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Ópera para Madagascar

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Jueves 16 de mayo, 19:00 horas. Auditorio de Oviedo, Sala de Cámara: Gala Lírica Pro MadagascarJuan Jesús Rodríguez (barítono), Anna Cabrera (soprano), Marcos Suárez (piano). Arias, dúos y romanzas de zarzuela y ópera. Entrada: 10€.

La ONG “Ópera sin fronteras” y la Fundación «Agua de coco» llegaban a Oviedo para presentar un proyecto multidisciplinar, transversal, pedagógico y sobre todo solidario, porque la música lo puede todo, llegar a estrenar en Madagascar su primera ópera con un elenco de allí como después contarían los responsables, «El sueño de Nirina», con libreto de la asturiana Lucía Vilanova , con quien contactaron en el Campoamor tras el estreno de «María Moliner», y música de Juan Antonio Simarro, dos figuras conocidas en nuestra tierra, y además en malgache. Una bendita locura que cuenta entre otros apoyos, nunca suficientes, de la Fundación Ópera de Oviedo, siempre dispuesta a colaborar con estas iniciativas solidarias de cooperación social, siendo su director, el avilesino Celestino Varela, el primero en tomar la palabra presentando el evento.

Paco Azorín como presidente y fundador junto al coreógrafo Carlos Martos De la Vega de la ONG “Ópera sin fronteras” comentarían a dúo quiénes son y cuales son sus objetivos, desde el propósito de hacer llegar la ópera a todos aquellos colectivos que tradicionalmente han sido excluidos de ella, con el fin de visibilizar sus conflictos a través del hecho escénico.

Entienden la ópera como un instrumento de transformación social, no como un elemento de entretenimiento sólo al alcance de unos pocos.
La ópera, como arte integrador, en la que convergen la música, la danza, el teatro y las artes plásticas, es el vehículo idóneo para situar en el centro de la creación a los colectivos más desfavorecidos y ayudarles así, a solucionar sus conflictos, desde sus primeros contactos allá por 2019 en Mérida y después Sevilla con «Sansón y Dalila», el contacto en Badajoz con otra ONG («PIE, Plena Inclusión Extremadura») de enfermedades raras entre muchas más, y lo terapéutico que ha sido la ópera, al año siguiente el proyecto didáctico «El monstruo en el laberinto» (de Jonathan Dove) en el Liceu barcelonés para niños en peligro de exclusión, o el triste 2022 a raíz de la guerra de Ucrania (que aún continúa) dentro de cultura de emergencia en Madrid para integrar a los primeros refugiados en un montaje de «La Odisea» con la Escuela Municipal de Arte Dramático para edades comprendidas entre 7 y 21 años.

Con la proyección de un vídeo con la génesis del proyecto de esta ONG que contarían Paco y Carlos, se centrarían en este continuarían primer proyecto en Madagascar que lleva como título «Madagasikara» con la ONG “Agua de coco” sumándose que lleva años allá, y con distintas fases que movilizan a 300 personas entre 6 y 20 años enseñándoles  música y dándoles instrumentos, por lo que el objetivo o fase final será hacer una ópera participativa y la primera en el idioma malgache, que espera nestrenar en Toliara el próximo 6 de septiembre de 2025 en el centro multidisciplinar CASEL.

Tras la proyección del segundo vídeo, presentarían al compositor Juan Antonio Simarro, que ya hacía sus pinitos «en africano» de crío y también de adulto, explicándonos la génesis tras libreto de Lucía Vilanova primero en francés y la posterior traducción al malgache, proyectándonos las letras y avanzando al piano algunas melodías.

De las muchas ayudas para esta primera ópera de Madagascar, ya con la colaboración entre otros del Teatro Real, del Festival de Perelada o la Ópera de Oviedo, aunque siguen buscando apoyo económico, en otro vídeo nos enseñarían el «Container Solidario» lleno de escenografías, vestuario, atrezzo, decorados o incluso luces viejas, material donado por distintos teatros que las almacenaban «caducadas» pero que serán «tecnología punta» en esta isla que sigue sufriendo, y donde ya embarcó camino del estreno en septiembre, que se espera traerlo a Europa en 2026. De ella vino a vivir a Córdoba un músico tradicional como es Kilema que participaría codo con codo junto al compositor. Después entre el piano de Marcos Suárez y el propio Simarro al djembé nos invitaron a cantar una de las melodías, verdaderamente imposible en malgache pero dándonos idea de cómo sonará en las voces protagonistas del estreno.

Y finalmente comenzaría la gala lírica y solidaria ayudando a recaudar fondos, que nunca son suficientes para un proyecto de esta envergadura, con la actuación del barítono Juan Jesús Rodríguez (Cartaya, 1969), la soprano ruso-cubana Anna Cabrera Eliseeva (Moscú, 1997) que sustituyó a última hora a Graciela Moncloa, con todo lo que supuso cambiar más de medio programa del inicialmente previsto, y el pianista asturiano Marcos Suárez (La Felguera, 1992) que hubo de lidiar contra estos imprevistos con la profesionalidad y experiencia que va acumulando en sus años de docente y repertorista.

Del barítono cartayero solo caben elogios por su entrega humana y musical, con la romanza «Ya mis horas felices» del Germán en «La del Soto del Parral», o el aria «Nemico della patria» del Gerard en «Andrea Chenier» que levantaron los bravos de un público que le sigue fielmente en Oviedo, e incluso de fuera de nuestra tierra. Su poderío vocal, buen gusto, escena, dicción y musicalidad son parte de las muchas cualidades que tiene, por lo que en estas dos obras el acompañamiento «orquestal» al piano de Marcos Suárez no necesitó más que disfrutar con el andaluz.

Me encantó la soprano Anna Cabrera, con varios premios desde su llegada a Madrid en 2016, quien eligió para esta gala la conocida «Petenera» de «La marchenera» y la aún más famosa aria «Caro nome», una Gilda sobrada de matices, agilidades, musicalidad y fraseos, bien acompañada por un Marcos que «las tiene en dedos» aunque la premura de los cambios nunca es buena, pero las tablas de ambos permitieron disfrutar de esta voz en crecimiento y triunfando paulatinamente.

Con estos solistas los dúos no podían fallar, aunque no los programados, pero igualmente de calidad y empaste, el mozartiano «La ci darem la mano» primero, enamoramiento a primera vista del Don Juan onubense y la Zerlina ya madrileña, coqueteo a dúo plenamente creíble con el piano bien encajado.

Y si ambos solistas dominan Verdi, el andaluz más que conocido, la rusa demostrado en el «Caro nome», nada mejor para cerrar que el conmovedor dúo «Piangi, fanciulla, piangi» de padre e hija, Rigoletto y Gilda en este dramático dúo escenificado con los intérpretes entregados, poderosos y dolientes, empaste ideal aunque afinación algo al límite y un piano a primera vista que nos privó de mayor satisfacción global para dos voces muy aplaudidas en esta gala.

Aún quedaba un mensaje en vídeo de la madrina de honor de la ONG, «nuestra» María José Montiel que con su homónima Moliner abrió puertas y dio esperanza a este proyecto. Finalmente la lectura del texto que canta Nirina la protagonista, ópera terapéutica, solidaria y un hito en Madagascar que esperemos disfrutar en Oviedo.

PROGRAMA:

Reveriano SOUTULLO (1880-1932) y Juan VERT
(1890-1931):

LA DEL SOTO DEL PARRAL: «Ya mis horas felices»

Federico MORENO TORROBA (1891-1982):

LA MARCHENERA, La Petenera

Umberto GIORDANO (1867-1948)

ANDREA CHÉNIER: «Nemico della patria»

Giuseppe VERDI (1813-1901)

RIGOLETTO, aria de Gilda «Caro nome»

Wolfgang Amadeus MOZART (1756-1791)

DON GIOVANNI, dúo «La ci darem la mano»

Giuseppe VERDI:

RIGOLETTO, dúo «Piangi, fanciulla, piangi»

Prensa:

Más que un vals para dos

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Lunes 13 de mayo, 20:00 horas. Sala de Cámara del Auditorio “Príncipe Felipe”: Ciclo Interdisciplinar de Música de Cámara de Oviedo (CIMCO). Dúo del Valle: Vals para dos. Víctor del Valle (piano) y Luis del Valle (piano); Compañía WETTRIBUTE (Daniel Fernández, bailarín – Maite Ezcurra, bailarina). Obras de Poulenc, Milhaud y Ravel. Entrada: 8€.

Ya desde mis años como estudiante de piano las obras a cuatro manos y sobre todo las escritas para dos pianos me cautivaron y poder vivirlas en directo era algo único y extraordinario, desde Frechilla y Zuloaga en la Caja de Ahorros de Mieres hasta la pareja Joaquín Achúcarro y Emma Jiménez en la Filarmónica de Oviedo. Iría posteriormente descubriendo en disco a las gemelas Pekinel y después a las Labèque, Katia y Marielle, también en directo, o al matrimonio astur-canario Francisco Jaime Pantín y María Teresa Pérez como Dúo Wanderer.

