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Un arranque luminoso de la temporada

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Viernes 11 de octubre, 20:00 horas. Auditorio de Oviedo, Mahler eterno, Abono I OSPA, Roman Simovic (violín), Pablo Ferrández (cello), Nuno Coelho (director). Obras de Brahms y Mahler.

Este viernes otoñal arrancaba la 34ª temporada de abono de la OSPA y tercera del titular Nuno Coelho (Oporto, 1989) aunque todavía sin cubrir la plaza de concertino que volvía a tener de invitado a Aitor Hevia, más un programa con más conocidos desde hace años en la capital asturiana: el  concertino de la LSO Roman Simovic (1981), colaborador artístico esta temporada, y el chelista madrileño Pablo Ferrández (1991) que junto al director portugués mantuvieron un encuentro previo a las 19:15 en la sala de cámara, donde nos hablaron de lo que supuso el premio del concurso Tchaikovsky, del concierto doble de Brahms que interpretaría posteriormente y muchos le recordamos junto a Anne-Sophie Mutter (grabado para Sony©), el más difícil para él como es el triple de Beethoven, o sus incursiones en el género camerístico (esperando disfrutarle con su hermana Sara), especialmente con Janine Jansons que disfruta siempre, ensayando tres días intensamente antes de cada concierto, buen síntoma de amor y entrega por la música. Finalmente el maestro luso nos recordaría el inicio del Ciclo de Cámara, un concierto mensual que comienza este domingo a las 12:30 precisamente con el Octeto de Schubert donde también estará Simovic junto a siete músicos de la sinfónica asturiana.

Al fin un auditorio casi lleno, con colas para sacar las entradas que retrasaron casi un cuarto de hora el inicio del concierto, y una breve introducción del titular dando la bienvenida a una ilusionante temporada que se ha titulado como «Música para el paraíso», y con dos compositores para testear el buen estado de la OSPA junto al maestro portuense que ya conoce al detalle su orquesta, trabajando duro y comprobando la calidad de esta formación que está en su momento dulce, madura y entregada en unos tiempos no siempre buenos para la sinfónica pero que con su música nos vuelven a hacer olvidar y disfrutar.

Para la primera parte nada menos que el Doble concierto para violín y violonchelo en la menor, op. 102 (1887) de Brahms (1833-1897), su despedida de la música sinfónica que tiene todo el dominio orquestal y el buen gusto camerístico con dos solistas que se entendieron a la perfección y una buena concertación desde el podio. La entrada de Ferrández con su Stradivarius Archinto (1689) en el Allegro inicial llenó de poderío la sala principal, el Ex Nachez (1709) de Simovic no se quedó a la zaga, y la sonoridad orquestal mantuvo en su sitio tanto los planos sonoros como los tempi siempre ajustados por el director portugués. La joya del Andante sonó cual lied, las tres notas (la, re, mi) que van tejiendo y creciendo ese ambiente lírico con dúos solistas encajados y el «arrullo» sinfónico antes del Vivace non troppo más reposado de lo indicado pero igualmente brillante a cargo de todos, con un éxito que obligó a saludar hasta cinco veces pero sin propinas dada la extensión del concierto. Si el chelista madrileño tiene más que asimilado este «Doble de Brahms«, el montenegrino afincado en Londres contagia alegría y buen gusto, empuja a todos y hasta el «duelo de arcos» resultó de una elegancia extrema. Coelho sacó de todas las secciones el colorido ideal así como un sonido consistente, bien empastado y casi el mejor «calentamiento» para la Quinta de Mahler.

Ramón Avello en las notas al programa define la Sinfonía nº 5 en do sostenido menor (1901-1903) de Mahler (1860-1911) como «Síntesis de lo trágico y lo jubiloso: viaje de la oscuridad a la luz o autobiografia a través de la polifónica», música absoluta para esta págiba que como siempre digo «no hay quinta mala», con una plantilla bien reforzada para la ocasión y sin fisuras en ninguna sección. Una sinfonía que marcará el comienzo de una nueva fase creativa con tres partes y cinco movimientos:

  • Trauermarsch. In gemessenem Schritt. Streng. Wie ein Kondukt.
  • Stürmisch bewegt. Mit grösster Vehemenz.
  • Scherzo. Kräftig, Nicht zu schnell.
  • Adagietto. Sehr langsam- Attaca.
  • Rondo-Finale. Allegro-Allegro giocoso. Frisch.

Si los tres primeros suponen la expresión de dolor, los dos últimos alcanzarán la luz vital tras un viaje que comienza en la oscuridad interior. Desde la marcha fúnebre inicial, con un un impecable solo de Maarten van Weverwijk, el maestro Coelho optó por pintar cual Klimt cada color, sacando brillo a los dorados o jugando con una amplia gama de ocres, vientos llenos de matices y una cuerda delineando cada motivo, manteniendo una pulsación pausada para paladear una música intensa. Lo tormentoso del segundo movimiento estuvo lleno de contrastes emocionales y dinámicos, una cuerda tersa, limpia y acoplada, metales redondos y rotundos, maderas cristalinas, percusión ajustada y sobre todo una musicalidad bien entendida y marcada por el director, jugando con el rubato justo y una amplia gama de matices. La alegría del scherzo con aires de vals y «laendler» vienés nos traería el magnífico solo de Javier Molina en un sexteto de trompas que cuajó uno de los mejores sonidos que recuerdo, sumando todo el metal, una cuerda donde una tarima para los contrabajos hubiese reforzado los graves, pero homogéneas todas las secciones, al fin un pizzicato presente y encajado, y con una compenetración con la batuta muy destacable. El «cinematográfico Adagietto» volvió a enamorar como Alma a Gustav, una cuerda sedosa con el arpa de Mirian del Río, manteniendo un tempo giusto que nunca decayó pese a lo melancólico, y ese final luminoso y alegre del Rondó, con ese tutti sinfónico que avanza cual montaña rusa, dejándonos una fuga algo embarullada pero que transmitió la alegría de vivir cerrando este viaje sentimental y musical, una primera y esperanzadora etapa ya con ganas del abono segundo («Arquitectura hecha música») tras la Arabella operística, allá para el 29 de noviembre donde sonará otra Quinta, la de Bruckner en su bicentenario.

Ilusionante temporada

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Este jueves 26 de septiembre a las 12:30 horas se presentaba en el Salón de Te del Teatro Campoamor (al estar aún en obras el Auditorio de Oviedo), la Temporada 2024-25 de los Conciertos del Auditorio y Jornadas de Piano «Luis G. Iberni», una vez pasadas celebraciones como las Bodas de Plata y aún con buenos recuerdos de aniversarios pero mirando siempre al futuro para una temporada que se ha titulado como «de la ilusión» en las palabras de David Álvarez, concejal de Cultura del Ayuntamiento de Oviedo y presidente de la Fundación Municipal de Cultura -FMC-) que abría la rueda de prensa.

Tras la proyección de un vídeo con un programa que comentaré más adelante, el presidente de la FMC subrayaría de la temporada que “es como un viaje sonoro que invita a cada uno de nosotros a explorar la riqueza y diversidad de la música clásica, un arte que trasciende el tiempo y el espacio». Después tomarían la palabra Juan García-Ovies (responsable de la Fundación EDP en Asturias), Francisco García Alonso (subdirector del diario La Nueva España), los apoyos siempre necesarios de patrocinadores y colaboradores.

Proseguiría Pilar Rubiera (presidenta de la Fundación Musical Ciudad de Oviedo)  que destacaría las citas sinfónicas donde habrá dos estrenos a cargo de Oviedo Filarmonía (OFil) o la presencia de las mujeres tanto en el atril como desde el podio, o los centenarios de Puccini o Bruckner, que finalizaría su intervención con las palabras de Cecilia Bartoli: «La música no cambia el mundo y desgraciadamente no para guerras  pero es una forma de soñar juntos y de ir a otra dimensión aunque sea por un breve espacio de tiempo”.

Foto: desimonvanboxtel

David Álvarez destacaría algunas figuras como la violinista Janine Jansen con el afamado y aclamado Klaus Mäkelä dirigiendo la Real Orquesta del Concertgebouw de Ámsterdam (de las pocas que quedaban por visitar Oviedo), la presencia de la OFil como pilar de los conciertos así como el apoyo que siempre se ha tenido a artistas asturianos de talla internacional. Avanzó la novedad para esta temporada de un programa pedagógico pendiente de cerrar y que se clausurará con un gran musical, reivindicando como ya es casi obligada la etiqueta («hastag») para Oviedo de #capitalidadmusical, con el agradecimiento a todo el equipo de la FMC pasando ya el micrófono a Cosme Marina, director artístico de la Fundación Musical Ciudad de Oviedo y sin olvidarse de Cristóbal Sánchez quien realizó el diseño gráfico de esta temporada.

