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Francisco Jaime Pantín: entrega y gratitud

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Martes 11 de junio, 20:00 horas. Salón de Actos de la Casa de la Música, Mieres. Francisco Jaime Pantín, piano. Obras de Haendel, Beethoven y Schubert.

No hay palabras de agradecimiento para la familia Jaime Pérez, nuestros queridos Paco, Mayte y Daniel (cariñosamente «Los Pantines») por el apoyo que siempre dan al Conservatorio de Mieres, acudiendo sin reparos a compartir su magisterio cuantas veces les han solicitado su presencia, con programas comprometidos donde han compartido sus sentimientos con un público que les aprecia y donde siempre hay química, lo que se nota por las dos partes, a menudo compañeros y alumnos, presentes y ausentes siempre cercanos en el corazón.

Y en la lista de conciertos para celebrar las Bodas de Plata de nuestro conservatorio mierense, han acudido prestos a la cita pudiendo disfrutar con los tres, siendo Francisco quien puso el broche en este caluroso martes donde el repertorio elegido supuso una nueva clase de lo que supone «hacer música disfrutándola».

La primera parte, con un reportero poco educado (palabra que dedicaré una entrada a estos «rompeconciertos») comenzaba con la impresionante Chacona en sol mayor HWV 435 de Haendel, barroco puro por contrastes abruptos en todo el desarrollo de las 21 variaciones sin perder la visión romántica de un intérprete completo. Saltos emocionales de lirismos delicados a fortísimos duros pero nada rudos, octavas en la izquierda galopantes y potentes acompañadas de perlas cristalinas de ornamentos en la derecha, tempos vertiginosos y tranquilidad casi espiritual, sonoridades etéreas frente a auténticos tutti orgánicos en una lección de manejo de pedales, tanto en su sitio como sin él, equiparando esta obra con las contemporáneas del gran Bach, haciendo del piano el clave supremo que no lograron disfrutar.

Y sin perder esas líneas maestras la completísima Sonata en la bemol mayor, nº 31, Op. 110 de Beethoven con esos movimientos tan claramente escritos: Moderato cantabile Molto expresivo, Allegro Molto, Adagio ma non troppo – Arioso dolenteFuga: allegro ma non troppo – L’istesso tempo di Arioso – L’istesso tempo della Fuga, interpretación magistral, clara en el desarrollo, madurez de escritura y por supuesto de ejecución, romanticismo que bebe de todo lo anterior con la genialidad del sordo de Bonn. Fantástico comprobar la pedagogía directamente, transmitida desde la práctica que muchos políticos no entenderán en toda su vida, orgullo docente que ejerce fuera del aula más que dentro. Hay grabación por parte de Roberto Serrano y podremos volver a disfrutar del Maestro Pantín, un Beethoven que volvería como propina final.

Breve descanso para secarse sudores y despojarse de la chaqueta para afrontar una segunda parte Schubert, uno de los preferidos de Francisco Jaime en solitario o a cuatro manos con María Teresa Pérez (ese Dúo Wanderer, «caminante» que ya deja claros los gustos), el piano romántico bien ensamblado hasta en la elección de las dos obras en la tonalidad engañosa de do mayor, pues el tránsito modulante es permanente y la exigencia técnica total, aunque poder tocar entre amigos casi convirtió la velada del salón mierense en vienesa como aquellas «schubertiadas«, poesía y música en los dedos del invitado, cual anfitrión en nuestra casa: el Momento Musical D 780 nº 1 y la Fantasía Wanderer D 760 sin pausa, concebida como un «toDo mayor», nuevo derroche y entrega de un monumento, más que momento, seguido de los cuatro movimientos «fantasiosos» (Allegro con fuoco ma non troppo – Adagio – Presto – Allegro) que hicieron las delicias de todos, contagiados de la energía a veces contenida y otras rebosante, romanticismo en estado puro con la madurez del trabajo vital que nunca decae, Schubert en estado puro haciendo olvidar su juventud por la vasta producción del malogrado compositor vienés, comprobando la calidad de su casi millar de obras donde el piano tiene un lugar de honor al que Pantín rindió pleitesía.

Aún hubo fuerzas para las propinas con dos «B»: la de Bach con su Allemande de la Suite Francesa nº 5 en sol mayor, BWV 816, como «previsto» tras el Händel inicial, un puente cual connato de amigo que no cuaja, para la otra B de Beethoven, el grande, el inspirado e inspirador con ese segundo movimiento de la Sonata nº 8 en do menor Op. 13 «Patética» que no pudo resultar más a propósito de este concierto entre amigos con entrega recíproca y gratitud como docente, melómano y amigo.

Examen final

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Viernes 7 de junio, 20:00 horas. Auditorio de Oviedo, Concierto de abono 14, OSPA, Measha Brueggergossman (soprano), Rossen Milanov (director). Obras de R. Strauss y Bruckner.

Nunca me costó tanto hacer un comentario como el de este concierto que cerraba temporada cual examen final de curso en estas fechas.

Escrito de madrugada sin los enlaces que tanto me gusta poner  (por cierto que es lo que más tiempo me lleva, pues el texto va de un tirón del sentimiento al ordenador, tableta o teléfono), no le dí finalmente a «Publicar» hasta completarlo. El fin de semana fue largo y fuera de caso, pero al leer las críticas posteriores en la prensa escrita (del concierto del jueves en Gijón y del viernes en Oviedo) me pasó como con los exámenes: quise repasarlos antes de poner la nota definitiva, y hubo algunos cambios que no voy a desvelar, aunque siempre a favor del alumnado.

