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Delicadezas alemanas

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Martes 21 de marzo, 20:00 horas. Auditorio de Oviedo, Sala de cámara: Circuitos CNDMX Primavera Barroca. Academy of Ancient Music, Jessica Cale (soprano). Obras de Haendel y Bach.

Oviedo es «La Viena Española» y su actividad musical es imparable, como intento reflejar en este blog  pese a no acudir a todos los conciertos por coincidencias en la programación, pero también por mis viajes (ventajas de la jubilación) fuera del Principado.

Y este martes proseguía el «no parar melómano», primero a las 18:00 horas con la conferencia del doctor Ramón Sobrino en colaboración con el CONSMUPA, con quien arrancaba la décima edición de la X Primavera Barroca, dentro de los Circuitos del CNDM; media hora más tarde al lado del auditorio, en el Club de Prensa Asturiana, Antonio Moral Rubio (quien fuese también, entre otros muchos cargos, director del CNDM) junto a Aarón Zapico presentaba el Festival de Granada, que siempre tiene presencia asturiana, este año con el maestro langreano inaugurándolo en el Palacio de Carlos V esta 72 edición con un original homenaje a Falla por los 100 años de El retablo de Maese Pedro, siendo presentados ambos por Mª Encina Cortizo. Finalmente a las 20:00 horas en la Sala de Cámara, recinto ideal para estas músicas, el concierto de la mítica Academy of Ancient Music (AMM), hoy reducida a quinteto, con el género dominante del último barroco, la «sonata en trío»: cuatro obras de Mein Gott, de quien celebrábamos este 21 marzo su 338 cumpleaños (según el calendario juliano) y fecha que se ha declarado «Día Europeo de la Música Antigua«.

También tendríamos a la soprano galesa Jessica Cale que nos dejaría cinco (más otra de propina) de las «Nueve arias alemanas» de Händel. El mejor tándem germano para abrir boca y triunfar ante una afición fiel, hoy llenando aforo, aunque tosiendo cual fuego cruzado no ya en los silencios entre movimientos u obras, tampoco respetando la interpretación. Oviedo espera cada marzo este nacimiento primaveral con el periodo histórico que más adeptos jóvenes está captando, máxime cuando la calidad de la programación atrae incluso público de otros lugares, de lo que deben tomar nota los responsables que hace diez años «no daban un euro» por esta nueva oferta totalmente afianzada en la capital del Principado.

Alternando partes instrumentales y vocales de los dos genios coetáneos con vidas paralelas, distintas y complementarias, comenzaba el quinteto de la AAM con la Sonata a trío en la mayor, op. 5 nº1, HWV 396 (1739) de G. F. Haendel (1685-1759) y la Sonata para violín y clave en la mayor, BWV 1015 (1717-1723) de J. S. Bach (1685-1750), dos ejemplos de la «música pura» entendida desde un lenguaje común con rasgos propios, cuando la música instrumental empezaba a independizarse de la vocal y algunos músicos italianos concibieron estas piezas con dos instrumentos agudos dialogando sobre un bajo, fórmula que tuvo tal éxito que los dos alemanes la cultivaron intensamente. Como bien indica Pablo J. Vayón en las notas al programa «Las cuatro sonatas del catálogo BWV de este recital son típicamente corellianas (…) También es una sonata en trío la op. 5, no 2 de Haendel, que pertenece a una serie de siete publicadas por John Walsh en 1739, auténticos pastiches construidos con música previa…». La del alemán nacionalizado inglés una de las primeras delicadezas de la tarde con un «ensemble» donde destacó el clave de Devine siempre bien ornamentado y el violín de Čičić algo apagado, pero que en la sonata BWV 1015 del cantor de Leipzig nos dejaron una joya a dúo. Otro tanto del traverso de Brown con clave y cello BWV 1033 que abriría la segunda parte. De nuevo Bach con la BWV 1079 de la Ofrenda Musical en la interpretación camerística de los músicos de la AAM nos brindarían estas sonatas da chiesa para disfrutar del «padre de todas las músicas», partituras donde cada instrumento estuvo en el plano idóneo tanto individual como de conjunto.

Ya con Jessica Cale escucharíamos las dos primeras arias de las Neun deutsche Arien, HWV 202-210 (1724-1726) de Händel sobre textos de su contemporáneo Barthold Heinrich Brockes (1680-1747), y volviendo a citar al musicólogo sevillano « Sorprendentes resultan (…) las Neun deutsche Arien que Haendel escribió para un destino hoy desconocido en los años 1720. Se trata de piezas compuestas sin voluntad de ciclo para voz de soprano (o tenor), un instrumento melódico sin especificar y bajo continuo». La soprano británica tiene un color de voz esmaltado, buena dicción en alemán, algo corto de volumen el registro bajo pero con la musicalidad esperada en la «escuela inglesa», lo que nos permitió comprobar el magisterio de Handel para estas arias de «carácter panteísta, meditativo y moralizante», válidas también para tenor, realzando unos textos (con originales y traducción de Luis Gago) que se engrandecen aún más con las notas de Georg Friedrich Händel antes de mutar a Georges Frederick Haendel, en cierto modo el banco de pruebas de sus grandes oratorios.

Cale organizó estas arias contrastando tiempos, algo muy barroco como todo el programa (rápido-lento), con la más extensa HWV 206 en la segunda parte, para cerrar programa con las HWV 202 y HWV 207. Maravillosa instrumentación dejando partes con flauta o violín más un continuo efectivo en acompañamiento y omnipresente, además de necesario, sin sobrepasarse nunca permitiendo escuchar la voz de la soprano con toda la gama de expresión y ornamentos nunca exagerados, contenidos por la importancia de la letra, siendo merecedor primer premio del público en el London Handel Festival Singing Competition de 2020.

La propina sería Süße Stille, sanfte Quelle, HWV 205 de honda y emotiva expresividad con la AAM perfecta en su papel secundando a Cale, auténticas delicadezas alemanas con sello «british» pues para ellos estas músicas siempre tienen «A touch of class» y la mejor forma de celebrar este 21M.

