Inicio

Beethoven siempre llena

Deja un comentario

Miércoles 19 de octubre, 20:30 horas. Auditorio de Oviedo, Ensayo General XXV Concierto Premios Princesa de Asturias: Sonja Gornik (soprano), Olesya Petrova (mezzo), Daniel Kirch (tenor), Alexey Dedov (barítono), Coro de la Fundación Princesa de Asturias (maestro de coro: José Esteban García Miranda), OSPA, Rossen Milanov (director). Sinfonía nº 9 en re menor, opus 125 «Coral» (Beethoven). Entrada con invitación.

Octubre en Oviedo es sinónimo de los Premios de la FPA y pese a la merma en la oferta musical que siempre va unido a ellos, no falta nunca este concierto que abre las puertas a todo el público en el ensayo general con todo lo que supone: agotadas las entradas con un lleno total en el auditorio para una obra que todos tenemos interiorizada aunque todavía existan personas que acuden por primera vez a estos espectáculos gratuitos (cuesten lo que cueste) lo que se nota en los aplausos entre movimientos o incluso interrumpiendo el conocido último movimiento donde aparecen coro y solistas. Pero todo sea por Beethoven y su Novena.
De este ensayo general donde se incluye el Himno Nacional para abrir y el homónimo de Asturias para cerrar debo comentar que duró 70 minutos, por lo que los «entendidos en la materia» pueden calcular los tempi elegido para la última sinfonía del genio de Bonn.

El maestro Milanov apuesta a menudo por aires extremos, lo que no siempre nos permite disfrutar al cien por cien páginas con mucha sustancia como esta Novena. El Allegro ma non troppo, un poco maestoso resultó más rápido que majestuoso aunque ya apuntó claramente el trabajo del sonido con unos cellos y contrabajos que me encantaron en cuanto a densidad y presencia, además de un equilibrio en todas las secciones que daban el paso al frente al mínimo gesto del búlgaro, nuevamente preciso y «yendo al grano», haciéndose entender sin dudas.
El Scherzo: Molto vivace- Presto sirvió para corroborar el excelente estado de la orquesta de los asturianos (con mi querida María Ovín de ayuda de concertino), realmente vertiginosa ejecución y trabajo de cada sección según el protagonismo de la partitura, una joya colocando este movimiento en segundo lugar.

Personalmente el Adagio molto e cantábile es de una belleza equiparable al segundo del «Emperador» donde la cuerda sonó aterciopelada y verdaderamente cantable, aunque tan «molto» que por momentos se cayó en tensión y emoción, lo que no impidió volver a degustar los primeros atriles pero y sobre todo ese sonido compacto de la formación capitaneada por Milanov en una temporada que promete.
El «esperado» Presto – Allegro assai nos trajo un cuarteto solista de perfecta pronunciación alemana para el texto de Schiller donde la mezzo de San Petersburgo repetía en este escenario aunque con una obra de exigencia e intensidad máxima pese al escaso tiempo de intervención. A favor de las cuatro voces su excelente empaste en cuanto a color, evidentemente con el paisano de la mezzo Alexey Dedov algo más protagonista y de color homogéneo además de buena proyección, bien en sus apariciones conjuntas pero devorados, sobre todo el tenor Daniel Kirch, por ese «tsumani» coral. En un ensayo general no suelen darlo todo y el jueves necesitará que su voz llegue al inmenso auditorio, más todavía con la sala polivalente abierta que influye en la percepción global, lo mismo que la soprano Sonja Gornik, de color algo metálico que le permite «sobresalir» en este maremágnum coral.
El Coro de la FPA se mostró poderoso y suficiente (aunque siempre vienen bien más voces graves) en presencia y calidad, solventes con un trabajo serio aunque el tempo tan rápido nos privase de más dicción (no sólo consonantes tiene el idioma de Goethe) y musicalidad, además de ligeras inseguridades en entradas que seguro serán corregidas en el concierto de mañana. Está claro que el «Coro de la Fundación» puede afrontar estas grandes partituras sin problemas, con dinámicas amplias donde los «súbito» fueron lo más destacado, así como unas voces blancas en registros extremos poderosas y claras de emisión sin excesos. Un aplauso para el coro que dirige el poleso García Miranda capaz de preparar esta formación para cualquier estilo e interpretación, dúctiles y verdaderos profesionales en un mundo amateur pero con una enorme experiencia.

La OSPA volvió a brillar en cada sección, con Milanov mimando el colorido al detalle (baquetas de timbales, flautas de madera o trompetas de llave por citar algunos), pero con una velocidad  excesiva que no empañó la calidad global, trabajando especialmente el fraseo en las cuerdas graves bien contestadas por violas y violines que dieron un resultado conjunto notable, además de la siempre segura madera y unos metales cada vez más compenetrados. Este jueves augura un concierto excelente y así lo deseo de todo corazón.

Redención final

2 comentarios

Viernes 14 de octubre, 20:00 horas. Auditorio de Oviedo, Concierto de Abono 1 OSPA, Natasha Paremsky (piano), Rossen Milanov (director). Rusia esencial I, obras de Consuelo Díez y Tchaikovsky.
Tras abrir puertas y el paso por el foso operístico comenzaba la temporada oficial de abono de la orquesta asturiana con si titular en un concierto que continuaba basado en un «esencial ruso» como Chaikovski más la casi obligada presencia contemporánea, esta vez española con la madrileña Consuelo Díez (1958), presente en la sala, y una pianista rusa de nacimiento pero totalmente norteamericana y con la que Milanov ya ha trabajado en los Estados Unidos.

Como viene siendo habitual, el sabor de este primero de abono me ha dejado luces y sombras. Pasión Cautiva (1997-2001) no me aporta nada nuevo a nivel compositivo, inspiración cervantina en tres movimientos explicados en las notas al programa incluidas de Juan Manuel Viana en la revista nº 15 de la OSPA (y links al principio con los autores), aunque reconozca que no haya afán descriptivo (cada uno puede pones sus imágenes) y mucho trabajo previo por «las proporciones y relaciones numéricas elaboradas a partir de datos y cifras significativas en la vida del autor de El Quijote«, obra por otra parte ahondando en texturas y ritmos que son tendencia en muchos de los compositores de mi generación y que la orquesta asume sin mayores dificultades, con una percusión siempre acertada. El problema pienso que se encuentra en la gestualidad del maestro titular, poco clara demasiadas veces que si le intentamos seguir no concuerda lo visto con lo escuchado, demasiada amplitud y poca precisión que se contagia a la orquesta, lo que tendría consecuencias nefastas en la siguiente obra, ya conocida y esencial.

concertar –verbo transitivo-

1.Acordar [dos o más personas] algo que se va a hacer.
«concertar una cita; concertar la paz entre dos naciones; los reyes concertaron el casamiento de sus hijos»
2.
Hacer que dos o más cosas armonicen o actúen de forma conjunta.
«solo si concertamos nuestros ideales conseguiremos la paz»
3.
GRAMHacer que una palabra variable de la oración concuerde con otra palabra.
«concertar el nombre con el adjetivo»
4.
verbo intransitivoArmonizar o actuar [una persona o cosa] de forma conjunta a otra u otras.
«casi todas sus determinaciones concertaban con el estado de la naturaleza»
5.
GRAMTener concordancia las palabras variables de una oración.
«en español el adjetivo concierta en género y número con el nombre»
6.
verbo pronominal(concertarse)

Ponerse de acuerdo [una persona] con otra para hacer algo.

