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Música sin etiqueta

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Lunes 6 de noviembre, 20:00 horas. 25 años, Los Conciertos del Auditorio: L’Arpeggiata, Christina Pluhar (dirección), Céline Scheen (soprano), Vincenzo Capezzuto (alto) y Luciana Mancini (mezzo): Los pájaros perdidos. Música barroca y tradicional sudamericana.

Uno de mis queridos seguidores y amigos en «X» (antes Twitter) comentaba ante mi anuncio de este segundo concierto para las bodas de plata del Auditorio «posteaba» lo siguiente: «Me parece alucinante que todavía haya una programación musical de cierto nivel en este país que siga programando a este conjunto» a lo que le contesté «Creo se busca lo comercial por encima de la calidad, que no siempre van de la mano«. El añorado y recordado Eduardo Torrico ya escribía en Scherzo hace cinco años que «Pluhar no tardó mucho en darse cuenta de que el prestigio y el dinero no van necesariamente de la mano. Dejó la rigurosidad a un lado ym superando cualquier escrúpulo profesional que pudiera albergar, apostó por eso que hoy se conoce como crossover (…) pero no renuncia a la fusión, porque es lo que le ha dado fama, porque tiene una legión de incondicionales y porque, en su suma, es lo que proporciona pingües beneficios«. Está claro que el Auditorio de Oviedo se llena con espectáculos como este donde «La Pluhar» volvía a «La Viena española» rodeada de unos músicos de primera, que en ella es habitual y por eso hace única a L’Arpegiata al aunar calidad con comercialidad. Para quien suscribe y bautizado como «omnívoro musical» precisamente por mi amigo de «X», los muchos discos y actuaciones de la austríaca residente en París son éxitos de ventas, lo que siempre es de agradecer, sin entrar en etiquetas o estilos, pues estos mestizajes musicales atraen nuevos públicos, acercan otros repertorios a un respetable que no suele asistir a los «otros clásicos», al que busca algo distinto y sobre todo para desconectar de un día a día cada vez peor donde la Música con mayúsculas, es la mejor terapia y al salir del auditorio lo hace con alegría, un «qué bien me lo he pasado» y por supuesto algún que otro refunfuñón/a incapaz de probar platos distintos al «menú del día» que no siempre llena ni tampoco se puede acudir diariamente a «Los  estrellas Michelín». La música para disfrutar sin prejuicios y sin etiqueta alguna.

En las excelentes notas al programa de mi querida María Encina Cortizo, tituladas «Los pájaros perdidos: músicas en la frontera»  explica perfectamente lo que escucharíamos en este primer lunes de noviembre: «Los esfuerzos interpretativos de los últimos cincuenta años en favor de la recuperación de criterios históricos han conformado un nuevo sonido barroco –no necesariamente el que fue–, recuperando repertorio olvidado y perdido, y atrayendo nuevos públicos con propuestas heterodoxas y desprejuiciadas. Este concierto es un buen ejemplo de ellas, pues Christina Pluhar con su conjunto L’Arpeggiata, propone un diálogo sonoro entre la Edad Moderna europea y el folklore de la América hispana y la cuenca mediterránea, combinando repertorio de sus discos Mediterráneo (2006) y Los pájaros perdidos (2012)«.

Con una formación de ocho músicos, algunos habituales en su siempre flexible conformación, más tres cantantes, mezcla de intérpretes barrocos y tradicionales a los que otras agrupaciones se rifan, sumándose de nuevo la bailarina o «teatrodanza» Anna Dego, el espectáculo estaba asegurado y el programa se conformó para poder disfrutar de todos ellos. El programa se organizó con 22 páginas, quince de la tradición oral hispanoamericana (México y Venezuela) más las otras cinco de la tradición mediterránea española e italiana, un repertorio que «dialoga con seis obras instrumentales y vocales, fijadas a través de la escritura en los siglos XVI y XVII» como escribe la doctora Cortizo.

Antes de entrar a pormenorizar las páginas, destacar dos «bloques» de músicos que entienden la música barroca y la actual con los criterios de la improvisación casi jazzística, bien organizada y amplificada con mucha delicadeza aunque faltasen por ajustar «detalles», en parte debido a la necesidad de escuchar más presente el salterio o el contrabajo, así como la voz del alto italiano, mientras sobraba o al menos era sobrada para las dos voces femeninas de técnica lírica que no «dominan» el micrófono como los cantantes de pop. El bloque «popular» estaría dominado por dos venezolanos de largo recorrido y profesionalidad también en obras de concierto como Leo Rondón al cuatro y Rafael Mejías en las maracas, a los que dedicaré algún comentario posterior, siendo dos puntales de este espectáculo que por sí solos ya darían para ser protagonistas, sumándose el percusionista español David Mayoral que no necesita presentación entre los aficionados, con las pinceladas y hasta los solos que dan color a toda la música que acompaña. El «puente» lo pondría el francés Leonardo Teruggi al contrabajo, sustento grave, más el imprescindible cornetto del «fijo» Doron David Sherwin en L’Arpeggiata que por momentos suena a saxo soprano. Completarían «el otro bloque» instrumental la propia Pluhar a la tiorba, Marcello Vitale a la guitarra barroca y chitarra battente  para finalmente contar con el delicado salterio de Margit Übellacker que hubiese necesitado más presencia desde la mesa de mezclas del ingeniero de sonido que es uno más en este equipo. De las tres voces repetía el italiano Vincenzo Capezzuto, esta vez más «alto» que bailarín quien ya nos encantase en este mismo auditorio con su anterior espectáculo Stabat Mater: Vivaldi-Project en julio de 2021 junto a Soqquadro Italiano y hace ya ¡diez años! con L’Arpeggiata en Teatro d’Amore que nos «descubrió» a la danzatrice italiana , repitiendo alguno de sus números este frío lunes de noviembre donde el calor lo pondría el escenario. La soprano belga Céline Scheen pondría la potencia y buen gusto en sus intervenciones y mención aparte a la chileno-sueca Luciana Mancini de voz natural, profunda, oscura, potente, grave como «La Negra» tucumana en sus canciones tradicionales y técnicamente un portento que hace fácil lo difícil, transmitiendo y sintiendo unas letras en su idioma materno con la musicalidad de nuestra amada Hispanoamérica. Tres solistas vocales que se mueven habitualmente en el repertorio barroco y afrontaron este concierto con la calidez y calidad de las obras elegidas y atemporales.

La Ciaccona de Maurizio Cazzati (1616-1678) en arreglo de Christina Pluhar sirvió para  introducirnos en esta bendita heterodoxia con presencia del cornetto y el salterio en una «rueda barroca» mientras se ajustaban los niveles de la amplificación antes de la primera italiana con Capezzuto y Dego interpretando La Carpinese y arrancando los primeros aplausos de un público espectante.

Uniendo a Alonso Mudarra (c. 1510-1580)Santiago de Murcia (1673-1739) con una mexicana tradicional llegaría la primera intervención de la mezzo Mancini tras la Romanesca y Los imposibles arrancados con un punteo del cuatro, el «orgánico» y La lloroncita. Mestizaje perfecto que sería la seña de identidad del resto del concierto.

Esquema de concierto con una obra instrumental, La Dia Spagnola de Nicola Matteis (c. 1650-1714) también en arreglo de Christina Pluhar para disfrutar de otra rueda con protagonismos de salterio corneto, contrabajo y percusión, enlazando con una peculiar interpretación de Yo soy la locura de Henry de Bailly (c. 1590-1637) por la soprano belga, sobrada de volumen aunque sin buena articulación del español, el gusto de Jaroussky ni el estilo de nuestra Raquel Andueza que sigue siendo un referente.

