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La belleza del dolor

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Viernes 11 de octubre, 20:00 horas. Auditorio de Oviedo, Concierto de abono 1: OSPA, Adolfo Gutiérrez Arenas (cello), Rossen Milanov (director). Obras de Marcos Fernández Barrero, Shostakovich y Rachmaninov.

Ya tenía ganas de retomar el pulso de nuestra orquesta tras el rodaje en foso más el extraordinario Réquiem de Verdi en Covadonga, con el estreno de la temporada regular que llevaba por título «Rusia esencial» aunque bien podríamos rebautizarlo como «OSPA esencial» al unirse intenciones cual guía o catálogo de intenciones, a saber:

El titular Milanov, un solista invitado de calidad que además «es de casa», más un programa donde conviven obras de nuestro tiempo, los grandes e imprescindibles conciertos más el atemporal mundo sinfónico, habitual para redondear una larga, emotiva y dura jornada que conjuga situaciones personales dolorosas pero donde siempre aflora la belleza, el arte hecho música desde la profundidad interior.

Escuchaba por tercera vez Resonancias para orquesta (2012) de Marcos Fernández Barrero, obra ganadora del Concurso de Composición OSPA 2013, siempre necesario el poso para degustar, y no me defraudó tras leer mis anotaciones del estreno y las notas del programa, donde pudimos repetir y llegar ahora como el refrán «a la tercera va la vencida». Si la obra en su momento era merecedora del premio, hoy se me quedó pequeña al escucharla entre gigantes e incluso descontextualizada dentro del título programado por no ser «rusa» (aunque en mi primera audición me recordase a Shostakovich) pero sí «esencial» en cuanto al aroma o esencia figurando dentro de la «normalidad» que supone aparecer entre dos obras maestras. Supongo que el compositor catalán con orígenes asturianos, nuevamente en la sala, disfrutó más que nadie de esta (re)interpretación que la OSPA hizo grande, pues esta temporada 2013-14 podremos llamarla como de plena madurez para la formación, así como del asentamiento de Milanov en la titularidad, con ideas siempre claras desde su toma de posesión, manteniendo la colocación vienesa que nos dará muchas alegrías a lo largo del curso musical y con algunos fichajes que no pasarán desapercibidos. Podría decir que la obra de Fernández Barrero no desentonó en absoluto dentro de la globalidad dolorosa por emociones, texturas y climas otoñales como el asturiano que esas resonancias pudieron reflejar.

Mi admirado cellista Adolfo Gutiérrez Arenas volvía a «nuestro» Oviedo con otra cima interpretativa tras sus anteriores «ochomiles» y en compañía de auténticos amigos para esta nueva aventura sinfónica: el Concierto para violonchelo nº1 en mi bemol mayor, Op. 107 (1959) de Dmitri Shostakovich. Si su Saint-Saëns con Dutoit no le pude equiparar al intimismo con Judith Jáuregui, una delicadeza inolvidable, al menos volvía en «la cordada» con esta orquesta que camina a su paso como con Elgar, auténtico Everest solístico lleno de hondura y sombras, el Shostakovich más duro y terrible donde no existe atisbo de luz en ninguno de sus movimientos pero que Adolfo G. Arenas hizo bello de inicio a fin, bien concertado por un Milanov atento y condolente para compartir sufrimiento hecho arte desde todas las secciones orquestales aunque la trompa del maestro Morató influyó y mucho en embellecer el dolor. La incuestionable levedad del ser del Allegretto, la profundidad del Moderato, la soledad de la Candeza que robó hasta el silencio de un público perezoso en respirar por no asifixiarse, y la cima del abismo del Allegro con moto que sacude hasta el último aliento. El bello dolor existencial sin autocomplacencia ni sadismos, no hay placer sin él, dos caras de la misma moneda que Shostakovich explora y explota en un cello humano e individual con la orquesta reflejo global y coral, dolor compartido que parece menor en sufrimiento y mayor en belleza. Indescriptible esa ascensión al abismo que aún subió muchos metros con ese lento como marcha fúnebre de la Suite nº 3, op. 87 para cello sólo de Britten, «ethos y pathos» desde la admiración y recuerdo del centenario del británico pero también a Rostropovich y Shostakovich, placeres dolorosos o viceversa desde la belleza magistral del arte musical en la vivencia compartida por Adolfo Gutiérrez Arenas, inconmensurable.

Tras coger aire al descanso por la angustia antes vivida, la Sinfonía nº 2 en mi menor, Op. 27 de Rachmaninov supuso un remanso de tensión interior pese a recoger emociones del compositor ruso ya musicalizadas en otras obras, angustias amorosas que siempre me parecieron en el segundo de piano donde la cuerda tiene el mismo toque lírico que en esta segunda sinfonía. Madurez orquestal y claridad expositiva de un Milanov que con su peculiar estilo va sonsacando colores para un lienzo total lleno de luz sin perder el tenebrismo que parecía flotar en este viernes otoñal asturiano inigualable por los perfiles claros, delineados sin brumas, emociones de belleza anhelada e inaprensible tras el lúcido y luminoso verano. Fortaleza orquestal en el Allegro molto puramente «rachmaninoviano» (¡vaya calificativo!), el Adagio que puede traducir a música la difícil descripción del título (belleza del dolor) con una formación perfectamente ensamblada y confiada, gustándose melódicamente una cuerda con nombre propio, para en el Allegro vivace remontar la cima con paso firme, ágil sin tropezones, y contemplar desde arriba ese paisaje único, ascenso seguro, controlado pero desfondados tras un esfuerzo que sólo tiene la recompensa de una belleza dolorosa. Interpretación y satisfacción, así sentí este arranque de temporada que solamente acaba de comenzar.

Domingo completo en la Pulchra

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Domingo 6 de octubre, 20:00 horas. XXX Festival Internacional de Órgano Catedral de León (FIOCLE), Coral de Cámara de Pamplona, Cecilia Lavilla Berganza (soprano), Maite Maruri (mezzo), Juan de la Rubia (órgano), David Gálvez Pintado (director). Obras de Koldo Pastor Arriazu (1947), M. Duruflé (1902-1986) y György Orbán (1947). Entrada gratuita.

Otro concierto en «La Pulchra leonina» con largas colas hora y media antes del inicio, otra paralela de los habituales caraduras que se ríen del resto y se cuelan sin más, programas de mano inexistentes (tan sólo el completo a 2€ donde hay erratas y tampoco figura el cambio de solistas, aunque siempre está la web del FIOCLE), pero sobre todo un concierto donde obras e intérpretes dieron lo mejor de sí.