«el que induzca a una potencia extranjera a declarar la guerra o se concierte con ella para el mismo fin, será castigado con pena de reclusión mayor»

El cierre de la temporada anterior me pareció nefasto por la incapacidad en concertar el primero de Brahms y otro tanto ha sucedido con este de Chaikovski, con una Paremsky que intentó mandar, luchó en encajar y terminó divergiendo en una interpretación que no pasará a mi memoria particular. El Concierto para piano nº 1 en si bemol menor, op. 23 (1874-1875) requiere pactos previos y una lectura clara para alcanzar cotas de calidad, pero el entendimiento mutuo es obligado además de la escucha atenta. En la entrevista para OSPATV la pianista confesaba su dedicación profesional desde esta obra en su escucha infantil rusa, sueño hecho realidad con la pasión que obliga a darlo todo en este concierto inmenso que domina pero no transmitió, un sonido no siempre claro desde el empleo de unos pedales que no ayudaron a la limpieza pero sí con la fuerza capaz de luchar con la masa orquestal a la que se impuso en más de una ocasión. La dirección no ayudó en la precisión obligada, necesidad de marcar con claridad en la derecha y templar con la izquierda que no se mantiene, máximo con los endiablados cambios de tiempo no siempre interiorizados por todos. La frescura y pasión de la pianista puede rebosar hasta el punto de hacer muy difícil la concertación, pero no ya en los movimientos extremos, el Allegro de inicio algo precipitado para mi gusto o el «con fuoco» que pareció «quemarse», sino en el central Andantino semplice reposado antes del Prestissimo, puesto más que nunca es obligado anticiparse en el gesto para que todo encaje, concierto de concertar y no desconcierto, esfuerzo casi sobrehumano en escritura e interpretación, totalmente virtuosa además de rica en su gama dinámica y un espectáculo sin el premio del disfrute del que suscribe, porque ya sabemos que no hay dos días iguales para una misma obra e intérpretes, magia única indescriptible. Sonoridades pianísticas eclipsando las orquestales con las que debe compartir sin eclipsar.

La Mazurka nº 40 en fa menor, op. 63 nº 2 (Chopin) que nos regaló no supuso cambios en mi opinión sobre esta intérprete pasional, virtuosa aunque algo desenfrenada y ahora contenida, más clara en el lento y bello discurso del polaco, una de las muchas jóvenes pianistas que buscan y encuentran un hueco en las salas de concierto para una carrera que tiene mucho camino por delante.

Menos mal que la Sinfonía nº 6 en si menor, op. 74 «Patética» (1893) del ruso si alcanzó la esencia buscada, por fin «mi» Milanov esperado, dominador de memoria de una partitura donde el gesto fue claro y preciso y encontró la respuesta esperada de su orquesta para una interpretación de extremos en los tempi, exigente en sonoridades y verdaderamente rusa para una plantilla ajustada que lo dio todo, patetismo de padecimiento por parte de todos hecho obra de arte. Impecables los solistas, seguros Sirva como anécdota la ruptura de una cuerda del ayudante de concertino este viernes (tuvo tiempo de cambiarla) como ejemplo de la fuerza exigida a toda la familia, menos numerosa de la deseada para esta sexta que es un testamento en sí del atormentado Chaikovski, levantando ¡como siempre! los aplausos al finalizar el Allegro molto vivace (la tensión acumulada no entiende de buenas costumbres) antes de la despedida angustiosamente bella del Finale: Adagio lamentoso. Ojalá que el concierto de piano hubiese tenido la misma implicación y exactitud para habernos brindado «otro primero», y aunque haya momentos donde los brazos del maestro nadan en una emotividad ya implícita que provocan desajustes o inseguridades en las entradas, el pulso se mantuvo marcial en la batuta y el terciopelo de la izquierda fue consolidando una más que digna «sexta» esencial que fue asentándose a lo largo de los cuatro movimientos.

El jueves afrontarán «la Novena de Beethoven» con el Coro de la Fundación y cuatro solistas de «esencia rusa» por descubrir en el Concierto Extraordinario presidido por SS.MM., cita anual ya consolidada y con ensayo abierto al público el miércoles 19 a las 20:30 horas tras recoger invitaciones (habrá 1.650 disponibles) que seguro llenarán el Auditorio, esperando lo mejor, como siempre, de nuestra mejor embajadora, la OSPA de todos los asturianos.

La OSPA abre sus puertas

Deja un comentario

Viernes 30 de septiembre, 20:00 horas. Auditorio de Oviedo: «Concierto de puertas abiertas«, OSPA, Rossen Milanov (director). Obras de Weber, Mozart, Beethoven, Grieg, Brahms, Tchaikovsky, Mendelssohn y Chapí. Entrada libre (previa invitación).
Aunque nuestra OSPA ya arrancó la temporada en el foso del Campoamor nada menos que con el estreno en España de Mazeppa, el pistoletazo de salida en el Auditorio sería este último día de septiembre en un concierto gratuito que cambió la primera capital asturiana por la actual, devolviendo a todos los contribuyentes una parte de sus impuestos que, de momento, se lleva la orquesta de todos los asturianos, como el propio Milanov recordó, siendo además el presentador de las obras y compositores de un programa muy llevadero para el público que llenó casi todas las butacas además de agradecer este gesto, disfrutando de principio a fin.

Con la plantilla actual se organizó un concierto con obras conocidas por los aficionados y los músicos que volvieron a mostrar las cualidades de una formación veterana capaz de todo. Cierto que el inicio con la obertura de Oberon (Weber) pudo resultar algo destemplado en cuanto a los balances no del todo correctos perdiéndose presencia de la cuerda por momentos, que tampoco pudo desquitarse en el «Rondó: Allegro», último movimiento de la Pequeña serenata nocturna en sol mayor, K. 525 (Mozart) que hubiera necesitado más compenetración y limpieza aunque la cuerda siga siendo «la niña bonita» de la orquesta.

El «IV. Allegro con brio» de la Sinfonía nº 7 en la mayor, op. 92 (Beethoven) sirvió para encontrar el deseado equilibrio entre las secciones, con empuje rítmico y contrastes «de libro», puede que demasiado impersonal en la interpretación para todo lo que encierra este maravillo último movimiento plagado de grandes matices así como de heroicidad, pero resultó aseada y ya con todos en la temperatura adecuada para afrontar lo siguiente.

De la conocida «Suite nº 1 op. 46» del Peer Gynt (Grieg) se eligieron los dos números iniciales, lentos para poder paladear unas texturas y planos ideales de la formación asturiana: la famosa «Mañana» que hizo brillar la madera, flautas y oboe, más «La muerte de Ase» verdaderamente coral, hasta prescindiendo de la batuta para un Milanov que mece la cuerda alcanzando tímbricas y unos pianísimos «marca de la casa» de lo más emotivos.
La Danza Húngara nº 5 en sol menor (Brahms) suele ser propina de las grandes formaciones para hacer gala del virtuosismo de todas las secciones, y así la planteó el maestro búlgaro con su OSPA, ligera con el rubato en su sitio y dinámicas generosas, con leves desajustes.
De mucha más hondura y aún reciente en foso, Tchaikovsky resulta un talismán para estos intérpretes con mucha genética rusa que parecen darlo todo en sus obras, lo que volvieron a demostrar con la «Polonesa» del Eugene Onegin, claridad en todos los sentidos, brillantez, precisión y pasión que hizo aún más brillante el «Saltarello: Presto» de la Sinfonía «Italiana» de Mendelssohn, ejecución impecable en todos los aspectos, de aire arriesgado pero bien resuelto por nuestra orquesta, solistas seguros, empaste y entendimiento total.