Foto ©decca by marco_borggreve

Entrando en materia, Cosme Marina hablaría de una temporada “muy diversa, no es un ciclo de piano, no es un ciclo estrictamente de orquestas sinfónicas, no es un ciclo de ópera, pero tiene todo eso y, precisamente, desde su origen tiene ese espíritu de diversidad, de buscar la música desde todos los recovecos y, sobre todo, una ambición de que en Oviedo y en Asturias podamos tener a los grandes músicos de nuestro tiempo a las grandes formaciones sinfónicas. No es tan fácil, porque la competencia no es con las ciudades de nuestro alrededor, al final los grandes artistas y las grandes formaciones se mueven a nivel mundial”. Por tanto un ciclo variado, una de las señas de identidad buscando para tener en Oviedo lo mejor del panorama nacional e internacional, siempre complicado pero fruto de una labor de años y el apoyo del Ayuntamiento de Oviedo. Si la anterior temporada de los 25 años se rondaron los 30 mil espectadores, a los que sumar el resto de oferta ovetense pública y privada (Ópera, Filarmónica de Oviedo, Zarzuela, Festival de Danza, Primavera Barroca, conservatorios, etc.),  logran una personalidad de la capital asturiana marcada por el nexo musical: «Todo esto convierte a Oviedo en la ciudad de España con más asistencia a los espectáculos de música clásica de todo el país en relación con su población». Por esto llevo años diciendo que la capital asturiana es #LaVienaEspañola.

Foto by Stas Levshin

Citando algunos intérpretes tanto asturianos como internacionales, el director Teodor Currentzis con  su MusicAeterna será de lo que destacará entre los aficionados, así como los 80 años de William Christie con Les Arts Florissants en una gira por las principales capitales musicales donde Oviedo sigue estando en ese mapa. Destacable la vuelta del oratorio a Oviedo, esta vez con Jephtha (Haendel) que solo se verá en Madrid y Oviedo.

De las Jornadas de Piano «Luis Gracia Iberni» se puede decir, y sin complejos, que será el mejor ciclo por las figuras programadas, conocidas y nuevas que Marina fue citando: Jaeden Iziz-Dzurko, Yefim Bronfman, los regresos de Leif Ove Andsnes, Arcadi Volodos, Grigory Sokolov (que no puede faltar en Oviedo), Paul Lewis, o dos figuras muy esperadas: Beatrice Rana (con la Orquesta Filarmónica de Radio Francia dirigida por Mikko Franck) y Vikingur Ólafsson, que no dejará indiferente a nadie -doy fe- y  añadirá su nombre a la gran lista de famosos pianistas de los que seguir disfrutando en «La Viena Española».

Photo Simon_fowler ©warner_classics

Sería nuevamente el concejal y melómano David Álvarez quien despediría esta presentación, recordando que los abonos se pondrán a la venta desde este sábado 28 de septiembre, y que los conciertos en sábado, domingo y festivos comenzarán a las 19:00 horas aceptando una de las sugerencias de los habituales, manteniéndose las 20:00 horas por semana.

Personalmente es difícil destacar la excelente oferta (de la que dejo copia), pues hay para todos los gustos y públicos. En el terreno lírico destacar por orden cronológico:

La versión en concierto de Dido y Eneas (Purcell) con el Coro y Orquesta de la Ópera Real de Versalles que inaugurará la temporada el sábado 26 de octubre con Sonya Yoncheva y Ana Vieira Leite (que descubrí con Concerto 1700), una Gala Lírica el jueves 7 de noviembre con Sondra Radvanovsky y Piotr Beczala, junto a OFil y Lucas Macías, un homenaje a Puccini, o el antes citado oratorio de Haendel (Jephtha) con Joyce DiDonato, Michael Spyres e Il Pomo d’Oro el domingo 4 de mayo.

Foto © Rubén Fernández

Con muchas ganas de escuchar el miércoles 20 de noviembre el Requiem en do menor de Cherubini con un tándem que nos da siempre grandes satisfacciones (El León de Oro y OFil), incluyendo además la Sinfonía nº 00 en fa menor de Bruckner, o la «Vivaldiana» de Forma Antiqva el jueves 6 de marzo.

Para el bicentenario del compositor austríaco también sonarán la Sinfonía nº 9 el sábado 29 de marzo con MusiAeterna y Currentzis, y la Sinfonía nº4 el sábado 15 de marzo con el regreso de Francesca Dego (Concierto para violín de Barber) y el estreno de las Vísperas de Jesús Rueda, con la OFil y su titular el maestro Macías, sumándose el de Martínez Burgos Humanidad que viene que tendrá lugar el jueves 31 de octubre junto a «La Quinta» de Tchaikovsky y el Concierto para piano de Scriabin con el último ganador del Concurso de Santander Jaeden Iziz-Dzurko.

Photo © Marco Borggreve (all rights reserved)

Por lo que supone de «concierto estrella» y que me lo tomo casi como regalo de cumpleaños, el lunes 27 de enero llegarán al Auditorio Janine Jansen con Klaus Mäkelä y la Real Orquesta del Concertgebouw de Ámsterdam, puede que de lo más esperado de la temporada por la calidad y fama mundial de estos intérpretes y por supuesto poder celebrar los 80 años de un incombustible William Christie con Les Arts Florissants en su retorno a Oviedo con oberturas, arias y coros de Haendel (Ariodante, Semele…) y Rameau (Les Indes galantes) el sábado 8 de febrero.

Photo © JosepMolina

Y de los inmensos pianistas, además de «los de siempre» bien recibidos en Oviedo, me quedo con la oportunidad de escuchar dos visiones de las últimas sonatas de Beethoven, con dos intérpretes que sigo habitualmente, mi querido Paul Lewis el jueves 20 de marzo (además de Brahms, Larcher o la número 5, la sonata nº32 del Sordo genial) y Vikingur Ólafsson cerrando temporada el miércoles 28 de mayo con las tres últimas.

Foto © Markus Jans

Una temporada ilusionante que sigue apostando por la calidad de los conocidos (está con sus enlaces o links) y los «nuevos nombres» que seguirán poniendo a Oviedo en el mapa, un motor cultural y económico que con la mejora en las comunicaciones con la capital asturiana, a buen seguro traerá más público en esta 26ª Temporada que comenzase con aquellos «Conciertos del Campoamor» y las primeras Jornadas de Piano precisamente en el mismo teatro donde se ha presentado esta. Los precios, tanto en los abonos conjuntos, los diferenciados como las localidades sueltas, siguen siendo competitivos si vemos otros escenarios nacionales… y no digamos internacionales. Prometo ir contándolos desde aquí, siempre que nada me lo impida.

Una Resurrección para 25 años

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Sábado 8 de junio, 20:00 horas. Auditorio de Oviedo, Concierto Extraordinario 25 aniversario del Auditorio «Príncipe Felipe»: Slávka Zámecníková (soprano), Fleur Barron (mezzo), OSPA, OFIL, Coro de la FPA (maestro de coro: José Esteban García Miranda), Nuno Coelho (director). Mahler: Sinfonía nº 2 en do menor, «Resurrección». Butaca de patio: 15 €.

Hace años que el «tiempo de Mahler» ha llegado, siendo el compositor que más grabaciones de sus obras tiene y uno de los más programados, así que nada mejor para conmemorar las Bodas de Plata del Auditorio de Oviedo que con su monumental segunda sinfonía, «Resurrección», uniendo las dos principales orquestas asturianas que llenan gran parte de la programación en este edificio de Rafael Beca sobre los antiguos depósitos de agua de «La Viena Española», como en 2017, un sábado casi invernal con buena entrada (pese al partido de promoción del Real Oviedo), y el titular portugués de la OSPA al frente (con Aitor Hevia nuevamente de concertino), volviéndome mis recuerdos de hace casi 16 años donde el «Coro de la Fundación» interpretaba esta misma sinfonía con la entonces premiada Orquesta del Sistema venezolano bajo la batuta de un Dudamel que comenzaba una meteórica carrera que últimamente parece haberse estancado.

Difícil unir dos formaciones para esta sinfonía pero el maestro Nuno Coelho puso todas las herramientas para conseguir una más que aseada versión, aunque las distintas secciones no estuviesen del todo ajustadas con un inicio titubeante pero que a medida que la obra avanzaba la complicidad entre todos se notó y fue de menos a más como la propia Segunda Sinfonía, de la muerte a la vida.

Si el primer movimiento son esos «Ritos fúnebres», la oscuridad y contrastes se alcanzaron con un Coelho claro y preciso en los gestos y literalmente Con expresión totalmente seria y solemne, encajando este monumental arranque que como escribe la doctora Cortizo «expresando la lucha del hombre ante su inexorable destino: la muerte», una lucha desde el podio cargada del dramatismo mahleriano con silencios subrayando esa oscuridad que planea en estos Totenfeier y que la OSPA+OFIL fue creciendo en entrega.