Sacando mi vena docente añadir que un mal examen no supone tirar un curso puesto que la evaluación, de momento y hasta que Wert lo imPPida, es continua y también individualizada, sin comparaciones con otros, así que comentarios y nota final puesta al poco del concierto se mantiene pero llegan los pormenores:

Con el final de curso también llegaba la última conferencia previa al concierto, esta vez de Luis Suñén, director de la revista Scherzo, que compro hace años, al que siempre es un placer leer y sobre todo escuchar, más en vivo, con sus conocimientos de «musicógrafo» como bien reconoce, y su pasión de melómano que contagia a la audiencia, familiar en Oviedo como en todas las anteriores (lástima para quienes se las han perdido porque son más que un complemento a los conciertos y a las notas al programa que suelen ser de los conferenciantes como así volvió a suceder) en esta «Lección magistral de clausura». Gracias a Don Luis por hablarnos de Richard y Anton con la familiaridad y cariño habituales más allá de las anotaciones, y animar a la OSPA que mantenga este ciclo pese a la poca entrada, que parece disminuir como el público de los conciertos, aunque el balance y memoria final ocuparán un comentario aparte.

El último concierto presentaba un programa de lujo, y traía a la canadiense Measha como figura invitada, aunque las grabaciones discográficas poco tengan que ver con el duro directo y las Cuatro últimas canciones (1948) de Richard Strauss sean una reválida fin de carrera más que una prueba de acceso universitaria. Cuatro joyas para solista y orquesta cuya mera escucha es todo un placer pero que la soprano mediática no creo triunfe con ellas, si bien las mezclas de estudio pueden hacer milagros. Los «lieder» con orquesta exigen algo más que sentimiento y dicción, que tuvo, pero su proyección vocal no llegó como debiera hasta mi fila 13, y lo digo por algún crítico algo más cercano al escenario, y si además Milanov se limita a seguir la partitura (que tiene mucho que dirigir) sin mimar a la solista, el resultado global se queda en un mero suficiente para la invitada. No soy quien para dar lecciones de dirección pero supongo que las indicaciones de volumen, los matices, no son iguales para el metal que la madera, por lo que pianissimo resulta trabajo desde el podio que además es quien mejor puede escuchar los planos. Y cantar con una gran orquesta detrás exige de la voz no volumen sino técnica para hacerla «correr», fluir, no sólo en los agudos. Pienso que el mal de muchas voces actuales, además de la elección del repertorio adecuado a ellas, estriba en la técnica apropiada para intentar igualar el color en todos los registros sin perder nunca cuerpo ni presencia en los graves, y la soprano de color no estuvo al nivel esperado.

Puede que otro programa y acompañamiento ayude a disfrutar más de su voz, pero para estos cuatro lieder straussianos no creo que esté en condiciones óptimas. Parece que los músicos de la OSPA sí se tomaron muy en serio este último examen porque dieron más de lo que se les exigió, y los solos de Vasiliev y Myra Pears fueron realmente de matrícula de honor. Globalmente las cuatro canciones fueron de menos a más, aunque me quedo con la tercera de Hermann Hesse Beim schlafengehen (como a Suñén tampoco me gusta la traducción literal de «Al ir a dormir») y la de Joseph von Eichendorff Im Abendrot («En la puesta de sol»), auténtica maestría de maridaje texto y música como en Schubert, Schumann o Mahler. El divorcio estuvo entre solista y director, el dulce en la propia obra.

Y cerrar curso con Bruckner y su Sinfonía nº 7 en mi mayor, WAB 107 (revisión R. Haas) suponía el nivel máximo de exigencia tras una temporada más que notable. Además de merecidos «ascensos en el escalafón» preparando el próximo curso, destacar la madurez alcanzada en éste de los metales y en especial las trompas que esta vez tuvieron que reforzarse para que dos de los titulares cambiasen a las trompas wagnerianas (cuatro se necesitaron) en una obra exigente para toda la orquesta que estuvo sobresaliente. Si Strauss resultó bueno pero «breve», más parecería un calentamiento ante la magnitud de esta Séptima. Nuevamente los solistas brillaron a la altura esperada.

La cuerda al completo tuvo el extra de dejarse las yemas para alcanzar el volumen exigido (la plantilla no crece pero sí las exigencias de más en obras de esta envergadura) y equilibrar el poderío de unos metales a los que no podemos ponerles ningún reparo, más una madera que sigue estratosférica. La versión Milanov no resultó igual, sí mejor que Strauss pero optanto nuevamente por la «literalidad», que en el caso de Bruckner exige muchas y profundas lecturas. De nuevo caímos en la tentación de una obra sinfónica total, cumbre en todos los aspectos (puede que menos en el popular) pero que necesitaba más cuerda. Como en el anterior concierto con la Quinta de Shostakovich, el esfuerzo de nuestra cuerda fue titánico y hay que recalcarlo para evitar malentendidos. El público siempre agradece estas «obras de poderío» pero los rectores conocen mejor que nadie las necesidades, y la Séptima de Bruckner quedó corta en efectivos aún a costa de mayores sacrificios (¡dichosa crisis!).

Los tiempos elegidos estuvieron ajustados a las indicaciones, como el Allegro moderato con orquesta plena en un «tutti» sin trompetas ni trombones que daba paso al magistral oboe y clarinetes (los dos) en ese ascenso melódico antes de entrar en el contracanto de violines, que contrapongo a lo poco marcadas que quedaron las modulaciones de la partitura y muy «académica» la reexposición final así como la amplia coda.

El Adagio (indicado Sehr feierlich und langsam, con lentísima solemnidad y calmado), es de lo más emocionante de Bruckner aunque la dirección no logró conmover, puede que esta vez la disposición «vienesa» con contrabajos atrás y tubas wagnerianas a la izquierda no ayudasen (la tuba en el lado opuesto impidió más empaste). Siendo la sinfonía pieza única de la segunda parte no creo que resultase complicado ubicar los contrabajos a la izquierda y dejar todo el metal en la parte trasera, precisamente para esa sensación de tubos de órgano. Cellos y violas sí sonaron homogéneas en su posición para el segundo motivo del adagio y la siempre segura sección de violines en ese inserto del Te Deum del propio compositor antes de desarrollar en contrapunto los temas y el gran crescendo antes de la coda donde los metales realmente truenan.