Academy of Ancient Music: Rachel Brown (flauta), Bojan Čičić (violín), Gavin Kibble (chelo), Kristiina Watt (tiorba), Steven Devine (clave). Jessica Cale (soprano).

Pecados operísticos

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Jueves 29 de julio, 20:00 horasIglesia de Santa María La Real de La Corte: Oviedo, Origen del CaminoEsplendores SonorosAna Nebot (soprano), Arkaitz Mendoza (órgano). Compositores operísticos y música sacra. Entrada gratuita (previa reserva).

Último de los tres conciertos en La Corte dentro de la programación ovetense veraniega con el dúo Ana Nebot y su «habitual» Arkaitz Mendoza que cambió el piano por el órgano barroco (aunque no todas las partituras), con un repertorio que podríamos titular de «pecados operísticos» al seleccionar a compositores que se acercaron a la música sacra en distintas épocas desde el barroco al pasado siglo.

Pero el rey de los instrumentos barroco, salvo dos intervenciones en solitario del repertorista vasco, el Tiento en fa de Correa de Arauxo (casi irreconocible y falto de mejor ornamentación) y la Fantasía cromática de Sweelinck (algo borrosa en sonoridades y ejecución), no es romántico y carece del pedal de expresión, si bien podría haber hecho del acompañamiento una «orquesta de tubos» o al menos haber trabajado con más variedad los registros, pues las reducciones orquestales para piano no suenan igual al órgano, obligando a esforzarse en demasía la soprano carbayona, que hubo de obviar a menudo los matices originales ante las limitaciones del instrumento. La afinación del instrumento restaurado por Grenzing a 415 Hz. tampoco es la habitual para los cantantes no especializados en repertorios históricos, que no brillan tanto como con orquesta, y menos la reverberación del templo de la plaza de Feijóo, demasiados hándicaps con los que hubo que bregar «La Nebot», así como poco ideales las obras elegidas con ese acompañamiento, aunque todo ayude a una mayor proyección de la personal voz de la soprano que pareció mostrarse más cómoda hacia el final del concierto.

De los grandes operistas abría este concierto sacro el aria de «El Mesías» (Haendel) How beautiful, donde mis temores al comprobar previamente el repertorio comenzaron a salir a flote. Al menos Vivaldi parecía más adecuado con sus motetes Nulla in mundo pax, RV 630 y Ostro picta, armata spina, RV 642, tal vez algo precipitados de tempo para los virtuosísticos pasajes de agilidades forzadas y volúmenes en el órgano poco adecuados.

Mejor el Vidit sumus del «Stabat mater» (Pergolesi) precisamente por su escritura de acompañamiento más apropiada al aerófono, el aire contenido y el color de la soprano ovetense. En cambio Tu virginum del motete «Exsultate jubilate», KV 165 (Mozart) no aguantó tan bien el paso de la orquesta al piano que el órgano precisamente por la escasa riqueza en los registros enturbiaría la belleza de este número previo al Aleluya final (que no escuchamos). Al menos la religiosidad luminosa de Haydn nos transportó con el aria de Gabriel Und Gott sprach… Nun beute… del oratorio «La Creación» que tiene ese color carnoso ideal para la voz de Ana Nebot.

Uno de los grandes compositores de ópera como Rossini no dudaría en acercarse a la música sacra como «un pecado de vejez» y su «Petite Messe Solennelle» es una de esas joyas de las que el O salutaris (que no suele formar parte de la Misa) resulta ideal para el lucimiento de las sopranos incluso solo con piano. Hubiese sido una solución mantener todo el programa en ese formato de recital pero la apuesta por el órgano no creo haya sido la opción correcta pese a la belleza de las obras.

Así lo sentí con los tres Ave María elegidos para concluir el concierto alterando el orden programado como hizo saber de viva voz la propia Ana Nebot, quien añadió que se podía aplaudir cuando quisiéramos dado el silencio sepulcral hasta entonces. Comenzó con el de Gounod sobre el primer preludio de Bach, después el verdiano de «Otello» y  finalmente Mascagni del conocido intermedio de su ópera «Cavalleria Rusticana» con letra de Piero Mazzoni. Tres conceptos operísticos distintos que si bien el primero estamos acostumbrados a escuchar en las iglesias con órgano o piano en muchas ceremonias sin ser parte del ordinario de la misa, aunque muy agradecido por todo el público que al fin rompió su contención; mejor el operístico con órgano y casi imposible de reconocer el último por un instrumento desfigurado en su acompañamiento.

Lástima no haber escuchado a la soprano de casa al piano con el mismo Arkaitz, puesto que la calidad quedó empañada por esta apuesta fallida, al menos eso creo, pero aplaudir como siempre el trabajo y entrega de Ana Nebot ante su público fiel.

Feliz Barroco malagueño en Navidad

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Lunes 23 de diciembre, 20:00 horas. S. I. B. Catedral de Málaga, Joven Orquesta Barroca de Andalucía, Aarón Zapico (director). Obras de Bach, Haendel, Vivaldi, Locatelli y Pachelbel. Entrada libre.
La Joven Orquesta Barroca de Andalucía (JOBA) nace en 2010 como un proyecto pedagógico promovido por la Orquesta Filarmónica de Málaga, dependiente del Ayuntamiento de Málaga y la Junta de Andalucía cuya finalidad es despertar en jóvenes entre los 17 y 22 años, el interés por la Música Barroca así como darles a conocer sus escuelas, géneros y prácticas interpretativas. En este encuentro de navidad han estado trabajando con el asturiano Aarón Zapico que continúa su imparable labor en la dirección y contagiando su pasión por un repertorio donde se ha consolidado como un especialista de renombre internacional.