El sosiego y tranquilidad llegaría en länder del segundo movimiento, la cuerda aterciopelada, expresiva, con un sonido muy cuidado bien secundado por la madera, siempre un seguro en las dos formaciones, gama amplia de matices marcados al detalle por el maestro Coelho, con buen balance para esta masa sinfónica sin perder las líneas melódicas, destacando un redondo «pizzicatto» contestado por un flautín digno de estudio ornitológico.

Y como siguiendo el guión indicado en la propia partitura, un tercero «tranquilo y fluido», diálogos de maderas exquisitas con una cuerda cristalina en un tempo para disfrutar el Mahler que habita entre nosotros de su canción Des Antonius von Padua a los peces sobre unos de los poemas de «El cuerno mágico de la juventud», un scherzo optimista que Coelho dibujó con su precisión habitual, contrastes voluptuosos muy logrados, perfilados más que dibujados, haciendo brillar a esta gran orquesta astur.

La esperada canción “Urlicht» (“Luz primordial”) subió enteros gracias a la ya conocida mezzo Fleur Barron de emisión increíble, color vocal ideal para Mahler, dicción perfecta y unos graves de diamante (por el brillo y dureza) sin perder nunca homogeneidad e impregnando de emoción y complicidad en el acompañamiento de Nuno Coelho o en el dúo con Aitor Hevia, mimando las dinámicas sabiendo hasta dónde llegar para no perdernos este cuarto movimiento que dice «El buen Dios me dará un poco de luz, ¡me conducirá a la vida eterna!», luces tenues, casi párvulas en los metales mecidos por una cuerda de seda, esperanzador viaje de la muerte a la vida preparando la «Resurrección» final con un corno inglés lastimeramente bello.

Y si el primer movimiento es monumental aún más el quinto, sublime, con el coro empastado, piano junto a la eslovaca Slávka Zámecníková (1991), otro ‘descubrimiento’ perfecto para completar este torbellino emocional y misericordioso de esta segunda para las bodas de plata: volumen penetrante sin forzar,  presente, delicada, sobrevolando desde detrás de las arpas y delante del coro (junto a la mezzo irlandesa en feliz empaste de ambas), Coelho sacando lo mejor de los músicos, tanto la banda externa de trompas y trompetas en las alturas como en un escenario con la caja escénica abierta para acoger este ejército sinfónico. El resplandor del poema de Klopstock brillante, impactantes los metales y percusión del Dies Irae, la montaña rusa de sensaciones con dinámicas extremas, el coro con esta obra en sus genes, interiorizada y muy trabajada en todos los aspectos, avanzando hacia el final ya en pie para un Finale que sigue poniendo la carne de gallina y haciendo subir las pulsaciones ante las últimas palabras que «levantan el vuelo» y nos hacen morir para vivir. Otra Resurrección asturiana a la espera de mi deseada Octava…

PROGRAMA

Gustav Mahler (1860-1911)

Sinfonía nº 2 en do menor, “Resurrección” (1895)

I. Totenfeier (Ritos fúnebres). Mit durchaus ernstem und feierlichem Ausdruck
(Con expresión totalmente seria y solemne). Allegro Maestoso

II. Sehr gemachlich (Muy tranquilo). Andante moderato

 III. In ruhig fliessender Bewegung (Con un movimiento tranquilo y fluido)

IV. Sehr feierlich, aber schlicht (Muy solemne, pero sencillo)

“Urlicht” (“Luz primordial”)

V. Im Tempo des Scherzos. Wild herausfahrend (En el tempo del Scherzo. Salvajemente conduciendo hacia adelante)

“Aufersteh‘n” (“Resurrección”)

Lo efímero imperecedero

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Jueves 6 de junio, 20:00 horas. Conciertos del Auditorio, Oviedo, clausura de la temporada: Gustav Mahler Jugendorchester (GMJO), Kirill Petrenko (director). Bruckner: Sinfonía nº 5. Fotos ©Pablo Piquero y propias.

Inmejorable clausura de esta temporada de los 25 años de los «Conciertos del Auditorio» celebrando los 200 años del nacimiento de Bruckner y por todo lo alto, con la Joven Orquesta Gustav Mahler que volvía 5 años después y nada menos que con el grandísimo Kirill Petrenko (Omsk -Rusia-, 11 de febrero de 1972) en la batuta.

Escuchando esta magna sinfonía que sigue corroborando mi teoría de que «no hay quinta mala», pensaba en la arquitectura sinfónica, la partitura como planos del arquitecto compositor pero que necesitan construirse, incluso repetirse pero siempre dependiendo de muchos factores, más cuando Bruckner nunca quedaba satisfecho con sus ideas y sabiendo que el papel no da nunca la verdadera visión, ni siquiera una maqueta a escala. Para armar este edificio musical se necesitan buenos materiales, en este caso elegidos entre los mejores de «última generación», todo un equipo interdisciplinar que se dice ahora, donde albañiles, alicatadores, electricistas, fontaneros, pintores y tanto personal necesario serían equiparables a las distintas secciones de la orquesta, 95 músicos donde no faltaron los españoles que desde la anterior visita de 2019 siguen incrementando la plantilla de la GMJO y no solo en el viento, también una cuerda que es un sueño hecho realidad en pleno siglo XXI, un auténtico equipo bien organizado, planificado con tiempo, cada uno el mejor en su especialidad, pero que para elevar esta catedral sinfónica bruckneriana sabiendo que será efímera, necesita el mejor constructor para convertirla en imperecedera en cuanto al esfuerzo por hacerla físicamente palpable, o al menos audible.

Y el actual titular de los Berliner es un Maestro con mayúsculas, auténtico constructor que no solo elevó a las alturas esta quinta sino que la dotó de todos los detalles más allá de los planos de Bruckner, atento a la iluminación, los contrastes, los tempi para detenerse en cada piso, la gama de colores en molduras, arcos, todas las esculturas sin dejar nada a la improvisación, construyendo en toda su altura esta catedral sinfónica asientan desde unos cimientos poderosos hasta los arcos casi gaudinianos sabedor que esta joya de una hora larga en sus dimensiones, sobrepasaría el tiempo y quedará en la experiencia de estos jóvenes que aprenden, responden, funcionan como una gran familia enfrentándose en esta gira a una experiencia de convivencia más allá de un poso musical que les quedará para toda la vida.

Si de la Cruz de la Victoria, símbolo asturiano en nuestra bandera, cuelgan las letras Alfa y Omega como principio y final, este concierto será omega y alfa, final de mi temporada «oficial» (aún queda la ‘Resurrección’ mahleriana este sábado) y principio del 73 Festival de Granada que se inaugura este sábado con los mismos protagonistas para volver a construir esta quinta sinfonía de Bruckner que tiene a Viena como protagonista, siendo Oviedo «La Viena Española» y esperando seguir contando tanto Bruckner que nos espera en el segundo centenario de su nacimiento.

El binomio GMJO-Petrenko además de acercar a la capital asturiana a buen número de melómanos llegados de distintas partes, nos puso de nuevo en el mapa melómano de esta gira que arrancó el día anterior en San Sebastián y finaliza en la capital nazarí abriendo mi querido festival (al que espero llegar el domingo 16). Y las expectativas se cumplieron desde el Adagio inicial al Allegro moderato final. Contemplar al director ruso es maravilloso por su control absoluto, de gestos claros, precisos, con una expresividad que nos hace visualizar cada movimiento, cada cambio de aire, las emociones escondidas en este sinfonía que siempre nos descubre cosas nuevas.

Con una plantilla perfecta (calcular a partir de 10 contrabajos), equilibrada en volúmenes, de colocación vienesa con los graves a la izquierda, violines primeros y segundos enfrentados, cellos y violas delante del podio, trombones y tuba detrás de los contrabajos mientras el quinteto de trompas se ubicaba al lado contrario, el «jefe de obra» de la cuerda  fue el concertino alemán Kurt Mitterfellner secunado por el español Xabier Andrada, mínima muestra de los mejores estudiantes en los principales centros musicales europeos. La madera también con notable presencia ibérica aunque con la polaca Marta Chilebicka en la flauta o la alemana Myriam Navarri al oboe mostraron una supremacía femenina en toda la orquesta. Los «bronces» sonaron cual órgano gigantesco de la catedral de Linz transportada al auditorio ovetense: afinado, presente, bien balanceado, completando un juego de «registros» envidiable, y para rematar una tímbrica cuidada al detalle por Petrenko, los timbales de la española Andrea Armas cuidando cada baqueta, segura y amplia en los redobles pero manteniendo el plano sonoro marcado por el director ruso.