El Scherzo vivace (marcado Sher schnell, muy rápido) por su rítmica tan marcada resultó lo mejor de la sinfonía a lo que debemos sumar una cuerda al unísono que suena como un todo, nuevo triunfo de la formación asturiana que a lo largo de la temporada ha mantenido este nivel de calidad sin apenas altibajos. Nuevamente la dirección de Milanov buscó más tiempo que color, y el trío central (Etwas langsamer, un poco más lento) fue buen ejemplo, sin poder paladear un poco más los violines tocando esa especie de danza popular respondida por viento y timbales, curiosamente más discretos de lo que deberían.

Y el Finale (Bewegt, doch nich zu schnell, movido pero no demasiado rápido) tan subjetivo como el Martini de James Bond, «ethos y pathos» que escriben los estetas pero donde la energía debe estar controlada antes de ese coral del segundo tema precediendo la luz de las trompas y el siguiente desarrolo y reexposición, corta y tensa antes de la coda. La orquesta pareció entender a la perfección la llamada «vía real» de Bruckner en esta sinfonía, aunque Milanov optase por «referencias» más cercanas a la Primera o Tercera en una visión global y no detallada de esta séptima que tanto tiempo costó componer. Por una vez puedo decir que la orquesta sobrepasó la dirección, lo que puede tener doble sentido.

Comenzaba diciendo que un mal examen no supone suspender, y si la orquesta alcanzó el Sobresaliente, poner tarea para Septiembre no es suspender sino repasar algunas cosas mejorables. Cuando la exigencia es de nota alta, un suficiente debe tener trabajo en las vacaciones.

Con más tiempo haremos la «Memoria final» y avanzaremos la Programación 2013-14, vamos como en el Instituto, aunque todavía nos queden dos semanas de clase y una última de preparación del último curso antes de Wert.

Digo a quienes me conocen que con la OSPA llevo 22 años casado, los mismos que con mi esposa, felices y con las normales diferencias de una convivencia tan larga. Mi filosofía de la vida, si se quiere mis convicciones, hacen que sepa perdonar y olvidar los malos momentos para quedarme siempre con lo positivo, lo que no impide seguir disfrutando de la libertad para opinar aunque no sea compartida. Por pedir, solamente salud para celebrar las bodas de plata…

Daniel Jaime Pérez, herencia musical y genética

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Lunes 3 de junio, 20:00 horas. Salón de Actos de la Casa de la Música, Mieres: Daniel Jaime Pérez (violín), Teresa Pérez Hernández (piano). Obras de Franck, Sarasate y Sibelius.

Dos artistas que ya pasaron por el escenario de nuestro conservatorio local (el mismo al que han vuelto a denegar la categoría de Profesional) de una familia muy musical y querida allá donde van. Daniel Jaime nos visitó con su padre hace tres años, y esta vez con su madre Teresa Pérez, también protagonista hace poco más de un mes de este año celebración de las Bodas de Plata de nuestro Conser. Hablar de Mayte al piano siempre es un placer y escucharla un lujo, máxime compartiendo escenario con su hijo, no ya acompañarle porque la música es el primer lenguaje de esta familia y se nota. El magisterio en esa joya de Franck, el plano perfecto para acompañar Sarasate más el siempre sacrificado papel orquestal «reducido» de Sibelius que mamá engrandeció.

Y supongo que todos me permitan centrarme en este violinista nacido en 1991 que sigue creciendo como intérprete cada vez más, desde el sacrificio que conlleva un instrumento como el elegido aunque tenga todo el apoyo, comprensión y sabios consejos de su familia. Como añadido personal, alegría de haber elegido ese camino cuando a menudo puede resultar lo contrario: odiado sino aparcado como mera afición, esta vez adicción permitida y agradecida.

Daniel Jaime Pérez, con un violín de 2011 construido por el luthier catalán David Bagué, eligió un programa difícil en el que volcó no ya una técnica que sigue mejorando a pasos agigantados, o sonoridades amplias, sino también la musicalidad innata, genética diría yo, que marca la diferencia entre un músico y un artista.

La Sonata en la mayor para violín y piano de César Franck la han bautizado como «una de las joyas más valiosas dentro de la música de cámara», la base de todos, intérpretes y público, hoy músicos en ciernes, docentes pero también aficionados a la buena música. Cuando dos artistas se entienden en el planteamiento resulta joya total, no ya de la composición sino de la interpretación: el Allegretto ben moderato tiene un piano redondo, poderoso, un violín carnoso y bello líricamente, formando un dúo para paladear, como así fue. El Allegro resultó vehemente y y vigoroso, madurez de un Daniel Jaime tan inspirado como el propio movimiento del compositor belga afincado en Francia, jugando con los claroscuros temáticos siempre bien secundado por Teresa Pérez, coprotagonista hasta la doble barra final. El Recitativo-Fantasía volvió a deleitar con emociones cálidas, tranquilas y a la vez apasionadas, cuerpo sonoro y visión juvenil. El Allegretto poco mosso, considerado lo mejor de esta conocida sonata, realmente hermoso, resultó rico y denso como su textura, sonoridades ampias y brillantes en ambos intérpretes que nos dejaron una excelente versión, próximamente «subida a la nube» por Roberto Serrano, como nos tiene acostumbrados este curso que está llegando lentamente a su final.

Sarasate es un hito para lo que entendemos como virtuosismo violinístico pero más allá de la endiablada técnica que exige, la musicalidad de su Habanera, Op. 21 nº 2 irradia desde el inicio. Las dificultades se superan con mucho trabajo pero el sabor musical parece genético y así apostó el dúo familiar, protagonismo del violín con todo el apoyo del piano en esta partitura del pamplonés más universal.