Y una página donde disfrutar del trío vocal en perfecto empaste para la jácara No hay que decirle el primor (un anónimo del s. XVII) con el «bloque barroco» sin los venezolanos, buen conjunto para los puristas antes de retomar la tradición con Montilla. El protagonismo inicial de Leo Rondón, un virtuoso del cuatro que lo mismo puntea que empuja rítmicamente, traería de nuevo el baile de Anna Dego, la voz poderosa de Luciana Mancini y hasta los coros de todos los artistas.

Seguiríamos en Venezuela con la instrumental Zumba que zumba a cargo del cuarteto «latino» (Rondón–Mejías-Teruggi-Mayoral) dando todo el aire caribeño que llevan en la sangre aunque estén lejos de su tierra, calor contagioso y público rendido a una música que sentimos cercana y con ritmo que da alegría de vivir.

Del gran Girolamo Kapsberger (1580-1651) la Toccata L’Arpeggiata sirvió para el «lucimiento» de Pluhar, el alma de este ensemble, sumándose el cornetto y la percusión vistiendo la nueva aparición de Anna Dego, siempre descalza y cambiando el vestuario, transmitiendo la plasticidad de una danza actuada y enlazando, cortando los aplausos, con la canción tradicional catalana La dama d’Aragó bien cantada y pronunciada por la soprano  y el «orgánico barroco», delicioso tema e interpretación sentida.

Volvería Capezzuto con un arreglo de Christina Pluhar de la conocida canción mexicana La Llorona, una verdadera reinterpetación del contratenor italiano al que esta vez ayudaría la amplificación junto al «ensemble barroco» muy aplaudido.

El primer punto álgido de la noche lo pondría el Pajarillo (Joropo) venezolano, un cuatro estratosférico, el contrabajo francés tan «tumbao» como si fuese caribeño, las pinceladas y empuje de la percusión y hasta un solo de maracas de Rafael Mejías (apodado El tigre de San Sebastián de los Reyes en El Llano  de Venezuela) que mantuvo en un silencio de asombro a todo el auditorio, mientras «la Negra Mancini» más chilena que sueca volvía a emocionar con su voz.

El propio guitarrista de L’Arpeggiata y también compositor Marcelo Vitalle (1969) nos regalaría a solo con Anna Dego la Tarantella a Maria di Nardò, la Italia tradicional traída a nuestros días con un instrumento barroco que puede acercarnos música de todos los tiempos. Virtuosismo en la cuerda con acordes, rasgueos y punteos que actualizan el folklore.

Y cruzaríamos el Mediterráneo para llegar a Mallorca y la canción De Santanyí vaig partir con Céline Scheen de nuevo bien cantado y pronunciado, acompañada por el quinteto Pluhar-Úbellacker-Vitalle-Teruggi, otro momento de sentimientos y gusto musical.

Otro compositor de nuestro tiempo como el folklorista venezolano Constantino Ramones tiene la divertida canción con ritmo de «gaita margariteña» La embarazada del vientoque canta lo que cuenta una hija de pescadores a su mamá diciéndole «estoy preñada…». Otra maravilla que L’Arpeggiata grabó en el CD Los pájaros perdidos para volver a disfrutar esta vez de la profunda naturalidad vocal de Mancini mejorando la grabación de hace doce años hoy junto a Rondón y Mayoral, el humor tan necesario como la música.

El espectáculo continuaría con el joropo oriental del venezolano Luis Mariano Rivera (1906-2002) La Cocoroba, esta vez con Capezzuto y el «ensemble» con guitarra pero sin los «barrocos», el Caribe del italiano y la magia instrumental nativa y adoptada, con un acelerando final que dejó nuevamente entusiasmado al público.

Vuelta a la «pureza» con el francés Gabriel Battaille (c.1574-1630) y El baxel está en la playa cantado por la soprano Scheen y L’Arpegiatta sin venezolanos, personalmente mejor que la versión con Jarouskky, pues el volumen y color de la belga es ideal para esta página que nos llevaría a las tres últimas piezas, primero otro joropo venezolano, el Pajarillo Verde con Mancini «contestada» por Sherwin, sin salterio, tiorba ni guitarra, pero con el empuje caribeñ, después los italianos Capezzuto y Dego en Pizzica di San Vito, arrancando Mayoral con una pandereta que descubrimos la cantidad de sonidos que artesora, y finalmente otro joropo, El Curruchá del caraqueño Juan Bautista Plaza (1898-1965) con casi todos en este fin de fiesta de baile con diálogo cantado por Mancini-Capezzuto que L’Arpeggiata suele llevar de propina en estos espectáculos. Aunque esta vez la propina sería el bis de la Pizzica con una apoteosis sobre el escenqrio incluyendo a un Doran Sherwin transformado en rockero con chupa, gafas de sol y actualizando un show donde no faltaron bailes compartidos y Capezzuto ofreciendo su otra faceta.

Lo dicho y escrito, otro espectáculo de L’Arpeggiata de Christina Pluhar que volvió a alegrarnos a (casi) todos, sabiendo lo que íbamos a escuchar, pues la música no tiene etiqueta.

Raquel Andueza: locura sin tormento

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Miércoles 4 de mayo, 20:00 horas. Auditorio de Oviedo, sala de cámara: IX Primavera Barroca. De locuras y tormentos: Raquel Andueza (soprano) y La Galanía. Obras de Bailly, Monteverdi, Cavalli, Lully y anónimos.

Cada concierto de la soprano navarra es siempre una locura de buen hacer y si además viene con su formación entonces se desatan los placeres. Tras una conferencia a la que asistieron alumnos del CONSMUPA y de Musicología de la Universidad de Oviedo con sus profesores, toda una lección sobre la voz o sus gustos personales, cercanía y sabiduría para todos, el programa que Raquel Andueza y La Galanía trajeron en colaboración con el CNDM dentro de la novena primavera barroca carbayona que sigue manteniendo un público fiel, estaba conformado por las obras que sus muchos seguidores en las redes sociales elegimos de su repertorio, y no hay duda que acertamos de pleno.
El directo siempre digo que es irrepetible y las ganas de volver a escena por parte de Andueza y su quinteto se transmitieron desde Yo soy la locura que abría el concierto. Si Monteverdi fue quien más sonó se debe al amor de la soprano por este grande que nos ha contagiado a sus fans, transportando sus arias al gusto de su voz siempre natural y única con interpretaciones íntimas, siempre bien acompañada por unos músicos de primera. Interesantes siempre los arreglos donde el violín contesta a la voz o se alternan el continuo de guitarra y tiorba con el arpa y violín, sin olvidarse nunca de las pinceladas que la percusión de Mayoral dan a cada obra, discretas pero irreemplazables. Impresionante ese Oblivion soave de «L’incoronazione di Poppea» con una Arnalta sentada, nodriza que apacigua el espíritu, y otro tanto de la conocida Si dolce è’l tormento que Andueza ha hecho suya.
Y buen Cavalli alumno de Don Claudio con su aria de «La Rosinda», al igual que el tránsito por Lully cuyo Sé que me muero de amor de «El burgués gentilhombre» es verdaderamente otro de los grandes éxitos de la soprano pamplonica, dominadora de este repertorio que parece fácil al escucharla.
De los anónimos hispanos son las danzas otro de los platos fuertes, bien intercalados con los instrumentales que La Galanía consiguen darle un color especial por la elección del orgánico. Cada músico tiene sus momentos solistas en los arreglos de Jesús Fernández Baena muy bien construidos para lucimiento del quinteto y aún mejores en el ropaje para la voz cautivadora de Raquel Andueza. Alternancias de aires, textos (esta vez en el propio programa de mano) que son poesía pura o picaresca de nuestra mejor literatura, con la Jácara de la trena recreada por el musicólogo y habitual colaborador Álvaro Torrente, y otro tanto con la Zarabanda del catálogo, historias censuradas que alentarían nuevas formas aunque Francia las volviese cortesanas y galantes.
El repertorio francés será otra aportación al repertorio barroco de Andueza que pudimos disfrutar en la segunda propina tras el «guineo» A la zambarambé siempre alegre y explosivo, de su última grabación «El Baile Perdido«.
Un nuevo éxito con el feliz regreso a Oviedo de esta artista única que cautiva, benditos tormentos y auténtica locura para un público que esta vez eligió las obras que seguimos disfrutando desde casa con las grabaciones que no faltan en nuestras discotecas, aunque el directo siempre sea único.
La Galanía: Pablo Prieto (violín), David Mayoral (percusión), Manuel Vilas (arpa de dos órdenes), Pierre Pitzl (guitarra barroca), Jesús Fernández Baena (tiorba).