El coro de cámara de Pamplona es una agrupación que se presentó con 23 voces (13+10) más que suficientes, bien equilibrada, afinada, empastada y bajo la dirección del valenciano maestro Gálvez sonó perfecta salvo en momentos muy puntuales donde quedó tapado por el órgano, supongo que «más lejano» desde el escenario en el crucero.

El otro protagonista del concierto fue el organista titular de la Sagrada Familia barcelonesa, un Juan de la Rubia (1982) que sacó del «bicho de Klais» (hoy con la consola frente al escenario) sonoridades nuevas, auténtica orquesta para el coro aunque el público percibiese otro equilibrio, ambientes románticos, impresionistas o contemporáneos dependiendo de la obra, pero sobre todo las improvisaciones sobre Duruflé que fueron totalmente impactantes.

El dúo solista, solamente para la obra de Orbán, afinado y discreto, algo desigual aunque con buen entendimiento en sus intervenciones conjuntas pero aprobado globalmente.

Stabat Mater Speciosa (Pastor Arriazu) es un auténtico órgano como rezan las notas al programa: «un ser vivo, un organismo multi-estructural…» jugando con voces e instrumento todo en uno, obra de nuestros días de un conocedor coral en cuanto a escritura –dirigió a la propia coral pamplonesa-, que mantiene referencias francesas atemporales y un dominio, no ya vocal impresionante donde el texto siempre permanece claro, sino en un órgano que no sólo acompaña, comparte protagonismo en cuanto a expresión superior del hermoso canto litúrgico.

Los Cuatro motetes sobre temas gregorianos, Op. 10 (M. Duruflé) e improvisaciones al órgano fueron lo mejor de la tarde, inicio gregoriano por parte de cada solista en las cuatro cuerdas, maravilla coral desde el siempre universal latín y sobre todo las cuatro improvisaciones tras cada motete a cargo del organista valenciano, «complementando el color, el significado y la honda espiritualidad de los motetes» (como bien figura en las notas al programa) arrancando aplausos pese a romper la obligada unidad de ellos, Ubi caritas de Jueves Santo que reza «donde hay caridad y amor» tornado a calidad y amor coral más la improvisación en el nuevo órgano a partir de la melodía gregoriana que voló desde cada tubo reinterpretando texto y espíritu; Tota Pulchra realmente «Toda Hermosura», contrapunto diáfano e improvisación angelical, etérea, silencios remarcando claroscuros bellísimos desde registros agudos levemente tintados de toques graves cual campanadas; Tu es Petrus, cimiento puro y duro, coro redondo y potente para dar paso a un tutti organístico de armonías impresionistas sin olvidar la fortaleza, «sobre esta palabra edificaré la improvisación»; Tantum ergo de Sto. Tomás de Aquino, poesía verbal, vocal e instrumental, adoración musical al Santísimo que tanto Duruflé como el propio Juan de la Rubia consiguen exaltar sin concesiones, nuevo gozo estético con tímbricas en «el Klais» llenas de color desde la introspección. Realmente irrepetible.

El Stabat Mater en Re del húngaro Orbán es una sucesión de números a coro y solistas donde el órgano comparte emociones dentro de una partitura neoromántica que mima las voces igual que las líneas escultóricas del gran Miguel Ángel, probablemente más apoteósico de contar con una agrupación vocal mayor, aunque el esmero mostrado por una camerística siempre resulta más cercano. El coro arranca el Stabat Mater casi plegaria musical y «lamento de la madre dolorosa» subrayada por un órgano discreto, prosigue el Cuis animam gementes para las solistas femeninas a dúo profanamente litúrgico, nuevo coro Pro peccatis en estacatos compartidos con tuberías aflautadas, nuevo solo de la mezzo antes del Eia Mater fons Amoris coral y orgánico retomando las notas al programa, Fac ut ardeat donde Cecilia Lavilla estuvo bien en los agudos -pues el grave no pudimos escucharlo-, y hermosísimo Christe a dúo con la vizcaína Maite Maruri, coro y órgano brillando todos sin destellos, finalizando un bellísimo Amen coral y orgánico, «variedad casi infinita de colores y texturas que voz y órgano ofrecen y logrando esa comunión perfecta cuando ambos se funden» porque El Verbo se hizo Música y habitó entre nosotros, organum, «herramienta» al servicio de todos los presentes, intérpretes y público.

Voces jóvenes en clave barroca

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Sábado 5 de octubre, 21:00 horas. Catedral de León, «Peregrinatio», VIII Ciclo Músicas Históricas de León: Eduardo López Banzo (clave), María Eugenia Boix (soprano), Amaia Larráyoz (soprano), Nerea Berraondo (mezzo) y Héctor Guerrero (barítono). Obras de Händel y A. Scarlatti. Entrada gratuita.

El XXX FIOCLE (Festival Internacional de Órgano Catedral de León) prosigue su andadura, esta vez incluyendo la inauguración de la temporada del CNDM que tendrá cuatro programas, el de este día de San Froilán con un delicado concierto donde mi ubicación no resultó la mejor para poder saborerar un programa delicado de cantatas dirigido desde el clave por el maestro López Banzo que nos descubría un trío de voces jóvenes seleccionadas en el II Curso de Interpretación Vocal en el Barroco Español del propio CNDM del pasado mes de marzo, además de otra de la primera edición, curso del que Don Eduardo es su director y por tanto conocedor de primera mano de esta póquer vocal del que habrá que tomar nota para dentro de poco.

Si bien el escenario volvía al lado del crucero y el lleno catedralicio me colocó lateralmente a los intérpretes, pude al menos comprobar colorido, emisión y proyección de cada cantante, aunque la reverberación impida disfrutar de los textos, tanto los cantados como las palabras del maestro López Banzo al finalizar el concierto y presentar las dos propinas.

La soprano pamplonesa Amaia Larráyoz nos interpretó la cantata Dolc’è pur d’amor l’affano, HWV 109b (Haendel) de color vocal agradable y registro central pleno, agilidades bien resueltas sobre todo en la segunda aria Se più non t’amo tras el algo plano Recitativo Il viver sempre in pene.

Me encantó la mezzo Nerea Berraondo en Leandro, Leandro, anima mia de Alessandro Scarlatti. Cual drama condensado en sucesión triple de Recitativo-Aria con un clave primoroso subrayado y apoyo de la enorme musicalidad y poderío vocal de esta otra pamplonica, color uniforme en todos los registros: un grave redondo, un medio claro y un agudo suave que tomando la letra de la segunda aria La speranza dice al core y a mi oído que estamos ante una cantante no ya barroca sino integral aunque este repertorio sea muy adecuado.