Por si la dureza exigida hasta el momento no fuese alta, el «Allegro moderato» del Concierto para violín y orquesta en re menor, Op. 47 de Sibelius es de sobresaliente para ambos. Las madres siempre se sacrifican por sus hijos, esta vez literal y musicalmente por tener que sacar del piano toda la compleja orquesta diseñada por el finlandés para arropar esta enorme partitura de la literatura violinísitica. Como público y también docente es un orgullo comprobar el avance de los jóvenes y los logros en tres años que son en estas edades un auténtico paso adelante o toque de calidad.

Daniel Jaime Pérez puede presumir no ya de madre sino de tener la orquesta en casa. Espero poder escucharlo completo porque el despliegue emocional y técnico mostrado con Sibelius apunta alto.

Todavía hubo tiempo de disfrutar el «Adagio» del Concierto de violín nº 3 de Mozart, siempre traicionero por la engañosa dificultad, que tras las tenebrosas sombras finlandesas trajo la alegría vienesa de una velada familiar con altas cotas musicales.

¡Gracias familia!

Dinamismo y color

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Viernes 31 de mayo, 20:00 horas. Auditorio de Oviedo, Concierto de Abono 13, OSPA, Lawrence Power (viola), Rumon Gamba (director). Obras de Britten, Rózsa y Shostakovich.

No soy supersticioso, más bien creo que el número 13 da suerte (supongo que es herencia famiiar) y el penúltimo de la temporada de «mi OSPA«, con quien llevo casado los mismos años que con mi esposa, volvió a resultar excelente, en la línea emprendida de ofrecer programas con solistas de primera, obras nuevas sin olvidar el aspecto didáctico, y el repertorio sinfónico habitual, esta vez todo del siglo XX que resulta cercano a muchos de los asistentes, este viernes mucho menos de los habituales y algo preocupante. Tampoco se olvidaron de un centenario que no resulta tan mediático como los de Verdi y Wagner pero que acabará teniendo más hueco este mismo año: Benjamin Britten (1913-1976).

Al inglés correspondió abrir velada con su «Funeral ruso» para metal y percusión (1936) donde estas secciones también dieron el paso de calidad y demostraron un nivel que creció a lo largo de este curso escolar. El maestro Gamba, que volvía al podio, se encargó de mostrar sus cartas en esta obra que sonaba por vez primera: apostar por la dinámica como generadora de color. Empaste broncíneo en una breve partitura llena del particular lenguaje de Britten en un poema sinfónico con carga ideológica como bien explica Cosme Marina en las notas al programa (están vinculadas a los autores al inicio de esta entrada). Guerra y muerte hechas música.

El húngaro Miklós Rózsa (1907-1995), oscarizado varias veces por sus bandas sonoras que también disfrutamos, compuso este Concierto para viola, Op. 37 en los inicios de los 80, siguiendo las líneas digamos académicas. Si además podemos contar con un solista como Lawrence Power no descubrimos ya la obra sino el protagonismo de un instrumento con colorido propio. A lo largo de sus cuatro movimientos el viola británico sacó la paleta al completo de matices, lirismo, virtuosismo y entrega con una concertación sabia desde el podio que siempre atenta a los planos sonoros apostó por la riqueza de volúmenes en pos de texturas bien ensambladas con el solista, sin perder de vista las referencias al folklore de la tierra de Rózsa, siempre presentes incluso en sus obras cinematográficas como firma personal. Conocida es mi tendencia a los movimientos lentos, y el III Adagio no fue la excepción, pero desde el largo I Moderato assai hasta el IV Allegro con spirito el concierto nos llevó a distintas velocidades dependiendo de la senda tortuosa, placentera, en subida o parándonos a disfrutar de un paisaje sonoro que emanaba por sí solo desde una orquesta madura y plena. La clave pienso que estuvo en el amplio diseño de la dinámica que consiguió la riqueza de color instrumental, transmitida igualmente por la viola de Power. La zarabanda bachiana de propina volvió a regalarnos un sonido sin igual desde una interpretación introspectiva como era de esperar.

Siempre digo que no hay quinta mala. La Sinfonía nº5 en Re m., Op. 47 (1937) de Dmitri Shostakovich  (1906-1975) resultó pletórica en las manos de Gamba que con gesto exagerado pero necesario para una orquesta que no es la suya, entendió perfectamente las intenciones desde el primer movimiento Moderato. Este viernes la colocación «habitual» no restó calidades en ninguna de las obras, y «la quinta» surcó por mares de excelencia, con un desarrollo siempre in crescendo y pinceladas pianissimi preparando un desembarco triunfal. El III Largo tuvo tal intensidad dramática que la explosión sonora del IV Allegro non troppo no fue sino el digno colofón a un concierto donde el juego de volúmenes sacó a la luz todo el colorido de la formación asturiana para esta quinta de Dmitri.

Me gustó el estilo del británico Gamba precisamente por su claridad de ideas, dejando que los profesores pusiesen su buen hacer habitual, con pocos refuerzos y algún coprincipal de solista en el penúltimo de la temporada. Maestría y veteranía desde la dirección al conocer que del juego con los matices siempre extremos, válidos por las obras programadas, resultan tímbricas llenas de colorido que amplían una paleta orquestal irisada como nunca.

Sólo queda esperar la interesante clausura de temporada el próximo viernes 7 de junio, de nuevo con Milanov, con las Cuatro últimos lieder de Richard Strauss y la soprano canadiense Measha An Brueggergosman, y de colofón la inmensa Séptima sinfonía de Anton Bruckner, pero como decimos los profesores a estas alturas de curso, la calificación global no cambiará mucho y será alta.