Scaramouche, un francés en Gijón

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Miércoles 6 de octubre, 20:00 horas. Teatro Jovellanos, Sociedad Filarmónica de Gijón, concierto inaugural de la temporada: Forma Antiqva: Les Scaramouches (farsa, sátira, tragedia y comedia en la noche francesa). Música del barroco francés.

Forma Antiqva tiene varios equipos para competir en todas la categorías: sala, liga nacional y Champions. Este miércoles en Gijón trajo su alineación de gala capitaneada por Aarón Zapico con once artistas conocidos, figuras todas seleccionadas por el «boss» que nos hicieron pensar en el próximo derby  asturiano por los colores azul y rojo, pero finalmente resultó la tricolor francesa que sobrevoló todo un espectáculo donde la actriz Ana Villa puso en escena la dramaturgia de Natalia Huarte dando unidad a esta pantomima en la línea esperada de la formación asturiana que nunca defrauda, con ideas siempre originales que podemos disfrutar en cualquier escenario.

Importante amar y armar un programa con un hilo conductor desde el barroco francés, algo que el seleccionador  Zapico ya conoce con otro equipo, tras su último proyecto educativo junto a la OSPA (El Gato con botas), para centrarse de nuevo en el personaje de la Comedia del Arte, Scaramouche. Volver de Gijón por «la minera» escuchando por la radio el Italia-España también marcará esta entrada de lo más futbolísitica, pues los símiles taurinos parecen no sentarles bien a algunos seguidores de este blog.

La salida al terreno de juego, con un público más expectante que nunca, arrancó por la banda con una carrera en solitario del imprescindible mago de la percusión David Mayoral ambientando el primer número de las cuatro partes, francesas hasta en los títulos de cada bloque (a la una, a las dos, a las tres y ¡voilá!) para ir combinando entre todos, dando juego y color en un potente medio del campo con las flautas de Alejandro Villar y Guillermo Peñalver, reforzados con el cello de Ruth Verona (la cuarta Zapico) y el contrabajo de Jorge Muñoz doblando los laterales cual carrileros, la defensa sólida en banda con la viola de José Vélez, y la retaguardia de los tres Zapico con el mayor cual cancerbero ordenando, para dejar una delantera de dos estiletes del violín: Jorge Jiménez y Daniel Pinteño.

Un once internacional en un fluir de combinaciones tímbricas, farsa y sátira de textos delineados por Villa, pasos de la tragedia a la comedia pintada por sutiles triangulaciones arrancando desde atrás, músicos cómodos en cualquier ritmo y diseño en un escenario donde poder pasar del control Lully al «tiki taka» de Corrette, cambios de banda largos sin perder la identidad de conjunto, líneas de juego amplio pero igualmente en corto, que la maestría en cada demarcación alcanzó como equipo de Champions barroco.

Si Lully ponía la tranquilidad, Couperin sería la inspiración hispana, podemos presumir de exportarla, Leclair sería el toque sutil y Marais la esencia. Cuatro tiempos en uno, ataque y defensa balanceados en un equipo que se conoce, jugando y disfrutando, escuchándose, integrados con unos textos que fueron creciendo y cambiando en una Villa camaleónica donde el color de las chaquetas, las gafas de sol trágicas o el autodiálogo fraterno, la plegaria serena o los movimientos sencillos pasando por el palco escénico, nos hacían deambular imaginariamente (sin enfermar) por estancias insondables que la música unía como sólo ella es capaz. Banda sonora del exquisito barroco francés ejecutada con pasión y precisión por un once que enamora.

Triunfo arrollador de Forma Antiqva y excelente arranque de una prometedora temporada gijonesa cuya centenaria Sociedad Filarmónica estrena directiva joven tan ilusionada como nosotros, nos regaló una bolsa de tela con su logo para seguir llenándola de buena música. El próximo concierto será de los «históricos» y con dos grandes intérpretes de casa, que espero seguir contando desde aquí.

Guerreros del órgano en Valdediós

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Viernes 23 de julio, 20:30 horas. Iglesia de Santa María de Valdediós: X Ciclo de Órgano de Villaviciosa. Dúo de Cámara: David Mayoral (percusión) y Daniel Oyarzabal (órgano). Obras hispanoitalianas. Entrada libre por inscripción.

De nuevo protagonista Valdediós y su órgano, otro de los Bienes de Interés Cultural del Principado, instrumento barroco datado en 1713 y restaurado por el taller de  G. Grenzing en 1988 fiel al original donde destaca no ya el sonido sino toda su fachada con los ángeles músicos que son portada del libro «El órgano en el Principado de Asturias» de María Sanhuesa, Susana G. Lastra y Enrique Campuzano, publicado por la Fundación Cardín que continúa por décimo año con este ciclo veraniego imprescindible para mantener en funcionamiento esta joya de nuestro patrimonio cuyo primer enemigo es la humedad de Valdediós (el segundo, aún mayor y más peligroso es la desidia política hacia la música).

Aforo completo y organización perfecta cumpliendo todo el protocolo de seguridad e higiene contra el Covid, entrada individual y escalonada con tiempo suficiente (una hora antes) para evitar aglomeraciones, y volviendo a demostrar que la cultura es segura, que Valdediós mantiene la delicada salud de su instrumento rey (hoy con caras conocidas mezcladas con visitantes que no pueden faltar en un turismo cultural que todavía parece no ser visto como motor económico), y finamente comprobar de primera mano que Asturias continúa en el mapa musical veraniego.

Tras las palabras de bienvenida y agradecimiento del alma mater del ciclo, la docente y organista local Susana G. Lastra (que como conocedora del instrumento ayudaría en la registración), con pantalla gigante para no perder detalle, aparecerían en la zona del altar este dúo armado con campanas, yembé y organetto que nos dejarían una selección de anónimos de nuestra Edad Media con melodías del Llibre Vermell y las Cantigas de Santa María para ponernos en ambiente, con un público respetuoso y asombrado por la originalidad de dos figuras bien conocidas en nuestra tierra donde suelen acudir con distintas formaciones pero uniendo fuerzas en este viernes gris en el exterior afrontando un repertorio ideal en el órgano barroco maliayés con algún toque clásico: David Mayoral a la percusión que engrandece las partituras elegidas por Daniel Oyarzábal, el organista siempre seguro apostando por unas tímbricas únicas que sólo el perfecto entendimiento de dos músicos como ellos resonarían majestuosas en un templo e instrumento dignos de estas músicas.