El concierto que llenaría la «manquita malagueña» y ponía el punto y final a seis días de trabajo concienzudo, nada menos que cinco obras del barroco alemán e italiano muy exigentes para una orquesta joven a la vez que madura, de calidad más que demostrada, equilibrada y totalmente entregada al director, quien lleva y transmite a los músicos su visión fresca, llena de color e ímpetu de unas obras verdaderamente maravillosas.
Entrando desde la parte de atrás del altar con Rameau y su Danza de la pipa de la paz de «Las Indias Galantes» antes de ubicarse ya definitivamente para afrontar al dios Bach y su Suite para orquesta nº1 en do mayor, BWV 1066, llamadas en su época «Oberturas», como bien explica en las excelentes y extensas notas al programa Alejandro Fernández, reorganizando el programa a la inversa del previsto, como previamente explicó Aarón Zapico, y ejecutado sin pausas las notas musicales que con la JOBA iluminarían la catedral malacitana.

Las siete partes o danzas (Ouverture, Courante, Gavotte I/II, Forlane, Minuet I/II, Bourrée I/II, Passepied I/II) con una instrumentación de oboe I/II, fagot, violín I/II, viola, bajo continuo) ya supusieron el primer toque de calidad de los jóvenes instrumentistas andaluces, con una cuerda muy equilibrada y una madera a la que la reverberación catedralicia no ayudó a degustar más su virtuosismo. Colores orquestales bien remarcados, aires contrastados y valientes en los rápidos, muy íntimos los lentos, con una gama dinámica realmente digna de veteranos.
Tras Bach su compatriota y contemporáneo Haendel con el Concierto nº 2 en si bemol mayor HWV 313 (de los Sei Concerti grosso op. 3), las dos caras del barroco alemán que se complementan pero ofrecen más lucimiento y menos hondura desde su estancia londinense no exenta tampoco de los aires de su época en sus cinco movimientos (Vivace, Largo, Allegro, Menuet y Gavotte), danzas para la cuerda bien contrastadas, con una plantilla ideal para cada una, nueva paleta amplia de matices y contrastes bien entendidos por el maestro Zapico y resueltos con solvencia por la JOBA.

Y de Alemania a Italia con el irrepetible Vivaldi de quien escuchamos su Concierto para cuerdas y continuo en sol menor, RV 157, maravillosa página del «cura pelirrojo» con una interpretación sublime de los jóvenes barrocos y el impulso desde la dirección, la luz que tras quitar el paso del tiempo cual lienzo sonoro descubre líneas y colores escondidos. La acústica también nos impidió disfrutar del clave con más presencia, aunque hubo momentos donde alcanzamos a vislumbrar ese continuo junto a unos cellos y contrabajo redondos.
Aún más preciosista en el planteamiento el Concierto grosso nº8 en fa menor, «Concierto de Navidad» op. 1 (de los Dodici Concerti grosso a Cuatro e a cinque) de Locatelli, para disfrutar de una orquesta ensamblada luchando con la difícil afinación y entregada, el barroco italiano siempre único que el maestro Zapico entiende a la perfección y la orquesta respondió fielmente.

Me asombraron tanto el fagot de Irene Camacho Sánchez como el oboe solista de la malagueña Nieves Escobar Baena, calidad y musicalidad que transmiten en cada intervención, al igual que los violines solistas en perfecto entendimiento a lo largo del programa, para rematar sin Aarón con el conocido Pachelbel y su Canon y giga en re mayor para tres violines y bajo continuo, T. 337 creciendo en emociones e intensidad manteniendo la pulsación levemente marcada por el arco de uno de los cellistas mientras el maestro dejó a su orquesta escucharse, disfrutar con esta popular obra, el broche final de un encuentro con mucho trabajo cuyo examen final y premio fue este concierto arrancando largas ovaciones de un público que disfrutó esta navidad barroca en la Catedral de Málaga, de nuevo con acento asturiano del que seguiré presumiendo.

Con voz propia

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Sábado 9 de febrero, 20:00 horas. Oviedo, Conciertos del AuditorioOviedo Filarmonía, Julia Lezhneva (soprano), Mikhail Antonenko (director). Obras de Mozart, Haendel, Rameau, Vivaldi y Rossini.

Crítica para La Nueva España del lunes 11, con los añadidos de links, fotos propias y tipografía, cambiando muchos entrecomillados por cursiva

La Oviedo Filarmonía (OFil) cumple veinte años felices con voz sinfónica propia en esta “Viena del norte” más allá del foso del Campoamor, conciertos del Auditorio junto a las Jornadas de Piano. El tiempo transcurrido entre tantas óperas y zarzuelas sin perder nunca de vista galas líricas como aquella con el recordado Haider y La Gruberova, ha conseguido que la formación ovetense se haya ganado a pulso desde el duro y continuado trabajo la fama de orquesta ideal para el canto.
En esta línea discurrió el concierto de La Lezhenva el sábado, corroborando la afición por la música vocal en nuestra tierra con un público entregado a obras cercanas y conocidas desde la “Primavera Barroca” que año tras año también llena la sala de cámara.

El joven director ruso Mikhail Antonenko (1989) junto a su compatriota coetánea (y esposa) la soprano Julia Lezhneva armaron una velada con el inigualable Mozart en calidad interpretativa global, el barroco como virtuosismo siempre admirable, y el Rossini casi obligado en la capital asturiana, para una OFil con la versatilidad estilística intrínseca desde su nacimiento, que por momentos resultó excesiva en dinámicas pero no en empaste tímbrico aunque faltase un clave que redondease el buen sabor de boca.