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No hay Quinta mala y Shostakovich cerró con apoteosis un concierto iniciado con Funeral ruso del centenario Britten y el cinematográfico M. Rozsa con el viola Power. Rumon Gamba apostó por la dinámica pues el color OSPA está asegurado. Ahora toca cenar y el sábado ampliaremos catálogo de sensaciones.

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Alta cocina sinfónica

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Viernes 24 de mayo, 20:00 horas. Auditorio de Oviedo, Concierto de Abono 12: OSPA, Stefan Dohr (trompa), David Lockington (director). Obras de Gabriela Lena Frank, Richard Strauss y W. A. Mozart.

Nuestro princpal drector invitado volvía al frente de la orquesta del Principado para cocinar un menú auténticamente magistral por ingredientes, condimentos, entorno, presentación y sobre todo sabor sinfónico de muchas estrellas, tenedores o diapasones…

El menú programado para esta temporada es digno de una carta excelente, apostando por la «nueva cocina» sin olvidar los platos tradicionales. Los cocineros y platos preparados que han desfilado por la carta quedan para el análisis del gourmet profesional, pero la degustación de este duodécimo de abono merece la pena marcarlo como destacado por este cliente habitual.

Estrenar en España una obra como Leyendas: Un paseo andino (2001) de la compositora Gabriela Lena Frank (1972) supongo que sea elección del chef Lockington, pues conoce esa tierra y su(s) música(s) como buen cocinero, siendo capaz sólo con la cuerda de preparar unos entremeses de exquisiteces donde saca o adereza calidades escondidas. Hacer
de seis pequeños números recreaciones culinarias ya indican cómo trabaja este cocinero al que en Oviedo se le aprecia agradeciendo siempre tenerlo como principal invitado. Inspirarse en el folklore andino para crear esta personal suite que transciende del cuarteto de cuerda a la gran orquesta de cuerdas resultó realmente increíble, como si la maitre fuese sacando primeramente los fríos I Toyos o II Tarqueada, para entrar en el diseño del III Himno de Zampoñas y entrar con los calientes: IV Chasqui que por rítmica, desarrollo y visión global resultó muy exigente para todos, extrayendo de la cuerda sonoridades al límite. El auténtico descubrimiento servido casi en cazuela de Pereruela resultó el
V Canto de velorio que transmite ese dolor que tan bien describen las notas al programa de Nerea Barrena de la Rúa (con quien volveré en la segunda parte), con ese cuarteto de solistas de lujo que tenemos en la orquesta: Vasiliev, Atapin, Lev y Corpus, por orden de intervención. Explorando sabores, sonoridades y dinámicas extremas sin olvidar el cuarteto original que crece cuando suenan tutti, y ese último aperitivo
VI Coqueteos con puro olor andino de paladar clásico sin concesiones, nuevamente cocinado, presentado y servido con el «magisterio Lock».

El plato consistente, fuerte, rotundo que llenaría oídos preparados para manjares potentes, fue el Concierto para trompa nº 2 en MIb M (1942) de Richard Strauss con el mejor ingrediente posible: Stefan Dohr, el mejor solista del momento («el rey de su instrumento») con un currículo que se queda «pequeño» nada más escucharle entrar en el I Allegro. El aderezo forma parte del plato y la OSPA preparó con Lockington una versión de referencia, crecidos por la calidad de un trompa que recrea en primera persona la partitura original. El II Andante con moto y el III Rondó: Allegro molto es algo más que colorido en el plato, auténtica delicia al paladar contagiando todo el plato de maestría, pues los dos trompas empastaron con el virtuoso como nunca pensamos, amén del diálogo con el oboe siempre seguro y de musicalidad impecable. Imposible describir cómo suena ese instrumento con el alemán. Moviendo en la boca cada trozo, pudimos disfrutar de sabores preparados con la magia del Maestro Lockington, elegancia desde el podio que sabe preparar platos con cualquier ingrediente, y si es difícil de conseguir lo exprimirá a tope para alargar el placer, como así sucedió con esta «Trompa Strauss». No recuerdo tantos aplausos para un solista en el auditorio (y eso que muchos fueron a cazar «gatos monteses» al Campoamor), y el trompa «D’oro», pues merece españolizar su germano Dohr, nos regaló un Messiaen donde los sonidos que salen de ese corno francés son estratosféricos o galácticos como el título (Los cañones de las estrellas). Nueva salva de aplausos ante un sorbete celestial que sirvió para comentar largamente en el descanso con algunos músicos del mismo instrumento.

Para completar un manjar el último plato debe ser ligero como una «lubina Linz con salsa asturvienesa» del siempre genial océano Mozart. La conferencia previa de mi querida Nerea Barrena nos preparó a los pocos que estuvimos a las 19:00 horas en la cata de las llamadas «sinfonías vienesas» sin olvidar todo el proceso de macerado de otro manjar: la Sinfonía nº 36 en DOM, K. 425 «Linz» (1783). Todas las notas al programa son como la carta antes de comer, la conferencia los detalles de una sumiller de primera, y la interpretación de la OSPA con Lockington el redescubrimiento de un plato con nuevas texturas en boca. Supongo que Ne Re estaría compartiendo este menú en el «comedor Príncipe Felipe», con sabores capaces de aligerar la almendra del carbayón dulce con el chocolate vienés. Y es que el Chef David siempre que viene a nuestra tierra saca lo mejor de los músicos de nuestra OSPA, se crecen como la buena fabada, cocinando a fuego lento y seguro, sin ningún aspaviento, mimando el horno igual que los fogones, ollas, sartenes o woks, sea el I Adagio – Allegro spiritoso como base de cuerda bien aliñada por viento, el delicado II Poco adagio con timbales en su punto y musicalidad a rebosar, un III Minueto efervescente sin quemar y el IV Presto final que daba pena tragar de lo bien que sabía, perfecto regusto alegre que reanima el espíritu con una orquesta plena en boca (oído), dejando en la carta de este restaurante tutelado por Milanov un menú irrepetible que nos hace esperar la siguiente cita gastronómica con auténtica gula auditiva.