Ya desde sus posiciones en las alturas, fueron desgranando y alternando España e Italia, renacimiento y barroco, primero Sebastián Aguilera de Heredia (1561-1627) y su Ensalada del VIII tono que las membranas «del mayoral» reforzaron rítmicamente unos registros bien buscados en el órgano, después en solitario para la conocida Sonata en fa mayor K. 82 de Domenico Scarlatti (1685-1757), más grandiosa que al clave, o el nuevo ropaje para la Pavana de Luis de Milán (1500-1561) en esa mixtura mágica de percusión y viento, delicadeza siempre con mimo interpretativo por parte de ambos intérpretes.

La luz del atardecer iba cambiando la ambientación de claroscuros, pero la música iluminaba y resplandecía en cada obra, especialmente con Antonio Valente (c.1520- c.1580) y un perfecto «tríptico» renacentista italiano: Ballo dell’IntorciaBascia Fiammignia  – La Romanesca para disfrutar de la riqueza sonora del órgano de Valdediós aún mayor con la suma de los membranófonos en tres números bien contrastados con clarines al cielo como cañonazos de dos guerreros en la Santa María.

Siempre se agradece un poco de clasicismo en estos órganos, pues la música de tecla gana enteros, y así respiramos toques mozartianos del vasco Fray José de Larrañaga (1728-1806) y su Sonata de V Tono, limpieza de ejecución que el órgano detecta como ningún otro, buenas combinaciones en los registros de ambas manos ágiles, sin excesos para mantener la pulcritud de la escritura, al igual que el intimismo italiano de Domenico Zipoli (1688 – 1726) en su Toccata all’elevazione, sonoridades ideales antes de afrontar la gran batalla final.

Una Corrente italiana (Anónimo italiano del XVII) sirvió para un primer embate de poderío, conjunción de dos músicos y una partitura bailarina antes de la última Batalla imperial de Johann Caspar Kerll (1627-1693), trompetería y llenos con buenos pulmones en ejecución clara y precisa reforzada por dos bombos que latieron al únísono, corazones en un puño ganando el aplauso de un público emocionado ante un esfuerzo sonoro único, dominio del órgano con sabia percusión que realzó siempre unas obras perfectamente elegidas para abrir fuego en este ciclo de Valdediós.

Descendiendo del paraíso, y recogiendo los laureles del éxito, cerrarían el círculo nuevamente con el organetto capaz de reguladores imposibles en el «grande» y las membranas perfectas para el ostinato rítmico en una curiosa traslación al medievo atemporal del Bolero de Ravel que Oyarzábal con esta combinación curiosa hicieron de la propina musical un regalo de lujo, con dos artistas de altura tras una batalla de sonidos en el instrumento rey más actual que nunca.

Blando susurro navideño

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Sábado 19 de diciembre, 19:00 horas. XXIII Festival de Música Antigua de Gijón, Centro de Cultura Antiguo Instituto: La Galanía, El blando susurro. Música sacra española e italiana del siglo XVII. Entrada: 3€ (agotadas en pocas horas).

Era en verano cuando el festival gijonés debería haberse celebrado, pero todos conocemos las causas de suspensiones y aplazamientos, recuperando por fin los conciertos en el Antiguo Instituto Jovellanos de Gijón con aforo reducido, medidas de seguridad y muchas ganas de disfrutar la música en vivo, público ansioso de barroco y renacimiento, el referente de estos repertorios desde hace ¡23 años! que «La Covid 19» no ha podido con él, transmitiéndose igualmente en «streaming» por el canal en YouTube© del Taller de Músicos que inaugurase mi siempre recordado René.

Tras la presentación de Eduardo G. Salueña y los agradecimientos a la Asociación Música Antigua, al Taller de Músicos, a la Fundación Municipal de Cultura y Universidad Popular que dirige Miguel Barrero y por supuesto al Ayuntamiento de Gijón representado por su alcaldesa Ana González como una melómana más disfrutando del recital, llegaba la pamplonica Raquel Andueza con La Galanía a la capital de la Costa Verde, tras disfrutarlos en Jaén (desde casa) con el Festival de Música en Segura, cambiando El baile perdido veraniego por unas nanas al Niño muy navideñas, recuperadas desde su escritura tras la ardua labor de investigación y actualización de las mismas, junto a piezas instrumentales de la misma época que demostraron no ya la calidad de los componentes (que dejo detallados al final), todos ellos de largo recorrido y experiencia en estos repertorios,  sino el acierto en la tímbrica buscada, arropando cálidos y ajustados ese canto natural, espontáneo, felizmente recuperado sin perder ni un ápice el color característico de la soprano navarra.

Como bien indicaban las notas al programa (disponibles en la web), «En el programa hemos intercalado la canción de cuna italiana, solos al nacimiento y al santísimo sacramento en castellano y la música instrumental, generalmente basada en bailes que también fueron cantados en su día«. En estas «especiales» nanas cantadas en italiano y español, Raquel Andueza articula como pocas haciendo del propio texto melodía pura, los octosílabos en ritmo ternario son delicatessen, voz revestida con acompañamientos cercanos, detallistas, bien con el arpa de dos órdenes o la tiorba, intervenciones virtuosas del violín y el siempre discreto pero necesario toque de la percusión, que nunca rompieron ese clima íntimo de las canciones de cuna al bambín Giesù o las jácaras finales tan españolas.

Comienzo con cinco preciosas canciones de cuna, arrulladas, resucitadas de las bibliotecas italianas y las españolas, de ricos textos siempre metafóricos con los «descansos» de la chacona, la folía o la pavana, bien engarzadas entre las nanas, todas con la misma musicalidad íntima junto al gozo «moreno y gitano».

Ambiente cálido, silencios respetuosos, aplausos sin prisa, dejando las notas finales en el aire. Disfrutando de la voz de Raquel Andueza con Jesús Fernández Baena compartiendo salón y susurrando, o el aria de bajo Dormi, o ninno (de Cristoforo Caresana) transportada para ella de belleza y delicadeza máxima con el excelso sonido de La Galanía.

La Galanía, esta vez sin guitarra barroca, volvió a coprotagonizar el recital con momentos de lucimiento de sus cuatro instrumentistas, especialmente el arpa de Vilas y el violín de Prieto, las cuerdas bien complementadas comandadas por Jesús más la percusión imprescindible de Mayoral, detallista hasta en las campanillas, todos manteniendo la línea argumental de estas músicas del XVII tan frescas y cercanas mimando la voz inimitable de la navarra, cerrando la velada a ritmo de jácara, el gran Sebastián Durón de Vaya pues, rompiendo el ayre, villancico navideño atemporal, inteligente y letra «ad hoc» para concluir: No chisten, callen, silencio, atención, aplauso

Y no podía faltar la propina esperada y encontrada del «picantón guineano» A la zambarambé, verano recuperado de baile tras un blando susurro.

La Galanía:

Raquel Andueza, voz – Pablo Prieto, violín – David Mayoral, percusión – Manuel Vilas, arpa de dos órdenes – Jesús Fernández Baena, tiorba.

En el buen camino

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Domingo 22 de abril, 12:30 horas. León, Hall del Museo de Arte Contemporáneo de Castilla y León (MUSAC): EL CANTO DEL PEREGRINO. Canciones y danzas medievales para amenizar el Camino. ELOQVENTIA (Alejandro Villar: flautas, symphonía y voz – Efrén López: zanfona, cítola, arpa, laúd y coro – David Mayoral: dulcimer, percusiones y coro). Entrada libre.

Dentro de la exposición titulada Muchos caminos. Imágenes contemporáneas del Camino de Santiago, abierta hasta el 2 de septiembre, el MUSAC organizó esta mañana de domingo un concierto de música medieval con el grupo Eloqventia en un marco contemporáneo, rompiendo barreras y haciendo camino como hace más de mil años, música atemporal que tiene cabida en cualquier lugar haya unas mínimas condiciones. El hall del museo se quedó pequeño y hubo que montar muchas más sillas para dar cabida a los muchos seguidores de estas músicas y este grupo capitaneado por el leonés Alejandro Villar.