El primer borrador de la Quinta Sinfonía ya lo tenía Bruckner en mayo de 1875 aunque no lo terminaría hasta el 4 de noviembre de 1878 porque volvió a reelaborar la tercera, y aún pasarían quince largos años hasta su estreno el 8 de abril de 1894, que además nunca llegaría a escuchar esta obra. Sin entrar en los distintos calificativos que le han dado, las dimensiones de esta sinfonía son comparables como escribía más arriba a una catedral, con un dominio del contrapunto que Petrenko fue marcando con una mano izquierda inconmensurable, sumándole todas las dinámicas y búsqueda de un sonido muy trabajado que los jóvenes respondieron para envidia de muchos mayores, desde el Adagio inicial en unos pianissimi dignos de elogio y unos pizzicati en los contrabajos delicadamente presentes. Los metales entraron en ese movimiento coral y «orgánico» bien contestado por toda la orquesta, las secciones yuxtapuestas como en el juego de registros del órgano, y desvaneciéndose con una delicadeza casi mística.

El segundo movimiento (Adagio: Sehr langsam) repite el inicio del primero para disfrutar del oboe bien arropado por la cuerda, contestaciones marcadas por Petrenko con la respuesta exacta de los primeros atriles, optimismo transmitido en los planos y en la construcción de este segundo piso antes del «arriesgado» tempo del Scherzo, como dicen las notas de Hartmut Krones en el libreto repartido por la GMJO «cuyo carácter escurridizo simboliza la exuberancia salvaje», y así la elevaron el constructor y su equipo, danzado, con desarrollos muy elaborados, matices de ensueño y todo un despliegue tímbrico maduro, lleno de contenido sin perder nada de lo escrito.

Y el remate catedralicio que recapitula los pisos bajos, saltos hacia el paraíso sinfónico con el español Juan Andrés Carmona al clarinete siempre presente, de timbre abierto como está escrito para abrir la fuga maestra del Bruckner inspirado, polifónico, grandioso, momentos de clímax y dinámicas extremas junto a la delicadeza siguiente. Petrenko ya había hecho magia en los inicios de cada movimiento buscando la concentración desde un silencio previo (roto por las toses que han vuelto tras el covid), y este Allegro moderato desembocará cual estrella en la aguja con el material «reutilizado» que me lleva de nuevo a Gaudí, aire festivo y esplendor final en una sinfonía de nuevo efímera pero imperecedera. Público rendido a los jóvenes y al ruso, aplausos para la orquesta y entre ellos, alegría contagiosa que daría la última sorpresa.

Mientras iban recogiendo atriles y partituras, como si una banda de música se tratase, la sección de viento se arrancó un Amparito Roca al que se fueron sumando el resto para un fin de fiesta espectacular que ponía un broche español a este jueves «omega y alfa» que llegará al Palacio de Carlos V en el llamado «Preludio del Festival» #Bruckner200.

PROGRAMA

Anton Bruckner (1824-1896)

Sinfonía nº 5 en si bemol mayor, WAB 105 (1875-76)

I. Introducción: Adagio – Allegro

II. Adagio: Sehr langsam

III. Scherzo: Molto vivace

IV. Finale: Adagio – Allegro moderato

Mahler para 25 años de Auditorio

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Este lunes 27 de mayo a las 11:30 horas tenía lugar en la Sala de Cámara del Auditorio de Oviedo la presentación a los medios de comunicación de los dos conciertos extraordinarios con motivo del 25 Aniversario del «Auditorio Príncipe Felipe», que se celebrarán los próximos días 8 y 28 de junio.

La OSPA y Oviedo Filarmonía se unirán de nuevo en dos conciertos con Mahler de protagonista. Tomaba la palabra en primer lugar David Álvarez Menéndez, Concejal de Cultura y presidente de la Fundación Municipal de Cultura (FMC) para recordar la efemérides y repasar por alto quién fue Don Gustavo y las sinfonías corales del bohemio de las que en Oviedo sólo nos queda la número 8 «De los Mil», que llevo años pidiendo a SSMM cada víspera de Reyes, como le recordé, esperando cumplir el sueño en esta legislatura. Las tres requieren gran cantidad de efectivos pero en «La Viena española» todo es posible.

Antón García Fernández, director general de Acción Cultural y Normalización Llingüística también hacía referencia al primer cuarto de siglo del auditorio diseñado por Rafael Beca que los que ya peinamos canas todavía recordamos los depósitos de agua que aún conservan parte en esta sala (dándole además una acústica ideal), veinticinco años con una programación de altura que ha puesto a la capital del Principado en el mapa de los grandes conciertos.

Ana Mateo Martín, gerente Orquesta Sinfónica del Principado de Asturias (OSPA), que estaba «en su casa» como sede de la formación desde la inauguración, bromeando con la infraestructura que suponen estas dos sinfonías para celebrar las Bodas de Plata del Auditorio, aceptando el reto del concejal y recordando anteriores colaboraciones con la formación ovetense.

María Riera, directora general de la FMC también recordó la unión de ambas orquestas no solo en estos conciertos, como La consagración de la primavera de Stravinsky, la Sinfonía alpina de R. Strauss o la Sinfonía nº 7 «Leningrado» de Shostakovich entre otras, sino también en la Ópera de Oviedo, contabilizando nueve colaboraciones como Sigfrido y el último El ocaso de los dioses de Wagner con sus cuatro representaciones, y recordó que las entradas se pondrán a la venta a partir de mañana martes 28, con precios asequibles de 15€ en butaca y 10€ en anfiteatro, con la posibilidad de abonarse a los dos conciertos por 27€ y 18€ respectivamente, con un 10% de descuento.

El sábado 8 de junio a las 20:00 horas, OSPA y OFIL volverán a interpretar la Sinfonía nº 2, «Resurrección» junto a la soprano Slávka Zámecnniková, la mezzo Fleur Barron que vuelve a Oviedo, el Coro de la Fundación Princesa de Asturias que dirige José Esteban García Miranda (aún recuerdo esta misma sinfonía en 2008 en los inicios del blog, o la de hace 7 años con Pablo González, un mahleriano reconocido) y todos ellos, en torno a unos doscientos intérpretes, bajo la batuta del titular de la OSPA, Nuno Coelho, como anfitrión de este primer Mahler de junio.

Y el viernes 28 de junio a la misma hora, sin moverse del Auditorio y «devolviendo» visita será el titular de la OFIL el onubense Lucas Macías quien llevará la dirección de la Sinfonía nº 3 en re menor con la OSPA, la mezzo Dame Sarah Connolly más los coros Aurum y Peques del León de Oro (LDO) que dirige Elena Rosso, la mejor cantera vocal asturiana.

Por causa del Covid nos quedamos sin otro Mahler conjunto para la Sinfonía nº 9 en re mayor programada para el  día 26 de junio de 2020 con Lucas Macías, pero dado que ya llegó el «tiempo de Mahler», no faltarán más sinfonías de mi querido Don Gustavo, esperando por esa Octava «De Los Mil» que aún no ha sonado en Oviedo, esperándola como un niño de 12 años.

Para quitarse el birrete

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Viernes 24 de mayo, 20:00 horas. Auditorio de Oviedo, Abono XII «La bella molinera»: OSPA, Clara Mouriz (mezzo), Juanjo Mena (director). Obras de Ravel, Montsalvatge y Falla.

Penúltimo concierto de abono de la temporada regular de la OSPA, en busca de concertino (hoy de nuevo Aitor Hevia) y el regreso como director invitado del vitoriano Juanjo Mena (1965) con un programa que el público agradece por ser de los que la formación asturiana tiene interiorizados y de vez en cuando conviene volver a airear, esta vez junto a la mezzo donostiarra Clara Mouriz, a quien descubrí en 2013 y me dejase buen sabor de boca hace ya 7 años.

Con una entrada muy pobre en el auditorio, la ciudad cercada por las Fuerzas Armadas y la música militar de la Legión (cabra incluida) al lado, banda de cornetas y tambores con su repertorio, más la Música (Banderita tú eres roja cantada por toda la Plaza del Fresno, y Paquito el chocolatero bailado hasta por los gastadores), antes de emprender camino a la Catedral, mi opción era clara, llegando para el encuentro previo de las 19:15 en la sala de cámara con la mezzo vasca, aunque teniendo que cantar a continuación tampoco se la forzó mucho pero sirvió para que nos contase su experiencia inglesa desde sus tiempos de alumna y posteriores compromisos, su trabajo con Mena y un breve análisis de las obras que interpretaría después. Desconozco la razón de titular este duodécimo de abono «La bella molinera» pues no escucharíamos a Schubert sino todo un programa de la que se puede llamar «música española universal», con el vasco-francés Ravel y su Rapsodia Española, las inspiradas canciones antillanas y caribeñas de la España colonial del catalán Montasalvatge, más el «Falla que no falla» donde el tricornio se convirtió en birrete.