Cierre ruso en Oviedo

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Domingo 19 de mayo, 19:00 horas. Auditorio «Príncipe Felipe» de Oviedo, Jornadas de Piano «Luis G Iberni»: Daniil Trifonov (piano), Orquesta Nacional Rusa (RNO), Mikhail Pletnev (director). Obras de N. Tcherepnin, Tchaikovsky y Glazunov.

Se acabó el Ciclo de Conciertos del Auditorio y este frío domingo las Jornadas de Piano «Luis G. Iberni» con claros y algunas sombras, pero sobre todo luz y elegancia en muchas tardes, incluso gloriosas, poniendo el listón nuevamente muy alto, con un avance de la próxima que promete, aunque le dedicaremos otra entrada.

Lo ruso sigue siendo referencia y nada mejor para clausurar temporada que reunir intérpretes y obras de una tierra que en Asturias sentimos cercana, al menos en lo musical (lo climatológico parece que también).

A Pletnev le hemos disfrutado como pianista y ahora como director, trayendo a su RNO al auditorio carbayón dentro de su gira europea, comenzando con un compositor no muy conocido ni escuchado como N. Cherepnin y La Princesse lontaine (Preludio por la princesa lejana) Op. 4, para calentar motores en una formación que suena impactante en todas sus secciones, colocando contrabajos atrás a la derecha y toda la percusión a la derecha, enfrentando violines para conseguir una sonoridad envolvente que completa la calidad contrastada de una orquesta con 23 años, lo cual es sinónimo de madurez. El entendimiento con su director fundador es total, no hacen falta muchos gestos porque el trabajo permite la economía y el máximo rendimiento. El alumno de Rimski-Korsakov pone buena música en estilo del maestro al argumento de la obra de Edmond Rostand como bien recuerda Rogelio Álvarez Meneses en las notas al programa, arrancando con un impresionante solo de cello (Alexander Gotgelf) y el posterior de oboe (Vitaly Nazarov) bien arropados por una orquesta realmente «redonda».

El plato fuerte vendría de la mano de Trifonov, un pianista que pese a la juventud es ya una auténtica figura desde hace años, para interpretar el conocido Concierto para piano y orquesta nº 1 en SIb M, Op. 23 (Chaikovsky) en una versión donde se notó que el director es también un maestro del piano, y donde Tatiana Porshneva se puso de concertino. Por fin escuchamos ese inicio contundente con un tiempo ajustado a la indicación: Allegro non troppo e molto maestoso, claridad expositiva y limpieza desde un poderoso piano que igual empastaba a la perfección con la orquesta como tomaba un protagonismo aún más marcado gracias a una concertación de Pletnev auténticamente deliciosa. El paso al Allegro con spirito fue otro escalón hacia la cima sonora. Aparición del clarinete (Nikolai Mozgovenko) que volvería a sorprendernos más adelante y todo un juego de texturas cálidas y aterciopeladas en la orquesta. El Andantino semplice – Prestissimo trajo consigo un despliegue técnico impecable, pese a los mínimos desajustes del instrumento solista (hubo momentos de madera en vez de cuerda), unos dificilísimos cambios siempre encajados desde una batuta que manejó a la orquesta como el «otro piano sinfónico» y otro solista (el flauta Maxim Rubtsov) también marcando calidad, pudiendo degustar el lenguaje tan romántico del compositor, para poner todo el fuego final (Allegro con fuoco) en una actuación estelar porque sumó todo para hacerla así: obra, pianista solista, orquesta al completo y director.

El único guiño «no ruso» lo pondría el propio Trifonov con una versión del hermoso lied de SchubertAn Sylvia que hizo cantar el piano como si Bjoerling se hubiese reencarnado en las cuerdas. Delicia total que «obligó» al prodigio ruso a impactarnos con la «Danza Infernal» de El pájaro de fuego (Stravinsky) en arreglo del maestro italiano Guido Agosti, perfecto broche virtuosístico tomando la música de ballet rusa como enlace con la segunda parte, y manteniendo el sabor ruso que impregnó toda la velada.

Con Las estaciones, Op. 67 (Glazunov) volvió el concertino titular Alexei Bruni capitaneando la RNO que volvió a brillar al completo y en cada intervención de unos solistas que son oro puro, y un Pletnev al frente que con su peculiar dirección sacó de este ballet en colaboración con Marius Petipa de cinco movimientos que comienza con El invierno, el mismo que parece no querer abandonar Asturias, brillo, sensibilidad, colorido, texturas, lirismo y todos los calificativos que podamos imaginarnos. Las cuatro variaciones invernales volvieron a descubrir atriles como el trompa o la arpista. El verano y sus cinco partes dejaron un Vals de acacias y amapolas donde las fragancias fueron lanzadas en gotas por Pletnev. El otoño resultó la auténtica bacanal a la que el Petit Adagio siguiente daría un color ocre por toda la cuerda que suena rusa en cada momento, con el motivo más conocido realmente apoteósico para cerrar el ciclo anual, composición y temporada. La orquesta está en un nivel que nos hizo quitar el mal sabor de boca inglés.

Más la fiesta tenía que acabarse con el Pletnev compositor y el Preludio de su Jazz Suite para corroborar que su formación está capacitada para sonar a gloria con cualquier estilo aunque el del concierto dominical resultó muy cercano en el tiempo, siendo el guiño jazzístico la guinda del pastel: gozada de trompeta con sordina (Vladislav Lavrik), percusión y contrabajo que también quisieron reivindicar la calidad que tienen todos y cada uno de sus componentes.