Como rezaba la publicidad en las redes sociales tanto del grupo como del Museo y la menor de la prensa leonoesa tanto digital como en papel, que titulaba como «la banda sonora de los peregrinos medievales«, suficiente también para los que peregrinamos por la música hasta nuestra vecina del sur, Eloqventia con formación de trío (sumándose el valenciano Efrén López al dúo Villar-Mayoral) presentaban una variada selección de canciones y danzas de los siglos XIII y XIV que nos invitaba a realizar un recorrido por la Europa medieval a través de algunas obras italianas y francesas recogidas en el códice 29987 de la Biblioteca del Museo Británico en Londres y en el Chansonnier du Roi de París, respectivamente.

El programa incluía también una moaxaja andalusí, como muestra de la música vocal del momento y del rico patrimonio peninsular, añadiendo una pieza de devoción mariana perteneciente al Llibre Vermell, una «cantiga de escarnio y maldecir» firmada por Alfonso X «El Sabio» y una canción del trovador del Rosignol Berenguer de Palou.

Acallando murmullos aparecía Alejandro Villar tocando una especie de aulós o doble flauta en peregrinación por el hall hasta la tarima donde le esperaban sus dos compañeros con la cítola y percusiones varias, comenzando este viaje musical con la Tierche Estampie Roial, un anónimo francés antes del italiano Saltarello, ahora David Mayoral en el dulcimer, esa especie de salterio, cimbalón o cítara de cuerdas percutidas, y la zanfona de Efrén López, instrumento cual «motor» cuya rueda empuja estas músicas de todos los caminos medievales donde lo importante era el propio discurrir más que el destino, y donde estas páginas anónimas eran moneda de cambio y verdadero patrimonio inmaterial.

La sonoridad del trío gana muchos enteros además de completar un colorido tímbrico que en el caso de Efrén encaja a la perfección con el dúo habitual de Eloqventia.

No podía faltar algun tema vocal de aquellos peregrinos hacia Montserrat donde se custodia el Llibre Vermell (siglo XIV),  y así pudimos escuchar la voz de Alejandro cantando Cuncti simus concanentes acompañándose él mismo con la «symphonia«, madre o prima de la zanfona que consigue el mismo efecto de movimiento pausado, cumplimentado por la cítola y el bodhram mientras cumplían cual coro «cantemos todos a una Ave Maria».

En este otro viaje mediterráneo, el laúd andalusí transmutado del Ud para hacerse europeo hasta finales del barroco, cuerda punteada y relajada bien arropada por flauta y percusión integrados en nuestra piel de toro una hermosa Moaxaja anónima del enorme tesoro que nos dejaron en la inmensa y rica Al-Ándalus.
Cercanas de herencia, historias y sentimientos son las música italianas como el anónimo In pro, perteneciente al género conocido como «Istampitta» o «estampie«, manteniendo el laúd casi como ostinato o nota pedal rítmica sumándose la flauta grave y la percusión, unidades sonoras y colorido en cada uno de los tres instrumentistas.

Alejandro Villar es un excelente barítono que hace cantar sus flautas, aunque imposible unirlas pero al menos volvió a entonar con buena voz cual trovador del Rosignol acompañándose a la «symphonia» De la gensor de Berenguer de Palou, mientras arpa y dulcimer completaban este lienzo sonoro de líricas para las que música y palabra eran uno.

Volvía el ritmo para coger el paso alegre de este peregrinaje, estampidas instrumentales de anónimos caminos procedentes de Francia como Quarte Estampie Royal con zanfona, cuerno y percusiones, más la Italia amorosa, Isabella con punteo de cítola, flauta aguda y percusiones, fuerza y belleza, ímpetu y descanso que los tres músicos trasladan con facilidad desde su virtuosismo.

En esta «banda sonora medieval» no podía faltar alguna de las Cantigas de Alfonso X El Sabio, la más fructífera época de convivencia pacífica de culturas que en música nos han dejado un vasto legado con ilustraciones que han servido, al igual que el Pórtico de la Gloria en Santiago, de modelos a replicar y reconstruir para hacernos una idea de cómo sonaban aquellas músicas. Con zanfona y percusiones sumándose las dos «voces elocuentes» escuchamos la cantiga de escarnio Non quer’eu donzela fea (no queremos mujer fea), melodías y ritmos de caminantes en noches estrelladas que también fueron cantadas por peregrinos del viejo continente en tiempos de miserias donde peregrinar no solo era espiritual sino otra forma de vida.
Para terminar este recorrido de una hora abundante nada mejor que desde la querida Italia con La Manfredina unida a La Rotta della Manfredina en juego instrumental lento – rápido cambiando del arpa a la zanfona, del dulcimer a las percusiones y de la flauta más grave a la doble para alcanzar un éxito total que supo a poco.

Conocido el magisterio de Villar en cada flauta y como barítono, el virtuosismo discreto de Mayoral capaz de sacar desde su «arsenal» todo el color para revestir estas melodías, y de nuevo el feliz añadido de las distintas cuerdas de López, obligaron a bisar saltarello cual estampida con flauta aguda, zanfona y ese caleidoscopio percusivo que nos hizo viajar en el tiempo y el espacio desde un peregrinaje personal, sincero y honesto.

Savall, marinero musical

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Miércoles 31 de mayo, 20:00 horas. Auditorio de Oviedo, Sala de cámara: IV Primavera Barroca, «DIÁLOGOS E IMPROVISACIONES, diálogos musicales entre Oriente y Occidente, y entre el Viejo y el Nuevo Mundo». Jordi Savall (lira de gamba, viola de gamba baja y dirección), Ferran Savall (voz y tiorba), David Mayoral (percusión).

Llegamos al final de esta cuarta edición de la Primavera Barroca de Oviedo con el patrocinio del CNDM presentando ayer martes en Madrid ya la quinta, un ciclo consolidado que en la despedida ha vuelto a colgar el «no hay entradas», y es que Jordi Savall sigue teniendo tirón entre los muchos aficionados a las músicas que el catalán universal ha ayudado a difundir.

La conferencia o introducción previa en la sala 4 del mismo auditorio resultó lo mejor en el regreso del músico a nuestra tierra, sabiduría y filosofía de la vida con la música como verdadero motor, con alumnado joven que sigue interesado en la llamada música antigua y barroca con Savall de Maestro, con mayúscula. Más de una hora compartiendo vivencias, experiencias, casi 70 años de práctica musical vivida en primera persona de plural, compartida y respondiendo a interrogantes tan habituales como la forma de enfrentarse al «tigre» del público y disfrutar de las frambuesas, hacer lo que a uno le gusta y sentirlo porque es la única forma de emocionar y transmitir. Interesantes sus comentarios históricos, la importancia de la música para vivir y para sobrevivir, la transmisión oral de la madre al hijo desde el primer lenguaje humano y el poso último del cerebro, la necesidad de la música en nuestras vidas. La «otra» historia de España desde el horror a nombrar la Reconquista como tal, el mestizaje ancestral de romanos, íberos o fenicios, antes y después de descubrir «Las Indias» que resultaron ser otro mundo nuevo, los esclavos negros requeridos por fortaleza ya incluso antes de 1492, la pernocta en las tres carabelas de unos judíos que les expulsarían de la Península en tres días, la imposición y la convivencia, la ausencia del laúd en nuestra dolorida España por su procedencia árabe como el furor por «sepultarla» en la Mezquita de Córdoba o la Alhambra granadina, su propio viaje vital y musical, el de Savall, recordando y recorriendo Irlanda y Estambul, Armenia o Marruecos y hasta el Nuevo Mundo sin olvidar el cariño francés y su cercanía, el Nápoles catalán o la improvisación como algo natural, una vida por y para la música que ha marcado muchas otras biografías, incluyendo la mía. Si para morir también está la música, su grabación del Requiem de Mozart sigue siendo la más luminosa y liberadora, como la de los esclavos, los judíos expulsados de nuestra piel de toro reflexionando sobre el dolor como verdadero motor vital con la música de último testigo, la tradición oral y popular frente a la escrita y palaciega o incluso eclesiástica.