Händel volvería para ocupar el resto del concierto, primero con la única voz masculina del organista local formado en Oviedo y también barítono Héctor Guerrero, otra agradable sorpresa cantando Dalla Guerra amorosa, HWV 102a, interpretación sentida desde una técnica trabajada que todavía tiene mucho recorrido para un hermoso timbre ya homogéneo y de potencia controlada, vocalizaciones limpias, nunca atropelladas y recreándose en la partitura, músico completo siempre felizmente respaldado por la maestría del maño López Banzo.

El remate vendría con la soprano oscense María Eugenia Boix (ya «veterana» pese a su juventud, y seleccionada el año pasado) y el Menzognere speranze, HWV 131, partitura agradecida para una soprano ya madura vocalmente, capaz de sentir como suya la obra, contraponiendo caracteres distintos en el Adagio Lascia di più o la Arietta final Altra spene or non alietta con su recitativos previos igualmente diferenciados, comunicando y mandando, sintiéndose segura con ese clave que casi la llevó de la mano para un Händel esquisito.

La primera propina nos dejó un «retazo operístico» a trío femenino, ninfas y diosas, empaste vocal y de colorido antes del último trío con Héctor, Nerea y María Eugenia cerrando este peregrinaje más barroco que medieval que rezaba el programa global pasando del Auditorio de León en 2012 a la Pulchra leonina 2013 en este otro peregrinaje melómano traspasando el Pajares. Ida y vuelta porque San Froilán mandaba para los leoneses.

Sinfónico reinvindicativo

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Lunes 23 de septiembre, 19:00 horas. Plaza de la Gesta, Oviedo: Concierto Simultáneo. Organiza AMPOS (asociación de músicos profesionales de orquestas sinfónicas). Músicos de la OSPA y Oviedo Filarmonía, Daniel Sánchez Velasco (director). Obras de Rossini, Mozart, G. Giménez, Luis Cobos y Benito Lauret.

Con una plaza llena en tarde de calor veraniego y humano pese al recién estrenado otoño que esperemos no resulte premonitorio, Oviedo capital musical de la que hace gala desde muchas décadas, también se sumó a esta reivindicación que es un clamor a la vista de la podadora que los gobernantes usan sin miramientos y mucha incultura amén de soberbia.

Las dos orquestas asturianas de mayor solera bajo la dirección del maestro Sánchez Velasco se hicieron escuchar con lo que saben, con La Música para todos, unidos en esta queja que no parará. No más recortes culturales ni educativos, todos queremos que la música ocupe el lugar que una sociedad como la nuestra se merece, música en la formación de melómanos, aficionados y profesionales, orquestas públicas que además de dar trabajo ofrecen su magisterio a toda la sociedad. Quitemos la venda de la ignorancia a unos políticos que sólo miran de otros países «de nuestro entorno» lo pasajero olvidando lo que realmente perdura.

Francisco Revert tomó la palabra haciendo la presentación de rigor, con multitud de agradecimientos y comenzar a las siete de la tarde este «concierto simultáneo» con la obertura de La Gazza Ladra (Rossini), una forma de llamar ladrones inteligentemente a los responsables de los desaguisados culturales que padecemos. El primer movimiento (Molto Allegro) de la Sinfonía 40 en sol menor, KV 550 de Mozart reflejó la grandeza musical y el enorme esfuerzo que requiere su interpretación para que el público disfrute, mientras los dirigentes políticos creen que no dar conciertos una vez finalizada la temporada les permite hacer contratos temporales, desconocimiento total de la profesión de músico cuyo horario es permanente y en vacaciones también se trabaja.

Jorge Martínez «Ilegal» leyó el manifiesto conjunto con pinceladas propias de su verborrea provocativa y hoy más crítico, cítrico e incisivo que nunca.

El conocido intermedio de La Boda de Luis Alonso (Giménez) es para pensar lo difícil que resulta ser músico en España, todo un sainete, y parece que volverán los duros tiempos de postguerra y bohemia donde pasaban hambre músicos y maestros de escuela.

La aportación o tributo «comercial» lo puso Todos Somos Música (de Luis Cobos) más que un slogan todo un sentimiento compartido que ya presentase en marzo pasado volviendo a utilizarse casi como himno de la propia AMPOS con ecos «peliculeros».

Gustavo Fernández Buey también tomó la palabra y nos contó el extra al programa conjunto: el toque asturiano de Benito Lauret y sus Escenas Asturianas, un Maestro de Cartagena que vivió y sintió nuestra tierra, dirigiendo la antigua Orquesta Sinfónica de Asturias o la Capilla Polifónica, impartió clases de composición y dirección en el Conservatorio pero sobre todo supo entender nuestra música popular y hacerla sinfónica, perfecto cierre de concierto con ese Pericote llanisco enlazado con nuestro himno en una joya musical que es seña de identidad sinfónica.

Excelente el trabajo del maestro Daniel S. Velasco con una selección orquestal que unida como sólo la música puede, recreó y compartió su trabajo con niños y viejos, aficionados y peatones… a pie de calle, en una plaza que debería llamarse «Plaza de la música» pues la gesta que conmemora debería borrarse del callejero junto con tantas referencias a un pasado cuya sombra planea de nuevo.

La música se hizo luz con Guillou

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Sábado 21 de septiembre de 2013, 21:00 horas. Catedral de León: Concierto inaugural del nuevo órgano construído por la Factoría Klais. Organista: Jean Guillou; obras de Cabanilles, Bach, Guillou y Moussorgski.

En la música, como en la vida, paciencia y perseverancia deben regir nuestro devenir aunque conlleva sacrificio, desesperanza, desánimo… y todo compensa si podemos ver realmente conseguido aquéllo por lo que tanto se ha luchado.

El organista Adolfo Gutiérrez Viejo comenzaba hace treinta años la organización de un festival internacional para el instrumento rey en su Pulchra Leonina tal vez inspirado en el Leipzig de Bach y buscando hacer llegar al público la importancia de la música más allá del culto. Claro que el instrumento de Organería Española no era el más adecuado para transmitir un amor compartido por muchos en una sociedad de provincias. Con todo, el festival fue trayendo en el inicio otoñal leonés a los mejores intérpretes, Jean Guillou entre ellos, de un órgano que nunca rendía como deseáramos. La dirección del festival pasaría a otro organista, Samuel Rubio, continuando la ardua labor de conseguir fondos para un órgano nuevo acorde con la Catedral más luminosa y bella de España. Negociaciones que llevarían en 2009 a prometer (la firma después) un instrumento nuevo que se estrenaría en la XXX edición.

