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Benditas irreverencias

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Miércoles 14 de enero, 19:45 horas. Teatro Filarmónica, Concierto 2.099 de la Sociedad Filarmónica de Oviedo (año 120): “Una Suite española”. Rosa Torres-Pardo y La Jose (piano y cante). Obras de Granados, Albéniz, FallaGarcía Lorca Sefarad.

Si nuestros grandes compositores se inspiraron en el folklore y la canción popular, se agradece revisar (o devolver) los originales a las fuentes con todo el respeto a ellos desde el profundo conocimiento de las partituras. Y la madrileña Rosa Torres-Pardo (1960) volvía a visitar desde su larga trayectoria interpretando a Granados, Falla o Albéniz (su Iberia la tengo en mi discoteca) en colaboración con una cantaora como ya disfruté en la sociedad hermana de Gijón en mayo de 2018 junto a Rocío Márquez y los poemas recitados por Luis García Montero -esta vez sólo uno pero sin el poeta granadino– y cantando La Jose (Alicante, 1983), una artista «como la copa de un pino» que además estrenaban en España (el absoluto tuvo lugar en el Instituto Cervantes de Münich, prosiguiendo por Viena y Sofía el pasado año) este espectáculo que va más allá del mestizaje entre lo popular y lo clásico, «una bendita irreverencia» como la calificaron ambas, una actualización de lo mejor que tenemos en el patrimonio musical hispano, y que además nos sirvió para inaugurar los 150 años del nacimiento del Tito Manuel como lo presentaron en la primera de las dos propinas.

El programa se organizaba en cuatro bloques, similares al «Desconcierto para piano y voz» que sigue igual de fresco y actual, donde volver a disfrutar del magisterio pianísitico de Torres-Pardo tanto en la versiones originales como en su visión acompañando y plegándose a la voz natural de Josefa, Josefina o directamente La Jose, una cantaora alicantina afincada en Madrid, hija de gitano y paya que muchos recordarán por su paso en el televisivo concurso «La Voz», esta vez en un maridaje lleno de «pellizco» culto al que sólo cabría la expresión «¡Qué arte!», y muy bien amplificada, discretamente para no perder el equilibrio necesario con un piano a tumba abierta siempre respetuoso con la voz, a quien se la ha calificado de «torbellino, verdad y garra».

La pianista arrancaba en solitario Granados con La maja y el ruiseñor que daba paso al cante de unas canciones donde la naturalidad de la voz sumándole los ornamentos tan de la copla flamenca engrandecían estas páginas Goyescas llenas de gracia, salero, dramatismo y hondura. Primer bloque que arrancó ovaciones de un público menos habituado a estos recitales pero que valora la calidad así como la apuesta de los programadores por estas propuestas que buscan nuevos públicos, y que los declarados «omnívoros musicales» seguimos apreciando.

La Lorquiana es una selección muy bien engarzada por la pianista que comienza con Almería de Albéniz  para ir modulando hacia el cante de La Jose que va enhebrando El vito, el Zorongo de Federico, la Jota de Falla, El Corpus original que va transitando tonalidades e incluyendo el canto de una saeta de cortar la respiración, La tarara que el propio Albéniz ubica en la Sevilla florida, una Soleá donde el piano eleva la guitarra al séptimo cielo, para arrullarnos con la Nana convirtiendo el negro mantón en bebé imaginado. Y enlazaría la maestra madrileña el Tango de Albéniz con el recitado de «Iberia, el sur del sur» del poeta granadino, tan presente como sentido.

La cantaora tiene un timbre propio y una expresividad no solo con su voz, baila, palmea, jalea, chasquea los dedos y se entrega desde un poderío pleno de amplísima tesitura siempre añadiendo su toque personal a cada obra. Y como bien presentaron al alimón, las tres melodías de «Sefarad» cantadas en ladino con la voz de la alicantina son una joya que brilla aún más por la elección por parte de la pianista de Córdoba y Jerez de Albéniz mostrando no ya el conocimiento de los originales a los que es capaz de «recocinar» y darles el tono adecuado (como en El Corpus), revestirlas e incluso hacerle el dúo en La Serena que resultó nuevamente hondo, sentido y bien construido por este tándem que aúna generaciones, estilos y musicalidad a borbotones.

Y no hubo mejor homenaje al gaditano que ese acercamiento a «El amor brujo» (que me recordó a Lole y Manuel), la Introducción en un piano orquestal,  la Canción del amor dolido llena de verdadero embrujo, la sonoridad bien lograda que culminaría en una Danza del fuego donde Rosa Torres-Pardo jugó desde la candela mínima a la hoguera resplandeciente, insuflando aire para avivar el rescoldo hasta la llamarada, arrancando una inmensa ovación por la pasión, interrumpiendo el último fuego fatuo donde La Jose aportó personalidad a una página que personalmente siempre aposté por voces menos líricas y plegadas al original de Falla (desde la irrepetible Rocío Jurado en la película de Saura, a Estrella Morente o Marina Heredia, pasando por Carmen Linares o las más cercanas por estilo de Pastora Soler o Diana Navarro). Cante y piano que elevaron lo flamenco a la canción de concierto internacional.

Propina igualmente «de raíz» con El paño moruno clásico al piano madrileño, tan natural como popular y flamenco transportado para la voz alicantina, mestizaje y devolución al folklore (como lo fue la Nana) y que sería interesante escuchar las Siete canciones populares españolas por este dúo que al menos prometió Volver cantándonos más que el tango gardeliano, de recuerdo almodovariano con otra gran voz como la ya famosa Rosalía, un guiño más de esta Suite (por fusión o mestizaje) que Torres-Pardo con La Jose llevaron a su estilo, invitando a cantar al respetable que fue imposible seguirles, prefiriendo disfrutarlas solas.

PROGRAMA:

«Una Suite española»

GOYESCAS:

La maja y el ruiseñor

La maja de Goya

El majo tímido

El tralalá y el punteado

Majas dolorosas II y III

LORQUIANA:

Selección de Iberia, de Albéniz y canciones populares de García Lorca (Almería – El vito – Zorongo – Jota – El Corpus Christi en Sevila – La tarara – Soleá – Nana)

Tango de Albéniz / Texto “Iberia, el sur del sur» de L. GarcíaMontero)

SEFARAD:

Los Bilbilicos

Morenika

La Serena

EL AMOR BRUJO:

Introducción

Canción del amor dolido

Danza del terror

Romance del pescador

Danza del fuego

Canción del Fuego Fatuo

Muertos de amor

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74º Festival Internacional de Música y Danza de Granada (día 6). Danza.

Martes 24 de junio, 22:30 horas. Teatro del Generalife. Manuel Liñán & Compañía: Muerta de amor. Dirección y coreografía: Manuel Liñán. Artista Invitada: Mara Rey. Fotos propias y ©Fermín Rodríguez.

Sexta noche de Festival y volvía al Generalife para disfrutar de un espectáculo completo que podría haberlo llamado «obra de arte total» porque Manuel Liñán (1980) y su compañía lograron subir sobre las tablas del teatro tal aire libre -con una temperatura ideal- una fusión de baile y cante flamenco, danza clásica, bailarines cantaores (o a la inversa), puesta en escena impecable, vestuario negro bellísimo, proyectando sombras con unas luces por momentos cual caverna de Platón en rojo, con un decorado y utillería sencilla (no faltaron en momentos puntuales la silla ni las pelucas rubias movidas como hace Melody) pero efectista, que darían un juego increíble, más unos «pedazo de músicos» en directo que por momentos también formaron parte de la coreografía, todo bien amplificado hasta alcanzar unas cotas de calidad capaces de llegar tanto a los eclécticos, entre los que me encuentro, como a los flamencos más puristas y los turistas que no suelen fallar cuando escuchan la palabra, aunque esta vez no fuese el Sacromonte.

En la web del Festival se presentaba este espectáculo con las siguientes palabras:

Baile flamenco y copla
«La nueva creación del coreógrafo y bailarín granadino Manuel Liñán, Premio Nacional de Danza 2017, fusiona la tradición de la copla con elementos innovadores y nos presenta una visión fresca y actual del baile flamenco. Con una puesta en escena cuidada al detalle y un elenco de excepcionales bailarines, el espectáculo es un homenaje a la riqueza y la diversidad del flamenco. La música original de Francisco Vinuesa y la voz de Mara Rey aportan una dimensión emocional que nos conmueve profundamente. Muerta de amor es un canto a la vida y al amor en todas sus formas. Una seductora y apasionante propuesta que reivindica la pasión a través del flamenco y la copla».

Se habla de fusión aunque prefiero referirla como transversalidad por todo lo que reúne este «Muerta de amor»: provocación, deseo, intimidad del cuerpo, energía, desgarro… con la copla como hilo conductor, porque las de nuestros abuelos eran microrrelatos que el baile de los siete magníficos iban recreando, sin género y con todos ellos: masculinidad, homosexualidad, bisexualidad, transexualidad, el colectivo LGTBQ+ totalmente actual pero con una elegancia digna de una casa de Bernarda Alba por el poso lorquiano del coreógrafo y bailarín granadino, dando protagonismo al conjunto, músicos incluidos, pero también a cada uno de sus componentes bien en solitario, por parejas, trío… incluso con distintas alturas de una plasticidad bellísima, arrancando el espectáculo cantando «a capella» -muy bien por cierto- desde la negritud que se tornaría stendhaliana.

Respiraciones, jadeos rítmicos, cotidiáfonos como el cable serpenteante o los pies de micrófono utilizados cual bastones de baile y cante de los siete bailarines, numerología pitagórica cargada de simbolismo, e impar: siete pecados capitales, siete notas musicales, siete escenas, variaciones y combinaciones de los siete elementos sumándose a la escena un octavo, Mara Rey (Madrid, 1979), internacional y verdadero vendaval sobre las tablas. Artista completa, actriz, bailaora y cantaora, de voz desgarradora y potente, expresiva en alma y cuerpo capaz de hacer converger en ella desde La Lupe a María Jiménez con el pellizco de Rocío Jurado y el tronío de Juana Reina. Un rojo clavel pero sobre todo un Me muero, me muero que mueve y conmueve, bailado y cantado.