El maestro Juanjo Mena cuidó en este programa el timbre instrumental, buscando sonoridades casi británicas, trabajando igualmente unas amplias dinámicas, aunque en la primera parte la OSPA tardó en calentar. Ravel en los cuatro números de su Rapsodia española (1907) trabaja temas hispanos que causaron la admiración de Falla. Los distintos ritmos provocaron algún desajuste, pero con una gran orquesta pudimos comprobar la rica cuerda del Preludio a la noche, moderado en todos los sentidos y de aires impresionistas con matices (como prepararndo la segunda parte); una vivaz Malagueña mostró el mimo por los matices y una tímbrica en los solos que pareció una orquesta distinta; la Habanera todo un manejo del rubato con Hevia mandando junto a una madera que hoy sonó inspirada; la animada Feria fue un despliegue de luz sonora, metales broncíneos, la flauta sobrevolando majestuosa y el corno inglés caribeño en el fraseo, la cuerda «desconocida» y la percusión brindándonos unos fuegos artificiales en una interpretación global que fue de menos a más.

Las Cinco canciones negras (1945) son una delicia para voz y piano que me enamoraron al escucharlas por la irrepetible Teresa Berganza. La orquestación de 1949 muestra el buen oficio del compositor catalán, y pese a la inspiración en nuestras antiguas colonias del Caribe, respiran un idioma francés que sobrevoló todo el concierto pese a concebirlo como la universalidad de nuestra música popular elevada a lo sinfónico, mayor colorido pero más exigente para la voz de soprano o mezzo. Cantadas por Clara Mouriz nos mostraron lo buen concertador que es el director vitoriano así como conocedor de estas cinco joyas, aunque en el Chévere y el último Canto negro se le escapase más volumen del necesario, si bien el color de la mezzo no es homogéneo y pese a tener unos graves suficientes, el balance con la orquesta se hizo difícil (en disco evidentemente sí se logra). Tampoco pudimos escuchar con claridad los excelentes textos poéticos que al menos figuraban en el programa de mano. Cuba dentro de un piano fue un «abanico» orquestal mejor que la original, bien matizada por Mena, y otro tanto del Punto de Habanera, donde la voz de la donostiarra sonó en su mejor tesitura. De las cinco me quedo con la Canción de cuna para dormir un negrito que sonó más equilibrada, con momentos susurrados donde comprobar la técnica vocal y la musicalidad de esta belleza (nada molinera) de Montsalvatge.

Tras la primera parte y con la OSPA a punto, Juanjo Mena nos traería el mejor Falla que nuestra orquesta ya llevase al disco en tiempos de Max Valdés e interpretado varias veces a lo largo de estos seis lustros largos. Puedo decir que los años han dado madurez a la formación asturiana y el enfoque del director alavés fue todo un acierto que se pudo comprobar por lo apuntado de la búsqueda de tímbricas y dinámicas bien devueltas por los profesores (y profesoras), con refuerzos obligados, brillando todos al máximo nivel. Me consuela que sea mi último concierto de la temporada (me perderé el abono XIII y no por superstición sino debido a otro compromiso ineludible) por lo que supuso este «reencuentro» con la mejor impresión de la orquesta de todos los asturianos.

Clara Mouriz abría esta segunda parte dedicada a Don Manuel con el aria de Salud «Vivan los que ríen» (de La vida breve) un esbozo operístico con giros de cante jondo donde la mezzo dejó su buen hacer en este repertorio nuestro y la OSPA con Mena sonó en su mejor dimensión, bien concertada, equilibrada y casi preludio del ballet completo, también con las breves apariciones de Mouriz en la misma línea de esta Salud.

El sombrero de tres picos es una verdadera prueba de fuego sinfónica, danzas reconocibles de una orquestación exquisita que el maestro Mena conoce como pocos y ha llevado por los mejores escenarios del mundo. Sacar todos los ritmos tan españoles de Fandango, Seguidilla, Farruca o la impactante Jota final es una labor de orfebre, tímbricas muy trabajadas, cambios encajados y dejando a los primeros atriles disfrutar en sus solos. Cada sección parecía competir en musicalidad, con unas trompas al fin rotundas capitaneadas por Javier Molina, las trompetas majestuosas con Maarten van Weverwjik en  cabeza, Juan Pedro Romero al oboe o Pablo Amador Robles al corno rivalizarían en sus «cantos», John Falcone nos brindó con el fagot pasajes con la comicidad justa y un sonido muy logrado; Myra Sinclair a la flauta redondeando maderas y metales; Mirian del Río con el arpa tras el Ravel primero y conjunto que dejó su halo como para Anna Crexells pasando de la celesta al piano. La cuerda con los primeros Aitor Hevia y Daniel Jaime al frente sonó británica por afinidad, afinación, complicidad, contrabajos, cellos y violas junto a los segundos tan primeros como el resto.

Y el quinteto de percusión más los timbales tan necesarios en este Sombrero por el empuje, la rítmica, la sonoridad en su plano justo, con Juanjo Mena dibujando y hasta bailando sobre la tarima, coreografiando el «Casadita, casadita» de Clara Mouriz con las palmas y jaleos orquestales perfectamente encajados,  y hasta el «¡Cucú, cucú!»de la Danza del molinero e incluso taconeos redondeando un tricornio que se volvió birrete de profesores por esta espléndida versión.

PROGRAMA

Maurice Ravel (1875 – 1937)

Rapsodia española:

I. Preludio a la noche – II. Malagueña – III. Habanera – IV. Feria

Xavier Montsalvatge (1912 – 2002)

Cinco canciones negras:

I. Cuba dentro de un piano – II. Punto de habanera – III. Chévere – IV. Canción de cuna para dormir
un negrito – V. Canto negro

Manuel de Falla (1876 – 1946)

La vida breve: “Vivan los que ríen”

El sombrero de tres picos:

Introducción

Parte I:
La tarde – Danza de la Molinera (Fandango) – Las uvas

Parte II:
Danza de los vecinos (Seguidillas) – Danza del Molinero (Farruca)-  Danza del corregidor – Danza final (Jota)

La Pires siempre impresiona

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Miércoles 22 de mayo, 20:00 horas. Auditorio de Oviedo, clausura de las Jornadas de Piano «Luis G. Iberni»: Maria João Pires e Ignasi Cambra (piano). Obras de Debussy, Mompou, Mozart y Debussy.

Cada visita de la pianista portuguesa Maria João Pires (Lisboa, 1944) a Oviedo siempre es un espectáculo para recordar y con miedo a no repertir, pero volvía para la clausura de esta temporada en compañía del catalán Ignasi Cambra (Barcelona, 1989).

Cual madre e hijo salieron los pianistas a un escenario casi en penumbra, con una lámpara sobre el piano y una silla con mesita a la izquierda sobre la que se posaban dos vasos de agua. Y cristalino sería el primer Debussy de la Suite bergamasque con «la Pires» siempre pulcra, sin tics, de sonido claro, matices amplios para dibujar los cuatro cuadros «impresionantes» del compositor francés, una gama de color desde el nítido Prélude hasta el poderoso y saltarín Passapied lleno de ímpetu, aunque el siempre conocido Clair de lune sería de quitar la respiración y obligar a un silencio sepulcral ante la maestría en el diseño que la portuguesa hace de esa sonoridad evanecescente, vaporosa, de sombras coloreadas y unos pedales siempre ayudando a ambientar un aire primaveral desde su eterna juventud.

El «alumno» que escuchó atento a la maestra nos ofrecería seis de las Cançons i danses (las números 1, 2, 5, 6, 7 y 8) de su paisano Mompou, la luz catalana hecha poesía musical que Cambra fue dibujando pausado, saboreando y matizando melodías y ritmos, abundando los tiempos lentos como el de la segunda mediterráneamente clásica (con el inicio recordando Für Elise), una quinta Lento litúrgico introspectiva y casi dolorosa, pero más sentida aún la sexta Cantabile expresivo que resume el piano tan actual de Mompou sin perder de vista la inspiración en un folklore que sigue entre nosotros y no entiende de nacionalismos.

En la segunda parte no podía faltar Mozart del que Maria João Pires sigue siendo irrepetible y los años siguen manteniéndola juvenilmente madura frente a la madurez juvenil del pupilo Cambra que comenzaría con la Sonata nº 4, algo plana y por buscar la forma de expresarme, ambos pintarían acuarela pero mientras el catalán perfilaba con tinta y en las repeticiones rellenaba de color, la portuguesa de un trazo ya dejaba claro todo, dejando la segunda «pasada» para sin apenas cambiar de pincel completar una gama de color luminosa, limpia. Ignasi Cambra interpretó su Mozart con el ímpetu juvenil que pasó por las teclas matizando pero sin profundizar.