Como seguidor del Festival lo fui igualmente de las vicisitudes a través de internet (prensa incluida también en la red dando puntual información) del desmontaje del viejo y adquisición del nuevo órgano fabricado en la factoría Klais en Bonn, con fotos, llegada, montaje, sus primeras notas y ¡al fin pude escuchar en vivo! en la festividad de San Mateo que marcará un nuevo hito para León, la cultura, y especialmente el órgano.

La fiesta comenzó a las cinco de la tarde con un encuentro de las agrupaciones y bandas de la Semana Santa leonesa en la propia plaza, pendones y hasta las dulzainas de la Escuela Municipal de Música. Para horror de los británicos y muchos de los presentes, la cola inicial se fue duplicando, triplicando y no digamos de caraduras que se hacen «los longuis» charlando y poniéndose delante de uno con todo el descaro. Se hablaba de 4.000 personas… lógicamente las autoridades, enchufados y clero tenían otra entrada con invitación y asiento asegurado (1.000 más a la vista de mis cuentas), mientras que al abrirse las puertas a las 20:30 las carreras y codazos para entrar me recordaban todo menos un concierto de órgano.

No hubo control ninguno para el público de a pie y pasé a «acomodarme» en una de las sillas laterales al pie de los tubos de uno de los coros, lo que pudo cambiar mi escucha global aunque no las primeras impresiones. Durante la espera pensé en el dicho «Espectáculo gratis cueste lo que cueste» y cómo no suele resultar, con lo poco que costaría cobrar 2€ (como el programa completo del Festival), ayudar al mantenimiento del instrumento que se estrenaba, y hasta evitar la «vergüenza ajena» que supuso el viaje más la larga cola de pie mientras sonaban tres horas de música procesional que no es lo más reconfortante para mi espíritu en estas fechas.

Toda inauguración y celebración lleva implícitos discursos de agradecimiento y loas, eso sí, sin mencionar costes (dicen que es de mala educación), críticas o aportaciones varias, comenzando por el deán catedralicio Eduardo Prieto, Phillip Klais, bisnieto del fundador de la factoría constructora del nuevo órgano, hablando en un castellano más que aceptable, y cómo no, Samuel Rubio como director del festival totalmente emocionado y con voz entrecortada. Curiosidad que me tocó explicar a mi vecina de localidad, el histórico pago al organero consistente en 300 litros de vino que es lo que llevaría el tubo más largo construído, evidentemente «mermado» en una botella «Magnum» de Palacio de Canedo de las bodegas del berciano «Prada a tope«.

A las 21:26 h arrancaba el concierto del veterano maestro francés Jean Guillou (Angers, 1930), con proyección bien realizada en varias pantallas gigantes repartidas estratégicamente en todo el templo -pero no sincronizada imagen y sonido- con el Tiento de 6º tono (Juan Bautista Cabanilles), todo un detalle abrir con música española. A él se debe la concepción y creación de este órgano (junto al diseño de Paco Chamorro Pascual), que en el tiento no sonó como esperaríamos pero fue tomando vida una sonoridad luminosa como las vidrieras de la catedral. Algún registro gimió pero todo estaba en marcha.

Si bien los dedos y pies del gran organista de San Eustaquio no son los de años atrás, su mente sigue joven y afrontó de memoria el Preludio y Fuga en re mayor, BWV 532 (Bach) que sirvió para hacernos una idea de las posibilidades del nuevo instrumento de acento alemán que acabará hablando cualquier idioma. Obra comprometida para manos y pies, con un preludio exigente en fraseos claros pero en especial la fuga, siendo envidiable el respeto a cada nota pero sobre todo la elección de registros que fue la de un auténtico Maestro, aunque como apuntaba al inicio, mi colocación no era la más adecuada (como ejemplo digamos que era tener descompensado el balance y escuchaba más un canal que otro, pero también tiene la ventaja de apreciar el fraseo siempre complicado de la mano izquierda). Queda aquí la copia no ya del programa sino de la disposición y tubería del órgano de Klais que con Bach alcanzó su doctorado, como era de esperar.

Otro regalo fue el estreno en España de Säya, el pájaro azul (L’Oiseau bleu, Op. 50), inspirado en un tema popular coreano, del propio Guillou, órgano contemporáneo heredero directo de Messiaen que pasó de las sonoridades y armonías barrocas a toda una exhibición de matices y registros para una hermosísima composición cual poema musical degustada en el siempre irrepetible directo, y la segunda interpretada con partitura, fiel incluso a sí mismo. No se podía pedir más al maestro francés, dándolo todo en su obra, instrumento e interpretación.

La explosión de luz y color vino con la transcripción del propio Guillou de los conocidos Cuadros de una exposición (Moussosrgski) que hicieron vibrar todo, cuerpo y alma, auténtico despliegue sonoro que convirtió esta partitura en «Música para una inauguración», todo un museo de registros al que el propio Guillou tiene acostumbrado a sus seguidores, no importa que los dedos, pies o incluso alguna combinación no funcionasen a la perfección. Cada «paseo» era una delicia distinta, un muestrario de la capacidad del tándem órgano-organista, perfecta simbiosis y recreación de la orquestación raveliana. Imposible describir la búsqueda de líneas y colores en el nuevo instrumento catedralicio que resultó todo un éxito al comprobar el perfecto funcionamiento de esta inversión para muchos años.

El remate tenía que ser una improvisación en la que Guillou es uno de los redescubridores y maestro de las nuevas generaciones. Cristóbal Halfter le entregó una breve melodía muy del estilo de ambos, que tras ser expuesta con una registración plenamente acorde al lenguaje del español, deambuló por derroteros actuales en las variaciones siempre buscando climas y clímax sonoros en los cinco teclados más el pedalero. Un incunable que seguro se grabó para la posteridad y partitura autógrafa dedicada que se llevó como presente de un concierto único, o lo que es lo mismo, otro estreno de genio.

A las 22:40 el obispo Julián López Martín tomaba la palabra para agradecer lo escuchado y vivido, recordando a Francisco de Salinas (también el propio Adolfo G. Viejo en el programa del festival:

«El aire se serena
y llena de hermosura y luz no usada
Salinas, cuando suena
la música estremada
por vuestra sabia mano gobernada»

y buscando misma etimología en culto, cultura y agricultura (como amor por la naturaleza) para que el genial Guillou también mostrase su gratitud a todos los que hicieron posible el órgano, pasando uno a uno los maestros organeros para volver a los teclados y regalarnos la Badinerie de Bach seguida de una Victory Song que clausuraba al filo de las once de la noche un acontecimiento vivido en primera persona y no podía ni quería perderme por nada del mundo.