Fígaro el operístico se casaría al principio y volvería al tajo casi al final (más calmado que el parisino del último de enero) para jugar con un mismo personaje desde dos lenguajes, clásico mozartiano y belcantista romántico que no se diferenciaron mucho con Antonenko al frente, elegante y claro aunque algo aséptico. Me resultó chocante que la mejor visión orquestal fuese Rameau y el ballet bufón Platée, más cercano a Mozart que a sus compañeros barrocos de travesía, auténticamente “salvaje” en aire y virtuosismo orquestal (con Marina Gurdzhiya de concertino), como pivotando entre dos mundos para saborear la calidad de OFil.
Bien seleccionadas las partes vocales de Lezhneva, incluso las cuatro propinas que indirectamente alargaron a la duración habitual de un concierto de estas características con un esfuerzo físico plausible manteniendo la unidad.
La voz de la joven rusa es carnosa, nunca hiriente, poderosa de emisión y color muy homogéneo para unos graves bien trabajados siempre audibles merced a una emisión nítida, de agilidades asombrosas que hacían preguntarse cuándo respiraba, y un repertorio que domina sin problemas con Antonenko buen concertador y la orquesta perfecta para estas partituras. Personalmente me quedo con la visión global de Mozart que vocalmente tuvieron más enjundia y musicalidad como el aria Voi avete un cor fedele o el empaquetado triple formado por la obertura de «Don Giovanni» bien leída en intensidades por los instrumentistas, junto a sendas arias de Bodas más Cossì: íntima y sentida L’ho perduta y completa Temerari… Come scoglio recitativo incluido, equilibrado, maleabilidad vocal e instrumental para el genio de Salzburgo en una voz portentosa que seguirá brillando en los próximo años, completado con Voi che sapete de la tercera propina.

Para el barroco siempre agradecido y comercial la orquesta sonó algo excesiva no ya por número sino porque Antonenko debería haber mimado más las dinámicas e incluso exigir un continuo con clave (cello de Ureña y contrabajo de Baruffaldi uniendo fuerzas para rellenar el colorido deseado) en una formación filarmónica que sin necesitar historicismos sonó muy bien en todas sus secciones.
Destacar por bien cantados el superventas Lascia de Haendel, esta vez Spina no Pianga, un aclamado Vivaldi Agitata da due venti de «La Griselda«, instrumentalización total sin falta de etiquetar a Lezhneva, de voz vistosa además de virtuosa, primando colorido sobre sentimiento capaz de llegar a todos los registros, pulcritud técnica manteniendo color vocal, para recuperar emociones con Rossini Tanti affetti de «La Donna del Lago«, afectos que cerraron con belcanto el tortuoso camino barroco tras el obligado peaje mozartiano de este esperado concierto sabatino.

Primacía barroca en los regalos: Haendel con «Alessandro», Mozart, R. Broschi y «Artaserse», o Aleluya de Porpora; las velas de cumpleaños entregadas a todos los asistentes sin necesitar encenderse fueron ideales para un concierto que supo dulce, ligero, optimista y cercano como toda fiesta donde la ópera suena celestial, más para melómanos llambiones, carbayones aparte.

Perdónanos padre Bach

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Lunes 19 de marzo, 20:15 horas. XLI Semana de Música Religiosa de Avilés (SMRA), Iglesia de Santo Tomás de Cantorbery: Trío Barroco (Fumi Kitamura, soprano – César Navarro, trompeta barroca – Eudald Danti, órgano). Obras de J. S. Bach, W. A. Mozart y G. F. Händel.

Segundo concierto de la cuadragésimoprimera SMRA con el órgano de Acitores en la Iglesia Nueva de Sabugo (Santo Tomás) y un programa hermoso además de variado que no rindió honores en esta festividad de San José, día del padre que para muchos en nuestra religión melómana sigue siendo Bach, supongo que por causas que se me escapan pero con cierta decepción y lástima, aunque Kitamura y Danti ya conocían instrumento y templo al haber estado en el sexto cumpleaños del gran Acitores avilesino.

Eudald Danti al órgano no encontró ni los registros adecuados para los preludios, fugas y corales del kantor ni los apropiados para las obras con voz y trompeta, aunque con ésta al menos encontró el empaste necesario pero no la comodidad para acompañar.

El Preludio y fuga en do mayor, BWV 545 (Bach) con el que arrancaba el concierto, proyectado en pantalla, careció de fluidez, pulsación y limpieza, especialmente en la fuga, esperando fuese el tributo necesario para calentar instrumento y dedos. Las Vesperae Solennes de confessore, KV 339 son una de las páginas más conocidas de Mozart, especialmente el aria Laudate Dominum (aquí soprano sin coro pero con órgano y trompeta barroca) a cargo de la cantante japonesa que ralentizó el «tempo» o la frenaron sus acompañantes, ya que registro y volumen lo demostró con creces pero le faltó la musicalidad en su línea de canto, tampoco ayudada por los instrumentistas ni la acústica.

Tras la mínima incursión en el Clasicismo volvería el barroco de Bach y Händel, el coral O Mensch bewein’ dein Sünde gross, BWV 622 que por acierto en registros y tempo lento resultó lo más llevadero del lunes, casi como el texto que dice «oh! hombre, llora tu gran pecado», pudiera ser el de la falta de estudio, de inspiración o simple penitencia de otros anteriores o peor aún, los posteriores. Y es que la cantata Jauchzet Gott in allen Landen, BWV 51 tiene esa belleza de aria para soprano y trompeta con el órgano «ejerciendo» de orquesta aunque los gritos de júbilo fueron lastimeros y hasta tortuosos. Reconociendo la dificultad de la trompeta barroca, César Navarro no estuvo acertado en sus intervenciones y pese a colocarse ladeado para no tapar a Fumi Kitamura tampoco hubo los aciertos esperados, habiendo sido preferible dejar al órgano la doble trompetería que equilibrase dinámicas y encaje, amén de un aire más ligero y menos pesante incluso la trompeta en re habitual para estas páginas.

Otra súplica en Ich ruf zu dir, Herr Jesu Christ, BWV 639 breve y lenta pero sucia la ejecución de la melodía del coral, pues Bach exige las duraciones escritas y apartarse de ellas es un castigo para el intérprete y el público. De la Fantasía en sol menor, BWV 542 otro tanto carente de fuga, sin la pulsación necesaria con un discurso a trompicones sin majestuosidad, pidiéndole mentalmente de penitencia el estudio con metrónomo y recordarle qué es la forma «fantasía». El último pecado en solitario sería el Preludio y fuga en do mayor, BWV 547, anodino, soporífero y onanismo bachiano por no decir sacrilegio.

