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Los Zapico «operan» desde Asturias

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Ya tengo en mi poder el nuevo disco «Ópera Zapico» para el sello alemán WinterAndWinter, y ya es el quinto (aplíquese al refrán), disponible también en iTunes© y Amazon©, un disco pergeñado con tiempo y grabado en casa, en el Auditorio de Oviedo, la residencia de la formación Forma Antiqva el pasado mes de marzo con unos arreglos propios desde Monteverdi a Mozart, que sin perder nunca el estilo propio de los hermanos Zapico, cuenta con invitados cercanos de calidad contrastada, dando de nuevo en el clavo con otra apuesta arriesgada pero capaz de atraer a aficionados de todo tipo, incluyendo los líricos, que en Asturias abundan. Como escribía un periodista carbayón, son «bombones de ópera con sabor Zapico«, arias reconocibles para los melómanos y nuevas en su concepción instrumental.

Intérpretes:

Aarón Zapico: clave y órgano – Daniel Zapico: tiorba – Pablo Zapico: guitarra barroca y archilaúd.

Artistas invitados:

Alejandro Villar: flauta de pico – David Mayoral: percusión – François Joubert-Caillet: viola de gamba – Lluís Coll i Trulls: cornetto – coro El León de Oro (director: Marco Antonio García de Paz).

A continuación paso a describir obras, autores y primeras impresiones con el CD sonando en la cadena de música (siempre de más calidad que en otro tipo de reproductores), notas escritas desde la inmediatez de su escucha, aún necesitando, como todo, más tiempo para detalles que necesitan posar y pesar.

1. «Deh vieni alla finestra» –Don Giovanni– (Mozart).

Trío en estado puro con un «clave mandolino» y las cuerdas pulsadas cuasi sinfónicas, cantando este oyente en la ventana catódica.

2. «Air pour les Sauvages» –Les Indes galantes– (Rameau).

Los tres hermanos con la excelente percusión de Mayoral pletóricamente danzante y rococó.

3. «Quella Clizia innamorata» –Il più bel nome– (A. Caldara).

La delicadeza del trío con los ornamentos adecuados y en su sitio creando atmósferas elegantes de protagonismos sabiamente elegidos.

4. 5. 6. «Overture» de Artaserse (J. C. Bach).

Una obertura cual «concerto grosso» se tratase en sus tres movimientos con el desparpajo y jovialidad de los Zapico: el Allegro di molto pletórico de sonoridades, pasajes virtuosos de limpieza prístina, armonías redondas de guitarra funcionando hasta percusivamente alternando con intervenciones solistas compartidas, aún más presentes en el Andante de refinado salón en los tres artistas siempre compartidos, para desembocar en el Presto de fulgor y luminosidad casi de fuegos de artificio.

7. «O morte gradita» –Il Sant’ Alessio– (S. Landi).

El órgano nos da atmósferas de claroscuros caravaggianos con pinceladas guitarrísticas a modo de vidrieras que tamizan esa muerte llena de vida.

8. «Lascia ch’io pianga» –Rinaldo– (Händel).

El cornetto de Lluís Coll cual voz castrada, contratenor o mezzo, e igualmente vocálica en fraseos con un trío que da continuidad al corte anterior en una transición sin brusquedades, donde la guitarra también frasea y dialoga esa melodía tan reconocible e irrepetible, con ese sustento cordal.

9. «Batti, batti, o bel Masetto» –Don Giovanni– (Mozart).

Mozart siempre para descubrir, manteniendo el órgano y unos punteos gemelos que si bien parecen irse a un segundo plano en la mezcla nos sacan a la luz las mal llamadas notas de paso tan importantes como las de la melodía del aria de Zerlina, sentimiento femenino como en la versión original lograda en esta combinación de viento y cuerda reducida a trío para no resultar cargada ni cargante, con acordes «orgánicos» recreando la atmósfera callejera vienesa.

10. «Se giunge un dispetto» –Agrippina– (Händel).

La flauta dulce de Alejandro Villar emerge entre el clave y las cuerdas pulsadas en el aria de Poppea del primer acto, que bien recuerda los conciertos barrocos por virtuosismo en ejecución y aire rápido, interpretación instrumental de alta calidad en todos ellos sin perder el origen vocal precisamente cuando las voces se instrumentalizaban de forma diabólica.

11. «A Dios, prenda de mi amor» –Amor aumenta el valor– (José de Nebra).

La necesaria y merecida referencia española tenía que darle protagonismo a la guitarra con el contracanto del archilaúd, casi «chitarrone«, melodía y armonía en un dúo de amor fraternal en el amplio sentido.

12. «Mogli mie sconsolate» –La Calisto– (F. Cavalli).

Cavalli continúa el anterior amor hispano del dúo fraterno al que se suma la viola de gamba de Joubert-Caillet logrando un ambiente digno de Sainte-Colombe, un trío de cuerda lúgubre y «desconsolado», cuerdas frotada y punteadas con la aparición de un clave en registro de laúd que encumbran aún más la viola en el registro más cercano al de la voz humana.

13. «Vi ricorda o boschi ombrosi» –L’Orfeo– (Monteverdi).

Los tres hermanos retoman su trío habitual para este Orfeo monteverdiano cual otra pieza de sus Concerto Zapico, punteos de clave, rasgados en guitarra, basamento en la tiorba, alternando presencias y armonías con un aria realmente luminosa.

14. «Chaconne: Dance for the Chinese man and woman» –The Fairy Queen– (Purcell).

Las chaconas también están presentes en los conciertos de la formación asturiana, esta vez reforzados con la percusión de Mayoral (panderos, bombos y panderetas) para una danza con dedicatoria china pero muy inglesa en su concepción interpretativa, auténtico cuento de hadas con punteos de clave y guitarra más el siempre presente laúd, música operística extrapolable al salón de balle en otro acierto de adaptación y arreglo.

15. «When I am laid in earth» –Dido and Aeneas– (Purcell).

Contraste anímico para el mismo Purcell en cuanto a ese remanso tumbado sobre la tierra, el trío al natural para un aria siempre increíble que crece en este arreglo instrumental, alcanzando aún más profundidad sin texto a favor de la música pura.

16. «Ritorna, oh caro e dolce mio tesoro» –Rodelinda, Regina de’ Longobardi– (Händel).