Y no puede haber baile sin músicos porque los «siete magníficos» son ritmo puro en pies y cuerpo, palmas, golpes en el pecho, pitos y gemidos. Mas el peso de todo el espectáculo se sustenta en cuatro gigantes situados casi en penumbra en el lateral derecho, que no solo tuvieron intervenciones solistas increíbles sino que se sumaron a la escena diseñada por Rafael Liñán, Ernesto Artillo (suyo también el diseño del vestuario) y Gloria Montesinos. Vamos con el póker de ases:

Primero el malagueño Francisco Vinuesa (1985) a la guitarra y autor de la música original, aunando todos los estilos desde un flamenco con poso hasta un minimalismo que pasaba de lo diegético a lo incidental sin perder nunca originalidad, con escenas que parecían campanas o gotas de lluvia, rasgeos que conmovían y el toque  complemento inseparable del cante. Y aquí estaba un Juan de la María inmenso, la voz imposible, el desagrro y la «jondura» que le viene de ese mestizaje entre su familia gitana de Jerez más las raíces en Utrera y Lebrija. Y aunque los tacones flamencos son como el tap dance de hoy en día (incluso uno de los bailarines, el que podríamos llamar clásico se marcó al final un Irish Jig), la guitarra de Vinuesa es flamenca como ella sola, la percusión de Javier Teruel (y asesor musical de este espectáculo) fue un portento, con un cajón increíble que encajaba y marcaba cada palo, sustento del baile y refuerzo tímbrico poderoso, compañero habitual de Vinuesa haciendo magia a pares para empoderar el latido común del corazón rítmico. La cuarta pata sería Víctor Guadiana al violín y violín sintetizado, flamenco y árabe de giros casi guturales en el natural o sonidos de flauta (cual Jorge Pardo) en el eléctrico capaz de piar o ambientar los sonidos sintetizados, y por supuesto marcarse una jota sola que quitaría el aliento a los bailaores.

El fin de fiesta convirtió el escenario en un tablao muy del gusto de los turistas (especialmente japoneses y yanquis) que asocian este espectáculo a nuestro país, y que personalmente me resultó algo excesivo en duración rompiendo una línea argumental de rojo y negro para convertirse en un rosa hasta para la última vestimenta del ideólogo y líder Manuel Liñán «jugando en casa» y aclamado por un público que vibró con su artista junto a todo un equipo de altura en una producción maravillosa.

Quiero dejar íntegro el texto del programa de mano escrito por Rosalía Gómez Muñoz trufado con algunas fotos de ©Ferminius porque describe a la perfección las dos horas vividas este día de san Juan en la siempre increíble Granada.

Un canto al amor y a la libertad

«Cuando aún resuenan en este mismo escenario los ecos del triunfo obtenido en 2020 por su anterior trabajo, Viva, dentro del programa «Lorca y Granada», Manuel Liñán regresa al Generalife, esta vez de la mano del Festival de Música y Danza.

Desde su estreno el pasado año en los madrileños Teatros del Canal, Muerta de amor no ha dejado de levantar pasiones y de cosechar aplausos y premios. Un éxito que no obedece a ninguna moda, ni siquiera a su osadía –que la hay, y mucha–, sino al talento indudable de su creador y a un incesante trabajo, cocinado a fuego lento, de desarrollo personal y artístico.

El baile flamenco ha sido siempre la pasión y la esencia de Manuel Liñán. Lo ha demostrado en piezas tan maravillosamente desnudas como Baile de autor, acompañado tan solo de un cantaor y un guitarrista. Pero el arte le ha servido también para saldar cuentas personales, como la relación con su padre, Pie de Hierro –que lo hubiera querido torero como él– y, sobre todo, para liberarse de muchas convenciones, para dejar de ser como el lorquiano «muchacho que se viste de novia en la oscuridad del ropero…» y, entre otras cosas, subir al escenario con bata de cola, dignamente, abriendo espacios de libertad para sí mismo y para todos los que vienen detrás.

Su acierto, sin embargo, no se encuentra solo en las temáticas que aborda, sino en su talento para convertirlas en arte, universalizándolas en lugar de dejarlas, como suele suceder, en simples anécdotas.

Ahora, maduro y liberado de mucho lastre, el granadino ha decidido hablar de amor. De todos sus amores, que son los amores de todos y de todas: amores apasionados, tóxicos, platónicos, fraternales, frustrados… porque para él el amor, real o inventado, es el motor de la vida y del baile.

Y como la generosidad es otro de sus atributos, en lugar de realizar un espectáculo unipersonal como aconsejan estos tiempos difíciles, Liñán se divierte –con el sudor de su frente– y divierte ofreciéndole al mundo una obra grande y jubilosa, con siete bailarines que representan, además, la gran variedad de estilos que posee la danza española.

El hilo conductor de este Muerta de amor es la copla ya que, desde muy joven, desde que la Nati se las cantaba en las Cuevas Los Tarantos, las coplas, con sus letras desgarradas y ambiguas, han sido la banda sonora de todas sus historias de amor. Letras como las de Un clavel o Me muero, me muero, interpretadas por los propios bailarines o por una Mara Rey poderosa como una bacante poseída por el dios Amor, llegan como flechas al corazón del espectador.

Los siete bailarines cantan y bailan en un verdadero musical, expresando sus propios discursos no solo a través de los palos del flamenco –como esas alegrías flamenquísimas que baila el más joven, Juan Tomás de la Molía, o la impresionante soleá del propio Liñán–, sino con otros bailes españoles, incluido el folklore. Todos ellos tienen su momento de gloria y, junto a los magníficos músicos, llenan el escenario de arte, de sorpresas, de humor y de una cierta locura que se contagia en numerosas ocasiones a un público que respira a su compás.

Porque nada es casual en Muerta de amor. Hace años que el Liñán bailaor, poseedor de numerosos premios, incluido el Nacional de Danza, viene desarrollado un talento especial para la coreografía y, sobre todo, para la dirección de escena. Una capacidad, muy rara en los flamencos, que consiste en hacer salir lo mejor de cada uno de sus magníficos intérpretes y en aunar luego todos los ingredientes que intervienen en la escena haciendo que la excelencia final del espectáculo sea muy superior a la suma de sus individualidades.

Un talento que consiste, además, en no querer hacerlo todo solo, sino rodeado de otros grandes profesionales dentro y fuera de la escena: la música excepcional de Francisco Vinuesa, las magníficas luces de Gloria Montesinos… o la complicidad de Ernesto Artillo, entre otras cosas diseñador de unos trajes negros que no saben de géneros.

Todos ellos hacen de Muerta de amor un auténtico canto al amor y a una libertad que lo permite todo, menos la indiferencia».

Manuel Liñán & Compañía

Muerta de amor

Dirección y coreografía: Manuel Liñán

Acompañamiento creativo: Ernesto Artillo

Colaboración coreografía: José Maldonado

Artista Invitada: Mara Rey

Baile: Manuel Liñán, José Maldonado, Juan Tomás de la Molía, Miguel Heredia, José Ángel Capel, David Acero, Ángel Reyes

Cante: Juan de la María
Guitarra: Francisco Vinuesa
Violín y violín sintetizador: Víctor Guadiana
Percusión: Javier Teruel

Música original: Francisco Vinuesa

Espacio sonoro, arreglos y Folclore: Víctor Guadiana

Asesoramiento musical: Javier Teruel

Diseño vestuario: Ernesto Artillo

Diseño escenografía: Rafael Liñán, Ernesto Artillo y Gloria Montesinos

Realización escenografía: Readest montajes – Diseño iluminación: Gloria Montesinos A.a.i. – Técnico iluminación: J. M. Pitkänen – Diseño de sonido: Ángel Olalla – Maquinaria y regiduría: Octavio Romero – Asistente de producción y Tour mánager: Inés García – Guía espiritual: Iván Baba

Letras asturianas con música

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Viernes 2 de mayo, 20:00 horas. Auditorio de Oviedo, Conciertu de les Lletres Asturianes: OSPA, Óliver Díaz (director). Obras de Falla, Bizet, Luna, Korsakov y Lauret. Entrada gratuita.

 

La 46 Selmana de les Lletres Asturianes (que organiza el Principado de Asturias), este año dedicada a la diáspora personificada por  uno de los mayores exponentes del llamado Xurdimientu, Xosé Álvarez, Pin (1948-2001) que defendió nuestra lengua y cultura asturiana desde su Belmonte natal hasta la Argentina que le acogería entre tantos paisanos allí emigrados.

Y llegaba este concierto con mucha inspiración en la literatura y el folklore, especialmente el nuestro a cargo de la orquesta de todos los asturianos con el ovetense Óliver Díaz al frente, que presentaría las obras antes de comenzar armando un programa muy del gusto de todos los presentes, melómanos y aficionados en general, que no llenaron el auditorio carbayón pese a la gratuidad de las entradas.

Literatura española de Pedro Antonio de Alarcón y El sombrero de tres picos en el que Manuel de Falla (1876-1946) se inspiraría para el ballet homónimo y cuya Suite nº 1 afrontó la OSPA bien llevada por el maestro Díaz, complicidad total con la comodidad que da la confianza mutua y el dominio de un repertorio que tienen más que asimilado, y que con la madurez tanto del director como de la orquesta lograron dejarnos una interpretación muy equilibrada, con lucimiento de todos los solistas, riqueza de matices y claridad en los cambios de ritmo.

Óliver Díaz lleva muchos años trabajando dede el foso y eso se notó en la Suite nº1 de la Carmen de G. Bizet (1838-1875), también de inspiración literaria en Merimée y manteniendo ese ambiente hispano  que emocionaría a tantos artistas, el amor de la cigarrera y el militar con fatal desenlace. Cada número de esta suite funciona como un tráiler de los más famosos números de la ópera del francés, permitiendo disfrutar especialmente de las maderas (bellísimo el dúo de flauta y arpa de la «aragonaise») que cantaron bien arropadas por una orquesta sutil, respirando y transmitiendo la magia de esta página lírica así como el famoso número del «toreador» con la formación asturiana brindándonos un sonido compacto, balanceado y rico en dinámicas.

