Inicio

Garanča es La Mezzo

Deja un comentario

Jueves 8 de mayo, 20:00 horas. Oviedo, Conciertos del Auditorio: Elĩna Garanča (mezzo), Oviedo Filarmonía, Karel Mark Chichon (director). Obras de Glinka, Tchaikovsky, Massenet, Saint-Saëns, Gounod, P. Marquina, S. Lope, Manuel Penella y Bizet.

El próximo San Juan hará cinco años de espera que merecieron la pena. Esta vez en solitario (sin Cura), también dirigiendo Chichon (como casi siempre) pero Oviedo Filarmonía en vez de OSPA y el Auditorio en vez de Teatro Campoamor: Elĩna Garanča sigue enamorando con Mark Chichon, con el poso (y peso) de la reciente maternidad que aún hace más bella su voz en cualquier registro, desde una técnica exquisita que hace fluir y llegar a todos los rincones pese a tener detrás (y siempre «a sus pies») una orquesta a pleno rendimiento donde su pareja no perdona, dominando de memoria cada obra como sólo su estado civil puede lograr.

En la línea de las grandes voces, casi todas pasando por esta capital lírica, Oviedo rendido a ella, única, diva, la letona, «La Mezzo»…

Para alcanzar estas cotas de calidad y reconocimiento mundial, sumar además de una voz prodigiosa, la inteligencia en la elección del repertorio, aparcando los roles belcantísticos y centrándose en el repertorio francés (como así lo recoge Pablo Meléndez-Haddad en las notas al programa). En la segunda parte fue Carmen de Bizet y como en su registro, puedo añadir que ella es actualmente «La Carmen de España y no la de Merimé», pero comenzar escuchando el aria «Adiós a tus montañas y tus prados» de la poco conocida La doncella de Orleans (Tchaikovsky) sirve para recuperar repertorios, engrandecer personajes como el de Juana de Arco y agradecer una herencia desde la que pasar directamente al francés que la cantante de Riga hace y siente como nadie.

Primero «Mon coeur s’ouvre à ta voix» del Samson et Dalila (Saint-Saëns) recreándose en el «tempo», vocalizando como una parisina, seduciendo, luciendo en presencia, física y vocal un personaje arriesgado como la partitura, y después Gounod con «Plus grand, dans son obscurité«, el aria más conocida de La Reina de Saba que no tiene nada que envidiar a otras del galo aunque personalmente desconozca esta ópera completa, pero perfecto cierre a la primera parte.

La segunda lo apuntado de Carmen Garanča, cambiando el vestido gris por el rojo pasión. Todas sus arias de la ópera alternando con preludios y entreactos instrumentales engarzado no en el orden de la representación pero eficaz en esta globalidad. Abría con la primera versión de «L’amour est un enfant de Bohème» del acto I, el preludio y la famosa Habanera seguida del entreacto del tercer acto para regalarnos la seguidilla del primer acto (pandereta entre cellos y violas) excepcional, entreacto del cuarto, «En vain, por éviter» del tercero, entreacto del segundo y la canción bohemia para cerrar esta «selección carmina», lección de canto puro, interpretación, riqueza expresiva, destacando la perfecta concertación y conocimiento del maestro Chichon que sacó de la Oviedo Filarmonía lo mejor de ella, cierre de temporada madura, auténtico placer no ya en el acompañamiento sino en sus intervenciones instrumentales:

La obertura de Ruslán y Ludmila (Glinka) es piedra angular de toda orquesta sinfónica, más para arrancar velada y con el aire ligero por el que optó el director llanito, pero que cada sección respondió a los requerimientos. La conocidísima «Meditation» de Thaïs (Massenet) nos permitió disfrutar de la calidad y sonoridad que nuestro concertino Andrei Mijlin atesora, secundado por el arpa de Danuta Wojnar y arropado por todos sus compañeros. La «Bacanal» tras el aria de Dalila Garanča lo fue literalmente por el derroche tímbrico de la orquesta ovetense, odalisca bella, danzarina y clara con la dirección elegante y precisa de Chichon.

Los tres pasodobles enlazados como ambientación o preparación española para la cigarrera andaluza pueden resultar bien fuera de España. Enlazar España Cañí (P. Marquina), Gerona (S. Lope) y el más famoso de Penella (El Gato Montés) todos sin completar, caen en tópicos musicales aunque con Karel Mark la OvFi los hizo sinfónicos, sobre todo el último que sería muy rápido para bailar e incluso cantar.

Toda diva se hace de rogar y los aplausos merecidos trajeron las esperadas «Carceleras» de Las hijas del Zebedeo (Chapí), justo lo español puro y sin tópicos, dicción casi malagueña y género que La Mezzo ama y lleva por todo el mundo, lo que debemos agradecerle, especialmente cantándolo como ella lo hace. Distinta su versión del mundial Granada (A. Lara) aunque costase sacarla tantas veces a escena antes de una segunda propina que levantó al respetable de sus asientos (y Neira cronometró) más por gratitud y emociones anteriores de una interpretación globalmente casi completa. Oviedo capital de la lírica exige hasta en los regalos, y eso que hubo ramos de flores para la pareja. Y queda completar el refrán «a la tercera va la vencida» que no desisto sea directamente en la (temporada de) ópera, aunque en estos tiempos supongo que sólo sea un sueño. La esperanza musical nunca la pierdo, Benalmádena no está tan lejos y Garanča se sintió como en casa, a lo que la OvFil ayudó y Chichon fue cómplice.

2:10.

Sonrisas musicales

Deja un comentario

Martes 6 de mayo, 20:00 horas. Auditorio de Oviedo, Sala de Cámara: «Primavera Barroca». Orquesta Barroca de la Universidad de Salamanca, Enrico Onofri (concertino y director). Entre bromas y veras, obras de C. P. Stamitz y W. A. Mozart.

Cuarto concierto de este ciclo camerístico que este martes traía hasta la capital la joven orquesta universitaria salmantina que me recordó la primera de ellas que fundase en Oviedo mi admirado Alfonso Ordieres. Siempre es reconfortante escuchar formaciones con esta media de edad y además siguiendo criterios historicistas tanto en la ejecución como en los repertorios barrocos y del primer clasicismo, que era el que ocupaba este programa jugando entre esos dos mundos, uno tardío pero que siguió y continúa de moda, el otro temprano y por tanto nuevo para sus coetáneos pero que mantiene muchos referentes del anterior.