Rusia, capital Oviedo

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Domingo 19 de mayo, 19:00 horas. Clausura de los Conciertos del Auditorio con la Orquesta Nacional Rusa que dirige el pianista Mikhail Pletnev lo que supuso un Concierto nº 1 en SIb M, op. 23 de Tchaikovsky con Daniil Trifonov de auténtica delicia.

Las propinas de quitarse el sombrero: transcripciones del lied An Sylvia de Schubert y Danza infernal de «El Pájaro de Fuego» de Stravinsky para apuntar en la historia local.

Cherepnin y su Preludio para la princesa lejana, Op. 4 abría velada mientras Las Estaciones, op. 67 de Glazunov las cerraban, siempre Rusia con todo lo que supone musicalmente cambiando Moscú por Oviedo.

El lunes día del profesor en Asturias lo aprovecharé para ampliar impresiones…

La OSPA conecta

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Jueves 19 de mayo, 10:30 y 12:00 horas. Auditorio de Oviedo. Concierdo didáctico «La orquesta se mueve»: OSPA, Rossen Milanov (director). Con la participación de Gustavo del Moral (presentador), las sopranos Sonia de Munck, Elena Ramos, el tenor Julio Morales, con Vaudí y su grupo de percusión brasileña.

Apostar por la música es invertir en futuro, y el maestro Milanov se marcó como primer objetivo nada más llegar a la OSPA acercarla a los públicos del mañana. La primera apuesta ha sido traer a Europa el proyecto Link Up en el Carnegie Hall, del «Weill Music Institute», que él conoce en primera persona. Movilizar a 3.000 alumnos de 9 a 13 años de toda Asturias con sus profesores supone un esfuerzo que ha tenido el apoyo de toda la comunidad educativa, implicándonos desde el primer momento en que se nos comunica este concierto didáctico donde el alumnado participa directamente y no sólo como mero auditor, pasando a formar parte de la historia al ser Asturias y España los pioneros europeos ¡en algo somos los primeros! y pronto nos seguirán, como Navarra.

En febrero nos mandaron a los centros unos excelentes materiales (traducidos al español por Ana Mateo de los originales) para comenzar a preparar este concierto con la OSPA y su titular Milanov desde todos los niveles, aprovechándolo como parte de las clases de música, esas que Wert entiende no como cultura sino entretenimiento. Tendría que enterarse un poco más…

El ambiente que se respiraba antes, durante (llenazo histórico) y después nos deja con la esperanza del trabajo bien hecho. Las sugerencias las haremos llegar, como siempre, a los responsables, con la gerente Ana Mateo a la cabeza sin cuya entrega e implicación con el proyecto no hubiera sido posible esta nueva experiencia.

El repertorio elegido giraba en torno a The Orchestra Moves, «La orquesta se mueve» en el amplio sentido que incluye mover y conmover, pues la música es única y directa para el movimiento interior y realmente «conectó» (Link Up) con todos los asistentes. El músico y pedagogo cántabro Gustavo del Moral fue quien llevó el peso del concierto haciendo ora de animador, ora de batuta doblada, incluso de apuntador en momentos puntuales, siendo también el «link» del concierto.

Thomas Cabannis es el compositor del tema «Ven a tocar» (Come To Play) a tres voces, donde cantamos, tocamos la flauta de pico (recorder en inglés) y nos movimos literalmente, todavía un poco «oxidados» aunque pronto nos desperezaríamos.

Para movimiento el conocido Can-Can de «Orfeo en los infiernos» (Offenbach), bailarinas incluidas que fueron las encargadas de despertarnos a todos, incluyendo al bueno de Gustavo.

«El Danubio Azul» (J. Strauss) en versión cantada y traducida al español (en inglés quedaba un poco mejor) tuvo la participación de las flautas que resonaron en todo el auditorio con la OSPA casi acompañante ante el poderío sonoro del alumnado. Hubo melodías, contestaciones y sobre todo «rubato» que pese a no estar en Austria sino en Asturias, ¡funcionó!.

También ternario pero relajado resultó el Nocturno de «El Sueño de una noche de verano« (Mendelssohn) donde las dos voces de las flautas completaron a una OSPA aterciopelada como si el ejemplo de Morató a la trompa surtiese el efecto deseado. Las ganas del alumnado les hacían adelantarse en un tempo lento, pero escucharse fue la mejor lección y el resultado final resultó de nota para todos.

La alegría operística comenzaba con Mozart y la Obertura de «Las bodas de Fígaro« para batir el récord de velocidad por parte de los músicos «ospenses» ya en plena forma matutina que prepararon el famoso Toreador de «Carmen« (Bizet) donde el tenor Escamillo no tuvo su mejor faena pero que el «apoderado» del Moral capeó con un «doble» coro gigantesco cantando en un francés excelente para su faena de aliño. Cierto que podía haber utilizado el estoque-micrófono como el resto, pero la valentía tiene sus riesgos y el torospa no era un novillo precisamente.

Mi alumnado ya se quedó enamorado de Beethoven con el primer movimiento de la Sinfonía nº 5 en Do m., Op. 67, pero como toda esta joven hornada, lo de estar más de cinco minutos callados no lo tienen muy controlado, y tras el «subidón» anterior no saborearon la «Quinta del sordo» como deberían, y eso que la Orquesta se movió a bien nivel con un diestro Milanov exprimiendo una obra que siempre exige.

En un espectáculo tan americano no podía faltar otro tema de Cabannis, auténtico anfitrión de este programa, que compuso «Lejos vuelo» (Away I fly) donde la participación del alumnado fue coreográfica siguiendo los 8 pasos ideados por Hilary Easton. Era el estreno en Europa y acostumbrados a ensayarla con piano la versión orquestal resultó magnífica.