El toque español y castizo lo puso Chapí con el Preludio de La Revoltosa que hubieron de bisar, gustándome el partido que le sacaron todos (de nuevo el oboe de Ferriol en estado de gracia) a una de nuestras joyas sinfónicas, final con este preludio de una esperanzadora temporada oficial que arrancará el viernes 14 de octubre (un día antes en Gijón) con «Rusia esencial«, nuevamente con Tchaikovsky con los mismos protagonistas para «la patética» y el número uno de piano con Natasha Paremski además de Pasión Cautiva (1997, rev. 2001) de Consuelo Díez Fernández, sin olvidar una esperada «Novena» de Beethoven en el extraordinario de los Premios Princesa de Asturias (20 de octubre), el retorno a este concierto con ensayo abierto al público el día antes.

Lo iremos contando como siempre desde aquí porque esto solo acaba de arrancar y me queda mucho por escuchar.

Balances y avances

Deja un comentario

Ya finalizando julio, donde todavía queda mucha música, y antes de «cerrar» por vacaciones, me gustaría hacer un balance rápido de la temporada que finaliza, siempre muy rica en Oviedo donde somos privilegiados de contar con una oferta de primera en cuanto a cantidad y calidad.
Quiero comenzar comentando la celebración de las Bodas de Plata de «nuestra» OSPA, aunque sus orígenes, como así se recordó en el último concierto, sean republicanos y todavía haya algunos maestros vivos de unos orígenes que han mantenido una orquesta histórica en nuestro Principado. Como viene siendo «norma» se ha optado, como la mayoría de orquestas españolas,  por una programación que aúna repertorios «imprescindibles» para público y músicos, con obras menos habituales donde no faltaron los estrenos. Igual que en botica o en grandes almacenes, hubo de todo, si bien lo nuevo al carecer de referencias en nuestro recuerdo o memoria auditiva, hace más difícil juzgar las interpretaciones. Me preocupa la poca asistencia en el auditorio incluso de abonados habituales, desconociendo las razones, aunque pueda intuirlas.

El titular, que tampoco dirigió muchos programas, ha ido desencantándonos a muchos y de algunos desaguisados mejor no hablar porque ya está reflejado en su momento. Me quedo con la apuesta que ha supuesto Link Up, cuatro años y preparando el quinto, en cuanto a movilizar a más de veinte mil escolares asturianos para hacer música juntos, labor didáctica y de futuro que no podemos perder si deseamos un siglo XXI con nuevo público que entienda y disfrute de la música en general y la sinfónica en particular. De los 16 conciertos de abono en la capital, parece haberse aparcado la idea gastronómica y pediría más publicidad para las conferencias en colaboración con la Universidad de Oviedo por lo que suponen de acercamiento al concierto posterior, mucho más que las notas al programa (este curso se han recuperado las revistas que siguen siendo necesarias aunque los costes aumenten el siempre ajustado presupuesto). Se ha mantenido al maestro Lockington de principal director invitado así como otras batutas conocidas con resultados desiguales, a los que sumar una larga lista de solistas invitados donde no han faltado los primeros atriles de la OSPA, apostando por los de casa que no desmerecen nunca. No quiero olvidarme de la aportación a la temporada de ópera que pese a privarnos como abonados de una continuidad en la temporada, es la «financiación asturiana» a la segunda temporada más antigua de España y pone el nivel alto en un foso compartido con la OFil.

Del ciclo Conciertos del Auditorio y Jornadas de Piano «Luis G. Iberni» globalmente todo un éxito en cantidad y calidad, 19 conciertos más el de Lang Lang fuera de abono, apostando sobre seguro con figuras que aseguran llenos frente a otros que «equilibran» una oferta que supone no ya un atractivo cultural de primera sino enriquecer nuestro «Paraíso Natural» y generar un tejido económico que aún debe explorarse más a fondo. La Oviedo Filarmonía, además de su participación en las temporadas de ópera y zarzuela, supone el ropaje ideal para cantantes y solistas que van conociendo la madurez y flexibilidad de una orquesta originariamente «de foso» pero creciendo con los años, aunque nuevamente la titularidad parezca distanciarse de lo que cualquier melómano desea para una orquesta como la ovetense.

Tanto la temporada de ópera como la de zarzuela han ido ganando públicos jóvenes, espantando a los «conservadores» que desean figuras mundiales, con las que no podría mantenerse el actual nivel, apostando también por repartos «noveles» que también sirven de aprendizaje con las voces principales aunque siempre echamos de menos algunas, siendo algo preocupante constatar cierta continuidad en algunos de los elegidos que no van parejos a la «calidad» esperada, echando de menos otras que parecen olvidadas para las temporadas carbayonas cuando no desaparecidas, mientras algunas hacen dobletes en el Campoamor.

De los gestores supongo que daría para mucho, algo como con el fútbol y el seleccionador, pero intuyo que cierta «comodidad» da la impresión de evitar buscar, optando por castings cerrados donde hay de todo. Como subida al carro que en cambio ha resultado muy positiva, en este caso con el CNDM el ciclo «Primavera Barroca» plenamente asentado y con público fiel además del joven al que esta música parece llegarle mejor que la sinfónica, con un avance para 2017 que promete mantener alto el listón, sin dejarme en el tintero el Ciclo de Música Sacra «Maestro De La Roza» que llena Noviembre de músicas e intérpretes singulares y este otoño llegará a su décima edición, todo un hito que demuestra el trabajo bien hecho con mucho amor por la música a pesar del poco dinero con que cuentan, pero el público se ha volcado y «algo tendrá el agua cuando la bendicen«.

De la Temporada 2016-17 ya conocemos fechas, intérpretes y autores, comenzando por la OSPA (que estará en el FIS el próximo 1 de agosto), arrancando el 14 de octubre con 15 conciertos de abono que traerán nuevas batutas además de las conocidas como Bayl, Rasilainen, Rubén Gimeno, J. R. EncinarVíctor Pablo Pérez que es casi de casa, junto a Oliver Díaz o Pablo González (que estrena la figura de colaborador artístico) y solistas de casa como Andreas Weisgerber, Maximilian von Pfeil o Juan Barahona, además de Leticia Moreno, Jesús Reina o Ning Feng, más los «aportados» por directores que trabajan con otras formaciones y nos «descubren» figuras que triunfan en otros escenarios, también al otro lado del charco, nuevamente con repertorios equilibrando novedades y tradición, destacando los compositores españoles Jesús Torres, Marcos Fernández y Consuelo Díez junto a Mason Bates en contraposición a la interpretación de la novena sinfonía del avilesino Ramón de Garay (1761-1823), un clásico que en La Villa del Adelantado llevan años recuperando.

Mención especial para los 20 Conciertos del Auditorio y Jornadas de Piano «Luis G. Iberni» que harán volver a Oviedo los grandes Sokolov, Volodos, Pogorelich además del «debut» de Martha Arguerich en la capital junto al último triunfador de Santander, Juan Pérez Floristán, además de «las mezzos divas» Bartoli y Di Donato, también conocidas en Oviedo, sin perder de vista los «fichajes» de Bryan Terfel y Piotr Beczala con la OFil, así como Nathalie Stutzman en la batuta… porque 125 años del Campoamor no podían olvidarse de las figuras actuales aunque sean en recital, sin olvidarnos de formaciones y solistas de primera (Akademie für Alte Musik de Berlín, Orfeus Chamber Orchestra con Alisa Weilerstein, Renaud Capuçón o el nuevo espectáculo de Daniel Hope, así como el Cuarteto Brodsky con la Sinfónica de Guanajuato) que traerán a Oviedo melómanos llegados de todas partes.