Orquesta de cuerda con clave y dos trompas naturales como la plantilla salmantina de entonces (que no tenía flautas ni oboe) para recrear dos siglos después el par de sinfonías de Carl Philipp Stamitz, hijo de Johann y con años pasados en Manheim, detalles que pueden explicar este «puente de estilos», partituras recuperadas por encargo del CNDM -como muchas más de este ciclo- en adaptaciones de finales del siglo XVIII para la capilla de música de la Universidad de Salamanca que bien explica Bernardo García-Bernalt en las notas al programa que aquí he copiado:

Resultan interesantes para centrar históricamente dónde sonaban y en qué entorno de seriedad opuesto al de sus compañeras de concierto compuestas por el genio de Mozart siempre juguetón, bromista, musicalmente siempre avanzado y fresco aunque como en el anterior, también deudor e hijo del también músico Leopold, como si estos genes marcasen de forma sutil todo lo que sonó en la sala carbayona bien concertado por Enrico Onofri. Stamitz abriría las dos partes de la velada: la Sinfonía nº 4 en sol mayor, op. 13/16 hizo sonar la orquesta con toda la plantilla desplazada para la ocasión, tres movimientos contrastados con el Presto inicial, el Andantino donde las trompas no participaban (flautas en la partitura original), y el Prestissimo realmente contrastadísimo en matices, más barroco que clásico en sonoridades y escritura, con los problemas normales de afinación para estas formaciones pero demostrando un trabajo por parte de todos capaz de alcanzar una sonoridad homogénea rica en dinámicas y técnica al servicio de esta sinfonía tan joven como sus intérpretes perfectamente llevados por el maestro Onofri (que fuese concertino con Savall en aquella Capella Reial que tanto disfrutamos).

Para disfrutar solamente de la cuerda pasamos a escuchar el Cuarteto en sol mayor, KV 156 de Mozart en versión orquestal milanesa de 1772, manteniendo la estructura tripartita y contrastada: Presto, Adagio y especialmente en el Tempo di Menuetto donde disfrutamos de los cuatro solistas realmente como en el original antes del «Da capo» que conduce al final. La frescura mozartiana desde una naturalidad tanto en sonido como composición y ejecución continuaría con el conocido y exigente Divertimento en re mayor, KV 136 incorporándose el clave (que logra color barroco desde el lienzo clásico) para disfrutar con este «juguete sonoro» casi leopoldiano, en el buen sentido de disfrute musical sin prisas pero sin pausas, salvo las obligadas para reajustar afinaciones. La sucesión Allegro, Andante, Presto mantuvo el saber enamorar musical del de Salzburgo con estas dos obras contáneas antes del descanso. Mismo esquema para completar bromas precedidas de seriedad en estilos similares y no tan diferenciados como podríamos pensar antes de escucharlas, ¿dos caras de la misma moneda o sarcasmo más que humor?.

La orquesta al completo comenzó con la Sinfonía nº 6 en fa mayor, op. 13/16 más plena que la primera, tres movimientos donde el Moderato central sonó preciso, silencios dramáticos subrayando las largas notas tenidas del par de trompas (oboe en la original) en tonalidad menor antes del arrollador Presto final que los jóvenes salmantinos con Onofri al frente solventaron contagiando alegría «preparando los ánimos de los mozartianos para el misterio de su broma» parafraseando al profesor García-Bernalt.

La caricatura llena de creatividad, como todo lo del genio, auténtico divertimento incluso en el título Ein Musikalische Spass (una broma musical) con toda la mordacidad y parodia que queramos sabiendo que la compone recién muerto su padre, complicidad de estos intérpretes como los de entonces, el Divertimento en fa mayor, KV 522 resultó el perfecto colofón a un concierto que logró sacarnos sonrisas. El Menuett: Maestoso comenzó la broma de las trompas protagonistas mientras continuaba con el virtuoso Onofri y el «cuarteto de cuerda» (qué trabajo para la contrabajista) al que se sumó el clave, al igual que en el Adagio cantabile, sexteto de calidad y excelencia antes de reunirse en «tutti» para el conocido Presto final y el posterior regalo.

Arrancar sonriendo esta semana tan musical de mi Oviedo «austriaco» era lo mejor que podía pasarnos.

Mosaicos y vidrieras sonoras

2 comentarios

Viernes 2 de mayo, 20:00 horas. Auditorio de Oviedo, Concierto de abono nº 11 OSPA, Manuel Barrueco (guitarra), Andrew Grams (director). Obras de Ginastera, Leshnoff (estreno europeo) y Schumann.

El undécimo concierto de abono de la OSPA traía batuta nueva al mando, repetía guitarrista solista de talla mundial con estreno europeo (encargo de la propia orquesta asturiana en coproducción con las de Baltimore, Nashville y Reno), más la comentada estructura tripartita habitual de gran introducción, concierto solista central y segunda parte ocupada por sinfonismo de siempre, pero desconozco la causa por la que el auditorio sigue perdiendo ocupación de forma preocupante, esta vez puente y variada oferta que hacen de Oviedo casi la Viena española.

La formación asturiana continúa apostando por mezclar tradición e innovación a partir de un estado de forma que le permite afrontar repertorios de lo más variados y con batutas igualmente diferentes en su concepción y confección de programas. El joven director norteamericano mantuvo esa línea de alternancia con una concertación de gesto claro y preciso, apostando por dinámicas claras que no perturbaron un concepto melódico que siempre tuvo la respuesta adecuada por parte de los músicos en las tres obras.

Alberto Ginastera abría el concierto con las Variaciones concertantes (1953) que pusieron a prueba toda la OSPA con sus solistas y primeros atriles. Sobresaliente partitura de la llamada segunda etapa compositiva denominada «nacionalismo subjetivo» que analiza muy bien Julio Ogas en las notas al programa (enlazadas en los autores al inicio) y estrenada en Buenos Aires por nuestro recordado Igor Markevitch. Los doce números son un auténtico «mosaico sonoro» que daba título a este programa, intervenciones solistas para degustar y cual honrosa competición buscando lo emotivo y sincero de una música cercana y de composición inspirada en el folclore pero con peso propio. Los cinco primeros números sin pausa, fueron desgranando lo mejor de cada atril: I. Tema para violonchelo y arpa para lucimiento de Atapin y del Río, II. Interludio para cuerda reafirmando el momento especial de esta sección cuando se la «aprieta» y exige tensión en busca de la mejor sonoridad, necesaria para una partitura que básicamente pide colores instrumentales específicos y bien diferenciados, III. Variación jocosa para flauta con Myra Pearse siempre rebosante de musicalidad desde una pasmosa seguridad, IV. Variación en modo de Schero para clarinete para que Weisgerber no quisiera ser menos en esta «presentación» solística y la V. Variación dramática para viola que Alamá sintió como nadie, emocionando especialmente por timbre y calidez a solo, empaste colorista con flautas y clarinetes que redondearon contrabajos y trompas más arpa y clarinete en pizzicati. Cual juego de dobles lengüetas resultó la VI. Variación canónica para oboe y fagot, lenta calidad de Ferriol y Mascarell arropada por un colchón de cuerda que sin respiro nos elevó a la VII. Variación rítmica para trompeta y trombón, Van Weverwijk y Brandhofer con rítmica stravinskiana reforzada por los timbales, triple «t» marcando un heroísmo pentatónico antes de otra demostración solística con Vasiliev en VIII. Variación a modo de movimiento perpetuo para violín sin prisas y sin pausas, manteniendo el ritmo y jugando con las dinámicas en un perfecto entendimiento con el maestro Grams. La IX. Variación pastoral para trompa trajo el mejor Morató, aún cercano en la memoria, esta vez de lirismo a flor de piel para un movimiento lento de regusto chaikovsquiano y juegos tímbricos con trompetas y flautas antes de atacar el X. Interludio para viento madera, otro momento memorable dentro de un colorido más de vidriera por lo lumínico que de mosaico, otra demostración de calidad en la sección más segura de la OSPA. Si el inicio resultó emocionante, el XI. Recuperación del tema para contrabajo y arpa hizo que Mijno lograse sonar como Casals en un «tributo al grave hecho celeste» (roto por la caída de un bastón, preludio de un evento para no repetir) antes de concluir esta maravillosa obra con un rítmico XII. Variación final a modo de Rondó para orquesta, derroche de brillos en lenguaje cercano con paroxismo contenido de Mr. Prentice, el Ginastera más rítmico y sinfónico posible. El pincel lo puso la batuta de Grams que eligió esta obra para lucimiento de todos desde la exigencia y calidad, también claridad diáfana de sonoridades que el maestro dejó fluir para recrearse y disfrutar todos, pero que irremediablemente contrastaría con la siguiente obra.