De los más cercanos en el tiempo aún se recuerdan en la capital asturiana las visitas de los hermanos Jussen y curiosamente este año hemos disfrutado hace nada de los asturianos Martín García y Juan Barahona con la OSPA, para la próxima semana cerrar las Jornadas de Piano «Luis G. Iberni» con Maria João Pires e Ignasi Cambra y este lunes llegaba el penúltimo concierto del CIMCO «la magia de dos pianos» con el Dúo del Valle, los hermanos Víctor y Luis continuando una saga fraternal que parece marcar estas agrupaciones junto a parejas donde la convivencia parece tan necesaria para «latir juntos» como el arduo ensayo de todo programa, del romanticismo al pasado siglo, como fue el de Los Valle con música francesa impresionista, aunque en la presentación el doctor Alejandro G. Villalibre aclaró conceptos o estilos, tres compositores franceses y contemporáneos que superan etiquetas, estilos diferentes pero muy agradecidos para un público que no llenó la sala de cámara, reiterándome en la excelente acústica para esta música de piano junto a una cercanía que hace estos conciertos casi familiares.

Los hermanos malagueños comenzarían con tres obras de Poulenc, primero la Sonatina para piano a cuatro manos (1918, rev. 1919) aunque optando por los dos pianos que aumentan la dificultad de compenetración. Impecable la afinación y uniformidad de color pese a ser dos modelos diferentes de Steinway© y sonoridades distintas pero que en las manos de los hermanos cerrando los ojos escuchábamos un solo instrumento interpretado por veinte dedos: contrastes violentos, ritmo intrínseco en el Prelude, casi de nuestro siglo por su estilo original y por momentos «minimalista«, el lírico Rustique de recuerdos académicos transportados al pórtico de los felices años 20 del pasado siglo, y el Final vertiginoso, aires rusos en la Francia capital mundial de aquella época entreguerras, piano cosmopolita y rítmico en cuatro manos manejadas como si una sola alma las mandase.

L’ embarquement pour Cythère (vals musette para dos pianos) es otra joya llena del aire francés popular a orillas del Sena elevado al magisterio pianístico de una escritura minuciosa y unos rubati encajados a la perfección con apenas una mirada, un leve gesto de mano al aire o simplemente latiendo al unísono. Sonidos etéreos, cristalinos, fraseos elegantes, matices extremos y hasta una coreografía visual para no perderse ni un detalle.

Finalizarían con el Capriccio (d’après le Bal Masqué), virtuoso y festivo, juguetón y humorístico, encajado de manera increíble como en las dos anteriores, sonoridades rotundas y delicadas con precisión milimétrica.

Siguiente bloque nada menos que con el Scaramouche, op. 165 (1937) de Milhaud, cinematográfico, personaje inspirado en la ‘Comedia dell Arte’ con el que el viajero Darius escribe esta suite de virtuosos pentagramas en tres números: el Vif casi imposible, deslumbrante y casi de «pianola», el Moderé para reposar y tomar aliento antes de revestir el último de samba Brazileira, otra de sus «debilidades», contagiando alegría de vivir en las manos de los Hermanos del Valle, escalas cromáticas enfrentadas pero cosidas, articulaciones variadas para todo un espectáculo visual y sonoro.

Aún quedaba el plato fuerte de Ravel, el vasco-francés que jugaba y experimentaba en el piano su sabiduría orquestal, comenzando por la obra basada en cinco cuentos de Perrault, música sin palabras de Ma mère l’Oye (1910), una «Mamá Oca» cuya primera versión para dos pianos crecería incluso hasta llegar a ballet, pero que esta personal y original composición sigue siendo un referente. Víctor y Luis fueron «narrando» la pavana de La Bella Durmiente, a Pulgarcito, la inquietante Laideronnette emperatriz de las pagodas, la conversación de La Bella y La Bestia, o El jardín encantado. Magia sonora, relatos bien hilvanados y diferenciados expresivamente, reverberaciones de los pianos creando esa atmósfera impresionista donde el color que se funde en la retina es sonido en nuestros oídos viajando por la pétrea sala que antaño fuese depósito de agua. Música atemporal, evocadora y un cuento para soñar despiertos desde una infancia detenida por estos hermanos para la partitura de Don Mauricio.

Y siendo CIMCO interdisciplinar además de camerístico, nada menos que la monumental La Valse que estuvo coreografiada por los bailarines de la compañía de danza ‘Wettribute’, Daniel Fernández y Maite Ezcurra a modo de guiño a lo que intentase Diaghilev y después el maestro del ballet George Balanchine.

Una propuesta de claroscuros, con una iluminación sencilla pero plásticamente impecable a lo largo del concierto, en esta «valse» tiempo de entreguerras, encuentros, danza de nuestro tiempo para una música sinfónica a dos pianos, pletórica en la interpretación, coreografía de los hermanos cual pareja musical frente a los bailarines reales, subrayando esta partitura única e imprescindible para esta formación.

Aún hubo tiempo para una propina y nada menos que Brahms con la Danza Húngara nº 11 (de las 21 que escribiese), esta vez interpretando a cuatro manos, un solo piano, remanso bien entendido de esta monumentalidad zíngara del alemán para 20 dedos, 88 teclas con un solo corazón y el mejor cierre tras una hora larga de espectáculo francés hecho en «La Viena de España» por estos hermanos universales.

PROGRAMA

Francis Poulenc (1899-1963):

Sonatina para piano a cuatro manos (versión dos pianos): Prelude – Rustique – Final

L’ embarquement pour Cythère, vals musette para dos pianos

Capriccio d’après le Bal Masqué

Darius Milhaud (1892-1974):

Scaramouche

Maurice Ravel (1875-1937):

Ma mère l’Oye:

Pavana de la Bella durmiente (Lent) – Pulgarcito (Très modéré) – Laideronnette, Emperatriz de las Pagodas (Mouvt. de Marche) – Conversación de la Bella y la Bestia (Mouvt. de Valse très modéré) – El jardín encantado (Lent et grave)

La Valse

Perianes reparte juego

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Viernes 10 de mayo, 20:00 horas. Auditorio de Oviedo, Abono XI OSPA: «Mozart y Perianes». Javier Perianes (piano), Cuarteto Quiroga, OSPA. Obras de W. A. Mozart.

El titular de la entrada no es una referencia al juego de mus, en tal caso a la «MÚSica» pero aprovechando que el onubense Javier Perianes (Nerva, 1978) es futbolero y merengue para más señas, no quería perder esta vez las referencias al deporte, al balompié, al trabajo en equipo y al disfrute que supone escucharle, tanto en el encuentro previo al concierto, con más presencia de la habitual, donde su cercanía, humor y buen talante nos preparó a todos para la terapia mozartiana en esta nueva visita a la capital, y además con la compañía de nuestros amigos del Cuarteto Quiroga.

Comentaba el pianista sus inicios en la música como terapia para un niño travieso, nada raro entonces, donde un concierto le atrapó, el apoyo de sus padres, el clarinete que su tía cambió por un piano tras los veranos en La Antilla, los esfuerzos y su eterno agradecimiento para todos sus profesores, desde sor Julia Hierro, la primera y hoy nonagenaria con quien aún habla antes de los conciertos y reza por él desde el asilo, pasando por Ana Guijarro en sus años sevillanos, o Josep Colom, de todos y cada uno con el recuerdo de su permanente magisterio, más el siempre necesario apoyo de su esposa Lidia, que además de pianista conoce como nadie a su pareja.

Le preguntaba «el habitual» de cada encuentro en la Sala de Cámara tres cuartos de hora antes de los conciertos, qué obras habían sido las más difíciles y Perianes no dudó  en contestarle que las actuales, siempre nuevas y distintas porque el directo es irrepetible, incluso cuando graba prefiere hacerlo de un tirón y que sea el ingeniero quien elija la toma buena, sin «corta y pega» porque Javier es además de un excelente pianista es un tipo espontáneo, cercano, «disfrutón», con las ideas claras de quien vive el momento y contagia alegría de vivir con, por y para la música.