Plenamente asturiana la zarzuela La pícara molinera del zaragozano Pablo Luna (1879-1942) inspirada en una novela de Alfonso Camín, cuyo intermedio tiene entidad musical propia (aunque para muchos de nosotros nos emociona especialmente el «Paxarín tú que vuelas») y con versiones históricas. Así la entendió Díaz con la OSPA, con una elección del aire correcto para disfrutar cada motivo, empaste, amplios matices que llevó con mano izquierda y hasta con el cuerpo, todas las secciones nuevamente inspiradas y la rítmica tan cercana de nuestro folklore.

Palabras mayores en cuanto a orquestación es Nikolái Rimski-Korsakov (1844-1908), quien como marino de profesión sabemos que recaló en España, y aunque sin documentar parece que desembarcó  en Avilés y se acercó hasta Ciaño por su amistad con Pedro Duró, quien probablemente le preparó una espicha con gaita y tambor, pues su Capriccio espagnol, opus 34 bien podría llamarse «Capricho asturiano», y fue sintonía muchos años de Radio Nacional de España en Asturias allá en los estudios de la calle Melquíades Álvarez, donde el valdesano Modesto Gonzáles Cobas (con La Asturias popular) fue defensor e impulsor de nuestro rico folclore. La versión de este primer viernes de mayo en el auditorio carbayón seguro que haría las delicias del ruso, quien se quejaba de que se ignorasen aspectos como los cambios «en los timbres y la elección de concepciones melódicas y patrones de figuras» porque no se puede entender mejor la inspiración asturiana en cada uno de los cinco números (Alborada, Variaciones, Alborada, Escena y canto gitano y Fandango asturiano) donde disfrutar con unos solistas de primera y la sabia mano del director ovetense. No es «música rusa sobre temas asturianos» sino auténtica música asturiana entendida por este marino ruso que en cada puerto recogía lo que escuchaba: la fiesta asturiana al amanecer, unas trompas aterciopeladas arrancando las variaciones para ir dando paso a cada solista (inmenso Andreas Weisgerber), la rica instrumentación y nueva tonalidad de la siguiente alborada, la cuerda (con el arpa de nuevo impecable) hoy muy bien comandada por Daniel Jaime, también luciéndose en los solos, con la sonoridad casi guitarrística del canto gitano desde el redoble amplio de la caja o las trompetas poderosas, más la explosión final de nuestro fandango, vivo, enérgico, con toda la percusión mandando y empujando en un acelerando impetuoso además de poderoso en una excelente interpretación del tándem Díaz-OSPA.

Para finalizar no podía faltar el violinista, compositor y director murciano Benito Lauret (1929-2005) quien trajo a nuestra tierra el convencimiento por una música de calidad tanto en el mundo coral como en el sinfónico desde su plaza en el Conservatorio de Oviedo de «Contrapunto, Fuga y Composición», y aquí dirigió tanto a la Capilla Polifónica «Ciudad de Oviedo» como a la Orquesta de Cámara «Muñiz Toca» y la Orquesta Sinfónica de Asturias de 1973 a 1985, precursora de la actual OSPA, e inspirándose en nuestro folklore como parece sólo han entendido los compositores que han visitado nuestra «tierrina» y que en el caso del cartagenero se enamoró de ella y su música, dando un paso de gigante a nuestro patrimonio musical esperando por un más que merecido homenaje aún pendiente.

Guardo como oro en paño varias grabaciones suyas pero especialmente el LP «Música Sinfónica Asturiana» grabado hace casi 50 años  para el sello CBS con la Orquesta de Cámara de Madrid por él dirigida, donde aparecen en la cara 2 sus Escenas asturianas, estrenadas en mayo de 1976 con el patrocinio de la Sociedad Filarmónica Ovetense  y que han sonado en múltiples ocasiones incluso más allá de nuestras fronteras, y «renovando» la sintonía radiofónica, posteriormente televisiva de la RTVE en el Principado. Obra dedicada a Manuel Álvarez-Buylla López-Villamil, «con lo que el autor pretende rendir un modesto homenaje a un apellido al que tanto debe la cultura musical de Oviedo y, por ende, de Asturias» como reza la contraportada del disco, con las correspondientes notas a las obras en él grabadas.

Las Escenas asturianas (también en versión para banda) recopilan temas y motivos que Torner reflejó en su «Cancionero Musical de la Lírica popular asturiana» que todos los asistentes al concierto conocíamos desde siempre (Alborada, Corri-corri o Valamé nuestra señora, Mambrú, Vas por agua o El Pericote), y que Lauret entiende desde una armonización, orquestación, elegancia y sabia elección de las canciones para engarzar una obra maestra que sigue viva y fresca. La OSPA la lleva en sus genes, sus músicos son ya tan asturianos como lo fue el propio Benito Lauret, la entienden como nadie. Y Óliver Díaz llevó con la misma elegancia y mesura de la obra cada uno de sus números, jugando con la tímbrica, llenando de color cada motivo, equilibrando sonoridades, dejando a los excelentes solitas gustarse, «cantar la tonada» con el clarinete, tocar el tambor asturiano junto a «la gaita del oboe«, pero sobre todo contagiarnos los ritmos tan bien hilvanados por el maestro murciano donde El Pericote se mezcla genialmente con el Asturias patria querida que armonizase el recientemente fallecido Leoncio Diéguez, otro asturiano de adopción a quien le debemos la versión sinfónica de nuestro «Himno del Principado».

Festín orquestal y auténtico fin de fiesta con estas escenas asturianas que incluso levantaron a parte del público como si de un acto oficial se tratase, para romper en atronadores aplausos con este concierto en homenaje a la España y Asturias vistas desde fuera pero sentidas desde muy dentro.

 

De sópitu

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De Sópitu. Forma Antiqva, Pablo García-López (tenor), Aarón Zapico (idea, selección musical y arreglos). Sello: Zapico Records. Tiempo total: 61:30. Libreto en asturiano, castellano e inglés. Ref.: ZAP001

(Reseña escrita desde el teléfono y enviada a LNE del viernes 21, con el añadido de los links siempre enriquecedores, tipografía que no siempre la prensa puede adaptar, y fotos propias)

En la tarde de ayer jueves se presentaba “De Sópitu” en la Sala de Cámara del auditorio ovetense el último trabajo de Forma Antiqva, con sello propio en el amplio sentido de la palabra, y en el mismo lugar donde se realizó la grabación el pasado mes de junio con la producción de Fernando Arias (sentado entre el público) que salía a la venta y ya pude escuchar con detenimiento.

Aarón Zapico, el ideólogo de este proyecto (del que ya disfrutaron en vivo durante el Festival Internacional de Santander allá por junio de 2023 en Torrelavega y Noja , más en el ciclo CIMCO el pasado 13 de junio), estuvo acompañado por sus dos hermanos Pablo y Daniel, junto a Ismael G. Arias y la periodista María Herrero ejerciendo de presentadora y amiga de todos (también estudió música con los Zapico), sonsacándoles algunos secretos e interioridades de este trabajo, desde la selección, búsqueda en archivos, descartes y aciertos, hasta la recuperación del rigodón de Santiago de Murcia, titulado La asturiana, en la Biblioteca Nacional por parte de Pablo, que junto a Daniel la reconstruyeron (e interpretaron en vivo).

No faltó el hermanamiento de las Cuencas con el socarrón Mael añadiendo anécdotas de su Teverga y los ancestros de unas canciones sin fronteras, el garrotín más asturiano (cantado por la Lola con El pescadilla) y Beethoven cuya marcha escocesa seguro “ye nuestra”, pues la historia bien pudo pasar por Requejo (el alcalde de Mieres Manuel Álvarez, también presente en la sala, asentía y sonreía).

Producto de los Zapico de principio a fin, desde la grabación en la propia sala de cámara con el “sonido Arias” impecable con discográfica propia, un libreto trilingüe (asturiano, castellano e inglés) y las bellas fotos y diseño de Ricardo Villoria.

Música inédita, fresca, valiente y original en su concepción, música que nos pertenece a todos desde la óptica siempre abierta de la formación asturiana, con aires barrocos siempre tan actuales, el disco recoge 24 cortes alternando páginas instrumentales y vocales con el “fichaje” del tenor cordobés Pablo García-López (el último Don Basilio de las bodas mozartianas en la Ópera de Oviedo) a quien habrá que adoptar para la gran familia Zapico que sigue creciendo y enriqueciendo un repertorio de lo más exportable, muy recordado en la presentación (cantando estos días “La flauta mágica” en Tours), quien nos dejó grabado en vídeo un afectuoso saludo desde la ciudad francesa, con la gratitud y toda su entrega, además de la emoción vertida en este proyecto desde sus inicios.

Interesante la selección y arreglos de distintos temas del folklore asturiano, cántabro, leonés y hasta irlandés, la inspiración desde los tiempos de estudiante en La Haya del mayor de los hermanos, donde pudo beber de las fuentes originales que incluían la herencia de la llamada música popular, el folklore que ya utilizaron Händel (Sinfonía de los pastores), Purcell (Danza de los marineros) o Matteis (Danza según el humor escocés), pero también nuestros Martín Codax (Ondas do mar de Vigo), Gaspar Sanz (Marionas), Santiago de Murcia (Rigodón) y si me apuran hasta el mismísimo Rimsky-Korsakov con la Alborada y el Fandango que también aparece “De repente”, páginas que estaban esperando en carpetas desde 2016 para crecer en Pandemia y finalmente salir para hacerlas sonar. También pudimos ver un par vídeos de la grabación (más el tráiler de promoción en las redes sociales) donde seguir disfrutando del repertorio atemporal que se ha reunido en este disco compacto.