Y es que el Concierto para guitarra (2013) de Jonathan Leshnoff (1973) resultó demasiado directo en referencias a nuestro eterno Joaquín Rodrigo, del que no necesitábamos otro Aranjuez estadounidense. Guitarra y española como tópico más que adjetivo, una escritura consensuada en Baltimore donde residen compositor e intérprete, que no esconde tributos ni técnicas. En la entrevista de Javier Neira al maestro Barrueco que pongo encima, éste reconoce que «el primer movimiento y el tercero son rítmicos, con ecos de la música española, de la «Asturias», de Albéniz y algo del «Concierto de Aranjuez». Cuando un compositor escribe para guitarra suele incorporar algo español». Así el Maestoso, Allegro inicial ya tenía los arpegios y contrastes solista-orquesta del compositor saguntino. Con una amplificación necesaria pero perfecta de volumen, su plano sonoro nunca sobrepasó presencia ni siquiera con los tutti, movimiento rico rítmicamente  y virtuosismo siempre en un largo punteo alternando con escalas modulantes ascendentes y descendentes de la orquesta, bien entendida en su papel tanto en color y textura como en los diálogos con la guitarra solista. Acordes secos y juego entre las secciones de cuerda y madera no hacían más que recordar «El Concierto» hasta que llegó un unísono de guitarra y oboe preciso y precioso desde el protagonismo guitarrístico con la orquestación muy bien tratada para lograr un equilibrio de matices, donde las gotas de color las pusieron las placas de madera en la percusión, cerrando este primer movimiento. El «Hod», Adagio, se vio groseramente interrumpido por el Tárrega implacable e imparable de un teléfono femenino en edad avanzada. Tras conseguir acallar el espíritu guitarrístico maleducado y celoso, obligando a reiniciar este segundo movimiento, cual recarga emocional en todos logró más intimismo para mayor gloria de una cuerda en estado de gracia. Como explica el profesor Ogas «… subtitulado por el compositor con la sexta letra del alfabeto hebreo (vav) asociada con la humildad (en hebreo Hod), se puede decir que constituye el núcleo catalizador del discurso expresivo de la composición…», puede que lo más emocional del concierto, estremecedor lirismo casi místico desde una interpretación sentida especialmente por la guitarra solista y «los arcos» incluyendo los platillos así ejecutados en otra búsqueda de colorido, recogimiento para un ambiente sonoro reforzado por el juego con el arpa y la melodía con sordina en la cuerda, finalizando en un crescendo tímbrico y rítmico hacia una luz crepuscular con armónicos en la guitarra. El III. Finale, vivamente utiliza el mismo «ostinato» que Albéniz en esa Leyenda subtitulada como nuestra tierra, sordinas en metales emulando los rasgueos y maderas los punteos en virtuosismo compartido, preciso, claro y clásico, agradable para todos más allá de reminiscencias españolas. Texturas muy cuidadas y bien escritas, dinámicas siempre apropiadas y marcadas desde el podio, melodías en madera con rasgueos en guitarra, compás de 6/8 para intervenciones limpias en la técnica del cubano, desarrollo en las distintas secciones de los temas dialogados con solista, cuerda en pizzicatto como gran guitarra sinfónica, virtuosismos en madera y guitarra y gradación en matices del pianísimo al piano con contenidos sin estridencias. Trompetas con sordina emulando rasgueos para más colorido pero nada nuevo o destacable en este discurrir sonoro con vuelta inicial en crescendo final muy rítmico. Reconocer que se trata de una obra agradable, que se escucha bien, que todo resultó correcto con el sonido y virtuosismo que en Barrueco, tercera vez que la interpreta, primera en Europa, sigue siendo admirable, como el de nuestros músicos, bien concertados por Grams, pero en estos tiempos debemos pedir un plus a los compositores.

Titulaba la crónica para LNE «De lo nuevo y eterno» por contraponer la primera parte venida de América y más cercana en el tiempo, con nuestra vieja y eterna Europa, donde «la segunda» de Schumann se erigió en diosa sinfónica. Menos famosa y programada que sus hermanas con títulos nada nobiliarios pero con la firma inimitable del más puro romanticismo alemán trajo la sustancia, el poderío, las sonoridades rotundas en los tutti y los silencios dramatizados que con la colocación actual de la OSPA aún refuerza más cada plano sonoro.

La Sinfonía nº 2 en do mayor, op. 61 marca distancias y exigencias que se notan. El Sostenuto assai – Allegro ma non troppo nos permitió degustar al poeta del claroscuro, el sonido con toda su riqueza, tensión en el momento justo, equilibrio dinámico dibujando los temas en cada sección con los gestos bien marcados por el director norteamericano, densidad e intensidad. Scherzo: Allegro vivace mantuvo un nivel alto tanto en los primeros como en los segundos violines en sus intervenciones, primando claridad e intención para unas líneas delgadas aunque pesantes ante tan múltiples contrastes que esta vez sí resultaron mosaico y no vidriera, búsqueda de los comentados claroscuros schumanianos de contrastes dinámicos desde los melódicos. El acelerando final de este movimiento remarcó la claridad de líneas bien demandada por la batuta. La magia de la cuerda asturiana llegó en el Adagio expresivo, sumándose los solos de oboe y fagot «marca OSPA» para generar ese clima irrepetible desde la pureza tímbrica. No quisieron quedarse atrás trompas o glautas para sumar a la paleta dibujada por un Grams convincente. El hermoso y bien interpretado sólo de clarinete (esta vez por Daniel S. Velasco) preparó el descubrimiento de un nuevo color surgido del homogéneo unísono de toda la madera en un tercer movimiento naturalista o realista pictóricamente hablando y dibujado por Andrew Grams, brillos opacos por la dualidad de contrastes, clarinete y oboe que juntos mezclan una madera en proporción adecuada para un crescendo emocional que no alcanza nunca una conclusión, esa indefinición buscada por Schumann para un «equilibrio inestable» y bien delineado que sólo asentará en el Allegro molto vivace, luz y vigor en un avance por lomas antes que cima, caminando a buen paso entre cascadas de cuerda antes de atravesar la bruma que inunda un deseado final tras el tortuoso fluir ignoto, rebosante de ideas que pasan por todas las secciones antes del silencio, pausa y último aliento antes de alcanzar la cumbre del acorde final en do mayor. Emociones de todo tipo que la OSPA transmitió de principio a fin. El tiempo sigue marcando diferencias y la historia necesita tiempo para contemplarla desde la distancia.