El concierto sería el reflejo de este periplo, un cuento para todas las edades, verdadero viaje desde el Oriente sefardí en travesía mediterránea (Sarajevo, Israel, Afganistán) escrita y descrita por Cervantes o Lope, incluso Bartolomé de las Casas, una primera escala en nuestra querida patria con Diego Ortiz (1510-1570), sin olvidar las tradiciones de su Cataluña natal, el inevitable paso y tributo francés con Marin Marais (1656-1728), el siempre peligroso crucero al Nuevo Mundo improvisando con canarios y folías (locuras) de jarabes jarochos antes del retorno al Mare Nostrum para variar una melodía común que todos consideran propia aunque la escuchemos en Grecia, Rodas, Marruecos o Turquía. La web del CNDM presentaba mejor que un servidor el programa:
«Bajo el título Diálogos e improvisaciones, Jordi Savall, su hijo Ferran Savall y David Mayoral viajarán por una geografía sonora cartografiada entre Oriente y Occidente. Músicas de múltiples orígenes que recuerdan la diáspora sefardí, la propia cuna israelí, que rememoran el aniversario cervantino, reviven el acervo catalán, nos trasportan al lejano Afganistán, nos embarcan en la travesía por el Atlántico, hasta que nos devuelven luego a Europa, volviendo a sonar Ortiz y Marais, y nos bañan finalmente en las orillas mediterráneas, con sus tan diversas culturas«.

Pasando de la lira de gamba (ese viola de brazo que tiene parentesco con nuestra bandurria asturiana o rabel) a la hondura de la viola de pierna en la que Savall ha sido referente, el trayecto resultó comercial, diría que cercano, pasando de las velas en las carabelas a unos ferries de lujo, esos transatlánticos que hacen escala para regocijo del comercio del puerto de amarre momentáneo, y Oviedo fue uno de ellos. Ya no hay la frescura de antaño, su hijo Ferran ha heredado una musicalidad heterogénea y una voz natural como la de su madre, la recordada Montserrat Figueras, que venderá por apellido y compañía pero no está entre mis preferidas. Acompañándose de una tiorba cual guitarra acústica «vintage» de siglos y con una leve amplificación fue desgranando unos textos de los que carecíamos en el programa de mano con el apoyo grave de «papá Jordi» y sobre todo el verdadero protagonista del concierto, un David Mayoral en la percusión capaz de magnificar el más mínimo detalle con un gusto y profesionalidad que le hacen estar en las mejores formaciones de música medieval, renacentista o medieval además de ser la mitad de Eloqventia, y el mejor compañero de viaje posible, algo que los Savall saben muy bien. Todo un despliegue de membranas, pinceladas de campanas, claves y sonajas, percusiones mediterráneas que marcaron la calidad de un recital donde la improvisación en el amplio sentido de la palabra, tiñó incluso la propina final… Dos mundos y dos generaciones con Mayoral de mediador quitando importancia a un debate más subjetivo que artístico pero que dio el equilibrio necesario para evitar un fiasco equiparable en esto que se suele denominar «bolos».

Puedo entender el amor de padre, el paternofilial admirable y la promoción de unos diálogos siempre difíciles entre ambos, generaciones distintas incluso desde una posición omnívora como mi caso y el del propio hijo por todas las músicas, siempre que estén bien hechas. La idea es buena, el guión mejor y la economía de medios muy rentable, pero sin Mayoral esta música histórica no hubiese funcionado. Parte del público enfervorecido con Savall lo es en cualquier repertorio (aunque su última visita en solitario ya apuntaba cierta decadencia interpretativa) y todos atesoramos grabaciones que serán irrepetibles, casi «incunables». El marketing y la propia figura, casi mítica, del músico catalán atrae público joven, siempre de agradecer, pero los que ya peinamos canas esperamos, como en otros casos, una retirada a tiempo aunque se necesite seguir trabajando para vivir.

Las sagas en la música no siempre funcionan, ni siquiera los Bach. Las apuestas por renovar o remozar repertorios deben sopesar calidad y comercialidad, así no importaría otro entorno o ciclo, pero cerrar así esta luminosa primavera barroca ovetense pareció más «un ocaso otoñal». Jordi Savall tiene todavía mucho que enseñar a los que vienen detrás, una nueva generación de JASP (jóvenes aunque sobradamente preparados) y el escenario es tan magnético pero más exigente que muy pocos saben bajar cuando se está en lo más alto, cuesta tomar la decisión y acertar. Si el barco empieza a «hacer agua» no es ningún deshonor atracarlo en buen puerto y dejar de navegar, siempre mejor que provocar una catástrofe. Los viejos lobos de mar engrandecen la historia, pero morir en un naufragio no les hace inmortales.

Eloqventia danza en La Pulchra

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Viernes 23 de septiembre, 21:00 horas. Catedral de León, segundo concierto del FIOCLE: ELOQVENTIA (Alejandro Villar, flautas; David Mayoral, percusión): «Danzas imaginarias», música instrumental del medioevo europeo. Entrada libre.

Eloqventia en su formato original de dúo llegaba a la ciudad natal de Alejandro, su fundador allá por 2009, para presentar su reciente trabajo discográfico, «Danzas imaginarias», grabado en la Sala de Cámara del Auditorio de Oviedo con una calidad y cercanía en la toma de sonido nada habituales en otros registros, y que en la catedral leonesa, con una leve amplificación, ideal para apreciar todos los detalles y amplia gama de matices de su repertorio, unida al directo siempre irrepetible, mejoraron aún más estas obras medievales fruto del trabajo de muchos años, entendimiento y química perfecta entre el madrileño David Mayoral, un genio de las percusiones al que se rifan muchas otras formaciones y que también nos dejó el dominio del dulcimer, dulcémele o tympanon, variante del salterio con cuerdas percutidas, más el leonés Alejandro Villar, verdadero virtuoso de todas las flautas de pico, incluida el aulos o doble pero también el cuerno o la sinfoniaorganistrum, zanfona, zanfonía, zanfoña o gaita de rabil, que así se conoce este cordófono de cuerda frotada, en un tándem capaz de hacer crecer cada «danza» hasta límites insospechados desde el dominio y el rodaje de un programa que hizo las delicias del público, nuevamente llenando La Pulchra tras la cola de rigor, y la mejor promoción de su CD con el prestigioso sello Cantus que comienza a ser reconocido por especialistas y melómanos «omnívoros» como el que suscribe en una verdadera recreación sonora de muchas ilustraciones de las Cantigas de Alfonso X «El Sabio» o tantos pórticos catedralicios.

Más de una hora de programa donde fueron desfilando distintos anónimos medievales, piezas recogidas en las dos colecciones fundamentales de la época, el Chansonnier du Roi de Paris y el Códice italiano 29987 de la biblioteca del Museo Británico en Londres. Combinaciones de flautas y percusiones que vestían unas melodías ricas, llenas de vivacidad y frescura, juegos de pandero «tipo bodhram», panderetas y darbukas siempre asociadas a historias sonoras del viejo Al Andalus y la música sefardí, alternando con los trovadores franceses o los goliardos italianos.