El programa íntegro de Mozart comenzaba con el Concierto para piano nº 24 en do menor, K. 491 (1786) en una reducción para cuarteto de cuerda con piano, un cinco muy baloncestístico donde el de Nerva sería como un buen base que tiene memorizadas las jugadas, cuenta con un equipo de estrellas y reparte a diestro y siniestro, con bandejas y asistencias para que los compañeros rematen, generosidad, respeto y dominio del parqué. Este vigésimo cuarto del de Salzburgo nos dejó la feliz conjunción y entendimiento de un quinteto que lleva años jugando juntos, y que en palabras del musicólogo y compositor británico Arthur Hutchings (1906-1989), el mayor especialista del genio austriaco, considera su esfuerzo más sutil: «se trata de una obra oscura y apasionante, hecha más sorprendente por su restricción clásica, y el movimiento final, un conjunto de variaciones, es comúnmente considerado como ‘sublime’ (…)», y al de Nerva, que llevo años denominándole «El Sorolla del piano» por su luminosidad, no quiero olvidarme de las llamadas ‘sombras coloreadas’ tan del gusto impresionista, con todo el juego aportado por el Cuarteto Quiroga y el piano siempre limpio, claro y presente, convirtiendo el concierto orquestal de sonoridades y texturas que lograría la sección de viento del lienzo sinfónico, llevado a una paleta ligera y tenue de acuarela donde no hay posibilidad de corrección, y el quinteto no la necesitó, repartiendo «el base» y esquivando en solitario desde su puesto retrasado que aunaba e integraba este concierto tan vienés, desde el patético Allegro inicial a la luz del Larghetto para volver a los claroscuros del Allegretto final donde no faltarán los toques musicales humorísticos del Mozart en estado puro, pasajes virtuosos y el preciso contrapunto con diálogos motivados y tímbricos en este verdadero equipo de estrellas.

Ya con la plantilla perfecta y la selección OSPA con un equipo donde «Los Quiroga» se integraron a la perfección en la llamemos columna vertebral de la cuerda, y con Cibrán Sierra de concertino en perfecto entendimiento con Perianes, llegaría el Concierto para piano nº 12 en la mayor, K. 385p (414), compuesto a finales de 1782 en la tonalidad que para Mozart era sinónimo de lirismo y serenidad, y en su momento anunciado como que «puede(n) ser interpretados no sólo con un acompañamiento de gran orquesta y vientos, sino también con un quattro, es decir, con dos violines, viola y violonchelo». Fiel por tanto a esta idea de Mozart intentando publicarlos por suscripción, más allá del enfoque utilitario (recordar que los músicos también comen), con Perianes en el centro del campo me recordaría al mejor Iniesta, aunque como merengue tendré que llamarle mejor Luka Modrić por los triunfos del madridista y la veteranía que supone una trayectoria que en el piano es siempre más longeva que en el fútbol.

Más que dirigir o concertar, Perianes desde el piano marca lo necesario para dar confianza al equipo, la «serenidad de la mayor», además de exigir más responsabilidad en cada parcela del campo, y así fluyó la terapia musical de este duodécimo. Aires de serenata, el lirismo que nunca falta, las cadencias -desconozco la autoría -bien encajadas porque los pases van al hueco donde siempre hay la recepción exacta y viceversa, todo el equipo engrasado, disfrutando porque aquí no es necesaria «la épica blanca» sino el disfrute con el toque, escuchándose, vibrando, contagiando energía, vitalidad, todo en una ejecución de Champions, con la plantilla funcionando desde la línea medular –como llaman los periodistas expertos– de la cuerda hasta una madera de lo más mozartiana y unos metales junto a los timbales sin necesidad de «sobar la bola» ni «echar balones fuera», más bien integrándose en esta unidad terapéutica con los ‘amados clarinetes’ desde aquel 1777 en Mannheim, con el Andante para recrearse todos al primer toque, sutiles, compactos, con la posesión justa para mover esta música donde el «mediocampista» lució galones sin necesitar excentricidades.

Y en este espectáculo de los tres conciertos de Mozart tan vieneses, el Concierto para piano nº 21 en do mayor, K. 467 (1785) sin clarinetes pero con el mismo equipo y estructura nos trajo al Perianes en modo Toni Kroos, actual, certero, manejando este bellísimo concierto (que lleva de sobrenombre «Elvira Madigan» por la película que popularizó su segundo movimiento), sin necesidad de partitura, plenamente integrado en su quehacer desde distintos campos y equipos pero con la confianza de jugar en casa, secundado y apoyado, sin miedo escénico ni presión porque el triunfo estaba asegurado y este partido  era para disfrutarlo tanto en el campo como desde la grada. Cibrán un lateral izquierdo que sube la banda, Poggio en el derecho sin dejar pasar nada, más «adelantados» Puchades y Hevia (habitual con la elástica asturiana) en posición de refuerzo central, con una delantera de viento capaz de atacar con sutileza y elegancia, y de sacrificarse «recuperando balones» manteniendo un excelente trabajo de equipo donde Perianes repartió todo el juego que atesora en su cabeza, corazón y dedos. Si el Allegro maestoso hizo gala del calificativo, con perlas al piano, dinámicas de claroscuros y guiños sinfónicos, el famosísimo Andante fue de una hondura capaz de cortar la respiración, abriendo el campo de escucha con una cuerda gustándose mutuamente, y el inmenso Allegro vivace assai atacado sin fisuras, casi diabólico por un feliz alboroto lleno de descaro compositivo e interpretativo, contagioso para toda la selección orquestal, con el Mozart que parecía tener en mente la diversión pianística y los juegos con la orquesta perfectamente dispuesta y capaz de tocar.

El partido se nos hizo corto en el escenario ovetense pero podré recordarlo como otro encuentro de los que hacen afición, con este equipo OSPA de primera al que Mozart siempre le sienta bien, más con los compañeros de este noveno de abono.

El barómetro gallego

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Viernes 3 de mayo, 20:00 horas. Auditorio de Oviedo, Abono X OSPA: Orquesta Sinfónica de Galicia (OSG), Zitong Wang (piano), Antony Hermus (director). Obras de Beethoven y Wagner Henk de Vlieger.

En climatología usamos el barómetro para controlar la presión aunque nos fijamos más en la página metereológica que nos anuncian anticiclones y borrascas, muchas procedentes de nuestra vecina Galicia, y de ella volvía su Sinfónica (OSG) fundada en 1992, casi hermana de nuestra OSPA un año antes y precisamente con Víctor Pablo Pérez en la dirección junto al recordado percusionista Juan Bosco Gutiérrez (fallecido en 2011) de primer gerente en ambas formaciones, volviendo a nuestra su tierra al frente del Archivo de Música de Asturias en 1993 tras pasar ambos por la entonces Orquesta Sinfónica Provincial de Asturias (de 1980 a 1988), germen de la actual.

La OSG devolvía visita y venía con todos sus efectivos para afrontar dos obras totalmente distintas con el holandés Antony Hermus (1973) al frente, responsable del programa que tuvo claros y nubes, momentos de sol junto a verdaderas tormentas que parecen mantener la leyenda de que siempre «chove en Galiza«. La orquesta tiene calidad y plantilla para interpretar cualquier repertorio de los «imprescindibles» como ya pude comprobar hace siete años en Bilbao, y en sus dos anteriores visitas a la capital asturiana en 2022 y 2023, y desde el podio con la expresividad del neerlandés cada una de las secciones respondieron sin problemas a sus indicaciones, aunque el resultado no acompañó.

Para Beethoven la plantilla resultó ideal y la muy galardonada pianista china Zitong Wang (1999) nos dejó un soleado, luminoso, preciso y precioso Concierto para piano y orquesta nº 1 en do mayor, op. 15. Compuesto entre 1795 y 1798, en realidad se trata del primer concierto publicado, siendo el tercer concierto compuesto por el maestro. Así, el número 2 fue compuesto con anterioridad, terminado en marzo de 1795 pero publicado más tarde.

La primera audición conocida de este concierto fue efectuada por el propio Beethoven en Praga en 1798. El piano está acompañado por una orquesta compuesta por flauta, dos oboes, dos clarinetes, dos fagots, dos trompas, dos trompetas, timbales y cuerda, con un estilo que demuestra la asimilación de los compuestos por Mozart y Haydn, aunque con formas armónicas más bruscas que nos muestran la personalidad del compositor de Bonn. Václav Tomásek, otro joven pianista y compositor que escuchó este concierto en la capital checa, escribió: «Admiraba su poderosa y brillante forma de tocar, pero sus frecuentes y atrevidos cambios de una melodía a otra, dejando de lado el desarrollo orgánico y gradual de las ideas, no se me escapaban. Los males de esta naturaleza debilitan frecuentemente sus grandes composiciones, las que surgieron de una concepción demasiado exuberante. El oyente se despierta a menudo bruscamente… Lo singular y original parecía ser su principal objetivo…». Está claro que este «Concierto en Do mayor» fue una obra audaz y desafiante para los músicos acostumbrados a la lógica ordenada que había regido la música durante una generación, con muchos momentos que debieron haber sorprendido a sus contemporáneos y extrañamente caprichosos que siguen pasan desapercibidos para el público moderno. Si se me permite, quiero calificarlo de «Príncipe» porque en él hay muestras de lo que será su quinto «Emperador» y utiliza recursos que encontramos en sus sonatas para piano. La interpretación de la virtuosa china así lo entendió, de sonido claro, limpio, preciso, con una orquesta bien concertada desde el podio, sinfónica verdaderamente y jugando con todas las dinámicas tan del gusto del «sordo genial»: arpegios ascendentes y descendentes, escalas cromáticas, trinos preciosos, unas cadenzas que el propio Beethoven escribía (hasta cinco para este «primero») a diferencia de sus predecesores, y que son casi movimientos sonatísticos dentro del concierto. A destacar la expresividad de Hermus, la entrega de la orquesta escuchando a la solista y encajando perfectamente todos los finales de frase, así como la intervención del clarinete solista Juan Antonio Ferrer Cerveró, casi tan aplaudido como la pianista, tras ese «pegadizo» rondó final vertiginoso y con aire festivo (Allegro scherzando), antes de la borrascas que se avecinaba para la segunda parte.