El domingo 22 toma el relevo mi admirado lujanés (¿o luganés?) Adolfo Gutiérrez Viejo que también clausurará este XXX Festival Internacional de Órgano Catedral de León el 20 de octubre en un homenaje a la Asociación de Amigos del Órgano con el siempre inmenso Franck más el estreno de Vitrales sonoros de Don Adolfo en «el esperado», o si se me permite la licencia del nuevo «bicho» (que así llama mi amigo Paolo Zaccheti al del Duomo de Milán).

De bien nacidos es ser agradecidos, y él tiene más que merecido ser protagonista de un acontencimiento que lleva treinta años funcionando.

Tarantella sinfónica y más

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Miércoles 18 de septiembre, 21:30 horas. Plaza de la Catedral de Oviedo, Tamburi del Vesuvio, Oviedo Filarmonía, Marzio Conti (director).

No importa el «orbayu» cuando uno lo pasa muy bien, y de nuevo felicitar al Maestro Conti por sus arriesgadas apuestas, esta vez con música de su tierra y unos músicos napolitanos encabezados por Nando Citarella, que canta (y encanta con un excelente y sentido Non ti scordar di me de De Curtis), anima, baila, lleva la percusión y hasta recordó anécdotas históricas como el enfrentamiento Saboya – Borbón antes de la reunificación italiana), con su formación de instrumentos tradicionales realmente interesantes y cercanos a nuestra tierra, una cantante de voz natural  con registros increíbles, y hasta una bailarina que completó el cuadro en un auténtico volcán de calidad, casi todas con el respaldo de nuestra OvFi «todoterreno», aunque amplificada (con lo malo que tiene), en un concierto emotivo para algunos y entretenido para el público que al finalizar todavía continuó en medio de la plaza bailando con estos artistas italianos que transmiten alegría con su música tradicional, meridional y cercana en todos los sentidos.

Incluyo directamente la crítica de Javier Neira para LNE del día siguiente, pues a las horas que llegué a casa, tras quedarme también a la actuación de mis amigos de Vuelta abajo, no era plan escribir, y menos cuando el profesional lo hace «por mí» (y mejor, Gracias Javier), dejando algunas fotos mías para el recuerdo:

La Catedral, la pequeña Italia
El maestro italiano Marzio Conti, al frente de «Oviedo Filarmonía» y «Tamburi del Vesuvio» trajo las tarantelas de su país a las fiestas ovetenses e hizo bailar bajo los paraguas

Javier NEIRA

El maestro Marzio Conti puso a la plaza de la Catedral a bailar tarantelas napolitanas al frente de su orquesta «Oviedo Filarmonía» y con la participación del grupo «Tamburi del Vesuvio». La música consiguió transformar la ovetense plaza de la Catedral en una pequeña Italia, una fiesta con reminiscencias de «El padrino» en la que sólo faltaban para completar la escena Sofía Loren o Marcello mastroianni. La alegría de la música italiana traída a Oviedo por el director de la orquesta ovetense obligó al público a quedarse a disfrutar, pese a la lluvia que empezó a caer, al principio con timidez, poco después de los primeros sones del concierto.
La actuación arrancó a las nueve y media de la noche con «Reveille toi» y después continuó con «Tarantella di Piedigrotta» mientras el público seguía el vertiginoso y contagioso ritmo mediterráneo que supera, en frenesí incluido, al sirtaki. Conti, italiano a fin de cuentas y siempre derrochando gracia y buen hacer, explicó las características de la música tradicional de su país entre pieza y pieza, poniendo el acento en las tarantelas, que son sin duda la representación de los sones más profundos del alma latina.
La velada incluyó la presentación de instrumentos tradicionales, como la zanfona, el fliscaletto o la percusión siciliana tradicional, encabezada por la tamorra.
El cantante Nando Citarella, un destacado artista en el género, encabezó a «Tamburi del Vesuvio» y el cuadro se completó con una bailarina para redoblar el efecto costumbrista, desenfadado y participativo.
En sucesivos tramos, en los que intercalaba explicaciones, Conti ofreció al público «Palummella zompa e vola», «Marechiara», «Valzer di Antoniuccio», «Pollino e a San Miche», «Magna Mater», «Non ti scordar di me», «Friscalettata», «Suite Costiera all’Avvocata» y «Naninella». Un baño de música peculiar, distinta a la que suele escucharse en la plaza de la catedral durante San Mateo, que contó por primera vez con la orquesta de Oviedo en primera línea de fuego. La catedral, con Conti, parecía ayer la pequeña Italia.

Del recital «sabandeño» de Vuelta Abajo destacar el alto nivel alcanzado por unos aficionados capaces de sonar como profesionales, abundando temas de su último trabajo, con «menos marcha» de la esperada, habiendo sido más apropiado escucharlos en un teatro o recinto cerrado, incluso con el público sentado, pero «la peña» agradeció el trabajo y cantamos abajo tanto como arriba. Hora y media de música e historias contadas y cantadas, Joaquín «Pupú» de maestro de ceremonias y la dirección musical de Javier Sabonis.

Lo dicho, altas horas y vuelta a la aldea que el día siguiente era laborable con madrugón. Todo por la música… ¡y los amigos!

Gratitud musical

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Domingo 15 de septiembre, 20:00 horas. Sala de Cámara del Auditorio de Oviedo. Concierto-Homenaje a José Ramón Hevia. Cuarteto Quiroga, Aitor Hevia (vioín), David Hevia (violín), Olga Semushina (piano), Orquesta antiguos alumnos Arché. Obras de Haydn, Shostakovich y Mozart.

Me alegra asistir a homenajes en vida en una tierra donde siempre es difícil ser profeta. Violinista, cuartetista, profesor… el maestro ovetense José Ramón Hevia tuvo este domingo el orgullo de comprobar cómo lo sembrado tiene su fruto, no ya en su propia casa, con sus hijos David y Aitor siguiendo el camino de su padre (en todos los sentidos) sino escuchando a sus antiguos alumnos, hoy también profesores, que le ofrecieron no ya el agradecimiento hecho música sino también la gratitud al Maestro en el amplio sentido de la palabra. Sala a rebosar con su alumnado de siempre, amigos, compañeros y aficionados que no quisieron perderse este emotivo concierto.

Tras las primeras palabras de David, emoción como hijo y violinista con citas orgullosas y merecidas, el Cuarteto Quiroga, al que el propio José Ramón hacía referencia al final del concierto como nacido en los Cursos de Llanes que también (y tan bien) organiza -reafirmado en la Escuela Reina Sofía donde concidieron- fue el encargado de abrir la velada, siendo ya una referencia a nivel internacional por su calidad en cualquier repertorio.

