Francesco Maria Piave basado en la tragedia “Hernani” de Victor Hugo); drama lírico en cuatro actos estrenada en el Teatro La Fenice de Venecia el 9 de marzo de 1844. Producción de la Ópera Royal de Wallonie. Edición musical y propietarios: Casa Ricordi S. R. L. Milán.
ERNANI: Mario Chang – DON CARLO: Borja Quiza – DON RUY GÓMEZ DE SILVA: Christian Barone (Acto I) / Gianfranco Montresor – ELVIRA: María Zapata – GIOVANNA: Mª José Suárez – DON RICCARDO: Josep Fadó – JAGO: Jeroboám Tejera. DIRECCIÓN MUSICAL: Daniele Callegari – DIRECCIÓN DE ESCENA Y DISEÑO DE ESCENOGRAFÍA: Giorgia Guerra – DISEÑO DE VESTUARIO: Fernand Ruiz – DISEÑO DE ILUMINACIÓN: Sylvain Geerts.
Orquesta Oviedo Filarmonía (OFIL), Coro Titular de la Ópera de Oviedo “CORO INTERMEZZO” (dirección del coro: Pablo Moras).

Un drama que pide clemencia

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Domingo 29 de enero de 2023, 19:00 horas. Teatro Campoamor, 75 Temporada de Ópera Oviedo: Ernani (de Giuseppe Verdi, con libreto de Francesco Maria Piave basado en la tragedia “Hernani” de Victor Hugo); drama lírico en cuatro actos estrenada en el Teatro La Fenice de Venecia el 9 de marzo de 1844. Producción de la Ópera Royal de Wallonie. Fotos propias y ©OperaOviedo.
Critica para Ópera World del lunes 30 de enero, con los añadidos de links (siempre enriquecedores), fotos propias y de las RRSS, indicando la autoría, y tipografía que a menudo la prensa no admite.
La temporada de ópera ovetense llega a su quinto y último título en estos 75 años, con el «Ernani» (1844) de Giuseppe Verdi (1813-1901), que se representó en Asturias por vez primera en el Teatro del Fontán de la capital un 15 de septiembre de 1849 y hacía ya 20 años desde la última vez, retomando casi como costumbre cerrar el ciclo con “un Verdi”, aunque yo solo recuerde con admiración uno de 1983 (Bruno Rufo, Luisa Vanini y el siempre genial Matteo Manuguerra que ya era “como de casa”). La capital del Principado disfrutó esta primera función porque se notó en las ganas de aplaudir cada aria o conjunto, y hasta el pateo inicial a la megafonía en asturiano ha bajado el volumen respecto a anteriores primeras funciones. Pero no sería por un volumen más que suficiente el de este quinto título verdiano, estrenado en Venecia, y que marcará su “iter hispanicum” del que María Sanhuesa escribe en un libreto siempre para guardar: Ernani, Trovador, La Forza y Don Carlo.
Si Verdi tuvo problemas con los cantantes para el estreno, en Oviedo se acertó con las voces, todas conocidas más dos debutantes que redondearon un reparto muy compacto, especialmente en el trío protagonista (más que cuarteto) como comentaré posteriormente. Una producción “antigua” de la ópera real belga en Wallonie que traía a mi memoria las de mi juventud, totalmente válida, uniendo un elegante vestuario de Fernand Ruiz, la buena figuración del alumnado de la ESAD gijonesa (Robin Alexander de Bruine Sánchez, Oskar Fresneda Uribe, Carlos Jurado Hipólito y Senén Menéndez Valera) y todos los participantes sobre el escenario, ambientada respetando la época histórica con una escenografía de otra debutante, la romana Giorgia Guerra, que ayuda a todos, tanto al coro que tiene un peso fundamental en esta ópera con juegos de espadas muy trabajados, como a los solistas, pareciendo conociese la “magia sonora” que tiene la esquina derecha del escenario ovetense, pues todas las voces que por él han pasado la buscan. Iluminación correcta de Sylvain Geerts aunque demasiado oscura para el tercer acto del Aquisgrán conjurado. Todo jugando con dos elementos como la clemencia y la venganza junto a los sentimientos de una mujer y tres hombres “que compiten por su amor: un joven, un viejo y un poderoso” en palabras de la regista italiana para esta ópera, los protagonistas dieron lo mejor de ellos aunque primase sobre todo la fuerza, también en el foso con el maestro milanés Daniele Callegari y la OFil que sonó solvente desde la obertura, sin fisuras, muy homogénea además de disciplinada, con un brillante solo de cello a cargo de Sara Chordá en la parte “Oh, de verd’anni” del aria “Gran Dio” de Don Carlo.
Tres voces potentes y emocionales: las del tenor gijonés Alejandro Roy, el barítono de Cartaya (Huelva) Juan Jesús Rodríguez y la joven soprano croata Marigona Qerkezi que en su debut en el Campoamor sorprendió y gustó a todos, pero que en las intervenciones junto al bajo veronés Gianfranco Montresor lo eclipsaron en decibelios, y no digamos con los mal llamados “secundarios”, el tenor de Mataró Josep Fadó (Don Riccardo) que al menos mostró su buen hacer, el debutante bajo tinerfeño Jeroboám Tejera como Jago (bien sin el “poderío conjunto”) y especialmente con la mezzo ovetense Mª José Suárez (Giovanna) que pese a sus breves intervenciones, apenas se la pudo escuchar ante el torrencial sonoro del trío y aún menos en los conjuntos.