Arranca el clave ese aria femenina a la que se van sumando y retomando protagonismo los tres Zapico, elegancia de salón y melancólicos ornamentos que no enturbian jamás la melodía presente y reconocible.

17. «Thanks to these lonesome vales» –Dido and Aeneas– (Purcell).

Y cerrando esta música de ópera nada mejor que «mi» coro de oro para este agradecimiento purcelliano que arranca la guitarra, continúa la tiorba, engorda el órgano en presentación total que desemboca en la plenitud vocal pura, de empaste siempre único, voces blancas protagonistas arropadas con esa delicadeza que tiene la formación gozoniega, mis dos «debilidades» reunidas en esta maravilla de Purcell que no podía ser mejor final para esta nueva grabación de Forma Antiqva con Winter& Winter, desde el Auditorio de Oviedo con proyección internacional.

Gracias y enhorabuena por esta nueva delicia musical.

Duro para el bolsillo melómano

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Antes se hablaba de «la cuesta de enero» pero en plena crisis y como escuchaba hace poco a una sufrida madre pagando libros de texto ¡de segunda mano!, todo el año es una cuesta sin fin, y ríanse ustedes del Angliru.

Supongo que debemos estar todos parecidos porque sube todo menos los sueldos, y en este mes de septiembre me toca pasar por la taquilla del Campoamor (¡menos mal que no tengo hijos ni hipoteca!) para pagar mis dos abonos habituales, tras ir quitándome muchos otros (Sociedad Filarmónica, Ópera de Oviedo de la que fui «pionero» en el abono de la segunda función -ahora hay incluso cinco-, Festival Lírico, Zarzuela…) y es que el sueldo de profe no da para tanto, teniendo uno que priorizar, amén de cortar salidas a otros conciertos cercanos (aunque sean en coche con sus peajes y subidas de gas-oil), vacaciones más cortas y en casa, con un cinturón cada vez más apretado que tendremos que cambiar por tirantes ante la ausencia de más agujeros.

No me voy a quejar del desembolso de 664€, aunque sigue siendo una barbaridad, pues en la capital del Principado los precios sigue siendo más bajos que en el resto de España (y doy fe de ello) pese a coincidir muchos programas y artistas en gira por la piel de toro, en parte porque la PPodadora cultural no está tan a flor de piel como en otras plazas, manteniendo Asturias subvenciones (¡qué no falten!) y patrocinadores (¡un monumento a ellos!) a la espera del tan largamente prometido «mecenazgo cultural«, y con protesta musical sinfónica el próximo día 23 de septiembre. Incluso se nos permitía pagar en veces para hacer más llevadero el susto, que comparado con abonos de equipos de fútbol y dividiendo el importe total entre los partidos, a la larga resulta incluso rentable: tienes siempre la misma butaca y asegurados los encuentros importantes sin que nos castiguen con un «día del club» donde tienes que volver a pasar por taquilla. Bendito dinero de plástico que permite a uno reorganizar la maltrecha economía doméstica.
Agradecer a mi querida OSPA, además de 22 años de «matrimonio», que para esta temporada sólo haya subido 50 céntimos, pues si el Gobierno saca pecho por unos pocos parados menos, tenemos que ser como el anuncio aquél del «granito a granito». Así pues 200€ el abono en butaca no es tan caro para los 14 conciertos de la temporada, segunda del búlgaro Rossen Milanov al frente y con programación en la línea de seguir con repertorios de siempre (la Militar de Haydn, Segunda de Schumann, una Séptima de Beethoven o Mahler con su Quinta cerrando temporada) junto a estrenos (el Concierto para guitarra de Leshnoff) y obras menos programadas (de Pärt o Benet Casablancas), atendiendo naturalmente los centenarios de Wagner, Verdi y Britten, del que destacaré el War Requiem del 22 de noviembre con los Coros de la FPA, dentro de una programación bien pergeñada con el lema «Música y guerra» (vuelve a colaborar la Universidad) a la que se sumará la continuidad de los grandes ballets (Pájaro, Lago y Cenicienta el 15 de noviembre), con directores conocidos (vuelven Lockington, Benjamin Bayl o Perry So entre otros) y solistas de primera (Manuel Barrueco, Kirill Gerstein, Renaud Capuçon o Daniel Müller-Schott entre otros). También destaca la decidida apuesta didáctica del maestro Milanov con el segundo año del programa «Link Up» que creemos y queremos repita el éxito anterior de «La orquesta se mueve», este año probablemente «La orquesta canta». Espero seguir contando cada uno de los programas y agradeciendo las lecturas. Habrá alguna novedad más como el programa «Avanti«.
Evidentemente nos quedaremos «huérfanos» de OSPA los títulos en el foso de la Ópera de Oviedo donde vuelve mi «candidato favorito» Guillermo García Calvo nuevamente con Wagner, pero seguiremos con la esperanza de la Primitiva, las transmisiones televisivas gratuitas o esperaremos las entradas de «última hora» que resultan más llevaderas. A los programas extraordinarios espero asistir también aunque «el principesco» siempre inaccesible para el vulgo deba conformarme con el ensayo general, perdiéndome el Réquiem verdiano en Covadonga del próximo 28 de septiembre por compromisos ineludibles fuera de Asturias.
Reflejar la campaña abierta de micromecenazgo y beneficios con el «Club OSPA» que va desde 75€ en el formato «Andante» a los 500€ del «Vivace», incluyendo invitación a un acontecimiento especial ofrecido por el Maestro Milanov. Todo sea por captar fondos ¡de quien los tenga!.
A la vista de mis gastos y por proponer, me postulo abriendo la campaña «Adopte a un melómano» que asegura comentarios en su Blog, Twitter, Facebook, Instagram y lo que haga falta…
Las Jornadas de Piano «Luis G. Iberni» y los «Conciertos del Auditorio» que organiza el Ayuntamiento de Oviedo se llevan el grueso del gasto, abono conjunto de 434€ para 20 conciertos dan una media de 27,10€ para cada uno, lo que resulta ¡barato! comprobando algunas figuras y precios para localidades sueltas. Queda como «Día del Club» el de la O. S. de la Radio de Baviera con mi idolatrado Dudamel al frente el 7 de abril de 2014, cual partido de Champions en que los socios tenemos precio especial de 30€ en nuestra misma localidad.
Ahí está el total de los 664€ porque las matemáticas no fallan, claro que el plantel lo merece y voy con pinceladas: Eugeny Kissin, Maria João Pires, «San Sokolov«, Horacio Lavandera o Javier Perianes con el Cuarteto Quiroga para los aficionados de las 88teclas, Gidon Kremer, Suzuki con el Bach Collegium Japan, Kent Nagano al frente de «su» Sinfónica de Montreal, Esa-Pekka Salonen con la Filarmónica de la Scala (esperando acuda a la cita) o Ton Koopman y sus 35 años al frente de la Amsterdam Baroque Orchestra para los sinfónicos completos, sin olvidarnos los amantes de la lírica de Elina Garança e inseparable consorte llanito Karel Mark Chichon, y el enorme, en todos los sentidos, Thomas Hampson, dos regresos a Oviedo que seguramente llenarán el auditorio (otra razón para el abono), sin olvidarnos otro taquillero como Michael Nyman, sólo para hacerse una ligera idea y donde también tendremos otras figuras nacionales e internacionales que harían prolijo el relato aunque quiera reflejar la unión de dos formaciones que me tienen ganado hace años: Forma Antiqva y El León de Oro el 31 de marzo con una «Pasión según San Juan» de Bach que espero como agua de mayo en Cuaresma. Conti y la OvFi tampoco faltarán en varios conciertos, completando un abono en primera división.
Quedan también algunas entradas sueltas ya adquiridas para la ópera carbayona donde no puedo faltar al Don Pasquale (19 de noviembre, 2ª función) que cantará mi querida Beatriz Díaz (62€ en Anfiteatro) o un Don Giovanni joven con mi admirado tenor cordobés Pablo García López… pero aún toca esperar.