Tras el «vendaval» beethoveniano, un claro en esta tarde del primer viernes de mayo, Schumann y el número 14 «Zart und singend» de los Davidsbündlertänze, op. 6 donde la pianista china volvió a demostrar no ya su sonido limpio y delicadeza, también una musicalidad que despuntó en el Largo anterior.

De los arreglos, adaptaciones y homenajes a las grandes obras de la historia de la música habría para  un tratado específico. Wagner es probablemente uno de los que nuestras bandas de música más difundieron ya en su tiempo, pues la rotundidad orquestal con la que escribe es perfecta para ese tipo de agrupaciones de viento y percusión. En el repertorio actual de banda, precisamente un holandés como Johan de Meij () es habitual en nuestros días por lo espectacular de su música original o arreglada, y de un paisano suyo, Henk de Vlieger (1953), el director Antony Hermus programó este «Tributo orquestal» a Los Maestros Cantores (2005) de Wagner, que pareció un tornado seguido de esas borrascas que sueltan agua a «calderaos» como decimos en Asturias. Casi una hora de música en once escenas sin pausa y todo un muestrario de la calidad de la OSG para una orquestación digna del alemán (flautín, 2 flautas, 2 oboes, 2 clarinetes, 2 fagotes, 4 trompas, 3 trompetas, 3 trombones con bajo, tuba, timbales, percusión -4 intérpretes-, arpa y cuerda) donde de esa joya wagneriana el tema del preludio es recurrente y efectista, incluso con trompeta solista en uno de los palcos y una trompa fuera del escenario, pero parecía que la tormenta se comería a «El holandés errante» por mucho que el capitán Hermus quisiera llevar el timón con mano firme, en esta obra usando la batuta cual florete sin sangre. Destacar el excelente papel tanto de la madera como de todo el metal, con un quinteto de trompas comandado por Marta Isabella Montes Sanz que sonó wagnerianamente bien.

A falta de notas al programa, del «triturador wagneriano» percusionista y arreglista holandés Henk de Vlieger en su página se cuenta entre otras cosas sobre Die Meistersinger von Nürnberg que ocupa entre los dramas musicales wagnerianos un lugar especial por ser su única ópera “cómica” y el tema no basado en un mito o saga, como los personajes o la trama. Aquí vuelve a un lenguaje predominantemente diatónico y sus momentos más importantes están ambientados simplemente en la tonalidad de do mayor, con otro elemento musical sorprendente como es el brillante contrapunto, la combinación armoniosa de dos o más líneas melódicas aunque la orquestación sea relativamente «pequeña» en comparación con sus otras óperas. Cual sinfonía clásica, Wagner introduce temas y motivos que desarrolla y organiza en estructuras ordenadas, lo hacen muy adecuada su música para conciertos sinfónicos. «Henk de Vlieger ha realizado tres compilaciones sinfónicas de la obra de Wagner en los años 1990: El Anillo, una aventura orquestal, Parsifal, una búsqueda orquestal, y Tristán e Isolda, una pasión orquestal. Para ello, seleccionó los fragmentos más importantes de estas óperas y los colocó en un nuevo contexto sinfónico. Las partes vocales fueron omitidas o (cuando fue necesario) reemplazadas por instrumentos. Para dar a las obras un argumento musical continuo, creó nuevas conexiones entre estos fragmentos, preservando naturalmente los rasgos estilísticos de Wagner. En 2005 añadió este cuarto arreglo: Meistersinger, un tributo orquestal, once fragmentos que forman una suite orquestal de la ópera y fluyen entre sí sin interrupción. Gracias a la coherencia temática, el desarrollo de motivos y la recurrencia de melodías, este arreglo bien podría considerarse como un gran poema sinfónico o incluso como una sinfonía.
Meistersinger, un tributo orquestal, tuvo su primera presentación en Moscú el 29 de septiembre de 2006, dirigida por Eri Klas. El arreglo está dedicado al maestro Edo de Waart»
.

Personalmente resultó lo que los jóvenes llamarían un «truño«, desnudar la obra de arte total wagneriana  (Gesamtkunstwerk) para dejarla solo en lo instrumental hace por momentos pesado este tributo. Para la orquesta es todo un reto y los gallegos cumplieron como jabatos, pero no creo que el maestro Hermus, con ser un buen director, haya acertado en esta elección cuando la materia prima es de calidad, como estropear al cocinar el plato pese a contar con los mejores ingredientes. Puedo entender que quiera promocionar la música de su compatriota, pero este trituro orquestal resultó de climatología borrascosa más que anticiclónica, el frío que viene del norte europeo aunque gallegos junto con asturianos estemos acostumbrados a los aires del Cantábrico o las bajas presiones de las Azores. Este Wagner-Vlieger fue digno de dar nombre, como ahora es habitual, a una DANA con sólo algunos claros en la danza casi «gallega» de ambiente medieval (el número VIII) o el siempre impactante preludio de estos cantores que aparece a lo largo de este desarreglo tormentoso que al menos nos dejó el viaje sinfónico despejado, aunque fuera siguiera «orbayando»…

PROGRAMA

Ludwig Van Beethoven (1770-1827):
Concierto para piano y orquesta nº 1 en domayor, op.15.

I. Allegro con brio – II. Largo – III. Rondo. Allegro scherzando.

Richard Wagner (1813-1883) / Henk De Vlieger (1953): Die Meistersinger (an Orchestral Tribute):

I. Vorspiel I. Sehr mäßsig bewegt

II. Versammlung der Meistersinger

III. Gesang der Lehrbuben

IV. Sachsens Monolog

V. Vorspiel III. Etwas gedehnt

VI. Taufspruch

VII. Zöge der Zönfte

VIII. Tanz der Lehrbuben

IX. Aufzug der Meistersinger

X. Walthers Preislied

XI. Schlußgesang

Música para cre(c)er

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Domingo 28 de abrill, 19:00 horas. 25 años de «Los Conciertos del Auditorio», Oviedo: Dinara Alieva (soprano), Ekaterina Semenchuk (mezzo), René Barbera (tenor), Maharram Huseynov (bajo), El León de Oro (LDO), Joven Coro de Andalucía (JCA), Marco A. García de Paz (director de los coros), Oviedo Filarmonía, Lucas Macías (director). Verdi: Messa da Requiem.

Domingo de «misa de siete» en el Auditorio nada menos que con el Requiem de Verdi, con la «liturgia» del que el Padre Sopeña en su libro «El «Requiem» de la música romántica» califica como «terriblemente sombrío, terriblemente pesimista y demasiado autentico, demasiado campesino para buscar la «religiosidad» poética como «consuelo»» por lo que no podemos ni debemos llamar ateo a Don Giuseppe, dejémoslo en agnóstico con esta obra de reflexión y homenaje vital del compositor de Busseto y creo que la más exigente misa de difuntos por el gran despliegue que necesita, otra cita obligada en este ciclo que llega a sus bodas de plata precisamente en el templo de los melómanos asturianos y visitantes.

Con esta magna y magnífica obra verdiana que cumple 150 años y tantas referencias operísticas esconde, es difícil encontrar un conjunto homogéneo de cuatro solistas operísticos, un coro cercano a las 90 voces y una orquesta que la interprete con la calidad exigida, y este último domingo de abril se conjugaron los astros para disfrutar de esta música para creer y para crecer.

Quiero comenzar por una Oviedo Filarmonía que es de lo más versátil en cuanto a los repertorios afrontados en estos 25 años, forjándose principalmente en el foso, lo que la hizo idónea para este Verdi, pero que sobre la escena está dejándonos conciertos para comprobar cómo ha ido mejorando, creciendo y alcanzando su momento álgido en este tiempo, comandada por el maestro Andrei Mijlin, con unos principales en todas las secciones, que además cuando son reforzadas como para este Requiem dominical, consiguen una sonoridad sinfónica compacta. Evidentemente tiene mucho que ver el actual titular, un Lucas Macías que ha dado a la formación ovetense no solo confianza y seguridad, también afrontar repertorios que pocas orquestas de su plantilla pueden interpretar. El trabajo del maestro onubense se está notando, con una memoria prodigiosa que puede prescindir del atril y centrarse en todos los detalles de la obra elegida, y así fue de bien con Verdi.