El Cuarteto Op. 29 nº 4 en re mayor, Hob. III: 34 (Nº 4) es habitual en el programa de este cuarteto formado por Aitor Hevia y Cibrán Sierra (violines), Josep Puchades (viola) y Helena Poggio (cello), maravilla de escritura e interpretación donde todos los integrantes necesitan un mismo palpitar, lo que lograron desde el Allegro di molto inicial, afinación impecable, virtuosismo de Aitor bien arropado por sus tres compañeros, emoción contenida llena de musicalidad en el Un poco adagio e affettuoso, magisterio técnico e interpretativo en el siempre difícil Menuet alla Zingarese que Cibrán ejecutó cual continuación natural de Aitor, sin olvidar las intervenciones de una Helena cuidadosa en el timbre y cuarteto homogéneo en sonoridades y estilo para ese Presto e scherzando final que resultó una auténtica delicia sonora. La música de cámara en estado puro y ubicación idónea para un público entregado.

Shostakovich y las Cinco piezas para dos violines y piano (en arreglo de Levon Atovmyan) resultaron lo más emotivo y agradecido de una celebración plena. Con el piano de Olga Semushina (conocida de los seguidores de la OSPA) siempre atenta y complemento perfecto, los hermanos David y Aitor encontraron la mejor manera de decir «gracias papá» como si de una lección se tratase cada una de las maravillas del ruso: Prelude, Gavotte, Elegy, Waltz y Polka en un auténtico derroche de gusto, precisión, musicalidad, complicidad y entendimiento genético más allá de la propia partitura que «la Atapina» arropó con el magisterio y solvencia habituales a unos Hevia dos en uno.

El siempre engañoso Mozart y su Divertimento en fa mayor, KV 138 reunió a muchos de los antiguos alumnos de la Orquesta Arché fundada y dirigida por José Ramón Hevia, con el propio Cuarteto Quiroga en los atriles y compartiendo dirección. Tres movimientos (Allegro, Andante, Presto) que sonaron realmente clásicos, limpios, ajustados en tempi y con el ímpetu juvenil habitual de una formación para la ocasión a la que los años han madurado sin perder la frescura inculcada por el Maestro.

Mateo Luces, en nombre de sus antiguos alumnos, le hizo entrega de una placa que ocupará un lugar preferente en la casa de JR al lado de tantos galardones que ha ido recibiendo en su larga trayectoria.

Y uno que también peina canas le recuerda en aquella OSA (Orquesta Sinfónica de Asturias) de Víctor Pablo que sentó los cimientos de una ya consolidada OSPA. Porque Hevia es Maestro en el amplio sentido de la palabra, transmitiendo allá donde va su amor por La Música, sembrando incluso en aquellos terrenos tan poco propicios pero que la paciencia y perseverancia han demostrado una vez más que la esperanza es lo último que se pierde. Los homenajes y reconocimientos en vida deberían ser más normales porque nos sirven para seguir reivindicando el papel de la Cultura, algo que debemos contagiar como ha hecho el Maestro Hevia.

GRACIAS MAESTRO.

Duro para el bolsillo melómano

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Antes se hablaba de «la cuesta de enero» pero en plena crisis y como escuchaba hace poco a una sufrida madre pagando libros de texto ¡de segunda mano!, todo el año es una cuesta sin fin, y ríanse ustedes del Angliru.

Supongo que debemos estar todos parecidos porque sube todo menos los sueldos, y en este mes de septiembre me toca pasar por la taquilla del Campoamor (¡menos mal que no tengo hijos ni hipoteca!) para pagar mis dos abonos habituales, tras ir quitándome muchos otros (Sociedad Filarmónica, Ópera de Oviedo de la que fui «pionero» en el abono de la segunda función -ahora hay incluso cinco-, Festival Lírico, Zarzuela…) y es que el sueldo de profe no da para tanto, teniendo uno que priorizar, amén de cortar salidas a otros conciertos cercanos (aunque sean en coche con sus peajes y subidas de gas-oil), vacaciones más cortas y en casa, con un cinturón cada vez más apretado que tendremos que cambiar por tirantes ante la ausencia de más agujeros.