La alternancia de temas nos dejan unas combinaciones plenamente internacionales, instrumentalmente con el cello de Ruth Verona, a quien hace tiempo le cambié el apellido por Zapico (es la “cuarta hermana” de la formación de los langreanos desde los inicios), capaz de emocionarnos en un canto melancólico introductorio alternando con el rítmico de la muñeira de Chantada donde las flautas del astur-leonés Alejandro Villar aportan ese matiz celta (comentado por Ismael con el asentimiento de Lisardo Lombardía (uno más entre el numeroso público asistente). Las músicas que Aarón Zapico recogió, tras consultar con Mael, su hija Sara, Miriam Perandones o Héctor Braga, amalgaman páginas reconocibles por todos los “omnívoros musicales” que siempre tenemos presente lo cercano, «desentrañando las raíces» de unas melodías tan apegadas al terruño. Por supuesto la percusión de Pere Olivé, otro “imprescindible” de Forma Antiqva junto a los tres hermanos (Aarón en el órgano, Dani con la tiorba y Pablo a la guitarra barroca y el archilaúd), redondean el orgánico de este proyecto que patrocinado por la Consejería de Cultura, Política Lingüística y Deporte del Principado de Asturias ya queda para la posteridad de nuestro patrimonio.

Punto y aparte merece el tenor cordobés, ya adoptado porque parece de Mieres por su impecable dicción y musicalidad (“El señor cura de la Piñera”, “Tengo al mio Xuan en la cama” o esa joya intimista que es “¡Que m’escurez”), recitando “Una fatal ocasión” (mientras suena por debajo “Mangas verdes” y “La giga de nadie” de John Playford), junto a la emocionante interpretación de “Santa Barbara bendita” que cierra el disco (y la presentación en vídeo), pero igual de bien con el galaicoportugués del trovador Martín Codax (con Villar a la zanfona) y hasta el inglés del “Danny Boy” gaitero rezando por las montañas y casi invitándonos a tomarnos unas pintas (o unos culines en Requejo).

De momento lo podrán escuchar en Córdoba aunque los Zapico no paren: una “Vivaldiana” el próximo 6 de marzo en Los Conciertos del Auditorio o ya el 1 de julio en una romería gijonesa dentro del Festival de Música Antigua. Lo que sí podemos decir, con más de 20 años a la espalda, como preguntaba María, Forma Antiqva son «Marca Asturias» y un activo a mimar plenamente exportable.

Mariza, saudade granadina

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Domingo 7 de julio, 22:30 horas. 73º Festival de Granada, Teatro del Generalife | Noche de fado: MARIZA (voz), Luis Guerreiro (guitarra portuguesa), Phelipe Ferreira (guitarra), Adriano Alves (bajo), João Freitas (percusión), João Frade (acordeón): Amor. Fotos de ©Fermín Rodríguez.

Para un «omnívoro musical» como el que suscribe, el Festival de Granada siempre pone difícil la elección del espectáculo al que acudir, perdiéndome muchos ballets o conciertos de jazz, flamenco… pero esta noche de San Fermín el fado de Mariza me llamó desde que la vi anunciada. En mi infancia escuchaba en casa a la irrepetible Amalia Rodrigues porque a mi mamá le encantaba, años después pude llevarla con mi padre a Lisboa donde disfrutamos todos escuchando a Elsa Laboreiro, y de mis años jóvenes Dulce Pontes o Teresa Salgueiro (primero con Madredeus) no han faltado en mi discoteca (la última de la colección Henriqueta Baptista) o noches donde disfrutar estas voces en vivo, sin olvidarme de Joana Amendoeira.

La actual Reina del Fado llegaba a Granada desde Badajoz con sus cinco músicos en una gran gira no solo por España y Portugal, pues la cantante tiene un público fiel repartido por todo el mundo y en el teatro se notó la procedencia diversa, con varias canciones de su último trabajo sin olvidar un repertorio que crece con los años.

Mariza nunca defrauda, comenzó con su homenaje a Doña Amalia (Estranha forma de vida), no solo estrenó algún tema no grabado, conversó en «portuñol», bajó a la arena con un momento de «intimidade» para reflexionar lo que supuso para tantos el Covid, la saudade siempre presente, hablarnos del AMOR, de su último trabajo, también del Desamor, amor por la vida, los hijos, la familia, los amigos, hasta nos hizo caer una Lágrima, cantar en castellano sus Pequeñas verdades interpretadas con su teatralización o Meu fado meu, de poner la carne de gallina, suyo pero de todos junto a un quinteto de grandes músicos enamorando a una audiencia a la que incluso regaló momentos sin micrófono porque su voz es potente e íntima, con giros que beben del pueblo como el flamenco o la asturianada, bendita tierra hermana portuguesa.

Reflexionamos con ella sobre las mentiras de Google («mi padre no es chino»), de su hijo de 13 años hoy camino de su Mozambique natal para encontrarse con sus bisabuelos y abuelos mientras ella se desnudaba emocionalmente con todos nosotros. Nos contó su llegada a Lisboa con 3 años, de su origen africano, mestizaje de la antigua colonia portuguesa con su padre militar que abriría una taberna de barrio en Mouraria (cuna del fado) donde se sentían «forasteiros». Aquellos fados no profesionales que cantaban alló y ella mamó desde entonces con su estilo propio «nada purista», su vida en Brasil cantando de todo (este bagaje la hizo grande) y en todo: bodas, fiesas, divorcios (también son alegría para muchos como ella) antes de los años 90 donde su especial forma de cantar acabaría devolviéndola -para bien de todos- a este Fado tan suyo que no olvida las raíces sino que las hace suyas y actuales, curiosamente grabando y produciendo su último trabajo en Brasil, volviendo la vista atrás hace 25 años que parecen no hayan pasado.

Puesta en escena sobria con luces mínimas, una sonorización perfecta y sus músicos: casi «unplugged» porque primó lo acústico bien amplificado -pues el bajo de seis cuerdas de Adriano Alves mantuvo el sustento sin molestar- con todos sonando en total entendimiento con Mariza que habla con las manos y canta con el alma. La percusión de Freitas auténticas pinceladas en los temas lentos y motor de buen caballaje en los movidos (el final levantó al público), el acordeón de Frade una verdadera delicia de gusto, registros y virtuosismo, como la guitarra portuguesa de Guerreiro junto a Ferreira, cómplice del momento «intimidade», delicado y conocedor hasta de las respiraciones o calderones de la portuguesa.

Hora y media para seguir disfrutando de la magia granadina, de la variedad musical, del olor nocturno y de artistas (de verdad y en el amplio sentido de la palabra) como la portuguesa, un ejemplo sin divismos, cercana, espontánea, agradecida y espléndida.

NOTAS AL PROGRAMA:

Amor

«En los últimos 20 años, Mariza ha pasado de ser un fenómeno local, conocida solo entre un reducido grupo de admiradores en Lisboa, a ser una de las estrellas más aclamadas del circuito musical internacional. Todo comenzó con su primer CD, Fado em Mim, publicado en 2001, que muy rápidamente la llevó a numerosas presentaciones internacionales de gran éxito: Festival de verano de Québec (en el cual recibió el Primer Premio del evento a la actuación más destacada), Central Park de Nueva York, Hollywood Bowl, Royal Festival Hall, Womad Festival, y últimamente, le supuso ganar el premio de BBC Radio 3 como Mejor Artista Europea en el área de músicas del mundo. Fado em Mim fue un excitante primer álbum, mostrando a Mariza como una joven cantante con una voz rica, vibrante y una fuerte personalidad artística. Su interpretación de éxitos del repertorio de la gran diva del Fado Amália Rodrigues era tan personal que pronto se desechó cualquier insinuación de mera imitación. Así, Ó Gente da minha Terra del joven compositor Tiago Machado se convirtió enseguida en un éxito de la propia Mariza.

Actualmente, la carrera de Mariza continúa con incluso más éxito que antes, con numerosos discos multiplatino publicados, y actuaciones en algunos de los más importantes escenarios del mundo: Paris Olympia, Ópera de Frankfurt, London Royal Festival Hall, Amsterdam Le Carré, Palau de la Música de Barcelona, Sydney Opera House, New York Carnegie Hall, Kennedy Center de Washington DC, Los Ángeles Walt Disney Concert Hall –en este último caso con un diseño de escenario especialmente pensado para ella por nada menos que uno de los más prestigiosos arquitectos del mundo, Frank Gehry–. Ninguna artista portuguesa desde Amália Rodrigues ha experimentado una carrera internacional de semejante éxito, acumulando triunfo sobre triunfo en los más prestigiosos escenarios internacionales, cosechando elogios de los más exigentes críticos, e incontables premios y distinciones.

Como viene siendo habitual, sus compañeros de conciertos son simplemente los mejores: Jacques Morelenbaum y John Mauceri, José Merced y Miguel Poveda, Gilberto Gil e Ivan Lins, Lenny Kravitz y Sting, Cesária Évora y Tito Paris, Carlos do Carmo y Rui Veloso… Su repertorio, firmemente enraizado en el fado clásico y contemporáneo, se ha ampliado para incluir mornas de Cabo Verde, clásicos brasileños y españoles, y otros temas que ella atesora en su corazón. Mariza hace tiempo que trascendió el ser un mero episodio en la escena musical, listo para ser reemplazado con rapidez por cualquier otro fenómeno de cualquier rincón de la industria discográfica. Ha demostrado ser una gran artista, original e inmensamente dotada, de la cual aún hay mucho que esperar en el futuro. La joven de Mozambique, criada en el famoso barrio lisboeta de Mouraria, ha dominado las raíces de su cultura musical y se ha convertido en una artista universal capaz de abrirse al mundo sin
perder su identidad portuguesa. Audiencias portuguesas y de todo el mundo son las primeras en conocer su triunfo y retribuirle con un inmenso amor y gratitud. Sus numerosos premios en su Portugal natal y en toda Europa incluyen el Premio de Radio BBC 3 a la mejor Artista Musical Europea en tres ocasiones, y múltiples nominaciones para los Latin Grammy. Mariza ha celebrado el vigésimo aniversario de su carrera y el centenario de la Reina del Fado, Amália Rodrigues, con Mariza canta Amália, su primer álbum de clásicos, publicado en los Estados Unidos el 29 de enero de 2021, por Nonesuch/Warner Bros. Records.