Händel no se libró de esta ofensa musical, el trío afrontó Eternal source of light divine de la «Oda para el aniversario de la Reina Ana» con las mismas carencias mozartianas agravadas por problemas de afinación (la iglesia estuvo sin calefacción precisamente para respetar y mantener la afinación del órgano como bien explicó antes del concierto el párroco) y aunque la melodía cantada por la japonesa brillase algo más sobre los instrumentos, ni el acompañamiento organístico ni los «contrapuntos» trompetísticos ayudaron a mejorar la versión del Trío Barroco. La maldición final como el propio Samson pero decapitando con esa conocidísima Let the bright Seraphim que las grandes sopranos afrontan como un reto y en Avilés sufrí incluso «da capo». Ni la trompeta contestando como debe a la soprano, ni el órgano tocando todo lo escrito, manco y perdido por momentos, sin alcanzarse la unidad que a un trío debemos exigir. No sería su día este último invernal, el frío no es aliado para los pulmones ni los dedos, y marché lastimado más que con lástima de este concierto. Espero que mi tocayo Taboada este martes no caiga en las mismas tentaciones bachianas ni se escude en el «bendito Messiaen«. Los barrocos de San José una calamidad y mal regalo.

Fagioli d’Oro trae la primavera

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Martes 13 de marzo, 20:00 horas. Auditorio de Oviedo, Sala de Cámara: Centro Nacional de Difusión de la Música (CNDM) y Ayuntamiento de Oviedo, V Primavera Barroca, Haendel Arias, Franco Fagioli (contratenor), Il Pomo d’Oro. Precio abono ciclo (butacas no numeradas): 84 € (73,50 € para abonados a otros ciclos).

El Barroco no pasa de moda, aumenta su demanda, no suele defraudar, es cómodo de escuchar, no cansa… comentarios habituales que escucho y corroboro. Apostar por un ciclo o festival monográfico siempre es arriesgado pero conociendo el panorama actual y comprobando que Asturias tiene un público incondicional que apoya y presume de nuestros intérpretes en este periodo o estilo que triunfan allá donde van (mientras aquí les echan), era previsible hace cinco años una Primavera Barroca en Oviedo con el CNDM apoyando y sumándose Conservatorio y Universidad a esta oferta que incluye conferencias para estudiantes y aficionados que se ha consolidado, dejando la sala de cámara pequeña otro año más, con cola media hora antes buscando una buena localidad (no están numeradas) sobre todo cuando nos traen figuras de la talla del contratenor Franco Fagioli y la agrupación Il Pomo d’Oro, conocida de otras actuaciones en la capital asturiana.

Comentaba en mi reseña para La Nueva España que «Fagioli logra la apoteosis con Haendel«, calidad vocal, entrega escénica, técnica asombrosa con fiatos larguísimos y el ropaje a medida de un sexteto de cuerda liderado por Stefano Rossi de concertino más el clave primoroso y preciosista de Federica Bianchi, quinteto sin viola en las obras instrumentales que no solo ayudan al descanso vocal sino también a disfrutar de otras páginas delicadas complemento de la selección de arias del genio alemán, perfectamente comentadas en el programa por mi tocayo sevillano Pablo J. Vayón.

Estuve estos días hablando a mis alumnos de Farinelli y otros castrati famosos como Senesino o Caffarelli proyectando en clase la película donde se reflejaba perfectamente esta Europa del XVIII con el poderío escénico de unas voces «contra natura». El número de marzo de Scherzo dedica portada y entrevista al contratenor argentino afincando en Madrid Franco Fagioli que merece la pena leerse porque explica mucho de este proyecto y obras elegidas, diciendo «buscar la verdad en escena desde el momento único de la interpretación y su más absoluta honestidad». Así fue esta velada Haendel escuchada con la misma pasión y devoción derrochadas por Fagioli con Il Pomo d’Oro, con un cierre inédito en Oviedo al cantar y bien afinado todos la segunda propina Lascia ch’io pianga a coro, tras la primera con otra aria de Serse.

Del programa que dejo aquí escaneado el Allegro inicial de la Sinfonía en si mayor HWV 338 aunque para fagot, cuerdas y bajo continuo se entiende que por la plantilla solamente de cuerda que los «pomodoros» presentaron en esta primavera adelantada resultó un arreglo para el quinteto (la viola solamente se sumaría a las partes vocales), y las arias por pares en la primera parte, por lo cual Cara sposa, amante cara / Venti, turbini, presta (de «Rinaldo») no fue el cierre sino Mi lusinga il dolce affetto (de «Alcina»). Destacable cómo reinó el silencio antes de algunas de ellas facilitando la «transformación previa» de Fagioli en Bertarido, Oreste, Rinaldo y otros héroes de las óperas de Haendel, la que no hubo en los finales con esas inexplicables prisas por aplaudir primero, impidiendo degustar los segundos que flotan en el aire tras la última nota. Deberían observar al cantante lo que tarda en recuperarse antes de agradecer las palmas y vítores, por otra parte más que merecidos.

Sin necesidad de clasificar esta voz que se definía hace años falsetista, diríamos que posee el registro de alto y las agilidades de los llamados sopranistas, por lo que Fagioli puede afrontar cualquier personaje (afectos sería más correcto) de estas óperas y dotarlo de color propio, organizando el programa para alternar y jugar arias reposadas, dramatizadas frente a las virtuosas y un acompañamiento ideal en dinámicas y calidades, distinto al grabado pero más cercano en todo y por todo. Impresionante su registro grave y los pasos de registro con naturalidad desde la técnica y el buen gusto que mostró de principio a fin, propinas incluidas.