No me voy a quejar del desembolso de 664€, aunque sigue siendo una barbaridad, pues en la capital del Principado los precios sigue siendo más bajos que en el resto de España (y doy fe de ello) pese a coincidir muchos programas y artistas en gira por la piel de toro, en parte porque la PPodadora cultural no está tan a flor de piel como en otras plazas, manteniendo Asturias subvenciones (¡qué no falten!) y patrocinadores (¡un monumento a ellos!) a la espera del tan largamente prometido «mecenazgo cultural«, y con protesta musical sinfónica el próximo día 23 de septiembre. Incluso se nos permitía pagar en veces para hacer más llevadero el susto, que comparado con abonos de equipos de fútbol y dividiendo el importe total entre los partidos, a la larga resulta incluso rentable: tienes siempre la misma butaca y asegurados los encuentros importantes sin que nos castiguen con un «día del club» donde tienes que volver a pasar por taquilla. Bendito dinero de plástico que permite a uno reorganizar la maltrecha economía doméstica.
Agradecer a mi querida OSPA, además de 22 años de «matrimonio», que para esta temporada sólo haya subido 50 céntimos, pues si el Gobierno saca pecho por unos pocos parados menos, tenemos que ser como el anuncio aquél del «granito a granito». Así pues 200€ el abono en butaca no es tan caro para los 14 conciertos de la temporada, segunda del búlgaro Rossen Milanov al frente y con programación en la línea de seguir con repertorios de siempre (la Militar de Haydn, Segunda de Schumann, una Séptima de Beethoven o Mahler con su Quinta cerrando temporada) junto a estrenos (el Concierto para guitarra de Leshnoff) y obras menos programadas (de Pärt o Benet Casablancas), atendiendo naturalmente los centenarios de Wagner, Verdi y Britten, del que destacaré el War Requiem del 22 de noviembre con los Coros de la FPA, dentro de una programación bien pergeñada con el lema «Música y guerra» (vuelve a colaborar la Universidad) a la que se sumará la continuidad de los grandes ballets (Pájaro, Lago y Cenicienta el 15 de noviembre), con directores conocidos (vuelven Lockington, Benjamin Bayl o Perry So entre otros) y solistas de primera (Manuel Barrueco, Kirill Gerstein, Renaud Capuçon o Daniel Müller-Schott entre otros). También destaca la decidida apuesta didáctica del maestro Milanov con el segundo año del programa «Link Up» que creemos y queremos repita el éxito anterior de «La orquesta se mueve», este año probablemente «La orquesta canta». Espero seguir contando cada uno de los programas y agradeciendo las lecturas. Habrá alguna novedad más como el programa «Avanti«.
Evidentemente nos quedaremos «huérfanos» de OSPA los títulos en el foso de la Ópera de Oviedo donde vuelve mi «candidato favorito» Guillermo García Calvo nuevamente con Wagner, pero seguiremos con la esperanza de la Primitiva, las transmisiones televisivas gratuitas o esperaremos las entradas de «última hora» que resultan más llevaderas. A los programas extraordinarios espero asistir también aunque «el principesco» siempre inaccesible para el vulgo deba conformarme con el ensayo general, perdiéndome el Réquiem verdiano en Covadonga del próximo 28 de septiembre por compromisos ineludibles fuera de Asturias.
Reflejar la campaña abierta de micromecenazgo y beneficios con el «Club OSPA» que va desde 75€ en el formato «Andante» a los 500€ del «Vivace», incluyendo invitación a un acontecimiento especial ofrecido por el Maestro Milanov. Todo sea por captar fondos ¡de quien los tenga!.
A la vista de mis gastos y por proponer, me postulo abriendo la campaña «Adopte a un melómano» que asegura comentarios en su Blog, Twitter, Facebook, Instagram y lo que haga falta…
Las Jornadas de Piano «Luis G. Iberni» y los «Conciertos del Auditorio» que organiza el Ayuntamiento de Oviedo se llevan el grueso del gasto, abono conjunto de 434€ para 20 conciertos dan una media de 27,10€ para cada uno, lo que resulta ¡barato! comprobando algunas figuras y precios para localidades sueltas. Queda como «Día del Club» el de la O. S. de la Radio de Baviera con mi idolatrado Dudamel al frente el 7 de abril de 2014, cual partido de Champions en que los socios tenemos precio especial de 30€ en nuestra misma localidad.
Ahí está el total de los 664€ porque las matemáticas no fallan, claro que el plantel lo merece y voy con pinceladas: Eugeny Kissin, Maria João Pires, «San Sokolov«, Horacio Lavandera o Javier Perianes con el Cuarteto Quiroga para los aficionados de las 88teclas, Gidon Kremer, Suzuki con el Bach Collegium Japan, Kent Nagano al frente de «su» Sinfónica de Montreal, Esa-Pekka Salonen con la Filarmónica de la Scala (esperando acuda a la cita) o Ton Koopman y sus 35 años al frente de la Amsterdam Baroque Orchestra para los sinfónicos completos, sin olvidarnos los amantes de la lírica de Elina Garança e inseparable consorte llanito Karel Mark Chichon, y el enorme, en todos los sentidos, Thomas Hampson, dos regresos a Oviedo que seguramente llenarán el auditorio (otra razón para el abono), sin olvidarnos otro taquillero como Michael Nyman, sólo para hacerse una ligera idea y donde también tendremos otras figuras nacionales e internacionales que harían prolijo el relato aunque quiera reflejar la unión de dos formaciones que me tienen ganado hace años: Forma Antiqva y El León de Oro el 31 de marzo con una «Pasión según San Juan» de Bach que espero como agua de mayo en Cuaresma. Conti y la OvFi tampoco faltarán en varios conciertos, completando un abono en primera división.
Quedan también algunas entradas sueltas ya adquiridas para la ópera carbayona donde no puedo faltar al Don Pasquale (19 de noviembre, 2ª función) que cantará mi querida Beatriz Díaz (62€ en Anfiteatro) o un Don Giovanni joven con mi admirado tenor cordobés Pablo García López… pero aún toca esperar.

En septiembre no tendré mucho directo aunque siempre hay discos y DVDs por refrescar e incluso comentar. Aquí seguiremos al pie del teclado…

Y cierre de película

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Viernes 30 de agosto, 20:00 horas. Auditorio de Oviedo, Festival de Verano «Oviedo es Música». Judith Jáuregui (piano), Oviedo Filarmonía, César Álvarez (director). Obras de Sungji Hong, Beethoven y Tchaikovsky. Entrada butaca: 15,50€ (con gastos de emisión).

Cerramos ciclo y vacaciones veraniegas aunque la música nunca se toma descansos en nuestras vidas, y nada menos que con un concierto de los que salimos felices por lo escuchado y vivido, realmente de película.

Para empezar, un estreno absoluto de la ganadora del IV Concurso Magistralia de Creación Musical para Mujeres Compositoras, la Obertura Operatic Breaches de la surcoreana Sungji Hong (1973). La OvFi sigue creciendo en todas su secciones, y además de la versatilidad para los repertorios suma una madurez que se nota desde hace tiempo, esta vez bajo la batuta de César Álvarez que sacó de la orquesta toda una paleta tímbrica (destacando los solos de marimba y xilófono) y emocional que esconde la partitura de la compositora coreana, una línea que crece y decrece en dinámicas, texturas, rítmicas, en cierto modo música cinematográfica sin imágenes y clímax sinfónico para una plantilla que lo dio todo, interpretación que la autora presente en la sala, también agradeció.

La pianista donostiarra, con una agenda muy completa en estos tiempos, volvía por tercera vez a Oviedo, en esta ocasión con el Concierto nº 1 en do mayor, Op. 15 para piano y orquesta de Beethoven. Da gusto escuchar las obras concertantes cuando hay un total entendimiento entre batuta y solista, arrancando el Allegro con brio sin excesos en «tempo» que permitieron una primera entrada del piano degustando ese estilo aún clásico pero plenamente beethoveniano, con la estructura de solos, orquesta y concertantes en perfecto equilibrio y la cadencia final delicadamente arrebatadora en los dedos de una Judith que rebosa musicalidad. El Largo rezumó dulzura poética y limpieza en todos los intérpretes, con un director siempre pendiente de la solista, lo que siempre ayuda, sonoridades bien trabajadas en el piano siempre bien arropadas por la orquesta, para sin pausa atacar el Rondo Allegro scherzando que marcaría todo el devenir del movimiento final, escuchándose y contestándose todos, ligeros rubati bien resueltos por una batuta atenta y precisa para un acompañamiento que iba más allá, consiguiendo una verdadera concertación para esta interpretación del «primero de Beethoven» que ya apunta lo que culminará con el «Emperador». Excelente versión del triunvirato Jáuregui-Álvarez-OvFi.

Y si la propia pianista tras los agradecimientos nos hablaba de un viaje, también emocional sin duda, nos hizo un regalo de altura y talla interpretativa que tiene grabado en su CD «Para Alicia«, Granada de Albéniz en un acercamiento y homenaje a la gran Alicia de Larrocha, escapada romántica a una página cual ventana abierta a visiones muy personales que Judith Jáuregui compartió con todos nosotros. Nuevo derroche de musicalidad para esta obra que ya ha interiorizado y siempre suena distinta desde su visión.