Y es que la temporada del coliseo carbayón sigue su línea, ópera y zarzuela con las dos orquestas en foso y dos coros solventes como el propio de la ópera (con Elena Mitrevska de nueva directora) más la Capilla Polifónica «Ciudad de Oviedo». Aún no conozco el próximo festival lírico, recién finalizado el actual pero sí la LIXX Temporada, con un estreno nacional, Mazepa de Tchaikovsky combinado con los «imperdibles» Mozart, Verdi, Bellini y Gounod, volviendo a los viernes jóvenes donde los repartos de «cover» siempre preparados para cubrir bajas inesperadas, tienen su protagonismo. Los años anteriores he intentado no perdérmelos por el aire fresco y calidad que los «primeros repartos» no siempre tuvieron. Gijón se ha sumado a la oferta y esperemos continúen las entradas de última hora ¡a 15€! y las proyecciones en pantalla gigante que están llevando la lírica a lugares y públicos que probando seguro repiten en vivo, algo constatable por quien suscribe.

También haremos escapadas puntuales como a la vecina y cercana León donde el órgano Klais de «la Pulchra» seguirá sonando muchos jueves antes del sabatino vermut madrileño, además de conciertos gratuitos donde el pago es el peaje del Huerna y la cola obligada, pero están a poco más de una hora, así como la fiesta del Euskalduna bilbaino. Continuaré jugando todas las semanas a la Primitiva porque mi ilusión es viajar con la disculpa de la música, aunque con ella podamos hacerlo sin movernos de casa.

Seguimos con gobierno en funciones y hay dudas sobre la magnitud de los «obligados» recortes donde la cultura seguida o unida a la educación parecen estar en primera línea de fuego, así que viendo el curso que se avecina, toquemos madera y digamos aquello de «que me quede como estoy». Mientras tanto, a disfrutar de agosto y hasta la próxima…

Jordi Casas con el Coro de la FPA

Deja un comentario

Sábado 11 de junio, 20:00 horas. Auditorio de Oviedo, Sala de cámara: Conciertos por Asturias: Coro de la Fundación Princesa de Asturias, Óscar Camacho Morejón (piano), Jordi Casas (director invitado). Obras de R. Halfter, Schubert y Brahms. Entrada libre.

Los coros de la Fundación Princesa de Asturias siempre implicados con la sociedad asturiana, llevan su música por el Principado y son perfectos embajadores de nuestra tierra allá donde van, desde el área musical que apostó desde sus inicios por el mundo coral con tanta tradición en nuestra geografía. Y no solo en los conciertos sinfónicos donde su aportación es ya habitual en las programaciones, también en la música vocal, llamemos de cámara, son protagonistas de recitales donde directores invitados les aportan sabiduría y enriquecimiento en una carrera que nunca se acaba, de la que sus directores también toman nota.

Estos días ha estado con el coro de José Esteban G. Miranda el músico catalán Jordi Casas Bayer (1948), una autoridad en la música coral y director del Coro de RTVE al que volvió tras su primera época de 1986 a 1988, figura internacional que lleva los coros en su propia historia desde la infancia en la Escolanía de Montserrat, con un bagaje vital y trayectoria musical de quitar el hipo.

Dirigiendo tres conciertos del coro de adultos viernes y sábado en Avilés y Oviedo más Gijón la próxima semana, con un repertorio básicamente alemán y el guiño a nuestro Rodolfo Halfter (Madrid, 1900 – Ciudad de México, 1987) en este año tan cervantino con sus Tres epitafios, op. 17 que abrían concierto. Maravillosa partitura del gran humanista exiliado tras la guerra civil, y excelente interpretación del coro en tres números que el propio Maestro Casas presentó para mejorar la comprensión de ellos, como haría con el resto del programa. De agradecer escuchar a capella este coro maduro con ansias de seguir aprendiendo y más con el catalán que tuvo total complicidad y atención con ellos, tras días de trabajo que nunca concluyen en los conciertos sino que permanecerán en el acerbo de la formación, conjugando como siempre veteranía y juventud.

Ya con el pianista Óscar Camacho llegaría el grueso coral alemán con Franz Schubert (1797-1828) y Johannes Brahms (1833-1897), los lieder para coro y piano donde el idioma es tan importante para saber cantar e interpretar unos textos de los grandes literatos a los que la música siempre realza estando a su servicio. Un placer escuchar a Jordi Casas antes de cada página compartir con el público el sentido de estas partituras que el Coro de la FPA desgranó con buen gusto, empaste, afinación y entrega. Los cuatro de Schubert tan contrapuestos emocionalmente, Gott im Ungerwitter (texto de Johann Peter Uz) con la fuerza de la naturaleza y la luz divina de una obra póstuma con la sensación cercana de la muerte, el salmo «El Señor es mi pastor» (Gott ist mein Hirt) para voces blancas que Schubert dedicase a su profesora con alumnado solamente femenino para pulsar la calidad de esas cuerdas al completo, An die Sonne vital como un día de sol aunque siempre temeroso de la tormeneta, degustando cada sílaba en un perfecto alemán (igualmente de Uz) tan bien ensamblado con la música a cuatro voces de Schubert, y con texto anónimo Des Tages Welhe nuevamente íntimo con una entrada segura de los tenores más un coro bien empastado (lo bisarían al final del concierto) con un acompañamiento pianístico que complementa al más puro estilo schubertiano las bellas melodías (la última recordándome vagamente el Panis Angelicus de Franck) en perfecta sincronía.

Aún más hondura presenta Brahms en una continuidad de estilo elevado a la quintaesencia camerística con sus canciones, la maravilla del lied llevado al coro con todo lo que ello supone, Vier Quartette, op. 92 marcan un hito tanto en conjunto como una a una en poesía musical, O schöne Nacht (Oh! noche amorosa) con un piano cristalino y voces unidas disfrutando de las cuatro cuerdas por igual, Spätherbst (Otoño tardío) de misticismo renacentista y emociones románticas, Abendlied (Canción de la tarde) desbordando alegría en tesituras agudas contrapuestas con el piano y los bajos, antes de la última Warum (¿Por qué?), inquietante, rítmico, protagonismo global e intervenciones por cuerdas seguras, presentes, llenas de matices bien entendidos por Camacho y «leídas» por un Casas verdadero experto en estos repertorios.

De las Sechs Quartette, op. 112 los cuatro últimos sobre aires zíngaros (catalogados incluso como Zigeunerlieder o Zwei Quartette, op. 112a) con letras más intranscendentes, música en compás binario que adquiere momentos y pasajes pletóricos elevando lo popular a lo clásico: Himmel strahit so helle und klar (El cielo resplandece brillante y limpio), luminoso y matizado, sin perder ligazón en ninguna voz con un piano coprotagonista; Rote Rosenknospen (Rosas rojas predicen la llegada de la primavera), de tiempo tranquilo con cuatro voces equilibradas desde una dinámica contenida, Brennessel steht an Weges Rand (Ortigas al borde del camino), cortante, agitado pero matizado con unos tenores en tesitura difícil solventada sin problemas más el empaste ideal del que hizo gala en todo el concierto, antes del último y breve Liebe Schwalbe, kleine Schwalbe (Golondrina querida, pequeña golondrina) que el piano inicia y continúan las voces blancas casi a media voz antes del coro en tutti bien llevado por Casas sacando a flote el espíritu brahmsiano y unos poemas románticos que la música eleva a lo eterno y atemporal.
Toda una lección de dirección coral a cargo del maestro catalán que las voces asturianas asimilaron a la perfección demostrando el excelente nivel mostrado a lo largo de la temporada, aunque todavía les quedan conciertos para ir cerrando curso y llevando la música coral por nuestra tierrina de la que ellos son la voz cantante de nuestra cultura.