Ramón Avello en El Comercio titulaba «De la furia desatada al lamento conmovedor» para explicar esos cambios de roles e interpretación. Ver al público vehemente en el aplauso, volcado con los músicos en cada una de estas obras inmortales y sumado al final inédito coreando con Franco cual último éxito de los «principales» corrobora que el Barroco goza de buena salud, no es tan caro como lo sinfónico, vende discos, se firman autógrafos y es apto para todas las edades. En Oviedo también la ópera comienza a apostar lentamente por títulos barrocos sabedores del «tirón» que siempre tiene, más cuando se cuenta con voces de calidad.

Bienvenida adelantada de la primavera un martes y 13 sin supersticiones.

Poca espiritualidad y ninguna inspiración

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Viernes 16 de febrero, 20:00 horas. Auditorio de Oviedo: «Espiritualidad II», abono 6 OSPA, Marta Mathéu (soprano), Marina Rodríguez Cusí (mezzo), Evan Johnson (tenor), Joan Martín-Royo (barítono), Coro de la FPA (José Esteban G. Miranda, maestro de coro), Rossen Milanov (director). Obras de Haendel y Schubert.

Repertorio poco transitado con el título de «Inspiración II» en la revista, que realmente era «Espiritualidad II» según la propia web de la OSPA (ya renovada) con la vuelta del director titular al frente, volviendo a tener un día poco inspirado. Sobre la Música Acuática o Water Music de Haendel escribe ampliamente Joaquín Valdeón en las notas al programa (enlazadas en los autores al inicio de la página en Facebook© de la OSPA) optando según estaba previsto por la Suite nº 1 en fa mayor con la mejor formación para el Barroco que no debe  olvidarse, a base de la mejor plantilla para la ocasión, con la cuerda, clave, dúo de trompas y oboes más fagot. Desconozco la edición de bolsillo manejada por Milanov aunque los diez movimientos o aires de su elección no corresponden con lo anunciado en la programación de la revista ni se indican en la web, solo «selección de suites» (y cuyo orden siempre es orientativo) no coinciden con los habitualmente manejados y grabados, ni tampoco el espíritu del alemán nacionalizado británico. No se acertó tampoco con la combinación de tiempos, ritmos o compases contrastantes de este periodo y con poco rigor histórico los músicos se limitaron a las partituras sin brillar como era de esperar, sin la pulsión mecánica necesaria, aunque tuvieron momentos de lucimiento, destacando el trío de madera (que no necesita dirección) por la calidad que atesoran, dejándonos lo mejor de esta música real para disfrutar por el Támesis aunque el Gafo no sea navegable ni a nosotros se nos trate como reyes. Igualmente el excelente dúo entre Vasiliev y Corpus cuyos años de convivencia en esta orquesta les hacen entenderse mejor que muchos matrimonios. No puedo decir lo mismo de los dos bronces que decía Max Valdés porque no son los berlineses aunque lo intentaron pero sus errores «dan el cante» mucho más que algunas entradas irregulares de sus compañeros de escenario, por otra parte lógico ante las carencias en este repertorio que el titular sigue teniendo aún más acentuadas con el paso del tiempo. Así que este Handel al que Valdeón incluye en la «Categoría de honor» resultó pasado por agua e incluso soporífero para un público tan despistado que no aplaudió hasta bien finalizada la selección con el X (sin indicación de tempo) al igual que el III (¿?) según el programa (¡tampoco hubo diez movimientos!), algo por otra parte de agradecer en otros días donde las prisas impiden degustar los últimos sonidos de las obras aún vivas flotando en el aire.

Supongo que espiritualidad será religiosa porque no encuentro conexión entre el programa y su título, y de las nueve misas de Schubert se optó por la Misa nº 5 en la bemol mayor, D. 678, no precisamente la más agradecida para nadie y enormemente dura. De agradecer la colaboración abierta entre el CONSMUPA y la OSPA que permite la incorporación de 14 estudiantes (merece la pena escuchar la entrevista en OSPA TV) a estas grandes obras sinfónico corales y dejo la información colocada a la entrada del auditorio.

Por resumir la «versión» escuchada de la quinta misa de Schubert pienso que se optó por el trazo grueso, con un coro de 78 voces (46 blancas y 32 graves) nuevamente desequilibrado, más inseguro de lo habitual, abusando de los fuertes en intervenciones muy exigentes por la amplia tesitura y con pocos momentos para disfrutarlo «a capella» en una misa más como «puesta en escena» que realmente espiritual. El director búlgaro prescindió de batuta buscando la mejor comunicación aunque de nuevo el gesto no ayuda mucho al entendimiento con un coro al que han dirigido grandes y variadas manos, pero no les noto seguros con Milanov. La orquesta con el refuerzo estudiantil citado y cambiando clave por órgano, con timbales, trompetas y trombones a la derecha más trompas a la izquierda, tampoco tuvieron un buen día, faltó empaque entre las distintas secciones y el coro, navegando por este otro río a pasos y dinámicas distintas. Al menos los excesos fueron compartidos por ese afán en confundir lo monumental con lo fortísimo, olvidando que los recursos están para dosificarlos y no abusar de ellos pues hacen perder el efecto deseado.

Lo mejor de todo fue el cuarteto solista por calidad y empaste de voces tanto entre ellas como con el coro y la orquesta, dos ya conocidos en Oviedo como el barítono Joan Martín Royo o la mezzo Marina Rodríguez-Cusí (incluso coincidieron en Ariodante) junto a la soprano tarraconense Marta Mathéu espléndida de emisión, color y matices más el tenor norteamericano Evan Leroy Johnson que no desentonó en el cuarteto viniéndole muy bien la estancia europea donde el listón interpretativo es más alto que en su país (Milanov lo conoce de allá) como deberá ir comprobando, aunque no siempre triunfen los mejores.
El próximo viernes sí habrá «Inspiración II» porque tenemos estreno de Gabriel Ordás (1999) y su Onírico entre otras obras de las que María Sanhuesa hablará en la conferencia previa una hora antes «… entre la vigilia y el sueño».