Unir dos coros y que suenen empastados, con el mismo color y gama dinámica, afinación perfecta, entrega y pasión sólo es posible con un mismo director, y es el asturiano Marco García de Paz, fundador del LDO hace casi seis lustros y titular del JOA desde 2019, otro músico que ha ido creciendo y creyendo en el mundo coral, actual director del Coro de RTVE (desde hace cuatro años), respetuoso con todas sus formaciones permitiendo que sus cantantes brillen y sobre todo que disfruten. En una obra tan compleja para un coro de estas dimensiones, el «Coro de Marco» sobresalió desde la primera hasta la última nota, pianísimos impecables, fortísimos claros con los tutti orquestales, dicción diáfana y los momentos a capella que mantuvieron el listón tan alto como si un solo coro con años a sus espaldas se tratase.

Y el cuarteto solista otro acierto por el color de las voces, sus amplios registros en tesituras extremas, su buen gusto, lirismo de primera con una musicalidad en todas sus intervenciones que hicieron creer hasta a los ateos, agnósticos musicales que hoy se juntaron para llenar felizmente el auditorio. Cuántas buenas voces hay por el mundo y las antiguas repúblicas soviéticas siguen siendo una cantera única. De Azerbaiyán llegaron a Oviedo la soprano Dinara Alieva (1980) y el bajo Maharram Huseynov (1995) más la mezzo rusa Ekaterina Semenchuk (1976). Finalmente el tenor Joseph Calleja con una afección de laringe a última hora, fue sustituido feliz y satisfactoriamente por el mexicano-estadounidense René Barbera, cuatro voces verdianas que redondearon un Requiem equilibrado, sentido, emocionante y sobresaliente.

Imposible detallar cada número, pues no hay peros que poner. La partitura de esta Messa Da Requiem como bien señala el doctor Fernando Agüeria Cueva en las notas al programa, es una obra «(….) muy exigente en su interpretación. A través de un extenso lienzo sinfónico-coral, G. Verdi utiliza los textos litúrgicos del Requiem aportándoles gran dramatismo y expresividad en delicados equilibrios sonoros. Requiere de cuatro voces solistas con amplio registro y sonoridad, y de un coro y orquesta de grandes proporciones. Está llena de contrastes que acentúan su dramatismo: contraste en las dinámicas, desde el pianísimo apenas perceptible del inicio hasta el fortísimo aterrador del Dies Irae. Contraste en las texturas armónicas y contrapuntísticas con pasajes al unísono, pasajes de texturas trans- parentes con bellas melodías acompañadas por la orquesta como en el Recordare, Ingemisco y Lacrymosa o pasajes de complejos y exquisitos entramados contrapuntísticos como el Kyrie o el Sanctus. Contraste en la tímbrica con una rica paleta de combinaciones instrumentales en diálogos con solistas y coro o efectos de gran teatralidad como la intervención de las trompetas en el Tuba mirum…», y ese colosal despliegue  fue llevado por momentos al paroxismo de los Dies iræ, «el «grito» más dramático, más largo y mejor acabado de toda la obra de Verdi» (vuelvo a citar a Federico Sopeña) pero también al recogimiento de los cuatro solistas o el propio coro. La orquesta ayudó a ese clima de contrastes con tempi casi extremos que  el maestro Lucas Macías sabe hasta donde llegar, matices inmensos y emocionantes con las cuatro trompetas externas (entre las de «Aida» y «Otello») del Tuba mirum igual de presentes que las otra sobre escena, con unos metales protagonistas y «orgánicos», una madera cantando este Verdi operístico y una cuerda limpia, compacta, de matices para degustar sin perderse una nota en los acordes secos o  las figuraciones cromáticas. El coro jugó con los extremos, impecable en los pianissimi de agudos estratosféricos en las sopranos celestiales, en la línea con la que trabaja García de Paz, unos graves suficientes (aunque nunca lo sean en esta misa), y las cuerdas «intermedias» que completan el equilibrio coral. Tanto el Rex tremendæ como el Sanctus fueron una pequeña muestra del buen hacer del coro.

Por resumir un poco de las voces solistas, comienzo por el tenor René Barbera, poderoso y de timbre ideal, con volumen suficiente para sobrevolar «la masa» que pareció empujarle a un Ingemisco cual Radamés perfecto en musicalidad y buen gusto. El fin un bajo joven pero de los que recuerdan años soviéticos por el color y buena línea de canto, Maharram Huseynov bordó el Mors stupebit y nos deleitó con un Confutatis sentido. Ekaterina Semenchuk fue la mezzo perfecta de registro «amaderado» y potencia cual Azucena trovadoresca interpretando su Libert sciptus cual «Miserere», empastando con sus compañeros a la perfección y demostrando un entendimiento y fraseo conjunto con la soprano que en el Agnus Dei fue para «perdonar todos los pecados del mundo» siendo el más «eclesiástico» de los números por sencillez e invitando casi a contestar al pueblo. Y la soprano Dinara Alieva fue el cuarto sustento de estos solistas difíciles de encontrar para este Verdi del Requiem, de agudos bien proyectados, registros extremos manteniendo un color uniforme incluso en los graves rotundos, empaste por fraseos y color ideales tanto con el coro como entre ellos cuatro, con un Libera me, Domine de ponernos la piel de gallina.

Si el resultado fue tan bueno está claro que se debió al trabajo de Lucas Macías concertando este contingente vocal e instrumental, atento a cada detalle, pidiendo y recibiendo, asegurando, templando, gestos precisos para dar confianza, mimando las voces todo lo que se puede en esta Messa da Requiem porque si la orquesta era un «muro sonoro», las voces pudieron compactarlo e incluso saltarlo cuando así lo exige la partitura. Aires operísticos que el maestro conoce al detalle para este Requiem donde pudo contar con el elenco necesario para «liberarnos» o despojarnos de complejos. Música para creer, música para crecer.

PROGRAMA:

Giuseppe Verdi (1813-1901)

MESSA DA REQUIEM

1. Requiem y Kyrie (solistas y coro)

2. Dies iræ

Dies iræ (coro) – Tuba mirum (coro) – Mors stupebit (bajo) – Liber scriptus (mezzosoprano) – Quid sum miser (soprano, mezzosoprano y tenor) – Rex tremendæ (solistas y coro) – Recordare (soprano y mezzosoprano)  -Ingemisco (tenor) – Confutatis (bajo) – Lacrymosa (solistas y coro)- Pie Jesu (solistas y coro)

3. Offertorio (solistas)

4. Sanctus (doble coro)

5. Agnus Dei (soprano y mezzosoprano)

6. Lux æterna (mezzosoprano, tenor y bajo)

7. Libera me, Domine (soprano y coro)

Bach, «Ya tengo suficiente»

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Jueves 25 de abril, 20:00 horas. Sala de cámara del Auditorio de Oviedo, XI Primavera Barroca: Anacronía, Rita Morais (soprano): La familia Bach. Obras de J. Ch. Bach, C. Ph. E. Bach y J. S. Bach.

Avanza la undécima primavera barroca ovetense, en colaboración con el ciclo «Circuitos» del CNDM, con otro lleno y todo vendido en la sala de cámara para disfrutar de un programa en torno a Bach y sus hijos, contraste entre el Padre Bach desde el barroco y sus enseñanzas a dos de sus hijos en la transición al Clasicismo conocida como «Estilo Galante«.

El ensamble Anacronía formado por seis jóvenes músicos están demostrando que las nuevas generaciones afrontan sin complejos estos repertorios impensables hace poco para formaciones españolas, obteniendo distintos premios en su breve carrera, y siendo Bach la escuela perfecta tanto para su familia, los intérpretes y un público que siguen teniendo al kantor como el mejor ejemplo, de quien Casals decía «Inicialmente estaba Bach… y entonces, todos los otros». Con el permiso de mi tocayo catalán añadiría un slogan tipo «No diga música, diga Bach…«.

Para abrir esta velada familiar el «menos reconocido» de los hijos músicos de Bach, Johann Christian (conocido como ‘el Bach de Londres’) con un cuarteto para flauta donde lucirse además de presentar David Gutiérrez al traverso, con violín, viola, viola de gamba y clave en dos movimientos, recordando que Bach padre también era virtuoso intérprete del violín y la flauta que transmitió a su prole musical. Obra bien escrita y con la plantilla interpretándola de memoria, buena señal de estudio y ensayo, diálogos violín-flauta matizados más un continuo que ya despuntó en este primer cuarteto.

Si las cantatas de Bach son un auténtico «corpus», era lógico que Carl Phillipp Emanuel también compusiera estas formas para voz, en este caso una cantata profana de título Der Frühling (La Primavera) con todo el simbolismo e inspiración del texto en la voz de la soprano portuguesa Rita Morais junto al ensemble sin el traverso. Una voz femenina recordando las voces blancas con las que se trabajaba entonces, buen acompañamiento de Anacronía y color vocal perfecto para esta obra luminosa llena de contrastes, como era obligado en el Sturm und Drang, de volumen suficiente manteniendo uniformidad tímbrica en toda la amplia tesitura de esta «primaveral cantata» donde los trinos los puso un clave siempre acertado en las ornamentaciones y registros elegidos.