Con cierto desconcierto

4 comentarios

Viernes 10 de junio, 20:00 horas. Auditorio de Oviedo, abono 16: «Cuaderno de viajes IV»: OSPALuis Fernando Pérez (piano), Rossen Milanov (director). Obras de Brahms y R. Strauss.
Sabor amargo para un cierre de la temporada celebrando las bodas de plata de nuestra orquesta y de 77 años de historia de una orquesta como se nos recordó en el audiovisual proyectado antes del concierto. Hoy no es hora de balances sino de comentar la desazón sin acritud que me produjo el decimosexto concierto de abono, confirmando algo que viene arrastrando tristemente las apariciones de un titular al que no tengo ninguna animadversión personal pero que deja mucho que desear en cuanto a estilo directorial y trabajo, transmitiendo una inseguridad tal que de lo que podría haber sido una fiesta se quedó en susto y amargura. Prefiero hacer mucho con poco que poco con mucho, y manteniendo los símiles gastronómicos que al menos esta temporada se apartaron de los programas, cocinar también es un arte donde con buenos ingredientes y cantidad se puede estropear un plato y con mucho oficio las patatas fritas con huevos pueden resultar una exquisitez.

Tenía muchas ganas de volver a escuchar al pianista Luis Fernando Pérez (Madrid, 1977) con la OSPA tras unas excelentes «Noches falleras» con Lockington al frente hacía precisamente cinco años, dos temporadas aquellas en busca de director que trajeron al podio y al público mucha ilusión y ganas de continuar una historia sinfónica de tantos lustros.

El Concierto para piano nº 1 en re menor, op. 15 (Brahms) figuraba entre los sueños infantiles del madrileño como comentaba en OSPATV el propio solista (al que sigo desde hace tiempo), una obra para disfrutar de su potencia y sensibilidad enfrentado a una masa orquestal que debe mantenerse a raya. Pero el arranque del Maestoso ya parecía teñir el ambiente de tormenta amenazante, y la pugna no lo fue en los planos y dinámicas sino en ajustar que a fin de cuentas eso es un concierto, concertar y poner de acuerdo a los intérpretes. No hubo claridad de aire ni decisión de mando, el solista pendiente de la batuta tras las intervenciones y ésta desaparecida en su función, por lo que los desajustes comenzaron a aflorar, incluso finalizando este primer movimiento con la impecable cadencia del solista madrileño, hubo una indisposición en el patio de butacas (yo también estaba con el corazón en un puño) que pareció desconcertar a todos, como esperando acabar este «majestuoso» tiempo para resolver la situación en ambos lados del auditorio. Los aplausos esta vez «deseados» parecieron marcar un paréntesis emocional y la intervención de las emergencias sacó de la sala al pobre hombre.
Al menos el Adagio nos permitió saborear el sonido limpio de Pérez sin necesidad de estar pendiente de una pulsación conjunta nunca encontrada, contraponiendo la valentía y fuerza de los movimientos extremos al placer melódico y casi intimista del central.
El descalabro llegaría con el Rondo: Allegro non troppo, nuevo desencuentro total, la orquesta perdida y el pianista intentando engancharse para poder sacar a flote esta inmensidad de concierto que desgraciadamente resultó desconcierto. De nada sirvió que las secciones volviesen a estar ensambladas y en forma, escuchándose para intentar hacer música juntos ante un drama que abortó un concierto muy esperado por todos.

Tras Brahms no podía haber más como el propio Luis Fernando Pérez comentó agradecido de estar invitado a este cumpleaños, pero al menos el Bailecito del argentino Carlos Guastavino (1912-2000) le (nos) resarció del mal trago pasado y al que suscribe le reconfortó encontrarse con el piano cercano y sin tensiones.

La Oviedo Filarmonía también quiso sumarse a la celebración y parte de su plantilla se unió para poder ejecutar la inmensa Sinfonía alpina, op. 66 (R. Strauss) con una orquesta de 118 músicos que mis siempre despistadas vecinas comentaban «hoy está toda la orquesta». Desconozco los criterios para programar obras que necesitan semejante despliegue instrumental (esta vez el órgano eléctrico no pudo suplir al neumático del que nuestro auditorio tristemente carece) que necesitan reforzar una plantilla que el propio Milanov reconocía en la prensa como corta, y en un año con mucho Strauss en nuestras mochilas estaba claro que de la caminata por los Alpes nos quedaríamos como mucho en la cercana Sierra del Aramo o más bien una «sinfonía payariega» (de Pajares, lo más asturiano para una temporada donde la música de la tierra sonó enlatada en el documental inicial). La experiencia del búlgaro con el alemán no me ha dado alegrías y esta última tampoco. Los veintidós números de esta impresionante y especial sinfonía del gran orquestador alemán requieren ideas claras, mano firme y control total de la partitura, donde se pasa de momentos plácidos a verdaderas explosiones sonoras, pero hay más que las dinámicas para poder detallar esas postales musicales reflejo de la propia vida en este último cuaderno de viajes.

El escenario presentaba una imagen diríamos que idílica con instrumentos poco vistos como los cencerros, las máquinas de viento y tormenta, las tubas wagnerianas tocadas por varios trompistas, o el heckelfón (oboe bajo) así como la amplia percusión con dos timbaleros (uno de cada orquesta), y todo el despliegue con dos arpas, celesta, órgano (ya comenté que el eléctrico nunca sonará igual y menos sin darle el protagonismo que tiene en esta sinfonía) y una cuerda calculada a partir de los diez contrabajos, para un público que esta vez sí acudió al auditorio y la camaradería entre las dos formaciones, pero el número no daría la calidad a pesar de los esfuerzos demostrados por todos y cada uno de los músicos. La sonoridad potente debe administrarse para no desbocarse, y como un fórmula uno el piloto tiene la responsabilidad final de sacar el máximo partido a la máquina con la que los entrenamientos y el duro trabajo le darán el deseado dominio so pena de un accidente indeseado o una mala clasificación en carrera. Supongo que todo director quiere ponerse al frente de una orquesta de estas dimensiones, pero repito la necesidad de programar con lo que hay por muy vistoso y llamativo que resulte poder escuchar obras como «la Alpina«. Llevo años pidiendo una «Octava asturiana» pero desde la calidad y no el mero espectáculo sin el necesario trabajo de larga y dura preparación.

Loable la implicación de los músicos de ambas orquestas en sacar a flote esta «sinfonía payariega» con momentos puntuales de emoción contenida, pero como la canción popular Todos queremos más, y 25 años para esta OSPA merecían mejor colofón.
Tengo muchas dudas para la próxima temporada, que aún desconozco, pero mi desencuentro con el director titular al que aún le queda otro año de contrato, es total. Pasado el llamado período de cortesía o educado margen de confianza, no puedo salir de sus conciertos cabreado por la ineptitud ni ser «el bicho raro» que parece remar contra corriente de un público que parece confundir benevolencia con tragaderas, aplaudiendo todo sin rigor ni conocimiento.
Sigo a la orquesta desde 1972, y 44 años de mis 57 están con ellos, pero no bajaré mi grado de exigencia aunque las obras (casi) siempre superen a sus intérpretes. El futuro incierto no es buen consejero y como a mi alumnado, hay que pedir trabajo diario para labrarse una trayectoria sólida. La evaluación del curso la dejaremos para final de mes, como en mi oficio, aunque lo positivo será precisamente el acercamiento a los escolares con el Programa «Link Up», pero ésto lo dejo para otro día más sosegado.