Y es que la fuerza vocal primó en este drama español, lo que permitió a la orquesta sonar sin miramientos, con arias, dúos, tríos y demás combinaciones de solistas y conjuntos en los que Verdi sería único escribiendo. Precisamente ese volumen hizo destacar de nuevo el Coro “Intermezzo”, titular de la temporada en todas sus cuerdas, un impactante brindis inicial de los hombres, delicadeza y escena de las damas ibéricas en su entrada con Elvira, y rotundos todos en la “Festa del ballo” del último acto sin dejarme el conocido como segundo himno del Risorgimento, “Si ridesti il leon di Castiglia” con la escena de los conjurados. Verdi compuso probablemente los mejores coros de ópera, al menos los más populares, y el de «Ernani» es uno de ellos con el que las voces que dirige Pablo Moras brindaron vocal y escénicamente.
La exigencia para las voces es grande desde la aparición de los personajes que dominan cada acto: el Bandido “Ernani Roy”, detrás la deseada “Elvira Qerkezi”, el rey “Don Carlo Rodríguez” y el anfitrión “Ruy Montresor”. Todos arrancaron con potencia, sin miramientos, ajustados con la orquesta y encajando sus finales.
Las luchas por el amor fueron más allá de los roles, a la potencia sonora. Ninguno defraudó en sus arias o dúos. Alejandro Roy demostró sus conocidas cualidades, personaje vengador que transmuta de bandido con la excelente aria “Come rugiada al cespite” a Duque de Segorbe y Don Juan de Aragón, sacrificado protagonista a lo largo de la obra. Incluso tuvo dúos muy matizados especialmente con Elvira, más de fuerza con Don Carlo y sentido con Silva.
El rey y emperador de la función resultaría Juan Jesús Rodríguez, muy aplaudido y querido en el coliseo carbayón, dominador de la escena y poseedor de una voz a la que se ha calificado como verdiana porque su registro y modo de afrontar los papeles, que para barítono escribió el de Busseto, los hace todos suyos, siendo su debut en este rol aquí en Oviedo. Emocionalmente la evolución de su Don Carlo es encomiable, de poderoso e implacable a clemente, reflejado en su línea de canto. Su declaración de amor a Elvira del primer acto (“Quello escolta del mio cor”) fue un derroche vocal y la escena ante la tumba de Carlomagno en la esquina derecha, una lección de buen fraseo y cantar matizado con el aria “Gran Dio!… Oh, dei miei ver’anni”.
Pero la grata “sorpresa” para todos resultó la Elvira de la soprano croata de padres kosovares Marigona Qerkezi, porque pese a su juventud (nacida en 1993) tiene una técnica increíble, potencia de sobra (verdaderamente una fiera aragonesa su protagonista), color homogéneo en todos los registros que no pierde nunca ni en las partes más “piano”, y hasta la escena, que no la hizo moverse mucho, favoreciendo una emisión siempre clara, precisa, que el paso de los años irá moldeando sus agilidades, siempre recordando las que en Violeta-Traviata desarrollará Verdi de forma única (la tiene ya en su repertorio), una voz y rol perfecto el de esta soprano coloratura. Para recordar su interpretación de la conocida cavatina del primer acto “Ernani involami”. Ser familia de músicos siempre ayuda y ha defendido su rol con solvencia, entrega, gusto y la necesaria fiereza.
También resultó convincente y agradecido el Silva de Gianfranco Montresor en su primer aria y cabaletta “Che mai veg’gio!… Infelice! E tuo credevi”, línea de canto muy melódica pero que carece de la potencia en los graves de aquellos bajos que tengo en mi recuerdo, lo que se notó en los conjuntos pese a luchar con el “chaparrón” del trío, brillando más en el final “Tutto ora tace intorno” con Ernani y Elvira.
Del resto del elenco lo indicado sobre los matices ante el predominio de dinámicas extremas: los forte fueron la lucha de todos los cantantes en escena. Añadamos que por momentos los tempi del maestro Callegari fueron muy ligeros, resultando muy exigentes para las voces que no pidieron clemencia ante esta especie de venganza desde el foso.
Deberemos no tener clemencia con los móviles que siguen sonando en el momento más inoportuno, ni tampoco con la vuelta de las toses tras la desaparición de las mascarillas (hoy solo máscaras en el último acto pero en escena). No es igual oír que escuchar, sea en español, inglés y asturiano, pero es ya pandemia de cada espectáculo que además se hace más patente en las partes con poco volumen, y en este gélido último domingo de enero no fue precisamente el caso. Habrá que buscar una vacuna contra la mala educación y hacerla obligatoria para volver a los buenos modales cumpliendo la perdida urbanidad.
Ficha:
Teatro Campoamor, Oviedo, domingo 29 de enero de 2023, 19:00 horas. 75 Temporada de Ópera Oviedo: “Ernani” (de Giuseppe Verdi, con libreto de Francesco Maria Piave basado en la tragedia “Hernani” de Victor Hugo); drama lírico en cuatro actos estrenada en el Teatro La Fenice de Venecia el 9 de marzo de 1844. Producción de la Ópera Royal de Wallonie. Edición musical y propietarios: Casa Ricordi S. R. L. Milán.
Reparto:
ERNANI: Alejandro Roy – DON CARLO: Juan Jesús Rodríguez – DON RUY GÓMEZ DE SILVA: Gianfranco Montresor – ELVIRA: Marigona Qerkezi – GIOVANNA: Mª José Suárez – DON RICCARDO: Josep Fadó – JAGO: Jeroboám Tejera.
DIRECCIÓN MUSICAL: Daniele Callegari – DIRECCIÓN DE ESCENA Y DISEÑO DE ESCENOGRAFÍA: Giorgia Guerra – DISEÑO DE VESTUARIO: Fernand Ruiz – DISEÑO DE ILUMINACIÓN: Sylvain Geerts.
Orquesta Oviedo Filarmonía (OFIL), Coro Titular de la Ópera de Oviedo “CORO INTERMEZZO” (dirección del coro: Pablo Moras).