Tras la escucha de la anterior, la Sonata 13 en las manos de Pires supo a poco, como explicando «así se toca Mozart» que Cambra parecía empaparse con ella. El Allegro inicial más sosegado que en sus años jóvenes pero igualmente elegante, con las repeticiones recalcando y explicando la «forma sonata» llena de ataques para las frases, motivos claros, trinos que crecen en intensidad; el Andante cantabile de una profundidad que viene con los años para afrontar sin dudar el color exacto, el trazo con un pincel «de lengua de gato» y grafía japonesa, sin prisa pero segura, con poso, casi genuflexión en los pocos instantes donde su pequeña figura se encorva ante el teclado buscando el color de cada nota; y el Allegretto grazioso donde el humor mozartiano es fino, juguetón, los dedos de la maestra portuguesa ágiles arriba y abajo con una izquierda poderosa en los graves y el balance exacto de volúmenes para una acuarela 333 mágica y nuevo referente. Lección magistral como era de esperar.

Y si el primer Debussy de la maestra jugó superponiendo trazos de color que se fundían en la gran sala ovetense, en versión a cuatro manos de Henry Woollett nos regalarían primero la Rêverie donde Cambra llevaría el «sustento» y Pires «los detalles», un gran lienzo sonoro que la maestra pintó y llenó de luz, para finalizar con el Valse romantique donde confluir la tutela de la «juvenil mamá» sobre el «maduro pupilo», encajando los rubati sin desdibujar el tema.

Para hacernos olvidar el recital paralelo de toses y teléfonos que vuelven a ser una plaga y siempre en los peores momentos cual primera ‘Ley de Murphy’, el regalo tenía que ser evidentemente Mozart, esta vez cambiándose los papeles: la Pires al grave, mandando y «tomando la lección» a un Cambra con el que el Adagio de la Sonata a cuatro manos en si bemol, K. 358 volvió a saber a poco, el clasicismo eterno que seguirá por los siglos de los siglos, con la alegría de volver a disfrutarlo en vivo aunque siga saboreándolo en mis grabaciones. Larga vida a «La Pires» esperando siga ejerciendo su magisterio aunque sea en compañía. El piano por partida doble también nos llena y el público salió adorándola en la mejor clausura de estas jornadas que seguro han hecho sonreír al bueno de Iberni, parando la lluvia para compartir emociones a la puerta deseando no se apagasen las emociones.

PROGRAMA

PRIMERA PARTE

Maria João Pires:

Claude Debussy (1862-1918)

Suite bergamasque, L.75:

1. Prélude

2. Menuet

3. Clair de lune

4. Passapied

Ignasi Cambra:

Federico Mompou (1893-1987)

Cançons i danses, Nos. 1, 2, 5, 6, 7 y 8

SEGUNDA PARTE

Ignasi Cambra:

Wolfgang Amadeus Mozart (1756-1791)

Sonata nº 4 en mi bemol mayor, K. 282:

1. Adagio

2. Menuetto I – Menuetto II

3. Allegro

Maria João Pires:

Sonata nº 13 en si bemol mayor, K.333:

1. Allegro

2. Andante cantabile

3. Allegretto grazioso

Maria João Pires & Ignasi Cambra:

Claude Debussy

Rêverie

Valse romantique

Ópera para Madagascar

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Jueves 16 de mayo, 19:00 horas. Auditorio de Oviedo, Sala de Cámara: Gala Lírica Pro Madagascar.  Juan Jesús Rodríguez (barítono), Anna Cabrera (soprano), Marcos Suárez (piano). Arias, dúos y romanzas de zarzuela y ópera. Entrada: 10€.

La ONG “Ópera sin fronteras” y la Fundación «Agua de coco» llegaban a Oviedo para presentar un proyecto multidisciplinar, transversal, pedagógico y sobre todo solidario, porque la música lo puede todo, llegar a estrenar en Madagascar su primera ópera con un elenco de allí como después contarían los responsables, «El sueño de Nirina», con libreto de la asturiana Lucía Vilanova , con quien contactaron en el Campoamor tras el estreno de «María Moliner», y música de Juan Antonio Simarro, dos figuras conocidas en nuestra tierra, y además en malgache. Una bendita locura que cuenta entre otros apoyos, nunca suficientes, de la Fundación Ópera de Oviedo, siempre dispuesta a colaborar con estas iniciativas solidarias de cooperación social, siendo su director, el avilesino Celestino Varela, el primero en tomar la palabra presentando el evento.

Paco Azorín como presidente y fundador junto al coreógrafo Carlos Martos De la Vega de la ONG “Ópera sin fronteras” comentarían a dúo quiénes son y cuales son sus objetivos, desde el propósito de hacer llegar la ópera a todos aquellos colectivos que tradicionalmente han sido excluidos de ella, con el fin de visibilizar sus conflictos a través del hecho escénico.

Entienden la ópera como un instrumento de transformación social, no como un elemento de entretenimiento sólo al alcance de unos pocos.
La ópera, como arte integrador, en la que convergen la música, la danza, el teatro y las artes plásticas, es el vehículo idóneo para situar en el centro de la creación a los colectivos más desfavorecidos y ayudarles así, a solucionar sus conflictos, desde sus primeros contactos allá por 2019 en Mérida y después Sevilla con «Sansón y Dalila», el contacto en Badajoz con otra ONG («PIE, Plena Inclusión Extremadura») de enfermedades raras entre muchas más, y lo terapéutico que ha sido la ópera, al año siguiente el proyecto didáctico «El monstruo en el laberinto» (de Jonathan Dove) en el Liceu barcelonés para niños en peligro de exclusión, o el triste 2022 a raíz de la guerra de Ucrania (que aún continúa) dentro de cultura de emergencia en Madrid para integrar a los primeros refugiados en un montaje de «La Odisea» con la Escuela Municipal de Arte Dramático para edades comprendidas entre 7 y 21 años.

Con la proyección de un vídeo con la génesis del proyecto de esta ONG que contarían Paco y Carlos, se centrarían en este continuarían primer proyecto en Madagascar que lleva como título «Madagasikara» con la ONG “Agua de coco” sumándose que lleva años allá, y con distintas fases que movilizan a 300 personas entre 6 y 20 años enseñándoles  música y dándoles instrumentos, por lo que el objetivo o fase final será hacer una ópera participativa y la primera en el idioma malgache, que espera nestrenar en Toliara el próximo 6 de septiembre de 2025 en el centro multidisciplinar CASEL.

Tras la proyección del segundo vídeo, presentarían al compositor Juan Antonio Simarro, que ya hacía sus pinitos «en africano» de crío y también de adulto, explicándonos la génesis tras libreto de Lucía Vilanova primero en francés y la posterior traducción al malgache, proyectándonos las letras y avanzando al piano algunas melodías.

De las muchas ayudas para esta primera ópera de Madagascar, ya con la colaboración entre otros del Teatro Real, del Festival de Perelada o la Ópera de Oviedo, aunque siguen buscando apoyo económico, en otro vídeo nos enseñarían el «Container Solidario» lleno de escenografías, vestuario, atrezzo, decorados o incluso luces viejas, material donado por distintos teatros que las almacenaban «caducadas» pero que serán «tecnología punta» en esta isla que sigue sufriendo, y donde ya embarcó camino del estreno en septiembre, que se espera traerlo a Europa en 2026. De ella vino a vivir a Córdoba un músico tradicional como es Kilema que participaría codo con codo junto al compositor. Después entre el piano de Marcos Suárez y el propio Simarro al djembé nos invitaron a cantar una de las melodías, verdaderamente imposible en malgache pero dándonos idea de cómo sonará en las voces protagonistas del estreno.

Y finalmente comenzaría la gala lírica y solidaria ayudando a recaudar fondos, que nunca son suficientes para un proyecto de esta envergadura, con la actuación del barítono Juan Jesús Rodríguez (Cartaya, 1969), la soprano ruso-cubana Anna Cabrera Eliseeva (Moscú, 1997) que sustituyó a última hora a Graciela Moncloa, con todo lo que supuso cambiar más de medio programa del inicialmente previsto, y el pianista asturiano Marcos Suárez (La Felguera, 1992) que hubo de lidiar contra estos imprevistos con la profesionalidad y experiencia que va acumulando en sus años de docente y repertorista.

Del barítono cartayero solo caben elogios por su entrega humana y musical, con la romanza «Ya mis horas felices» del Germán en «La del Soto del Parral», o el aria «Nemico della patria» del Gerard en «Andrea Chenier» que levantaron los bravos de un público que le sigue fielmente en Oviedo, e incluso de fuera de nuestra tierra. Su poderío vocal, buen gusto, escena, dicción y musicalidad son parte de las muchas cualidades que tiene, por lo que en estas dos obras el acompañamiento «orquestal» al piano de Marcos Suárez no necesitó más que disfrutar con el andaluz.