Orlando furioso y pasional

1 comentario

Martes 7 de junio, 20:00 horas. Sala de Cámara, Auditorio de Oviedo: III Primavera Barroca: «Furioso: Orlandos de Haendel y Vivaldi«. Xabier Sabata (contratenor), Vespres D’Arnadí, Dani Espasa (clave y dirección). CNDM y Ayuntamiento de Oviedo.

Día de verano para clausurar esta primavera barroca plenamente asentada con un Sabata que vuelve a Oviedo siempre triunfante, casi llenando en la sala de cámara, esta vez con el conjunto del oboista Pere Saragossa y el clavecinista Dani Espasa en un monográfico «Orlando» que no solo resultó furioso sino pasional e histriónico como corresponde, con una selección de los personajes musicados por Händel para Senesino y el aria del homónimo vivaldiano que Xavier Sabata recrea, imbuido directamente del carácter épico y humano, bipolaridades volcadas en el canto siempre cercano de textos bien declamados con buen acompañamiento de un «ensemble» apropiado para las páginas elegidas.

Juan Manuel Gómez y Pepe Reche fueron las trompas naturales participando en los números del Orlando, HWV 31 (1733) y especialmente en el Concierto para dos trompas, cuerdas y continuo en fa mayor, RV 538 (1711) de Vivaldi, virtuosismo por parte de todos incluyendo el Largo con Oriol Aymat al cello Dani Espasa (clave) en un mano a mano equilibrando el poderío del metal verdaderamente diabólico e igualmente épico de interpretar, complemento ideal del «Sorge l’irato nembo» del Orlando furioso, RV 728 de «Il prete rosso«.

La cuerda se completó con Lina Tur Bonet, un lujo de concertino en la formación, y Adriana Alcalde en los violines, que nos dejaron pasajes vigorosos y templados en «pugna instrumental» con Sabata («Cielo! Se tu il consenti» del Orlando, Natan «Nexus» Paruzel (viola) y Mario Lisarde (violone), además del ya citado Saragossa que participó al oboe casi cual solista algo «destemplado» con una segura cuerda en el Concerto grosso op. 3 nº 9 de Händel, ubicado en medio de la primera parte como contrapeso instrumental similar al Vivaldi de la segunda y sumándose al último «Fammi combattere» del Orlando haendeliano.

De Xavier Sabata volver a incidir en su entrega vocal con un registro grave natural, un volumen ideal para las arias elegidas sin olvidarme de unos recitativos excelentes, imaginándonos la escena por la pasión y dicción puesta en música, y un Espasa siempre atento, ornamentos y timbres adecuados, más que un «ripieno» el detalle minucioso que no puede faltar pese a la discreción desde la calidad. Sabata domina el rol de Orlando y lo hace suyo, como el Polinesso en «Se l’inganno sortisce felice» del Ariodante HWV 33 (1735) que cautivase al Campoamor (al igual que Agrippina ya con el contratenor catalán), pero también el Scipione de la primera propina y la joya final de «Cara sposa» que sin estar en el programa no podía faltar en un «casi monográfico» Haendel, esta vez Rinaldo, héroes y chicos malos como el CD del contratenor grabado hace tres años, y que nunca defrauda, menos en vivo y con calidad en el ropaje instrumental.

Como novedad citar que la cuarta Primavera Barroca en el 2017 ya está en marcha, de marzo a mayo, aquí el avance con grandes nombres y formaciones:

Muertos que resucitan

2 comentarios

Jueves 2 de junio, 20:00 horas. Oviedo, Conciertos del Auditorio: concierto de clausura. Saimir Pirgu (tenor), Orfeón Donostiarra, José Antonio Sáinz Alfaro (maestro de coro), Orchestre National du Capitole de Toulouse, Tugan Sokhiev (director). Berlioz: Grande Messe des Morts (Réquiem), op. 5.
Impresionante clausura de los conciertos del auditorio de esta temporada a la que resta poco, con intérpretes de altura y una obra difícil de escuchar en directo por sus dimensiones humanas, algo que Oviedo puede permitirse (¿cuándo una «Octava de Mahler» Made in Asturias?) por instalaciones y contrataciones como este broche final, cerrando una gira podríamos que decir apoteósica.

El Requiem de Berlioz puso en escena más de doscientos intérpretes repartidos casi a partes iguales en casi todo: la orquesta francesa y «el Donostiarra» con cien voces en perfecto entendimiento bajo una dirección fabulosa de Sokhiev ó Sójiev (1977) atento siempre al protagonismo que tiene el texto latino realzado y nunca tapado por la orquestación de un genio como el compositor que ha elevado el himno francés a obra maestra, la de un ateo (o no creyente) capaz de entender este «requiem» como universal. Y es que el director ruso maneja con sus manos (como su maestro Temirkanov) este ejército sonoro como nadie, entradas, matices, tiempos pero sobre todo el balance ideal para disfrutar de un coro histórico que sigue haciendo las delicias del respetable con estas obras sinfónico corales.

Desde el «Introito» pudimos disfrutar las dinámicas amplísimas de la partitura, independientemente del volumen que tuviese la orquesta, siempre en su sitio y sin tapar en ningún momento las voces donostiarras, sólo titubeantes los bajos en el primer Kyrie pero un espejismo ante lo que vendría después. El Dies irae que arranca con una cuerda grave rotunda y presente prepararía las voces blancas dobladas por las flautas en una entrada aguda en piano contestada por las graves más una orquesta en una concepción coral global que va «in crescendo» en emociones e intensidades, una voluptuosidad desde la intimidad antes de la aparición de la «fanfarria» de trombones y tubas en la sala polivalente (no hubo el efecto cuadrafónico ni trombones bajos pero igualmente poderoso) más los cinco timbaleros para alcanzar la verdadera «ira de Dios» que hizo retumbar el auditorio. Momentos puntuales de éxtasis musical y sonoro sin perder unidad vocal con una cuerda de bajos (30 frente a los 20 tenores) igual de redonda que la instrumental. Voces en extremos sin tensiones, volúmenes potentes capaces de hacerse escuchar en todo momento dando paso a momentos casi «a capella» interiorizados por todos con el dominio absoluto de Sokhiev.
La formación de Toulouse es una maravilla en todas sus secciones, capaz de expresar como pocas las genialidades orquestales de Berlioz, contrabajos y oboes dando peso a unos tenores celestiales para el Quid sum miser, familias instrumentales equilibradas en todo momento y balanceadas con Sokhiev como si de un ingeniero de sonido se tratase. Podría decir lo mismo de cada número porque tal y como recalca Arturo Reverter en las notas al programa«este Réquiem no es, de principio
a fin, una obra tonante, espectacular, desaforada, alimentada por una llama
incombustible; es, al contrario, una composición generalmente discreta, incluso
intimista, en la que el matiz piano se afirma mayoritariamente pese a la
existencia episódica de efectos de potencia abrumadora»
. Rex tremendae resultó otra demostración de poderío vocal y orquestal, silabeo conjunto, fraseos de voces dobladas por una instrumentación genial del maestro (salvame), «crescendi» bien graduados, cambios de tiempo con suavidad sin sobresaltos, y llevando al Donostiarra en Quaerens me como si del propio Sainz Alfaro se tratase, tal fue el entendimiento entre vascos y ruso en esta belleza de número para disfrute de los muchos aficionados corales en una sala casi llena para esta clausura.