No se admiten comparaciones con «Mein Gott», Bach padre de todas las músicas, y de hecho la Cantata BWV 82a titulada Ich habe genug (Ya tengo suficiente) con todo el orgánico, es una joya -aunque sin órgano o contrabajo- pero perfecta para la acústica de esta sala y el ensamble formado en tierras murcianas. De recuerdos «pasionales sanjuaninos» en el dúo de flauta y soprano que presentaría la propia Rita Morais como un hito del Maestro, final de una etapa, de una vida, tres arias con dos recitativos intermedios, el segundo verdaderamente intenso aunque en ambos la soprano mostró una dramatización acorde con el texto, más la alegre y «agradecida» aria final, agilidades y saltos melódicos resueltos sin problemas contando con un acoplado orgánico que ayudó a realzar una voz bella que tomará cuerpo en pocos años y Bach siempre ayuda a prepararla para cualquier repertorio.

Y volveríamos a Carl Philipp Emanuel con un divertimento (en sol mayor, H 642) para la misma formación inicial, presentado por Pablo Albarracín, una fiesta llena de guiños a «papá Bach» (como a la tocata en re menor), aires quasi operísticos, bromas entre el cuarteto con un clave nuevamente acertado y una viola de gamba sustentando un continuo que no defraudó en todo el concierto.

El regalo tenía que ser de Johann Sebastian y la segunda aria (Ricetti gramezza e pavento) de su cantata profana BWV 209 escrita en italiano (Non se che sia dolore) compuesta para soprano y orquesta en la feliz etapa de Weimar, presentado por Marina López que en Oviedo sonó con el ensemble Anacronía al completo y Rita Morais rindiendo cuentas «sin dolor» al padre de todas las músicas. Como siempre digo a mis amistades, en las cronologías debería cambiarse a. de JC y d. de JC por a. de B. (antes de Bach) y d. de B (antes de Bach) o si se prefiere en inglés after & before Bach, y así quedó demostrado en este antepenúltimo concierto de la Primavera Barroca.

PROGRAMA

Johann Christian BACH (1735-1782):

Cuarteto para flauta en do mayor, WB 58:

I. Allegro – II. Rondeau: Grazioso.

Carl Philipp Emanuel BACH (1714-1788):

Der Frühling, H 723 (1770-1772)

Johann Sebastian BACH (1685-1750):

Ich habe genug, BWV 82a (1727, rev. 1731, 1735, 1747):

Aria: «Ich habe genug» – Recitativo: «Ich habe genug» – Aria: «Schlummert ein, ihr matten Augen»  – Recitativo: «Mein Gott! wenn kömmt das schöne: Nun!» – Aria: «Ich freue mich auf meinen Tod»

C. P. E. BACH:

Divertimento en sol mayor, H 642

I. Allegro – II. Andante un poco largo – III. Rondeau in tempo di Minuetto

ANACRONÍA:

David Gutiérrez, TRAVERSO

Pablo Albarracín, VIOLÍN

Sara Balasch Lozano, VIOLÍN

Luis Manuel Vicente, VIOLA

Marc de la Linde, VIOLA DA GAMBA

Marina López, CLAVE

RITA MORAISSOPRANO

Suzuki y la elegancia inglesa

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Miércoles 24 de abril, 20:00 horas. Oviedo, 25 años de «Los Conciertos del Auditorio»: Philharmonia Orchestra, Jean-Guihen Queyras (violonchelo), Masaaki Suzuki (director). Obras de Beethoven, Schumann y Dvorak.

Por Oviedo han pasado y continuarán haciéndolo las mejores orquestas del mundo, y este miércoles volvía al Auditorio la londinense Philharmonia Orchestra bajo la dirección de Masaaki Suzuki (Kob, 1954), sustituyendo al previsto Gardiner (apartado de la dirección tras el incidente con el barítono William Thomas del pasado agosto), pues debía suplirle otro maestro de una trayectoria semejante, y el japonés que ha bebido del «dios Bach», podía afrontar sin problemas un concierto bien asentado y equilibrado por las «tres patas», ordenado a la manera tradicional de obertura, concierto con solista y sinfonía, una excelente orquesta con un chelista potente como el francés Jean-Guihen Queyras (Montreal, 1967) y una leyenda al mando.

Con estos mimbres nada podía salir mal y la «Philharmonia» regresaba tras nueve años a nuestro auditorio con la misma elegancia, sonoridad, orden y unas manos sin batuta capaces de brillar en otro concierto para «La Viena Española», parada obligada en esta gira peninsular (Barcelona, Madrid, Oviedo, Valencia y Alicante).

La Obertura «Egmont», op 84 de Beethoven es la mejor forma de calibrar el estado de una orquesta por plantilla, exigencias técnicas y expresividad, como en 2015 lo fue «Coriolano». Intensidad dramática de sonoridad rotunda y un Masaaki Suzuki aún recuperándose de su brazo izquierdo pero transmitiendo la energía necesaria a la orquesta londinense, marcando acentos rotundos sin excesos, con una cuerda donde a partir de los siete contrabajos colocados a la izquierda, tras los primeros violines, en disposición vienesa que ayuda a degustar cada sección bien balanceada, se puede uno imaginar la «pegada». Sonoridad redonda en unas trompas siempre sobresalientes, y unos timbales mandando sin sobresalir. Excelente interpretación beethoveniana con una formación de sonido elegante, claro, de dinámicas siempre controladas por un Suzuki ejerciendo de Maestro, con mayúsculas y músculo esdrújulo.

El Concierto para violonchelo en la menor, op. 129 de Schumann es exigente para el solista pero necesita concertarse en perfecto entendimiento de lo que sigo llamando «las tres patas», y tanto Queyras como Suzuki (que coincidían por vez primera) supieron llevar los tres movimientos sin pausa, fraseando el francés nacido en Canadá siempre con el respeto en los planos de los londinenses, sacándole a su Gioffredo Cappa (1696) un sonido diáfano, profundo en el grave, delicado en los agudos, siempre presente por el mimo orquestal, bien empastado con los chelos detrás suyo y con tarima para mejorar el sonido, e impecable en todos los requerimientos técnicos de la partitura del compositor alemán (bravo el dúo con el chelo principal), una de las imprescindibles en la literatura para chelo y orquesta.

Un éxito enormemente aplaudido por un público que no falla en estas citas, regalándonos un saludo en castellano y el Preludio de la Suite nº 2, BWV 1008 de Bach, casi tributo al «apóstol Suzuki«, impecable, sentido, fraseado con la madurez de los años donde la técnica se pone al servicio de la música, también homenaje al no siempre recordado Pau Casals, de quien guardo igualmente su concierto de Schumann remasterizado en mi discoteca.

La Sinfonía nº 6 en re mayor, op. 60 (1880) del bohemio Dvořak no es de las más programadas (Brahms le aconsejó que la siguiente la «imaginara como bien diferente a esta») frente a las tres últimas, por lo que siempre es un placer escucharla en vivo, recuperando y entendiendo mejor su corpus sinfónico en este año de la música checa, y más con una gran orquesta como la Philharmonia. Fue la primera publicada por Simrock pero es una obra madura en sus cuatro movimientos donde aparecen los recursos bien estudiados  y conocidos por el checo de Beethoven, Schubert o Brahms sin faltar el componente popular de su tierra, como también en su compatriota Smetana. Obra de amplia sonoridad con un lenguaje sencillo, cercano pero con mucho por explorar. Suzuki sacó a la luz la majestuosidad de esta sexta, el crescendo emocional del Allegro non tanto inicial, un apacible y delicado Adagio, la enérgica y bailarina «Furiant» Presto del Scherzo donde el encaje perfecto de todas las secciones, con la cuerda impecable, asombró por la elegancia sonora y la pulcritud de gestos desde el podio del maestro japonés realzando los cambios de ritmo antes del impresionante Finale. Allegro con spirito verdaderamente jubiloso, contrastante, luminoso y grandioso.

Con el auditorio entregado, nada mejor que seguir con Dvořak para regalarnos su Danza Eslava op. 72 nº 2, «Dumka», otra página para degustar el sonido pulcro y elegante de las orquestas británicas a las que el Brexit no afecta pues siguen teniendo material de calidad exportable, con Suzuki al triángulo y dirigiendo con la varilla. Como alguien comentaba en broma al salir, «la orquesta es tan buena que la dirige el del triángulo», y es que el japonés contagia siempre su energía como en este otro concierto para recordar en Oviedo.