P.D.: La costumbre de tomar notas en los estrenos creo que se nota en entradas como la de hoy, mucho más largas de lo habitual precisamente por todo lo que escribo a medida que escucho la música.

Marina cantábrica

2 comentarios

Lunes 28 de abril, 20:00 horas. Teatro Campoamor, Oviedo: XXI Festival de Teatro Lírico Español. Marina (E. Arrieta). Sonia de Munck (Marina), Antonio Gandía (Jorge), Luis Cansino (Roque), Simón Orfila (Pascual), Gerardo Bullón (Alberto), Yolanda Secades (Teresa), Rubén Díez (un marinero), Marta Ruiz Fernández (una menor); Orquesta Langreana de Plectro; Capilla Polifónica «Ciudad de Oviedo» (director: Rubén Díez Fernández), Oviedo Filarmonía. Dirección Musical: Óliver Díaz. Escenografía: Juan Sanz y Miguel Ángel Coso. Entrada delantera de entresuelo: 38,50€ (+ 1€ gestión).

Tercer título de esta temporada que nos trajo esta ópera en versión completa del ICCMU en edición crítica de nuestra doctora Mª Encina Cortizo, recuperando dos números y pudiendo asistir a la primera representación cual Teatro Real madrileño que llenó el templo lírico asturiano. Apostar por la Marina de Arrieta asegura taquilla pero cuando el elenco vocal es tan equilibrado como el de este título tan conocido (ya visto recientemente en La Zarzuela madrileña), con un coro veterano y seguro, una orquesta nacida para el foso pero que está creciendo a pasos agigantados y una batuta de la casa que domina la partitura como pocos, el éxito resultó completo. La escenografía bien resuelta aunque personalmente oscura pues más que el Mediterráneo de Lloret casi resultó el Cantábrico de Puerto de Vega, hizo aún más asturiana esta producción.

Comenzaba comentando la partitura, exigente para todos los cantantes que deben hacer suyos unos personajes mejor asentados que el argumento, y Sonia de Munck resultó una convincente Marina que fue asentándose en cada acto tanto en sus romanzas, arias realmente duras y belcantistas como la del dúo con la flauta que tanto recuerda «la Lucía», como en los distintos dúos, cuartetos y concertantes, de color vocal adecuado y dramatizando su rol hasta un final esplendoroso.

Enorme en todos los aspectos el Roque de Luis Cansino (que sustituyó al inicialmente previsto Ángel Ódena), dominando este papel como pocos hoy en día, crecido desde su aparición, puede que algo sobreactuado y casi verdiano, con potencia unida a su reconocido gusto que no me extraña fuese el más aplaudido junto a la protagonista. Cierto que sus romanzas son muy populares y el público las sabe de memoria, pero dibujó su personaje cual Ahab amargado y satírico de gran poderío en toda la extensión vocal junto a una escena prodigiosa.

Otro triunfador en este reparto tan equilibrado fue Antonio Gandía con su Jorge que fue creciendo a la par que el personaje, Costa la de Levante… tenor seguro en el agudo pese a ciertas dudas iniciales rápidamente solventadas, registro medio redondo y grave sin perder color ni volumen, de enorme musicalidad en cada romanza y excelente empaste en los dúos tanto con Marina como con Roque, así como en los concertantes.

El Pascual de Simón Orfila en la línea canora del menorquín, hermoso color vocal y actoral totalmente opuesto a Roque, celoso y elegante, siempre derrochando profesionalidad y entrega para delinear un cuarteto protagonista de enorme calidad.

Las breves intervenciones del canario Gerardo Bullón, así como las de los asturianos Yolanda Secades o Rubén Díaz seguras, la primera con un hermoso dúo con Marina, el marinero con Pascual, de la Capilla Polifónica que volvió a demostrar versatilidad vocal y escénica, empaste, potencia, gusto, algo titubeantes o remolcados por momentos pero que como el resto fueron de menos a más en este «estreno» que siempre supone dificultades añadidas, con las voces graves bien en el «Marinero» pero en el conocido «Brindis» muy presentes aunque algo retrasadas con respecto a Jorge, que encajaron mejor en el «da capo». Estoy seguro que en la tercera función del viernes todos bordarán esta Marina ya de por sí muy equilibrada.

La Oviedo Filarmonía sonó como la perfecta formación de foso que es, con algún detalle mejorable en alguna intervención solista (por otra parte comprometidas), bien de sonoridades adecuadas a cada escena, presente pero nunca dominante ni estridente. Del éxito global fue responsable el maestro ovetense de alma gijonesa Óliver Díaz, artífice de una versión rica en contrastes dinámicos y expresivos, plenamente romántica, mimando las voces, tiempos puede que algo rápidos para los concertantes finales con el coro, pero donde todos respondieron a sus indicaciones, si se me apura capitán lobo de mar de un navío surcando las aguas entre Peñas y Vidio. Dominar el timón, en este caso partitura, permite hablar de interpretación más que de mera representación.

No quiero olvidarme de la figuración y la «recuperada sardana» bien bailada, marcando todos los pasos como auténticos catalanes, sumándose Pascual y Marina que cantaron a continuación sin fatiga alguna. Con poco peso las tres púas y dos guitarras de la Orquesta Langreana de Plectro, aunque ayudó a completar la redonda romanza de Roque llena de brea, que en el norte llamamos chapapote aunque suene menos musical y tenga recuerdos de «poco Prestige».

Aún queda un Curro Vargas muy esperado, elevando la zarzuela ovetense a las cotas de Lírica con mayúscula, equiparable en todo a la ópera de la que el Campoamor entiende, más cuando tenemos repartos como el de esta Marina, asturiana con más salitre y oleaje, galerada mejor que ciclogénesis explosiva y voces internacionales dignificando nuestro genuino y exportable género musical. Pero habrá que esperar a junio.

P.D.: La prensa el día después: Codalario, El Comercio Digital y LNE.

Y sigue asombrando ¡muy grande LDO!

4 comentarios

Siempre es un orgullo comprobar que la llamada «Marca España«, para nosotros Made in Asturias, está mal utilizada porque también es cultura y música, coral de calidad y promoción real con más que sobrada dignidad y esfuerzo que tiene recompensa (menos veces de las que se merecen).

Y así lo ha vuelto a demostrar nuestro coro El León de Oro (LDO) dirigido por Marco A. García de Paz, que este fin de semana ha vuelto a hacer historia alzándose con el Primer Premio del I London International A Cappella Choir Competition, concurso que reunía cual «champions league coral» en su capital mundial a doce coros a cual más reputado.