El Lacrymosa prosiguió dando espectáculo, tenores estratosféricos con orquesta poderosa en vientos y cortante en la cuerda, desgranando el latín las distintas voces vestidas por la instrumentación ingeniosa y siempre acertada de Berlioz, protagonismo masculino con la cuerda doblando melodías en idéntica intencionalidad con una línea de canto global subrayada siempre por el Maestro Sokhiev, como la entrada femenina en verdadera lección coral llena de emociones, dinámicas cercanas al paroxismo pero conteniendo cualquier exceso al que de nuevo este número se presta por metales y timbales, tan bien colocados en partitura y escena que se escuchaba todo y a todos.
El «Ofertorio» dejó esos momentos de intimismo que Reverter cita, como el Domine Jesu Christe, con unos bronces diría que orgánicos cual instrumento necesario en esta obra, dibujando las voces, subrayándolas pero nunca tapando ninguna línea melódica, la cuerda orquestal con una redondez idónea para realce coral y nuevamente Sokhiev dominador absoluto del «ejército sonoro» con respuesta inmediata de sus huestes musicales. Hostias de regusto masculinamente wagneriano pero con esa orginalidad de Berlioz emparejando trombones y flautas en combinación nuevamente organística.

Llegó el esperado Sanctus para poder disfrutar del tenor albanés Saimir Pirgu, voz impecable de lírico, hermosa, delicada línea de canto bien arropado por las voces blancas donostiarras y una cuerda con flautas de colchón especial que ayudó a una interpretación «bendita», ubicado a la derecha del escenario entre orquesta y coro. Si una de las grabaciones de referencia es la de Pavarotti con los berlineses y Levine, puedo asegurar que la voz del XX está a la misma altura que la del italiano y está llamado a convertirse en uno de los grandes, si no lo es ya. El Hossanna in excelsis nueva maravilla sinfónico-coral, franceses y donostiarras con el tenor todos angelicales, una intervención breve para esta inmensidad musical del conjunto.
Final con el Agnus Dei uniforme en sentido e intención, un coro poderoso, ideal de empaste, afinación y sonoridad con el perfecto complemento orquestal (nuevo juego de trombones y flautas), medios «crescendos» apoyando un latín sin el que un «requiem» parecería perder sentido, pero especialmente Sokhiev todopoderoso, un placer observar sus manos controlando la inmensidad de Berlioz y sacar a la luz esta obra magna para redondear un concierto perfecto de clausura, con el Amén seguido de un respetuoso y largo silencio gracias al director ruso manteniendo sus manos en alto para la tensión necesaria que permite escuchar el último aliento.
Éxito total de nuestros queridos donostiarras que siguen siendo referente coral independientemente de la orquesta con la que canten, esta vez los vecinos de Toulouse con Tugan Sokhiev perfecto en todo.

Ya tenemos el avance de la próxima temporada, que dejo a continuación y apunta nuevamente a la calidad además de la cantidad, pero se merece otra entrada en días venideros.

Mucha calidad desde Edimburgo

Deja un comentario

Miércoles 25 de mayo, 20:00 horas. Oviedo, Conciertos del Auditorio: Dunedin Consort, Joanne Lunn (soprano), Rowan Hellier (mezzo), Thomas Hobbs (tenor), Lukas Jakobski (bajo), Jonathan Manson (chelo), John Butt (clave y dirección). Obras de C. Ph. E. Bach y W. A. Mozart.
Semana musical sin apenas descanso y penúltimo de los conciertos del auditorio, esta vez un conjunto llegado desde Edimburgo con el maestro Butt al frente que sustituyó al programado inicialmente con el regreso de la violinista Midori y la Fort Worth Symphony Orchestra de Texas bajo la dirección de Miguel Harth-Bedoya que la crisis petrolífera fulminó toda la gira europea. Imagino las enormes dificultades para encontrar una formación de calidad equiparable a la norteamericana pero finalmente todo fructificó y pudimos tener un concierto luminoso y de altura con el Dunedin Consort, ideal en número con instrumentos de época que como otras formaciones van más allá del barroco para adentrarse en el clasicismo, primero el Concierto para violonchelo en la mayor, Wq. 172 de C. Ph. E. Bach con Jonathan Manson de solista con el chelo -aunque también toca la viola de gamba- escoltado nada menos que por Mozart con sus Visperas solemnes de confesor en do mayor, K. 339 y el Réquiem en re menor, K. 626, dos joyas corales para degustar en formato camerístico e histórico (recreando cómo sonarían en su estreno) más que suficientes, con un coro de 16 voces -cuatro por cuerda- donde estaban los excelentes solistas vocales, porque la calidad de todos los músicos permitió saborear un concierto de 95 minutos preparando ya el de clausura del día 2 de junio totalmente opuesto (Berlioz con su Requiem) al de este lluvioso último miércoles de mayo.

Las «Vísperas de Mozart» demostraron la calidad del «consort» en los seis números llevados con el tempo giusto por Butt y con un coro donde los solistas integrados en él fueron desgranando belleza por doquier, especialmente el conocido Laudate Dominum para mayor regocijo de la soprano Joanne Lunn (ya me gustó hace dos años) que a pesar del ruido generado por un desmayo y caída en el anfiteatro no se descentró y pudo dejarnos una de las páginas más escuchadas y geniales de Mozart desde el dominio técnico y la expresión ideal, arropada por «su» coro y la formación escocesa en estado de gracia, sin desmerecer a sus otros compañeros solistas.

Del concierto de chelo compuesto por el segundo de los siete hijos varones del gran Bach, y en cierto modo padre del clasicismo desde el llamado «Estilo galante«, el ensemble reducido a la cuerda y el clave del propio Butt volvió a enamorar con un sonido apropiado al estilo, con un Jonathan Manson dominando este lenguaje desde el conocimiento de la viola da gamba evolucionada al violonchelo igualmente ideal desde los criterios historicistas, tres movimientos académicamente perfectos en escritura e interpretación, sumándose al «grosso» como uno más -lo es en el resto del programa- y gustándose en las partes solistas con presencia sonora por la tímbrica, expresión cantada en los momentos adecuados y especialmente en ese segundo movimiento Largo con sordini, mesto que explora el registro agudo casi de viola con sus compañeros en sonido velado más que amordazado por la sordina, como si versionease un «vidit suum» desde el instrumento más cercano a la voz humana, haciendo casi música coral con toda la cuerda más el clave, complemento de un Mozart de religiosidad cercana y luminosa proveniente de los genes del kantor que Carl Philip Emanuel encarnó con la losa de un apellido marcado por su padre. El Allegro assai pareció la banda sonora ideal de un documental para presentar los criterios del Dunedin Consort más cercano al barroco pero respirando aires clásicos durante todo el concierto.