Imaginando la película «Cisne negro» escuché la Suite Op. 20 del conocido ballet «El lago de los cisnes» (Tchaikovsky) en una interpretación para paladear auditivamente de principio a fin y reconocer tanto el excelente trabajo del maestro Álvarez como de todas las secciones orquestales, con una cuerda algo corta en plantilla pero que dio de sí para compensar la masa sonora de metales, y unos solistas de lujo, en especial el concertino Andrei Mijlin con el magistral solo del «paso a dos» que arrancó unos merecidos aplausos en mitad de la suite por su genialidad y arte, así como el protagonismo del oboe Jorge Bronte en las conocidas melodías o la siempre impecable arpa de Danuta Wojnar. Cada uno de los números fueron cuadros perfectamente pintados desde una dirección que dejó su impronta a la formación carbayona. Bien y emocionante el conocido Vals, equilibrado y con identidad propia, las danzas de los cisnes y la española o la Mazurka del acto III, sin olvidar la escena final apoteósica y realmente «agitada» donde como ya apunté, el poderío de percusión y viento no aplastó a una cuerda realmente superando el máximo exigible, logrando una interpretación global y turbulenta realmente de película.

La propina, siempre difícil después de Tchaikovsky como decía el maestro Álvarez, sí resultó cinematográfica pudiendo escuchar el tema principal de «Quemado por el sol» (1994, N. Mikhalkhov) del compositor ruso Edward Artémiev (1937), una delicia de partitura donde pudimos apreciar el talento de Gabriel Ureña al chelo, antes de su «escapada vienesa», con un solo en la línea de sus interpretaciones, melancolía y buen gusto, así como el contrapunto de corno inglés de Javier Pérez, un cierre de película para un verano que es simplemente un punto y seguido musical.

Al final pude saludar de nuevo a «la rubia», siempre a gusto en Oviedo y un placer para los que la seguimos desde sus inicios. Septiembre es sinónimo de inicio de curso y «cuesta» para los bolsillos al pasar por taquilla para un 2013-14 que se augura duro pero de excelencias musicales, esperando seguir contándolas desde aquí y continuar compartiendo impresiones personales.

Un realejo que puede con todo

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Miércoles 28 de agosto, 19:00 horas. V Ciclo de conciertos «Órganos de Covadonga», Órgano Realejo (siglo XVIII) de la Real Colegiata de San Fernando: Izumi Kando. Obras de J. P. Sweelink, Theodor Grünberger, Bernardo Storace, Félix Antonio Máximo López Crespo, J. H. Knecht, J. S. Bach y J. Kaspar (von) Kerll.

Cierre de ciclo en Covadonga con unas palabras iniciales del señor abad como resumen de este nuevo verano organístico del que han gozado peregrinos, visitantes y aficionados, disfrutando nuevamente del magisterio de la organista japonesa afincada hace dos décadas en Barcelona, esta vez en el restaurado realejo de la Colegiata del siglo XVII que pudo con un repertorio variado donde no faltó música renacentista, barroca y clásica pero tampoco un «ragtime» de propina que volvió a demostrar la universalidad del lenguaje musical y lo bien que se portó un «renacido» instrumento de casi tres siglos para todo tipo de obras cuando la interpretación es impecable en la búsqueda de universos impensables para muchos puristas.

Del domingo anterior y por rigor musicológico volvíamos a escuchar el Ballo del granduca de Sweelink, menos poderoso que en el órgano de Acitores pero igualmente bello al disfrutarlo en su contexto sonoro. Misma obra por la misma intérprete pero nuevos colores y siempre descubriendo matices.

Otro tanto podemos decir de Daphne, obra anónima del siglo XVII llena de vericuetos en su escritura y con buenas elecciones de registros.

El Offertorium de la Orgelmissa (Grünberger) resultó menos organístico pese a su concepción original como tal, brillante en su escritura para el momento en que debe ejecutarse pero que en el contexto de concierto tiene giros más sonatísticos que litúrgicos.

Volvimos a la historia pareja al realejo con Storace y su Ballo della Battaglia, trompetería efectista de «batalla» así llamada por estar en posición horizontal, para recrear no ya la forma sino el propio nombre, quién sabe si inspiradora de nuestro «Sitio de Zaragoza«, de Beethoven y la homónima de Vitoria e incluso de Tchaikovsky. Lo cierto es que además del virtuosismo el despliegue de registros resultó plenamente guerrero.

Desconocía la Sonata nº 4 en sol menor del compositor y organista de la Capilla Real en tiempos de Carlos III Félix Antonio Máximo López (inmortalizado por el pintor Vicente López), en estilo clásico vienés cercano al pianoforte pero bien adaptado al órgano portátil que lleva varios cientos años en el mismo lugar, del que Izumi supo delinear melodías en ambas manos aprovechando los registros partidos que engrandecen obras «minoritarias«, otro plus de la intérprete en la búsqueda de obras adaptadas y adaptables al instrumento de turno.

Contemporáneo al anterior es el Thema mit vier Veranderunger (Tema con cuatro variaciones) de Justin Heinrich Knecht que sí parecía más apropiado al instrumento restaurado y nuevamente brillante en ejecución y sonoridades en registro partido, flautados cortos con bajoncillo.

Un guiño a Bach y su conocida Badinerie de la Suite nº 2 BWV 1067 en una adaptación donde la flauta es protagonista en un registro agudo para la mano derecha articulado cual soplo humano y no mecánico mientras la izquierda rellena casi con un «violone» imperceptible dejando las armonías orquestales reducidas a la mínima expresión en este arreglo que rendía culto al kantor.

Para cerrar concierto volvíamos a los orígenes con otra Battaglia (Johann Kaspar Kerll) en todo su esplendor. No voy a descubrir la técnica y musicalidad de Kando que volvió a brillar en esta forma tan del gusto de los siglos XVII y XVIII cual muestrario de las capacidades instrumentales y de escritura para un virtuosismo interpretativo. Parecen increíbles todas las combinaciones sonoras en un instrumento pequeño que se engrandece con obras para él pensadas y que tuvieron recompensa en los muchos y merecidos aplausos de un público que casi llena la Colegiata.

La sorpresa vino con un Ragtime de Gunther Martin Goettsche, al puro estilo Scott Joplin y los felices años 20 que nos transportaron en el tiempo y el espacio, con timbres de music-hall y sonrisas cómplices para un concierto «desde el corazón» como bien decía el abad al principio del concierto, final de ciclo y verano asturiano para un otoño lleno como los colores de nuestra tierra que igualmente compartió la organista japonesa, siempre bienvenida.

Gracias a todos por compartir tanto y seguir teniendo fe también en la música, lenguaje universal capaz de conmover como ningún otro.

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