Eloqventia arrancaron con el anónimo italiano Belicha y a continuación el andalusí Badri Ader Kasa antes de esa joya del «Llibre Vermell» como el Polorum regina con unas iniciales campanas delicadas que preparan la entrada de la zanfona en un engarce de riqueza tímbrica que la amplificación permitió degustar en toda su amplia gama dinámica, lo mismo que ese pandero universal, bodhram capaz de «afinar» y casi cantar.

La Tierche estampie roial fue una peregrinación sonora por las alas del aulos hasta el crucero más la darbuka con la pandereta esperando, generando emociones cercanas en ese tránsito musical antes de volver al escenario con el anónimo andalusí Lamma Bada de largo solo de salterio, intimismo y juegos tímbricos más la posterior aparición de la flauta grave, perfecta afinación y entendimiento, o la canción sefardí Los Bilbilicos que resultó otro placer de pandero y flauta capaz de hacernos viajar y danzar en el tiempo, multiculturalidad y convivencia añorada que solo la música mantiene, al igual que el anónimo italiano Tre fontane.
Volvería la estampie, una danza típica medieval y que el trovador Guiraut Riquier (ca.1230-1292) compone a partir de la «cansó» Mot me tenc ben per paguatz, obra de lucimiento para los dos intérpretes, donde la sonoridad del cuerno evoca intercambios musicales de ida y vuelta con el subrayado siempre acertado de unas percusiones increíbles.

El «fin de fiesta» tuvo sabor italiano, el Chominciamento di gioia en nuevo dúo de flauta aguda, ligerísima como la jugetona pandereta unida al grave de la darbuka, o La Manfredina con su correspondiente «rotta» de zanfona ornamentada y esas pinceladas de la percusión que arrancaron bravos de un público totalmente entregado.
Sinceras y emotivas palabras de gratitud a cargo del local que arrancaba de niño en esta misma catedral una andadura musical con un horizonte siempre inalcanzable pero lleno de alegrías como estas compartidas en el festival leonés, verdadero referente antes de la propina en «formato Eloqventia», saltarello de flauta y darbuka danzarinas para encaminarnos a la Plaza de Regla tras casi hora y media de música pura que también tiene su hueco en estos tiempos pluriculturales. Bravo por Eloqventia (nombre de la obra de Dante Alighieri De vulgari eloqventia vinculada a la música medieval y a la poesía trovadoresca) y a seguir escuchando estas «Danzas Imaginarias» que no tienen desperdicio porque nunca pasan de moda.

Salud para todo un espectáculo

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Jueves 6 de noviembre, 20:00 horas. Conciertos del Auditorio, Oviedo. Teatro d’Amore, música de Monteverdi y sus contemporáneos. Deborah York (soprano), Vincenzo Capezzuto (alto), L’Arpeggiata, Christina Pluhar (directora).

Llegaba a Oviedo la gira de Christina Pluhar con el nuevo espectáculo de su formación, de esos que nunca dejan indiferentes pero con dudas sobre las reacciones del público tras la reprimenda de Sir John Gardiner (que supuso renovar los consejos en el programa).

La apuesta en la programación por conciertos distintos en formato con «sorpresas» parece que vuelve a resultar vencedora, con hora y tres cuartos sin descanso mostrando o recobrando una salud a prueba de bomba, mínimo atisbo de envoltorio pero sin llegar a mayores.

La caja escénica acortada dejó los ingredientes bien servidos: una formación más allá del barroco, músicos completos capaces de ceñirse a Monteverdi dándole un toque actual sin perdernos nada del espíritu original, alternar con músicas tradicionales que suenan frescas y entremeses ligeros ante las llamemos «obras mayores», sin olvidarnos de las danzas teatralizadas de Anna Dego (realmente un espectáculo en sí con tarantellas y pizzica), la cocina resultó natural, ecológica y digerible para descubrimiento de muchos que ni siquiera han probado o conocían la larga trayectoria de la excelente tiorbista austríaca y sus apuestas aparentemente rompedoras pero que llegan a todos los públicos, especialmente aquellos sin complejos ni corsés, recuperando la juventud, o contagiándola, en las salas de concierto.

Hasta el programa de mano resultó completísimo: textos en italiano y español que dan para recreo lector además de auditivo pese a no contar con los «originales«, la soprano Deborah York, algo corta en volumen pero comulgando de esa intimidad que desbordó todo el conjunto, y el impresionante Vincenzo Capezzuto, voz natural y divina, alto ideal en las canciones tradicionales de su Italia, hasta pareja de baile, sin olvidarnos de su «Amor» (Lamento della Ninfa del octavo libro de madrigales de Monteverdi) sentido y cantado como nunca, humano y divino desde la pureza. Hasta las notas al programa de María Sanhuesa son para guardar, conjugando talento y poesía, contagiada de un repertorio que sus palabras expresan a la perfección y con un final del que deseo extraer: «Los cortinajes del escenario de nuestros sentimientos caerán con el motete para voz, solista y continuo (…) De lo profano a lo sacro, amor, dolor, indiferencia, tarantulados, filósofos, asesinos… ¿vida y teatro no son lo mismo?».

Más que escribir de las obras, pues dejo el programa escaneado, esta vez quiero dedicarme a los instrumentistas que individualmente pudieron lucirse y también en conjunto, pese a una combinación tímbrica algo similar en cuanto a cuerdas punteadas pero sin estridencias, siempre rica en los formatos y presencias desde una dirección discreta aunque medida al detalle incluso en las improvisaciones.

Doron David Sherwin con el dificilísimo corneto sacó toda la rica paleta de un instrumento evocador de otros y con identidad propia, contracanto de violín, vocal, protagonista con pinceladas siempre de genialidad. Veronila Skuplik logró momentos virtuosos en improvisaciones, ciaccona y especialmene «La Vinciolina» de Mealli, Sonata para violín solo, op. 4 que fue acompañada muy tenue por la tiorba, intimismo y delicadeza llena de virtuosismos. El siempre triunfador (más en casa) David Mayoral capaz de hacer hablar un djembé o darbuka, manejar las castañuelas como si Lucero Tena se reencarnase y sobre todo dar ese colorido a cada obra, ritmo de jazz o tarantella italiana, subrayado de cada melodía con el instrumento preciso. Boris Schmidt al contrabajo siempre en «pizzicato» que convence desde la técnica y nos hace preguntarnos cómo no usarlo antes para Monteverdi, auténtico sustento sonoro y hasta melódico completando polifonía global. El grande, en todos los sentidos, Francesco Turrisi es un jazzman que no sólo le dio a las teclas del clave o el órgano positivo que en momentos puntuales, y como requerían algunos arreglos de Pluhar, parecía un Hammond®, sino que encumbró la melódica a protagonista (como en la Penguin Cafe Orchestra), «cantábile» intermedia entre la armónica popular y el teclado mayor, participando también con los parches en escenas bailadas.

Dejo para el bloque final a Margit Übellacker que sacó del salterio el brillo que necesitaba por momentos el clave o el órgano, completando paleta sonora, incluso con solos difíciles siempre en esa atmósfera de intimismo que la salud del respetable colaboró a mantener; Marcello Vitale con las guitarras barroca y «battente» alternó rítmicas y punteos, luciéndose como los flamencos en las canciones tradicionales cantadas y bailadas, como la clavecinista y organista Haru Kitamika de discreción intrínseca más por el resto «punteado» que por unas intervenciones siempre claras y bien ornamentadas aunque diluidas en esa nube de cuerdas.