Primera alegría saber que LDO había ganado la semifinal de este viernes 25 pasando a disputar la gran final del sábado 26 en St. John’s Smith Square, y todo por las redes sociales (Facebook, Twitter) que muchos usamos agradeciendo la rapidez con la que se comparten noticias, incluso buenas.

Ahí estaban los cuatro mejores coros del mundo, de Italia, Reino Unido, Estonia ¡y España!, esperando el sábado con tensión, emoción y para LDO plenamente felices porque estar ahí era todo un premio. Los enormes sacrificios para este «Road To London» tenían su recompensa.

 

Los gozoniegos están realmente acostumbrados a situaciones tensas, experiencia de años y perfecto equilibrio entre juventud y veteranía, con otros concursos muy exigentes aunque el londinense tenía ese plus de estar organizado por The Thallis Scholars y el querido Peter Phillips con quien LDO ha conseguido una química especial más que recíproca.

No hubo fallos, Tavener era el homenajeado y en las voces no rugientes sino convincentes, disfrutando como sólo ellos saben y contagian, pudo ser el tema desequilibrante para alzarse con un Primer Premio que sabe a mucho. Entre las obras cantadas vuelta al espacio con Iupiter de Ostrzyga estratosférico literalmente. Algo tiene especial este coro de leones que también cautivó al jurado y público británico, auténtica cátedra de la música coral universal.

Las fotos que ilustran esta entrada (vídeos en el otro blog que en este hay que pagar el pluggin) están sacadas de las ya citadas redes sociales subidas por componentes, amigos y familiares de «los leones«, incluyendo esta de Marco Antonio García de Paz recogiendo el diploma acreditativo del galardón casi como la Copa de Europa Coral en St. John’s porque Wembley es historia pasada:

Celebraciones más que ganadas a pulso, alegría desbordada, felicidad compartida, «orgullo leónigan» y lo mejor de todo, su continua búsqueda de la belleza y la perfección para la que el premio supone otro acicate ya que ellos nunca decaen… Rugidos hermosos que son la llamada a sus seguidores, en aumento.

Muerte como inspiración viva

1 comentario

Viernes 25 de abril, 20:00 horas. Auditorio de Oviedo, «Música y Guerra. La muerte, fuente de inspiración», abono nº 10: OSPA, Nicholas Mulroy (tenor), José Luis Morató (trompa), Benjamin Bayl (director). Obras de Ravel, Pärt, Britten y Haydn.

La conferencia previa de Israel López Estelche (autor también de unas excelentes notas al programa, que dejo enlazadas en los compositores) pese a titularse «Thanatos sustituye a Eutherpe: la muerte como acicate» no cayó en el morbo ni supuso planteamientos humanos o divinos, simplemente nos recordó cómo la muerte está presente en las obras de tantos compositores más allá de los que ocupan el décimo programa. Desde su dominio de la música del pasado siglo fue abocetando con rigor y concisión dada la amplitud y subjetividad del tema, autores y obras hasta las más cercanas y trágicas como las protagonizadas por el terrorismo, citando obras «en él inspiradas» de S. Reich en torno al 11S como WTD 9/11 o J. María Sánchez Verdú del 11M con Arquitecturas del vacío). Muerte inspiradora más allá que la propia vida desde los inicios, independientemente de cómo la planteemos: vida tras la muerte o vida hacia la muerte, vivir para morir, morir para vivir… apasionante dualidad única, muerte llena de vida, vida llena de muerte.

El concierto giraba en torno a la atmósfera mortuoria desde la óptica de cada compositor, aunque también distinta la segunda parte, única, más viva y menos emocionante, luz sombría frente a oscura luminosidad como si lo desconocido nos contagiase a todos y lo cotidiano nos hiciese perder tensión, y con un director que no es nuevo en Oviedo, abordando oratorio, ópera o música sinfónica.

La orquestación del propio Ravel de su nada convencional Pavana para una infanta difunta aplacó los ánimos con una sonoridad rica, especialmente en una cuerda que este viernes sonó como me gusta, muy trabajada por el maestro Bayl que pareció buscar tensión e intensidad en todas las obras desde la primera nota. Como continuidad buscada, interrumpida por los aplausos lógicos, siguió el Cantus in memoriam Benjamin Britten de Arvo Pärt sólo para cuerda y una campana, auténtico coral desde la cuerda que empastó como si de voces instrumentalizadas se tratase, dinámicas en partitura muy inspirada donde «todo surge y acaba» que escribe López Estelche. Colocación vienesa pero con los contrabajos a la derecha, Pärt no sólo rinde homenaje al siguiente compositor programado sino que preparó a los músicos y público anímicamente, siempre con la clara dirección del australiano, que marcó arriba el final de la campana para dejarla sonando lo que debía y evitar aplausos indebidos (sigo preguntándome cuál es la razón de parte del público para interrumpir sin degustar el sabor que deja la última nota flotando en el aire).

La obra cumbre de este viernes sería la Serenata para tenor, trompa y cuerdas, op. 31 de Britten, compositor al que la OSPA parece haberle encontrado el punto exacto de entrega, y que tenía como solistas a su titular Morató, estirpe de trompistas, y al tenor inglés Mulroy, ninguno perfecto por distintas razones, pero capaces de emocionar, o al menos conmover al respetable. Tal vez la anterior versión escuchada hace tres años con dos fueras de serie (especialmente Wolfgang Wipfler) pusiese muy alto el listón, pero la versión de casa merece el notable. Morató utilizó, siguiendo las propias indicaciones de Britten, la trompa natural en el I. Prólogo. Andante y el VIII. Epílogo. Andante (fuera del escenario), conocedores de las dificultades del instrumento pero «menos comprometido» que en los seis números centrales a dúo con el tenor inglés, al que «devoró» no por exceso suyo sino por carencias en el cantante. Los poemas de Cotton, Tennyson, el anónimo del XV, Blake, Jonson y Keats  elegidos por Peter Pears para que Britten pusiese en música, llegaron más en su lectura (original y traducida en la revista que no todos teníamos antes del concierto aunque sí en la página de la OSPA en Facebook©) que en la voz de Mulroy, algo pequeña por su poca proyección suplida con excelente dicción e implicación anímica más que nada, color muy de réquiem o pasión (también citadas por Israel en la conferencia) pero un color algo distinto al esperado para los poemas elegidos por «el tenor del compositor«. Todo lo contrario a Morató que se recreó en sus intervenciones, especialmente en las distintas y ricas sonoridades exigidas por la partitura aunque sin plena seguridad como sería deseable, en un instrumento traidor como ninguno, y más de solista. Puede que la muerte siga imponiendo demasiado respeto o levante supersticiones de las que habría para dar y tomar. Lo que quedó claro fue que la serenata de Britten resultó lo mejor del concierto, con una orquesta perfecta en calor y color que Bayl dibujó con claridad.

