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Pecados operísticos

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Jueves 29 de julio, 20:00 horasIglesia de Santa María La Real de La Corte: Oviedo, Origen del CaminoEsplendores SonorosAna Nebot (soprano), Arkaitz Mendoza (órgano). Compositores operísticos y música sacra. Entrada gratuita (previa reserva).

Último de los tres conciertos en La Corte dentro de la programación ovetense veraniega con el dúo Ana Nebot y su «habitual» Arkaitz Mendoza que cambió el piano por el órgano barroco (aunque no todas las partituras), con un repertorio que podríamos titular de «pecados operísticos» al seleccionar a compositores que se acercaron a la música sacra en distintas épocas desde el barroco al pasado siglo.

Pero el rey de los instrumentos barroco, salvo dos intervenciones en solitario del repertorista vasco, el Tiento en fa de Correa de Arauxo (casi irreconocible y falto de mejor ornamentación) y la Fantasía cromática de Sweelinck (algo borrosa en sonoridades y ejecución), no es romántico y carece del pedal de expresión, si bien podría haber hecho del acompañamiento una «orquesta de tubos» o al menos haber trabajado con más variedad los registros, pues las reducciones orquestales para piano no suenan igual al órgano, obligando a esforzarse en demasía la soprano carbayona, que hubo de obviar a menudo los matices originales ante las limitaciones del instrumento. La afinación del instrumento restaurado por Grenzing a 415 Hz. tampoco es la habitual para los cantantes no especializados en repertorios históricos, que no brillan tanto como con orquesta, y menos la reverberación del templo de la plaza de Feijóo, demasiados hándicaps con los que hubo que bregar «La Nebot», así como poco ideales las obras elegidas con ese acompañamiento, aunque todo ayude a una mayor proyección de la personal voz de la soprano que pareció mostrarse más cómoda hacia el final del concierto.

De los grandes operistas abría este concierto sacro el aria de «El Mesías» (Haendel) How beautiful, donde mis temores al comprobar previamente el repertorio comenzaron a salir a flote. Al menos Vivaldi parecía más adecuado con sus motetes Nulla in mundo pax, RV 630 y Ostro picta, armata spina, RV 642, tal vez algo precipitados de tempo para los virtuosísticos pasajes de agilidades forzadas y volúmenes en el órgano poco adecuados.

Mejor el Vidit sumus del «Stabat mater» (Pergolesi) precisamente por su escritura de acompañamiento más apropiada al aerófono, el aire contenido y el color de la soprano ovetense. En cambio Tu virginum del motete «Exsultate jubilate», KV 165 (Mozart) no aguantó tan bien el paso de la orquesta al piano que el órgano precisamente por la escasa riqueza en los registros enturbiaría la belleza de este número previo al Aleluya final (que no escuchamos). Al menos la religiosidad luminosa de Haydn nos transportó con el aria de Gabriel Und Gott sprach… Nun beute… del oratorio «La Creación» que tiene ese color carnoso ideal para la voz de Ana Nebot.

Uno de los grandes compositores de ópera como Rossini no dudaría en acercarse a la música sacra como «un pecado de vejez» y su «Petite Messe Solennelle» es una de esas joyas de las que el O salutaris (que no suele formar parte de la Misa) resulta ideal para el lucimiento de las sopranos incluso solo con piano. Hubiese sido una solución mantener todo el programa en ese formato de recital pero la apuesta por el órgano no creo haya sido la opción correcta pese a la belleza de las obras.

Así lo sentí con los tres Ave María elegidos para concluir el concierto alterando el orden programado como hizo saber de viva voz la propia Ana Nebot, quien añadió que se podía aplaudir cuando quisiéramos dado el silencio sepulcral hasta entonces. Comenzó con el de Gounod sobre el primer preludio de Bach, después el verdiano de «Otello» y  finalmente Mascagni del conocido intermedio de su ópera «Cavalleria Rusticana» con letra de Piero Mazzoni. Tres conceptos operísticos distintos que si bien el primero estamos acostumbrados a escuchar en las iglesias con órgano o piano en muchas ceremonias sin ser parte del ordinario de la misa, aunque muy agradecido por todo el público que al fin rompió su contención; mejor el operístico con órgano y casi imposible de reconocer el último por un instrumento desfigurado en su acompañamiento.

Lástima no haber escuchado a la soprano de casa al piano con el mismo Arkaitz, puesto que la calidad quedó empañada por esta apuesta fallida, al menos eso creo, pero aplaudir como siempre el trabajo y entrega de Ana Nebot ante su público fiel.

San Mateo lírico

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Lunes 7 de septiembre, 20:00 horas. Auditorio de Oviedo, sala de cámara. «Clásicos en San Mateo»: Ana Nebot (soprano), Juan Noval (tenor), Arkaitz Mendoza (piano). Entradas gratuitas (previa reserva on line) y agotadas.