En septiembre no tendré mucho directo aunque siempre hay discos y DVDs por refrescar e incluso comentar. Aquí seguiremos al pie del teclado…

Cierre de Oro

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Sábado 13 de julio, 20:30 horas. Teatro Jovellanos, Gijón. XVI Festival de Música Antigua: «Deutsche Polyphonie: el lenguaje eterno del alma». Coro El León de Oro (LDO), Marco Antonio García de Paz (director), Javier Utrabo (violone), Alfonso Sebastián (órgano). Obras de Orlando di Lasso, Heinrich Schütz y J. S. Bach. Entrada: 12€.

Como «leónigan» convencido no tengo mejor forma de cerrar el curso musical que con mi admirado coro luanquín, a su vez broche de oro de un festival gijonés que he podido seguir en su totalidad, viendo su avance en estos 16 años donde he crecido y viajado muchas veces por ellos, sintiendo cada concierto como algo propio, apreciando los progresos (muchos) y sufriendo por los recesos (pocos), sintiendo ausencias y disfrutando incorporaciones, compartiendo el amor por lo que cantan, las enseñanzas del maestro P. Phillips, la ampliación de repertorios no siempre valorados por el gran público, y sobre todo ese «bien inalcanzable» que siguen anhelando: «el sonido perfecto» al que ganan terreno para darnos cuenta «que el ideal no está sino un poco más lejos».

LDO tras su gira andaluza mi coro de referencia traía a Gijón probablemente el programa «más suntuoso al que se ha enfrentado» (palabras de Marco), esencia coral de la mayor belleza y dificultad que plasmaron en el coliseo «playu» con una entrada de primera tras pasar por taquilla, lo que refleja las pasión y entendimiento coral de la capital costera.

El nombre del espectáculo era un dogma de fé, polifonía alemana del Renacimiento al Barroco teniendo al gran Lasso de sus años en Munich como primera parte, para en la segunda añadir órgano y violone del sajón Schütz, referente además de puente entre épocas, y finalizar con «el dios Bach» y dos motetes, buscando el diálogo con el alma, porque «nadie ha tocado un alma, ni la ha visto, ni escuchado ni paladeado. ¿Cómo cantar al alma? Con el eterno lenguaje abstracto de tres de los mayores creadores de belleza que hayan existido. Con una música que no nos dice nada, que no significa nada, que no tiene traducción, que simplemente es bella. Bella y eterna como bella y eterna es el alma».

El León de Oro sigue teniendo a Orlando di Lasso y su Missa Bell’ Amfitrit’ altera a 8, como obra de cabecera que sigue demostrando un coro capaz de desdoblarse (7 mujeres +10 hombres y 9+9) sin perder nada de calidad, afinación, matices, emisión, técnica impecable y sobre todo esa musicalidad que hace meditar en un Santus «ex-missa» por la suntuosidad desde la interiorización. Media vita con «medio coro» (8+9) es la versión mínima para otra obra interiorizada desde el magisterio de Marco A. García de Paz que lleva la música renacentista minimalista a calidades increíbles, mimando afinaciones, respiraciones, fraseos e intepretaciones de época, introspección cantada. El motete Omnes de Saba recuperaba el coro al completo capaz de mantener volúmenes en los pianos y engrandecer los fortes sin renunciar a nada, manteniendo el «sonido LDO» que les diferencia del resto de formaciones corales cercanas. Primera parte muniquesa de un Lasso al que siempre necesitamos volver a escuchar para seguir rindiendo «pleitesía al sonido y la entrega a un bien superior como es la belleza» que ¡nunca está en crisis!.

La segunda parte trajo la incorporación de órgano y violone como perfecto complemento para los germanos Schütz y Bach, auténtico bajo contínuo de lujo, enriquecedor de un color coral de por sí bello con una pronunciación y vocalización alemana académica donde los instrumentos sacaron el brillo y sustento (espiritual) para las cuatro obras del primero y el subrayado perfecto en las dos del segundo.

Para Schütz nuevo derroche de combinaciones corales: los motetes Die mit Tränen säen, SWV 378 (10+9), el doble coro (13+12) a seis voces del Selig sind die Tote, SWV 391 y también Ich weiß daß mein Erlöser lebet, SWV 457 (7 mujeres +7 hombres) manteniendo uniformidad vocal y volcando emociones, sobre todo en el segundo, antes de afrontar nuevamente a doble coro y 8 voces el Deutsches Magnificat SWV 494, un magníficat alemán «magnífico», muestrario colorista de emotividad y buen hacer, contrastes de todo tipo con el complemento instrumental siempre en su sitio, órgano de registros bien elegidos y un bajo de arcos amplios fraseando con la cuerda masculina.