La Sinfonía nº 100 en sol mayor, «Militar» de Haydn relajó emociones en todos, y se notó. Repertorio que viene bien para no olvidarnos ninguno pero al que faltó precisamente la tensión de la primera parte. Todo estaba preparado para dibujar este clásico: disposición vienesa con los contrabajos atrás, trompetas de llaves y trompas flanqueando a la madera, escoltas laterales de timbales de cobre más el trío de percusión «turca» (bombo, platillos y triángulo). El maestro Bayl marcando todo, silencios expresivos pero luminosos en vez de sombríos, dinámicas muy trabajadas, cambios de tempi claros pero cierto desencaje entre secciones que no hubo en una primera parte mucho más exigente. Ni siquiera el Finale: Presto dio sensación de limpia ligereza tras un Minueto: Moderato que bailó más la batuta que las propias notas escuchadas. Papá Haydn no tenía el halo mortuorio pese al sustrato militar de la encarnizada lucha anglofrancesa, por otra parte previsible (guerra y bondades como otra terrible dualidad). La plantilla adaptada a esta sinfonía londinense debería mantener calidades demostradas de sobra en la sombra, tejida por Ravel, Pärt y Britten, pero Haydn sonó «mortal» desde esta acepción ambigua.

Primavera de cantatas

2 comentarios

Lunes 21 de abril, 20:00 horas. Auditorio de Oviedo, Sala de Cámara. CNDM Circuitos: «Primavera Barroca«. ¡Albricias, oh mortales! La cantata, entre Italia y América. María Eugenia Boix (soprano), Nerea Berraondo (mezzo), La Ritirata, Josetxu Obregón (chello y dirección artística). Entrada sin numerar: 15€ (abono seis conciertos: 72€).

Tercer concierto de una primavera barroca de climatología casi invernal que no logró llenar más de media sala de cámara, a pesar de la calidad de intérpretes e interesante programa donde nuevamente había obras recuperadas por encargo del CNDM y por tanto estreno en tiempos modernos.

La formación que lidera el chelista bilbaíno se presentaba en Oviedo con Tamar Lalo (flauta dulce), Hiro Kurosaki (violín), Miren Zeberio (violín), el continuo con Enrike Solinis (guitarra barroca y tiorba), Daniel Oyarzábal (clave) y el propio Josetxu Obregón (chello) más las cantantes María Eugenia Boix (soprano) y Nerea Berraondo (mezzo), recién llegados de las américas en Bogotá y Quito donde volverán -salvo el guitarrista y tiorbista bilbaino al que suplió «nuestro» Daniel Zapico– con este programa que completa precisamente el de Forma Antiqva en cuanto a la recuperación de las «cantadas» y la música italiana con el paso y peso de España aún con «sede napolitana» en esa época y dando el salto transoceánico.

Todo los músicos de La Ritirata son conocidos en estos circuitos tanto en solitario como completando otras formaciones, siendo una auténtica selección internacional que conforma distintos «equipos y entrenadores». Del equipo que vino a la capital asturiana (en Gijón estuvieron varios el pasado verano) además de Obregón recordar por mi parte a Oyarzábal al que escuché en el festival de órgano leonés así como a las dos cantantes (con Eduardo López Banzo).

El orden del programa se rehizo para equilibrar apariciones evitando igualmente entradas y salidas de los intérpretes, formando pequeños bloques en las dos partes donde la soprano montisonense abrió y cerró concierto dejando para la mezzo pamplonica el final de la primera e inicio de la segunda. Igualmente las combinaciones de los seis instrumentistas sirvieron para dotar de más colorido sonoro un programa realmente atractivo aunque desigual en las calidades de las obras interpretadas.

Francesco Mancini abría concierto con el «Amoroso y Allegro» del Concierto de cámara en re menor para el sexteto instrumental, antes de entrar con A. Scarlatti donde quedó quinteto (marchó el violín de la tolosarra) para presentarnos el «Allegro» del Concierto nº 9 en la menor que dió paso a Quella pace gradita (cantata de cámara) con la «Sinfonía» entrando Mª Eugenia Boix, recitativos sin flauta, también sin violín dejando a dúo el continuo y tres arias con la última en «tutti instrumental» y juegos entre flauta y voz que resultaron hermosísimos. Soprano lírica aunque no me gustan las clasificaciones para una voz ancha de gran centro pero agudos algo metálicos aunque los alcance sin problemas, algo totalmente distinto al registro grave donde, como la mayoría de voces actuales, pierde color aunque no demasiado volumen. Lo compensa con gran expresividad, musicalidad y entrega en un repertorio que siempre resulta engañoso entrañando dificultades a menudo mayores que el bel canto.

De Caldara escuchamos en el trío del continuo su «Adagio» y «Allegro» de la Sonata en sol mayor, disfrute del chelo y clave aunque la guitarra en vez de la tiorba resultó poco apropiada pese al intento de color español que parece aportar en rasgueo. Sin parar y como obertura escuchamos «Huye con ella» de El mayor triunfo de la mayor guerra (Manuel Ferreira) en la voz de Nerea Berraondo a dúo con el chello resultando destemplado en el amplio sentido de la palabra. Recuperada la formación de cuarteto y más afinada afrontó dos obras recuperadas de Juan Francés de Iribarren: Bello Esposso, dulce Amante, aria al Santísimo del archivo catedralicio malagueño, con recitativo acompañado por el continuo y el «area amorosa» a la que se sumó la flauta, lástima de mejor vocalización o dicción pero con un cuerpo y color grave que sigue siendo único, cercano al registro de contralto pero con agudos propios de su registro, por otra parte difícil de mantener equilibrado y abusando a veces de apoyaturas o crescendos que finaliza en unos fortes poco naturales. Y para contralto el «area» que titula el programa de La Ritirata, Albricias, oh mortales!, «cantada de contralto» con lo ya apuntado de notarse algo grave para la voz de la mezzo navarra, que compensó cambiando el color para afrontar con algo más de volumen las notas bajas.

La segunda parte comenzaba con el sexteto instrumental (tiorba de nuevo) que nos regalaron una buena interpretación del «Adagio» y «Allegro» del Concierto nº 23 en do mayor para flauta dulce, dos violines y continuo de A. Scarlatti, virtuosismo de la flautista israelí bien arropada por sus compañeros. Cambiando a la guitarra, la formación acompañó a una Nerea más cómoda en Tu sei quella che al nome sembri, como la instrumental del archivo napolitano de su conservatorio, introducción que prepara recitativo y aria por partida doble para la voz carnosa y redonda de Nerea Berraondo que estuvo más cómoda, finalizando con Il nomne non vanta di santa colei donde el tiempo vivo sirvió para dejarnos el virtuosismo de los dos violines y de nuevo la flauta de la israelí compitiendo con la mezzo en un remate hermoso de musicalidad a raudales.