Me encantó la soprano Anna Cabrera, con varios premios desde su llegada a Madrid en 2016, quien eligió para esta gala la conocida «Petenera» de «La marchenera» y la aún más famosa aria «Caro nome», una Gilda sobrada de matices, agilidades, musicalidad y fraseos, bien acompañada por un Marcos que «las tiene en dedos» aunque la premura de los cambios nunca es buena, pero las tablas de ambos permitieron disfrutar de esta voz en crecimiento y triunfando paulatinamente.

Con estos solistas los dúos no podían fallar, aunque no los programados, pero igualmente de calidad y empaste, el mozartiano «La ci darem la mano» primero, enamoramiento a primera vista del Don Juan onubense y la Zerlina ya madrileña, coqueteo a dúo plenamente creíble con el piano bien encajado.

Y si ambos solistas dominan Verdi, el andaluz más que conocido, la rusa demostrado en el «Caro nome», nada mejor para cerrar que el conmovedor dúo «Piangi, fanciulla, piangi» de padre e hija, Rigoletto y Gilda en este dramático dúo escenificado con los intérpretes entregados, poderosos y dolientes, empaste ideal aunque afinación algo al límite y un piano a primera vista que nos privó de mayor satisfacción global para dos voces muy aplaudidas en esta gala.

Aún quedaba un mensaje en vídeo de la madrina de honor de la ONG, «nuestra» María José Montiel que con su homónima Moliner abrió puertas y dio esperanza a este proyecto. Finalmente la lectura del texto que canta Nirina la protagonista, ópera terapéutica, solidaria y un hito en Madagascar que esperemos disfrutar en Oviedo.

PROGRAMA:

Reveriano SOUTULLO (1880-1932) y Juan VERT
(1890-1931):

LA DEL SOTO DEL PARRAL: «Ya mis horas felices»

Federico MORENO TORROBA (1891-1982):

LA MARCHENERA, La Petenera

Umberto GIORDANO (1867-1948)

ANDREA CHÉNIER: «Nemico della patria»

Giuseppe VERDI (1813-1901)

RIGOLETTO, aria de Gilda «Caro nome»

Wolfgang Amadeus MOZART (1756-1791)

DON GIOVANNI, dúo «La ci darem la mano»

Giuseppe VERDI:

RIGOLETTO, dúo «Piangi, fanciulla, piangi»

Prensa:

Más que un vals para dos

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Lunes 13 de mayo, 20:00 horas. Sala de Cámara del Auditorio “Príncipe Felipe”: Ciclo Interdisciplinar de Música de Cámara de Oviedo (CIMCO). Dúo del Valle: Vals para dos. Víctor del Valle (piano) y Luis del Valle (piano); Compañía WETTRIBUTE (Daniel Fernández, bailarín – Maite Ezcurra, bailarina). Obras de Poulenc, Milhaud y Ravel. Entrada: 8€.

Ya desde mis años como estudiante de piano las obras a cuatro manos y sobre todo las escritas para dos pianos me cautivaron y poder vivirlas en directo era algo único y extraordinario, desde Frechilla y Zuloaga en la Caja de Ahorros de Mieres hasta la pareja Joaquín Achúcarro y Emma Jiménez en la Filarmónica de Oviedo. Iría posteriormente descubriendo en disco a las gemelas Pekinel y después a las Labèque, Katia y Marielle, también en directo, o al matrimonio astur-canario Francisco Jaime Pantín y María Teresa Pérez como Dúo Wanderer.

De los más cercanos en el tiempo aún se recuerdan en la capital asturiana las visitas de los hermanos Jussen y curiosamente este año hemos disfrutado hace nada de los asturianos Martín García y Juan Barahona con la OSPA, para la próxima semana cerrar las Jornadas de Piano «Luis G. Iberni» con Maria João Pires e Ignasi Cambra y este lunes llegaba el penúltimo concierto del CIMCO «la magia de dos pianos» con el Dúo del Valle, los hermanos Víctor y Luis continuando una saga fraternal que parece marcar estas agrupaciones junto a parejas donde la convivencia parece tan necesaria para «latir juntos» como el arduo ensayo de todo programa, del romanticismo al pasado siglo, como fue el de Los Valle con música francesa impresionista, aunque en la presentación el doctor Alejandro G. Villalibre aclaró conceptos o estilos, tres compositores franceses y contemporáneos que superan etiquetas, estilos diferentes pero muy agradecidos para un público que no llenó la sala de cámara, reiterándome en la excelente acústica para esta música de piano junto a una cercanía que hace estos conciertos casi familiares.

Los hermanos malagueños comenzarían con tres obras de Poulenc, primero la Sonatina para piano a cuatro manos (1918, rev. 1919) aunque optando por los dos pianos que aumentan la dificultad de compenetración. Impecable la afinación y uniformidad de color pese a ser dos modelos diferentes de Steinway© y sonoridades distintas pero que en las manos de los hermanos cerrando los ojos escuchábamos un solo instrumento interpretado por veinte dedos: contrastes violentos, ritmo intrínseco en el Prelude, casi de nuestro siglo por su estilo original y por momentos «minimalista«, el lírico Rustique de recuerdos académicos transportados al pórtico de los felices años 20 del pasado siglo, y el Final vertiginoso, aires rusos en la Francia capital mundial de aquella época entreguerras, piano cosmopolita y rítmico en cuatro manos manejadas como si una sola alma las mandase.

L’ embarquement pour Cythère (vals musette para dos pianos) es otra joya llena del aire francés popular a orillas del Sena elevado al magisterio pianístico de una escritura minuciosa y unos rubati encajados a la perfección con apenas una mirada, un leve gesto de mano al aire o simplemente latiendo al unísono. Sonidos etéreos, cristalinos, fraseos elegantes, matices extremos y hasta una coreografía visual para no perderse ni un detalle.

Finalizarían con el Capriccio (d’après le Bal Masqué), virtuoso y festivo, juguetón y humorístico, encajado de manera increíble como en las dos anteriores, sonoridades rotundas y delicadas con precisión milimétrica.

Siguiente bloque nada menos que con el Scaramouche, op. 165 (1937) de Milhaud, cinematográfico, personaje inspirado en la ‘Comedia dell Arte’ con el que el viajero Darius escribe esta suite de virtuosos pentagramas en tres números: el Vif casi imposible, deslumbrante y casi de «pianola», el Moderé para reposar y tomar aliento antes de revestir el último de samba Brazileira, otra de sus «debilidades», contagiando alegría de vivir en las manos de los Hermanos del Valle, escalas cromáticas enfrentadas pero cosidas, articulaciones variadas para todo un espectáculo visual y sonoro.

Aún quedaba el plato fuerte de Ravel, el vasco-francés que jugaba y experimentaba en el piano su sabiduría orquestal, comenzando por la obra basada en cinco cuentos de Perrault, música sin palabras de Ma mère l’Oye (1910), una «Mamá Oca» cuya primera versión para dos pianos crecería incluso hasta llegar a ballet, pero que esta personal y original composición sigue siendo un referente. Víctor y Luis fueron «narrando» la pavana de La Bella Durmiente, a Pulgarcito, la inquietante Laideronnette emperatriz de las pagodas, la conversación de La Bella y La Bestia, o El jardín encantado. Magia sonora, relatos bien hilvanados y diferenciados expresivamente, reverberaciones de los pianos creando esa atmósfera impresionista donde el color que se funde en la retina es sonido en nuestros oídos viajando por la pétrea sala que antaño fuese depósito de agua. Música atemporal, evocadora y un cuento para soñar despiertos desde una infancia detenida por estos hermanos para la partitura de Don Mauricio.

Y siendo CIMCO interdisciplinar además de camerístico, nada menos que la monumental La Valse que estuvo coreografiada por los bailarines de la compañía de danza ‘Wettribute’, Daniel Fernández y Maite Ezcurra a modo de guiño a lo que intentase Diaghilev y después el maestro del ballet George Balanchine.

Una propuesta de claroscuros, con una iluminación sencilla pero plásticamente impecable a lo largo del concierto, en esta «valse» tiempo de entreguerras, encuentros, danza de nuestro tiempo para una música sinfónica a dos pianos, pletórica en la interpretación, coreografía de los hermanos cual pareja musical frente a los bailarines reales, subrayando esta partitura única e imprescindible para esta formación.

Aún hubo tiempo para una propina y nada menos que Brahms con la Danza Húngara nº 11 (de las 21 que escribiese), esta vez interpretando a cuatro manos, un solo piano, remanso bien entendido de esta monumentalidad zíngara del alemán para 20 dedos, 88 teclas con un solo corazón y el mejor cierre tras una hora larga de espectáculo francés hecho en «La Viena de España» por estos hermanos universales.