PROGRAMA:

PRIMERA PARTE

Ludwig van Beethoven (1770-1827)

Obertura «Egmont», op. 84

Robert Schumann (1810-1856)

Concierto para violonchelo en la menor, op. 129:

I. Nicht zu schnell – II. Langsam – III. Sehr lebhaft

SEGUNDA PARTE

Antonín Dvořák (1841-1904)

Sinfonía nº 6 en re mayor, op. 60:

I. Allegro non tanto – II. Adagio – III. Scherzo – IV. Finale. Allegro con spirito

La Filarmónica de Viena en «La Viena española»

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Este lunes 22 de abril a las 11:30 horas Don Alfredo Canteli, Alcalde de Oviedo, anunciaba en el Salón de Te del Teatro Campoamor el mejor regalo para celebrar  los 25 años del Auditorio de Oviedo, nada menos que el concierto de la Orquesta Filarmónica de Viena dirigida por Lorenzo Viotti que se celebrará el sábado 22 de junio, corroborando no ya la #capitalidadmusical de Oviedo sino mi calificativo de «La Viena Española» (donde es raro el día donde no haya un concierto, ópera o zarzuela), completando una gira que arranca en la capital del Principado de Asturias para seguir en Granada al día siguiente y finalizarla en Sevilla el día de San Juan, las tres únicas paradas de la emblemática orquesta con sede en el Musikwerein y considerada entre las mejores del mundo, que pone nuevamente a Oviedo en el mapa del paraíso melómano.

Nuestra clariniana Vetusta puede presumir de estar en los circuitos de las orquestas y directores de mayor renombre, así como de solistas tanto vocales como instrumentales, y con los «Wienner» se cerrará un círculo que comenzó en 1944 con la Filarmónica de Berlín dirigida por Knappertsbusch inaugurando en la calle Mendizábal el Teatro Filarmónica, sede de la Sociedad Filarmónica Ovetense, que continúa ofertando música a la capital asturiana, proseguiría en 2001 con a Filarmónica de Nueva York con el siempre recordado Kurt Masur, inolvidable, y en estas Bodas de Plata del auditorio diseñado por Rafael Beca, la tercera leyenda como es la Orquesta Filarmónica de Viena.

El mejor  regalo para Oviedo este concierto extraordinario que a buen seguro traerá a la actual «Capital Española de la Gastronomía» aficionados de toda España, bien comunicados por ferrocarril y avión generando un impulso económico siempre con la música como uno de los motores culturales de la capital del Principado.

El alcalde de Oviedo anunció contactos con la Embajada de Austria para ampliar el horizonte cultural y turístico, así como la participación de distintos patrocinadores (como TotalEnergies entre otros, con su presidente en España presente) apostando por la colaboración pública y privada para un evento de esta envergadura en un concierto donde sonarán obras tan conocidas como el Capricho Español de Nikolái Rimski-Kórsakov, la Sinfonía nº 7 en re menor op. 70 de Antonín Dvorák y el poema sinfónico La isla de los muertos de Rachmaninov.

Las entradas se pondrán a la venta el día 27 al precio de 112€ para la butaca de patio y 103€ en anfiteatro, completando un mes de junio que el dossier de prensa ha titulado como «El mes de la música».

Oviedo sigue en los mapas sinfónicos

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Lunes 15 de abril, 20:00 horas. Auditorio Príncipe Felipe de Oviedo, 25 años «Los Conciertos del Auditorio»: María Dueñas (violín), Die Deutsche Kammerphilharmonie Bremen,
Paavo Järvi (director). Obras de Schubert y Bruch.

Oviedo es parada obligada en las giras dentro de los circuitos musicales español y europeo, por lo que no debe extrañar que una orquesta como la de Bremen, bautizada como Dream Team por su director artístico el estonio Paavo Järvi (otra figura de la batuta), recalase en la capital asturiana para iniciar este «tour», a la que seguiré llamando «La Viena española» por su oferta musical. Y mayor alegría el regreso de la joven granadina María Dueñas Fernández (4 de diciembre de 2002) que con la OSPA ya me sorprendiese hace tres años con Sibelius en lo que sería el despegue de una fulgurante y exitosa carrera mundial. Un placer haber escrito sobre aquel concierto y presumir de «adivinar» el gran futuro que tenía por delante. Y en estos tiempos de «influencers» está claro ante el lleno en el auditorio con abundante presencia de gente joven, que la granadina es todo un fenómeno, vendiendo discos y firmándolos al descanso (aunque yo no me moví de la butaca, para evitar el incordio de levantar toda la fila a la vuelta).

De la Deutsche Kammerphiharmonie de Bremen con la que Paavo Järvi cumple 20 años siendo la única orquesta alemana que dirige en la actualidad, está afrontando todas las sinfonías de Schubert desde 2018 y ahora retoman el proyecto, por lo que estaba claro que las dos primeras iban a ser «especiales» este lunes. Estas sinfonías schubertianas serían con el tiempo muy elogiadas por Antonin Dvorak, que apreciaba la influencia de Haydn y Mozart en ellas, pero también la habilidad individual del joven compositor, que al escribir la segunda sinfonía contaba solamente 17 ó 18 años, lo que muestra un extraordinario y precoz talento. De las siete sinfonías firmadas entre 1813 y 1826 (con tres inacabadas aunque la «famosa» sea la octava), la primera que abría el concierto parece que fue compuesta en el otoño de 1813 y estrenada por la orquesta de su escuela el 28 de octubre, dedicada al director en la fiesta de su cumpleaños. El propio Schubert dirigió la orquesta recibiendo grandes felicitaciones de sus compañeros y maestros en una de las pocas alegrías de su vida. La Kammerphilharmonie de Bremen con una plantilla perfecta y equilibrada tanto en la cuerda, como en los vientos, utilizando trompetas naturales que logran una tímbrica especial, nos interpretaron esta primera de Schubert luminosa en sus cuatro movimientos, Järvi con su habitual  y certero estilo, claro, económico en los medios, marcando lo preciso y con unos tempi y dinámicas de quitar el aire, dejándonos una sinfonía clásica en forma, conocedora del «trío referente» (Haydn, Mozart y Beethoven) respetando todo lo escrito por un romántico hasta en su vida, suerte y muerte, destacando el tercer movimiento (Menuetto. Allegretto – Trio) por la tímbrica y cambios de ritmo que demostraron no solo la calidad de esta orquesta que se nota totalmente entregada al maestro, también la de unos primeros atriles bien compenetrados y donde las trompas siempre aterciopeladas ayudaron a la sonoridad perfecta.

De la segunda sinfonía, considerada como la más alegre de todas, con la misma plantilla que la primera (con una flauta más), aún mantiene la estructura academicista por no llamarla clásica, pero ya con rasgos propios de Schubert experimentando con aires, modulaciones o combinaciones instrumentales, exprimiendo el lirismo caracerístico y con el minueto del tercer movimiento al estilo de la Séptima de su admirado Beethoven (al que llevó a hombros en su funeral), el último clásico y primer romántico, sin olvidarnos de Mendelssohn. El conjunto de esta segunda de Schubert transmite optimismo y energía que parece reflejar una etapa ilusionante (fue compuesta entre el 10 de diciembre de 1814 y el 24 de marzo de 1815, como dejó escrito en el manuscrito), y cuya primera representación pública de que se tiene constancia tuvo lugar en Londres medio siglo después de fallecer su autor, gracias al musicólogo inglés Sir George Grove (1820-1900), apasionado de Schubert que redescubrió en Viena Rosamunda y algunas sinfonías caídas en olvido. La Kammerphilharmonie de Bremen está con Paavo Järvi en el mismo camino de rescatarlas y si la primera fue maravillosa, la segunda de Oviedo resultó impactante, tanto en el primer movimiento que arranca lento antes de atacar con precisión germana el allegro vivace , aplaudido al finalizar por la tensión y emoción acumulada, o el tercero repitiendo el esquema de la primera pero plenamente un scherzo, pero especialmente el último movimiento, Presto, que impulsa y anima a todos para poder disfrutar de una cuerda en estado de gracia, limpia, ligera, de amplísimos matices, secundada por un viento con el que competía en buen gusto, todo un placer comprobar cómo se contestaban ante el gesto mínimo del maestro estonio y la dinámica que pasaba del delicado sonido camerístico a unos poderosos fuertes sinfónicos con pasmosa facilidad y el maestro Järvi cómodo con su orquesta alemana.

Estas dos maravillas de la «Celebración Schubert» fueron las que escoltaron el popular y famoso Concierto para violín y orquesta de Max Bruch, con una María Dueñas espectacular que lo tiene plenamente interiorizado, demostrando una madurez que cerrando los ojos parece interpretada por una virtuosa de amplia carrera. Desde la primera entrada con la cuarta cuerda al aire (sol grave), el sonido del Gagliano fue contundente, siempre mimado por un Järvi al servicio de la solista. Cuánto deben aprender otros «palitos» sobre el respeto en las dinámicas, y el director estonio solamente pedía más volumen en las partes sin la violinista, con una concertación modélica. La granadina sigue logrando un sonido limpio que vuela por encima de la orquesta, pero con un arco que parece flotar sobre las cuerdas en este exigente y virtuoso concierto que tanto gusta a los violinistas y al público, que como mucho recuerda del precoz Bruch su Fantasía Escocesa. Dueñas con la camerística orquesta de Bremen explotó todos los recursos y elementos románticos en este concierto casi fantasía, sin pausas, lucimiento no solo técnico sino expresivo, maduro, con un poso que Paavo Järvi aún subrayó más al frente de su orquesta, impresionando los pianissimi que lograron silencios profundos en el repleto auditorio.