Para finalizar nuevamente la soprano de Monzón con flauta y continuo de guitarra en dos anónimos bolivianos recuperados del archivo de Moxos: Aquí Ta Naqui Iyai y Chapie, Iyai Jesu christo, contrastadas en lento y vivo donde esta vez sí hubo el color rítmico de los rasgueos en la guitarra y las melodías con textos indígenas aunque poco claros en su vocalización. De Domenico Zipoli pudimos escuchar cual intermedio instrumental su Sonata para violín y continuo en la mayor para apreciar al excelente solista austríaco de origen japonés (y profesor de su instrumento en el Conservatorio Superior de Música de Madrid), obra con los habituales clichés de su época bien escrita en cuatro movimientos contrastados (Largo – Allegro – Largo – Allegro) y cómoda de escuchar -supongo que menos de interpretar-, antes de que Mª Eugenia nos cantase solo con el continuo (guitarra en vez de tiorba) O Daliso, da quel di che partisti, recitativo y aria también por partida doble donde los instrumentos se combinaron buscando colorido que reforzase los textos, nuevamente poco inteligibles, de esta obra del compositor italoargentino: el primer recitativo con clave y chelo, el aria Per pietade aure serene con chelo y guitarra, el recitativo Aure fonti cantada solo con el chelo (repitiendo la afinación imprecisa) y el aria final Senti o caro ya con el trío y una Boix entregada.

Una propina de Monteverdi, Damigella tutta bella, SV 235 con el dúo vocal femenino y los seis instrumentistas puso final a esta velada barroca muy llevadera, con obras interesantes por lo que supone de recuperar patrimonio aunque no entre las llamemos inmortales, pero que desde la profesionalidad de estos músicos de La Ritirata siempre suenan con frescura y plenamente actuales. A fin de cuentas esta llamada «música antigua» sólo tiene de antigua el nombre cuando se interpreta como lo hace esta generación.

Haydn sonó en Oviedo el Viernes Santo

1 comentario

Viernes santo, 18 de abril, 20:00 horas. Parroquia de San Pablo, Oviedo: Joseph Haydn: Las siete últimas palabras de Cristo en la Cruz, op. 50, para cuarteto de cuerdas y narrador. Masten Brich (violín), María Ovín (violín), Elizabeth Romero (viola), Luis Correa (cello), Juan Jurado (narrador). Entrada: aportación voluntaria para Cáritas.

Hace años que tengo organizada mi agenda musical para la Cuaresma y muy especialmente la Semana Santa y donde nunca falta esta joya ligada a España compuesta por Papá Haydn, cuya historia no tiene desperdicio.

No es la versión para cuarteto de lo más programado en vivo (siempre se intenta la llamada de oratorio) y menos aún en Viernes Santo, si además el canto lo sustituimos por la narración en castellano, a cargo de un actor profesional y asturiano, intercaladas según vamos escuchando las sonatas. Por tanto un acierto este concierto de cámara, que tenía fines benéficos.

Obra compleja para cuartetos muy rodados pero que pudimos disfrutar con una formación para la ocasión donde contábamos con dos violinistas de nuestra OSPA más la pareja viola y chelo de la Orquesta Sinfónica de Baleares con vínculos asturianos, cuatro grandes solistas que montaron una compleja obra llena de recovecos técnicos que no supusieron más dificultades que las de superar las del pentagrama que Haydn reflejó en una partitura larga en duración y honda para transmitir todas las emociones. Problemas de afinación puntuales pero siempre buen entendimiento que la talla profesional del cuarteto proporciona, claro que sin el plus de ser estables como formación, lo que supondría calidad máxima en la interpretación.

La Introducción, Maestoso ed adagio y la Sonata I, Largo corresponde a las palabras «Padre, perdónalos porque no saben lo que hacen», seguidos de la Sonata II, Grave e cantabile para «Así te digo: hoy estarás conmigo en el Paraíso». Desgranando combinaciones tímbricas e instrumentales donde más allá de melodías que pasan del primer violín al cello se crea un ambiente de recogimiento con matices siempre en su punto que el cuarteto siguió a rajatabla. La Sonata III, Grave, «Mujer, ahí tienes a tu hijo, y tú, ahí tienes a tu madre» mantienen el relato casi gregoriano llevado a una reinvención del cuarteto, siempre en tiempos lentos y contrastando agudos en violines con el grave del cello más el «comodín» de la viola capaz de cambiar de planos. Cada uno de los nueve movimientos son joyas independientes engarzadas en una obra de arte global. La Sonata IV, Largo supone la tensión máxima del «Dios mío, ¿por qué me has abandonad?» el Eli, Eli, lamma sabachtani! que todos los grandes compositores han usado para volcar la tensión y emoción del momento, en el caso de Haydn con un despliegue tímbrico sin perder nunca la contención, como la clave central del arco sin la cual la estructura se desmoronaría.

No hay interludio en este cuarteto instrumental como en el «cantabile» pero la Sonata V, Adagio resulta inicialmente menos dura que las palabras «Tengo sed», desnudez en el unísono roto por el pizzicato acompañando al primer violín antes del pasaje árido como si la música endulzase el avinagrado momento, contraponiendo graves y agudos cual luces y sombras. La Sonata VI, Lento supone el «Consumatum est» pero nunca final, el paso intermedio en un camino eterno, también y tan bien escrito en el pentagrama antes del «Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu» de la Sonata VII, Largo. El templo de La Argañosa parecía en su estilo brutalista el marco perfecto para recordar la pasión y muerte, y hasta la acústica ayudó a transmitir estas siete últimas palabras en textos creo recordar que franciscanos.

Todos sabemos el final de la historia, el cielo que ennegrece y se rasga, El terremoto, Presto e con tutta la forza, toda la tensión acumulada tras la meditación desde la música, auténtica adelantada de su época, casi romántica por el derroche sonoro, el mismo de los cuatro músicos cerrando este Viernes Santo donde más que nunca el padre del cuarteto como hoy lo entendemos (también de la sinfonía), rinde pleitesía desde su trabajo al Padre eterno. Música y palabra en el templo.

Martes Santo con el Orfeón de Mieres

Deja un comentario

Martes 15 de abril, 20:00 horas. Iglesia Parroquial de San Juan Bautista, Mieres. Concierto Sacro 2014: Orfeón de Mieres, director: Joaquín Sandúa. Obras del Padre Prieto, Kodaly, Alfredo de la Roza, Bárdos, Van Berchem, Tresch, Gabaráin y Juan A. García.

Me tomo casi como obligación escuchar música en mi pueblo, más si se unen en un concierto tantas razones emotivas y nuevamente un Martes Santo: cantaba «El Orfeón«, mi primera escuela coral; dirigía Sandúa, uno de los culpables de mi amor por el órgano, precisamente en esta Iglesia, y quien me presentó a Don Alfredo de la Roza en los tiempos de la Capilla Polifónica, de quien este martes escuchamos dos obras: una propia a raíz del funeral en 1964 del Arzobispo Francisco Javier Lauzurica, más la armonización de una canción cristiana que es de todo un clásico de las marchas procesionales, compuesto por otro sacerdote músico como Monseñor Gabaráin.
En lo estrictamente musical nos reencontramos con la formación coral decana de Asturias y una de las más veteranas de España en un programa exclusivamente sacro para este concierto en plena Semana Santa, presentando cada tema quien ha vuelto a ser elegido recientemente como presidente, mi colega de profesión ya jubilado Eustaquio Álvarez Hevia, palabras las suyas siempre medidas, doctas y sinceras, como en él es habitual. Obras todas sentidas, bien interpretadas bajo la dirección atenta de Sandúa (que sigue dando los tonos desde un teclado), con cuerdas bien compensadas a pesar del paso del tiempo, trabajando duramente la técnica y buscando la afinación correcta, imprescindible en toda formación, empaste ayudado por la elección de las obras y la acústica perfecta de estos recintos eclesiásticos, al menos en coros «a capella». Repaso siempre bueno de partituras ya estudiadas, algunas en tiempos de Vicente J. Sánchez pero que Sandúa ha mantenido con su «estilo» y grabado en el último CD, , y esta vez repitiendo el mismo programa del año pasado que el día anterior cantaron en la Iglesia de San Juan pero de la capital, volviendo a destacar entre todas la del húngaro Bárdos por su enorme dificultad, y la cercanía de Don Alfredo. Nuestro Orfeón sigue al pie del cañón y el pueblo de Mieres apoyándole, pudiendo presumir incluso de tener una calle.