PROGRAMA

Francis Poulenc (1899-1963):

Sonatina para piano a cuatro manos (versión dos pianos): Prelude – Rustique – Final

L’ embarquement pour Cythère, vals musette para dos pianos

Capriccio d’après le Bal Masqué

Darius Milhaud (1892-1974):

Scaramouche

Maurice Ravel (1875-1937):

Ma mère l’Oye:

Pavana de la Bella durmiente (Lent) – Pulgarcito (Très modéré) – Laideronnette, Emperatriz de las Pagodas (Mouvt. de Marche) – Conversación de la Bella y la Bestia (Mouvt. de Valse très modéré) – El jardín encantado (Lent et grave)

La Valse

Perianes reparte juego

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Viernes 10 de mayo, 20:00 horas. Auditorio de Oviedo, Abono XI OSPA: «Mozart y Perianes». Javier Perianes (piano), Cuarteto Quiroga, OSPA. Obras de W. A. Mozart.

El titular de la entrada no es una referencia al juego de mus, en tal caso a la «MÚSica» pero aprovechando que el onubense Javier Perianes (Nerva, 1978) es futbolero y merengue para más señas, no quería perder esta vez las referencias al deporte, al balompié, al trabajo en equipo y al disfrute que supone escucharle, tanto en el encuentro previo al concierto, con más presencia de la habitual, donde su cercanía, humor y buen talante nos preparó a todos para la terapia mozartiana en esta nueva visita a la capital, y además con la compañía de nuestros amigos del Cuarteto Quiroga.

Comentaba el pianista sus inicios en la música como terapia para un niño travieso, nada raro entonces, donde un concierto le atrapó, el apoyo de sus padres, el clarinete que su tía cambió por un piano tras los veranos en La Antilla, los esfuerzos y su eterno agradecimiento para todos sus profesores, desde sor Julia Hierro, la primera y hoy nonagenaria con quien aún habla antes de los conciertos y reza por él desde el asilo, pasando por Ana Guijarro en sus años sevillanos, o Josep Colom, de todos y cada uno con el recuerdo de su permanente magisterio, más el siempre necesario apoyo de su esposa Lidia, que además de pianista conoce como nadie a su pareja.

Le preguntaba «el habitual» de cada encuentro en la Sala de Cámara tres cuartos de hora antes de los conciertos, qué obras habían sido las más difíciles y Perianes no dudó  en contestarle que las actuales, siempre nuevas y distintas porque el directo es irrepetible, incluso cuando graba prefiere hacerlo de un tirón y que sea el ingeniero quien elija la toma buena, sin «corta y pega» porque Javier es además de un excelente pianista es un tipo espontáneo, cercano, «disfrutón», con las ideas claras de quien vive el momento y contagia alegría de vivir con, por y para la música.

El programa íntegro de Mozart comenzaba con el Concierto para piano nº 24 en do menor, K. 491 (1786) en una reducción para cuarteto de cuerda con piano, un cinco muy baloncestístico donde el de Nerva sería como un buen base que tiene memorizadas las jugadas, cuenta con un equipo de estrellas y reparte a diestro y siniestro, con bandejas y asistencias para que los compañeros rematen, generosidad, respeto y dominio del parqué. Este vigésimo cuarto del de Salzburgo nos dejó la feliz conjunción y entendimiento de un quinteto que lleva años jugando juntos, y que en palabras del musicólogo y compositor británico Arthur Hutchings (1906-1989), el mayor especialista del genio austriaco, considera su esfuerzo más sutil: «se trata de una obra oscura y apasionante, hecha más sorprendente por su restricción clásica, y el movimiento final, un conjunto de variaciones, es comúnmente considerado como ‘sublime’ (…)», y al de Nerva, que llevo años denominándole «El Sorolla del piano» por su luminosidad, no quiero olvidarme de las llamadas ‘sombras coloreadas’ tan del gusto impresionista, con todo el juego aportado por el Cuarteto Quiroga y el piano siempre limpio, claro y presente, convirtiendo el concierto orquestal de sonoridades y texturas que lograría la sección de viento del lienzo sinfónico, llevado a una paleta ligera y tenue de acuarela donde no hay posibilidad de corrección, y el quinteto no la necesitó, repartiendo «el base» y esquivando en solitario desde su puesto retrasado que aunaba e integraba este concierto tan vienés, desde el patético Allegro inicial a la luz del Larghetto para volver a los claroscuros del Allegretto final donde no faltarán los toques musicales humorísticos del Mozart en estado puro, pasajes virtuosos y el preciso contrapunto con diálogos motivados y tímbricos en este verdadero equipo de estrellas.

Ya con la plantilla perfecta y la selección OSPA con un equipo donde «Los Quiroga» se integraron a la perfección en la llamemos columna vertebral de la cuerda, y con Cibrán Sierra de concertino en perfecto entendimiento con Perianes, llegaría el Concierto para piano nº 12 en la mayor, K. 385p (414), compuesto a finales de 1782 en la tonalidad que para Mozart era sinónimo de lirismo y serenidad, y en su momento anunciado como que «puede(n) ser interpretados no sólo con un acompañamiento de gran orquesta y vientos, sino también con un quattro, es decir, con dos violines, viola y violonchelo». Fiel por tanto a esta idea de Mozart intentando publicarlos por suscripción, más allá del enfoque utilitario (recordar que los músicos también comen), con Perianes en el centro del campo me recordaría al mejor Iniesta, aunque como merengue tendré que llamarle mejor Luka Modrić por los triunfos del madridista y la veteranía que supone una trayectoria que en el piano es siempre más longeva que en el fútbol.

Más que dirigir o concertar, Perianes desde el piano marca lo necesario para dar confianza al equipo, la «serenidad de la mayor», además de exigir más responsabilidad en cada parcela del campo, y así fluyó la terapia musical de este duodécimo. Aires de serenata, el lirismo que nunca falta, las cadencias -desconozco la autoría -bien encajadas porque los pases van al hueco donde siempre hay la recepción exacta y viceversa, todo el equipo engrasado, disfrutando porque aquí no es necesaria «la épica blanca» sino el disfrute con el toque, escuchándose, vibrando, contagiando energía, vitalidad, todo en una ejecución de Champions, con la plantilla funcionando desde la línea medular –como llaman los periodistas expertos– de la cuerda hasta una madera de lo más mozartiana y unos metales junto a los timbales sin necesidad de «sobar la bola» ni «echar balones fuera», más bien integrándose en esta unidad terapéutica con los ‘amados clarinetes’ desde aquel 1777 en Mannheim, con el Andante para recrearse todos al primer toque, sutiles, compactos, con la posesión justa para mover esta música donde el «mediocampista» lució galones sin necesitar excentricidades.

Y en este espectáculo de los tres conciertos de Mozart tan vieneses, el Concierto para piano nº 21 en do mayor, K. 467 (1785) sin clarinetes pero con el mismo equipo y estructura nos trajo al Perianes en modo Toni Kroos, actual, certero, manejando este bellísimo concierto (que lleva de sobrenombre «Elvira Madigan» por la película que popularizó su segundo movimiento), sin necesidad de partitura, plenamente integrado en su quehacer desde distintos campos y equipos pero con la confianza de jugar en casa, secundado y apoyado, sin miedo escénico ni presión porque el triunfo estaba asegurado y este partido  era para disfrutarlo tanto en el campo como desde la grada. Cibrán un lateral izquierdo que sube la banda, Poggio en el derecho sin dejar pasar nada, más «adelantados» Puchades y Hevia (habitual con la elástica asturiana) en posición de refuerzo central, con una delantera de viento capaz de atacar con sutileza y elegancia, y de sacrificarse «recuperando balones» manteniendo un excelente trabajo de equipo donde Perianes repartió todo el juego que atesora en su cabeza, corazón y dedos. Si el Allegro maestoso hizo gala del calificativo, con perlas al piano, dinámicas de claroscuros y guiños sinfónicos, el famosísimo Andante fue de una hondura capaz de cortar la respiración, abriendo el campo de escucha con una cuerda gustándose mutuamente, y el inmenso Allegro vivace assai atacado sin fisuras, casi diabólico por un feliz alboroto lleno de descaro compositivo e interpretativo, contagioso para toda la selección orquestal, con el Mozart que parecía tener en mente la diversión pianística y los juegos con la orquesta perfectamente dispuesta y capaz de tocar.

El partido se nos hizo corto en el escenario ovetense pero podré recordarlo como otro encuentro de los que hacen afición, con este equipo OSPA de primera al que Mozart siempre le sienta bien, más con los compañeros de este noveno de abono.

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