Para los motetes de Bach mantuvieron el doble coro y bajo continuo instrumental en distinta combinación pero igual resultado: El «controvertido» Ich lasse dich nicht, BWV 159a (7+10 y 9+9) sigue respigando su escucha, auténtico lenguaje terno del alma y las armas del LDO: «entusiasmo y calidad, amor y perseverancia» con unos fraseos y cambios de tempo capaces de traernos Sto. Tomás de Leipzig al teatro gijonés, rematando con Komm, Jesu, Komm, BWV 229 para dos coros mixtos (6+9 y 8+8) del kantor, eterno bálsamo musical para los mundanos placeres auditivos, aún mayor de haber estado en una iglesia con acústica al uso, encanto vocal en cada cuerda y desdoble, contrapunto virtuoso desde el convencimiento interpretativo, éxtasis poético en cada frase y consonante final donde música y palabra se hacen gozo espiritual. Este «león no ruge» sino que hipnotiza con sus cantos, los rugidos van a la entraña del melómano que se retuerce de placer.

Y el siempre eterno Palestrina de propina, Nunc dimitis (a ocho) «a capella» para retomar el Trento hispano, Contrarreforma llevadera porque se hace música, aunque LDO nos hagan pecar sin propósito de enmienda… y con ganas de repetir. Tomaremos las vacaciones como penitencia.

Magisterio renacentista

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Foto: Diego Domínguez Pérez

Sábado 6 de abril, 19:30 horas. Auditorio Nacional de Madrid, Sala de Cámara: Peter Phillips & El León de Oro: Grandes Maestros del Renacimiento. «Laudibus in sanctis», obras de Lasso, Victoria, Byrd, Gombert, Gesualdo, Lobo y Palestrina. Entrada: 15€.

Disfrutar nuevamente de mi coro preferido, dirigido por un Maestro con mayúscula como el británico Peter Phillips con el repertorio que domina como nadie, y además en el Auditorio Nacional, no tiene precio. Compartirlo con amigos «in situ» supone contar de primera mano otra experiencia irrepetible, porque El León de Oro (LDO) sigue asombrando en cada concierto, independientemente del repertorio o la renovación de voces en sus 15 años de historia. La propia presentación del programa de mano merece leerse como ideario de esta formación que todavía seguirá dando a los «leónigans» muchas alegrías: «lo que cuenta es la pleitesía al sonido, la entrega a un bien superior como es la belleza. La belleza nunca está en crisis. La belleza es. Somos sus intérpretes los que podemos estar en crisis personales, económicas o de otra índole, algo que poco puede importar ante la grandeza de un acorde bien construido por Palestrina como el que cierra este programa».

De la búsqueda de esa belleza sonora puedo dar fe en cada una de sus actuaciones en directo, siendo la más «cercana» y parecida por las obras y autores elegidos la vivida en la Catedral de Oviedo con el propio maestro británico: un arduo trabajo, no ya musical que es enorme, sino de búsqueda de financiación, quedando reflejado en un DVD que atesoro y sirve de pequeña muestra al ímpetu de un coro amateur pero profesional en sus resultados. Para su presentación en la capital de España nada menos que en el templo musical, que celebra sus 25 años, el esfuerzo volvió a tener recompensa, contando con la colaboración del Coro de Voces Graves de Madrid, el Excmo. Ayuntamiento de Oviedo, Hoteles El Carmen de Carreño y Dña. Bettina von Scheidemantel, repitiendo Phillips con el LDO y acrecentando la grandeza de unos intérpretes magistralmente llevados por el británico en unas obras donde la música coral es sublime.

Comenzar con Lasso fue el primer reto. La Missa Bell’ Amfitrit’ altera a ocho voces «a capella» supone para cualquier coro trabajar y condensar todo lo necesario para una interpretación acorde a la magnitud de esta obra: emisión clara, pronunciación correcta, afinación perfecta, seguridad en los ataques, dinámicas amplias y sobre todo un perfecto entendimiento con el director, logrando una flexibilidad impecable desde el Kyrie al Agnus con emociones a veces contenidas y otras rebosantes (Gloria), grandeza de Lasso que también alcanza a Media vita para un coro reducido que volvió a deleitar en todos los aspectos.

El remate nuestro insigne Tomás Luis de Victoria y su Regina coeli, otra lección del Maestro Phillips con sus «leones aventajados», puntuación sobresaliente hasta para el público: educado, emocionado, conteniendo respiraciones y dejando flotar cada final el tiempo suficiente para degustar todas las notas, los finales de frases que se miman al detalle, sin prisas por aplaudir y una acústica de la sala que devolvió en todo su esplendor la obra del abulense en las voces celestiales del coro asturiano «llevado de la mano» por un experto.

Tras la pausa del cigarrilo que me sirvió para saludar a otros «leónigans» venidos de distintas partes de la geografía, una segunda parte tal vez menos interiorizada y exigente para todos pero igualmente sabrosa donde no podían faltar estilos y nombres que llevan el latín a su máxima expresión musical, perfecta unión donde el texto alcanza el paraíso sonoro, o «flotar» como el día antes en Gijón.

Laudibus in sanctis (Byrd) que también titulaba el programa, la óptica inglesa del Renacimiento con lenguaje propio e igualmente universal que director y coro bordaron, Media vita (Nicolas Gombert), acento franco-flamenco en el amplio muestrario vocal que brilla en esta partitura, Ave dulcissima Maria (Gesualdo), la belleza interior del canto a La Mujer compuesto por el Príncipe del madrigal emotivamente llevado, Versa est in luctum (Alonso Lobo) con el color sevillano de un compositor nuestro que El Maestro recuperó para seguir mostrándonos la grandeza del repertorio renacentista en las voces de los gozoniegos, otros escolares siguiendo el camino de sus «armas gemelas» The Tallis Scholars, para finalizar nada menos que con Nunc dimittis (Palestrina), obra trabajadísima con Marco A. García de Paz, interiorizada por todo el coro y que dirigida por «PeP» parece levantar vuelo desde el gesto siempre conciso e íntimo bien contestado por los cantantes. Disfrute de cada obra en su individualidad y grandeza, la universalidad de una música vocal tan bien hecha e interpretada que puede detener el tiempo y volvernos al presente en toda su magnificencia.