Mariza y Rodrigues tienen mucho en común, aparte de su origen. Con sus residencias en escenarios legendarios como el Paris Olympia o el Carnegie Hall, Mariza puso al público a sus pies, como Rodrigues había hecho en los años 50 y 60 del pasado siglo. Por medio de sus aclamadas grabaciones y de colaboraciones inesperadas, Mariza llevó al fado más allá de lo que podía ser, como Rodrigues había hecho en los años 60 y 70. Mariza se convirtió en la más aplaudida embajadora de la música portuguesa en el siglo XXI, al igual que Rodrigues lo había sido en el siglo XX. La gira mundial de Mariza para celebrar sus 20 años de artista discográfica, incluyendo un tour norteamericano, se programó para la temporada 2020/2021, pero tuvo que posponerse por la pandemia. La gira por Norteamérica comenzó pues en enero de 2022, con una actuación exclusiva en el Kennedy Center, en Washington DC. Este concierto formaba parte de las Voices Series del Kennedy Center, comisariado por la célebre soprano americana Renée Fleming y que presenta a los más grandes vocalistas del mundo. Renée Fleming dijo sobre Mariza: «Para mí, cantar es la forma más directa de la expresión artística, y el fado podría ser el estilo para cantar más abierto emocionalmente que me he encontrado. Nunca olvidaré cuando la oí por primera vez en Lisboa. Fue directa a mi corazón, y volví cada noche para escuchar más. El sonido vibrante y la presencia de Mariza la han consagrado como la mejor intérprete de fado de la actualidad, y una gran estrella internacional»

 

Música sin etiqueta

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Lunes 6 de noviembre, 20:00 horas. 25 años, Los Conciertos del Auditorio: L’Arpeggiata, Christina Pluhar (dirección), Céline Scheen (soprano), Vincenzo Capezzuto (alto) y Luciana Mancini (mezzo): Los pájaros perdidos. Música barroca y tradicional sudamericana.

Uno de mis queridos seguidores y amigos en «X» (antes Twitter) comentaba ante mi anuncio de este segundo concierto para las bodas de plata del Auditorio «posteaba» lo siguiente: «Me parece alucinante que todavía haya una programación musical de cierto nivel en este país que siga programando a este conjunto» a lo que le contesté «Creo se busca lo comercial por encima de la calidad, que no siempre van de la mano«. El añorado y recordado Eduardo Torrico ya escribía en Scherzo hace cinco años que «Pluhar no tardó mucho en darse cuenta de que el prestigio y el dinero no van necesariamente de la mano. Dejó la rigurosidad a un lado ym superando cualquier escrúpulo profesional que pudiera albergar, apostó por eso que hoy se conoce como crossover (…) pero no renuncia a la fusión, porque es lo que le ha dado fama, porque tiene una legión de incondicionales y porque, en su suma, es lo que proporciona pingües beneficios«. Está claro que el Auditorio de Oviedo se llena con espectáculos como este donde «La Pluhar» volvía a «La Viena española» rodeada de unos músicos de primera, que en ella es habitual y por eso hace única a L’Arpegiata al aunar calidad con comercialidad. Para quien suscribe y bautizado como «omnívoro musical» precisamente por mi amigo de «X», los muchos discos y actuaciones de la austríaca residente en París son éxitos de ventas, lo que siempre es de agradecer, sin entrar en etiquetas o estilos, pues estos mestizajes musicales atraen nuevos públicos, acercan otros repertorios a un respetable que no suele asistir a los «otros clásicos», al que busca algo distinto y sobre todo para desconectar de un día a día cada vez peor donde la Música con mayúsculas, es la mejor terapia y al salir del auditorio lo hace con alegría, un «qué bien me lo he pasado» y por supuesto algún que otro refunfuñón/a incapaz de probar platos distintos al «menú del día» que no siempre llena ni tampoco se puede acudir diariamente a «Los  estrellas Michelín». La música para disfrutar sin prejuicios y sin etiqueta alguna.

En las excelentes notas al programa de mi querida María Encina Cortizo, tituladas «Los pájaros perdidos: músicas en la frontera»  explica perfectamente lo que escucharíamos en este primer lunes de noviembre: «Los esfuerzos interpretativos de los últimos cincuenta años en favor de la recuperación de criterios históricos han conformado un nuevo sonido barroco –no necesariamente el que fue–, recuperando repertorio olvidado y perdido, y atrayendo nuevos públicos con propuestas heterodoxas y desprejuiciadas. Este concierto es un buen ejemplo de ellas, pues Christina Pluhar con su conjunto L’Arpeggiata, propone un diálogo sonoro entre la Edad Moderna europea y el folklore de la América hispana y la cuenca mediterránea, combinando repertorio de sus discos Mediterráneo (2006) y Los pájaros perdidos (2012)«.

Con una formación de ocho músicos, algunos habituales en su siempre flexible conformación, más tres cantantes, mezcla de intérpretes barrocos y tradicionales a los que otras agrupaciones se rifan, sumándose de nuevo la bailarina o «teatrodanza» Anna Dego, el espectáculo estaba asegurado y el programa se conformó para poder disfrutar de todos ellos. El programa se organizó con 22 páginas, quince de la tradición oral hispanoamericana (México y Venezuela) más las otras cinco de la tradición mediterránea española e italiana, un repertorio que «dialoga con seis obras instrumentales y vocales, fijadas a través de la escritura en los siglos XVI y XVII» como escribe la doctora Cortizo.

Antes de entrar a pormenorizar las páginas, destacar dos «bloques» de músicos que entienden la música barroca y la actual con los criterios de la improvisación casi jazzística, bien organizada y amplificada con mucha delicadeza aunque faltasen por ajustar «detalles», en parte debido a la necesidad de escuchar más presente el salterio o el contrabajo, así como la voz del alto italiano, mientras sobraba o al menos era sobrada para las dos voces femeninas de técnica lírica que no «dominan» el micrófono como los cantantes de pop. El bloque «popular» estaría dominado por dos venezolanos de largo recorrido y profesionalidad también en obras de concierto como Leo Rondón al cuatro y Rafael Mejías en las maracas, a los que dedicaré algún comentario posterior, siendo dos puntales de este espectáculo que por sí solos ya darían para ser protagonistas, sumándose el percusionista español David Mayoral que no necesita presentación entre los aficionados, con las pinceladas y hasta los solos que dan color a toda la música que acompaña. El «puente» lo pondría el francés Leonardo Teruggi al contrabajo, sustento grave, más el imprescindible cornetto del «fijo» Doron David Sherwin en L’Arpeggiata que por momentos suena a saxo soprano. Completarían «el otro bloque» instrumental la propia Pluhar a la tiorba, Marcello Vitale a la guitarra barroca y chitarra battente  para finalmente contar con el delicado salterio de Margit Übellacker que hubiese necesitado más presencia desde la mesa de mezclas del ingeniero de sonido que es uno más en este equipo. De las tres voces repetía el italiano Vincenzo Capezzuto, esta vez más «alto» que bailarín quien ya nos encantase en este mismo auditorio con su anterior espectáculo Stabat Mater: Vivaldi-Project en julio de 2021 junto a Soqquadro Italiano y hace ya ¡diez años! con L’Arpeggiata en Teatro d’Amore que nos «descubrió» a la danzatrice italiana , repitiendo alguno de sus números este frío lunes de noviembre donde el calor lo pondría el escenario. La soprano belga Céline Scheen pondría la potencia y buen gusto en sus intervenciones y mención aparte a la chileno-sueca Luciana Mancini de voz natural, profunda, oscura, potente, grave como «La Negra» tucumana en sus canciones tradicionales y técnicamente un portento que hace fácil lo difícil, transmitiendo y sintiendo unas letras en su idioma materno con la musicalidad de nuestra amada Hispanoamérica. Tres solistas vocales que se mueven habitualmente en el repertorio barroco y afrontaron este concierto con la calidez y calidad de las obras elegidas y atemporales.

La Ciaccona de Maurizio Cazzati (1616-1678) en arreglo de Christina Pluhar sirvió para  introducirnos en esta bendita heterodoxia con presencia del cornetto y el salterio en una «rueda barroca» mientras se ajustaban los niveles de la amplificación antes de la primera italiana con Capezzuto y Dego interpretando La Carpinese y arrancando los primeros aplausos de un público espectante.

Uniendo a Alonso Mudarra (c. 1510-1580)Santiago de Murcia (1673-1739) con una mexicana tradicional llegaría la primera intervención de la mezzo Mancini tras la Romanesca y Los imposibles arrancados con un punteo del cuatro, el «orgánico» y La lloroncita. Mestizaje perfecto que sería la seña de identidad del resto del concierto.

Esquema de concierto con una obra instrumental, La Dia Spagnola de Nicola Matteis (c. 1650-1714) también en arreglo de Christina Pluhar para disfrutar de otra rueda con protagonismos de salterio corneto, contrabajo y percusión, enlazando con una peculiar interpretación de Yo soy la locura de Henry de Bailly (c. 1590-1637) por la soprano belga, sobrada de volumen aunque sin buena articulación del español, el gusto de Jaroussky ni el estilo de nuestra Raquel Andueza que sigue siendo un referente.

Y una página donde disfrutar del trío vocal en perfecto empaste para la jácara No hay que decirle el primor (un anónimo del s. XVII) con el «bloque barroco» sin los venezolanos, buen conjunto para los puristas antes de retomar la tradición con Montilla. El protagonismo inicial de Leo Rondón, un virtuoso del cuatro que lo mismo puntea que empuja rítmicamente, traería de nuevo el baile de Anna Dego, la voz poderosa de Luciana Mancini y hasta los coros de todos los artistas.

Seguiríamos en Venezuela con la instrumental Zumba que zumba a cargo del cuarteto «latino» (Rondón–Mejías-Teruggi-Mayoral) dando todo el aire caribeño que llevan en la sangre aunque estén lejos de su tierra, calor contagioso y público rendido a una música que sentimos cercana y con ritmo que da alegría de vivir.