Descubrimientos de López Banzo

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Domingo 1 de octubre, 
21:00 horas. Catedral de León, coproducción del XXXIV Festival Internacional de Órgano Catedral de León (FIOCLE), XXIV Ciclo de «Músicas Históricas de León» y Ayuntamiento de León: 
alumnos del V Curso de interpretación vocal barroca organizado por el CNDM en León: Laura Martínez Boj (soprano), 
Alberto Martínez (barítono), Cristina Bayón Álvarez (soprano) y Carmina Sánchez Picazo (soprano); Eduardo López Banzo (clave y dirección). Obras de G. F. Haendel, J. S. Bach y A. Stradella.

El mes de octubre comienza con el quinto concierto del FIOCLE en La Pulchra en el inicio de las fiestas locales de San Froilán, con uno que ya es tradición, coproducido por el CNDM, trayendo cuatro cantantes seleccionados en el quinto curso de interpretación vocal barroca celebrado el pasado mes de abril (ya está convocado el sexto el marzo próximo) por uno de los grandes de la música antigua española, Eduardo López Banzo (Zaragoza, 1961), y un programa de cuatro cantatas barrocas italianas que nos vuelve a descubrir a unos jóvenes ya afianzados en estas músicas con futuro, voces que sienten este periodo histórico como propio pese a todas las dificultades que entraña su estudio y evolución a lo largo de una carrera profesional que parece ofrecerles más oportunidades que otras «salidas» más líricas o sinfónicas a la vista del panorama nacional e internacional tras comprobar la trayectoria de anteriores «descubrimientos» del maestro maño que precisamente están triunfando en el repertorio barroco.

Cuatro cantantes (tres sopranos y un barítono) seleccionados por López Banzo en torno a cantatas de Haendel y Stradella sin faltar una intervención del maestro al clave con una de las suites de Bach. Enormes colas, como es habitual aunque las puertas abrieron media hora antes, colocándome en el lado opuesto del crucero donde se ubicó el escenario, pues creía necesario comprobar la proyección de las distintas voces, aunque la reverberación catedralicia no ayude mucho a entender los textos ni tampoco a degustar el virtuosismo del músico aragonés, que siempre es un lujo ver cómo mima a sus pupilos en unas obras que domina en todos los aspectos, siendo el concierto la auténtica puesta de largo de estas jóvenes voces, colocadas en orden a las cualidades demostradas en el mismo.

Por ampliar datos sobre el repertorio elegido señalar que las tres cantatas de Haendel son producto de sus viajes por Italia, Non sospirar, non piangere escrita entre Florencia y Venecia en 1707-09 y las otras dos de sus primeros meses en Londres (finales de 1710), donde el compositor angloalemán demuestra un perfecto dominio del llamado estilo italiano, apreciable en el romano Stradella como antecedente cercano en el género y ubicado en penúltimo lugar dentro del programa ofrecido para este quinto concierto del FIOCLE y tercero del de Músicas Históricas.

La soprano afincada en Barcelona 
Laura Martínez Boj abría concierto con la cantata Partì l’idolo mio, HWV 147 
de G. F. HAENDEL 
(1685-1759) compuesta en 1710 con el orden habitual de alternancia 
Recitativo – Aria – Recitativo – Aria; de voz todavía «pequeña» en proyección a la que queda igualar color en todos los registros, como a muchas otras, pero con quilates y material sonoro a pulir, de agudos suficientes, los recitativos claros y las arias llevadas con soltura y oficio, notándosela cómoda en este repertorio.

Natural de Almendralejo (Badajoz), el barítono Alberto Martínez prosiguió con Haendel y su cantata arcadiana o pastoral Nel dolce tempo, HWV 135b (1708) en cuatro movimientos (
Recitativo – Aria – Recitativo – Aria
), registro poderoso especialmente en el medio y agudo, aunque los tempi lentos no le ayudaron, siendo más «llevadera» el aria final por un aire donde lució su voz e interpretó con profesionalidad esta forma tan italianizante cual ópera en miniatura por la carga emotiva, sin dificultades técnicas en una carrera ya iniciada con solvencia que le deparará un futuro prometedor.

Del gran 
J. S. BACH
 (1685-1750), Eduardo López Banzo eligió la Suite inglesa nº 3 en sol menor, BWV 808 (ca.1715) de sonoridad íntima y contrastes claros en el clave a lo largo de sus movimientos (Prélude – Allemande – Courante – Sarabande – Gavotte et Musette – Gigue
), con el público aplaudiendo el primero, supongo que por no leerse el programa de 1€ del FIOCLE (el gratuito del CNDM no detallaba ni coincidía el orden). Lástima la distancia y reverberación para poder disfrutar aún más de los ornamentos y juegos tímbricos en esta tercera suite inglesa de «mein Gott» entre las cantatas ajenas.

Subiendo el listón de calidad, la soprano sevillana Cristina Bayón Álvarez afrontó la cantata de ALESSANDRO STRADELLA 
(1639-1682) 
Affligetemi pur, memorie amare sin problemas de ningún tipo, puede que sobreactuada en cuanto a una gestualidad excesiva en manos y brazos aunque siempre ayude en el fraseo, de voz penetrante y contundente, segura en afinación, color bastante homogéneo y buena proyección durante los cinco números Recitativo – Aria – Recitativo – Aria (adagio) – Recitativo

, de dramatización vocal además de corporal siempre bien arropada por el clave del maestro, respirando y completando una partitura algo más alejada de las de Haendel pero bien elegida para beber de los orígenes.

Personalmente agradable sorpresa supuso la soprano valenciana Carmina Sánchez Picazo que nos (de)volvía a Haendel con su cantata Non sospirar, non piangere, HWV 141 (Florencia / Venecia 1709), madurez total pese a su juventud ya asentada en carteles de mayor enjundia, voz que corrió perfectamente en las piedras de la seo leonesa a lo largo de los tres números, también más agradecidos que en las otras tres por la organización tripartita (Aria – Recitativo – Aria
) dejando un excelente sabor de boca tanto técnica como musicalmente, con agilidades precisas y limpias además de toda la teatralización que Haendel volcó en sus cantatas profanas. Bravo.