Christina Pluhar mantuvo con la tiorba esa nebulosa de la que emergían puntualmente sus músicos, pero con dirección siempre atenta y trabajada con unos intérpretes que saben dónde están, girando de la pureza a la recreación desde el respeto y amor a la música de Monteverdi. Vida fluída, reencarnaciones y teatro musical servidos como Purcell pero con la salsa italiana que agradó a todos, con dos propinas de tarántula y el «Hallelujah» de Leonard Cohen, todo un bonus track en la voz de Capezzuto y breve dúo de York, que no desentonó entre el resto de compañeros de programa.

Los Zapico «operan» desde Asturias

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Ya tengo en mi poder el nuevo disco «Ópera Zapico» para el sello alemán WinterAndWinter, y ya es el quinto (aplíquese al refrán), disponible también en iTunes© y Amazon©, un disco pergeñado con tiempo y grabado en casa, en el Auditorio de Oviedo, la residencia de la formación Forma Antiqva el pasado mes de marzo con unos arreglos propios desde Monteverdi a Mozart, que sin perder nunca el estilo propio de los hermanos Zapico, cuenta con invitados cercanos de calidad contrastada, dando de nuevo en el clavo con otra apuesta arriesgada pero capaz de atraer a aficionados de todo tipo, incluyendo los líricos, que en Asturias abundan. Como escribía un periodista carbayón, son «bombones de ópera con sabor Zapico«, arias reconocibles para los melómanos y nuevas en su concepción instrumental.

Intérpretes:

Aarón Zapico: clave y órgano – Daniel Zapico: tiorba – Pablo Zapico: guitarra barroca y archilaúd.

Artistas invitados:

Alejandro Villar: flauta de pico – David Mayoral: percusión – François Joubert-Caillet: viola de gamba – Lluís Coll i Trulls: cornetto – coro El León de Oro (director: Marco Antonio García de Paz).

A continuación paso a describir obras, autores y primeras impresiones con el CD sonando en la cadena de música (siempre de más calidad que en otro tipo de reproductores), notas escritas desde la inmediatez de su escucha, aún necesitando, como todo, más tiempo para detalles que necesitan posar y pesar.

1. «Deh vieni alla finestra»Don Giovanni– (Mozart).

Trío en estado puro con un «clave mandolino» y las cuerdas pulsadas cuasi sinfónicas, cantando este oyente en la ventana catódica.

2. «Air pour les Sauvages»Les Indes galantes– (Rameau).

Los tres hermanos con la excelente percusión de Mayoral pletóricamente danzante y rococó.

3. «Quella Clizia innamorata»Il più bel nome– (A. Caldara).

La delicadeza del trío con los ornamentos adecuados y en su sitio creando atmósferas elegantes de protagonismos sabiamente elegidos.

4. 5. 6. «Overture» de Artaserse (J. C. Bach).

Una obertura cual «concerto grosso» se tratase en sus tres movimientos con el desparpajo y jovialidad de los Zapico: el Allegro di molto pletórico de sonoridades, pasajes virtuosos de limpieza prístina, armonías redondas de guitarra funcionando hasta percusivamente alternando con intervenciones solistas compartidas, aún más presentes en el Andante de refinado salón en los tres artistas siempre compartidos, para desembocar en el Presto de fulgor y luminosidad casi de fuegos de artificio.

7. «O morte gradita»Il Sant’ Alessio– (S. Landi).

El órgano nos da atmósferas de claroscuros caravaggianos con pinceladas guitarrísticas a modo de vidrieras que tamizan esa muerte llena de vida.

8. «Lascia ch’io pianga»Rinaldo– (Händel).

El cornetto de Lluís Coll cual voz castrada, contratenor o mezzo, e igualmente vocálica en fraseos con un trío que da continuidad al corte anterior en una transición sin brusquedades, donde la guitarra también frasea y dialoga esa melodía tan reconocible e irrepetible, con ese sustento cordal.

9. «Batti, batti, o bel Masetto»Don Giovanni– (Mozart).

Mozart siempre para descubrir, manteniendo el órgano y unos punteos gemelos que si bien parecen irse a un segundo plano en la mezcla nos sacan a la luz las mal llamadas notas de paso tan importantes como las de la melodía del aria de Zerlina, sentimiento femenino como en la versión original lograda en esta combinación de viento y cuerda reducida a trío para no resultar cargada ni cargante, con acordes «orgánicos» recreando la atmósfera callejera vienesa.

10. «Se giunge un dispetto»Agrippina– (Händel).

La flauta dulce de Alejandro Villar emerge entre el clave y las cuerdas pulsadas en el aria de Poppea del primer acto, que bien recuerda los conciertos barrocos por virtuosismo en ejecución y aire rápido, interpretación instrumental de alta calidad en todos ellos sin perder el origen vocal precisamente cuando las voces se instrumentalizaban de forma diabólica.

11. «A Dios, prenda de mi amor»Amor aumenta el valor– (José de Nebra).

La necesaria y merecida referencia española tenía que darle protagonismo a la guitarra con el contracanto del archilaúd, casi «chitarrone«, melodía y armonía en un dúo de amor fraternal en el amplio sentido.

12. «Mogli mie sconsolate»La Calisto– (F. Cavalli).

Cavalli continúa el anterior amor hispano del dúo fraterno al que se suma la viola de gamba de Joubert-Caillet logrando un ambiente digno de Sainte-Colombe, un trío de cuerda lúgubre y «desconsolado», cuerdas frotada y punteadas con la aparición de un clave en registro de laúd que encumbran aún más la viola en el registro más cercano al de la voz humana.

13. «Vi ricorda o boschi ombrosi»L’Orfeo– (Monteverdi).

Los tres hermanos retoman su trío habitual para este Orfeo monteverdiano cual otra pieza de sus Concerto Zapico, punteos de clave, rasgados en guitarra, basamento en la tiorba, alternando presencias y armonías con un aria realmente luminosa.

14. «Chaconne: Dance for the Chinese man and woman»The Fairy Queen– (Purcell).

Las chaconas también están presentes en los conciertos de la formación asturiana, esta vez reforzados con la percusión de Mayoral (panderos, bombos y panderetas) para una danza con dedicatoria china pero muy inglesa en su concepción interpretativa, auténtico cuento de hadas con punteos de clave y guitarra más el siempre presente laúd, música operística extrapolable al salón de balle en otro acierto de adaptación y arreglo.

15. «When I am laid in earth»Dido and Aeneas– (Purcell).

Contraste anímico para el mismo Purcell en cuanto a ese remanso tumbado sobre la tierra, el trío al natural para un aria siempre increíble que crece en este arreglo instrumental, alcanzando aún más profundidad sin texto a favor de la música pura.

16. «Ritorna, oh caro e dolce mio tesoro»Rodelinda, Regina de’ Longobardi– (Händel).

Arranca el clave ese aria femenina a la que se van sumando y retomando protagonismo los tres Zapico, elegancia de salón y melancólicos ornamentos que no enturbian jamás la melodía presente y reconocible.

17. «Thanks to these lonesome vales»Dido and Aeneas– (Purcell).

Y cerrando esta música de ópera nada mejor que «mi» coro de oro para este agradecimiento purcelliano que arranca la guitarra, continúa la tiorba, engorda el órgano en presentación total que desemboca en la plenitud vocal pura, de empaste siempre único, voces blancas protagonistas arropadas con esa delicadeza que tiene la formación gozoniega, mis dos «debilidades» reunidas en esta maravilla de Purcell que no podía ser mejor final para esta nueva grabación de Forma Antiqva con Winter& Winter, desde el Auditorio de Oviedo con proyección internacional.

Gracias y enhorabuena por esta nueva delicia musical.

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