Del gran Girolamo Kapsberger (1580-1651) la Toccata L’Arpeggiata sirvió para el «lucimiento» de Pluhar, el alma de este ensemble, sumándose el cornetto y la percusión vistiendo la nueva aparición de Anna Dego, siempre descalza y cambiando el vestuario, transmitiendo la plasticidad de una danza actuada y enlazando, cortando los aplausos, con la canción tradicional catalana La dama d’Aragó bien cantada y pronunciada por la soprano  y el «orgánico barroco», delicioso tema e interpretación sentida.

Volvería Capezzuto con un arreglo de Christina Pluhar de la conocida canción mexicana La Llorona, una verdadera reinterpetación del contratenor italiano al que esta vez ayudaría la amplificación junto al «ensemble barroco» muy aplaudido.

El primer punto álgido de la noche lo pondría el Pajarillo (Joropo) venezolano, un cuatro estratosférico, el contrabajo francés tan «tumbao» como si fuese caribeño, las pinceladas y empuje de la percusión y hasta un solo de maracas de Rafael Mejías (apodado El tigre de San Sebastián de los Reyes en El Llano  de Venezuela) que mantuvo en un silencio de asombro a todo el auditorio, mientras «la Negra Mancini» más chilena que sueca volvía a emocionar con su voz.

El propio guitarrista de L’Arpeggiata y también compositor Marcelo Vitalle (1969) nos regalaría a solo con Anna Dego la Tarantella a Maria di Nardò, la Italia tradicional traída a nuestros días con un instrumento barroco que puede acercarnos música de todos los tiempos. Virtuosismo en la cuerda con acordes, rasgueos y punteos que actualizan el folklore.

Y cruzaríamos el Mediterráneo para llegar a Mallorca y la canción De Santanyí vaig partir con Céline Scheen de nuevo bien cantado y pronunciado, acompañada por el quinteto Pluhar-Úbellacker-Vitalle-Teruggi, otro momento de sentimientos y gusto musical.

Otro compositor de nuestro tiempo como el folklorista venezolano Constantino Ramones tiene la divertida canción con ritmo de «gaita margariteña» La embarazada del vientoque canta lo que cuenta una hija de pescadores a su mamá diciéndole «estoy preñada…». Otra maravilla que L’Arpeggiata grabó en el CD Los pájaros perdidos para volver a disfrutar esta vez de la profunda naturalidad vocal de Mancini mejorando la grabación de hace doce años hoy junto a Rondón y Mayoral, el humor tan necesario como la música.

El espectáculo continuaría con el joropo oriental del venezolano Luis Mariano Rivera (1906-2002) La Cocoroba, esta vez con Capezzuto y el «ensemble» con guitarra pero sin los «barrocos», el Caribe del italiano y la magia instrumental nativa y adoptada, con un acelerando final que dejó nuevamente entusiasmado al público.

Vuelta a la «pureza» con el francés Gabriel Battaille (c.1574-1630) y El baxel está en la playa cantado por la soprano Scheen y L’Arpegiatta sin venezolanos, personalmente mejor que la versión con Jarouskky, pues el volumen y color de la belga es ideal para esta página que nos llevaría a las tres últimas piezas, primero otro joropo venezolano, el Pajarillo Verde con Mancini «contestada» por Sherwin, sin salterio, tiorba ni guitarra, pero con el empuje caribeñ, después los italianos Capezzuto y Dego en Pizzica di San Vito, arrancando Mayoral con una pandereta que descubrimos la cantidad de sonidos que artesora, y finalmente otro joropo, El Curruchá del caraqueño Juan Bautista Plaza (1898-1965) con casi todos en este fin de fiesta de baile con diálogo cantado por Mancini-Capezzuto que L’Arpeggiata suele llevar de propina en estos espectáculos. Aunque esta vez la propina sería el bis de la Pizzica con una apoteosis sobre el escenqrio incluyendo a un Doran Sherwin transformado en rockero con chupa, gafas de sol y actualizando un show donde no faltaron bailes compartidos y Capezzuto ofreciendo su otra faceta.

Lo dicho y escrito, otro espectáculo de L’Arpeggiata de Christina Pluhar que volvió a alegrarnos a (casi) todos, sabiendo lo que íbamos a escuchar, pues la música no tiene etiqueta.

Pixán recupera al Padre Galo con una lectura musical

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Lunes 31 de julio, 19.30 horas. Club de Prensa «La Nueva España». Presentación del Libro-DVD de Joaquín Pixán: «Fernán-Coronas, una ļļectura musical».

Se cerraba la temporada de actividades por este curso del Club de Prensa «La Nueva España» que dirige la periodista ovetense María José Iglesias Suárez, y haciendo de presentadora de un nuevo trabajo del tenor asturiano Joaquín Pérez Fuertes (Pixán, Cangas de Narcea, 4 de marzo de 1950), más conocido por el apellido artístico de su aldea natal, quien me confesaría 35 proyectos en una trayectoria que aún continúa activa a sus años y nunca sabremos hasta dónde puede llegar este emprendedor amante de la lírica y de su tierra natal.

Tras la presentación inicial de María José Iglesias y como «aperitivo», se proyectarían cuatro vídeos de los de los 18 de que consta este trabajo de Pixán con Andante Producciones Culturales y la gestión editorial de Ediciones Trabe., contando con distintos patrocinios como el Principado de Asturias, la Universidad de Oviedo, el RIDEA, el Ayuntamiento de Valdés o la Fundación Valdés Salas por citar algunos.

Sobre textos de Galo Antonio Fernández y Fernández Cantera (Cadavedo, 1884 – Luarca, 1939) más conocido como Padre Galo o con su seudónimo de Fernán-Coronas, la inspiración literaria entendida como «Perteneciente o relativo a la lira, a la poesía apropiada para el canto o a la lírica» sirven para «poner en música» 14 de sus poesías a cargo del propio Pixán más cuatro compuestas por el también valdesano Manuel Fernández Avello (Trevías, 1947), una de ellas ex profeso para este trabajo, como comentaría posteriormente y con el propio compositor presente entre el numeroso público asistente.

Una pequeña muestra de un DVD grabado en vivo en el Conservatorio Profesional de Música del Occidente de Asturias, Luarca, «sin trampas», como comentaría el propio tenor cangués, comenzando con Nido de cantares de Pixán acompañado por la pianista Eve Kerloc’h, también transcriptora (junto a María Cueva, María Álvarez o Manuel Pacheco)  y arreglista del “redactor de melodías” como se definió el propio Joaquín: Duerme nenu de Fernández Avello cantado por la soprano mexicana Dolores Granados, Voce di consolazione (de las cinco con textos en italiano del políglota Fernán-Coronas con piano más el cello del turolense afincado en Asturias Javier Romero, y finalmente Aú tán las Esturias mías? con piano, cello y las Voces Blancas del Nalón bajo la dirección de Hanna del Canto.

No es momento ahora de comentar todo el DVD y libro que dejaré para otra entrada específica, pero sí apuntar ya la perfecta unión de palabra y música, porque la rítmica de cada poema elegido es ideal para conseguir la lírica ideal en el llamado «lied astur» o si se quiere nuestra nueva canción asturiana de concierto, que se enriquece con este último trabajo de Pixán, cuatro ejemplos donde saborear tanto la ya conocida añada (nana) de Avello como el aire «tostiano» o el último número con las voces blancas enriqueciendo aún más unas inspiradas melodías.

De los intervinientes en esta presentación, primero lo haría Xulio Viejo Fernández, estudioso del Padre Galo, coordinador científico del «Proyecto Fernán-Coronas» de la Universidad de Oviedo y la Fundación Valdés Salas, hablándonos sobre su catalogación, legado y difusión así como las investigaciones sobre su figura junto a Adrián Martínez, y también sobre el propio trabajo de Pixán.

Proseguiría Clara García, Concejal de Cultura del Ayuntamiento de Valdés, que no podía faltar en esta presentación pues no sólo en su conservatorio se grabó el DVD, también por ser el momento de reivindicar nuestra Llingua y todo el grandísimo patrimonio autóctono, incluido el del Padre Galo, orgullo de Cadavedo, de Luarca y de Asturias.

Antón García Fernández, escritor, traductor, estudioso del Fernán-Coronas y que continúa  en esta legislatura como Director General de Política Llingüística del Principado de Asturias, mostraría su satisfacción por el trabajo de Pixán y todo el legado del fraile oblato natural de Cadavedo, poco conocido al quedar mucho de él inédito en vida, teniendo que esperar 40 años para que Carlos Rico Avello le hiciese llegar los manuscritos del valdesano, continuando el trabajo sonre él en el centenario celebrado allá por 1984 del que Ediciones Trabe publicaría parte de la amplísima producción (como su antología «Poesía asturiana y traducciones», 1993). Seguiría contándonos cómo continúa el apoyo con la anterior consejera Berta Piñán durante la pasada legislatura y todas las colaboraciones de este libro-DVD, siendo destacable que en «La Caja de las letras” del Instituto Cervantes se haya depositado junto al asturiano Ángel González a Fernán-Coronas, primer escritor en asturiano. No faltaron por parte de Antón García los agradecimientos a tantos que siguen “custodiando” este legado comenzando por su vecino ilustre y destacando que los cuatro ejemplos que vimos son buena muestra del trabajo basado en el poeta valdesano.