De propina otra joya renacentista que LDO tiene muy presente en su amplio repertorio, el motete Nescien mater (Jean Mouton) para rematar una clase magistral, doctorado «cum laude» para los leones asturianos con el catedrático británico en un encuentro satisfactorio a más no poder para ellos compartido por un público entregado que aplaudió merecidamente este nuevo escalón hacia la belleza. No en vano las armas expuestas son «poderosas: Entusiasmo y calidad. Amor y perseverancia. La búsqueda del sonido imposible». Orgulloso de ser leónigan una vez más…

Cantabria y después Madrid

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Sábado 23 de marzo, 18:45 horas. Santuario Nuestra Señora de Las Caldas de Besaya, XXVIII Jornadas de Canto Coral. Coro «El León de Oro» (LDO), director: Marco Antonio García de Paz. Polifonía religiosa renacentista y contemporánea.

La Coral de Los Corrales de Buelna organizadora de estas jornadas, apostó este año como decía la prensa por la calidad, y nada mejor que traer hasta su tierra a los vecinos asturianos del LDO, pues no me ciega la pasión si digo que actualmente es el mejor coro español. En trabajo permanente, con cantera que permite renovar sin perder esencia ni calidad, tras un concierto en Palencia llegaban al Santuario con un programa cantado en latín y en dos partes bien diferenciadas, la primera de polifonía renacentista que sigue siendo referente coral. Basta con citar obras y autores para comprobar cómo las perlas se engarzan desde la delicadeza en la elección de ellas con una interpretación íntima, recogida, técnica por lo que supone el siempre dificilísimo «tactum» que dominan como nadie:

Nesciens Mater (Mouton), Ave, verum corpus (Byrd), Versa Est in Luctum (Alonso Lobo), Media vita in morte sumus (Lasso), Vidi Speciosam (Victoria) y Nunc Dimittis (Palestrina). Seguro que Marco limará detalles y mínimos excesos dinámicos en las sopranos, pues los orfebres del sonido no dejan nada fuera de lugar, mimando sonoridades, pronunciación, empaste, líneas, silencios tan sobrecogedores como la propia música.

Para la segunda parte, también con el latín como lengua vehicular que marida a la perfección con la música, al menos para los melómanos, polifonía religiosa cercana en el tiempo donde las combinaciones vocales tanto en colocación como interpretación siguen siendo todo un espectáculo coral. Voces blancas para Ubi Caritas (Ola Gjeillo), graves para el Kyrie de Ramona Luengen (1960), medios coros sólo en número y ubicaciones buscando magnificencia sonora para el Agnus Dei de Pizzetti (1880-1968), el pletórico Sanctus (Josep Vila), todos juntos para el «veterano» pero siempre actual Bruckner (1824-1896) del Os Justi, nueva demostración de gusto por la calidad y emociones a flor de piel, la joya del Ave Maria (Biebl) que sigue cautivándome cada vez que lo escucho, con los solistas en primer plano y el coro al fondo logrando sonoridades de colorido impactante, y el remate de Serenity (O Magnum Misterium) del noruego Gjeilo (1978) para violoncello y coro donde el bajo Manuel Quintana hace realmente cantar al instrumento que encaja perfectamente con ese color vocal único de «los leones» y que .

Disfrutar con cada obra, hasta las propinas envolviendo al público que abarratoba el Santuario de Caldas mucho antes del comienzo, ocupando incluso el crucero, nueva muestra de bordado artesanal donde el hilo áureo y de seda comienza a brotar capas corales que dibujan un cuadro en cada pieza, global y en detalle sin perder nunca entidad. Contraste temporal pero continuidad estilística de un coro que volverá a trabajar parte del repertorio renacentista escuchado en Cantabria con Peter Phillips para su actuación en la Sala de Cámara del Auditorio Nacional madrileño el próximo sábado 6 de abril, otro logro y ocasión para gozar con fruición del maestro británico al frente del coro asturiano. Los «leónigans» seguimos nuestro particular peregrinaje porque cada concierto es único, irrepetible, grandeza musical que no tiene explicación tangible pero refleja nuevamente el objetivo común de «disfrutar y hacer disfrutar con la música coral».

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Lágrimas doradas

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Viernes 14 de diciembre, 20:00 horas. Conciertos del Auditorio, Oviedo: Coro El León de Oro (LDO), Beatriz Díaz (soprano), Borja Quiza (barítono), Oviedo Filarmonía, Marzio Conti (director). Obras de Sergio Rendine (1954), Debussy y Fauré.