La lírica también se ha visto afectada esta temporada, que arrancaba el pasado viernes con la nueva temporada de ópera, triste por las restricciones de aforo y alegre por volver a la música en vivo. Las emociones siguen encontradas en esta dicotomía permanente con el miedo que parece atenazar a muchos porque las incertidumbres son diarias y cambiantes a cada momento.
El ayuntamiento de Oviedo y su concejal correspondiente «del ramo» parece que han tomado nota que la Cultura, con mayúscula, es segura, mucho más que otras actividades (y las musicales no pueden olvidarse de la «música culta») con todas las medidas de seguridad que «el bicho mu malo» obliga, si bien habrá que esperar resultados, aunque por fin se haga hueco en unas fiestas locales que serán muy distintas a las de siempre, lo mismo que nuestra vida desde el 13 de marzo, e intentando cubrir ausencias que no volverán (cancelaciones) o se transformarán por necesidad (aplazamientos), sin olvidarnos que muchos cantantes líricos lo están pasando verdaderamente mal en estos tiempos, creando en pleno confinamiento un sindicato propio que les dé voz, reclamando les reconozcan su peculiar trabajo además de hacer velar sus derechos («potenciar, defender y dignificar la lírica de nuestro país«) ante una clase política que parece no enterarse de lo que este colectivo significa para una sociedad cada vez más perdida.
Este ciclo de «Clásicos en San Mateo» se abre con artistas asturianos (si no los apoyamos nosotros nadie lo hará), primer día con la soprano carbayona Ana Nebot y el tenor poleso Juan Noval acompañados al piano por Arkaitz Mendoza que completaron un aforo reducido pero entregado, agradeciendo al final del concierto al alcalde Alfredo Canteli y Covadonga Díaz concejal de festejos el esfuerzo por sacar adelante este ciclo lírico, que disfrutaron como todos los presentes.
Los dos cantantes asturianos prepararon un concierto de salón, París en Oviedo y la sala de cámara, Amor de salón, amor de teatro» repartiéndose las dos partes sin pausa, con algunos dúos demostrando el empaste de sus voces agudas y la complicidad, entre ellos siempre con un excelente Arkaiz Mendoza que también tuvo sus «intermedios» solísticos adaptados a las páginas elegidas para los necesarios descansos vocales.
Ana Nebot se mueve como pez en el agua con las canciones francesas, interpretadas antes de la pandemia en el Filarmónica homenajeando a la Alianza Francesa, de amor y desamor, el postromanticismo entre siglos con aire cercano, dominando el idioma más bello para cantar al amor y también el más comprometido por la pronunciación, que la soprano controla como una segunda lengua. Así fue desgranando cuatro canciones del venezolano afincado en París Reynaldo Hahn (no podía faltar A Chloris), poesía hecha canción, continuando con el intimista Gabriel Fauré o la poco escuchada española y francesa Pauline Viardot, el único Francois Poulenc que recordaba al operístico de estos días en el Campoamor, o el inimitable Satie. De mariposas y lunas llenas, del amor carnal hasta La diva de L’Empire -dedicada a la recién fallecida Pepa Ojanguren que le regalase el elegantísimo vestido negro que lució su paisana- con una sentida de las tres Romances sans parolesop. 17 nº 3 (Fauré) al piano junto a la famosísima Gimnopedia nº 1 del genial Erik, buenas elecciones entre esos bloques para disfrutar de un piano maestro, así como el primer dúo con NovalNebot conocida y querida, con escena, alegría y entrega, en casa, y el acompañamiento magistral en cada página, coprotagonista de cabaret igualmente cómplice necesario de la voz en los dos números de Offenbach antes de la sorpresa final.
Con un coro de lujo formado por casi todo el elenco operístico que en los huecos también disfruta de Oviedo, presentes en la sala y apoyando a su compañera y amiga, un agradecimiento francés de la Gavota de Manon (Massenet), perfecto colofón de «La Nebot», una joya pletórica preparando la segunda parte con «El Noval».
Si Juan en el dúo inicial con Ana se mostró pletórico, su elección de arias de ópera presentadas en París, datos cronológicos humorísticamente explicados, fue la confirmación de un excelente estado vocal y escénico, grata sorpresa comprobar la evolución de estos años. Páginas ideales, y no muy escuchadas que siempre es de agradecer, para su color y tesitura jugando con volúmenes en un derroche de buen gusto y dominio: E. Lalo y el aria de Le roi d’Ys que popularizase el gran Fleta, matizada al detalle, El Juramento de Mercadante, o ese dúo de Romeo y Julieta (Gounod) muy logrado y semiescenificado con la soprano local mostrando un empaste perfecto.
El «Intermezzo» de Carmen (Bizet) al piano, haciéndonos olvidarse la flauta protagonista y reivindicando su papel en estos recitales (labor impagable la del mal llamado acompañante), hizo de puente instrumental para los «diablos» franceses: el Faust de Gounod (inmejorable) y el Mefistófeles de Boito (rotundo), páginas históricas bien cantadas por el tenor de «La Pola» (es de Siero para los de Oviedo). Cómodo y convincente, agudos potentes además de sentidos y bien interpretados.
Perfecto «puente pianístico» el  bellísimo Intermezzo de «Cavalleria Rusticana» (Mascagnial piano antes del final con dos nuevas muestras de gusto y ampliación de repertorio más allá del operístico pero igualmente exigentes: María del «West Side Story» (Bernstein) que el propio Lenny aplaudiría más que al «Carrerines» famoso, y nuestra zarzuela, Por el humo se sabe dónde está el fuego romanza por excelencia de «Doña Francisquita» (Vives) que en ese momento era Premio Max por la producción que el año pasado «vimos en Oviedo«del Teatro de la Zarzuela. Larga vida a la zarzuela sin complejos bien cantada.
Un Juan Noval renovado, maduro, pletórico y con ganas de verle sobre las tablas. No hubo propina pero sí las palabras de agradecimiento de Ana Nebot en nombre de tantos cantantes y antes recordadas para un público entregado a estas voces asturianas a las que debemos apoyar porque «La Cultura es segura» y ejemplar, nuestra lírica es seña de identidad de un Oviedo capitalidad musical. Que la música no pare…