Finalmente intervendría Pixán sobre su trabajo comenzando con su socarronería “Darme las gracias a mi mismo” por su genética, a sus padres, pues con 73 años sigue «trabajando todavía, bien y útil». Por supuesto y como es lógico hubo más agradecimientos, sintiéndose afortunado de contar siempre con apoyo a sus proyectos, comenzando  por Julio ViejoAdrián Martínez, al Ayuntamiento de Valdés donde se grabó este DVD «¿dónde si no?» comentando como antes indiqué que el directo es siempre único, y él lo sabe. También a Antón García desde el citado 1984 o ya en1993 también apostando por su trabajo de «este redactor de melodías” que además partiría del libro de Antón, más las tres canciones anteriores de Avello, entonces interpretadas con la pianista Yolanda Vidal, presente en la sala, con quien estrenaría en aquel ya lejano 93 en el homenaje de la Consejeria de Cultura al Padre Galo. Curiosa la anécdota de cómo estaba trabajando El Río Esva que también Avello le ofreció como nueva e incorporada con el coro.
También dió las gracias en la lengua asturiana que habla desde crío… con ese acento occidental propio de Xuacu. No faltó comentar su fascinación por el Padre Galo tras el Premio de Pueblo Ejemplar a Cadavedo que supuso un resurgir o redescubrimiento del valdesano, una de sus razones junto al movimiento por nuestra llingua que sigue con más fuerza que nunca, el acercamiento a las raíces, a la lengua paterna (pues no debe ser solo «materna»). También dio ánimos para el trabajo, comenzando por sus nietos, pues los proyectos a menudo se quedan en eso. Y así nos confesó el proceso del recordado Madre Asturias faraónico en 1983 con López Cobos en Londres dirigiendo la Filarmónica londinense y para grabarse en los famosos estudios de Abbey Road. Su entonces pianista Miguel Zanetti le recomienda que se lo encargase a Garcia Abril con el comentario, tras escucharle el proyecto, de “esti rapaz ye tontu”; María José Lorenzo le escucharía atentamente y le diría que del tema económico no habría problema (eran 20 millones de pesetas) y con todo ello salió adelante. Los proyectos hay que realizarlos y en eso Joaquín Pixán es único.

Finalmente y reconociendo que no es pianista, citaría a todos los músicos y arreglistas del DVD para cantarnos en directo, pese al aire acondicionado que nunca es bueno para la voz y desde el piano del Club de Prensa, Verdadera fidalguía y La incla interior que fue como el punto de partida de este último proyecto que ya es otra realidad en el haber del incombustible Joaquín Pixán.

II Semana de la voz: en la música asturiana

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Lunes 16 de abril, 20:00 horas. Auditorio Teodoro Cuesta, Mieres: II Semana de la voz: La voz en la música asturiana. Fernando G. Nuño (voz), Marcos Suárez Fernández (piano), Vicente Prado Suárez «El Pravianu». Entrada: 5 €.

Desde el año 1999 cada 16 de abril se celebra el «día mundial de la voz» para concienciarnos del cuidado de esta herramienta con la que nacemos, nos comunicamos, hacemos sufrir o emocionar y debemos cuidarla porque es para toda la vida. El Ayuntamiento de Mieres a través de su Concejalía de Cultura con la colaboración de la Escuela de Canto y Repertorio «Haragei» que dirige Elena Pérez-Herrero, han vuelto a organizar por segundo año, y luchando contra incomprensiones pero sin desmayar aunque el público no responda, la «Semana de la voz» que contemplando lo variado contempla distintos enfoques en el uso y disfrute de lo más preciado que tenemos quienes la necesitamos para nuestro trabajo y cómo no, para el ocio. Nada incomparable a la voz humana que en Mieres tiene su espacio público.

Este primer día tras la bienvenida y agradecimientos de mi querida amiga, colega y artista pudimos apreciar el papel de la voz en la música asturiana quitando etiquetas y poniéndola donde siempre está, encima del escenario, sea sola, con gaita, piano o toda una orquesta, sin trampas ni amplificación y buscando temas populares en los que muchos compositores siguen inspirándose, manteniendo cada vez más viva nuestra tradición aunque como bien decía hoy el cantante Vicente Díaz en El Comercio, «la tonada está poco valorada por los organismos oficiales«. Por lo menos en mi pueblo se sigue apostando por ella y hasta la televisión autonómica le dedica bastantes programas, necesario para el relevo generacional que está mucho más preparado que hace cien años.

El cantante Fernando García Nuño es un conocido en los circuitos de canción asturiana que sigue preparándose en Haragei y ampliando horizontes en su repertorio. De voz algo gastada y rota, quebrada en algún momento, está en proceso de «reparación» tanto para la tonada como para el llamado «repertorio lírico» que se debe cantar con la misma naturalidad y gusto en él innato desde la tonada y su simpatía, puliendo detalles que con trabajo y esfuerzo irán dando frutos.
Buena elección de doce temas variados que fue comentando, alternando el acompañamiento al piano de Marcos Suárez y la gaita de El Pravianu, para derribar barreras y etiquetas inútiles de una música tan universal como la asturiana, con muy diferentes arreglos, interpretaciones e inspiraciones.

Del Cancionero de Maya y Rodríguez Lavandera en buen arreglo de piano comenzaron Fernando y Marcos cantándonos Pasé la puente de hierro antes de cambiar al acompañamiento de gaita de El Pravianu, magisterio vivo colocándose al fondo del escenario para equilibrar dinámicas, en Si quieres que te cortexe, con primera referencia grabada por Botón (Los Cuatro Ases) en La Habana allá por 1918 y recogida por Baldomero Fernández, otro nombre propio imprescindible en la dignificación de la canción asturiana, hoy con letra de Antonio Gamoneda que junto a Joaquín Pixán han descongelado nuestra tonada dando paso a esta «Tentativa de Cancionero asturiano del siglo XXI«, llevada incluso a CD.

El músico guipuzcoano afincado en Pola de Siero Ángel Émbil (1897-1980) también se inspiró en nuestros temas populares, dejándonos un hermoso arreglo con piano de Les fayes de la rotella donde Fernando G. Nuño añadió el solo de la conocida tonada Arboleda bien plantada para seguir manteniendo viva nuestra música, llamémoslo actualizar o adaptar, con un acompañamiento pianístico agradecido.
Muchos músicos se han inspirado en nuestra tierra, caso de Rimsky-Korsakov con nuestra Alborada y Fandango asturiano en el Capricho Español, e igualmente en la canción de concierto que buscaba identidades en los salones decimonónicos como nacionalismos bien entendidos, por lo que me encantó escuchar la Asturiana de Joaquín Nin (La Habana, 1879-1949) con letra adaptada por Narciso Fernández en la línea de Falla o Antón García Abril sin olvidarme de nuestro Luis Vázquez del Fresno, compositores que encontraron el equilibrio entre voz y piano desde el folklore. Un caso cercano es el del excelente director y compositor Alfonso Sánchez Peña (1942) con su Allende’l mar con letra de José Leon Delestal (Ciaño, 1921 – Madrid, 1989), asturiana cabraliega, de «equí» del oriente astur, de Bulnes, Carreña o Poncebos.

Con la gaita escuchamos La mio neña grabada en 1911 por el Gaiteru Llibardón y recogida como tantas por Baldomero Fernández, siendo famosa en versiones de Juanín de Mieres o Joaquín Pixán, de nuevo con la letra algo cambiada y con un complicado acompañamiento por los cambios de octava entre voz y gaita que con la tonalidad elegida El Pravianu hubo de hacer malabares.
No podía faltar un merecido homenaje y recuerdo al gijonés Enrique Truán (1905-1995) con su Añada para voz y piano de una delicadeza increíble donde los intérpretes se encontraron realmente cómodos.
En el estilo o modalidad soberana con gaita Arrimadito aquel roble poco habitual con gaita y vuelta al piano con el emotivo Pasando el puertu (A. Sánchez Peña y letra de León Delestal) tras comentarnos su charla con mama Josefa de lo más cercana, espontánea y emotiva para que le cantase alguno de los «Cantares de chigre» recogidos en un libro de bolsillo y cómo se convirtió en un verdadero concierto de tres cuartos de hora que le sirvió de ejemplo para este lunes, saliendo y volviendo a «la tierrina» por cualquiera de nuestros puertos de montaña.

El trío final recuperó tres «clásicos», primero la bellísima La foguera (Truán), alegre, fiesta de San Xuan con una escritura pianística envidiable en perfecta conexión con la voz, después Cuando oigo sonar la gaita de Vicente, el recitado antes de continuar acompañado por el piano en esta canción langreana que como nos contó el propio Fernando, hay una grabación de 1905 a cargo del cantante flamenco El Mochuelo por ese viaje permanente de las músicas sin fronteras, y en estilo «soberana» recogida por Miranda (Los Cuatro Ases) en 1923, conocida más cerca por Alfredo Canga. Emotivo recitado con voz sola y quebrada para entonar después con el pianista que en estos temas donde solo hay melodía y poco más, suelo llamar «gaiteru de tecla».

Otro tanto para terminar con la casi obligada y famosa Dime xilguerín parleru que por lo visto fue un asturiano en México quien se la enseñó al El Presi antes de grabarla con guitarra, como informa Javier de Arroes, también presente en la sala, cierre sin «acompañamiento lírico» pero siempre plegado al estilo de canción asturiana cuya historia se remonta a La Busdonga pasando por Diamantina Rodríguez hasta las nuevas generaciones que siguen cantando y renovando nuestro repertorio.

Sobre el ciclo Historias de Mieres

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Martes 6 de marzo, 20:00 horas. Ciclo «Historias de Mieres», Casa de la Cultura «Teodoro Cuesta». Proyección comentada de la película Mieres del Camino (Juan Díaz Quesada, 1928).

Volvíamos a visionar ¡al fin en Mieres! una película que además de ser historia de nuestra «hermosa villa» supuso descubrirme musicalmente cómo se ambientaba en vivo desde el piano aquellas proyecciones de cine mudo en las salas de entonces. Siempre agradeceré a Juan Bonifacio Lorenzo, Boni, director de la Filmoteca Asturiana (defenestrado por los incompetentes habituales) no ya haber recuperado esta película y mantenerla para siempre en la historia del cine, sino contar conmigo en las primeras proyecciones, recordando especialmente la del Teatro Jovellanos de Gijón con la única luz procedente de la pantalla y tocando temas relacionados con mi pueblo de Mieres, canciones populares que incluso aparecían de soslayo en el propio argumento (el encauce del río y el nuevo puente de Siana sobre el Caudal además del ferrocarril a Mieres), la Danza Prima, Santa Bárbara patrona de los mineros, junto a páginas clásicas de Wagner, Beethoven o Albéniz que ponían la banda sonora en vivo tras un visionado previo en una cinta en VHS, hoy ya digitalizadaBoni volvería a mi instituto en 2013 para proyectársela a todo el personal dentro de las jornadas culturales que dedicamos a la minería.
Hoy en día podemos verla completa en YouTube© con un piano añadido del que desconozco procedencia, pues de aquella no era costumbre grabar nada, aunque tendría que investigar y lo improvisado no lo suele reconocer ni siquiera quien lo interpretó en su momento.