Un placer saber que la docencia tiene estos regalos que el maestro López Banzo saca a la luz en este León que retoma el pulso musical con el otoño aunque la prensa no ayude a informar del todo.

Música entre amigos

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Jueves 31 de agosto, 20:00 horas. Festival de Verano Oviedo 2017, Museo Arqueológico: Ana Nebot (soprano), Mario Bernardo (piano). «Sin etiquetas», obras de HaendelSchubertR. StraussRossini, Fauré, R. Hahn, Satie, Saint-SaënsVilla-Lobos, C. Porter y M. Legrand. Invitados: Rubén Menéndez Larfeuil (viola), Pablo García-López (tenor), Marina Pardo (mezzo) y Antony da Cruz (contrabajo).

Brillante clausura de un festival veraniego que volvió a llenar el museo con colas dos horas antes del inicio quedándose público fuera (lástima el aforo reducido) con artistas de casa como la soprano carbayona y el pianista gijonés, sin localismos y además rodeándose de amigos para compartir una tarde «sin etiquetas» del agrado de todos y repasando épocas con estilos distintos.

Para el dúo Nebot-Bernardo comenzar con el barroco y sus agilidades aún en frío, además de la emoción de saberse querida no sería óbice para ir ganando tranquilidad y hondura, también (y tan bien) arropada por compañeros, además de amigos, a lo largo de una hora de buena música en el mejor ambiente.

Tras el inicial Haendel y el aria Ch’io mai vi possa (Que yo pueda un día) de la ópera «Siroe«, vendría la viola de Rubén Menéndez Larfeuil para sumarse a dos grandes bien sentidos por la soprano junto al sólido piano, Schubert con Der Hirt auf dem Felsen (El pastor en la roca) D. 965 de mundos sonoros contrapuestos en expresiones e intensidades (con clarinete hubiese sonado menos intenso), y especialmente el Morgen (Mañana) op. 27 nº 4 de R. Strauss que llegó a alcanzar la milagrosa complicidad del silencio total de un atardecer mágico con «la hermana del violín» tan sentida como la propia voz.

En este repaso entre compañeros llegó el turno al tenor cordobés Pablo García-López para dos dúos muy distintos, Rossini y La Serenata (Notturno) más Fauré Puisqu´ ici-bas toute âme (Pues aquí abajo las almas) preparado por «La Nebot» en solitario con Le papillon et la fleur (La mariposa y la flor) op. 1, nº 1. El nocturno del italiano, contrastado con la común poesía francesa de Victor Hugo en dos voces que se gustan además de actuar para hacer creíbles unos textos que se nos ofrecieron en fotocopias aparte (siempre de agradecer) redondeando este hermanamiento vocal y sentimental entre Asturias y Andalucía que lleva años cimentado, aplaudiendo la generosidad de la anfitriona ovetense por compartir protagonismos.

Verdadera «exquisitez» el Verlaine de L´ heure exquise musicado por Reynaldo Hahn (1874-1947), venezolano de nacimiento con madre vasca y padre germano, pero francés de adopción y formación aunque alemán de pasaporte, universal como todo el programa «sin etiquetas» donde Ana Nebot y Mario Bernardo volvieron a demostrar el trabajo bien hecho, al igual que el siempre ideal Satie con su Je te veux (Te quiero), otra «delicatesen» antes de seguir compartiendo amigos y música, sobre texto de Henry Pacory, poesía musical francesa donde la soprano está en su salsa. Todo un detallazo de Ana cantar colocándose para el otro ala del claustro, aunque la acústica sea buena en cualquier lugar, y siempre atenta a un público que la quiere en su Oviedo natal, aunque hubo turistas de todas partes, incluso del otro lado del charco (a quienes pude saludar al finalizar el recital en «otro encuentro» con la música de punto en común y acercamiento físico más allá de las redes sociales).

Con la mezzo Marina Pardo en un empaste perfecto y el acompañamiento siempre sobrio de Mario Bernardo, escuchamos a Saint-Saëns y su bolero El desdichado, en castellano con la forma original antes de la herencia al actual que bien aclaró Ana Nebot al público antes de cantarlo, ante algún comentario al presentarlo, pues siendo capaz de cantar incluso jazz aún no se ha enfrentado a los grandes éxitos de Miguel MatamorosLos Panchos y seguidores, aunque nunca se puede rechazar nada, menos cuando hay calidad y emoción.

Y del jazz vendría el contrabajista Tony da Cruz para seguir sumando «sentimiento» desde su compatriota Heitor Villa-Lobos con Melodía Sentimental (letra de Dora Vasconcelos), una nueva visión del folklore brasileño sumado a la canción de concierto donde solo faltó una batería con escobillas para volver a demostrar que no hay etiquetas, solo música bien hecha, al igual que con Cole Porter en So in love (Tan enamorado) de la comedia musical «Kiss me Kate«. Piano más contrabajo en pizzicato como perfecto ropaje a la voz de Ana Nebot navegando cada vez más cómoda en estos repertorios ligeros que se van haciendo merecido hueco en este tipo de recitales camerísticos.

Todavía quedaba el remate con el prolífico compositor de bandas sonoras francés Michel Legrand (1932), y de la película musical “Les Demoiselles de Rochefort” con «la gemela» Marina Pardo en la Chanson des jumelles, teatralización de altura con la redondez del contrabajo y el piano poniendo mentalmente la percusión que seguramente más de uno añadió aunque fuese corporal.

Verdadero regalo Alfonsina y el mar (Ariel Ramírez) cantado por «La Nebot» con naturalidad, cercanía y emoción subrayada por Tony y Mario redondeando el mejor colofón al mes, al ciclo y a las vacaciones dejándonos con ganas de más, sobre todo viendo que los amigos nunca fallan cuando lo son.

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