Pongo aquí las obras interpretadas y sus autores, separadas en dos bloques sin descanso entre ellos, salvo los comentarios de Eustaquio:

«Del sacrificio de Jesús por nuestra salvación»

–In monte Oliveti (José Ignacio Prieto)

–Stabat Mater (Zoltan Kodaly)

–Memento mei Deus (Alfredo de la Roza)

–Eli! Eli! (György Deák Bárdos)

–O Jesu Christe (Jacob / Jacquet Van Berchem)

«De la esperanza del Señor»

–Ave Maria (J. B. Tresch)

–La muerte no es el final (Cesáreo Gabaráin / armonizada a 4 v.m. por A. de la Roza)

–Señor, me cansa la vida (Juan Alfonso García / A. Machado)

En plena semana santa no podía tener mejor cierre musical en casa con mis «querencias» corales y personales, y el Orfeón ha entrado la primavera casi como fin de curso, con muchos compromisos…

LDO: Destino LonDOn

1 comentario

Lunes 14 de abril, 20:00 horas. Auditorio de Oviedo, Sala de Cámara. Coro «El León de Oro» (LDO), Marco Antonio García de Paz (director). Obras de Mouton, Palestrina, Tallis, Tavener, Victoria, Gibbons, Purcell, T. Tomkins, Rheinberger, Rautavaara y Ostrzyga. Entrada libre. Aforo completo (404 butacas).

Con la sala de cámara a rebosar volvía al auditorio carbayón el coro LDO con Marco A. García de Paz al frente en una auténtica maratón coral tras el «programa francés» con la OSPA y La Pasión según San Juan con Forma Antiqva, nada menos que presentándonos el repertorio que llevarán la próxima semana (días 23 al 26 de abril) al concurso que organiza y preside Peter Phillips en Londres, capital coral mundial, único representante español en una competición que podríamos calificar de auténtico Campeonato Mundial de Coros a capella. Titulado «Road To London» el mejor coro español del momento quiso dejarnos el mismo programa que llevará al templo de la plaza de St. John celebrando su 300 aniversario.

Conjugando obras de su repertorio con novedades, siempre desde la seña de identidad del coro gozoniego (la búsqueda de la belleza sonora), fueron desgranando en dos partes y distintas combinaciones -coro de cámara, medios y dobles coros, más el coro al completo- unas obras difíciles, arriesgadas y exigentes, todavía con tiempo de pulir y rematar pequeños detalles para una formación que, como los clubes de fútbol, mantienen un bloque fijo y homogéneo al que va llegando la cantera, con todo lo que supone de poner el engranaje vocal al máximo de cara a esta «final Champions» en dura competición mundial. Sólo para hacerse a la idea dejo aquí los coros participantes:
Byrd Ensemble (Seattle, EE. UU.), Constanzo Porta (Cremona, Italia), Dysonans Chamber Choir (Poznan, Polonia), Erebus Ensemble (Bristol, Reino Unido), Jinggaswara ITENAS Choir (Bandung, West Java, Indonesia), New Dublin Voices (Dublin, Irlanda), Renaissance (Durham, Reino Unido), Reverie (Londres, Reino Unido), Victoria Consort (Oxford, Reino Unido), Voces Musicales (Tallinn, Estonia) y Vox Lundensis (Lund, Suecia).

La primera parte estuvo ocupada por la llamemos «polifonía dura» (donde no faltó Tavener, como tampoco en la segunda, siendo el homenajeado del concurso londinense):

Nesciens mater (Mouton), perfecta para ir calentando motores, Tu es Petrus (Palestrina), buscando la rica paleta de color vocal y el mayor empaste para una obra muy trabajada por «los leones», las Lamentations I (Tallis), casi coro de cámara con 16 voces (3 sop, 6 altos -en dos voces y con dos contra tenores-, 3 ten y 4 bajos) que deberán asegurar aún más dado el conocimiento del jurado de estas obras, y para ir finalizando As one who has slept (Tavener), colocación y ubicación en «T» con dos coros para una partitura exigente y rica en matices pero «cargada por el diablo» más el Regina Coeli (Victoria) a doble coro, para trabajar la homogeneidad y empaste entre ambos siguiendo las enseñanzas que el propio P. Phillips dejó con este coro que logró captarle y enamorar como al resto de «leónigans».

La segunda parte presentó la muestra cronológica de un coro que parece estar más «cómodo» con las obras llamemos contemporáneas, aunque sean capaces de afrontar con rigor cualquier época:

Hosanna to the Son of David (Gibbons) puede que necesitase más presencia de bajos, supongo que economizando porque son capaces de mayor volumen sin perder equilibrio, Remember not, Lord, our offences (Purcell) con medio coro donde las exigencias son dobles, When David Heard (Tomkins) otro tanto y exigente con un texto oscuro contrapuesto al brillo melódico, The Lamb (Tavener), piedra angular y puede que decisiva en el concurso al que asistirá su viuda, coro al completo con las voces mezcladas pero logrando un empaste «marca de la casa» y rozando la perfección con las disonancias casi imposibles sonando a gloria celestial, así como el Kyrie de «Cantus missae en mi bemol» (Rheinberger), partitura muy dominada, hermosa donde las haya y que LDO ha hecho suya desde la primera vez que la interpretaron. Para finalizar la dificilísima Suite de Lorca (Rautavaara) llena de tensión, atención y emoción, atentos siempre a dinámicas y efectos que Marco trabaja como nadie para lograr implicación y «sonido león» de parlatos, glissandi – portamentos efectistas, entrega total del coro plenamente identificado con esta música tan cercana, como también su ya reconocido Iuppiter (Ostrzyga), celestial más que universal, «metidos en faena», sabedores del final a un trabajo muy duro e hipnotizando con su musicalidad vocal.

El público premió la labor realizada (Neira seguro que cronometró la duración de los aplausos) y LDO bisó Rautavaara, aún más internacional desde la perfecta articulación del español con toda la carga emotiva que la figura de Lorca tiene en la difícil música coral del finlandés. El éxito londinense está asegurado, los premios siempre se agradecen, pero El León de Oro siguen haciendo historia y llevando Asturias a las más altas cotas de calidad coral. Orgullo leónigan desde hace muchos años, y para seguir…

Older Entries Newer Entries