Y del Requiem mozartiano alegrarme de esta recreación o «reimaginación» sonora para nuestros días, despojada de enfoques románticos y entendida como la partitura incompleta y póstuma del genio de Salzburgo finalizada con respeto en esta nueva edición de David Black a partir de la «versión» de Süssmayer, tratando de mostrar no una nueva edición sino darle mayor claridad al original de Mozart con los «añadidos» del discípulo, muchos detalles que parecían como «oscurecidos» por las versiones posteriores, sobre todo la primera que no mencionaba a Süssmayr y realizada por Breitkopf&Härtel en 1800. La nueva edición de Black que trajeron los escoceses devuelve la partitura al estado inicial de su primera audición (10 de diciembre de 1791) en unos años cruciales que parecen acercarnos desde este «ministerio del tiempo musical» con el Dunedin, tal y como comentan en su web completada con la historia perfectamente comentada por Mª Encina Cortizo en las notas al programa (enlazadas como siempre en los autores). Auténtica revisión llevada al CD por estos mismos intérpretes salvo el bajo y vendiendo varias copias en el propio auditorio de una grabación galardonada con el premio Gramophone pero que el directo siempre hace todavía más irrepetible. Personalmente me resultó luminosa por la elección de los tiempos, una misa de difuntos pensada como propia por Mozart, momentos de congoja como el Dies Irae que el coro contagia junto al Rex Tremendae, el Tuba Mirum esperanzador con Jakobski pugnando con la excepcional trombonista Emily White en fraseo, reconfortantes como el Ofertorio en la alternancia coral y solistas, o el Sanctus más Agnus de «sana envidia vocal» por parte de ese coro de 16 voces inglesas, versión de continuidad entre original y añadido sin fracturas, solistas (Lunn y Hellier de mejor empaste que los caballeros) y coro en «comunión» ideal con una orquesta y órgano siempre en el plano perfecto, alcanzando la Lux Aeterna tranquilizadora tras dudas y arrebatos emocionales sin extremismos pero sentidos por todos.

Salvando distancias temporales, me recordó a la de Savall en 1992 con La Cappella Reial de Catalunya, Le Concert des Nations y un cuarteto solista que bien podríamos permutar con el del Dunedin Consort de hacer realidad los viajes en el tiempo. Interesante también la colocación del coro a la derecha del «ensemble», aportando equilibrios y sonoridades distintas a las habituales, reafirmando calidades y aportaciones del maestro John Butt, una autoridad en la materia que hace práctica la teoría compartiéndola con el público, labor de limpieza que puede cambiar conceptos nunca inamovibles en el terreno musicológico.

Con alma y pasión rusa

1 comentario

Lunes 23 de mayo, 20:00 horas. Auditorio de Oviedo, Jornadas de Piano «Luis G. Iberni»: Denis Matsuev (piano). Obras de R. Schumann, Tchaikovsky y Rachmaninov.

Programado el 25 de abril pero pospuesto hasta este lunes llegaba el esperado pianista Denis Matsuev (11 de junio de 1975) que no defraudó en absoluto con un programa brutal, potente, poderoso, con un estilo más bien recio pero enérgico y lleno de matices desde una técnica apabullante válida para dejar un excelente concierto con toda el alma y la pasión rusa, amante del piano y del Arte con mayúsculas que dejó cuatro propinas (en la onda de mi «San Sokolov«) variadas y hasta con un guiño al jazz que tanto le gusta en una recreación propia del gran Duke Ellington de quien escuchamos los motivos del Take a train y su Caravan de auténtico vértigo casi en blanco y negro para un verdadero espectáculo de casi dos horas de duración que, como siempre pasa con lo bueno, pasó volando. Hoy los enlaces de las obras corresponden a interpretaciones del propio y prodigioso Matsuev que en vivo resulta todavía más impactante, imaginándome lo que pudo ser el concierto de Verbier en 2012 bastante similar a este de Oviedo y al previsto en el Palau y no encajó en las nuevas fechas. Suerte la nuestra…

La primera parte llenó, en el amplio sentido de la palabra, con Schumann enlazando sin pausa las Kinderszenen (escenas infantiles) op. 15 y la Kreisleriana, op. 16, unidad estilística y formal con veintiún cuadros, trece «nada infantiles» más ocho «excéntricos,
salvajes e ingeniosos» como el personaje Johannes Kreisler del prusiano E.T.A. Hoffmann que bien recuerda la musicóloga Miriam Mancheño Delgado en las notas al programa (enlazadas en los autores del inicio). Todo un muestrario de saber tocar con todo el cuerpo más allá de los dedos que parecían multiplicarse, muñeca, brazo, hombro… momentos brutales frente a los más íntimos (excelencia del Ensueño), cuadros variados en temática pero claros en cada detalle, empleo escrupuloso de pedales con una digitación preclara, todo con una energía que se transmitía incluso en los silencios, apenas pausas entre cada número, explosión sonora y murmullos casi al oído. Hacía tiempo que no escuchaba un Schumann desde el virtuosismo más musical, con un Matsuev espléndido sin «despeinarse» donde el placer de tocar sólo se vislumbraba por unas sonrisas serenas y cómplices en los números «tranquilos» y el cabeceo cual asentimiento de pasajes vertiginosos creadores de ambientes como sólo un obsesionado por el teclado y su técnica como Robert Schumann son capaces de llevar a la partitura y este ruso elevarlo al paraíso romántico (su rubato para anotar) del instrumento con 88 teclas.

Y el alma rusa ocupó toda la segunda mitad, puede que genética, condicionamiento geográfico o directamente la escuela que sigue poblando de excelentes pianistas las salas de conciertos de todo el mundo, siendo Matsuev uno más en la larga lista, no el anunciado Tchaikovsky (con dos obras no muy habituales: Meditación Op. 72 nº 5 -que suele ser propina, y Dumka op. 59, por otra parte no anunciado el cambio) sino TODO Rachmaninov, marca de la casa y como bien decían Javier Nuevo o mi admirado Ramón Avello, comenzando con dos de los Etudes-tableaux, op. 39, siguiendo el Preludio en sol menor, op. 23 nº 5, marcial y agitado, potente como el propio Sergei en pasajes de octavas sobrecogedoras en velocidad y potencia, los acelerandos en transición calma contrapuestos al melodismo de sus conciertos de piano (especialmente el segundo) donde la orquesta resultó el propio piano llenando sin problemas el auditorio para poder apreciar cada detalle, seguido del Preludio en sol sostenido menor op. 32 nº 12 y especialmente la arriesgada Sonata nº 2 en si bemol menor, op. 36 (segunda edición de 1931), increíble en los tres movimientos sin descanso y verdadera «montaña rusa» de poderío físico y mental, Allegro agitato, Non allegro de breve remanso en una catarata de notas, y Allegro molto, velocidades sin vértigo por la facilidad con la que seguíamos cada melodía, cada ornamento, cada respiración, cada cromatismo, cada octava, agitación y vorágine… Si la primera parte resultaron cuadros llenos de color, la segunda inmensos murales donde la globalidad permitía el dibujo a pesar del tamaño tal fue el despliegue y perspectiva de Matsuev.

De las propinas además de la última «en clave de jazz», una caja de música (Liadov) delicada como un collar de perlas naturales, un Sibelius (Estudio en la menor op. 76 nº 2) más ruso que finlandés y «habitual» propina del pianista junto a otro apasionado y vibrante romántico como Scriabin (Etude op. 8 Nº12 en re sostenido menor) para un enorme paquete que no se hizo rogar para un verdadero amante de su oficio y regalo para los aficionados que gozamos como niños ante el derroche de energía, vigor y música de Matsuev.

P. D.: De nuevo las GRACIAS a mis amistades musicales que están en todo y engrandecen este blog con sus aportaciones además de enmendar mis errores.

Older Entries Newer Entries