Este martes seguía el ciclo con la presencia del doctor historiador y cinéfilo Juan Carlos De La Madrid presentado por Mª Fernanda Fernández Gutiérrez, vivencias paralelas recordando esa joya documentada y editada allá por 1996 por el primero, «Cinematógrafo y varietés en Asturias (1896-1915)», repasando memoria e historia de nuestro Mieres donde teníamos en la misma manzana nada menos que tres cines: el Novedades, el Pombo y después el Esperanza (del cuarto en liza, el Capitol, daría para muchas más sesiones), siendo el empresario Gerardo Pombo quien produciría la película de Juan Díaz Quesada, cubano de origen asturiano, entendiendo bien el poder del cine como espectáculo pero también como documental y elemento de propaganda minera, tal vez patrocinada por la entonces poderosa Fábrica de Mieres. En esta semana de homenajes no podía faltar esta película que ya ha cumplido 90 años el pasado enero, estrenada primero en el Cine Princesa de Madrid y dos días después en nuestro Teatro Pombo.

Un placer escuchar a Juan Carlos contando y glosando la importancia de la película por el hecho de tenerla, las vicisitudes del propio formato, la mina como verdadera protagonista en 1926 que comienza la producción de la película sin entrar nunca en el minero ni el trabajo, el triángulo protagonista de Pinón, Pepina (hija de Gaspar Campomanes) y el prometido indiano Ruperto que está siempre «off», treinta y un minutos donde no faltará mucha información documental de los años dorados de Mieres, el carbón como potencia industrial, también la parte musical que en parte ya comenté anteriormente y donde el final feliz de una historia de Capuletos y Montescos locales tiene boda y fiesta asturiana donde no faltan la pareja de baile -jota asturiana intuida- puede que también tonada, y la pareja de gaita (José La Piedra) y tambor, sin olvidarnos del gran Martinez Abades, músico y pintor relacionado con este  “Celuloide ceniciento y temblón” como lo bautizó De la Madrid.

Interesante seguir la proyección con los comentarios de Roberto Álvarez Espinaredo centrando la acción en lugares reconocibles como Fábrica, el Pozu Barredo, la bocamina del Grupo Mariana, las Casas Baratas de Anasagasti y hasta el Palacio de Viade donde viven Gasparón y Pepina.
Noventa años de una película que es patrimonio cultural en una villa que ha perdido sus teatros como seña de identidad mutados en mini-cines llamados multicines, impersonales dentro de los llamados centros comerciales siguiendo la moda americana donde no faltan palomitas y refrescos, situados en un extrarradio casi cercano al palacete de Gaspar en el valle de Cuna. Al menos quedan los recuerdos y amantes del séptimo arte que siguen rodando en nuestra tierra, denunciando las mismas injusticias de entonces y reivindicando una historia que no podemos olvidar.
La semana aún guarda sorpresas y un guateque en el Casino, como en mis años mozos con el «incombutible» Juan de Pablos, «Flor de Pasión«… el sábado me pilla de verbena en Oviedo pero las horas nocturnas forman parte de muchas biografías locales entre las que se encuentra la mía.

De Vuelta Abajo

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Viernes 15 de diciembre, 20:00 horas. Teatro Filarmónica, Oviedo. Concierto de Navidad del Ilustre Colegio de Abogados de Oviedo: Vuelta Abajo. Entrada libre.
Estar en casa por parte de organización y artistas es lo más importante para un evento en estas fiestas, y el Teatro Filarmónica ha sido escenario habitual del grupo Vuelta Abajo, Entre amigos si bien mi último recuerdo de ellos ultimando el CD fue allá por octubre en el Auditorio con la Banda de Música de la capital.

Tras el discurso de Don Ignacio Cuesta Areces, decano del ICA y la presentación de los invitados a un público fiel que llenó el patio de butacas del Filarmónica, mis amigos de Vuelta Abajo pasaron revista a los doce temas que integran un trabajo que debería estar a la venta en esta presentación, pero que problemas ajenos y lejanos lo traerán suponemos que los Reyes Magos.

La docena estuvo bien trabajada aunque vuelvo a echar de menos más púas y unos arreglos que primen las melodías, pues la escucha de temas tan conocidos en esta nueva etapa de los «primeros dieciséis años» sigue careciendo de esa presencia, supongo que por plantilla nunca al completo, por gripes y evitando hacer del responsable de sonido un mago que equilibrase un directo sin trampas ni cartón, poniendo más bien vuelta arriba las melodías. Calidad instrumental y vocal tiene esta formación de amigos en el tiempo enamorados de la música latinoamericana a los que alguna vez he bautizados como «Los sabandeños asturianos» aunque su nombre sea el de la isla cubana más tabaquera, conocedor por los cigarrillos que fumé desde que tengo memoria, antes Habanos y supongo que tras «la marcha» de Fidel se han renombrado Herencia. Amigos, tabaco, memoria y música.

Sin entrar a fondo con lo disfrutado esta tarde aunque buscando con detalle mis habituales enlaces (links dicen los expertos) a los temas escuchados, dejo directamente las anotaciones en el «celular» según iba escuchando, amparado que no escondido en la última fila por no incordiar ni molestar con las fotos que también ilustran esta entrada.

Alma Llanera de Venezuela, el himno no oficial con todos un poco fríos y desajustes varios, aunque el tema siempre ha sido de los preferidos de estos «vuelteños«.
Y con el mismo aire De Tenderetede Elfidio Alonso, sabandeño fundador, ya van entonando en Canarias, tierra de ron y tabaco, de bellas mujeres y folklore inigualable, vuelta abajo de Venezuela de la continental canaria ultramarina en tantas cosas.
Volvemos a cruzar el charco, Argentina, Atahualpa Yupanqui y la Zamba de la toldería tras lección de historia y geografía que acompaña cada tema, famosa por Los Chalchaleros, QuilapayúnLos Cantores de Quilla Huasi, bien estos de Asturias con ese ritmo característico que los chicos de vuelta dominan a la perfección.

Paloma ausente de Violeta Parra, bienvenida a la hija donde sikus, quenas y bombo legüero visten de calidad unas voces ya empastadas y mejor ecualizadas con guitarras y bajo, eléctrico pero discreto.
De Leonardo Favio recordando a Cafrune y Marito El niño y el canario hecho bolero elevando tristeza a recuerdos de infancia, bien cantado y sentido aunque los argentinos no son de vuelta abajo.
Y no podía faltar un vals, de Perú Callejón de un solo caño enlazado sutilmente con la «marinera» Palmero, ¡qué bonito! con el típico cajón que Paco (de Lucía) traería para quedarse flamenco, voces bien equilibradas con cuerda y percusión más el bajo redondeando el conjunto aunque perdamos la melodía en pos de la armonía.

Viaje al nordeste argentino con un «chamamé» de Jorge Fandermole, pobre pescador y Oración del remanso al Cristo de las redes, efectos acuáticos y ornitologicos en la entrada instrumental antes de dos solistas (bien «mi Eduardo derecho») que van preparando el conjunto para este bello son.
Aquél grupo que se llamaba Los fronterizos popularizó el himno de todos los latinoamericanos tan escuchado en los años de la llamada transición, al menos esperanza sí había, la Canción con todos, «todas las voces, todas…» en versión creciente de solo, bocas cerradas y la explosión del estribillo, sin perderse el puente de quenas desembocando en un final nada desbocado sino agarrando los machos.

Del cuyano Buenaventura Luna, el mismo de la zamba «toldera» vendría Si «sabis» templar las cuerdas que nos devuelve el purismo folclórico, en las voces con recitados (más puneños que jujeños) e instrumentos, bien «templados» por afinados y temple (a falta de timple).
El golpe para los venezolanos también es un ritmo (no sean mal pensados), el de Amalia Rosa en arreglo asturiano del guitarrista avilesino Moisés Arnaiz, original conjunción instrumental y vocal engrandeciendo el ritmo pero corto de púas que podrían haber dado el color al segundo nombre de la dama cantada.
Los Reyes Magos (Ariel Ramírez) nos adelantó las navidades, con más equilibrio y buen contrapunto brillando flautas y percusión, manteniendo el espíritu de nochebuena en la siguiente ¡Ay para Navidad!este bailecito villancico con el mismo ambiente de buenas voces y púas cuál arpas de registro grave, fórmula de puente flautado y desembarco pascual a la espera del nuevo año.

Más allá de los doce temas del esperado CD presentado «virutalmente», llegaría el 13 sin superstición, un bolero de origen cubano pero portorriqueño Madrigal con voz solista gastada en esa tesitura pero sentida cual tango, remontando el conjunto para quien «bolero» no es sinónimo de mentiroso ni de limpiabotas.
Nos hablan de Bolivia pero supongo será Paraguay, también en repertorio con Alma guaraní de Ramona Galarza, exaltación de una raza de orgullo y posterior mestizaje musical así entendido en este tema con todos los intérpretes entonados en el buen sentido de la palabra, incluyendo solista y coro. La celebración en taberna cercana aún debería esperar el último tema.

Amigo no podía ser mejor elección para despedirse con todo el teatro coreando y palmeando. Sin necesidad de que cantásemos el «Todos queremos más» y con la premura del técnico Rober que debe tomar rumbo a Vegadeo en esta noche lluviosa, aún queda tiempo para el Candombe para José, un clásico de Vuelta Abajo y «Ánimo arriba», echando en falta la conocida melodía más presente pero dejándonos el regusto de paladear el compacto, pues el trabajo de estudio puede remedar detalles que el directo no. Gracias amigos y felices fiestas.

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