Esta semana estoy bajo de moral por la pérdida de un amigo entrañable que el programa de esta tarde ayudó a mantenerlo vivo en mi memoria, con emociones diversas por muchos motivos y cercanías sobre el escenario.
El auténtico protagonista de la velada fue el coro que dirige Marco Gª de Paz, «El León de Oro» capaz  de afrontar con solvencia, seguridad y musicalidad en cada nota la obra que le encarguen, con el secreto del trabajo duro, un auténtico equipo que disfruta cantando y transmite ese amor coral a la legión de «leónigan» que les seguimos. Volvía a colaborar con la OvFi y no me extraña que se hagan asiduos porque sus actuaciones son siempre únicas.
Esta vez comenzaba el concierto con el estreno de Lamentum in mortem herois del napolitano Rendine, obra sinfónico-coral encargada por la orquesta ovetense, un auténtico «collage» desde un lenguaje actual deudor del antiguo como base, espíritu religioso en letra y música con reminiscencias del Ars Antiqva, Leonin, Perotin, Notre Dame… el origen de la llamada «música moderna», con cuartas y quintas, también el tritono pecaminoso y demoniaco como bien comenta Nuria Blanco en las notas al programa, de una orquestación rica en timbres organísticos donde la percusión y hasta dos gaitas (los directores de la Banda «Ciudad de Oviedo» El Pravianu y Guti fuera de escena) ambientan un medievo casi de película, obra llena de dificultades para todos, especialmente para el coro que con 42 voces sonó presente, rico en matices y recreando una obra que acabará sonando en muchos más escenarios, aunque LDO haya dado a luz esta obra que ruega por el alma de los muertos, con una dirección de Conti en su línea de contagiarnos su ímpetu, y aplaudiendo la idea de encargar obras a compositores de nuestro tiempo como es su compatriota Rendine.
Los tres Nocturnos (Debussy) volvieron a demostrar el excelente momento de la orquesta capitalina que ha dado un salto de calidad desde la llegada del director italiano. Cuidadoso del detalle optó por mimar la tímbrica en todas las secciones, desde unos timbales siempre aterciopelados (alguno que me sigue está pensando la enorme diferencia con «el otro») hasta una cuerda etérea pero limpia, arpas de ensueño: el rondó Nuages realmente blancas, luminosas, el viento como brisa dando sensación global y detallista al mismo tiempo; Fêtes trajo el colorido y la danza, banda de música sinfónica bien trazada (qué poco le gustaba a Don Claudio que calificasen su música de impresionista) y llevadas con decisión por Conti, hasta las Sirènes donde las voces blancas del LDO realmente enamoraron, vocalizaciones dificilísimas con poliritmias perfectas, mar dorado más que plateado para dejar flotando en el ambiente una espiritualidad preparatoria de la segunda parte.
Hay un libro del recordado Federico Sopeña que es de obligada lectura para comprender mejor el de esta triste tarde de viernes: El «Requiem» de la Música Romántica (Rialp, 1965), donde hace un estudio del Réquiem en Re m., Op. 48 de Fauré que no tiene desperdicio (como nada de lo que ha escrito el Padre Sopeña), considerándolo como la más significativa introducción a la música del organista y compositor parisino, emparedado y oscurecido entre el romanticismo y el impresionismo frente a la «apisonadora» de su compatriota Debussy, y tengo que seguir citándolo para poder expresar lo sentido en esta obra que amo desde lo profundo de mi espíritu «mundano» y poco creyente como el propio Fauré, que «sucumbre, no a la sensualidad, sino a un raro espíritu de esa sensualidad que se llama charme, encanto, sugestión para lo más fino y lo más peligroso de lo corporal».
Interpretación nada exagerada, adaptada a los medios y nuevamente el coro como protagonista, deleitándonos desde el Introit et Kyrie, seguro, empastado, celestial, con pianísimos siempre primorosos y fortes contenidos pero potentes como los ataques orquestales, avanzando con paso firme voces graves, blancas que siguen sorprendiendo, tutti, contrastes deslumbrantes sin perder sonoridad con una formación instrumental igualmente poderosa a la vez que delicada. Nueva luz en la entrada de la cuerda del Offertoire con el coro otra vez puro terciopelo vocal, y el tránsito con la primera intervención de Borja Quiza sobre la palabra Hostias, una de las cumbres de Fauré, registro rotundo, lleno, sin sentimentalismos pero sí de expresión que está más allá de lo amoroso-profano, color perfecto para esta obra que Sopeña tilda de «Encanto y austeridad» en el capítulo XI por ir contracorriente y no usar abundantes ni variadas intervenciones de solistas, sólo barítono y soprano. El Sanctus va trenzando esa espiral de coro y cuerda donde la orquesta estuvo plena, casi «parsifaliana», el «organístico» Hossana y el concertino cual remolino y trino final antes del cambio del Benedictus por el Pie Jesu que traería a nuestra asturiana Beatriz Díaz entonándolo como ella sabe aunque Monti optase por la brillantez en vez del recogimiento especialmente acentuado en esta parte de la obra. Emoción contenida e intensidad ajustada de la soprano allerana en su breve intervención.
Volvería el protagonismo coral con el Agnus Dei et Lux Aeterna subyugante, coro celestial recreándose en cada frase y matices, muchos en este número, sin olvidarme del órgano también importantísimo en la vida y obra de Fauré, magistralmente interpretado por el virtuoso Sergei Bezrodny, arrancando el emocionante, profundo y subyugante Libera Me con un Quiza y un LDO capaces de lograr convencernos de una ira de Dios con la orquesta entregada a lo que el compositor pretendía y Monti buscó: «feliz liberación, una aspiración a una felicidad superior, antes que una penosa experencia», final de trayecto In Paradisum, las mujeres angelicales, los hombres sustento, coro divinamente terrenal y último suspiro tras la contención del dolor y la angustia, consecución de una paz interior que sólo la música sinfónico-coral logra.

No hay tierra extraña con el LDO

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Sábado 3 de noviembre, 20:30 horas. XXIII Quincena Musical de Durango (Vizcaya). Iglesia de Santa Ana: Coro LDO («El León de Oro»), Marco Antonio García de Paz (director). Obras de Mouton, Byrd, Lasso, Palestrina, Rheinbergher, Mendelssohn, Rachmaninov, Biebl, Busto, Sarasola y Elberdin.

Como seguidor confeso y «leónigan» pude escaparme a Durango en el puente de los Santos y volver a recrearme con este coro del que no canso jamás porque siempre hay momentos mágicos, irrepetibles, capaces de seguir creciendo hacia una excelencia coral desde una belleza sonora que plumas y oídos más doctos ya han descrito. Cada directo es irrepetible y único, el repertorio está tan trabajado, las voces tan afinadas y empastadas, la complicidad y entendimiento con Marco tan agradecida, que el resultado siempre es óptimo. Incluso la mezcla de veteranía y juventud en una formación coral que sigue promocionando la cantera hace que las «bajas puntuales» se cubran con una alineación siempre ganadora. El modelo o escuela vasca triunfa siempre y acudir a esta tierra cercana a la nuestra es como cantar en casa, donde se les admira y ovaciona como propios, público entendido que respeta cada obra, los finales y el esfuerzo. Si además finalizas con dos temas en euskera, con premio en esa capital coral que es Tolosa, la apoteósis es lógica y esperada.

Últimamente no llevo conmigo ordenador, solamente uso el teléfono móvil o la tableta, trabajo rápido y cómo para estos viajes cortos aunque con algunas limitaciones (enlaces o links, fotos, formato…) pero sigo fiel a la inmediatez del comentario. Puntualmente amplío desde casa y esta vez no quería dejar sólo unas líneas porque el pasado sábado volví a «levitar» como dice mi amiga Cristina Otadui, que entendió mi opción coral frente a la operística.

La música renacentista sigue siendo referencia con estos leones, buenos y aplicados alumnos bien empapados de las enseñanzas y matizaciones del Maestro P. Phillips, que «tripetirá» a la vista de los resultados.