Y el fin de fiesta trajo el Carnaval de Río al auditorio para hacer de Oviedo «Cidade Maravilhosa» (André Filho), entrando la «batucada por la butacada», y llegando por momentos a tapar la rica orquestación preparada, cantando todos en portugués con un brasileño medio asturiano como Vaudí. La alegría nos contagió a todos como la cuica siempre simpática, y aunque no vimos a la Consejera del ramo por nuestra ubicación, sabemos que bailó como los demás, para volver a clase con una sonrisa más el optimismo y ganas de seguir trabajando en estos proyectos que conectan y enganchan a alumnos y profesores.

Vendrán los tuiters, correos, Facebook y demás vías de intercambio de experiencias, pero sobre todo la ilusión por el siguiente que seguro llegará en la próxima temporada y curso escolar. Gracias al maestro Milanov, a la OSPA y a su gerente Ana Mateo, pero sobre todo

GRACIAS A LOS ALUMNOS DE ASTURIAS

auténticos protagonistas de este jueves.

Investigando y sonando

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Jueves 9 de mayo, 20:00 horas. Salón de Actos de la Casa de la Música, Mieres. AMIGO (Aula de Música Iberoamericana «Grupo de Oviedo»).

Capitaneados por el maestro Julio Ogás, que esta tarde ejercería de anfitrión y presentador, el grupo «AMIGO» lleva dos cursos trabajando en el estudio y recuperación del patrimonio español e iberoamericano con alumnos universitarios que pasan del papel pautado a la interpretación sin más ánimo que dar a conocer un repertorio a veces olvidado y tristemente poco tocado, pues no son profesionales de sus instrumentos sino sus vehículos para el arduo trabajo musicológico.

Las fechas de exámenes y avatares estudiantiles nos privaron de escuchar la Romanza para viola y piano del madrileño Conrado del Campo del que se cumplen 60 años del fallecimiento, permaneciendo casi inédita su amplísima producción (más allá de sus cuartetos), aunque el resto del programa se respetó escrupulosamente.

Mejor suerte tiene el compositor venezolano Rodrigo Riera de quien la estudiante de doctorado leonesa Sara Arenillas nos dejó en su guitarra dos obras donde mostrar en el instrumento que también dominaba el larense su mezcla araucana con la herencia europea (de hecho estuvo varios años en España): el Vals campestre más pastoral que vienés, por esa reinterpretación que tanto se ha utilizado en música, y el Homenaje a La Chicachagua, obra lenta y emotiva con la espiritualidad de esa figura popular, que  ha recuperado el grupo AMIGO, en este caso la música de guitarra de una Venezuela siempre rica en música y músicos.

El dúo formado por Cristina Salgueiro (viola y estudiante de grado) y Naiara Francesena (piano y comenzando su licenciatura con premio de Diplomatura en Magisterio) trajeron dos obras muy distintas: del compositor y pianista porteño afincado en Alemania desde los años 90 Juan María Solare (Buenos Aires, 11 agosto 1966) su Reencuentro: Milonga para viola y piano, con distintas versiones -para piano a cuatro manos, con cello o violín, siendo la versión inicial (parrilla) de 2008 en El Escorial- y estrenada para piano y viola en Bremen (25 enero 2010) con todo el sabor y color de la pampa en esta obra lenta donde la viola parece cantar con un acompañamiento lleno de ritmo en el piano, más la conocida Aria Bachiana nº 2 de Heitor Villalobos, uno de los muchos arreglos de esta obra inmortal que evidentemente no mejoran el original pero sirven para popularizar desde la música de cámara obras mayores.

Siguiendo con ese espíritu melódico tan característico de mi querida Argentina sonaba el gran Carlos Guastavino con Rosita Iglesias del ciclo «Las Presencias» en arreglo del propio compositor para clarinete, a cargo del instrumentista local Xuacu Llaneza, y piano, nuevamente Naiara Francesena. Hermosa canción con un desarrollo a base de variaciones que saca todo el colorido a la caña logrando una tímbrica variada y expresiva antes de retomar el tema inicial.

Para el final el propio Julio Ogas, al piano, acompañó a su hija Sofía Ogas (cello) con dos obras de sus compatriotas: Escualo de Astor Piazzolla cambiando bandoneón por cello, y la original además de difícil Pampeana nº 2, Op. 21 (Alberto Ginastera), dos formas de entender la música desde la misma tierra, el avanzado lenguaje del llamado «nuevo tango» del primero con un protagonismo compartido de los instrumentos decantado por el fraseo melódico del cello y la rítmica tan propia del piano, y la inspiración pseudonacionalista del folclore puneño que Ginastera nunca conoció personamente, como bien explicó el maestro de Mendoza afincado en nuestra tierra más el cercano de La Pampa todo con el crisol propio de un compositor formado en EEUU con Copland, con ese ritmo de «Malambo» que le ha hecho famoso, «reducido» a dúo.

Sin entrar a valorar la ejecución de todos, destacar el plato fuerte final por la enjundia de las obras y el perfecto entendimiento de los Ogas, como no podía ser menos.

Agradecer a la Universidad de Oviedo esta gira astur que recaló en Mieres para sumarse a los actos del 25 Aniversario de nuestra Escuela y Conservatorio local en unos momentos donde la tijera cultural amenaza cada día. La buena asistencia al concierto, pese a otras coincidencias, es indicativa de la afición musical que siempre hemos tenido los de esta cuenca, completada con la posibilidad de estudiar «en casa» en los siempre difíciles primeros años de iniciación en un arte que ocupará el resto de nuestras vidas desde muchos puntos, pero siempre desde el conocimiento que ayuda a un mayor y mejor disfrute. En esta dirección remamos todos los presentes y algunos ausentes. Sólo necesitamos que no frenen un esfuerzo de tanto tiempo, pues peligra el futuro de nuestra generación y la herencia de las siguientes.

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