La primera propina de la joven estrella granadina también fue impresionante en un arreglo para violín y cuerda de la hermosa Après un rêve de Fauré, desconozco la autoría que mejora su propia versión con piano, pero tras la primera de Schubert y viendo la calidad de la cuerda de Bremen con Paavo Järvi concertando cada detalle, la expresividad del violín y cómo jugó con las octavas en el tema, primero en unos graves rotundos para levantar el vuelo en los agudos, fue de una delicadeza conmovedora.

Aplausos y varias salidas entre el jolgorio juvenil para dejarnos otra propina sola, de la escuela de Ysaÿè pero escrita por ella, Homage 1770 en su faceta de compositora tras mucho estudio y conocimiento del instrumento, al que verdaderamente hace cantar con el ‘pellizco’ de su tierra adaptado al gran repertorio de siempre, aunque también esté apostando por gente olvidada hasta para mi generación (como el caso del catalán Jordi Cervelló). Recomiendo su Canal de YouTube©, uno de los contactos actuales de una juventud que camina por nuevos derroteros alejados de los de hace años.

Y no quiero olvidarme de la propina final de la Deutsche Kammerphilharmonie Bremen, algo que las orquestas nacionales no suelen dar aunque se sobrepase la «hora mágica» de las 22:00 horas (hay siempre  quienes salen lanzados cual resorte programado) como fue este caso: el Vals triste de Sibelius es una de las obras preferidas de Paavo Järvi con todas sus orquestas, pero está claro que esta alemana tiene un plus para él, llevándola de nuevo a matices extremos y jugando con el compás ternario como sólo los grandes del podio saben y aguantando los brazos para saborear hasta la última nota. Complicidad y música mayúscula para el mejor cierre de este concierto, uno de los más esperados en las bodas de plata del auditorio ovetense, hoy con el aforo completo ¡por algo sería!.

PROGRAMA

PRIMERA PARTE

Franz Schubert (1797-1828):

Sinfonía nº 1 en re mayor, D. 82

I. Adagio — Allegro vivace; II. Andante; III. Menuetto. Allegretto – Trio; IV. Allegro vivace

Max Bruch (1838-1920):

Concierto para violín y orquesta nº 1 en sol menor, op. 26

I. Prelude: Allegro moderato; II. Adagio; III. Finale. Allegro energico

SEGUNDA PARTE

Franz Schubert:

Sinfonía nº 2 en si bemol mayor, D.125

I. Largo — Allegro vivace; II. Andante; III. Menuetto. Allegro vivace – Trio; IV. Presto

Plantilla:

Coloreando sonidos sinfónicos

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Viernes 5 de abril, 20:00 horas. Auditorio de Oviedo, Abono VII Coll dirige CollOSPAFrancisco Coll (director). Obras de Coll, Schubert-Berio y Mussorgsky-Ravel.

Séptimo de abono con encuentro previo a las 19:15 en la Sala de Cámara, esta vez con el maestro Francisco Coll (Valencia, 1985) en su doble faceta de compositor y director (desde 2019), y esta temporada colaborador artístico de la OSPA, muy interesante explicándonos su obra o cómo la afronta sin ser un poema sinfónico pues cual sinestesia parte de imágenes que a menudo pinta tras finalizarla y normalmente no retoca con el tiempo pues el momento es único. Curioso cómo toda música es una banda sonora que tenemos todos al escucharla, y aunque Lilith parte del personaje legendario -cuya personalidad entre demoníaca y seductora dio origen al mito de la mujer fatal-  que marcó la juventud del músico valenciano, hoy afincado en Lucerna, también hay elementos de misterio, bosques mágicos y tenebrosos (cerca de su ciudad), nieblas y densidad, aquí sonoro, también con paralelismos pictóricos en busca de texturas además de colores. La partitura tomada como instrucciones para armar los muebles de la famosa multinacional sueca que cada director monta con los elementos sinfónicos, y que en el caso de sus obras tampoco son iguales de un día para otro precisamente porque la vida es un fluir distinto cada día.

Con un programa muy pictórico, su Lilith (estrenada en mayo de 2022 con la Orquesta de Valencia) abría el concierto con una OSPA que daba gusto ver su plantilla de hoy (de nuevo comandada por Aitor Hevia), al fin con unos graves poderosos (calculen a partir de los 6 contrabajos), unos metales que brillaron todo el concierto, percusión abundante que no puede faltar para las texturas y tímbricas de nuestros días, más dos pianos, uno de ellos afinado un cuarto de tono bajo al que el oido no está acostumbrado y da a la obra esa sensación de incomodidad. Obra trabajada por capas como si de un lienzo sinfónico se tratase, alcanzando como una tridimensionalidad sonora que pintó con sus manos sacando de todas las secciones de la formación asturiana el color y ambiente imaginado para armar este «mueble orquestal» sin perder ni olvidar ninguna pieza en su discurrir. En palabras de Jesús Castañer “una de las composiciones más provocadoras, enigmáticas y cargadas de simbolismo que ha escrito hasta la fecha”, y con muchos paralelismos expresivos con su Aqva cinerea que disfruté en el Festival de Granada del pasado verano junto a Richard Strauss para quien su Vida de héroe también está en la raíz de esta Lilith valenciano-suiza.

Cercana en el tiempo y con una orquestación menor pero igualmente sugerente es Rendering de Luciano Berio a partir de los bocetos a disposición de los estudiosos desde 1978 de la incompleta décima sinfonía de Schubert, más restauración del italiano que reconstrucción ni terminación del austríaco. Interesante escritura donde se nota el espíritu del compositor vienés pero aderezado con armonías y tímbricas del siglo pasado que el compositor italiano organiza en tres movimientos (Allegro, Andante y Scherzo) donde el papel de la celesta le imprime una tímbrica muy personal (disfrutando como en la segunda parte de la aragonesa Clara Gil que también estuvo al piano principal en Lilith). La sonoridad clásica es ya seña de identidad de la OSPA, lo que se notó en la calidad de una cuerda homogénea, una madera empastada y los metales con la sonoridad que yo llamo orgánica por el instrumento rey. Colorido clásico con pinceladas propias en una de las muchas «meninas» a partir de las de Velázquez, como también nos dio a entender el maestro Coll en el encuentro, y esta vez con batuta (olvidada pero recuperada) cual pincel para destacar mejor las aportaciones quasi picassianas de Berio.

Y en un programa tan pictórico no podían faltar los Cuadros de una exposición de Mussorgsky en la maravillosa orquestación de Ravel, que como las visiones de una misma obra, la original para piano del ruso son maravillosos grabados a los que el vasco-francés eleva a categoría de lienzos descomunales. La instrumentación toda de todo el color que en mis años jóvenes intentó actualizar Isao Tomita con sintetizadores, y que para toda orquesta es un examen donde todas las secciones y primeros atriles deben darlo todo. Coll de nuevo sin «pincel» pudo ir llenando con gesto claro cada paseo y cuadro de Hartmann con nuestras propias imágenes, sin prisas, saboreando cada número, matizando al detalle alcanzando unas dinámicas extremas y perceptibles sin toses ni teléfonos. Enorme trabajo de todos los solistas, toda la madera en digna pugna por la excelencia en cada principal, impecables y afinadísimos los metales (bravo por el trabajo de Maarten y el trío de trombones más la tuba (hoy especialmente el doblete con el eufonio en «Bydlo» de Christian), presente y seguro el saxo del ponferradino David Delgado en «El viejo castillo«, más la percusión que empuja y realza ese final apoteósico en la puerta de la Kiev hoy ucraniana y acosada. Por supuesto una cuerda poderosa, empastada, matizada, precisa y clara, sonando en equipo para escucharse todos y poder completar esta partitura que el valenciano coloreó con la luz de su tierra y el conocimiento orquestal que desde su aún breve carrera directorial estas experiencias ayudan no solo a comprender sus propias partituras sino las de obras que le gustan, transmitiendo ese amor a la orquesta y un público de nuevo no muy numeroso (y con otro evento de Danza en el Campoamor) que salió feliz del auditorio.

Si hubiera sido increíble haber visto y escuchado a Beethoven dirigir alguna de sus sinfonías, a Bernstein uno de sus musicales o al propio Berio con sus creaciones, está claro que fue un placer haber disfrutado de Coll dirigiendo a Coll y sus compañeros de galería sonora.

PROGRAMA

Francisco Coll (1985):

Lilith (2022).

F. Schubert / L. Berio (1925):

Rendering (1989-1990).

M. Mussorgsky / M. Ravel
(1875-1937):

Cuadros de una exposición (original 1874 / orquestada 1922):

Introducción: Promenade

I. El gnomo

II. El viejo castillo

III. Tullerías

IV. Bydlo

V. Baile de los polluelos en sus cascarones

VI. Samuel Goldenberg y Schmuÿle

VII. Limoges

VIII. Catacumbas

IX. La cabaña sobre patas de gallina:
Baba-Yaga

X. La gran puerta de Kiev

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