El francés Mouton, el inglés Byrd, el franco-flamenco Lasso o el italiano Palestrina tienen muchísimo que cantar en distintas combinaciones del coro, capillas, completo o doble coro, con la dificultad añadida del tactus, esa melopea donde manda la letra subrayada por unas melodías llenas de vericuetos capaces de escucharse en su polifonía, como bien indicó el Concilio de Trento al poner de modelo precisamente a Giovanni Pierluigi da Palestrina, cuyo doble coro para el Laudate pueri resultó atemporal por vigencia, aunque las cinco obras de la primera parte fueron impecables y casi pecaminosas para mi lujuria coral.

El Romanticismo es otro terreno donde LDO se mueve cómodo, contrastes y emociones más viscerales que espirituales aunque los textos lo sean. El Kyrie de Josef G. Rheinberger impacta por esa montaña rusa de matices y registros extremos siempre afinados, empaste coral que con Mendelssohn roza el paroxismo, sobre todo con el Richte mich, Gott donde las voces graves atacan y las blancas contienen, fluir vocal con cascadas y remansos. Para seguir convenciendo, mezclar rigor y vigor (sé que abuso de los juegos de palabras) el Bogoroditsie Devo de Rajmáninov colocó al público en el centro de la acción rodeado por un coro que cerrando los ojos te envuelve y transporta. No sólo se buscan nuevas sonoridades, que también, sino un compartir musical completo haciendo copartícipes del gozo a intérpretes y público.

Para seguir redondeando actuación, el trío solista Elena Rosso, Fernando Fernández y Ángela P. Alba completan un Ave María de Franz Xaver Biebl único, global, compacto, integrando todas las voces en una sola sensación.

El puente lo tiende un músico de la tierra como Javier Busto, otro enamorado del LDO porque sus obras en estas voces hacen aún más grande su música. O Magnum mysterium rinde tributo religioso y romántico desde lo contemporáneo con el exquisito quehacer coral del doctor, degustador de lo bueno capaz de lograr cual reputado enólogo piezas que son reserva para paladares entendidos. Aroma, sabor, color, maridajes increíbles llevan a un final increíble: disonancias, agudos al límite, contrapuntos endiablados y el acorde final a tono tras los difíciles vericuetos de todas las voces, «Grandísimo misterio». Y noté a Marco revisar la afinación con el diapasón al finalizarla ¡sí, no calan ni un cuarto de tono!. Bien por los leones.

El final sigue con músicos de la tierra y en euskera, X. Sarasola y Neskatx’ ederra reconfortante al oído tras la cumbre anterior, más ese zortzico que mueve a todos, Segalariak (Josu Elberdin) reconocido en esta tierra que con permiso, he rebautizado como País Vascoral.

Propina acorde con el entorno sobrio de Santa Ana y Requiem como adiós que resulta siempre cercano, Agnus Dei que nos quita el pecado pero no de leónigan, pecados musicales capitales sin acto de contrición ni propósito de la enmienda.

© Víctor Gallego Baviano

Larga vida a los Leones

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Domingo 28 de octubre, 19:00 horas. Iglesia de la Laboral, Gijón: Proyecto LDO, Coros de «El León de Oro», directores Elena Rosso Valiña, Marco A. García de Paz y Peter Phillips. Entrada: 10€.

Con los años es difícil sorprenderse con algo, menos en el terreno musical y todavía más en el coral. Reconozco mi subjetividad -siempre he presumido de ella- y gustos un tanto particulares forjados precisamente con la edad y lo que llevo escuchado, pero cada concierto de «El León de Oro»-LDO– suele ser impactante y satisface enormemente ver su crecimiento y búsqueda de la belleza sonora. La Iglesia de la Laboral tiene una acústica increíble además de resultar un entorno hermoso artísticamente, y tanto Forma Antiqva como la defenestrada JOSPA ya investigaron y actuaron en ella.

Para unos exploradores sonoros como el tándem Marco-Elena era lógico querer sentir en carne propia estas sensaciones -en parte ya las habían vivido-, presentando además un Proyecto de forma global, aunque por separado ya los hemos disfrutado con anterioridad.

Este último domingo de octubre se presentaban todos los coros conjuntamente y en un mismo concierto para disfrute del público que llenaba la iglesia de la antigua Universidad Laboral, con la certeza de que los «leónigans» aumentan en proporción geométrica. También servía para presentar el DVD grabado en la Catedral de Oviedo el 18 de marzo pasado con el maestro Peter Philips, buena disculpa para volver a traerlo a nuestra tierra, haciendo un hueco en su agenda, y asentar las muchas enseñanzas que dejó. El Proyecto Coral LDO sigue su andadura y la cantera está asegurada tras lo escuchado.

Los Peques (PLDO) que dirige Elena Rosso son ya referente en su franja de edad y capaces de mamar desde la infancia los ideales de sus mayores, donde se incorporarán en nada porque el tiempo pasa volando. Empaste, afinación, disciplina y una musicalidad envidiable para obras nada sencillas (J.Domínguez, Gibbons o J. Berkey) son sus cualidades princpales. Disfrutan cantando con esa naturalidad envidiable tras la que se esconden muchas horas de ensayo y amor por la música coral.

El LDO con su titular al frente sigue asombrando, jugando como siempre y un poco más con las colocaciones (impresionante la cuadrofonía inicial) y desenvolviéndose en cualquier repertorio, esta vez los conocidos Mendelssohn, Rheinberger, Rachmaninov o Biebl cuyo Ave María sonó celestial y los solistas Elena Rosso, Fernando Fernández y Ángela P. Alba son una muestra de la calidad que la formación atesora en todas sus cuerdas.

Aurum es el coro femenino que también dirige Elena, última apuesta del proyecto y perfecto puente juvenil entre los «infantes» y los auténticos «reyes», atesorando ya buen palmarés en el poco tiempo que llevan y coro de voces iguales que no impide afrontar repertorios como Hassler, Gallus, y sobre todo Palestrina más Victoria que bordan como sus mayores.

La presencia de Peter Philips al frente del LDO nos devolvió no ya el repertorio trabajado entonces y hoy ya disponible en DVD para placer perpétuo de todo «leónigan» y amante de la música coral, sino la maestría de la autoridad en estas obras perfectamente seguidas por un coro disciplinado (bien todos, Byrd, Mouton, Palestrina… pero qué Lasso) y adaptado al estilo del maestro británico, totalmente distinto del titular pero igualmente efectivo en el resultado final: delicias sonoras, calidez y fuerza renacentista con el vigor vocal lleno de matices de nuestro más laureado coro asturiano.

El Proyecto, como la vida, no tiene fecha pero es realidad diaria, esta manada de «Leones dorados» tiene futuro asegurado, y como todas las familias de bien, las normas, educación y espejo en los mayores son el mejor legado que tienen.

Suerte para los que seguimos disfrutando con ellos, esperando nos sobrevivan muchos lustros:

Larga vida a los Leones.

No funcionó

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Viernes 12 de octubre, 20:00 horas. Auditorio de Oviedo, Concierto nº 2 de abono: OSPA, Michelle Johnson (soprano), Margaret Mezzacappa (mezzo), Adam Frandsen (tenor), Luis Ledesma (barítono), Coro Lírico de Cantabria, Coro El León de Oro, Rossen Milanov (director). Novena sinfonía de Beethoven.

Qué difícil afrontar una obra tan conocida como la Sinfonía nº 9 en Re m., Op. 125 «Coral» de Beethoven con algo nuevo que aportar, tanto para los intérpretes como para el público. Esta vez, pese a la ilusión previa, nada funcionó. No puedo caer en populismos ni decir que la música de Beethoven triunfa siempre porque precisamente faltó «hacer música», escucharse unos a otros, disfrutarla y contagiarnos. Desde el arranque del Allegro ma no troppo, un poco maestoso ya flotaba cierto temor en el ambiente, indecisión en las entradas, inseguridad, sin pegada en los graves, como una bruma que impedía captar los muchos detalles de un cuadro sinfónico único, más brochazos (y timbalazos) que pinceladas para un fresco brillante que parecía empañado. Era un «querer y no poder» al que le faltaba emoción y limpieza.

El Molto vivace parecía arrancar con otro espíritu pero de nuevo se contagió de cierta melancólica indiferencia, tiempo contenido, partes inconexas, falta de un discurso único, sumas de partes que no lograban el todo. Detalles sin continuidad con altibajos en un «querer y no poder», trompas que no cuajaban, madera por libre, cuerda sin tensión, timbales demasiado fuertes… sin vigor ni rigor.

Parecía que el Adagio molto e cantabile nos redimiría, pero fue otro espejismo. Aquello no funcionaba, esbozos sin cuajar para un movimiento lento que favorecía saborear cada compás pero que el maestro Milanov parecía no tener claro su discurso musical. Las líneas melódicas, las intervenciones solistas, todo seguía con una neblina que impedía arribar a buen puerto. Todos esperando el ansiado Presto final, roto por la aparición de los cuatro solistas que con los aplausos parecían comenzar otra obra en vez de continuar una ascensión ya de por sí tortuosa.

Ni siquiera el tempo elegido logró contagiar algo de este último movimiento que debería suponer esa «Oda a la alegría», hoy tornada en tristeza a la vista de los resultados a pesar de las excelentes notas al programa de mi admirada Hertha Gallego de Torres. La entrada del barítono mexicano prometía por su color vocal, excelente, vigoroso, pero nuevamente quedó en soplo sin continuidad. El coro nunca transmitió confianza ni pegada, juntar dos no hace uno y las concepciones vocales son totalmente distintas, dando como resultado un «simple» entonar olvidando calidad y calidez en la emisión aunque hubiese momentos válidos, pero tampoco funcionó. Si el empaste y color vocal es cuestión de años, es imposible lograrlo en una semana, más el idioma de Schiller y Goethe que requiere mucho tiempo tampoco resultó inteligible, aunque me consta que el LDO lo domina.

La soprano norteamericana, siendo la destacada, cumplió sin emocionar, como su compatriota la mezzo de Ohio, y el tenor danés de color vocal perfecto para el rol, llegó a ser «engullido» por un coro algo desbocado y demasiado apretado en los agudos, parte forzado por dinámicas nunca ajustadas. El cuarteto solista empastó sin más, faltando otra vez la musicalidad, el escucharse todos un poco. Y es que como escribía «en caliente», las partes no lograron hacer un todo, faltó la visión unitaria, el conjunto, el discurrir fluido que esta sinfonía requiere, entenderla globalmente y no sumas individualizadas.

Desconozco el trabajo previo de todos así como lo que buscaba el maestro Milanov en esta versión, pero personalmente me dejó no ya indiferente sino algo cabreado. Beethoven nunca es fácil y requiere algo más, puede que lo que faltó este viernes en Oviedo. Seré raro, especial o vaya Vd. a saber, pero esta vez NO FUNCIONÓ casi nada.

VÍDEO: © OSPA en YouTube®:

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Premio para Guillermo Martínez

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Guillermo Martínez Vega, asturiano de adopción y pación, al que allá por diciembre de 2010 ya destacaba en el Blog como Cosecha del 83, acaba de ganar el I Concurso Nacional de Jóvenes Compositores «Ciudad de Oviedo» (lo recoge la prensa asturiana El Comercio y La Nueva España) con su Rapsodia para violín y orquesta, lo que no me extraña conociendo su trayectoria, aunque en este caso parece que «jugaba con ventaja» puesto que la Oviedo Filarmonía conoce sus trabajos, de hecho estrenó con el Coro Universitario y varios solistas (no estuvieron todos, aunque sí mi querida Patricia Rodríguez) el pasado mes de abril El sueño eterno, con Joaquín Valdeón en la dirección y valedor de otras obras suyas -como ese tríptico– y donde a pesar de todo lo escrito, comenté cómo me había gustado.

Cada obra suya deja huella en quien las escucha, y así recuerdo su Monumentum pro Matematica «Quadrivium Somniat» (febrero 2011) para orquesta de cámara y soprano (con Elisabeth Expósito) en Mieres, o su obra coral con LDO (El León de Oro) que emerge dentro de los nuevos repertorios y se está escuchando en Europa (arriba está el vídeo de ejemplo).

Por lo tanto, además del acierto del jurado formado por el titular de la OvFi, el italiano Marzio Conti, el periodista y crítico musical Guillermo García-Alcalde, valdesano afincado en Las Palmas, y el violinista andorrano Gerard Claret, tengo que darle mi más sincera

ENHORABUENA

por este nuevo galardón que también conlleva premio en metálico (una beca de 3.000€ excelente en estos tiempos de crisis). Espero escucharla cuando se estrene (allá para la Temporada 2013-14), agradeciendo iniciativas como esta de apoyar a jóvenes talentos, que si además son de casa, todavía mejor: será una herencia imperecedera.

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